Palabras enfermas. De Moravia a Eva Giberti

Por intermedio de una lectora de ´ymeescribesparanoica´ -pueden seguir el hilo de esa charla en los comentarios- este texto llegó a los ojos de Eva Giberti quien, luego de protestar jocosamente por haber sido colocada junto al Ministro de Propaganda de Moravia, en segunda instancia, intercambio de e-mails mediante, reconoció la veta luddita: “Existe una estrechísima relación entre medios de comunicación, todos ellos, y diferentes formas de violencia patriarcal. En los visuales y orales, como la tele y las redes; las radios, verbales / auditivos; las distintas modalidades de internet y las violencias patriarcales que aprovechan cualquier resquicio, hendidura o avanzan sin necesidad de grieta alguna para mostrarse en plenitud. A veces precisan la lectura entrenada para descubrirlas, y otras veces se muestran ostensiblemente.”
La cuestión entonces es si los medios de comunicación (e internet) son –o no- nodos claves para entender justamente la persistencia de la violencia patriarcal, y bastante menos para desarmarla aun cuando hayan visibilizado exponencialmente los femicidios.

# Eva y el contagio

A mediados de diciembre de 2016, Página/12 publicó en su contratapa el artículo de opinión “Femicidio, ¿contagioso?” en el que Eva Giberti se proponía analizar el uso insistente, en distintas esferas, de la palabra ´contagio´, uso cuya intención sesgada era explicar el aumento del número de femicidios, apelando al inexistente virus de matar mujeres y ´neutralizando la responsabilidad del femicida´. Según Giberti indicaba, esas palabras tramposas dejaban “…de lado la decisión autónoma y concreta del varón violento de matar”. Contagio, imitación, copia de lo que hicieron otros varones… todas esas explicaciones escondidas en rachas lingüísticas no tan aleatorias olvidaban que muchos de esos asesinatos, en la etapa denominada ´prefemicidio´, fueron ´meticulosamente anunciados´. En definitiva, no hay virus, ni agente externo pasando de asesino en asesino.
Los argumentos de la especialista sobre esos estallidos lingüísticos que buscan tranquilizar, negar u ocultar la decisión de matar resultan incontestables, aunque desde mi perspectiva dejan abierta la puerta para recordar aquel viejo adagio -´vivimos en una sociedad / civilización enferma´- uno de cuyos síntomas principales es la de que estamos inmersos en una marea viscosa y corrosiva que no es otra cosa que un ´lenguaje enfermo´.
A esta tesis le dedicaré atención no desde la teoría sino desde la literatura.

# Moravia y la entrevista de ciencia ficción

En 1966, Valentino Bompiani, un editor radicado en Milán da a conocer en un único volumen dos obras de teatro de Alberto Moravia [1907-1990], ´La entrevista´ [´L´intervista´] y ´El mundo es lo que es´ [´Il mondo é quello che é´], drama en dos actos.
´La entrevista´ cuenta la visita de un enviado especial de la Luna a un estado totalitario, con ambiente colonial y gobernado por un general todopoderoso, con el fin de charlar con el Ministro de Propaganda e interiorizarse de la situación en la Tierra.
El mano a mano entre el enviado y el ministro ocupa la parte central de la obra. En el comienzo y en el final, interviene un soldado que parece estar a punto de matar a todo funcionario de gobierno que se le acerque, manotear el dinero que se esconde en la caja fuerte custodiada por el retrato del general en jefe y escapar a ´gozar mejor de la vida´, aunque finalmente acaba por colocarse del lado del ministro, colaborando con el asesinato del enviado lunar.
El Ministro de Propaganda es un profesor –barba, calvo, anteojos- que se regodea en contarle al enviado del periódico El Lunático, con apuntes según él sociológicos, cómo se desarrolla la vida en este planeta. El enviado especial sostiene un tono ingenuo como si fuera alguien al que hubiera que explicarle todo en detalle. Su mutación, pregunta tras pregunta, lo llevará a reconocer –tal y como le advirtió el soldado- que ´este mundo no es lo que debería ser´.
Sintetizo las ideas del funcionario terrícola que se desprenden de la entrevista.
La situación en la Tierra no es buena porque no existe la homogeneidad étnica deseable. Habitan el planeta dos razas muy distintas. Los ricos –la gente normal y que expande la civilización- y los pobres que son la raíz del problema y que continúan siendo iguales a hace treinta mil años cuando invadieron la Tierra: incultos, bárbaros, anormales. En particular, los pobres odian la belleza, el decoro y la limpieza; rechazan las ropas nuevas, las casas bonitas, los muebles refinados; prefieren los espectáculos deportivos al arte; rechazan la naturaleza, viajar, conocer diferentes lugares porque –es necesario entender- están obsesionados con reunirse en fábricas, en campos o en minas. Tienen una especie de vicio o manía: el trabajo. Los pobres adquirieron ese vicio en el pasado y es ahora una segunda naturaleza, una adicción que explica por qué protestan y se enojan tanto cuando los ricos –que saben lo bueno que es vivir en el ocio- quieren liberarlos del trabajo. Los pobres odian a los ricos. Están constantemente deseando exterminarlos, siempre pensando en una revolución. Si bien los ricos podrían terminar matando a todos los pobres, prefieren vivir bajo los principios de que la educación, la persuasión y una vida armónica son mejores que una matanza.
En la ácida lógica de la entrevista, lo que el ministro omite decirle al enviado, y que es lo que le aclara el soldado, es que la diferencia entre ricos y pobres no es moral o estética sino que radica en el dinero, elemento esencial que los ricos se niegan a darles y que, en los términos de la fábula, permitiría que los pobres accedieran a todos esos lujos que parecen rechazar solo por ser bestias.
El enviado especial alienta a que un sujeto sensato como el Ministro de Propaganda realice una donación natural, tomando dinero de las arcas. A raíz de ese gesto de bondad inducido –que el ministro considera un intento de robo- el enviado lunar muere, al tiempo que el soldado deja de azuzarlo y retorna a enaltecer al gobierno con un grito patriótico.

# Palabras enfermas de violencia

La división heterogénea de la que hablaba el ministro de propaganda resulta fundamental en la obra ´El mundo es lo que es´, cuya presentación en la contratapa de la edición de 1968 instalaba: “El ambiente… es la gran residencia campestre de un joven industrial. Uno de sus huéspedes, profesor de filosofía desocupado, inventa para pasar el tiempo un juego al que llama ´terapia del lenguaje´: considera que todos los idiomas están enfermos en distinto grado y que la cura consiste en eliminar las palabras infectadas. Es un juego [que] esconde una cuestión muy seria, que podría formularse de otro modo: ¿Hay que cambiar el mundo, o no? Y si debe cambiárselo, ¿hay que hacerlo cambiando las palabras o las cosas?”
El profesor de filosofía Milone propone una terapia a partir de la oposición de dos tipos de palabras, las palabras sanas que “…no producen ningún sentimiento: las oímos o las pronunciamos, y quedamos como estábamos…” y las palabras enfermas que nos tocan, nos perturban y que no dejan dentro nuestro las cosas como estaban antes de escucharlas.

La terapia que lleva adelante con un grupo de personas en una casa de campo tiene como fin volverlas inocuas, desterrando del vocabulario mediante castigos y multas palabras como por ejemplo ´honor´ y ´nada´ que derivan en largas disquisiciones, instaurando en cambio el uso de términos tomados de manuales para aprender idiomas que dejan a quienes los escuchan igual que antes: “El tren de mi cuñado llega a las ocho de la mañana…”.
Ese lenguaje enfermo, esas palabras que nos afectan sólo son usadas por los pobres, por el común de las personas, y no por los ricos que naturalmente hablan un ´lenguaje sano y aséptico´. “La cura tiende a lograr que todos, ricos y pobres, lleguen a ser ricos de espíritu”, asegura Milone.
De la terapia –una verdadera bufonada- participan el dueño de la casa de campo, Cosimo; Semanta, su hermana; su madre, Olinda; el novio de Semanta, Piero; un periodista, Buratti; Pupa, su joven amante; un novelista, Emilio; Lena, una criada, y varios criados más. Las escenas –en clave de comedia- se suceden acentuando el sinsentido del planteo, y dejando entrever claros ribetes políticos en las discusiones sobre el lenguaje enfermo.
Semanta está a punto de casarse con Piero. Emilio, el novelista, intenta convencerla para escaparse con él y desacralizar así el rito de la tribu / sociedad de la unión entre dos personas. El diálogo es como sigue: “Emilio: ¿Qué es lo que quiere Milone? Que las palabras pierdan sentido… Y bien, nosotros haremos que poco a poco las palabras, todas las palabras, cobren sentido.// Semanta: Pero si se trata nada más que de palabras, ¿por qué rebelarnos contra el mundo? [¿por qué escaparnos?]… bastará que nos rebelemos contra las palabras, ¿no te parece?// Emilio: No, no me parece.// Semanta: Pero ¿por qué? En vez de decirte: te quiero, que es un lugar común, diré…: hay enanos de gasa cantando letanías en el fondo del cráter. Ya está. Me habré rebelado…//Emilio: Bromeas. Sabes mejor que yo que, para cambiar las palabras, hay que rebelarse contra el mundo. Los sabes, ¿no es así?”
La tensión palabras / hechos, en la casa de campo, indica la distancia entre la graciosa terapia para sanar el lenguaje y la opresión o directamente la violencia ejercida sobre un personaje como el de la criada Lena que acabará asesinada. Esto significa que, entre chistes y gags, la discusión acentuará escena a escena su relación con la praxis política.
Esto es evidente en una escaramuza retórica sobre la enfermedad o no de las palabras: “Piero: A su parecer, Milone, ¿paga multa o no la conocida frase: la religión es el opio de los pueblos?// Milone: Por supuesto, paga. Las palabras ´religión´, ´pueblo´, no tienen un significado seguro, son ambiguas, enfermas y, como tales, producen angustia, molestia, perplejidad. A menos que consideremos la proposición como un lugar común, una frase hecha… y por lo tanto no paga multa.// Buratti: Un momento, ¿paga multa el conocido lema inglés: por la patria, con o sin razón?// Milone: Le contesto lo mismo que a Piero…// Buratti: Ya lo ve, sus alardes patrióticos son enfermizos y pagan multa. O no pagan nada porque no significan nada.// Milone: Lo mismo digo de su retórica izquierdista…”.
¿Revolución de los hechos o revolución de las palabras? ¿Es una revolución de palabras un modo cómodo de mantener las relaciones sociales y vinculares que generan opresión?
El personaje de la joven Pupa, amante del periodista Buratti, en dos momentos claves subraya esa distancia. Hacia el final, antes de despedirse, Pupa le reconoce a Milone que tiene miedo de volver a la ciudad a trabajar de prostituta y recaer en la depresión y pasarla mal. Le agradece, sin dudas, que le haya dado la herramienta del ´eufemismo´ para poder contarse su propia historia sin sufrir –así, ella no fue seducida por su padrastro, sino que lo tuvo de amigo; ella no trabajó de prostituta, sino que ayudaba a una señora a recibir gente en la casa; ella no abortó, sino que renunció a la maternidad, etcétera- pero ahora el problema es el futuro y no sabe cómo enfrentarlo.
El cínico Milone le dice a Pupa que la nueva estrategia debe ser la tautología –decir que lo que es, es lo que es. ´El mundo es lo que es´ es el nuevo lema: recibir a clientes en casa de la señora Constanza por mil liras es recibir a clientes en casa de la señora Constanza por mil liras. Lenguaje sano es lenguaje sinsentido y es lo que acaba por sanar, por calmar el dolor de la enfermedad que causan ciertas palabras… Pupa asiente admirando ese nuevo juguete lingüístico. Apelar a la tautología volverá maravillosa su vida material espantosa.
El final de la obra, que coincide con el final de la estancia en la casa de campo, eleva a Milone al rol del profeta que en conjunción con Cosimo –industrial e inversor- habrán de instalar un Centro de Estudios para la Terapia de los Lenguajes. En su perorata, asegura Milone: “Vivimos en una época de masas y… la terapia del lenguaje presupone a las masas, así como las masas presuponen la terapia del lenguaje. Por algún tiempo, aún será lícito al individuo aislado emplear palabras y proposiciones que significan algo; pero muy pronto será necesario ayudar a las masas a aprender a hablar sin decir nada. Esto, si es que queremos que las masas realicen su tarea digamos histórica, que consiste en producir para consumir y en consumir para producir.” La tierra prometida de esa terapia será el silencio de las masas (así como el lenguaje aséptico de los ricos).
¿Estará ese silencio –necesario para producir y consumir- basado en la repetición de frases sin sentido motivadas por los medios de comunicación de largo alcance? “Con medios mecánicos de reproducción, de maravillosa eficacia, como la prensa, la radio y la grabación de discos, multiplicamos las palabras y esparcimos a los cuatro vientos millones y millones de gérmenes de nuestras futuras enfermedades”, sentencia Milone.
´El mundo es lo que es´ se cierra justamente con Milone cortando su discurso celebratorio y de despedida para reordenar mediante eufemismos periodísticos un femicidio, el asesinato de Lena (cuyo cuerpo arrastran a escena) convirtiéndolo en un suicidio. Anuncia la didascalia final: “Mientras Milone recita su imaginaria noticia de crónica, todos lo miran, atónitos e inmóviles, como si efectivamente, según va profiriendo las palabras, la muerte de Lena, y Lena misma, se borraran de la realidad.”
¿Existe –si recordamos aquel asunto del ´contagio´ que revisó Eva Giberti a modo de alerta por la engañifa- aunque más no sea una mínima conexión entre femicidios y medios de comunicación? ¿No son acaso los medios de comunicación los generadores más espectaculares de estereotipos (de gérmenes) que se convierten en la base simbólica de la violencia contra las mujeres? En ese sentido, ¿podrán los medios de comunicación convertirse en los antídotos de esa escalada de violencia? O, acaso, en esa búsqueda de neutralización de la violencia patriarcal, la razón devenga luddita.

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9 thoughts on “Palabras enfermas. De Moravia a Eva Giberti

  1. Los luditas nunca se fueron…. porque el mundo es lo que es.
    Y Eva sigue ahí, diciéndolo, diciendo lo que ya sabemos, pero vendiendo libros con eso.

      1. Hola Roberto, gracias!¿quisieras enviar este link a Eva?…Ella tiene página web, y sigue trabajando, a sus más de ochenta años, viviendo sola en Buenos Aires, y atendiendo a sus pacientes! (…)Siempre recomiendo tus envíos.Ana María.

      2. Ana María, encantado con que el texto llegue a Eva. No sabría cómo hacerlo, si usted tiene la manera, se lo agradezco. Desde que leí la nota en 2016 que me quedó rondando la discusión.

  2. Me atrevo a compartir la amable respuesta de Eva: «Muchas gracias por engancharme con Moravia, falco favor me ha hecho! Nada menos que con su Ministro de Propaganda. Ha sido realmente gentil.
    Las tesis acerca de lo que el lenguaje y la parla pueden desencadenar son, afortunadamente, múltiples.
    También le agradezco a su lectora Ana María el cordial impulso que inspiró su envío.
    O sea, comienzo la semana con agradecimientos, que no es poca cosa. Y se los debo.
    Cordialmente,
    Eva Giberti. »

  3. Gracias, Roberto, por compartirme esta respuesta.
    ¿Flaco favor dice, la gran Eva Giberti? No alcanzo a comprender completamente.
    Creo que es ella quien merece nuestro agradecimiento por su vida entregada largamente a una profesión bella y laboriosa, de la cual ha seleccionado, últimamente, un servicio imprescindible dentro de las categorías del amor al prójimo. Que es lo que lograría que en el mundo cambien las circunstancias que desvelan eternamente a los ludditas…
    Porque ocurre que finalmente morimos, y el saldo debiera ser una dulce sonrisa.

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