ClaudiLadriShow. En torno a la legalización del aborto y el progresismo conservador

///A mediados del mes de julio de 2018, la exultante discusión sobre la legalización del aborto en Argentina –ley que debería existir desde hace décadas- posibilitó la extraña situación de que incluso medios de comunicación de izquierda defendieran de los ataques perpetrados por grupos ultraconservadores a una rancia figura del mundo de las letras como Claudia Piñeiro. Piñeiro construyó su carrera literaria a través de una larga serie de prebendas y de premios obtenidos gracias a los contactos que supo construir en el mundo de la rosca político-judicial-mediática. En el último tiempo se convirtió en vocera de las mujeres –decir ´vocera del feminismo´ parece excesivo y obsceno- en una visibilización que poco tiene que ver con la banalidad de su obra y casi todo con las operetas de la trama que la sostiene y que en un paso de comedia la llevó este mismo año a abrir la edición vernácula de la Feria Internacional del Libro. En esa instancia empresarial Claudia no tuvo reparos de decir al mismo tiempo que ella era un engranaje más de la ´industria cultural´, que se concebía como intelectual / escritora disidente, que apoyaba a la educación pública y que qué bueno que la hubieran invitado a esa apertura junto a los funcionarios de Cambiemos -todo así bien juntito. En el siguiente texto, surgido poco después de su exposición en la Cámara de Diputados, reviso los problemas argumentativos, o las falacias, que se desprenden de su intento de posicionamiento progresista que acaso resulte tan inaprehensible como todo progresismo.///

El día 12 de abril de 2018 la ciudadana argentina Claudia Piñeiro [1960- ] compartió, en una de las reuniones informativas de la Cámara de Diputados, sus argumentos a favor de la sanción de la ley que regule ‘la interrupción voluntaria del embarazo’.
Esa alocución de siete minutos, alojada en el canal de YouTube La Resistencia Noticias (LRN), abrigó la singularidad de exigir y de defender un derecho a la fecha impostergable, desde un andamiaje retórico conservador y elitista.
La escena tuvo visos de intriga palaciega. El moderador Daniel L. la invita a exponer presentándola como ‘la escritora Claudia P…’. Una vez ante el micrófono, recoge Claudia la etiqueta y aclara que, al hablar en el marco de esa discusión ‘como mujer y como madre’, su alegato estará orquestado con argumentos tomados de su actividad artístico-profesional. Es decir que intentará convencer con la fuerza de su oficio.
Este primer movimiento descubre que a su alegato lo sustenta un anacronismo. Claudia cree internarse con su discurso por pasadizos del siglo veintiuno pero no hace sino regodearse en ensoñaciones decimonónicas. “Algunos dicen que los escritores –abre Piñeiro- tenemos ciertas antenas con las que podemos captar lo que está pasando en la sociedad… y además [tenemos] la facilidad de traducirlo a palabras.”
La imagen inaugural -antenas- siembra (en mí) el desconcierto. ¿Son lxs escritorxs bichos, gadgets, robots, ciborgs? Lxs escritorxs parecen constituir para ella una ‘cofradía diferenciada’ que capta lo que sucede mucho mejor de lo que podría hacerlo la gente común que además, aunque lo captara, no podría escribirlo tan bien.
Piñeiro no resuelve la analogía y rodeada de esa vaguedad toma el discutible rasgo diferencial para contar, afirmar y reafirmar que las más de 200 escritoras que rubricaron la carta (a la que esgrime) en defensa de la sanción de la ley, están también en lo correcto, no por ser mujeres, sino, al igual que Claudia, por ser escritoras y por tener antenas. El sectarismo está refrendado por la idea de que aquel doble centenar de firmantes deben ser ‘todas’ las escritoras activas en el país porque a Claudia ‘no se le ocurre que falte una’. Su memoria mide quién es, quién no es escritora en Argentina.
El sesgo elitista es reforzado en la parte final cuando les advierte a los timoratos diputados y/o abúlicos asesores que todos conocen o tienen cerca al menos una mujer que abortó en condiciones paupérrimas. Las razones para votar la ley no son ni ajenas ni lejanas. Quien fue obligada a una intervención clandestina está ahí al alcance de la mano de quien quiera escucharla, sin necesidad de rebuscar hasta el sexto eslabón o grado vincular –y con esto se refiere Claudia a esa pisoteada y simpática figura, la de los seis grados de separación, cuya invención por supuesto le cupo a un escritor que ‘también bajó con sus (sin par) antenitas’… para captarlo.
En segunda instancia, luego de las loas a las antenas, Claudia les asegura a los presentes que ‘lxs escritorxs son aquellos que tienen facilidad para pararse en distintos puntos de vista’ y que ella –que es escritora- detecta que, en la contienda por la aprobación de la ley para regular la interrupción voluntaria del embarazo, hay un punto de vista que quiere anular al otro. Como en el argumento anterior, esta casuística resulta de inmediato sospechosa. ¿Son lxs escritorxs lxs únicxs que pueden variar sus puntos de vista para obtener conclusiones ético-políticas? Pero lo que importa, subraya Claudia, es que existen, al menos, dos grupos enfrentados, y uno de ellos –el de los antiabortistas- intenta ganar la batalla ideológica apropiándose de la palabra ‘vida’.
Estamos en el tercer nivel de la argumentación.
Piñeiro invoca la categoría ‘conciencia lingüística’ de la lingüista Ivonne Bordelois. Ese tipo de conciencia –sigo a Claudia, no a Ivonne- surge de comprender que con las palabras, con el lenguaje, se construyen realidades y que esas realidades no son abstracciones, sino marcos de acción. Dicha ‘conciencia’ supondría una mayor lucidez referida a la existencia de algo así como un ‘supermercado de palabras’ donde es posible elegir términos y construir realidades. El problema aparece cuando nos quieren robar una palabra. Por ejemplo, si un grupo se apropia de la palabra ‘vida’, deja al otro grupo confinado a la ‘no-vida’, al aborto como asesinato.
Creo que estamos todes de acuerdo acerca de esa consecuencia indeseable.
El asunto es que la expositora coloca nuevamente a lxs escritorxs como lxs defensorxs, o como los que pueden detectar ese riesgo sobre las palabras porque ellxs tienen mayor nivel de ‘conciencia lingüística’ y Claudia está ahí para advertírnoslo: ‘No nos roben la palabra vida, no nos discriminen, les pido por favor no nos ofendan más’. Cuando nos roban palabras reconocemos su valor y reconocemos que el supermercado es gratuito y que debemos defenderlo.
El lenguaje –comunican las antenas corporativas de Claudia- no sería un mercado a secas, ni una feria autogestiva, ni un grupo de manteros, ni un millón de almacenes de barrio, ni un quiosco, ni un club del trueque, ni una gratiferia, ni nada de eso. El lenguaje es un ‘supermercado’ de palabras, una empresa, una empresa enorme, un conglomerado de empresas, una corporación… y –para mayor escándalo- es gratuito. ¿Cómo pueden robarnos algo de un espacio gratuito? Entre tantas variantes, una es dejarnos sin stock usando hasta modificar el sentido de una palabra.
Y ese robo –sigue el escándalo y la inmersión corporativa- no siempre es artero, dice Piñeiro. Como la ‘conciencia lingüística’ les corresponde en mayor medida a lxs escritorxs, los demás, quienes no escriben pero se están apropiando de la palabra ‘vida’, lo hacen ingenuamente, casi sin saber que están dentro del supermercado eligiendo palabras gratuitas para poder construir realidades. El alegato, en su epilogo, roza la confusión propia de las intrigas cortesanas.
Está bien -dice Claudia- habrá que aceptar a los ‘ingenuxs’ en el uso / robo de palabras candentes, pero es necesario exigir que ni los diputados, (ni los senadores), ni los ministros, ni el presidente (M. Macri) pequen de ingenuos en esta discusión que tiene a la palabra ‘vida’ como botín. Es un robo y es una exclusión inaceptable que deja a mucha gente afuera, y entonces asoma el delirio: “…y le voy a decir esto al presidente Macri con quien tengo una deuda tremenda por haber abierto este debate. Creo que es grandioso que haya abierto este debate y que haya tomado las banderas de tantos colectivos de mujeres que vienen luchando durante años… Se lo agradezco pero ahora le pido algo más: no vuelva a decir que lo hace por la vida porque yo también estoy por la vida y defiendo la ley de interrupción voluntaria del embarazo…”.
¿Justamente Macri? La admiración destilada es sorprendente. Al haber abierto el debate, Macri le ha generado a Claudia “una deuda tremenda”. Podría colocar aquí mismo un chiste fácil sobre Mau y su adicción a generar deudas tremendas sino fuera porque Piñeiro señala que le pareció ‘grandioso’ ese gesto de tomar las banderas de tantos colectivos de mujeres… ‘Grandioso’, escribo, mientras saboreo un vago recuerdo de Macri sopesando la suerte televisiva de varias ‘chicas-lindas-culos-(¿grandiosos?)’, así como su ristra de comentarios machistas (¿grandiosos?), pero, en fin, él es alguien que ha enarbolado las banderas grandiosas y me lo dice alguien con antenitas.
En el clímax de stand up, Claudia les advierte a los diputados que si votan contra la aprobación de la ley, acaso en el futuro sean vistos como aberraciones intelectuales o como delincuentes por haber dejado sin protección digna a las mujeres que desean y/o necesitan abortar… Pero, ¿acaso no es éste presente aquel futuro mencionado? ¿Acaso ella -Claudia- no les está hablando a quienes, en persona o en representación corporativa, se vienen negando a discutir los proyectos sobre salud reproductiva desde hace tiempo? ¿Acaso no le está hablando a una casta política corrupta que al unísono que acelera el pase a mejor vida de los jubilados, aumenta dietas y usufructúa canjes onerosísimos de pasajes? ¿Ella sinceramente cree hacer mella en el caparazón de los diputados o correrlos por el callejón del cinismo cuando pretende escandalizarlos por ‘el robo de palabras de un supermercado gratuito’? ¿Justo en este punto le fallan las antenitas de escritora? Y hablando de supermercados, si todos decidiéramos robar palabras y más palabras de esas peculiares góndolas, ¿instrumentará el gobierno algún salvataje? ¿La convocarán a Ivonne como ministra de finanzas o a Claudia que parece ser ya medio de la casa?
Ignoro las grandiosas respuestas. Solo te pido Claudia, como gran favor, que a todxs lxs que en los márgenes batallan entre la precariedad, la humedad, las ratas, los vecinos melómanos, los malos transportes, (la casta lacra política ante la que te rendís), la violencia cotidiana para garabatear una, dos tres, veinte páginas que no buscarán la santificación de los premios y sí las de lxs lectorxs, que les y que nos devuelvas las palabritas ‘escritor/escritora/escritorx’ porque acá todxs tenemos la grandiosa sensación que vos y que tu cofradía de cócteles y de recepciones y de cenas presidenciales nos chorearon esas palabrejas del supermercado que ni sabíamos que existía y al que vamos a ir más seguido con las mochilas vacías y las capuchas ocultando la ausencia de esas graciosas y grandiosas antenitas.
De antemano, muchas gracias, ciudadana Claudia.

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