Polosecki, el suicidio de un disidente

Fabián Polosecki. A veinte años del suicidio de un disidente

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{Foto de Polo en revista Film, enero / febrero de 1997}

A días de cumplirse 20 años del suicidio de Polo, “Ciudad Abajo. Ciclo itinerante Polosecki” trajo la buena nueva. Todos los programas realizados entre 1993-1995 por Fabián Polosecki, junto a un sólido equipo, verán poco a poco la luz. Los 80 capítulos que conforman la saga de El otro lado y de El visitante son custodiados, para quien desee verlos, por el Núcleo Audiovisual Buenos Aires, ubicado en el subsuelo del Centro Cultural San Martín. A su modo, la Red ofrece fragmentos, retazos, programas dispersos. Sea por la dificultad de acceso para el público general, sea por la errática colección gestionada por anónimos cibernautas, la buena nueva invita a indagar una obra, y una vida, más cercana al mito y a la repetición serial de lugares comunes que a la historia cultural vernácula.

Con las habituales y honrosas excepciones, la extensísima bibliografía generada durante más de dos décadas por ese ícono cibercultural contiene incesantes recurrencias nacidas del interés, del azar, del pastiche, de la desidia, del plagio, de la ausencia de perspectiva -una trampa fatal para los lectores. La primera, y la más ardua, es la recurrente negativa a pensar el suicidio de Polo. Si se salta la barrera de la omisión, se habla entonces de enfermedad (de depresión), de adicción, de delirio, de malas influencias, de tragedia, de oscura decisión ultra-personal, de corte con lo real, de ingenuidad, e incluso de ´infantilismo´. Todas estas elucubraciones –cada una con su porción de verdad, según se estila conceder- entorpecen la posibilidad de obtener, del gesto final de Polosecki, algún sentido. Afluente de ésta, la segunda recurrencia es la neutralización de su concepción, esbozada en entrevistas e intervenciones públicas, acerca del antiperiodismo, andamiaje de sus programas. No es descabellado conectar esa postura, que se intensificó una vez finalizada su relación con los medios, con su suicidio. La decisión final bien podría pensarse como el clímax alcanzado por sus cada vez más recalcitrantes convicciones políticas, ideológicas, profesionales. A la interpretación del ´adicto / depresivo que se quita la vida´, puede añadirse la del ´suicidio como gesto de disidencia radical´. La tercera recurrencia, amparada por el reverdecer de los últimos años, es la relativa vara con la que se mide -cuando se mide- la distante postura de Polosecki frente a la militancia política, entramado que conoció en su temprana juventud.

En una nota del año 2001, con motivo de una de las primeras exhibiciones-homenajes, Carlos Polimeni afirmaba que ´nadie entendió nunca el final de Polo y que su vida y sus programas fueron emblemas de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío´. A pesar de su simetría, esta secuencia de análisis no engendró lecturas. Si uno acepta esa trama y sugiere que Polo trasladó a su labor periodística y/o artística la impronta política, la ecuación daría como resultado que ´su anti-periodismo se correspondió con su anti-militancia´. Esa postura anti, así lo intuyo, se condice con una perspectiva místico-apocalíptica de estirpe anarco cuya radicalidad (¿pureza?) lo condujo a lo que consideramos ´el vacío´. (Alfredo Casero, es justo reconocer, fue quien primero conectó en Polo, anarquismo, rechazo al ´sistema destructor de sueños´ y suicidio, ´se quiso ir a la mierda´.) Este apronte interpretativo no reduce todo a esa única idea fuerza. Intento, por el contrario, sumarla a la compleja silueta.

En julio de 1994, Página/30 [año 4, nro. 48, tapa: ´Buenos Aires, hora cero´] publica una entrevista a cargo de Rodrigo Fresán (fotos, Adriana Lestido) titulada “El historiador”, en la que Polo, el excéntrico ´cazador de historias´, fascina al novel escritor. “Hay demasiadas cosas para agradecerle a este programa [El otro lado]…”, a saber: la perspectiva documental inédita; el divismo cero del conductor; el respeto hacia las personas interpeladas. En ese marco, Fresán plantea una sesión de periodismo espiritista e invoca al ectoplasma del reticente personaje: “…ahora Polosecki se arriesga a separarse de su otro yo televisivo…, viaja al otro lado de las cosas. Y vuelve para contarlo.”

La charla Fresán / Polosecki condensa algunos antídotos plausibles contra aquellas recurrencias. En primer lugar, asoma el misticismo propio de la mirada de Polo: “Yo creo que soy apenas un médium. La televisión es un fenómeno autónomo y total”, comenta y añade: “El año pasado… vivía cada momento con una especie de satori, de iluminación. Yo lo que sí sé…, de lo que estoy completamente seguro es de que a mí ya me dijeron todo lo que se necesita saber de la vida. La gente me lo dijo. No creo que me falten datos importantes para andar bien y feliz por la vida. El problema es no estar del todo seguro de haberlo entendido. No creo haber entendido todo lo que me mostraron y me dijeron…, porque muchas veces son gente en trance. Gente que te habla en trance… Yo me volvía loco. Yo era un poco un exorcista.” Polo aparece, en sus palabras, afectado por procurar ´entender´ a partir de personas que deambulan –están en trance– entre la vida y la muerte, a las puertas de una unión mística o de una derrota frente al ´demonio´ y que lo toman como a un médium para exorcizar terrores, dolores, secretos…

Esos estados alterados de conciencia, de unos y otros, apuntalan su extraña mirada ético-política que encarna, por caso, en el antiperiodismo. Dice Polo: “[En el programa El otro lado]…el narrador es un cazador de ideas. A mí lo que más me importaba era que el narrador no fuera periodista… El programa es en sí como una historieta. Yo no me siento periodista, no creo estar haciendo un periodismo de rigor. Hago, si se quiere, un periodismo de color. Por eso lo del guionista… El tipo está afuera, en el otro lado, es un outsider.” Y enfatiza lo marginal de esa producción: “Somos extra ATC.” ¿Por qué, en rigor, no hacen periodismo? Porque “…El otro lado quizá puede ser definido como una ´fotografía´ más que como un ´discurso´… La foto tiene que contarte una historia antes que una ideología, ¿no?” El rechazo a la ideología, a favor de historias de personas en trance, es un rechazo al discurso que busca atraer adeptos. Según Polo la clave está en “no hablar con gente que te quiere convencer”. Por eso ´relativiza en sus textos´. “No hago filosofía. No bajo línea.” Convencer y bajar línea es propio de los ámbitos políticos. Y ese submundo de caliginosas conspiraciones poco tiene que ver con los saberes esotéricos de los universos particulares.

En dos intervenciones, Polo le comenta a Fresán su distancia de los nichos de poder ansiosos por convencer, y en cualquiera de sus vertientes. Reconoce, por un lado, sus límites como personaje frente a la maldad para-estatal: “En la Argentina los asesinos seriales tienen nombre y apellido. Fueron juzgados y fueron indultados. Yo me doy cuenta de que nunca podría entrevistar a un torturador. Porque sus historias y sus crímenes están llenos de discurso político. No creo que sea material para este programa… Yo quiero hacer un programa sobre el amor…” Por el otro, rozando la incorrección política, deja ver su desconfianza frente a una militancia obcecada más allá de la evidencia: “…yo laburaba en revistas políticas. Pero rompí con eso. Una historia que pasó. No es que yo sienta la militancia como algo adolescente, pero… bueno, cuando hicimos el programa sobre ex guerrilleros y aparece un tipo diciéndote que esos fueron los mejores años de su vida y enseguida te cuenta cómo mataron a todos sus amigos  y al rato vuelve a decirte que esos fueron los mejores años de su vida, bueno, es que hay algo más allá de la movida política, algo que yo no termino de entender o compartir del todo.”

El programa “Ex guerrilleros” pone en escena las dudas de Polo frente a la épica militante. Esa entrega de El otro lado incluye testimonios que van desde el ácido humor político del Pájaro Salinas –´los de los JP eran en aquel entonces como los grupos de hinchas de los Redonditos de Ricota, recontra-politizados y federados de una forma oscura´-; al testimonio de una sobreviviente que por la tremenda violencia sufrida cayó en el negacionismo y en la amnesia, y que adjudica parte de la responsabilidad de la catástrofe humana a la cúpula del movimiento; pasando por el de Jorge ´el Topo´ Devoto, publicista; por el de Andrés Castillo, partícipe de la ´Operación Cóndor´; para terminar en un cara a cara con Emilio Pérsico, en un vivero en las afueras de La Plata, al que Polo mide, con la imaginaria música de fondo de las armas, como alguien que justifica lo injustificable. Enmarcan los testimonios, algunos cínicos, otros estremecedores, dos reflexiones. La de apertura instala una atmósfera enrarecida: “Hay veces que la historia se torna inaprehensible, como si los hechos pasaran frente a uno sin detenerse, sin poder ser comprendidos del todo. No sé. Tal vez fuera eso o el hecho de que el silencio de los muertos se contagia a los vivos. Lo cierto es que cuando me decidí escribir una historia sobre aquellas personas que hacía veinte años habían integrado grupos guerrilleros sabía que tenía que penetrar los misterios de una época fantasmal. Y esos secretos solo podían serme revelados por un puñado de sobrevivientes.” En el cierre del programa, a pesar del conjuro, reconoce: “Cuando empecé a escribir, pensé que tal vez podría comprender mejor un fragmento de la historia reciente. Sin embargo, las siglas, las declaraciones públicas [de] los grupos guerrilleros, los vaivenes de aquella ideología vertiginosa que los guiaba y todas las explicaciones posibles sobre ese pasado no se dejaban organizar de tal modo que yo pudiera entenderlo del todo. Una vez más lo único que podía retener era un puñado de imágenes sobre gente a la que la historia había marcado de una vez y para siempre.” Este puñado de imágenes al que se refiere el narrador, son las fotos obtenidas por el cazador que no quiere ni discursos, ni ideología. En los segundos finales, Polo deja atrás el reverbero de las palabras de los sobrevivientes y se une, mientras camina por la vereda, a un grupo de niños para preguntarle a uno de ellos –“¿cómo lo hacés?”. Entender era su premisa a través de su alter ego televisivo. Si en esa metempsicosis entendió, parece que no fue nada bueno.

En los primeros días del mes septiembre de 1994, Polo participa del II Festival Latinoamericano de Video de Rosario y de la mesa “Video y roles de trabajo”. La revista Film, en su edición de enero / febrero de 1997 [año 4, número 23], publica una transcripción inédita de esa exposición a modo de homenaje. Polo caracteriza a su trabajo, y al de su equipo, como “una producción independiente de los canales”. Repite e insiste que ensayan “una suerte de antiperiodismo [al] rescatar la posibilidad de hacer periodismo no atado a lo público, ni al orden de lo público” porque no es lo único importante. Según Polo, lo fundamental es la búsqueda del personaje historieta, del cazador de historias, no así la noticia, ni la actualidad. El antiperiodismo corre el eje de lo político y de lo público, por medio de una mirada subjetiva, de una ´actitud artística´ respecto de la realidad. “[A] eso me refiero con antiperiodismo. Creo que también tiene que ver con la falta de credibilidad. En mi programa, cuando aparece un tipo que tiene claramente un discurso, cuando hay alguien que formula sus opiniones para convencer, le huimos… No entran ni los psicólogos, ni los sociólogos, ni los especialistas y muy difícilmente los artistas, que también tienen un discurso bastante estructurado respecto de las cosas.” Más que por lo que es, Polo define su mirada por lo que ´no es´. La propuesta anti– es una radical negatividad frente a los especialistas, los profesionales, los burócratas, los institucionalizados.

El antiperiodismo –y su sucedáneo incrustado por mí, la antimilitancia- rechazan los discursos pre-fabricados, encargados de interpretar la realidad con parámetros que son una máscara de hierro que quiere ser impuesta al otro, al que escucha y/o observa. Por eso, el programa sobre “Ex guerrilleros” puede ser considerado una rareza. Polo había contado en Rosario que cuando decidieron hacerlo fue una de las pocas veces que le avisaron a ATC del contenido “porque implicaba un golpe de timón en la temática del canal”. Pero el programa parece, sobre todo, un golpe de timón a la huida sistemática a la ideología y al discurso, según sus términos. Sostenido sobre un fondo silencioso de antiperiodismo y de antimilitancia, ese programa es un cóctel explosivo –y muy, muy delicado, como oí decir.

Tiempo después, en el noventa y cinco, Polo y parte del equipo participan de un encuentro con estudiantes de periodismo en TEA. Machaca y machaca que su ´personaje no es periodista, no es periodista, no hace periodismo´… Ante la insistencia, una joven del público le pregunta por qué esa reticencia y Polo aduce que ´a él le hincha las pelotas la idea de hacer periodismo, de ser periodista´. Risas y palmas entre el público. Si en Rosario había sido conciliador (´respeto al periodismo), esa puteada funciona como el amperímetro de una ira que se acentúa. Abandonado el mundillo mediático, especulo, la escalada anti– se intensificó hasta volverse extrema.

De ninguna manera considero a Fabián Polosecki una pieza humana monolítica. Complejo y contradictorio, su decisión final está atravesada por la paradoja. En su exposición en Rosario, había sugerido que ´el programa de los ferrocarriles mostraba la decadencia del país´. Él -que se había retirado a la naturaleza durante su último año- no extrae las consecuencias de su gesto neo-romántico, no se entrega al poder implacable de natura, no desanda el camino místico de fundirse con la madre tierra, ni de hundirse en las ondas acuosas. Elije destruir su humanidad arrojándose contra el deslucido ícono ferroso del progreso, contra esa maquinaria símbolo de la decadencia local y acaso tosca cifra de otra atroz maquinaria más sutil pero no menos inclemente.

El disgusto, la ansiedad, el rechazo, el sesgo apocalíptico de las declaraciones del Polo famoso -´siento una angustia y un temor terribles con una violencia subyacente´- alientan a creer que el ensayista inglés que indagó en el suicidio acertó al decir que ´a cierta altura de la desesperanza, un hombre se mata para probar que habla en serio´ [Al Alvarez, El dios salvaje, 1971]. Si se acepta la versión más extrema de la mirada anti– de Polo (contra la profesión de periodista, contra la pertenencia a las esferas de poder, contra el entramado estatal de generación de discursos aglutinantes) es entendible que la ´amarga victoria pírrica de negar completamente a todo y a todos´ -Alvarez dixit- genere rechazo entre los vivos, provoque maledicencias e incomprensión. Aciago y terrible, el suicidia marca con su gesto la disidencia ante el resto, sean amigos o extraños.

En definitiva, a ese terreno escarpado habrá que volver. Urge, ahora, la prudencia hasta acceder con mayor libertad a la obra de Polo, según fue prometido. Acaso no se modifique sustancialmente la perspectiva recurrente. O quién sabe. Programas como “Ex guerrilleros” advierten cuán oscuro puede ser este mundo, tan oscuro que algunos deciden saldar la discusión abandonándolo, con la esperanza de hacer valer sus argumentos en ´el otro lado´.

[Tandil – 28 de noviembre al 02 de diciembre de 2016]

A Kiki / Salvatora, por mis imprecisiones

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El zorro interminable {atribuido}

Bibliografía Polosecki {fragmento sin actualizar}

Archivo Audiovisual Polosecki

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Indio Solari. Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI

{Lea más! INDIO EN EL DESIERTO}

“Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI”

Entrevista por Enrique Symns. Revista  Cerdos & Peces # 7. Diciembre de 1986.

Está fuera del escenario. No es el cantante de ´Los Redonditos de Ricota´, es un serio y comprometido reflexionador de la realidad. El reportaje es en su casa, entre su colección de comix, sus escritos que vamos leyendo mientras hablamos. Escuchamos ´Oktubre´, comemos asado, tomamos whisky, prendemos el grabador, vamos conociendo al otro Indio Solari.

Te escuché decir que no creés en la aventura del hombre.

Parto del hecho de que el hombre común tiene una noticia muy parcial de la vida, es un prejuicio que se comparte con otros. Esta convención informativa depende de la altura que se ocupe dentro de la escala de rangos de este modelo imperial-maffioso. La lectura de la realidad que tenés, entonces, depende de las terminales de información a las que tenés acceso. La gente termina brindando obediencia a la información que el modelo sistémico le ofrece.

Aclarame el concepto de ´imperial-maffioso´ y ´modelo sistémico´.

Es un modelo que se ha ido alimentando de todas las interrelaciones. Fijate que el problema actual del estado de esclavitud del hombre depende exclusivamente de la ignorancia, el desconocimiento que se tiene sobre ese orden internacional maffioso. Lo llamo así porque los capitales que sustentan el sistema son lo que quedaron en pie después de la segunda guerra mundial. El dinero de la maffia en EE.UU reemplaza internacionalmente a las famosas bancas europeas…

¿El mundo está gobernado por una maffia, una sociedad ilícita y delictiva?

No si uno la ve como esa historia italiana de Don Corleone y toda esa patraña hollywoodense. La maffia es el sistema, el dueño del imperio, las corporaciones que gobiernan, y que gobiernan el mundo a través de la tecnocracia…

¿Cuál es el concepto de la ciencia desde ese punto de vista?

La religión oficial, hoy día, son la tecnología y la ciencia. Los científicos son empleados de fundaciones manejadas por la maffia y sus inventos serán utilizados por el poder para sus propios fines. La apuesta religiosa más grande que propone este orden sistémico es la supuesta aventura del hombre en el espacio. Este no es un plan nuestro, de la humanidad. Es un plan de las corporaciones, el hombre no va al espacio, va la maffia. Te tiran siempre espejitos, como a los indios, este espejito es el del hombre montado en una nave espacial, una vuelta por una sofisticada y cara Disneylandia…

¿Espejito, en el sentido de que cada hombre se proyecte en el cosmonauta?

No sólo digo eso. Creo que la propia tecnología va a rechazar al hombre del espacio. La tecnología se controla a sí misma; en computación, por ejemplo, se testea con computación. La tecnología ha creado un ámbito que rechaza al hombre. Por ejemplo, el kilo de flete en un taxi espacial te sale 10.000 dólares, un fornido astronauta yanqui de cabeza cuadrada pesa 75 kilos y vale 750 mil dólares. Con ese mismo caudal de peso y de dinero se puede mandar un súper comandante electrónico capaz de realizar ocho millones de tareas. La tecnología se ha hecho a imagen propia y semejanza de sí misma, no es el hombre la imagen sino otra máquina. Una máquina que resiste mejor que el hombre los cambios de presión, de temperatura, el vacío, las radiaciones. Vivimos la ficción a través del comix y del cine, el hombre será el cowboy del espacio y la nave su caballo. Yo creo que el hombre no va a ir, va a mandar eso a explorar el universo, pero él no va a ir. Al menos de esa manera.

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LA VANGUARDIA PSICÓPATA

Sin aventuras que lo incluyan, con un futuro dominado por la tecnología, casi ya de más, ¿cómo va a sobrevivir el hombre?

De prosperar en el tiempo este orden sistémico en el que vivimos, la personalidad más apta para la supervivencia es el psicópata. Quizá los psicópatas sean la desgraciada vanguardia de un nuevo sistema nervioso, aquel que va a poder soportar las rígidas tensiones del orden sistémico…

¿Quiénes? ¿Cómo son los psicópatas?

Para mí son héroes urbanos potenciales que no han tenido mucho éxito en su relación con los demás. No resulta aventurado pensar que el psicópata es un tipo de vanguardia, un nuevo modelo de personalidad que en el siglo XXI podría ser la expresión central de la naturaleza humana. Hay que tener en cuenta la poderosa influencia que el estado psicopático ejerce sobre esta sociedad. No veo a los psicópatas como casos extremos, es más, creo que muchos de ellos ocupan importantes jerarquías sociales: son políticos, militares, periodistas, actores, artistas, músicos de rock, homosexuales prominentes, ejecutivos de la televisión y ahí ves que aumenta el poder del psicópata según el lugar que ocupe en la jerarquía social. Los psicópatas que bajan línea desde su cargo social ejercen más poder que el psicópata cotidiano porque se transforman en la lectura oficial de la realidad…

Desde ese punto de vista la salud social sufre un canceroma, esos psicópatas enferman el mundo…

El problema de la enfermedad es complejo. El viejo chamán, que tenía el poder de comerse tu dolor, de absorber tus pecados a través de la semejanza, de ponerse tan loco como vos para saber qué cosas tenía que efectuar su cura. El chamán ha sido reemplazado por el psiquiatra o por el psicoanalista y ellos se encuentran con su propia incapacidad para manejar a los psicópatas actuales que son pacientes muy complejos, mucho más complejos que su curador. Son más experimentados en la locura que el terapeuta, que solo tiene informaciones. El paciente es un tipo mucho más aventurero, más avanzado que el terapeuta. Desde ahí, yo veo al psicoanálisis como una especie de sangría psíquica. El resultado es que el paciente es domesticado en sus vicios más interesantes. No se lo modifica sino que se lo desgasta y se lo transforma en un espécimen menos malo pero también menos de todo. Menos agresivo, pero menos brillante. Menos destructivo, pero menos voluntarioso. Menos reactivo, y también menos creativo. La terapia apunta solo a la mera reinserción del espécimen. Lo readaptan a la condición que, casualmente, lo enfermó y el paciente se adecua a aquello que aborrece.

¿Hay que convertirse en un psicópata?

La vida personal de uno se dirige en varias líneas hacia el porvenir, nadie está vivo en una linealidad, comprendiendo esto es posible integrar las informaciones que vas recibiendo y que, al mismo tiempo, sabés que te están moldeando. No me gustaría convertirme en un psicópata (ríe), yo preferiría que este sistema no prosperase. Hay que ir leyendo entre líneas las informaciones que el orden nos propone y desconfiar. Porque la ciencia, por ejemplo, no es prestada como un punto de vista más, o como un prejuicio compartido o una convención arbitraria que se comparte. No, la ciencia se instaura como un modelo tiránico de la verdad. Pero no hay que admitirlo. La ciencia es solo una óptica, un punto de vista, una lectura parcial de toda la estructura.

 USINAS MODERNISTAS

¿La alternativa contracultural de la década del 60/70 se presentó como una actitud de rechazo a ese orden sistémico?

Hubo un tiempo en que las ideas que se nucleaban alrededor del rock eran una comprensión ideológica del mundo y daba para mandar brasa unos a otros. Cuando la lectura primitiva fue modificada por lecturas más complejas y afinadas, como por ejemplo la creencia de que se pierde la espontaneidad cuando algo se institucionaliza, cuando algo se transforma en ideología, entonces el fenómeno pareció entrar en decadencia. Pero cuando se produjo la diáspora, la explosión de la individualidad, los jóvenes rechazaron la villanía acumulada por el orden sistémico y esto hizo que fueran a escarbar en las informaciones desechadas por el sistema, ya sea por pecaminosas o por erradas. Cuando se dieron cuenta de que el sistema de vida no les gustaba, fueron a escarbar en el tacho de basura de ese mismo sistema para ver si en lo desechado y prohibido encontraban la posibilidad de reencauzar el mundo. A partir de eso surgió todo el tema del reencuentro con los poetas malditos, con las religiones universalistas…

El modernismo actualmente rechaza la alternativa contra-cultural de los 60/70s, se dice ´70´ y parece que se dijera fracaso.

A pesar de que Oktubre, el disco que grabamos con Los Redondos, es solo un disco, tiene como planteo básico alinearse en cualquier otra dinámica que escape de la lectura postmodernista. Porque la postmodernidad es una lectura pseudo filosófica nacida en la misma usina de la industria del disco y difundida casualmente, en todo el mundo por los embajadores itinerantes cuya función es trasladar esa información. El postmodernismo es un punto de vista neoliberal, pretende que ya no hay un sistema de objetos y como consecuencia todo queda como está, a mí me parece descabellado. Allá ellos con su miseria, a mí me nefrega la modernidad. Entiendo sí que hay modas internacionales que salen de usinas en donde los creadores son expertos en marketing. Son estéticas superelaboradas pero consumistas. Como ese avance de la estética efectista llena de máquinas, chispas e impactos audiovisuales.

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Parece que siempre estuviéramos hablando de ELLOS, se asemeja a una paranoia descomprometedora de nosotros, ¿no hay complicidad de nuestra parte con ese sistema?

No se puede cargar al pobre humano esclavizado con la complicidad. Encima uno, por pertenecer a esa clase de paranoia social, por tener ese rol de ser indicador social. Toda esa sospecha que uno puede ejercer sobre uno es la misma que ejerce tu vecino porque, cuando te ve, lo que ve es un testimonio real del manipuleo. Los paranoicos, de cualquier tipo y rol, siempre tienen algún tipo de popularidad en el barrio porque terminan comportándose de acuerdo con su creencia. Ese hombre, ese pobre paranoico que se dedica a full time a la emoción, está recibiendo todo el tiempo una noticia ingrata sobre el estado de las cosas. Ese paranoico no es cómplice y mucho menos el otro, el que ni se entera, a ese no se le puede adjudicar ninguna clase de complicidad sistémica…

¿Es posible que este orden sistémico, como vos lo llamas, sea derrotado?

No estamos solos, no nos olvidemos de que en este cascote conviven con nosotros otros coetáneos que participan de una lectura similar a la nuestra. No me veo solo en esta pulsión, tengo la impresión de que es una pulsión internacional. Eso por un lado. Por otra parte ni bien la humanidad entre a desconfiar de la bonanza de este sistema, toda esa información que ha sido considerada marginal o alternativa, todo aquello que ha sido dejado de lado tomará importancia, se convertirá en central. Por ahora nada podemos decidir, ni vos, ni yo, ni nadie de nosotros. Ni siquiera lo puede decidir una cámara de diputados porque la independencia de un país es una ficción. La única que comanda el viaje es la maffia. Y sus brazos armados son los científicos. Los genetistas, por ejemplo, están convencidos también de que el hombre tal como lo conocemos hasta hoy no podrá sobrevivir mañana. La información extra genética, como suelen llamar ellos a la cultura, no le servirá al hombre para el futuro. Ellos proponen entonces intervenir directamente en la genética, hacer modificaciones en esa estructura para producir una mutación real, producir otro tránsito de procónsul al homo sapiens de un día para el otro. Y ahí surge otro problema: alguien va a arrogarse el derecho a elegir el modelo de ese experimento. Por ahora está todo mal. Los pueblos no se comunican con los pueblos, la comunicación es de Estado a Estado. Hay un filtro burocrático que separa a los hombres. La cuenta de la muerte se va engrosando. La vida es considerada un instrumento. Nada es un fin en sí mismo. Nadie puede cobrar su vida al contado, siempre hay que proyectar la vida dentro de un orden, nos obligan a firmar todo el tiempo cheques a favor de la muerte.

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Kaczynski, contra la militancia [dos]

{En el episodio anterior, reseñé la posición del matemático. La sociedad industrial es una forma de organización indeseable que conduce a los seres humanos a la depresión, al derrotismo, a la baja autoestima etc., al quitarles la autonomía para satisfacer las necesidades primarias y vitales, e impulsarlos a conformarse con el cumplimiento de finalidades sustitutorias, como por ejemplo, el activismo de izquierda o la militancia progresista, para nada una actividad connatural y en todo caso un nuevo entretenimiento ofrecido por el sistema, por lo tanto prolongación y continuidad, entre una extensa lista de actividades artificiales que incluye deportes, artes, hobbies, turismo, etc. ¿Cuál es el talón de aquiles de la militancia -se pregunta Kaczynski ,que vio de cerca los movimientos estudiantiles de los sesentas en EUA- que permite afirmarlo? La doble moral emanada de la corrección política: la gran mayoría no vive los valores que pregona. ¿Dónde se cocina ese estofado? En las Universidades, el corazón del sistema (nido de los ejecutores). A este brutal resumen, le añado Piglia, Viñas, Walsh.}

“El revolucionario es un hombre perdido. No tiene intereses personales, ni causas propias, ni sentimientos, ni hábitos, ni propiedades; no tiene ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único y exclusivo interés, por un solo pensamiento, por una sola pasión: la revolución.” – Serguéi Necháiev, Catecismo del revolucionario.

Pieza de museo –“La sociedad industrial y su futuro”- o artefacto decorativo en la reserva natural hacia el interior del pensamiento domesticado que es -según Lévi-Strauss- el arte.

En la novela de Ricardo Piglia –El camino de Ida [2013]- Thomas Munk, sosías del monje Kaczynski, ronda la militancia izquierdista. En los sesenta, mientras trabaja en la Universidad de California [Berkeley], desde los márgenes se aproxima y observa los movimientos estudiantiles por la ´libertad de expresión´ (Free Speech), los reclamos a favor de los derechos de los negros (Black Panthers); descubre, también, la filosofía antitecnológica (y se anoticia de las actividades de los anarquistas en San Francisco). Su boscosa biblioteca –el retirado leía y escribía en castellano- incluía de Torcuato Di Tella (et alii), Argentina, sociedad de masas [1966]. Además, en la ficción pura y dura, Munk elige recibir en la cárcel, entre otros candidatos, al inefable Emilio Renzi para hablar con alguien de Buenos Aires; su primera pregunta hacia el visitante recae en la militancia vernácula (en concreto, “¿cierto que los revolucionarios argentinos llevaban una pastilla de cianuro?).[2]

El camino de Ida recorta la figura de un anarco-primitivista –(Theodore) Kaczynski / (Thomas) Munk- sobre el borroso y lejano fondo de un movimiento colectivista –el comunismo en su vertiente castrista-guevarista insuflado por el peronismo de la Resistencia que caracterizó a los grupos militantes argentinos de las décadas del sesenta y del setenta.[3]

Lobo solitario versus movimiento de masas -ambos con el galimatías del uso de la violencia y con el interrogante de evaluar la acción en términos de fracaso, de derrota, de batalla perdida. Kaczynski-Munk, encarcelado. Miles de militantes argentinos desaparecidos, asesinados, exiliados. En El camino de Ida, Piglia conduce a Munk a la silla eléctrica [02-08-2005]. En la realidad, Kaczynski continúa con vida. La resolución ficcional de Piglia parece un comentario a las tres muertes ocasionadas por las ´cartas-bomba´. En los recuerdos que le vuelven a Renzi de su periférica militancia, se sospecha una mirada sesgada sobre ese fallido episodio revolucionario que desemboca en el plan de exterminio perpetrado por la última dictadura militar.

Me excuso de reconstruir la posición de Piglia en su época de activismo. Me interesa, a modo de trueque, rescatar la de un compañero de militancia –escritor como él- en aquel caldo de cultivo de la lucha ideológico-político de izquierda.[4]

Rodolfo Walsh [1927-1977] podría representar, sin problemas, el ejemplo del ´militante izquierdista moderado´ contrapuesto, en la versión de Kaczynski, al ´izquierdista ávido de poder´ -y es, a su vez, ejemplo de la pertinencia de distinguir entre el izquierdismo moderno y la variante existente hasta mediados del XX. No es casual –por cierto- que Walsh haya comenzado a militar alrededor de 1940.

Es conocida –aunque no siempre resaltada- la discusión que, promediando la década del setenta, mantuvo Walsh con la cúpula de Montoneros. Al episodio lo pueden reconstruir de mil maneras (la Web aloja lo suficiente). Por mi parte me remito a Horacio González quien en 2004 y en Filosofía de la conspiración [p. 252] afirmaba: “[existe] un excepcional documento de Rodolfo Walsh en su postrera discusión con la organización Montoneros en el que desea mostrar ´una falta de historicidad´ en la orientación política de ese grupo, señalando justamente que no es así que han procedido quienes han sido protagonistas de eventos triunfantes en relación a la conquista del poder.”

González, en ese momento del libro, se refiere a Perón quien, según ese mismo sociólogo, entendió cómo llegar al poder al analizar las conspiraciones políticas que fracasaron a lo largo de la historia argentina. La mirada retrospectiva le posibilitó, o le habría posibilitado, delinear la estrategia para que triunfara la conspiración del G.O.U. en 1943. Tiempo después, Walsh sostenía lo imperioso de una perspectiva semejante.

Detrás de un recelo que se mantuvo hasta el final de su vida, estaba la admiración por la capacidad de construir poder. Walsh conocía al general desde una temprana militancia, junto con otros descendientes de irlandeses, en la Alianza Libertadora Nacionalista, milicia fundada en 1937 en la que confluyeron patrioteros y católicos, que adhirió al peronismo y cuyas filas muchos abandonaron, entre esos Walsh, al actuar Perón de forma distinta a la que había pregonado a poco menos de un año de ocupar el gobierno, elecciones mediante.[5]

La psicología izquierdista –en términos de Kaczynski- es algún tipo de FE contra la que es demasiado complejo ir. Está en él tan arraigada que, incluso, conmina al militante a aceptar acciones irracionales de sus jefes. El izquierdismo es una forma de religión, y para desplazarla en la lucha contra el sistema, se necesitaría instalar una nueva.

“Lo más cercano a una religión fuerte, extendida y dinámica que Occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras y unificadas. Hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse con una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología.” [#184] Kaczynski propone que la religión de la naturaleza sea experimentada por individuos –o por grupos- sin acciones redentoras originadas en el sentimiento de inferioridad que la ausencia de finalidades reales provoca. En ese derrotero, rescata (al menos una parte de) un izquierdismo pretérito: “La identificación con las víctimas que no son víctimas se puede ver en el izquierdismo del siglo XIX y en el cristianismo primitivo pero, hasta donde lo podemos explicar, los síntomas de baja autoestima, etc., no son tan evidentes en estos movimientos, y en ningún otro, como en el izquierdismo moderno.” [#232]

El cristianismo primitivo en su faz disidente -fuente del pensamiento hereje- es la inspiración ideológica primaria del anarquismo. En una de las versiones de ese posicionamiento político, existe un valor cáustico contra cualquier sistema basado en una ingeniería social aglutinante. Por su sesgo anti-institucional, por su negativa a disolver la libertad individual en un gran movimiento, por su defensa de la ligazón entre autoconocimiento y cuidado de la naturaleza, el cristianismo primitivo heterodoxo es un reservorio ante los totalitarismos sistémicos (v.g.: la Iglesia católica).

En su ensayo “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra”, David Viñas supone que “…con los rasgos artesanales de su producción, [Walsh] representa una suerte de cristianismo primitivo dentro del linaje periodístico.” (Literatura argentina y política. II-. De Lugones a Walsh, 2005, p. 250). En esta lectura, el devenir heterodoxo de Walsh –manifestado en su práctica periodística- corresponde a una deriva política desde el catolicismo y el nacionalismo (de derecha), profesados hasta fines de la década del cincuenta, hacia una izquierda revolucionaria crítica, autoconsciente, no totalitaria.[6]

Walsh, como otros, recibe el llamado político de la jungla, y se dirige al Tigre –donde vive por etapas. Recuerda el visitante Viñas (p. 251): “En los atardeceres en que Walsh arreglaba su bote, la figura de Quiroga se sobreimprimía a la de Lugones; y entre ambas se iba armando una tensión que a Walsh, divertido pero sombrío, le gustaba exasperar: defendía con argumentos enmarañados pero convincentes el distanciamiento de la ciudad practicado por ´el cuentista selvático´; lo justificaba por su ademán neobárbaro tan antivictoriano mientras aludía a su propia destreza con las armas y en la pesca del surubí. Su fervor, sin embargo, oscilaba entre el dorado y el pejerrey; y cuando se internaba en el escabeche, ya parecía lograr mi aprobación a sus autoabastecimientos y a su creciente adhesión a ´lo elemental´. Nunca llegó a aludir a Conrad ni a Gauguin.”

“[A]l evaluar las diversas prácticas de Walsh, [podría formularse] una suerte de ecuación: a mayor criticismo y heterodoxia, mayor riesgo de sanción. El típico estar fuera de lugar de los escritores heterodoxos…” (Viñas, p. 257).[7] Heterodoxia; crítica; sanción; fuera de lugar es también el retiro monástico: “Y… ese atardecer le tocó el turno al ascetismo, que Walsh defendió con un fervor jansenista a medida que se entusiasmaba con la palabra ´despojado´…” (Viñas, p. 253). Despojo, ascetismo, ´fuera de lugar´, criticismo, heterodoxia, sanción –una red de categorías que atrapa, en pálida utopía de palabras, a los distantes Theodore y Rodolfo. [8]

Walsh –cuenta el visitante- nunca nombró a Joseph Conrad.[9] Sin embargo, al nombrarlo en sus recuerdos repone algo de la silenciosa épica política, que flotaba entre los meandros, de salir y de perderse en ´el otro lado´. En El camino de Ida, abuso de la simetría, Piglia interpola un rabioso artefacto ficcional firmado por Conrad como paradigma del anarco-terrorista Munk.

El neobárbaro Walsh –acechado por una inclemente canonización- es un reaseguro frente a la desconfianza que el planteo anti-militancia de un Kaczynski estigmatizado puede generar y, de hecho, genera. Sin haber sostenido una crítica tan rabiosa como la del lobo solitario de Montana, el silencio al que lo conminó su muerte en manos de los militares, apagó con Walsh la veta autocrítica en los grupos de izquierda que estuvieron, al menos en teoría y en intención, próximos a tomar el poder.

Y, si las raíces ignoraron esos nutrientes, imaginen las petulantes flores que brotaron al calor del cambio de milenio cuando la perspectiva histórica comenzó a ser, entre los neo-activistas, poco menos que un recuerdo deslucido.

{Fin de la segunda parte}

[1] Ver

[2] A esta altura la novela es otro avatar en el mito Kaczynski. Me interesa su discusión, no sus rasgos reales. En estas tierras, un paradigma de las tergiversaciones es el escrito de Pablo Capanna “Unabomber, el aniquilador solitario” incluido en el volumen recopilatorio Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos [2009]. La mirada de Capanna no es caprichosa: responde a una perspectiva conservadora. Ese texto difamatorio fue publicado originariamente en un periódico de tirada masiva.

[3] En aquel fondo espejado habría que incluir a Nina, académica retirada y exiliada ruso-soviética que se interesa por Renzi. Por otro lado, en La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski se refiere por dos veces [#195; #217] a Fidel Castro y a Cuba, y en ambas de manera negativa. A modo de ejemplo, el significativo párrafo #195: “No hay garantía de que el sistema industrial pueda ser destruido al mismo tiempo en todo el mundo, y es posible que en el intento por derrocarlo, sea dominado por dictadores. Hay que correr ese peligro ya que la diferencia entre un sistema industrial ´democrático´ y uno controlado por dictadores es pequeña, comparada con la diferencia entre un sistema industrial y uno no industrial. (La estructura tecnológica y económica de una sociedad son bastante más importantes que su estructura política a la hora de determinar la manera en que vive el hombre medio; ver #95, #119). Puede discutirse que un sistema industrial controlado por dictadores sería preferible, porque normalmente se han demostrado ineficientes, por lo tanto es probable que colapse. Mirá Cuba.” El argumento de que los dictadores son preferibles conoció sus avatares en este mismo extremo país del Cono Sur.

[4] Supongo que Piglia disintió con la escalada hacia la lucha armada. Militante del PC, acaso prefería pensar la revolución como proceso al que se llega por la toma de conciencia de las masas (aunque no tengo plena seguridad, en este caso, de lo que afirmo). Sobre su relación con Rodolfo, ver el documental P4R+.Operación Walsh [1999] de Gustavo E. Gordillo [disponible YouTube].

[5] Sobre Walsh y la ALN pueden leer una biografía del escritor a cargo de Eduardo Jozami, La palabra y la acción [2006]; también de Rubén Furman, Puños y pistolas [2014], una historia de ese ´grupo de choque´; puede verse el programa, en cuatro capítulos, dirigido por Luciano Zito, Reconstrucción de un hombre [disponible en Youtube].

[6] Walsh, por supuesto, no está en El camino de Ida. Sin embargo, existe una sutil corriente subterránea que me gustaría señalar. Renzi, hacia el final de la novela, desanda el camino hacia la cárcel en la que está detenido Munk. Conoce a una joven estudiante de literatura comparada –Nancy Culler- que prepara una tesis acerca del ´terrorismo ecológico´ en la película de A. Hitchcock, Los pájaros. Nancy alardea: no escribirá sino que filmará su tesis, ´la primera disertación fílmica de la historia de los Estados Unidos´- titulada ´A vuelo de pájaro´. En su ensayo sobre Walsh, Viñas (2005, p. 254) apunta que en la forma de contar desde arriba de Walsh (una partida de ajedrez, por ejemplo) “…parecería que sobrevive una dimensión teológica.” Ese ademán de usar ´planos explicativos´ responde, según Viñas, a una constante en la forma de mirar en la literatura argentina, ´el vuelo de pájaro´.

[7] De esta manera, Walsh se incorpora a la lista de escritores argentinos heterodoxos –en un sentido diferente al que utiliza Viñas- en contacto con las herejías en un sentido amplio (ocultismo, esoterismo, cábala popular, hermetismo, gnosticismo, etc.). Esos autores, en un listado incompleto y restringido al siglo XX, son: Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Roberto Alrt, Jorge L. Borges, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Ernesto Sabato, Julio Cortázar, Manuel Puig y, con sus peculiaridades, el mismo Ricardo Piglia. (En todos esos herejes, con mayor o menor incidencia, la matriz de la ciencia ficción.)

[8] Hay un tercero en esta serie. En el escrito “Fabián Polosecki, mística y anarquismo” [https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/11/15/fabian-polosecki-mistica-y-anarquismo/] expongo con más detalle un tema que mencioné al pasar en el cuerpo del texto: anarquismo y cristianismo primitivo. A su vez, es muy interesante considerar los hilos invisibles que reúnen a Polosecki con los dos nombrados. Hilos: la militancia, la religión, la decepción, la crítica a la organización social (y a la célula revolucionaria), el retiro al Tigre, Conrad, la paranoia, la inmolación, la ética anti-, etc. En lo que respecta al suicidio de Polo, como Ted descendiente de polacos, dos comentarios: a) en la versión de Piglia, que Munk le pregunte por el cianuro a Renzi sugiere una leve chispa de arrepentimiento por no haber previsto ese detalle; haber caído en manos de las fuerzas de seguridad de ninguna manera fue un buen final de secuencia; b) su alocado enfrentamiento aquel 25 de marzo de 1977 con los militares y a los tiros, tiene todas las trazas de un suicidio disimulado por parte de Walsh; como muchos otros convencidos, v.g., su hija Vicky, fue al muere; se sabe que Walsh rechazaba el uso de la pastilla de cianuro y prefería el culto al coraje llevando consigo un revólver.

[9] El paradigma del escritor-periodista salvaje para Walsh era Ambrose Bierce, aunque esa es otra historia.

Fabián Polosecki, mística y anarquismo

“Su nombre hoy es una clave.”

Montero y Portela, Polo, el buscador [2006]

polo

Primera parte

1.-

“Esto lo hizo Marlon Brando en Apocalypse Now…”[i], son (si se pone entre paréntesis el ineludible recurso de la edición) las últimas palabras públicas de Polo, de Gustavo Fabián Polosecki, en diciembre de 1995. La frase –pronunciada al cazar una avispa desorientada entre muebles, humo y hormigón- cifra la búsqueda vital de Polo e intenta enmarcar su devenir en una lógica que tiña con pinceladas de luz el oscuro misterio que rodeó –y que rodea- su final signado por la ruptura de relaciones con los medios de comunicación, con familia y amigos, y con el Tigre como escenario del exilio. [ii]

Después de tres años en el centro de la escena televisiva; después de dos productos audiovisuales exitosos –El otro lado [1993-1994] y El Visitante [1995] y hoy de culto; después de tres premios Martín Fierro (uno como ´Revelación´), Polo traslada vida, interés y energía al más natural mundo de islas, ríos y vegetación tupida. En ese liminal diciembre de 1995, Polosecki es consciente del final de ciclo: “Paradójicamente, los lugares que elegí para terminar mis programas, el barrio y el Tigre, son los lugares de los que salí. Creo que eso de llegar al lugar de origen marca una suerte de cierre.”[iii]

Desde el barrio –Saavedra- se desliza a las islas del Delta. Polo conoce en el capítulo final de El Visitante a Eduardo Hernández. “Polo eligió vivir un tipo de vida acercado a la naturaleza, y cuando vos lográs eso, cuando te relacionás en ese ambiente… es muy difícil que te reintegres a la sociedad de la misma manera. De repente yo era el nexo de Polo con la naturaleza´ –explica Eduardo.” (Polo, el buscador, p. 174) Eduardo –profesor de educación física, actor y maestro de danzas- niega ser un ´gurú´ (Polo, el buscador, p. 178), pero acepta el mote de ´maestro´. Retorna a aquellos momentos: “Nadie vino a preguntarme por qué Polo me llamaba maestro. […] Puedo parecer un hippie retrógrado o un punkie de Barcelona, pero los que no me conocen no pueden entender por qué alguien puede decirme ´maestro´. Hoy ya no lo soy porque el aprendiz que tenía se suicidó y no lo pude contener. Hoy no puedo asumir el compromiso de enseñar, porque pienso que uno de los alumnos más trascendentes que tuve se terminó suicidando.” (Polo, el buscador, p. 187)

La figura de Eduardo es central y conflictiva para el contexto humano próximo a Polo. Era aquel, en la perspectiva de los antiguos compañeros, ´un elemento extraño, un border, un loco, aunque no un mal tipo´ (Polo, el buscador, p. 179). Sin recaer en acusaciones, se le adjudica haber sido la causa de la intensificación de la crisis (Polo, el buscador, p. 173). Miradas con un poco más de distancia, sostienen que el catalizador de la profunda crisis personal fue el escenario elegido para el retiro, el Tigre “…un paisaje verde plagado de silencios, de ritmos nuevos y sabidurías ocultas…” (Polo, el buscador, p. 174). Y afirma Gustavo Alonso, director del documental La vereda de la sombra [2005][iv]: “Por eso pienso que el Tigre fue el desencadenante, con mucho más que ver que el tema de la falta de trabajo. Tal vez el Tigre no fue el determinante de su suicidio, pero seguro que fue la base de la pérdida de los lazos afectivos que lo pudieran contener… Descreo directamente que Eduardo haya contribuido a eso…” (Polo, el buscador, p. 179).

La ´falta de trabajo´ de Polo es un tópico recurrente entre las opiniones. “El ocio y la ausencia de un horizonte concreto hacia dónde dirigir el esfuerzo creativo fueron otros elementos que agudizarían en Polo una crisis cada vez mayor. Para la familia, la carencia de trabajo fue una de las claves de todo lo que llegó después”, aducen Montero y Portela, autores de Polo, el buscador [2006].

Polo, sin embargo, según cuenta Eduardo, era un entusiasta colaborador en las tierras de Abra Vieja; se levantaba muy temprano y se ponía a la par en las tareas; se dedicaban luego a pensar y a revisar sus proyectos (Polo, el buscador, p. 174-175). Hasta último momento estuvo interesado en llevar adelante sus ideas. José D´Amato, una semana antes del suicidio, conoció de boca de su para ese entonces ex compañero, que tenía ofertas para volver a trabajar (Polo, el buscador, p. 179). Incluso, la noche anterior al aciago 3 de diciembre, Polo y Eduardo se reunieron con FM La Rocka por un eventual contrato para realizar un programa de radio (Polo, el buscador, p. 182). Proyectos, y de largo aliento, no le faltaban. Polo ´compró terrenos en la segunda sección del Delta para generar un criadero de anguilas y un lugar de eco-turismo con cabañas para que la gente de periodismo pudiera estar en un lugar tranquilo´ (Polo, el buscador, p. 180). Con este proyecto –recuerda Eduardo- ´quería ofrecerles a sus amigos todo lo que él rescataba de la experiencia con la naturaleza, alejado de la perspectiva racional del confort´ (Polo, el buscador, p. 180).

2.-

Polo en el Tigre -especulo- significa la oposición de dos lógicas, de dos visiones del mundo, hasta de dos corpus ideológicos diferenciados. Si para Alonso, “…es raro que un tipo como Fabián Polosecki, que encarna tanto la imagen urbana…, termine en el Tigre, redescubriendo la naturaleza…” (Polo, el buscador, p. 174), otros observaron otras cuestiones en ese giro extraño “…porque tenía una visión de la realidad muy clara, y la realidad le pegaba mucho y mal. Estaba en una búsqueda, porque planteaba que había que buscar formas alternativas de vida a lo que te proponía la ciudad, o la televisión en nuestro caso. Cosas que yo creo para nada descabelladas”, reflexiona Daniel Laszlo (Polo, el buscador, p. 176). Dos mundos en colisión, entonces, el urbano y su consecuente universo despiadado, y hasta irracional, de trabajo; y el más cercano a lo natural (despiadado en otro sentido), centrado en el autoconocimiento y en el intento de un conocimiento más profundo de los demás. Y esa colisión suele no ser inocua.

A través de la perspectiva personal de Eduardo, se puede tener una idea de cómo vivía Fabián el tránsito entre esos universos.

“Él estaba saturado de toda la parafernalia televisiva, de todo lo que le generó vivir en ese mundo porque siempre, desde que lo conocí, fue un tipo muy auténtico, muy idealista, que se ha movido mucho entre el romanticismo y la temeridad… un tipo muy de ley…” (Polo, el buscador, p. 174)

“Él era temerario, no sólo valiente. Temerario, como capaz de hacer cualquier cosa. […] Y era un tipo auténtico, lo ficticio era todo lo de alrededor. Por eso me gusta que haya gente que lo siga, porque tenía mucha ética, y esa ética la rescató cerca de la naturaleza… [la ética] de ser consecuente con lo que uno asume como responsabilidad.” (Polo, el buscador, p. 180)

“Cuando íbamos al centro, aparecíamos con las botas embarradas… Llevábamos la realidad del delta para allá. […] Imaginate lo que era para los personajes de la televisión verlo aparecer tan excéntricamente. Y ahí empiezan a decir que él estaba loco. Pero, ¿lo ven loco así? ¿No lo ven loco dos o tres años antes, cuando él sigue el camino que ellos mismos le imponen? […] A toda esa gente que pensaba que ir a la isla era como ir hasta la India, Polo la despreciaba. Despreciaba esa mentalidad…” (Polo, el buscador, p. 177)

Como señaló Laszlo, y ese era el puente que le tendía Eduardo, Polo estaba buscando ´una forma alternativa de vida´. En su contexto de familiares y de amigos, ese giro abrupto fue visto o como la inmersión en el ocio o como sencillamente locura y delirio [ver nota 2]. Ariel Baralaro piensa en lo paradójico del giro

“Nunca podés llegar a entender un suicidio, quizás porque tiene más que ver con las contradicciones de la sociedad. Parecía un pibe que lo tenía todo, yo creía eso: había conseguido una hermosa mujer, una hermosa familia, estaba bien económicamente, estaba haciendo algo que él había ideado, algo que era valioso culturalmente. Este pibe las tenía todas, decís, pero ahí están las contradicciones de todo eso. [..] Que él se haya desbarrancado de esa forma a mí me asustó un poco.” (Polo, el buscador, p. 183-184)

El pavor de Baralaro surge, sin dudas, del reconocimiento de que –para decirlo de alguna forma- la vida basada en el éxito (o condenada al fracaso) y centrada en el trabajo, la familia y el bienestar económico, es una trampa. En aquella última entrevista, Polo reconoce sus depresiones cuando no hay proyecto a la vista y concluye sobre cuál es la vida que le gustaría llevar:

“Después de períodos de mucha actividad suelo tener depresiones fuertes. Yo sin laburo me pongo muy nervioso. […] Y ojo que no estoy hablando… de laburo remunerado: el concepto de idea burgués. Porque me parece que hay un modo de vida burgués, que no es lo que yo quiero. Lo que digo no tiene que ver con el dinero, sino con la no aventura. […] Es necesario saber cuánto es lo que uno necesita. Yo podría vivir en la tercera parte de esta casa. Hoy lo necesito mucho, si no, no la tendría.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más adelante en la misma nota diría que ´tenía ganas de vivir mil vidas´. Su plan estaba orientado hacia una vida no burguesa (si bien, en ese entonces, disponía de un bienestar económico que podríamos denominar de estilo ´burgués), asociada a la aventura y ´alejada de la perspectiva racional del confort´. Hasta donde puede reconstruirse la historia, su traslado al Tigre era núcleo del plan. En ese tipo de vida –en términos más o menos ideales- mediante la ética, la responsabilidad y el propio romanticismo, asociados a la naturaleza, Polo buscaba plasmar viejos anhelos políticos de la época de militancia. Aunque desde mi lado pueda sonar a un eco demagógico de sus ideas, Polo hizo la transición ´ciudad – barrio – Delta´ para acercarse al pueblo, a lo popular, y con mayor precisión, para conocer y absorber la ´sabiduría popular´. “Sabiduría popular: ésa es la historia…”, les especifica Polo a Abdala y a Bembibre en el calor de 1995.

3.-

Ese acercamiento y ese interés están plasmados en el inconcluso proyecto pergeñado en 1996 junto a Eduardo y denominado El aprendiz. Dice su maestro de entonces: “Cuando decide venir a la isla, Polo redescubre un montón de cosas, desde subirse a los árboles hasta el ruido de una piedra que cae en el río. Pero mucho pasa por el trabajo físico. Lo veías a Polo que se iba al fondo a romper una rama y era algo personal. No hay nada místico en eso, salvo lo que uno mismo le pone. En el delta hay tipos que talan un árbol de doce metros [y lo suben a un bote] y todo con una facilidad increíble. Todas esas hazañas a Polo lo fascinaron… Y a partir de ahí nació la idea de El aprendiz… Polo arrancó haciendo las cosas desde el otro lado, vinculado a la fantasía y la realidad. Después fue el visitante, porque internalizó lo que la gente le contaba. Y cuando llegó a casa se transformó en el aprendiz.” (Polo, el buscador, p. 175-176)

Eduardo configura ´el camino´ (a través de la narrativa audiovisual) del buscador. Primera etapa: la indagación en el corte entre la fantasía (el deseo) y lo real; segunda etapa: el que llega a un posible espacio real y escucha a los demás; tercera etapa: el que, una vez instalado en su lugar de elección, quiere aprender por sí mismo.[v] Es un camino de crecimiento personal, es una búsqueda de conocimiento, de saber hacer. Y aunque Eduardo lo niegue, o justamente porque lo niega, en la búsqueda asociada al contacto con la naturaleza lo primordial es la acentuación de su misticismo. Polo, a expensas de su pasado en la ortodoxia del Partido Comunista, lo reconoce:

“Yo no creo en Dios, tengo una cultura atea, pero una parte de mi personalidad es medio mística: lo misterioso, la leyenda, la sugestión y el asombro por las coincidencias. Pero no hay que quedarse sólo en el asombro, porque si es así sólo sos una persona que se a-som-bra… que algo con las sombras debe tener que ver… Sí creo que hay un orden, pero que se puede modificar. Uno está metido dentro de algo, cuando las cosas cambian, uno cambia, hay una relación dialéctica entre las cosas.” (Abdala – Bembibre, 1995) [vi]

El misticismo de Polo –tal vez en germen en la tradición familiar judía a la que pertenece- impregna el proyecto con Eduardo y ese tono extraño da una idea (más allá de si era factible o no) de cómo fue recibido en aquel otro mundo que había abandonado. Cuenta Laszlo: “Presentó el proyecto a un par de jerarcas de la televisión y la respuesta de uno de ellos fue que lo veía ´fuera de la realidad´, literalmente.” (Polo, el buscador, p. 176) La contra-oferta: convertirse en el conductor de Investigación X, un programa periodístico símil a Edición Plus. Polo debería aparecer de saco y corbata. ¿Quién estaba más fuera de la realidad, el jerarca o Fabián? En verdad, era otro episodio de la colisión entre mundos antagónicos.[vii]

Si mantenemos la oposición –que puede ser ficticia en su simetría-, tenemos en un hemisferio el mundo de la tecnología, de la televisión, de la parafernalia audiovisual, y en el otro hemisferio, la naturaleza, la vida integrada a un sistema ancestral. Incluso en miradas atentas y ajustadas sobre Fabián Polosecki, en el devenir de la historia la expansión mística queda ligada a su suicidio. Dice Carlos Polimeni en 2001: “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ[viii] Tal vez el ´vacío´, en esa secuencia por lo demás precisa, debería conectarse con el estadio anterior, el de la pertenencia al otro mundo, al de los grandes medios de comunicación. Acaso la perspectiva mística fue causa de la insoportable conciencia de haber vivido –a pesar de los volátiles logros- un sin sentido.[ix]

En referencia a su exaltación de lo barrial, Marcelo Panozzo opina que por esa época Polo “parecía un evangelista” (Polo, el buscador, p. 186). Pero esa religiosidad era hija no del dogma sino de una mirada amplia. Pablo de Santis recuerda: “Cuando entramos [año 1984], la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero… se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra [con] la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas… Todo eso reapareció en El otro lado… Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior… […] él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ (Polo, el buscador, p. 7) Y, a partir de esa mirada, De Santis especula sobre quién era Polo

“El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ (Polo, el buscador, p. 8) [x]

Esa elucubración –al límite de lo verosímil- presenta una figura cuasi-mesiánica: aquel que llega, indaga, aprende de los otros, deja algunas respuestas inciertas a partir de su sabiduría, y se va. Si el misticismo de Polo, como es de suponer, está ligado a su conexión con la naturaleza, su necesidad de trascendencia reside en su afán de saber, de conocer, de aprender.[xi] Pero Polo nunca explicitó, por supuesto, esa concepción político-religiosa conectada a un plan de vida. Mantuvo su secreto. Decía en diciembre de 1995:

“Me parece que las cosas más importantes, las más íntimas, no hay por qué hablarlas. Hacerlo sería como filmar una película de sexo explícito… […] Todos ocultamos cosas personales. Y cuando digo ocultar, no estoy hablando de ocultar cuarenta millones de dólares… como hacen algunos políticos. Estoy hablando de cosas personales que si no se me canta no tengo por qué contar. Creo que estoy aprendiendo a conformarme. No espero todo de todos ni espero todo de mí.” (Abdala, 2001)

A partir del conocimiento de los demás y del mundo (la naturaleza), el autoconocimiento.[xii] En el mismo momento en que Polo reconoce su (a medias) misticismo, afirma creer en un ´orden´ que se modifica por una dialéctica ´interior – exterior´. Si se lucha por cambiar el mundo exterior, eso repercute sobre el sujeto y, añado, por la inversa, si se modifica el mundo interior del sujeto puede alterarse ese orden exterior.

4.-

En su concepción básica, el misticismo busca alcanzar lo que parece imposible para el humano: la unión, desde este mundo terrenal, con lo divino. Es un tipo de iluminación –indirecto, aproximativo- que surge del conocimiento del mundo como un todo y del autoconocimiento sustentado en la disciplina. Dicha imposibilidad hunde al místico en el silencio, en el recogimiento. En su etimología, la raíz ´mis-´ de místico significa ´el que calla´. Es una experiencia inenarrable. Polo, en ese punto, apenas si dijo algo, el resto lo calló.

Esa búsqueda tiene como fin lo trascendente (el más allá de los límites humanos) y, por lo tanto y como dije, la imaginería habitual asocia lo místico con el acceso a la divinidad. Pero depende de la tradición religiosa y esotérica que se tome como referente. Existe, por ejemplo, un corpus a medias filosófico, a medias teológico, totalmente contestatario –e ignorado casi sistemáticamente por la devaluada academia [xiii]– que parece funcionar como matriz intelectual para acercarse a la esquiva figura político-religiosa de Polo, y al que me voy a referir sin ninguna evidencia textual concreta que me permita defender que él la conocía. Es apenas un ejercicio de interpretación.

Retrocedamos, por un momento, una veintena de siglos.

Si bien su origen es un misterio, al día de hoy por consenso se acepta que en la confluencia de religiones orientales (por caso, el deísmo persa), de la filosofía griega y del judaísmo, en el proceso histórico que luego deriva en el cristianismo, se estableció una pugna entre diversas versiones de la presencia del Hijo de Dios en la Tierra.

Simplifico. Mientras los a posteriori cristianos defendían que Cristo era el Mesías que llegó, luchó, murió y con su resurrección redimió a la humanidad, otro grupo de cristianos –denominados gnósticos, luego herejes y siempre acusados de defender postulados de tono judío- argüían que si bien era factible que Cristo fuera un enviado, un ungido, era imposible establecer que se tratara del hijo de ningún dios único y todopoderoso porque el conocimiento de ese dios era inalcanzable.

El gnosticismo es una filosofía, y una teología, que resuelve de manera brillante el problema de la existencia de Dios proponiendo el principio del ´dios desconocido´ (en inglés, ´alien god´, el dios extraño). Dicen: tal vez exista un dios creador y omnipotente pero el ser humano no puede conocerlo. Ese dios se encuentra retirado, alejado, distante y no está interesado para nada en este mundo gobernado por funcionarios enloquecidos, seres menores y terribles -los arcontes- responsables de la pervivencia del mal. Ahora bien, qué camino debe o puede tomar el ser humano para tender siquiera a aquel ser superior. El camino es indirecto. Por inalcanzable, al hombre le resta indagar en lo creado los rastros de la tarea de esa extraña divinidad desconocida. En la naturaleza y en el interior de cada uno, el ser humano debe (o puede) buscar el conocimiento de lo divino. En el autoconocimiento, es decir, en la búsqueda de esa inaprehensible ´chispa divina´ que cada uno tiene, debe colocarse el objetivo del lento e imposible perfeccionamiento humano. Tal vez exista un dios único, tal vez exista una verdad, busquémoslos aunque nunca los alcancemos. En ese camino está el acceso al conocimiento, a la gnosis.

La forma de pensar gnóstica –sustentada en el principio del dios desconocido– es una maquinaria efectiva, luminosa y atroz porque tiene, al menos, dos consecuencias intelectuales. La primera es la paranoia: una vez alcanzado cualquier principio, es posible suponer que detrás de ese existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es ahora sí y finalmente el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente y ahora sí el dios desconocido y así al infinito. La segunda consecuencia intelectual es la anarquía especulativa: apoyados en la idea de que siempre habrá un principio ulterior y desconocido al que se puede apelar, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de la existencia de ´una verdad´ (la ortodoxia) y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas.

Este instrumento basado en la sospecha intelectual tiene su leyenda negra en el pensamiento occidental, pero –me interesa remarcar ahora- de esa fuente, con el transcurso de los siglos, surge el anarquismo.[xiv] “El anarquismo, como filosofía social, tiene una larga prehistoria, que puede remontarse a Lao-tsé y el taoísmo en China, a los sofistas y cínicos en Grecia, y que no deja de comprender durante el Medioevo y el Renacimiento, diversas manifestaciones del Cristianismo sectario y heterodoxo.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista).[xv] Además de la tarea intelectual crítica y de raigambre netamente política, gnosticismo y anarquismo coinciden en la defensa del pensamiento libre, en el rechazo de toda jerarquía y en la concepción de que las instituciones (la Iglesia para unos, el Estado para otros) es la concreción del mal en la Tierra ya que responde solo a la ambición de poder. El ser humano necesita conocerse para agruparse. No necesita –excepto para dominar a otros- crear instituciones externas que consoliden su vacío interior.

Retorno a nuestro pasado inmediato.

5.-

Eduardo ponía en serie los dos ciclos de Polo junto al proyecto inconcluso. En un sentido análogo, el paradigma imaginativo gnóstico (gnosis, conocimiento) permite explicar esa secuencia narrativa: se pertenece a dos mundos; hay un más allá, un otro lado, desde donde viene el mensajero y hay un acá al que arriba; al llegar a este lado, el extraño visitante no encuentra su lugar, es rechazado (el ´síndrome del visitante inoportuno´) y, en consecuencia, necesita conocer –aprender– para entender su situación en este mundo despiadado. Uno de los tópicos recurrentes del gnosticismo es considerar al autoconocimiento como una lucha en la que el sujeto busca salir del estado de estupor, de narcolepsia, de obnubilación, de estar dormido que supone vivir en este mundo terrible al que ha sido arrojado –un mundo en el que reina el ruido. Conocer y conocerse es despertarse, es mantenerse despierto en un mundo fatal.

A la luz del esbozo de un posible paradigma anarco-gnóstico, las declaraciones de Polo en aquella última entrevista de 1995 adquieren un sentido diferente –sea la paranoia, sea la perspectiva conspirativa, sea la necesidad de diversión [xvi]

“Me aterroriza cómo va todo. Estoy en Parque Saavedra y pienso que lo van a hacer mierda, estoy en la calle Corrientes y lo mismo. Son como ataques de paranoia que tengo. Siempre tuve depresiones fuertes, después de períodos de mucha actividad. Me pongo muy mal. Me desespero, tengo crisis de odio, de dolor. Estoy en un momento de replantearme cosas, de intentar encontrarle un sentido a todo este juego que a veces se me aparece absurdo.” (Abdala, 2001)

“Esa es la sensación que tengo del poder. Me da miedo. […] Hay que estar despierto, preparado, y vivir a tope con la gente que uno quiere. Divertirse y comprometerse realmente con lo que uno hace. Esto en algún momento tiene que cambiar y no hay un solo camino, porque los problemas son tantos… Y es necesario que haya aportes distintos, de todos. […] Estoy tratando de ver cómo se hacen las cosas bien. No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995)

´Terror´, ´angustia´, ´odio´, ´dolor´, ´depresión´, ´paranoia´, ´miedo al poder´, ´despertarse´, ´divertirse´, son elementos que se corresponden con una mirada gnóstica. Es, además, propio de un hereje afirmar, luego de haber militado y de haber sido líder de la Federación Juvenil Comunista (ligada al Partido), ´no tengo una ideología´.

Queda de mi lado, traducir ´no tengo una ideología´ por ´no tengo ortodoxia política´. Según Montero y Portela (Polo, el buscador, p. 27), ´Polo nunca se arrepintió de su militancia en la Federación´. En una entrevista de 1994, reconoce que en su adolescencia quería hacer la revolución y no asocia eso a su inexperta juventud, sino a un deseo profundo:

“No creo que la acción política sea una cuestión de la adolescencia. En todo caso, en ese momento diferencié cierto espíritu de la militancia trasladado a otros campos. Parecía que lo único importante era convencer, convencer, convencer. Hay algunos que emplean el 90 por ciento de su tiempo en eso y les queda muy poco tiempo para aprender y conocer.” (Polo, el buscador, p. 27-28)

“Pìenso mucho en esa época, los problemas eran la confianza ciega en un discurso y el querer convencer a los demás. Esa idea de decirle a la gente lo que tiene que pensar del mundo es una locura. Por suerte me curé de determinado tipo de fe y de andar juzgando y calificando a los demás. Ahora trato de entender…” (Polo, el buscador, p. 28)

En esas declaraciones de 1994 –que ubican al marxismo en el ámbito de la fe (y nuevamente puede verse ahí la crítica a la ortodoxia) y que insisten en la necesidad de ´conocer´ y de ´aprender´- no hay arrepentimiento, pero este sí aparece, matizado por la duda, en la última entrevista, en 1995. El movimiento argumentativo de Polo añade una crítica a la política tradicional: “La política de los profesionales, ésa sí que no me interesa. Y a la gente le pasa lo mismo. La gente se expresa, sobrevive como puede. Pero ya está cansada de que le hablen de boludeces. Yo en una época milité, pero hoy no estoy seguro de que esté bueno poner todas las esperanzas en eso.” (Abdala, 2001) Abdala y Bembibre no incluyen este pasaje en la edición de 1995. Recién en 2001, cuando la primera publique en Página ̸12 fragmentos inéditos, el cuestionamiento de Polo se hace presente.

En el aspecto positivo de la cuestión, en la versión de 1995, Polo defiende su trabajo en televisión como si se tratara de militancia individual

“…siento que hago política con mi programa. Yo, trabajando, ejerzo un poder, pongo mis capacidades al servicio de todos. No me interesa la política de los profesionales, me interesa ésta. Porque yo estoy a favor del desarrollo y del progreso pero me parece imperdonable que se plantee un modelo de vida que excluye a la mayoría. La gente está angustiada, putea, porque los que tienen las palancas no parecen tener buenas intenciones: hay muchas cosas que se hacen por interés, por ambición desmedida, y eso es muy jodido.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Se queja Polo: “…no soporto que los tipos que tienen un oficio noble, un ceramista, un carpintero, mueran en manos del plástico coreano. Hay una cultura popular en la Argentina… laboriosa injustamente hecha mierda.” (Abdala – Bembibre, 1995) Y sueña Polo:

“Mi ideal del mundo deja que las personas puedan rotar en sus actividades, en donde el trabajo manual e intelectual se entiendan como una misma cuestión, donde no hay personas que piensan y organizan, y personas que obedecen y fabrican: que un tipo pueda hacer el trabajo pesado a la mañana, después al mediodía cocinarse, y a la tarde leer, escribir, y después barrer la vereda, y a la noche ser carpintero, y de trasnoche borracho, o jodón, o colectivero. Tengo ganas de vivir mil vidas.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más allá de la ausencia de una explicitación de Fabián acerca de su anarquismo, ese mundo ideal se ofrece como el humus para que germinen mis especulaciones. En consecuencia, una manera de darle mayor entidad a mi sospecha es aceptar que el compendio de las siguientes ideas políticas de Polo aproximan las redes al río del anarquismo y las aleja del comunismo (en su variante marxista). Enumero:

a) defensa de la ética, de la responsabilidad y de la libertad individual;

b) insistencia en conocerse, conocer y aprender (la educación es eje de la sociedad según la filosofía anarquista);

c) defensa e interés en la interacción con la naturaleza (el autoconocimiento, con raíces, entre otros, en el pensamiento gnóstico, supone una relación diferente con el mundo exterior y propone así un alerta frente al uso negligente de la tecnología)[xvii];

d) búsqueda de la autosubsistencia;

e) defensa del ´trabajo noble´ sin esclavizar, ni oprimir a las personas y en beneficio de la comunidad;

f) alternancia entre trabajo manual, intelectual, artístico; derecho al placer; [xviii]

g) rechazo de la vida burguesa (a la posesión excesiva –Polo dice estar luchando contra el apego a los objetos [xix]-, a la adoración del confort y al tiempo regulado desde fuera sobre el individuo [xx]);

h) ataque a la jerarquía –basada en las instituciones- que estructura la mayor parte de las ingenierías sociales conocidas; rechazo de la política tradicional.

Hasta donde conozco, la única evidencia concreta acerca del anarquismo intrínseco a la mirada de Polo son las palabras de Alfredo Casero:

“Polo fue una de esas personas que tuvieron que vivir con la utopía extraña de querer ser solamente si se puede hacer lo que uno quiere. Él se metía en el culo de la gente porque no se bancaba a esta horda capitalista que obliga a los poetas a trabajar para Coca-Cola o a ser empleados municipales, no se bancaba este sistema que te destruye los sueños… no aguantaba eso. […] Polo, de alguna manera, es una especie de bandera para la generación a la que el poder quiere hacer mierda. […] Pero hay gente que por debajo está haciendo la guerra, gente que un día puede no dar más y renunciar… Polito me dijo una vez: ´ésta es una guerra entre japoneses´; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea… Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda: ´¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!´, pero tenía algo de cierto…Y a los rebeldes casi nunca les va bien” (Polo, el buscador, p. 191-192)

Si retornamos con esos parámetros al Polo periodista de la época previa a su exilio en el Tigre, su mirada crítica, hereje y, se podría aventurar, anarquista en ciernes, resuena en la denominación de la propia práctica –y de la de sus compañeros de programa- de ´anti-periodismo´

“Lo que caracteriza a nuestro trabajo, además de cierta improvisación, es el aspecto que tiene de producción independiente. […] Independiente de los canales, es decir, lo único que nos ata a nosotros que hacemos El otro lado con el medio es… el producto de artística que sale al aire. No tenemos pantalla asegurada, no somos dueños ni estamos dentro de la estructura del emisor, que es el canal, ni tampoco estamos dentro de la negociación televisiva, de comercialización, ni publicidad, ni chivos, ni nada por el estilo. Es decir, nos hacemos cargo de los 45 minutos de artística que tiene nuestro programa y con eso tratamos de tener nuestro espacio de expresión. […]… en nuestro programa estamos haciendo una suerte de antiperiodismo, si se quiere. [..] Con lo de antiperiodismo me refiero a que le huimos, en algún sentido, a la noticia. Pero no sólo a la noticia de actualidad, sino a convertir en noticia lo mundano.”[xxi]

Ese ´nosotros´ utilizado por Polo nos recuerda que, más allá de que con el paso del tiempo él atrajera las luminarias, su tarea en televisión habría sido imposible sin esa comunidad, sin esa cofradía que le permitió destacarse. El grupo compuesto por personalidades afines, en confraternidad, con un objetivo común y cerrado a los intereses de las corporaciones (de un poder central), aunque no solo, pertenece al imaginario anarquista.

{Fin de la primera parte}

{Este escrito que usted lee -qy ue conoce una versión primitiva– no es un caso de crítica textual. No me propongo analizar de qué manera las ´fuentes´ de las que me valgo (o, al menos, algunas de ellas) mistifican un objeto de estudio, o de interés, en favor de una idea previa (o de ninguna, apenas de la técnica que lo constituye). En el segmento inicial, reordeno material bibliográfico conocido con el objetivo de añadir una eventual nueva línea narrativa a la historia de vida de Fabián Polosecki. En el tramo restante, utilizo esa ´otra historia´ para poner en discusión la recurrencia de una matriz intelectual e ideológica que disuelve posturas y ̸ o propuestas políticas delirantes, recalcitrantes, herejes, en el diagnóstico clínico.}

Segunda parte

6.-

En el episodio ´la avispa atrapada´ -si es válida mi sobre-interpretación- Polo demuestra, con ese pequeño gesto, su pacifismo místico: “Esta se cree que vive acá… Hay que dejarla, no asustarla…” (Abdala – Bembibre, 1995). Como dije, según cuenta Polo, al cazarla al vuelo imitaba a Marlon Brando en Apocalypse Now! [F. F. Coppola, 1979]. Esta cita fílmica durante la postrera entrevista tiene, al menos, una explicación. La película de Coppola había sido el modelo audiovisual del último programa en el Tigre del ciclo El Visitante.

Gustavo Alonso piensa el devenir vital de Polo desde el film: “Para mí, Polo en el Tigre es Apocalipse Now! [sic], pero esta vez es Polo el que va a buscar al Coronel Kurtz y termina colgado de Eduardo. Así está expuesto en ese último programa de El Visitante, aparte de citas y de algunos guiños desde lo estético con la película de Coppola…” (Polo, el buscador, p. 178-179) Y no es el único que establece una conexión de ese estilo. Ricardo Ragendorfer da un paso más allá (o más acá) porque pasa del cine a la literatura: “Y en el Tigre [Polo] no tenía luz ni televisión, llevaba la vida de un personaje de Joseph Conrad.” (Polo, el buscador, p. 173) Como se sabe, la trama también mística de Apocalypse Now! está tejida sobre el argumento de El corazón de las tinieblas [Heart of darkness, 1899].

Una vez desenredada la madeja por el lado de Apocalypse Now!, e hilvanada por el lado de Conrad, las puertas de lo inverosímil o de la ficción se abren de par en par.[xxii] En principio, algunas azarosas coincidencias. Joseph Conrad –nacido el 3 de diciembre de 1857- era polaco y, si bien no partidario, estuvo interesado en el anarquismo. En su novela El agente secreto [The Secret Agent, 1907] un grupo de anarquistas, entre los que se destaca el personaje del Profesor, conspira para colocar bombas en Londres.

Fabián reconocía que el exceso de trabajo le había impedido, entre otras cosas, leer más. Uno de los autores señalados como de lectura futura era Ricardo Piglia (Abdala, 2001; [ver nota 18]).[xxiii] Ignoro si alcanzó a leer algún texto de ese escritor, en su juventud también militante comunista, y, como Fabián, también colaborador de la revista Fierro, pero, sin depender del dato concreto, en esa afinidad futura, la intuición de Polo parece haber jugado el partido correcto.

Un ejemplo histórico –y, para este caso, funcional- de un anarquista que conjuga su convicción política con expansiones religiosas es el “…[de León] Tólstoi que intentó basar su concepción anarquista en el cristianismo y en la fe, adogmática y antieclesiástica, en el Dios evangélico.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista). El escritor ruso funciona como un perceptible, aunque lejano, modelo del recorrido de Polo: renegó de su obra literaria, defendió principios naturistas, enalteció el vegetarianismo y la no-violencia, abogó por el trabajo manual, se retiró a vivir a una parcela de tierra entre campesinos (nunca dejó de visitar su familia), preparó textos educativos, enseñó a los hijos de esos campesinos, utilizó jardines como aulas. Atravesó fuertes crisis espirituales. Murió en 1910 a los 82 años. Su tumba rebosa de flores.

Tólstoi importa –además de por ser un eventual modelo- por indicar, entre desvíos y huellas perdidas, un inesperado sendero hacia el anarquismo místico de Polosecki.

Piglia retoma la impronta del Tólstoi ´vagabundo místico´, profeta, defensor de la pobreza, del ascetismo, de la no-violencia, maestro de Ludwig Wittgenstein y de Mahatma Gandhi, en su novela El camino de Ida [2013]. Una de las principales líneas argumentales de esta novela –en la que Tólstoi es el prisma anarco-místico- es la historia de Thomas Munk. Munk es un personaje de ficción que enmascara a Theodore John Kaczynski. Kaczynski, más conocido por el mote que le colocaron las fuerzas de seguridad estadounidenses (a las que desorientó por décadas), es el Unabomber. Y el Unabomber –sea el Munk de la novela, sea el Theodore que pasa sus días en una prisión de Colorado- urdió su biografía con los trazos que Conrad utilizó para delinear El agente secreto.[xxiv]

Kaczynski nace en 1942 en Chicago en el seno de una familia de polacos inmigrantes. A los 16 años ingresa a Harvard a estudiar matemáticas. A los 20 años se gradúa. Es considerado poco menos que un genio. A los 25 obtiene un cargo como profesor asistente en la Universidad de California [Berkeley]. A los 26 se retira de la carrera académica. Entre los 29 y 30 años, se va a vivir a Lincoln [Montana] al medio del bosque y a kilómetros del poblado más cercano. Allí construye su propia cabaña y de lo que le ofrece el contexto, se alimenta y subsiste. Vive también de sus clases en una escuela de pueblo y de sus estudios a los que nunca abandona. A partir de 1978 –si aceptamos que es efectivamente el autor- comienza a enviar ´cartas-bombas´ a distintos destinatarios entre los que se cuentan lobistas madereros, directores de empresas de aviación y destacados y encumbrados académicos. A causa de los envíos, mueren tres personas y resultan heridas más de veinte. Kaczynski consideraba a esa violencia absoluta el instrumento para hacerse escuchar entre el ruido de una sociedad enferma de irracionalidad y gobernada por los mass media.

El 19 de septiembre de 1995, los periódicos The New York Times y The Washington Post, publican al unísono La sociedad industrial y su futuro [Industrial Sociey & Its Future], extenso artículo más conocido como Manifiesto de Unabomber. El texto sintetiza su postura anarco-primitivista: la Revolución Industrial, en los últimos dos siglos, ha llevado la civilización occidental al desastre y los responsables primarios del funcionamiento del sistema industrial-militar –injusto, violento, agresivo con la naturaleza- son los tecnócratas que anidan en las universidades en connivencia con las grandes empresas y con los militares. No existe una receta, no hay una única solución, pero el ´sistema socio-económico´ debe ser destruido o, cuanto menos, detenido en su avance. Es necesaria una revolución no política, sino estructural contra las bases económicas y tecnológicas. La alternativa es el retorno a una vida menos nociva para el entorno, en contacto con la naturaleza y en la que la tecnología, en tanto instrumento de control y opresión, sea dejada de lado. A modo de ejemplo, el primer párrafo del Manifiesto reza:

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países ´avanzados´, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer Mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación.”[xxv]

Kaczynski, cuando estudiante, formó parte de un grupo selecto de universitarios con los que se experimentó. La universidad de Harvard y las fuerzas militares de los Estados Unidos, con la excusa de fomentar grupos de discusión sobre filosofía, administraron a jóvenes drogas sintéticas y los expusieron a momentos de tensión y de estrés para observar cómo reaccionaban ante situaciones límite. El proyecto destinado a perfeccionar el control sobre el pensamiento es uno de los disparadores del odio de Theodore contra los tecnócratas universitarios. Esta historia negra del uso de drogas para indagar en el funcionamiento de la mente, es el reverso de lo que sucedería durante la década de los sesenta en los Estados Unidos con el auge de la contracultura hippie y en el contexto de la Guerra de Vietnam, con la lucha por los derechos de la comunidad negra y de las mujeres, etc. La marihuana y el LSD fueron inescindibles de los movimientos políticos estudiantiles que lucharon por la libertad, en general, y por la libertad a expresarse, en particular. El uso de esas sustancias permitió una apertura hacia paradigmas espirituales no-occidentales, y así el misticismo se entreveró con la política. Hubo voces –conservadoras- que discordaron sobre la factibilidad de ese cruce. Pero otras defendieron la parada. Hacia 1966, y en el marco de este debate, Susan Sontag [Estilos radicales, 1969], afirmaba: “…no existe incompatibilidad entre la exploración del espacio interior y la lucha por la mejora del espacio social.”[xxvi]

Kaczynski –después de haber formado parte de los grupos de experimentación- fue profesor en Berkeley al mismo tiempo que hervían los campus universitarios y vio de cerca el devenir del movimiento contracultural. Concluyó que frente a la maquinaria y al entramado perverso que sostiene el ´sistema´, la salida para evitar la disolución de la lucha era dejar de lado los proyectos colectivos y actuar en soledad bajo el supuesto de que otros individuos también aislados comprenderían el mensaje que estaba enviando. Reunirse era abrir la puerta a infiltrados, a traidores, a arrepentidos.

Kaczynski no logró, obviamente, detener el ´sistema´. Sus acciones apenas si alcanzaron para que, una vez publicado el Manifiesto, su hermano reconociera la autoría y lo delatara a las fuerzas de seguridad. La condena infinita que recibió el denominado Unabomber en 1998 se basó en el argumento despolitizador habitual de los tecnócratas: ningún individuo puede hacer la revolución aislado; si Kaczynski trabajó solo no es porque fuera un revolucionario solipsista, sino porque estaba loco, era un paranoico, un esquizofrénico, un psicótico.

Theodore Kaczynski –y eso es, por supuesto, retomado por Piglia para construir a Munk en El camino de Ida– hizo de El agente secreto su libro de cabecera, del personaje del Profesor su modelo, de Conrad su profeta.

Otro sujeto descendiente de polacos, también místico, en ciernes anarquista, casi aislado, por la época en el que el Manifiesto aparecía –mediados de 1995- comenzaba a cruzar su vida con Conrad, y esta era una línea más en la trama del complejo personaje que urdía.

Eso sucedía bien al sur. [xxvii]

7.-

El Thomas Munk de Piglia –en ´munk´ se cifra el monje, el asceta, el místico- defiende la acción solitaria, la conspiración personal, individuos aislados que conforman un ejército invisible para una guerra secreta.[xxviii] Del breve cuadro de Alfredo Casero sobre Polo se desprende la imagen de un anarquista solitario que resiste ante una ´guerra entre japoneses´. Guerra entre japoneses, dicho desde Argentina, remite -si no comprendo mal- a una lucha entre bandos cuyos intereses nada tienen que ver con el de gran parte de la sociedad. En ese enfrentamiento sin sentido, Polo sería una bandera de resistencia para quienes llevan adelante otra guerra, esta vez subterránea. Dice Tomás Abraham: “…se nos adelantó, porque parecía un solitario… Espero que Polo sirva para… descubrir a nuevos tipos que están solos y miran…” (Polo, el buscador, p. 191).

Reproducen los tecnócratas a cargo del juicio que en su diario personal –en el que escribía en códigos diversos, mezclados con el castellano- Kaczynski pensaba en la posibilidad del suicidio. Sabía de la lucha terrible que iba a enfrentar y conocía el viaje sin retorno que significaba asesinar. También, imposible no sufrirlas, era presa de fuertes cataclismos espirituales y de confianza. Aun cuando tengamos una imagen más benigna, conforme avanzó 1996, Polo llegó a un estado de crisis tan profundo que, en palabras de Viviana, su compañera, “… [Fabián] o se mataba o mataba a alguien.” (Polo, el buscador, p. 181).[xxix] Marcelo Birmajer define esa violencia contra sí mismo en términos que, en este contexto, resuenan por su densidad: “…su decisión es un misterio, casi una bomba de efecto retardado que se activó en su pasado.” (Polo, el buscador, p. 184)

En lo terrible o en lo afable, una matriz –con las variantes esperadas- se repite. Theodore como Fabián, cada uno desde su lugar, alcanzaron la cúspide profesional. Y se horrorizaron. Huyeron de esos espacios absurdos pensando en cuál sería un camino posible para la revolución. Kaczynski vio la connivencia delictiva entre Universidad, Ejército y Mercado en búsqueda de un patrón de conducta que les permitiera –como de hecho permitió y permite el ciber-desarrollo- manipular consumidores bajo un manto de inocencia.[xxx] Polosecki estuvo en el centro del huracán audiovisual y salió asqueado.[xxxi] Intentó –como un camino a medias- unir el retiro con hacer televisión de otra manera. Redunda decir que se rieron de él y que no lo dejaron. En el Manifiesto, Kaczynski -quien actuó solo- reconoce la configuración ya individual ya grupal del anarquismo (oscilación también presente en Polo): “El anarquista también busca el poder, pero lo busca en bases individuales o de pequeños grupos: quiere que estos sean capaces de controlar las circunstancias de sus propias vidas. Se opone a la tecnología porque hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones.” En ese texto ataca la forma de vida burguesa, la televisión, los programas de entretenimiento, etc. En particular, el Manifiesto va contra la izquierda política (un lastre para la revolución): “El izquierdismo es inverosímil que nunca renuncie a la tecnología, porque la tecnología es una fuente demasiado valiosa del poder colectivo.” A la mutación de la fe en el marxismo por la fe en la naturaleza de Fabián, ya me referí. Dice Kaczynski en su Manifiesto: “…puede ser útil incluir un elemento religioso en la rebelión contra la tecnología… La cosa más cercana a una religión fuerte, extendida y dinámica que occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras, unificadas e inspiradas. Así, hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse por una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología. […] Algo semejante a una religión inventada… sería un fracaso.”[xxxii] La convicción y la integridad fueron los lemas del polaco-norteamericano (el recurso de la violencia es un punto a discutir como en todas las revoluciones); la ética y la responsabilidad, los del polaco austral. En la versión de Piglia, Munk defiende una vida múltiple: “La subjetividad del anarquista es variable. Su discontinuidad es un hecho que Kropotkin explica como la ´resultante´ de una serie de unidades autónomas y de secuencias que la componen simultáneamente. Nuestras más íntimas memorias, nuestros más íntimos sentimientos, nuestras formas de vivir son múltiples.” (El camino de Ida, p. 275). Polo había dicho en diciembre de 1995: “Tengo ganas de vivir mil vidas.” Para su hermano Claudio –que reconocía en él a ´un joven brillante y talentoso´-, Polo vivía en medio de “realidades inventadas” (Polo, el buscador, p. 178). Diego Lublinsky, a cargo de la realización de El Visitante, pasado el tiempo, entiende a su compañero de trabajo. Recordaba Irene Bais, productora (y ya ida, lamentablemente, de este mundo): “Y me acuerdo de una frase de Diego, que dijo: ´Él me pedía un mundo a la medida de su fantasía. Recién ahora me doy cuenta de lo que quería´.” (Polo, el buscador, p. 183)[xxxiii] Por esas vidas múltiples que deseaban, ambos buscaron espacios agrestes. Ambos, en la tradición anarco-esotérica de la gastrosofía, fueron buenos cocineros. Nada de todo eso importó o, mejor, acaso por todo eso, Ted y Polo fueron diagnosticados –en uno para acusar, en el otro para justificar- de esquizofrénicos, de locos. Como dije o di a entender, Kaczynski se opuso de forma tajante a ser declarado ´insano´ por los tecnócratas psiquiatras; sabía que de esa manera se relativizaba, se neutralizaba su discurso, su llamado, su propuesta política. [xxxiv]

Hay un punto, por supuesto, en el que se diferencian y que no es menor: hacia dónde y hacia quién o quiénes dirigieron su violencia.

8.-

Tomás Abraham reconoce la fascinación que despierta la muerte trágica de Polo pero insiste en atender ´la obra´, ´la obra´. Polo es una obra que pervive. Por eso pareciera que a través de sus programas camina sin cesar por los mismos e infinitos lugares que recorrió. Nos habla hacia acá desde el más allá que es la imagen audiovisual. Para Polimeni, Polo continúa enseñando a hacer televisión desde la tumba. Como si se tratara de un antiguo alquimista, en su ´opera philosophica´ está la fuente de la eterna juventud. Polo merodea este mundo con su sonrisa y con su belleza angelical siempre en sus treinta y pico de años. Polo, eternizado en las cintas que lo reproducen, pregunta y escucha. Polo eterno, fuera del tiempo. Abraham lo denominó “un adelantado”, y lo instaló así en el futuro, acaso nuestro presente –un presente distópico en el que la guerra contra el poder es orquestada por individuos aislados.

En su obra audiovisual existente, el pasaje del fantástico a la ciencia ficción –de El otro lado a El Visitante– muestra la mutación de Polo desde el viejo paradigma del escritor al nuevo del ícono cibercultural. Los rasgos de ciencia ficción presentes en el marco ficcional de El Visitante son consecuentes con el tópico gnóstico que anida en el corazón de la idea: la llegada del ser extraño (“Cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.”) [xxxv] En esa ficción introductoria, que con el paso de los programas se diluye, el protagonista –algo así como un documentalista amateur, pero no un periodista [ver nota 21]- sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ (producto de alteraciones psicológicas propias de inadaptados sociales). Es un mundo amenazante. La radio se refiere al síndrome en términos de cura, de control. El personaje deambula en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico. Es un sobreviviente, un solitario encerrado en su departamento. Ha viajado mucho, ha filmado mucho y durante mucho tiempo. Observa esas viejas cintas vhs –su memoria- con el deseo de ordenarlas. Los espectadores vemos lo que él ve mientras revisa su trabajo previo. El ojo del visitante, y de donde emerge el nombre del ciclo en caracteres rojos en la presentación, es un ojo irritado, robotizado, sanguinolento. “¿Visitante, qué creés que ves con tu pequeña cámara? ¿Creés que alguien quiere ver lo que tú ves? Las caras de la gente son como adivinanzas. ¿Resolviste alguna vez el acertijo? Visitante sin tu cámara estás ciego o ¿acaso creés que sos vidente?

Polo habitante de la iconosfera. Polo ícono cibercultural, pero un ícono díscolo, rebelde, hereje frente al poder de los mass media.

Casero también lo sitúa en el futuro. Cree que Polito reaparecerá (reencarnará) en alguna vieja idea. Y es posible que esa ´vieja idea´ sea la semilla anarco-gnóstica de un reconocimiento dual: en el mundo las cosas van mal; la situación debe ser modificada aunque, más allá de un retorno a lo natural, nadie sabe bien cuáles son los caminos concretos (o se saben y no se podrían ni empezar a pronunciar).

Si bien disímiles en su intensión y en su intensidad, Polo y Theodore evitan ofrecer soluciones fáciles a los problemas actuales. Fabián en ese diciembre de 1995 reconocía la ausencia de un plan previo al que respetar. Repito sus palabras: “No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995) Por su parte, en la versión de Piglia (El camino de Ida, p. 229), Munk lee en El agente secreto de Conrad la necesidad de ir contra el centro del poder sin proponerse pontificar con lo que es necesario hacer después: “Nadie puede decir qué forma podría asumir en el futuro la organización social. Por qué complacerse entonces en fantasías proféticas.”

Dos desesperados y sinceros buscadores; dos descendientes de polacos, místicos y anarquistas; dos biografías, en algún punto, aciagas; dos seres lúcidos que terminan aborreciendo el poder corporativo (y la tecnología); dos vidas que solo parecen cruzarse en este inclasificable texto; dos solitarios, con diferentes roles en el mismo e invisible ejército

“Somos individuos dispersos, metidos en los bosques, perdidos en las grandes ciudades, sujetos en fuga extraviados en las praderas. Estamos aislados pero somos muchos. Hemos pasado de la masa a la manada. Ésa es la nueva situación política: dispersión, retroceso… Kropotkin…, el brillante teórico anarquista, llamaba consistency (consistencia) a la energía que mantiene ligados a los hombres en situación de acoso y de peligro. Unidos en la dispersión… estos grupos en fusión cambian constantemente: de dirección, de dimensión, de territorio, de velocidad.” (Piglia, El camino de Ida, p. 274)

Tal vez esa bandera que es Polo flamee enhiesta entre las manadas dispuestas a futuras batallas contra el caos –en verdad, contra el extremo e injusto vacío- de la sociedad actual. Por medio de su muerte (inevitablemente dolorosa para los de aquí) -al igual que aquel otro polaco, pero con diferente método- este polaco del sur también logró ser escuchado.

Polo es hoy una clave, y sería deseable que no solo para activar repetitivos homenajes.

[Tandil – 06 al 13 de noviembre de 2014]

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“Apéndice: ‘El Zorro’, en Radiolandia y (acaso) por Polo”

Aunque en Radiolandia 2000 las notas no se firmaban, excepto si eras grosso, es lindo pensar que en la edición No. 3069 (año LVI) del diez de julio de 1987 coinciden el nombre que aparece como colaborador en la columna rectangular a la derecha de la hoja y el que tecleó una nota sobre un héroe que, a solas con su espada, fue el terror de siniestros villanos. Voraz lector de cómics en su infancia y más tarde pluma a pura tecla en la mítica Fierro, es verosímil que lo haya imantado el personaje en cuestión. El único dato textual fuerte para sospechar que es de su autoría son los nombres de los hermanos al inicio. Polo, según creo, se enmascara utilizando su primer nombre y no Fabián (y comete, además, un leve trastoque de identidades). De acertar con mi intuición, este texto sobre un justiciero solitario y que, en un mundo pre-capitalista lucha por ´una causa justa en favor de un pueblo oprimido´, sería un bastante diluido indicio del anarquismo intrínseco a su mirada. De estar equivocado (el texto bien puede pertenecer a Pablo De Santis, redactor de la revista, o a cualquier otro, en fin), será solo rectificarme y pedir disculpas. En nada lesionará, creo, lo escrito anteriormente. Para ustedes, entonces, ese primitivo texto de Polo.

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TEXTO SECUELA: Polosecki, el suicidio de un disidente

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Notas

*Si desean acceder al material audiovisual de Polo disponible en la web: Archivo Polosecki

[i] Abdala, Verónica – Bembibre, Cecilia. “No me da miedo que el programa termine”, Página ̸12, Segunda sección de Espectáculos, 17-12-1995, pp. 4-5.

[ii] No pretendo discutir o revisar la existencia de una enfermedad o de un desorden mental en Fabián. Es necesario, sin dudas, respetar el conocimiento que de él tuvieron sus seres más próximos y cuya muerte conmueve hasta el presente. En este texto, pienso a Polo en tanto ´ícono´, ´clave´, ´bandera´ de quienes se enfrentan al status quo.

[iii] Abdala, Verónica. “La lluvia es hermosa porque trastueca los planes”. ´Los tramos inéditos de la última entrevista de Página ̸12 a Fabián Polosecki´. Página ̸12, 24-06-2001

[iv] Link del documental en Youtube

[v] Agustín Salem sobre El aprendiz: “A mí me pareció muy copado todo el proyecto, me parecía bárbaro porque… parecía un paso lógico…” (Polo, el buscador, p. 176)

[vi] Acerca de las “coincidencias” que menciona Polo, en la versión larvaria de este texto hago una lista de las que se le atribuyen o se le aproximan y que no voy a repetir aquí. Ver “Polo místico

[vii]  El aprendiz no era el único proyecto en danza. Dice Eduardo: “Y después había otra idea que era generar un ciclo desde la perspectiva enciclopédica, para darle nuestra propia lectura a las palabras. La palabra ´agua´ iba a ser fundamental, ´corrupción´ también.” (Polo, el buscador, p. 176). Polo intentó imponer su impronta en la televisión, y chocó contra un muro inconmovible. Por su parte, Alejandro Chernov refiere una nueva idea: “…quería armar un programa de televisión donde cada uno hiciera un corto: yo en ese momento estaba obsesionado con el clima… Y Polo me propuso que escribiera un corto sobre ese tema…” (Polo, el buscador, p. 177)

[viii] Carlos Polimeni, “El otro lado de Poloˮ, Página12, 17-06-2001.

[ix] “Yo no quiero ser un artista en el sentido de tener la necesidad de un público para vivir, no puedo orientar mi vida al hecho de que siempre haya alguien ahí para aplaudirme. Me parece una vida muy dura, muy sacrificada. […] Nunca busqué hacer carrera en televisión. Cuando no tenía laburo, simplemente no tenía laburo. Cuando conseguí, lo agarré y lo hice lo mejor que pude.” (Abdala – Bembibre, 1995)

[x] Ver  “Polo místico

[xi] Martina, quien fue novia de Polo, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza. Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico. Ver “Polo místico”.

[xii] “Siento que necesito un tiempo para procesar las cosas que vi en estos años de ‘éxito’ y para terminar de entender a las personas que conocí. Necesito también terminar de entenderme a mí mismo. Por eso siempre digo que todo lo que soy no está en mis programas, y a la vez sí.” (Abdala, 2001)

[xiii] Un referente intelectual es el filósofo alemán Hans Jonas y su tesis doctoral sobre religión gnóstica. Discípulo de Martin Heidegger, Jonas emigró de Alemania durante el nazismo. En la academia estadounidense, Harold Bloom –discípulo de Jonas- reúne crítica literaria y cábala (influida por el gnosticismo). Bloom, aunque de corte más aristocrático, es un revulsivo frente a las ortodoxias teóricas en los claustros universitarios (que han conducido la disciplina –añado- a un enorme estómago que produce casi siempre vómitos semejantes).

[xiv] Así como incide también en el arte contemporáneo, en la psicología de Carl Gustav Jung, en el feminismo, etc. Por la importancia de la Sabiduría (Sophia) y por la defensa de una divinidad finalmente andrógina, el gnosticismo sumó a su recalcitrante postura contestataria –anti-institucional- frente a la naciente Iglesia cristiana, la defensa del rol de la mujer. Esto, sin dudas, acentuó el carácter herético de su pensamiento a los ojos oficiales cristianos siempre misóginos. Ver Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos [1979].

[xv] “El anarquismo se propagó al modo de las antiguas herejías, como una urgencia espiritual que impulsó el ideal de emancipación madurado durante la Revolución Francesa… Quizá porque los anarquistas fueron los albaceas más fieles de los afanes jacobinos, tanto como correas de transmisión de la antigua llamada milenarista, pudieron transformar el lema de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el trípode de una mística poderosa. El anarquismo transmitía un linaje de resistencia…ˮ. (Christian Ferrer, ´Sobre los libertarios´, El lenguaje libertario, 2005, p. 8). No preciso destacar las palabras de corte religioso que atraviesan el párrafo.

[xvi] Famosas fueron las sectas gnósticas por su descontrol orgiástico.

[xvii] Hans Jonas, a fines de la década del setenta, publica Das Prinzip Verantwortung [1979] (versión francesa, Le principe responsabilité. Une éthique pour la civilization technologique [2006]). El recorrido desde el gnosticismo a una crítica de la tecnología es consecuente y. por ende, es ineludible para el pensamiento anarquista. Apenas un ejemplo. Víctor García en Utopías y anarquismo [1977] afirma: “El futuro nos ofrece visiones cada vez más aterradoras. La computadora, el robot, la máquina con inteligencia ponen en evidencia cómo una ciencia y una técnica en la que tantas esperanzas depositaba el utopista del siglo pasado se yerguen omnipotentes terminando con prescindir del hombre o convirtiéndolo en su esclavo. […] El antiguo secretario de la ONU, U. Thant presentó un informe titulado: La aplicación de la tecnología de computadoras para el desarrollo donde decía, entre otras cosas, que existe ´el temor de que las computadoras contribuyan a la probabilidad de una sociedad futura dirigida por tecnócratas.”

[xviii] Acerca del interés de Polo por el arte y sus manifestaciones: “Me gusta mucho la música… Y bailar. No tengo un género en particular, creo que la música tiene que ver con los estados de ánimo. Si en esta casa no hay una dosis de soul por día, no funciona. Acá se baila siempre, se salta.” (Abdala – Bembibre, 1995) (Vale recordar que Eduardo, su ´maestro´, era actor y profesor de danzas). Y sigue Polo: “Me encanta [el pintor] Hopper. Hay una especie de simultaneidad de luces: la luz de la fuente y la luz de las cosas. Entre lo que se ilumina afuera y lo que tenés adentro. Es mágico.” (Abdala – Bembibre, 1995) “El laburo me dio muchas cosas buenas, pero me distanció de muchas otras. La lectura, algunos buenos amigos, ratos más largos con mi familia son algunas de las cuestiones que lamento haber dejado un poco de lado. Ricardo Piglia, Juan José Saer y Andrés Rivera son tres de los autores argentinos que tengo pendientes, y que pienso leer.” (Abdala, 2001)

[xix] La explicitación de su lucha contra la posesión de objetos innecesarios era parte, puedo suponer, de su proceso de transformación. En esa lucha estaba Polo en diciembre de 1995. “…tengo un problema con eso. Por ejemplo, encuentro cosas en la calle y no puedo evitar traérmelas.” (Abdala – Bembibre, 1995) Entre los objetos que se acumulaban en ese living había una vieja radio a válvula, una mesa ratona, latas de galletitas apiladas y una guadaña oxidada (objeto que anuda, en la siega, el mundo natural con el sobrenatural).

[xx] En el medio de sus crisis personal, Pablo De Santis ´veía a Polo sin mucha conciencia del tiempo´ (Polo, el buscador, p. 173). En diciembre de 1995, Polo decía: “Podés estar muy pendiente del tiempo, que no es lo mismo que estar pendiente del reloj. Yo, por ejemplo, no sé qué hora es, ni me importa. Puedo imaginármelo porque conozco este lugar a la hora de la siesta, o porque tengo hambre, o porque sé que a esta ahora se juntan muchas personas en la verdulería… Todo lleva un tiempo: un tiempo de atención, de espera, un tiempo de maduración. La muerte implica un tiempo de dolor.” (Abdala, 1995)

[xxi] En Polo, el buscador (pp. 211-216). El texto corresponde a la exposición de Fabián en el II Festival Latioamericano de Video, Rosario, septiembre de 1994. Al año siguiente, en Tea Imagen, Polo se refiere al personaje ficticio que estructura El Visitante y deja bien en claro su distancia con la idea light del periodista curioso: “A mí me parece que es una discusión vana, en el sentido de que todo programa periodístico tiene una puesta en escena como nosotros, tiene una edición que recorta una parte del texto, tiene un señor haciendo un personaje de… ´periodista´… [pero]… yo tengo un personaje que no es periodista, punto, que no juega a ser periodista… [Público: ¿y por qué esa insistencia?]… y porque a mí me hincha las pelotas [la idea del periodista].” En continuidad, contrapone el periodismo tal como se observa en la práctica –según su experiencia en Radiolandia 2000, escribir un texto que concuerde y que complete un título previo que el editor o redactor le da- a aquel que responde al ideal del ´periodista´ –el que tiene y que hace la ´pregunta correcta´.

[xxii] Mi lectura, y no solo en este caso, parte de tomarme más en serio –sin recaer en la credulidad- las manifestaciones religiosas alternativas (herméticas, esotéricas, etc.). En la fase previa a la redacción de este texto, le manifesté ese detalle a un interlocutor también interesado en la figura de Polo. Su respuesta irónica fue ´horror, horror´ en alusión al temor que inflige tal supuesto religioso a quienes creen escribir sobre temas serios. ´Horror, Horror´ son las últimas palabras que el Coronel Kurtz pronuncia en Apocalypse Now! El detalle –apenas una coincidencia- es que quien usó ese filme como fuente para su ironía, no sabía de la existencia de la serie –Conrad, Kaczynski, Munk, Piglia, Polo. Agradezco, en consecuencia, a Abalén N. por su apoyo no solo anímico para la redacción de este texto.

[xxiii] En la mirada de Piglia, la decisión de escritores e intelectuales de ´salirse del sistema´ como la de León Tólstoi (y la de Ludwig Wittgenstein) es análoga a la de los vernáculos Macedonio Fernández y su discípulo Jorge Luis Borges -anarquistas en sus concepciones artístico-políticas (también místicos, añado, por ser maestros gnósticos), defensores de una vida frugal, poco afectos (tal vez los idealice) a la seducción del dinero y aborrecedores de las jerarquías institucionales; en fin, herejes. Piglia se refiere a estos temas en sus ´clases´ con el formato de programas de televisión [TV Pública, Argentina] ofrecidas en Escenas de la novela argentina [2012] y en Borges por Piglia [2013]. De Macedonio se sabe que, entre fábula y realidad, a fines del siglo XIX participó del intento de vida en una colonia anarquista naturista en la frontera con Paraguay (algunos hablan de simple visita a una chacra). Con base más comprobable, vivió retirado un tiempo en una humilde casa en Morón (ver Álvaro Abós, Macedonio. La biografía imposible [2002]). Entiendo que, en lo que respecta a Borges, mis afirmaciones parecen fuera de lógica porque en el imaginario social el escritor es un ´viejo conservador cuasi fascista´. Esas miradas -que pueden tener su verosimilitud- desconsideran al Borges juvenil, con su, aunque breve, fascinación por el comunismo soviético -Borges está en Europa en 1917 cuando la Revolución de octubre y escribe Salmos rojos que luego quema-, y con su ascendencia anarquista tomada tanto de su padre y como de su maestro (y a esto se le puede agregar su proximidad con el yrigoyenismo). En síntesis, anarquismo, misticismo (gnosticismo), ascetismo, paranoia, conspiración, ciencia ficción, proto-cibercultura, son elementos que comparten Macedonio y Borges y, de alguna manera, son una posible matriz para el recorrido vital de Polosecki. En concreto, el relato de Borges “Utopía de un hombre que está cansado” [1975] puede leerse desde el anarco-gnosticismo. En ese cuento tardío, Borges –que ya lo había intentado en 1935 y que lo ficcionaliza en “25 de agosto, 1983” [La memoria de Shakespeare]- hace del suicidio una opción del hombre libre de poner fin a su vida cuando lo considere necesario [Ver “Los amores de Tabú y Jerarquía…”. Por otro lado, en un escrito de mayor aliento, pienso la ciencia ficción latinoamericana desde el hermetismo-gnosticismo y toco algunos de esos puntos [Ver Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]]. La lista de escritores puede engrosarse. Anarquismo, esoterismo, ciencia ficción están en la literatura de Roberto Arlt (cuyas cenizas forman parte de la naturaleza del Tigre).

[xxiv] Existen varios ´Kaczynski´. Las versiones difieren según el cristal ideológico del presentador. Al enaltecido –y preferible- Thomas Munk, alias The Recycler, de Piglia, se le opone el poco menos que ridiculizado por Pablo Capanna en “Armas de destrucción masiva” (Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos, 2009).

[xxv] Se puede acceder al Manifiesto en castellano y descargarlo.

[xxvi] Reflexiona Claudio, hermano de Polo: “Fue un proceso en el que creo que tuvo mucho que ver su adicción a la marihuana, todo el día, porque eso le fue agudizando la angustia de la realidad…” (Polo, el buscador, p. 178). Más arriba cité a Laszlo quien afirmaba que a Polo “…la realidad le pegaba mucho y mal…”. Entiendo que entre ambas –marihuana y realidad- por absurda, violenta e injusta esta es una droga más nociva que la primera.

[xxvii] En el final de la novela, Emilio Renzi –famoso personaje de Piglia- llega hasta la cárcel donde está detenido Munk quien, para sorpresa del profesor y escritor, lo recibe. Le interesaba al detenido poder charlar con alguien que conociera sobre los revolucionarios argentinos (El camino de Ida, p. 275). Como Piglia sabe, en la biblioteca del ´Kaczynski real´ había un ejemplar de Argentina, sociedad de masas de Torcuato Di Tella. Aunque sea en una ficción, el hecho es que Kaczynski (bajo la máscara de Munk) contacta a un eventual militante argentino. La novela de Piglia, vale aclarar, está también pensada como ´el camino hacia Kurtz´ (a través de la historia de Ida) y su mundo ficcional está situado a mediados de los años noventa cuando efectivamente detienen a Theodore. Es más –y es spoiler– en la trama que elabora Piglia, Munk [Kaczynski] es detenido porque envía el Manifiesto a los diarios para despistar ya que la muerte de Ida delata la posibilidad de que el activista tuviera un grupo de apoyo. Renzi recibe de parte de Ida el libro de Conrad que le permite descifrar la cuestión y así queda adentro de la historia al punto de que Munk acepta verlo. Llevado al extremo, Renzi sería el ´contacto en Argentina´.

[xxviii] Ejemplo de anarquismo individualista útil para pensar a Polo es el del proto-anarquista Max Stirner [1806-1856] quien defiende el solipsismo moral: la única base de la realidad es el individuo; todo individuo es soberano de sí mismo. Para teóricos como Kropotkin o Bakunin, un individuo aislado es un pseudo-individuo. (Ver Ángel Capelletti, La ideología anarquista). Siempre es necesario aclarar que en el caso de Polo, al menos en El otro lado, su tarea estuvo enmarcada en un grupo con una alta afinidad entre los integrantes. Esta construcción colectiva también es propia del anarquismo (aunque, claro, no exclusiva). Sobre este asunto ver el “Apéndice ‘El Zorro’” al final del escrito.

[xxix] No habría que desconsiderar que en el giro que da Polo contra la vida burguesa haya influido su paternidad: “El ser humano es una especie animal, como las otras. Los hijos te hacen más humano y te conectan con lo que es el ciclo vital. Para mí, tener una hija fue volver a nacer.” (Abdala, 2001). Por su parte, Ted en el Manifiesto argumentaba: “Los revolucionarios deben tener tantos niños como puedan. Hay una fuerte evidencia de que las actitudes sociales son en una extensión significativa heredadas.”

[xxx] El documental The Net: The Unabomber, LSD and the Internet [2003] del director alemán Lutz Dammbecks cuenta la historia de Kaczynski desde ´sus enemigos´. La narración se construye a partir del intercambio epistolar que el director mantiene con Ted mientras entrevista a los tecnócratas –sean universitarios, empresarios, militares, todos se consideran ´dioses´ (por mi parte, los podría denominar ´arcontes´)- contra los que luchó el así denominado Unabomber. The Net muestra la connivencia entre el desarrollo de la ciber-tecnología, la experimentación con drogas y el perfeccionamiento de la manipulación de sujetos durante las décadas del sesenta y del setenta. El film, además, pone bajo sospecha dos cuestiones: la autenticidad del Manifiesto (conocemos la versión pública del mismo); la veracidad de que Kaczynski haya sido el autor de los envíos de las ´carta-bomba´.

[xxxi] Dice Polo luego de su experiencia en televisión: “Yo no siento haber llegado a ningún lugar en particular, ni creo saber algo importante, ni estar detenido. Se trata de hacer tus cosas como salen.” (Abdala – Bembibre, 1995). No habría que desconsiderar que la experiencia de trabajar en los medios haya contribuido al caótico final de su vida. Rubén Viñoles, por ejemplo, ubica entre los lugares comunes la idea de que “…la tele es peor de lo que dicen…” (Polo, el buscador, p. 186). Que sea un lugar común, no disuelve su fuerza explicativa.

[xxxii] Del documental The Net, se puede inferir que en su lucha, Kaczynski era consciente que iba justamente contra un poder –el de los ciber-profetas- que también había detectado la ausencia de una religión en la sociedad industrial (o post-industrial, o posmoderna, en fin, neoliberal). El andamiaje sobre el que está construido el ´sistema´ actual es el ciberespacio como entramado inextricable para controlar e inducir al consumo. Por supuesto, el sistema se encargó de diluir cualquier posibilidad de discutir esto. Volvió tan habitual en su maquinaria audiovisual la idea de la conspiración, del complot, que cualquiera que intente exponer que la tecnología está hecha para dominar a la mayor cantidad posible de personas es tratado de paranoico, de loco, etc.

[xxxiii] “El mundo es lo que cada uno de nosotros ve del mundo. Si en este momento te invito a caminar, vos vas a ver algunas cosas, por la calle, y yo, seguramente, veré otras. La tele es así también: lo que muestres y la manera en que lo muestres refleja tu perspectiva del mundo, y ésa es siempre una cuestión ideológica.” (Abdala, 2001)

[xxxiv] “…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” (Piglia, El camino de Ida, p. 248).

[xxxv] Por eso, tuvo una sensibilidad alta a los temas esotéricos. Entendía que existía algún tipo de explicación más certera debajo de esa materia habitualmente vista como hojarasca que es el esoterismo. Su sincera actitud crítica le permitió ser receptivo a los diferentes discursos; en su lógica, él los recorría. En el primer capítulo ´La República de los niños´ del segundo año de El otro lado [1994], Polo entrevista, entre otros, a los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo. Por su parte, Diego Lublinsky retoma esa historia en ´Compañeros de la infancia´, primer programa del ciclo 15 años luz.

Polo místico

“Polito me dijo una vez: ésta es una guerra entre japoneses; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea…’ /  ‘Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda –¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!…- pero tenía algo de cierto.” – Alfredo Casero en Polo, el buscador [2006]

“…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” – Ricardo Piglia, El camino de Ida [agosto, 2013], Capítulo once, # 2, p. 248

Hace tiempo me ronda su figura. Volví a algunos programas de El otro lado [1993-1994] y de El Visitante [1995]; al documental La vereda de la sombra [Gustavo Alonso, 2005]. Leí Polo, el buscador [Montero y Portela, 2010].

Polo, Gustavo Fabián Polosecki, encarna el misterio: por qué deja (casi) todo, por qué el Tigre, por qué el suicidio. Aquí, mi arbitraria conclusión.

En la ronda final de su vida se exacerba su misticismo. Inicia un camino –digamos- esotérico, lo dejan solo (o no lo comprenden), encuentra un guía que no lo puede contener, más las sustancias, más la paranoia. Y se mata. Polo místico. Por ejemplo. El capítulo ´Cuestión de fe´ de El otro lado

Con el disparador de qué es lo creíble o no (no le creen el guion de historieta que dice haber escrito), el personaje Polo sale en búsqueda de creencias. Recorre y habla con el hermano Miguel, curandero y parapsicólogo que exorciza y que cuando le pregunta a Polo si cree, obtiene como respuesta el silencio; habla con el profesor parapsicólogo Romaniuk que construye una pirámide psicotrónica para comunicarse con el más allá y ̸ o para condensar energía vital; habla con Natividad, la vidente ciega; y habla con Carolina Fernández de la ´Confederación Espiritista Argentina´.

Polo místico, otro ejemplo. En 15 años luz, Diego Lublinsky revisita personajes entrevistados por Fabián.

En ´Compañeros de la infancia´, el primer programa del ciclo, recupera figurines del capítulo ´La República de los ninõs´ de El otro lado [1994, # 1]: amigos del barrio y la historia de los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo.

Podría suponer eso como accidental, pero Polo está ahí; son temas que le interesan.

Polo místico y datos al margen. Su muerte joven disparó ideas premonitorias y ̸ o cabuleras. Natividad, la vidente ciega, le dice al personaje guionista que si no pone empeño en su futuro las cosas irán mal; los espiritistas le dicen al Polo periodista que no tire mala vibra porque se iban a mal predisponer; se dijo también de la yeta de ser ´Premio Revelación´ en los Martín Fierro [1994]; Birmajer cuenta la anécdota del cabulerismo de Polo con el boleto casi-capicúa en un bondi que le hace decir que tendrían desgracias. Etcétera.

Sus programas surgen de investigaciones realizadas por otros y son docu-ficciones en las que entrevista un personaje –Polo. Ahí está uno de los afluentes del misterio. Cuando se habla de Polo se remite a dos sujetos distintos que tienden a confundirse, el ser humano y el personaje. Si se divaga un poco, podría sugerirse que, a través de los programas que hizo, a través del personaje, Polo persona intensificó su lado místico. Una metamorfosis no comprendida, por lo general, presentada mediante el falso supuesto de ´el personaje se comió la persona´ -de hecho, esta afirmación es el argumento genérico que dice explicar el suicidio (late en el fondo también, vale reconocer, la idea del suicidado por la sociedad -sea la televisión y su maquinaria, sean los amigos que no supieron escucharlo).

El libro Polo, el buscador no hilvana esas líneas sueltas que hacen de Polo un místico (asociado, además, con su fondo de cultura judía). Hacia el final, sin embargo, el volumen cita al pasar la confesión de fe: ´no creo en dios, pero una parte de mi personalidad es medio mística: me cautivan los misterios, las leyendas y las casualidades; creo que estamos todos metidos dentro de algo, de una suerte de sistema que no terminamos de comprender´. (Ejemplo milenarista y del gran sistema incomprensible en el que pensaba Polo: en uno de los programas de El Visitante, en una etapa border de su mutación, sugiere que habría que volver a esa misma gomería, en la que charlaban, dentro de mil años para ver cómo sería ese árbol que ahora ven.)

El título del libro con la idea del ´buscador´ tiene un sesgo iniciático, de viaje, de descubrimiento, de esa unión entre místico y mítico, pero no es desarrollada. Se intenta, en una tarea sorda, traer la figura hacia el bando de lo real tal y como coincide Pablo de Santis –compañero en Radiolandia 2000 y guionista de El otro lado. En el prólogo (al referido libro) bautizado “La vida realˮ remarca una y otra vez que es necesario ir contra el ´mito  Polo´ en el que, dice entre paréntesis, “…(los cassettes que circulaban de mano en mano, el carácter a veces extraño de los mundos que abordaba, la muerte joven: todo colaboraba).ˮ

Aun así, aporta también De Santis al filón mítico-místico al recordar el momento en el que conoce a Polo: “Cuando entramos, la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero de a poco se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra: no sólo escándalos sino notas inventadas, y la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas que, a pesar de habitar el mundo de lo oculto, hacían muy poco por ocultarse. Todo eso reapareció en El otro lado, como reaparecieron otras cosas de su vida. Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior, sino con simpatía; cada uno hacía lo que podía para ganarse la vida y él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ

De nuevo, cuando De Santis reflexiona sobre el programa, desliza: “El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] Nos contamos a un Polo distinto… A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ

El mismo que pide que se apague el mito y la leyenda, insiste en que Polo buscaba una ´revelación´, que tenía algo para decir. Ni los más violentos defensores de ´lo real´ logran separar persona de personaje en Polo. Martina, una de sus novias y pareja, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza (y Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico aunque recuerda que parecer ángel es cuestión del demonio).

Ese aspecto mesiánico –esa tendencia- me parece verla en el paso del programa de 1993 y 1994, El otro lado (policial negro, fantástico, gótico) al programa de 1995, El visitante, con la impronta de la ciencia ficción. Polo dejó de ser guionista de historietas en crisis buscando una buena historia para convertirse en aquel que sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ que ataca a las personas que pasaron de los veinticinco años y que no han podido encaminarse. Es el sobreviviente de una época que se sabe ida. Está encerrado en su departamento. El exterior es indeterminado y amenazante. La radio habla de aquel síndrome en términos de cura, de control. El tipo –que ha filmado durante mucho tiempo- observa viejas cintas en formato vhs -su memoria- con el deseo de ordenarlas. El programa sería el periodista siendo espectador de su trabajo previo. Por instantes, en la presentación, se lo ve en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico que se concentra en el final de los títulos en el ojo de Polo de donde salen las letras del nombre del ciclo. Entre las letanías e interrogantes que se escuchan en off aparecen: cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.

Un visitante, un viajero.

En la parada final está el Tigre. Allí su destino místico parece concentrarse. En uno de los últimos programas, o en el último, Polo conoce gente que vivía en ese espacio. Más tarde con ellas, y en particular con Eduardo, se reencuentra. El Tigre –sitio de Walsh, Arlt, Lugones- es el comienzo del fin: el contacto con la naturaleza, el autoconocimiento, el consumo de drogas. Polo se divorcia, se va a vivir ahí, hace de Eduardo su guía y su maestro –las malas lenguas hablan de secta y los silencios permiten suponer sordos rumores sobre la intimidad; se dice que Polo compró una isla y que la puso a nombre de su amigo. (En las derivaciones bizarras, días después del suicidio, Jorge Rial invita a un supuesto allegado, Miguel Ángel, que asegura que a Polo lo asesinaron porque estaba investigado un tema asociado al tráfico de drogas, a las mafias, a la prostitución, al mundo gay, etc. Miguel Ángel –quien afirma haber sido compañero de investigación- relaciona a través de un cierto Alejandro, la muerte de Polo por drogas con el caso Coppola –que ocurre por esos días y que saca del primer plano la polémica por el suicidio

De la relación de Polo con el tigrense Eduardo nace el proyecto inconcluso El aprendiz que –fascinado por los que vivían en las islas- proponía mostrar el know how popular (según el sospechoso Miguel Ángel le dice a Rial, el proyecto se llamaba también Dar la cara; Dando la cara, o algo así).

La idea del que ´aprende´ estaba ya en el Polo buscador quien hablaba de intentar ´comprender ese sistema que nos incluye´; quien se alejó de la militancia del PC porque ahí solo se quería convencer, y él quería conocer, aprender y luego sí hacer la revolución. Había dicho Polo: ´estoy tratando de ver como se hacen bien las cosas. No tengo, un mensaje, un modelo o una ideología…´.

Hay en Polo una cuestión con ver y con prever que muchos rescatan y que se resume en la idea de una ´Mirada Polosecki´ (nombre de la cátedra de periodismo que Alonso, director del documental, comanda o comandaba en La Plata).

En su etapa mística la política no desaparece sino que se transforma en una mirada conspirativa. En el Tigre, Polo empieza con especulaciones sobre nazis, sobre túneles, sobre el ataque a judíos, etc. Esa cuestión esotérico-conspirativa-mesiánica había sido impulsada desde el programa como show. En un fragmento de El visitante al que se podría titular ´La videncia´, Polo con su cámara en la calle interroga a alguien que predice el final catastrófico de la corrupción en el mundo, o en el país, así como antes había predicho    -según él mismo- la caída del comunismo.

Cuando Polo le pregunta cómo sabía que iba a ocurrir eso, el entrevistado le responde ´porque soy nazi´ y Polo acota condescendiente, ´…así que usted es nazi´. En off se escucha al final de la secuencia mientras camina por Buenos Aires con la cámara en mano: ´visitante sin tu cámara sos ciego o te creés que sos vidente´.

Polo pasa de entrevistar videntes y espiritistas como en El otro lado al ser él mismo asociado con un vidente ciego. Esa persona-personaje del Polo místico, vidente, recluido en un espacio selvático, paranoico, atravesado por rasgos de ciencia ficción es una especie de ciber-Eternauta (una mezcla entre el guionista de El otro lado con su máquina de escribir y el post-apocalíptico periodista con sus registros en video).

Es un viajero que pasó por acá –se adelantó- y que dijo o que sugirió algo y que se fue. En un homenaje musical a Polo de un tal Donadio, se explicita: ´cómo aceptar esta realidad cuando se perciben otras variables´; ´Polo es un adelantado´ etc.

Su mensaje estaría atravesado por el enigma de ese cruce no tan psicótico entre la militancia y el esoterismo. En el documental de Alonso, una compañera militante de los 80 en el Partido Comunista cuenta que Polo –quien llegó a ser dirigente juvenil- una vez ya terminada la TV y con su vida en Tigre, salía y se quejaba de que todo había fracasado, que se había podrido (discurso en consonancia con el fragmento ´La videncia´ y la corrupción). Esa compañera recuerda, en particular, un día que van a Ave Porco y que Polo grita contra esa juventud perdida en contraste con ellos que antes estaban mejor y que tenían una idea de hacia dónde ir.

En junio del 2001 Carlos Polimeni escribe para Página12El otro lado de Polo” porque el MAM (Museo de Arte Moderno) iba a proyectar una selección de programas en homenaje a esa revolución audiovisual. “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ, dice. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ Al referirse a otro documental sobre Polo -el de Horacio Ramos (del que no encontré registros)- Polimeni recoge la idea de un periodista que cambió la historia de la televisión (argentina) por su constante influencia en los jóvenes estudiantes que se pasan de mano en mano los videos caseros de esos programas como objetos de culto y de aprendizaje. “Polo enseñando a hacer televisión desde la tumba.ˮ, cierra Polimeni.

Lourdes – 26 de julio de 2014

Post-scriptum: “Polosecki es a la televisión lo que Borges a la literatura argentina. Enviados desde un orden superior, convirtieron en otra cosa lo que tocaron y con los rastros apocalípticos del caso.” Rafael Dell´Acqua. Los enviados, revisitados [2000]

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Textos relacionados

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Polosecki, el suicidio de un disidente

Bibliografía Polosecki

El zorro interminable {atribuido}

Mancaos II. El surf de los pobres en la huida hacia Alter do chão (De la crónicas amazónicas del Espectro [cont.])

A las 3 am del 30 de agosto de 2013, exactamente 11 horas después de haber llegado a suelo manauara, las dos señoritas que plácidas bebían junto con el Espectro una cerveza bajo el cálido manto de la noche, le sugirieron que esa charla podría sin problemas continuar en la habitación de un hotel próximo –y de confianza- módico pago de alguna que otra sustancia que alivianara el paso de las horas y que hiciera más llevadera una conversación que, hasta donde el Espectro entendía, no había comenzado todavía. Por la tarde del día que recién acababa, con su primer pie sobre suelo amazónico asistió sorprendido al directo y constante y sin fisuras tratamiento en inglés por una sólida mayoría de locales. El mal humor que le provocaba –y que le provoca la situación repetida incluso en la poco turística Campinas (São Paulo) en cuyo aeropuerto auxiliaron a una atenciosa funcionaria que no cejó de usar el inglés para comunicarse ni aun cuando sus compañeros, entre incógnitas píldoras rojas y el viento fresco del oxígeno, le mostraban la cédula de una visa que va a cumplir un adorable añito y medio de vigencia, ¡felicidades!- aquel mal humor ahora metamorfoseado en traumáticos ´imaginarios´ en pugna, es el espíritu que alienta la continuidad de estas crónicas. No busca, el Espectro, ni de cerca intentar responder con alguna elucubración el enigma brasilero sobre qué se ve desde el corazón de esta cultura en la figura de ´el extranjero´ sino remarcar que cuando cuenta, cuenta desde ese palco a medias exterior. El gringo, el extranjero o alemão, es una figura que permite deambular por extremos y laterales recovecos, por un aparente ´otro lado´, e intuir en ese ir y venir un doblez de ´lo real y lo virtual´ que empapa el entramado cotidiano. Un fragor en el que mucho se aprende, y el Espectro, ese extraño, aprendió que el mejor pasaporte para escapar de ciertos contextos, de ciertos infiernos (y de ciertos hoteles) y para navegar por ciertos ríos es poner la más saludable cara de ´soy un otario, sino vip, frecuente´. Así es como salió de Manaus, de su paseo por el mundo de los ´microbios´ y de su coqueteo con los filos y con los puentes. Y así fue más espectral aún, en aquel Bartolomeu II, donde enfrentó rodeado de breves y curiosos amigos a iracundos caníbales antes de ofrendar vísceras y cerebro a las, en todos los sentidos, paradisíacas playa y floresta de la región de Alter do chão.

A @Ga_Ricotera y las charlas amazónicas

“…nuestra idea es que no existe ese tal otro lado. Nuestra idea es que estamos todos en la misma sopa, cocinándonos y haciendo lo que podemos…ˮ
Fabián Polosecki [Polo] – 1994

Entrada a Alter do chão

Una de las ventajas de poder deletrear cada vez con más habilidad el membrete ´vejez´ es que tuve la oportunidad –la melancolía era una de las recurrencias del Espectro- de ver programas como los que en la arrasada televisión estatal de los noventa hizo Polo, Gustavo Fabián Polosecki, el que se terminó matando y dejando una obrita que te la debo. Una de las emisiones más recordadas de El otro lado [ATC] –el primer programa de los dos que hizo- es aquella de los ferroviarios. El guarda que veía en la gorra el símbolo de la distinción más que del poder, el que construía a escala una locomotora en el garaje, su amigo que había llegado a maquinista después de haber entrado como empleado por deseo del padre, el carajeo de ser llamado ´chancho´ y el ninguneo a esa agresión porque es de gente sin educación, el mecánico que conoció el amor viajando todos los días a la misma hora ´para encontrarla´, los del dolor de atropellar, y los conductores cuya compasión por el que muere limitaba con el placer perverso de detallar cómo la estructura metálica les transmitía el golpe seco de los huesos que se quebraban en el impacto, aquel que recuerda que los viejos decían que había que bajarse y ver al cuerpo para ´limpiar la cabeza´, los chicos de la calle durmiendo en los fríos vagones, la nostalgia de quienes asisten, en esos primeros años noventa, a cómo se desmantela por obra y gracia del menemismo, ese destilado del neoliberalismo que a veces lo siento como un fantasma –al fin de cuentas parientes tuyos- olvídate, eso esa otra cosa, lo siento, te decía, medio resucitando por estos lares, aunque de un modo indefinido. El programa se narraba de una forma peculiar. A pesar de ser la entrada de un periodista en la realidad cotidiana de los personajes, en el segmento inicial Polo era presentado como guionista de historietas en crisis buscando una buena historia para contar. Lo real y la ficción se cruzaban. El capítulo sobre los ferroviarios es célebre porque tiempo después, el tres de diciembre de 1996, Polo decidiría hacerle sentir a algún conductor sus huesos crujir. Dice la mitología audiovisual que en la edición final dejaron fuera –insistencia de Polo- la fija de los maquinistas que reconocían que el paso nivel de Santo Lugares era el más fácil para hacer ´eso´. Los potenciales suicidas del mundo exterior se quedaron sin el dato. Polo no. Y hacia ahí fue. Los últimos 5 minutos de esa emisión son, en su registro, sorprendentes. Polo se refiere a ´los diferentes jeitos´ de las personas para poder viajar más cómodos o directamente gratis en el tren. Una de esas maneras, nos dice, fue bautizada por Andrés, el titular –lo aburguesa- de una banda de rock, el surf de los pobres y consiste, básicamente, en usar los oxidados y ventosos techos de los trenes para transportarse. Andrés –a quien poco se le entienden los razonamientos sobre el arte- era Andrés Ciro. La banda, Los Piojos. La historia, en la lírica de ´Ay ay ay´ [1994].

No te sigo, le dije al Espectro. En sus ojos brillaron los finos hilos de la locura. En Chatuchac [1992], la portada del disco es la reproducción de una pintura en la que se ve en un ambiente oscuro, nocturno, apocalíptico a un hombre agachado tomándose la cabeza con las manos y de fondo un tren (o un subte también) que dobla a toda velocidad. Tipo Munch. En ese disco estaban ´Los mocosos´, ´Pega-pega´, me anticipé. Sí, Espectro, todos conocemos esos panfletos y muchos mejor que vos. Me alegraría saber –quise herir a quien no tenía cuerpo- que no soportaremos una aburrida inducción, a partir de esas letras piojosas, de la inasible realidad vernácula, en este caso brasilera, y en ese estilo un poco ´para que las pendejas aplaudan´ de un pseudo-periodismo cultural que se hace el pop y es decadente. Pero no te creas, no es mala idea, se ataja. Siempre fueron un buen manual de auxilio para los doble sentidos del nene blanco que fue al reviente y volvió de la guerra. Sabías –sí, se sabe- que en su bohemia Polo iba a los recitales de Los Piojos cuando no iba nadie y que ahí… Sí, Espectro, y que ahí mamó, etc. Aburre. Es que vos, exactamente, vos, espectador de lujo –me toreaba y me necesitaba porque él, escribir, no escribía por la ausencia de tendones, cartílagos, huesos- antes que nada, tenés que entender unas ideas que me permitan contarte más tranquilo la parte que me toca.

Digo –me dijo desengañado- que ser el máximo ´otro´ en Brasil, el inasible extranjero (o gringo ou o alemão entre los que, dependiendo de las circunstancias, hay que incluir a los exilados internos, indígenas o amerindios y negros) es como viajar en el techo de un tren ni turístico ni real, sin Andrés para cantar ni Polo para contar –y obligados. Experimentar el ´surf de los pobres´ -por parámetro cultural en su identidad todos los brasileros se consideran un poco pobres– es, en su versión básica, una oportunidad única para reconocer si te metamorfosearon en ese ´otro´ de identidad basculante. Sería algo así como una sociedad fuertemente jerarquizada en su interior, divaga el Espectro, de la que el extranjero, en un sentido amplio, es la clave. Los propios gringos repiten ese patrón al dividirse entre ´quien vive´ y ´quien viaja´. Es un aspecto común a los viajeros universales, pero potenciado. En las charlas, con frecuencia, se exhiben los pedigrís del tiempo que se tiene acá. Se reproduce a pequeña escala lo que para todos es la máquina social. Los extranjeros suelen adoptar una condición de los locales en la comunicación cotidiana que, ante cada opinión, reza: ´mas você, no Brasil, precisa primeiro conhecer… X, Y, Z´. Al que no vive aquí, le falta siempre el dato básico y anterior, que es, como pueden suponer, esquivo. Habría, toldos que nos envuelven a todos, dos capas de realidad. Una interior (la compleja sociedad jerarquizada) y otra exterior. Esta cualidad se manifiesta en la expresión -´para inglês vê´- que es entendida como la farsa, como la puesta en escena hacia el gringo –el ´otro´- que compra esa orquestación como intrínseca. Si bien la frase se aplica a cualquiera que funcione como el ´otro´ en el sentido del ´otário´, prainglevé rezuma cierto desprecio porque es, digamos, la algarabía del que cree que pertenece a un universo cerrado –el vagón de ese tren imaginario- al que solo se comprende si se es brasilero, una definición inasible por la extensión y por las variantes de esa construcción social. Para sumar confusión a esto, y cierro, habría que pensar, por lo menos, dos trenes funcionando y superponiéndose y al mismo tiempo: el tren mental de quien acá nació; el tren mental del que llegó. Ambos con sus jerarquías (pero vos conocés cuántos techos hay en los trenes que tienen sus lados flacos), ambos con la indeterminación de no saber cuándo usted, nacido acá o no, vai virar extrangeiro. ¿Sería pasarse de tren? No necesariamente, retoma el Espectro. Sería adecuar al momento de la comunicación, en una ecuación complejísima entre tu tren mental y el tren mental del circunstancial grupo, individuo, etc., quién de los dos ocupa el lugar de extranjero. Ecuación que no solo es difícil, sino absurda, Espectro. Puede ser, pero en esa sopa -diría Polo el que vio, porque vos sabés que es el que vio- en esa sopa y ensalada de recetas amazónicas, dice el Espectro cada vez menos cuerdo, metí el cucharón, sin preguntar si me habían invitado.

Lo primero, recuerda el Espectro, que me dijo Juan David –venezolano, 22 años- mientras caminábamos por las calles de Manaus fue: ¿por qué me dicen ´gringo´ si soy vecino? A Juan David y a Rinaldi y a Charly y al Chacarero y al pintor -que decía estar exponiendo en un espacio de arte por el centro pero al que siempre vi deambulando con una bolsa de plástico en la que mal escondía su botella de pinga-, los conocí en la avenida Getúlio Vargas unas tres horas después de aquel 29 de agosto en el que llegué a la ciudad de panorama babélico. En el ómnibus del aeropuerto al centro había coincidido con un periodista free lance austríaco, anglo parlante como lingua franca, cuya original idea de ir –o de venir- al país se basaba en escribir un nunca escrito libro sobre fútbol brasilero. Una vez en tierra, y ya por la misma avenida getuliana, me topé con un grupo de colombianos que vendían productos de panadería en la calle, con los que se dio una camaradería que me desorientó, puedo ahora suponer, para lo que vendría.

Mensajes Juan David

En la caminata nocturna, posterior y conjunta, hacia el Teatro da Amazônia, Juan David me contó. Había en Manaus un conjunto de vendedores ambulantes mezcla con artesanos a los que llamaban, y se llamaban a sí mismos, ´os malucos´ o ´los maloqueros´. Con la excusa de la venta, lograban el rédito esperado de algún robo, algún engaño, algún tipo de treta que no descartaba el cuchillo ni la muerte. No tenían códigos y él, Juan David, les tenía miedo. A cualquier pájaro nuevo, lo despluman, le queman el documento, y en este caos de turistas y de puerto, nadie va a reclamar por tu pellejo. La batalla alquímica infinita era cómo hacer del otro un literal extranjero –sea o no- y dejarlo, por hábito, en algún hueco. Me pareció, también, que era una caterva –epíteto un poco fuerte, Espectro- de temer. Los del grupo, los de esa caminata, vivían y dormían, sobre el río, en un navío algo desvencijado, con camarotes baratos, y no siempre amarrado, que escogía cada mañana un espacio diferente para amanecer. Al navío fui invitado varias veces y, aunque respondía que sí, nunca acepté.

Rinaldi era colombiano. Según su propio currículum, viajaba hacía años por Brasil donde, incluso, había estado casado con una joven hermosísima de la que se había separado. En su vida anterior –y lo contaba sin demasiados remilgos- había servido al ejército contra las FARC. Oscuros tatuajes ordenaban en sus brazos los créditos de ese posgrado. Charly –piel curtida, rasgos tribales, rastas de leyenda- era el líder espiritual gracias a una extensa antigüedad en el ramo. Como artesano y viajero sumaba unas tres décadas en la vía. También colombiano, había sido habitué de la hoy concurrida Montañitas (Ecuador) cuando era apenas una playa maconhera. A ese lado de la cuestión lo conocí por el Chacarero –Charly hablaba poco-, argentino y tucumano, casado y ahora padre que estaba a las puertas de volver a la tierra de allá para reintegrarse, por un tiempo, a su familia. Del pintor no supe casi nada. Se agregaban a la comitiva, con regularidad, un muchacho chileno y una chica brasilero-alemana (con su teoría del ´racismo extraño´) que viajaba junto con otros dos jóvenes mexicanos –uno de los cuales nació, se crio y vivió en Tijuana en un barrio ubicado a dos cuadras del límite con USA: ´salía de mi casa y lo primero que veo, o que veía, era ese muro´, decía. Aparecían, también, como por magia, meninos das rúas que funcionaban –para el extraño- como fiel de la balanza. Si la conversación era fluida y si se establecía una comunicación amistosa –entre los vericuetos de las ´girias´ y de la pronunciación etaria-, las cosas iban bien o aproximadas.

A las bélicas andanzas de Rinaldi las conocí en un puterío al que habíamos ido no para desahogarnos de nuestros impulsos sino para abastecer al grupo. Con él recorrí los densos lugares nocturnos en torno de la Praça Matriz, entré a los garitos más sórdidos y salí -en verdad, salimos, le temblaba la voz- indemne por su salvoconducto de malandro conocido. Al regreso de nuestra gira que fue, reconozco, extensa entre vasos de cervezas y abrazos a las nuevas y repentinas amigas, el humor de la comitiva había cambiado. La demora y la falta de alicientes habían languidecido las aguas. Después de los primeros tragos conciliadores, y de viejas anécdotas y de chistes tirados sobre la imaginaria mesa, recuerdo como en un sueño que Juan David se me acerca, me aparta y me da un minúsculo pedazo de papel con un número de teléfono y con el nombre de su madre –que variaría contantemente en las innumerables veces que me ofrendó sus mensajes- para que me encargara de comunicarme con ella si al día siguiente él, o su cuerpo, no aparecían. ´Me quieren matar´, repetía. ´Esos que llegaron nuevos´, había unos visitantes nuevos, por cierto, ´y los malucos´, dijo señalando a Rinaldi, a Charly y al resto, ´me la quieren dar´. Tarde reconocí que había engendrado un error. Tarde vi que nunca resolvería esa duda preguntándole a nadie si la acusación contenía la suposición del joven.

Melodrama, Espectro. Sí, lo sé. Salí y nunca pregunté. Vino el barco, la escasa escala en Santarém y el encuentro con Alter do chão. Jornadas solares después, en la comunidad de Jamaraquá, sobre la ribera del río Tapajós –el más bonito que conocí- a unas tres horas en barca desde Alter y a unas cuatro horas y media en ómnibus desde Santarém, Fernando, el profesor, habló de ´los microbios´. El día anterior me había confesado su ´preconceito´ frente a los personajes hippies que pululaban por esos parajes. Los encontraba dogmáticos, listos para darte una lección sin ver que su vida tampoco era tan natural como parecía. La charla había comenzado porque ambos nos sentíamos, de alguna manera, incómodos en un albergue cuyo dueño olvidándose de su hippismo –repleto de tatuajes, girias, capoeria y otras fintas- y cobrándonos religiosamente la estadía, decidía con mucha alegría acompañarnos de forma activa mientras cenábamos o bebíamos una sin igual cachaça que el profesor minero conservaba y que coincidía, en su efecto, con la armonía de los grillos en la floresta. Incluía estas diatribas de análisis, la figura de una bellísima gaúcha de veintitantos años –Dominique- que en una diminuta playa escondida nos había deleitado con el sonido de su pandereta y con sus escenas circenses acompañada de Antoine, su hijo, y con el acero de sus ojos y con una nariz recta que todavía es un hacha en mis pupilas. La primera tarde, entonces, en Jamaraquá, mientras nos tomábamos unos mates en la caída lenta y húmeda del sol, le pregunté a Fernando por qué ese prejuicio contra nuestros hermanos, hijos del tercer milenio y de los efectos no deseados de la New Age. Sus argumentos no vienen, ahora, al caso, pero sí la anécdota con la que ilustró su prevención.

Este último viernes, justamente, me dijo Fernando, me dice el Espectro, estaba en un bar céntrico de Manaus con amigos bebiendo cuando un grupo de esos falsos hippies, los ´microbios´, se aproximó a una de las mesas y comenzó una discusión, sin sentido, que derivó en una botella rota, y en la amenaza del filo, y en un largo y previsible etcétera que incluyó al circunstancial dueño y a un teléfono y a la llegada de policías con las narices frías. Recuerdo, recuerda el Espectro que le dijo a Fernando, vagamente una escena semejante. A un costado de la pequeña plaza que se ofrece como un tapete de cemento para el teatro amazónico, me hablaba y me convencía, aquel viernes, el Chacarero sobre las ventajas de la vida libre y sobre el valor y la importancia del cuerpo ajeno materializado sea ya en el poder de la faca y de la muerte, sea ya en la dulce piel de las jóvenes viajeras con sus manualidades que trocaban su calor por la compañía y por la seguridad del artesano cuya experiencia en la calle no miente, mientras en el fondo Charly, Rinaldi y otros adherentes levantaban y agitaban sus brazos encima de mesas y de clientes. Pitaba el Chacarero, pitaba yo, indiferentes a ese mundo alocado. Y nos mantuvimos indiferentes hasta que el grupo partió calle abajo para mezclarnos con los zombies del crack o del alcohol o de las estúpidas ´caixas de som´ que se adhieren a los autos como tributos al dios sordo y anodino del hastío. Es solo ahora, le dije a Fernando –quien me miraba desorbitado-, que reconozco que sin saber hemos estado, desde dos mundos distintos, observando la misma mueca violenta. Aquella noche, sin embargo, le concedí, decidí que tiempo y energías gastados en compañía de los malucos hermanos –y amigos porque las alaracas de Juan David, en verdad, no derivaban ni derivaron en nada- eran suficientes. Esa noche, claro, no acabaría ahí. Vendrían otras imaginarias peleas, y otros mensajes maternales, y la charla con Jessie, una delicada travesti que se prostituía, a la vista de todos y en el centro, entre el poco dinero de los noctámbulos, el ninguno del Espectro sin bolsillos, y la violencia de los clientes. Jessie vivía de lunes a jueves en un barrio de las afueras y pasaba los días finales de la semana en una casa cercana sobre la que no indagué el estatus.

Pasé en Jamaraquá –una de entre las veintidós comunidades que componen la Reserva de la floresta Tapajós, en el estado de Pará- casi cinco días. Me hospedé en la casa que comandaban Iracildo –el Bata- y doña Socorro con sus catorce hijos a los que fue pariendo a lo largo de treinta cuatro años sin más ayuda que el agua caliente, los paños, y la pericia de parteras vecinas. Bata había nacido, no muy lejos de ahí, en el ´mato´. Antisocial por mucho tiempo, acostumbrado a los bichos –a las cobras, a las onzas, a los jacarés, a los macacos, a los espíritus madereros-, a las cansadas aceptó el contacto con los hombres y sus vericuetos. Ahora era baqueano experto, era el guía buscado por los blancos para meterse en la selva con objetivos diversos. Por esos días, había acompañado río Tapajós arriba a unos documentalistas de los que no pude conocer el proyecto. Se decía que lo habían probado con un gps antes del contrato. Lo llevaron al mato y le dijeron. Y ahora, Iracildo. Y el Bata pensó, miró, sopesó y señaló para un lado diciendo que por ahí iban a encontrar tal cosa, ponele un arroyo, y lo encontraron. Por aquel mismo camino, pero aún más lejos, había nacido Socorro a quien le gustaba recordar que su finado abuelo fue uno de los líderes, de los últimos caciques, que se acostó sobre la tierra para impedir la apertura de los caminos que solo traerían, a sus anhelos, la desgracia a la tierra de los ancestros.

En Jamaraquá hay selva y tierra roja, hay agua fresca, hay playa de arena blanca -en las que el Espectro confiesa haberse deleitado, como en Alter, en pretendidos secretos chapuzones naturistas-, hay árboles con las raíces anfibias acostumbradas al oscilar del río, hay pájaros de cantar idílico, hay caminos de tierra, hay caminos de agua, hay igarapés diurnos y nocturnos, hay arañas, gallinas, loros y un coatí. Y bajo un techo de paja sostenido por troncos y maderas, hubo un almuerzo en el que el Tano, Alessandro, un italiano que vivía en Londres y que viajaba con su novia polaca, Goshka, desde hacía un año por América Latina, y al que –me dice el Espectro- yo llamaba de ´mi antepasado´, me contó con escabrosos detalles la sin igual experiencia entre los ´microbios´ de Alter. Otro grupo, mismo disfraz, misma dinámica violenta que llevó al Tano y a Goshka a esconder sus humildes artesanías de subsistencia en las mochilas. Con el Tano hablé –hablamos, me dice el Espectro- muchas horas en poco tiempo. Y de esas charlas me gustaría rescatar aquella más extensa. El Tano –que ya había viajado por Argentina en otros años- estaba ahora impactado por lo que él veía en América Latina (y que incluía a los microbios). Él y Goshka creían que si uno de los problemas principales de estas amplias tierras de tradición luso-hispánicas era la corrupción, la solución dependía exclusivamente de nuestra enjundia para acabar con ella. Mi respuesta, un cliché frente a su cliché, fue que mucho de eso tiene que ver con la herencia de una explotación que había comenzado siglos atrás con la llegada de sus ancestros. Le recordé que los Colones de ayer eran las multinacionales de hoy y que si América Latina era eso que él veía, era porque había una mirada europea que nunca dejó de considerarnos como un forzado reservorio de su excedente. Mi defensa más fácil, por supuesto, hubiera sido extranjerizarlos: el Tano no conocía bien; él y Goshka eran europeos. Sin embargo, no era ese el camino. Ah, bostecé, y sí, Espectro, mirá vos… Sí, le dije, mirá Tano, y te lo digo con humor, cuando ´ustedes´ llegaron –y cumplí con mi brazo un semicírculo amplio-, cuando ustedes llegaron algo acá se cortó.

Como en Alter y como en Manaus, continuó imperturbable, la etérea doble o triple realidad se desprende de ese fuego cruzado entre intenciones, posiciones, imposiciones, soluciones, atravesado por la nada interesante forma actual de hacer turismo. La violencia y la sordidez donde dicen y venden que reina el amor y la paz. El placer del que va y ni sabe por qué va, y la opresión sobre el que está. Y entre Alter (con Santarém) y Jamaraquá la persistencia, de otra forma, de ese doblez. Decían algunos que vivían ´en la ciudad´, aunque era un pueblo, al río arriba -a las comunidades- había llegado una nueva droga causa de la ruina de un mundo anterior en contacto con lo natural. Ese enviado del mal era el celular (´smartphone) y su fatal acceso a internet. ´Antes´, decía el hippie dueño del albergue que comulgaba con nuestras vituallas, ´ibas a una comunidad y estaban en el mato, ahora están encerrados o enfrascados en la pantalla. Antes salían a cazar, hoy las únicas presas que les interesan son créditos.´ Era para considerar esa mirada apocalíptica, pero tenía lados ciegos.

Socorro me contaba, cuenta el Espectro, que había criado a sus hijos en el medio de un trabajo exagerado. Alimentaba al ´gado´ (ganado), ´torrava farinha de mandioca´, controlaba el goteo del jugo blanco de la siringa, el látex, en potecitos ubicados a los pies del árbol, hacía la comida, amamantaba, etc. En las mejores épocas, Bata y sus hijos se encargaban de las tareas afuera, en el mato; ella y las hijas de las cuestiones más caseras. Unos cinco años atrás, cuando el programa estatal ´Luz para todos´ llevó la electricidad, las cosas lentamente comenzaron a cambiar. Esa economía de subsistencia que se valía de la floresta alrededor, iba contra la idea de una Reserva natural y se les ofreció a las familias formar parte del eco-turismo regional. (Es una ironía, por supuesto, este control sobre la deforestación localizada de grupos que habitan esas tierras, y el descontrol en la tala de árboles de las empresas madereras y de los poderosos de la soja, tal como lo decíamos en la anterior crónica –se autocitaba larvariamente el Espectro.) Las familias deberían vender el ganado, desprenderse de las demás actividades de cultivo, comprar un barco y acondicionar la casa para recibir visitas, los turistas, que serían y que son la entrada principal de dinero junto con las artesanías en semilla y los productos del látex. En esa mudanza, entró el dinero. Es muy difícil poder prever, dice el Espectro, en qué derivará esa zona turística hoy día visitada pero no invadida. Desde fuera, dañaba un poco la vista la inversión en metálico y en esfuerzo para construir casas, galpones, cuartos, con ladrillos y cemento cuando tenían a disposición madera y paja –o cuando podrían tener opciones alternativas, como ladrillos ecológicos, que el Tano, me decía, había visto muchas veces en su viaje- que permitirían no inundar de productos extraños y agresivos. Pero, llegó el dinero. Socorro evalúa, después de décadas, poner una puerta con llave en la entrada del terreno porque la estrada, la ruta Trans-Tapajós que por ahí pasa, trae a lejanos desconocidos que no responden a los códigos del pueblo. Ella también edifica su casa con cemento y ya derivó una parte importante de sus ganancias en la adquisición de una flamante cama con su colchón y sus resortes. En un círculo de ganancia e inversión, todos trabajan para sostenerlo. Varias historias ruedan sobre los que, en familias ajenas, no quieren trabajar, entrar en ese circo de los turistas, por ´preguiça´ (por fiaca), por alcohol, por preferir internet, etc. Hay los jóvenes que trabajan y viajan horas y horas para estudiar. Hay familias que todavía usan su horno a madera y de metal para torrar la farinha. Hay otras familias que manejan la industria artesanal del látex (porque industria, industria era la que tenía por esa zona Henry Ford quien parece mereció que le construyeran un museo por su grande obra). Hay lideranzas parciales. Hay una gran mezcla de intenciones, orientaciones, deseos y proyectos. De Alter a Jamaraquá, un afuera y un adentro, que es una fábrica constante de extranjeros. Del blanco al nativo, del nativo al gringo, del gringo al blanco y al nativo, y así en un círculo de desconfianza que para ser detenido o calibrado se precisa de paciencia y de tiempo porque responde a largos períodos de opresión. Cuenta Socorro el caso de un foráneo que en vista del potencial de ese lugar paradisíaco -que lo es- instaló en silencio una posada –disfrazada de casa particular de descanso- a la que ofreció en el exterior (viste como es Tano) sin comunicarlo ni declararlo a la comunidad dueña de las tierras. Hasta la llegada de internet, acaso por eso se enojaban los del pueblo, los habitantes de las comunidades no supieron hasta qué punto otros hacían negocios en nombre de ellos. El secreto –aunque no hay tal secreto- es poder detectar en qué momento usted –vos, espectador de lujo aburrido y ladrón- va a ser convertido en extranjero (o va a dejar de serlo), no en el sentido burocrático y geopolítico, sino en el modo del ´absoluto otro´: al que se le quita, al que se le roba, al que se oprime aun cuando haya nacido vecino y grite los goles del mismo equipo, y el mismo idioma y eso. (No tenés espacio ni sabés cómo engancharlo, Espectro, pero cuánto te hubiera gustado contar que Socorro te agasajó con una buena porción de farinha de mandioca crujiente con trocitos de carne de ´viado´ -bambi- cazado por uno de los chicos de la familia a la que tuviste el honor de acceder, en el secreto de una carne cuyo nombre no se comunica a los turistas, te decía Socorro porque viado en portugués significa también puto y porque en el pasado, al parecer, un gay se enojó al escuchar que en la cena sería comido uno de su condición. Y comido es cogido o culiado en portugués figurado. No me importa que me mientan, decía el cada vez más grande Polo, porque eso también hace parte de la historia –y porque el bambi estaba delicioso. Pois é.)

El mundo social amazónico –y no solo- está impregnado por una manera de ´ver´ amerindia, al que la antropología denominó, hace no mucho, ´perspectivismo´. En el mundo –empezaban las tan habituales y dudosas clases plagiadas del Espectro que ni deseaba oyentes ni se interesaba por crearlos- en el mundo, te decía, hombre, animales y espíritus (de los muertos) todos son, en su base, seres humanos. Lo que cambia entre unos y otros es la ropa, su forma exterior. El mundo se presenta como un gran escenario en el que se libra una batalla entre los predadores y las presas –repito, todos humanos. Al ser humano un animal predador lo ve como una presa, y una presa como animal predador. Nosotros vemos a la onza (un tipo de leopardo) como felino de cuatro patas y al urubú (especie de carancho) como ave carroñera. Pero, en sus lugares de residencia, la onza y el urubú se ven a sí mismos y a sus semejantes como humanos que nos ven a nosotros, a su vez, como cerdos y así, y etcétera. El urubú, por ejemplo, ve en su carne podrida, pescado frito, y el jaguar en la sangre, aguardiente. Ese enfrentamiento hombre – animal remite a una escatología (cómo se piensa el después del fin) según la cual el mundo es la lucha entre vivos y muertos. La maquinaria social indígena está orientada a la protección continua de los vivos frente a los que se han ido. La muerte es, en su rasgo básico y para los ojos humanos con ropa humana, la metamorfosis en un animal. Es un eufemismo común decir ´virou animal´ para señalar su no-existencia actual. Entonces, hombres frente a animales en un mundo violento. Entre ellos hay una especie de acuerdo. Los hombres cazan y dan muerte a los animales (sus presas) para poder vivir. Los animales se cobran, a su vez, la vida de los hombres porque, en la conservación de su especie, necesitan humanos que entreguen sus espíritus. Es más, cuando un hombre muere se metamorfosea en el animal que más cazó. Pero el carácter mortal del hombre no surge de una culpa ni de una falta ni de una deuda con un ser superior. En el pasado –antes del fatal error- el hombre era inmortal ya que vivía en un ciclo de envejecimiento y de renovación constantes en comunión con los animales. Llegaba a la vejez y mudaba su piel –su ropa exterior- por la de un animal y luego por la de un humano y así. Esa continuidad se rompió cuando –las versiones son variadas- un humano distraído no cumplió con el mandato que se la había otorgado (no responder a tal entidad, por ejemplo) y a partir de ese descuido nuestra especie se enmarca en una vida que finaliza no con la metamorfosis sino con la muerte y en la que los animales (los espíritus) son nuestros enemigos. Somos mortales porque no fuimos suficientemente expertos. Esta mirada sobre la muerte incide en la organización social. Si bien existe la idea de una estirpe que justifica la pertenencia a una familia, a una tribu, a una comunidad, al estar separados el mundo de los muertos y el de los vivos, se impide usar el poder de los primeros como refuerzo personal. Al pertenecer al mundo de los muertos, se rechaza, por ejemplo, la herencia. Este obstáculo les da a las sociedades, en este caso amazónicas, cierto tono de igualdad social. La muerte es entendida fuera del bate parche contra el sujeto. El mundo de los animales –y de los espíritus- es visto por los humanos como el espacio de lo radicalmente distinto. Por eso se prohíbe atender a los llamados, a las voces, a los guiños de donde surgiría el error. El mato, la floresta, con todos esos enemigos es la representación más cercana que los amerindios, más atentos al grupo, tienen de la concepción occidental de Estado. Esa cosmovisión va contra la idea de concederle al otro absoluto el poder de vida ̸ muerte. La conexión, te lo confieso Espectro, con lo que venías contando se me escapa. Mi miró perplejo. Es obvio, como también para el profesional al que le robo esta exposición, que en esa mirada escatológica que protege al vivo de un muerto cuya soledad lo impulsa a querer llevárselo para el otro lado, hay bastante más lógica que en todo el psicoanálisis. Y, por lo tanto, se inmiscuye una manera distinta de narrar y de considerar la muerte. Morir es perder la batalla frente al desafío del espíritu. Si estoy solo en el mato, y un animal me habla, y le respondo, con esa palabra dirigida a un animal pongo solito en duda mi pretendida humanidad y así me coloco a un paso de ir a formar parte de aquel mundo que, además, está acá. Me lo imaginaba, aventuré, ´la sopa´. Pues claro. Es nuestra tradición occidental judeo-cristiana la que coloca del lado de la aberración, y hasta casi de crimen contra el Estado, la opción del suicidio. Un nativo amazónico diría otra cosa… Polo vio y se tiró, y tal vez esa fue la forma más rápida que encontró en su deseo de mudar de piel, de ser aquellos animales que nunca cazó. Realmente, no puedo creer lo que decís, ni si te sentís bien. Es ese un mundo -absurdo y lento espectador-, violento y paranoico que convierte en el mayor peligro para el humano a los espíritus, ex humanos que nos quieren en su bando y que escogen figuras animales (o de árboles) para tentarnos. Algo de ese mundo estaba en Manaus, en Santarém, en Alter, y acaso algo de ese perspectivismo amazónico, común a muchos indígenas americanos, deambule y abunde en las formas de ver dentro de Brasil. Acaso permita comprender el continuo deseo de extranjerizar al otro, de volverlo animal, cuando a los ojos de ´esos otros´, el que ve como animal es también otro animal… Y hasta menos poderoso. Sí algo así, indeseable espectador de lujo, concede afable el Espectro.

La soledad -continúa con la delgada luz de su obscura existencia no-humana- es uno de los peores fantasmas en un mundo en el que (casi) todo lo vivo es humano. Lo soledad es el terror de mirar, de pronto, a nuestro lado y de ver seres semejantes –por sus ropas- donde no los hay. El otro fantasma es la posibilidad de perder la propia humanidad por la ingesta de animales en cuya carne permanece una distinta forma espiritual de ser humano. Por eso, se excluye de la dieta a determinadas presas o se les impone rituales purificadores (en manos de chamanes). Pero esa posibilidad permanece y se manifiesta en la rechazada metamorfosis a medio camino del humano en animal: el caníbal (un imaginario que funciona aun cuando muchas sociedades amerindias sean caníbales). Y el caníbal es otro extranjero.

En las horas finales del viaje entre Manaus y Santarém, me vi, ataca el Espectro, inmerso en una fascinante aventura verbal. Un rato antes, estaba charlando en la proa con un morador de la zona que tenía que hacer, cada tanto, ese extenso trayecto. Hablábamos sobre las alejadas riberas del río. Me ayudó a detectar señales que, por mi cuenta, no hubiera alcanzado. Las pequeñas casas en la costa, precarias, de los pescadores y las más suntuosas de fin de semana. El valor, en esas tierras repletas de agua, no del auto, sino del barco. (Más adelante, pero no voy a abundar en esto, aparecerá una joven pareja que por esos días buscaba comprar su primer navío como un gesto definitivo de amor y de futuro.) La vida junto al río no era fácil. Las subidas y las bajadas, muy pronunciadas. Las tierras donde ahora había árboles en meses podía ser solo agua. Eso siempre hizo complejo construir rutas. Se rompían por la humedad (y, por los que tienen intereses con el flete de las balsas). Además, señaló, aquel trasatlántico de por allá –y a los lejos divisé el casco de una nuez- va a pasar dejando un oleaje que vuelve al río casi imposible de navegar. Minutos después, una pequeña barca de pescadores en el ocre de la caída del sol, se perdía subiendo y bajando entre las olas que el monstruo de bandera japonesa, a poca velocidad, pero estábamos en un río, ban-de-ra-po-nés, provocaba. Se esfumó, con el viento que arreciaba, la charla, y me escabullí a cubierta, bamboleado por el delicado tsunami del godzilla carguero, a buscar los últimos mates ahora ya bien río arriba. A los lejos se borroneaban las torres metálicas de Santarém.

A la primera cebada, un moleque, un niño de unos 10 u 11 años como Víctor tenía, se me acercó para indagar en eso sin sentido que estaba ocurriendo al mismo tiempo: cara, barba, atuendo, mochila, bebida y soutaque (acento) indescifrable en su origen. La charla, que fue vertiginosa, duró más de una hora. El factor sorpresa y primer tópico de conversación, que abarcó degustación para él y para el coro de cuatro primitas más pequeñas que acompañaban encantadas el show, fue la infusión. Luego vino la compleja geografía en la que intenté ubicar, en el aire, dónde quedaba Argentina y cómo era ese pueblo, aspecto que perdió por votación inmediata y directa frente a un trueque de palabras en portugués y en español –ya que eu había pasado, claro, la validación internacional de poder comunicarme con minúsculos falantes. El trueque fue una ronda en la que los niños, cada uno por turno y con Víctor a la cabeza, preguntaban cómo se decía ´allá´ una palabra relacionada a algún objeto o aspecto que nos rodeaba ´acá´ y que comprendía a la tía que, atónita, observaba el sainete. Víctor me contó de su devoción. En la escuela a la que él asistía –pública- las de inglés eran malas y no había clases de español. Esta negativa se le había impuesto como una desgracia. La escuela, según me dijo, no registraba compañeros de otras nacionalidades como colombianos, venezolanos cuyos padres vi -ahora le conté yo- trabajar en Manaus.

Víctor era un agudo investigador. De su cosecha, había determinado que en el mundo había algo errado en el uso que se hacía de la lengua. Ese mundo, claro, quedaba en Manaus, en su barrio, en su casa, y en su escuela, donde se había instalado la moda (´virou moda´) de hablar mal. Nadie sabía bien por qué –alrededor los oyentes concordaban con lo que decía- ahora era ´chicki´ o ´legal´ pronunciar cualquier cosa. Por ejemplo, las personas se acostumbraban a pronunciar ´manlaus´ y quien no registraba ese nuevo modismo era descastado. El mundo, según Víctor, estaba lleno de fenómenos extraños. Nada, sin embargo, tan aberrante –he aquí (lo tenía de nuevo de pie y ahora caminaba por el cuarto, exaltado) un segmento de esta crónica al que hallo sin igual- tan fascinante como aquellas criaturas cuyo mayor defecto ya no era hablar mal sino lisamente engullirse a los que hablábamos. Víctor no salió, en los primeros minutos, de su asombro al oír que en mi estadía en Manaus no había tenido la suerte de toparme con caníbales (óigase, cani-bá-les). En el futuro o en el pasado de ese infinito viaje, oiría o había oído a otro hablar sobre donde residían, cómo eran controlados por la policía y así, pero nada como los caníbales de Víctor. En pocos segundos, e impulsado por mi ignorancia, el joven director de escena, montó el espacio apropiado, en la cubierta del barco, para que se desarrollara la presencia, persecución y caza de esos terribles despiadados. Un caníbal, me decía Vìctor encarando la representación, se reconoce por dos rasgos: el caníbal nunca habla pero no porque no sabe (no se sabe si sabe) sino para no dejar ver entre los resquicios de su boca sus extensos ´dentes afiados´; dos: el caníbal corre despacio porque ´tem corpo mole´. No quedaba demasiado claro si lo del cuerpo atrofiado se debía a la dieta basada en sus hermanos o a la no necesidad de esforzarse para obtenernos. En todo caso, que corriera despacio (´devagar´) era una paradoja y un peligro. Parecía fácil ir contra él, lento y pesado, pero era necesario ser efectivo porque aunque corriera con lentitud si errábamos, éramos la cena. Ahí dispuso la representación de la terrible caza de no sé qué vecino o lugareño que decidió acabar con él porque el caníbal había matado a un niño del indefinido barrio. Este segmento gore –en un mundo lleno de acechos, como el amazónico- potenció la maestría narrativa del pequeño.

Pero había un aspecto triste en esa historia. Pasamos del costumbrismo tropical al tango, parece, intervine. Un tono oscuro teñía su voz. El Espectro no rio. Estábamos cerca de Santarém cuando la función de Víctor acabó. Las familias comenzaron a recoger sus cosas, el viento se volvió más frío, las redes desaparecieron, el silencio cortado por las despedidas rápidas imperó. Las luces estridentes del puerto. El lento camino al amarre. La llegada impiadosa de la noche. Y vos pensabas. Sí, pensaba que era algo que no dependía directamente de Víctor. Hay una injusticia social que determina que él nunca será el antropólogo que exponga ninguna teoría sobre los maltratados come-humanos, ni nunca pisará la sala de una universidad de arte o de cine o de lo que sea donde ese filme fabuloso de los caníbales manauaras podría ser rodado. El contexto es claro. El viaje en barco –donde lo conocí- era para mí un divertimento de treinta horas. Para las personas y familias que lo hacían era la única forma razonable, en términos económicos, de llegar de un punto al otro. La vuelta de Santarém a Manaus duplica el tiempo de viaje. Ida y vuelta insumen una semana dentro del navío. La ruta rápida, porque no hay carreteras, es o el avión –demasiado caro para el trecho y el grupo familiar- o una especie, para mí, de mitología o de fábula portuaria o de nueva capa de la realidad, y tan costoso como el avión: las veloces lanchas que hacen el recorrido en apenas horas. No las conocí ni las vi ofrecidas. Ese barco, en el que me escapaba, era la versión obligatoria del ´surf de los pobres´. Acaso Víctor no era pobre en un sentido extremo, pero sí en el suficiente para quedar fuera –casi con certeza- de ese esquema. Y te lo digo así, dice el Espectro, con el corazón abierto: las cosas están cambiando, algunos modos están mudando. Pero, en el estado actual, Víctor no tiene garantizados estudios en instituciones gratuitas, abiertas y públicas en un país en donde el orçamento (presupuesto) para cualquier cosa es multibillonario. Y esto no se debe al argumento de la proporcionalidad de usuarios o de destinatarios. Lo mencioné en una crónica anterior, se ufana sin brillo el Espectro. En educación superior, el Estado brasilero garantiza ese derecho solo al 1,5% de la población (en una sociedad en la que, por la reversa, el 99 % tiene acceso a las imágenes en un televisor). La discusión es amplísima y remite a qué se dice cuando se habla de ´la burrice do povo´, como si ellos fueran los responsable de ese estado de las cosas. O es más, como si ellos fueran los burros… Tal cual. Pero, al mismo tiempo, dice el Espectro, es necesario reconocer que entre los estados de Amazonas y de Pará, en detalles vistos y conocidos al pasar y al vuelo, se construyen hoy universidades que buscan abrir el juego de acceso para otras clases sociales y otros sectores desfavorecidos. (Sería bueno recordar, le digo al Espectro, que hablás de universidad como cifra del sistema educativo en general al que, de todas formas, no conocés en su complejidad.) Es bueno recordar que uso la idea de universidad como un símbolo de lo que sucede con la desigualdad social en general. Desde lo que veo, tengo la sensación de que en el fondo toda ha cambiado para nada cambiar en los últimos tiempos. Los números siguen bajos mientras la inversión aumenta exponencialmente en aras de, entiendo, privilegios. Fernando, el profesor en tantos otros aspectos democrático, repite el argumento que he escuchado hasta el hartazgo de porqué la universidad brasilera es elitista –como supongo que es y como se desprende de sus antiguos y exclusivos orígenes. No se puede pasar de ´la nada´ -esa nada sería la palabra que califica al sistema público de educación, según él- al acceso a la universidad de alumnos sin experiencia de lectura ni de escritura. Son necesarias etapas. Hasta este período se ha intentado reacomodar injusticias como la casa, la comida, la salud, después vendrá lo otro. La inconsecuencia, según entiendo, me dice que entiende el Espectro, de este planteo del poco a poco es que, por un lado, lo dije, los presupuestos que se destinan en cada campus y en cada universidad son altísimos y daría para muchos más alumnos. Hay turnos repetidos para un mismo grupo cuando podrían utilizar ese espacio para dos. Se prefiere becar muchas veces a pocos (iniciación científica, mestrado, doutorado), antes que pocas veces a muchos. Al reducir la entrada de personas, usted no solo reduce el número de egresados, sino que reduce la variedad de miradas porque, a mayor cantidad de minorías representadas, tantos otros profesores en pugna y con sus diferencias de perspectivas. A mi ver (y reconozco tener un conocimiento parcial y me estoy refiriendo solo a las Letras, a la literatura), eso incide en el nivel de los futuros profesionales que ´compiten´ con raleados compañeros en su construcción discursiva durante el período de estudio. Hasta la actualidad, hasta el momento en que funcionó el vestibular (la prueba de admisión), la parte más difícil era entrar, después por lógica mal o bien (aunque incluso las universidades se desentienden de algunos alumnos) quien está adentro termina, se gradúa. El extremo del delirio es que en muchos casos se entra a una carrera cualquiera porque es más fácil ´la prueba´. Letras es una ellas y encontrar gente apasionada por la literatura –el famoso nerd, ex ratón de biblioteca-, se encuentra, pero cada tanto. Si algún estudiante se arrepiente a partir del segundo año, aunque tal vez exista una reocupación de esa vacante, es muy difícil que se atienda a quien quedó fuera. En sistemas abiertos, también con sus graves problemas porque la crisis de la universidad es planetaria, la permanencia depende casi exclusivamente del estudiante (y de su familia). Todo eso me parece le da un tono de universidad privada a la brasilera (e inclusive de escuela secundaria) que va contra la tan cacareada excelencia que, tal como lo veo, es otro ejemplo de la doble realidad. Antes que en lo concreto, en sus producciones y en sus frutos, la excelencia está en el ranking que vaya a saber uno quién lo arma. Brasil ya instaló que la USP es la mejor en América Latina. Cuando pregunto a los que la conocen qué pasa dentro, las respuestas no son tan alentadoras. Deberían dejarse de especulaciones y de remiendos como el sistema de cuota que garantiza un determinado número de ingresantes de minorías como los negros –me parece racista justamente porque confirma la diferencia- y abrir las aulas. Abrir las aulas y ver el universo de candidatos que tienen, y decidir qué hacer sobre los que desean ir. Y en ese caso, auxiliar a quienes presentan problemas económicos, etc. Es como si hubiera un pesimismo previo –tal vez surgido del conocimiento de causa que ellos tienen y que vos no, Espectro, acoté- sí, pero que siempre pone la palabrita ´fin´ de esa película en un selecto montón de blancos sin nervio. Y en ese proceso, Víctor –lesionados sus derechos- se vuelve un extranjero.

Fernando, languidece su voz por momentos el Espectro, no aceptaría nada de lo que he dicho. Para él debería suceder, como dicen que sucede, primero la etapa de lo concreto, y de lo espiritual, luego. Me perdonen las fuerzas superiores, decía el Espectro, atendiendo a las arañas que poblaban mi pequeño departamento, aunque él nunca era tan sacrílego, pero y repito, esa negativa por la incapacidad de unos y por la excelencia de otros, es elitista. En vano usé con él su propio discurso. En las charlas con el dueño hippie del albergue había aparecido aquella cuestión ´del acceso sí, del acceso no´ a la tecnología y a internet por parte de las comunidades alejadas de las poblaciones más influyentes. Fernando creía que cada comunidad debía resolver si quería o no la instalación de antenas, la entrada del servicio, etc. Con respecto a la universidad solo me encargué de invertir el argumento. ¿Por qué, entonces, no se les ofrecía a esos otros ´el servicio´ educativo superior y dejaban a ´los pobres´ decidir, elegir, si querían estudiar o no? En la cancha se ven los pingos, rifaba con su léxico no siempre abundante el Espectro. La sensación es que los blancos brasileros han clausurado como guardianes la entrada a la universidad y han optado ´hablar´ en el lugar de esos otros que no ven cumplido su derecho como ciudadanos. Esa es la idea de mi tocayo DaMatta en Carnavais, malandros, heróis, no es así. Sí, en los setenta. Él ve un rasgo central de la jerarquizada cultura brasilera en el constante y paternalista hablar de la clase media por ´el otro´, por ´el pobre´, por ´el oprimido´. Como es el interesante caso del ´perspectivismo´, productivo, novedoso, respetuoso, basado en el trabajo de campo en Amazonas del antropólogo Eduardo Viveiros de Castro -el autor de esa tesis, discípulo de DaMatta y etcétera- pero que no deja de ser un blanco hablando sobre minorías. Al día de hoy, ¿no existirían condiciones para que nuestros amerindios, por ejemplo, estudien, investiguen, escriban, si así lo desean, sobre ellos mismos o sobre los que les venga en gana? ¿Reconoce la UFAM, universidad amazónica, que más lógico que convertirlos en ´objeto de estudio´, es hacerles valer el derecho de ser, mínimo, ciudadanos brasileros? El derecho como carta de triunfo. Exacto, como el ancho. Si tengo un derecho es porque lo puedo ejercer y usar para vencer. Te dijeron pero no te acordás cuándo… Me acuerdo, me acuerdo. Era otro profesor pero con este sí me peleé, casi. Y de él nunca hablé. Era del PT y le ataqué a Dilma. Pero su dato vale. En este año 2013, en la UFT (Universidade Federal de Tocantins), se graduó la primera médica surgida de la población amerindia en la historia de la blanca universidad brasilera. Que entró por el sistema de cuota, Espectro. Sistema que confirma la obsesiva cerrazón de las puertas y, por supuesto que lo voy a decir, pelaba en solitario. ¿Qué mayor argumento a favor de la urgente y necesaria apertura de las universidades que la importación de médicos cubanos –Cuba tiene 11 millones- a un Brasil con 200 millones de habitantes (problemática que permitió, cómo no, aflorar aquellos viejos vapores racistas en suelo brasilero)?

Descubrí esa distancia con Fernando la noche en que fui, por él, invitado a una cena en la que, como no podría ser de otra forma, confiesa el Espectro, provoqué una situación ´a dos aguas´ entreverada con el sabor de un delicioso pescado. A diferencia de otras regiones más conservadoras, en el norte brasilero reina un olor distinto. Está el contexto violento, pero también un microclima social menos tenso con cruces, con rupturas de barreras, raras en otros espacios. Estamos, entonces, en Alter, en un recoveco de la entrada de Alter, en verdad. Es de noche, los grillos y hasta las cigarras trasiegan, el clima es perfecto, el viento una caricia.

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Estamos en la casa, en el medio de la floresta, de Luciana (antropóloga) y de Hermes (músico de curimbó). Luciana vive en el pueblo y da clases en Santarém en la UFOPA (Universidade Federal do Oeste do Pará), una de las nuevas universidades que se construyen en aquella zona mediante el programa REUNI (Reestruturação e Expansão das Universidades Federais). El conflicto sobre el temita educativo –en mí late y late oculto que van a esgrimir el argumento del ´luego, luego´- llegó rápido. Luciana pintó una situación algo bizarra, como era de esperar, basada en profesores que no saben qué hacer frente a alumnos que se muestran desinteresados y que van poco y que no leen y que tal vez intuyan el delirio cuando en el país que construye estadios inútiles, ellos tienen clases, como las tienen contaba Luciana, dicen que de forma provisoria, en un hotel que hace las veces de edificio universitario. En esa conversa, tercié y acusé a la organización excluyente y jerarquizada. Pero, a sus ojos, me manqué, confiesa el Espectro. Luciana argumentó que el vestibular correspondía y solo permanecía en las universidades más conservadoras y que las puertas habían sido abiertas gracias a la implementación del ENEM. Detiene su charla el Espectro y me alcanza el recorte de un papel arrugado y mal impreso que ahora copio.

Criado em 1998, o Exame Nacional do Ensino Médio (Enem) tem o objetivo de avaliar o desempenho do estudante ao fim da escolaridade básica. Podem participar do exame alunos que estão concluindo ou que já concluíram o ensino médio em anos anteriores. O Enem é utilizado como critério de seleção para os estudantes que pretendem concorrer a uma bolsa no Programa Universidade para Todos (ProUni). Além disso, cerca de 500 universidades já usam o resultado do exame como critério de seleção para o ingresso no ensino superior, seja complementando ou substituindo o vestibular.

Pero, ¿se abrió?, según vos. Eso –dice el Espectro- es lo que intentaba colocar en una conversación de la que más temprano que tarde me salí porque estaba comenzando a ser grosero –o grosero fue el comentario de esa querida antropóloga sobre o argentino sem jeito. No lo sé. Ser invitado a una cena en Brasil cuando usted es un desconocido es algo que ocurre muy pocas veces y me salí. Me fui, me escabullí mentalmente por las ramas de los árboles del patio antes que avanzar con una discusión que parece tocar –que toca- el corazón de los privilegios en la sociedad brasilera… Aunque, reconozco, en ese intercambio de ideas, era posible que ella tuviera razón. (Pero… abrir, abrir, no se abrió.) Había y hay en toda esta ardua cuestión innumerables variables. En una charla posterior, Luciana –quien, por supuesto, no quedó muy convencida de porqué indagaba el Espectro- reconoció que rige una especie de desconcierto en el destino de los estudios superiores brasileros. Todavía nadie sabe bien cómo ni porqué existe un proyecto en funcionamiento de duplicar (otro nivel más) la organización del sistema: a la vieja forma y manera europeas, se le superpone ahora la remozada norteamericana que hace de la escuela secundaria una preparatoria…

Problemas, problemas y me pregunto, espectador, si en lo que respecta a la educación y a tantos otros temas no es uno de esos problemas la extensión. ¿La del territorio? Sí, la de la organización de la União. Tenés ganas de tener razón y decir que por esa infinita extensión todos son un poco extranjeros en este suelo. Tengo pero no hoy, dice el Espectro. Aquí ya está fresco y para contarte me queda apenas un final simple pero sincero sobre vivir en una tierra infinita y sus cimbronazos y sus cacareos. En aquella conversación, al comienzo mal arriada y entre el pescado, conocí la batalla sobre la que todo desconocía. Dos años atrás, en el 2011, en el estado de Pará se implementó un plebiscito para decidir si el territorio sería dividido en tres regiones. La causa principal se desprendía, es previsible, de la diferencia por el volumen de los impuestos volcados al fisco. La decisión de la mayoría fue contraria al separatismo. Los paraenses experimentaron dos situaciones. Vieron cómo mientras en el boca a boca y en el día a día, la mayoría sugería que iría a votar a favor, en la votación ganó el ´no´. La segunda, sospechan, la incidencia de los medios de comunicación. Hacia ´afuera´ la acusación a los medios cariocas y paulistas de ignorar, o por lo menos, de no dar la importancia requerida. Hacia el ´interior´, hacia el mundo local, la fuerza de una mídia que, de manera ilegal, permanece en manos de la politiquería básica. Es un ejemplo lateral que vale para ilustrar lo que sucede ´allá´. Se levanta de su silla, y de forma inexplicable, el Espectro, y dice. Hoy, con ustedes, José Sarney. Aplausos. Consagrado presidente pseudo-democrático por la muerte temprana de Tancredo Neves en 1985, en la actualidad es un poderoso legislador [PMDB] por el estado de Amapá y conforma la lista –junto con su hijo y con su hija, una familia literalmente política- de diputados o senadores brasileros que tienen algún tipo relación con la mídia y que ni piensan en abandonarlo. A pesar de datos que desmienten la independencia entre medios y poder político, se había sentado y gesticulaba, según la ´Agência Repórter Social´, solo el 5 % de los 1059 diputados electos entre 2007 y 2010 reconoció tener relación o con una radio o con una cadena de televisión. En Amazonas y en Pará, vecinos de los estados Maranhão y Amapá donde rige la familia Sarney, su fama de caudillo que dirime a los tiros la política (se dice sobre un susto que se llevó Lula) y las rencillas con la prensa corre con una lista de chismes que no necesito repetir y que tal vez sean comunes a otras mitologías y que retrotraen la situación –como en otros grupos sociales latinoamericanos, solo que vale recodar estamos en el territorio de una potencia mundial- con cierto optimismo, al siglo XIX.

Esta potencia construyó su poder en base al territorio. Por eso el separatismo es el fantasma mejor conjurado de Brasil, en un Estado que ve cómo la extensión cuasi inabarcable a la que se enfrenta pone en jaque su capacidad de actuar. Es el separatismo, se puede suponer, el origen de la desconfianza mutua e histórica entre los sureños gaúchos y el resto del país, sobre todo, los estados centrales. En Brasil, se sabe, el poder ha sido habitualmente ´café con leche´. Se resuelve entre el lácteo Minas Gerais y el cafetero São Paulo. Y Rio Grande do Sul tiene en su tradición aquel deseo de independizarse de la União -Guerra dos Farrapos [1835-1845]- que dejó una cicatriz visible. Y esa desconfianza interestatal es una rueda: norte, sur, centro, nordeste cada grupo se reconoce y se desconoce recíprocamente.

Extensa, interminable, tu croniquita de hoy, Espectro. Como los caminos aquí, absurdo espectador de lujo. Varias veces en el viaje me pregunté por qué frente a esas distancias no se da o se vuelve a dar en Brasil el desarrollo del tren, de un tren de pasajeros –porque de carga hay- que comunique este continente. No los de la carioca y hermosa Estação Central, no los del São Paulo inmensa, otros trenes sí que conecten espacios diversos. Dice –se dicen tantas cosas- que anda dando vueltas un proyecto para ramales de alta velocidad por la región del centro. No para el norte, no para el lejano norte. Mis últimos días en Alter do chão, abunda el Espectro, los pasé alejado de la playa, a unos dos quilómetros de la pequeña villa, y descansando en una comunidad verde de la que me reservo el nombre… Como si a alguien le importara, te digo. La comunidad estaba antes de la entrada al pueblo y esa distancia permitía quedarse más ´en casa´. Caminar por la floresta, bajar al minúsculo y privado brazo del río, deambular entre los árboles, pensar, fumar, pensar y volver al amigo mate. En la tarde de mi despedida, un viajero alemán que andaba de acá para allá con una bicicleta –acá y allá, eran el norte y el nordeste brasileros- fue quien me dijo que él había oído, y nadie más en el grupo ni en la mesa tenía ese dato, sobre un tren de pasajeros turístico lindo e interesante, en un vago mundo exterior. No irás a mentirnos que ahí empezaste a pensar en Polo, abrevié. No exactamente. En Polo empecé a pensar después, a la noche y al otro día, y de forma muy vaga, con muy pocos datos, con mi memoria flaca, y con la dispersión del que viaja. Estaba en Santarém. Volvía a Manaus. Eran las ocho de la noche y esperaba el ómnibus hacia el aeropuerto. Había llegado a ese punto, una intersección de dos grandes calles con más tierra que cemento y con una rotondita de circunvalación que sola daba miedo. Llegué a ese punto por una triple referencia de candidatos diferentes y a cubierto de dato falso. Y te cagaron. No hace al caso. En el viaje en la línea 306 de Alter a Santarém… la empresa se llamaba ´Borges´, en ese viaje, mi despedida del humano pantano se nutrió de una agradable charla con dos artesanos, ella de Portugal, él de Irlanda, que no pararon de hablar de dinero y que se escandalizaban por mi ´escolha chicki´ del aeropuerto. Ella tenía la cabeza totalmente rapada con una trenza de su propio cabello restante haciendo de corona. Rostro ovalado, aceituna. El muchacho irlandés rompía un poco la armonía y se esforzaba por ser afable con la afabilidad de un punk borracho. Veo que ella te gustó, Espectro… Soy inmaterial y puro espíritu, indeseable espectador, no te pierdas. De ese colectivo me bajé –las artesanías que la chica portuguesa producía, el desacomodado señor no parecía manyar mucho en el brebaje, eran alucinantes. Me bajé y busqué mi lugar. Mientras aguantaba la llegada del que me llevaría allá, al aeropuerto, una moça, con su familia a un lado, una moça de unos doce o trece años, pintada con su piel morena dentro de minúsculos retazos de tela, se apiadó –entre los piropos de los que pasaban, las cervezas (fueron una tres) que le ofrendaban, y la distraída vigilancia de su familia- se apiadó y se olvidó de las veces que me vio que la miraba y me dijo fundida al imperio de la noche que todo lo gobernaba, senhor, o ónibus não vai passar, não. Entre el cansancio y la resignación, entre el moto-taxi, la ruta, la noche profunda, los quilómetros y la demora en llegar, llegar, llegar, me acordé levemente de Polo. Pensé en lo que él podría haberle sacado a ese conductor encascado, pensé en las historias imposibles de ferroviarios abrasilerados, pensé en si no debería haber escuchado más dentro de aquel hotel y de cómo él lo hubiera hecho –desde ya, Espectro, que no sé vos, pero él no hubiera pagado-, pensé en que más que del otro lado, porque lo dijo, cuando se refirió a la sopa, no hay ni un lado ni un otro lado, la cosa, si lo es, era el visitante, el perpetuo extranjero.

En el inicio de El Visitante -con el transcurrir de los capítulos, ese marco ficticio parece que se pierde- se sugiere por una radio que el protagonista, el investigador, sufre del síndrome del ´visitante inoportuno´ que ataca a las personas que pasaron sus veinticinco años y que no han podido encaminarse, decile proyecto de vida, decile cualquier cosa que te distraiga de ponerte a pensar posta. El personaje encarna un outsider, alguien que nunca se siente en su lugar. Un marginal. Desde El otro lado [1993-1994] a El visitante [1995], Polo pasó en un salto lógico del fantástico (y del policial porque en el fondo estaba Philip Marlowe) a la ciencia ficción (entre el Subiela de los ochenta y La sonámbula, y volviendo a El Eternauta). Polo dejó de ser guionista, y más atento a los tiempos, se convirtió en el sobreviviente de una época que se sabe ida pero no se sabe cuándo. El tipo –que ha filmado todo durante mucho tiempo- observa esas viejas cintas en vhs que son su memoria con el recóndito deseo de ordenarlas. Los espectadores vemos a un periodista (categoría que le hinchaba las pelotas usar, según su pudorosa confesión, para denominar su trabajo en tevé) que es un espectador de su propio trabajo. La historieta es el ambiente donde vive y no lo que él (mal) produce. El tipo está encerrado en su departamento. El exterior es indeterminando y amenazante. El aire es nocturno y la música, nerviosa. La radio habla de controlar, de neutralizar aquel síndrome. Por instantes, en la presentación, camina por una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico, rojo que se concentra en el final de los títulos en el ojo de Polo de donde salen las letras del nombre del ciclo. Ciborg-Polo. Lo más importante ahí es el ojo, dice el antiguo Espectro a quien ya nada detendría. Polo decía haber visto demasiado, haber visto cosas que habría preferido no ver. En una vida con rasgos surrealistas, Polo decía que buscaba ´ver´: ´estoy tratando de ver como se hacen las cosas bien. No tengo, un mensaje, un modelo o una ideología…´. Su búsqueda era darle a la persona en su cotidiano una comunicación basada en un ´intento de mirada´. Para él, el mundo es lo que cada uno ve del mundo, es encontrarle la belleza a lo real… Es el ojo y es, claro, el oído. Polo confesaba no poder olvidar las historias que oyó. Esas historias habían pasado de ser la razón de la escritura a ser estruendos que no le dejaban escuchar su voz.

Oyó y vio lo que no se debería ni ver ni oír. La entrega de los premios Martín Fierro, en 1994, es un momento estelar [Ver minuto 32]. El otro lado recibe el premio al mejor programa periodístico frente al pope menemista Mariano Grondona, por ejemplo, y Polo y el grupo de realizadores y de productores suben al escenario más como una banda que como otra cosa. Y de hecho, eso eran. Polo dice lo de la ´sopa´, se ríe de estar ahí entre tantas figuras y recuerda que muchas imágenes que se ven el ciclo sucedieron antes, en noches y en lugares semejantes. Con ´la sopa´ (no hay dos lados) le responde indirectamente a Sofovich –hola, Gerardo- (inexplicablemente en este momento el Espectro se para y hace un gesto, anti-gualicho, para usar sus propias palabras), interventor de ATC, quien le sugiere al joven descartar el título El lado oscuro y poner lo del otro lado. Sofovich dice sugerir eso porque en el trabajo de Polo había luz. Nada más absurdo. Fue al lado oscuro, o sea acá, y, sin dudas, no había luz.

Entre el primero y el segundo programa Polo, del 93 y 94 al 95, se da un giro que es como el rulo inicial, en los noventa, de esa representación volcada a la exhibición del vacío personal que (en una de sus aristas) sería potenciado por internet. En un capítulo de El Visitante, a esa altura la cámara lo seguía a capricho, Polo se pasea por el barrio, observa el auto chocado del vecino, admira un jardín común y silvestre, etc., camina un poco e ingresa a su casa en la que unos amigos, y su amigo conviviente que acaba de llegar del laburo, se toman unos mates y no entienden nada. La progresión de preguntas que son como las letanías de El Visitante -cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que deje ser un visitante– creo –especulás al extremo Espectro-, creo, decía, que marca ese camino del que cuando llegó al cotidiano, a la propia vida, a la indistinción del conflicto porque todo puede ser visto desde otro punto de vista, o contado distinto, cuando él llegó ahí, y dejó de ser un visitante porque conocía ya todas las historias, y cuando no se protegió frente a todo eso con cinismo, explotó.

¿Quién fue Polo? Un personaje. Me recuerda al también judío y también indagando en los bajo fondos de los secretos, de esa, para Polo, póstuma película de Aronofsky, Pi de 1998. Un personaje de Arlt. Erdosain que se suicida en el tren. Pero Polo no es el fracasado Remo. Uno, rebelde y conspirativo no-personaje, de Macedonio. Un detective de Walsh. O también la manifestación más clara de la encarnación del espíritu de Walsh en un ser humano con máquina de escribir y todo. Porque a Walsh también lo terminaron mal. A uno se lo fumó la dictadura y al otro su vástago en versión sudaca, el neoliberalismo. Y Polo con su cámara fue un Peter Watkins asureñado. Quebró todo con poco. Permite el delirio de varios (una extensa lista de herederos y de usurpadores). Polo fue su trabajo en Fierro y en Radiolandia (la del corazón donde conoció al de policiales Enrique Sdrech) junto con Pablo de Santis, guionista después en la tevé (y en la investigación estaba Marcelo Birmajer). Polo fue el diario Sur (del Partido Comunista donde había militado y de donde se choreó la máquina que es parte de su imaginario) y Página12. Fue su primer trabajo en televisión en Rebelde sin pausa, y el mito de que una estrella de la farándula –era fachero Polo- se lo llevó un fin de semana a Mar del Plata. Y fue decir que el silencio en las entrevistas le venía de Roberto Galán y del yo me quiero casar… Polo era el que sin hablar hacía llorar al entrevistado. Fue la cara resplandeciente de un grupo que trabajó mucho para sostener el proyecto. Y fue un Polo que terminó sus días solo, durmiendo –cuando no estaba en el Tigre- en la calle. Como diría alguien, la obra de Polo y Polo son demasiado grandes como para ignorarlos.

Y ¿qué le pasó a Polo?, según vos, Espectro. Vio. Pero los registros no van a decir nada. Escuché dislates en chistes, que no dan para el contexto, sobre la yeta de haber sido ´Premio Revelación´ en los Martín Fierro; la anécdota de algún boleto casi-capicúa sin gracia y ridícula. Les faltó, muchachos, relacionar las tres pelis de Dean con los tres años y los ciclos de Polo y sus inicios televisivos en Rebelde sin pausa, como para reafirmar el asuntito del fierro chifle aleatorio. Igual, y en concreto, algunas respuestas sobre lo que le pasó deben estar en ese libro –El buscador [2005]- del que conozco apenas las primeras hojas. Y con lo que leí es suficiente, como lo son las dos paginitas iniciales de de Santis en un prólogo titulado, como para no pavear con su postura, “La vida realˮ, ese miedo a que se siga instalando el mito ´Polo´ sobre el que, dice entre paréntesis, “…(los cassettes que circulaban de mano en mano, el carácter a veces extraño de los mundos que abordaba, la muerte joven: todo colaboraba)…ˮ… para crearlo. Y suficientes para que tengas razón, aporté indiferente.

En junio del 2001, a menos de cinco años de la muerte, Carlos Polimeni publica en Página/12 ˮEl otro lado de Poloˮ, en razón del MAM (Museo de Arte Moderno, Buenos Aires) proyectar una selección de los mejores programas en homenaje a esa ´revolución audiovisual´. También y por supuesto, Polimeni recoge el enigma: “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ. Desliza la idea del suicidado por la sociedad a la que no le pone un nombre concreto y dice ´la sociedad´: la vida de Polo y sus programas fueron “…emblemas en… una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ Y antes del vacío, y en la indagación del vacío, las drogas. Esa nota anticipa documentales que se rodaban por la época. Uno de ellos estaba a cargo de Gustavo Alonso –En la vereda de la sombra, del futuro 2005. Alonso, además, era parte de la cátedra -oh, academia; oh, periodismo- ´Mirada Polosecki´. Su documental comunica con escalofríos el click en Polo, el click en la cara en la charla y en la pantalla de Polo. Del oscuro y brillante del inicio, al que entre infinitas hipótesis el éxito, el premio, el dinero, las drogas (decían thc), las malas influencias, las peleas con el grupo, todo lo fue conduciendo a ser automatizado que respondía lo que el otro necesitaba para contar. Conoció los sutiles mecanismos del habla y se valía de ellos como de pequeñas llaves que abrían puertas tras puertas, tras puertas, tras puertas. Dicen que el personaje se lo había comido. Le dijeron psicótico y adicto. Pero Polo, lo dije mil veces, fue el que vio. Vino. Entró a las sombras. Vio e hizo su obra. Le puso su firma inolvidable. (Habrá querido volver). Y se fue a un nuevo anfiteatro. Otro documental, cuenta Polimeni, que se rodaba por entonces era el de Horacio Ramos (del que no encontré registros). Ramos resalta. Polo cambió la historia de la televisión (argentina). Evidente es su influencia posterior sobre los jóvenes estudiantes que se pasan de mano en mano los videos caseros de esos programas como objetos de culto y de aprendizaje. Polimeni –que podría hacer brotar con su comentario a de Santis y no solo por el gerundio- firma: “Polo enseñando a hacer televisión desde la tumba.ˮ Se tomó el palo. Fue un artista que vio que aquí parece el caldo cocinado. ¿Aquí? Y-se-tomó-el-palo. Ese final en el Tigre, entre las plantas, los bichos, el río y el amigo innombrable y por la familia odiado, ese final con las supuestas teorías conspirativas que Fabián traía, y con esa historia del túnel y de los nazis, él que era judío, y con sus últimas salidas a espacios nocturnos en los que veía corrupción y decadencia por todos lados, y de… ¿Espectro? Es que hace tanto sentido con el visitante -continuó en su fiebre- con el que ve, con el que se va a ´la naturaleza´ (que es otro invento, pero es más lindo), retoma el punto (¿habrá visto, como los chamanes, las ropas exteriores en los animales?). Y se toma el palo. Puede ser, dije desconcertado.
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Y para mí todo eso se potenció entre el agua, el calor, el río, la pegajosa humedad, el verde, las plantas y su leve recuerdo, en la comunidad de Alter, y en el exterior inmediato y concreto, inmutable pasando y pasando, como si nada fuera incierto, ese ómnibus Alter-Santarém, con ese nombre que complotaba… Es un normal y común apellido tradicional portugués, Espectro. En su exposición, Vivieros de Castro (a quien imité sobrado, en un doble robo porque el dato del antropólogo se lo debo a Fernando), tiene como objetivo explicar qué es la muerte como ´quase acontecimento´. En ese camino, dice lo que ya dije sobre la muerte en el mundo amerindio y dice que en la muerte -aquello que sucede en lo real, pero también en lo virtual porque permanece presente en las anécdotas de los que van solos al mato y son toreados por una situación de casi muerte, una amenaza aleatoria de algo- en esas situaciones de casi muerte, del que vive para contarlo, está el surgimiento de la narración, de las mitologías y, supongo, de las religiones y de lo que llamaríamos literatura y de todo el resto. La narración, dice el antropólogo, se da porque casi morimos y vivimos para volver a contarlo. Y porque somos mortales, contamos que casi morimos para reafirmar que estamos vivos. Si fuéramos inmortales no necesitaríamos nada, ni contar, ni salir al mato, nada. Ahí lo nombra a él en una exposición, por otra parte, con pocos nombres propios. Como en ese cuento de Borges, dice, de esos señores inmortales, dice, creo que es en “Las ruinas circularesˮ, pero no lo recuerdo, y sigue. El antropólogo confunde dos cuentos y no al azar. De ninguna manera al azar. Vos decís que el recuerdo de la selva y allá en el norte, la firma Borges sobre el costado del colectivo. Digo que, mirado bien, Polo se acerca a ese mundo de lo anti-estatal que es el parentesco, él se mete en los grupos, en las familias, de orígenes que no eran sanguíneos en su mayoría, se mete ahí que es en verdad donde están las infinitas luchas con el mundo de los muertos, si lo mirás en la mirada amerindia, se metió, se fue al mato y no se protegió. Una onza le habló, él le respondió y ahí se mancó y dejó de ser humano. O se convirtió un tiempo en caníbal hasta que mutó. El propio antropólogo hace chistes al pasar con que dentro del Estado ´el fisco´ es un felino suelto en el mato (la ciudad una selva) y no sé si la hace pero la sugiere que la policía sería lo más peligroso, digamos la onza, digamos la sucurí. ¿Qué animal sería la tele? Entonces, cuando Borges en ese cuento de las ruinas mezcla la selva con la ciencia ficción no andaba lejos. Para nada, me dice el Espectro. Dice la leyenda que Polo conoce a Eduardo -al que sería su amigo final en la etapa del Tigre- ´amigo de soltería´ dice irónicamente Polimeni, durante la filmación del último programa que hizo de El Visitante. Se había divorciado por esa época de su mujer y madre de su única hija. Pasó de la ciencia ficción a la (relativa) selva atigrada. Dicen que compró una isla y la puso a nombre de Eduardo. Dicen que este lo quería llevar a una secta. Más bien parecen prejuicios contra el amigo. Como sea, la conspiración en la locura, o no, de Polo está y no sé mucho más. En la real, Polo hace el mismo movimiento que hace en el cuento Borges. Y si lo mirás más amplio, la selva, la ciencia ficción, la conspiración, la memoria infinita, en Borges la biblioteca, en Polo su versión fílmica. Polo el que vio y Borges ciego (y ciego como era el visitante sin su cámara). Polo también como el personaje de esa novela –que Borges nunca escribió, ¡por favor!, Espectro- y que publicó dos veces. En esa novela, y así en el mundo Polo, predomina la noche. Y está el misticismo (porque Borges también se puso a los jueguitos conspirativos y se perfilaba de profeta o de sacerdote literario) y el final disolvente. Muy interesante, pero tengo sueño, Espectro, vos decís que vio… Digo así: podés ver ciertas cosas si las enfocás desde un determinado ángulo. Y eso es, por ejemplo, algo que Piglia olvida, aunque lee siempre muy bien, como nadie, a Borges. La ciencia ficción y Polo es otro que también hay que pensar, espectador, pero se necesita saber más y ahora no es el momento.

[Septiembre 2013 – Manaus – Santarém – Alter do Chão – Jamaraqua ̸ Región Norte – Brasil ]

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