Quem matou Pixote? Una guerra de relatos: entre el malandro y el marginal, entre la dictadura y la democracia, y un largo y vigente etcétera. [Brasil – 1964-2013]

PRESENTACIÓN

Cuenta la leyenda que durante octubre de 1968 en la Boate Sucata de Rio de Janeiro se reunieron Caetano Veloso, Os Mutantes (o sea, estaba Rita), Gilberto Gil y otros, empecinados en ofrecer una performance inigualable, hasta que la policía intervino y clausuró. La justificación –continúa la noticia- fue una ´bandera´ con la inscripción ´seja marginal, seja herói´ que (el anti-artista) Hélio Oiticica [1937-1980] había pergeñado en homenaje a su amigo Cara de Cavalo asesinado en la ciudad con balas de aquellas fuerzas policiales. Por esa época, el director Rogério Sganzerla –al igual que otros entre los que podríamos nuevamente contar a Oiticica y a su quase-cinema– decidía filmar por fuera de los parámetros establecidos y delineaba lo que se conoce como ´cinema marginal´. Detrás de esos -aparentemente próximos- árboles, una selva. 

Inmerso en el segmento más sangriento de la dictadura militar en Brasil, el ´ser marginal´ -con toda una galería de términos asociados comenzando por ´bandido´ (que deriva en el renovado ´vândalo´ utilizado en estos días de junio por los medios de comunicación) y en continuidad con ´malandro´, ´vadio´- se convirtió en el campo de batalla preferido por los militares, ¿y acaso no del todo defendido por los intelectuales?, para justificar una masacre. Ya en democracia, décadas después, los comentaristas celebran la aparición de una ´literatura marginal´ y de un ´arte´ asociado. Muchos los indican hijos del neoliberalismo imperante de los noventa. La ´violencia´ se inicia por ahí, por esos años, dicen. Hablan, aunque reconocen conexiones con las migas de ese pasado, como si la locura no se hubiera pavoneado en las décadas previas, dictatoriales. Es que aquel era el reinado del malandro, del yeite, y de la conciliación. Lo que vino después, eso es el reino del marginal.

Pero, insistencia de por medio, ¿no estaba ´lo marginal´ ya antes? ¿No se mató marginales a diestra y siniestra en nombre de la seguridad y con organización para-militar y todo? ¿Acaso no sería necesario mirar un poco más lo marginal y reconsiderar como muertes de la dictadura todos aquellos ´ladrones´, ´criminales´, ´delincuentes´, ´bandidos´, ´trombadinhas´ borrados del mapa? ¿Esa incapacidad de ver una continuidad y una negra pervivencia es ejemplo de un punto ciego dentro del proceso democrático? ¿O es simplemente lo que veo a través de un recorte muy abrupto en un corpus acotado de literatura, cine y una cierta crítica cultural –y, entonces, lo que sucede en la realidad es otra cosa? ¿Estará esa crítica a la que me refiero marcando esos territorios aquí y ahora porque, además, impulsa una novedad mercadológica y antes tuvo miedo de la censura? ¿Nada de todo eso y solo una serie de coincidencias?

Será necesario decir, por lo menos, que si algo bueno tiene reconocer hoy ´lo marginal´ es poder disputar la posesión de esa palabra a los voceros de la dictadura. El marginal –ladrón, militante- no es el monstruo que ellos querían, sino el que toma y otorga la voz para denunciar desde la orilla las condiciones de esa explotación. Leer así implica retomar discusiones de los sesenta, de los setenta y de los ochenta. Tal vez haya una decisión vernácula –que se me escapa- de dar una nueva batalla al resistente discurso de la dictadura sin apelar al pasado. Parece complejo. O tal vez no interese con tanto ahínco el pasado.

Una gran parte de mis afirmaciones a continuación tiene que ver con suponer que hay mucho para leer en los delirios dichos por y alrededor de la dictadura. En eso me propongo indagar y contar una historia.

En otras estradas otros tendrán que juzgar, si es necesario, esos hechos. A mí me toca reconstruir apenas un segundo en el desarrollo de una quermese -terrible y aciaga- en la que aquellos interrogantes apenas si serán delineados y, como todo lujo, los personajes serán presentados en sus rasgos básicos. Habrá un sombrío clima de fiesta y ese sordo rumor parecido al silencio que provoca la presencia de la muerte. Habrá invitados de renombre y un imposible baile entre José Louzeiro y Manuel Puig al arrullo del dulzón Roberto Carlos.

Tan solo eso.

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5 thoughts on “Quem matou Pixote? Una guerra de relatos: entre el malandro y el marginal, entre la dictadura y la democracia, y un largo y vigente etcétera. [Brasil – 1964-2013]

    1. sim, claro… no capitulo 8 ou 9 dessa saga Pixote, tenho algumas coisas para dizer sobre isso que escreveu antonio… fique de olho e também opine sobre minha opinião porque voce sabe que essa materia é muito controversial

      1. Sim. Já leu o texto de Schwarz que problematiza o do Candido? Tenho um artigo que fala sobre esses textos, interessante para pensar a figura do malandro. Se se interessar, posso te passar.

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