Sergio Gaut vel Hartman y la ciencia ficción argentina. Entrevista [2010]

“Siempre he propugnado que la ciencia ficción se libere de las etiquetas”

Entrevista a Sergio Gaut vel Hartman, por Roberto Lépori – 05/10/2010

Escritor y editor de larga trayectoria, Sergio conoce desde adentro los avatares de la ciencia ficción argentina contemporánea. La entrevista corresponde a octubre de 2010. Resistió, creo, el embate del tiempo. Es breve. Permite al curioso recienvenido, tener unos primeros datos. El más entendido disentirá. He quitado una coma, una pregunta y colocado un único comentario. El resto, como era entonces. Añado, en el enlace final, el blog del entrevistado con más información sobre sus libros.

1.- Si tuviera que sintetizar la ciencia ficción argentina ¿cuáles serían los 5-10 ítems ineludibles? ¿Existe el “mejor libro” en la ciencia ficción argentina?

Los ítems ineludibles serían (sin orden de preferencia), la capacidad de los escritores argentinos para resignificar las reglas del fantástico de acuerdo con las necesidades específicas de lo que se desea expresar; la calidad literaria de las ficciones en un género generalmente “acusado” de carencias en ese plano; la maravillosa labor de los editores aficionados que, sin medios económicos, han promovido y mantenido publicaciones y eventos por amor a la vertiente especulativa de la ficción; la originalidad, atipicidad, impulso hacia la trasgresión de los escritores locales; la labor de Pablo Capanna como ensayista del género y sus límites; la inventiva de los autores y su calidad, lo que ha permitido que la participación de los argentinos en concursos y ediciones extranjeras haya sido siempre importante. Sería posible agregar algunos ítems, pero creo que con estos basta. Si El Eternauta fuera un libro [´y no una serie episódica´, N. del E.], podríamos considerarlo el mejor, por trascendencia e impacto ideológico. Pero aquí se verifica la atipicidad del género en Argentina, y el mejor libro no es un libro…

2.- ¿Cuáles son los temas principales de su obra?

No soy un escritor temático. Justamente mi principal característica, siempre, ha sido usar TODOS los recursos de la ficción especulativa como eso, como recursos, herramientas expresivas. Me interesa contar historias que lleven empotradas una serie de ideas conjeturales poderosas. Es cierto que tengo un ciclo “de cuerpos”, derivados de los dos cuentos que se publicaron en Cuerpos descartables y otros que salieron en revistas y antologías, pero eso no puede ser considerado un eje temático. Podría, en todo caso, hablar de dos o tres “tonos”. Uno más comprometido, duro y oscuro, como el de los cuentos que están en Espejos en fuga; un tono surrealista que aparece en varios cuentos publicados en revistas y antologías; un tono humorístico, observable principalmente en mis ficciones más breves y una veta especulativa y conjetural “pura” como se ve en mis novelas El juego del tiempo (finalista del Minotauro, aún inédita) y “Carne verdadera”, la novela corta finalista del UPC que se publicó en un libro de Ediciones B.

3.- ¿Qué relación existió entre el fin de la dictadura y el boom de la cf argentina? ¿Podría nombrar a los autores más representativos?  

Hay una relación de causa efecto bastante natural y obvia. Yo publiqué mi primer cuento en 1970 y el período de “levantar vuelo” coincidió con la clausura de la actividad cultural en Argentina. Por eso, cuando tras doce años de oscuridad fue posible participar en la eclosión que propició la revista El Péndulo de Marcial Souto, la colección de libros de escritores rioplatenses de Minotauro, la revista del mismo nombre, también dirigida por Souto y algunas antologías publicadas por esos años, los escritores locales, amordazados o por lo menos sujetos durante más de una década, tuvimos la posibilidad de soltarnos y ver publicado lo que habíamos guardado en los cajones, al mismo tiempo que reverdecían nuestros deseos de escribir más y mejor. Los autores más importantes de ese ciclo fueron los que publicó Minotauro en su efímera colección de tapas blancas: Angélica Gorodischer, Carlos Gardini, Mario Levrero, Eduardo Abel Giménez, Rogelio Ramos Signes, Ana María Shua y Elvio Gandolfo, aunque no estuvo en esa colección. También tuve un libro allí: Cuerpos descartables.

4.- ¿Qué valor le da a las escrituras en colaboración?

Le doy una enorme significación. Poner dos o tres o más cerebros y las sensibilidades concatenadas a trabajar en busca de la sinergia que implica crear una obra literaria representa la mejor síntesis de lo que para mí es la literatura: capturar las ideas fuerza que impulsan a los seres humanos para intentar la exploración de los universos contiguos, subyacentes, empotrados, invisibles y conjeturales. No es poco. Incentivo eso todo el tiempo. Héctor Ranea y yo hemos escrito un libro en colaboración que se llama Monstruo de cuatro manos. Será publicado el año próximo. Estoy impulsando un libro de ocho o nueve autores cuyos cuentos (breves) serán escritos mediante todas las combinaciones posibles que puedan formarse entre dos y algunas entre tres de ellos.

5.- ¿Por qué el uso de los seudónimos para publicar? ¿Y Olga Ramos?

Los seudónimos indican varias cosas; en algunos casos pudor, en otros, necesidad editorial; también hay bromas pesadas (como es el caso de Olga Ramos). Olga Ramos es un seudónimo colectivo compartido con Álvaro Ruiz de Mendarozqueta y Lito Imwinkelried. Es natural, de todos modos, haber reducido a 9 letras lo que de otro modo hubiera requerido 55. Tengo tantos libros publicados con seudónimo como publicados con mi nombre. No pienso demasiado en eso.

6.- ¿Existe una división tajante entre la cf culta y la cf popular en argentina?

No creo en esa división. Creo que hay ficciones mejor escritas y ficciones peor escritas. Algunos “buenos” autores son oportunistas y recurren a herramientas y convenciones de cf en de determinadas ocasiones sin sentirse nunca “parte” del género. Algunos autores de género logran emitir una buena nota cada tanto, sin que por ello se los pueda considerar dentro o fuera de algún grupo. Como las clasificaciones, las divisiones son arbitrarias. Creo que cada obra individual o cada libro colectivo deben ser considerados por sí mismos.

7.- ¿Cuáles serían para usted los autores “cultos” de cf? ¿Y los mejores?

Adolfo Bioy Casares sería el único autor “culto”. Si agregara a Carlos Gardini estaría fabricando una categoría inexistente, porque el propósito de Carlos (es mi opinión) no parece ser escribir una cf culta. Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Angélica Gorodischer, Ana María Shua y Elvio Gandolfo podrían formar parte de la misma evanescente categoría, pero no escriben cf en sentido estricto; entonces ¿qué sentido tiene agruparlos en ese polo?

8.- ¿Y en relación a los escritores populares?

Es más simple. Podría decir que entre “todos los demás” hay muchos escritores interesantes, algunos de los cuales están emergiendo o aún no han profundizado su actividad. Alejandro Alonso, Eduardo Carletti, Claudia De Bella, Daniel Frini, Daniel Antokoletz, Fabio Ferreras, Hernán Domínguez Nimo, Ricardo Castrilli, Néstor Darío Figueiras, José Altamirano. Todos ellos podrían representar lo que, en un mercado más afianzado (pienso en Estados Unidos) sería la cabeza de un cf viva, rica, popular y muy leída. Pero los avatares editoriales en nuestro país se empeñan en que no exista una “explosión” en ese sentido.

9.- ¿Está aún la cf en Argentina invisibilizada? ¿Cuál es la relación con el mercado editorial? 

Creo que la producción de cf es y seguirá siendo invisible como género. Siempre he propugnado que la cf se libere de las etiquetas, que los autores utilicen recursos y convenciones cuando les convenga, cuando se les antoje, cuando la obra que encaren lo requiera. Cuando el escritor asume la postura que yo creo correcta, es decir, cuando el creador se deja traspasar por la obra y sigue el flujo que esta propone, la mayor o menor pertenencia a un género en función de los elementos del mismo que contenga pasa a segundo plano. No me preocupa que la relación cambie o se mantenga. Mi idea, al impulsar la colección de libros de Andrómeda que dirijo es manejarme con prescindencia de género. Si las novelas y colecciones de cuentos contienen elementos de cf, bienvenidos sean; jamás renegaré de mi gusto por la literatura especulativa y conjetural; incluso disfruto mucho de las ficciones “realistas” con “flecos” especulativos, como las de Guillermo Martínez, De Santis, Chernov, Aira y varios otros. Si ellos, desde ese lado, pueden inyectar un fluido conjetural a sus ficciones, nosotros, todos los demás, podemos perfectamente hacer respetables, legibles y dignas de consideración las obras que producimos desde el nuestro, de escritores no consagrados, no protegidos por los medios o aún demasiado “crudos” como para que los académicos los consideren.

 

APÉNDICE.

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´Sor Juana y la ciencia ficción´ [2011]

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