Dipi punk

“Del Tata Dios al Tata Deus” -la crónica de Jorge {Dipi} Di Paola [1940-2007]- fue publicada en agosto de 1985 por la revista El Periodista de Buenos Aires [Nº 48].* Di Paola, en someras novecientas palabras y a dos columnas, pinta una Tandil delirante en la que los carmines de la politiquería bizarra, la droga del lucro y la exaltación de la fe (cualquiera sea su origen) se confunden sobre el pálido fondo de la crisis social, política y económica -a año y poco de la restauración democrática. En esta ciudad, ayer como hoy, el humo es la materia prima del turismo –un humo pálido y espeso atravesado por chispas que lo visten de fuego de artificios. Dipi lo huele y evita la obviedad de caerle a un curandero brasileño –´Garrincha´- que a su paso por Tandil –la católica- mueve dolientes de zona y de aledaños. La crónica es apéndice de la nota principal –“La fe cuesta siete australes”- firmada por Julio Huasi y centrada en la figura del mencionado terapeuta alternativo, Carlos Eustaquio Barbosa, oriundo de Belo Horizonte [MG]. Nota de menor vuelo, la de Huasi recupera las andanzas capitalinas del mentao (en el límite de la xenofobia, el periodista incluye, en un falso portuñol, la versión escrita del habla del entrevistado) y sugiere con énfasis una conexión (nunca demostrada) entre ´Garrincha´ y el policía torturador -el Turco Julián. Por su parte, y en lo que es de interés aquí, Di Paola –hijo de un farmacéutico y voraz lector de libelos de ciencia, física y química– sin abandonarse, ni mucho menos, a la credulidad, detiene el juicio frente al poder atribuido al chamán. Existe entre los heterodoxos una sensibilidad que les advierte que, cara a cara con los delirios místicos, como mínimo, es necesario mirar de nuevo. Tal vez olviden quienes defenestran al universo de lo hermético-esotérico la fuerza revulsiva de las herejías –lógico antídoto para la ortodoxia, esa gangrena. Es innegable, abundo, que ocurrieron, en nombre de la iracundia teórica, infamias como los degüellos a inmigrantes a manos del esbirro oligárquico, Tata Dios [1872], recuperado por el cronista tandilense desde el título.

{Más Dipi: documental de Cozarinsky (a partir min. 30); su participación en El Porteño }

 ***

Del Tata Dios al Tata Deus.´Garrincha´ en Tandil.

 [Jorge Di Paola]

Vientos psicóticos se precipitaron sobre el pueblo. ´En Tandil son todos timberos´, tituló un semanario a comienzos del verano. No era para menos: una manifestación, encabezada por modelos de Belleza Científica, chicas quinceañeras de remeras abultadas, obligó a salir al balcón al intendente Reinoso, más turbado que de costumbre, y hablarle a la multitud que reclamaba un casino plebiscitado en un remedo de práctica binaria de la democracia: ruleta, sí  ̸ no. Tache lo que no corresponda. Con este asunto también comenzaba la primera ´interna delirante´ en el comité radical. La oposición, en bloque, acordaba, palabra más, palabra menos, ´qué ruleta ni ruleta, hay que reactivar la industria´.

Ruleta no va a haber, por más que los semifundidos comerciantes del centro hayan imaginado la salvación a impulsos de un aluvión de timberos y con tiempo para llevarse recuerdos de Tandil y paquetes de salamines. Nada.

Y no se habían aquietado las discusiones en los lánguidos bares, las de esperar que pase la crisis y haya algún trabajo, ni habían dejado de sonar los teléfonos que transmitían los rumores, que el asunto Garrincha empezó a perfilarse cortando, como un cuchillo la manteca, la incredulidad general.

Tandil, aunque no sea cierto, se precia de ser una ciudad culta, sede americana de la razón positiva y la buena conciencia. Desde 1872, cuando el Tata Dios (acaso instigado por un grupo oligárquico) bajó en malón del Cerro la Movediza y degolló setentitantos inmigrantes, no sin quemar de paso los libros contables de un almacén, la mística y la superstición quedaron monopolizados por la iglesia. Pero ahora, cerrados o por cerrarse, los talleres que habían difundido la prosperidad horizontalmente, con la clase obrera penando, en lenta disolución, y con la clase media siguiendo tan tristes pasos, la ocurrencia de mutar del Tandil metalúrgico al Tandil espirita empezó a pasar por otros carriles que los viejos y nobles del trabajo productivo.

Pero no todo el mundo tiene la claridad de José Pedonesse, empresario de un pool y de la confitería Dionisios: ´Nosotros no podemos juzgar. Somos comerciantes. Garrincha trae gente a Tandil y activa la ciudad.´, dijo, en aquel entonces que parece lejano. Comenzó a cundir la maledicencia y el rumor. Cada casa era una usina. Llegó Garrincha y llegaron los contingentes. Se trataba de una especie de tour de concentración. Los fieles, no pocos con sus muletas y en general con un aire de dolor que de algún modo flotaba en la atmósfera de verano, venían atados a una suerte de turismo del milagro que incluía restaurante e imposición de manos, visitas a fábricas de queso y cura por la palabra.

La fe, que no movía los cerros que rodean el pueblo, los agitaba. La segunda ´interna delirante´ tenía lugar calladamente. La gente –el dolor humano también es un voto- estaba a muerte con Garrincha, acaso hastiada de los bruscos y distraídos tratamientos de la medicina científica. Como ya se sabe que lo funcional o la histeria es la mitad del dolor, las curas milagrosas se sucedían. Reinoso, cuyas metidas de pata son proverbiales, callaba. Esto aliviaba a los estrategas del comité. Arguyeron una movida de alfil, en diagonal, y el ´Gordo´ Foulkes, intendente de Tres Arroyos, empezó a despotricar contra El Santón, que mientras tanto atendía a miles en el Club Boca de la Base Aérea. (Para aumentar la confusión, en Tandil hay dos clubes que se llaman Boca). El comité bullía, tratando que el vapor no escapara al conocimiento público. La secretaría de Turismo estaba señalada y Carlitos Montani, el secretario, argüía con aires de inocencia: ´Si viene gente, yo no le puedo negar información. Por otra parte, hace años que vendemos alfajores´. No faltó un parapsicólogo diplomado (´Mi médium el doctor´), traído por una línea interna del radicalismo, que venía a demostrar científicamente, que Garrincha es un farsante.

La comisaría segunda empezó a presionar al ídolo, que al menos había tenido el mérito de demostrarnos que no éramos la razón americana. Las usinas empezaron a coincidir: ´Le piden mucha cometa´, pero de esas cosas nunca hay rastros. Como un pueblo es un embudo donde las pasiones humanas se juntan para pasar por el pico, y la gente se mezcla, se corrió el rumor de que Garrincha sedujo con su carisma al comisario y a la tropa, y que anduvo curando dolores de viejas heridas de combate.

Pero se veía. El Círculo Médico publicó una solicitada denostando la ´curación por la palabra´. La Iglesia trabajaba, como siempre, en silencio. Los canales de televisión de Buenos Aires empezaron a mostrar santones que despotricaban contra el brasileño. Y un día cerraron el club Boca, el otro, el de la Base.

Todos habían hablado en nombre del Bien. El santón venía a curar y a alegrar las almas. Los médicos en el nombre de la ciencia. Los comerciantes en nombre del Buen Mercado. Los políticos, en nombre del Bien Social, callaron.

En el pueblo vacío, flotaba una disonancia: nadie había hablado en nombre de la razón, para distinguir, acaso de una buena vez, qué le pasa a nuestra medicina, y a nuestra sociedad, y qué le falta para que Garrincha sea a la vez creído y amado. Porque la profecía de Don Santo se cumplió: Tandil, ganando dos a uno, se clasificó para el nacional, y la tribuna lo aclamó con fervor. El mismo que pusieron para burlarse del intendente.

[Fin de la crónica]

 ***

* El número 48 de El Periodista de Buenos Aires –agosto, 1985- es, si vale la expresión, extraordinario. Promociona en tapa la primera parte de un informe especial, en la pluma de Tomás Eloy Martínez, con el título Perón y los nazis. Hijo de estricta casualidad, este tema de eterna polémica (adjetiva el editor), tendrá –como en el caso de Garrincha, nacional y, a la vez, local- su variante tandilense. Se sabe –aunque nada de esto, por supuesto, dice la revista- que Tandil fue refugio de funcionarios –o simpatizantes- del Tercer Reich.

***

Deuda final. Agradezco a Salvatora Paradise –así denomina a su cuerpo astral- el envío del ejemplar digitalizado de la revista El Periodista de Buenos Aires. Otros son los corredores, otros son los vericuetos en la Nueva Ciudad de Dios.

Lourdes – 04 al 06 de octubre de 2014

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