Raúl Aguiar. Cartografía de la ciencia-ficción escrita por mujeres en Cuba [2011]

// Este artículo formó parte de la edición #23 de Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos. [ISSN: 1535-2315], julio-agosto de 2011, dedicada a la ciencia ficción caribeña (Cuba, Venezuela, Costa Rica, Nueva España) Pueden descargar todos los textos en pdf incluyendo el de Raúl Aguiar desde este link //La historia de la ciencia-ficción escrita por mujeres en Cuba comienza en 1979, cuando Daína Chaviano ganó la primera convocatoria del Premio David para autores inéditos, en la categoría de ciencia-ficción, con su libro Los mundos que amo. Abría con esta colección de cuentos una nueva manera de enfocar el género, desde una perspectiva mucho más intimista y cercana a lo mitológico, a través de un lenguaje sensual y de alto vuelo poético, con claras influencias de los libros de von Däniken, H. R. Tolkien, Mary Stewart, Ray Bradbury y algunos escritores del boom latinoamericano, en especial Julio Cortázar. (La influencia de Cortázar se nota sobre todo en su libro El abrevadero de los dinosaurios en que a la manera de las Historias de cronopios y famas, Daína Chaviano, de una manera lúdica, ofrece un serie de minicuentos fantásticos experimentales muy al estilo cortazariano, como el que lleva por título “Instrucciones para seducir a un dinosaurio”).
    Si el relato Los mundos que amo presenta claras referencias a las especulaciones de von Däniken con respecto a los OVNIS y sus “hipótesis” del paleocontacto, en los siguientes libros de la autora como Amoroso planeta, Historias de hadas para adultos o Fábulas de una abuela extraterrestre, Daína se va perfilando como una escritora atípica de un tipo de ciencia-ficción híbrida, mezcla de ciencia-ficción con magia, erotismo, parapsicología, la fantasía heroica y los mitos celtas, bíblicos o precolombinos. En su cuento “La anunciación” escribe: 
    
    Un apagado ruido la despertó. 
    Se inclinó con rapidez para recoger el tejido y cuando alzó la vista, la sorpresa y el miedo la paralizaron. Había un hombre en su habitación; sin duda, un extranjero. 
    De alta talla, su cabello blanquísimo caía suelto sobre los hombros. Y sus ojos despedían destellos rojizos. 
    Su vestimenta resultaba aún más inverosímil que su persona. Llevaba la túnica ajustada al pecho con un cinturón de oro. Zapatos refulgentes como bronce bruñido, cubrían sus pies. Algo así como una esfera transparente, semejante a un halo, rodeaba su rostro. 
    El desconocido tomó la aureola entre sus manos y la colocó cuidadosamente sobre una silla antes de hablar. 
    –Salve, llena de gracia. El Señor sea contigo. (En Amoroso p. 116). 
    
    Sacado fuera de contexto, las descripciones que emergen en este ejemplo parecen provenir de alguno de los cuentos que componen las Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, sobre todo en aquellos relatos donde se describen a los marcianos. Sin embargo es un relato erótico que recrea el mito de la visita del arcángel Gabriel a la virgen María, y la explicación en clave de ciencia-ficción al milagro de la “fecundación” de la madre de Jesús. 
    Gracias a Daína Chaviano el público cubano pudo leer por vez primera El Hobbit y El señor de los anillos, de H.R. Tolkien, ambos libros editados y con sendos prólogos escritos por la autora. La mayor influencia de Tolkien o de Mary Stewart en los textos de Daína se descubre en algunos de sus relatos más interesantes como “La dama del ciervo” (en Historias p. 65-99), donde aparecen muchos personajes clásicos de la literatura gótica y la mitología celta, o en su novela Fábulas de una abuela extraterrestre, con uno de los universos fantásticos más complejos creados dentro de la ciencia-ficción cubana. 
    A tal punto la propuesta de Daína Chaviano era tan diferente a la del resto de los autores que muchos (entre los cuales me incluyo, debo reconocerlo) clasificaron despectivamente esta manera de hacer como ciencia-ficción rosada, en contrapartida con la llamada por esta misma época ciencia-ficción metálica que practicaban otros narradores de los 80, centrados en la faceta tecno-especulativa de sus temáticas, y en algunos casos, los menos felices, también influidos por el realismo socialista de los escritores soviéticos. 
    En esta primera etapa, correspondiente a la década de los 80, se perciben algunas influencias de la ciencia-ficción tradicional en los argumentos, sobre todo en los de exploración espacial y el contacto con extraterrestres. Prevalece una visión utópica del futuro y exaltación de los sentimientos positivos como el amor o la solidaridad humana. Sin embargo aparecen por primera vez en la ciencia-ficción escrita en la isla elementos de magia y fantasía heroica, así como el desarrollo de los temas del paleocontacto y la recontextualización de los mitos y cosmogonías. 
    Más o menos dentro de la misma línea de Daína Chaviano se desarrollan los cuentos de Chely Lima quien, en coautoría con Alberto Serret, publicaron en 1983 el libro Espacio abierto, donde se nota también un cuidado y madurez en el lenguaje para relatar historias muy cercanas a la escritura realista, pero con la dosis mínima de extrañamiento requerido, casi en el límite del género. 
    En su cuento “La más bella envoltura” (a esto me refiero en lo formal), Chely Lima describe la aparición de un extraterrestre en el contexto del campo cubano y de cómo es alojado por una familia de campesinos:
     
    Me llamo Ra, igual que el dios del Sol. Es muy lindo, muy lindo mi nombre. Alicia lo sacó de un libro de Historia Antigua. Porque yo me parezco al sol, dice, tengo luz por debajo de la piel, y me sale por los ojos, que son lo más vulnerable del cuerpo humano. Y tengo fuego adentro, aunque es un fuego manso como la vaca del corral, un fuego que calienta y no quema. Y a ella le gusta sentirlo. Y a mí también me gusta ella, y su calor, que es más bien frío, y su olor, que huele como las orugas. No, como las orugas no, como las flores esas del potrero, amarillas igual que mi nombre: Ra. Ayer salimos temprano y fuimos caminando hasta el río. Es ancho el río. Y ella me dijo: podemos bañarnos desnudos, a mí no me da pudor. La gente debería andar desnuda por el mundo, y el mundo andaría desnudo por la gente y todo sería más lindo aún, y las gentes no se ocultarían las cosas y qué bien. Dijo. Eso dijo. Y yo me quité la ropa y ella se me quedó mirando con esos ojos tan lindos. (En Espacio p. 22-23). 
 
    Este tema, un tanto recurrente para la época, perseguía la elaboración de una “ciencia-ficción netamente cubana” y casi todos los escritores de los 80, incluyendo a Daína Chaviano (“Una denuncia absurda”, en Reloba) publicaron al menos un cuento con esta temática. El resto de las narradoras de esa generación, solo aparecen esporádicamente con algún que otro cuento en antologías o publicaciones periódicas. Es el caso de Ileana Vicente, también fundadora del taller Oscar Hurtado, Ileana Hernández y Olga Fernández, una periodista más conocida por su narrativa infantil e investigaciones históricas. 
    Un caso especial es el de María Felicia Vera, integrante del taller Julio Verne, de Playa, que ganó en 1988 el Premio David compartido con Yoss, con su libro El mago del futuro, un libro inclasificable, más cercano al surrealismo poético que a la fantasía científica, lo que demuestra hasta qué punto las fronteras del género estaban diluidas para los críticos, jurados y editores en aquel momento. Valga como muestra este párrafo de su cuento “Detrás de la puerta”:
     
    Siente algo ajeno en sus hombros. Un vaho caliente la recorre desde la cintura hasta la nuca; da un giro y de nuevo el espejo. La piel de la figura refleja, supura, se desmorona; los ojos carcomidos ruedan por el suelo. Las risas, el grito de ella, la cancioncilla, el goteo del agua, todo mezclado y ella tiembla; espera que todo sea un sueño. (En Recurso p. 86). 
    
    En el año 1990 se premia por última vez el concurso David de ciencia-ficción y el premio es otorgado a Gina Picart Baluja, por su libro La poza del ángel. Ese mismo año se sienten en nuestro país los embates de la caída del bloque socialista, y como consecuencia sobreviene una gran crisis editorial que no permite la publicación de su libro tal como estipulaban las bases el concurso. La poza del ángel viene a ver la luz cuatro años después, por la colección Pinos Nuevos. Un libro interesante, de lenguaje preciso y en ocasiones poético, nos ofrece ocho cuentos que se desarrollan en diferentes épocas históricas, y lo mismo roza el tema de la ciencia-ficción como el de los poderes sobrenaturales o la parapsicología. Dos de los cuentos más interesantes del cuaderno son “Mimesis S.A.” que se recrea en el tema del autómata indiferenciable del ser humano, y “Los delirantes”, una historia muy bien escrita que supuestamente transcurre en España, en el siglo XVI, y es contada por un médico responsable de un asilo de dementes y que al parecer cuenta bajo su cuidado a dos extraterrestres. Como se observa en el siguiente fragmento, las alusiones a estos seres son mínimas y están descriptas por un narrador deficiente, que los intuye extraños, pero no comprende la naturaleza real de los personajes: 
    
    Mis otros dos pacientes eran de la especie más rara e inconcebible que imaginarse pueda. Llegaron poco después que la mujer, traídos por un venerable sacerdote en cuya parroquia habían aparecido un buen día asustando a la gente con sus cuerpos recubiertos de una piel fina que brillaba pálidamente en la oscuridad. El sacerdote los retuvo un tiempo y a duras penas logró que hablaran algunas palabras en castellano. Trató de convertirlos a la religión de Cristo, pero los aldeanos comenzaron a quejarse de que los forasteros eran brujos que hacían morir sus vacas y rociaban granizo sobre sus cosechas. Lo que ocurrió en realidad fue una corta temporada de tormentas y una plaga del ganado producto de algún envenenamiento natural de los pastos, pero ya se sabe cuan fácilmente se exaspera la ignorancia ante los golpes de natura, así que el buen cura, temiendo un motín de la plebe enfurecida, trajo a sus protegidos hasta esta ciudad, donde alguien le habló de mi casa como el lugar más seguro para ellos. (En La poza p. 54).
     
    La segunda etapa de la ciencia-ficción escrita por mujeres en Cuba es un período crítico, agravado por la caída del bloque socialista y los problemas económicos que incidieron, entre otros muchos aspectos, en una grave crisis editorial. En estos años muchos escritores y artistas emigraron hacia otros países. Con la salida de Cuba de Daína Chaviano, Chely Lima y María Felicia Vera, las únicas tres escritoras con libros publicados, el campo de la ciencia-ficción queda con Gina Picart como única representante del género femenino durante toda la década, al menos en Cuba. Esta escritora, Gina Picart, va a preferir los elementos históricos o míticos para desarrollar sus historias, con pleno desinterés por los gadgets tecnológicos de la ciencia-ficción tradicional. Se trata de una ciencia-ficción del pasado, más que del futuro. A diferencia de las escritoras de la generación anterior, no teme escoger protagonistas masculinos para algunas de sus historias, y logra hacer a estos caracteres verosímiles y no estereotipados. También se caracteriza por un tono más sobrio en el tratamiento de las emociones y conflictos humanos. En su segundo libro, El druida, publicado en el año 2000, Gina Picart abandona la ciencia-ficción para dedicarse por entero a la recreación histórica, en este caso, de las leyendas y mitos celtas, un tema en el que demuestra poseer un amplio bagaje de conocimientos. 
    Hay que aclarar que en 1999 aparece en Argentina una antología de cuentos cubanos de ciencia-ficción titulada Polvo en el viento, cuya selección y prólogo estuvieron a cargo de Bruno Henríquez. En esta antología aparece solamente una escritora, Maité Luis Ruiz, con su cuento “Aférrate a los sueños” (p. 35-43), pero este relato más bien es de corte fantástico tradicional, cruzado por un discurso erótico lírico sin ningún elemento explícito que permita incluirlo dentro del género de la ciencia-ficción, y recuerda la forma de hacer de Maria Felicia Vera, con una temática muy cercana a lo onírico. 
    En los años que siguen al inicio del nuevo siglo, surge una nueva ola de escritoras cubanas de ciencia-ficción. Esta tercera etapa, que va desde el año 2000 hasta la actualidad, se caracteriza sobre todo en que disminuye un tanto la preocupación de las escritoras por utilizar los elementos poéticos dentro del discurso. Ellas tienen mayor interés en utilizar un lenguaje fluido, en función de la trama, que adquiere así un tempo más rápido. También presentan una visión distópica del futuro. En algunas autoras se recrean ambientaciones cercanas a las corrientes ciberpunk o biopunk, con gadgets propios de estas tendencias pero sin convertirlos en centro, solo como un recurso necesario pero menor, para desarrollar los conflictos humanos, mucho más importantes. El personaje protagónico lleva la acción principal del relato. Aparecen los sentimientos negativos de intolerancia, falta de solidaridad, cinismo, propios de un mundo deshumanizado. En muchas de sus historias, aunque no en todas, prima el pesimismo como visión generalizada de los personajes. 
    Entre las escritoras más importantes de esta tercera etapa podemos mencionar a Anabel Enríquez Piñeiro, Haydeé Sardiñas, Ida Mitrani, Elaine Vilar Madruga, Yadira Álvarez y Laura Azor, entre las más conocidas y con mayor cantidad de obras escritas del género. Otras han incursionado en la ciencia-ficción de manera ocasional con algún que otro cuento como Evelyn Pérez, Mariela Varona, Jamila Medina, Yasmín Portales, Yeny Mila, Zullin Ellejalde, Janin Ruiz y Olga Montes Barrios, por solo citar algunas. 
    Parte de estas autoras comienzan a ser conocidas vía Internet, a través de la revista virtual argentina Axxón. Este es el caso de Nora Calas, quien desde los 90 reside en Chile. Duchy Man es una pintora que comparte intereses con la fantasía, la ciencia-ficción, la cultura asiática y el gótico desde los años 90. Ha publicado también en Axxón y alguna que otra antología de fantasía y ciencia-ficción. Cuentos sobre todo de un imaginario pictórico, a leerlos nos parece estar asistiendo a una cascada de acuarelas donde la misma trama queda diluida entre colores y formas. Su cuento “Electric Geisha” es un magnífico ejemplo de ello:
     
    Abrió las treinta y dos cajas de laca, metidas una dentro de la otra hasta el infinito. La última, cubierta por un paño dorado sobre el piso negro, apenas fue tocada. Tenía los dedos pintados de rojo. Siguiendo las rígidas órdenes enunciadas desde la puerta trasera, sólo debía yacer sobre su espalda y dejar que las manos extrañas le corrieran encima. (p. 13). 
    
    Una de las voces femeninas más importantes del género en la actualidad en Cuba es Anabel Enríquez Piñeiro. Fundadora del Grupo de Creación “Espiral” del Género Fantástico, obtiene el premio Calendario de CF 2005 con su cuaderno de relatos Nada que declarar, y ese mismo año el primer premio de cuento de ciencia-ficción de la revista Juventud Técnica. Lo interesante en la obra de Anabel Enriquez es que la escritora no teme adentrarse en el aspecto especulativo-científico o tecnológico para desarrollar sus historias. De todas formas, para ella este aspecto no es el más importante, tan solo la excusa para explorar problemáticas sociales y familiares, como en su cuento “Nada que declarar” donde describe una especie de familia de “balseros” espaciales, en un futuro sombrío y muy cercano a la antiutopía o el estilo ciberpunk: 
    
    Padre entregó toda una vida de ahorros a cambio de este hueco en la cámara de reciclaje de desechos. Cierto que es mínimo el espacio. Anela, Soulness y yo sentimos calambres en los brazos, tensión en el cuello y la respiración caliente de uno sobre los otros. Pero, qué más pedirle al viejo. Sus manos, despellejadas por el azufre, depositaron temblando los dos megacréditos en las palmas enguantadas del capataz del espaciopuerto. Temblaban porque temía que se frustrara el viaje por algún imprevisto y perdiéramos toda posibilidad de un segundo intento; temblaban por la emoción de cumplir su sueño de vernos partir de aquel infierno y retornar al origen; temblaban porque la fiebre de las canteras consumía sus nervios periféricos. No pudo siquiera despedirnos. El día antes de la partida del trasbordador fue llevado junto a su cuadrilla hacia las recién abiertas minas, unos diez kilómetros al norte de la granja, donde los sismos habían reventado nuevas vetas de estaño. Por suerte ya ninguno de nosotros volverá a “lamerlas”. No tendremos que temer a las erupciones que chamuscan la piel, ni a las fumarolas de azufre que queman los ojos y pudren los pulmones en las granjas mineras de Io. (En Nada p. 57). 
    
    También de Anabel Enríquez Piñeiro es su magnífico relato “Deuda temporal”, donde encontramos el clásico tema de la paradoja de los gemelos de Einstein pero ahora visto desde la óptica femenina, en la relación de una hija y su madre astronauta, y el desfasaje temporal que se establece entre ambas. En este fragmento la hija describe como se ven físicamente, la primera va envejeciendo cada vez más, mientras la madre se mantiene joven a lo largo de los años: 
    
    Tu pelo, uno o dos centímetros más largo, quizás; tu piel ¿más bronceada que la última vez? Tersa sí, como una cáscara brillante, sin un pliegue, sin una cicatriz, sin las obligadas zanjas que flanquean los labios a los cuarenta. Mi cara, en cambio, puede servir de soporte a una carta de astronavegación. Enumerar las arrugas en meridiano y paralelos. Ubicar dónde los cúmulos globulares, dónde los agujeros de gusano, dónde los agujeros negros. En mi cara hay espacio para todo el universo. (En Nada p. 5).
     
    Haydeé Sardiñas y Evelin Pérez son escritoras que fundamentalmente se desenvuelven en otros géneros como el realismo o literatura infantil, con los cuales han ganado premios y publicado libros, pero en ocasiones se atreven a escribir cuentos de ciencia-ficción y sus historias son bastante cercanas a la corriente ciberpunk, sobre todo en su vertiente biológica, también conocida como biopunk. 
    Uno de los cuentos de ciencia-ficción más interesantes de Haydeé Sardiñas se titula “O”. En este los seres humanos han perdido la capacidad de procrear, y los escasos sujetos que pueden reproducirse son aislados como especímenes en laboratorios para extraerles los óvulos y espermatozoides y así evitar la extinción de la humanidad. El personaje principal es una de las encargadas de velar por sus vidas: 
    
    La belleza debe ser agotadora, pienso. Ellos yacen, existen como las flores (ya no hay flores) y nosotros revoloteamos como las abejas (tampoco hay abejas), alimentándolos como a bebés, extrayendo sus óvulos y espermatozoides, para intentar obtener hermosas porcelanas in vitro, y recuperar lo que fue la raza humana. Las hembras ovulan regularmente, varias veces al mes, con ayuda de hormonas que empiezan a afectar su salud. Wendy se ha convertido en una especie de masa sin forma donde solo relucen sus ojos increíbles y la princesa de las nieves, Segurochka, parece a punto de derretirse. (En Crónicas p. 30-31). 
    
    También con un interés especial por los temas “biológicos” y otros de la ciencia-ficción más tradicional, se encuentran las escritoras Niurka Alonso e Ida Mitrani, quien ya tenía un extenso currículum científico y literario, con premios y publicaciones de poesía y cuento infantil, cuando decidió incursionar en la ciencia-ficción. Fundadora de varios talleres, Mitrani decidió incorporarse al Taller Espacio Abierto como una aprendiz más del género, tratando de aunar sus dos grandes vocaciones. 
    Viana Barceló no escribe ciencia-ficción. Sin embargo su cuento “Efecto Mariposa” podría incluirse en cualquier antología del género por su aproximación a la actual teoría del Caos: 
    
    Carlos era ladrón, ratero, carterista y seis meses después de morir debió haber asaltado a Víctor Valencia en una parada desierta mientras esperaba la 473 y matarlo de una puñalada. Desde entonces Víctor Valencia espera la muerte con impaciencia. Ya tiene 153 años y ha sobrevivido a su esposa, a todos sus hijos y nietos, a cuatro bisnietos y dos tataranietos. Pero la muerte, en medio de tanto ajetreo, pasó por alto que al asesino de Víctor Valencia lo mató una mariposa amarilla que revoloteaba en un drugstore de Manhattan aturdida por el dulzor de los jarabes. (p. 37). 
    
    Con una atrayente estructura “Efecto Mariposa” es un ejemplo de los acercamientos que desde la narrativa realista rozan algunas de las temáticas afines al género. 
    Yasmín Portales, en su cuento “La noche del león y los pájaros de fuego”, de una manera un tanto críptica, ofrece una historia en paralelo donde la afición por el deporte ocupa un lugar destacado en la cultura y el amor, no importa si es terrestre o alienígena. 
    Otro ejemplo de esta vertiente sería el cuento erótico “Anna Lidia Vega Serova lee un cuento erótico en el patio de un museo colonial” de la escritora holguinera Mariela Varona en el cual, como su propio título anuncia, en el contexto de una lectura pública de un relato erótico, aparecen pantallas de videobeam por cada participante donde se emiten las fantasías sexuales que el cuento suscita en sus cerebros hasta terminar en una especie de orgía multitudinaria donde se dan cita todas las tendencias sexuales, aún las más extremas: 
    
    Ya no sé a cuál pantalla mirar. La mía es asquerosamente descarnada, cínica, sociológica y aséptica. La de las viejas es asquerosamente grosera y prejuiciosa. La de los personajes importantes es asquerosamente intelectual. La mejor, para mí, sigue siendo la de la Serova, porque es la única que invoca un placer torrencial, mientras su voz felina mantiene el hechizo que hace funcionar el resto de las pantallas. (p. 4). 
    
    Un caso bastante interesante es el de la también holguinera Jamila Medina, que nos ofrece un cuento titulado “Magic Room” construido al estilo rizoma, donde cada frase remite a múltiples conceptos, rupturas de lenguaje, líneas de fuga, enumeraciones y simbología iconográfica como posibilidades abiertas dentro del universo infinito de la narrativa post-Internet: 
    
    Sin declinar ser otra adicta, entré en la red. Los infinitos pejes y las infinitas bibliotecas virtuales y los hipervínculos hacia esa literatura y hacia los blogs que sofreían esa y cualquier literatura se dilataron en anaqueles por mis venas. Cliqueé al azar y empecé fervorosamente a saltar como un salmón de una página a otra, poniendo huevos de comentarios en todas las que lo permitían [«ha muerto kcy klbrt?, el guitarrista de Hawthorne Heights?, se le trababa la lengua (haw), quería llegar a las alturas (heights), en paz denscanse?, se murió durmiendo»]. (p. 16). 
    
    El género del minicuento se ha desarrollado con fuerza en Cuba en los últimos años, sobre todo gracias a concursos como El Dinosaurio, que premia los mejores minicuentos en múltiples categorías, y una de ellas es la de ciencia-ficción. Esto es un aliciente para que varias narradoras prueben sus fuerzas en el género, como Zullín Elejalde y Yeny Mila, quien ganó el último premio colateral del concurso El Dinosaurio con su microrelato de ciencia-ficción “Menephilus Calxys en Sajari”: 
    
    En horas de la mañana de este domingo, un ejemplar de Menephilus Calxys fue visto en las cercanías del poblado de Sajari. Expertos del Consejo de Investigaciones Científicas aseguran que esta nueva especie de insecto se alimenta de material calcáreo y le bastarían tres años para destruir toda una ciudad. Debido a la gravedad del caso, la Organización para el Bien del Hombre (OBH) solicitó el apoyo del Ejército, cuya fuerza aérea respondió con gran inmediatez y precisión. Una lluvia de misiles cayó sobre el territorio de Sajari y en solo tres horas, no quedaba lugar donde el insecto pudiera refugiarse. Según declaraciones de Falcon Martinelli, vocero de la OBH, entre los cientos de cadáveres se encontró el Menephilus Calxys, el cual ha sido depositado en una urna de vidrio como prueba al mundo de que, al menos este ejemplar, ya no representa una amenaza para la Humanidad. (HAP). (p. 26). 
    
    Es de lamentar que el concurso El Dinosaurio correspondiente al año 2011 se haya visto obligado a cerrar la categoría de minicuento de ciencia-ficción, un premio que sin dudas era un aliciente para muchas escritoras de probar sus armas en este difícil subgénero. 
    Sin embargo existe otro género narrativo por el que se han sentido atraídas en los últimos años algunas de las narradoras y es la ciencia-ficción asociada a la literatura infantil. Un ejemplo es Janin Ruiz Hernández quien escribe sobre todo novelas y cuentos de fantasía heroica, aunque en los últimos tiempos realiza algunos intentos narrativos de ciencia-ficción, y ha escrito algunos de ellos destinados al público infantil. Otro ejemplo de ciencia-ficción escrita para niños es el de Olga Montes Barrios, quien en el año 2007 publicó un pequeño cuaderno titulado ¿Por qué no nos visitan los extraterrestres? Habría que citar también a una reconocida escritora cubana de literatura infantil como Susana Haug Morales, quien no teme llevar a alguno de sus personajes en un viaje por otros planetas como sucede en su libro Secretos de un caserón con espejuelos. Estas escritoras solo escriben cuentos de ciencia-ficción o incluyen algunos elementos del género de forma muy esporádica, como un recurso más dentro de su producción narrativa y no se consideran a sí mismas escritoras de fantasía científica.     El caso de Yadira Álvarez, Laura Azor y Elaine Vilar es totalmente diferente: ellas sí se consideran a sí mismas escritoras a tiempo completo de fantasía y/o ciencia-ficción. Son integrantes del taller literario Espacio abierto, especializado en el género fantástico, fundado en el año 2009, aunque ya provenían de otros grupos del fandom nacional. 
    Laura Azor, bióloga de profesión, se decanta por lo que se ha dado en llamar en Cuba “ciencia-ficción verde” con temáticas relacionadas a la biología y los ecosistemas alienígenas. Un ejemplo de ello es el magnífico relato “Se aleja el invierno... ”, donde una exploradora espacial queda varada en un planeta y para subsistir se ve obligada a interactuar con una de las especies depredadoras dominantes: 
    
    Pronto llegará la primavera. Los machos ya están entrando en celo y luchando entre ellos. Estoy segura de que puede leerse orgullo y admiración en mis palabras. Son mi familia, y están cambiando rápido. Eran pequeños y frágiles cuando los vi por primera vez. Maya está cavando hoyos por todo el pantano. Son sus genes, le invitan a buscar un nido. Pero no admitirá una competencia como la que yo represento. Casi puedo sentir sus mandíbulas en mi carne. Ese es mi destino, soy su líder. Al menos he podido enseñarle a alejarse de los humanos. Ella lo sabe, los cuidará bien. (p. 42). 
    
    En el año 2009 Elaine Vilar publicó una cuentinovela de tema post-apocalíptico titulada Al límite de los olivos, que recibió mención en el Premio Calendario 2006 de ciencia-ficción:
     
    Al cumplir los diez años, tras la muerte silenciosa de mis padres, fui trasladada del Continente Viejo a una de las pocas Casas de Amparo en Caribdis. Vagamente rememoro las impresiones terribles del viaje. El contacto con la realidad marcó para siempre el espíritu de la criatura que una vez fui. Todo cuanto ocurría a mi alrededor se me antojaba descomunal y amenazante. Mi madre y sus cuentos de hadas, sus leyendas sobre la Tierra idílica no eran más que un pantano donde se acumulaban el hambre y la sed de los exiliados, y el peso aplastante de la certeza. Quizás, ella nunca supo nada, pero yo cargué con su legado. (p. 14) 
    
    Con una clara influencia de sus antecesoras Daína Chaviano y Chely Lima, y con hartas lecturas de novelas de fantasía épica, las historias de Elaine Vilar, como sucedía con las de Chaviano, son una mixtura feliz de ciencia-ficción con elementos mágicos, fantasía heroica y mitos celtas. Las historias de estas tres autoras, muy heterogéneas en cuanto a temáticas, tienen una gran calidad y resultan bastante interesantes, sobre todo en el tratamiento de los personajes, principalmente femeninos, casi siempre protagonistas. 
    También integrantes del taller Espacio abierto, aunque todavía con obras incipientes se encuentran Victoria Isabel Pérez Plana, Claudia Alejandra Damiani y Grisel Antelo Martínez. A través del concurso de ciencia-ficción de la revista Juventud Técnica se han dado a conocer otras autoras como Maylín Lozano García, Gretel Valdivia y Lidia Soca Medina, quien cuenta con varias menciones recibidas en años consecutivos. 
    A manera de resumen, podrían establecerse ciertas características específicas que, a lo largo de la historia del género en la isla, han definido y diferencian la ciencia-ficción cubana escrita por mujeres de la elaborada por sus homólogos masculinos. En el aspecto formal, un mayor cuidado del lenguaje, voluntad de estilo con recursos a lo poético, y gran precisión a la hora de describir los ambientes y caracteres. Mayor profundización en la psicología de los personajes, sobre todo los femeninos y los infantiles. El aspecto especulativo, científico o tecnológico del argumento no es lo más importante en comparación con los conflictos e interrelaciones sociales, familiares o de pareja. 
    Estas han sido algunas de las características que hemos notado en la obra de las escritoras cubanas de ciencia-ficción. Es muy probable que en el futuro cercano aparezcan nuevas autoras con libros publicados, ya sea de novelas o cuentos. Lo que sí parece innegable es que la ciencia-ficción, como género literario, ha ido evolucionando con los años y ya no tiene, al menos en nuestro país, ese “estigma” de una literatura escrita solo por hombres y centrada por ello en ciertas formas escriturales e intereses específicos. Nuestras escritoras de ciencia-ficción nos permiten ampliar ese espectro que va desde los temas escogidos, el tratamiento de las relaciones entre los personajes, sus conflictos y la manera de resolverlos, hasta la psicología y la manera de enfocar los sentimientos humanos que, una vez que aprendemos a escuchar todo lo que tienen que decirnos, resultan menos simplistas y mucho más enriquecedores 

Bibliografía 
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Sardiñas de la Paz, Haydee. Crónicas del mañana. 50 años de cuentos cubanos de ciencia ficción. La Habana, 2009. 
Varona, Mariela. “Anna Lidia Vega Serova lee un cuento erótico en el patio de un museo colonial”. La gaceta de Cuba 1 (enero-febrero de 2002): 3-6. 
Varona, Mariela. Cable a tierra. La Habana: Unión, 2003. 
Vera, María Felicia. Recurso extremo. La Habana: Editora Abril, 1988. 
Vilar Madruga, Elaine. Al límite de los olivos. La Habana: Ediciones Extramuros, 2009. 

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Raúl Aguiar - Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, La Habana, Cuba 

Ciudad Eva Perón. Los años orwellianos de La Plata

En un breve artículo aparecido en la contratapa de un suplemento dedicado a La Plata, hace ahora exactamente quince años, Leopoldo Brizuela (1963 - 2019) arriesgaba algunas ideas sobre la conflictiva relación que mantenía la ciudad con la tarea cultural (“Efectos del cuadrado perfecto”, Ñ Interior, 27/11/2004). Sus especulaciones concluían en una serie de rasgos que pretendían comprender el murmullo artístico en una cuadrícula marcada desde sus orígenes por la utopía. El primer rasgo a considerar era ese “muro casi inexpugnable” que alejaba a los habitantes locales de los transitorios o foráneos; el segundo rasgo, superpuesto a este, era la tensión constante que se daba entre geometría y burocracia. 
   Para Brizuela no era La Plata solo un cuadrado perfecto, sino que era sobre todo un cuadrado perfecto que contenía en su interior otros cuadrados perfectos, en una escalada concéntrica que acababa por cercar la cápsula individual del artista, dos veces aislado si consideramos aquel muro primario.
   ¿Vetustez, fijeza, hibridez, incomunicación, desvío permanente? No queda demasiado claro en un primer momento el núcleo de la hipótesis sobre el par ´ciudad / cultura´.
   Si bien Brizuela se sentía platense, residía en los márgenes del trazado original, en Tolosa. El sentimiento local estaba para él asociado a la prosapia familiar. Su familia, en este caso de inmigrantes, era un ejemplo de la fuerte conexión que existía, con mayor intensidad que en otras localidades, entre los platenses en general y la política -también mencionada como ´centros de poder´. Dicho de una forma u otra, ese nuevo rasgo convierte a la cultura platense en ´la resultante de deambular por un laberinto de cuadrados perfectos cuya única salida es la burocracia o la política´. 
   Esa tensión estaba en los orígenes del mito. En 1999 el Concejo deliberante local, gracias al empeño de especialistas e investigadores, determina y ratifica que la idea del trazado de La Plata fue del arquitecto Juan Martín Burgos y que el diseño del plano estuvo a cargo del ingeniero Carlos Glade. Pedro Benoit –mencionado por tradición, tal y como Brizuela lo hace un siglo más tarde- recibe el plano, estampa su firma y lo envía a una exposición en París, instalando la ficción de su autoría, funcional al imaginario europeizante local. 
   Esa leyenda falaz sobre el origen puede ser incluso abordada desde la perspectiva brizueliana: al artista geómetra Burgos lo borran; al burócrata Benoit lo recuerdan. 
   El escritor ignoró de todas formas aquella impostura y dilapidó así la posibilidad de perfeccionar su hipótesis mediante una inversión en los términos. La nueva ecuación diría: ´la burocracia y/o la política en La Plata es deambular por un laberinto de cuadrados perfectos cuya única salida es la ficción´.
    La Plata es una ficción con tachaduras, enmiendas, reescrituras (como el mito Julio Verne y la falsa adscripción de modelo ideal urbano a France-Ville). Es sin dudas una ficción repleta de episodios inverosímiles y en ese sentido, aunque a Brizuela se le pasó por alto el manchón fundacional, dejó en su artículo bosquejada otra escena de política / ficción ocurrida hacia mitad del siglo pasado.
   En La Plata –recrea Leopoldo mientras habla de la proximidad entre platenses y política- “…se miró desde muy de cerca el estallido del 17 de octubre [de 1945], todo el mundo tenía opinión formada sobre aquel General que había rebautizado a la ciudad con el nombre de su esposa Eva…” (“Efectos del cuadrado perfecto”).   ¿´Había rebautizado´ o ´rebautizaría´? 
   La redacción y las fechas son ambiguas en ese párrafo en el que, en particular, no dice ´1945´, sino ´1955´: “Mis padres son hijos de esa generación que compró, con su trabajo, su lote en aquel plano primigenio ideado por Benoit y hacia 1955 presenció el estallido de una tensión insoportable entre la realidad y aquel viejo proyecto de país: en La Plata se miró desde muy de cerca el estallido del 17 de octubre…”.
   ´Estallido del 17 de octubre de 1955´ es sin dudas extraño pero está absolutamente a tono con el fugaz registro del siguiente episodio orwelliano.
   El 9 de agosto de 1952, en memoria de una venerada Eva que había fallecido pocos días antes, se sancionó la ley provincial que indicaba que el nombre del partido y el nombre de la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires dejaban de ser La Plata y se convertían en Eva Perón.
   Uno de los argumentos para esa modificación fue hacer del nuevo nombre la marca de un quiebre que dejara atrás las rencillas apelando a la unidad nacional, así como cuando fue fundada La Plata su existencia consolidó la incipiente federalización del país. Desde el otro lado, vieron a esa nueva fiebre como un apurón a contramano de la historia.
   Las modificaciones ordenadas incidieron en la geografía urbana. Las calles 7 y 13 abandonaron Monteverde y Urquiza respectivamente para adoptar los nombres de Juan Domingo y Eva Perón. El escudo de la ciudad comenzó a llevar una imagen de Eva. Los equipos locales de fútbol fueron denominados Estudiantes de Eva Perón y Gimnasia y Esgrima Eva Perón. Asimismo almanaques, libros, partidas de nacimiento, lápidas y un amplio etcétera, todo fue hecho, impreso, radicado, nacido, fallecido en Ciudad Eva Perón.
   Hubo insalvables inconsecuencias en esas reescrituras. La imagen que se reproduce a continuación de la Revista Médica tiene en tapa la indicación de Ciudad Eva Perón junto a una dirección céntrica, pero si uno recorre sus páginas, encontrará en el interior artículos que hablan todavía de los hospitales de la ciudad de La Plata.   Aurora Venturini, por ejemplo, contó alguna vez que editó un libro por aquellos años y que enojada con la modificación pidió expresamente que el nombre de Eva, a quien ella frecuentaba en vida y respetaba, no apareciera en el pie de imprenta (InfoNews, “Cuando La Plata se llamó Eva Perón”, 26/07/2012).
   En septiembre de 1955, una vez derrocado Perón, el reflujo antiperonista arrasó con la imaginería justicialista y eso supuso la destrucción de gran parte de lo que hoy podríamos considerar documentos, pruebas, vestigios. Así como Aurora, otros peronistas vieron en aquel cambio un gesto excesivo y también ayudaron a que la arqueología cotidiana de toparse con ese material fuera escasa. 
Hay indudablemente excepciones, epifanías semejantes a las de Winston Smith en ´1984´.

En el siguiente carnet de afiliación las tachaduras son de la época.

La imagen del folleto que encabeza este escrito es otro ejemplo de un objeto orwelliano materializado.
Como se deduce de su contenido, otra de las instituciones que vio modificado el nombre fue la Universidad Nacional… Eva Perón. La reescritura es doble y extrema: es un programa de la Universidad Eva Perón en la ciudad Eva Perón. El folleto data de 1952, por lo tanto fue impreso entre agosto y diciembre de ese mismo año.
Tres temporalidades cruzan las veinte páginas del programa de ´Historia constitucional´, a cargo del profesor José María Rosa (h.) [1906-1991], una de las figuras más activas del revisionismo histórico.
El año 1952 es el de impresión del folleto y de allí la aparición de los nuevos nombres.
El año 1948 responde a la rúbrica del programa académico, pasado reciente en el que la universidad tenía otra denominación (y época por la que Orwell escribía su novela).
Y está además 1949, año de la reforma constitucional justicialista. El último punto de la bolilla XIV señala lacónicamente las “principales reformas de la Constitución de 1949”.
Como si nos dejáramos llevar por un limbo, el programa impreso en Ciudad Eva Perón en 1952, fue rubricado el 22 de diciembre de 1948 en la ciudad de La Plata y contiene referencias a la nueva constitución que será sancionada el 11 de marzo de 1949 y que según nos cuentan sus ´disposiciones transitorias´ entraría efectivamente en vigencia hacia 1952.
¿Burocracia? ¿Geometría? ¿Cuadrados perfectos? ¿Neolengua? ¿Cultura? ¿Ministerios? ¿Doblepensar? ¿El Partido? ¿Ingsoc? ¿La Plata? ¿Ciudad Eva Perón?
Eva Perón, Eva Perón, Eva Perón, Eva Perón, Eva Perón.///