El fin de la educación [Sobre ´En las escuelas´ de G. Santos]

´La educación secundaria, en Argentina, es una mierda.´ [1]

Apenas ocho términos resumen –y entiendo que con justeza- la historia que cuentan las 153 páginas de En las escuelas. Una excursión a los colegios públicos de GBA, el breve libro de Gonzalo Santos que en 2013 editó Santiago Arcos.

El volumen me llegó hará cosa de un mes, y bajo la forma de obsequio, de manos de alguien que ya había comprado un primer ejemplar, al que también donó, azorado por una lectura en la que recayó por recomendación indirecta de Tomás Abraham que venía hablando de otra cosa, en el algún acontecimiento que ignoro, y que en el medio de lo que parece que era una mirada negativa sobre algo, dijo algo así como, ´y eso que no estamos hablando de educación; para saber un poco más sobre eso, vayan y lean lo que escribió Santos´. Y esta persona fue y leyó.

A ese volumen –que me llegó hará cosa de un mes- lo tuve sobre una mesa adormilado, y entre ayer y hoy me lo leí de dos sentadas.

“¿Crónica? ¿Memoria? ¿Testimonio?”, se pregunta la solapa. “Difícil es establecer un género para En las escuelas… Excursión e informe… narrado desde la perplejidad de un docente dotado con saberes inútiles que, como armas herrumbradas, ceden ante el resplandor de las nuevas formas culturales que esgrimen algunos jóvenes: la violencia, la arrogancia, el desdén.” Eso dice la solapa.

Quien me lo regaló, entre sus comentarios, incluía la sorpresa de que Santos le pegara a quienes nadie osa tocar en esta historia: a los pibes. Preciso y cierto, aunque vale decir, en la santa volteada caen todos (con las excepciones habituales en cada rubro): padres, docentes, directivos, burócratas, tecnócratas e ideólogos del sistema y políticos; y abarca, además, las condiciones edilicias, la alimentación ofrecida, la seguridad y la tranquilidad mental del trabajador, negadas. En fin, la sociedad civil y el Estado, enteritos.

´La educación secundaria es una mierda en Argentina.´

Nunca Santos lo dice así, pero podría. Lo único que parece salvarse del caos que la gobierna –al menos en los colegios públicos bonaerenses, aunque extensible, no veo por qué no, a otras provincias y distritos, y al mundo occidental en su conjunto, si me apuran- lo único que parece salvarse –retomo- en esa abusiva forma de la nada, es el morlaco, el salario, la platita. Pero para esa zanahoria –que tampoco es ¡guau! qué linda- primero hay que sudarla.

Al salario más o menos digno se llega precio altísimo mediante: la destrucción de la autoestima, la recaída en la paranoia, el delirio, la depresión, el pánico y el refugio en las adicciones. Exactamente así no lo dice Santos, si bien lo desliza. A esa enumeración la acomodé yo, que también veo cómo se les va la vida, y entre ellos estoy, a miles de personas incapaces ya de sentir angustia al asistir a sus espacios de trabajo –en su mayoría insalubres, sucios, degradados y degradantes, asquerosos e inhumanos.

Es preciso decirlo como lo dice la solapa (y aunque lo diga para el Conurbano, la regla es amplia): en las escuelas “…se hunden las expectativas humanistas del Estado en su rol de educador de masas ante la resistencia manifiesta de los alumnos a ser domesticados”.

Santos les pega a todos incluyéndose a sí mismo. No le interesa enseñar, no tiene vocación. Dar clases para él es un trabajo más e intenta cumplir lo mejor posible su papel, hacer lo mejor que puede aquello para lo que se formó (si formarse es la palabra adecuada). Le fue imposible. Fracasó, como casi todos, plenamente. Sin hipocresías, sin atajos místicos sobre un clamor superior que llama al apostolado. Dar clases es un trabajo remunerado más, reconoce Santos, y no tendría por qué ser un infierno, aclaro.

Santos escribe la crónica sin moralinas. Escribe, en un plan amplio, porque se está inventando como escritor y, en lo concreto, porque quiere ganar con el libro un dinero extra para hacer un viajecito al exterior (no especifica si con su novia o sin ella). Es un escritor novel e incluye, de contrabando, uno de sus antiguos cuentos. Santos –gran lector de filosofía, según confiesa- escribe cuentos de ciencia ficción y en ese tren de imaginación en su testimonio habla del Ministerio Orwelliano de Educación, de los corderos pitagóricos que lo habitan que, en verdad, son los Simuladores Mayores que elaboran pomposas y orwellianas estadísticas –porque, deberían ustedes saber, el número, el guarismo, la cifra es el fin último de toda esta Gran Mentira, una magnífica simulación estatal urdida.

La ciencia ficción es la medida. Intuyo que no hay manera más clara y evidente de presentar esos espacios post-apocalípticos que a través de la distopía: mientras uno camina por sus pasillos siente que está entre el día después del bombardeo de las naves enemigas y el instante anterior a que la sirena antiaérea llame a la retirada masiva hacia los refugios.

Quiero que entiendan. Santos está hablando de la educación pública a la que usted manda su hijo, hija, a la que va su familia o cualquier otro vástago caminador engendrado. Y a los edificios que componen ese sistema -en los que usted encierra sus crías mientras trabaja como un enfermo para enriquecer a quien lo domina (este comentario corre por cuenta mía)- a esos edificios atroces Santos los denomina ´escuela-cárcel-club´, espacios del simulacro, de la payasada y de la pantomima.

Santos habla casi siempre de ´la educación pública´ pero también maneja, cómo no, información de ´la privada´. En ´la privada´ trabaja su novia –a quien conoció en un instituto de profesorado tan inútil como los trabajadores semi-profesionales que escupe- y esa novia le contaba que “…su directora no solo trataba mal a los docentes y los despedía si adherían a un paro o si quedaban embarazadas, sino que incluso a veces los mandaba a limpiar los baños”. [En las escuelas, # 52]

“Juro por mi vida que es cierto”, se lamenta Santos, después de contar esa verosímil bizarreada. Juro por mi vida que te creo, Santos, y doy fe de tu asco. O sea, en el peor de los casos somos dos, pero ojo, somos dos que también sospechan que, tal como están las cosas, de ese caos no hay salida, ni nada. Además -y no quiero deprimirte sino todo lo contrario porque significa que para tu posicionamiento de escritor las cosas van bien- te gustará saber, Santos, que tu libro, el mismo del que estoy hablando y al que se propone como crónica, informe, memoria, ese libro tuyo fue orwellianamente encontrado -por aquel que me lo obsequió- en un escaparate librero catalogado como ´ficción´. Así las cosas, por más que jures y patalees y que yo refrende (que es bien poco, por cierto), te van a comprar, pero no te van a creer nada.

´Es una mierda la educación secundaria en Argentina.´

Dejo a Santos por un momento y aporto tres granitos de mi cosecha.

Poco menos de un año atrás, un inspector del sistema de educación bonaerense (retirado y jubilado y que para no aburrirse estudiaba ´locución´ en el mismo Terciario en el que mi simulacro hacía sus didácticos esfuerzos) al detectar mi interés por el tema educativo, en el pasillo post-clase me propinó su opinión: ´al Sistema hay que pararlo, demolerlo, repensarlo y ¡desde cero!´.

Poco menos de una semana atrás, hablo ahora desde este presente, la bibliotecaria de una escuela pública bonaerense me confió –serena pero en el fondo desesperada- que quería sacar a su hijo de 9 años de la escuela a la que lo enviaba porque estaba harta de las arbitrariedades de los directivos, de la presión absurda de determinados padres sobre temas internos, harta -en definitiva- de ver cómo los espacios educativos financiados por recursos públicos responden a caprichos individuales -como mucho grupales- en base al amiguismo, al tráfico (berreta) de influencias y a otras atrocidades civiles, en las que por lo general se impone la pseudo-omnipotencia de esos bichos tan feos que son los humanos con un poco de dinero. (La bibliotecaria hablaba también de la necesidad de volver el sistema a cero.)

Después de mucho meditarlo –el tercer granito es una reflexión- hice carne en mí la feliz idea de que los estudiantes de los colegios públicos no consideran ´enemigos´ a sus profesores. Ni siquiera registran la profundidad del daño que muchos de ellos causan. Esos adolescentes, según entiendo, muestran como dice la solapa del libro, resistencia manifiesta a ser domesticados, y los entiendo. Por eso en mis clases los desaliento a que continúen yendo a la escuela. Las escuelas, hoy día, no están pensadas para educar. La inclusión y la contención –ideas ciento por ciento defendibles y valorables- precisan de otros espacios.

Las escuelas son cuevas –más o menos elegantes, más o menos lustrosas, más o menos hediondas- en las que se advierte el efecto destructor de una bomba de larga data activada. En Argentina la educación secundaria es una mierda porque sorbieron la yema y dejaron la cáscara, y en mi cortedad de entendederas, es un proyecto de las élites que trasciende a los gobiernos y que no detiene su marcha.

Le dejo la palabra final al autor (y los invito, lectores, a que compren el breve libro así por lo menos a fin de año, con las regalías, Santos se manda un ´viajecito al exterior´; y te aclaro, autor, que aquel que me lo obsequió, con su doble compra, te financió mínimo el taxi al aeropuerto, y espero que sepas agradecer y que no quedes como un mal educado). Son palabras de Santos: “Me hubiera gustado terminar con un mensaje un poco más optimista; pero a todos los futuros posibles los vislumbro preñados de más simulacro, más farsa, más violencia y más sonambulismo tecnológico. El libro, de un momento a otro, habrá desaparecido; y la escuela no tardará demasiado en hacerlo: como sucede con las palabras… comenzará a cambiar de significado –el proceso ya está en marcha- hasta que en un momento se habrá transformado tanto, que ya no será ´escuela´, sino otra cosa; aunque se la siga llamando por algún tiempo más con ese nombre.” [En las escuelas, # 58]

Cuál es el fin del actual sistema público de educación, es algo que deberíamos plantearnos y discutir. De otra manera seguiremos escribiendo ad infinitum crónicas peor o mejor escritas que intenten representar esa selva –porque digamos la verdad, las escuelas (excepto para la mirada acostumbrada de sus involucrados) a los ojos de la sociedad es una disaster area a la que nadie quiere acercarse y de la que todos queremos escapar más temprano que tarde.

 Tandil – 10 y 11 de marzo de 2015

[1] En un tema de tanta complejidad como el educativo, parece necesario ofrecer un mínimo de información sobre quien opina: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/recorrido-y-experiencia-en-contextos-educativos/

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13 thoughts on “El fin de la educación [Sobre ´En las escuelas´ de G. Santos]

  1. Escribiste artículos mejores, Lépori. Aunque comparto algunas imágenes sobre la escuela secundaria, el andamiaje argumental está tan abroquelado sobre un par de ideas que me resulta muy difícil un comentario más suculento. Planteás un escenario para la discusión, una serie de conceptos e ideas que pueden darles letra a los opinólogos que necesitan algo para los recuadros de los diarios, pero no va más allá de la provocación. La tram(p)a de tu texto, intuyo, va a enredarte con la señorita, con el señor y con la señora que hace tiempo no quieren ir a trabajar, que no soportan a “los pibes”, ni a ningún otro miembro de la comunidad educativa, pero que tampoco te van a decir absolutamente nada sobre qué hacer con todo eso, porque detrás del enojo, en el mejor de los casos, está el interés en un “viajecito al exterior”. La escuela secundaria además de una mierda es, también, muchas otras cosas.

    1. Mi intención no es escribir mejor o peor sino discutir con los tecnócratas que justifican el sistema que, repito, debería ser parado, repensado, vuelto a cero. Esa es mi propuesta frente a una dispersión de actividades y objetivos que se incluyen en la llamada ´escuela´. En cuanto a la señorita, la señora y el señor y no sé qué más, creo que son ciudadanos que hay que respetar y si no tienen nada para decir es porque están perdidos en la propia alienación que les impuso no saber dónde van a trabajar y para qué. No estás discutiendo, Bader. Ojo con la cercanía a contextos dogmáticos y ortodoxos -cualquier dependencia del Estado- porque tu ceguera ideológico-política puede ser crónica (igual te salvaría de ver cómo empeora mi escritura). En fin, discutamos —-> qué son ´esas muchas otras cosas que es la escuela´. Santos dice cárcel y club, vos qué decís?

  2. Pensé en una mirada dogmática luego de la lectura de “Las doscientas ochenta y nueve fojas […]” pero en ese momento dudé acerca de escribirte algo sobre eso. Creo que deberíamos ponernos de acuerdo sobre esos conceptos tan caros a tu realidad discursiva y este artículo nos viene como anillo al dedo. Luego sí podremos discutir qué es eso que vos llamás el sistema educativo.

    Cuando hablás de tecnócratas, me da la sensación de que le das entidad a un estado del que muchas veces nadie le escapa, ni vos, ni Munk (o Kaczynski?), ni yo… tampoco los ciudadanos alienados que merecen mi respeto. Esa alienación, ese no saber adónde van a trabajar y por qué, me parece la manera más cómoda de no hacerse cargo de que lo que hoy llaman Estado hace ya mucho tiempo estalló en mil y un estadoS. Son territorios donde se juega activamente, porque no hay líneas directrices que indiquen qué se debe hacer en cada uno. Eso los docentes lo sabemos muy bien adentro de un aula de escuela secundaria y, a veces, creo que es justamente eso lo que nos mortifica. De esa micropolítica devenimos seres o zombis.

    Entiendo que le llamás tecnócratas a quienes defienden el sistema tal como está y a los seres maléficos que lo reproducen, quienes se encontrarían en los sectores encumbrados de la universidad, la política, la corporación. Algo así como un puñado de Magnettos atornillados que lo digitan todo. Esa cosmovisión me parece de lo más atractiva como invención paranoica generadora de ficciones. La celebro, pero (por suerte quizás) en mi mundo no veo más que seres quizás sí alienados, pero mucho más cómodos, quejosos y panchos que le dan de comer al sistema y comen de él. Otros muchos activistas que se mandan todas las cagadas por ingenuidad, inoperancia o juventud; y muchos, muchos otros que no tienen ni idea de qué hacer con los escombros. En los “jirones” de la realidad que nos queda es necesario que nos hagamos cargo y dejemos de poner conceptos que esconden detrás nuestros verdaderos intereses, absolutamente legítimos, por otra parte. Por todo esto me llama la atención que hables de contextos ortodoxos y dogmáticos, no será momento de preguntarnos si existen y de existir qué formas adoptan en lo cotidiano, en lo discursivo, en lo educativo? Me anticipo a una posible crítica a la llaneza de mi razonamiento, tené en cuenta que todavía no ostento título universitario.

    El sistema educativo no existe. Es por la negociación de las personas que habitan cada una de las escuelas que comienza a existir, por eso los Santos microtecnócratas son mucho más responsables de lo que creen por ese lugar que ocupan. La “dispersión de actividades y objetivos” es la muestra más clara de que la escuela es y no es un club, es y no es una cárcel, es y no es el estado. Y acá le entro a la discusión como chancho a la batata: la escuela es la familia. Es una heterogeneidad fabulosa. Si en los sectores medios es una cárcel o un club, en los sectores populares es la institución que más presente está, porque están adentro, o porque no y quisieran estar, o la rechazan; pero tiene más presencia que cualquier otra institución pública. A veces es el lugar más cómodo en el mundo y a veces el más espantoso, como las familias. El “conocimiento” si se le puede llamar así, no es otra cosa que la herramienta para comunicar algunas formas de mirar el mundo y un par de herramientas para transitarlo o para sufrirlo.

    Por otra parte, quienes somos habitués de las salas de profesores en los recreos sabemos cómo se les “pega” a los pibes. Cuánto sabrán los que dicen lo contrario, cuánto sabrá Tomás Abraham de las escuelas secundarias del conurbano, cuánto sabe la gente que anda diciendo de las escuelas públicas. Si bien tu experiencia es genuina, también el tema de la educación pública es un gran blanco al que le pegan todos y pocos la conocen desde adentro. Y sí hay mucho para transformar, pero a veces cuesta cuando querés organizarte para discutir la escuela, cuando hay tanta gente que no le gusta donde está, que no le gusta su trabajo, que no le gusta trabajar con pibes y mucho menos cuando se trata de pibes de territorios “kosovo”.

    Ojalá Santos pueda ahorrarse la platita para su viajecito al exterior y dedicarse a escribir libros de ciencia-ficción. Hasta por ahí logra ingresarlos en los diseños curriculares.

  3. Kaczinsky decía algo interesante aunque lo deslizara y no fuera tan concreto al decirlo: ´finalmente este mundo tal como está organizado no va a cambiar porque su delirio le viene como anillo al dedo a la izquierda (al pensamiento progresista) ya que ésta encuentra en ´la injusticia´ el objeto ideal para depositar su angustia, su depresión, el sin sentido de su vida´. Es decir, nada tan reaccionario como el pensamiento progresista. Nada tan pseudo-sacerdotal, ni tan monástico, como los miles de pequeños mesías que descienden a incluir al pueblo, al que van a dejar siempre abajo para que la vida de ellos, los blanquitos, tenga sentido. Esto no es contra vos justamente. Es una fortma de darle marco a los bien intencionados que quieren ir a la escuela a defender la trinchera. Hipócritas.
    Paso a mi comentario:
    Supongamos por un momento que tenés razón y que tu mirada es acertada (concuerdo con varias cosas de las que decís y entenderás que por mi ironía frente al viajecito, en el texto, me distancio de Santos), si suponemos, entonces, que ´el sistema educativo no existe´, te pregunto: para qué la millonada de pesos en presupuesto educativo?, adónde va eso? no será que en nombre de la inclusión nos estamos cagando en los pobres y en los sectores más humildes? No es una forma de reconocer que el Estado como marco general no tiene sentido ya que la escuela es la familia? Si la escuela es la familia -y puedo concordar con eso- es porque finalmente la sociedad se organiza en grupos endógenos y pregunto: para qué entonces el Estado, para qué los presupuestos millonarios que nadie puede controlar y que nunca llegan? No será que habrá una diferencia entre un tecnócrata como yo y los otros tecnócratas que vos bien conocés que digitan esto que en verdad no existe? Para qué estamos manteniendo la ficción del Estado si es que este estalló? Porque no le damos la razón a los anarquistas y organizamos comunidades interconmectadas y autónomas.
    En 1970 Iván Illich publicó Desescolarización: una parte importante del libro consiste en analizar (hace casi 50 años) la retórica de los Estados inclusivos en educación. Cuanto más se decía que se gastaba en los pobres o en los sectores menos favorecidos, menos resultados concretos se obtenían y más alta era la distancia con las clases acomodadas. La inclusión es un viejo bla-bla-bla. Además en la retórica de la politiquería siempre se habla desde el presente absoluto como si nada antes se hubiera hecho. Ya está Ana, ya se intentó, ya se hizo y los resultados son pésimos. Te recuerdo que estamos en un mundo de 99 a 1 en posesión de riqueza. Es momento de reconocer que nadie sabe bien qué hacer. En Argentina, al menos, la educación pública secundaria debería ser parada (la educación privada prohibida).
    A mí lo que más me cuesta entender de posiciones como la tuya es que con el actual sistema educativo solo se le hace el juego a las élites. Poner a los pibes entre cuatro paredes no modifica nada. Como siempre, el peor enemigo suele ser el interno.
    La educación hoy es un gran simulacro en el que los falsos mesías del cotidiano se regodean y los demás se fuman un porro o toman psicotrópicos para poder llevarla.
    Finalmente la escuela es un espacio de control social y de construcción de consumidores. Eso es todo lo que se hace desde mi punto de vista. Están las excepciones pero a los demás les cagamos la vida. No será que deberíamos hablar más de autoconocimiento y menos de conocimiento en educación?

  4. 1- hay pocos bienintencionados que estén en la trinchera. Estaría de acuerdo con esta aserción si habláramos de las aulas universitarias, quizás.
    2- el 95 % de la millonada de pesos al “sistema educativo” se va en salarios. Ya lo dijo el deportista el año pasado.
    3- todo de acuerdo con el discurso de la inclusión, pero pensemos que la escuela secundaria bonaerense está casi poblada por docentes de los institutos de formación. A qué sector social creés que pertenecemos? No ves una práctica de la inclusión ahí? Estamos de acuerdo con que los que hablan sobre la escuela muchas veces no pertenecen por diferentes circunstancias, entre ellas las socio-económicas. Ahí radica gran parte del problema, cuando las problemáticas las identifica otro e intenta una explicación homogénea para todos. Me llama a atención que insistas con lo del sistema: hay escuelas cooperativas, escuelas con inserción comunitaria, escuelas co-gobernadas por docentes, directivos y alumnos; hay escuelas abiertas al diálogo, escuelas acéfalas, escuelas chotas, escuelas reformatorios. No entiendo dónde ves sistema?
    4- la escuela como espacio de control social? Si uno de los grandes problemas es que la autoridad ya no es un privilegio de las “autoridades”. Ya no controla nada. Hoy maltratás a un pibe y no te agacha más la cabeza. Te discute. Lo volvés a maltratar, porque a veces no nos conformamos con lo discursivo, nos sentimos poderosos y volvemos a arremeter, y acto seguido te comiste un bife. Construcción de consumidores? Esto verdaderamente me da gracia. Excepto las redes sociales, que son lo más reciente, la televisión, la música, la moda, las costumbres, los hábitos… lo cotidiano nos construyó como consumidores. Qué creemos que puede hacer la escuela en este sentido?
    5-no entiendo el vínculo entre las cuatro paredes, la idea de encierro de los pibes con “hacerle el juego a la élites”. De verdad.

    Hay un marco legislativo, una serie de leyes bajo un paradigma de derechos humanos. Leyes que nos exhortan a mirar al otro. A levantar la vista de nuestro ombligo y mirar de verdad al otro. No sé muy bien si eso vaya a funcionar o no, como decís ya muchas cosas se intentaron y muchas las desconozco, pero tengo la certeza que es por ahí y por ahí va mi no orgánica militancia.

  5. Respondo y luego lanzo una propuesta:

    a) en la escuela se discute sociedad de consumo, se la pone en contradicción, se advierte y alerta sobre las condiciones pésimas de trabajo, se discute algo en la escuela? La veo como una modelizadora de un sistema socio-económico que me desagrada en términos generales
    b) hay leyes? hay leyes que exhortan? Claro, en términos comparativos hay una cierta mejora, pero eso es al precio de que un sector de clase medio baja como nosotros ya ni tengamos dimensión de la exclusión a nivel mundial de personas de la posibilidad de comer (me importan un bledo las divisiones nacionales, todo es sociedad de consumo que segrega)
    c) democracia para quién y cuándo? dentro de cien años habrá otra Anita (rara avis) diciendo que bueno que a partir de ahora hay que construir etc, siempre es el presente absoluto y desde ahí se construye como si nada se hubiera hecho mal y contra los intereses de los ciudadanos.
    d) sí hay sistema y sí existe y está coordinado por quienes se roban la mayor parte del presupuesto. Querés saber los campos y las tierras que poseen nuestros políticos de proyecto nacional y popular acá en Tandil? (Añado, sí existen tecnócratas y se definen así: parásitos del Conicet que llevan su ´dolor´ a los barrios a cambio de mucho dinero y de cepillarse a los acólitos subordinados que ven eso como lo ideal y lo quieren repetir, por eso luchan por entrar a la carrera Conicet para a su vez cepillarse a sus subordinados, y tener becas que casi nunca redundan en nada -recordá que sos una excepción, no la regla)
    e) seré un estúpido idealista pero no me conforma el estado de cosas, de ninguna manera. No creo en los apostolados y en las unciones mesiánicas que, a sabiendas del delirio que es la clase dirigente, va y pone el pecho. Me parecen (y también lo hice), me parece que somos útiles al maquillaje del hacer para que nada cambie
    f) tenemos dos miradas totalmente contrapuestas: hay un sistema central de educación que según vos no tiene ningún poder, sin embargo, cada mes miles y miles de docentes están sin cobrar su salario adrede porque no hay dinero y se trastoca el presupuesto, para poner solo un ejemplo (ni hablemos de los edificios, el morfi de los pibes)
    g) puedo terminar concediendo la necesidad de las instituciones, pero no de esta forma
    h) para que una institución funcione, necesitás personas autoconcientes, con su ser o personalidad o lo que sea en proceso de ser revisado
    i) la infinita cantidad de casos de cruces entre militancia política y espacios religiosos da esa idea: en algún momento, el ser humano advierte el desconcierto frente a estar en el mundo (por supuesto en la escuela nunca se habla de autoconocerse, autodeterminarse, etc.); el futuro militante en crisis busca una salida a su angustia, y el sistema militar-industrial le tiene preparadito el ayudar al otro, ahí aparecen los valores cristianos de la caridad, el amor al prójimo, poner la otra mejilla, etc., y cuando hace crisis eso, se pasan a la política, en un mundo de tejes manejes que tiene a los ciudadanos como laboratorio (algo de eso sabés)
    j) tenemos miradas contrapuestas, exactamente contrapuestas; acepto ser un dogmático, sí; todos los antidogmáticos están en puestos de poder y son tan anti-dogmas que no tienen ninguno excepto el propio interés.

    Dicho esto, la PROPUESTA

    I) si dejamos de creerle ingenuamente al deportista, no te parecería bien Ana ponerse en tema en concreto y entrarle a la cuestión por algún lado? Mi idea sería ir a los papeles. Poder entender cuánto hay de presupuesto (en lo posible los dos, el que se dice y el que es) y cómo se gasta; además, cantidad de docentes, de escuelas, y la comparación con otros distritos que permita entender de qué estamos hablando

    No me siento desmovilizado ni inmovilizado. De ninguna manera, me interesa discutir educación y con un detalle no menor: lo vivo desde adentro, seguramente me equivoque en mi mirada pero no hablo desde el palco.

  6. a) si en la escuela no se discute es porque nadie quiere hacerlo. Tampoco nadie te lo impide.

    b) cómo la trosquás, Lépori! Abrís mil discusiones: ahora se suma el hambre en el mundo? No me parece inteligente seguir agregando males, ya con el de la educación es suficiente, si ni siquiera podemos tener algún mínimo consenso. No te imagino (y sí) en el parlamento (con la Carrió ya tenemos suficiente modelo). Sí hay un nuevo paradigma al que se le da muy poca pelota porque supone una paridad con los otros. Santos opta por “pegarle” a los pibes, en lugar de reconocer que este paradigma está hablando justamente de eso que vos pregonás: el autoconocimiento, la autodeterminación. Yo no veo otra forma de alcanzar esos ideales si no tenés la mínima capacidad de escucha del otro, si creés que en la escuela tenés una autoridad a priori y que no estás entrando a tu reino en el aula, sino que entrás a un juego y sos uno más.

    c) relacioná vos mismo tu ítem c) con tu propuesta I): no es llamativo? Te parece que no hay ningún conicet que haya estudiado los presupuestos para educación? Soy la única viviendo en un “presente absoluto”? Hagámoslo, porque yo no soy de las que le escapan al bulto, pero empecemos por ver qué se hizo antes porque en eso sí estamos de acuerdo: originales no somos.

    d) más trosqueadas. Y sí… me imagino los campos que tienen, conozco la pérdida de lo importante en una investigación; intuyo, porque no tengo certeza, de que hay afano y demás. Pero me parece que nuevamente estamos en el comienzo: aunque te reconociese todo eso no veo sistema ahí. Incluso, por haber tanto desperdigado, esas fisuras existen y van a existir siempre, probablemente. Me extraña que utilices lo nacional y popular para pegarme a mí. Lo contrapuesto en nuestras perspectivas es que yo me banco las contradicciones. La banco y la voy a bancar aunque no esté de acuerdo con todo, ni todo el tiempo, ni con todo su equipo, ni tampoco con el que se le colgó de las tetas, a pesar de las vuitton y las joyas.

    e) lo anterior que no se confunda con bancar el estado de cosas. Y estoy de acuerdo con los maquillajes para que nada cambie, te sorprendería cuántas veces nos encontraríamos vos, Santos, los gremios, yo… hábitus, le llamó Bourdieu en el siglo XX?

    f) para mí es más probable que haya muchos docentes que no cobren porque alguien se olvidó de presionar “enter” antes de terminar la jornada laboral. Espero que por decir esto no me ligues al deportista y su obediente forra, la señora Norita.

    g) …

    h) ponele. Ahora cómo creés que eso se logra, si te pasan un libro porque Santos “le pega a los que nadie les pega”? Devoremos de una buena vez la conserva paternal y hablemos en serio.

    i) estoy de acuerdo con el tránsito entre el amor, la caridad y la política. Reconozco el caminito que mencionás porque lo transité. Pero me parece que en esta chorredera de letra te planteé un itinerario diferente. Si ahí no ves algo del “autoconocimiento” y “autodeterminación”, de verdad no sé qué ves.

    j) entre el dogmático y el anti-dogmático entonces no habría mucha diferencia. Volvemos al punto cero de toda esta cuestión. Me sigo preguntando si existen conceptos claros para suturar esos términos.

    Ponele que acepto jugar en tu escenario discursivo y ponele que me ponga a revisar presupuestos, cuál sería el objetivo si en realidad para vos es una problemática? Y está muy bien que lo sea. Yo creo que se debería ir por otro lado. Pero hagámoslo.

    1. Ana,
      dale, te sigo, planteá algo para pensar (aunque sea meramente teórico por ahora); pero si hay algo práctico que te surja, decilo. Por mi parte, entiendo que los análisis sobre inversión y presupuesto están hechos (ya a esta altura ni sé, pero sospecho que antes conocía los meandros de una investigación y puesta al día y creo saber que nunca se arranca de cero, como sí en la retórica militante porque, otra cuestión a pensar, la militancia actual se propone sin dimensión histórica, sin hacerse cargo de las miles de cagadas que se mandaron en el pasado).
      Por eso dejo abierto eso: si nos ponemos a delirar y a pensar educación: qué se hace? qué se piensa? qué se propone por fuera de las instituciones ya anquilosadas (y lo digo como forma de resistencia: ciudadanos que, en principio, se ponen a pensar una problemática).
      Dos comentarios: a) entre tu argumento ad hominem (entiendo que bastante gratuito si bien certero para descalificar: escribiste artículos mejores) y este momento hay por lo menos una instancia de reconocimiento de la profunda problemática educativa; me alegra; ya no brilla tanto el sol de la revolución y hay unas nubes en el firmamento (sé que lo sabes, pero hay veces que te vas de mambo en la defensa del status quo; si la única verdad es la realidad, a esa realidad la delinean los tecnócratas);
      b) abandonemos el libro de Santos y mi reseña (porque no es un artículo) ya que cada vez que te referís a ellos -uno u otro- demostrás que o no los leíste o, al menos en el caso del texto del blog, leíste ofuscada por la primera línea y nada más. (Observación: aguantá con ponerme etiquetas de acá y de allá -dogma, conserva, trosko- porque solo denota tu contacto con la rancia política mistificadora).
      Entonces, hay un problema, por dónde se empieza a pensarlo? En mi caso, necesitaría entender algunos guarismos, pero eso es cosa mía, vos proponés qué? un posible camino sería cuál? Vamos a entrarle como chancho a las batatas si es que el problema existe, porque si no existe está todo ok.

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