Piglia para (y contra) todos

En septiembre de 2013, la TV Pública argentina y la Biblioteca Nacional ponían a consideración del gran público cuatro clases -charlas, conferencias- reunidas bajo el suculento título Borges, por Piglia. Un año antes, en ese mismo canal, Piglia había debutado con una apuesta genérica, Escenas de la novela argentina. Las series compartían el formato: frecuencia semanal; exposición de voz única durante más o menos media hora; público cautivo con licencia para preguntar; improvisado living e invitados a los que Piglia, abandonado el estrado, les abría el juego, les hacía guiños, les sugería tal piedra o pastito.

La emisión ´día de la primavera´ de 2013, dedicada a “La biblioteca y el lector en Borges”, reunió en ese ring dialéctico a Ricardo, a Mario Ortiz y a Luis Sagasti, letrados oriundos de la mal afamada Bahía Blanca. Transcurridas las evocaciones de rigor –´comencé a leer al Viejo Sabio allá y acullá cuando tenía…´-, sonrisa a media asta, enfila Piglia hacia la cuestión del complot, de la conspiración, de la conjura que el cincuentón Sagasti había injertado al inicio de su novela Bellas Artes [2011]. Contra toda previsión y pizarra, el bahiense desestima el centro, sale de la zona pintada, reclama cortina, pivotea y, repentino texano a las órdenes de un inmaterial viejo Pop, lanza encimado por la marca.     
R.P.: Hay un comienzo en el libro de Luis que me encantó sobre la cuestión del complot y de la conspiración. Entonces, quería una observación sobre eso, si alguna vez lo pensaste en relación a Borges.

L.S.: En verdad, quiero decir antes que el complot existe, que los complots existen, que las conspiraciones existen… lo cual no quiere decir que funcionen…

R. P: Claro…

L.S: Nosotros, por ahí, nos complotamos para dominar la literatura argentina y por ahora no funciona…

R.P.: ¡Yo no participo de ese complot…!

L.S.: Pero el complot está…

R.P: Sí…

L.S.: Y uno puede complotarse para eso… Lo interesante en Borges y en la conspiración… es que uno pareciera, sin saber, ser partícipe de esos complots al, digamos, ejercer cierto tipo de actos… [Borges, por Piglia #3 – 21.09.2013 ]
Piglia intuye la filosa jugada y reacciona como un psicótico rupestre. Entiende literalmente y se brota. Repasemos la secuencia. El consagrado le tira una soga al menos transitado y en pantalla le habla de su libro. Sagasti, en lugar de seguir la senda de cómo ve él lo que había hecho Borges con el complot y blabla, borra lo particular de la pregunta, reflexiona sobre la existencia general de las conspiraciones e inventa un ´nosotros´ que, por supuesto, a Piglia lo desespera. Su cruce ´Yo no participo de ese complot´, en todo caso, significa: ´¿Cómo se te ocurre siquiera sugerir eso? Oh, Luis, traidor. Vos, que sabés que conspiración, complot y trama secreta van de la mano, venís y frente a este público impávido decís lo que no hay que decir, porque Luis, a ver, el complot no resiste el chiste, ni la ironía, ni la velada confidencia; y además armás un nosotros inverosímil´.

El medido espanto de Piglia es pura lógica. Decir todo es antierótico. Conspirar y seducir van juntos. El pacto de amor funciona hacia el interior del grupo. Eso es lo que se prometen: incluir a otros sin explicitarlos y usarlos como trampolín para un objetivo superior. Piglia apenas si llega a reconocer que las conspiraciones existen pero los que complotan son aquellos, los otros. Chancho rengo, que le dicen.

Están también la máscara y el pudor. En una entrevista de ese mismo 2013, se le queja a Martín Kohan: “En Argentina los escritores siempre se están levantando minas, les va fenómeno, son unos vivos increíbles y siempre están escribiendo libros extraordinarios. Es un poco patético para mí. Patético el personaje que dice eso, no el que lo hace, el personaje que anda exhibiendo esa situación me parece un poco ridículo.” Mejor hacerse el sota.

Piglia es el último gran conspirador de la literatura argentina, tal vez hispanoamericana, y es bastante probable que esa virtud críptica explique que haya abandonado este mundo con el sayo de ser uno de los más grandes y uno de los mejores de la región en el último tiempo. No quiere decir, porque casi nunca quiere eso decir que sea e-fec-ti-va-men-te el mejor escritor, ni nada. Supo abrirse camino, mejorando lo propio, ordenando y volviendo inocuo –o fértil para sí mismo- lo ajeno. Supo dónde iba, qué pieza mover.

Con Borges, el más incómodo, tomó dos atajos. Hizo que cumpliera su místico ensueño de viajero del tiempo, y lo envió al siglo XIX a clausurar la literatura argentina parida de la gauchesca. Ese movimiento sucede en Respiración artificial [1980], al tiempo que confina a Roberto Arlt a las primeras décadas del siglo XX. Dice su sosias Emilio, con una bala para dos pájaros: “Con la muerte de Arlt… ahí se termina la literatura moderna argentina, lo que sigue es un páramo sombrío… ¿Y Borges? Borges, dijo Renzi, es un escritor del siglo XIX. El mejor escritor argentino del siglo XIX.” En las clases de la TV Pública, vistas en conjunto, el cerco es otro. Restringe lo mejor de la producción borgeana a los años cuarenta -Ficciones, El Aleph- y le concede algo de magia hasta Otras inquisiciones [1952]. Después queda ciego y, según Piglia, Borges decae.

Cualquier lector mediano del viejo gurú sabe que en los años setenta –para nombrar solo dos- Georgie da algunos de sus mejores libros de cuentos, Informe de Brodie [1970] y El libro de arena [1975]. ¿Por qué Piglia ningunea estos libracos? No tengo ninguna certeza, solo sé que hacia fines de los sesenta él mismo comienza a publicar. Jaulario e Invasión son del 67. Nada mejor que despejar el sendero y enviar al tótem unas décadas atrás, lo más cerca posible del abismo finisecular donde quedó Arlt. (Al público presente en sus clases, Piglia le comenta que la maniobra temporal de Renzi -Borges es del siglo XIX- fue un ´chiste´ con el objetivo de remarcar la importancia de Robertito. Por supuesto.)

El libro de arena –trece relatos más un epílogo- incluye un gran cuento de Georgie, “El Congreso”. Digo ´gran´ porque es un relato muy extenso, tan extenso que –con otros- soy de los que creen que esa es la novela que Borges nunca escribió. Aunque también lo creo porque él mismo lo dijo. Borges escribe “El Congreso” desde por lo menos 1945 cuando anuncia que está preparando para el remoto y problemático futuro, un cuento largo o una novela breve, que conciliará (no puedo ser más explícito ahora, aclara) los hábitos de Whitman con los de Kafka. Décadas después, en 1971, lo publica como si fuera una novela corta, una separata que ve la luz gracias a ´El Archibrazo Editor´. Luego lo intercala en el volumen de 1975, al lado de “Utopía de un hombre que está cansado”, fina ciencia ficción que delinea el programa político futurista borgeano. ¿Decadencia?

“El Congreso” resume el entramado vernáculo de la literatura y sus conspiraciones, con referencias a la mismísima obra de Borges plagada de complots, a los conciliábulos de la década del veinte con Macedonio, Marechal, los Dabove, Scalabrini y otros queriendo dominar el mundo desde una mesa de café; retoma el espíritu sectario de Los siete locos de Arlt; juega un poco a la ficción científica; añade gramos de paranoia de un narrador nada fiable que alcanza a registrar frases memorables que anticipan, con sesgo apocalíptico, el cíclico fin del mundo. Una de las líneas más bella es sin dudas: “Cada tantos siglos hay que quemar la Biblioteca de Alejandría.”

Quemar no es quemar. Es reordenar, revolver, enquilombar para reinar, digamos. Es lo que hace Piglia. Minimiza –quema- los cuentos del viejo Borges, incluyendo “El Congreso”; dice que después de Arlt viene un páramo; lee y relee a Macedonio hasta que su interpretación se convierte en la condición de legibilidad del maestro. Si Ricardito envía a Borges al siglo en el que nació, al maestro Macedonio Fernández lo raja al XXI. En realidad, Piglia dice que ´el siglo XXI será macedoniano´. Acaso nadie tan macedoniano como él mismo, que se inventó una máquina macedoniana de hacer literatura.

En una década, Piglia sienta erráticas pero efectivas bases teóricas. “La ficción paranoica” [1991] y “Teoría del complot” [2001], una clase y una conferencia. La ficción paranoica combina rasgos del policial, del fantástico, de la ciencia ficción, puestos en diálogo con lo social, y se caracteriza, según Piglia, por una conciencia escindida que narra: una parte encierra la amenaza, el enemigo, el complot, la conspiración; la otra instala el delirio interpretativo, la idea de un mensaje cifrado que me está dirigido. El complot, por su parte, es una ficción potencial, una intriga, una trama que circula y que permite indagar prácticas alternativas de construcción de realidades, descifrando ciertos modos de funcionar de la política. Los autores que, para Piglia, trabajaron ese registro son Arlt, Borges, Macedonio, Marechal, Lugones, Laiseca. Y es preciso, recursivamente, añadirlo a él mismo.

A partir de esa base teórica, afirmo con total arbitrariedad, Piglia enhebra ´su estrategia´. Lee en detalle a los conspiradores locales, devela y explicita sus mecanismos, bendice y también exorciza, trabaja como un terrorista literario aislado, como un lobo solitario.

Piglia trabaja solo -aunque apele a necesarias alianzas parciales- porque sabe de las traiciones. Sus maestros se lo enseñaron. Borges y Macedonio conspiraron juntos. El primero, sin embargo, se quedó con el premio de lo que había inventado el anarco-abogado. Entre los papeles inéditos de Borges, conocidos tiempo atrás, aparece una breve misiva que le envió Macedonio, situación extraña si consideramos que ´Borges, que tiraba papeles y manuscritos, conservó hasta el final de su vida esta nota premonitoria´, comenta un archivista acerca de una esquela que dice: “Nadie cree en mí excepto vos [Borges]. Trata de creerme también cuando te digo que tu estilo es el más ardiente que he conocido y que serás escritor universal… Desde que me sorprendiste con tu fe en mí, que nadie la ha tenido… acaricio una esperanza nueva y muy querida para mí, muy necesitada en mi situación general. Creo que me harás conocer y triunfar quizá. Cree lo que te digo: no seas así amargo y negador contigo mismo y con mi fe en vos.” Borges cumple. Macedonio triunfa aunque como un genio de la oralidad –´qué gran conversador´, machaca Georgie. La perfección en la escritura hermética, y en las tramas barrocas, se las guarda para sí.

Orfebres de una ciencia ficción heterodoxa, ambos eran herejes, es decir, gnósticos. Así lo entendió el crítico estadounidense Harold Bloom quien, en el final de Presagios del milenio [1996], menciona a Museo de la novela de la Eterna y desliza que su autor Macedonio es el legendario (pero bastante real) mentor gnóstico de Borges, el más bromista entre los gnósticos de todos los tiempos.

Bloom, adepto que identifica entre la selva de la lejanía a sus pares australes, construyó su teoría de las influencias literarias basándose en sus conocimientos de la cábala (meandro del gnosticismo). Harold propone que la tradición literaria es una constante guerra entre el poeta fuerte, o establecido, y el poeta efebo, nuevo. El efebo no ataca directamente a su maestro, negando su poder, sino eligiendo un poeta / escritor anterior al que sí considera el mejor, el más grande y al que consagra buscando debilitar al que reina. Si me permiten el tremendismo para que se entienda. Borges le roba a Macedonio su idea de literatura especulativa mezcla de ficción y ensayo, pero –como dije retomando a Piglia- lo reduce a la oralidad, enaltece la escritura de otros, Lugones, Groussac, quién sea, y se refugia a la sombra de esa tradición.

Cuando aparece en 1975, Cábala y crítica le otorga a Bloom reconocimiento académico, pero su fama recién se extiende cuando ese sustrato fermenta en El canon occidental [1994]. El irascible Harold, en ese discutido libro, confina a un lugar menor a Borges –al que de todas formas lee e interpreta con justeza (no así Beatriz Sarlo quien, por la misma época y en Estados Unidos, aborda a Borges en las orillas como un escritor ´agnóstico´, un absoluto horror intelectual). La jugada disolvente de Bloom es sencilla de explicar. De 1952 es el hiper-citado ensayo del cabalístico Borges, “Kafka y sus precursores”, que con la variante de mostrar aspectos bélicos aplacados, dice algo semejante a Bloom: el canon y la tradición se construyen en amores y odios retrospectivos. (Carlos Gamerro dice que Harold Bloom reconocía esa angustiante influencia de Borges.) En términos generales, la tradición se asemeja a un juego de espejos que reproduce la cosmología gnóstica centrada en una multitud de demiurgos y en un ´dios extraño y desconocido´. Al ser esa divinidad imposible de conocer, cada demiurgo intenta ocupar el sitial invistiéndose como ´dios´, mientras los otros le disputan el poder aduciendo que quien ocupa ese centro es apenas lo que es, un demiurgo menor, y que existe otro ser más poderoso detrás de él. La matriz gnóstica de pensamiento induce, es evidente, a la anarquía especulativa, a la paranoia, a la conspiración, al boicot constante.

Piglia aprendió algunos yeites de sus vernáculos amigos gnósticos y sugirió en “La novela polaca” [Formas breves, 2000] que “…toda verdadera tradición es clandestina y se construye retrospectivamente y tiene la forma de un complot.” Dije ´novela polaca´. Otro de los jueguitos de Piglia fue soplar y ayudar a entronizar un escritor extranjero como Witold Gombrowicz, al fin y al cabo, inofensivo para el panteón local, pero muy efectivo para derribar rivales de patios cercanos. Eso hace un conspirador heterodoxo.

La última novela de Piglia, El camino de Ida [2013], testamento literario y programático, deja pistas que permiten intuir toques anarco-gnósticos y que remarcan la impronta hereje de escritor-crítico-terrorista. A Kohan, en aquella entrevista promocional de 2013, además de quejarse por los patéticos escritores locales, Piglia le asegura que ´veía esa novela ligada a la revolución, a la clandestinidad, a la violencia política que acá habíamos vivido de manera diversa´. Lo que quiero e intento decir, algún día lo justificaré, es que en El camino de Ida, una ficción paranoica que se mete en el barro antisistema, Ricardo Piglia / Emilio Renzi abona la sospecha de que se ha puesto voluntariamente al servicio de Thomas Munk, máscara literaria de Theodore Kaczysnki, el Unabomber, revolucionario (¿o enfermo mental?), un extraño ejemplo del conspirador, del terrorista, del lobo solitario. Digo ´terrorista´ y ´conspirador´ refiriéndome a Piglia porque, como buen psicótico, lo entiendo literalmente y muy lejos de la edulcorada lectura institucionalizada de Antonio Jiménez Morato quien cree que “El terrorista Ricardo Piglia” [revista El pez banana, México, 2015] empeñó su vida en ´desestabilizar la sacrosanta casa de la literatura y sus géneros´.

Aun cuando no estén hablando de sus levantes, los obsecuentes del mundillo literario son ingenuos, pero también ridículos y patéticos.

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Publicado originalmente en Revista Colofón  aquí el 01 de marzo de 2017

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Las doscientas ochenta y nueve fojas que pulverizaron la ficción paranoica [De los apuntes del Espectro en Tlön]

Epígrafe #1 [Infierno]
“Para el bienaventurado, el orbe diabólico es una región de pantanos, de cuevas, de chozas incendiadas, de ruinas, de lupanares y de tabernas. Los réprobos no tienen cara… pero se creen hermosos. El ejercicio del poder y el odio recíproco son su felicidad. Viven entregados a la política, en el sentido más sudamericano de la palabra; es decir, viven para conspirar, mentir e imponerse.” – J. L. Borges. “Prólogo”. Emanuel Swedenborg: Mystical Works [1965]

Epígrafe #2 [Intricada trama; entramado ficcional; Kafka]
“…para arrojar luz respecto de los hechos sobre los que versa la denuncia formulada el 14 de enero del año en curso por quien en vida fuera…”(f. 2); “…pues en un escrito de 289 páginas formuló el relato de una compleja red de sucesos –algunos reales, muchos otros conjeturales o hipotéticos, y otros claramente irreales…-, a la vez que desarrolló una intrincada trama de interpretaciones subjetivas acerca del alcance de aquéllos.”(f. 5) “Y a partir de allí construye un entramado ficcional, que reposa en una premisa inicial…”(f. 51) “Se trata de una mera conjetura, construida sobre un argumento… jurídicamente pueril.”(f. 55) “Salvo que la denuncia partiera de la idea de que en nuestro derecho podría haber tenido lugar un trámite inquisitivo inspirado en ´El Proceso´ de Kafka…”(f. 56). – Dra. Angelina M. E. Abbona y otros. Presentación Procuración del Tesoro de la Nación ante Juzgado del Dr. Rafecas. 13/02/2015. [www.ptn.gov.ar ]

Apunte #1 [Ficción paranoica]
El jueves 10 de octubre de 1991, el suplemento “Cultura y Nación” del diario Clarín anuncia un ´texto exclusivo´. Ocupa dos tercios de la tapa el dibujo de un rostro anónimo y terrible –calvo, ángulos duros, nariz chata y quebrada, boca y dientes caóticos, ojos de pura pupila que incomodan al observador tanto o más que el revólver de pequeño calibre que engalana su mano (y con el gatillo pulsado). La imagen se repite por dos veces en mosaicos diminutos, uno de ellos invertido. La inversión reaparece en una letra ´R´, parte del título que enrostra: “La ficción paranoica”. Este ´texto exclusivo´ fue cedido al suplemento por el autor, contra su hábito o manía de reescribir de forma incesante. El autor -de allí el texto- dicta por esa época un curso en el Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es, a la vez, escritor y crítico literario, y es un agitador al que no le gustan las aguas quietas. Con sus bajadas, copetes, etcétera, la edición orienta la lectura hacia el ámbito literario –Ricardo Piglia reflexiona sobre los géneros y esboza una nueva categoría narrativa. El origen de esta nueva categoría -la ficción paranoica- se retrotrae, en la versión de Piglia, al surgimiento del género policial, mediados del siglo XIX, en manos de Poe y a través de su ´genial invento´: el detective –figura formal y social- que enfrenta el problema de la ley, o de la verdad, desde una posición marginal, no institucional. El detective, corazón del género, pone en evidencia que la institución a la que el Estado le delegó la problemática de la verdad (o de la ley) -la policía (y agregaría, la justicia)-, no sirve. “El detective es una figura… que está en tensión con el mundo del Estado, con lo que –con una ironía seguramente involuntaria- se llama la inteligencia del Estado. Frente a los servicios de inteligencia del Estado y a la inteligencia del Estado como tal aparece [la] inteligencia privada [del detective]…”. El género policial extrema una condición de toda narración: saber qué sucedió realmente. Es una condición dramática porque hay una pregunta –qué sucedió– y, además, hay un muerto. Desde su origen, el policial se entrevera con las condiciones sociales: sociedad de masas, multitud, anonimato, amenaza, el ´otro´. El gran tema del género es quién se encarga de la seguridad privada -tópico discutido en la Argentina a rabiar, reflexiona Piglia, por sus conexiones con el autoritarismo. Con el transcurso del tiempo, por su inevitable combinación con otros géneros populares (fantástico, ciencia ficción) y en tensión con el entramado social, el policial se transforma y alcanza un nuevo estadio. Agita: ´Los contenidos sociales del género pasan por la constitución de una subjetividad amenazada. El policial es un género capitalista en el sentido literal. Nace con el capitalismo, tiene al dinero como una de sus máquinas centrales, es un tipo de literatura mercancía, trabaja con fórmulas, repeticiones, estereotipos. Estos elementos sociales y formales presentes en el género se exasperan hoy y dan lugar a esto que he llamado la ficción paranoica.´ Las ideas de amenaza y de la vida puesta en peligro se han visto exacerbadas en el imaginario contemporáneo y la literatura paranoica se encarga de ellas. Una conciencia paranoica narra mediante dos instancias: la primera, la idea de amenaza, el enemigo, los enemigos, el que persigue, los que persiguen, el complot, la conspiración; la segunda, el delirio interpretativo que quiere anular el azar -un mensaje cifrado me está dirigido y todo obedece a una causa oculta. Por eso –y retornando al género madre- el policial se entrelaza con el psicoanálisis que no se sabe si es un saber sobre el delirio o un delirio sobre el saber. “Esto no es un chiste porque… se aprende del delirio. Hay una verdad. El delirio interpretativo es también un punto de relación con la verdad.”

{Paranoia y condición dramática: saber qué sucedió y saber por qué hay un muerto; amenaza, intriga, investigador e inteligencia estatal; delirar e inventar el porqué; y las palabras desde el más allá con las que nos habla el muerto: plan delictivo y urdido y sofisticado; confabulación orquestada y accionar criminal; impunidad y justicia; atentado, encubrimiento, maniobra; falsa teoría alternativa; nuevas hipótesis y pruebas nuevas y otros enemigos; manipulación y rosario de mentiras.}

Apunte #2 [Teoría del complot]
El 15 de julio de 2001, Piglia ofrece una conferencia complementaria, por su temática y por su carácter oral, de la clase antes reseñada. El texto se conoce bajo el título “Teoría del complot”. El complot –comienza- supone una conjura y es ilegal porque es secreto; su amenaza radica no en sus métodos sino en el carácter clandestino de su organización. “A menudo, el relato mismo de un complot forma parte del complot y tenemos así una relación concreta entre narración y amenaza. Podemos ver el complot como una ficción potencial, una intriga que se trama y circula y cuya realidad está siempre en duda.” El (actual) exceso de información produce un efecto paradójico: lo que no se sabe puede ser la clave. La búsqueda de la clave oculta que descifre la realidad conduce a la paranoia y ésta, más allá del caso clínico, es “…una salida a la crisis de sentido. Con frecuencia, para entender la lógica destructiva de lo social, el sujeto privado debe inferir la existencia de un complot.” El complot es una forma de ficción; está en la relación entre información y experiencia; está en la idea de revolución (en Marx, según Gramsci; en el partido leninista; en Guevara); y está en –o al menos permite pensar- la política del Estado. En este punto de la exposición, Piglia retorna a aquella ironía seguramente involuntaria mencionada en 1991. Merece la cita su extensión: “…hay una política clandestina ligada a lo que llamamos la inteligencia del Estado, los servicios secretos, las formas de control y de captura, cuyo objetivo central es registrar los movimientos de la población y disimular y supervisar el efecto destructivo de los grandes desplazamientos económicos y los flujos de dinero. A su vez, el Estado anuncia desde su origen el fantasma de un enemigo poderoso e invisible. Siempre hay un complot y el complot es la amenaza frente a la cual se legitima el uso indiscriminado del poder. Estado y complot vienen juntos. Los mecanismos del poder y del contrapoder se anudan. El complot sería entonces un punto de articulación entre prácticas de construcción de realidades alternativas y una manera de descifrar cierto funcionamiento de la política.” En continuidad, Piglia revisa una tradición literaria vernácula que trabaja la política como conspiración, como gran máquina paranoica. En ese camino, menciona a Leopoldo Marechal, a Macedonio Fernández y se detiene en dos pesos pesados. El primero: “Arlt siempre está escribiendo la historia del presente porque capta la noción del complot como un nudo de la política argentina… Arlt [en Los siete locos] capta la existencia del complot como lógica del funcionamiento de lo social más que de la sociedad…: la noción del complot está trabajada como núcleo de construcción de la complejidad de la política y… como el modo que tiene el sujeto aislado de pensar lo político.” (Había dicho en un texto de 1992, “Roberto Arlt. La ficción del dinero”, en La Argentina en pedazos: “Arlt supo captar el centro paranoico de esta sociedad. Sus novelas manejan lo social como conspiración, como guerra; el poder como una máquina perversa y ficcional. Arlt narró las intrigas que sostienen las redes de dominación en la Argentina moderna.”) Y el segundo peso pesado, con un conspirador invitado de lujo y nuevamente por medio de cita extensísima: “Borges también trabajó el complot como un elemento básico en la constitución de la ficción. ´Tlön, Uqbar, Orbis Tertius´ [cuenta] una conspiración que acaba por sustituir a la realidad misma. Un texto como este… permite percibir la presencia de la ficción en lo real, la ficción en la política, la manipulación de las creencias, las historias que se vuelven reales. Lo mismo puede decirse de ´Tema del traidor y del héroe´… Y hay… un texto extraordinario… el más político de Borges, ´La lotería en Babilonia´, donde [el Estado organiza] una vasta maquinación para determinar la experiencia de vida de los sujetos a través de sorteos periódicos… [El] punto de partida que encuentra Borges para escribir aquel relato sobre conspiración y políticas del Estado está en un fragmento del libro V de La República de Platón… La República… es un texto fundador de lo que entendemos como la construcción de la realidad desde el Estado. En el libro V… se reflexiona sobre el tipo de relaciones sentimentales que se darían en una sociedad perfecta… Es una concepción conspirativa total: el complot es el mundo social mismo. A través de [ingeniosos] sorteos se va a decidir cómo se establecen las relaciones sexuales entre los sujetos… Y lo extraordinario es que Platón señala que el Estado va a hacer trampa.” Y agrego un fragmento del ensayo “El último cuento de Borges” [en Formas breves, 2000]: “Los grandes relatos de Borges giran sobre la incertidumbre del recuerdo personal… y la experiencia artificial. La clave de este universo paranoico [es] la manipulación de la memoria y de la identidad. Tenemos la sensación de habernos extraviado en una red que remite a un centro cuya sola arquitectura es malvada. En ese punto se define la política en la ficción de Borges. Basta leer ´La lotería en Babilonia ´…”//////

{Estado y complot; ficción en la política; maquinación; exceso de información; clave oculta; construcción de la realidad desde el Estado, pero siempre siempre desde el hiperespacio; y hay un muerto en un baño con un tiro en la sien que parece de Tlön, como esos conitos de metal, y como la miríadas de relatos en un mundo tan creíble como una canción; y el muerto cantó: rosario de mentiras, manipulación, falsa premisa; pactos secretos al público escrutinio; intermediarios clandestinos, infiltrados, estaciones de inteligencia; descrédito y campaña mediática; nuevo engaño argumentativo, puesta en escena, realidad procesal tergiversada, maquillaje, estrategia para impedir que surja a la luz su oculta finalidad criminal.}

Apunte #3 [Insano hiperespacio]
La conspiración y la paranoia (cara y cruz de la relación ´sociedad e individuo´) habitan este mundo desde tiempos tan remotos como la política que en ellos germina -aunque, como veremos, el ´entre milenios´ las estalló. Además de los textos de Piglia, el interesado puede recorrer el volumen del actual director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, Filosofía de la conspiración: marxistas, peronistas, carbonarios [2004]. “Leemos y escuchamos a diario la palabra conspiración… En la senda de los más porfiados vocablos de nuestras conversaciones, se hace presente sirviendo la causa de dos amos: el Estado y la Intimidad. En el primer caso, quiere definir lo que amenaza; en el segundo, lo que armoniza.” Palabra más, palabra menos inicia González su libro y continúa. En 2009 Pablo Besarón publica La conspiración. Ensayos sobre el complot en la literatura argentina y retrotrae su red hasta inicios del siglo XIX con el ´Plan de Operaciones´ [1810] del asesinado en alta mar, Mariano Moreno, “…pasando por el Facundo de Sarmiento, la Amalia de Mármol y… ´El matadero´ de Esteban Echeverría.” Piglia, en “La ficción paranoica”, indica la contemporaneidad del libro de Sarmiento con el surgimiento del policial y lee el Facundo como uno de los textos fundadores de la investigación asociada a develar el enigma de un ´monstruo´, figura que encarna al ´otro´ en la sociedad moderna, punto de partida de la paranoia. En tanto categoría, ´paranoia´ se codifica décadas más tarde, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, con el desarrollo de la teoría psicoanalítica. Da el puntapié “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (´dementia paranoides´) autobiográficamente descrito (Caso ´Schreber´)” [1910-1911], texto en el que Sigmund Freud, a través de un ejercicio de crítica analiza las Memorias del juez alemán Daniel Schreber (quien narra sus íntimas relaciones con la divinidad). En 1932, Jacques Lacan presenta su tesis doctoral: De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Años después, esa tesis es la base del surrealista método crítico-paranoico de Salvador Dalí. Pasan las décadas y en los sesenta, en el contexto de las revueltas político-culturales de entonces, la paranoia (y la esquizofrenia) aparecen como categorías para pensar los nuevos sujetos que rechazan los parámetros del mundo occidental, que se inclinan por la mística oriental o africana o amerindia, que proponen nuevas identidades sexuales y que atraviesan esas experiencias deambulando por los revolucionados pasadizos mundanales munidos de sustancias ya naturales, ya sintéticas. A partir de allí se consolida la codificación de este mundo esquizofrénico y paranoico en base a tres instancias interconectadas: el ya mencionado uso de drogas que permite fragmentar la psiquis del individuo; la exacerbación del capitalismo basado en el mercado de consumo; el desarrollo sostenido de la cibercultura y de sus tecnologías asociadas. Uno de los íconos culturales de esa transformación es el escritor de ciencia ficción norteamericano Philip Dick –una especie de doble literario de Borges y, a la vez, como lo repite Piglia, un continuador involuntario de la literatura conspirativa, paranoica y política de Arlt. Dick muere en 1982. En 1984 la revista Science-Fiction Studies publica de Carl Freedman el artículo “Hacia una teoría de la paranoia: la ciencia ficción de Philip Dick” [“Towards a Theory of Paranoia: The Science Fiction of Philip K. Dick”]. Freedman advierte en la literatura de Dick una herramienta fundamental para revisar la configuración del capitalismo tardío (o post-industrial, el surgido de la segunda posguerra) atravesado por las ideas de paranoia y de conspiración. El artículo tiene tres momentos centrales: a) una reseña del análisis de Karl Marx del ´fetichismo de la mercancía´: en el mundo capitalista, como si fuera en una novela de Dick, el producto del trabajo –objetos, máquinas, gadgets, lo producido y lo consumido- adquiere vida propia y se vuelve contra el individuo; b) una crítica a la reducción freudiana de la paranoia como enfermedad: la teoría psicoanalítica pone en juego un ´ego burgués´ y esconde el carácter esquizofrénico del sujeto en el capitalismo; c) una reconsideración de la revisión lacaniana de ese sujeto ahistórico y culturalmente construido por Freud: para Lacan la paranoia es el paradigma del desarrollo psíquico, establece un tipo de interpretación racional mediante un sistema cuyo centro es el Yo del sujeto, es decir, la paranoia es una forma de adquisición de conocimiento. En su clase de 1991 –recuerdo- Piglia remarca que la paranoia y el delirio son formas de acceder al conocimiento e indica, al pasar, que paranoia y mundo capitalista van de la mano (y en “Teoría del complot” dirá que contra el mundo capitalista solo podrá irse con un complot contra el complot y por medio de una contra-sociedad de puro goce.). En 1992, el teórico marxista Fredric Jameson en “La totalidad como conspiración” [La estética geopolítica] afirma que el sistema mundial -capitalismo tardío, período postmoderno- es imposible de representar excepto a través de un mapa cognitivo otorgado por el cine de conspiración (por caso, el film de ciencia ficción, Videodrome [David Cronenberg, 1983]). Dice: “…cuando se enfrenta al ambicioso programa de imaginar un sistema económico a escala mundial [el capitalismo multinacional], el viejo tema de la conspiración adquiere una nueva vitalidad en cuanto estructura narrativa capaz de reunir los elementos básicos mínimos: una red potencialmente infinita, junto a una explicación plausible de su invisibilidad…”. Si uno de los modos de entender el entramado del capitalismo tardío es a través de la conspiración, la paranoia que inunda el mundo post-industrial (la sociedad de consumo) emerge, por su parte, como el resultado de uno de los inventos más revulsivos de las últimas décadas: la interfaz, el ciberespacio, Internet. Dice el esloveno Slavoj Zizek en Lacrimae rerum [2006]: “…el ciberespacio [hoy día hace] realidad la fantasía paranoica [del juez alemán] Schreber…: el ´universo conectado´ es psicótico en la medida en que parece materializar la alucinación schreberiana de unos rayos divinos a través de los cuales Dios controla directamente la mente humana.ˮ El carácter psicótico e insano del hiperespacio –en el doble sentido de enfermedad y de matriz de acceso al conocimiento- estuvo en boca de quienes así lo advirtieron desde sus comienzos (los gurúes de Internet –se sabe- navegaron por mares psicodélicos repletos de cactus, de hongos, etc.). El alocado ciberespacio es la arena en la que los sujetos del capitalismo tardío consumen indiscriminadamente (información, pornografía, objetos, identidad) para luego vomitar sus paranoias, y sus parafilias. Es, por ende, una arena en la que esos sujetos múltiples, fantasmales, pueden elucubrar -o mejor, servir a las elucubraciones- que construyen las incesantes conspiraciones que tiñen el mundo post-industrial. El dickiano Pablo Capanna, ironía mediante, da una idea de esta situación: “´Paranoicos del mundo uníos´, parece ser el lema de algunas páginas de Internet… Admitamos que el mundo no anda nada bien y que con el posmodernismo se ha liberado una buena cuota de irracionalidad. En este contexto, imaginar una mente siniestra que tiene todo planificado… resulta casi tranquilizante. Las cosas adquieren un sentido, aunque sea un sentido apocalíptico, y creer que se está entre quienes lo conocen parece devolver… cierta seguridad.” [“La paranoia conspirativa”, en Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos. 2009]

{Política clandestina: registrar movimientos de la población, supervisar el efecto destructivo de los grandes flujos de dinero; Internet, interfaz y los delirantes mundos virtuales entre el espionaje y la construcción de realidades; el control social; hay un muerto con el cerebro perforado que se enfría; la plaga del hiperespacio que opina; entonces, el muerto no se enfriará mientras más se consuma, se hable, se diga por él en el circo del sistema mundial y se repitan y se olviden sus palabras, si es que suyas son, desde el más allá: estrategia mediática para impedir que surja a la luz su oculta finalidad criminal; camuflaje jurídico, se conversa y se arregla de antemano sin comunicar a la opinión pública a la que se busca engañar; acuerdos ocultos, reuniones pantalla, negociaciones clandestinas y secretas y falsas; desde las sombras, diplomacia paralela de facto y maniobras ardidosas.}

Apunte #4 [Relato paranoico – Realidad psicótica]
En 1988, la revista Crisis [No. 59, 2da. época] publica el artículo de Pablo Fuentes, “El relato paranoico”. Fuentes recorre los avatares de una “involuntaria tendencia literaria”, aparecida a comienzos de los años 60, principalmente en los Estados Unidos, y caracterizada “…por una temática y una técnica narrativa estructurada en función de la paranoia.” William Burroughs, Philip Dick, Kurt Vonnegut, Thomas Disch James G. Ballard, entre otros, se diferencian de narradores anteriores como Buzzati, Arlt, Kafka (la referencia de la Dra. Abonna –pienso- es certera pero atrasa) quienes “…instrumentan la paranoia como estado mental o como mecanismo de la dinámica social.” El relato paranoico combina “el instrumental de la escritura de vanguardia… con los elementos y las convenciones de los géneros populares, en particular con los de la ciencia-ficción… [para sustentar] una mirada paranoica que se erige en una forma privilegiada de aprehensión de una realidad que oculta la amplia estructura delirante que la sostiene.” Surgido en un momento histórico altamente crítico –movimientos contestatarios, Vietnam, viajes espaciales, pop-art, psicodelia, apertura sexual, Watergate, avance tecnológico y científico- “…el relato paranoico interpreta al mundo contemporáneo como una encrucijada de elementos heterogéneos que develan… un carácter artificial en función de una red subterránea de intrigas, complots, relaciones de sentido caprichosas que tejen la maraña social.” El tiempo estalla en pedazos siguiendo una secreta lógica paranoide. El sujeto es un ente escindido conectado con un orden social entre cuyos pliegue se sospecha el caos. “La locura parece ser el sustento de la interacción personaje-medio… La función de la ficción… es socializar la psicosis y develar la mecánica delirante de la sociedad.” La paranoia funciona como un intento de restitución. Las palabras circulan con su sentido modificado y pueden acoplarse a cualquier significado. “Las palabras adquieren una literalidad peligrosa, forman parte… del entramado persecutorio… Lo imaginario desplaza al mundo verbalizado de lo social; señala la membrana íntima de las relaciones de poder, que son relaciones psicóticas… [L]os mensajes van y vienen sin dirigirse a ningún sujeto…, pudiendo cualquiera recibir el código secreto de lo que ellos plantean.” Las palabras -del relato, de las instituciones- demuestran que el orden es paranoico. Todo sistema es de control. Relato paranoico; ´realismo psicótico´. “La realidad [que] difunden los medios masivos de comunicación presenta un… carácter ficcional.” Lo real está roto. Hay “un ida y vuelta entre la dimensión social y la metafísica: la sociedad capitalista avanzada demuestra, en su mecánica, los signos de su propia decadencia y… en la estructura del universo hay una tendencia irreversible al caos…”. El relato paranoico desenmascara el funcionamiento del poder, las formas de las que se vale para sostenerse y perpetuarse. “Aparecen… las grandes corporaciones, las fantasmales multinacionales…, complejos y sutiles sistemas de control social… El poder es paranoico y actúa paranoicamente para conseguir sus fines. En muchos textos se presenta la ecuación información-poder, el que tiene la información tiene el poder: puede manipularla…, su control es la marca misma del poder. El tipo de información recibida incide… en la percepción de la realidad.” En definitiva, el relato paranoico da cuenta de una cierta sensibilidad que intenta leer a la sociedad contemporánea. ////// {Mecánica delirante de la sociedad; palabras que se acoplan a cualquier sentido, que vienen y que van; decadencia del sistema; funcionamiento paranoico del poder; locura; y un muerto al que igual muerto –los artífices del paranoico relato que es el mundo actual- lo hacen conspirar: acuerdos secretos, maniobras ardidosas, desde las sombras, objetivo criminal, canales paralelos, negociación, diplomacia paralela de facto, mensajes clandestinos de encubridores y de encubiertos; digitar acciones; feroz campaña.}

Apunte #5 [Paranoia, gnosticismo, ciencia ficción (en un mundo brotado)]
En 1991, Piglia piensa la ´ficción paranoica´ en el cruce entre el género policial, el fantástico y la ciencia ficción, y privilegia la matriz del primero. La mezcla permite suponer que los demás géneros también aportan a la ´ficción paranoica´, pero no abunda sobre el asunto. Pablo Fuentes, un par de años antes, enumera ingredientes del cóctel ficcional psicótico -novela negra, relato de espionaje, pornografía, publicidad, historieta, lenguaje televisivo, rock, filosofía, política, manuales de la CIA, jerga científica, religiones orientales, parapsicología- e indica que el humus de la literatura paranoica es, por su carácter conjetural, la ciencia ficción. A mediados de los años ochenta, el escritor Thomas Disch, le sugería a Piglia –siempre reacio a reconocer la fuerza del género- que la paranoia podría ser considerada uno de los rasgos específicos de la ciencia ficción. La paranoia es un rasgo específico, sugiero, porque el discurso que alienta al género no es tan racional como se supone. Sobrepasa la semejanza en el uso, la presencia del prefijo para– en un tipo de paraliteratura -ciencia ficción-; en un tipo de pensamiento –paranoia-; en una forma de acceso y de producción de conocimiento –paraciencia. Mi tesis es defender –más allá del nombre- una mayor injerencia de las doctrinas esotéricas en la conformación y, luego, en la configuración del género. Ciencia ficción, paranoia y conocimiento heterodoxo se conectan con las consecuencias que indicaré. Contra la casi totalidad de la biblioteca crítica, entiendo que en parte importante de la ciencia ficción inciden antes que el discurso científico en sí, las ciencias alternativas. La utilización de estas dos categorías necesitaría de mayores precisiones, pero alcanza aquí con afirmar que, por causas de orden ideológico, de un lado en el mundo social aparece la ciencia oficial, sancionada, aceptada como válida, mientras que las paraciencias -ciencias ocultas, esoterismos varios, espiritismo, parapsicología, etc.- son ubicadas en el rol de ´monstruos teóricos´. Entre la justeza y el prejuicio, esas doctrinas –muchas de ellas confusas por simplificadas para lograr rápidos adeptos- quedan fuera de la discusión a la hora de suponer un análisis serio de cualquier cuestión social o artística. Sin embargo, entre esa enmarañada selva de saberes de lo oculto, si se mira de otra manera, se perciben disimuladas antiguas filosofías resumidas por Fuentes en el cóctel paranoico bajo el mote de ´religiones orientales´: gnosticismo, cábala, hermetismo. Una vez atravesado el prejuicio, adoptada esta perspectiva, se entiende por qué Arlt, Dick, Borges –en particular estos dos últimos- cruzan ciencia ficción, saberes alternativos, paranoia y conspiración. (Apunto un caso pintoresco aunque coherente con lo dicho: en 1984 Freedman desliza al pasar que el paranoico juez alemán Schreber, quien en sus Memorias narra su amor heterodoxo con Dios, era una especie de escritor de ciencia ficción). Como reseñé en otro texto -me detengo ahora en un discurso heterodoxo en particular-, la filosofía gnóstica se sustenta en el principio del dios desconocido: debe existir un dios único y omnipotente, pero no les fue dado a los hombres conocerlo; los que se presentan como divinidades son potencias menores, y en muchos casos terribles, que comandan este mundo como les place a expensas de un dios alejado. Esta concepción filosófico-teológica tiene consecuencias que reverberan luego en la ciencia ficción. En la perspectiva gnóstica, una vez alcanzado cualquier principio explicativo, es posible suponer que detrás existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente el dios desconocido y así al infinito. La primera consecuencia es, entonces, la ´paranoia´. Le sigue la mirada conspirativa. A los gnósticos por la imposibilidad de conocer la divinidad, les es imposible determinar qué es ´la realidad´, qué es ´la verdad´. Lo máximo a lo que se accede es al autoconocimiento, a la gnosis, al sabiduría, a través del reconocimiento de la chispa divina que existe en cada ser humano por pertenecer a la creación. Esa mínima y eventual porción de divinidad en cada uno, está presente en todo lo que existe (piedras, tierra, animales, plantas, agua, astros, etc.) y, por lo tanto, en la batalla por conocer el orden del mundo, cualquier cosa, detalle, elemento, aspecto puede conspirar, puede ser parte del plan (o del Plan) y hasta, es posible, puede ser su clave oculta. Por eso, cuando Horacio González intenta desentrañar el pensamiento conspirativo, su funcionamiento conceptual, propone una conciencia paranoica que observa al mundo mediante el parámetro del animismo: cada partícula puede tener su propio impulso vital y actuar en consecución de algún objetivo. La tercera consecuencia acentúa la faz política del gnosticismo. En base a la idea de que hay siempre un principio ulterior, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de una ortodoxia, de un dogma, y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas y tendieron a la anarquía especulativa. Estos cristianos disidentes fueron considerados peligrosos (y denigrados como herejes) por la naciente iglesia católica ya que enfatizaban el autoconocimiento y pregonaban la organización grupal antes que la conformación de instituciones. El gnosticismo es una filosofía que piensa la existencia del mal en el mundo (el mal serían las instituciones que lo fagocitan todo) y, por ende, revisa cómo se constituye el poder. Ahora bien, el gnosticismo y el hermetismo –las heterodoxias en general- tienen, al menos, dos vertientes en un espectro ético que va desde posiciones que defienden el autonocimiento y la autodeterminación del yo (que deriva en el anarquismo y en filosofías de la libertad y de la responsabilidad) a concepciones diluidas y forzadas que se embarcan en la pesadilla de la perfección del ser humano -superhombre aquí y ahora- y que culminan, tergiversada la teoría, en posiciones racistas y eugenésicas como el nazismo. Con ese doble rasero, la heterodoxia –formadora de paranoicos y conspiradores- fue la base histórica sobre la que se construyó el mundo de Internet, el ciberespacio, al que algunos denominan el ´Sexto Ciber-Imperio´ (recomiendo, en ese sentido, La Nueva Ciudad de Dios [2002] de Alonso y Arzoz). En un mundo como el actual que se parece bastante a las pesadillas de la ciencia ficción hereje y paranoica, los internautas poseen dos caminos en aras de la promesa del acceso irrestricto a la información –utopía enciclopédica también hermética: una es la libertad que permite la navegación y la revisión de nuestra identidad a partir del conocimiento que genera la interacción con miles de ´otros´ en la red; la otra es la del control social. El impulso que la Red dio, en términos de Zizek, a la exhibición de personalidades múltiples y perversas, a la psicosis, a la paranoia, a la esquizofrenia tiene como corolario no la mayor libertad del individuo sino su domesticación, la canalización de sus fuerzas revulsivas, o revolucionarias, a través del ciberespacio. El hiperespacio ha exacerbado un rasgo que predomina en el sistema mundial post-industrial: las fuerzas que finalmente controlan ´todo´, permanecen ocultas, inaccesibles, alejadas, pero su corolario no es, como en el caso de la filosofía gnóstica, provocar una mayor indagación personal, el autoconocimiento, etc. La conclusión de ese poder invisible –que conspira o que puede ser entendido desde la mirada conspirativa- es el sostener la opresión, la desigualdad, la ruina del 99 % de la población, en aras del disfrute del 1%. Aun así, esa aparente utopía de una Red que cobija gran parte de la humanidad bajo un falso cielo, produjo su propio antídoto de tono libertario con sus interrogantes: ¿es realmente necesario organizar –controlar- de esta forma la sociedad en su conjunto?, ¿no queda cada vez más claro mediante Internet que el humano excepto a su restringido grupo de pertenencia, no responde y hasta aborrece de los demás?, ¿por qué no abandonar la idea de centros de poder y dejar que los sujetos se organicen como deseen ya en pequeños grupos, ya permaneciendo aislados? Si de alguna manera, el cibermundo –con claras trazas de locura e irracionalidad pero de firme intención dominadora- está sustentado en ideas e imaginerías hermético-gnósticas, el contraveneno surge de ese mismo imaginario aunque en la vertiente libertaria, la del anarquismo: más autoconocimiento, menos instituciones, mayor autodeterminación en la organización, disminución del poder central, restricción de desarrollos tecnológicos, retorno a la tierra -la denominada ´naturaleza´. (Algo de esa idea aparece en el proyecto político que destila Borges en su cuento de ciencia ficción de 1975: “Utopía de un hombre que está cansado”, en El libro de arena). Si nuestra realidad es psicótica, como codifica el relato o la ficción paranoica, si a nuestro alrededor todos y cada uno de los que nos cruzamos –y nosotros a ellos- nos parecen brotados, es porque estamos siendo forzados a una convivencia indeseable para la mayoría. En definitiva, el heterodoxo gnosticismo es un hilo que permite deambular por la enloquecida sociedad contemporánea, intuir sus paranoias, y sus conspiraciones, entender en muchos casos a través de la literatura y el cine de ciencia ficción la forma en que el poder se ha construido omnímodo y oculto. Y al mismo tiempo, ese gnosticismo, en su vertiente libertaria, con acentos en el autoconocimiento, en el grupo de pertenencia y en la relación con el mundo natural, es el necesario espacio de resistencia, de contra-conspiración.

{La esquizofrénica Red y su sucedáneo –el psicótico mundo actual- con idéntico parámetro de funcionamiento: el centro del poder siempre un peldaño arriba y atrás; de un lado el control sobre las acciones de la sociedad, en la arena virtual; del otro lado, el sostén en apariencia inmodificable de los flujos del dinero hacia pocas manos ocultas; jerarquía y status quo; por eso, en un mundo delirante, el muerto con una bala en el cerebro era un paranoico, sus acciones conspiraciones, y la resolución de su deceso, un imposible cuento, como si se tratara lisa y llanamente de Ubik (de Dick); antes que la política en la ficción, la ficción como política, y sus letanías a doscientas ochenta y nueve fojas escritas: digitar acciones, feroz campaña, descrédito, deslegitimación, principal instrumentador, remover al suscripto, enorme gravedad institucional, cabeza del Poder Ejecutivo, decidió lamentablemente cometer delito, consternación constatar Sra. Presidente involucrada en vil maquinación.}

Apunte #6 [Conspiración y agente provocador: Ida, Munk, el muerto en el baño]
Filosofía de la conspiración compila conjuras desde la vieja Roma, las Catilinarias de Cicerón, hasta el mundo contemporáneo -jesuitas, masones, carbonarios, marxistas, peronistas. En ese paseo, González reflexiona sobre una novela de Piglia de 1980 estructurada, en una de sus líneas narrativas, por un arco temporal que une un historiador amateur, Marcelo Maggi, ´receptor´ en su presente (siglo XX) de cartas del porvenir enviadas por un sujeto del siglo XIX (entre filósofo, escritor y periodista), Enrique Ossorio, secretario privado de Rosas, espía de Lavalle, involucrado en la conspiración de Maza y sospechado de doble agente. Dice González: “El acto conspiracional… acostumbra a ponerse en términos de una realidad que difuminada se ficcionaliza y de una ficción que reconstruida… con su modelo real (pero ya imaginario), toma su lugar. La toma vicariamente, fingiendo ser aquella realidad anonadada, hablando como ella y asumiendo su misma confiada apatía. [Son] éstas las acentuaciones de Respiración artificial, con las que Piglia… expuso la tesis de la novela como conspiración y el pensamiento histórico como un ejercicio desesperante que asumía la forma de un complot.” [Filosofía de la conspiración, p. 221] En efecto, la concepción de Piglia de la literatura está basada en la conjura. “Toda verdadera tradición [literaria, artística, intelectual] es clandestina y se construye retrospectivamente y tiene la forma de un complot.” [“La novela polaca”, Formas breves, 2000, p. 80] El complot, y los conjurados, respiran en aquella novela, pero también en la forma de entender la literatura y en el modo –necesitaría más espacio para probarlo, aunque es una obviedad- en el que Piglia finalmente, y más allá de las esperadas discusiones, logra posicionarse como escritor consagrado en el mundo de habla hispana. Su movimiento conspirativo final es reciente y se sintetiza en la publicación de lo que podría denominarse su gran ficción paranoica: El camino de Ida [2013]. Como en la novela de 1980, en esta última predominan rasgos del policial. La imaginería de la ciencia ficción ocupa un lugar vicario aunque acechante. El camino de Ida puede leerse sin problemas a partir del conjunto de elementos literarios y sociales sintetizado en los apuntes previos. Cuenta la historia –dice que deja su ´testimonio´- Emilio Renzi, crítico, profesor, traductor (en fin, sosías de Piglia y narrador también de Respiración artificial), cuya paranoia y ruina personal se acentúan en su experiencia estadounidense. Renzi llega como profesor visitante a una universidad presentada por su anfitriona como ´cementerio de escritores´ y enclavada en un pequeño pueblo que parece una clínica psiquiátrica de lujo. Renzi –en su desquicio y lucidez, y al igual que Swedenborg el infierno- ve el mundo como un pantano inhóspito, como un espacio tenebroso, ilógico, corporativo, psicótico. En esa estadía en el corazón de la sociedad de consumo, nada le interesa más (exceptuando a su bella colega Ida Brown) que Orión, un mendigo que ronda la universidad buscando sus vituallas, y que hasta lo ignora y lo desprecia en sus soliloquios. La institución académica que lo contrata concentra la neurosis de los, en apariencia, bien intencionados tecnócratas que equilibran su afán de poder -acumulan con la derecha mientras escriben con la izquierda- y que aceptan presiones, opresiones, vigilancias y violencias con tal de mantener la jerarquía basada en mezquinas conspiraciones. (Una versión amable de esa historia aparece citada por González en Filosofía de la conspiración, p. 20: “…en La cátedra [de Nicolás Casullo, 2000], tomando temas ocultistas con humor, se conjuga una historia irónica de los hábitos universitarios con la existencia de un plan, o una conjura, que emana de un mundo duplicado o subterráneo.”) En El camino de Ida, la policía, el FBI, la CIA, sin estar necesariamente a cada paso, dejan saber que hacia el interior de la academia conocen ´todo de todos´ y que son capaces de usar esa información en cualquier momento y con cualquier objetivo. En este marco, una piedra rompe el cristal de la falsa tranquilidad de los claustros. En un episodio confuso -¿ataque o error de cálculo?- muere por una explosión la joven y atractiva Ida, profesora estrella de la universidad y anfitriona del argentino. Renzi, que como tantos otros fue su amante, emprende una investigación (contacta a detectives privados que trabajan, a su vez, con el FBI y que se conectan con el periodismo, el ejército, etc.) e ingresa a la trama que teje esa muerte. Pasa de ser observador a involucrarse. Hacia el final del recorrido, su encuentro y su charla cara a cara en prisión con Thomas Munk, jefe no reconocido de lobos solitarios que actúan en pos de un mismo objetivo: destruir, detener, frenar al Sistema Mundial. Quien en la ficción es Munk, en el mundo real (si es que algo queda de él) es Theodore Kaczynski. Denigrado como el Unabomber, entre 1978 y 1995, según cuenta una de las versiones posibles, Kaczynski envió cartas-bombas para poner en discusión, por medio de esas muertes, acerca de la necesidad de detener el Sistema industrial-militar o, al menos, de discutir sobre esa necesidad. De forma estratégica dirigió el ataque no contra blancos esperados –líderes políticos, religiosos, etc.-, sino contra aquellos que con bajo perfil son el andamiaje en el cual este pantano inhóspito se sostiene: los tecnócratas que hacen las veces de profesores universitarios. Para Theodore –formado en Harvard y con honores, y profesor en Berkeley- los académicos dirigen sus esfuerzos antes que a buscar la mejor forma de vivir para la comunidad, a sostener un sistema injusto y aberrante. Lejos del mero planteo programático, la acción directa, el terrorismo y la apelación a la violencia de Munk, o de Kaczynski, señalan con esas muertes un grave problema futuro si la continuidad del Sistema no es puesta en discusión. El camino de Ida se construye en torno de la figura del intelectual terrorista. Y las armas intelectuales con las que se libra esa batalla de resistencia -ya en la novela-libro, ya en la novela-realidad- es una forma de pensar, y de vivir, anti-capitalista y que entronca con la tradición hereje antes mencionada como antídoto: el anarco-primitivismo. Filosofía de la conspiración, en ese sentido, abona una verdad cotidiana: la política tradicional es un juego de influencias, pactos, arreglos, traiciones, conjuras, complots, conspiraciones. Según una etimología, propuesta por González, conspirar es soplar juntos. Conspirar es una manera de pensar la realización de acuerdos. La política trabaja sobre un plan público y otro conspirativo y subterráneo en el que priman el encubrimiento y el disimulo. En la política –que es conspiración- hay una razón barroca, que progresa dejando en la penumbra, replegados, una parte esencial de sus argumentos. Conspirar es el reverso de la ´acción racional con arreglos a fines´, y se conspira en política no por otra razón que por ambición de poder. Hecho el diagnóstico, el actual director de la biblioteca fundada por Moreno, desliza: “Sin embargo, esto [la política como conspiración] se halla en contradicción con la tradición libertaria, para la cual todo acto humano se define por su deseo de libertad respecto a las pretensiones de dominio.” [Filosofía de la conspiración, p. 41] Traduzco: si en algún momento hacer política estuvo pensado como la búsqueda del bien comunitario y como el camino para otorgar libertad a los individuos en un contexto de igualdad, hoy en día y después de experiencias ideológicas de todo tipo (algunos dirán que ´siempre fue así´ y se excusarán en la repetición), hacer política es llevar agua para el molino de cada facción. Hacer política es soplar junto a los del grupo para beneficio del propio grupo que ocupa en ese turno el poder (o que quiere ocuparlo con idéntico resultado). Praxis política y conspiración –en Piglia es Estado y complot– son cara y ceca de la misma moneda. El talón de Aquiles, el flanco vulnerable de la primera, surge del ´complot (a)´ contra el ´complot (b) que gobierna´ y al que el ´complot (a)´ quiere sustituir. Esa debilidad, ese punto ciego de la política está encarnado por la figura del agente provocador, del intrigante. La provocación –dice González- es la quintaesencia vulnerable de la política, y cuenta una anécdota. Allá atrás, en el siglo XIX, a Karl Marx se lo acusó de ser un doble agente, un informante de la policía. Corrieron textos apócrifos, correcciones, borrones, pruebas caligráficas. Se esgrimieron simulaciones, puestas en escenas. Actuaron intrigantes y provocadores. El acusado reflexionó, sobre esos métodos de engaño político, a modo de defensa. Decía Marx: “Esto no significa solamente la existencia y la actividad del personal que se ocupa… de la materia. Se trata del sometimiento de todo mecanismo gubernativo, incluida la justicia y la prensa al instituto de la policía política… ” [Filosofía de la conspiración, p. 88] Hay una conspiración en marcha, hay un objetivo a alcanzar y la necesidad de llegar a la acción y, entonces, hay un provocador que enciende la mecha. Dice González: “El novelista orgánico de la conspiración es el intrigante… Sabe el intrigante que el mundo aparece como un conjunto delicado de tramas que se vuelven al exterior desde planos que no dicen todo lo que pudieran de sí… El intrigante, a la manera del agent provocateur, lucha para desatar lo que todo vínculo preferiría mantener cauteloso. Por eso siembra aquí y allá cizaña… con el fin de presentar todas las relaciones posibles como repletas de riñas y tensiones.” [Filosofía de la conspiración, p. 39]. El agente provocador tiene su remoto origen en las cancillerías y en las oficinas policiales del siglo XIX; es el espía, el agente secreto y toda la vasta familia de funcionarios del secreto y de la maquinación; provoca para que se realice lo que estaba llamado a suceder; el agente provocador es el perro de caza que “destruye la política para demostrar que la política era mucho más que lo que ella creía; también era el espectáculo sintomático de su autodestrucción”; el agente provocador es el reverso del político que quiere ser medido en sus palabras: al provocador no le interesan esos límites y goza de la paradoja de que lo mismo que revela lo que alguien es, es lo que lo daña; el agente provocador es el fogonazo necesario para que el accidente suceda (accidente que acelera el triunfo del ´complot (a)´ sobre el ´complot (b) que gobierna´); y maneja el lenguaje a placer: el conspirador suele titular sus cosas con nombres que son señuelos; nombres capaces de mantener un fuerza evocativa y sin gasto de palabras nuevas. El intrigante y sus golpes de efecto, y su ser volátil y su existencia siempre en duda y reversible y al infinito sospechosa y sospechada. Habría dos síndromes y el primero le corresponde a la conspiración y su antecesora la paranoia, creadora de enemigos. La conjura, dice González en Filosofía de la conspiración, p. 49, “…se refiere a la ansiedad por conocer lo que potencialmente cobija al otro en materia de hostilidad hacia mí. Y quizás debido a eso, la conspiración podría ubicarse en la extraña decisión de lanzar contra mí mismo las fuerzas de un estrago que imagino depositadas en la conciencia de mi hostes [enemigo]. Y lo que hago, lo justifico como la concentrada sospecha de una hostilidad segura… contra mí.” Complot en el poder; complot rival. Todos conspiran. Uno, el opositor, decide que es el momento de actuar y de acelerar hacia la recta final. El provocador, provoca, y enciende la mecha. El status quo acusa. Pero resulta que estamos en el terreno de la conspiración. Quien se siente atacado y se defiende ¿dice la verdad sobre su enemigo o inventa a este enemigo, enarbola una agresión y se inflige un autocastigo para justificar su propia debilidad? ¿O acaso la agresión y el ataque contra el poder de turno existen y el enemigo que lo provoca denuncia a los del poder por inventar una operación inexistente que, en verdad, sí existe porque él mismo la generó? Y así al infinito con la danza de infinitos dobles agentes e infinitos infiltrados. Nuevamente González en Filosofía de la conspiración, p. 66: “…algo ocurre cuando el pensamiento conspirativo (en este caso el Estado) le atribuye conspiraciones a quienes no necesariamente presentan su actividad bajo la autoconciencia de la intriga. Parecería que una forma crispada de la política comienza cuando alguien lanza una atribución de conspiración a los que designa como antagonistas… Y aún más, cuando ese ´alguien´ -el provocateur, el ´infiltrado´- ´encabeza´ tales expresiones. Ese eventual traidor-héroe haría punta en el umbral de máxima visibilidad de aquellas conciencias potenciales, aún inexpresadas. Les dice quiénes son, pues no sabían lo que era bueno para ellas.” Segundo síndrome: la acción del intrigante es un virus que le hace creer a las personas que la idea que ahora está implantada en su cerebro, estuvo siempre ahí y coincide con lo ocurrido. Falsa ilusión, obvia estrategia: lo ocurrido implanta retroactivamente la idea (y si es necesario reforzar el implante, coloca en el cerebro balas o lo que sea). Algo del delirio y de la imposibilidad de aprehender la trama hay en la figura del intrigante, del agitador, del provocador en el huracán de las conspiraciones. Algo de todo esto –y con todo me refiero a estos apuntes hilvanados- sucede desde el catorce y desde el diecinueve de enero del corriente año cuando de una denuncia de doscientas ochenta y nueve fojas se pasó a un muerto en el baño y con una bala en el cerebro, como si la bala fuera la rúbrica que impide olvidar el texto: plan delictivo, plan sofisticado y plan urdido, confabulación orquestada, impunidad, justicia, accionar criminal, decisión deliberada, maniobra de encubrimiento y grupo que ejecutó el encubrimiento, atentado terrorista, falsa teoría alternativa, nuevas hipótesis (y falsas hipótesis), nuevas pruebas (y pruebas nunca vistas), nuevos enemigos (y una conexión de fachos locales), rosario de mentiras, manipulación de hechos, falsa premisa, pactos secretos, negociación secreta y clandestinamente escondida del público escrutinio, infiltrar, intermediarios y estaciones de inteligencia, campaña, descrédito, puesta en escena, nuevo engaño argumentativo, tergiversación mediática de la realidad procesal, estrategias falaces, maquillaje y camuflaje jurídicos, silencio, impedir que surja a la luz su oculta finalidad criminal, hay cosas que se conversan y que arreglan sin comunicar a la opinión pública, acuerdos ocultos, reuniones pantalla, negociaciones secretas y clandestinas y nexos clandestinos, salvoconductos, trama delictiva, maniobras ardidosas, objetivo criminal, canales paralelos desde las sombras, diplomacia paralela y de facto, militancia pro terrorista, clandestino interlocutor, canales y mensajes clandestinos de encubridores y encubiertos, descrédito, deslegitimación, feroz campaña, digitar acciones, principal instrumentador, remover al suscripto, enorme gravedad institucional, cabeza del Poder Ejecutivo Nacional, decidió lamentablemente cometer un delito, consternación constatar esa vil maquinación, decía un mes atrás el muerto. Y especifica González en Filosofía de la conspiración, p. 19-20: “En cuanto a expresiones como complot, conjura, maquinación o intriga, suelen ser vistas como sinónimos de conspiración… Si la conspiración se revierte hacia escenas domésticas, suele amparar la intriga; si se resuelve hacia estilos sacerdotales, …la conjura; si lo hace hacia motivos estatales… la maquinación y si hacia asuntos bélicos, …el complot…”. ¿Vil maquinación o delirio en clave judicial? ¿Entramado ficcional? ¿Relato paranoico? ¿O denuncia paranoica contra el relato (y entonces también ficción)? Como sea, doscientas ochenta nueve fojas pulverizaron la ficción paranoica o, al menos, hicieron del denunciante (con obra, muerte trágica y todo, ya que morir es un camino directo al éxito) una nueva luminaria a la espera de críticos y de exégetas. Aporté mi granito de arena y le dejo a González que clausure este palimpsesto: ´cuando a una mente conspirativa se la acusa de paranoica, allí hay no un veredicto sino una poética´.

Fabián Polosecki, mística y anarquismo

“Su nombre hoy es una clave.”

Montero y Portela, Polo, el buscador [2006]

polo

Primera parte

1.-

“Esto lo hizo Marlon Brando en Apocalypse Now…”[i], son (si se pone entre paréntesis el ineludible recurso de la edición) las últimas palabras públicas de Polo, de Gustavo Fabián Polosecki, en diciembre de 1995. La frase –pronunciada al cazar una avispa desorientada entre muebles, humo y hormigón- cifra la búsqueda vital de Polo e intenta enmarcar su devenir en una lógica que tiña con pinceladas de luz el oscuro misterio que rodeó –y que rodea- su final signado por la ruptura de relaciones con los medios de comunicación, con familia y amigos, y con el Tigre como escenario del exilio. [ii]

Después de tres años en el centro de la escena televisiva; después de dos productos audiovisuales exitosos –El otro lado [1993-1994] y El Visitante [1995] y hoy de culto; después de tres premios Martín Fierro (uno como ´Revelación´), Polo traslada vida, interés y energía al más natural mundo de islas, ríos y vegetación tupida. En ese liminal diciembre de 1995, Polosecki es consciente del final de ciclo: “Paradójicamente, los lugares que elegí para terminar mis programas, el barrio y el Tigre, son los lugares de los que salí. Creo que eso de llegar al lugar de origen marca una suerte de cierre.”[iii]

Desde el barrio –Saavedra- se desliza a las islas del Delta. Polo conoce en el capítulo final de El Visitante a Eduardo Hernández. “Polo eligió vivir un tipo de vida acercado a la naturaleza, y cuando vos lográs eso, cuando te relacionás en ese ambiente… es muy difícil que te reintegres a la sociedad de la misma manera. De repente yo era el nexo de Polo con la naturaleza´ –explica Eduardo.” (Polo, el buscador, p. 174) Eduardo –profesor de educación física, actor y maestro de danzas- niega ser un ´gurú´ (Polo, el buscador, p. 178), pero acepta el mote de ´maestro´. Retorna a aquellos momentos: “Nadie vino a preguntarme por qué Polo me llamaba maestro. […] Puedo parecer un hippie retrógrado o un punkie de Barcelona, pero los que no me conocen no pueden entender por qué alguien puede decirme ´maestro´. Hoy ya no lo soy porque el aprendiz que tenía se suicidó y no lo pude contener. Hoy no puedo asumir el compromiso de enseñar, porque pienso que uno de los alumnos más trascendentes que tuve se terminó suicidando.” (Polo, el buscador, p. 187)

La figura de Eduardo es central y conflictiva para el contexto humano próximo a Polo. Era aquel, en la perspectiva de los antiguos compañeros, ´un elemento extraño, un border, un loco, aunque no un mal tipo´ (Polo, el buscador, p. 179). Sin recaer en acusaciones, se le adjudica haber sido la causa de la intensificación de la crisis (Polo, el buscador, p. 173). Miradas con un poco más de distancia, sostienen que el catalizador de la profunda crisis personal fue el escenario elegido para el retiro, el Tigre “…un paisaje verde plagado de silencios, de ritmos nuevos y sabidurías ocultas…” (Polo, el buscador, p. 174). Y afirma Gustavo Alonso, director del documental La vereda de la sombra [2005][iv]: “Por eso pienso que el Tigre fue el desencadenante, con mucho más que ver que el tema de la falta de trabajo. Tal vez el Tigre no fue el determinante de su suicidio, pero seguro que fue la base de la pérdida de los lazos afectivos que lo pudieran contener… Descreo directamente que Eduardo haya contribuido a eso…” (Polo, el buscador, p. 179).

La ´falta de trabajo´ de Polo es un tópico recurrente entre las opiniones. “El ocio y la ausencia de un horizonte concreto hacia dónde dirigir el esfuerzo creativo fueron otros elementos que agudizarían en Polo una crisis cada vez mayor. Para la familia, la carencia de trabajo fue una de las claves de todo lo que llegó después”, aducen Montero y Portela, autores de Polo, el buscador [2006].

Polo, sin embargo, según cuenta Eduardo, era un entusiasta colaborador en las tierras de Abra Vieja; se levantaba muy temprano y se ponía a la par en las tareas; se dedicaban luego a pensar y a revisar sus proyectos (Polo, el buscador, p. 174-175). Hasta último momento estuvo interesado en llevar adelante sus ideas. José D´Amato, una semana antes del suicidio, conoció de boca de su para ese entonces ex compañero, que tenía ofertas para volver a trabajar (Polo, el buscador, p. 179). Incluso, la noche anterior al aciago 3 de diciembre, Polo y Eduardo se reunieron con FM La Rocka por un eventual contrato para realizar un programa de radio (Polo, el buscador, p. 182). Proyectos, y de largo aliento, no le faltaban. Polo ´compró terrenos en la segunda sección del Delta para generar un criadero de anguilas y un lugar de eco-turismo con cabañas para que la gente de periodismo pudiera estar en un lugar tranquilo´ (Polo, el buscador, p. 180). Con este proyecto –recuerda Eduardo- ´quería ofrecerles a sus amigos todo lo que él rescataba de la experiencia con la naturaleza, alejado de la perspectiva racional del confort´ (Polo, el buscador, p. 180).

2.-

Polo en el Tigre -especulo- significa la oposición de dos lógicas, de dos visiones del mundo, hasta de dos corpus ideológicos diferenciados. Si para Alonso, “…es raro que un tipo como Fabián Polosecki, que encarna tanto la imagen urbana…, termine en el Tigre, redescubriendo la naturaleza…” (Polo, el buscador, p. 174), otros observaron otras cuestiones en ese giro extraño “…porque tenía una visión de la realidad muy clara, y la realidad le pegaba mucho y mal. Estaba en una búsqueda, porque planteaba que había que buscar formas alternativas de vida a lo que te proponía la ciudad, o la televisión en nuestro caso. Cosas que yo creo para nada descabelladas”, reflexiona Daniel Laszlo (Polo, el buscador, p. 176). Dos mundos en colisión, entonces, el urbano y su consecuente universo despiadado, y hasta irracional, de trabajo; y el más cercano a lo natural (despiadado en otro sentido), centrado en el autoconocimiento y en el intento de un conocimiento más profundo de los demás. Y esa colisión suele no ser inocua.

A través de la perspectiva personal de Eduardo, se puede tener una idea de cómo vivía Fabián el tránsito entre esos universos.

“Él estaba saturado de toda la parafernalia televisiva, de todo lo que le generó vivir en ese mundo porque siempre, desde que lo conocí, fue un tipo muy auténtico, muy idealista, que se ha movido mucho entre el romanticismo y la temeridad… un tipo muy de ley…” (Polo, el buscador, p. 174)

“Él era temerario, no sólo valiente. Temerario, como capaz de hacer cualquier cosa. […] Y era un tipo auténtico, lo ficticio era todo lo de alrededor. Por eso me gusta que haya gente que lo siga, porque tenía mucha ética, y esa ética la rescató cerca de la naturaleza… [la ética] de ser consecuente con lo que uno asume como responsabilidad.” (Polo, el buscador, p. 180)

“Cuando íbamos al centro, aparecíamos con las botas embarradas… Llevábamos la realidad del delta para allá. […] Imaginate lo que era para los personajes de la televisión verlo aparecer tan excéntricamente. Y ahí empiezan a decir que él estaba loco. Pero, ¿lo ven loco así? ¿No lo ven loco dos o tres años antes, cuando él sigue el camino que ellos mismos le imponen? […] A toda esa gente que pensaba que ir a la isla era como ir hasta la India, Polo la despreciaba. Despreciaba esa mentalidad…” (Polo, el buscador, p. 177)

Como señaló Laszlo, y ese era el puente que le tendía Eduardo, Polo estaba buscando ´una forma alternativa de vida´. En su contexto de familiares y de amigos, ese giro abrupto fue visto o como la inmersión en el ocio o como sencillamente locura y delirio [ver nota 2]. Ariel Baralaro piensa en lo paradójico del giro

“Nunca podés llegar a entender un suicidio, quizás porque tiene más que ver con las contradicciones de la sociedad. Parecía un pibe que lo tenía todo, yo creía eso: había conseguido una hermosa mujer, una hermosa familia, estaba bien económicamente, estaba haciendo algo que él había ideado, algo que era valioso culturalmente. Este pibe las tenía todas, decís, pero ahí están las contradicciones de todo eso. [..] Que él se haya desbarrancado de esa forma a mí me asustó un poco.” (Polo, el buscador, p. 183-184)

El pavor de Baralaro surge, sin dudas, del reconocimiento de que –para decirlo de alguna forma- la vida basada en el éxito (o condenada al fracaso) y centrada en el trabajo, la familia y el bienestar económico, es una trampa. En aquella última entrevista, Polo reconoce sus depresiones cuando no hay proyecto a la vista y concluye sobre cuál es la vida que le gustaría llevar:

“Después de períodos de mucha actividad suelo tener depresiones fuertes. Yo sin laburo me pongo muy nervioso. […] Y ojo que no estoy hablando… de laburo remunerado: el concepto de idea burgués. Porque me parece que hay un modo de vida burgués, que no es lo que yo quiero. Lo que digo no tiene que ver con el dinero, sino con la no aventura. […] Es necesario saber cuánto es lo que uno necesita. Yo podría vivir en la tercera parte de esta casa. Hoy lo necesito mucho, si no, no la tendría.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más adelante en la misma nota diría que ´tenía ganas de vivir mil vidas´. Su plan estaba orientado hacia una vida no burguesa (si bien, en ese entonces, disponía de un bienestar económico que podríamos denominar de estilo ´burgués), asociada a la aventura y ´alejada de la perspectiva racional del confort´. Hasta donde puede reconstruirse la historia, su traslado al Tigre era núcleo del plan. En ese tipo de vida –en términos más o menos ideales- mediante la ética, la responsabilidad y el propio romanticismo, asociados a la naturaleza, Polo buscaba plasmar viejos anhelos políticos de la época de militancia. Aunque desde mi lado pueda sonar a un eco demagógico de sus ideas, Polo hizo la transición ´ciudad – barrio – Delta´ para acercarse al pueblo, a lo popular, y con mayor precisión, para conocer y absorber la ´sabiduría popular´. “Sabiduría popular: ésa es la historia…”, les especifica Polo a Abdala y a Bembibre en el calor de 1995.

3.-

Ese acercamiento y ese interés están plasmados en el inconcluso proyecto pergeñado en 1996 junto a Eduardo y denominado El aprendiz. Dice su maestro de entonces: “Cuando decide venir a la isla, Polo redescubre un montón de cosas, desde subirse a los árboles hasta el ruido de una piedra que cae en el río. Pero mucho pasa por el trabajo físico. Lo veías a Polo que se iba al fondo a romper una rama y era algo personal. No hay nada místico en eso, salvo lo que uno mismo le pone. En el delta hay tipos que talan un árbol de doce metros [y lo suben a un bote] y todo con una facilidad increíble. Todas esas hazañas a Polo lo fascinaron… Y a partir de ahí nació la idea de El aprendiz… Polo arrancó haciendo las cosas desde el otro lado, vinculado a la fantasía y la realidad. Después fue el visitante, porque internalizó lo que la gente le contaba. Y cuando llegó a casa se transformó en el aprendiz.” (Polo, el buscador, p. 175-176)

Eduardo configura ´el camino´ (a través de la narrativa audiovisual) del buscador. Primera etapa: la indagación en el corte entre la fantasía (el deseo) y lo real; segunda etapa: el que llega a un posible espacio real y escucha a los demás; tercera etapa: el que, una vez instalado en su lugar de elección, quiere aprender por sí mismo.[v] Es un camino de crecimiento personal, es una búsqueda de conocimiento, de saber hacer. Y aunque Eduardo lo niegue, o justamente porque lo niega, en la búsqueda asociada al contacto con la naturaleza lo primordial es la acentuación de su misticismo. Polo, a expensas de su pasado en la ortodoxia del Partido Comunista, lo reconoce:

“Yo no creo en Dios, tengo una cultura atea, pero una parte de mi personalidad es medio mística: lo misterioso, la leyenda, la sugestión y el asombro por las coincidencias. Pero no hay que quedarse sólo en el asombro, porque si es así sólo sos una persona que se a-som-bra… que algo con las sombras debe tener que ver… Sí creo que hay un orden, pero que se puede modificar. Uno está metido dentro de algo, cuando las cosas cambian, uno cambia, hay una relación dialéctica entre las cosas.” (Abdala – Bembibre, 1995) [vi]

El misticismo de Polo –tal vez en germen en la tradición familiar judía a la que pertenece- impregna el proyecto con Eduardo y ese tono extraño da una idea (más allá de si era factible o no) de cómo fue recibido en aquel otro mundo que había abandonado. Cuenta Laszlo: “Presentó el proyecto a un par de jerarcas de la televisión y la respuesta de uno de ellos fue que lo veía ´fuera de la realidad´, literalmente.” (Polo, el buscador, p. 176) La contra-oferta: convertirse en el conductor de Investigación X, un programa periodístico símil a Edición Plus. Polo debería aparecer de saco y corbata. ¿Quién estaba más fuera de la realidad, el jerarca o Fabián? En verdad, era otro episodio de la colisión entre mundos antagónicos.[vii]

Si mantenemos la oposición –que puede ser ficticia en su simetría-, tenemos en un hemisferio el mundo de la tecnología, de la televisión, de la parafernalia audiovisual, y en el otro hemisferio, la naturaleza, la vida integrada a un sistema ancestral. Incluso en miradas atentas y ajustadas sobre Fabián Polosecki, en el devenir de la historia la expansión mística queda ligada a su suicidio. Dice Carlos Polimeni en 2001: “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ[viii] Tal vez el ´vacío´, en esa secuencia por lo demás precisa, debería conectarse con el estadio anterior, el de la pertenencia al otro mundo, al de los grandes medios de comunicación. Acaso la perspectiva mística fue causa de la insoportable conciencia de haber vivido –a pesar de los volátiles logros- un sin sentido.[ix]

En referencia a su exaltación de lo barrial, Marcelo Panozzo opina que por esa época Polo “parecía un evangelista” (Polo, el buscador, p. 186). Pero esa religiosidad era hija no del dogma sino de una mirada amplia. Pablo de Santis recuerda: “Cuando entramos [año 1984], la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero… se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra [con] la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas… Todo eso reapareció en El otro lado… Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior… […] él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ (Polo, el buscador, p. 7) Y, a partir de esa mirada, De Santis especula sobre quién era Polo

“El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ (Polo, el buscador, p. 8) [x]

Esa elucubración –al límite de lo verosímil- presenta una figura cuasi-mesiánica: aquel que llega, indaga, aprende de los otros, deja algunas respuestas inciertas a partir de su sabiduría, y se va. Si el misticismo de Polo, como es de suponer, está ligado a su conexión con la naturaleza, su necesidad de trascendencia reside en su afán de saber, de conocer, de aprender.[xi] Pero Polo nunca explicitó, por supuesto, esa concepción político-religiosa conectada a un plan de vida. Mantuvo su secreto. Decía en diciembre de 1995:

“Me parece que las cosas más importantes, las más íntimas, no hay por qué hablarlas. Hacerlo sería como filmar una película de sexo explícito… […] Todos ocultamos cosas personales. Y cuando digo ocultar, no estoy hablando de ocultar cuarenta millones de dólares… como hacen algunos políticos. Estoy hablando de cosas personales que si no se me canta no tengo por qué contar. Creo que estoy aprendiendo a conformarme. No espero todo de todos ni espero todo de mí.” (Abdala, 2001)

A partir del conocimiento de los demás y del mundo (la naturaleza), el autoconocimiento.[xii] En el mismo momento en que Polo reconoce su (a medias) misticismo, afirma creer en un ´orden´ que se modifica por una dialéctica ´interior – exterior´. Si se lucha por cambiar el mundo exterior, eso repercute sobre el sujeto y, añado, por la inversa, si se modifica el mundo interior del sujeto puede alterarse ese orden exterior.

4.-

En su concepción básica, el misticismo busca alcanzar lo que parece imposible para el humano: la unión, desde este mundo terrenal, con lo divino. Es un tipo de iluminación –indirecto, aproximativo- que surge del conocimiento del mundo como un todo y del autoconocimiento sustentado en la disciplina. Dicha imposibilidad hunde al místico en el silencio, en el recogimiento. En su etimología, la raíz ´mis-´ de místico significa ´el que calla´. Es una experiencia inenarrable. Polo, en ese punto, apenas si dijo algo, el resto lo calló.

Esa búsqueda tiene como fin lo trascendente (el más allá de los límites humanos) y, por lo tanto y como dije, la imaginería habitual asocia lo místico con el acceso a la divinidad. Pero depende de la tradición religiosa y esotérica que se tome como referente. Existe, por ejemplo, un corpus a medias filosófico, a medias teológico, totalmente contestatario –e ignorado casi sistemáticamente por la devaluada academia [xiii]– que parece funcionar como matriz intelectual para acercarse a la esquiva figura político-religiosa de Polo, y al que me voy a referir sin ninguna evidencia textual concreta que me permita defender que él la conocía. Es apenas un ejercicio de interpretación.

Retrocedamos, por un momento, una veintena de siglos.

Si bien su origen es un misterio, al día de hoy por consenso se acepta que en la confluencia de religiones orientales (por caso, el deísmo persa), de la filosofía griega y del judaísmo, en el proceso histórico que luego deriva en el cristianismo, se estableció una pugna entre diversas versiones de la presencia del Hijo de Dios en la Tierra.

Simplifico. Mientras los a posteriori cristianos defendían que Cristo era el Mesías que llegó, luchó, murió y con su resurrección redimió a la humanidad, otro grupo de cristianos –denominados gnósticos, luego herejes y siempre acusados de defender postulados de tono judío- argüían que si bien era factible que Cristo fuera un enviado, un ungido, era imposible establecer que se tratara del hijo de ningún dios único y todopoderoso porque el conocimiento de ese dios era inalcanzable.

El gnosticismo es una filosofía, y una teología, que resuelve de manera brillante el problema de la existencia de Dios proponiendo el principio del ´dios desconocido´ (en inglés, ´alien god´, el dios extraño). Dicen: tal vez exista un dios creador y omnipotente pero el ser humano no puede conocerlo. Ese dios se encuentra retirado, alejado, distante y no está interesado para nada en este mundo gobernado por funcionarios enloquecidos, seres menores y terribles -los arcontes- responsables de la pervivencia del mal. Ahora bien, qué camino debe o puede tomar el ser humano para tender siquiera a aquel ser superior. El camino es indirecto. Por inalcanzable, al hombre le resta indagar en lo creado los rastros de la tarea de esa extraña divinidad desconocida. En la naturaleza y en el interior de cada uno, el ser humano debe (o puede) buscar el conocimiento de lo divino. En el autoconocimiento, es decir, en la búsqueda de esa inaprehensible ´chispa divina´ que cada uno tiene, debe colocarse el objetivo del lento e imposible perfeccionamiento humano. Tal vez exista un dios único, tal vez exista una verdad, busquémoslos aunque nunca los alcancemos. En ese camino está el acceso al conocimiento, a la gnosis.

La forma de pensar gnóstica –sustentada en el principio del dios desconocido– es una maquinaria efectiva, luminosa y atroz porque tiene, al menos, dos consecuencias intelectuales. La primera es la paranoia: una vez alcanzado cualquier principio, es posible suponer que detrás de ese existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es ahora sí y finalmente el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente y ahora sí el dios desconocido y así al infinito. La segunda consecuencia intelectual es la anarquía especulativa: apoyados en la idea de que siempre habrá un principio ulterior y desconocido al que se puede apelar, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de la existencia de ´una verdad´ (la ortodoxia) y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas.

Este instrumento basado en la sospecha intelectual tiene su leyenda negra en el pensamiento occidental, pero –me interesa remarcar ahora- de esa fuente, con el transcurso de los siglos, surge el anarquismo.[xiv] “El anarquismo, como filosofía social, tiene una larga prehistoria, que puede remontarse a Lao-tsé y el taoísmo en China, a los sofistas y cínicos en Grecia, y que no deja de comprender durante el Medioevo y el Renacimiento, diversas manifestaciones del Cristianismo sectario y heterodoxo.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista).[xv] Además de la tarea intelectual crítica y de raigambre netamente política, gnosticismo y anarquismo coinciden en la defensa del pensamiento libre, en el rechazo de toda jerarquía y en la concepción de que las instituciones (la Iglesia para unos, el Estado para otros) es la concreción del mal en la Tierra ya que responde solo a la ambición de poder. El ser humano necesita conocerse para agruparse. No necesita –excepto para dominar a otros- crear instituciones externas que consoliden su vacío interior.

Retorno a nuestro pasado inmediato.

5.-

Eduardo ponía en serie los dos ciclos de Polo junto al proyecto inconcluso. En un sentido análogo, el paradigma imaginativo gnóstico (gnosis, conocimiento) permite explicar esa secuencia narrativa: se pertenece a dos mundos; hay un más allá, un otro lado, desde donde viene el mensajero y hay un acá al que arriba; al llegar a este lado, el extraño visitante no encuentra su lugar, es rechazado (el ´síndrome del visitante inoportuno´) y, en consecuencia, necesita conocer –aprender– para entender su situación en este mundo despiadado. Uno de los tópicos recurrentes del gnosticismo es considerar al autoconocimiento como una lucha en la que el sujeto busca salir del estado de estupor, de narcolepsia, de obnubilación, de estar dormido que supone vivir en este mundo terrible al que ha sido arrojado –un mundo en el que reina el ruido. Conocer y conocerse es despertarse, es mantenerse despierto en un mundo fatal.

A la luz del esbozo de un posible paradigma anarco-gnóstico, las declaraciones de Polo en aquella última entrevista de 1995 adquieren un sentido diferente –sea la paranoia, sea la perspectiva conspirativa, sea la necesidad de diversión [xvi]

“Me aterroriza cómo va todo. Estoy en Parque Saavedra y pienso que lo van a hacer mierda, estoy en la calle Corrientes y lo mismo. Son como ataques de paranoia que tengo. Siempre tuve depresiones fuertes, después de períodos de mucha actividad. Me pongo muy mal. Me desespero, tengo crisis de odio, de dolor. Estoy en un momento de replantearme cosas, de intentar encontrarle un sentido a todo este juego que a veces se me aparece absurdo.” (Abdala, 2001)

“Esa es la sensación que tengo del poder. Me da miedo. […] Hay que estar despierto, preparado, y vivir a tope con la gente que uno quiere. Divertirse y comprometerse realmente con lo que uno hace. Esto en algún momento tiene que cambiar y no hay un solo camino, porque los problemas son tantos… Y es necesario que haya aportes distintos, de todos. […] Estoy tratando de ver cómo se hacen las cosas bien. No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995)

´Terror´, ´angustia´, ´odio´, ´dolor´, ´depresión´, ´paranoia´, ´miedo al poder´, ´despertarse´, ´divertirse´, son elementos que se corresponden con una mirada gnóstica. Es, además, propio de un hereje afirmar, luego de haber militado y de haber sido líder de la Federación Juvenil Comunista (ligada al Partido), ´no tengo una ideología´.

Queda de mi lado, traducir ´no tengo una ideología´ por ´no tengo ortodoxia política´. Según Montero y Portela (Polo, el buscador, p. 27), ´Polo nunca se arrepintió de su militancia en la Federación´. En una entrevista de 1994, reconoce que en su adolescencia quería hacer la revolución y no asocia eso a su inexperta juventud, sino a un deseo profundo:

“No creo que la acción política sea una cuestión de la adolescencia. En todo caso, en ese momento diferencié cierto espíritu de la militancia trasladado a otros campos. Parecía que lo único importante era convencer, convencer, convencer. Hay algunos que emplean el 90 por ciento de su tiempo en eso y les queda muy poco tiempo para aprender y conocer.” (Polo, el buscador, p. 27-28)

“Pìenso mucho en esa época, los problemas eran la confianza ciega en un discurso y el querer convencer a los demás. Esa idea de decirle a la gente lo que tiene que pensar del mundo es una locura. Por suerte me curé de determinado tipo de fe y de andar juzgando y calificando a los demás. Ahora trato de entender…” (Polo, el buscador, p. 28)

En esas declaraciones de 1994 –que ubican al marxismo en el ámbito de la fe (y nuevamente puede verse ahí la crítica a la ortodoxia) y que insisten en la necesidad de ´conocer´ y de ´aprender´- no hay arrepentimiento, pero este sí aparece, matizado por la duda, en la última entrevista, en 1995. El movimiento argumentativo de Polo añade una crítica a la política tradicional: “La política de los profesionales, ésa sí que no me interesa. Y a la gente le pasa lo mismo. La gente se expresa, sobrevive como puede. Pero ya está cansada de que le hablen de boludeces. Yo en una época milité, pero hoy no estoy seguro de que esté bueno poner todas las esperanzas en eso.” (Abdala, 2001) Abdala y Bembibre no incluyen este pasaje en la edición de 1995. Recién en 2001, cuando la primera publique en Página ̸12 fragmentos inéditos, el cuestionamiento de Polo se hace presente.

En el aspecto positivo de la cuestión, en la versión de 1995, Polo defiende su trabajo en televisión como si se tratara de militancia individual

“…siento que hago política con mi programa. Yo, trabajando, ejerzo un poder, pongo mis capacidades al servicio de todos. No me interesa la política de los profesionales, me interesa ésta. Porque yo estoy a favor del desarrollo y del progreso pero me parece imperdonable que se plantee un modelo de vida que excluye a la mayoría. La gente está angustiada, putea, porque los que tienen las palancas no parecen tener buenas intenciones: hay muchas cosas que se hacen por interés, por ambición desmedida, y eso es muy jodido.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Se queja Polo: “…no soporto que los tipos que tienen un oficio noble, un ceramista, un carpintero, mueran en manos del plástico coreano. Hay una cultura popular en la Argentina… laboriosa injustamente hecha mierda.” (Abdala – Bembibre, 1995) Y sueña Polo:

“Mi ideal del mundo deja que las personas puedan rotar en sus actividades, en donde el trabajo manual e intelectual se entiendan como una misma cuestión, donde no hay personas que piensan y organizan, y personas que obedecen y fabrican: que un tipo pueda hacer el trabajo pesado a la mañana, después al mediodía cocinarse, y a la tarde leer, escribir, y después barrer la vereda, y a la noche ser carpintero, y de trasnoche borracho, o jodón, o colectivero. Tengo ganas de vivir mil vidas.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más allá de la ausencia de una explicitación de Fabián acerca de su anarquismo, ese mundo ideal se ofrece como el humus para que germinen mis especulaciones. En consecuencia, una manera de darle mayor entidad a mi sospecha es aceptar que el compendio de las siguientes ideas políticas de Polo aproximan las redes al río del anarquismo y las aleja del comunismo (en su variante marxista). Enumero:

a) defensa de la ética, de la responsabilidad y de la libertad individual;

b) insistencia en conocerse, conocer y aprender (la educación es eje de la sociedad según la filosofía anarquista);

c) defensa e interés en la interacción con la naturaleza (el autoconocimiento, con raíces, entre otros, en el pensamiento gnóstico, supone una relación diferente con el mundo exterior y propone así un alerta frente al uso negligente de la tecnología)[xvii];

d) búsqueda de la autosubsistencia;

e) defensa del ´trabajo noble´ sin esclavizar, ni oprimir a las personas y en beneficio de la comunidad;

f) alternancia entre trabajo manual, intelectual, artístico; derecho al placer; [xviii]

g) rechazo de la vida burguesa (a la posesión excesiva –Polo dice estar luchando contra el apego a los objetos [xix]-, a la adoración del confort y al tiempo regulado desde fuera sobre el individuo [xx]);

h) ataque a la jerarquía –basada en las instituciones- que estructura la mayor parte de las ingenierías sociales conocidas; rechazo de la política tradicional.

Hasta donde conozco, la única evidencia concreta acerca del anarquismo intrínseco a la mirada de Polo son las palabras de Alfredo Casero:

“Polo fue una de esas personas que tuvieron que vivir con la utopía extraña de querer ser solamente si se puede hacer lo que uno quiere. Él se metía en el culo de la gente porque no se bancaba a esta horda capitalista que obliga a los poetas a trabajar para Coca-Cola o a ser empleados municipales, no se bancaba este sistema que te destruye los sueños… no aguantaba eso. […] Polo, de alguna manera, es una especie de bandera para la generación a la que el poder quiere hacer mierda. […] Pero hay gente que por debajo está haciendo la guerra, gente que un día puede no dar más y renunciar… Polito me dijo una vez: ´ésta es una guerra entre japoneses´; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea… Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda: ´¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!´, pero tenía algo de cierto…Y a los rebeldes casi nunca les va bien” (Polo, el buscador, p. 191-192)

Si retornamos con esos parámetros al Polo periodista de la época previa a su exilio en el Tigre, su mirada crítica, hereje y, se podría aventurar, anarquista en ciernes, resuena en la denominación de la propia práctica –y de la de sus compañeros de programa- de ´anti-periodismo´

“Lo que caracteriza a nuestro trabajo, además de cierta improvisación, es el aspecto que tiene de producción independiente. […] Independiente de los canales, es decir, lo único que nos ata a nosotros que hacemos El otro lado con el medio es… el producto de artística que sale al aire. No tenemos pantalla asegurada, no somos dueños ni estamos dentro de la estructura del emisor, que es el canal, ni tampoco estamos dentro de la negociación televisiva, de comercialización, ni publicidad, ni chivos, ni nada por el estilo. Es decir, nos hacemos cargo de los 45 minutos de artística que tiene nuestro programa y con eso tratamos de tener nuestro espacio de expresión. […]… en nuestro programa estamos haciendo una suerte de antiperiodismo, si se quiere. [..] Con lo de antiperiodismo me refiero a que le huimos, en algún sentido, a la noticia. Pero no sólo a la noticia de actualidad, sino a convertir en noticia lo mundano.”[xxi]

Ese ´nosotros´ utilizado por Polo nos recuerda que, más allá de que con el paso del tiempo él atrajera las luminarias, su tarea en televisión habría sido imposible sin esa comunidad, sin esa cofradía que le permitió destacarse. El grupo compuesto por personalidades afines, en confraternidad, con un objetivo común y cerrado a los intereses de las corporaciones (de un poder central), aunque no solo, pertenece al imaginario anarquista.

{Fin de la primera parte}

{Este escrito que usted lee -qy ue conoce una versión primitiva– no es un caso de crítica textual. No me propongo analizar de qué manera las ´fuentes´ de las que me valgo (o, al menos, algunas de ellas) mistifican un objeto de estudio, o de interés, en favor de una idea previa (o de ninguna, apenas de la técnica que lo constituye). En el segmento inicial, reordeno material bibliográfico conocido con el objetivo de añadir una eventual nueva línea narrativa a la historia de vida de Fabián Polosecki. En el tramo restante, utilizo esa ´otra historia´ para poner en discusión la recurrencia de una matriz intelectual e ideológica que disuelve posturas y ̸ o propuestas políticas delirantes, recalcitrantes, herejes, en el diagnóstico clínico.}

Segunda parte

6.-

En el episodio ´la avispa atrapada´ -si es válida mi sobre-interpretación- Polo demuestra, con ese pequeño gesto, su pacifismo místico: “Esta se cree que vive acá… Hay que dejarla, no asustarla…” (Abdala – Bembibre, 1995). Como dije, según cuenta Polo, al cazarla al vuelo imitaba a Marlon Brando en Apocalypse Now! [F. F. Coppola, 1979]. Esta cita fílmica durante la postrera entrevista tiene, al menos, una explicación. La película de Coppola había sido el modelo audiovisual del último programa en el Tigre del ciclo El Visitante.

Gustavo Alonso piensa el devenir vital de Polo desde el film: “Para mí, Polo en el Tigre es Apocalipse Now! [sic], pero esta vez es Polo el que va a buscar al Coronel Kurtz y termina colgado de Eduardo. Así está expuesto en ese último programa de El Visitante, aparte de citas y de algunos guiños desde lo estético con la película de Coppola…” (Polo, el buscador, p. 178-179) Y no es el único que establece una conexión de ese estilo. Ricardo Ragendorfer da un paso más allá (o más acá) porque pasa del cine a la literatura: “Y en el Tigre [Polo] no tenía luz ni televisión, llevaba la vida de un personaje de Joseph Conrad.” (Polo, el buscador, p. 173) Como se sabe, la trama también mística de Apocalypse Now! está tejida sobre el argumento de El corazón de las tinieblas [Heart of darkness, 1899].

Una vez desenredada la madeja por el lado de Apocalypse Now!, e hilvanada por el lado de Conrad, las puertas de lo inverosímil o de la ficción se abren de par en par.[xxii] En principio, algunas azarosas coincidencias. Joseph Conrad –nacido el 3 de diciembre de 1857- era polaco y, si bien no partidario, estuvo interesado en el anarquismo. En su novela El agente secreto [The Secret Agent, 1907] un grupo de anarquistas, entre los que se destaca el personaje del Profesor, conspira para colocar bombas en Londres.

Fabián reconocía que el exceso de trabajo le había impedido, entre otras cosas, leer más. Uno de los autores señalados como de lectura futura era Ricardo Piglia (Abdala, 2001; [ver nota 18]).[xxiii] Ignoro si alcanzó a leer algún texto de ese escritor, en su juventud también militante comunista, y, como Fabián, también colaborador de la revista Fierro, pero, sin depender del dato concreto, en esa afinidad futura, la intuición de Polo parece haber jugado el partido correcto.

Un ejemplo histórico –y, para este caso, funcional- de un anarquista que conjuga su convicción política con expansiones religiosas es el “…[de León] Tólstoi que intentó basar su concepción anarquista en el cristianismo y en la fe, adogmática y antieclesiástica, en el Dios evangélico.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista). El escritor ruso funciona como un perceptible, aunque lejano, modelo del recorrido de Polo: renegó de su obra literaria, defendió principios naturistas, enalteció el vegetarianismo y la no-violencia, abogó por el trabajo manual, se retiró a vivir a una parcela de tierra entre campesinos (nunca dejó de visitar su familia), preparó textos educativos, enseñó a los hijos de esos campesinos, utilizó jardines como aulas. Atravesó fuertes crisis espirituales. Murió en 1910 a los 82 años. Su tumba rebosa de flores.

Tólstoi importa –además de por ser un eventual modelo- por indicar, entre desvíos y huellas perdidas, un inesperado sendero hacia el anarquismo místico de Polosecki.

Piglia retoma la impronta del Tólstoi ´vagabundo místico´, profeta, defensor de la pobreza, del ascetismo, de la no-violencia, maestro de Ludwig Wittgenstein y de Mahatma Gandhi, en su novela El camino de Ida [2013]. Una de las principales líneas argumentales de esta novela –en la que Tólstoi es el prisma anarco-místico- es la historia de Thomas Munk. Munk es un personaje de ficción que enmascara a Theodore John Kaczynski. Kaczynski, más conocido por el mote que le colocaron las fuerzas de seguridad estadounidenses (a las que desorientó por décadas), es el Unabomber. Y el Unabomber –sea el Munk de la novela, sea el Theodore que pasa sus días en una prisión de Colorado- urdió su biografía con los trazos que Conrad utilizó para delinear El agente secreto.[xxiv]

Kaczynski nace en 1942 en Chicago en el seno de una familia de polacos inmigrantes. A los 16 años ingresa a Harvard a estudiar matemáticas. A los 20 años se gradúa. Es considerado poco menos que un genio. A los 25 obtiene un cargo como profesor asistente en la Universidad de California [Berkeley]. A los 26 se retira de la carrera académica. Entre los 29 y 30 años, se va a vivir a Lincoln [Montana] al medio del bosque y a kilómetros del poblado más cercano. Allí construye su propia cabaña y de lo que le ofrece el contexto, se alimenta y subsiste. Vive también de sus clases en una escuela de pueblo y de sus estudios a los que nunca abandona. A partir de 1978 –si aceptamos que es efectivamente el autor- comienza a enviar ´cartas-bombas´ a distintos destinatarios entre los que se cuentan lobistas madereros, directores de empresas de aviación y destacados y encumbrados académicos. A causa de los envíos, mueren tres personas y resultan heridas más de veinte. Kaczynski consideraba a esa violencia absoluta el instrumento para hacerse escuchar entre el ruido de una sociedad enferma de irracionalidad y gobernada por los mass media.

El 19 de septiembre de 1995, los periódicos The New York Times y The Washington Post, publican al unísono La sociedad industrial y su futuro [Industrial Sociey & Its Future], extenso artículo más conocido como Manifiesto de Unabomber. El texto sintetiza su postura anarco-primitivista: la Revolución Industrial, en los últimos dos siglos, ha llevado la civilización occidental al desastre y los responsables primarios del funcionamiento del sistema industrial-militar –injusto, violento, agresivo con la naturaleza- son los tecnócratas que anidan en las universidades en connivencia con las grandes empresas y con los militares. No existe una receta, no hay una única solución, pero el ´sistema socio-económico´ debe ser destruido o, cuanto menos, detenido en su avance. Es necesaria una revolución no política, sino estructural contra las bases económicas y tecnológicas. La alternativa es el retorno a una vida menos nociva para el entorno, en contacto con la naturaleza y en la que la tecnología, en tanto instrumento de control y opresión, sea dejada de lado. A modo de ejemplo, el primer párrafo del Manifiesto reza:

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países ´avanzados´, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer Mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación.”[xxv]

Kaczynski, cuando estudiante, formó parte de un grupo selecto de universitarios con los que se experimentó. La universidad de Harvard y las fuerzas militares de los Estados Unidos, con la excusa de fomentar grupos de discusión sobre filosofía, administraron a jóvenes drogas sintéticas y los expusieron a momentos de tensión y de estrés para observar cómo reaccionaban ante situaciones límite. El proyecto destinado a perfeccionar el control sobre el pensamiento es uno de los disparadores del odio de Theodore contra los tecnócratas universitarios. Esta historia negra del uso de drogas para indagar en el funcionamiento de la mente, es el reverso de lo que sucedería durante la década de los sesenta en los Estados Unidos con el auge de la contracultura hippie y en el contexto de la Guerra de Vietnam, con la lucha por los derechos de la comunidad negra y de las mujeres, etc. La marihuana y el LSD fueron inescindibles de los movimientos políticos estudiantiles que lucharon por la libertad, en general, y por la libertad a expresarse, en particular. El uso de esas sustancias permitió una apertura hacia paradigmas espirituales no-occidentales, y así el misticismo se entreveró con la política. Hubo voces –conservadoras- que discordaron sobre la factibilidad de ese cruce. Pero otras defendieron la parada. Hacia 1966, y en el marco de este debate, Susan Sontag [Estilos radicales, 1969], afirmaba: “…no existe incompatibilidad entre la exploración del espacio interior y la lucha por la mejora del espacio social.”[xxvi]

Kaczynski –después de haber formado parte de los grupos de experimentación- fue profesor en Berkeley al mismo tiempo que hervían los campus universitarios y vio de cerca el devenir del movimiento contracultural. Concluyó que frente a la maquinaria y al entramado perverso que sostiene el ´sistema´, la salida para evitar la disolución de la lucha era dejar de lado los proyectos colectivos y actuar en soledad bajo el supuesto de que otros individuos también aislados comprenderían el mensaje que estaba enviando. Reunirse era abrir la puerta a infiltrados, a traidores, a arrepentidos.

Kaczynski no logró, obviamente, detener el ´sistema´. Sus acciones apenas si alcanzaron para que, una vez publicado el Manifiesto, su hermano reconociera la autoría y lo delatara a las fuerzas de seguridad. La condena infinita que recibió el denominado Unabomber en 1998 se basó en el argumento despolitizador habitual de los tecnócratas: ningún individuo puede hacer la revolución aislado; si Kaczynski trabajó solo no es porque fuera un revolucionario solipsista, sino porque estaba loco, era un paranoico, un esquizofrénico, un psicótico.

Theodore Kaczynski –y eso es, por supuesto, retomado por Piglia para construir a Munk en El camino de Ida– hizo de El agente secreto su libro de cabecera, del personaje del Profesor su modelo, de Conrad su profeta.

Otro sujeto descendiente de polacos, también místico, en ciernes anarquista, casi aislado, por la época en el que el Manifiesto aparecía –mediados de 1995- comenzaba a cruzar su vida con Conrad, y esta era una línea más en la trama del complejo personaje que urdía.

Eso sucedía bien al sur. [xxvii]

7.-

El Thomas Munk de Piglia –en ´munk´ se cifra el monje, el asceta, el místico- defiende la acción solitaria, la conspiración personal, individuos aislados que conforman un ejército invisible para una guerra secreta.[xxviii] Del breve cuadro de Alfredo Casero sobre Polo se desprende la imagen de un anarquista solitario que resiste ante una ´guerra entre japoneses´. Guerra entre japoneses, dicho desde Argentina, remite -si no comprendo mal- a una lucha entre bandos cuyos intereses nada tienen que ver con el de gran parte de la sociedad. En ese enfrentamiento sin sentido, Polo sería una bandera de resistencia para quienes llevan adelante otra guerra, esta vez subterránea. Dice Tomás Abraham: “…se nos adelantó, porque parecía un solitario… Espero que Polo sirva para… descubrir a nuevos tipos que están solos y miran…” (Polo, el buscador, p. 191).

Reproducen los tecnócratas a cargo del juicio que en su diario personal –en el que escribía en códigos diversos, mezclados con el castellano- Kaczynski pensaba en la posibilidad del suicidio. Sabía de la lucha terrible que iba a enfrentar y conocía el viaje sin retorno que significaba asesinar. También, imposible no sufrirlas, era presa de fuertes cataclismos espirituales y de confianza. Aun cuando tengamos una imagen más benigna, conforme avanzó 1996, Polo llegó a un estado de crisis tan profundo que, en palabras de Viviana, su compañera, “… [Fabián] o se mataba o mataba a alguien.” (Polo, el buscador, p. 181).[xxix] Marcelo Birmajer define esa violencia contra sí mismo en términos que, en este contexto, resuenan por su densidad: “…su decisión es un misterio, casi una bomba de efecto retardado que se activó en su pasado.” (Polo, el buscador, p. 184)

En lo terrible o en lo afable, una matriz –con las variantes esperadas- se repite. Theodore como Fabián, cada uno desde su lugar, alcanzaron la cúspide profesional. Y se horrorizaron. Huyeron de esos espacios absurdos pensando en cuál sería un camino posible para la revolución. Kaczynski vio la connivencia delictiva entre Universidad, Ejército y Mercado en búsqueda de un patrón de conducta que les permitiera –como de hecho permitió y permite el ciber-desarrollo- manipular consumidores bajo un manto de inocencia.[xxx] Polosecki estuvo en el centro del huracán audiovisual y salió asqueado.[xxxi] Intentó –como un camino a medias- unir el retiro con hacer televisión de otra manera. Redunda decir que se rieron de él y que no lo dejaron. En el Manifiesto, Kaczynski -quien actuó solo- reconoce la configuración ya individual ya grupal del anarquismo (oscilación también presente en Polo): “El anarquista también busca el poder, pero lo busca en bases individuales o de pequeños grupos: quiere que estos sean capaces de controlar las circunstancias de sus propias vidas. Se opone a la tecnología porque hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones.” En ese texto ataca la forma de vida burguesa, la televisión, los programas de entretenimiento, etc. En particular, el Manifiesto va contra la izquierda política (un lastre para la revolución): “El izquierdismo es inverosímil que nunca renuncie a la tecnología, porque la tecnología es una fuente demasiado valiosa del poder colectivo.” A la mutación de la fe en el marxismo por la fe en la naturaleza de Fabián, ya me referí. Dice Kaczynski en su Manifiesto: “…puede ser útil incluir un elemento religioso en la rebelión contra la tecnología… La cosa más cercana a una religión fuerte, extendida y dinámica que occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras, unificadas e inspiradas. Así, hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse por una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología. […] Algo semejante a una religión inventada… sería un fracaso.”[xxxii] La convicción y la integridad fueron los lemas del polaco-norteamericano (el recurso de la violencia es un punto a discutir como en todas las revoluciones); la ética y la responsabilidad, los del polaco austral. En la versión de Piglia, Munk defiende una vida múltiple: “La subjetividad del anarquista es variable. Su discontinuidad es un hecho que Kropotkin explica como la ´resultante´ de una serie de unidades autónomas y de secuencias que la componen simultáneamente. Nuestras más íntimas memorias, nuestros más íntimos sentimientos, nuestras formas de vivir son múltiples.” (El camino de Ida, p. 275). Polo había dicho en diciembre de 1995: “Tengo ganas de vivir mil vidas.” Para su hermano Claudio –que reconocía en él a ´un joven brillante y talentoso´-, Polo vivía en medio de “realidades inventadas” (Polo, el buscador, p. 178). Diego Lublinsky, a cargo de la realización de El Visitante, pasado el tiempo, entiende a su compañero de trabajo. Recordaba Irene Bais, productora (y ya ida, lamentablemente, de este mundo): “Y me acuerdo de una frase de Diego, que dijo: ´Él me pedía un mundo a la medida de su fantasía. Recién ahora me doy cuenta de lo que quería´.” (Polo, el buscador, p. 183)[xxxiii] Por esas vidas múltiples que deseaban, ambos buscaron espacios agrestes. Ambos, en la tradición anarco-esotérica de la gastrosofía, fueron buenos cocineros. Nada de todo eso importó o, mejor, acaso por todo eso, Ted y Polo fueron diagnosticados –en uno para acusar, en el otro para justificar- de esquizofrénicos, de locos. Como dije o di a entender, Kaczynski se opuso de forma tajante a ser declarado ´insano´ por los tecnócratas psiquiatras; sabía que de esa manera se relativizaba, se neutralizaba su discurso, su llamado, su propuesta política. [xxxiv]

Hay un punto, por supuesto, en el que se diferencian y que no es menor: hacia dónde y hacia quién o quiénes dirigieron su violencia.

8.-

Tomás Abraham reconoce la fascinación que despierta la muerte trágica de Polo pero insiste en atender ´la obra´, ´la obra´. Polo es una obra que pervive. Por eso pareciera que a través de sus programas camina sin cesar por los mismos e infinitos lugares que recorrió. Nos habla hacia acá desde el más allá que es la imagen audiovisual. Para Polimeni, Polo continúa enseñando a hacer televisión desde la tumba. Como si se tratara de un antiguo alquimista, en su ´opera philosophica´ está la fuente de la eterna juventud. Polo merodea este mundo con su sonrisa y con su belleza angelical siempre en sus treinta y pico de años. Polo, eternizado en las cintas que lo reproducen, pregunta y escucha. Polo eterno, fuera del tiempo. Abraham lo denominó “un adelantado”, y lo instaló así en el futuro, acaso nuestro presente –un presente distópico en el que la guerra contra el poder es orquestada por individuos aislados.

En su obra audiovisual existente, el pasaje del fantástico a la ciencia ficción –de El otro lado a El Visitante– muestra la mutación de Polo desde el viejo paradigma del escritor al nuevo del ícono cibercultural. Los rasgos de ciencia ficción presentes en el marco ficcional de El Visitante son consecuentes con el tópico gnóstico que anida en el corazón de la idea: la llegada del ser extraño (“Cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.”) [xxxv] En esa ficción introductoria, que con el paso de los programas se diluye, el protagonista –algo así como un documentalista amateur, pero no un periodista [ver nota 21]- sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ (producto de alteraciones psicológicas propias de inadaptados sociales). Es un mundo amenazante. La radio se refiere al síndrome en términos de cura, de control. El personaje deambula en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico. Es un sobreviviente, un solitario encerrado en su departamento. Ha viajado mucho, ha filmado mucho y durante mucho tiempo. Observa esas viejas cintas vhs –su memoria- con el deseo de ordenarlas. Los espectadores vemos lo que él ve mientras revisa su trabajo previo. El ojo del visitante, y de donde emerge el nombre del ciclo en caracteres rojos en la presentación, es un ojo irritado, robotizado, sanguinolento. “¿Visitante, qué creés que ves con tu pequeña cámara? ¿Creés que alguien quiere ver lo que tú ves? Las caras de la gente son como adivinanzas. ¿Resolviste alguna vez el acertijo? Visitante sin tu cámara estás ciego o ¿acaso creés que sos vidente?

Polo habitante de la iconosfera. Polo ícono cibercultural, pero un ícono díscolo, rebelde, hereje frente al poder de los mass media.

Casero también lo sitúa en el futuro. Cree que Polito reaparecerá (reencarnará) en alguna vieja idea. Y es posible que esa ´vieja idea´ sea la semilla anarco-gnóstica de un reconocimiento dual: en el mundo las cosas van mal; la situación debe ser modificada aunque, más allá de un retorno a lo natural, nadie sabe bien cuáles son los caminos concretos (o se saben y no se podrían ni empezar a pronunciar).

Si bien disímiles en su intensión y en su intensidad, Polo y Theodore evitan ofrecer soluciones fáciles a los problemas actuales. Fabián en ese diciembre de 1995 reconocía la ausencia de un plan previo al que respetar. Repito sus palabras: “No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995) Por su parte, en la versión de Piglia (El camino de Ida, p. 229), Munk lee en El agente secreto de Conrad la necesidad de ir contra el centro del poder sin proponerse pontificar con lo que es necesario hacer después: “Nadie puede decir qué forma podría asumir en el futuro la organización social. Por qué complacerse entonces en fantasías proféticas.”

Dos desesperados y sinceros buscadores; dos descendientes de polacos, místicos y anarquistas; dos biografías, en algún punto, aciagas; dos seres lúcidos que terminan aborreciendo el poder corporativo (y la tecnología); dos vidas que solo parecen cruzarse en este inclasificable texto; dos solitarios, con diferentes roles en el mismo e invisible ejército

“Somos individuos dispersos, metidos en los bosques, perdidos en las grandes ciudades, sujetos en fuga extraviados en las praderas. Estamos aislados pero somos muchos. Hemos pasado de la masa a la manada. Ésa es la nueva situación política: dispersión, retroceso… Kropotkin…, el brillante teórico anarquista, llamaba consistency (consistencia) a la energía que mantiene ligados a los hombres en situación de acoso y de peligro. Unidos en la dispersión… estos grupos en fusión cambian constantemente: de dirección, de dimensión, de territorio, de velocidad.” (Piglia, El camino de Ida, p. 274)

Tal vez esa bandera que es Polo flamee enhiesta entre las manadas dispuestas a futuras batallas contra el caos –en verdad, contra el extremo e injusto vacío- de la sociedad actual. Por medio de su muerte (inevitablemente dolorosa para los de aquí) -al igual que aquel otro polaco, pero con diferente método- este polaco del sur también logró ser escuchado.

Polo es hoy una clave, y sería deseable que no solo para activar repetitivos homenajes.

[Tandil – 06 al 13 de noviembre de 2014]

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“Apéndice: ‘El Zorro’, en Radiolandia y (acaso) por Polo”

Aunque en Radiolandia 2000 las notas no se firmaban, excepto si eras grosso, es lindo pensar que en la edición No. 3069 (año LVI) del diez de julio de 1987 coinciden el nombre que aparece como colaborador en la columna rectangular a la derecha de la hoja y el que tecleó una nota sobre un héroe que, a solas con su espada, fue el terror de siniestros villanos. Voraz lector de cómics en su infancia y más tarde pluma a pura tecla en la mítica Fierro, es verosímil que lo haya imantado el personaje en cuestión. El único dato textual fuerte para sospechar que es de su autoría son los nombres de los hermanos al inicio. Polo, según creo, se enmascara utilizando su primer nombre y no Fabián (y comete, además, un leve trastoque de identidades). De acertar con mi intuición, este texto sobre un justiciero solitario y que, en un mundo pre-capitalista lucha por ´una causa justa en favor de un pueblo oprimido´, sería un bastante diluido indicio del anarquismo intrínseco a su mirada. De estar equivocado (el texto bien puede pertenecer a Pablo De Santis, redactor de la revista, o a cualquier otro, en fin), será solo rectificarme y pedir disculpas. En nada lesionará, creo, lo escrito anteriormente. Para ustedes, entonces, ese primitivo texto de Polo.

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TEXTO SECUELA: Polosecki, el suicidio de un disidente

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Notas

*Si desean acceder al material audiovisual de Polo disponible en la web: Archivo Polosecki

[i] Abdala, Verónica – Bembibre, Cecilia. “No me da miedo que el programa termine”, Página ̸12, Segunda sección de Espectáculos, 17-12-1995, pp. 4-5.

[ii] No pretendo discutir o revisar la existencia de una enfermedad o de un desorden mental en Fabián. Es necesario, sin dudas, respetar el conocimiento que de él tuvieron sus seres más próximos y cuya muerte conmueve hasta el presente. En este texto, pienso a Polo en tanto ´ícono´, ´clave´, ´bandera´ de quienes se enfrentan al status quo.

[iii] Abdala, Verónica. “La lluvia es hermosa porque trastueca los planes”. ´Los tramos inéditos de la última entrevista de Página ̸12 a Fabián Polosecki´. Página ̸12, 24-06-2001

[iv] Link del documental en Youtube

[v] Agustín Salem sobre El aprendiz: “A mí me pareció muy copado todo el proyecto, me parecía bárbaro porque… parecía un paso lógico…” (Polo, el buscador, p. 176)

[vi] Acerca de las “coincidencias” que menciona Polo, en la versión larvaria de este texto hago una lista de las que se le atribuyen o se le aproximan y que no voy a repetir aquí. Ver “Polo místico

[vii]  El aprendiz no era el único proyecto en danza. Dice Eduardo: “Y después había otra idea que era generar un ciclo desde la perspectiva enciclopédica, para darle nuestra propia lectura a las palabras. La palabra ´agua´ iba a ser fundamental, ´corrupción´ también.” (Polo, el buscador, p. 176). Polo intentó imponer su impronta en la televisión, y chocó contra un muro inconmovible. Por su parte, Alejandro Chernov refiere una nueva idea: “…quería armar un programa de televisión donde cada uno hiciera un corto: yo en ese momento estaba obsesionado con el clima… Y Polo me propuso que escribiera un corto sobre ese tema…” (Polo, el buscador, p. 177)

[viii] Carlos Polimeni, “El otro lado de Poloˮ, Página12, 17-06-2001.

[ix] “Yo no quiero ser un artista en el sentido de tener la necesidad de un público para vivir, no puedo orientar mi vida al hecho de que siempre haya alguien ahí para aplaudirme. Me parece una vida muy dura, muy sacrificada. […] Nunca busqué hacer carrera en televisión. Cuando no tenía laburo, simplemente no tenía laburo. Cuando conseguí, lo agarré y lo hice lo mejor que pude.” (Abdala – Bembibre, 1995)

[x] Ver  “Polo místico

[xi] Martina, quien fue novia de Polo, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza. Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico. Ver “Polo místico”.

[xii] “Siento que necesito un tiempo para procesar las cosas que vi en estos años de ‘éxito’ y para terminar de entender a las personas que conocí. Necesito también terminar de entenderme a mí mismo. Por eso siempre digo que todo lo que soy no está en mis programas, y a la vez sí.” (Abdala, 2001)

[xiii] Un referente intelectual es el filósofo alemán Hans Jonas y su tesis doctoral sobre religión gnóstica. Discípulo de Martin Heidegger, Jonas emigró de Alemania durante el nazismo. En la academia estadounidense, Harold Bloom –discípulo de Jonas- reúne crítica literaria y cábala (influida por el gnosticismo). Bloom, aunque de corte más aristocrático, es un revulsivo frente a las ortodoxias teóricas en los claustros universitarios (que han conducido la disciplina –añado- a un enorme estómago que produce casi siempre vómitos semejantes).

[xiv] Así como incide también en el arte contemporáneo, en la psicología de Carl Gustav Jung, en el feminismo, etc. Por la importancia de la Sabiduría (Sophia) y por la defensa de una divinidad finalmente andrógina, el gnosticismo sumó a su recalcitrante postura contestataria –anti-institucional- frente a la naciente Iglesia cristiana, la defensa del rol de la mujer. Esto, sin dudas, acentuó el carácter herético de su pensamiento a los ojos oficiales cristianos siempre misóginos. Ver Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos [1979].

[xv] “El anarquismo se propagó al modo de las antiguas herejías, como una urgencia espiritual que impulsó el ideal de emancipación madurado durante la Revolución Francesa… Quizá porque los anarquistas fueron los albaceas más fieles de los afanes jacobinos, tanto como correas de transmisión de la antigua llamada milenarista, pudieron transformar el lema de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el trípode de una mística poderosa. El anarquismo transmitía un linaje de resistencia…ˮ. (Christian Ferrer, ´Sobre los libertarios´, El lenguaje libertario, 2005, p. 8). No preciso destacar las palabras de corte religioso que atraviesan el párrafo.

[xvi] Famosas fueron las sectas gnósticas por su descontrol orgiástico.

[xvii] Hans Jonas, a fines de la década del setenta, publica Das Prinzip Verantwortung [1979] (versión francesa, Le principe responsabilité. Une éthique pour la civilization technologique [2006]). El recorrido desde el gnosticismo a una crítica de la tecnología es consecuente y. por ende, es ineludible para el pensamiento anarquista. Apenas un ejemplo. Víctor García en Utopías y anarquismo [1977] afirma: “El futuro nos ofrece visiones cada vez más aterradoras. La computadora, el robot, la máquina con inteligencia ponen en evidencia cómo una ciencia y una técnica en la que tantas esperanzas depositaba el utopista del siglo pasado se yerguen omnipotentes terminando con prescindir del hombre o convirtiéndolo en su esclavo. […] El antiguo secretario de la ONU, U. Thant presentó un informe titulado: La aplicación de la tecnología de computadoras para el desarrollo donde decía, entre otras cosas, que existe ´el temor de que las computadoras contribuyan a la probabilidad de una sociedad futura dirigida por tecnócratas.”

[xviii] Acerca del interés de Polo por el arte y sus manifestaciones: “Me gusta mucho la música… Y bailar. No tengo un género en particular, creo que la música tiene que ver con los estados de ánimo. Si en esta casa no hay una dosis de soul por día, no funciona. Acá se baila siempre, se salta.” (Abdala – Bembibre, 1995) (Vale recordar que Eduardo, su ´maestro´, era actor y profesor de danzas). Y sigue Polo: “Me encanta [el pintor] Hopper. Hay una especie de simultaneidad de luces: la luz de la fuente y la luz de las cosas. Entre lo que se ilumina afuera y lo que tenés adentro. Es mágico.” (Abdala – Bembibre, 1995) “El laburo me dio muchas cosas buenas, pero me distanció de muchas otras. La lectura, algunos buenos amigos, ratos más largos con mi familia son algunas de las cuestiones que lamento haber dejado un poco de lado. Ricardo Piglia, Juan José Saer y Andrés Rivera son tres de los autores argentinos que tengo pendientes, y que pienso leer.” (Abdala, 2001)

[xix] La explicitación de su lucha contra la posesión de objetos innecesarios era parte, puedo suponer, de su proceso de transformación. En esa lucha estaba Polo en diciembre de 1995. “…tengo un problema con eso. Por ejemplo, encuentro cosas en la calle y no puedo evitar traérmelas.” (Abdala – Bembibre, 1995) Entre los objetos que se acumulaban en ese living había una vieja radio a válvula, una mesa ratona, latas de galletitas apiladas y una guadaña oxidada (objeto que anuda, en la siega, el mundo natural con el sobrenatural).

[xx] En el medio de sus crisis personal, Pablo De Santis ´veía a Polo sin mucha conciencia del tiempo´ (Polo, el buscador, p. 173). En diciembre de 1995, Polo decía: “Podés estar muy pendiente del tiempo, que no es lo mismo que estar pendiente del reloj. Yo, por ejemplo, no sé qué hora es, ni me importa. Puedo imaginármelo porque conozco este lugar a la hora de la siesta, o porque tengo hambre, o porque sé que a esta ahora se juntan muchas personas en la verdulería… Todo lleva un tiempo: un tiempo de atención, de espera, un tiempo de maduración. La muerte implica un tiempo de dolor.” (Abdala, 1995)

[xxi] En Polo, el buscador (pp. 211-216). El texto corresponde a la exposición de Fabián en el II Festival Latioamericano de Video, Rosario, septiembre de 1994. Al año siguiente, en Tea Imagen, Polo se refiere al personaje ficticio que estructura El Visitante y deja bien en claro su distancia con la idea light del periodista curioso: “A mí me parece que es una discusión vana, en el sentido de que todo programa periodístico tiene una puesta en escena como nosotros, tiene una edición que recorta una parte del texto, tiene un señor haciendo un personaje de… ´periodista´… [pero]… yo tengo un personaje que no es periodista, punto, que no juega a ser periodista… [Público: ¿y por qué esa insistencia?]… y porque a mí me hincha las pelotas [la idea del periodista].” En continuidad, contrapone el periodismo tal como se observa en la práctica –según su experiencia en Radiolandia 2000, escribir un texto que concuerde y que complete un título previo que el editor o redactor le da- a aquel que responde al ideal del ´periodista´ –el que tiene y que hace la ´pregunta correcta´.

[xxii] Mi lectura, y no solo en este caso, parte de tomarme más en serio –sin recaer en la credulidad- las manifestaciones religiosas alternativas (herméticas, esotéricas, etc.). En la fase previa a la redacción de este texto, le manifesté ese detalle a un interlocutor también interesado en la figura de Polo. Su respuesta irónica fue ´horror, horror´ en alusión al temor que inflige tal supuesto religioso a quienes creen escribir sobre temas serios. ´Horror, Horror´ son las últimas palabras que el Coronel Kurtz pronuncia en Apocalypse Now! El detalle –apenas una coincidencia- es que quien usó ese filme como fuente para su ironía, no sabía de la existencia de la serie –Conrad, Kaczynski, Munk, Piglia, Polo. Agradezco, en consecuencia, a Abalén N. por su apoyo no solo anímico para la redacción de este texto.

[xxiii] En la mirada de Piglia, la decisión de escritores e intelectuales de ´salirse del sistema´ como la de León Tólstoi (y la de Ludwig Wittgenstein) es análoga a la de los vernáculos Macedonio Fernández y su discípulo Jorge Luis Borges -anarquistas en sus concepciones artístico-políticas (también místicos, añado, por ser maestros gnósticos), defensores de una vida frugal, poco afectos (tal vez los idealice) a la seducción del dinero y aborrecedores de las jerarquías institucionales; en fin, herejes. Piglia se refiere a estos temas en sus ´clases´ con el formato de programas de televisión [TV Pública, Argentina] ofrecidas en Escenas de la novela argentina [2012] y en Borges por Piglia [2013]. De Macedonio se sabe que, entre fábula y realidad, a fines del siglo XIX participó del intento de vida en una colonia anarquista naturista en la frontera con Paraguay (algunos hablan de simple visita a una chacra). Con base más comprobable, vivió retirado un tiempo en una humilde casa en Morón (ver Álvaro Abós, Macedonio. La biografía imposible [2002]). Entiendo que, en lo que respecta a Borges, mis afirmaciones parecen fuera de lógica porque en el imaginario social el escritor es un ´viejo conservador cuasi fascista´. Esas miradas -que pueden tener su verosimilitud- desconsideran al Borges juvenil, con su, aunque breve, fascinación por el comunismo soviético -Borges está en Europa en 1917 cuando la Revolución de octubre y escribe Salmos rojos que luego quema-, y con su ascendencia anarquista tomada tanto de su padre y como de su maestro (y a esto se le puede agregar su proximidad con el yrigoyenismo). En síntesis, anarquismo, misticismo (gnosticismo), ascetismo, paranoia, conspiración, ciencia ficción, proto-cibercultura, son elementos que comparten Macedonio y Borges y, de alguna manera, son una posible matriz para el recorrido vital de Polosecki. En concreto, el relato de Borges “Utopía de un hombre que está cansado” [1975] puede leerse desde el anarco-gnosticismo. En ese cuento tardío, Borges –que ya lo había intentado en 1935 y que lo ficcionaliza en “25 de agosto, 1983” [La memoria de Shakespeare]- hace del suicidio una opción del hombre libre de poner fin a su vida cuando lo considere necesario [Ver “Los amores de Tabú y Jerarquía…”. Por otro lado, en un escrito de mayor aliento, pienso la ciencia ficción latinoamericana desde el hermetismo-gnosticismo y toco algunos de esos puntos [Ver Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]]. La lista de escritores puede engrosarse. Anarquismo, esoterismo, ciencia ficción están en la literatura de Roberto Arlt (cuyas cenizas forman parte de la naturaleza del Tigre).

[xxiv] Existen varios ´Kaczynski´. Las versiones difieren según el cristal ideológico del presentador. Al enaltecido –y preferible- Thomas Munk, alias The Recycler, de Piglia, se le opone el poco menos que ridiculizado por Pablo Capanna en “Armas de destrucción masiva” (Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos, 2009).

[xxv] Se puede acceder al Manifiesto en castellano y descargarlo.

[xxvi] Reflexiona Claudio, hermano de Polo: “Fue un proceso en el que creo que tuvo mucho que ver su adicción a la marihuana, todo el día, porque eso le fue agudizando la angustia de la realidad…” (Polo, el buscador, p. 178). Más arriba cité a Laszlo quien afirmaba que a Polo “…la realidad le pegaba mucho y mal…”. Entiendo que entre ambas –marihuana y realidad- por absurda, violenta e injusta esta es una droga más nociva que la primera.

[xxvii] En el final de la novela, Emilio Renzi –famoso personaje de Piglia- llega hasta la cárcel donde está detenido Munk quien, para sorpresa del profesor y escritor, lo recibe. Le interesaba al detenido poder charlar con alguien que conociera sobre los revolucionarios argentinos (El camino de Ida, p. 275). Como Piglia sabe, en la biblioteca del ´Kaczynski real´ había un ejemplar de Argentina, sociedad de masas de Torcuato Di Tella. Aunque sea en una ficción, el hecho es que Kaczynski (bajo la máscara de Munk) contacta a un eventual militante argentino. La novela de Piglia, vale aclarar, está también pensada como ´el camino hacia Kurtz´ (a través de la historia de Ida) y su mundo ficcional está situado a mediados de los años noventa cuando efectivamente detienen a Theodore. Es más –y es spoiler– en la trama que elabora Piglia, Munk [Kaczynski] es detenido porque envía el Manifiesto a los diarios para despistar ya que la muerte de Ida delata la posibilidad de que el activista tuviera un grupo de apoyo. Renzi recibe de parte de Ida el libro de Conrad que le permite descifrar la cuestión y así queda adentro de la historia al punto de que Munk acepta verlo. Llevado al extremo, Renzi sería el ´contacto en Argentina´.

[xxviii] Ejemplo de anarquismo individualista útil para pensar a Polo es el del proto-anarquista Max Stirner [1806-1856] quien defiende el solipsismo moral: la única base de la realidad es el individuo; todo individuo es soberano de sí mismo. Para teóricos como Kropotkin o Bakunin, un individuo aislado es un pseudo-individuo. (Ver Ángel Capelletti, La ideología anarquista). Siempre es necesario aclarar que en el caso de Polo, al menos en El otro lado, su tarea estuvo enmarcada en un grupo con una alta afinidad entre los integrantes. Esta construcción colectiva también es propia del anarquismo (aunque, claro, no exclusiva). Sobre este asunto ver el “Apéndice ‘El Zorro’” al final del escrito.

[xxix] No habría que desconsiderar que en el giro que da Polo contra la vida burguesa haya influido su paternidad: “El ser humano es una especie animal, como las otras. Los hijos te hacen más humano y te conectan con lo que es el ciclo vital. Para mí, tener una hija fue volver a nacer.” (Abdala, 2001). Por su parte, Ted en el Manifiesto argumentaba: “Los revolucionarios deben tener tantos niños como puedan. Hay una fuerte evidencia de que las actitudes sociales son en una extensión significativa heredadas.”

[xxx] El documental The Net: The Unabomber, LSD and the Internet [2003] del director alemán Lutz Dammbecks cuenta la historia de Kaczynski desde ´sus enemigos´. La narración se construye a partir del intercambio epistolar que el director mantiene con Ted mientras entrevista a los tecnócratas –sean universitarios, empresarios, militares, todos se consideran ´dioses´ (por mi parte, los podría denominar ´arcontes´)- contra los que luchó el así denominado Unabomber. The Net muestra la connivencia entre el desarrollo de la ciber-tecnología, la experimentación con drogas y el perfeccionamiento de la manipulación de sujetos durante las décadas del sesenta y del setenta. El film, además, pone bajo sospecha dos cuestiones: la autenticidad del Manifiesto (conocemos la versión pública del mismo); la veracidad de que Kaczynski haya sido el autor de los envíos de las ´carta-bomba´.

[xxxi] Dice Polo luego de su experiencia en televisión: “Yo no siento haber llegado a ningún lugar en particular, ni creo saber algo importante, ni estar detenido. Se trata de hacer tus cosas como salen.” (Abdala – Bembibre, 1995). No habría que desconsiderar que la experiencia de trabajar en los medios haya contribuido al caótico final de su vida. Rubén Viñoles, por ejemplo, ubica entre los lugares comunes la idea de que “…la tele es peor de lo que dicen…” (Polo, el buscador, p. 186). Que sea un lugar común, no disuelve su fuerza explicativa.

[xxxii] Del documental The Net, se puede inferir que en su lucha, Kaczynski era consciente que iba justamente contra un poder –el de los ciber-profetas- que también había detectado la ausencia de una religión en la sociedad industrial (o post-industrial, o posmoderna, en fin, neoliberal). El andamiaje sobre el que está construido el ´sistema´ actual es el ciberespacio como entramado inextricable para controlar e inducir al consumo. Por supuesto, el sistema se encargó de diluir cualquier posibilidad de discutir esto. Volvió tan habitual en su maquinaria audiovisual la idea de la conspiración, del complot, que cualquiera que intente exponer que la tecnología está hecha para dominar a la mayor cantidad posible de personas es tratado de paranoico, de loco, etc.

[xxxiii] “El mundo es lo que cada uno de nosotros ve del mundo. Si en este momento te invito a caminar, vos vas a ver algunas cosas, por la calle, y yo, seguramente, veré otras. La tele es así también: lo que muestres y la manera en que lo muestres refleja tu perspectiva del mundo, y ésa es siempre una cuestión ideológica.” (Abdala, 2001)

[xxxiv] “…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” (Piglia, El camino de Ida, p. 248).

[xxxv] Por eso, tuvo una sensibilidad alta a los temas esotéricos. Entendía que existía algún tipo de explicación más certera debajo de esa materia habitualmente vista como hojarasca que es el esoterismo. Su sincera actitud crítica le permitió ser receptivo a los diferentes discursos; en su lógica, él los recorría. En el primer capítulo ´La República de los niños´ del segundo año de El otro lado [1994], Polo entrevista, entre otros, a los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo. Por su parte, Diego Lublinsky retoma esa historia en ´Compañeros de la infancia´, primer programa del ciclo 15 años luz.