História do Futuro [1664/1718] de Antônio Vieira y los orígenes herméticos de la ciencia ficción brasileña

I.- Ciencia ficción y hermetismo en el ámbito hispanoamericano

La ciencia ficción latinoamericana -o para recategorizar con mayor justeza, la ciencia ficción moderna en su conjunto- comienza el 12 de octubre de 1492.
La idea no fue ignorada por la crítica. Aun sin defenderla, Darko Suvin (1984) se preguntaba cuánto había de (ciencia) ficción en las cartas de Colón y reconocía que, de forma larvaria y con pocos documentos a favor, mitologías sobre el imperio Inca habían endulzado los oídos de Thomas Moro al escribir Utopía [1517], obra que inaugura el género en tierras europeas. En América Latina esa veta también fue marcada. Un grupo de obras vernáculas de ciencia ficción –sugieren Molina-Gavilán y Bell (2003, pp. 16-17)- tuvo origen en un factor “…central para la imaginación latinoamericana: el descubrimiento, la conquista y la colonización de las Américas”.
Esas indicaciones y otras semejantes descuidaron sin embargo un elemento híbrido -teórico, epistemológico, teológico y de continuo interés para conquistadores (o invasores), colonizadores y sacerdotes- que con el tiempo funcionaría como rasgo fundante al cruzarse con las intensas cosmovisiones amerindias: el hermetismo neoplatónico y sus variantes heterodoxas fueron aliados ineludibles en el desarrollo de la ciencia ficción durante los siglos XVI y XVII.
Esa apuesta interpretativa retrasa considerablemente la fecha que por consenso se establece para el inicio de la ciencia ficción en América Latina; incorpora nuevos autores y textos; relaciona dos ámbitos sociales, lingüísticos, culturales –América hispánica, América portuguesa- abordados por lo general de forma disociada.
A continuación, breves apuntes sobre aquellas complejas y primigenias batallas.

II.- “Sizigias y cuadraturas lunares”, del hermetismo neoplatónico al profético

Según sugieren los responsables de la “Chronology of Latin American Science Fiction, 1775-2005” (Molina-Gavilán et alii, 2007), la ciencia ficción latinoamericana se inicia en 1775 con la obra “Sizigias y cuadraturas lunares” de fray Manuel Antonio de Rivas –cuyo título completo es “Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la Luna, y dirigidas al bachiller don Ambrosio de Echeverría, entonador de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad, y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán, para el año del Señor de 1775”.
El texto de Rivas –en principio, un prólogo a un almanaque astrológico- es un cuento corto filosófico que bajo la forma epistolar recrea un viaje a la luna. Según Ana María Morales (2007), “…compuesta antes de 1773, está considerada la primera obra de ciencia ficción escrita en Hispanoamérica… porque… contiene un relato que puede ser colocado dentro de la tradición de las sátiras sociales que aprovechan el pretexto de un viaje espacial para criticar las costumbres y la sociedad [y para] presentar un sistema de vida utópico.” En ese registro, hacia el final de su visita lunar, acota el viajero francés Onésimo Dutalón: “¡Qué maravillas y bellezas de naturaleza, que aquí pasan por ordinarias y no pueden contemplarse sin estupor y asombro! ¡Qué gobierno tan dulce y acomodado a la temperie de los antíctonas! Ciertamente, allá nuestro globo terráqueo… ha menester distinción de clases, en donde la suerte de los que gobiernan es la más infeliz; porque si el superior gobierna mal, a todos desagrada, si gobierna bien, a pocos podrá agradar, siendo muy pocos los amantes de la justicia y equidad.” [“Sizigias y cuadraturas lunares”]
A la crítica social y al planteo utópico habría que añadir los saberes de la revolución científica del siglo XVI que provocaron que la Inquisición persiguiera al fraile. Los censores en particular reprobaban la presencia más o menos larvaria, más o menos evidente de autores como Descartes, Galileo, Cyrano de Bergerac, Voltaire. La obra de Rivas fue “…una muestra abierta de las tendencias de los enciclopedistas y liberales franceses [y] podía percibirse como publicidad peligrosa para las nuevas ideas de la física experimental, que aún no dejaban de inquietar a la Inquisición.” (Morales 2007)
Lo dicho sin embargo no agota el análisis. Asoman en “Sizigias y cuadraturas lunares” otras influencias que explican la inquina de la ortodoxia y que por un camino convergente impulsan a pensarlo desde la ciencia ficción. Además de con la nueva ciencia, lo utópico y la crítica social parecen estar relacionadas con el hermetismo.
El primer indicio es el ´sizigias [syzygias]´ del título que remite a un concepto astronómico referido a la alineación de los astros y que también pertenece a la tradición alquímico-hermética designando a una entidad andrógina. Un crítico como Ramón López Castro (2001, p. 35) –quien ignora, por su parte, ese dato alquímico- afirma por otro lado que en Rivas se advierten rastros del jesuita alemán Athanasius Kircher [1602-1680], conexión que explicaría las referencias a conceptos árabes, persas, egipcios, chinos, asociados al hermetismo contrarreformista y barroco.
Un siglo antes de la sátira de Rivas, y mediante su enorme tarea de recopilación, Kircher había llevado el hermetismo neoplatónico a México, permitiéndole a Sor Juana [¿1648/1651?-1695] escribir Primero sueño [1685], acaso la auténtica primera obra de ciencia ficción en el ámbito de habla hispana, poema que narra los avatares nocturnos del alma para acceder al conocimiento universal. El hermetismo configura el eventual viaje espiritual, el mundo alternativo repleto de abstracciones por donde deambula el alma, el interior de un cuerpo andrógino, a la vez mecánico y alquímico, etc.
Si aceptamos por lo tanto ese puente hermético de casi un siglo que tiende el jesuita alemán entre Sor Juana y Rivas, podemos suponer por medio de una rápida pista heterodoxa que “Sizigias y cuadraturas lunares” excede la influencia de Kircher y que su autor, el fraile mexicano, estaba al tanto de otra corriente hermética diferenciada.
El narrador de la carta-relato -al justificar el extraño calendario lunar- realiza un comentario contra el pueblo de los judíos burlándose de su incesante espera del Mesías y acota: “…como los otros [esperan] la vuelta del rey don Sebastián de Portugal”. Aun cuando no sepamos quiénes eran esos otros, la ironía subraya que avanzado el siglo XVIII las novedades científicas interactuaban en México con el hermetismo renacentista y con el hermetismo profético lusitano que anunciaba al ´Encoberto´.
Rivas era franciscano y a través de su extenso poder territorial esa orden ejerció una importante influencia en Portugal, donde las ideas de Joaquim de Fiore se fundieron con el culto al Espírito Santo y con el sebastianismo –el retorno póstumo del rey- conduciendo al ensueño del Quinto Imperio que le permitió a Antônio Vieira elucubrar la primera obra de ciencia ficción en portugués, casi al mismo tiempo que Sor Juana, y un siglo antes de esa aventura lunar.

III.- Vieira y sus obras proféticas

Antônio Vieira nace en Lisboa en 1608 y muere en Salvador de Bahía en 1697. De Portugal a Brasil, es un escritor religioso entre dos mundos: “La vida literaria de Vieira… floreció en dos literaturas: la colonial brasileña y la de la metrópoli. Escritor fronterizo…” (Amóra s/d, p. 20). Su situación ´fronteriza´ se debió a cuestiones catastrales pero sobre todo políticas y judiciales relacionadas con sus obras proféticas y con su fuerte crítica social sostenida a través de los sermones.
En 1614 Vieira viaja con su familia por primera vez desde Portugal a Brasil –Salvador de Bahía- y comienza a estudiar en los colegios de la Compañía de Jesús. En 1634 es nombrado sacerdote. En 1640 accede al trono de Portugal D. João IV. Al año siguiente, Vieira viaja en comitiva a Lisboa como apoyo al rey. En 1644, por sus brillantes sermones es nombrado “Pregador de Sua Majestade”. Pasa a ser un funcionario orgánico de la corona. Durante el período 1646-1652, recorre como embajador Francia y Países Bajos. En esos viajes no obtiene muy buenos resultados, pero se pone en contacto con la comunidad judío-portuguesa refugiada, relaciones que incidirán en las hostilidades con la Inquisición (José Fernando de Sousa, 1897).
A comienzos de 1653 retorna a Brasil. Durante ese período defiende a los indígenas en las misiones de Maranhão contra los intereses esclavistas. Como sostiene Amóra (p. 20) “…la crítica se ha olvidado de indicar al gran orador como el primer escritor en sentir y en expresar mediante una obra superior de arte el sufrimiento del esclavo.” En Brasil, “…tres temas… propiciaron su ardor combativo: los sufrimientos de los negros esclavos, la guerra holandesa y la causa de los indios´.” Si bien esa idea general es correcta, no todos están de acuerdo y acusan al jesuita de haberse interesado más por los nativos americanos que por los esclavos africanos a los que defendió de modo errático.
A lo largo de esos años, Vieira escribe dos de las obras que le causarán mayores problemas. En 1654, antes de viajar por unos meses a la metrópolis para pedir que se revise el trato a los indios, predica en São Luíz de Maranhão el “Sermão de Santo Antônio prégado aos Peixes”, en el que critica a la sociedad colonial del nordeste brasileño hablándole indirecta e irónicamente a los peces porque los humanos no quieren oírlo.
El 29 de abril de 1659, ao caminho do rio das Almazonas en Camutá, redacta su primer escrito futurológico, la carta “Esperanças de Portugal, Quinto Império do Mundo, primeira e segunda vida de D. João IV escripta por Gonçalves Annes Bandarra”, con la que da comienzo a su ilusión nacionalista de un imperio portugués comandando la cristiandad.
Viera la redacta en un doble contexto. Escribe una vez muerto en 1656 el rey, su protector y, por otro lado, lo hace durante la guerra de Restauración que se había iniciado en 1640 y que a lo largo de las fronteras con España disparaba escritos anónimos ´de milagros y prodigios, de visiones y de profecías´, con marcada presencia de los joaquinitas y de los templarios.
El hermetismo profético portugués -asegura Antônio de Macedo (2003)- tuvo “un cariz propio”, signado por dos líneas. Por un lado, el Rosacrucismo Templario de D. Teresa y de su hijo D. Afonso Henriques (c. 1109-1185). Por el otro, los ideales trinitarios del abad calabrés Joaquim de Fiore (1145-1202) y del médico y alquimista catalán Arnaldo de Vilanova (1240-1313), guía de la reina D. Isabel de Aragón. Esta segunda línea, en particular, institucionalizó por medio de los franciscanos Spirituali y de aquellos monarcas las fiestas y el culto del Espírito Santo –tercer y último estadio evolutivo, según la versión joaquinita de la historia. Por este interés diferenciado, la Inquisición lusa estuvo más ocupada en atacar al profetismo, al sebastianismo y al bandarrismo que al hermetismo rosacruz del resto de Europa que con más libertad proliferó en Portugal mediante la filosofía hermética, la alquimia, las artes secretas: cábala, astrología y magia operativa agrippina (De Macedo, 2003).
Esa peculiar heterodoxia se diseminó por todo el imperio. Vieira fue uno de sus propulsores. Al pertenecer a la Compañía de Jesús, tuvo seguramente acceso al hermetismo neoplatónico que también tenía trazas proféticas, pero adoptó su creencia apocalíptica y patriótica de las profecías atribuidas al fraile Gil de Santarém (c. 1185-1265) y al zapatero Antônio Gonçalves Annes Bandarra (1500-1556).
A causa de la enérgica defensa de los indígenas, en 1661 Viera es expulsado del Colegio de Maranhão y retorna a Europa. La situación política era diferente. En 1656 había muerto su protector. Una vez en la metrópolis, la carta de 1659 “Esperanças de Portugal…” es leída con recelo. Los oficiales de la Inquisición la reclaman y la encuentran “…extraña, escandalosa, temeraria, ofensiva, fatua, con sabor a herejía…” (María Leonor Carvalhão Buescu, 1982, p. 12).
Los momentos más insidiosos con el Santo Oficio, los vive entre 1663 y 1667. Sus dificultades parecen pertenecer al plano religioso. Vieira es acusado de usar en su carta ideas milenaristas y mesiánicas, conectadas con el sebastianismo, e inspiradas en el profetismo hereje del zapatero Bandarra, condenado a abjurar en 1545, a lo que se le suma la ya indicada buena relación con los judíos (custodios de saberes herejes, como la cábala). El resultado es el destierro en Coimbra en cuya universidad su efigie será quemada (De Sousa 1897).
Presentada como religiosa, su desgracia de todas formas fue política. “La razón inmediata del proceso era la herejía. Para los inquisidores, Vieira había pecado gravemente explicando y defendiendo las Trovas proféticas del zapatero Bandarra…; pero las razones eran sobre todo odios políticos…” (Amóra, p. 8, nota 8). La carta que anunciaba el Quinto Imperio -fin de la historia cuya única prórroga era la efectiva llegada de Cristo- había sido escrita tres años después de la muerte de João IV. Los Inquisidores leían en el sebastianismo el deseo de que a partir del retorno del rey naciera un nuevo Imperio ensayando, así, un ataque al poder de turno (De Sousa 1897). Y es justamente el sebastianismo ejemplo de cómo la Inquisición portuguesa se movía al ritmo político. Mientras el dominio filipino se mantuvo ´lo reprimió como cosa impía´, después de la Restauración de 1640, con un monarca portugués en el trono, el propio Santo Oficio acertaba según los vientos incluso a defenderlo (De Macedo, 2003).
Si bien hay quienes retrotraen las primeras ideas a la década del cuarenta, es probable que a partir del plan trazado en “Esperanças de Portugal…” hacia 1664, durante sus años más difíciles, Vieira redacte, sin acabarlo nunca, História do Futuro. Cierta mitología indica que lo escribió en la cárcel y sin textos a disposición para su consulta.
Ese libro, central en su producción, propiciaría otra obra profética, Clavis prophetarum cuya redacción reemprende en 1681 al retornar a Salvador de Bahía (Brasil). A Clavis la había comenzado años antes y también quedaría sin completar.
Habría que añadir a los mencionados –que de ningún modo agotan la lista- la “Voz de Deus a Portugal e á Bahia, juizo do cometa que nella foi visto em 27 de outubro de 1695 e continua até hoje 9 de novembro do mesmo ano”.

IV.- História do Futuro: simulacro y ciencia ficción

¿En qué sentido História do Futuro –escrito hacia 1664 y publicado en 1718- podría ser considerado el primer texto de ciencia ficción en lengua portuguesa en América Latina?
La respuesta requiere en principio justificar la decisión de analizarlo como parte de la literatura brasileña. Vieira “…comienza a escribir sus obras proféticas…” en Brasil (Amóra, s/d). En 1659 redacta la carta que motivó sus problemas con la Inquisición. El padre jesuita veía en ese texto un ´anteproyecto´ y se refería a História do Futuro. Esperanças de Portugal e Quinto Império do Mundo –el título evidencia la relación con la carta- como su obra capital (Carvalhão Buescu 1982, p. 11).
Este volumen también fue proyectado en tierras americanas: “…el período más importante en el avance de [História do Futuro] fue entre 1653 y 1661, cuando Vieira estuvo casi ininterrumpidamente en Brasil, en ese Nuevo Mundo, un nuevo escenario de la profecía de Daniel… en el interior de Maranhão…”. (Carvalhão Buescu 1982, p. 15)
Por lo tanto, si Vieira escribió História do Futuro en Portugal, al haberlo hecho en medio de un conflicto judicial –acusado de herejía y desterrado en Coimbra- es posible arriesgar que construyó esa obra profética en un espacio limítrofe, fronterizo.
Salvada la circunstancia territorial, ¿puede História do Futuro ser leída como ciencia ficción? Además de la mención de Roberto de Sousa Causo (2003, p. 123) -Vieira “…escribió una especie de proto-ficción científica… História do Futuro…”- la crítica en general poco ha avanzado sobre el asunto.
En principio, podemos tomar para esa lectura los rasgos básicos de la definición de Darko Suvin (1984) de considerar la ciencia ficción como una narración que se sustenta en el ´extrañamiento cognoscitivo´. Así, si História do Futuro profetiza un Quinto Imperio, el último y materializado a partir del poderío mundial portugués, el hermetismo profético funciona como el elemento cognoscitivo que permite constituir un nuevo espacio ficcional, en este caso, imperial.
Ese utillaje hermético está velado por una pátina de ortodoxia.
El plan de Vieira es mostrar al mundo los sucesos futuros -“…secretos ocultos y oscurísimos que no llega a penetrar el entendimiento…”- pero aclara que ese saber pertenece a la divinidad. Él recibe e interpreta la profecía acerca de un Quinto Imperio –que vendrá luego de Asiria, Persia, Grecia, Roma- a partir de los profetas del Antiguo Testamento, Daniel, Zacarías e Isaías, en quien de modo particular lee que el imperio se extenderá hasta Etiopía y Brasil. Todos los otros métodos de acceder al futuro –asegura- son demoníacos, aunque de todas formas cuando expone esas malas artes -estatuas que hablan; geomancia; hidromancia; aeromancia; piromancia; quiromancia; nigromancia; sueños; vuelos de aves; astrología judiciaria; interpretación de números, nombres, letras, días, humo, sombra, colores- demuestra su amplio saber heterodoxo.
Viera es consciente de su posición límite. Recuerda que quienes fueron perseguidos en el pasado, como los profetas o como San Jerónimo por su traducción al latín de la Biblia, con el tiempo se volvieron artículos de fe. Es a su modo una disculpa anticipada por haber incorporado las ideas del condenado zapatero y profeta Bandarra y por haber utilizado en su composición, como confiesa, junto a las profecías canónicas, “profecías no canónicas”. De Macedo (2003) acota en ese sentido la ortodoxia de los profetas del Antiguo Testamento. Vieira se compara con Daniel, pero “…según una antigua tradición mistérica, el Libro de Daniel… era un manual de iniciación del fuego, relacionado alquímicamente con la calcinación, la transmutación y la sublimación, es decir, con los cuatro imperios;… [ya que] el quinto será el de la nueva orden crística…”.
El hermetismo profético habilita el extrañamiento ficcional de un nuevo mundo que desde el futuro parece invadir éste. Pero, para ser más exactos, el mundo alternativo extraña la realidad ficcional no por situarse en el futuro sino porque ese Quinto Imperio se mantiene en suspenso, en la virtualidad de un texto que nunca comienza, en una profecía que nunca se concreta.
En la versión que conocemos de História do Futuro, la parte más importante es el “Libro anteprimero”. La retórica es peculiar. Vieira escribe un libro al que denomina ´antes del primero´ como si estuviera escribiendo un texto cero, una narración sobre la nada. Para De Sousa (1897) el subtítulo “Prolegómeno a toda Historia del Futuro, en que se declara el fin y se prueban los fundamentos de ella” es “extraño”. El padre jesuita lo reconoce: “Y ya que todo este largo Prolegómeno, en rigor, no es Historia del Futuro, sino preparación o aparato para ella, imitando a Baronio y a otros autores, que con menos necesidad lo hicieran en sus obras e historias, esperamos que por su gran variedad… la materia no sea molesta para quienes la lean, y que pueda sin enfado entretener la expectativa y deseo de esta misma Historia, mientras no sale a luz, que será, como por Dios esperamos, en breve.”
Vieira le da entidad al texto con un juego de palabras. Escribe el Prolegómeno buscando entretener al lector mientras llega História do Futuro, es decir, mientras llega el texto en sí que se superpondrá con la concreción de la profecía. La exposición, parece decirnos, implicará la constitución del Quinto Imperio. “La interpretación de la historia se identifica con la exégesis bíblica: la historia de Portugal es un texto (el más actualizado porque es el más reciente y el más próximo al cumplimiento de la profecía) de las historias narradas por las Escrituras…” (Cristina Pompa 2002, p. 87).
La idea del imperio por venir se sostiene en discursos proféticos que reenvían a discursos proféticos previos, en una espiral barroca infinita que funciona como una maquinaria que produce discursos virtuales que instan a la generación de una realidad futura que nunca cesa de ser textual: “…en la Historia ya trazada por Dios, la profecía no es una adivinación ni una anticipación de la historia, pero sí su relato: justamente, la ´historia del futuro´, o… una ´forma de memoria prospectiva´” (Pompa 2002, p. 87).
História do Futuro anuncia una obra que está siempre a punto de ser representada en este teatro del mundo cuyo Autor, la divinidad, dispuso todas las cosas, incluyendo las futuras. Conocemos los designios autorales o porque vemos el suceso una vez ocurrido o porque atendemos a las palabras del profeta que escribe las revelaciones recibidas. El profeta –Vieira- usa su inteligencia como una antorcha para indagar en las sombras de los sucesos futuros. Mientras en el teatro los demás permanecen deleitados con la trama, quienes tienen la posibilidad de ver más allá, conocen los pormenores anticipadamente.
Vieira considera que la profecía, y la historia fáctica, corresponden a la divinidad y que, por lo tanto, el uso del prólogo como anticipo constante es una forma de reconocer su carácter de médium e incluso sostiene que, acerca de lo profetizado, el tiempo será el mejor intérprete: “el tiempo interpretará más fácilmente de lo que ahora podemos adivinar”. Por eso, aunque por momentos se presenta como quien escribe –es otro profeta Daniel- se refiere a História do Futuro como un texto “sem autor”, una empresa imposible: “…imposible pintura parece retratar las copias antes que los originales…”.
La virtualidad de História do Futuro surge de su carácter de ´simulacro´, en la acepción platónica de copias sin originales. Esa parafernalia espectacular propia del barroco quiere entretener y aleccionar mientras se anuncia constante y publicitariamente que ha de llegar lo que nunca llega. Un futuro promisorio en permanente suspenso nos coloca en un territorio en el que brotan esquejes de la ciencia ficción: un rey, que es una entelequia virtual, reaparece desde el pasado para gobernar un imperio que, a la manera de un simulacro omnipotente, parece venir desde un futuro sin antecedentes.

V.- História do Futuro: profetismo, ciencia ficción, utopía y apocalipsis

Vieira elucubra un Imperio futuro. En varios pasajes se refiere a un “novo descobrimento” y relaciona ese imperio con las expansiones de las coronas de España y Portugal, en América y en África, de Etiopía a Brasil. El profetismo milenarista portugués sustenta por lo tanto en História do Futuro un discurso imperial que promete, con su virtual concreción, la “paz universal”. Aquel profetismo luso es lo nuevo (´novum´) que permite pensar la construcción de un nuevo mundo textual y utópico.
Tanto en su versión neoplatónica como profética, el hermetismo buscaba una ´pax universalis´, una paz mundial que, por ejemplo, no tuviera diferencias religiosas. Varias utopías del Renacimiento –muchas de ellas, también ciencia ficción- fueron escritas por pensadores herméticos o que rozaban el hermetismo. Como recuerda Francis Yates (1983), Thomas Moro basa Utopía [1517] en el hermetismo cristiano; Francis Bacon reúne en La nueva Atlántida [1626] ciencia con ocultismo hermético; y La ciudad del sol [1602] de Tommaso Campanella es otra utopía escrita por un hermético quien en Calabria a comienzos del siglo XVII intenta llevar a la práctica sus ideas por medio de una revuelta con tintes joaquinitas.
Pero en lo que respecta a História do Futuro la crítica tiene opiniones dispares sobre su carácter utópico. Carvalhão Buescu (1982, p. 23-24) niega la eventual relación con la utopía: “Si consideramos que la utopía proyecta la realidad pulverizada en una totalidad ficticia, y que es el resultado metafórico de una realidad… que no está situada en un tiempo histórico ni en un espacio geográfico… Vieira no es un utopista…”.
Yvette K. Centeno (1995) piensa la utopía en História do Futuro no a partir del libro sino del proyecto de escritura: “Como História do Futuro quedó sin terminar… podemos recoger más informaciones sobre su visión utópica de su proyecto… Por ejemplo, acerca de la ´grandeza y felicidades del llamado quinto imperio´, afirma que la grandeza será ´universal, sobre todas las personas y reinos´; que la ´grandeza será simultánea y permanente´; y que todos los que participen serán cristianos y justos…”
Pompa (2002, p. 86) contextualiza ese discutido aspecto utópico en el plan de la Compañía de Jesús centrada en el control sobre las comunidades indígenas. El arribo de los conquistadores llevó, en un primer momento, a la “…certeza de la inminencia del fin del mundo y del advenimiento de los mil años del Reino de Cristo sobre la tierra…”. Jesuitas y franciscanos adoptaron ese punto de vista milenarista y catastrófico, pero, con la intensificación de los conflictos por causa de la resistencia indígena (y de los dislates de los propios colonizadores), en un segundo momento, el proyecto de las misiones se reformuló basado en una “teleología de la historia” que suponía la futura instauración ´del reino divino en la tierra´. La expresión de Vieira fue “…la más completa de ese diseño y de esa acepción teleológica de la historia, que coloca a Brasil y al Quinto Imperio en una historia divina.” Vieira dejó de lado cualquier idea catastrófica y propuso un nuevo mundo diferente al del pasado. Según asegura el padre jesuita, el Quinto Imperio tendrá “…leyes nuevas, gobiernos nuevos, costumbres nuevas, gentes nuevas, tiempos nuevos, estados nuevos, consejos y resoluciones nuevas, empresas y hazañas nuevas, conquistas, victorias, paz, triunfos y felicidades nuevas; y no serán nuevas por futuras, sino por no tener semejanza con ninguna de las pasadas.”
La utopía nace en consecuencia para Vieira de una renovación apocalíptica presente que sin ser destructiva alcance la paz inmediata. La llegada del nuevo Quinto Imperio será pacífica aun cuando, en su proyecto, haya planteado siete partes -siete libros- para su texto, como si se tratara de un artefacto bélico, en analogía con las siete partes del escudo de Eneas, guerrero y fundador de un Imperio, también guiado por predicciones.
Ese nuevo mundo –nuevas formas, nuevos territorios- se ofrece como una virtualidad idílica surgida del profetismo, milenarista y apocalíptico, en tensión con el pasado inmediato. Es un mundo ficcional –y por lo pronto meramente textual- que en su oscilación utópica interroga y cuestiona al mundo empírico.

VI.- Ciencia ficción e imperio virtual en História do Futuro: ¿utopía para quiénes?

La utopía de Vieira es universal, pero está centrada en Portugal y es por lo tanto lícito preguntarse: ¿en relación con qué mundo ese imperio es utópico?, ¿es compatible el imperio con la utopía?, ¿es un imperio utópico para todos?
La solución ´imperial´ que Vieira ofrece –más allá de la felicidad prometida- no puede ignorar que el Imperio domina sujetos que no escogen cómo organizarse y a los que se les impone la esperanza de un rey específico. Referirse al Quinto Imperio como utopía es dejar por fuera la perspectiva de los sometidos. Cuando Vieira se refiere al beneficio que traerá para los habitantes ese nuevo tiempo no establece diferencia entre las necesidades de los distintos grupos sociales.
De todas formas, en algún sentido están latentes en su propuesta futura sus preocupaciones como eclesiástico y como político de ultramar referidas a la situación de indios (no así de los esclavos africanos) a los que el Imperio les mejoraría la vida. En sordina, Vieira incluye las voces de algún segmento de los sometidos, enfrentando con sus escritos y con sus sermones a una metrópolis ineficiente.
Recordemos que en 1654, desde el púlpito de São Luíz de Maranhão, Vieira predica uno de sus sermones más famosos, “Sermão de San Antônio prégado aos Peixes”, estableciendo el punto de partida para construir su relato profético, es decir, la situación básica para comprender la necesidad de un nuevo mundo. El virulento sermón advierte satíricamente sobre la situación de los reducidos. Habla no con los humanos (que no lo escuchan) sino con los peces, grupo organizado entre los que parece más deseable vivir. “Sermão aos peixes” es el momento negativo para poder trascender hacia una transformación social y política. Es en consecuencia la imagen especular distópica de la futura utopía que representará História do Futuro.
El sermón cumple de alguna manera un rol semejante al que, en la obra de Sor Juana, tienen la Carta atenagórica de 1690 y la Respuesta a Sor Filotea de 1691 con respecto al poema Primero sueño, cara y ceca de un conflicto ideológico-político que produce, como si se trata de un eco, una obra de ciencia ficción.
Y esa semejanza es más inquietante de lo que parece a primera vista.
En el texto que dispara el conflicto -la carta de 1690- Sor Juana defendía el derecho de las mujeres a conocer en la sociedad novohispana. Su punto de ataque era cuestionar un sermón de 1650 de un jesuita. Como el poder eclesiástico en Nueva España estaba por aquel entonces en manos de los jesuitas, dicha beligerancia le produjo innúmeros problemas, al punto de que en pocos años fue despojada de sus posesiones materiales y simbólicas, y empujada a la ruina y a la muerte.
Lo que es realmente extraño en esa historia de sanciones y condenas es que el autor del sermón con quien Sor Juana a la distancia discute, era nada más ni nada menos que el padre Vieira, quien al mismo tiempo que era honrado en México, sufría en su tierra la persecución por parte de la Inquisición y a causa de su heterodoxia.
Por lo tanto, si consideramos en conjunto la tradición latinoamericana de ciencia ficción, con Vieira de un lado y con Sor Juana del otro, se pueden advertir dos líneas herméticas interrelacionadas: el milenarismo profético portugués y el macrocosmos imperial de un mundo exterior nuevo y utópico; y el microcosmos propiciado por el hermetismo neoplatónico que delinea un sujeto ideal andrógino, capaz de acceder de modo igualitario al conocimiento. Además, uno y otra ocupan un lugar destacado en el desarrollo de la cibercultura, Vieira con el imperio virtual o ciberimperio, Sor Juana con su ciborg andrógino cuyo órgano perceptivo es un gadget que remeda la captación cinematográfica de imágenes.
Entre ambas instancias, de México a Brasil, y con el desafío de constituir no solo un nuevo escenario que acabe con las desigualdades sino también un nuevo sujeto que lo habite, los potentes reverberos de las cosmovisiones amerindias (aztecas y tupi) atentas a constituir un paraíso en la tierra, una tierra sin mal con dioses y humanos conviviendo en armonía.//

Textos referidos

Amóra, Antonio Soares. “Introdução”. En Vieira, Antônio. Vieira. São Paulo, Editora Assunção Limitada. S/D: c1950. p. 5-38.
Carvalhão Buescu, María Leonor. “Introdução”. En Vieira, Antônio. História do Futuro. Lisboa, Imprensa Nacional. Casa da Moeda, 1982 p. 9-26.
Causo, Roberto de Sousa. Ficção científica, fantasia e horror no Brasil: 1875 a 1950. Belo Horizonte, Editora da UFMG, 2003.
Centeno, Yvette K. “Messianismo e hermetismo: Vieira e Pessoa”. En Hermetismo e Utopia. Lisboa, Salamandra, 1995, p. 41-81.
De Macedo, Antônio. “Inquisição E Tradição Esotérica: Acção E Reacção No Colonialismo E Ex-Colonialismo Do Império Português”. En O Neoprofetismo e a nova gnose. Da Cosmovisão Rosacruz Aos Mitos Ocultos De Portugal. Lisboa, Hugin Editores, 2003.
De Sousa, José Fernando. “Noticia biographica”. En Vieira, Antônio. Trechos selectos. Lisboa, Typographia Minerva Central, 1897 p. vii-lxxiii
López Castro, Ramón. Expedición a la ciencia ficción mexicana. México, Lectorum, 2001.
Molina-Gavilán, Yolanda y Bell, Andrea L. Cosmos Latinos: An Anthology of Science Fiction from Latin America and Spain. Wesleyan University Press, 2003.
Molina-Gavilán, Yolanda, Andrea Bell, Miguel Ángel Fernández-Delgado, M. Elizabeth Ginway, Luis Pestarini, y Juan Carlos Toledano Redondo. Chronology of Latin American Science Fiction, 1775-2005. Science Fiction Studies 34.3 – 2007
Morales, Ana María. Viajando a la Luna Desde Nueva España: Utopía y Crítica Social en un Texto del Siglo XVIII. Revista Tiempo y Escritura – S/D, circa 2007 – Disponible en http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/tye13/art_lit_03.html – Consultado 25/08/2012
Pompa, Cristina. “O lugar da Utopia: os jesuítas e a cataquese indígena”. Novos Estudos, 64. Novembro, 2002, p. 83-95.
Rivas, Manuel Antonio de. Sizigias y Cuadraturas lunares [1773/1775] – Disponible en: http://www.ciencia-ficcion.com.mx/?cve=631:01
Suvin, Darko. Metamorfosis de la ciencia ficción. Sobre la poética y la historia de un género. México, FCE, 1984. [1979]
Vieira, Antônio. História do Futuro. Lisboa, Imprensa Nacional. Casa da Moeda. Introdução, actualização do texto e notas por Maria Leonor Carvalhão Buescu, 1982. [166? / 1718]
Vieira, Antônio. Sermão de Santo Antonio prégado aos Peixes. En Vieira. São Paulo, Editora Assunção Limitada. Introdução, seleção e notas por Antonio Soares Amóra. S/D: c1950. [Pregado em São Luiz de Maranhão, 1654] p. 105-141.
Yates, Frances A. Giordano Bruno y la tradición hermética. Una interpretación clásica del mundo renacentista siguiendo las huellas del hermetismo y de la cábala. Barcelona: Editorial Ariel S.A., 1983 [1964]

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Armonía en Segui

“El espacio virtual te pide que mires al interior de una nada en la que nadie podría vivir.”

Ivan Illich, ‘Los ríos al norte del futuro’

I.-

Los lugareños pronuncian ´Ségui´ remarcando la ´e´, invariablemente. Es la primera trampa para el foráneo, el primer atisbo de que hay algo que nunca entenderá del todo bien.
Arturo Seguí es una pequeña localidad bonaerense ubicada en el extremo noroeste del partido de La Plata, antes de la ruta 36 y del sucio ronroneo del polo industrial de Berazategui. Con la autopista que une, paralela al río, la capital provincial con la nacional como referencia, a Segui se llega tomando la bajada de Villa Elisa, cruzando las vías del Roca, zigzagueando hasta empalmar, luego del camino Centenario, la calle Arana, y en línea recta recorrer, una vez superado el camino Belgrano, las quintas emplazadas en las tierras que pertenecieron a Jorge Bell, para acabar frente al cartel de bienvenida que les recordará, por supuesto, un acento en la ´i´ final del apellido que da nombre al pueblo.
En el más allá de Segui abundan las moras, las cotorras, los alambrados, los caminos enmarañados, las vacas pastando, los lustrosos caballos –una geografía que pudo ser bucólica y que es la maqueta de un desquiciado.
Las últimas noticias pintan un asunto cada vez más fuera de tono que tensa la letanía de quienes encontraron un espacio para construir su casa cerca de árboles y pájaros, con patrulleros ciegos que son fletes para los robos cometidos por toda la zona, según denuncian los vecinos a la nada y a nadie.
El sueño mutó en pesadilla. Algunos hablan de inminente pueblada, mientras un puñado de policías cae detenido por la propia fuerza que los apaña.
Entre tantas, una de las historias de esa tierra que arde.
La de ´la chica que duró una semana´ comenzó por lo habitual. La tranquilidad; la casa orientada hacia una arboleda; los breves caminos de tierra; los escasos negocios; las caminatas de cuadras; los vecinos raleados, nada cercanos, aunque atentos… y tan atentos que días después de que la chica decidiera alquilar, instalarse y vivir sola, a media mañana, en fila como hormiguitas, mientras ella estaba en el trabajo y algunos empleados de algo ajustaban ciertas tuercas en los alrededores de la casa, entraron y la vaciaron, con tal pericia que le evitaron a la inquilina cualquier gasto de mudanza, una vez roto el contrato.
Eso cuenta la infinita mitología del lugar. En particular esa desventura no sucedió en Segui, sino en El Rincón, un barrio cercano que tomó su nombre de una añosa estancia que fue en su tiempo fábrica de chocolates y que hoy es centro de convenciones. La estancia ´El Rincón´ se entrevera con el haras Firmamento cuyas exclusivas pistas equinas enfrentan a un campo de fin de semana de un colegio de abogados, a graneros en ruinas y a enormes lotes con carteles que anuncian un futuro que nunca llega de aldeas destinadas a la clase medio alta que deciden no interponer en sus guetos muros con los de afuera.
La barriada llamada El Rincón se extiende como un rectángulo desde el conglomerado regido por la estancia –digamos, los estertores de Segui- hasta el camino General Belgrano, teniendo como límites laterales alguna calle interna paralela a Arana y el arroyo Carnaval.
Oficialmente el barrio no existe –aun cuando desde hace un tiempo funcione una subdelegación municipal. Por catastro la aberración territorial depende para algunas cosas de Villa Elisa (el servicio de electricidad, por ejemplo), para otras de City Bell (eso que llaman comisaría), para otras del propio Segui (los consumibles no declarados).
Oigan la historia del ´buen vecino´.
Una de las brillantes estrategias de la policía para resolver los conflictos con rateros y narcos de baja monta, es moverlos de un sector a otro de las barriadas populares en un radio de veinte a treinta cuadras que, de una u otra forma, conocen y comparten. Es común por ejemplo que los transas que abundan en Segui caigan al Rincón (y que los del Rincón vayan a la Fortaleza, sector cercano a la zona del Parque Ecológico y fuera de este relato).
Hace un tiempo –me cuenta el joven N., nacido y criado en el barrio- aterrizó como inquilino un transa de menudeo con revolver, grandes parlantes, amigotes y muchas ganas de pelear. Las primeras tardes -en cuadras que rugieron al ritmo de otros ladridos- salía al patio simplemente a exhibir su infierno. ´Uno les tiene miedo por la prepotencia –comenta-pero incluso en días de bajón sueltan lamentos que recuerdan a quien quiera oír que ellos son los que más han sufrido en el mundo y que por eso andan alzados, tan malos´.
La mirada torva, un constante desafío, la bronca fácil son las monedas de cambio heredadas de una gauchesca residual, de hombres de a caballo, de botas de cuero y espuelas, de costumbres de facón a la cintura que perduran (como los bajos salarios, la explotación, la violencia laboral), pero de las que no quedan mucho más rastros (exceptos estos últimos) en el inexorable proceso de conurbanización de la zona.
Capa de tras capa de tiempo, el cóctel de ingredientes incongruentes comienza a ser letal.

II.

La regla dice -´donde hay estancia, hubo tren´- y allí se yerguen todavía los terraplenes que contuvieron las vías que empalmaban o que eran del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. Esos montículos separan actualmente la estancia (y uno de los futuros guetos neo-amish) del barrio propiamente dicho sobre el que me gustaría añadir esta historia.
Una referente barrial –llamémosla R.- después de algún tumulto que entorpeció el cotidiano y que nos puso en contacto, me dijo: “A mí nada me sorprende de por acá. Vivo hace veinte años, cuando era descampado, mucho antes de los Procrear. Los conozco o creía conocerlos a todos. Me conseguí un terrenito ahí al fondo –cerca de las vías- y estoy construyendo y llevando adelante mi proyecto con crianzas. Podría hablarte de los cogolleros que entran con las plantas en las motos, podría hablarte del choreo entre vecinos, día y noche, pero una vez, hace un tiempo, en unos días de lluvia y frío, estaba yo haciendo una tarea en el patio y escuché llorar fuerte a una criatura en la calle, salgo y la veo –dos o tres años- en pañales en medio del barro, a eso de las diez de la mañana berreando, empiezo a caminar y a lo lejos aparece una camioneta de las grandes, como las de la estancia, se acerca y una señora de guita me dice sin bajarse, ´dámela que me la llevo, si ustedes no pueden criarla, me hago cargo´, señalando a la criatura. No sé qué hubiera pasado si esa mañana no salía a la calle o qué hubiera escuchado si hubiera seguido la charla.” La camioneta dio marcha atrás, los charcos, los eucaliptos, las vacas rumiando.
En El Rincón todo sucede como si nada.
Es probable que cada manzana tenga aún seis, ocho, diez casas emplazadas en un terreno que hace de generoso patio. Pero eso va cambiando año a año. Movilidad y arrejunte. Los nuevos que escapan de la ciudad o que no consiguen alquilar allá y que se tientan porque en el barrio los alquileres son un poco más baratos. Los hippies, los alternativos, los artesanos, los idealistas, los impostores, los obreros, los que siempre vivieron allí.
En ese hervidero, cuya fisonomía muta, una de las obsesiones –como quedó claro- es la ausencia de tranquilidad. Algunos vecinos desde hace tiempo intentaron resolver el asunto apelando a la tecno-utopía del ´grupo-de-whatsapp´. Todo fue conventillo, peleas e infinitas escisiones en otros utópicos grupos que tenían como fin alertar de cualquier problema o anomalía y que se convirtieron en el ambiguo centro de información, quién está, quién se fue, quién salió, quién no vuelve. En El Rincón nada es lo que parece, ni siquiera del lado de los rateros, un grupo con luminarias reconocibles, pero ciertamente impreciso.
Los intentos de organización territorial, en la realidad y con las nuevas tecnologías como mero canal de comunicación, entendieron por otro lado que, entre tantas problemáticas -calles intransitables, falta de transporte público, escasa asistencia médica, hambre y desnutrición- incluir en los principales reclamos a la ´inseguridad´ era conservador (o dicho con letras más ajustadas, ´gorila´). Hubo asambleas, ollas populares, cortes de calles, y pocos enarbolaron esa consigna como problema fundamental.
¿Por qué una situación que toca a tres de cada cuatro vecinos es negada? La explicación tal vez no sea ideológica. Poner en una comunidad grande pero finita el dedo sobre ese nudo, desenrollaría la madeja erosionando los vínculos.
´Si les das trabajo, no te roban´. Además de la delación básica entre vecinos, y de los lugares comunes de remiseros o de polis como dateros, una de las dinámicas habituales para organizarse es la vigilancia indirecta a través de albañiles y de peones adjuntos –que viven tres, cinco, siete manzanas más allá de donde están trabajando- quienes mientras construyen, asimilan con paciencia los movimientos.
Los infinitos robos en la zona de Segui y de El Rincón no siguen la lógica que podría desprenderse de la convivencia entre personas que están por debajo de la línea de pobreza y los ricachones, de mayor o menor monta, cada uno con su quinta de fin de semana.
El robo metódico es una bestial disciplina barrial generalizada. Que saluda poco; que le sobra, que tiene dos; que pasa mucho con la bici; que nunca da nada o que da y da; que no quiere que le corten el pasto o que lo corta siempre con su máquina; que hace mucho asado o que no hace nunca nada, y entonces ¿qué come?, ¿yuyo?; que no tiene alambrado y es fácil o que tiene mucho y qué esconde; que compra siempre en el barrio (cuánta plata tiene) o qué nunca compra (para qué vive acá).
Los condimentos: neoliberalismo (atomización), patriarcado (disciplina), capitalismo (deseo de consumo de lo que sea), y para el caso particular rioplatense, la herencia de la dictadura. El resultado entonces es que si alguien quiere arrebatar por envidia, por rencor, por necesidad material o por el deseo de imponerse sobre otro, en el entorno nadie nunca ve nada, aunque escuchen y vean todo. Los portazos en serie marcan la noche. La comunicación se vuelve imposible –incluso con los hippies, los alternativos y los artesanos. Renace al día siguiente el paraíso de pájaros y de árboles… Y así es la norma barrial que rige también para abusos, violencia intrafamiliar, violaciones, intentos de secuestros.
Sé que ustedes creen que estoy exagerando.

III.-

Me queda todavía una historia –o un fragmento- para contarles.
Apareció entre mis apuntes, como nota breve y rápida, hecha al pasar. Voy a transcribirla casi como la dejé, olvidada durante un tiempo, acomodándole algunas palabras.
En el momento de tomarla, luego lo recordé, intuí haber presenciado una historia de amigos de juerga. El paso de los meses modificaría esa perspectiva sin asidero, ni sustancia.
La nota rápida decía así: “El Rincón. 24 de junio de 2017. Salí a la nochecita para comprar algunas cosas. A un par de cuadras, un auto para y alguien se baja. Más allá, una persona corre a los tropezones. El que se baja del auto le grita ´volvé, volvé´, el que corre lanza al aire ´sálvame, sálvame´. Paso cerca y acelero…”.
Eso es todo lo que recuerdo. Aquel día volví de hacer las compras, anoté la historia y la descarté por completo.
Nada mejor evidencia la paradoja de registrar sin saber qué estamos viendo.//

{El registro del primero y la edición del segundo vídeo corresponden a Citro.}

Del ‘informe embrión’ de Sor Juana al ‘elemental Adán’ de Borges.

Del informe embrión de Sor Juana al inhábil y rudo y elemental Adán de sueño de Borges o de cómo intuir la pervivencia en la literatura latinoamericana de la conjunción ciencia ficción / hermetismo [2012]

En 1983 el poeta brasileño Régis Bonvicino incluye en Sósia da Cópia un extraño suelto -“Borges, também ficção?”- que, en el registro de la noticia periodística, informa al lector que el escritor argentino no es más que un invento.

Dos datos de esa noticia me interesan.
La invención surge de una conspiración. Un grupo de intelectuales argentinos contrata a un actor italiano de segunda categoría para ser la cara visible de los textos borgeanos.
El segundo dato –los conspiradores construyen la imagen autoral a partir de ´secretos masónicos´- dirige la atención hacia los saberes heterodoxos (hermetismo, alquimia, gnosticismo) que rondan la obra de Borges.
Así, desde este presente y con la necesaria corrección en la perspectiva, aquella entelequia ‘Borges’ sería un personaje de ciencia ficción creado por conspiradores con materiales y conjuros herméticos y alquímicos.
La conjunción ´ciencia ficción / hermetismo´ en Borges puede ser considerada como la instancia ulterior de una historia tres veces centenaria. El trasvase del hermetismo neoplatónico a la América colonial durante el siglo XVII –en particular a través de la obra del jesuita alemán Athanasius Kircher- propició condiciones intelectuales y culturales para que emergiera la ciencia ficción latinoamericana.
La visión del mundo de esos saberes, mezclados con las cosmovisiones nativas, sustenta uno de los primeros textos de ciencia ficción en América Latina, el poema barroco Primero sueño, escrito en 1685 por Sor Juana Inés de la Cruz.
El Sueño es un laberinto de 975 versos construido como una ´silva´, es decir, con estrofas de un número indefinido de versos que alternan siete y once sílabas, con rima perfecta. El poema narra la aventura nocturna del alma, encarnada en un ciborg-andrógino, que vuela hacia las profundidades espirituales e intelectuales, como si fuera un viaje hacia el espacio exterior, con el fin de acceder al conocimiento universal.
El hermetismo incide en la caracterización de esa fábula como de ciencia ficción con los siguientes tópicos: 1) la imaginería del ascenso del alma que recubre el viaje intelectual durante la noche; 2) los saberes estructurados en la ´gran cadena del ser´, un continuo que se extiende desde la divinidad a lo inanimado, entre cuyos eslabones se engarza el humano; 3) la mezcla de elementos orgánicos y de procesos maquínicos, conjuros, magias y técnicas que dan, al cuerpo ciborg de la durmiente, las condiciones para el eventual ascenso, en un mundo barroco desdoblado; 4) la tensión cuerpo (de mujer) / alma (asexuada) que posibilita un ser andrógino que cuestiona la primacía masculina en el acceso al conocimiento.
Un tópico asiduo en la ciencia ficción, la androginia, le da a la postura epistemológica de Sor Juana un innegable sesgo político. En el marco de la ortodoxia neo-escolástica, el hermetismo de Kircher –por momentos, al límite de la herejía- fue la herramienta intelectual que le permitió a la escritora conspirar contra el poder eclesiástico mediante un símbolo cognoscente disruptivo: ni hombre, ni mujer, andrógino.
Durante siglos, innumerables autores conjugaron de distintas maneras hermetismo y ciencia ficción. Absolutamente distante del feminismo, las ficciones borgeanas se aproximaron a esas discusiones al pensar entre los intersticios de lo establecido. La filosofía política que se desprende de sus relatos es una trama ideológica cuya extrema indeterminación vuelve sin sentido la idea simplista de ‘Borges conservador’. Esto se advierte en su perspectiva cultural. Borges pergeñó su narrativa hoy canónica revalorizando literaturas marginales, no hegemónicas, hasta el punto de escoger como material base dos discursividades herejes sin más: el hermetismo y la ciencia ficción.
El interés de Borges por la ciencia ficción aparece temprano en su obra. Sin embargo, sus opiniones desviadas sobre el género -el uso de eufemismos como “imaginación razonada” [“Prólogo” a La muerte y su traje, 1961]- y el consecuente respeto de la crítica, cristalizaron que su narrativa trabajaba con el fantástico (o con el policial). Con la progresiva puesta al día de la crítica especializada, las pistas sobre su relación con la ciencia ficción se hicieron más visibles.
Intermitente recurrencia [2006] de Luis Cano es, en ese sentido, un ejemplo de relectura. Cano toma “El jardín de senderos que se bifurcan”, cuento que para la ortodoxia hermenéutica respetuosa de la chicana de Borges es un policial, y lo relee desde la ciencia ficción. Según Cano, idéntica revisión podría caberle al conjunto de El jardín de senderos que se bifurcan [Ficciones, 1944]. Si en el “Prólogo” Borges habla de relatos fantásticos, acaso esté queriendo decir otra cosa porque, en efecto, de los siete cuentos que componen el volumen, cinco pueden ser considerados de ciencia ficción y cuatro de esos cinco se conectan con el hermetismo.
“Las ruinas circulares” es un caso paradigmático de la oclusión del fantástico sobre la ciencia ficción entre los años veinte y sesenta del siglo pasado en Hispanoamérica [Intermitente recurrencia, p. 55].
El relato recrea la historia de un mago que quiere soñar a otro hombre, crearlo, e introducirlo en el mundo real. El tópico ‘creación artificial de vida’ responde al homunculum o golem de la tradición hermético-alquímica y es a su vez una imagen recurrente en la ficción científica. La procreación humana en el interior del mago se relaciona con la transformación y el autoconocimiento propios de una práctica sagrada. La mención de la lengua “zend” sugiere que la acción transcurre en la Persia antigua, origen de esa doctrina demiúrgica que tiene ecos de gnosticismo y de hermetismo.
Los gnósticos son mencionados una vez en el relato. El mago realiza varios intentos. Sueña un gran anfiteatro para escoger a los candidatos más calificados y falla. Opta por crear al “ser” desde cero y no queda satisfecho porque se parecía a un Adán “inhábil y rudo y elemental” como las figuras creadas por los demiurgos en las cosmogonías gnósticas -comenta el narrador. El mago intenta entonces resolver el problema invocando al dios Fuego quien le permite provocar el engaño de que todos crean que ese ´Adán elemental’ es humano. El final es aterrador por circular. El fuego prueba que el mago que creía soñar y crear a otro, era sueño y creación de un tercero ignorado, un creador desconocido, como el esquivo e inaccesible dios de los gnósticos.
“Las ruinas circulares” comparte con el poema de Sor Juana el núcleo narrativo de la creación de vida artificial fallida en el interior de un sueño, pero el fracaso de la práctica mágica tiene consecuencias diferentes.
La aventura intelectual de conocer ordenadamente supone, en el poema de Sor Juana, decepciones transitorias. En su viaje alcanza apenas a concebir un ‘informe embrión’: “…aun no sabía/ recobrarse… del espanto/ que portentoso había/ su discurso calmado,/ permitiéndole apenas / de un concepto confuso/ el informe embrión que, mal formado,/ inordinado caos retrataba/ de confusas especies que abrazaba…” [El Sueño, vv. 543-551] Ese fracaso puede entenderse como transitorio porque en el futuro utópico anticipado por el ciborg, la mujer -codificada como amazona, andrógina y guerrera- tendrá las mismas oportunidades que el hombre de estudiar, escribir, discutir.
En el cuento de Borges el fracaso al procrear tiene una consecuencia distópica. Con todo optimismo, en el futuro se perfeccionará la percepción de que la realidad es gnóstica y de que solo habitamos –como remarca con insistencia “Las ruinas circulares”- uno de los tantos niveles de artificialidad, lejos del eventual mundo real.
Régis Bonvicino en su noticia hace de ´Borges´ un producto de la ciencia ficción conspirativa asociada a los secretos masónicos. Según su fuente (apócrifa), esa creación artificial es comparable a la obra de Víctor Frankenstein. La conexión no puede ser más elocuente. El doctor Frankenstein es un fallido demiurgo formado en los secretos alquímico-herméticos y al igual que el mago de “Las ruinas circulares” -y que los conspiradores de la entelequia ‘Borges ficción’- se propone generar vida (el golem) sin la efectiva y concreta participación femenina. La autosuficiencia masculina produce un enigma, una ‘cosa’ que se convierte en destructiva o en mera ilusión.
La lección gnóstica acaso quede ahora más clara. La fuerza creadora en la tradición gnóstica es obra de una pareja andrógina. Según esa cosmogonía, la divinidad –el Intelecto- se desdobla en una entidad llamada Sophía (Sabiduría) de quien se desprenden las emanaciones que configuran este infinito mundo de astros.
Así, frente al pesimismo paranoico de un individuo que, entre planos de irrealidad, quiere procrear aislado, la esperanza de la gnóstica Sor Juana que conspiró soñando a un andrógino para que, en el laberinto barroco de un poema de ciencia ficción, luche por el acceso igualitario al conocimiento. Siglos después de haberlo colocado en órbita mental, ese ciborg parece estar acercándose a encontrar la salida.

Rio de Janeiro, junio de 2012
Arturo Segui, junio de 2018

Bibliografía

Bonvicino, Régis. “Borges, também ficção?” Sósia da Cópia [1983]. Primeiro tempo. São Paulo: Editora Perspectiva, 1995.
Borges, Jorge Luis. “Prólogo”. La muerte y su traje. Santiago Dabove. Buenos Aires, Editorial Alcándara, 1961.
Borges, Jorge Luis. “Prólogo”. El jardín de senderos que se bifurcan [1941]. Ficciones [1944]. Obras completas I. Buenos Aires: Emecé, 1993.
Borges, Jorge Luis. “Las ruinas circulares”. El jardín de senderos que se bifurcan [1941]. Ficciones [1944]. Obras completas I. Buenos Aires: Emecé, 1993.
Cano, Luis, Intermitente recurrencia. La ciencia ficción y el canon literario hispanoamericano. Buenos Aires, Corregidor, 2006.
De la Cruz, Sor Juana Inés. Primero sueño [El Sueño]. Obras completas I. Lírica personal. México, Fondo de Cultura Económica, 1995. [1685/1692] p. 411-439.

Ángela B. Dellepiane. “Narrativa argentina de ciencia ficción” [1986]

“Narrativa argentina de ciencia ficción: Tentativas liminares y desarrollo posterior.” [1986] / Ángela B. Dellepiane. The City University of New York //

LAS SIGUIENTES son reflexiones interpretativas acerca de la narrativa que llamamos de ciencia-ficción (CF) y constituyen sólo una parte de un trabajo más abarcador. Son, pues, notas y como tales deben ser consideradas.
Para llevar a cabo mi interpretación, me parece necesaria una previa delimitación de lo que entiendo por ciencia-ficción.
Los actuales críticos de CF aceptan la existencia de diversos tipos de CF [1]. Ellos son:

– La hard o engineer’s SF: historias dedicadas al futuro tecnológico del hombre. Esta clase de CF está relacionada con la ingeniería y, en general, con las ciencias exactas. No presupone una especulación realista acerca del mundo del futuro a pesar de que se inclina por lo realista. Este es el tipo de CF que atrae a los científicos y que está, frecuentemente, escrita por ellos;
– La science fantasy en que la ciencia es pseudo-ciencia y es usada para toda clase de juegos imaginativos;
– La space opera: una fantasía de aventuras melodramáticas con temas y escenarios manidos que es desenvuelta sobre débiles bases científicas.
– La speculative SF. En ésta, el escritor deja de lado la tecnología como fin en sí mismo, subordinando consecuentemente la imaginación científica a un interés focal en las emociones y actitudes humanas personales así como también en problemas sociales. Este tipo de CF se dio en los EEUU durante la década del 60. Es entonces cuando se confiere a la CF un contenido filosófico y humanístico. Y es, también, en este momento cuando se comienza a prestar mayor atención a las cualidades formales de esta modalidad narrativa. Además, desde otro punto de vista, la revolución cultural de los 60 en EEUU contribuyó a hacer de la CF una suerte de neo-surrealismo. Gradualmente, esta forma narrativa hasta entonces considerada como ‘paraliteraria’, comenzó a penetrar el campo de la literatura ‘artística’, lo que equivalió, curiosamente, al travestismo de la imaginación científica en la CF. Esto se debió a que, en aquel momento, los nuevos escritores de CF reflejaban la desilusión popular con la falta de valores humanos en el progreso científico. Los escritores jóvenes querían sacar a la CF del camino que le habían trazado los pioneros Gernsbach, Heinlein y Campbell. Con esta tarea de ‘saneamiento’, la CF ganó en complejidad y se concientizó. Es a este nuevo tipo de CF especulativa, a la que considero más fuertemente relacionada con la CF argentina e hispanoamericana en general.

Se hace, sin embargo, necesario establecer algunas otras delimitaciones genéricas, dentro de la CF anglosajona, para poder comprender y medir la CF argentina e hispanoamericana.
La CF es una literatura de extrañamiento cognoscitivo, tal como la define Darko Suvin [2], y esto por su relación con la ciencia y con la racionalidad. Nos introduce dentro de un nuevo mundo, distinto del real, un mundo que actúa sobre el lector para transformarlo, para proporcionarle un modo diferente de mirar su propia realidad. En términos de género literario esto significa que la CF es, hasta cierto punto, una fábula social que expresa artísticamente “una visión ruptural del mundo […]; es la novela de nuestra crisis social, de nuestra crisis religiosa, de nuestra crisis económica. No se trata de una moda romántica más, sino de una corriente del pensamiento”.[3] En suma, la CF es una narrativa de crítica social basada en un extrañamiento cognoscitivo, tal como lo afirma Suvin. Además, esta visión ruptural romántica de la realidad, que apunta Ferreras, se obtiene en la CF no por medio de la explotación de la ciencia, sino usándola y enjuiciándola. Razón por la cual la CF puede asumir, a la vez, el carácter de utopías (= universos deseados -realistas, idealistas, espiritualistas-) y de anti-utopías.
Entiéndase que para la CF la ciencia y la técnica son temas de los que se vale para concretar novelescamente el problema -no científico- del hombre versus esta civilización tecnolátrica en que parece que vive atrapado.
Debe de tenerse en cuenta que otra forma de enjuiciamiento de nuestra actual civilización, está realizada en la auténtica CF a través del uso de los seres extraterrestres (por ej., los BEM = bug eyed monsters) que heredó del scientific romance del siglo XIX pero que la CF ha humanizado para mostrar, con más libertad pero también con más distanciamiento, hasta qué punto el ser humano se ha cosificado y en qué medida su humanidad se está perdiendo o puede llegar a perderse completamente.
Con igual propósito aparecen los mundos paralelos (Ferreras 1972: 184-188) que, variantes del nuestro, nos hacen ver claramente nuestros errores, vicios, etc. Por último, el tema más original y rico de la CF es el del tiempo que es no sólo un futuro conquistable y cognoscible sino también un pasado que determina nuestro presente, pasado susceptible de cambio a fin o de evitar los desastres de nuestro presente, o de combatir este presente, o de mejorarlo antes de que este presente nos destruya (Ferreras 1972: 188-190).
Pienso que son, precisamente, las cualidades críticas y hasta didácticas de la CF, las que explican el interés de los escritores argentinos y de otras partes de Hispanoamérica por este género. Además, deben tenerse presente ciertas mediaciones literarias, i.e., los antecedentes literarios, y también las mediaciones socio-históricas y las socio-económicas (Ferreras 1972: 18) que han vuelto prácticamente perentoria la aparición de la CF en la Argentina. Veamos algunas de esas mediaciones literarias.
El primer fantacientista argentino -sin tener conciencia de que lo era, claro-, fue ese genio estupendo, multifacético y casi desconocido hasta en su patria que se llamó Eduardo Ladislao Holmberg quien, en 1875, escribió el Viaje maravilloso del Sr. Nic-Nac en que desarrollaba ya el tema de los mundos extraterrestres habitados por otros seres, con costumbres y leyes distintas de las humanas. Cuatro años más tarde, este médico, escritor, naturalista, en fin, hombre de gran voracidad intelectual, fue todavía más lejos porque se adelantó en muchos años a Carel Capek, el inventor de los robots [4], creándolos en su “Horacio Kalibang y los autómatas”. En esta proclividad por una literatura fantástica, futurologista y hasta policial (de la que fue el iniciador), Holmberg no estuvo solo. Aparte del nombre de la pionera Juana Manuela Gorriti, dentro del grupo generacional de Holmberg, esto es, dentro de la generación del 80, pueden citarse los nombres de Carlos Olivera, Eduardo Wilde, Carlos Monsalve y, más tarde, los de Carlos O. Bunge, Atilio Chiappori, Santiago Dabove sin olvidar a Leopoldo Lugones ni a Horacio Quiroga. Todos ellos produjeron relatos de alta calidad literaria en que lo fantástico, que se introduce en la cotidianidad, proviene de creencias propias de la época o de avances de la ciencia que atraían fuertemente a los contemporáneos. Por esa época, en Buenos Aires, por ejemplo, los estudios de frenología, frenopatía, parasicología, sicopatología, neurología y los de alienación mental apasionaban a hombres y mujeres de la intelligentsia porteña lo que se unía a un regodeo casi enfermizo con los gothic tales y a una lectura más que interesada de las novelas de Jules Verne y Camille Flammarion [5]. Las fuerzas extrañas de Lugones y algunos cuentos y nouvelles de Quiroga, para no citar sino los ejemplos más notorios, son buena muestra de este interés.
Digamos, con Pagés Larraya, que el Viaje de Nic-Nac supone la revelación de otro planeta, con sus costumbres, sus instituciones, su organización y sus problemas. Marte no sólo es un territorio habitado. Sus pobladores tienen una vida más compleja que la humana y una evolución intelectual más amplia. Holmberg poseía sorprendentes conocimientos astronómicos y “una cultura científica no común” (Pagés Larraya 1957: 29), a partir de la cual desplegaba su igualmente sorprendente fantasía. Hay, por ejemplo, un pasaje en que se habla de “un rayo de sol condensado” (Cap. XXIV) que se asemeja singularmente al rayo láser. Sin embargo, lo que me parece más importante del Viaje no es su fantaciencia sino el hecho de que la novela no se queda en la pura maravilla fantástica sino que muestra -como afirma Pagés- “una proyección filosófica y una intención de crítica social” (p. 60) que es, precisamente, lo que vemos como caracterizador de la auténtica CF actual. Es que ya había problemas que empezaban a despertar si no preocupaciones profundas -como las que evidencia la CF actual- sí cuestionamientos, críticas, una toma de conciencia al comienzo mismo de los problemas. “La disminución del sentimiento de nacionalidad” (aunque por otras razones que las que se dan hoy en los países superindustrializados y tecnificados), “las querellas intestinas, la inmigración y el choque de razas -temas que serán frecuentes en las novelas posteriores al 80- constituyen el fondo de la plática de Nic-Nac y Seele en la 2a. parte de la novela. Pareciera que todo el armazón ficticio” estuviera enderezado a sostener estos capítulos. Es evidente que se nos quiere significar que “Marte […] es un orbe muy semejante al terrestre. Sus habitantes participan de nuestros defectos […], y el novelista puede así, con toda objetividad, censurarnos atacando a los marcianos. Problemas filosóficos, políticos, religiosos, científicos, aparecen en ligeros esbozos o tratados con rotundidad” (p. 61), lo mismo que el ambiente científico, el del periodismo y sus luchas.
Con estas mediaciones literarias y sociales en mente, es explicable la adopción, por parte de ciertos escritores argentinos, de un género que superficialmente puede aparecer como totalmente ajeno no sólo a los argentinos sino en general a los hispanoamericanos. La CF atrae al escritor porque, en verdad, no estamos frente a una modalidad literaria gratuita, hedonista, escapista sino, fundamentalmente, frente a una suerte de nuevo humanismo dadas sus “profundas inquietudes culturales, científicas, filosóficas” [6], dados sus aspectos trascendentes que permiten a dos teorizadores argentinos, Pablo Caparina y Eduardo Goligorsky, elaborar toda una “filosofía de la CF” [7] una filosofía que, aunque “sedicente” (Castagnino 1971: 214), materializa siempre problemas de la esencia y la existencia humanas y cuya función crítica está sustentada por la libertad total que la proyección al futuro brinda al escritor quien puede, así, satirizar aspectos de la sociedad que son frecuentemente tabúes en Hispanoamérica [8]. Podemos, pues, afirmar con Susan Sontag, que la tradición de la CF es plenamente moralista [9].
Otra razón que puede explicar hoy el fenómeno de la CF argentina (e hispanoamericana), aparte la posibilidad de su uso como instrumento de protesta social, de crítica socio-política, de enjuiciamiento del progreso técnico aplicado indiscriminadamente a una realidad mal preparada para ello, es el deseo de las nuevas generaciones de escritores de producir una forma literaria que ejerza directo atractivo sobre el lectorado masivo cuyo interés ya ha sido probado -y entrenado- en otras formas de los medios de comunicación masivos -films, TV soaps, traducciones de best-sellers de CF. Asimismo, este tipo de narración habrá de alimentar no sólo la imaginación de ese lectorado sino sus ideas, de agudizar su percepción de la realidad hispanoamericana y, sobre todo, su percepción de hasta qué punto él es manipulado por un tipo de estructura social y económica que lo nulifica en su calidad de ser humano y de ser hispanoamericano.[10]
Ateniéndome hasta lo aquí puntualizado, debo agregar que el corpus de narraciones argentinas de CF es de dimensiones reducidas y se compone, en su gran mayoría, de cuentos y nouvelles. Son obras que poseen originalidad y, comparativamente, una superior sofisticación en el tratamiento literario, en la disposición de los elementos narrativos, en el manejo de las voces narrativas, amén de ciertas peculiaridades al nivel expresivo, verdaderas creaciones que subrayan la función poética y metalingüística del lenguaje. Ejemplo de estas afirmaciones es La invención de Morel de Bioy Casares, de 1940, que aunque no estrictamente CF sino más bien scientific romance a la manera de Wells, escritura metafísica y fantástica, a la vez, es la novela de avanzada que, dentro de la producción de Bioy, culminará con esa obra maestra que es La trama celeste, intersección de dos universos paralelos, sin los lugares comunes de las versiones norteamericanas y con un fino humor.
Pero la popularidad de la CF argentina se deberá, en gran medida, a una revista -Más Allá- que, aunque de corta vida, 1953 a 1957, dio a conocer y difundió comercialmente a los escritores locales. Cuando desapareció, ya había fans argentinos y editoriales dispuestas al riesgo.[11]
En 1957, una psiquiatra argentina, la Dra. María Langer, publicó un ensayo titulado Fantasías eternas a la luz del psicoanálisis, que llama la atención por ser la primera vez que esa forma paraliteraria es analizada a la luz de una ciencia ‘seria’. Poco después Raúl H. Castagnino hizo objeto a la CF de un curso universitario. La CF había alcanzado, por fin, ‘respetabilidad’.
Pero es la década del 60 la que lleva a la CF argentina a su mayoría de edad. Eso sí, exclusivamente por medio de la publicación de antologías y de revistas. Precisamente a las primeras limito hoy mis observaciones, a más de los libros de la que considero la mejor escritora de CF argentina: Angélica Gorodischer.
Las antologías que he utilizado, por orden cronológico, son:

– Vanasco y Goligorsky. Memorias del futuro, 1966.[12]
– Bajarlía. Cuentos argentinos de CF, 1967.
– Vanasco y Goligorsky. Adiós al mañana, 1967.
– CF. Nuevos cuentos argentinos, 1968.
– Goligorksy. Los argentinos en la luna, 1968.
– Sánchez. Los universos vislumbrados, 1978.

Ellas revelan los siguientes modelos:

– o extrapolaciones de ciertas características de nuestra sociedad actual como el automatismo; la violencia; la censura; los prejuicios; [13]
– o anticipaciones de un mundo barbarizado, regresivo, determinado por el holocausto atómico; [14]
– o crítica social hecha desde extraterrígenas que nos perciben como seres monstruosos, intolerantes, prejuiciados [15], (aunque también en una ocasión un E.T. viene a nuestro planeta a robar nuestra cultura [16]); o por la creación de estados totalitarios que han reducido al hombre a la impotencia y a la esclavitud mediante la más terrible tiranía, el dominio de la máquina, el progreso científico y el condicionamiento mental[17]. A veces es un terrícola que ha experimentado, en otro planeta, una sociedad más justa que la nuestra y que opta por ese, otro mundo;[18]
– o antiutopías en las que se extermina sistemáticamente la creatividad individual [19], o un mundo en donde no existen ni la cultura ni la amistad, o donde la vida está completamente programada;[20]
– o parodias que llevan a sus últimas y absurdas consecuencias modalidades actuales de nuestra civilización tales como la maquinización exagerada, la pérdida de la inocencia, la avidez de riquezas materiales, la deshumanización a través de la publicidad y de las relaciones públicas [21], o un erotismo que tiene que ser alimentado por imágenes electrónicas;[22]
– o el viaje en el tiempo, ya sea hacia el pasado [23] o bien hacia el futuro [24],
– o parábolas/alegorías de índole filosófico-religiosa;[25]
– o puras aventuras de CF como: el viaje a otro planeta y sus consecuencias [26], las dimensiones paralelas [27], las invasiones de marcianos. [28]
– finalmente, otros de los modelos son exclusivamente humorísticos.[29]

Mención aparte -y por cierto que estudio detenido- merece la obra de Angélica Gorodischer por dos razones: una relativa a la calidad poética de sus enunciados; otra porque, que yo sepa, es la primera en haber realizado en uno de sus libros –Trafalgar [30]- una CF enteramente paródica, humorística y satírica como total creación lingüística. Lo más interesante en la obra de esta escritora argentina es el artificio de sus cuentos y la sofisticación en el manejo y mezcla de diversos planos y voces narrativas, así como, particularmente en Trafalgar, el uso del habla coloquial y lunfarda que trivializa y domestica la otredad de los nuevos mundos, de sus costumbres y gentes diferentes, de sus tiempos, atmósferas y erotismo particulares, produciendo una semiosis del signo que crea el humor a través del que se agudiza la crítica social, objetivo último de esta narrativa. Gorodischer es una aventajada discípula de Borges y Cortázar, sin ninguna duda, pero su especial tipo de CF, por su profundidad intelectual, su soltura en el manejo de los procedimientos narrativos, su coherencia al sostener sus creaciones imaginativas sin extravíos, y por crear personajes que no son estereotipos, hacen de ella una figura señera en el género.
Habría mucho más que observar. Pero ni el tiempo asignado ni la prudencia consienten el alargarse. Vayan, pues, unas rápidas últimas observaciones:

– Se considera a Buenos Aires la capital de la CF hispanoamericana [31], pero debe tenerse presente que Río de Janeiro, México, Venezuela, Chile son también centros de intensa producción de CF;
– Es claro que la CF argentina evidencia una voluntad de superación de los modelos anglosajones al conferir sabor y color local a sus creaciones. Pero no siempre lo consigue o se lo propone ya que se puede observar que la mayor parte de los nombres de los personajes son extraños o decididamente ingleses y que, con frecuencia, la caracterización espacial es débil y no parece específicamente argentina. La excepción es Trafalgar y su héroe homónimo, ya que él es un personaje ‘costumbrista’ caracterizado mediante su expresión lingüística, y el ambiente rosarino está magistralmente trasmitido a fuerza también de notas y personajes costumbristas.
– Según el Atelier belga [32], la CF argentina está a la vanguardia de la hispanoamericana hasta el punto de que se puede hablar de una verdadera escuela argentina de CF con decisivas preocupaciones sociales. Sin embargo, la producción última de CF que he podido ver en antologías y nuevas revistas, no puede considerarse en puridad CF. Se trata más bien de obras fantásticas, algunas con trasfondo filosófico (o pseudo-filosófico). Y son los propios autores quienes hacen hincapié en el carácter fantástico de sus narraciones y quienes desdeñan el rótulo de CF.[33] Lo que sí es evidente en la CF argentina es su valor artístico, poético, como también el considerable grado de profesionalismo, desde el punto de vista estrictamente literario y desde el intelectual, de sus cultores dado el alto calibre de las ideas manejadas y el grado de seria erudición que sostiene las construcciones literarias.
Espero, en un futuro cercano, ratificar o rectificar algunas de estas observaciones. Me parece evidente que ellas necesitan ser investigadas con datos de sociología literaria -número de obras en la Argentina y en otros países; tipo de lectorado; tirajes de las ediciones; profesionalismo del escritor de CF, estudio cuidado de todas las revistas de CF publicadas y en publicación, etc.- y también con análisis textuales a fin de medir el carácter estrictamente literario de estas obras. Por otra parte, aunque como argentina me halaga jerarquizar la literatura de aquel país, me perturba, sin embargo, que los laureles que hoy parece ostentar la CF argentina se hayan concedido -creo- un poco apresuradamente. Y digo esto porque estudios recientes revelan, en la CF brasileña, por ej., cualidades únicas que no estoy enteramente persuadida que se den en la CF argentina: esa “brasilidade” que señala un estudioso [34], esto es, ciertas cualidades inherentes únicamente a la CF del Brasil tales como un extraordinario sentido del humor, un erotismo ‘trascendente’, su preocupación con el proceso de la procreación y de la estructura familiar, el influjo de la religión y de lo mitológico al nivel temático, a más de un serio cuidado formal.

El estudio crítico de la CF argentina (e hispanoamericana) no puede ni dejarse de lado ni dilatarse ya más. Hacerlo, por otra parte, ayudará a completar el cuadro de la narrativa de aquel país y del continente y, asimismo, permitirá seguir avanzando en el deslinde del concepto de literatura fantástica de la que, frecuentemente, se la hace sinónima.

NOTAS

[1] Al final de este artículo se da una bibliografía crítica selectiva.
[2] Darko Suvin. “On the Poetics of the SF Genre” en Mark Rose (1976: 57-71).
[3] José Ignacio Ferreras: (1972:18).
[4] En su obra de teatro R.U.R. = Rossum’s Universal Robots presentada en Praga, en 1920.
[5] Cf. Antonio Pagés Larraya: Estudio preliminar en Eduardo Ladislao Holmberg: Cuentos fantásticos. Buenos Aires: Hachette, 1957: 34-48.
[6] Raúl H. Castagnino: “‘Canción de cuna para técnicos’ y experiencias fantacientistas” en Experimentos narrativos. Buenos Aires: J. Goyanarte Editor, 1971:187.
[7] Pablo Capanna. El sentido de la ciencia-ficción (1966). / Eduardo Goligorsky y María Langer: Ciencia Ficción. Realidad y Psicoanálisis (1969).
[8] K. Amis. L’univers de la Science Fiction. París: Payot, 1960. Apud Castagnino 1971: 234.
[9] Susan Sontag: “The Imagination of Disaster” en Against Interpretation. Nueva York: Delta Books, 1961: 209-231.
[10] Piénsese, por ejemplo, en que Cortázar se volvió hacia la tira cómica y la fotonovela en su afán de divulgar los hechos puestos de manifiesto en el Tribunal Russell II de Bruselas. Así nació Fantomas contra los vampiros multinacionales. Una utopía realizable. 1era. edición (México: Libros de Excélsior, 1975).
[11] Prueba son los numerosos fanzines que proliferaron en Buenos Aires y Rosario desde la década del 50: El almígero solitario, Antelae, Argentóle SF Review, 2001: Periodismo de anticipación, Ficción científica y realidad, Géminis (que murió al 2a número), Hombres de futuro; Kadath, El lagrimal trifurca, LD, Minotauro, (edición en español de The Magazine of Fantasy and Science Fiction), Misterix (2a. época), Omicrón, Planta, La revista de ciencia ficción y fantasía (tres números entre 1976 y 1977), Trafalmadores, Umbral tiempo futuro, Urania, Entropía. En 1967 se reunió la primera convención nacional de CF y en 1968, la segunda y última hasta la actualidad. Minotauro cesó de publicarse en ese mismo año, después de 10 números. El vacío dejado por esta revista fue llenado por la española Nueva Dimensión que publicó 148 números por espacio de casi quince años y que acogió a buen número de escritores argentinos. Siguiendo el ejemplo de Más allá, aparecieron en Buenos Aires las primeras editoriales especializadas en libros de CF: Minotauro, en 1955, Jacobo Muchnik, en 1956 y luego Andrómeda.
En la década del 70, las editoriales argentinas Minotauro, Emecé y Andrómeda, y las españolas EDHASA y Dronte, presentaron ediciones de los autores consagrados de la CF extranjera. En 1979 comenzó a publicarse otra revista -El Péndulo- que agregó la dimensión plástica a la puramente literaria y que, en general, alimentó las necesidades de una nueva generación de fans y de autores. Esta nueva efervescencia llevó a la creación, en 1982, del Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía que creó el premio “Más allá”. Habiendo desaparecido El Péndulo, en 1983 reapareció Minotauro (Segunda época) con standards superiores de calidad literaria. Hacia mediados de 1984, otra nueva revista se lanza al mercado: Parsec que, para 1985, se convertirá en suplemento de Clepsidra. He visto nombradas otras dos revistas, Nuevomundo y Cuásar, y poseo dos ejemplares de Sinergia que, para el verano de 1985-1986, ha publicado ya 10 números. Para mayor abundancia de datos, cf. Marcial Souto (comp.): Introducción a La ciencia ficción en la Argentina. Buenos Aires: Eudeba, 1985, 9-24. Para una historia detallada de la revista Más allá y su época, cf. Pablo Capanna. “Prestigios de un mito”: Minotauro, 9, febrero de 1985.
[12] Para la indicación bibliográfica completa de las antologías utilizadas en este estudio, véase la Bibliografía final.
[13] A. Vanasco: “Los eunucos” y Alicia B. Suárez. “El dorado mes de los monstruos” en Los universos vislumbrados; E. Goligorsky. “El vigía” en Los argentinos en la luna y A. Grassi: “Los herederos” en CF. Nuevos cuentos argentinos.
[14] E. Goligorsky: “En el último reducto” y “La cola de la serpiente” y A. Vanasco: “Post Bombum” en Adiós al mañana; E. Goligorsky. “Cuando los pájaros mueran” en Memorias del futuro.
[15] E. Goligorsky: “Los verdes” y A. Vanasco: “El menor soplo de vida” en Adiós al mañana; J J . Bajarlía: “Mac Cain” en CF. Nuevos cuentos argentinos.
[16] E. Goligorsky: “El espía” en CF. Nuevos cuentos argentinos.
[17] E. Goligorsky. “Olaf y las explosiones” en Memorias del futuro; Pablo Capanna. “Acronia” y C.M. Carón: “La victoria de Napoleón” en Los argentinos en la luna.
[18] E. Goligorsky “Aclimatación” en Cuentos argentinos de ciencia ficción.
[19] A. Vanasco: “La muerte del poeta” en Memorias del futuro.
[20] Jorge L. Borges: “Utopía de un hombre que está cansado” en Los universos vislumbrados; J. Iégor: “La mutación de Bélacs” en Los argentinos en la luna.
[21] M. Denevi: “Boroboboo” y O. Elliff: “Las fábulas” en CF. Nuevos cuentos argentinos; M. Denevi: “Las abejas de bronce” y E. Rodrigué: “La tercera fundación de Buenos Aires” en Cuentos argentinos de ciencia ficción; A. Vanasco: “Todo va mejor con Coca-Cola” en Adiós al mañana; Pedro G. Orgambide: “Marketing” y J J. Bajarlía: “La civilización perdida” en Cuentos argentinos de ciencia ficción.
[22] E. Goligorsky “Los divanes paralelos” en Memorias del futuro.
[23] A. Vanasco: “Robot Pierre” en Memorias del futuro; A. Grassi: “El tiempo del lunes” en Los argentinos en la luna; Magdalena A. Mouján Otaño: “Gu Ta Gutarrak” en Los universos vislumbrados.
[24] C. Peralta: “El segundo viaje” en Cuentos argentinos de ciencia ficción.
[25] E. Goligorsky: “Un mundo espera” y “El elegido” y A. Vanasco: “Vuelven los lobizones” en Memorias del futuro; A. Vanasco: “Los pilotos del infinito”, A. Gorodischer: “La morada del hombre”, J.J. Bajarlía. “La suma de los signos”, M. Langer: “Los delfines no son tiburones”, H. Oesterheld: “Sondas”, E. Stilman: “La cuenta regresiva” en Los argentinos en la luna; E.A. Azcuy. “El humanoide”, E. Bayma: “El prisionero”, H. Oesterheld: “Dos muertes” en CF. Nuevos cuentos argentinos; A. Grassi, “Mensaje a la tierra”, D. Sáenz: “La meta es el camino”, A. Vignati: “En el primer día del mes del año” en Cuentos argentinos de ciencia ficción y J J . Bajarlía: “Desde la oscuridad” en Los universos vislumbrados.
[26] A. Vanasco: “Phobos y Deimos” en Memorias del futuro; A. Grassi: “Las zonas” y A. Gorodischer: “Los embriones del violeta” en Los universos vislumbrados.
[27] A. Lagunas: “Informe sobre voces” en Los argentinos en la luna.
[28] A. Vanasco: “Paranoia” en Cuentos argentinos de ciencia ficción.
[29] E. Goligorsky: “La cicatriz de Venus” en Adiós al mañana.
[30] Angélica Gorodischer: Trafalgar. Buenos Aires: El Cid Editor, 1979. La más acabada muestra de la narrativa de CF cultivada por esta escritora es su libro de cuentos Bajo las jabeas en flor (Buenos Aires: Ediciones de la Flor, S.R.L., 1973). Para una información detallada sobre toda la obra de esta autora, hasta 1984, véase mi artículo “Contar = Mester de fantasía o la narrativa de Angélica Gorodischer” en Revista Iberoamericana, 51,132-133 (jul.-dic. 1985): 627-640.
[31] En Fantastique et Ateliers Créatifs 1978: 118. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la importante ciudad de Rosario es también centro de una intensa creación de CF con revistas como El lagrimal trifurca (14 números entre abril-jun. 1966 y agosto 1976) de la familia Gandolfo (escritores, antólogos, críticos, editores), y con la revista Kadath que nuclea a talentos jóvenes como Norma Viti y Gerardo D. López.
[32] Fantastique et Ateliers Créatifs 1978: 46.
[33] “En general [los nuevos escritores argentinos de CF], cultivan una literatura fantástica no tradicional, que linda con la ciencia ficción, la atraviesa y sale libremente de su ámbito, con escasa presencia del elemento científico-tecnológico […]. Quizás el rasgo más común sea que nuestros autores no hacen ciencia ficción a partir de la ciencia, como ocurre en países industriales donde la ciencia impregna la vida diaria; son escritores que se han formado leyendo ciencia ficción y en cuyo mundo espiritual importan las convenciones y los mitos del género.” (Pablo Capanna: “La ciencia ficción y los argentinos” en Minotauro, 10, abril de 1985). Véanse, asimismo, las respuestas al cuestionario que se consigna en el volumen La ciencia ficción en la Argentina, compilado por Marcial Souto. Cada uno de los autores que allí se antologizan se pronuncia sobre la literatura de CF y, en general, no separan la CF de la literatura fantástica o de fantasía, como ellos la designan siguiendo rótulos americanos.
[34] Me refiero a la tesis, completada en 1976, en la Universidad de Arizona, hecha por David L. Dunbar: “Unique Motifs in Brazilian SF”. La he consultado en microfilm.

BIBLIOGRAFÍA

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‘De Sor Juana, imperios caídos y otros sueños’ – Juan C. Toledano Redondo

«Introducción a la edición número 23, julio-agosto de 2011, de Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos. [ISSN: 1535-2315] dedicada a la ciencia ficción centroamericana y caribeña» Acceso: http://istmo.denison.edu/n23

Como explica Rachel Haywood Ferreira en “Back to the future: the expanding field of Latin American science fiction”: “Not only has there been a wave of publication in science fiction in the last two decades, but there has been an exponential increase in critical studies of the genre, particularly in the areas of bibliography and genre history.” (352).
Quizá no sea realmente oportuno escribir aquí un listado de los responsables de este incremento, pero valga citar algunos proyectos comunes en los que han colaborado muchos de los que trabajamos para que el género sea reconocido dentro y fuera del todopoderoso mercado norteamericano. Es por esta supremacía de la ciencia-ficción (cf) en inglés, que muchos de estos textos también han sido escritos en esta lengua.
Déjenme al menos citar a tres de los, a mi modo de ver, más importantes. El primero, publicado inicialmente en español en la revista Chasqui, y posteriormente en inglés, siete años después, en Science Fiction Studies (posiblemente la revista académica con más prestigio de los EE.UU.), es la “Chronology of Latin American science fiction, 1775-2005”, co-editada por Yolanda Molina Gavilán, Andrea Bell, Miguel Ángel Fernández Delgado, Elizabeth M. Ginway, Luis Pestarini, y un servidor. Y digo que es importante no porque yo fuese uno de los co-autores (que honestamente creo que llegué ahí de rebote), sino porque hasta su publicación entre el 2000 y el 2007, apenas si existía un listado comprehensivo de la cf en América Latina –y qué duda cabe de que ésta es aún incompleta–. A comienzos del nuevo milenio también se empieza a forjar la bio-bibliografía Latin American science fiction writers: an A-to-Z guide, coordinada y editada por Darrell B. Lockhart en el 2004. Y finalmente, y en el aspecto más creativo, se tradujo y publicó una colección de cf de autores de habla hispana en Cosmos Latinos: An Anthology of Science Fiction from Latin America and Spain, en el 2003, coordinada y editada de nuevo por Molina y Bell (y creo que hasta hoy es la única de este estilo).[1]
A este grupo, como dije arriba, se le podría sumar un gran número de artículos publicados en las revistas académicas más prestigiosas del género. Pero habría también que citar el esfuerzo de algunas editoriales académicas, donde destaca sin duda Wesleyan University Press, que con su colección Early classics of science fiction está dando cabida a títulos como The Emergence of Latin American Science Fiction de Haywood Ferreira (2011), el ya citado Cosmos Latinos: An Anthology of Science Fiction from Latin America and Spain, y de próxima aparición, una traducción al inglés de El anacronópete de Enrique Gaspar, obra que ha reabierto y cerrado el debate sobre qué autor noveló primero de una máquina del tiempo en el siglo XIX, siendo el diplomático y zarzuelista español el ganador, pues su obra fue publicada en Barcelona en 1887 y la de Wells en 1895.[2]
Además de estos desarrollos en el mundo anglo-sajón, la cf está tomando fuerza también en la investigación de algunos de nuestros países, aunque honestamente, este desarrollo va un poco más despacio. Si bien es cierto que siguen apareciendo volúmenes de crítica literaria,[3] el número de textos críticos publicados en España o América Latina sobre cf es realmente pequeño, máxime si se le compara con el publicado en los EE.UU. –que también es escaso ya de por sí.
Aparecen sí, colecciones de cuentos con estudios críticos en sus introducciones o prólogos, como es el caso de la colección mejicana Visiones periféricas editada en el 2001 por Miguel Ángel Fernández Delgado, la Antología de la ciencia-ficción española, 1982-2002 de Julián Díez en 2003, o la cubana Crónicas del mañana. 50 años de cuentos cubanos de ciencia ficción editada en el 2008 por Yoss, entre otras (no muchas).
Como explica Susana Sussman en su artículo sobre la cf venezolana publicado en este número de Istmo, ha sido la llegada de Internet la que “ha contribuido a hacer crecer exponencialmente la cantidad de personas comprometidas con lo fantástico” (8). El Internet ha abierto un espacio editorial, el virtual, a muchos textos que de otro modo seguirían en algún cajón esperando mejores tiempos para ver la luz. De nuevo Sussmann apunta que “[h]oy por hoy sobran las revistas virtuales dónde publicar y, más importante aún, dónde leer de manera gratuita cantidades ingentes de literatura fantástica contemporánea” (8) (ni que decir tiene que Istmo se acaba de unir con este número a ese grupo de espacios donde la cf tiene cabida). Algunas revistas a las que alude Sussmann son la revista virtual Axxón, con sus tres décadas de existencia, y la también virtual Alfa Eridiani, con una década publicando en línea. Una tercera, cubano-española, es miNatura, que lleva doce años en activo. Hay muchas más, como indica Sussmann, pero especialmente debemos de celebrar la aparición de otra: la revista académica Zanzalá. Estudos de Ficção Científica de Alfredo Suppia en Brasil, cuyo primer número apareció en junio del 2011. Zanzalá es la primera revista académica revisada por pares de América Latina y acepta trabajos nada menos que en cinco idiomas, entre ellos español. Quisiera apuntar que en el espacio virtual de los EE.UU. ya existe un proyecto (aún sin nombre) para crear la primera revista académica revisada por pares en español, portugués e inglés de los EE.UU., gracias al auspicio de la University of South Florida en su portal de revistas virtuales.
En este contexto del “regreso” de la cf latinoamericana, como lo tilda Haywood Ferreira, es donde estamos hoy. Cuando se inició el proyecto de publicar un número sobre la producción de cf en el Caribe Hispano y Centroamérica para Istmo, sabía que existían focos de alta producción como Cuba y Costa Rica, siendo Costa Rica un país donde la cf se ha desarrollado exponencialmente en la última década. Sin embargo, otros lugares aparecían baldíos, sobre todo si uno miraba a los textos de investigación citados anteriormente. Así, países como Honduras o Panamá, ni siquiera aparecen en el listado de la “Chronology of Latin American science fiction, 1775-2005” del 2007, Nicaragua tiene una entrada de 1959, mientras que otros como Guatemala, y El Salvador, aparecen con un pasado esperanzador, pero con un presente que no refleja ese pasado. Ni que decir tiene que en la “Chronology” no están todos los que son, pero indudablemente nos sirve de punto de partida testimonial e investigativo.
La propia Sussmann, tilda a la cf venezolana en su artículo en esta revista como “verdadero amor al arte”, y afirma: “Creo que la ciencia-ficción venezolana actual propiamente dicha tiene tres representantes, que son Jorge De Abreu, Ronald Delgado y quien escribe estas líneas.” (12). Igual pasa cuando miramos al Caribe insular y vemos que casi nadie en la República Dominicana se dedica de pleno al género, o que en Puerto Rico la cf cuenta con dos de las mejores novelas de los últimos tiempos, pero carece de un grupo de escritores conocido.
Déjenme detenerme un momento aquí, pues de hecho, las novelas Soulsaver, de James Stevens-Arce y Exquisito cadáver, de Rafael Acevedo muestran otro pasado esperanzador sin frutos presentes. Aunque Soulsaver apreció primero en 1998 con el título en español El salvador de almas, no se publicó como novela independiente hasta que fue editada en inglés en el 2000. Su aparición en español se debe a que ganó el primer premio UPC de Barcelona en 1997. Fue en realidad una traducción al castellano de Rafael Marín, pues fue presentada en inglés al concurso. Por su parte, Exquisito cadáver fue mención en el prestigioso Casa de la Américas del 2001. Así pues, ambos trabajos colocan el listón bien alto para la cf puertorriqueña. Apenas nada más. Raúl Aguiar, quien edita la revista virtual de pensamiento ciberpunk Qubit, dedicó en el 2008 el número 38 de la revista a la cf de la isla, editando algunos cuentos, pero para nada un movimiento de autores, aficionados y publicaciones como la de su propia Cuba. El artículo inicial del número, escrito por el poeta Manuel Clavell llama a la relación de Puerto Rico con la cf de “coqueteo”.
Y es que realmente Puerto Rico y la República Dominicana lo tienen difícil al compararse a una Cuba donde hay decenas de escritores y publicaciones desde la década de los sesenta, y que albergó el único premio nacional-estatal de cf del mundo hispano desde 1979 hasta 1990 (Premio David), dando lugar a una lista de autores que han alcanzado cierta fama nacional e internacional, como Daína Chaviano, Yoss, o Vladimir Hernández Pacín entre muchos otros (el propio Erick Mota, que publica en esta revista). Además en Cuba, la tan traída división entre hombres y mujeres en la cf ha quedado más bien diluida, ya que desde el principio fue un movimiento que aglutinó a hombres y mujeres. Como detalla el artículo de Raúl Aguiar en esta revista: “[…] parece innegable […] que la ciencia-ficción, como género literario, ha ido evolucionando con los años y ya no tiene, al menos en nuestro país, ese “estigma” de una literatura escrita sólo por hombres y centrada por ello en ciertas formas escriturales e intereses específicos. ” (13-14)
No hay que olvidar que el primer David lo gana Daína Chaviano, y el último Gina Picart en 1990, y que en los talleres de literatura de cf de los ochenta (y del presente) se aglutinaban hombres y mujeres por igual. La misma Chaviano apunta en la entrevista que aparece en esta revista que “[s]iempre me preguntan si me he sentido discriminada por esto o por aquello, en la vida o en la literatura, pero nunca ha sido así. Y tal vez si ha ocurrido, soy tan despistada que no me he dado cuenta […] lo cual supongo que es una bendición.” (3) La entrevista, realizada por el editor de miNatura, Ricardo Acevedo, responde a algunas ideas que investiga el mismo Aguiar en su cartografía.
Es también de Cuba que nos llega, en esta revista, una propuesta radical: “Escribir una nueva tendencia dentro del género apoyada en las dictaduras militares, las guerrillas de la izquierda, el misticismo asociado a la figura de los dictadores y el folklore único de estas tierras no sólo es tentador. Si se hace correctamente podría desarrollar una nueva corriente literaria y estética dentro de la ciencia-ficción moderna.” (14)
La propuesta es la del escritor y ensayista Erick Mota. En su artículo nos propone que la cf caribeña debe de dejar de imitar las formas estéticas de la literatura anglosajona –sobre todo del cyberpunk– para crear su propio ciberpunk, con i latina.
Otra propuesta radical es la del crítico argentino Roberto Lépori y su relectura del poema “Primero sueño” (1685) de la novohispana Sor Juana Inés de la Cruz a través de claves teóricas de la cf. Lépori hace un importante y profundo recorrido por las teorías que lo llevan a concluir que esta relectura no es tan arriesgada, dentro de lo que llama “ciencia ficción barroca”, y que nos permiten presentar a Sor Juana, quizá como la primera escritora de cf de América Latina.
¿Y qué hace un ensayo sobre Sor Juana en un número sobre cf del Caribe hispano y Centroamérica? Quizá se pregunte el lector. Lépori me convenció con el siguiente argumento: recordemos que Sor Juana no es “mejicana”, ya que Méjico aún no existe como nación, sino que es súbdita del Virreinato de Nueva España, novohispana pues, que incluye lo que hoy llamamos Centroamérica y el Caribe. Sin duda el ensayo más extenso de los presentados, quizá sea también el más intenso.
Sin ser menos importantes, nos llegan dos ensayos más sobre Costa Rica, que como indiqué arriba, ha crecido exponencialmente en la producción de cf y también en la crítica académica a ésta. Si bien hemos visto aparecer autores como Laura Quijano Vicenzi, Jessica Clark, Laura Casasa Núñez, Antonio Chamu, David Díaz Arias o Iván Molina Jiménez, la investigadora Verónica Ríos nos recuerda que la cf del país tiene precedentes en figuras como la de Carlos Gagini y su conocida novela anti-imperialista La caída del águila de 1920. Novela que utiliza la cf para adelantar el constante intervencionismo de los EE.UU. en América Latina a lo largo del siglo XX y como comentario crítico de un intervencionismo y conquista que ya había sido notorio durante el XIX. Este miedo al coloso del norte se mezcla además con los deseos del protagonista principal de mantener una distinción de lo hispánico frente a lo sajón –aunque a veces queda un tanto rancia– y un anhelo de mejorar Costa Rica a través de los criterios científicos de progreso imperantes a finales del XIX y comienzos del XX.
El ensayo de Ríos nos abre las puertas hacia la cf de una Costa Rica de hoy, en la que todos los autores del momento que nombré anteriormente, se unieron para compendiar la colección Posibles futuros. Cuentos de ciencia-ficción (2009) [4], dando lugar a una breve pero celebrada primera colección de seis autores del país, en un poco habitual mano a mano entre ellos y ellas.[5]
De este grupo, es destacable la labor del historiador Iván Molina como difusor del género en Costa Rica y fuera de ella. Es además el autor con más obras publicadas (tres colecciones de cuantos), y es a estos cuentos a los que David Díaz Arias dedica su ensayo en esta revista. Díaz repasa la obra de Molina para después centrarse en el tema de la nostalgia que recorre algunos de sus cuentos cuya temática es el viaje en el tiempo. Quisiera destacar que una característica que Díaz ve en los cuentos de Molina Jiménez es, a mi modo de ver, extrapolable a casi toda la cf de calidad en español, una literatura que “ […] pone énfasis en las relaciones sociales, las identidades, los encuentros, las experiencias y en los sentimientos de los personajes […] ”, en vez de ser “ […] una ciencia-ficción que se interesa por la caracterización de la tecnología futura […] ” (12). Como la de Molina Jiménez, la cf en español está, principalmente, “centrada en lo humano” (12).
Yo tengo poco más que decir. Aquí sigue el testimonio de estos escritores, críticos y ensayistas que han contribuido amablemente a este número 23 de la revista Istmo que he tenido el privilegio de dirigir. Como dice Roberto Lépori en su artículo sobre Sor Juana, “[s]uspendan por un momento la incredulidad […] ” (18) y abran los archivos que acompañan esta presentación. ¡Qué disfruten!

Notas

[1] Debe de notarse una inevitable aparición de la aportación de España en la cf en español en general. Primero por razones obvias de lenguaje, segundo por el peso editorial de España, que incluye también revistas y premios como el UPC de Barcelona, y tercero porque las revistas y foros de la cf en español no excluyen en función del origen, pero sí muchas veces, en función de la lengua, así las revistas que publican en español tienen habitualmente una variada representación nacional del mundo hispano. Separarlos puede ser práctico con fines metodológicos regionales o nacionales, pero es, a mi modo der ver, artificial y hasta problemático.
[2] Válganos de referencia al tema un artículo de El País y otro de la BBC que pueden hallar en la bibliografía (Andreu; Westcott).
[3] Como los de Gabriel Trujillo Muñoz, Biografías del futuro: la ciencia ficción mexicana y sus autores, y Ramón López Castro, Expedición a la ciencia ficción mexicana, publicados en el 2000 y el 2001 respectivamente; o las de Luis Cano, Intermitente recurrencia. La ciencia ficción y el canon literario hispanoamericano, y Pablo Capanna, Ciencia ficción. Utopía y mercado, ambos publicados en Buenos Aires en el 2006 y 2007 respectivamente.
[4] Hay más autores que han escrito cf en Costa Rica. Daniel Koon da una lista más completa en su sitio web.
[5] Véanse las críticas aparecidas en Axxón y en Cosmocápsula.

* Juan C. Toledano Redondo. Lewis & Clark College, Portland, Oregon, EE.UU. toledano@lclark.edu

El tren del diablo

Publicada originalmente en Revista Colofón

《Una crónica ferroviaria entre Ecuador y la Mesopotamia argentina.》

A esa hora de la tarde, el hall de la estación Lacroze era la estampa de un campo de batalla.
Decenas de cuerpos amansados por el tedio, o contagiados por el inminente cementerio, interrumpían el serpentario de mosaicos.
Grupos de sobrevivientes, esperanzados acaso por el propio retraso, esquivaban bultos exangües de carne, de plástico, y se acercaban a la única ventanilla activa en la que un oráculo, entre la mugre ancestral y los barrotes, repetía inagotable que los papeles impresos con día y horario poco valían.
Resignados a su destino.
Recién llegados que pensaban en salvarse.
Optimistas que mercaban influencias.
De existir, así habrían de agitarse las cosas en el limbo –con desgano acotó alguno de los dos, antes de ir y amodorrarnos en el cuenco de la siesta.
Inti se entregó al sueño.
Opté por fumar y vigilar. Un pie mantenía en la mira las escaramuzas contra la ventanilla. El otro, a unos sesenta grados, continuaba en las vías como una prótesis metálica. El sol despreciado por el acero lanceaba los ojos. Los rieles, indiferentes a decenas de vagones sin máquina, se reblandecían.
Fumaba y vigilaba.
El serpentario, inmutable.
El oráculo negaba cualquier rastro de buena nueva.
Cuatro horas, por lo menos, llevaría reacondicionarla.
Los cigarros. La pereza. La urticaria de la espera.
Tenía como hábito –o como antídoto- resumir en un cuaderno de tapas duras y azules cada uno de los trayectos. Apuntes sencillos: un párrafo, media jornada.
Hubiera sido frustrante, con ese tiempo todo a disposición, habérmelo olvidado. Pero ahí estaba, dócil al tacto.
A riesgo de que la lapicera no funcionara o de que su tinta no fuera negra o de que llegara la máquina o de que la despertara, me erguí, desaté nudos y bolsas y lo abrí por la mitad de la mitad ya escrita.
Pasaba las hojas adormiladas. Las volutas hacían del aire papel de calcar y, por entre los manchones blancos, las vías que creía vigilar fueron otras vías lejanas, así como otra la máquina que arrastraba vagones distantes, semejantes.
Meses, tal vez años antes de esa dilación infernal, vivía en Ecuador. Mi vida era Guayaquil, cinco días hábiles, dos en tránsito. Vaivenes de rutina y de viaje, y un día por azar oí la historia de un tren cuyo rasgo principal era llevar pasajeros sobre el techo, en leva voluntaria.
El mensaje de Marco llegó un jueves por la tarde: “mañana salgo para Cuenca, ahí nos estamos viendo”. Hacia el atardecer del viernes dejé el Guayas. Poco antes de medianoche había arribado a una ciudad de 450.000 habitantes a la que en otro momento volvería y de la que conocería sus calles limpias, su conciencia medioambiental, su sistema de clasificación de residuos, su foco en la autogestión, su inaudita agua potable, su servicio eléctrico comunal, sus inevitables taxistas paranoicos.
Nada de eso me alcanzó la noche del sábado 12 de julio de 2003.
Desde la terminal de Cuenca iniciamos en grupo el camino hacia el Parque Sangay, provincia del Chimborazo, a visitar la comunidad de Ozogoche, en la que nuestro organizador y guía tenía amigos.
A cuatro mil metros de altura, Ozogoche encajonaba la laguna Cubillí o Cullibí –mis apuntes no son claros- repleta de truchas. Por las bajas temperaturas, esos peces ofrecían más contenido calórico que cualquier otro animal o alimento.
Caminamos por la tierra de pastos áridos, charlamos con quienes vivían en la reserva, pescamos -o trocamos la pesca de los reservistas- y envueltos en la luminosa energía andina, descendimos a los dos mil metros de Riobamba.
Ciudad tipo de la sierra ecuatoriana –como Cuenca, Baños, Cotacachi- Riobamba es ocre, amarilla, rojiza, baja, tranquila, fresca, seca, con ferias, y con el aspecto de haber sido barrida en sus calles y pintada en sus muros hace apenas unos minutos. Se distingue de urbes costeras como Guayaquil, por la ausencia de los ramalazos de velocidad, de gritos, de sol a plomo, de humedad, de ominosos barrios cerrados a las invasiones (favelas de allá), de dinero -de los camarones, de las rosas, de los plátanos- que hilvanan el día a día.
A Riobamba habíamos ido a satisfacer la ambición de viajar en azotea.
Dormimos en unas dependencias del ejército ecuatoriano que Marco había obtenido a préstamo. La habitación era un amplísimo salón poblado por camas cuchetas con ropaje militar.
Cenamos las truchas fritas en manteca. Bebimos como aperitivo un canelazo del que conservo todavía la receta en letra rápida: 1 litro de agua / 1 porción de canela / 200 gramos de panela o azúcar / cáscara de naranja o limón / hervor hasta reducir y, claro, licor de caña. Junto a los fogones que espantaban el frío y lo negro, suelta la lengua, hablamos del tren de la mañana siguiente. Los lugareños decían que el uso nada más había nacido por costumbre de quienes necesitaban ir sierra adentro y no contaban con dinero.
El viaje era sus condiciones. Sacar el pasaje el día anterior, y por la mañana anticiparse para encontrar un lugar. La partida era a las siete.

El techo -como el de cualquier vagón- era una anormal plancha de acero grávida en la parte central que le daba un mínimo aspecto dos aguas. Una balaustrada rústica de hierro cilíndrico permitía sostenerse y asomar las piernas sentado de cara al paisaje. El tope de pasajeros lo daba la extensión de la baranda. Viajar en el vagón, desde la perspectiva de un turista (único público encantado), era una opción muy semejante a no viajar. Habíamos rentamos siete horas encaramados y disfrutábamos atajando, espantando, tolerando el viento, el frío, el sol abrasador, el aire límpido, los manchones de humo. El engranaje bufaba en cada curva. Las vías se mimetizaban con la irregularidad de la montaña. En esos trechos los vagones reverenciaban la madre tierra, amenazando con librarse de la carga en un sacrificio anticipado.
El desprecio por la vertical -por lo irregular del terreno y por el mal estado de las vías- era la dosis de adrenalina garantizada al turista. Los empresarios, por lógica, no militaban el imprevisto. Al vender el pasaje, los boleteros esgrimían un reglamento que advertía que por esa decisión la empresa no se hacía responsable.
A velocidad sostenida, a la buena de algún dios y a merced del abismo, nos esponjábamos sobre la nata para ver valles cultivados, animales tallados sobre cerros, trabajadoras apuntalando con su frente la tierra, un escenario agreste con pircas segmentando estáticas el terreno sin alambrar.
El robot domesticado que nos llevaba en el dorso de su mano cada tanto paraba. Al vagón descendían los que habían visto suficiente. Los menos madrugadores subían por una escalerita al techo para amortizar el pago.
El freno del motor diésel arrastrando puro fierro agitaba la economía local. Los de arriba compraban bebidas, comidas, artesanías en serie. Por primera vez probé el morocho, fermentado de maíz parecido a la chicha coronada con una crema pegajosa y muy dulce.
Los pasajeros habituales descargaban a la rastra sus bolsones abasteciendo las despensas. Constelaciones de niñitos se alineaban a la llegada y la salida de la máquina para recibir monedas de dólar local que se estrellaban contra el polvo. El vaivén del aparato y la velocidad eran los jueces. Terminada la cosecha, los niños eran nuevamente puntitos, los pasajeros descendidos, matas.
El tren arrancaba y entre el estrépito surgían comentarios panlingua en el techo: alemanes, ingleses, holandeses, franceses y otras embajadas afines. Era difícil saber si algo oían desde dentro del vagón, o si les interesaba.
El recorrido parecía direccional. Riobamba – Guamote – Alausí – Sibambe.
Entre Alausí y Sibambe estaba el alucinado destino donde paradójicamente no terminaba el viaje aunque fuera la razón secundaria por la que -dejando a un lado el techo- habíamos decidido viajar. Por respeto, por miedo, por superstición, vaya a saber, en el pasaje no se lo imprimía, ni se lo nombraba.
El tren abandonaba el camino lineal de montaña y descendía por la ladera del cerro en zigzag, avanzando y retrocediendo sobre las vías. Era un péndulo monstruoso obligado por la fuerza de gravedad.
Una vez sobre la base del cerro –el estupor en los rostros- la máquina entraba a una vía muerta que surcaba el valle a lo largo de unos mil metros y se detenía. De allí la máquina sólo lograría salir en reversa.
Aterrizados sobre esa vía inconclusa, la bandada desenfundaba las cámaras. Era la misa de los guías para explicar la dudosa formación rocosa dislocada fenomenalmente en la anatomía ultramundana.
Las frases rápidas y escasas de mi cuaderno me permiten intuir que justo al acabar esa vía sin más allá, un cartel ayudaba al que iba en procesión, entre el óxido y los pastos, con un ´Bienvenidos a la Nariz del Diablo´. Dicen quienes saben que no por su forma prominente el nombre apelaba al Malvado, sino por la enorme cantidad de trabajadores que habían muerto mientras tendían una de las líneas de ferrocarril más extremas del mundo.
Media hora después, Sibambe y el cierre del recorrido.
Algunos turistas regresaban siete horas con el mismo tren; los menos pacientes, en buses. Mi cuaderno y mi memoria omiten el dato de mi suerte.
Había dejado, sin embargo, a modo de trueque un apunte fugaz en la página subsiguiente que viene a cuento. Sobre una línea recta había escrito: en lengua quichua el futuro es ´k´ipa´, está ´atrás´ y es lo que no se ve; ´kay´ es aquí y es presente y es lo que puede verse; ´ñaupa´ significa ´adelante´, es el pasado, lo que se ve y es lo que ya sucedió.
Tener el pasado siempre frente a las propias narices, pensaba mientras leía, no estaba nada mal, o no era algo que en verdad pudiera escogerse, salvo que uno creyera que la voluntad -ciega y todo, como en mi caso- había elegido demorarme por una máquina ferrocarril averiada para que mi pasado irrumpiera en esas hojas, así como ahora penetraba en el andén el mecanismo reacondicionado.
Los insultos se despertaron.
Puñados de cuerpos caminaron hacia las vías con la decisión con que la harían el día del juicio, la mirada en el piso, los brazos a un costado.
El oráculo había abandonado la ventanilla.
Nos levantamos. Inti fluctuaba entre los retazos de sueño.
No sospechábamos que esa dilación daría todavía sus esquejes. El viaje desde la porteña estación ferroviaria hasta la tórrida Posadas tendría que haber durado dieciocho, y se extendió por treinta y seis horas, sin baños, ni agua, apenas vías, diésel, un suicida que al atardecer se descolgó sobre un barranco y cada tanto un maquinista interesado en avanzar.
Hora más tarde, la saga de percances todavía en ciernes, la luna rabiaba contra los chapones del gusano metálico que atravesaba la Mesopotamia argentina.
Al ardor de ese reflejo, imaginé a horcajadas sobre el rectángulo superior, sin barandillas ni nada, a los desertores del cementerio próximo a la estación Lacroze, lanzados a la búsqueda de un destino mejor.
Sentí una profunda lástima por mi constante rol equívoco. Si para el lugareño el turista es una sombra que no deja estela (excepto la metálica), para quien ha muerto, un vivo es un pueblerino que por una moneda desnuda su temblor.
Espantado, anulé toda idea abriendo el cuaderno de tapas duras y azules. Bajo la lamparita enrejada escribí con tinta negra que, por lo menos a esa hora de la noche, tendría algo para hacer. Atrás -en otras hojas manchadas por un párrafo / media jornada- había quedado la nariz. Por delante, días sin bañarnos y escasos de comida, la chorrera inclemente de la garganta del ubicuo diablo.
El infierno no es tanto una caverna en llamas como un tren que avanza y que insistentemente confunde dónde queda esa porción de tiempo llamada ñaupa.