{Artículo} La Plata / Julio Verne [2009]

///El 26 de noviembre de 2009, Revista Axxón publicó el artículo motivo de estas notas, que ostenta, entre sus escasas virtudes, una idea nunca ensayada: la ciudad literaria que hacia fines del siglo XIX funcionó como modelo de La Plata no es la mil veces mencionada y bucólica France-Ville (que hoy flamea incluso en el frontispicio de un hostel), sino su oscura y aciaga contrincante, Stahlstadt,o ´Ciudad de Hierro´. Una y otra forman parte de la fábula de Los 500 millones de la Begún, novela reacondicionada entre el editor y Jules Verne, a partir de un trabajo ajeno y anterior, con el objetivo de una lectura más afable. También abrevando en trabajo ajeno, el 21 de mayo de 2010, el blog Misterios de La Plata retoma aquel texto de 2009 y reproduce la tesis de la ´Ciudad de Hierro´, y otros aspectos que no vienen a cuento, como si las cosas fueran así, como si alcanzar conclusiones no requiriera trabajo. Es cierto que el autor indica ´la fuente´, pero es innegable que desestima el puntapié para pensar el origen literario de la ciudad masónica desde un punto de vista contrario. Lo de Nicolás, autor del blog, se denomina plagio. Le interesa un bledo el trabajo de interpretación y sí, definitivamente, montar un negocio enclenque para desprevenidos que ignoran que existe infinidad de material más interesante que ese pastiche mal impreso.///

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            LA PLATA Y LA CONEXIÓN JULES VERNE

[Roberto Lépori]

{Resumen} En torno a la fundación de la ciudad de La Plata (1882) se han tejido –y se tejen- infinitas hipótesis. Desde muy temprano se relacionó al escritor francés Jules Verne –autor, por ejemplo, de La vuelta al mundo en ochenta días y 20.000 leguas de viaje submarino– con la nueva ciudad. Más tarde se sugirió una sugestiva semejanza entre La Plata y una ciudad ideal descrita por Verne. Repetida sin cesar, aún hoy en día esa historia está plagada de interrogantes. ¿Qué unió realmente a Verne con La Plata? ¿Es La Plata la ciudad ideal imaginada por el escritor francés? De ser así, ¿se ha señalado la ciudad modelo correcta? Y, además, ¿qué relación tiene todo lo anterior con la tan mentada masonería?

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“Otros dicen que Verne no predijo nada; que Dardo Rocha y Pedro Benoit –diseñadores de la capital bonaerense- lo único que hicieron fue leerse aquel libro y copiar la ciudad.”

Gloria Guerrero, Indio Solari. El hombre ilustrado (2007, p. 25)

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De entre los subgéneros narrativos que derivarían en la ciencia ficción -historias sobre viajes extraordinarios, relatos basados en temas esotéricos y la novela gótica-, la utopía cientificista se destaca en el Río de La Plata por poseer un importante número de cultores. Según Carlos Abraham, las narraciones utópicas se desarrollan en la región “…sobre todo a partir de la publicación de Looking backward or The year 2000 (1888) de Edward Bellamy…”. Autores como Aquiles Sioen, Francisco Piria[1], Eduardo de Ezcurra y Enrique Vera y González, a los que se podría agregar el escritor chileno Francisco Miralles, dan a conocer novelas de corte utópico –donde se presentan sociedades ideales- a fines del siglo XIX.[2]

Hay, sin embargo, un detalle a tener en cuenta. Antes de la aparición del “texto modélico” de Bellamy, en el Río de la Plata se difundieron otras utopías cientificistas. Hacia comienzos de la década del 80, la obra de Jules Verne era ya conocida en estas tierras. Y tanta fue su penetración en ese momento que desde entonces y hasta el presente su figura apareció vinculada con la fundación y la concreción de la ciudad de La Plata.

Los comienzos

El 14 de noviembre de 1882, cinco días antes de la fundación oficial de La Plata, El Diario –periódico defensor del proyecto urbano y de la consecuente candidatura presidencial de Dardo Rocha- en una editorial titulada “Obras son amores” negaba, a través de la obra realizada, que se tratara de una ciudad “fantástica al estilo Verne” como sostenían sus detractores:

“Los literatos… que se nutren de la lectura fácil de las novelas modernas… encontraron ocasión propicia para decir que La Plata es una ciudad fantástica, una ciudad a lo Julio Verne… […] Ya nadie lo pone en duda; han desaparecido los literatos romancistas que la llamaban la ciudad a lo Julio Verne. Todos los que antes la negaban ahora están callados.” [3]

Siete años después, en 1889 Santiago Alcorta, el Presidente de la delegación argentina en la Exposición Internacional de París (se festejaban los cien años de la Revolución Francesa), informa sobre el éxito de la presentación del plano catastral de La Plata, acompañado por fotos de los edificios públicos y por un texto de Emilio Coni. El plano recibe una medalla de oro y la ciudad, siempre según Alcorta, es calificada como “ciudad de Julio Verne”. Entre los asistentes a la Exposición, cuenta la tradición, aparecía Verne en su rol de urbanista.[4]

Al cumplirse medio siglo de la fundación, el diario El Día (19-11-1932) recoge las críticas iniciales: “El día que se colocaba la piedra fundamental, no eran pocos los que exclamaban: La Plata será un mito, una ciudad de Julio Verne”, y las refuta con la evidencia:

“Los 50 años han llegado y la ciudad de Julio Verne es un arquetipo de ciudad, la más hermosa de las urbes argentinas. La fábula que imaginaban los escépticos… es el prodigio real de la argentinidad” [5]

Al principio una acusación de los escépticos, poco a poco y con los años la eventual relación Verne – La Plata se fue convirtiendo en un dato cuasi-histórico. Lo que había sido parte de un argumento de orden político –con ciudad a lo Julio Verne se buscaba empañar la intención de Rocha de llegar a la presidencia- se metamorfoseó en un dato perteneciente a la historia de la arquitectura o del urbanismo.

La bibliografía sobre el tema (con alguna excepción) es unánime: La Plata fue diagramada en base a una ciudad de nombre France-Ville descrita por Verne en su novela Los quinientos millones de la Begún (París, 1879). Esta tradición perdura hasta hoy, a pesar de que nunca se ha aclarado dónde, cuándo, cómo, quién la originó ni nunca se justifica su pertinencia

Las hipótesis del contacto

Sugiramos tres hipótesis que intenten explicar ese hecho.

1.- En algún momento de los años setenta Verne visita la Argentina y se contacta con Dardo Rocha –el fundador- y/o con Pedro Benoit –uno de los responsables de la confección del plano. En esa ocasión les hace conocer o sus ideas o su escrito.

2.- En 1879 Aquiles Sioen –periodista francés- publica en Argentina su utopía prospectiva Buenos Aires en el año 2080. En su dedicatoria a Antonino Cambaceres -más tarde colaborador de Rocha- Sioen reconoce su deuda con (la obra de) Verne. El libro es prologado por Héctor Florencio Varela, amigo personal de Rocha, y director de la revista El americano en París entre 1870 y 1875. [6] La incidencia sería indirecta: Sioen y/o Varela son posibles canales por medio de los cuales habría arribado la novela o la idea de Verne al Río de la Plata.

3.- El higienismo. Esta corriente de pensamiento, llamada también sanitarismo, aparece en Europa como reacción al enorme e insalubre crecimiento de las ciudades industriales. Se preocupa, durante el siglo XIX, de plantear reformas para un espacio urbano plagado de problemas de habitabilidad. En el medio de congresos, publicaciones, discusiones y proyectos, en 1876 el médico inglés Benjamin Ward Richardson publica Hygeia. A City of Health, una ciudad ideal basada en un esquema higienista. Verne declara que France -Ville está inspirada en Hygeia. Muchos de los asesores de Rocha en el proyecto –como Guillermo Rawson, Eduardo Wilde y Emilio Coni- eran médicos higienistas en contacto con esas ideas.[7]

Hasta aquí, ninguna certeza.

Tal vez podría suponerse que los sanitaristas argentinos -asesores del fundador de La Plata- conocieron efectivamente la obra de Richardson y la de Verne. Pero aún así, el sanitarismo no convierte en necesaria la relación entre La Plata y el escritor francés. [8]

Obstáculos

Junto a la ausencia de hipótesis convincentes sobre la conexión, aparecen otras dificultades.

Por un lado, ¿por qué los proyectistas recurrirían a la novela de Verne si contaban con un amplísimo corpus de conocimiento del que podrían haber echado mano para sus fines? En Europa y América: las ciudades ideales del Renacimiento, la cuadrícula colonial o damero clásico basado en las Leyes de Indias, el plan de remodelación de Idelfonso Cerdá para Barcelona, la ciudad higiénica de Chadwick (su discípulo fue Richardson), el falansterio de Fourier, la ciudad barroca y posbarroca (el trazado era un eje monumental como extensión del centro primitivo con diagonales tal como se da en Versalles, Karslruhe, Londres diagramada por Wern en quien se basa Pierre Charles L´Enfant para diseñar Washington). Y los antecedentes dentro del país: de 1826, el proyecto de Santiago Bevans de una ciudad con diagonales, las propuestas de Marcelino Lagos y Felipe Senillosa para reformar Buenos Aires (en 1867 y 1875 respectivamente), el plano de Adrogué proyectado con diagonales (1872).

Por otro lado, ¿en quién influyó Verne o quién tomó como referencia su obra? Ningún dato avala que Rocha hubiera tenido conocimiento de la novela de Verne. En cuanto a los otros responsables, aún no hay consenso sobre el autor del plano ¿Lo diseñó un individuo o un grupo? La magnitud de la empresa hace suponer que el plano fue realizado por el Departamento de Ingenieros: se trató de una obra colectiva en la que participaron ingenieros, agrimensores, arquitectos. Y aún si se atiende a las versiones que remarcan la incidencia de un único director, regresa el interrogante: ¿quién fue ese director? En esto tampoco hay acuerdo. Tradicionalmente se le adjudicó la obra al ingeniero Pedro Benoit. Según el arquitecto Alberto de Paula, Benoit nunca firmó ningún plano y se convirtió en “el autor” en 1889, en la Exposición de París, al estampar su firma en una copia del diseño. De Paula propone otros dos nombres propios en lugar de Benoit: quien comandó las acciones dentro del Departamento de Ingenieros fue el agrimensor alemán Carlos Glade a cargo de la sección Trabajos catastrales. Aunque, si bien Glade fue responsable de la concreción del plano, especifica el mismo de Paula, la idea provino del arquitecto argentino Juan Martín Burgos. Éste presenta su proyecto “La nueva capital de la provincia” -una ciudad de planta cuadrada con diagonales- a través del periódico El Nacional los días 27, 28, 29 de abril de 1882 y se lo envía al gobernador Rocha. El ministro D´Amico anota en el dorso de la carta recibida “Téngase presente” y lo gira al Departamento de Ingenieros donde se plasma con mínimas modificaciones.[9]

La tarea de de Paula, en este sentido, es excepcional por dos razones: rescata la decisiva figura de Burgos (y la incidencia de Glade) contra una tradición poco menos que inamovible que sostiene a Benoit como el autor del plano y, en segundo lugar, es el único dentro de la bibliografía que no toma en cuenta a Verne como un posible antecedente o como el inspirador de la traza de la ciudad.[10]

Un nuevo elemento

A pesar de los innumerables divulgadores (el epígrafe de este escrito da cuenta de esa manía), sólo se puede afirmar que los ideólogos de La Plata adherían a ideas sanitaristas al igual que Verne. Esto, como es evidente, no es suficiente para conectar la novela con La Plata. No sólo existían decenas de antecedentes para un proyecto semejante, sino que además fue una tarea arquitectónica impulsada por múltiples actores.

¿Estamos, entonces, frente a una leyenda transmitida de generación en generación o existe algún otro dato que permita relacionar la novela de Verne con la capital bonaerense?

Según el investigador Eduardo Sebastianelli si se toma en cuenta la incidencia masónica, hay dos líneas de explicación para el origen de la ciudad: una señala la -ya enunciada- vertiente higienista; la otra apunta a La Plata diseñada en base al modelo de la Jerusalén celeste.[11]

Aunque la real ingerencia de la masonería en el proyecto y en su concreción es aún discutida, resulta aquí central ya que permite revisitar la conexión e identificar nuevos aspectos.[12]

Revisemos la primera línea. El higienismo fue impulsado en Europa, sobre todo, por masones. Jules Verne era masón -o si por lo menos no él directamente, todo el círculo de su editor Hetzel sí.[13] El viaje hacia la Argentina en los años setenta (primera hipótesis sobre la conexión), se trataría de Verne asistiendo a una convención masónica. Rocha y Benoit eran masones iniciados. Y aceptando que no fuera Benoit el autor del plano, Glade era masón. Juan Martín Burgos también. Los médicos asesores de Rocha, excepto Coni, eran masones.

Una década antes de la fundación de La Plata, Buenos Aires había soportado una terrible epidemia de fiebre amarilla. Una cuarta parte de la población murió. Las pésimas condiciones de vida favorecieron la difusión de la enfermedad. Médicos higienistas como Rawson y Wilde lucharon contra la fiebre amarilla. La experiencia fue determinante para que los parámetros sanitaristas predominaran en la planificación de la nueva capital. Esos médicos –asesores de Rocha- eran en su mayoría iniciados en logias argentinas.[14]

Todos los integrantes de la Comisión especial designada por Rocha para determinar el lugar de emplazamiento de la nueva capital, masones.[15] Héctor Florencia Varela, prologuista del libro de Sioen, masón. Antonino Cambaceres a quien Sioen le dedica el libro (y asesor de Rocha) también era masón iniciado. Aquellos que habían ya realizado propuestas de modificación de la ciudad de Buenos Aires, Marcelino Lagos y Felipe Senillosa, masones.

Casi la totalidad de los que participaron en el proyecto de la nueva ciudad eran higienistas y masones. Quizá, estos elementos mantuvieron a lo largo de los años la conexión nacida desde antes de la fundación entre un Verne, ahora sanitarista y probable masón, y la ciudad. El problema es que luego esa azarosa ligazón derivó en un dato repetido hasta el hartazgo, pero nunca corroborado: La Plata tiene como modelo a France -Ville una de las ciudades de la utópica novela de Verne Los quinientos millones de la Begún. (O tal vez se dio una mecánica inversa: alguien descubrió ciertas semejanzas entre la ciudad ficticia y la real y recordó la inicial conexión). Sea como fuere, aceptemos que La Plata está basada en France -Ville, ¿en qué se asemejan esas dos ciudades?

En su segunda línea de explicación, Sebastianelli asegura (como tantos otros) que en la novela “…Verne describe con asombrosa exactitud una ciudad como La Plata, diseñada por médicos sanitaristas…”.

…el plano de la ciudad [France Ville] es… regular… Las calles, cruzadas en ángulos rectos, están trazadas a distancias iguales… plantadas de árboles y designadas por números de orden. De medio en medio kilómetro, la calle, tres veces más ancha, toma el nombre de paseo o avenida… En todos los cruces de las calles, hay un jardín público adornado con… esculturas… (Los quinientos millones de la Begún, cap. X)

Se trata de una exactitud, por lo menos, desleída: avenidas cada cinco (en La Plata cada seis) cuadras, calles ordenadas por números, amplios espacios verdes, obras de arte, ambas ciudades ideadas por sanitaristas.

Pero Sebastianelli para reforzar su postura agrega otra semejanza fundamental sustentada también en la masonería: así como France -Ville basa su diagramación en la Jerusalén celestial (un símbolo masón), La Plata (diagramada por masones) repite ese esquema. ¿De qué esquema se trata? Sebastianelli no lo aclara. El resto de la bibliografía se desentiende de revisar la relación France-Ville – La Plata en base a ese modelo “celestial”.

La prueba del triple recinto: ¿France-Ville o Stahlstadt?

René Guenón (1886-1951) -especialista francés en símbolos sagrados y masón iniciado- sostiene que la configuración arquitectónica de la Jerusalén celeste se basa en “el triple recinto druídico”. Un triple recinto druídico se puede representar: por medio de tres cuadrados concéntricos y cuatro rectas que parten del cuadrado central, mediante dos rectas en cruz, cortadas por dos rectas diagonales, por medio de la superposición de las dos figuras anteriores,

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Este esquema aparece en diferentes lugares y en distintos momentos históricos –en la Acrópolis, en el Partenón, en el claustro de San Pablo en Roma, en la Atlántida delineada por Platón [16] y hasta en la bandera del Reino Unido [17].

Pero, extrañamente, France -Ville no presenta la forma de ese triple recinto. Es más, a contrapelo de lo que se ha sostenido por décadas, los rasgos principales de la Jerusalén celeste no aparecen en la descripción France-Ville sino en la de otra ciudad: su enemiga Stahlstadt.

En la novela utópica Los quinientos millones de la Begún France-Ville es proyectada por el médico francés Sarrasine. Éste, al acceder a una herencia millonaria, decide en beneficio de la humanidad construir una ciudad que le haga frente al hacinamiento, a la suciedad y a la enfermedad. El proyecto de Sarrasine se realiza, pero en su camino se interpone el doctor Schultze, un malvado científico alemán que se queda, por medio de una treta, con la mitad de la herencia y construye Stahlstadt o la Ciudad de Hierro.

La Ciudad de Hierro es una gran fundición destinada a crear las armas que destruyan a France-Ville. Esa oscura mole de cemento y acero está compuesta por una muralla externa alrededor de la cual se extienden vías ferroviarias en circunvalación (el tercer recinto druídico), una segunda muralla interna tras la cual se sitúan los talleres de fundición y modelado de hierro, sección surcada por calles numeradas (el segundo recinto), y un bloque central donde vive Schultze (el primer recinto, que incluye una selva virgen), todo conectado por medio de canales y de vías subterráneas que alcanzan a las puertas exteriores.

Si se observa la traza de la ciudad de La Plata, puede advertirse ese triple recinto propio de la imaginería masónica basada en la Jerusalén Celeste: a) un bloque central cuadrado formado por las calles 7 a 19 y 44 a 60, b) un segundo bloque que iría de 1 a 25 y de 38 a 66, c) la muralla externa o de circunvalación: de 32 a 72 y de 122 a 131 (con las vías ubicadas a los largo de 72 y 122), d) si tomamos el triple recinto en su forma estrellada (figura 2): las calles 7 y 13 en forma de cruz y las diagonales 74 y 73 que las atraviesan.

Podría agregarse a favor de Stahlstadt modelo de La Plata: la Ciudad de Hierro es levantada por Schultze después que France-Ville con el fin de ubicarse a tiro de cañón para destruirla, así como La Plata fue construida –obviamente- después que la ciudad de Buenos Aires, y en relación con esto, un dato, por lo menos, curioso: Schultze construye su Ciudad de Hierro a unas diez leguas de France-Ville o, lo que es lo mismo, a unos 50 km., una distancia aproximada a la existente entre La Plata y Buenos Aires.

En todo caso, tal vez no sea aventurado decir que las dos ciudades se relacionan con La Plata. El primer título que Verne pensó para su novela fue Ciudad de Oro y Ciudad de Acero o Historia de dos ciudades modelos. France-Ville es el ejemplo de ciudad higiénica.

Pero en lo que respecta a la masonería y a la traza de la Jerusalén celeste, no hay dudas: Sebastianelli y tantos otros se equivocan. No es France-Ville la ciudad masónica modelo de La Plata, es Stahlstadt.[18] Los personajes (inclusive los relacionados con France-Ville) reciben su iniciación masónica dentro de Ciudad de Hierro: “Se decía que [en Stahlstadt]… los obreros habían sido sometidos… a una serie de ceremonias masónicas…” (Los quinientos millones de la Begún, cap. 7). [19]

Conclusión

El tema es amplísimo y roza en ciertos momentos, como no podría ser de otra manera, lo fantástico. Originada en una disputa política, sustentada en una corriente de ideas -el higienismo- y fortalecida a través de la masonería, la extraña conexión Verne – La Plata fue siempre esgrimida y nunca corroborada con datos concretos.

Los que alentaban “una evidente relación” a partir de una semejanza textual – catastral siguieron acríticamente el curso de la tradición bibliográfica y en ningún momento dudaron que France–Ville fuera el modelo de la nueva capital. Por esa razón, y a pesar de las evidencias, nadie relacionó nunca La Plata con Stahlstadt.[20] Parece tratarse de un olvido o de un error razonable si se considera que en la novela de Verne la eutópica France-Ville triunfa y la distópica Ciudad de Hierro perece.

De todas formas, conservar (tal cual está o modificada) esa leyenda verniana repetida hasta el hartazgo implica una revisión del tema o se impone su relativización definitiva.

Bibliografía:

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“La Plata y sus misterios ocultos”, Diario Hoy, La Plata, 25-06-2000.

“Así ideó Burgos el trazado de nuestra ciudad”. Diario Hoy, La Plata, 01-07-2000.

“Secretos históricos. El misterioso legado del escritor Julio Verne en la fundación de la ciudad”, Diario Hoy, La Plata, 18-04-2002.

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Zappalá, Estela S., “Recopilación de información sobre el Palacio Piria”, La Plata, 1999, 100 pág.

Notas:

[1] Piria, de origen uruguayo, publicó en 1898 su novela utópica El socialismo triunfante o lo que será mi país dentro de 200 años. Se trata de una figura peculiar. Entre otras tantas actividades fundó la ciudad balnearia de Piriápolis. Intentó repetir este tipo de emprendimientos catastrales a comienzos del siglo XX en una zona muy cercana a la ciudad de La Plata conocida como Punta Lara. Aún permanece allí su palacio. Tal vez pertenezca a la casualidad, pero no puede dejar de remarcarse que Piria fue también, aunque luego dimitiera, masón iniciado.

[2] Cf. Abraham (2002) y Abraham (2005).

[3] Citado por Morosi (1999, p. 44).

[4] Cf. Vallejo.

[5] Citado por Vallejo.

[6] Cf. La Plata. Ciudad nueva. Ciudad antigua.

[7] Morosi (1999) se refiere a los médicos higienistas asociados al proyecto de Rocha. Sobre la relación Coni – Rocha, ver Emilio R. Coni, Memorias de un médico higienista. Contribución a la historia de la higiene pública y social argentina (1867-1917), Bs. As., Talleres Gráficos Flaiban, 1918.

[8] En 1881 defendiendo la localidad de Belgrano como un sitio apropiado para instalar la capital, Juan Llerena se refiere a ella como “la nueva Higieia”.  Cf. Morosi (1999).

[9] En 1999 el Consejo Deliberante de La Plata reconoce la decisiva participación de Burgos. Esto fue impulsado por Corrado, quien parte de la información recogida y presentada por de Paula.

[10] Ver Vallejo (s/f), Morosi (1982) y (1999), La Plata. Ciudad nueva. Ciudad antigua (1983), Garnier (1994), Sebastianelli, Philip (1992). Guerrero (2007), en su biografía sobre el músico de rock Indio Solari apunta todos los clichés a los que suma: Rocha recibió de manos de Verne la medalla en la Exposición de París en 1889.

[11] Diario Hoy, 18-04-2002.

[12] Junto a todo este entramado mítico, aparece una leyenda sorprendente. Pierre Benoit –el padre de Pedro Benoit, eventual diseñador del plano de La Plata- sería el hijo de Luis XVI y de María Antonieta, es decir, el delfín Luis Carlos Capeto, un nunca coronado Luis XVII. Y, por supuesto, nuevamente la masonería cumple su rol. Pierre, masón, llega en 1818 a la Argentina custodiado por los masones luego de intentar radicarse en Colombia donde estaba Bolívar –masón iniciado. Ingresa en 1826 al Departamento de Ingenieros por orden de Rivadavia y Julián Agüero (ambos masones). Al igual que su hijo Pedro, nunca firmó sus planos. Se encargó de la refacción de la Catedral de Buenos Aires, de la plaza de la Victoria, del Fuerte y del diseño del cementerio de la Recoleta. Se sugiere que el cementerio tiene la misma configuración que Versalles –donde habría pasado su infancia-: una cruz atravesada por diagonales. Pedro repetiría el esquema al diseñar La Plata. Ver Zapiola (1941), Zapiola (1993), Martínez (2008).

[13] Salabert (1985) p. 273-4.

[14] El pintor uruguayo Juan Manuel Blanes retrató en 1871 en Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires a José Roque Pérez y a Manuel Argerich –miembros de la Comisión Popular de Salubridad- enfrentado a la enfermedad. La tela se expuso en el Teatro Colón (sede de la masonería). Blanes y los retratados eran masones.

[15] De Paula (1987) identifica a los integrantes de la comisión especial designada por Rocha para determinar el lugar de la nueva capital: Aristóbulo del Valle, Eduardo Costa, Guillermo White, Faustino Jorge, Manuel Porcel de Peralta, Eduardo Wilde, Francisco Lavalle, Antonino Cambaceres, Saturnino Unzué, José M. Ramos Mejía.

[16] De Paula (1987) cita un proyecto para La Plata –muy semejante al de Burgos- presentado por José Rodrigo Botet denominado “Ciudad Atlántida”.

[17] Druídico proviene de druidas, sacerdotes pertenecientes a los celtas, tradición de fuerte raigambre en las islas británicas. Sugiere Cammilleri (1995): uno de los fundadores de la masonería inglesa –John Toland- creó en 1717 un grupo que sostenía rituales druidas.

[18] Verne recibe el argumento de esa novela de parte de Hetzel, su editor. Éste le solicita que mejore la novela La herencia de Langevol de Pascal Grousset (este manuscrito se ha perdido por lo que se desconoce qué mantuvo y qué modificó Verne de la versión delgada).

[19] A raíz de esto, una analogía como la siguiente puede cobrar sentido: en el bloque central de Stahlstadt, y rodeada por una selva virgen, se elevaba la Torre del Toro, un elemento iniciático (Cf. Salabert, 1985, p. 261). En La Plata hacia 1884 se levantó en la Plaza de la Legislatura, es decir, dentro de un espacio verde ubicado en “el bloque central” de la nueva ciudad, una torre con un reflector en la parte superior (Cf. La Plata. Ciudad nueva. Ciudad antigua, 1983). France -Ville no poseía torre alguna.

[20] Sería lo esperable de parte de los detractores de La Plata. Ejemplo de las mistificaciones a las que se llegó, La Plata verniana –idílica para algunos- es para otros una ciudad maléfica. En 1992 Arthur A. Philip publica France -Ville. La ciudad maldita. Una secuela de estas ideas es el libro de Gualberto Reynal La historia oculta de la ciudad de La Plata donde básicamente dice que el plano de la ciudad esconde mensajes diabólicos. Reynal, como otros que utilizan supuestos católicos en su argumentación, relacionan el anticlericalismo masónico con la (delirante) idea de un Anticristo que busca destruir la iglesia romana: el mensaje se encontraría en la diagramación de la nueva capital. Sin darle entidad a este tipo de discusiones, resulta al menos extraño que los enemigos de La Plata no hayan tomado en cuenta la existencia de la Ciudad de Hierro en lugar de France –Ville, una ciudad de corte utópico. La sola lectura de la novela les hubiera facilitado esa información.

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