Polo místico

“Polito me dijo una vez: ésta es una guerra entre japoneses; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea…’ /  ‘Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda –¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!…- pero tenía algo de cierto.” – Alfredo Casero en Polo, el buscador [2006]

“…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” – Ricardo Piglia, El camino de Ida [agosto, 2013], Capítulo once, # 2, p. 248

Hace tiempo me ronda su figura. Volví a algunos programas de El otro lado [1993-1994] y de El Visitante [1995]; al documental La vereda de la sombra [Gustavo Alonso, 2005]. Leí Polo, el buscador [Montero y Portela, 2010].

Polo, Gustavo Fabián Polosecki, encarna el misterio: por qué deja (casi) todo, por qué el Tigre, por qué el suicidio. Aquí, mi arbitraria conclusión.

En la ronda final de su vida se exacerba su misticismo. Inicia un camino –digamos- esotérico, lo dejan solo (o no lo comprenden), encuentra un guía que no lo puede contener, más las sustancias, más la paranoia. Y se mata. Polo místico. Por ejemplo. El capítulo ´Cuestión de fe´ de El otro lado

Con el disparador de qué es lo creíble o no (no le creen el guion de historieta que dice haber escrito), el personaje Polo sale en búsqueda de creencias. Recorre y habla con el hermano Miguel, curandero y parapsicólogo que exorciza y que cuando le pregunta a Polo si cree, obtiene como respuesta el silencio; habla con el profesor parapsicólogo Romaniuk que construye una pirámide psicotrónica para comunicarse con el más allá y ̸ o para condensar energía vital; habla con Natividad, la vidente ciega; y habla con Carolina Fernández de la ´Confederación Espiritista Argentina´.

Polo místico, otro ejemplo. En 15 años luz, Diego Lublinsky revisita personajes entrevistados por Fabián.

En ´Compañeros de la infancia´, el primer programa del ciclo, recupera figurines del capítulo ´La República de los ninõs´ de El otro lado [1994, # 1]: amigos del barrio y la historia de los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo.

Podría suponer eso como accidental, pero Polo está ahí; son temas que le interesan.

Polo místico y datos al margen. Su muerte joven disparó ideas premonitorias y ̸ o cabuleras. Natividad, la vidente ciega, le dice al personaje guionista que si no pone empeño en su futuro las cosas irán mal; los espiritistas le dicen al Polo periodista que no tire mala vibra porque se iban a mal predisponer; se dijo también de la yeta de ser ´Premio Revelación´ en los Martín Fierro [1994]; Birmajer cuenta la anécdota del cabulerismo de Polo con el boleto casi-capicúa en un bondi que le hace decir que tendrían desgracias. Etcétera.

Sus programas surgen de investigaciones realizadas por otros y son docu-ficciones en las que entrevista un personaje –Polo. Ahí está uno de los afluentes del misterio. Cuando se habla de Polo se remite a dos sujetos distintos que tienden a confundirse, el ser humano y el personaje. Si se divaga un poco, podría sugerirse que, a través de los programas que hizo, a través del personaje, Polo persona intensificó su lado místico. Una metamorfosis no comprendida, por lo general, presentada mediante el falso supuesto de ´el personaje se comió la persona´ -de hecho, esta afirmación es el argumento genérico que dice explicar el suicidio (late en el fondo también, vale reconocer, la idea del suicidado por la sociedad -sea la televisión y su maquinaria, sean los amigos que no supieron escucharlo).

El libro Polo, el buscador no hilvana esas líneas sueltas que hacen de Polo un místico (asociado, además, con su fondo de cultura judía). Hacia el final, sin embargo, el volumen cita al pasar la confesión de fe: ´no creo en dios, pero una parte de mi personalidad es medio mística: me cautivan los misterios, las leyendas y las casualidades; creo que estamos todos metidos dentro de algo, de una suerte de sistema que no terminamos de comprender´. (Ejemplo milenarista y del gran sistema incomprensible en el que pensaba Polo: en uno de los programas de El Visitante, en una etapa border de su mutación, sugiere que habría que volver a esa misma gomería, en la que charlaban, dentro de mil años para ver cómo sería ese árbol que ahora ven.)

El título del libro con la idea del ´buscador´ tiene un sesgo iniciático, de viaje, de descubrimiento, de esa unión entre místico y mítico, pero no es desarrollada. Se intenta, en una tarea sorda, traer la figura hacia el bando de lo real tal y como coincide Pablo de Santis –compañero en Radiolandia 2000 y guionista de El otro lado. En el prólogo (al referido libro) bautizado “La vida realˮ remarca una y otra vez que es necesario ir contra el ´mito  Polo´ en el que, dice entre paréntesis, “…(los cassettes que circulaban de mano en mano, el carácter a veces extraño de los mundos que abordaba, la muerte joven: todo colaboraba).ˮ

Aun así, aporta también De Santis al filón mítico-místico al recordar el momento en el que conoce a Polo: “Cuando entramos, la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero de a poco se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra: no sólo escándalos sino notas inventadas, y la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas que, a pesar de habitar el mundo de lo oculto, hacían muy poco por ocultarse. Todo eso reapareció en El otro lado, como reaparecieron otras cosas de su vida. Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior, sino con simpatía; cada uno hacía lo que podía para ganarse la vida y él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ

De nuevo, cuando De Santis reflexiona sobre el programa, desliza: “El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] Nos contamos a un Polo distinto… A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ

El mismo que pide que se apague el mito y la leyenda, insiste en que Polo buscaba una ´revelación´, que tenía algo para decir. Ni los más violentos defensores de ´lo real´ logran separar persona de personaje en Polo. Martina, una de sus novias y pareja, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza (y Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico aunque recuerda que parecer ángel es cuestión del demonio).

Ese aspecto mesiánico –esa tendencia- me parece verla en el paso del programa de 1993 y 1994, El otro lado (policial negro, fantástico, gótico) al programa de 1995, El visitante, con la impronta de la ciencia ficción. Polo dejó de ser guionista de historietas en crisis buscando una buena historia para convertirse en aquel que sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ que ataca a las personas que pasaron de los veinticinco años y que no han podido encaminarse. Es el sobreviviente de una época que se sabe ida. Está encerrado en su departamento. El exterior es indeterminado y amenazante. La radio habla de aquel síndrome en términos de cura, de control. El tipo –que ha filmado durante mucho tiempo- observa viejas cintas en formato vhs -su memoria- con el deseo de ordenarlas. El programa sería el periodista siendo espectador de su trabajo previo. Por instantes, en la presentación, se lo ve en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico que se concentra en el final de los títulos en el ojo de Polo de donde salen las letras del nombre del ciclo. Entre las letanías e interrogantes que se escuchan en off aparecen: cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.

Un visitante, un viajero.

En la parada final está el Tigre. Allí su destino místico parece concentrarse. En uno de los últimos programas, o en el último, Polo conoce gente que vivía en ese espacio. Más tarde con ellas, y en particular con Eduardo, se reencuentra. El Tigre –sitio de Walsh, Arlt, Lugones- es el comienzo del fin: el contacto con la naturaleza, el autoconocimiento, el consumo de drogas. Polo se divorcia, se va a vivir ahí, hace de Eduardo su guía y su maestro –las malas lenguas hablan de secta y los silencios permiten suponer sordos rumores sobre la intimidad; se dice que Polo compró una isla y que la puso a nombre de su amigo. (En las derivaciones bizarras, días después del suicidio, Jorge Rial invita a un supuesto allegado, Miguel Ángel, que asegura que a Polo lo asesinaron porque estaba investigado un tema asociado al tráfico de drogas, a las mafias, a la prostitución, al mundo gay, etc. Miguel Ángel –quien afirma haber sido compañero de investigación- relaciona a través de un cierto Alejandro, la muerte de Polo por drogas con el caso Coppola –que ocurre por esos días y que saca del primer plano la polémica por el suicidio

De la relación de Polo con el tigrense Eduardo nace el proyecto inconcluso El aprendiz que –fascinado por los que vivían en las islas- proponía mostrar el know how popular (según el sospechoso Miguel Ángel le dice a Rial, el proyecto se llamaba también Dar la cara; Dando la cara, o algo así).

La idea del que ´aprende´ estaba ya en el Polo buscador quien hablaba de intentar ´comprender ese sistema que nos incluye´; quien se alejó de la militancia del PC porque ahí solo se quería convencer, y él quería conocer, aprender y luego sí hacer la revolución. Había dicho Polo: ´estoy tratando de ver como se hacen bien las cosas. No tengo, un mensaje, un modelo o una ideología…´.

Hay en Polo una cuestión con ver y con prever que muchos rescatan y que se resume en la idea de una ´Mirada Polosecki´ (nombre de la cátedra de periodismo que Alonso, director del documental, comanda o comandaba en La Plata).

En su etapa mística la política no desaparece sino que se transforma en una mirada conspirativa. En el Tigre, Polo empieza con especulaciones sobre nazis, sobre túneles, sobre el ataque a judíos, etc. Esa cuestión esotérico-conspirativa-mesiánica había sido impulsada desde el programa como show. En un fragmento de El visitante al que se podría titular ´La videncia´, Polo con su cámara en la calle interroga a alguien que predice el final catastrófico de la corrupción en el mundo, o en el país, así como antes había predicho    -según él mismo- la caída del comunismo.

Cuando Polo le pregunta cómo sabía que iba a ocurrir eso, el entrevistado le responde ´porque soy nazi´ y Polo acota condescendiente, ´…así que usted es nazi´. En off se escucha al final de la secuencia mientras camina por Buenos Aires con la cámara en mano: ´visitante sin tu cámara sos ciego o te creés que sos vidente´.

Polo pasa de entrevistar videntes y espiritistas como en El otro lado al ser él mismo asociado con un vidente ciego. Esa persona-personaje del Polo místico, vidente, recluido en un espacio selvático, paranoico, atravesado por rasgos de ciencia ficción es una especie de ciber-Eternauta (una mezcla entre el guionista de El otro lado con su máquina de escribir y el post-apocalíptico periodista con sus registros en video).

Es un viajero que pasó por acá –se adelantó- y que dijo o que sugirió algo y que se fue. En un homenaje musical a Polo de un tal Donadio, se explicita: ´cómo aceptar esta realidad cuando se perciben otras variables´; ´Polo es un adelantado´ etc.

Su mensaje estaría atravesado por el enigma de ese cruce no tan psicótico entre la militancia y el esoterismo. En el documental de Alonso, una compañera militante de los 80 en el Partido Comunista cuenta que Polo –quien llegó a ser dirigente juvenil- una vez ya terminada la TV y con su vida en Tigre, salía y se quejaba de que todo había fracasado, que se había podrido (discurso en consonancia con el fragmento ´La videncia´ y la corrupción). Esa compañera recuerda, en particular, un día que van a Ave Porco y que Polo grita contra esa juventud perdida en contraste con ellos que antes estaban mejor y que tenían una idea de hacia dónde ir.

En junio del 2001 Carlos Polimeni escribe para Página12El otro lado de Polo” porque el MAM (Museo de Arte Moderno) iba a proyectar una selección de programas en homenaje a esa revolución audiovisual. “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ, dice. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ Al referirse a otro documental sobre Polo -el de Horacio Ramos (del que no encontré registros)- Polimeni recoge la idea de un periodista que cambió la historia de la televisión (argentina) por su constante influencia en los jóvenes estudiantes que se pasan de mano en mano los videos caseros de esos programas como objetos de culto y de aprendizaje. “Polo enseñando a hacer televisión desde la tumba.ˮ, cierra Polimeni.

Lourdes – 26 de julio de 2014

Post-scriptum: “Polosecki es a la televisión lo que Borges a la literatura argentina. Enviados desde un orden superior, convirtieron en otra cosa lo que tocaron y con los rastros apocalípticos del caso.” Rafael Dell´Acqua. Los enviados, revisitados [2000]

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Fabián Polosecki, mística y anarquismo

Polosecki, el suicidio de un disidente

Bibliografía Polosecki

El zorro interminable {atribuido}

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