Alonso & Arzoz. ´Manifiesto para ciberintelectuales´

Pasaje tomado de Andoni Alonso & Iñaki Arzoz. La Nueva Ciudad de Dios. Un juego cibercultural sobre el tecno-hermetismo [2002], págs. 239-262. {Sobre su relación con la ciencia ficción hermética ver}

En busca del intelectual ciberateniense

El papel del ciberintelectual o intelectual de la cibercultura parece habérselo arrogado no el intelectual clásico sino el apologista ciberimperial o el científico tecno-hermético. Pero ninguno de ambos personajes merece ostentar esta categoría. Aunque publiquen libros y sus opiniones sean muy populares, su tarea es bien distinta: la de los profetas o teólogos de la nueva religión digitalista. Llevados por su fe se dedican al puro proselitismo, ya sea vulgarizador o especulativo. Pertenecen, en realidad, a una tradición cibercultural muy antigua que se remonta a las mismas raíces. Pitágoras, uno de los fundadores remotos de la cibercultura, fue, en este sentido, el primer digitalista. Su religión filosófica, basada en la mitificación del número y la geometría, adornada con creencias mistéricas como la música de las esferas y la metempsicosis, nos ofrece con increíble exactitud el perfil del digitalista actual, el cual, aunque adopte la maneras del intelectual, no es más que un creyente cultivado. A partir de ese modelo tan puro, el pitagorismo digitalista, recreado por el platonismo, sufre diversos avatares, de los que sale triunfante gracias al hermetismo y a su heredero, el cientificismo, del que Comte es su más señero representante. Su religión positivista, que descarta a Dios en nombre de la religión y promulga la religión científica de la Humanidad, sigue el modelo de la Iglesia Católica, reconciliando por primera vez ambas tradiciones. La actualización de esta corriente se hallaría en el digitalismo actual, con sus gurús tecno-herméticos, aunque ya tiene sus bases en el cientificismo moderno, con la ciencia como ´Nueva Iglesia Universal´.

El científico convertido en sumo sacerdote, no es un intelectual, sino un teólogo. Los científicos tecno-herméticos, ensoberbecidos por sus hipótesis omniabarcativas y sus éxitos tecnológicos, pasan de ser meros especuladores de la divinidad a teólogos del Dios artificial del futuro. Deslumbrados por su audacia hermético-pitagórica que apenas entendemos, los elevamos a únicos representantes autorizados de Dios en un cibermundo en el que parecen sobrar los intelectuales o librepensadores. Como mucho, se permite la labor de párracos y misioneros digitalistas –apologistas de la Nueva Ciudad de Dios- que atienden espiritualmente la vida cotidiana de la teocracia digitalista.

La pretensión última de los pseudo-intelectuales del digitalismo es confundir y fundir la religión con las cibertecnologías. Estos gurús de la Red en alianza con los nuevos alquimistas tecno-herméticos quieren eliminar cualquier pensamiento desviado de los dogmas digitalistas y llevarnos a la dictadura oscurantista de la razón delirante y, en última instancia, hacia una nueva Edad Media dominada por ciberimperios. Y no nos cabe duda de que es de la comunidad científica de donde deben surgir verdaderos intelectuales que hagan posible una ciencia anti-hermética y una tecnología convivencial… Ellos pueden contribuir en gran medida a superar el complejo de inferioridad que atenaza a los intelectuales provenientes de las humanidades y a la sociedad en general. {Comentario del copista: en este caso, la fe de los autores en los científicos peca de ingenuidad; el diagnóstico sobre el complejo de inferioridad de los de las humanidades es brillante.}

Apocalípticos, integrados y quizás apocalípticos-integrados

La célebre dicotomía que Umberto Eco estableció en torno a las categorías opuestas de ´apocalíptico´ e ´integrado´ en los años sesenta sobre las actitudes dominantes de los intelectuales frente a la cultura de masas cobra ahora, respecto a Internet y las nuevas tecnologías, una nueva aunque limitada vigencia. El fragor de la batalla entre una aplastante mayoría de integrados contra una correosa minoría de apocalípticos no perturba la marcha del Ciberimperio, pero resulta instructivo para nuestro análisis de los intelectuales clásicos provenientes de las humanidades. Los intelectuales integrados, cómodamente respaldados por la maquinaria mediática y económica del Ciberimperio, se han convertido en los nuevos ´intelectuales orgánicos´, en los turiferarios de los ciberempresarios. Su labor hace posible que poco a poco se pase a sus filas una gran masa de intelectuales conformistas, resignados mal que bien al nuevo estado de cosas en el (ciber)mundo. El trabajo de todos ellos adolece casi absolutamente del ´factor crítico´. El intelectual integrado domina el panorama con su voz peligrosamente monocorde.

Más animado parece, en principio, el aspecto del bando contrario, el de los apocalípticos que desde las más diversas posiciones ideológicas combaten el digitalismo. Sin embargo, un examen más atento pronto enfría nuestra inicial predisposición. El modelo del intelectual apocalíptico, estimulante por su capacidad teórica y su creatividad crítica, fracasa finalmente en la fase de su aplicación práctica. [Apocalípticos analizados: Baudrillard, Virilio, Illich, H. Bey, Kaczynski, Zerzan] El desolador panorama que nos ofrecen los apocalípticos sólo cobra algo de relevancia si pensamos que muchos de sus juicios críticos corren paralelos y acaso alimentan la explosión de hackers y crackers en la Red. La amenaza de una guerra virtual es una consecuencia de las ciberguerrillas actuales…, si bien el día que esos talentos desperdiciados se utilicen masiva y sistemáticamente en favor de compañías sin escrúpulos, gobiernos belicosos, guerrillas integristas o sectas alucinadas, entonces sí estaremos en el umbral del apocalipsis.

Después de este repaso a la orilla donde afilan sus decepciones o sus armas los intelectuales apocalípticos, parecería más razonable que volviéramos al bando de los intelectuales integrados. Sin embargo, allí nos aguarda una nueva decepción. Precisamente Umberto Eco, el intelectual que estableció esta utilísima taxonomía entre ´apocalípticos´ e ´integrados´, ha llegado a manifestar que el deber del intelectual ´cuando se quema la casa es llamar a los bomberos´. Uno de los más valiosos intelectuales integrados proclama la dejación de la función del intelectual en manos de esos ´expertos´ que en nuestro cibermundo son mayormente agentes a sueldo de ciberempresarios. Desengañémonos, no hay verdaderos bomberos en el Ciberimperio, sino pirómanos-bomberos, como los que imaginó Bradbury, que monopolizan el fuego regulando a conveniencia los desastres… Los verdaderos bomberos serán los intelectuales ´esporádicos´ y ´clandestinos´ (dice Tabucchi contra Eco) que representan escritores, artistas, filósofos, etc., y que ejercen la función de intelectuales de manera creativa y no normativa. Los intelectuales, siempre sometidos a la crítica y a la autocrítica, han de seguir cumpliendo su papel, más importante si cabe en el cibermundo, porque también son cuidadanos y porque su acceso a los medios los hace doblemente responsables. La opinión de Eco nos aleja definitivamente del bando de los integrados. Los intelectuales integrados no creen en su propio papel y se consideran a sí mismos más como animadores culturales que como figuras decisivas en este cibermundo.

El intelectual ciberateniense no puede ser ni apocalíptico ni integrado y quizá haya llegado el momento de entender esas categorías más como meras referencias conceptuales que como señas de identidad. En la era de la cibercultura, el intelectual ciberateniense puede recrear ambas categorías hasta lograr una a su medida más eficaz y creativa que las anteriores. ¿Y si acaso debiera convertirse en un ´apocalíptico-integrado´? Razones no le faltarán nunca, si seguimos sometidos a este proceso hipertecnológico, para considerarse un apocalíptico, pero su propia razón le aconsejará siempre intentar cambiarlo, reorientarlo e incluso destruirlo tal como lo conocemos, desde dentro del cibermundo, al que pertenece aún sin desearlo.

Ivan Illich. Ríos al norte del futuro. Parte II

{Descarga: 1) Obras reunidas 3 vol. [2006]; 2) Ríos al norte del futuro [2005]}

“El principio del fin o la fuente de la esperanza. Conspiratio y desdiabolización.”[1]

Una conversación entre Ivan Illich y David Cayley

Traducción de Jean Robert

Comentario: En las conversaciones que hacia el final de su vida Ivan Illich tuvo con David Cayley y que póstumamente se publicaron bajo el título de un poema de Paul Celan, The Rivers North of Future, Illich reveló las fuentes espirituales de las que emanó su crítica histórico-filosófica. Para Illich, como lo mostró en su primera conversación con Cayley, la sociedad moderna, con sus instituciones de servicio, es fruto de la Iglesia que, al institucionalizar la caridad, corrompió la novedad de libertad y de amor que Cristo trajo al mundo. En la conversación que ahora publicamos, Illich habla de la fuente de la esperanza que florece en medio de estos tiempos que define como apocalípticos, no en el sentido de desastre, sino en el original de revelación.

David Cayley: He revisado varias veces mis transcripciones de nuestra entrevista de hace dos años y hay algunos puntos que quisiera clarificar. En aquella conversación, volvías constantemente a la idea del misterio del mal del cual habla Pablo en su Carta a los Tesalonicenses. Desde entonces, he releído las epístolas de san Pablo y me parece que lo que está diciendo es que la Encarnación, para decirlo así, es el principio del fin. Algo ocurrió que cambió cada cosa irreversiblemente.

Ivan Illich: Sí, y dice una cosa que, para mí, es un gran consuelo: que soporta su sufrimiento –la epilepsia– para cumplir lo que aún falta y que retrasa el final. Parafraseando a Pablo: soportar las molestias de mi prójimo con humor y devoción podría ser la paja que aún falta. Cada vez que uno de nosotros se asocia a los sufrimientos de Cristo, podría suscitar el fin. Es una idea maravillosamente consoladora y Pablo afirma –con razón creo– que cada uno está invitado a contemplar el curso de su propia vida a la luz de esta idea. Puede ser que tú y yo estemos contribuyendo a ello en este mismo momento. Tengo en mi muñeca este curioso reloj con una manecilla que indica los segundos al son de un casi imperceptible tic-tac. Me incita a preguntarme si el tic siguiente será el último. Conoces la historia del viejo rabino que Eric Fromm no se cansaba de contar. La mujer del rabino le dice: “Tengo que lavar tus calcetines”. Así que él se quita un zapato y le da un calcetín. Su mujer le dice: “¿No quieres darme el otro?” “No”, dice él, “jamás me quito mis dos zapatos al mismo tiempo. Quiero estar listo para cuando venga el Mesías”. 

David Cayley: Pero, ¿qué es lo que ha cambiado con la Encarnación? ¿Por qué es el comienzo del fin?

Ivan Illich: Cuando María dio a luz el Verbo de Dios en la carne, algo ocurrió cósmicamente, algo que, hasta este momento, había ocurrido cada vez que una mujer traía al mundo el niño que esperaba y probaba a los otros que su embarazo había sido real. Aquel nacimiento cumplía las profecías, legitimaba los balbuceos de los profetas de la única manera en que, hasta el siglo XX, un embarazo podía ser legitimado: post partum, por la presencia del niño. Eso es la primera cosa que ha cambiado. La segunda es que, desde este momento, todo acto profético, toda palabra que lo sea ya no expresa una simple esperanza, sino la fe en la presencia carnal de Dios. Cuando interpreto textos del siglo XII para los estudiantes, colegas y auditores de mi curso, la mayoría de ellos debe considerar lo que digo como fantasía o ideología. Me preguntan: “Entonces, según usted, ¿los cristianos creen que un hombre es Dios?” En cuanto a los cristianos mismos, ellos no suelen hacer esta pregunta. He oído a católicos y anglicanos hablar sobre este tema, y sé que presentan las cosas de manera inversa: para ellos, Dios es primero. Pero, para José, el niño es quien vino primero. En nuestro tiempo, le fe en la Encarnación puede florecer en la medida en que la fe en Dios se ha oscurecido y que cada uno de nosotros es conducido a descubrir a Dios en el otro. Eso me parece importante –más importante que nunca– frente a la oscuridad que los científicos han difundido al decir que ciertos rasgos físicos y matemáticos del universo llevan a postular, como una hipótesis que les parece muy fecunda, a un Dios –un Dios construido– atrás del Big Bang. Ante eso sólo puedo reír y decirles: “Vengan, miremos un pesebre”, y tratar de explicarles lo que es un pesebre, recordando a las madres que, en muchos de los países que conozco, envuelven a su hijo en un harapo en la esquina de una calle horas después de su nacimiento. 

David Cayley: En nuestras conversaciones anteriores, tú decías también que, con la Encarnación, el pecado había cambiado de sentido. Me gustaría oír más al respecto.

Ivan Illich: A mi manera de ver, Cristo abrió nuestros ojos de manera única y definitiva sobre la relación entre David e Ivan aquí y ahora o, si prefieres decirlo así, entre un “yo” y un “tú”. Antes de que Cristo la revelara, no existió la posibilidad de esa forma de relación aun si hubo cosas ligeramente parecidas. Estoy cada vez más convencido de poder defender este argumento ante cualquiera que quiera ser mi adversarius. En el curso de una de nuestras últimas conversaciones, evocamos al samaritano –un palestino que no adoraba a Dios en el Templo de Jerusalén– que ve a un judío tendido, herido, al lado del camino y se vuelve hacia él. Al igual que el samaritano, somos criaturas que sólo pueden encontrar su perfección estableciendo una relación. Esta relación parece arbitraria a los ojos de todos, salvo del samaritano mismo, porque él responde al llamado del judío golpeado. Pero esta relación, tan pronto se ha establecido, puede ser rota y denegada. Una forma de infidelidad, de desprecio, de frialdad que no existía antes de que Jesús lo revelara se ha vuelto posible. Antes de esta revelación, el pecado, en este sentido, no existía. Sin el vislumbre de la mutualidad, la posibilidad de su denegación y de destrucción era impensable. Una nueva forma de lo que debe o debería ser se estableció. Este ´debe ser´ no está ligado a ninguna norma. Tiene un télos. Está orientado hacia alguien carnal, pero no según una regla. Hoy en día, las personas que se ocupan de ética o de moralidad se han vuelto incapaces de no hablar de normas. Para ellas, el ´debe ser´ tiene que estar encadenado a las ´normas´.

David Cayley: En nuestra conversación anterior, tú te opusiste a mi uso del término poscristiano para caracterizar nuestro tiempo. Me dijiste: ´no, nuestra época no es poscristiana, es apocalíptica´. ¿Qué significa vivir en un mundo apocalíptico?

Ivan Illich: Al no querer calificar nuestra época de poscristiana y al insistir sobre su carácter apocalíptico, me definí en cierta manera como un discípulo de Santo Tomás de Aquino. Así entiendo su expresión per fidem quaerens intellectum y per intellectum quaerens fidem: buscar mediante la fe una comprensión del tiempo desde Belén y tratar de entender con la inteligencia los dos primeros milenios cristianos. El mundo cambió para siempre por la aparición de una comunidad –y la palabra ´comunidad´ siempre define un ´aquí´ y un ´allá´– fundada por completo sobre la contribución de cada uno, cualquiera que sea su rango, a la conspiratio del beso litúrgico. Una comunidad, por lo tanto, creada por un intercambio físico y no por alguna referencia cósmica o natural. Cuando un ´nosotros´ puede advenir como resultado de una conspiratio –literalmente, un soplo compartido–, estamos ya fuera del tiempo. Vivimos ya en el tiempo del Espíritu. Una consecuencia de ello es la aparición de un nuevo tipo de mal que llamo el pecado. El pecado difiere radicalmente de cualquier forma de ´nobien´ que se pueda concebir en términos seglares. Es también distinto de las viejas ideas sobre el ´no-bien´, concebido como lo no armónico, inconveniente, no proporcional. Estos términos son insuficientes para expresar el tipo de mal que es el pecado. Hoy vivo en un mundo en el que el mal ha sido remplazado por el desvalor. Nos enfrentamos a algo que, en alemán, lengua tan propensa a las combinaciones de palabras, llamé Entbösung, desdiabolización. Cuando la lancé en Alemania hace unos veinte años, esta palabra hizo reír. No puede haber desarmonía en un piano bien templado; no puede haber edificios inarmónicos una vez que se perdió la idea de los órdenes de la arquitectura, como lo mostró Joseph Rykwert en su libro The Dancing Column. Así que en este periodo apocalíptico de dos mil años, hubo primero una pérdida del sentido tradicional del mal, una desdiabolización seguida, en nuestros días, por algo que, no encontrando un término mejor, llamaría ´concretud desplazada´ o quizás ´matematización´ o ´algoritmización´ -lo que Uwe Pörksen trata de captar con su idea de palabras plásticas. Durante un milenio y medio, todo nuestro pensamiento social y político se basó en la secularización del samaritano, es decir, en la ´tecnologización´ de la pregunta: ¿Qué hacer cuando el afligido me sorprende de repente en el camino? ¿Respondí tu pregunta?

David Cayley: Trato de parafrasearlo. La desdiabolización que resulta de la pérdida del sentido de la proporción sólo se hizo posible después de que Jesús ampliara el horizonte de lo posible mediante la respuesta que dio a los fariseos… Tú decías que toda la era posBelén es apocalíptica por definición…

Ivan Illich: Sí, pero en el uso moderno el término apocalíptico significa una especie de desastre. Para mí significa revelación o develamiento. Nuestra conversación de hace dos años, que queremos profundizar ahora, trataba de mi hipótesis de que la corrupción de lo mejor es lo peor. Pero cuidado, esta hipótesis implica también que el esfuerzo de la Iglesia por conferir poder temporal, visibilidad social y permanencia al ejercicio de la ortodoxia, a la fe justa y a la caridad cristiana, no es en sí anti-cristiano. A mi manera de entender los Evangelios, que comparto con muchos otros, parten de la ´kenosis´, de la humillación a la que Dios condesciende cuando se hace hombre y funda o genera el cuerpo místico con el que la Iglesia se identifica. Este cuerpo místico es algo ambiguo. Por un lado, es la fuente de la continuidad de la vida cristiana en la que los individuos, actuando solos y juntos, pueden vivir la fe y la caridad. Por otro, puede ser la fuente de la perversión de esta vida mediante la institucionalización que transforma la caridad en una conducta seglar y la fe en una práctica obligatoria.[2] ¿Por qué lo digo? Porque creo que la única forma en que puedo mantener la esperanza frente a los acontecimientos que ocurrieron durante los años de mi vida consiste en decir: la bondad y el poder de Dios brillan más gloriosos que nunca en el hecho de que puede tolerar –volveré sobre éste término– el carácter mundano de su Iglesia, semilla de la que germinaron las organizaciones de servicios modernas. Para decirlo en palabras más fáciles. Creo que no vivo en un mundo poscristiano, sino apocalíptico. Vivo en el kairós en el que, por su propia culpa, el cuerpo místico de Cristo está constantemente crucificado como lo fue su cuerpo físico que resucitó en Pascua. Por ello, espero que la Iglesia resucite de la humillación que ella misma se infligió por haber engendrado el mundo de la modernidad. La Resurrección está atrás de nosotros. Lo que hemos de esperar ahora no es la resurrección del Señor ni la asunción física de Nuestra Señora María al cielo –extraña muchacha que no he podido dejar de tomar como mi ideal desde que era muchacho. Es la resurrección de la Iglesia; y cuando digo que creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna, la resurrección de los muertos es, para mí, la resurrección de la Iglesia. Hace dos años, viniste a verme diciendo que querías hablar de la corruptio optimi quae est pessima, de ese aforismo latino que dice que la corrupción de lo mejor es lo peor. Cada vez que busco las raíces de una de las certidumbres de la modernidad, encuentro su origen en lo que llamamos el segundo milenio: una excrecencia de la Iglesia que me parece, no una realidad poscristiana, sino una realidad cristiana pervertida. El término poscristiano podría entenderse como un retorno a una inocencia renovada en la que el mal volvería a ser el simple mal, sin el pecado. La manera como juzgo y espero aceptar las instituciones modernas no es como simples males, sino como expresiones del pecado, intentos de realizar, por medios humanos, lo que sólo Dios, llamándolo a través del judío herido, podía dar al samaritano, la invitación a actuar con caridad.

David Cayley: Mircea Eliade, un autor que yo solía leer de joven, hablaba de la ´valorización cristiana del tiempo´. Después de Belén, como lo acabas de decir, el tiempo, para los cristianos, deja de ser cíclico y adquiere una dirección definitiva e irreversible. Y esta dirección, según Eliade, ha sido preservada hasta por los descendientes seglares de la cristiandad, como el marxismo que, en cierto sentido, no deja de esperar el final. Pero en los últimos quince o veinte años, la gente empezó a adoptar el término posmodernidad, que sugiere un retorno al tiempo cíclico o a la inocencia renovada de la cual tú hablas.

Ivan Illich: Si lo entiendo bien, me estás lanzando un anzuelo para que, al morderlo, te revele mis reflexiones o hasta mis sentimientos sobre el estado de ánimo propio de lo que se ha llegado a llamar poesía, novela y filosofía posmodernas. Lo tomaré como una pregunta sobre la transformación de la dimensión temporal o temporalidad en el curso del tiempo transcurrido desde nuestro nacimiento. ¿Cómo esa especie de desfiladero al que entramos en el curso de los años 1970 afectó nuestro sentido de lo que, a falta de mejores palabras, llamaré temporalidad, espacialidad y frontera, los tres inevitablemente ligados? Para hablar de la transición, de la transformación, de la grotesca metamorfosis a la que aludes –ambos entendemos de qué se trata, aún si ni tú ni yo podemos decir con toda precisión lo que es, una dificultad inherente al tema– debo, por mi parte, empezar por examinarlo históricamente. ¿Cuándo empezó a ser lo que es ahora? Una vez que afirmamos que las cosas son históricas, que tendrán o tienen un final, aunque sólo sea en la mente, las percepciones, el cuerpo y la respiración de ciertas personas, ya implicamos y afirmamos que, en cierto momento, tuvieron un inicio, porque la temporalidad, la espacialidad y el tipo de frontera que hacían parte del bagaje de certidumbres de nuestra juventud y, más aún, de la juventud de nuestros padres, es de una especie para la que ni el medioevo ni las épocas anteriores tenían el sentido o el gusto. La manera más sencilla de hacerme entender es quizás contándote un encuentro internacional de planificadores-proyectistas o designers al que recientemente me invitaron a pronunciar el discurso inaugural. Para hacer bien las cosas, me llevé a dos amigos y colegas. Este encuentro tuvo lugar en Ámsterdam, en un teatro afelpado de color rojo. Los organizadores recomendaban que, debido a la importancia de desacelerar nuestros ritmos de vida, los ´proyectistas del futuro´ debían incluir en sus proyectos la categoría de velocidad. El siglo XXI, argumentaban, debe ser más que rápido, lento; debe pertenecer a los Trabajadores-Lentos-pero-Mejores, otra de esas fantasías destinadas a saludar el nuevo milenio. El argumento que yo trataba de defender se enunciaba así: soy historiador y sé que el mismo concepto de velocidad no existía antes de Galileo. Cuando Galileo concibió por primera vez la idea de metros por segundo o, más precisamente, de distancia recorrida en determinado tiempo, sabía que, al tomar como entidades separadas el tiempo y el espacio y recombinarlas en forma novedosa, rompía un tabú. El aquí y el ahora estaban tan íntimamente ligados en el hic et nunc que, antes de Galileo, era imposible hablar de uno sin hablar del otro. Galileo pretendió que podía observar el tiempo aparte del espacio. ¿Y qué? Todo el mundo lo sabe y lo ha hecho siempre. ¡No! Tuvo las mayores dificultades en hacerse entender. El análisis de esta recombinación del tiempo y del espacio, después de haberlos separado, requirió del invento del cálculo diferencial de Leibniz y Newton. Hoy, el concepto de tiempo en el que descansaba la modernidad está en crisis, tanto en la física moderna, como en la filosofía y la biología modernas. No hay duda sobre ello. Mi argumento es que el concepto moderno de tiempo jamás tuvo relación con la duración vivida, con el ´para siempre´ del voto matrimonial, por ejemplo, que no significa ´sin fin´, sino ´ahora, totalmente´. En mis cursos, para invitar a mis estudiantes a recobrar algo de la experiencia de un tiempo sin relojes, pido que uno de ellos me haga una señal cuando sea tiempo de una ´pausa-pipi´. Debemos reaprender un tipo de ascesis que nos permita saborear el aquí y el ahora como un lugar, un aquí que está entre nosotros ahora, como el Reino. Eso es una tarea de las más importantes si queremos salvar lo que queda en nosotros del sentido de la significación, de la metáfora, de la carne, de la mirada. Pero es precisamente aquí donde me encuentro en dificultades. El hambre de un sentido del aquí cultivado ascéticamente es muy intenso, y por lo que sé de las oleadas de posmodernismo a las que usted se refiere, podría decir que una sed de vivir de esa manera forma parte de la atmósfera de la época. Este deseo nace de un sentimiento de impotencia inducido por la tecnología en relación con el ahora. Está tomando el lugar del afán de planificarlo todo y de esperarlo todo del futuro que prevalecía en la generación anterior. Pero, para mí, esta hambre tiene un sabor a abdicación, a dejarse ir, a indisciplina. Lo que quiero cultivar en mí mismo y con mis amigos, no es la impotencia, sino la renuncia al poder, una renuncia impregnada por la percepción del aquí y del ahora entre el judío y el samaritano. Quizá Tomás de Aquino pueda ayudarnos a clarificar las cosas. En su tan frágil y única manera –con algunos de mis amigos, creo que el tomismo es como un delicado florero, algo glorioso, pero fácil de romper cuando se le arranca de su época, Tomás dice muy claramente que, para pensar la temporalidad, hay que distinguir, por una parte, entre el tiempo y la eternidad sin comienzo ni fin y, por otra, un tercer tipo de duración que él llama aevum. El aevum designa un tipo de supervivencia y de estar-juntos al que tú y yo estamos destinados. No tiene fin, pero sé que tiene un comienzo, aun si no lo puedo recordar con precisión. ¿Alguna vez le hablé de ese hombre que Gerhart Ladner me hizo amar, Petrus Lombardus? Para ciertos medievalistas ilustra la forma que tomó la esquizofrenia en el medioevo, pero Ladner me hizo más bien apreciar sus magníficas metáforas. Petrus dice que, como personas que vivimos en el aevum, estamos sentados sobre el horizonte. Para él, el horizonte es la línea que nos divide en dos desde la nariz hasta el trasero. Una parte está sentada en el tiempo, la otra en el aevum. Entiendo ésta metáfora como la expresión del tipo de criaturas que somos: vivimos el acto creador de Dios en un ´ahora y para siempre´ contingente, en cada instante. Esto no tiene nada que ver con la moda de un retorno al tiempo cíclico o al ´no-tiempo´, ni con un estado de vigilia vivido como un trance.

David Cayley: Perdona mi insistencia y mi brusquedad, pero quiero seguir empujándote hacia lo que yo creo captar del Nuevo Testamento posResurrección: la idea de que el fin ha empezado y ocurrirá pronto.

Ivan Illich: Conozco tu afición por esos tipos que confían en que la luz aparecerá pronto en este mañana, y si no mañana, pasado mañana. Pero, por otra parte, ¡qué privilegio es vivir en un tiempo en el que nuestra esperanza ha perdido sus calendarios seglares y sus andamios relojeros! Estamos en el tiempo de la esperanza sin andamios.

David Cayley: He leído recientemente en la Epístola de Santiago que el que duda o vacila es como el mar que las olas levantan y agitan. No tendrá amigos en el Señor, porque su alma está dividida, como si tuviera dos espíritus separados. Quizá no sepa interpretar lo que leí, pero pienso que, considerando las circunstancias en las que crecí, tendría suerte si sólo tuviera dos espíritus.

Ivan Illich: Esto tiene que ver con lo que Aelred [1110-1067 aprox.] dice de la amistad. Lo que pasa entre el judío y el samaritano es una semilla. Al crecer, será golpeada por los vientos y, si el tallo se rompe, nunca florecerá. A lo que tenemos que aferrarnos es a la semilla. El que no todas las amistades sean bellas ni gloriosas ni desarrolladas, eso lo dejo a los psicólogos. La fe, en su raíz, es un don que requiere fe en mi propia fe. Se le puede, en sus manifestaciones, burlar de manera terrible. Y, si entiendo bien a Santiago, no debo gloriarme de sobrevivir a mis dudas. En vez de ello, debo preservar la raíz profunda en el corazón, humildemente, en la renuncia a todo poder. Así sucede con el amor y la caridad. Son dones sobrenaturales. La dificultad es que 90 % de las personas a las que tengo la oportunidad de dirigirme dirían: “¡Por Dios!, ¿Qué significa ahora todo eso?”. Y sin embargo, creo que hay cada vez más gente capaz de entenderme cuando hablo de dones que son como semillas, más allá de lo que ocurrirá con ellos histórica o biográficamente. El Apocalipsis es el momento en el que el sentido de mi propia vida me será revelado. Es algo totalmente diferente de una autobiografía o, peor, de una biografía. Hubo un tiempo en que los hagiógrafos trataban de captar esta misteriosa historicidad de toda vida. Ahora, todo el mundo está demasiado infectado de psicología para poder captar el lado carnal de lo que ocurre aquí entre tú y yo. O, a fortiori, en esta esperanza sin andamios.

David Cayley: Hace rato, hablabas de la tolerancia de Dios por el carácter mundano de su Iglesia, y decías que ibas a volver sobre esa palabra.

Ivan Illich: Sí, usé esa palabra. Una hora más tarde, ya no estoy seguro de que debía decir Dios es tolerante, Dios es misericordioso. Pero la misericordia es algo increíblemente difícil de explicar hoy en día. Las lenguas semíticas tienen para ello una palabra que viene de la raíz ´raham´. Si buscas su etimología, verás que está asociada con la matriz y la naturaleza. La matriz en estado de amor, es lo que significa la palabra ´raham´. Los Setenta rabinos que tradujeron la Biblia al griego tuvieron muchas dificultades en encontrar un equivalente no semítico, griego, y escogieron la palabra ´eleos´, teñida de sentido de piedad, hasta para los griegos. Eleos es algo que Platón, en un magnífico pasaje, juzga aceptable entre las mujeres y los niños, pero no en los hombres maduros. Y Aristóteles lo enmienda así: “[…] al menos que esos hombres actúen como abogados tratando de inducir piedad por el acusado en el jurado”. ´Alms´, ´alms-giving´ es la manera inglesa, ´aumône´ la manera francesa y ´limosna´ la manera castellana de decir eleos. En inglés, la palabra sobrevive también en el adjetivo eleemoninary, derivado de un término griego latinizado. Cuando hablaba de la tolerancia de Dios, quería en realidad hablar de su ´raham´. Cinco veces al día, un buen musulmán se postra en dirección de la Meca, solo, o con otros, frente a Alá. Y en la primera frase de su oración, la palabra ´raham´ aparece dos veces. Después de todo lo que dijimos hoy yo, al menos, estoy muy sorprendido. Es como si hubiera fantaseado en dudas que me abofeteaban: ¿se puede creer en Alguien capaz de crear el revoltijo que te describí? El llamar a Dios misericordioso apunta al misterio de que sigue existiendo. Después de todo, es lo que los ingleses llaman ´sweat sorrow´, la dulce tristeza: ¿es posible que alguien que me conoce como Él sólo me conoce sea capaz de soportarme? Creerlo es dulce, porque allí pueden crecer la fe, la esperanza y la caridad. Hoy se habla de autoaceptación, de aceptación de sí mismo. Pero no necesito ningún ´sí´ o ´mí´ mismo para hacer el esfuerzo de aceptar que Él me soporta.

David Cayley: ¿Puedo concluir que, como lo entiendo, el misterio del mal –la Biblia de Jerusalén habla del misterio de la iniquidad– es precisamente la decadencia de la Iglesia, la creación de la ´religión´ cristiana?

Ivan Illich: Sí, son la verdad y la caridad instrumentalizadas o mantenidas instrumentalmente… máquinas para su instrumentalización y mantenimiento instrumental.

David Cayley: ¿No piensas que, al interpretarlas como lo hace, te tomas libertades con las intenciones de Pablo cuando escribía a los Tesalonicenses?

Ivan Illich: No, no creo tomarme tales libertades.

Notas:

[1] Texto disponible en http://grupolipo.blogspot.com.ar/2013/10/somos-criaturas-que-solo-pueden.html

[2] En este pasaje, podría advertirse la posición heterodoxa de Illich que conduce al gnosticismo y, de esa manera, a posturas afines al anarquismo. Acerca de anarco-gnosticismo, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/anarco-gnosticismo-2014-2015/

Ivan Illich. Ríos al norte del futuro. Parte I

{Descarga: 1) Obras reunidas 3 vol. [2006]; 2) Ríos al norte del futuro [2005]}

La era de los sistemas [1]

Una conversación entre Ivan Illich y David Cayley {Traducción de Javier Sicilia}

Comentario: Durante varios años, Ivan Illich se reunió a conversar con David Cayley. Después de su muerte, Cayley editó y publicó aquellas conversaciones bajo el título de un poema de Paul Celan: The Rivers North of the Future (House of Anansi Press, Inc., Toronto, 2005). De ellas hemos elegido la que le dedicó a ´la era de los sistemas´, como Illich definió la era que comenzó con el nacimiento de la computadora. La traducción de Javier Sicilia no está hecha de la edición en inglés sino de la traducción que Daniel De Bruycker y Jean Robert hicieron para Francia.

En uno de nuestros diálogos anteriores hablé de la idea de que la era instrumental o de las técnicas concluyó en el transcurso de los últimos veinte años. Podemos encontrar el germen antes, en la visión de la ´máquina universal´ de Alain Turing -aunque ella sólo aparece en su plenitud con la guerra del Golfo, esa guerra informatizada que mostró a los hombres, a la vez, su perfecta impotencia y su gran apego a las pantallas. [2]

Cuando hablo del fin de una era no excluyo que ella se prolongue en la historia. Siempre las eras se encabalgan un poco. Así, al presentarlo como un estadio anticipado, incluso como el último en la evolución de la sociedad tecnológica, lo que de hecho es radicalmente nuevo, y al llamar ´máquina´ a la función matemática que con brillantez analizó, Turing creó un puente entre la nueva era y la que llega a su fin.

Muchos grandes pensadores cayeron en una trampa semejante. En la Edad Media, en los inicios de la era tecnológica, Hugo de San Víctor y Theophilus Presbyter, los primeros en concebir los instrumentos de diversos oficios como distintos de la mano de los artesanos que los manejaban, no se percataron de la novedad absoluta de esa otra creación inédita    –la noción general de las herramientas como medios de producción.

El ser que nació con Hugo ahora se ha acabado porque la computadora no puede concebirse como una herramienta. Para emplear una herramienta debo imaginarme como distinto de ella; debo saber también que puedo tomarla o dejarla, emplearla o no. Incluso una máquina tan moderna como el automóvil es todavía un aparato que para hacerlo arrancar debo dar vuelta una llave. Se podría objetar que un automóvil no puede rodar sin un sistema carretero (aunque me haya sucedido conducir un jeep en pleno desierto), y sin lugar a dudas un Ford T estaba más cerca de un simple martillo que de los actuales modelos japoneses que evocan más una especie de ´software´ y que ´giran´ en la ´máquina´ constituida por carreteras, tribunales, policías y servicios hospitalarios de urgencias. Pero todo esto no quiere decir que frente a un automóvil no pueda todavía imaginar una distancia, una exterioridad entre él y yo. Esa distancia se vuelve pura ilusión cuando creo un macro con WordPerfect para clasificar mis notas a pie de página. Convertido en usuario y en parte del sistema, no puedo considerar mi relación con esa caja gris como Theophius Presbyter lo hacía con un formón.

De ahí la distinción que de entrada establezco entre la sociedad vista a la luz –y a la sombra– de las herramientas todavía distintas de quien las utiliza, y la sociedad de sistemas hacia la que levamos anclas.

Tomemos, por ejemplo, un acontecimiento en el orden del lenguaje: la proliferación en el transcurso de los últimos quince años de esos anuncios expertos –sobre los efectos de la ingestión de cerveza, de fumar tabaco y sabe Dios qué otros– que nos inundan con instrucciones y consejos transmitidos no bajo la forma de frases, sino de íconos. Por íconos no entiendo, claro está, las imágenes sagradas, sino esos innumerables buriles que día con día substituyen al lenguaje. Hablo del empleo de imágenes como argumentos. La curva demográfica es el ícono de algo en movimiento que hoy en día sabemos que no es estable y de la que a expensas nuestras hemos aprendido que, en cierta forma, se nos escapa a través de medidas de control de la natalidad tan detestables que preferimos callarlas. Nombrar esa curva es un acto de sumisión al experto, al especialista que estableció la estadística.

Un ícono –que represente la curva de la población u otra realidad administrativa– es un marco, elegido no por mí, sino por otro para mí. No es el caso de una frase. Mediante esa libertad singularmente hermosa e inherente al lenguaje que impone a mi interlocutor esperar con paciencia que rumie esas palabras en mi boca, mis frases siempre pueden romper el marco que tú quieres imponerles.

El icono, en cambio, fija de súbito lo que evoca, produciendo una parálisis visual que inmediatamente se interioriza. Mientras que ´poblar´ es, en español, algo que se realiza en una cama, entre dos, y en inglés antiguo se podía todavía ´poblar´ un territorio, en el sentido activo, lo que designa la curva de población nada tiene que ver con las relaciones carnales. Esa palabra es una prisión, una camisa de fuerza fabricada por expertos incontestables. Y lo que se llama instrucción, sobre todo en la enseñanza superior –en diez años en Penn State pude medirlo con espanto–, es una camisa de fuerza tal que bajo ella el estudiante se transforma en un orgulloso intelectual que se abstendrá de cualquier palabra que pueda reemplazarse por una imagen.

La representación visual, icónica, determina la palabra al grado que ya no se puede pronunciar una sin evocar inmediatamente la otra. Mi amigo Uwe Pörksen, en un reciente libro, llama a esos íconos visiotipos: formas elementales de interacción social que, a la inversa de las palabras, no permiten formular una frase.[3] Me explico. Al verbo que une al sujeto con el predicado (u objeto) de la frase se le llama cópula, una palabra maravillosamente carnal que análoga al sujeto y al objeto de la frase con los jugueteos de una pareja. Los visiotipos no mantienen una relación así con ningún predicado. Son entidades fijas, estáticas, que escapan a la relatividad de las palabras.

En términos lingüísticos, son estereotipos connotativos, análogos, en ese sentido, a esos elementos sonoros a los que Pörksen consagraba su libro precedente sobre las ´palabras-plásticas´.[4] Son términos muy respetados, poco numerosos, idénticos en todas las lenguas modernas, que tienen innumerables connotaciones, pero que no denotan por ellos mismos nada claro ni preciso. En eso se corresponden con los ´visiotipos´ y son sus únicos equivalentes verbales posibles ahí en donde las palabras comunes y corrientes no se aplican y en donde cualquier tentativa en este sentido sólo engendra confusión. Esas ´palabras-amibas´, como prefiero llamarlas, sólo pertenecen al campo del conocimiento personal.[5] Me integran, pero no puedo integrarlas a lo que verdaderamente sé.

El otro día, a propósito de la aparición de los anuncios de espacios virtuales recordaba, para divertirnos, que en los quioscos de los bulevares parisinos había estereoscopios que permitían echar una mirada a la ´mercancía´ de los burdeles vía el espacio virtual creado por dos cámaras que tenían la separación de cuatro veces la distancia entre nuestros dos ojos para acentuar el realismo de la reproducción de las carnes (los primeros y últimos planos eran borrosos) y hacer más atractiva la invitación a los parroquianos a ir a buscar aquello que, fatalmente, los engañaba. Tomo este ejemplo del excelente análisis de Jonathan Crary sobre la invasión de los espacios virtuales en la vida cotidiana.[6]

En él nos muestra que en el transcurso de los años setenta los espacios virtuales se generalizaron. Sin embargo, si tomamos en cuenta la historia del cuerpo, en particular la de la visualización del interior del útero de la mujer encinta, podemos descubrir una gran difusión de esos espacios treinta o cuarenta años antes.

Agregaría que cada vez que vemos un ´visiotipo´ dejamos que la virtualidad de la que es portador nos contamine. Empleo a propósito esta palabra, pues nuestras conversaciones responden también a nuestra voluntad de atravesar este mundo con un mínimo de contaminación de nuestra carne, sin hablar de nuestros ojos ni de nuestra palabra, y de ser conscientes de la dificultad de llegar a él. La lengua –tanto mi lengua interior silenciosa como la lengua pública en la que converso con otros– está amenazada por la virtualidad de esa manipulación, masivamente visual, de mis pensamientos. Y tengo la obligación de defender mis sentidos para que ese mundo de ´visiotipos´ no los atrape si no quiero, bajo su bombardeo sabiamente programado, comenzar a verme como un homo transportandus o un homo educandus, un hombre en espera de un medio de transporte o de instrucción.

Tengo que hacer aquí una pequeña digresión a propósito de la historia de las técnicas, que erigió en lugar común la idea de que la gente toma de sus herramientas la imagen que tiene de sí misma y su concepción de la sociedad. En la Edad Media, en el estadio preindustrial, la idea de las tools of the trade, ´herramental del oficio´, fue una condición previa para la formación de guildas. Pensemos en la influencia del tema marxista de los ´medios de producción´ de 1850 a la Segunda Guerra Mundial, en la importancia del reloj y de la caja de música mecánica a finales del Barroco, o también en la época del reloj público en un campanario y del reloj de péndulo en un salón; después, en la época del reloj de bolsillo. El evidente impacto de esos aparatos sobre los modos de pensamiento acreditaría la idea de que toda nueva herramienta entraña cambios en nuestra concepción de nosotros mismos y de nuestras instituciones sociales.

Sin embargo, la noción general de herramienta debe presentarse antes de que los efectos de alguna herramienta puedan percibirse y admitirse. También vale la pena examinar la posibilidad de que la relación entre técnicas y conceptos pueda ser inversa a lo que actualmente suponen los historiadores. Así, las tentativas para poner a punto la visión estereoscópica preceden en veinte años a la fotografía que después actualiza la idea y hace entrar al estereoscopio en los hogares, pero de ninguna forma está en el origen.

No creas que estas son cuestiones muy lejanas o académicas. En 1926, por ejemplo, la American Educational Association afirmaba que, al igual que una biblioteca de por lo menos setecientas series de imágenes sobre temas como los dioses griegos o la química es una biblioteca de buen nivel, una escuela norteamericana no puede pretender ser una buena escuela si no dispone por lo menos de tantos estereoscopios como alumnos tenga en su clase más numerosa, de tal suerte que todos los niños, hasta los más pobres, puedan descubrir la realidad a través de esa ventana. ¿Qué relación hay en esto? Que el deseo de alcanzar cierto objetivo precede con frecuencia, me parece que en una o dos generaciones, a la creación de la herramienta correspondiente.

Volvamos a nuestro tema principal. Hay dos maneras diferentes y, creo, irreconciliables de interpretar el actual atolladero. En mis escritos de los años sesenta y setenta, evocaba la modernización o profesionalización del cliente, buscando mostrar cómo este forma su percepción de sí mismo interiorizando, por ejemplo y para decirlo rápidamente, el sistema escolar. Nos clasificamos y nos dejamos clasificar por otros en función del punto de la curva que hemos obtenido. De igual manera se interioriza la necesidad de salud y de cuidados afirmando el derecho al diagnóstico, a los analgésicos, a los cuidados preventivos y a una muerte medicalizada. También, una vez interiorizado el automóvil, trabamos nuestros propios pies y tomamos el volante para ir hasta el supermercado.

Después, en los años ochenta, al comprender que la gente estaba más absorbida o integrada al sistema de lo que al principio vi, evolucioné hacia otro punto de vista. No era una sutileza. Un estudiante que triunfa como un individuo que ha ingerido los postulados del sistema educativo, se reconoce como un productor-consumidor de saber –un ciudadano, de alguna manera consciente de ese privilegio y capaz, reivindicando ese derecho, de justificar que ese sistema se extienda a todos. El que se dejó inocular la necesidad de aliviar su dolor, de escapar a las anomalías físicas y de prolongar su vida, se veía al menos como portador, en sus relaciones con las grandes instituciones, de la idea de que podía servirse de ellas para la satisfacción de sus propios sueños o necesidades. Pero ¿qué será de aquel que ha sido ingerido por completo por el mundo concebido como sistema, representado o vuelto presente en su imaginación a través de una secuencia discontinua pero seductora de ´visiotipos´? Para ese, la opción de un compromiso político y el léxico de necesidades y derechos que tuvo su auge en los años sesenta y setenta pierden pertinencia. Todo lo que podemos esperar es que nos deshagamos de esos glitches –me parece que así se les llama en la teoría de la comunicación– o adaptar de manera más flexible las entradas y las salidas.

En los años sesenta se podía hablar en términos plausibles de ´la secularización de la esperanza´. La sociedad perfecta, el futuro ideal, el más allá del horizonte despertaban un deseo. La gente se sentía todavía parte de un poder. Pero sin esta apertura, hablar de una responsabilidad histórica o moral no rima con nada. Esa responsabilidad solo se extiende a aquello sobre lo que tengo de una u otra forma poder. El discurso de los años sesenta reflejaba la fe de la gente –aunque fuera puro cuento– en el poder de las instituciones y en su propia capacidad de participar en ellas. Los que estaban investidos de un poder podían todavía experimentar una fe secularizada en el desarrollo, el mejoramiento, el progreso.

En esta nueva era, por el contrario, el tipo humano –estos últimos años he visto muchos– es un individuo que, cogido por uno de esos tentáculos del sistema social, ha sido tragado por él. ¿Cómo podría participar todavía del advenimiento de alguna esperanza? Sorbido por el sistema se mira como un subsistema –con frecuencia como un sistema inmune, es decir, apto para mantener un equilibrio provisional a través de cualquier cambio en su entorno. Y cuando un hombre así busca expresar su conciencia de sí, es atroz escuchar su extravagante discurso sobre la vida como un subsistema capaz de optimizar su entorno inmediato (ahí reconocemos la hipótesis Gaya).[7]

Tratemos de simplificar. Tú [David Cayley] tienes hijos y un día me confesaste que te costaba mucho trabajo comprender qué les atrae tanto de la ropa de marca: ¿por qué llevar una camisa con un ícono? Creo que es una manera poética mediante la cual la persona quiere significar que el sistema se la ha tragado, que necesita un ícono que pueda tocar cuando quiere obtener algo, aunque sea la atención de otros. Eso es precisamente lo que debo comprender si quiero practicar, sobrepasando a Buber, la relación Yo-Tú[8]: hacerle frente, estar delante de tu pupila, de la propia visión de mí mismo que tú tienes, que me hace real –esta relación, de la que quiero plantear el fundamento intelectual de una práctica ascética que la estimule. Por supuesto, se trata de un par de canales distintos a los del filántropo romántico de otrora, a los del social demócrata de hace poco o a los de los ecologistas de antaño, para quienes el ego no se definía mediante un ícono. Necesitamos enfrentarnos hoy en día con el hombre de nuestro tiempo, del género que coloca un ícono en su pecho y afirma perentoriamente: “Heme aquí, soy yo”.

Al evocar así los íconos modernos, concluyo mi búsqueda, a veces balbuceante, de la iconosepsis en Occidente, de la duda y la vacilación frente a las imágenes en las que mi mirada podría zozobrar.[9] En esta historia, la legitimación de la incondulia, de la devoción a los santos íconos me parece un avance; me permite excavar en la eternidad para descubrir en ella la verdad última bajo los rasgos de un cuerpo vivo más allá del umbral de una imagen. Pero la incondulia [´idolatría´] nunca impide vigilar al mismo tiempo la mirada.

La proscripción de las imágenes en el judaísmo y en el Islam –como yo la entiendo– quiere impedir que el rostro se vuelva una imagen al que mires como una fotografía fija. Quiere que permanezca constantemente vulnerado a lo que el acto de mirarlo en persona me revelará de mí mismo, arrancándome de todas las ilusiones, consuelos y otras fantasías que no me ayudan a vivir conmigo mismo en este momento e invitándome a buscarme a través de lo que sus ojos me hacen descubrir.

Con la mecanización de la imagen por la fotografía un nuevo y mayor paso se ha franqueado en relación con la terrible amenaza que la imaginería, en particular la del rostro humano, hace pesar sobre nuestra presencia mutua y la capacidad que cada uno tiene de descubrirse enfrentando al otro. A fuerza de ver fotografías en todas partes nos olvidamos de cuánto la imagen interfiere con esa mirada fundamental e insondable que abraza varios niveles simultáneamente –hasta el más allá en el creyente.

Sin tomar en cuenta todo lo demás, al concebir la mirada bajo el modelo del camascopio [cámara de video], la imagen satelital de la tierra se admite como una vista real –como si ella fuera un punto de vista humanamente posible. La costumbre de ver bajo nuestros ojos cosas que por naturaleza no son del orden de lo visible –ya sea por su ínfima talla, más pequeña que la longitud de onda de la luz roja; ya sea porque, por más que veamos, permanecen ocultas bajo la piel: como el latido de mi corazón–; el reconocimiento visual de nociones abstractas como la representación de cantidades o el pretendido genoma, con sus implicaciones de comando y de control… y así sucesivamente, nos hacen perder la costumbre diaria de posar nuestra mirada sobre lo que cae en nuestros ojos.

Entonces sí. La iconoscepsis y el mandamiento de ´no te harás imagen…´[10], de la gente del desierto, judíos o musulmanes, son contrafuertes necesarios a ese desafío único, a ese nuevo campo que la Encarnación y mi fe en ella abren al amor –pues es la realización de ese potencial el que está amenazado de muerte cuando los niños aprenden de las escuelas a comprender y utilizar sus ojos como un camascopio. Entramos en eso que llamaría una sociedad amortal.

A título de ejemplo abriría una computadora y le mostraría lo que significa el ´aplastamiento´ de un estado de datos. Lo llevaría a una unidad de cuidados intensivos, en el momento en que el encefalograma que parpadea encima del paciente se vuelve plano. O bien, lo llevaría a ver ese cartel publicitario, que nos chocó tanto a mí y a muchos amigos, sobre la orilla de la carretera de Claremont a Los Ángeles en el que se ven las ondas de un encefalograma, luego la señal plana y, por último, en grandes letras, el nombre de una compañía aseguradora. Nada de todo eso evoca la muerte, porque morir es un verbo intransitivo, es algo que puedo hacer, como caminar, pensar o hablar. No puedo ser morido; puedo solamente ser asesinado; por poco que eso me deje algunos segundos o minutos, puedo consagrarlos para despedirme de la vida.

Cada sociedad tiene su arte de morir. Esta mañana, justo antes de que usted llegara, una mexicana vino a contarme de su pobre hermana que no puede morir porque, aunque se encuentra en agonía, tres de sus nueve hijos se rehúsan a dejarla ir. Ella recuerda el día en que le dijo a su padre: “Papá, puedes irte en paz, yo me ocuparé de mamá”. Después de eso les dijo a sus dos hermanos que no se metieran y su padre murió. Me lo dijo de manera admirable, con el rostro iluminado. “Sí –le respondí– hay que tomarlo como modelo”. Siempre es posible, incluso en el marco de supuestos sistémicos. Todo sigue siendo posible, aún una sociedad (si esa es la palabra) edificada en términos de reacciones a programas, sin separación entre subsistemas inmunes y su funcionamiento global, que evacúe la mortalidad.

La mortalidad no se confunde con un sistema inmune portador de una probabilidad de sobrevivencia limitada, o todavía no ´aplastada´. Quien se ha inculcado el hábito de una conducta virtuosa hasta el grado de que vivir ´bien´ se vuelve en él una segunda naturaleza, ese integra a su conducta la idea de la muerte como, por ejemplo, el paso del umbral que lleva al mundo de los ancestros o al reino de Cristo en el más allá (Philippe Ariès, en su libro sobre las maneras de morir, evoca magníficamente las prácticas que se observan en diversas partes del mundo[11]).

Pero un hombre que constantemente se administra como un sistema se encuentra por completo impotente frente al hecho de saber que su vida va a concluir. Esa condición de amortalidad se refleja en el llamado dirigido a los médicos de hacerse ejecutores de grandes obras. Si un servicio así se articulara, te imaginas el formidable certificado de impotencia nacional que se crearía. Hay en el armario de cualquier ama de casa toda suerte de medios muy eficaces para irse; tenemos al alcance de la mano más venenos que nunca, y ahí está la Hemlock Society para enseñarnos cómo usarlos.[12] No promuevo el suicidio: lo que digo es que la idea de institucionalizarlo, rehusándole al individuo la aptitud para hacerse cargo de ello, es el reconocimiento de una impotencia nacional que casi sobrepasa el entendimiento.

La profesión médica se ha vuelto una fábrica que fabrica cuerpos medicalizados a expensas del contribuyente, y el que a los médicos se les llame para ser prescriptores de muerte para sus pacientes revela de manera más clara que nunca su perversidad. Cada sociedad ha tenido sus curanderos, con aptitudes específicas variables. La mayoría distinguía hasta una docena de tipos de especialistas –como en este pueblo [Ocotepec], donde diversos ancianos y ancianas representan papeles que corresponden a lo que llamaríamos la salud. La misión de todos ellos era permitir al paciente soportar el sufrimiento y dirigirse de manera más o menos apacible hacia la muerte. Descubrí, por ejemplo, que durante la peste de Bolonia fueron los fabricantes de candelas y los mercaderes de esencias los que procuraron lo que se necesitaba para morir dignamente.

La idea que aparece en el médico de matar a sus pacientes bajo demanda es monstruosa, pero se explica fácilmente. En cierto momento, y con el sostenimiento de nuestras instituciones más venerables, en particular religiosas, el médico deja de sanar a un paciente para tomar a su cargo la vida humana. Intenté demostrar en Némesis médica que ese movimiento inició a mediados del siglo XIX. En esa época se muestra al médico, con la nueva jeringa hipodérmica e intravenosa en la mano, afrontando la muerte en un combate singular. Encontré incluso una imagen en donde ésta, bajo los rasgos de un esqueleto, se hace lanzar a la calle. Desde ese momento, el médico se volvió un administrador de la vida. Al final se vuelve completamente natural llamar a ese productor de cuerpos medicalizados para que acuda como ejecutor.

En una carta que pronto se publicará,[13] escrita a una religiosa que conocía desde que era adolescente –hoy ya mayor y superiora de una admirable comunidad contemplativa–, evocaba a una mujer, a una amiga, que me había confesado su proyecto de poner fin a su vida. Se había preparado para el invierno siguiente e incluso había elegido el lugar, al pie de un árbol. Aunque alcohólica, su vitalidad y su lucidez estaban intactas. “Ivan –me dijo–, usted es químico, usted conoce de eso.[14] Dígame qué veneno emplear”. Era una mujer obstinada, créeme, no había manera de discutir con ella. Lo único que pude hacer es devolverla a sí misma. Pero lamento, escribía a mi amiga religiosa, no haber ido a comprar una botella de Johnnie Walker Black Label, su marca de whisky favorita, y dejarla a la entrada de su casa en señal de que lo que me había dicho no era obstáculo para nuestra amistad, como seguramente lo creyó al ver mi expresión.

Me rehúso a dar mi consentimiento al suicidio de cualquiera, pero tres veces al menos en mi vida he tenido que decir a gente muy diferente –como sólo puede encontrarse en una vida como la mía–, “Yo no te abriré la ventana, pero estaré a tu lado”. No ayudar, sino acompañar. Esa es una posición que a los miembros de nuestra encantadora sociedad les cuesta un trabajo de los mil diablos admitir.

Recientemente tuve la demostración de la dificultad de creer que un hombre como yo pudiera abstenerse de juzgar el suicidio de un amigo. Insertar en ello los signos de la traición me parece que está más allá de mi competencia.

Para concluir con esos cuerpos medicalizados. La producción y el suministro a los miembros de la sociedad de dicho cuerpo son un aspecto de esa evacuación del sentido del bien, del mal y de lo que nos conviene a nosotros mismos y a nuestro equilibrio humoral interno, progresivamente reemplazado –ya lo he puesto en evidencia como uno de los signos de la modernidad– por el registro de valores. El cuerpo medicalizado se define por un conjunto de valores positivos o negativos medidos en relación con un punto cero que se fijó de manera abstracta. Se evalúa. Basta ver cómo los pacientes de un hospital viven sus propios diagramas: preguntan, “Doctor, ¿cómo está hoy mi presión arterial?”, y ya no ¿cómo se sienten hoy? Algo fundamental se pierde cuando me escruto en relación con esos valores en lugar de sentirme como un nudo de sufrimientos, semiimpotente, agotado, pero soportando todo eso. ¿Por qué y cómo debo soportarlo? Diversos mundos pasados han respondido a ello a su manera. El mío habla de una cruz que debo llevar. Esta cruz no deja de ser algo malo, aun cuando yo la lleve. Pero como lo dijimos en nuestro primer encuentro, ella está de alguna forma y paradójicamente glorificada por la creencia de que Dios se hizo hombre con el fin de llevarla. No la gloria del in hoc signo vinces de Constantino en donde la cruz se volvió un instrumento de poder, sino la cruz como un emblema de vergüenza y derrota que el Hijo de Dios decidió llevar.[15]

Al hablar del mal he dicho que una dimensión totalmente inaudita del mal surgió con la posibilidad del pecado que es la traición de un amor nuevo y libre [que llegó con la encarnación y la prédica de Jesús]. Impedir al hombre hacerse cargo de su cuerpo es para mí un mal de ese orden. Sin embargo, el que sólo razona en términos de valores no puede verlo así, bajo el ángulo del pecado. De esa manera, pensar el cuerpo como un sistema o un subsistema oculta el pecado.

Notas:

[1] Texto disponible en http://www.ivanillich.org.mx/libros.htm Le he realizado modificaciones mínimas con el objetivo de facilitar su lectura. Advertirán que existen párrafos o frases un poco ambiguas. Tal vez se deba a la traducción, tal vez remitan al texto original.

[2] Alan Mathison Turing (1912-1954), matemático y lógico británico introdujo en un artículo publicado en 1936 el concepto de un aparato de cálculo teórico, la “máquina de estados discretos”, conocida más tarde como la “máquina de Turing”; ésta es el origen del desarrollo de la inteligencia artificial. [Nota del Editor].

[3] Weltmarkt der Bilder: Eine Philosophie der Visiontype (El mercado mundial de las imágenes: filosofía de los visiotipos), Klett-Cotta, Stuttgart, 1997. [Nota del Editor]

[4] Plastikwörter, Lett-Cotta, Stuttgart, 1997. Illich en otra parte da como ejemplos las palabras ´sexualidad´, ´crisis´ o “información”. [Nota del Editor]

[5] Amiba: célula rudimentaria y primitiva con alta capacidad de contagio como si se tratara de un parásito. [Nota del Editor secundario]

[6] Techniques of the Observer: On vision and Modernity in the Nineteenth Century, MIT Press, Cambridge, 1990. [Nota del Editor]

[7] La hipótesis Gaya, propuesta por el investigador británico James Lovelock en Gaia: A New Look at Life on Earth (Oxford University Press, 1979), concibe la vida terrestre en su conjunto como un sistema homeostático o autorregulado. [Nota del Editor]

[8] El filósofo judío alemán Martín Buber (1878-1965) distingue en Yo y Tú la libre relación interpersonal “Yo-Tú” de la relación interesada o instrumental “Yo-Eso”. [Nota del Traductor]

[9] Iconosepsis: refiere de manera figurada a la contaminación provocada por imágenes que son copias de imágenes al infinito. En los párrafos subsiguientes, la traducción incluye el término iconoscepsis, referido a la prohibición de las imágenes. Es posible que se trate del término elegido por Illich para ambos casos y mal transcripto por el traductor. [Nota del Editor secundario]

[10] En la versión disponible de este texto, aparece primero iconosepsis (saturación de imágenes) y luego iconoscepsis (prohibición de imágenes). Puede tratarse de un error de tipeo en el primer caso, aunque al no disponer del texto primario resulta difícil elucubrar. [Nota del Editor secundario]

[11] L’homme devant la morte, Seuil, col. Points historiques, París, 1985. [Nota del Editor]

[12] La Association Cigüe, que milita para la legislación del derecho al suicidio. [Nota del Editor]

[13] “Longevité posthume (Epiphanie, 1989)”, en La perte des sens, Fayard, 2004. [Nota del Editor]

[14] Illich estudió química en su juventud. [Nota del Editor]

[15] “Con este signo vencerás”. El historiador Eusebio cuenta que cuando el emperador Constantino fue a combatir a Maxence, una cruz en el aire se apareció a su ejército con esas palabras. Constantino fue el primer emperador romano que se convirtió al cristianismo y preparó su establecimiento como religión oficial del Imperio. [Nota del Editor]

Kaczynski, contra la militancia [completo]

“…lo único que había sobrevivido de la lucha literaria contra los efectos del capitalismo industrial eran los relatos para chicos de Tolkien.”

Ricardo Piglia, El camino de Ida [2013]

I.-

Los cinco párrafos iniciales de La sociedad industrial y su futuro (Industrial Society and Its Future, 1995) diagnostican [1]: la Revolución Industrial y sus consecuencias han resultado un desastre (´disaster´) para la humanidad [#1]; la expectativa de vida se extendió pero aumentaron las agresiones físicas y psicológicas sobre el ser humano, y creció el daño contra el mundo natural [#1]; la salida es una revolución que ataque los fundamentos económicos y tecnológicos de la sociedad industrial [#4]; una reforma no impediría que el sistema prive a las personas de libertad y de autonomía tal como lo hace hoy [#2]; el problema es poco menos que inabarcable, en consecuencia, el análisis se focalizará en aspectos que no hayan recibido suficiente atención [#5].

Un aspecto poco analizado y, según el autor, el que mejor pone en evidencia la locura (´craziness´) de la complejísima y molesta (´troubled´) sociedad moderna es la psicología del izquierdismo (´leftism´) [#6].

Es difícil definir ´izquierdismo´. Kaczynski se refiere a un movimiento fragmentario que en el pasado se identificó con el socialismo y que a fines del siglo XX incluye a políticamente correctos, a colectivistas, a feministas, a activistas por los derechos de gays (y de identidades sexuales diversas), a activistas en defensa de personas con capacidades diferentes (´disabilities´), a activistas por los derechos de los animales, y a un extenso etcétera. Ante la dificultad, delinea un tipo psicológico para, en las postrimerías del artículo (´article´), aproximarse a una definición de ´izquierdismo´ [#7].[2]

Con la esperanza de convertirla en más accesible, reseño la psicología del izquierdismo según Kaczynski. Entiendo, por mi parte, que lo dicho de forma general en el artículo alcanza a lo que en Argentina se conoce como ´militancia´. Por paradójico que resulte, bastante tiene que ver la ´militancia progresista´ con la pervivencia del sistema tecno-industrial. En el cuarto apartado, ofrezco un ejemplo puntual de militancia mistificadora.

Kaczynski deja de lado el izquierdismo del siglo XIX y de comienzos del XX para concentrarse en el izquierdismo moderno [#8] cuyas principales tendencias psicológicas son ´el sentimiento de inferioridad´ y la ´sobresocialización´ [#9].

Los sentimientos de inferioridad –baja autoestima, depresión, derrotismo, culpa, autoaborrecimiento, sentimientos de impotencia, etc.- son decisivos en la dirección del izquierdismo moderno [#10]. Explican su anti-individualismo y su pro-colectivismo. El izquierdista no confía en sus propias habilidades ni para resolver sus problemas ni para satisfacer sus necesidades [#16]; confía, en cambio, en que la sociedad lo protegerá y le dará lo que necesite a él y a quienes dice defender. El izquierdista solo se siente fuerte como miembro de una gran organización o de un movimiento de masas [#19].

Por lo general, los activistas de izquierda –militantes- provienen de estratos sociales privilegiados. En su observancia de la corrección política, lindan con la paranoia a la hora de aceptar o de rechazar los términos usados para denominar grupos oprimidos (minorías) con los que se identifican pero a los que no pertenecen. [#11; #12].

El izquierdista –el militante- es un falso rebelde (solo aparenta ir contra los parámetros sociales) [#24]. La psicología del izquierdista se basa en adoptar principios propios de la corrección política –no violencia, no discriminación, igualdad (de etnias, de género), etc.-, en cumplirlos a rajatabla –con el costo que esa auto-imposición supone- y en denunciar que otros no los cumplen. De esa forma, los izquierdistas sostienen un discurso en pro de la moral establecida semejante al que pregonan, en general, los medios de comunicación y el sistema educativo [#28]. En muchas de sus ´luchas´ los izquierdistas abogan por la inclusión de grupos oprimidos –por ejemplo, la gente negra- a la sociedad y así, antes que por la autodeterminación, luchan por la consonancia de la vida de ese grupo oprimido con los valores del sistema tecnológico-industrial, uno de los orígenes de la opresión [#29].

Este cuadro es una generalización y precisaría de matices. Sin embargo, en aras de detectar la tendencia de la sociedad moderna, el izquierdismo es uno de los canales más fuertes en el incesante proceso de socialización que el sistema actual impone [#30, #31, #32].

Como dije, la mistificación del izquierdismo –de la militancia- consiste en tomar un problema que le pertenece a un grupo oprimido (estrato social o minoría) del que no forma parte para canalizar en esa acción, presuntamente a favor de otro, su frustración por la necesidad de poder no cumplida [#21]. En su aparente lucha por el ´otro´, encuentra un objeto de deseo para satisfacer su ambición personal.

Los problemas sociales y psicológicos de la sociedad moderna se originan en la imposición de una forma de vida totalmente diferente en relación a las condiciones bajo las cuales el humano se desarrolló. Entre otras no menos fundamentales [#47-#57], la imposibilidad de experimentar el proceso de poder es la más importante de las condiciones anormales de la sociedad moderna [#46]. Todas las sociedades han intervenido en el proceso de poder, pero en el sistema tecnológico-industrial esa interferencia es extrema y aguda y de allí los problemas psicológicos, la locura actual del mundo [#58].

En el mundo contemporáneo, el ser humano no puede ser autónomo en su ´proceso de poder´ y alcanzar por sí solo el bienestar físico y biológico (comida, vestimenta, vivienda, seguridad). La adquisición de estos atributos depende, como nunca antes en la historia de la humanidad, de la maquinaria social a la que pertenece. Ahora bien, como el proceso de poder –basado en la finalidad, el esfuerzo y el logro- es inherente al ser humano, los individuos se preocupan e interesan por llevarlo a cabo de alguna manera y al no tener la posibilidad de alcanzarlo en lo que respecta a sus necesidades reales y concretas (la subsistencia) dirigen sus esfuerzos a actividades artificiales denominadas sustitutorias (´surrogate activities´) -el deporte, el arte, la investigación científica, diversos hobbies-, actividades que sí son autónomas para el ser humano -a diferencia del esfuerzo para satisfacer necesidades primarias [#33-#45]. El sistema tecnológico-industrial le otorga ´autonomía´ al individuo si su acción responde a la satisfacción de una necesidad artificial; en el caso contrario, el de las necesidades reales, lo somete a su control.

El izquierdismo moderno –el progresismo- es, en parte, síntoma de la privación con respecto al proceso de poder [#58]. La militancia es una actividad sustitutoria mediante la cual el individuo se siente realizado al identificarse con una organización poderosa o con un movimiento de masas. La finalidad que alcance el movimiento será considerada como propia aunque su esfuerzo individual no haya sido relevante. [#83].

Hasta aquí los lineamientos generales. Hacia el final de su artículo, Kaczynski retorna al izquierdismo bajo la forma de una alerta destinada a quienes consideren inevitable la revolución contra el sistema tecnológico-industrial. El izquierdismo aparece analizado en los últimos veinte párrafos [#213 – #232] bajo el subtítulo: “The Danger of Leftism”.

Una traducción de esa alerta sería: el movimiento revolucionario contra el actual sistema puede atraer a izquierdistas ávidos de formar parte de una organización rebelde. Por eso, debe impedirse su entrada porque: a) la ideología de la revolución es (alguna versión del) anarquismo: el proceso de poder se cumple mediante bases individuales o pequeños grupos que buscan controlar las circunstancias de sus vidas (y, por eso, rechazan la tecnología que hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones); b) el izquierdismo es colectivista: busca organizar la sociedad de forma completa, manejar la naturaleza (no defender su lado salvaje) y controlar la vida humana, y para eso necesita de la tecnología a la que no renunciará porque le resulta útil en la consecución del colectivismo [#213-#214]. El izquierdismo solo busca instalar otra versión del sistema actual.

“Algunos izquierdistas parecen oponerse a la tecnología, pero se oponen sólo mientras son marginales (´outsiders´) y el sistema tecnológico está controlado por no izquierdistas. Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan con entusiasmo para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

Un problema que presenta el izquierdismo es que, al ser la militancia una ´actividad sustitutoria´ que le permite al individuo realizarse en su frustrado proceso de poder, el eventual militante nunca se encuentra satisfecho con su acción redentora y, por ende, siempre busca una nueva problemática en la que encauzar su energía para calmar su ambición [#219]. El militante –la afirmación corre por mi cuenta- parasita los problemas del sistema tecnológico-industrial porque a través de ellos siente que ejerce algún poder. Como diría Kaczynski, si el izquierdista viviera en una sociedad sin problemas, los crearía para poder actuar y expandirse en su ambición.

Su acción es evangelizadora. Como su moral –su corrección política- le impide competir en la sociedad como lo hacen los demás, el izquierdista cede al impulso de poder por medio de una salida moral aceptable según sus propios términos. Ingresa a un movimiento de masas o a alguna organización social con el fin de ´realizarse´ y de imponer sus ideas y sus concepciones al resto de la sociedad. En el cruce entre moralidad y colectivismo, Kaczysnki señala el rasgo totalitario del izquierdismo (totalitarismo cuasi-religioso: quien no admite ese valor moral, está en Pecado) [# 219 – # 221].

El izquierdismo –sintetizo- responde a un tipo psicológico que, en el marco de un gran movimiento, se interesa por un problema que no le corresponde (actividad sustitutoria) a cambio de satisfacer su necesidad de tener algún objetivo que alcanzar –rasgo inherente al ´proceso de poder´. Es injusto, dice Kaczynski, que esto redunde en una generalización porque existen izquierdistas que no caen en ese rango de acción: “Los que ascienden a una posición de poder en los movimientos izquierdistas tienden a ser los más ávidos, porque las personas deseosas de poder luchan más duramente para alcanzarlas. Cuando los ávidos de poder han tomado el control del movimiento, izquierdistas más moderados desaprueban interiormente muchas de las acciones de los jefes, pero no pueden oponerse a ellas. NECESITAN su fe en el movimiento y, por no poder renunciar a ella, prosiguen. Es verdad, ALGUNOS izquierdistas tienen el valor de oponerse a las tendencias totalitarias que surgen, pero pierden porque los ávidos de poder están mejor organizados, son más despiadados y maquiavélicos y han construido una base de poder sólida.” [#224]. Más allá de esta necesaria diferenciación, el cuadro inicial abarca una intensa mayoría. El izquierdismo es el mejor ejemplo de cómo el sistema tecnológico-industrial privilegia que las personas persigan finalidades artificiales y no reales –impedimento que, por ir contra la historia de la especie, provoca depresión, odio a sí mismo, hostilidad, etc. Esta lógica se retroalimenta al intensificarse la práctica de actividades sustitutorias que calmen dichos sentimientos de inferioridad. El sistema les otorga ´autonomía´ a los individuos en aquellas acciones que no ponen en peligro su sustentabilidad. (Por ejemplo: si a través de los órganos publicitarios -medios de comunicación, sistemas educativos- se reprueba ´la violencia´, eso sucede no para defender un valor moral sino para neutralizar un aspecto negativo que afecta la productividad del sistema.) La ´autonomía´ y la ´libertad´ existen en las actividades sustitutorias -arte, deporte, investigación, activismo, etc.- porque –y cuando- son inofensivas.[3] En lo que respecta al asunto primordial para los seres humanos –su subsistencia (comida, vestido, vivienda, seguridad)-, el sistema les confisca la libertad y la autonomía. Si uno considera a estos dos rasgos valores inalienables para la humanidad, el sistema tecnológico-industrial es pernicioso y debería ser destruido. En sí mismo, el tipo psicológico del izquierdista ejemplifica no solo el colapso del sistema –él como nadie persigue actividades sustitutorias al haber perdido el control sobre las actividades reales- sino que, además, es un impedimento principal para que el sistema industrial acabe. Focaliza en aspectos parciales y no ataca el origen del problema: el sistema en su totalidad. La ´solución´ del izquierdismo sería, en base al imaginario del colectivismo, otro sistema integrado y basado en una semejante tecnología omnipresente. La autonomía del humano continuaría perdida y se trataría solo de una fase distinta de dominación.

El planteo general de Kaczynski reviste, por supuesto, mayor complejidad. En temas sensibles e ineludibles como el de la ´autonomía´, tiene que reconocer que muchos humanos prefieren cederla en aspectos importantes, y obedecer a sus jefes, porque de esa manera y con poco esfuerzo obtienen los medios necesarios para subsistir –aun cuando en el transcurso de sus vidas esa sesión, que parece no tener riesgos, los conduzca al sin sentido, al sufrimiento, a la depresión, etc. La psicología izquierdista es la rémora más importante para evitar la dominación, aunque no la única.

Frente a tamaña complejidad, uno podría abrir la discusión acerca de la autoridad de Kaczynski para realizar su planteo ideológico-político. En dos oportunidades se refiere a la locura que merodea el mundo actual: “Cualquiera de los síntomas [mencionados] pueden ocurrir en cualquier sociedad, pero en la sociedad industrial moderna están presentes en una escala masiva. No somos los primeros en afirmar que hoy el mundo parece estar volviéndose loco.” [#45] [4] Una de las señales más firmes de la locura en el mundo es el izquierdismo [#6]. Esta aseveración conduce a la paradoja. Si en términos de Kaczynski      -“El concepto de salud mental [´mental health´] en nuestra sociedad está definido porque el comportamiento de una persona esté de acuerdo con las necesidades del sistema y que lo haga sin mostrar signos de tensión.” [#119]-, calificar al izquierdismo de locura, podría suponer adquirir el punto de vista del enemigo, el sistema al que Kaczynski rechaza.

Las ´cartas-bomba´ –que mataron a tres personas e hirieron a más de veinte- condujeron, en el juicio que se le siguió, a que los tecnócratas lo declararan insano [esquizofrenia paranoide]. Si el mundo parece estar volviéndose loco –alguien podría argumentar- Unabomber es parte de esa locura. Habría que decirlo así: el entramado del sistema tecnológico-industrial es tan complejo que nada existe por fuera de él. Ni siquiera aquel que se dice disidente logra valerse de categorías que eviten la ´contaminación´ a la hora de establecer el diagnóstico sobre la organización del enemigo sistémico.[5]

¿No mutó Kaczynski con el paso del tiempo, a su pesar y contra las evidencias, en un nuevo militante izquierdista –presentado y visto como depresivo, hostil, con sentimientos de inferioridad- que recayó, más allá de una vida dedicada a la subsistencia en Montana, en la actividad sustitutoria de ir contra el sistema? Su terrorismo de ´lobo solitario´, ¿no copia al militante izquierdista que con su acción valida al sistema que lo deja hacer y lo absorbe?

La ambigüedad, la paradoja y la contradicción no escapan a la situación política de Kaczynski quien parecería haber caído en idéntica trampa a la que decide destripar. De una u otra forma, cartas, bombas y artículo son propios de la militancia. Sus afirmaciones –“Algunos izquierdistas [se rebelaron] contra uno de los principios más importantes de la sociedad moderna atrayendo la violencia física […] la violencia es para ellos una forma de ´liberación´ […] cometiendo violencia atraviesan las restricciones psicológicas… experimentadas en su interior.” [#30]- bien podrían caracterizar su propia acción.

Resulta extraño que el ermitaño de Montana no se hubiera anticipado a una estrategia obvia del sistema. Así como en su caso los publicistas y tecnócratas se apresuraron en disolver el planteo revolucionario y, de hecho y obviamente, difamado como fue, la discusión en torno del actual sistema tecnológico-industrial no se hizo carne en la sociedad, de manera semejante, la militancia izquierdista, junto a sus errores, colecciona un rosario de tergiversaciones a través de infinitos recursos. Es bastante difícil si no imposible afirmar que se está analizando al izquierdismo y no a sus simulacros mediáticos.

Entre tantos aspectos que en su estrategia cuidó, Kaczynski pareció olvidarse de un filón. El enemigo todopoderoso contaba, y cuenta, con todopoderosos constructos de publicidad y de propaganda. Lo sabía, aunque daría la impresión de que en su propio mundo de batallas intelectuales, hubiera olvidado que una vez colocado su artículo en importantes medios de comunicación –por ejemplo, The New York Times-, lo que seguía no era la discusión punto por punto del manifiesto en una asamblea universal, sino la difamación y la banalización. Su lucha individual es presentada como la acción de un bizarro o de un loco, o –en el mejor de los casos- de algún terrorista suelto que quiere algún tipo de revolución, y eso, aunque no sea exacto, entra a los ojos del ´humano normal´ en la bolsa de gatos del izquierdismo.

Lo aberrante y perverso del sistema tecnológico-industrial es que está internalizado en cada uno de los individuos que lo componemos. Aún aquellos que nos consideramos disidentes y que pensamos de forma semejante a Kaczynski, leemos e interpretamos a partir de parámetros que segundo a segundo el sistema fue sembrando en nosotros desde el momento cero de nuestra existencia.

Así, al día de hoy, y por más solvencia que su argumentación presente (aspecto que no es menor), el artículo de Kaczynski es poco menos que una curiosidad de museo.

Dicho todo eso –en un tema de este talante, la prevención intelectual es ineludible- en términos generales, encuentro absolutamente convincente el planteo de Kaczynski: el sistema tecnológico-industrial colapsó, el izquierdismo –el tipo psicológico del militante progresista- es una de sus manifestaciones (y uno de los pilares, tal vez, involuntario).

En respuesta a las preguntas previas, y a diferencia de los militantes de izquierda, Kaczynski preservó su activismo: i) no formó parte de un movimiento de masas al que se sumó por interés personal y, en consecuencia, ii) nada de lo que hizo estuvo orientado a colmar su ambición. La militancia de ese descendiente de polacos no fue en sí misma una actividad sustitutoria. Estuvo basada en la renuncia y en el despojo.

Fue un monje. [6]

II.-

“El revolucionario es un hombre perdido. No tiene intereses personales, ni causas propias, ni sentimientos, ni hábitos, ni propiedades; no tiene ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único y exclusivo interés, por un solo pensamiento, por una sola pasión: la revolución.” Serguéi Necháiev, Catecismo del revolucionario.

Pieza de museo –“La sociedad industrial y su futuro”- o artefacto decorativo en la reserva natural hacia el interior del pensamiento domesticado que es -según Lévi-Strauss- el arte.

En la novela de Ricardo Piglia –El camino de Ida [2013]- Thomas Munk, sosías del monje Kaczynski, ronda la militancia izquierdista. En los sesenta, mientras trabaja en la Universidad de California [Berkeley], desde los márgenes se aproxima y observa los movimientos estudiantiles por la ´libertad de expresión´ (Free Speech), los reclamos a favor de los derechos de los negros (Black Panthers); descubre, también, la filosofía antitecnológica (y se anoticia de las actividades de los anarquistas en San Francisco). Su boscosa biblioteca –el retirado leía y escribía en castellano- incluía de Torcuato Di Tella (et alii), Argentina, sociedad de masas [1966]. Además, en la ficción pura y dura, Munk elige recibir en la cárcel, entre otros candidatos, al inefable Emilio Renzi para hablar con alguien de Buenos Aires; su primera pregunta hacia el visitante recae en la militancia vernácula (en concreto, “¿cierto que los revolucionarios argentinos llevaban una pastilla de cianuro?).[7]

El camino de Ida recorta la figura de un anarco-primitivista –(Theodore) Kaczynski / (Thomas) Munk- sobre el borroso y lejano fondo de un movimiento colectivista –el comunismo en su vertiente castrista-guevarista insuflado por el peronismo de la Resistencia que caracterizó a los grupos militantes argentinos de las décadas del sesenta y del setenta.[8]

Lobo solitario versus movimiento de masas -ambos con el galimatías del uso de la violencia y con el interrogante de evaluar la acción en términos de fracaso, de derrota, de batalla perdida. Kaczynski-Munk, encarcelado. Miles de militantes argentinos desaparecidos, asesinados, exiliados. En El camino de Ida, Piglia conduce a Munk a la silla eléctrica [02-08-2005]. En la realidad, Kaczynski continúa con vida. La resolución ficcional de Piglia parece un comentario a las tres muertes ocasionadas por las ´cartas-bomba´. En los recuerdos que le vuelven a Renzi de su periférica militancia, se sospecha una mirada sesgada sobre ese fallido episodio revolucionario que desemboca en el plan de exterminio perpetrado por la última dictadura militar.

Me excuso de reconstruir la posición de Piglia en su época de activismo. Me interesa, a modo de trueque, rescatar la de un compañero de militancia –escritor como él- en aquel caldo de cultivo de la lucha ideológico-político de izquierda.[9]

Rodolfo Walsh [1927-1977] podría representar, sin problemas, el ejemplo del ´militante izquierdista moderado´ contrapuesto, en la versión de Kaczynski, al ´izquierdista ávido de poder´ -y es, a su vez, ejemplo de la pertinencia de distinguir entre el izquierdismo moderno y la variante existente hasta mediados del XX. No es casual –por cierto- que Walsh haya comenzado a militar alrededor de 1940.

Es conocida –aunque no siempre resaltada- la discusión que, promediando la década del setenta, mantuvo Walsh con la cúpula de Montoneros. Al episodio lo pueden reconstruir de mil maneras (la Web aloja lo suficiente). Por mi parte me remito a Horacio González quien en 2004 y en Filosofía de la conspiración [p. 252] afirmaba: “[existe] un excepcional documento de Rodolfo Walsh en su postrera discusión con la organización Montoneros en el que desea mostrar ´una falta de historicidad´ en la orientación política de ese grupo, señalando justamente que no es así que han procedido quienes han sido protagonistas de eventos triunfantes en relación a la conquista del poder.”

González, en ese momento del libro, se refiere a Perón quien, según ese mismo sociólogo, entendió cómo llegar al poder al analizar las conspiraciones políticas que fracasaron a lo largo de la historia argentina. La mirada retrospectiva le posibilitó, o le habría posibilitado, delinear la estrategia para que triunfara la conspiración del G.O.U. en 1943. Tiempo después, Walsh sostenía lo imperioso de una perspectiva semejante.

Detrás de un recelo que se mantuvo hasta el final de su vida, estaba la admiración por la capacidad de construir poder. Walsh conocía al general desde una temprana militancia, junto con otros descendientes de irlandeses, en la Alianza Libertadora Nacionalista, milicia fundada en 1937 en la que confluyeron patrioteros y católicos, que adhirió al peronismo y cuyas filas muchos abandonaron, entre esos Walsh, al actuar Perón de forma distinta a la que había pregonado a poco menos de un año de ocupar el gobierno, elecciones mediante.[10]

La psicología izquierdista –en términos de Kaczynski- es algún tipo de FE contra la que es demasiado complejo ir. Está en él tan arraigada que, incluso, conmina al militante a aceptar acciones irracionales de sus jefes. El izquierdismo es una forma de religión, y para desplazarla en la lucha contra el sistema, se necesitaría instalar una nueva.

“Lo más cercano a una religión fuerte, extendida y dinámica que Occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras y unificadas. Hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse con una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología.” [#184] Kaczynski propone que la religión de la naturaleza sea experimentada por individuos –o por grupos- sin acciones redentoras originadas en el sentimiento de inferioridad que la ausencia de finalidades reales provoca. En ese derrotero, rescata (al menos una parte de) un izquierdismo pretérito: “La identificación con las víctimas que no son víctimas se puede ver en el izquierdismo del siglo XIX y en el cristianismo primitivo pero, hasta donde lo podemos explicar, los síntomas de baja autoestima, etc., no son tan evidentes en estos movimientos, y en ningún otro, como en el izquierdismo moderno.” [#232]

El cristianismo primitivo en su faz disidente -fuente del pensamiento hereje- es la inspiración ideológica primaria del anarquismo. En una de las versiones de ese posicionamiento político, existe un valor cáustico contra cualquier sistema basado en una ingeniería social aglutinante. Por su sesgo anti-institucional, por su negativa a disolver la libertad individual en un gran movimiento, por su defensa de la ligazón entre autoconocimiento y cuidado de la naturaleza, el cristianismo primitivo heterodoxo es un reservorio ante los totalitarismos sistémicos (v.g.: la Iglesia católica).

En su ensayo “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra”, David Viñas supone que “…con los rasgos artesanales de su producción, [Walsh] representa una suerte de cristianismo primitivo dentro del linaje periodístico.” (Literatura argentina y política. II-. De Lugones a Walsh, 2005, p. 250). En esta lectura, el devenir heterodoxo de Walsh –manifestado en su práctica periodística- corresponde a una deriva política desde el catolicismo y el nacionalismo (de derecha), profesados hasta fines de la década del cincuenta, hacia una izquierda revolucionaria crítica, autoconsciente, no totalitaria.[11]

Walsh, como otros, recibe el llamado político de la jungla, y se dirige al Tigre –donde vive por etapas. Recuerda el visitante Viñas (p. 251): “En los atardeceres en que Walsh arreglaba su bote, la figura de Quiroga se sobreimprimía a la de Lugones; y entre ambas se iba armando una tensión que a Walsh, divertido pero sombrío, le gustaba exasperar: defendía con argumentos enmarañados pero convincentes el distanciamiento de la ciudad practicado por ´el cuentista selvático´; lo justificaba por su ademán neobárbaro tan antivictoriano mientras aludía a su propia destreza con las armas y en la pesca del surubí. Su fervor, sin embargo, oscilaba entre el dorado y el pejerrey; y cuando se internaba en el escabeche, ya parecía lograr mi aprobación a sus autoabastecimientos y a su creciente adhesión a ´lo elemental´. Nunca llegó a aludir a Conrad ni a Gauguin.”

“[A]l evaluar las diversas prácticas de Walsh, [podría formularse] una suerte de ecuación: a mayor criticismo y heterodoxia, mayor riesgo de sanción. El típico estar fuera de lugar de los escritores heterodoxos…” (Viñas, p. 257).[12] Heterodoxia; crítica; sanción; fuera de lugar es también el retiro monástico: “Y… ese atardecer le tocó el turno al ascetismo, que Walsh defendió con un fervor jansenista a medida que se entusiasmaba con la palabra ´despojado´…” (Viñas, p. 253). Despojo, ascetismo, ´fuera de lugar´, criticismo, heterodoxia, sanción –una red de categorías que atrapa, en pálida utopía de palabras, a los distantes Theodore y Rodolfo. [13]

Walsh –cuenta el visitante- nunca nombró a Joseph Conrad.[14] Sin embargo, al nombrarlo en sus recuerdos repone algo de la silenciosa épica política, que flotaba entre los meandros, de salir y de perderse en ´el otro lado´. En El camino de Ida, abuso de la simetría, Piglia interpola un rabioso artefacto ficcional firmado por Conrad como paradigma del anarco-terrorista Munk.

El neobárbaro Walsh –acechado por una inclemente canonización- es un reaseguro frente a la desconfianza que el planteo anti-militancia de un Kaczynski estigmatizado puede generar y, de hecho, genera. Sin haber sostenido una crítica tan rabiosa como la del lobo solitario de Montana, el silencio al que lo conminó su muerte en manos de los militares, apagó con Walsh la veta autocrítica en los grupos de izquierda que estuvieron, al menos en teoría y en intención, próximos a tomar el poder.

Y, si las raíces ignoraron esos nutrientes, imaginen las petulantes flores que brotaron al calor del cambio de milenio cuando la perspectiva histórica comenzó a ser, entre los neo-activistas, poco menos que un recuerdo deslucido.[15]

III.-

Matar / no matar / morir. Walsh en su discusión con Montoneros, insiste que la lucha debe pensarse en términos políticos y no militaristas. “Y nos parece tiempo perdido tratar de convertir este enfrentamiento social en una guerra nacional”, dice Walsh. La cuestión no reside tanto en ´matar o no matar´ al enemigo, como en abrir un juego bélico en el que caigan compañeros y militantes escasamente preparados para esas lides. [16]

Kaczynski mata para hacerse escuchar. “Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones… integradas al sistema. Es casi imposible para muchas personas y grupos pequeños tener efecto en la sociedad con palabras. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no habrían sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no habrían atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios… Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría habría olvidado pronto lo que leyeron porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material [de] los medios… A fin de presentar nuestro mensaje al público y de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.” [#96]

La impresión duradera tuvo éxito en cuanto a las muertes provocadas por ese ´loco´ [esquizofrénico paranoide] –tal como fue caracterizado Kaczynski.[17] Su discusión resultó disuelta y las ´carta-bombas´ espantaron, incluso, a otros anarquistas que podrían haberse interesado. “Esta declaración (´statement´) se refiere a un determinado tipo de anarquismo. […] y muchos que se consideran anarquistas tal vez no la acepten. […] Hay un movimiento anarquista no-violento (´nonviolent´) cuyos miembros probablemente no acepten a FC [Freedom Club] como anarquista ni aprueben nuestros métodos violentos.” [#215]

Las muertes y la lucha por una sociedad mejor. En lo que respecta a Kaczynski, las mismas muertes que llamaron la atención sobre sus ideas, lo sepultaron en prisión y desactivaron su planteo. Es bastante complejo afirmar que uno concuerda con el contenido de un escrito cuando existen muertos que lo volvieron público. En mi caso, desapruebo los asesinatos y rescato el implacable manifiesto que es La sociedad industrial y su futuro.

Uno de los puntos en los que el artículo acierta –o, con mayor sinceridad, con el que estoy de acuerdo- es el de los profesionales universitarios.[18] Es conocida la historia de la meteórica carrera académica de Kaczynski primero en Harvard, como estudiante, y luego en Berkeley, como profesor -cargo que abandona a los 26 años. La síntesis de su asco por esos antros apunta a la connivencia entre universidades / grandes empresas / militares. Nada de lo que se hace allí pone al servicio de los ciudadanos el conocimiento adquirido, excepto si ese conocimiento ayuda al control, a la dominación, a la confusión del no entrenado. [19]

Kaczynski asocia los profesores universitarios con el izquierdismo. En ellos se encuentran los típicos rasgos -sobresocialización, corrección política, sentimiento de inferioridad (aplacado por el rango artificial de sus puestos). Por ejemplo: “La ´corrección política´ tiene su mayor arraigo entre los profesores de universidad -quienes tienen empleo seguro con salarios confortables y, la mayoría de ellos, son varones blancos heterosexuales de familias de clase media.” [#12] “Los izquierdistas del tipo sobresocializado tienden a ser intelectuales o miembros de la clase media alta. Nótese que los intelectuales universitarios, sin incluir a los especialistas en ingeniería o ciencia hard, constituyen el segmento más socializado de nuestra sociedad y el ala más izquierdista.” [#27]

El sentimiento de inferioridad de los profesores emerge al impedir que recaiga sobre ellos aquello por lo que batallaban cuando veían a la universidad como un espacio conservador:

“En los Estados Unidos, hace un par de décadas, cuando eran minoría en nuestras universidades, los profesores izquierdistas proponían la libertad académica, pero hoy, en las universidades donde son mayoría, no dudan en quitarle al resto esa libertad.” [#216] “En aquellas universidades donde la ´corrección política´ se ha convertido en dominante, hay izquierdistas que desaprueban en privado la supresión de la libertad académica, pero prosiguen con ello de todas maneras.” [#225]

Al igual que en la distancia entre los activistas moderados y los ávidos de poder [#224], entre los profesores universitarios –en su mayoría izquierdistas- aparece el doble rasero de desaprobar una conducta injusta y de fomentar que esa práctica continúe.

El apodo Unabomber nace de la fusión de –university, airline, bomber. Las ´carta-bombas´ fueron destinadas a ejecutivos de empresas de aviación, de computación y de publicidad (una víctima corresponde a este último ítem); al directivo de una compañía forestal, que también muere; y a profesores universitarios, entre quienes hay heridos, pero no muertos.[20] Cada ´carta´ significa un ataque al individuo y a la fracción del sistema tecnológico-industrial que representa. Aproximadamente diez de los atentados recaen sobre profesores universitarios.

En El camino de Ida, Piglia –quien trabajó como profesor visitante en instituciones de Estados Unidos- recupera ese aspecto de la historia y construye el mundo ficcional en torno de una universidad. La femme fatale Ida Brown es una brillante profesora e investigadora en literatura. En algún momento, con los envíos postales de Munk de fondo, descubre que la nouvelle de Joseph Conrad –El agente secreto– es el patrón de conducta del lobo solitario, y toma al libro como supuesta hoja de ruta para acompañarlo de lejos. Pocos días antes de morir, Ida le alcanza el libro de Conrad a Renzi, con subrayados y anotaciones. Renzi, a su vez, descubre lo que había descubierto la joven intelectual y contacta a Munk en la cárcel.

Tres apuntes de Renzi sobre la universidad: i) “Las universidades han desplazado los guetos como lugares de violencia psíquica.”; ii) “Los campus son pacíficos y elegantes, están pensados para dejar afuera la experiencia y la pasiones pero corren por debajo altas olas de cóleras subterráneas: la terrible violencia de los hombres educados.”; iii) “Pronto los hombres con experiencia en la cárcel y en la guerra serán los profesores indicados de llevar adelante la administración de las universidades.” (Piglia, 2013, p. 35)

(Casi) en cualquier sitio del mundo la universidad supone ganarse la vida cómodamente, como algún personaje en la novela estipula. Pero con respecto a esto, existen, al menos, dos dificultades. La primera está directamente relacionada con la perspectiva de Kaczynski: los profesores en esos ámbitos deberían ser los primeros, por acceder al conocimiento, en discutir la configuración actual del mundo y en disuadir a los estudiantes de aceptar los remilgos de un sistema que, al día de hoy, ha hecho de la universidad otra corporación en el engranaje industrial. Decir esto en tanto postura crítica es, por supuesto, alentar una quimera. El segundo problema, por lo pronto en Argentina (en los Estados Unidos es diferente), es que esa forma fácil de ganarse la vida en disciplinas que entonan a favor de ideales sociales, ideológicos, políticos entra en contradicción con el origen de los fondos que los sustentan –el erario público- y con los amos ante los que se prosternan -grandes empresas, corporaciones varias (estatales incluidas), medios de comunicación, militares, partidos políticos y un interesante menú de opciones que evita por todos los caminos cumplir con el rol que eventualmente les correspondería: permitir que cada vez más seres humanos se emancipen, se liberen, se vuelvan autónomos a través del conocimiento y alcancen a entender el significado de igualdad, libertad, autonomía, etcétera, etcétera.

No necesito aclarar que estos dos señalamientos, entre tantos otros, no les interesan a los de afuera de la universidad ni mucho menos a los de adentro a quienes les parecen, simple y llanamente, pavadas. El punto –en Argentina, repito- es que esa fiesta de los sentidos para algunos que es la universidad está sustentada –repito y repito- por fondos públicos. Habría que repetir esto hasta el hartazgo ya que los profesores universitarios –tecnócratas autoconscientes- privilegian su bienestar y someten su vida a una institución a la que tratan como si fuera una pequeña empresa privada.

La moneda de cambio para mantener los cargos obtenidos -en la mayoría de los casos, por concursos digitados- es la corrección política –asociada al discurso dominante en las esferas de control del sistema académico. Una realidad de doble fondo. Lo que se pregona en el foro, nada tiene que ver con lo que sucede entre bambalinas. Tal vez no exista espacio público más fraudulento ni corrupto que la universidad, pero ese no es exactamente el tema ahora –excepto recordar que esos fraudes están sustentados por fondos públicos que bien podrían destinarse a otros ámbitos educativos.

La corrección política, entonces, como la alfombra roja por la que desfilan la hipocresía y la malversación de fondos. Ingentes guarismos de militantes y de activistas dicen interesarse desde las atalayas de las instituciones por el sufrimiento de los demás –en el espectro de los pibes de barrio a las víctimas de violencia de género- y en esos aspavientos, apenas si labran sus monedas. Cinismo es un término que bien podría describir el aire que se respira en esa tríada -enmarañada, oscura, corrupta- entre militante, político, tecnócrata (siervo de políticos y de empresarios), y la universidad.

No se trata solo de afirmar que los izquierdistas en abstracto son la rémora en la lucha contra el sistema tecnológico-industrial. Si esos izquierdistas son, de alguna manera, ´enemigos´ de la emancipación, no viven en el aire ni florecen al azar en los jardines de la patria. Muchos militantes conocen el mecanismo. Afirman militar en pro de los oprimidos y, en ese mismo acto, acomodan sus papelillos, sus ropas nuevas, sus adminículos, sus gadgets y hacen lo que las ratas cuando encuentran un hueco: con sus porquerías, tejen en los claustros, un nido. Conozco otras, pero de una rata en particular que roe académicos provechos quisiera hablarles ahora.[21]

IV.-

“Nor tackle, sail, nor mast; the very rats/ Instinctively had quit it: there they hoist us…” [“Ni aparejos, ni velas, ni mástil; las ratas /Por instinto lo habían abandonado: allí nos subieron…]

“Shakespeare (oculto maestro cibercultural)…”

Ted Kaczynski denomina ´sociedad industrial´ a un constructo que recibe otras categorizaciones: sociedad del espectáculo, sociedad de consumo, capitalismo posindustrial, capitalismo tardío, complejo militar-industrial, ciber-imperio. La crítica del matemático apunta, en su núcleo, a la lenta intromisión de la tecnología (o tecno-ciencia) en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, aquello que era lo habitual –para no decir lo natural– en el ser humano, esto es, la obtención de comida, refugio, seguridad, fue retirado de su esfera de acción, y a modo de placebo se le ofreció una serie de actividades sustitutorias que no han logrado más que deprimir, violentar, volverlo airado. Dice el párrafo 145 de La sociedad industrial y su futuro: “Imagina una sociedad que somete a los individuos a condiciones que los hacen infelices y que les da drogas para contrarrestar la infelicidad. ¿Ciencia ficción? Ya está ocurriendo en nuestra sociedad. La tasa de depresiones clínicas se ha incrementado en las décadas recientes. Y creemos que se debe al colapso del proceso de poder… […] En vez de extirpar las condiciones que hacen que la gente esté deprimida, la sociedad moderna les da antidepresivos que modifican el estado interno para que el individuo tolere las condiciones sociales que de otra manera encontraría intolerables.”[22] Este es uno de los métodos de control del comportamiento utilizado entre los humanos [#146]. Existen otros, como, por ejemplo, a) ´las técnicas de vigilancia´ (cámaras que filman, computadoras que procesan información sobre los individuos), b) ´la propaganda´ (medios de comunicación de masas), c) “La industria del entretenimiento es una importante herramienta psicológica del sistema. […] Le proporciona al ser humano un medio de escape. Mientras es absorbido por la televisión, los videos, etc., olvida la tensión, la ansiedad, la frustración, la insatisfacción. Muchos de los llamados primitivos cuando no tienen ningún trabajo que hacer, se sientan durante horas sin hacer nada porque están en paz consigo mismos y con su mundo. Pero la mayoría de la gente moderna debe estar constantemente ocupada o entretenida, de otro modo se ´aburre´, se vuelve inquieta, incómoda, irritable.” [#147] La irritación, la incomodidad, la inquietud está originada en la pérdida de la autonomía y de la libertad.

La actual organización social es una compleja red en la que cada individuo funciona a modo de engranaje necesario. Cualquier desvío que atente contra la sustentabilidad es sancionado. De esa trama a gran escala participan ´los servicios públicos´, ´las redes de computadoras´, ´los sistemas de autopistas´, ´los modernos servicios de salud´, ´los medios de comunicación de masas´ (´mass communications media´) [#118]. Un conglomerado de acciones basado en el desarrollo de la tecnología sostiene la sociedad industrial aunque, por razones obvias, y sobre todo en cuanto al convencimiento, los medios de comunicación son los que barnizan una realidad que no soporta la uña de la duda sobre su superficie. La tecnología, en general, es el elemento disruptor en la conformación social actual y los medios de comunicación, en particular, el soporte ideológico. Junto al sistema educativo, los medios de comunicación mayoritarios (´mainstream communications media´) enarbolan los valores que la sociedad industrial defiende en términos nominales [#28]. Esos medios (´mass media´), en gran parte, son controlados por corporaciones integradas al sistema [#96]. Es una lógica tan cristalizada que quienes alegan ser detractores –activistas o militantes de izquierda (tal vez la más importante entre las actividades sustitutorias)- una vez que ocupan el poder, mantienen la usina de injusticias que gritaban combatir: “Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan entusiasmados para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

En La sociedad industrial y su futuro de 1995, Kaczynski menciona por única vez Internet en el párrafo 96 al explicar y justificar el uso de la violencia en las muertes provocadas por sus ´cartas-bomba´. Reconoce que la Red hubiera sido un medio para difundir el manifiesto, pero sabe que entre la maraña de publicaciones, habría pasado al olvido. Esa mención no responde a un color de época. Como cuenta el documental alemán Das Netz [2003], al mismo tiempo que Kaczynski se distanciaba del mundo, entre fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta, en espacios vecinos (Harvard, Berkeley) se pergeñaba el acabado final del universo regido por Internet que explotaría en pocas décadas. Fue Kaczynski un testigo directo –y se supone, también, un cobayo- en el armado de esta versión de la sociedad industrial a la que otros denominan Ciber-Imperio.[23]

Una de las biblias del ciber-mundo es el volumen de los españoles Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, La Nueva Ciudad de Dios [2002]. En esta enciclopedia, los críticos recopiladores reconstruyen el camino centenario, y milenario, de ese anhelo -platónico, agustiniano, etcétera- de confeccionar ´un cielo virtual en la tierra´ para cobijar con felicidad los cuerpos astrales holográficos y, en rigor de verdad, con el objetivo de lograr el más amplio control sobre individuos que, al fin de cuentas, lo aceptan dócilmente.

Frente a la miríada de autores, textos y referencias cruzadas, el volumen de Alonso y Arzoz incluye un Cd-Rom que, a su vez, reenvía a una página web titulada “Quién es quién en la cibercultura ampliada”. Este reservorio de información incluye múltiples entradas biográficas como la del propio Kaczynski.[24] Sería imposible y, por su parcialidad, carente de sentido nombrar a los conscientes o aleatorios partícipes de la construcción del Ciber-imperio. Rescato, a modo de trueque, uno de los que permitieron la concreción de la ´sociedad del simulacro´: “William Shakespeare [1564-1616]. Dramaturgo inglés. Genio del teatro que [entre otras] escribió la fascinante La tempestad, una suerte de anticipación de la realidad virtual… [con]… el juego entre la apariencia y la realidad, y la comunicación de la verdad por medios mágicos… Por otra parte, Shakespeare -cuya obra está plagada de recursos y motivos ciberculturales- es… uno de los autores con más presencia en Internet.”

La tempestad –alejada, en apariencia, del tema que nos convoca- permite pensar algunas cuestiones: i) la fuerza de la ciencia ficción (en su variante heterodoxa) para analizar la sociedad industrial; [25] ii) la pertinencia del simulacro y del barroco como categorías que evidencian la constitución de una realidad de doble fondo en base a la tecnología, la manipulación de la información, la propaganda; iii) la deriva en la conspiración, propiciada por esa doble realidad.

Esa obra de teatro de inicios del siglo XVII escenifica dos modi operandi que no han cejado, que se han intensificado y que, incluso, se han fusionado. El protagonista de La tempestad es Próspero. Este mago y político construye mediante sus saberes secretos una ´realidad alternativa´ –el naufragio- para vengarse de quienes, en el pasado y en Italia, lo despojaron de su poder y de sus posesiones. Los destinatarios de esa venganza, y en continuidad con el pasado -aun en medio de un desastroso naufragio (luego ficticio) y en la arena de una isla en apariencia desierta- conspiran y conspiran para tomar el control. De ambos lados, el poder (y la justicia) basados en mecanismos que engañan para someter.

La tempestad, y sus personajes, recibieron interpretaciones diversas y contradictorias. Alonso y Arzoz recuerdan que “…es uno de los modelos para el anarquismo de [Hakim] Bey, [al] representar la pasión por vivir fuera de las convenciones sociales.” Como se desprende de la mera lectura de la obra, la fábula no se sitúa en cualquier espacio del mundo conocido. La acción transcurre en el Caribe –o en las Bermudas-, como reflejo metropolitano de la invasión europea a estas tierras, ocurrida a fines del siglo XV. Con este dato en mente, a la lectura proto-anarquista se le puede añadir una menos complaciente.

Próspero vive en esa isla –ubicada acaso en América- con su hija Miranda y con dos sirvientes, Ariel, dedicado a complementar su magia, y Calibán, destinado a las tareas rudas. El nombre ´Calibán´ fue entendido de distintas maneras: derivado de caribbean; de cannibal; de cauliban (término gitano que significa ´oscuro´). Como sea, su figura es la del habitante del Nuevo Mundo, hijo de una bruja africana desterrada, y sometido a las voluntades ajenas que quieren dominarlo o con palabras (órdenes, promesas), o con licores y lujos futuros que nunca llegarán. Ese desastrado, quien por cierto le cuestiona a Próspero no haberle transmitido su ciencia, representaría al nativo sometido, y a la vez, al nativo que, a su modo, resiste frente al amo, y lucha así por su liberación.

En ese ir y venir de sentidos posibles, el extraño Calibán encarnaría un aleatorio ejemplo de lo que el historiador francés Serge Gruzinski denomina ´guerra de las imágenes´.[26] Aunque no lo proponga él en estos términos, el ciber-imperio, el ciber-mundo en el que se libra una batalla continua por la obtención del poder (económico, político) mediante una doble vía –bombardeo de imágenes, fogoneo de relatos- tiene su momento crucial en el arribo de Colón a las islas del Caribe. América fue a partir de ese momento -según Alonso y Arzoz, y en consonancia tácita con Gruzinski- un ´laboratorio de imágenes´ en el que se ensayaron diversas estrategias que permitieran el dominio mediato e inmediato de los millones de calibanes que habitamos los mundos periféricos. Que el M.I.T, que Hollywood, que Televisa, que O Globo estén en el continente americano no es, por supuesto, casual.

Esta ´guerra de imágenes y de relatos´, con centurias de tradición, es el humus propicio para realidades barrocas de doble fondo y, en consecuencia, para incesantes conspiraciones políticas voceadas, por lo general, con las mejores intenciones, pero, en lo concreto, con la búsqueda del beneficio propio –del grupo (secta, facción), de la corporación, de la casta.

Como lo estipuló el matemático descendiente de polacos, más allá de las palabras e intenciones, ningún actor ni de la derecha ni de la izquierda, ni de sus grises intermedios, ataca el uso de la tecnología, de las redes sociales, de Internet, de las huellas de aquí y de allá del cuerpo en los aeropuertos, del espionaje de e-mails, etcétera, etcétera, etcétera. La tecno-ciencia ha sido naturalizada incluso en países que se consideran anti-imperialistas.

La tecnología ha invadido la vida social y, aun cuando se trata de una de las formas más evidentes de dominación, de control y de generación de desigualdad, no se la discute. Es más, sin que a ningún medio de comunicación ni mucho menos político e ideólogos de turno, ni de un lado ni del otro, se le caigan los anillos, a la Cumbre de las Américas de este año, y con Julian Assange encerrado en una embajada sudamericana en Londres, asistieron los presidentes de todos los países… y el fundador de la atroz red social azul, fuente aberrante de espionaje virtual.[27]

Así las cosas, y olvidándonos de los consabidos reaccionarios, la tecnología se convirtió en una perfecta aliada de los progresistas quienes, definitivamente, pueden nadar y deslizarse por esa realidad de doble fondo que se ha instalado. Con el mayor cinismo posible –o por mera ambición- los militantes izquierdistas dicen, pregonan, alientan la liberación de esto y de aquello, la batalla aquí y allá contra el status quo –al que en muchos casos ellos representan- mientras conspiran para poder vivir la vida de los que en la arena pública son denominados ´enemigos´. Puede para el desprevenido y novel lector resultar un argumento extraño, pero es complejo desarmar la posición de Kaczynski: si existe alguna rémora para la lucha contra el sistema industrial -que debe ser detenido, desactivado-, ellos son los izquierdistas quienes –repito- mientras dicen luchar, confirman lo establecido.

Si la peor versión del izquierdismo surge en las últimas décadas del siglo XX, y la siguiente afirmación queda de mi lado, eso sucede en conexión con la explosión de los mundos virtuales.[28] El izquierdismo dice ir contra todos los aspectos del sistema industrial, menos contra el fundamental –la tecno-ciencia- porque de ella se nutre y por medio de ella promociona sus ´aciertos´ y, lo que es peor, construye universos ideales de luchas, combates, posicionamientos político-ideológicos, y en secreto anhelan lo que disfrutan los conservadores -estatus, dinero, jerarquías, beneficios, prebendas- porque, como sabemos, militantes izquierdistas de raigambre popular y sincera hay muchos, pero los falsarios, corruptos, advenedizos que rezan cualquier rosario para posicionarse son legión.

Hacia el final de La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski introduce una distinción: “Los izquierdistas más peligrosos -los más hambrientos de poder- con frecuencia se caracterizan por la arrogancia o por un enfoque dogmático de la ideología. No obstante, los más peligrosos de todos pueden ser sujetos sobresocializados que evitan despliegues irritantes de agresividad y se refrenan de hacer publicidad de su izquierdismo, pero trabajan rápido y promueven con discreción valores colectivistas, técnicas psicológicas ´ilustradas´ para socializar niños, la dependencia del individuo al sistema, y todo eso. Estos cripto-izquierdistas… están próximos a ciertos tipos burgueses en lo que atañe a acciones prácticas, pero difieren de ellos en psicología, ideología y motivación.” [# 230] [29]

La categoría ´cripto-izquierdista´ puede sumar un nuevo matiz si se entiende el concepto no solo en referencia a quienes trabajan en las sombras para que los ciudadanos permanezcan bajo control, sino también en lo que respecta a los que viven en el guiso de una inversión de valores. Son meros burgueses que han detectado los beneficios de la corrección política y a caballo de esa mistificación avanzan en la vida social empuñando la espada de combate con la mano izquierda y acumulando monedas con la derecha. El cripto-izquierdista y el cripto-burgués son cara y ceca del mismo e idéntico tapiz.

Argentina, por cercano, es caso testigo del estadio actual del sistema industrial en el que el uso de la tecnología se ha convertido en el feroz campo de batalla en el que se disputan los mapas ideológicos que sustentan la organización social. En Argentina conviven, al menos, dos realidades virtuales hostiles entre sí: por un lado, la de las fuerzas reaccionarias, conservadoras, elitistas, etcétera; por el otro, los eventuales disidentes del modelo anterior, es decir, fuerzas progresistas (izquierdistas), dinámicas, populares, que apuntan –o que apuntarían- al bienestar de la mayor parte de la población. (Dicha polarización es, sin dudas, nefasta además de falsa).

Esa tradición política de raigambre popular abreva, en sus orígenes, en la lógica conspirativa. Esa impronta se extiende hasta hoy. Si bien puede aplicarse la lógica del complot a toda la política tradicional, es innegable que en lo que atañe a las formas del peronismo, la conspiración en el fondo y la publicidad en la superficie es un método que ha hecho escuela. Una posible reconstrucción de esta dinámica aparece en Filosofía de la conspiración [2004] de Horacio González.[30]

En la ´guerra de relatos´ con virulencia desatada años atrás en la Argentina, y con sobradas señales de conspiraciones cruzadas con realidades virtuales, abundan los izquierdistas burgueses encriptados. Podría traer a cuento una larga lista de anécdotas y de chismografía ideológica que sustente mi diatriba. Como indiqué en el final de la tercera parte de este escrito, me interesa una de esas ratas ideológicas que dice luchar contra el status quo mientras hurga en el miasma de los privilegios obtenidos gracias a la necesidad ajena.

Esa historia requiere de un prólogo a modo de marco.

Hace un par de años, una joven mujer con sus convicciones intactas, una convencida activista progresista, una militante (fuente de esta anécdota) fue invitada a pasar unos días a una finca ubicada en un paradisíaco reducto de las profundidades provincianas, junto a su flamante pareja, también activista, también progresista. Esos días de folga mostraron temprano su faz oscura y apenas desembarcada la excursión en el reducto, la joven militante percibió que ese contexto de pares, que ese mundo en el que otros militantes libaban no era semejante al que mostraban en el fragor de la lucha por la liberación de no sé qué cadenas. Esta anécdota, que sintetizo y que no reproduzco más que en su núcleo, fue archivada en la común memoria oral bajo el membrete de ´Los dos Audis´. Familia de militantes, ideología progresista, profesionales universitarios, estrechas relaciones con la política, obtención de prebendas, contratos por obras públicas, tecnocracia teñida de izquierdismo, dinero y más dinero, mansiones, sirvientes, bellas mujeres siempre rubias, parques, piscinas, canchas, los dos Audis en el inmenso garaje, y de lunes a viernes de 10am a 20pm, y los sábados y los domingos, a veces, la defensa del modelo, del proyecto, de la brava lucha –siempre virtual, siempre tecnológica, siempre conspirativa- contra poderes aciagos que bastante se parece a la lucha contra la propia imagen en el espejo. (Y como telón de fondo, lo olvidaba, una profunda depresión, porque se milita a causa de una tristeza enorme por la pobreza pero no barrial, citadina, nacional, mundial. No. Por la pobreza personal. Por eso cumplen el proceso de poder como una piara entre las sobras.)

Ciber-realidad, militancia progresista, universidad, política tradicional, negociados, y la corrupción y la conspiración merodeando, son los hilos de una densa red en la que la mistificación, la hipocresía, la apropiación de las instituciones del Estado (o la aceptación de la cooptación en manos de), las conexiones turbias, la utilización y manipulación del ´oprimido´ en beneficio propio, son ingredientes del suculento plato. Sin dudas que a este esbozo le caben dos aclaraciones ya deslizadas: a) no todos los militantes son corruptos aunque en su mayor parte los líderes sí, b) no es esta una cuestión de banderas partidarias: en un gran número la militancia progresista funciona de modo semejante al de la política tradicional. Algún lector extraviado por aquí dirá que lo que digo es obvio. Me gustaría recordar que, al menos en la Argentina, la militancia progresista aboga por la defensa del ´pueblo´, por cambios, por soluciones igualitarias y hasta, en el colmo del delirio, por defender su usurpación del Estado como si de una ¡revolución! se tratara.

Horrendo vástago, la historia de la rata se desprende de la anécdota de ´Los dos Audis´ al reproducir paso por paso el patrón de comportamiento indicado: banderas sociales agitadas en aras del (bajo y básico y plenamente burgués) beneficio personal.

La Rata.

Una tarde, durante una charla en una vereda céntrica de la ciudad, frente al cuestionamiento a causa de lo conservadora, intolerante, racista, violenta e idiota que es la sociedad que allí germina -observaciones desprendidas de la conversa que llevábamos adelante con un tercer comparsa-, la Rata opinó que era así y que no había por qué pensar que cambiaría: en esta ciudad para ser reconocido y pertenecer a (vaya saber uno qué), o había que tener apellido tradicional, o había que tener dinero, o había que poseer alguna estirpe o alcurnia (típicas jerarquías de oropel propias del interior); si no, no existís, refrendó. Sorprendido, le pregunté con discreción si avalaba o describía la situación porque de tratarse de la primera opción sonaba un poco raro en boca de un militante defensor de lo que ustedes ya saben. La conversación se desvió, salió de ese estadio complejo y derivó en otras cuestiones, aunque hasta el final flotó en el aire la incómoda idea de que había sido dicho algo indebido.

Ese militante –la Rata- es argentino, tiene poco menos de treinta años, no es un profesor universitario, aunque se ocupa, trabaja, se desempeña en una de las dependencias de la universidad local -la productora audiovisual. Al mismo tiempo, milita en una organización progresista, en un sentido amplio, de izquierdista (o de centro-izquierda).

Su carta principal de presentación –así lo conocí- es haber dirigido un documental que cuenta la historia de un militante detenido-desaparecido-asesinado durante la última dictadura militar argentina [1976-1983]. En el primer intercambio de ideas que tuve con aquel, la conversación rondaba la posibilidad de filmar o no a un reconocido habitante de la ciudad en la que ocurre esta historia (ingenuo de mí). En determinado momento le sugerí que el rodaje podía ser complicado; ese sujeto era cascarrabias o díscolo y, entonces, el asombro: ´Cuando vas a filmar tenés que armar todo para sacar lo que querés´. Le respondí que sí, que entendía lo de la puesta en escena en un documental pero aun así…

Solo comprendí ´sacar lo que querés´ al ver su película.

Asistí a una proyección pública en uno de los espacios de militancia que el activista frecuentaba. El documental –de poco menos de una hora de duración- es un artefacto geminado en el que conviven dos filmes diferenciados por un salto temporal de casi veinticinco años. La primera parte cuenta la historia del abogado laboralista y su lucha en favor de los obreros contra una corporación cementera.[31] La narración está estructurada de forma clásica: infancia, primeros esfuerzos, primeros problemas, logro, transformación, caída. Luego de la caída –su asesinato-, la apoteosis que lo conduce al cielo de los mártires. En esa narración, los únicos enemigos son los militares en el poder. Bajo ningún aspecto, se ofrece una mirada sesgada sobre la militancia en aquella época que a modo de espejo les permita a los militantes del presente –mayoría en el auditorio- aprender de esos errores, de esos pasos en falso, o de lo que sea. Como dije, el resultado es la apoteosis y el heroísmo    -como si morirse como un perro con un tiro en la cabeza después de estar encerrado en una quinta (y con la esposa a punto de dar a luz) fuera encomiable.

Terminada la proyección, me acerqué y por la cortesía al uso le dije que me había gustado (no tuve el pulso para exponer lo que pensaba) y le indiqué que me había resultado rara la puesta en escena: a) la esposa aparece sentada en un sofá rojo cubierta por un vestido símil leopardo; se la ve feliz de –¡por fin!- acercarse a las candilejas; b) los hijos testimonian por separado y en ningún momento se reúnen entre ellos, ni con la madre; c) él único caso de un testimonio conjunto era el de dos amigos del militante desaparecido que, entre silencios y lágrimas, más hacían dudar que confirmar la historia que se estaba contando.

El director-militante me reconoció que era posible que hubiera otra historia, que de hecho la había, pero que no había podido contarla. La madre escondió durante años a sus hijos la verdad sobre la muerte del padre en manos de los militares y esos párvulos recién se enteraron del aciago suceso siendo adolescentes con todas las complicaciones que el silencio trae en esos casos. Desencantado con la trama familiar, uno de los hijos había comenzado a militar en una agrupación de descendientes de desaparecidos a mediados de los años noventa del siglo pasado. Todo eso era lo que no se podía contar.

Atónito regresé a mi asiento para el debate post-proyección. En la charla, intenté deslizar no ya aquella cuestión, sino el otro rasgo incómodo del film que ahora les reseño –y como podrán suponer fui abarajado en el aire y devuelto a mi silla mental.

El segundo documental dentro del documental cuenta la historia del juicio que se les siguió hace unos dos o tres años a los responsables del asesinato del abogado militante. El juicio por crímenes de lesa humanidad no es allí analizado. Se muestran testigos y acusados declarando, la condena y el festejo –entendible- de los familiares. La algarabía de estos no condice con la distancia que muestran en los testimonios personales.[32]

Pero había más. En la transición entre una parte y otra –entre los dos mini-documentales- se erguía extemporáneamente la figura del Líder político (ya fallecido) que a inicios de la primera década del siglo XXI, en un escenario social post-apocalíptico, reactivó la mística militante e impulsó –con innegable valor- los juicios contra los militares y civiles que habían cometido crímenes de lesa humanidad, como el mencionado en el documental. Si se deja de lado el dudoso recurso de la pantalla dividida y otros menesteres estéticos, el intempestivo salto de décadas resultaba chocante ya que en ningún momento en el film se anticipaba esa fusión temporal.

Simple: el documental era el escenario virtual preparado para ensalzar al Líder. La muerte-desaparición y el juicio eran tópicos fílmicamente interesantes porque alimentaban la incesante maquinaria publicitaria de la que el documental era y es un desprendimiento. Ni autocrítica, ni perspectiva sesgada, por lo menos, como gesto de amplitud de mirada hacia los de adentro. Ningún guiño, ninguna ventana al debate. Heroísmo y mesianismo al extremo. Y a eso había que llamarlo documental.[33]

Es como si los gritos en el desierto de Rodolfo Walsh –a los que me referí en la segunda parte de este escrito y en cuya tradición ideológica entronca el actual resurgir de adictos ideológicos- continuaran resonando entre los médanos de la militancia. Jerarquía, obediencia, verticalismo a cambio de prebendas. Autocrítica, nunca. No solo no se han recuperado con fervor las instancias críticas sino que, por el contrario como ese documental demuestra, se ha cristalizado el pasado, en una especie de mundo primitivo en el que buenos y malos, hombres y bestias, se diferencian claramente. Reconozco, sin dudas, que existen hoy voces críticas dentro del movimiento militante mayoritario. Lo complejo es que permanecen circunscriptas a las charlas de sobremesa.

¿Cuál es –me dirán- el problema de que alguien haga un documental que no me parece interesante ni bien acabado, que me impacta por su puesta en escena descuidada, por su poxiranesco salto temporal, por su olor a mala propaganda partidaria? No existe ningún problema, siempre y cuando ese (pésimo) panfleto audiovisual haya sido costeado por los bolsillos del propio director o por los de sus acólitos de doctrina… Pero no es el caso.

El film (sic) acerca del detenido-desaparecido-asesinado está financiado por Contenidos Audiovisuales de la universidad local, espacio en el que el director-militante trabaja. Este híbrido entre institución y partido político es un detalle. Puede tratarse de una acción artística lícita. Por ejemplo. La universidad decide participar de la discusión política a través de un aporte a la memoria histórica y encarga un documental. Si fuera así, aunque supongo que no lo es, lo mínimo que se le podría pedir al documentalista es rigurosidad en el manejo de los datos: no falsear, no manipular la historia –o, como dije, si quiere jugar en esas lides experimentales o panfletarias, y con esos parámetros, que se autofinancie.

Además, sería necesario revisar de qué manera ese ´realizador audiovisual´ llega a trabajar en una productora de contenidos audiovisuales dependiente de la universidad. Es posible que su condición de graduado –porque allí estudió- lo habilite, pero ¿entra a trabajar por concurso o de manera discrecional, accede por ser militante, por repetir el credo, por contactos, por presentación de proyecto? De qué manera es una pregunta importante. Son fondos públicos los que le dan vida a su monstruo (plagado de buenas intenciones, claro). Y son también fondos públicos –porque la historia continúa en círculo- los que le permiten al director progresista utilizar los equipos de filmación y de edición de la productora en cuestión para registrar actos partidarios, actos militantes, tal como consta, incluso, en fotos públicas compartidas sin pudor en las redes sociales.

Uno diría que, en principio, la militancia no debería ser una pequeña empresa. El grupo podría generar sus ingresos por medio de actividades, o aceptar la ayuda de otros militantes con cargos políticos, o permitir que el partido madre los sostenga… No tengo idea de cuál es la mejor opción. Sí sé que esos fondos no deberían salir de las universidades. Los espacios académicos, en su germen, son nichos de trabajo que deberían ser disputados por sujetos libres que ponen en consideración sus capacidades intelectuales y comunicativas, y no el tono de sus ligamentos para demostrar cuanto tiempo pueden sostener la genuflexión.

Libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad académica, lucha intelectual para la emancipación del ser humano… No se hagan ilusiones, nada de eso sucede en la universidad. Kaczynski, coherente, le dedicó algunas ´cartas´. Con sus libros, su ortodoxia, sus jerarquías y sus vidas entregadas, la universidad es el sucedáneo laico de la iglesia, otra institución pilar del complejo militar-industrial. Si uno quiere entender la esquizofrenia y la irracionalidad del capitalismo tardío bien podría apuntar allí sus intereses.[34]

Otros serán los problemas en otros espacios geográficos, en Argentina –donde las universidades son primordialmente estatales- sería necesario revisar esas instituciones poco resistentes al archivo en sus relaciones con la militancia política y con la política tradicional. Una quimera. Apenas si arriesgo una inocua ´carta-bomba´ contra los académicos y, en este caso, contra algún monaguillo. No comparto el uso de la violencia y es uno de los puntos que menos entiendo de Kaczynski, aunque comprenda su estrategia. Mi cortedad de entendederas me alcanza para publicar un texto enrevesado en un blog perdido y decir con la Rata como paradigma. En situaciones como las descriptas, el sujeto que funciona con doble rasero –realizador audiovisual académico; militante político-, como mínimo, o propone trabajos basados en la honestidad intelectual y demuestra talento (y así obviamos la manera espuria en la que accede al cargo) o que pase a cuarteles de invierno y que devuelva el dinero que -¡oh, ironía!- fue desviado de la necesidad de algún estudiante que podría haber recibido una beca. Vale decirlo: el ingrato fin de ese desvío fue fomentar la abulia digital del pichón de corrupto. (Alguien podrá preguntarme cuál es mi autoridad para decir qué está bien qué está mal en la factura audiovisual o de lo que sea perteneciente a otro; de acuerdo, pero dos aclaraciones: discuto el usufructo de dinero público al que se debería acceder por otras vías y no por participación en la misa comunal de la ortodoxia de turno; este mismo texto pedestre es autofinanciado; se trata, repito, de honestidad intelectual y de no hacerle pagar a los demás nuestros berretines, o en todo caso decir directamente –fináncienme, che– y no mutar repetidor de verdades a medias y ajenas.)

Que renuncien o que devuelvan el dinero. Es un tema que en este momento me excede –y tal vez me exceda por siempre. Detrás de la imposición del ciber-imperio, de ese mundo enloquecido de la propaganda y del bate parche audiovisual y multimedial, existe una lenta degradación de la cultura humanista que, con todos sus problemas, supo al menos crear sus anticuerpos y permitirse la autocrítica. Por machaque o por indiferencia del resto de la sociedad, puede hoy hacerse y decirse en arte, en cultura, en pensamiento, en política… cualquier cosa. Mientras se mantenga la obediencia al califa de turno, y en el territorio propicio, todo pasa, todo es aceptado, aprobado, editado y barnizado por la publicidad 2.0. Miles de Prósperos. Miles de millones de Calibanes.

Prometí no extenderme en la historia de otras ratas. Es inevitable cuanto menos indicar sus caminos, sus montoncitos y sus madrigueras.

En La tempestad Próspero menciona a las ratas que abandonan el barco desvencijado para graficar la podredumbre del navío al que lo condenan para expulsarlo, pero, se puede intuir, utiliza esos animalillos para figurar cómo fue abandonado por sus subordinados –el barco sería el ducado que regía- una vez que las intrigas palaciegas le quitaron el poder. En Hamlet, ´la rata´ está de igual forma asociada al conspirador político –la rata es Claudio, el tío de Hamlet; y la venganza orquestada por el príncipe, la ratonera.

El complot, la conspiración, los poderes en las sombras tienen su fuerza explicativa siempre y cuando aparezcan escenificados en algún tipo de ficción, de fábula que narre con cierta gracia la lucha contra fuerzas invisibles que revelan su presencia en el final del camino derrotadas, neutralizadas u opacadas para retornar en el momento menos deseado. Por el contrario, si la conspiración es utilizada para pensar la política real, el entramado económico aquí y ahora, el sujeto que esgrime esos argumentos es visto como un ingenuo, un crédulo, un paranoico que sigue el camino más fácil: creer que todo está manejado por hilos fuera de su alcance. El corolario es la inacción en las manos de una mente afiebrada.

Sin embargo, si se toman al azar algunos sucesos de los últimos meses, uno detecta que, por ejemplo, en Argentina ´muerte sospechosa, paranoia, complot, conspiración, servicios secretos, dobles agentes, traiciones varias, vendettas, suicidios que no lo son, etcétera´ son conceptos que abundan como la única forma de desentrañar lo que de otra manera es inenarrable e incomprensible.[35] En otra escala, pocos días atrás se desató a nivel planetario –en una de esas corporaciones que inundan segundo a segundo la iconosfera de ciber-espectáculos deportivos- una tormenta sin precedentes por casos de corrupción, que incluye a la política, escándalo en el que los investigadores oficiales hablaron sin tapujos de ´conspirador´, de ´co-conspirador´ y así. No es ninguna novedad –aunque ciertos sectores parecen verlo solo ahora- que los flujos descontrolados de dinero del capitalismo tardío derivan en corrupción, en complots incesantes que difícilmente sean desentrañados.

A pesar de ser una hipótesis banalizada sin cesar por los portadores de la corrección política e ideológica, la conspiración, los infiltrados, las sectas, la realidad de doble fondo (o de múltiples fondos) es una herramienta intelectual, si precaria, por lo menos eficaz.

La misma joven militante que –tal vez como catarsis- me contó la simpática anécdota de ´Los dos Audis´, en charlas complementarias, me confesó –hoy lo verá ella como un exceso de confianza- que por cercanía con esferas superiores de conducción, se sabía que desde hacía un par de años, y en previsión por un eventual abandono de la estructura del Estado luego de las elecciones del corriente año, las organizaciones militantes conectadas con el partido oficial de gobierno, habían comenzado sin prisa pero sin pausa a infiltrar con trabajadores adictos -militantes encubiertos- las dependencias estatales para preparar ´la resistencia por si en el país llegaba al gobierno la derecha´.

Ese planteo-confesión provocó, en su momento, un airado intercambio de ideas sobre lo lícito o no de la estrategia, pero, sea como fuere, y más allá de las evaluaciones, ese dato acerca de un movimiento –digamos, conspirativo- comenzado años atrás tuvo y tiene hechos concretos. El caso de la Rata -un caso menor por tratarse de un simple cronista de las batallas- es un ejemplo indiscutible de ese plan. Como es de suponer, existen infiltrados que deciden entrar a ocupar un puesto para ´hacerle el aguante al proyecto´, y existen conversos que tenían ese cargo en sus manos y que, ante el miedo de perderlo, siguieron el camino, con infinito menor brillo, idéntico al de Saulo de Tarso.

Quedarán los detalles para otro momento, si es que ese instante llega. A modo de síntesis podría indicarles que en mis paseos por la desquiciada selva de la organización social vernácula accedí de primera mano a la existencia de dobles agentes, infiltrados, conspiradores -mercenarios con la medallita al cuello indicando el nombre de su dueño-, i) en las dependencias de la universidad donde se desempeña el director-militante (conozco, entre otras, la deliciosa historia de un tecnócrata cuyo cinismo es más profundo que los negros abismos oceánicos); ii) en instituciones educativas no universitarias dependientes de la mencionada unidad académica (y me gustará algún día contar esa historia absurda); iii) en instituciones educativas provinciales (y en una, en particular, que ostenta en su corazón un medio de comunicación partidario, institución en la que fui apretado o conminado a sostener un discurso diferente del que propongo en mis tareas[36]); iv) ni hablar de lo que sucede en los gremios docentes: según la mirada de esos traidores, al igual que la de otros esbirros, vivimos una realidad poco menos que ideal, un mundo de fantasía y jauja, luchando contra enemigos que parecen estar siempre más allá y a los que veo acá, muy cerca… Porque a las ratas a simple vista es muy difícil verlas, pero en la tranquilidad de la noche se escuchan sus pasitos dirigiéndose hacia la madriguera.

Escribí, creo, de más. A mi alrededor, en charlas cotidianas, aleatorias, nada serias, esas de café o mate y tortas negras, me dijeron y me dicen que me calle, que no me conviene, que no hable, que diga otra cosa, que agache la cabeza, que me van a endilgar paranoia, que me van a diagnosticar insania, que soy un conservador, un reaccionario –modo de atacar al que no sabe rezar el rosario-, y que sea consciente de que categoría más categoría menos… Alguien sottovoce me dijo: ´se les fue la mano con el paladar negro, estamos viviendo algo así como un neofascismo, y sabés lo que significa intentar enfrentarlo´.

Un neofascismo ciber-condicionado, un mundo feliz construido de pura realidad virtual y de cifras incomprobables y de discursos, una revolución esplendorosa para quienes se pliegan y obtienen del carro en movimiento las migajas reales y simbólicas, de unas pocas monedas y de pertenecer a algo en este mundo gris y desvaído.

La realidad como delirio.

Y una tarde, la Rata hizo su mejor número. Estaba la horma cerca, iba a bailar de todos modos. Alentó, arengó y no dejó de arengar que la ciudad de esta historia era un irrefrenable ´polo audiovisual´. Polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, repitió, y no se cansó de repetir, polo audiovisual. Entendible. Aunque por las calles se ven solo las cámaras de los infinitos autos all-star (las de monitoreo ciudadano, ni funcionan, creo), en su madriguera, en su cueva, en ese espacio que debería ser público y que él ha optado por cooptar, las candilejas son otras, infinitas y, en sus términos, gratuitas, porque la estrella de su vida brilla con el dinero que les roba a quienes dice ayudar.

Humo –militancia política, universidad, producción artística e intelectual. Humo. Humo. Humo. Humo. Posta, es humo, como el de aquellos dos militantes –uno con cargo político, otro con una ciber-actividad- que luego de un espectáculo montado en el que uno se llevó los denarios y el otro la foto para mostrar, se miraron en la despedida, se abrazaron y se dijeron: ´sigamos ilusionando al pueblo, es lo que nos queda, que se diviertan, total nada va a cambiar

Humo, humo, humo. ¿Les resulta pesado digerir a Kaczynski que, al fin de cuentas, pide el fin del humo que es el fin de esta organización social? Los dejo entonces con otro polaco que, por esas casualidades, qué cosa no, anduvo por esta misma ciudad. Años antes de traer sus huesos esmerilados a restaurar, dijo –achicando el pedido de Kaczynski que pide parar el sistema en su totalidad: “…hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros.” Lo dijo Witold, que es Gombrowicz, en 1947, en Buenos Aires, en una conferencia, Contra los poetas.

Contra la militancia, por ahora, no digo más.[37]

[Tandil – 04 de mayo al 04 de junio de 2015]

Notas:

[1] Para la redacción de este texto, trabajo con la versión en inglés del manifiesto de Kaczynski acompañada por una traducción al castellano bastante discutible y que se encuentra disponible en la Red. Existe una edición española –editorial Isumatag, 2011- a la que no accedí y que supuestamente está avalada por el propio articulista. Es necesario considerar que tanto el texto inicial, como los detalles de la historia del activismo de Kaczynski, están mediados por las fuerzas de seguridad estadounidenses. En consecuencia, vale la prevención ante lo que se lee. En el final del documental alemán Das Netz [2003], se sugiere que las versiones que conocemos de La sociedad industrial y su futuro distan de lo que en su momento quiso publicar y proponer el matemático. (Allí también se pone entre paréntesis los atentados con ´cartas-bomba´).

[2] La sociedad industrial y su futuro consta de 232 párrafos. Al izquierdismo están dedicados 46, el 20 %.

[3] La militancia existe porque es no peligrosa. Cuando el poder de turno la considera peligrosa para su continuidad, la militancia es atacada. Algo semejante ocurre con otras actividades sustitutorias.

[4] Desconozco a qué genealogía puntualmente se refiere Kaczynski, pero el diagnóstico del enloquecimiento progresivo de este mundo en su configuración actual es compartido por un importante número de ´desquiciados´. Como no dispongo de espacio para indicar sus semejanzas, recomiendo leer y escuchar en paralelo el artículo aquí reseñado y la conferencia que el psicoterapeuta chileno Claudio Naranjo dictó en Buenos Aires [24-04-2013]: “Conocimiento transformador” [ Youtube.com ] En relación a la educación, la dominación, el lavado de cerebro, la publicidad optimista de vivir en un mundo maravilloso, la neurosis universal, la locura generalizada, la escasa productividad de la militancia y la crisis generalizada del sistema militar-industrial, Kaczynski y Naranjo coinciden. Detrás de sus posturas, dosis de anarquismo, autoconocimiento, filosofías orientales, etc.

[5] Podría confeccionarse una lista de suicidas que basaron su decisión en comprender que la vida en la sociedad actual carece casi de sentido. Otros –con una perspectiva semejante- no se suicidaron pero se inmolaron u optaron por el camino de la autodestrucción. Afirma Kaczynski en el párrafo 148: “El individuo cuyos actos lo llevan a un conflicto con el sistema está en contra de una fuerza demasiado poderosa como para conquistarla o para escapar de ella, por lo tanto es probable que sufra tensión, frustración, derrota. Su patología será mucho más fácil si piensa y se comporta como desea el sistema. En este sentido se está actuando en beneficio del individuo cuando se le lava el cerebro para que esté conforme.”

[6] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/

[7] A esta altura la novela es otro avatar en el mito Kaczynski. Me interesa su discusión, no sus rasgos reales. En estas tierras, un paradigma de las tergiversaciones es el escrito de Pablo Capanna “Unabomber, el aniquilador solitario” incluido en el volumen recopilatorio Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos [2009]. La mirada de Capanna no es caprichosa: responde a una perspectiva conservadora. Ese texto difamatorio fue publicado originariamente en un periódico de tirada masiva.

[8] En aquel fondo espejado habría que incluir a Nina, académica retirada y exiliada ruso-soviética que se interesa por Renzi. Por otro lado, en La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski se refiere por dos veces [#195; #217] a Fidel Castro y a Cuba, y en ambas de manera negativa. A modo de ejemplo, el significativo párrafo #195: “No hay garantía de que el sistema industrial pueda ser destruido al mismo tiempo en todo el mundo, y es posible que en el intento por derrocarlo, sea dominado por dictadores. Hay que correr ese peligro ya que la diferencia entre un sistema industrial ´democrático´ y uno controlado por dictadores es pequeña, comparada con la diferencia entre un sistema industrial y uno no industrial. (La estructura tecnológica y económica de una sociedad son bastante más importantes que su estructura política a la hora de determinar la manera en que vive el hombre medio; ver #95, #119). Puede discutirse que un sistema industrial controlado por dictadores sería preferible, porque normalmente se han demostrado ineficientes, por lo tanto es probable que colapse. Mirá Cuba.” El argumento de que los dictadores son preferibles conoció sus avatares en este mismo extremo país del Cono Sur.

[9] Supongo que Piglia disintió con la escalada hacia la lucha armada. Militante del PC, acaso prefería pensar la revolución como proceso al que se llega por la toma de conciencia de las masas (aunque no tengo plena seguridad, en este caso, de lo que afirmo). Sobre su relación con Rodolfo, ver el documental P4R+.Operación Walsh [1999] de Gustavo E. Gordillo [disponible YouTube].

[10] Sobre Walsh y la ALN pueden leer una biografía del escritor a cargo de Eduardo Jozami, La palabra y la acción [2006]; también de Rubén Furman, Puños y pistolas [2014], una historia de ese ´grupo de choque´; puede verse el programa, en cuatro capítulos, dirigido por Luciano Zito, Reconstrucción de un hombre [disponible en Youtube].

[11] Walsh, por supuesto, no está en El camino de Ida. Sin embargo, existe una sutil corriente subterránea que me gustaría señalar. Renzi, hacia el final de la novela, desanda el camino hacia la cárcel en la que está detenido Munk. Conoce a una joven estudiante de literatura comparada –Nancy Culler- que prepara una tesis acerca del ´terrorismo ecológico´ en la película de A. Hitchcock, Los pájaros. Nancy alardea: no escribirá sino que filmará su tesis, ´la primera disertación fílmica de la historia de los Estados Unidos´- titulada ´A vuelo de pájaro´. En su ensayo sobre Walsh, Viñas (2005, p. 254) apunta que en la forma de contar desde arriba de Walsh (una partida de ajedrez, por ejemplo) “…parecería que sobrevive una dimensión teológica.” Ese ademán de usar ´planos explicativos´ responde, según Viñas, a una constante en la forma de mirar en la literatura argentina, ´el vuelo de pájaro´.

[12] De esta manera, Walsh se incorpora a la lista de escritores argentinos heterodoxos –en un sentido diferente al que utiliza Viñas- en contacto con las herejías en un sentido amplio (ocultismo, esoterismo, cábala popular, hermetismo, gnosticismo, etc.). Esos autores, en un listado incompleto y restringido al siglo XX, son: Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Roberto Alrt, Jorge L. Borges, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Ernesto Sabato, Julio Cortázar, Manuel Puig y, con sus peculiaridades, el mismo Ricardo Piglia. (En todos esos herejes, con mayor o menor incidencia, la matriz de la ciencia ficción.)

[13] Hay un tercero en esta serie. En el escrito “Fabián Polosecki, mística y anarquismo” [https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/11/15/fabian-polosecki-mistica-y-anarquismo/] expongo con más detalle un tema que mencioné al pasar en el cuerpo del texto: anarquismo y cristianismo primitivo. A su vez, es muy interesante considerar los hilos invisibles que reúnen a Polosecki con los dos nombrados. Hilos: la militancia, la religión, la decepción, la crítica a la organización social (y a la célula revolucionaria), el retiro al Tigre, Conrad, la paranoia, la inmolación, la ética anti-, etc. En lo que respecta al suicidio de Polo, como Ted descendiente de polacos, dos comentarios: a) en la versión de Piglia, que Munk le pregunte por el cianuro a Renzi sugiere una leve chispa de arrepentimiento por no haber previsto ese detalle; haber caído en manos de las fuerzas de seguridad de ninguna manera fue un buen final de secuencia; b) su alocado enfrentamiento aquel 25 de marzo de 1977 con los militares y a los tiros, tiene todas las trazas de un suicidio disimulado por parte de Walsh; como muchos otros convencidos, v.g., su hija Vicky, fue al muere; se sabe que Walsh rechazaba el uso de la pastilla de cianuro y prefería el culto al coraje llevando consigo un revólver.

[14] El paradigma del escritor-periodista salvaje para Walsh era Ambrose Bierce, aunque esa es otra historia.

[15] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

[16] Sobre un tema tan complejo, envío a la discusión recogida por el volumen AA.VV., No matar. Sobre la responsabilidad [2007], Córdoba.

[17] Existe un patrón de ataque al disidente en el que, de una u otra forma, siempre se terminan por esgrimir los mismos argumentos. En el artículo “EE.UU.: cuatro cadenas perpetuas para Unabomber (El terrorista postal)” [1998] {LINK http://edant.clarin.com/diario/1998/05/05/i-03601d.htm }, Marina Aizen construye el monstruo en base a: i) problemas de identidad sexual (se menciona el intento de abuso contra una empleada de un comercio), ii) resentimiento y odio por no haberse insertado en la sociedad, iii) irracionalidad -locura- basada en la soledad. Ahora bien, cómo puede afirmarse que Kaczynski nunca ´se integró a la sociedad industrial´, cuando surgió de sus entrañas. Acaso nada tan competitivo ni elitista como el sistema universitario estadounidense, y Kaczynski recorrió esos pasillos sin que nadie diera cuenta de su desequilibrio. Solo cuando convirtió su hastío en acción, la brillantez académica no fue suficiente para considerarlo interesante.

[18] Puede tratarse de una radicalización en mi mirada sobre el escrito de Kaczynski. Sin embargo si se traspasa la extrañeza inicial de un escrito por momentos robótico, sus afirmaciones describen punto por punto la sociedad industrial. Las formas que adopta la violencia, y que están originadas en el avance de la tecnología por sobre la libertad y la autonomía humanas, son descriptas también por el manifiesto. Ofrezco un ejemplo de esos aciertos en https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/27/cyberlolita-kaczynski/

[19] Se supone que Kaczynski conoció de cerca –de hecho, habría sido un cobayo- experimentos con las personas en las universidades para detectar y mejorar técnicas de manipulación mental. Recomiendo el documental alemán Das Netz [2003] –disponible en Youtube.com como The Net.

[20] La tercera víctima es un empleado de un negocio de computación que –se supone- casualmente mueve el paquete destinado a otra persona con cargo jerárquico.

[21] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/25/kaczynski-contra-la-militancia-tres/

[22] Acerca de la relación entre la Red, el consumo de drogas y la religión (y, como siempre, la política), pueden repasar https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/ En todos los casos el aspecto común es la búsqueda de trascendencia. El problema son los medios para alcanzarla y las resultantes no deseadas de esas interrelaciones.

[23] El documental instala la sospecha sobre el contenido del Manifiesto, mediado por las fuerzas de seguridad estadounidenses (ver nota al pie, Parte I). La línea argumentativa del documental sería: realmente Kaczynski tiene razón y las intenciones de los ciber-profetas no son nada buenas (ver nota al pie, Parte III).

[24] “Matemático y escritor norteamericano, también conocido como ´Unabomber´. Enseñaba matemáticas en la Universidad de Berkeley hasta que, desencantado con la evolución de la sociedad americana, se convirtió en ermitaño y terrorista neoludita, al enviar paquetes-bomba a personajes representativos del mundo de la informática ­profesores y empresarios [Bill Gates tuvo el dudoso privilegio de recibir varias docenas de estos paquetes en Seattle]­, pues los consideraba responsables de la inexorable destrucción de la humanidad. Escribió Industrial Society and Its Future [El manifiesto Unabomber], que fue publicado por The Washington Post en 1995, como una forma de chantaje, pues Kaczynski prometió dejar de enviar bombas si se publicaba en primera plana. Este trabajo de crítica apocalíptica contra la tecnología, dada su calidad, despertó las sospechas del FBI, pues se creyó que su autor era un verdadero intelectual, extendiendo su investigación a la comunidad universitaria americana, entre ellos a personalidades como Illich y Zerzan.” A partir de estos eventuales sosías –Iván Illich y John Zerzan-, y del antes mencionado Hakim Bey, a Kaczynski se lo puede alistar a una serie de intelectuales recalcitrantes como Hans Jonas, Peter Watkins, Claudio Naranjo.

[25] Sobre ciencia ficción heterodoxa, hereje, hermética: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/ciencia-ficcion-hereje-2013/

[26] Ver Serge Gruzinski. El pensamiento mestizo [2000]; La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019) [2001]. Desarrollo su postura en “Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]”, disponible en https://independent.academia.edu/RobertoLepori En este blog utilicé la categoría ´guerra de las imágenes´ en artículos como A) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/vem-pra-rua-vem-una-guerra-de-imagenes/; B) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/o-brasil-deveria-libertar-se-da-globo/

[27] Elijo al azar una crónica del encuentro: http://www.perfil.com/politica/Como-fue-la-reunion-de-Cristina-con-Mark-Zuckerberg–20150411-0081.html

[28] Para tener una leve dimensión de cómo la política utiliza ideológicamente la tecno-ciencia, pueden ver la Wiki de Florencio Randazzo, pre-candidato a presidente. Link http://lawikiderandazzo.com/

[29] Continúa: “El burgués corriente intenta llevar a la gente bajo el control del sistema para proteger su modo de vida, o lo hace simplemente porque sus actitudes son convencionales. El cripto-izquierdista intenta llevar a la gente bajo el control del sistema porque es un Verdadero Creyente en una ideología colectivista. Se diferencia del izquierdista medio sobresocializado por el hecho de que su impulso de rebeldía es más débil y está más firmemente socializado. Se diferencia del burgués corriente bien socializado por el hecho de que hay una profunda carencia en su interior que le hace necesario consagrarse a una causa y sumergirse en una colectividad. Y puede que su impulso (bien sublimado) por el poder sea más fuerte que el del burgués medio.”

[30] Me refiero a este libro en la Parte II. Dice González (2004, p. 266) acerca de la llegada de Perón al poder: “Fundado a comienzos de 1943 y disuelto en 1945, el GOU reitera las mismas tecnologías de organización clandestina y los atributos del logos conspirativo. El poder no es un poder de la técnica materializada en aparatos de servicios y gobierno, sino el gobierno de los hombres ensamblados por formas sigilosas y paralelas de disciplina.” Por azar, hoy se cumplen setenta y dos años de la exitosa conspiración que llevó al GOU al poder y que propició la escalada de Perón a la presidencia. González en 2004 denominaba a esa conspiración ´golpe de Estado´. Denominarlo de otra forma, por ejemplo ´revolución´, sería adoptar como punto de vista válido el del grupo de militares. En ese caso, lo de 1955 también es una ´revolución´ y lo de 1976 también es un ´proceso de reorganización´. Pues bien, un joven crítico literario que trabaja en una universidad metropolitana, adicto a la actual ortodoxia, en un volumen en el que ensalza de forma bastante parcial e improvisada a Rodolfo Walsh, quien merecería un mejor aeda, acepta la idea de que el ´golpe de Estado´ del 4 de junio de 1943 es una ´revolución´. ¿Descuido? ¿Ignorancia? ¿Complicidad? ¿Militarismo? ¿Desinterés por la democracia? En un futuro, supongo, intentaré escribir sobre ese caso particular.

[31] El director-militante es oriundo de la misma ciudad que el abogado asesinado, ubicada a unas dos horas del territorio en el que suceden parte sustancial de estos hechos.

[32] “Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.” La sociedad industrial y su futuro [#17]

[33] La factura de ese documental se opone punto por punto a posturas ideológicas críticas como la del británico Peter Watkins – https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/10/29/maldito-watkins/

[34] Sobre corrupción en la universidad, en este caso, la UBA http://www.telam.com.ar/notas/201505/105222-uba-conflicto-denuncias-causas-judiciales.php

[35] Sobre complot, conspiración, política tradicional, literatura paranoica, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/02/14/doscientas-ochenta-y-nueve-fojas/ La relación entre conspiración, política, universidad, servicios de inteligencia, quedan evidenciados en casos como el de un académico vicerrector espía http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html

[36] Una versión de esa historia de apriete institucional es contada en el siguiente post https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ Preciso aclarar que el único dato identificable, aunque no aparezca en el cuerpo del texto, es el nombre de la ciudad escenario de esta historia. Me reservo la identidad de los personajes mencionados. Esos sujetos no son originales en sus prácticas. Si algo tiene de divertido el fascismo –terrible en otros aspectos- es el de la previsibilidad.

[37] Versión parcial https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/06/04/kaczynski-contra-la-militancia-cuatro/

Kaczynski, contra la militancia [cuatro]

“Nor tackle, sail, nor mast; the very rats
Instinctively had quit it: there they hoist us…”
[“Ni aparejos, ni velas, ni mástil; las ratas
Por instinto lo habían abandonado: allí nos subieron…]

“Shakespeare (oculto maestro cibercultural)…”

Ted Kaczynski denomina ´sociedad industrial´ a un constructo que recibe otras categorizaciones: sociedad del espectáculo, sociedad de consumo, capitalismo posindustrial, capitalismo tardío, complejo militar-industrial, ciber-imperio. La crítica del matemático apunta, en su núcleo, a la lenta intromisión de la tecnología (o tecno-ciencia) en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, aquello que era lo habitual –para no decir lo natural– en el ser humano, esto es, la obtención de comida, refugio, seguridad, fue retirado de su esfera de acción, y a modo de placebo se le ofreció una serie de actividades sustitutorias que no han logrado más que deprimir, violentar, volverlo airado. Dice el párrafo 145 de La sociedad industrial y su futuro: “Imagina una sociedad que somete a los individuos a condiciones que los hacen infelices y que les da drogas para contrarrestar la infelicidad. ¿Ciencia ficción? Ya está ocurriendo en nuestra sociedad. La tasa de depresiones clínicas se ha incrementado en las décadas recientes. Y creemos que se debe al colapso del proceso de poder… […] En vez de extirpar las condiciones que hacen que la gente esté deprimida, la sociedad moderna les da antidepresivos que modifican el estado interno para que el individuo tolere las condiciones sociales que de otra manera encontraría intolerables.”[1] Este es uno de los métodos de control del comportamiento utilizado entre los humanos [#146]. Existen otros, como, por ejemplo, a) ´las técnicas de vigilancia´ (cámaras que filman, computadoras que procesan información sobre los individuos), b) ´la propaganda´ (medios de comunicación de masas), c) “La industria del entretenimiento es una importante herramienta psicológica del sistema. […] Le proporciona al ser humano un medio de escape. Mientras es absorbido por la televisión, los videos, etc., olvida la tensión, la ansiedad, la frustración, la insatisfacción. Muchos de los llamados primitivos cuando no tienen ningún trabajo que hacer, se sientan durante horas sin hacer nada porque están en paz consigo mismos y con su mundo. Pero la mayoría de la gente moderna debe estar constantemente ocupada o entretenida, de otro modo se ´aburre´, se vuelve inquieta, incómoda, irritable.” [#147] La irritación, la incomodidad, la inquietud está originada en la pérdida de la autonomía y de la libertad.

La actual organización social es una compleja red en la que cada individuo funciona a modo de engranaje necesario. Cualquier desvío que atente contra la sustentabilidad es sancionado. De esa trama a gran escala participan ´los servicios públicos´, ´las redes de computadoras´, ´los sistemas de autopistas´, ´los modernos servicios de salud´, ´los medios de comunicación de masas´ (mass communications media) [#118]. Un conglomerado de acciones basado en el desarrollo de la tecnología sostiene la sociedad industrial aunque, por razones obvias, y sobre todo en cuanto al convencimiento, los medios de comunicación son los que barnizan una realidad que no soporta la uña de la duda sobre su superficie. La tecnología, en general, es el elemento disruptor en la conformación social actual y los medios de comunicación, en particular, el soporte ideológico. Junto al sistema educativo, los medios de comunicación mayoritarios (mainstream communications media) enarbolan los valores que la sociedad industrial defiende en términos nominales [#28]. Esos medios (mass media), en gran parte, son controlados por corporaciones integradas al sistema [#96]. Es una lógica tan cristalizada que quienes alegan ser detractores –activistas o militantes de izquierda (tal vez la más importante entre las actividades sustitutorias)- una vez que ocupan el poder, mantienen la usina de injusticias que gritaban combatir: “Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan entusiasmados para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216] [2]

En La sociedad industrial y su futuro de 1995, Kaczynski menciona por única vez Internet en el párrafo 96 al explicar y justificar el uso de la violencia en las muertes provocadas por sus ´cartas-bomba´. Reconoce que la Red hubiera sido un medio para difundir el manifiesto, pero sabe que entre la maraña de publicaciones, habría pasado al olvido. Esa mención no responde a un color de época. Como cuenta el documental alemán Das Netz [2003], al mismo tiempo que Kaczynski se distanciaba del mundo, entre fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta, en espacios vecinos (Harvard, Berkeley) se pergeñaba el acabado final del universo regido por Internet que explotaría en pocas décadas. Fue Kaczynski un testigo directo –y se supone, también, un cobayo- en el armado de esta versión de la sociedad industrial a la que otros denominan Ciber-Imperio.[3]

Una de las biblias del ciber-mundo es el volumen de los españoles Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, La Nueva Ciudad de Dios [2002]. En esta enciclopedia, los críticos recopiladores reconstruyen el camino centenario, y milenario, de ese anhelo -platónico, agustiniano, etcétera- de confeccionar ´un cielo virtual en la tierra´ para cobijar con felicidad los cuerpos astrales holográficos y, en rigor de verdad, con el objetivo de lograr el más amplio control sobre individuos que, al fin de cuentas, lo aceptan dócilmente.

Frente a la miríada de autores, textos y referencias cruzadas, el volumen de Alonso y Arzoz incluye un Cd-Rom que, a su vez, reenvía a una página web titulada “Quién es quién en la cibercultura ampliada”. Este reservorio de información incluye múltiples entradas biográficas como la del propio Kaczynski.[4] Sería imposible y, por su parcialidad, carente de sentido nombrar a los conscientes o aleatorios partícipes de la construcción del Ciber-imperio. Rescato, a modo de trueque, uno de los que permitieron la concreción de la ´sociedad del simulacro´: “William Shakespeare [1564-1616]. Dramaturgo inglés. Genio del teatro que [entre otras] escribió la fascinante La tempestad, una suerte de anticipación de la realidad virtual… [con]… el juego entre la apariencia y la realidad, y la comunicación de la verdad por medios mágicos… Por otra parte, Shakespeare -cuya obra está plagada de recursos y motivos ciberculturales- es… uno de los autores con más presencia en Internet.”

La tempestad –alejada, en apariencia, del tema que nos convoca- permite pensar algunas cuestiones: i) la fuerza de la ciencia ficción (en su variante heterodoxa) para analizar la sociedad industrial; [5] ii) la pertinencia del simulacro y del barroco como categorías que evidencian la constitución de una realidad de doble fondo en base a la tecnología, la manipulación de la información, la propaganda; iii) la deriva en la conspiración, propiciada por esa doble realidad.

Esa obra de teatro de inicios del siglo XVII escenifica dos modi operandi que no han cejado, que se han intensificado y que, incluso, se han fusionado. El protagonista de La tempestad es Próspero. Este mago y político construye mediante sus saberes secretos una ´realidad alternativa´ –el naufragio- para vengarse de quienes, en el pasado y en Italia, lo despojaron de su poder y de sus posesiones. Los destinatarios de esa venganza, y en continuidad con el pasado -aun en medio de un desastroso naufragio (luego ficticio) y en la arena de una isla en apariencia desierta- conspiran y conspiran para tomar el control. De ambos lados, el poder (y la justicia) basados en mecanismos que engañan para someter.

La tempestad, y sus personajes, recibieron interpretaciones diversas y contradictorias. Alonso y Arzoz recuerdan que “…es uno de los modelos para el anarquismo de [Hakim] Bey, [al] representar la pasión por vivir fuera de las convenciones sociales.” Como se desprende de la mera lectura de la obra, la fábula no se sitúa en cualquier espacio del mundo conocido. La acción transcurre en el Caribe –o en las Bermudas-, como reflejo metropolitano de la invasión europea a estas tierras, ocurrida a fines del siglo XV. Con este dato en mente, a la lectura proto-anarquista se le puede añadir una menos complaciente.

Próspero vive en esa isla –ubicada acaso en América- con su hija Miranda y con dos sirvientes, Ariel, dedicado a complementar su magia, y Calibán, destinado a las tareas rudas. El nombre ´Calibán´ fue entendido de distintas maneras: derivado de caribbean; de cannibal; de cauliban (término gitano que significa ´oscuro´). Como sea, su figura es la del habitante del Nuevo Mundo, hijo de una bruja africana desterrada, y sometido a las voluntades ajenas que quieren dominarlo o con palabras (órdenes, promesas), o con licores y lujos futuros que nunca llegarán. Ese desastrado, quien por cierto le cuestiona a Próspero no haberle transmitido su ciencia, representaría al nativo sometido, y a la vez, al nativo que, a su modo, resiste frente al amo, y lucha así por su liberación.

En ese ir y venir de sentidos posibles, el extraño Calibán encarnaría un aleatorio ejemplo de lo que el historiador francés Serge Gruzinski denomina ´guerra de las imágenes´.[6] Aunque no lo proponga él en estos términos, el ciber-imperio, el ciber-mundo en el que se libra una batalla continua por la obtención del poder (económico, político) mediante una doble vía –bombardeo de imágenes, fogoneo de relatos- tiene su momento crucial en el arribo de Colón a las islas del Caribe. América fue a partir de ese momento -según Alonso y Arzoz, y en consonancia tácita con Gruzinski- un ´laboratorio de imágenes´ en el que se ensayaron diversas estrategias que permitieran el dominio mediato e inmediato de los millones de calibanes que habitamos los mundos periféricos. Que el M.I.T, que Hollywood, que Televisa, que O Globo estén en el continente americano no es, por supuesto, casual.

Esta ´guerra de imágenes y de relatos´, con centurias de tradición, es el humus propicio para realidades barrocas de doble fondo y, en consecuencia, para incesantes conspiraciones políticas voceadas, por lo general, con las mejores intenciones, pero, en lo concreto, con la búsqueda del beneficio propio –del grupo (secta, facción), de la corporación, de la casta.

Como lo estipuló el matemático descendiente de polacos, más allá de las palabras e intenciones, ningún actor ni de la derecha ni de la izquierda, ni de sus grises intermedios, ataca el uso de la tecnología, de las redes sociales, de Internet, de las huellas de aquí y de allá del cuerpo en los aeropuertos, del espionaje de e-mails, etcétera, etcétera, etcétera. La tecno-ciencia ha sido naturalizada incluso en países que se consideran anti-imperialistas.

La tecnología ha invadido la vida social y, aun cuando se trata de una de las formas más evidentes de dominación, de control y de generación de desigualdad, no se la discute. Es más, sin que a ningún medio de comunicación ni mucho menos político e ideólogos de turno, ni de un lado ni del otro, se le caigan los anillos, a la Cumbre de las Américas de este año, y con Julian Assange encerrado en una embajada sudamericana en Londres, asistieron los presidentes de todos los países… y el fundador de la atroz red social azul, fuente aberrante de espionaje virtual.[7]

Así las cosas, y olvidándonos de los consabidos reaccionarios, la tecnología se convirtió en una perfecta aliada de los progresistas quienes, definitivamente, pueden nadar y deslizarse por esa realidad de doble fondo que se ha instalado. Con el mayor cinismo posible –o por mera ambición- los militantes izquierdistas dicen, pregonan, alientan la liberación de esto y de aquello, la batalla aquí y allá contra el status quo –al que en muchos casos ellos representan- mientras conspiran para poder vivir la vida de los que en la arena pública son denominados ´enemigos´. Puede para el desprevenido y novel lector resultar un argumento extraño, pero es complejo desarmar la posición de Kaczynski: si existe alguna rémora para la lucha contra el sistema industrial -que debe ser detenido, desactivado-, ellos son los izquierdistas quienes –repito- mientras dicen luchar, confirman lo establecido.

Si la peor versión del izquierdismo surge en las últimas décadas del siglo XX, y la siguiente afirmación queda de mi lado, eso sucede en conexión con la explosión de los mundos virtuales.[8] El izquierdismo dice ir contra todos los aspectos del sistema industrial, menos contra el fundamental –la tecno-ciencia- porque de ella se nutre y por medio de ella promociona sus ´aciertos´ y, lo que es peor, construye universos ideales de luchas, combates, posicionamientos político-ideológicos, y en secreto anhelan lo que disfrutan los conservadores -estatus, dinero, jerarquías, beneficios, prebendas- porque, como sabemos, militantes izquierdistas de raigambre popular y sincera hay muchos, pero los falsarios, corruptos, advenedizos que rezan cualquier rosario para posicionarse son legión.

Hacia el final de La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski introduce una distinción: “Los izquierdistas más peligrosos -los más hambrientos de poder- con frecuencia se caracterizan por la arrogancia o por un enfoque dogmático de la ideología. No obstante, los más peligrosos de todos pueden ser sujetos sobresocializados que evitan despliegues irritantes de agresividad y se refrenan de hacer publicidad de su izquierdismo, pero trabajan rápido y promueven con discreción valores colectivistas, técnicas psicológicas ´ilustradas´ para socializar niños, la dependencia del individuo al sistema, y todo eso. Estos cripto-izquierdistas… están próximos a ciertos tipos burgueses en lo que atañe a acciones prácticas, pero difieren de ellos en psicología, ideología y motivación.” [# 230] [9]

La categoría ´cripto-izquierdista´ puede sumar un nuevo matiz si se entiende el concepto no solo en referencia a quienes trabajan en las sombras para que los ciudadanos permanezcan bajo control, sino también en lo que respecta a los que viven en el guiso de una inversión de valores. Son meros burgueses que han detectado los beneficios de la corrección política y a caballo de esa mistificación avanzan en la vida social empuñando la espada de combate con la mano izquierda y acumulando monedas con la derecha. El cripto-izquierdista y el cripto-burgués son cara y ceca del mismo e idéntico tapiz.

Argentina, por cercano, es caso testigo del estadio actual del sistema industrial en el que el uso de la tecnología se ha convertido en el feroz campo de batalla en el que se disputan los mapas ideológicos que sustentan la organización social. En Argentina conviven, al menos, dos realidades virtuales hostiles entre sí: por un lado, la de las fuerzas reaccionarias, conservadoras, elitistas, etcétera; por el otro, los eventuales disidentes del modelo anterior, es decir, fuerzas progresistas (izquierdistas), dinámicas, populares, que apuntan –o que apuntarían- al bienestar de la mayor parte de la población. (Dicha polarización es, sin dudas, nefasta además de falsa).

Esa tradición política de raigambre popular abreva, en sus orígenes, en la lógica conspirativa. Esa impronta se extiende hasta hoy. Si bien puede aplicarse la lógica del complot a toda la política tradicional, es innegable que en lo que atañe a las formas del peronismo, la conspiración en el fondo y la publicidad en la superficie es un método que ha hecho escuela. Una posible reconstrucción de esta dinámica aparece en Filosofía de la conspiración [2004] de Horacio González.[10]

En la ´guerra de relatos´ con virulencia desatada años atrás en la Argentina, y con sobradas señales de conspiraciones cruzadas con realidades virtuales, abundan los izquierdistas burgueses encriptados. Podría traer a cuento una larga lista de anécdotas y de chismografía ideológica que sustente mi diatriba. Como indiqué en el final de la tercera parte de este escrito, me interesa una de esas ratas ideológicas que dice luchar contra el status quo mientras hurga en el miasma de los privilegios obtenidos gracias a la necesidad ajena.

Esa historia requiere de un prólogo a modo de marco.

Hace un par de años, una joven mujer con sus convicciones intactas, una convencida activista progresista, una militante (fuente de esta anécdota) fue invitada a pasar unos días a una finca ubicada en un paradisíaco reducto de las profundidades provincianas, junto a su flamante pareja, también activista, también progresista. Esos días de folga mostraron temprano su faz oscura y apenas desembarcada la excursión en el reducto, la joven militante percibió que ese contexto de pares, que ese mundo en el que otros militantes libaban no era semejante al que mostraban en el fragor de la lucha por la liberación de no sé qué cadenas. Esta anécdota, que sintetizo y que no reproduzco más que en su núcleo, fue archivada en la común memoria oral bajo el membrete de ´Los dos Audis´. Familia de militantes, ideología progresista, profesionales universitarios, estrechas relaciones con la política, obtención de prebendas, contratos por obras públicas, tecnocracia teñida de izquierdismo, dinero y más dinero, mansiones, sirvientes, bellas mujeres siempre rubias, parques, piscinas, canchas, los dos Audis en el inmenso garaje, y de lunes a viernes de 10am a 20pm, y los sábados y los domingos, a veces, la defensa del modelo, del proyecto, de la brava lucha –siempre virtual, siempre tecnológica, siempre conspirativa- contra poderes aciagos que bastante se parece a la lucha contra la propia imagen en el espejo. (Y como telón de fondo, lo olvidaba, una profunda depresión, porque se milita a causa de una tristeza enorme por la pobreza pero no barrial, citadina, nacional, mundial. No. Por la pobreza personal. Por eso cumplen el proceso de poder como una piara entre las sobras.)

Ciber-realidad, militancia progresista, universidad, política tradicional, negociados, y la corrupción y la conspiración merodeando, son los hilos de una densa red en la que la mistificación, la hipocresía, la apropiación de las instituciones del Estado (o la aceptación de la cooptación en manos de), las conexiones turbias, la utilización y manipulación del ´oprimido´ en beneficio propio, son ingredientes del suculento plato. Sin dudas que a este esbozo le caben dos aclaraciones ya deslizadas: a) no todos los militantes son corruptos aunque en su mayor parte los líderes sí, b) no es esta una cuestión de banderas partidarias: en un gran número la militancia progresista funciona de modo semejante al de la política tradicional. Algún lector extraviado por aquí dirá que lo que digo es obvio. Me gustaría recordar que, al menos en la Argentina, la militancia progresista aboga por la defensa del ´pueblo´, por cambios, por soluciones igualitarias y hasta, en el colmo del delirio, por defender su usurpación del Estado como si de una ¡revolución! se tratara.

Horrendo vástago, la historia de la rata se desprende de la anécdota de ´Los dos Audis´ al reproducir paso por paso el patrón de comportamiento indicado: banderas sociales agitadas en aras del (bajo y básico y plenamente burgués) beneficio personal.

Con ustedes, la Rata.

Una tarde, durante una charla en una vereda céntrica de la ciudad, frente al cuestionamiento a causa de lo conservadora, intolerante, racista, violenta e idiota que es la sociedad que allí germina -observaciones desprendidas de la conversa que llevábamos adelante con un tercer comparsa-, la Rata opinó que era así y que no había por qué pensar que cambiaría: en esta ciudad para ser reconocido y pertenecer a (vaya saber uno qué), o había que tener apellido tradicional, o había que tener dinero, o había que poseer alguna estirpe o alcurnia (típicas jerarquías de oropel propias del interior); si no, no existís, refrendó. Sorprendido, le pregunté con discreción si avalaba o describía la situación porque de tratarse de la primera opción sonaba un poco raro en boca de un militante defensor de lo que ustedes ya saben. La conversación se desvió, salió de ese estadio complejo y derivó en otras cuestiones, aunque hasta el final flotó en el aire la incómoda idea de que había sido dicho algo indebido.

Ese militante –la Rata- es argentino, tiene poco menos de treinta años, no es un profesor universitario, aunque se ocupa, trabaja, se desempeña en una de las dependencias de la universidad local -la productora audiovisual. Al mismo tiempo, milita en una organización progresista, en un sentido amplio, de izquierdista (o de centro-izquierda).

Su carta principal de presentación –así lo conocí- es haber dirigido un documental que cuenta la historia de un militante detenido-desaparecido-asesinado durante la última dictadura militar argentina [1976-1983]. En el primer intercambio de ideas que tuve con aquel, la conversación rondaba la posibilidad de filmar o no a un reconocido habitante de la ciudad en la que ocurre esta historia (ingenuo de mí). En determinado momento le sugerí que el rodaje podía ser complicado; ese sujeto era cascarrabias o díscolo y, entonces, el asombro: ´Cuando vas a filmar tenés que armar todo para sacar lo que querés´. Le respondí que sí, que entendía lo de la puesta en escena en un documental pero aun así…

Solo comprendí ´sacar lo que querés´ al ver su película.

Asistí a una proyección pública en uno de los espacios de militancia que el activista frecuentaba. El documental –de poco menos de una hora de duración- es un artefacto geminado en el que conviven dos filmes diferenciados por un salto temporal de casi veinticinco años. La primera parte cuenta la historia del abogado laboralista y su lucha en favor de los obreros contra una corporación cementera.[11] La narración está estructurada de forma clásica: infancia, primeros esfuerzos, primeros problemas, logro, transformación, caída. Luego de la caída –su asesinato-, la apoteosis que lo conduce al cielo de los mártires. En esa narración, los únicos enemigos son los militares en el poder. Bajo ningún aspecto, se ofrece una mirada sesgada sobre la militancia en aquella época que a modo de espejo les permita a los militantes del presente –mayoría en el auditorio- aprender de esos errores, de esos pasos en falso, o de lo que sea. Como dije, el resultado es la apoteosis y el heroísmo    -como si morirse como un perro con un tiro en la cabeza después de estar encerrado en una quinta (y con la esposa a punto de dar a luz) fuera encomiable.

Terminada la proyección, me acerqué y por la cortesía al uso le dije que me había gustado (no tuve el pulso para exponer lo que pensaba) y le indiqué que me había resultado rara la puesta en escena: a) la esposa aparece sentada en un sofá rojo cubierta por un vestido símil leopardo; se la ve feliz de –¡por fin!- acercarse a las candilejas; b) los hijos testimonian por separado y en ningún momento se reúnen entre ellos, ni con la madre; c) él único caso de un testimonio conjunto era el de dos amigos del militante desaparecido que, entre silencios y lágrimas, más hacían dudar que confirmar la historia que se estaba contando.

El director-militante me reconoció que era posible que hubiera otra historia, que de hecho la había, pero que no había podido contarla. La madre escondió durante años a sus hijos la verdad sobre la muerte del padre en manos de los militares y esos párvulos recién se enteraron del aciago suceso siendo adolescentes con todas las complicaciones que el silencio trae en esos casos. Desencantado con la trama familiar, uno de los hijos había comenzado a militar en una agrupación de descendientes de desaparecidos a mediados de los años noventa del siglo pasado. Todo eso era lo que no se podía contar.

Atónito regresé a mi asiento para el debate post-proyección. En la charla, intenté deslizar no ya aquella cuestión, sino el otro rasgo incómodo del film que ahora les reseño –y como podrán suponer fui abarajado en el aire y devuelto a mi silla mental.

El segundo documental dentro del documental cuenta la historia del juicio que se les siguió hace unos dos o tres años a los responsables del asesinato del abogado militante. El juicio por crímenes de lesa humanidad no es allí analizado. Se muestran testigos y acusados declarando, la condena y el festejo –entendible- de los familiares. La algarabía de estos no condice con la distancia que muestran en los testimonios personales.[12]

Pero había más. En la transición entre una parte y otra –entre los dos mini-documentales- se erguía extemporáneamente la figura del Líder político (ya fallecido) que a inicios de la primera década del siglo XXI, en un escenario social post-apocalíptico, reactivó la mística militante e impulsó –con innegable valor- los juicios contra los militares y civiles que habían cometido crímenes de lesa humanidad, como el mencionado en el documental. Si se deja de lado el dudoso recurso de la pantalla dividida y otros menesteres estéticos, el intempestivo salto de décadas resultaba chocante ya que en ningún momento en el film se anticipaba esa fusión temporal.

Simple: el documental era el escenario virtual preparado para ensalzar al Líder. La muerte-desaparición y el juicio eran tópicos fílmicamente interesantes porque alimentaban la incesante maquinaria publicitaria de la que el documental era y es un desprendimiento. Ni autocrítica, ni perspectiva sesgada, por lo menos, como gesto de amplitud de mirada hacia los de adentro. Ningún guiño, ninguna ventana al debate. Heroísmo y mesianismo al extremo. Y a eso había que llamarlo documental.[13]

Es como si los gritos en el desierto de Rodolfo Walsh –a los que me referí en la segunda parte de este escrito y en cuya tradición ideológica entronca el actual resurgir de adictos ideológicos- continuaran resonando entre los médanos de la militancia. Jerarquía, obediencia, verticalismo a cambio de prebendas. Autocrítica, nunca. No solo no se han recuperado con fervor las instancias críticas sino que, por el contrario como ese documental demuestra, se ha cristalizado el pasado, en una especie de mundo primitivo en el que buenos y malos, hombres y bestias, se diferencian claramente. Reconozco, sin dudas, que existen hoy voces críticas dentro del movimiento militante mayoritario. Lo complejo es que permanecen circunscriptas a las charlas de sobremesa.

¿Cuál es –me dirán- el problema de que alguien haga un documental que no me parece interesante ni bien acabado, que me impacta por su puesta en escena descuidada, por su poxiranesco salto temporal, por su olor a mala propaganda partidaria? No existe ningún problema, siempre y cuando ese (pésimo) panfleto audiovisual haya sido costeado por los bolsillos del propio director o por los de sus acólitos de doctrina… Pero no es el caso.

El film (sic) acerca del detenido-desaparecido-asesinado está financiado por Contenidos Audiovisuales de la universidad local, espacio en el que el director-militante trabaja. Este híbrido entre institución y partido político es un detalle. Puede tratarse de una acción artística lícita. Por ejemplo. La universidad decide participar de la discusión política a través de un aporte a la memoria histórica y encarga un documental. Si fuera así, aunque supongo que no lo es, lo mínimo que se le podría pedir al documentalista es rigurosidad en el manejo de los datos: no falsear, no manipular la historia –o, como dije, si quiere jugar en esas lides experimentales o panfletarias, y con esos parámetros, que se autofinancie.

Además, sería necesario revisar de qué manera ese ´realizador audiovisual´ llega a trabajar en una productora de contenidos audiovisuales dependiente de la universidad. Es posible que su condición de graduado –porque allí estudió- lo habilite, pero ¿entra a trabajar por concurso o de manera discrecional, accede por ser militante, por repetir el credo, por contactos, por presentación de proyecto? De qué manera es una pregunta importante. Son fondos públicos los que le dan vida a su monstruo (plagado de buenas intenciones, claro). Y son también fondos públicos –porque la historia continúa en círculo- los que le permiten al director progresista utilizar los equipos de filmación y de edición de la productora en cuestión para registrar actos partidarios, actos militantes, tal como consta, incluso, en fotos públicas compartidas sin pudor en las redes sociales.

Uno diría que, en principio, la militancia no debería ser una pequeña empresa. El grupo podría generar sus ingresos por medio de actividades, o aceptar la ayuda de otros militantes con cargos políticos, o permitir que el partido madre los sostenga… No tengo idea de cuál es la mejor opción. Sí sé que esos fondos no deberían salir de las universidades. Los espacios académicos, en su germen, son nichos de trabajo que deberían ser disputados por sujetos libres que ponen en consideración sus capacidades intelectuales y comunicativas, y no el tono de sus ligamentos para demostrar cuanto tiempo pueden sostener la genuflexión.

Libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad académica, lucha intelectual para la emancipación del ser humano… No se hagan ilusiones, nada de eso sucede en la universidad. Kaczynski, coherente, le dedicó algunas ´cartas´. Con sus libros, su ortodoxia, sus jerarquías y sus vidas entregadas, la universidad es el sucedáneo laico de la iglesia, otra institución pilar del complejo militar-industrial. Si uno quiere entender la esquizofrenia y la irracionalidad del capitalismo tardío bien podría apuntar allí sus intereses.[14]

Otros serán los problemas en otros espacios geográficos, en Argentina –donde las universidades son primordialmente estatales- sería necesario revisar esas instituciones poco resistentes al archivo en sus relaciones con la militancia política y con la política tradicional. Una quimera. Apenas si arriesgo una inocua ´carta-bomba´ contra los académicos y, en este caso, contra algún monaguillo. No comparto el uso de la violencia y es uno de los puntos que menos entiendo de Kaczynski, aunque comprenda su estrategia. Mi cortedad de entendederas me alcanza para publicar un texto enrevesado en un blog perdido y decir con la Rata como paradigma. En situaciones como las descriptas, el sujeto que funciona con doble rasero –realizador audiovisual académico; militante político-, como mínimo, o propone trabajos basados en la honestidad intelectual y demuestra talento (y así obviamos la manera espuria en la que accede al cargo) o que pase a cuarteles de invierno y que devuelva el dinero que -¡oh, ironía!- fue desviado de la necesidad de algún estudiante que podría haber recibido una beca. Vale decirlo: el ingrato fin de ese desvío fue fomentar la abulia digital del pichón de corrupto. (Alguien podrá preguntarme cuál es mi autoridad para decir qué está bien qué está mal en la factura audiovisual o de lo que sea perteneciente a otro; de acuerdo, pero dos aclaraciones: discuto el usufructo de dinero público al que se debería acceder por otras vías y no por participación en la misa comunal de la ortodoxia de turno; este mismo texto pedestre es autofinanciado; se trata, repito, de honestidad intelectual y de no hacerle pagar a los demás nuestros berretines, o en todo caso decir directamente –fináncienme, che– y no mutar repetidor de verdades a medias y ajenas.)

Que renuncien o que devuelvan el dinero. Es un tema que en este momento me excede –y tal vez me exceda por siempre. Detrás de la imposición del ciber-imperio, de ese mundo enloquecido de la propaganda y del bate parche audiovisual y multimedial, existe una lenta degradación de la cultura humanista que, con todos sus problemas, supo al menos crear sus anticuerpos y permitirse la autocrítica. Por machaque o por indiferencia del resto de la sociedad, puede hoy hacerse y decirse en arte, en cultura, en pensamiento, en política… cualquier cosa. Mientras se mantenga la obediencia al califa de turno, y en el territorio propicio, todo pasa, todo es aceptado, aprobado, editado y barnizado por la publicidad 2.0. Miles de Prósperos. Miles de millones de Calibanes.

Prometí no extenderme en la historia de otras ratas. Es inevitable cuanto menos indicar sus caminos, sus montoncitos y sus madrigueras.

En La tempestad Próspero menciona a las ratas que abandonan el barco desvencijado para graficar la podredumbre del navío al que lo condenan para expulsarlo, pero, se puede intuir, utiliza esos animalillos para figurar cómo fue abandonado por sus subordinados –el barco sería el ducado que regía- una vez que las intrigas palaciegas le quitaron el poder. En Hamlet, ´la rata´ está de igual forma asociada al conspirador político –la rata es Claudio, el tío de Hamlet; y la venganza orquestada por el príncipe, la ratonera.

El complot, la conspiración, los poderes en las sombras tienen su fuerza explicativa siempre y cuando aparezcan escenificados en algún tipo de ficción, de fábula que narre con cierta gracia la lucha contra fuerzas invisibles que revelan su presencia en el final del camino derrotadas, neutralizadas u opacadas para retornar en el momento menos deseado. Por el contrario, si la conspiración es utilizada para pensar la política real, el entramado económico aquí y ahora, el sujeto que esgrime esos argumentos es visto como un ingenuo, un crédulo, un paranoico que sigue el camino más fácil: creer que todo está manejado por hilos fuera de su alcance. El corolario es la inacción en las manos de una mente afiebrada.

Sin embargo, si se toman al azar algunos sucesos de los últimos meses, uno detecta que, por ejemplo, en Argentina ´muerte sospechosa, paranoia, complot, conspiración, servicios secretos, dobles agentes, traiciones varias, vendettas, suicidios que no lo son, etcétera´ son conceptos que abundan como la única forma de desentrañar lo que de otra manera es inenarrable e incomprensible.[15] En otra escala, pocos días atrás se desató a nivel planetario –en una de esas corporaciones que inundan segundo a segundo la iconosfera de ciber-espectáculos deportivos- una tormenta sin precedentes por casos de corrupción, que incluye a la política, escándalo en el que los investigadores oficiales hablaron sin tapujos de ´conspirador´, de ´co-conspirador´ y así. No es ninguna novedad –aunque ciertos sectores parecen verlo solo ahora- que los flujos descontrolados de dinero del capitalismo tardío derivan en corrupción, en complots incesantes que difícilmente sean desentrañados.

A pesar de ser una hipótesis banalizada sin cesar por los portadores de la corrección política e ideológica, la conspiración, los infiltrados, las sectas, la realidad de doble fondo (o de múltiples fondos) es una herramienta intelectual, si precaria, por lo menos eficaz.

La misma joven militante que –tal vez como catarsis- me contó la simpática anécdota de ´Los dos Audis´, en charlas complementarias, me confesó –hoy lo verá ella como un exceso de confianza- que por cercanía con esferas superiores de conducción, se sabía que desde hacía un par de años, y en previsión por un eventual abandono de la estructura del Estado luego de las elecciones del corriente año, las organizaciones militantes conectadas con el partido oficial de gobierno, habían comenzado sin prisa pero sin pausa a infiltrar con trabajadores adictos -militantes encubiertos- las dependencias estatales para preparar ´la resistencia por si en el país llegaba al gobierno la derecha´.

Ese planteo-confesión provocó, en su momento, un airado intercambio de ideas sobre lo lícito o no de la estrategia, pero, sea como fuere, y más allá de las evaluaciones, ese dato acerca de un movimiento –digamos, conspirativo- comenzado años atrás tuvo y tiene hechos concretos. El caso de la Rata -un caso menor por tratarse de un simple cronista de las batallas- es un ejemplo indiscutible de ese plan. Como es de suponer, existen infiltrados que deciden entrar a ocupar un puesto para ´hacerle el aguante al proyecto´, y existen conversos que tenían ese cargo en sus manos y que, ante el miedo de perderlo, siguieron el camino, con infinito menor brillo, idéntico al de Saulo de Tarso.

Quedarán los detalles para otro momento, si es que ese instante llega. A modo de síntesis podría indicarles que en mis paseos por la desquiciada selva de la organización social vernácula accedí de primera mano a la existencia de dobles agentes, infiltrados, conspiradores -mercenarios con la medallita al cuello indicando el nombre de su dueño-, i) en las dependencias de la universidad donde se desempeña el director-militante (conozco, entre otras, la deliciosa historia de un tecnócrata cuyo cinismo es más profundo que los negros abismos oceánicos); ii) en instituciones educativas no universitarias dependientes de la mencionada unidad académica (y me gustará algún día contar esa historia absurda); iii) en instituciones educativas provinciales (y en una, en particular, que ostenta en su corazón un medio de comunicación partidario, institución en la que fui apretado o conminado a sostener un discurso diferente del que propongo en mis tareas[16]); iv) ni hablar de lo que sucede en los gremios docentes: según la mirada de esos traidores, al igual que la de otros esbirros, vivimos una realidad poco menos que ideal, un mundo de fantasía y jauja, luchando contra enemigos que parecen estar siempre más allá y a los que veo acá, muy cerca… Porque a las ratas a simple vista es muy difícil verlas, pero en la tranquilidad de la noche se escuchan sus pasitos dirigiéndose hacia la madriguera.

Escribí, creo, de más. A mi alrededor, en charlas cotidianas, aleatorias, nada serias, esas de café o mate y tortas negras, me dijeron y me dicen que me calle, que no me conviene, que no hable, que diga otra cosa, que agache la cabeza, que me van a endilgar paranoia, que me van a diagnosticar insania, que soy un conservador, un reaccionario –modo de atacar al que no sabe rezar el rosario-, y que sea consciente de que categoría más categoría menos… Alguien sottovoce me dijo: ´se les fue la mano con el paladar negro, estamos viviendo algo así como un neofascismo, y sabés lo que significa intentar enfrentarlo´.

Un neofascismo ciber-condicionado, un mundo feliz construido de pura realidad virtual y de cifras incomprobables y de discursos, una revolución esplendorosa para quienes se pliegan y obtienen del carro en movimiento las migajas reales y simbólicas, de unas pocas monedas y de pertenecer a algo en este mundo gris y desvaído.

La realidad como delirio.

Y una tarde, la Rata hizo su mejor número. Estaba la horma cerca, iba a bailar de todos modos. Alentó, arengó y no dejó de arengar que la ciudad de esta historia era un irrefrenable ´polo audiovisual´. Polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, repitió, y no se cansó de repetir, polo audiovisual. Entendible. Aunque por las calles se ven solo las cámaras de los infinitos autos all-star (las de monitoreo ciudadano, ni funcionan, creo), en su madriguera, en su cueva, en ese espacio que debería ser público y que él ha optado por cooptar, las candilejas son otras, infinitas y, en sus términos, gratuitas, porque la estrella de su vida brilla con el dinero que les roba a quienes dice ayudar.

Humo –militancia política, universidad, producción artística e intelectual. Humo. Humo. Humo. Humo. Posta, es humo, como el de aquellos dos militantes –uno con cargo político, otro con una ciber-actividad- que luego de un espectáculo montado en el que uno se llevó los denarios y el otro la foto para mostrar, se miraron en la despedida, se abrazaron y se dijeron: ´sigamos ilusionando al pueblo, es lo que nos queda, que se diviertan, total nada va a cambiar

Humo, humo, humo. ¿Les resulta pesado digerir a Kaczynski que, al fin de cuentas, pide el fin del humo que es el fin de esta organización social? Los dejo entonces con otro polaco que, por esas casualidades, qué cosa no, anduvo por esta misma ciudad. Años antes de traer sus huesos esmerilados a restaurar, dijo –achicando el pedido de Kaczynski que pide parar el sistema en su totalidad: “…hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros.” Lo dijo Witold, que es Gombrowicz, en 1947, en Buenos Aires, en una conferencia, Contra los poetas.

Contra la militancia, por ahora, no digo más.

[Tandil – 04 de junio de 2015]

Notas:

[1] Acerca de la relación entre la Red, el consumo de drogas y la religión (y, como siempre, la política), pueden repasar https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/ En todos los casos el aspecto común es la búsqueda de trascendencia. El problema son los medios para alcanzarla y las resultantes no deseadas de esas interrelaciones.

[2] En esta cuarta parte de “Kaczynski contra la militancia” retomo aspectos considerados en las tres partes anteriores. Parte I https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ Parte II https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

Parte III https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/25/kaczynski-contra-la-militancia-tres/

[3] El documental instala la sospecha sobre el contenido del Manifiesto, mediado por las fuerzas de seguridad estadounidenses (ver nota al pie, Parte I). La línea argumentativa del documental sería: realmente Kaczynski tiene razón y las intenciones de los ciber-profetas no son nada buenas (ver nota al pie, Parte III).

[4] “Matemático y escritor norteamericano, también conocido como ´Unabomber´. Enseñaba matemáticas en la Universidad de Berkeley hasta que, desencantado con la evolución de la sociedad americana, se convirtió en ermitaño y terrorista neoludita, al enviar paquetes-bomba a personajes representativos del mundo de la informática ­profesores y empresarios [Bill Gates tuvo el dudoso privilegio de recibir varias docenas de estos paquetes en Seattle]­, pues los consideraba responsables de la inexorable destrucción de la humanidad. Escribió Industrial Society and Its Future [El manifiesto Unabomber], que fue publicado por The Washington Post en 1995, como una forma de chantaje, pues Kaczynski prometió dejar de enviar bombas si se publicaba en primera plana. Este trabajo de crítica apocalíptica contra la tecnología, dada su calidad, despertó las sospechas del FBI, pues se creyó que su autor era un verdadero intelectual, extendiendo su investigación a la comunidad universitaria americana, entre ellos a personalidades como Illich y Zerzan.” A partir de estos eventuales sosías –Iván Illich y John Zerzan-, y del antes mencionado Hakim Bey, a Kaczynski se lo puede alistar a una serie de intelectuales recalcitrantes como Hans Jonas, Peter Watkins, Claudio Naranjo.

[5] Sobre ciencia ficción heterodoxa, hereje, hermética: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/ciencia-ficcion-hereje-2013/

[6] Ver Serge Gruzinski. El pensamiento mestizo [2000]; La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019) [2001]. Desarrollo su postura en “Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]”, disponible en https://independent.academia.edu/RobertoLepori En este blog utilicé la categoría ´guerra de las imágenes´ en artículos como A) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/vem-pra-rua-vem-una-guerra-de-imagenes/; B) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/o-brasil-deveria-libertar-se-da-globo/

[7] Elijo al azar una crónica del encuentro: http://www.perfil.com/politica/Como-fue-la-reunion-de-Cristina-con-Mark-Zuckerberg–20150411-0081.html

[8] Para tener una leve dimensión de cómo la política utiliza ideológicamente la tecno-ciencia, pueden ver la Wiki de Florencio Randazzo, pre-candidato a presidente. Link http://lawikiderandazzo.com/

[9] Continúa: “El burgués corriente intenta llevar a la gente bajo el control del sistema para proteger su modo de vida, o lo hace simplemente porque sus actitudes son convencionales. El cripto-izquierdista intenta llevar a la gente bajo el control del sistema porque es un Verdadero Creyente en una ideología colectivista. Se diferencia del izquierdista medio sobresocializado por el hecho de que su impulso de rebeldía es más débil y está más firmemente socializado. Se diferencia del burgués corriente bien socializado por el hecho de que hay una profunda carencia en su interior que le hace necesario consagrarse a una causa y sumergirse en una colectividad. Y puede que su impulso (bien sublimado) por el poder sea más fuerte que el del burgués medio.”

[10] Me refiero a este libro en la Parte II. Dice González (2004, p. 266) acerca de la llegada de Perón al poder: “Fundado a comienzos de 1943 y disuelto en 1945, el GOU reitera las mismas tecnologías de organización clandestina y los atributos del logos conspirativo. El poder no es un poder de la técnica materializada en aparatos de servicios y gobierno, sino el gobierno de los hombres ensamblados por formas sigilosas y paralelas de disciplina.” Por azar, hoy se cumplen setenta y dos años de la exitosa conspiración que llevó al GOU al poder y que propició la escalada de Perón a la presidencia. González en 2004 denominaba a esa conspiración ´golpe de Estado´. Denominarlo de otra forma, por ejemplo ´revolución´, sería adoptar como punto de vista válido el del grupo de militares. En ese caso, lo de 1955 también es una ´revolución´ y lo de 1976 también es un ´proceso de reorganización´. Pues bien, un joven crítico literario que trabaja en una universidad metropolitana, adicto a la actual ortodoxia, en un volumen en el que ensalza de forma bastante parcial e improvisada a Rodolfo Walsh, quien merecería un mejor aeda, acepta la idea de que el ´golpe de Estado´ del 4 de junio de 1943 es una ´revolución´. ¿Descuido? ¿Ignorancia? ¿Complicidad? ¿Militarismo? ¿Desinterés por la democracia? En un futuro, supongo, intentaré escribir sobre ese caso particular.

[11] El director-militante es oriundo de la misma ciudad que el abogado asesinado, ubicada a unas dos horas del territorio en el que suceden parte sustancial de estos hechos.

[12] “Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.” La sociedad industrial y su futuro (#17)

[13] La factura de ese documental se opone punto por punto a posturas ideológicas críticas como la del británico Peter Watkins – https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/10/29/maldito-watkins/

[14] Sobre corrupción en la universidad, en este caso, la UBA http://www.telam.com.ar/notas/201505/105222-uba-conflicto-denuncias-causas-judiciales.php

[15] Sobre complot, conspiración, política tradicional, literatura paranoica, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/02/14/doscientas-ochenta-y-nueve-fojas/ La relación entre conspiración, política, universidad, servicios de inteligencia, quedan evidenciados en casos como el de un académico vicerrector espía http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html

[16] Una versión de esa historia de apriete institucional es contada en el siguiente post https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ Preciso aclarar que el único dato identificable, aunque no aparezca en el cuerpo del texto, es el nombre de la ciudad escenario de esta historia. Me reservo la identidad de los personajes mencionados. Esos sujetos no son originales en sus prácticas. Si algo tiene de divertido el fascismo –terrible en otros aspectos- es el de la previsibilidad.

¡A las trincheras! Escuelas públicas en guerra

“Sí, algo estudia uno para destruir esta sociedad.” / R. Arlt

Hacia fines del año 2014 la directora de un colegio estatal bonaerense del nivel medio me contó una historia que me gustaría retransmitirles como parte actual de guerra.

Promediaba noviembre y me reincorporaba, por esos días, a la función docente después de una obligada ´licencia sin goce de sueldo´. La obligatoriedad –que no era tal- había surgido de dos causas relacionadas y diversas. Desde hacía meses no cobraba mi salario (nada demasiado importante -alguien me diría- apenas el olvido de un burócrata de presionar ´enter´ y que no es más –entiendo- que la versión banalizada de un caótico e involuntario plan para disciplinar docentes pendientes de intrincados reclamos). Era –la segunda causa- aquella escuela el tipo de institución en el que los estudiantes viven en eterno estado de gracia haciendo y deshaciendo (casi) lo que se les viene en ganas entre la resignación y el sopor psicotrópico de los funcionarios al frente.[1]

La directora –seria, comprometida y con las manos atadas para (casi) cualquier cosa excepto para intentar un mínimo nivel de orden y coherencia, firmar planillas y, en el mundo exterior, detectar padres o tutores que se resistieran a entregar hijos al sistema- me invitó, cuando me reincorporaba, a su despacho. Una vez los saludos de rigor, me preguntó:

-¿Te acordás de NN?

NN, cómo no recordarlo, se presentó el primer día de clases chocho de la vida. En alguna intrépida acción se había fracturado el brazo derecho y por eso -me aclaraba junto a un vago gesto hacia el espacio circundante- el yeso le iba a impedir durante meses copiar, y si no le creía que fuera a preguntarle a la vieja rubia y pelotuda que estaba allá. NN tenía por ese entonces –y tal vez todavía tenga- 18 años; pelo castaño corto, a la moda; arito; ojos claros. Era –tal vez aún lo sea- jugador de fútbol. Y, se parecía bastante -inevitable decirlo-a los denominados ´líderes negativos´.

Días después –y mientras NN ofrecía en las horas de clases sus funciones gratuitas de stand up– oí al salir de la escuela el reclamo informal de una profesora. El grupo al que NN comandaba cumplía su último paso antes de migrar. Los estudiantes rondaban, casi en su totalidad, la mayoría de edad y, como no podría ser de otra forma, a estos jóvenes (ya adultos) no se les pasaba por alto la siguiente paradoja: aunque se los tratara de controlar, técnicamente podían entrar y salir de la escuela sin autorización de nadie, ni de docentes, ni de ente patriarcal alguno. El problema era, y es, que si un joven –aun cuando fuera autónomo por su edad- se escapaba de la escuela y en el recorrido a la casa le sucedía ´algo´, esa responsabilidad recaía en la institución, en los funcionarios, en el docente. En este tren de eventual peligrosidad, la profesora –subrayada cada tanto por el traqueteo de la ruta nacional pegadita al edifico- reclamaba. Si bien los ´adultos responsables´ intentábamos que ninguno se ausentara del aula (pocilga repleta de trastos que cumplía la función de tal), los estudiantes, en particular NN, en el habitual cambio de hora, ensayaban fugarse. La docente veía en eso un problema y de los grandes.

Unas semanas después de la incursión antropológica y chismosa –porque no estaba morfando y porque los embrollos judiciales me dan pereza de solo imaginármelos- licencié las horas de clases que NN, de infinita gracia, coordinaba sin reclamar un mango y con una destreza magistral que debería hacer las delicias de todos nuestros buenos pedagogos.

-Sí, claro que me acuerdo- respondí, aquel día en el que retornaba, ansioso por conocer más aventuras del héroe local.

-Hace unas semanitas –satisfizo mi curiosidad la directora- poco antes del mediodía, en el patio, en algún aula, en el pasillo y hasta donde le alcanzó el arsenal, NN roció a compañeros, docentes, porteras y a quien por ahí estuviera, con gas pimienta. Una calamidad. Vino la ambulancia. Hubo serios afectados que al día siguiente no pudieron ir a trabajar. Hubo gritos, corridas… y finalmente, y gracias-a-dios

Se pudo tapar. Sin escándalos. Bien o mal, a este altura no lo sé, el comité disciplinario de la escuela, contra la voluntad de la directora, decidió castigarlo y se le solicitó (se lo obligó) a que pidiera a cada uno de los alcanzados por el gas, sinceras disculpas prometiendo que nunca más…

-Pero…- intenté opinar.

-Ni lo sueñes, y lo sabés, ni pensar en sacarlo o en echarlo o en no sé qué…

-Pero, el gas pimienta, supongo que…

-Ni idea de cómo se le ocurrió ni de cómo llegó a pasar. Es NN medio conflictivo, lo conocés, pero con una ejemplar capacidad intelectual. Es más –recomenzó- el año pasado fue uno de nuestros representantes en la simulación parlamentaria de la ONU para jóvenes que se organizó en…

No la escuché más.

La simpática anécdota del gas pimienta me había recordado un chiste de pésimo gusto que usaba años atrás cuando calificaba a una escuela nocturna en la que trabajaba, ´Kosovo´. Siempre me pareció que la metáfora bélica –batalla, bombardeo, heridos, sobrevivientes, rehenes, ruinas, armamento, alarmas antiaéreas, hambre, destrucción, posguerra- era un modo de pensar la escuela media. No se trata de desprecio –con intermitencias, hace quince años que trabajo en ese espacio- sino de una manera de aprehender, por fuera de los discursos institucionales prefabricados, una realidad que limita, en gran parte, con la pesadilla. La metáfora de la guerra me permitía argumentar, además, que, como suele pasar en esos transes, los grupos que se enfrentan no son los que motivaron el cruento encuentro. Unos u otros recaen en la violencia y en la vida valor cero porque son las armas que finalmente priman en espacios digitados desde oscuros, aunque detectables, Ministerios. En fin, usaba esa imagen –ni siquiera demasiado original- como chiste interno, como mínima y estúpida catarsis… pero parece que lo de la guerra va en serio.

Quienes nos quejamos del actual estado de cosas en la escuela media para abrir la discusión en tanto trabajadores por fuera de intereses partidarios, facciosos, gremiales, esos quejosos, somos calificados de ´reaccionarios, conservadores, alienados´. Solo falta que nos llamen ladrones y que nos ofrezcan la cárcel. Existe en política una desconfianza absoluta frente a los –que con falta de otros vocablos llamaría- ´lobos solitarios´. Se inventa un grupo de referencia o se insiste en que aquí o allá, con esta o con aquella palabra, se le hace a uno u otro el juego. Ese es el caso, por ejemplo, de Gonzalo Santos cuyo libro, En las escuelas, reseñé en el texto inmediatamente anterior en este blog.[2]

No comparto –nadie lo hace con el otro en un ciento por ciento- con Santos todo lo que arguye en su breve libro (a la vez ficción, informe, memoria, queja, excursión, lamento) centrado en las escuelas sureñas del conurbano bonaerense. Sin embargo, creo, en su presentación a veces brutal capta algo difícil de comunicar a quien nunca estuvo allí. Más allá de las siempre mentadas buenas intenciones y voluntades, considerando la diversidad, reconociendo la existencia de instituciones coherentes, algo del tono de la desidia, del desorden, de la abulia, de la burla, de la sorna, de la opresión, del delirio, de la parodia, de la mugre, del abandono, de la algarabía, de la desconfianza, de la paranoia, del sinsentido, de la arbitrariedad sobrevuela esos reductos.

Si aceptamos esta escenificación y si polarizamos los roles, en esos espacios se libran batallas -docentes versus estudiantes- en una guerra de largo aliento. En esta lógica ficticia, el equipo directivo es un grupo de mercenarios (dicho con cariño) que a veces se inclina por unos, otras veces por otros y que siempre (¡siempre!) responden a una pieza clave en la jerarquía que provoca este belicismo sin linaje: los inspectores. Los inspectores –en mi vocabulario, ´las ratas´- son los encargados de obligar a los directivos a hacer esto y aquello; fiscalizan que se pongan en práctica las órdenes de los tecnócratas (corruptos e ineficaces) de los Ministerios y de dependencias aledañas. Los inspectores son (casi) inalcanzables e inhallables para los docentes, excepto que el profe se mande alguna que permita ponerle la soga al cuello. Las ´ratas´ nunca están presentes para defender los derechos de seres humanos que hasta hace poco fueron sus compañeros, porque el inspector es un ex profesor, con lo peor de lo peor de los conversos.

En este marco de cosas –recuerden: esto es una ficción-, vale preguntarse: ¿por qué en muchas, en demasiadas aulas, se libran esas batallas sordas entre evidentes últimos orejones del tarro para la consideración social reinante? Una probable respuesta inicial sería: se tomó una decisión política, a la que uno podría calificar, en el sentido positivo, de fabulosa, sin revisar nada, ni la estructura general, ni los objetivos, ni el plan pedagógico vigente, ni la formación del plantel docente, ni el presupuesto disponible, ni las condiciones edilicias. La decisión política de la inclusión –ningún chico fuera de las aulas– se tomó en el vacío. Misma estructura, mismos docentes, misma mirada filosófica de fondo sobre el asunto. Corolario: aquello que parecía fabuloso en un sentido positivo, debería ser considerado, también, en su sentido negativo. Mucha retórica. Más polvareda que indios.

En resumidas y bizarras cuentas, el debate oscila desde los docentes son unos vivos y no quieren laburar hasta los pibes son un desastre. Con incontables ribetes, es un debate abierto, mientras las escaramuzas continúan en alza, y ni siquiera estoy seguro de que a todo el mundo parezca realmente interesarle –ni siquiera a los que están ´en tema´.

Por ejemplo, en un ataque gratuito, desde algún claustro universitario quisieron disolverle la parada expositiva a Santos quien En las escuelas [2013] -según el reseñista Pablo Castro- cruza definitivamente la frontera para alinearse con la reacción privatista y construir a los jóvenes escolares bonaerenses como un ´otro´ peligroso. Castro, además, infiere que en el juego con la filosofía que realiza Santos construye una máscara de escepticismo para evitar declararse explícitamente de derechas. [3]

Hubo reacciones positivas sobre el libro que pueden encontrar en Internet, sin embargo, entre la opciones posibles el caso de la universidad es central porque debería ser el espacio núcleo para discutir ese texto de Santos –discutir y no condenar de antemano.

Castro, en su reseña, coquetea con el delirio. Utiliza para referirse al posicionamiento del escritor figuras como ´alinearse´ y ´cruzar la frontera´. Si bien ese uso está calcado sobre la poética de En las escuelas, Castro apela al paradigma bélico como parámetro de realidad. Coloca, en su reconstrucción del texto, en pie de igualdad al escritor-profesor y a los despreciables ´corderos pitagóricos´ (es decir, a los tecnócratas que hilvanan con sus guarismos el discutible ´Sistema educativo´) y afirma que ambos, esos ´corderos´ y Santos, niegan la escuela como trinchera de lucha popular.

Pues bien, supongamos que nunca hubiera pensado ´la guerra´ como metáfora de la realidad escolar y que, entonces, es la primera vez que me pongo a discurrir sobre el asunto, en consecuencia, Castro, me gustaría preguntarte: esa lucha –que no es idéntica, según entiendo, a la que me refería más arriba- ¿sucede desde cuándo?, ¿hasta cuándo?, ¿contra quién?, ¿para qué?, ¿por qué?, ¿cómo?; y, además, ¿se les avisó a los docentes que entraban a las escuelas a batallar?; ¿vos creés que todos tienen en claro qué trinchera les toca?; y en las universidades, ni hablar de en los profesorados, ¿se están dando mínimas impresiones sobre táctica militar pedagógica? ¿De qué lucha, en realidad, estás hablando Castro? ¿No será hora de matizar la mística bélica (porque una cosa es una imagen, otra una declaración) y reconocer que ya nadie sabe bien qué hacer con la educación pública tal como está? ¿Por qué los ´diversos sectores´ no se sacan la careta y levantan la banderita blanca? ¿Por qué no se reconoce la falta de rumbo? ¿No sería hora de poner a la educación como problema número uno realmente y ya? (Y no digo que para vos no lo sea).

Para que esas respuestas aparezcan es necesario aceptar que la educación secundaria –y esto puede extenderse a otros niveles- pasa por un estadio pésimo, al tiempo que están todas las condiciones dadas –dinero y recursos humanos- para que no sea así.

Por otro lado –retomo-, ¿Santos alineado a la reacción privatista? ¿En serio? ¿Acaso no existen leyes nacionales que permitieron germinar esos híbridos intragables que son las escuelas de gestión privada hacia donde se desvía, en un sentido literal, un enorme flujo de dinero surgido de las arcas del Estado? ¿Acaso esas leyes –hablo en general, pero estoy pensando en la Ley Federal de Educación sancionada en los noventa- no fueron sustentadas por ideólogos tecnócratas que trabajaban, y que trabajan, en universidades y en cátedras bastante cercanas a la que hoy es tu plataforma de publicación? Santos tendrá su cuota de responsabilidad, como la debo tener yo, y otros tantos reaccionarios que piensan: ´ok, hay una guerra, pero suena a mucho bardo, así que habrá que ver si hay que aceptarla como dada´. Debemos, entonces, los nombrados ser responsables por nuestra deficiente praxis, pero hay gente que puso el gancho. Y esas responsabilidades no son de igual calibre.

Dicho esto, reconozco, Castro, el interés y movilización de docentes y de estudiantes bonaerenses hoy en la lucha (incierta todavía) por la mejora de la educación. Y, aunque te cueste entenderlo, con su librito, Santos también forma parte de esa lucha, de esa desazón, de ese displacer, de esa tensión que toda ´guerra´ implica (sobre todo cuando parece estar estancada). Es la voz de un docente y desde adentro. Por eso tu lectura de En las escuelas me parece arbitraria cuando le hacés decir a la historia que el narrador-autor ve en los alumnos lo mismo que el siglo XIX veía en los bárbaros ranqueles. Creo que, más allá de cierta inevitable tendencia al estereotipo en un tema con tal nivel de sensibilidad, lo que se describe En las escuelas es bastante parecido a lo que sucede en una dimensión de ´la realidad escolar´. Negarle la voz a Santos, volverlo un mamotreto conservador, supone desconsiderar la voz de un trabajador.

Así, creo, deberíamos dejar de lanzar, por un momento, consignas bélicas solo por el placer de sentir que algo pasa, cuando en la mayoría de los casos las escuelas se derrumban y los docentes trabajamos en esas ruinas. Si dar clases es poner el pecho, por ahora, solo está peleando la infantería, los de a pie. Como verás, hablar en términos de guerra –de las trincheras- es entrar en un mundo complicado, por lo menos.

Propongo ponerse a pensar. Los diagnósticos están, las teorías están, los profesionales están, los tecnócratas (mal que me pese) están, los voluntariosos están.[4] Falta la decisión política de encarar un sistema anquilosado y para eso deberíamos luchar. Sucede que acerca de educación, todos hablamos y nadie se siente responsable por el desastre. En ese sentido, según un viejo pensador, la educación es como un crimen perfecto ya que hay un muerto pero no hay asesino: “…la sociedad a través de una educación autoritaria continúa domesticando a su generación venidera. Yo digo que la educación es un crimen perfecto porque nadie lo reconoce como tal. Es el socio de lo que Eisenhower llamaba el ´complejo militar-industrial´. No podría sostenerse el ´complejo militar-industrial´ si no se educa a las personas para funcionar sin chistar dentro de este sistema donde la cuestión no es el crecimiento personal sino servir a la producción o a los que manejan la producción. Es una educación para ser carne de cañón o carne de tanque…”.[5]

Eso es -sin golpes bajos, ni hipocresía, al menos hasta donde puedo entender mi propia subjetividad- lo que NN con su foquismo áulico, y con su gas pimienta, me confirmó. Tal como están las cosas, y en esta batalla desigual, muchos estudiantes salen de las aulas listos para ser engullidos (en muchos casos rumiados) por un sistema socio-económico atroz y desigual. Si es por buscarle poderes ocultos a las posiciones individuales -por ejemplo, Santos es de derechas y no osa decirlo– ojo con las trincheras que se arman, contra enemigos invisibles o mal dimensionados, que tal vez luego no se puedan desarmar.

La educación es un problema, al menos, occidental. Es una problemática en el contexto del capitalismo sea el adjetivo que este lleve. En Argentina, a ese problema, se le suma la cuestión ideológico-política. Si la ´realidad escolar´ es (o ha sido) naturalizada –las cosas son tal como están, y en ese contexto hay que luchar– esto supone una naturalización de la desigualdad. Y no es justo. Pregunto: ¿por qué no reducimos el presupuesto universitario al 25 % y convertimos a las academias –que bastante han perdido el sentido- en trincheras de lucha? ¿Por qué no se inyecta el dinero que el Estado invierte en becarios abúlicos de humanidades, en la escuela media? ¿Estamos tan interesados, como decimos, en la educación en su conjunto? Sé que no solo es cuestión de dinero, pero ¿no resulta un poco aberrante que los colegios secundarios nacionales, dependientes de las universidades, reciban millones de pesos en inversión mientras que los provinciales apenas si pueden sostenerse en pie? Me importan un bledo las jurisdicciones. La injusticia las excede. Y me pregunto, ¿esas decisiones surgen de los enemigos o surgen de qué bando en esta guerra?

Quiero decirlo francamente y en concreto: no entiendo cuál es la guerra que estamos llevando adelante. Perdón, pero no la veo en tanto no sé quién es exactamente el enemigo. No es el momento de reabrir temas aquí, y sin embargo, me dejan muchas dudas las ´luchas´ que impulsan algunos gremios docentes. Al contrario, me genera cierta ilusión (aunque se dé en contadas escuelas) que los estudiantes se organicen en centros. Si existe esa lucha, es una lucha dispersa, y cruzar acusaciones contra los que también quieren meter la voz en la cuestión no parece tan inteligente, porque de esa manera se difuminan las fuerzas contra… Y me surge de nuevo, ¿contra quién luchamos? (si lo conocemos, exijámosle que deje de interferir en la educación pública) ¿Qué tipo de guerra es? ¿Hay buenos y malos? ¿Hay cínicos y malos? ¿O hay solo cínicos que, a favor o en contra, ya acarician ya le pegan al fantasmático ´pueblo´ para poder acumular con la otra mano?

Tengo oído decir que a esta versión del problema la denominan ingenua. Las muchas preguntas que matizan el texto también lo son. Parece bastante fácil, en consecuencia, copar la parada con respuestas inteligentes y maduras que desasnen mi cortedad en materia de políticas educativas.

Por lo demás, me despido de ustedes hasta el próximo parte de guerra.

Tandil 16 al 20 de marzo de 2015

[1] En un tema de tanta complejidad como el educativo, parece necesario ofrecer un mínimo de información sobre quien opina.

[2]El fin de la educación”.

[3] Ver reseña.

[4] La diferencia entre el profesional y el tecnócrata –los términos para describirlos podrían ser otros, lo importante es la distinción- radica en la posición ética adoptada frente a la acción. En una versión ideal del asunto, el profesional pone reparos si entiende que con su accionar lesiona a otros o va contra sus convicciones. El tecnócrata –parásito por medio del cual los regímenes democráticos y dictatoriales se intercomunican- se regodea en su latiguillo: no me preocupo por si está bien o mal, es justo o injusto lo que hago; tan solo actúo. El inspector escolar, por ejemplo, es un exponente del tecnócrata.

[5] Claudio Naranjo, Conocimiento transformador [conferencia], Buenos Aires, 24-04-2013.

Las doscientas ochenta y nueve fojas que pulverizaron la ficción paranoica [De los apuntes del Espectro en Tlön]

Epígrafe #1 [Infierno]
“Para el bienaventurado, el orbe diabólico es una región de pantanos, de cuevas, de chozas incendiadas, de ruinas, de lupanares y de tabernas. Los réprobos no tienen cara… pero se creen hermosos. El ejercicio del poder y el odio recíproco son su felicidad. Viven entregados a la política, en el sentido más sudamericano de la palabra; es decir, viven para conspirar, mentir e imponerse.” – J. L. Borges. “Prólogo”. Emanuel Swedenborg: Mystical Works [1965]

Epígrafe #2 [Intricada trama; entramado ficcional; Kafka]
“…para arrojar luz respecto de los hechos sobre los que versa la denuncia formulada el 14 de enero del año en curso por quien en vida fuera…”(f. 2); “…pues en un escrito de 289 páginas formuló el relato de una compleja red de sucesos –algunos reales, muchos otros conjeturales o hipotéticos, y otros claramente irreales…-, a la vez que desarrolló una intrincada trama de interpretaciones subjetivas acerca del alcance de aquéllos.”(f. 5) “Y a partir de allí construye un entramado ficcional, que reposa en una premisa inicial…”(f. 51) “Se trata de una mera conjetura, construida sobre un argumento… jurídicamente pueril.”(f. 55) “Salvo que la denuncia partiera de la idea de que en nuestro derecho podría haber tenido lugar un trámite inquisitivo inspirado en ´El Proceso´ de Kafka…”(f. 56). – Dra. Angelina M. E. Abbona y otros. Presentación Procuración del Tesoro de la Nación ante Juzgado del Dr. Rafecas. 13/02/2015. [www.ptn.gov.ar ]

Apunte #1 [Ficción paranoica]
El jueves 10 de octubre de 1991, el suplemento “Cultura y Nación” del diario Clarín anuncia un ´texto exclusivo´. Ocupa dos tercios de la tapa el dibujo de un rostro anónimo y terrible –calvo, ángulos duros, nariz chata y quebrada, boca y dientes caóticos, ojos de pura pupila que incomodan al observador tanto o más que el revólver de pequeño calibre que engalana su mano (y con el gatillo pulsado). La imagen se repite por dos veces en mosaicos diminutos, uno de ellos invertido. La inversión reaparece en una letra ´R´, parte del título que enrostra: “La ficción paranoica”. Este ´texto exclusivo´ fue cedido al suplemento por el autor, contra su hábito o manía de reescribir de forma incesante. El autor -de allí el texto- dicta por esa época un curso en el Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es, a la vez, escritor y crítico literario, y es un agitador al que no le gustan las aguas quietas. Con sus bajadas, copetes, etcétera, la edición orienta la lectura hacia el ámbito literario –Ricardo Piglia reflexiona sobre los géneros y esboza una nueva categoría narrativa. El origen de esta nueva categoría -la ficción paranoica- se retrotrae, en la versión de Piglia, al surgimiento del género policial, mediados del siglo XIX, en manos de Poe y a través de su ´genial invento´: el detective –figura formal y social- que enfrenta el problema de la ley, o de la verdad, desde una posición marginal, no institucional. El detective, corazón del género, pone en evidencia que la institución a la que el Estado le delegó la problemática de la verdad (o de la ley) -la policía (y agregaría, la justicia)-, no sirve. “El detective es una figura… que está en tensión con el mundo del Estado, con lo que –con una ironía seguramente involuntaria- se llama la inteligencia del Estado. Frente a los servicios de inteligencia del Estado y a la inteligencia del Estado como tal aparece [la] inteligencia privada [del detective]…”. El género policial extrema una condición de toda narración: saber qué sucedió realmente. Es una condición dramática porque hay una pregunta –qué sucedió– y, además, hay un muerto. Desde su origen, el policial se entrevera con las condiciones sociales: sociedad de masas, multitud, anonimato, amenaza, el ´otro´. El gran tema del género es quién se encarga de la seguridad privada -tópico discutido en la Argentina a rabiar, reflexiona Piglia, por sus conexiones con el autoritarismo. Con el transcurso del tiempo, por su inevitable combinación con otros géneros populares (fantástico, ciencia ficción) y en tensión con el entramado social, el policial se transforma y alcanza un nuevo estadio. Agita: ´Los contenidos sociales del género pasan por la constitución de una subjetividad amenazada. El policial es un género capitalista en el sentido literal. Nace con el capitalismo, tiene al dinero como una de sus máquinas centrales, es un tipo de literatura mercancía, trabaja con fórmulas, repeticiones, estereotipos. Estos elementos sociales y formales presentes en el género se exasperan hoy y dan lugar a esto que he llamado la ficción paranoica.´ Las ideas de amenaza y de la vida puesta en peligro se han visto exacerbadas en el imaginario contemporáneo y la literatura paranoica se encarga de ellas. Una conciencia paranoica narra mediante dos instancias: la primera, la idea de amenaza, el enemigo, los enemigos, el que persigue, los que persiguen, el complot, la conspiración; la segunda, el delirio interpretativo que quiere anular el azar -un mensaje cifrado me está dirigido y todo obedece a una causa oculta. Por eso –y retornando al género madre- el policial se entrelaza con el psicoanálisis que no se sabe si es un saber sobre el delirio o un delirio sobre el saber. “Esto no es un chiste porque… se aprende del delirio. Hay una verdad. El delirio interpretativo es también un punto de relación con la verdad.”

{Paranoia y condición dramática: saber qué sucedió y saber por qué hay un muerto; amenaza, intriga, investigador e inteligencia estatal; delirar e inventar el porqué; y las palabras desde el más allá con las que nos habla el muerto: plan delictivo y urdido y sofisticado; confabulación orquestada y accionar criminal; impunidad y justicia; atentado, encubrimiento, maniobra; falsa teoría alternativa; nuevas hipótesis y pruebas nuevas y otros enemigos; manipulación y rosario de mentiras.}

Apunte #2 [Teoría del complot]
El 15 de julio de 2001, Piglia ofrece una conferencia complementaria, por su temática y por su carácter oral, de la clase antes reseñada. El texto se conoce bajo el título “Teoría del complot”. El complot –comienza- supone una conjura y es ilegal porque es secreto; su amenaza radica no en sus métodos sino en el carácter clandestino de su organización. “A menudo, el relato mismo de un complot forma parte del complot y tenemos así una relación concreta entre narración y amenaza. Podemos ver el complot como una ficción potencial, una intriga que se trama y circula y cuya realidad está siempre en duda.” El (actual) exceso de información produce un efecto paradójico: lo que no se sabe puede ser la clave. La búsqueda de la clave oculta que descifre la realidad conduce a la paranoia y ésta, más allá del caso clínico, es “…una salida a la crisis de sentido. Con frecuencia, para entender la lógica destructiva de lo social, el sujeto privado debe inferir la existencia de un complot.” El complot es una forma de ficción; está en la relación entre información y experiencia; está en la idea de revolución (en Marx, según Gramsci; en el partido leninista; en Guevara); y está en –o al menos permite pensar- la política del Estado. En este punto de la exposición, Piglia retorna a aquella ironía seguramente involuntaria mencionada en 1991. Merece la cita su extensión: “…hay una política clandestina ligada a lo que llamamos la inteligencia del Estado, los servicios secretos, las formas de control y de captura, cuyo objetivo central es registrar los movimientos de la población y disimular y supervisar el efecto destructivo de los grandes desplazamientos económicos y los flujos de dinero. A su vez, el Estado anuncia desde su origen el fantasma de un enemigo poderoso e invisible. Siempre hay un complot y el complot es la amenaza frente a la cual se legitima el uso indiscriminado del poder. Estado y complot vienen juntos. Los mecanismos del poder y del contrapoder se anudan. El complot sería entonces un punto de articulación entre prácticas de construcción de realidades alternativas y una manera de descifrar cierto funcionamiento de la política.” En continuidad, Piglia revisa una tradición literaria vernácula que trabaja la política como conspiración, como gran máquina paranoica. En ese camino, menciona a Leopoldo Marechal, a Macedonio Fernández y se detiene en dos pesos pesados. El primero: “Arlt siempre está escribiendo la historia del presente porque capta la noción del complot como un nudo de la política argentina… Arlt [en Los siete locos] capta la existencia del complot como lógica del funcionamiento de lo social más que de la sociedad…: la noción del complot está trabajada como núcleo de construcción de la complejidad de la política y… como el modo que tiene el sujeto aislado de pensar lo político.” (Había dicho en un texto de 1992, “Roberto Arlt. La ficción del dinero”, en La Argentina en pedazos: “Arlt supo captar el centro paranoico de esta sociedad. Sus novelas manejan lo social como conspiración, como guerra; el poder como una máquina perversa y ficcional. Arlt narró las intrigas que sostienen las redes de dominación en la Argentina moderna.”) Y el segundo peso pesado, con un conspirador invitado de lujo y nuevamente por medio de cita extensísima: “Borges también trabajó el complot como un elemento básico en la constitución de la ficción. ´Tlön, Uqbar, Orbis Tertius´ [cuenta] una conspiración que acaba por sustituir a la realidad misma. Un texto como este… permite percibir la presencia de la ficción en lo real, la ficción en la política, la manipulación de las creencias, las historias que se vuelven reales. Lo mismo puede decirse de ´Tema del traidor y del héroe´… Y hay… un texto extraordinario… el más político de Borges, ´La lotería en Babilonia´, donde [el Estado organiza] una vasta maquinación para determinar la experiencia de vida de los sujetos a través de sorteos periódicos… [El] punto de partida que encuentra Borges para escribir aquel relato sobre conspiración y políticas del Estado está en un fragmento del libro V de La República de Platón… La República… es un texto fundador de lo que entendemos como la construcción de la realidad desde el Estado. En el libro V… se reflexiona sobre el tipo de relaciones sentimentales que se darían en una sociedad perfecta… Es una concepción conspirativa total: el complot es el mundo social mismo. A través de [ingeniosos] sorteos se va a decidir cómo se establecen las relaciones sexuales entre los sujetos… Y lo extraordinario es que Platón señala que el Estado va a hacer trampa.” Y agrego un fragmento del ensayo “El último cuento de Borges” [en Formas breves, 2000]: “Los grandes relatos de Borges giran sobre la incertidumbre del recuerdo personal… y la experiencia artificial. La clave de este universo paranoico [es] la manipulación de la memoria y de la identidad. Tenemos la sensación de habernos extraviado en una red que remite a un centro cuya sola arquitectura es malvada. En ese punto se define la política en la ficción de Borges. Basta leer ´La lotería en Babilonia ´…”//////

{Estado y complot; ficción en la política; maquinación; exceso de información; clave oculta; construcción de la realidad desde el Estado, pero siempre siempre desde el hiperespacio; y hay un muerto en un baño con un tiro en la sien que parece de Tlön, como esos conitos de metal, y como la miríadas de relatos en un mundo tan creíble como una canción; y el muerto cantó: rosario de mentiras, manipulación, falsa premisa; pactos secretos al público escrutinio; intermediarios clandestinos, infiltrados, estaciones de inteligencia; descrédito y campaña mediática; nuevo engaño argumentativo, puesta en escena, realidad procesal tergiversada, maquillaje, estrategia para impedir que surja a la luz su oculta finalidad criminal.}

Apunte #3 [Insano hiperespacio]
La conspiración y la paranoia (cara y cruz de la relación ´sociedad e individuo´) habitan este mundo desde tiempos tan remotos como la política que en ellos germina -aunque, como veremos, el ´entre milenios´ las estalló. Además de los textos de Piglia, el interesado puede recorrer el volumen del actual director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, Filosofía de la conspiración: marxistas, peronistas, carbonarios [2004]. “Leemos y escuchamos a diario la palabra conspiración… En la senda de los más porfiados vocablos de nuestras conversaciones, se hace presente sirviendo la causa de dos amos: el Estado y la Intimidad. En el primer caso, quiere definir lo que amenaza; en el segundo, lo que armoniza.” Palabra más, palabra menos inicia González su libro y continúa. En 2009 Pablo Besarón publica La conspiración. Ensayos sobre el complot en la literatura argentina y retrotrae su red hasta inicios del siglo XIX con el ´Plan de Operaciones´ [1810] del asesinado en alta mar, Mariano Moreno, “…pasando por el Facundo de Sarmiento, la Amalia de Mármol y… ´El matadero´ de Esteban Echeverría.” Piglia, en “La ficción paranoica”, indica la contemporaneidad del libro de Sarmiento con el surgimiento del policial y lee el Facundo como uno de los textos fundadores de la investigación asociada a develar el enigma de un ´monstruo´, figura que encarna al ´otro´ en la sociedad moderna, punto de partida de la paranoia. En tanto categoría, ´paranoia´ se codifica décadas más tarde, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, con el desarrollo de la teoría psicoanalítica. Da el puntapié “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (´dementia paranoides´) autobiográficamente descrito (Caso ´Schreber´)” [1910-1911], texto en el que Sigmund Freud, a través de un ejercicio de crítica analiza las Memorias del juez alemán Daniel Schreber (quien narra sus íntimas relaciones con la divinidad). En 1932, Jacques Lacan presenta su tesis doctoral: De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Años después, esa tesis es la base del surrealista método crítico-paranoico de Salvador Dalí. Pasan las décadas y en los sesenta, en el contexto de las revueltas político-culturales de entonces, la paranoia (y la esquizofrenia) aparecen como categorías para pensar los nuevos sujetos que rechazan los parámetros del mundo occidental, que se inclinan por la mística oriental o africana o amerindia, que proponen nuevas identidades sexuales y que atraviesan esas experiencias deambulando por los revolucionados pasadizos mundanales munidos de sustancias ya naturales, ya sintéticas. A partir de allí se consolida la codificación de este mundo esquizofrénico y paranoico en base a tres instancias interconectadas: el ya mencionado uso de drogas que permite fragmentar la psiquis del individuo; la exacerbación del capitalismo basado en el mercado de consumo; el desarrollo sostenido de la cibercultura y de sus tecnologías asociadas. Uno de los íconos culturales de esa transformación es el escritor de ciencia ficción norteamericano Philip Dick –una especie de doble literario de Borges y, a la vez, como lo repite Piglia, un continuador involuntario de la literatura conspirativa, paranoica y política de Arlt. Dick muere en 1982. En 1984 la revista Science-Fiction Studies publica de Carl Freedman el artículo “Hacia una teoría de la paranoia: la ciencia ficción de Philip Dick” [“Towards a Theory of Paranoia: The Science Fiction of Philip K. Dick”]. Freedman advierte en la literatura de Dick una herramienta fundamental para revisar la configuración del capitalismo tardío (o post-industrial, el surgido de la segunda posguerra) atravesado por las ideas de paranoia y de conspiración. El artículo tiene tres momentos centrales: a) una reseña del análisis de Karl Marx del ´fetichismo de la mercancía´: en el mundo capitalista, como si fuera en una novela de Dick, el producto del trabajo –objetos, máquinas, gadgets, lo producido y lo consumido- adquiere vida propia y se vuelve contra el individuo; b) una crítica a la reducción freudiana de la paranoia como enfermedad: la teoría psicoanalítica pone en juego un ´ego burgués´ y esconde el carácter esquizofrénico del sujeto en el capitalismo; c) una reconsideración de la revisión lacaniana de ese sujeto ahistórico y culturalmente construido por Freud: para Lacan la paranoia es el paradigma del desarrollo psíquico, establece un tipo de interpretación racional mediante un sistema cuyo centro es el Yo del sujeto, es decir, la paranoia es una forma de adquisición de conocimiento. En su clase de 1991 –recuerdo- Piglia remarca que la paranoia y el delirio son formas de acceder al conocimiento e indica, al pasar, que paranoia y mundo capitalista van de la mano (y en “Teoría del complot” dirá que contra el mundo capitalista solo podrá irse con un complot contra el complot y por medio de una contra-sociedad de puro goce.). En 1992, el teórico marxista Fredric Jameson en “La totalidad como conspiración” [La estética geopolítica] afirma que el sistema mundial -capitalismo tardío, período postmoderno- es imposible de representar excepto a través de un mapa cognitivo otorgado por el cine de conspiración (por caso, el film de ciencia ficción, Videodrome [David Cronenberg, 1983]). Dice: “…cuando se enfrenta al ambicioso programa de imaginar un sistema económico a escala mundial [el capitalismo multinacional], el viejo tema de la conspiración adquiere una nueva vitalidad en cuanto estructura narrativa capaz de reunir los elementos básicos mínimos: una red potencialmente infinita, junto a una explicación plausible de su invisibilidad…”. Si uno de los modos de entender el entramado del capitalismo tardío es a través de la conspiración, la paranoia que inunda el mundo post-industrial (la sociedad de consumo) emerge, por su parte, como el resultado de uno de los inventos más revulsivos de las últimas décadas: la interfaz, el ciberespacio, Internet. Dice el esloveno Slavoj Zizek en Lacrimae rerum [2006]: “…el ciberespacio [hoy día hace] realidad la fantasía paranoica [del juez alemán] Schreber…: el ´universo conectado´ es psicótico en la medida en que parece materializar la alucinación schreberiana de unos rayos divinos a través de los cuales Dios controla directamente la mente humana.ˮ El carácter psicótico e insano del hiperespacio –en el doble sentido de enfermedad y de matriz de acceso al conocimiento- estuvo en boca de quienes así lo advirtieron desde sus comienzos (los gurúes de Internet –se sabe- navegaron por mares psicodélicos repletos de cactus, de hongos, etc.). El alocado ciberespacio es la arena en la que los sujetos del capitalismo tardío consumen indiscriminadamente (información, pornografía, objetos, identidad) para luego vomitar sus paranoias, y sus parafilias. Es, por ende, una arena en la que esos sujetos múltiples, fantasmales, pueden elucubrar -o mejor, servir a las elucubraciones- que construyen las incesantes conspiraciones que tiñen el mundo post-industrial. El dickiano Pablo Capanna, ironía mediante, da una idea de esta situación: “´Paranoicos del mundo uníos´, parece ser el lema de algunas páginas de Internet… Admitamos que el mundo no anda nada bien y que con el posmodernismo se ha liberado una buena cuota de irracionalidad. En este contexto, imaginar una mente siniestra que tiene todo planificado… resulta casi tranquilizante. Las cosas adquieren un sentido, aunque sea un sentido apocalíptico, y creer que se está entre quienes lo conocen parece devolver… cierta seguridad.” [“La paranoia conspirativa”, en Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos. 2009]

{Política clandestina: registrar movimientos de la población, supervisar el efecto destructivo de los grandes flujos de dinero; Internet, interfaz y los delirantes mundos virtuales entre el espionaje y la construcción de realidades; el control social; hay un muerto con el cerebro perforado que se enfría; la plaga del hiperespacio que opina; entonces, el muerto no se enfriará mientras más se consuma, se hable, se diga por él en el circo del sistema mundial y se repitan y se olviden sus palabras, si es que suyas son, desde el más allá: estrategia mediática para impedir que surja a la luz su oculta finalidad criminal; camuflaje jurídico, se conversa y se arregla de antemano sin comunicar a la opinión pública a la que se busca engañar; acuerdos ocultos, reuniones pantalla, negociaciones clandestinas y secretas y falsas; desde las sombras, diplomacia paralela de facto y maniobras ardidosas.}

Apunte #4 [Relato paranoico – Realidad psicótica]
En 1988, la revista Crisis [No. 59, 2da. época] publica el artículo de Pablo Fuentes, “El relato paranoico”. Fuentes recorre los avatares de una “involuntaria tendencia literaria”, aparecida a comienzos de los años 60, principalmente en los Estados Unidos, y caracterizada “…por una temática y una técnica narrativa estructurada en función de la paranoia.” William Burroughs, Philip Dick, Kurt Vonnegut, Thomas Disch James G. Ballard, entre otros, se diferencian de narradores anteriores como Buzzati, Arlt, Kafka (la referencia de la Dra. Abonna –pienso- es certera pero atrasa) quienes “…instrumentan la paranoia como estado mental o como mecanismo de la dinámica social.” El relato paranoico combina “el instrumental de la escritura de vanguardia… con los elementos y las convenciones de los géneros populares, en particular con los de la ciencia-ficción… [para sustentar] una mirada paranoica que se erige en una forma privilegiada de aprehensión de una realidad que oculta la amplia estructura delirante que la sostiene.” Surgido en un momento histórico altamente crítico –movimientos contestatarios, Vietnam, viajes espaciales, pop-art, psicodelia, apertura sexual, Watergate, avance tecnológico y científico- “…el relato paranoico interpreta al mundo contemporáneo como una encrucijada de elementos heterogéneos que develan… un carácter artificial en función de una red subterránea de intrigas, complots, relaciones de sentido caprichosas que tejen la maraña social.” El tiempo estalla en pedazos siguiendo una secreta lógica paranoide. El sujeto es un ente escindido conectado con un orden social entre cuyos pliegue se sospecha el caos. “La locura parece ser el sustento de la interacción personaje-medio… La función de la ficción… es socializar la psicosis y develar la mecánica delirante de la sociedad.” La paranoia funciona como un intento de restitución. Las palabras circulan con su sentido modificado y pueden acoplarse a cualquier significado. “Las palabras adquieren una literalidad peligrosa, forman parte… del entramado persecutorio… Lo imaginario desplaza al mundo verbalizado de lo social; señala la membrana íntima de las relaciones de poder, que son relaciones psicóticas… [L]os mensajes van y vienen sin dirigirse a ningún sujeto…, pudiendo cualquiera recibir el código secreto de lo que ellos plantean.” Las palabras -del relato, de las instituciones- demuestran que el orden es paranoico. Todo sistema es de control. Relato paranoico; ´realismo psicótico´. “La realidad [que] difunden los medios masivos de comunicación presenta un… carácter ficcional.” Lo real está roto. Hay “un ida y vuelta entre la dimensión social y la metafísica: la sociedad capitalista avanzada demuestra, en su mecánica, los signos de su propia decadencia y… en la estructura del universo hay una tendencia irreversible al caos…”. El relato paranoico desenmascara el funcionamiento del poder, las formas de las que se vale para sostenerse y perpetuarse. “Aparecen… las grandes corporaciones, las fantasmales multinacionales…, complejos y sutiles sistemas de control social… El poder es paranoico y actúa paranoicamente para conseguir sus fines. En muchos textos se presenta la ecuación información-poder, el que tiene la información tiene el poder: puede manipularla…, su control es la marca misma del poder. El tipo de información recibida incide… en la percepción de la realidad.” En definitiva, el relato paranoico da cuenta de una cierta sensibilidad que intenta leer a la sociedad contemporánea. ////// {Mecánica delirante de la sociedad; palabras que se acoplan a cualquier sentido, que vienen y que van; decadencia del sistema; funcionamiento paranoico del poder; locura; y un muerto al que igual muerto –los artífices del paranoico relato que es el mundo actual- lo hacen conspirar: acuerdos secretos, maniobras ardidosas, desde las sombras, objetivo criminal, canales paralelos, negociación, diplomacia paralela de facto, mensajes clandestinos de encubridores y de encubiertos; digitar acciones; feroz campaña.}

Apunte #5 [Paranoia, gnosticismo, ciencia ficción (en un mundo brotado)]
En 1991, Piglia piensa la ´ficción paranoica´ en el cruce entre el género policial, el fantástico y la ciencia ficción, y privilegia la matriz del primero. La mezcla permite suponer que los demás géneros también aportan a la ´ficción paranoica´, pero no abunda sobre el asunto. Pablo Fuentes, un par de años antes, enumera ingredientes del cóctel ficcional psicótico -novela negra, relato de espionaje, pornografía, publicidad, historieta, lenguaje televisivo, rock, filosofía, política, manuales de la CIA, jerga científica, religiones orientales, parapsicología- e indica que el humus de la literatura paranoica es, por su carácter conjetural, la ciencia ficción. A mediados de los años ochenta, el escritor Thomas Disch, le sugería a Piglia –siempre reacio a reconocer la fuerza del género- que la paranoia podría ser considerada uno de los rasgos específicos de la ciencia ficción. La paranoia es un rasgo específico, sugiero, porque el discurso que alienta al género no es tan racional como se supone. Sobrepasa la semejanza en el uso, la presencia del prefijo para– en un tipo de paraliteratura -ciencia ficción-; en un tipo de pensamiento –paranoia-; en una forma de acceso y de producción de conocimiento –paraciencia. Mi tesis es defender –más allá del nombre- una mayor injerencia de las doctrinas esotéricas en la conformación y, luego, en la configuración del género. Ciencia ficción, paranoia y conocimiento heterodoxo se conectan con las consecuencias que indicaré. Contra la casi totalidad de la biblioteca crítica, entiendo que en parte importante de la ciencia ficción inciden antes que el discurso científico en sí, las ciencias alternativas. La utilización de estas dos categorías necesitaría de mayores precisiones, pero alcanza aquí con afirmar que, por causas de orden ideológico, de un lado en el mundo social aparece la ciencia oficial, sancionada, aceptada como válida, mientras que las paraciencias -ciencias ocultas, esoterismos varios, espiritismo, parapsicología, etc.- son ubicadas en el rol de ´monstruos teóricos´. Entre la justeza y el prejuicio, esas doctrinas –muchas de ellas confusas por simplificadas para lograr rápidos adeptos- quedan fuera de la discusión a la hora de suponer un análisis serio de cualquier cuestión social o artística. Sin embargo, entre esa enmarañada selva de saberes de lo oculto, si se mira de otra manera, se perciben disimuladas antiguas filosofías resumidas por Fuentes en el cóctel paranoico bajo el mote de ´religiones orientales´: gnosticismo, cábala, hermetismo. Una vez atravesado el prejuicio, adoptada esta perspectiva, se entiende por qué Arlt, Dick, Borges –en particular estos dos últimos- cruzan ciencia ficción, saberes alternativos, paranoia y conspiración. (Apunto un caso pintoresco aunque coherente con lo dicho: en 1984 Freedman desliza al pasar que el paranoico juez alemán Schreber, quien en sus Memorias narra su amor heterodoxo con Dios, era una especie de escritor de ciencia ficción). Como reseñé en otro texto -me detengo ahora en un discurso heterodoxo en particular-, la filosofía gnóstica se sustenta en el principio del dios desconocido: debe existir un dios único y omnipotente, pero no les fue dado a los hombres conocerlo; los que se presentan como divinidades son potencias menores, y en muchos casos terribles, que comandan este mundo como les place a expensas de un dios alejado. Esta concepción filosófico-teológica tiene consecuencias que reverberan luego en la ciencia ficción. En la perspectiva gnóstica, una vez alcanzado cualquier principio explicativo, es posible suponer que detrás existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente el dios desconocido y así al infinito. La primera consecuencia es, entonces, la ´paranoia´. Le sigue la mirada conspirativa. A los gnósticos por la imposibilidad de conocer la divinidad, les es imposible determinar qué es ´la realidad´, qué es ´la verdad´. Lo máximo a lo que se accede es al autoconocimiento, a la gnosis, al sabiduría, a través del reconocimiento de la chispa divina que existe en cada ser humano por pertenecer a la creación. Esa mínima y eventual porción de divinidad en cada uno, está presente en todo lo que existe (piedras, tierra, animales, plantas, agua, astros, etc.) y, por lo tanto, en la batalla por conocer el orden del mundo, cualquier cosa, detalle, elemento, aspecto puede conspirar, puede ser parte del plan (o del Plan) y hasta, es posible, puede ser su clave oculta. Por eso, cuando Horacio González intenta desentrañar el pensamiento conspirativo, su funcionamiento conceptual, propone una conciencia paranoica que observa al mundo mediante el parámetro del animismo: cada partícula puede tener su propio impulso vital y actuar en consecución de algún objetivo. La tercera consecuencia acentúa la faz política del gnosticismo. En base a la idea de que hay siempre un principio ulterior, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de una ortodoxia, de un dogma, y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas y tendieron a la anarquía especulativa. Estos cristianos disidentes fueron considerados peligrosos (y denigrados como herejes) por la naciente iglesia católica ya que enfatizaban el autoconocimiento y pregonaban la organización grupal antes que la conformación de instituciones. El gnosticismo es una filosofía que piensa la existencia del mal en el mundo (el mal serían las instituciones que lo fagocitan todo) y, por ende, revisa cómo se constituye el poder. Ahora bien, el gnosticismo y el hermetismo –las heterodoxias en general- tienen, al menos, dos vertientes en un espectro ético que va desde posiciones que defienden el autonocimiento y la autodeterminación del yo (que deriva en el anarquismo y en filosofías de la libertad y de la responsabilidad) a concepciones diluidas y forzadas que se embarcan en la pesadilla de la perfección del ser humano -superhombre aquí y ahora- y que culminan, tergiversada la teoría, en posiciones racistas y eugenésicas como el nazismo. Con ese doble rasero, la heterodoxia –formadora de paranoicos y conspiradores- fue la base histórica sobre la que se construyó el mundo de Internet, el ciberespacio, al que algunos denominan el ´Sexto Ciber-Imperio´ (recomiendo, en ese sentido, La Nueva Ciudad de Dios [2002] de Alonso y Arzoz). En un mundo como el actual que se parece bastante a las pesadillas de la ciencia ficción hereje y paranoica, los internautas poseen dos caminos en aras de la promesa del acceso irrestricto a la información –utopía enciclopédica también hermética: una es la libertad que permite la navegación y la revisión de nuestra identidad a partir del conocimiento que genera la interacción con miles de ´otros´ en la red; la otra es la del control social. El impulso que la Red dio, en términos de Zizek, a la exhibición de personalidades múltiples y perversas, a la psicosis, a la paranoia, a la esquizofrenia tiene como corolario no la mayor libertad del individuo sino su domesticación, la canalización de sus fuerzas revulsivas, o revolucionarias, a través del ciberespacio. El hiperespacio ha exacerbado un rasgo que predomina en el sistema mundial post-industrial: las fuerzas que finalmente controlan ´todo´, permanecen ocultas, inaccesibles, alejadas, pero su corolario no es, como en el caso de la filosofía gnóstica, provocar una mayor indagación personal, el autoconocimiento, etc. La conclusión de ese poder invisible –que conspira o que puede ser entendido desde la mirada conspirativa- es el sostener la opresión, la desigualdad, la ruina del 99 % de la población, en aras del disfrute del 1%. Aun así, esa aparente utopía de una Red que cobija gran parte de la humanidad bajo un falso cielo, produjo su propio antídoto de tono libertario con sus interrogantes: ¿es realmente necesario organizar –controlar- de esta forma la sociedad en su conjunto?, ¿no queda cada vez más claro mediante Internet que el humano excepto a su restringido grupo de pertenencia, no responde y hasta aborrece de los demás?, ¿por qué no abandonar la idea de centros de poder y dejar que los sujetos se organicen como deseen ya en pequeños grupos, ya permaneciendo aislados? Si de alguna manera, el cibermundo –con claras trazas de locura e irracionalidad pero de firme intención dominadora- está sustentado en ideas e imaginerías hermético-gnósticas, el contraveneno surge de ese mismo imaginario aunque en la vertiente libertaria, la del anarquismo: más autoconocimiento, menos instituciones, mayor autodeterminación en la organización, disminución del poder central, restricción de desarrollos tecnológicos, retorno a la tierra -la denominada ´naturaleza´. (Algo de esa idea aparece en el proyecto político que destila Borges en su cuento de ciencia ficción de 1975: “Utopía de un hombre que está cansado”, en El libro de arena). Si nuestra realidad es psicótica, como codifica el relato o la ficción paranoica, si a nuestro alrededor todos y cada uno de los que nos cruzamos –y nosotros a ellos- nos parecen brotados, es porque estamos siendo forzados a una convivencia indeseable para la mayoría. En definitiva, el heterodoxo gnosticismo es un hilo que permite deambular por la enloquecida sociedad contemporánea, intuir sus paranoias, y sus conspiraciones, entender en muchos casos a través de la literatura y el cine de ciencia ficción la forma en que el poder se ha construido omnímodo y oculto. Y al mismo tiempo, ese gnosticismo, en su vertiente libertaria, con acentos en el autoconocimiento, en el grupo de pertenencia y en la relación con el mundo natural, es el necesario espacio de resistencia, de contra-conspiración.

{La esquizofrénica Red y su sucedáneo –el psicótico mundo actual- con idéntico parámetro de funcionamiento: el centro del poder siempre un peldaño arriba y atrás; de un lado el control sobre las acciones de la sociedad, en la arena virtual; del otro lado, el sostén en apariencia inmodificable de los flujos del dinero hacia pocas manos ocultas; jerarquía y status quo; por eso, en un mundo delirante, el muerto con una bala en el cerebro era un paranoico, sus acciones conspiraciones, y la resolución de su deceso, un imposible cuento, como si se tratara lisa y llanamente de Ubik (de Dick); antes que la política en la ficción, la ficción como política, y sus letanías a doscientas ochenta y nueve fojas escritas: digitar acciones, feroz campaña, descrédito, deslegitimación, principal instrumentador, remover al suscripto, enorme gravedad institucional, cabeza del Poder Ejecutivo, decidió lamentablemente cometer delito, consternación constatar Sra. Presidente involucrada en vil maquinación.}

Apunte #6 [Conspiración y agente provocador: Ida, Munk, el muerto en el baño]
Filosofía de la conspiración compila conjuras desde la vieja Roma, las Catilinarias de Cicerón, hasta el mundo contemporáneo -jesuitas, masones, carbonarios, marxistas, peronistas. En ese paseo, González reflexiona sobre una novela de Piglia de 1980 estructurada, en una de sus líneas narrativas, por un arco temporal que une un historiador amateur, Marcelo Maggi, ´receptor´ en su presente (siglo XX) de cartas del porvenir enviadas por un sujeto del siglo XIX (entre filósofo, escritor y periodista), Enrique Ossorio, secretario privado de Rosas, espía de Lavalle, involucrado en la conspiración de Maza y sospechado de doble agente. Dice González: “El acto conspiracional… acostumbra a ponerse en términos de una realidad que difuminada se ficcionaliza y de una ficción que reconstruida… con su modelo real (pero ya imaginario), toma su lugar. La toma vicariamente, fingiendo ser aquella realidad anonadada, hablando como ella y asumiendo su misma confiada apatía. [Son] éstas las acentuaciones de Respiración artificial, con las que Piglia… expuso la tesis de la novela como conspiración y el pensamiento histórico como un ejercicio desesperante que asumía la forma de un complot.” [Filosofía de la conspiración, p. 221] En efecto, la concepción de Piglia de la literatura está basada en la conjura. “Toda verdadera tradición [literaria, artística, intelectual] es clandestina y se construye retrospectivamente y tiene la forma de un complot.” [“La novela polaca”, Formas breves, 2000, p. 80] El complot, y los conjurados, respiran en aquella novela, pero también en la forma de entender la literatura y en el modo –necesitaría más espacio para probarlo, aunque es una obviedad- en el que Piglia finalmente, y más allá de las esperadas discusiones, logra posicionarse como escritor consagrado en el mundo de habla hispana. Su movimiento conspirativo final es reciente y se sintetiza en la publicación de lo que podría denominarse su gran ficción paranoica: El camino de Ida [2013]. Como en la novela de 1980, en esta última predominan rasgos del policial. La imaginería de la ciencia ficción ocupa un lugar vicario aunque acechante. El camino de Ida puede leerse sin problemas a partir del conjunto de elementos literarios y sociales sintetizado en los apuntes previos. Cuenta la historia –dice que deja su ´testimonio´- Emilio Renzi, crítico, profesor, traductor (en fin, sosías de Piglia y narrador también de Respiración artificial), cuya paranoia y ruina personal se acentúan en su experiencia estadounidense. Renzi llega como profesor visitante a una universidad presentada por su anfitriona como ´cementerio de escritores´ y enclavada en un pequeño pueblo que parece una clínica psiquiátrica de lujo. Renzi –en su desquicio y lucidez, y al igual que Swedenborg el infierno- ve el mundo como un pantano inhóspito, como un espacio tenebroso, ilógico, corporativo, psicótico. En esa estadía en el corazón de la sociedad de consumo, nada le interesa más (exceptuando a su bella colega Ida Brown) que Orión, un mendigo que ronda la universidad buscando sus vituallas, y que hasta lo ignora y lo desprecia en sus soliloquios. La institución académica que lo contrata concentra la neurosis de los, en apariencia, bien intencionados tecnócratas que equilibran su afán de poder -acumulan con la derecha mientras escriben con la izquierda- y que aceptan presiones, opresiones, vigilancias y violencias con tal de mantener la jerarquía basada en mezquinas conspiraciones. (Una versión amable de esa historia aparece citada por González en Filosofía de la conspiración, p. 20: “…en La cátedra [de Nicolás Casullo, 2000], tomando temas ocultistas con humor, se conjuga una historia irónica de los hábitos universitarios con la existencia de un plan, o una conjura, que emana de un mundo duplicado o subterráneo.”) En El camino de Ida, la policía, el FBI, la CIA, sin estar necesariamente a cada paso, dejan saber que hacia el interior de la academia conocen ´todo de todos´ y que son capaces de usar esa información en cualquier momento y con cualquier objetivo. En este marco, una piedra rompe el cristal de la falsa tranquilidad de los claustros. En un episodio confuso -¿ataque o error de cálculo?- muere por una explosión la joven y atractiva Ida, profesora estrella de la universidad y anfitriona del argentino. Renzi, que como tantos otros fue su amante, emprende una investigación (contacta a detectives privados que trabajan, a su vez, con el FBI y que se conectan con el periodismo, el ejército, etc.) e ingresa a la trama que teje esa muerte. Pasa de ser observador a involucrarse. Hacia el final del recorrido, su encuentro y su charla cara a cara en prisión con Thomas Munk, jefe no reconocido de lobos solitarios que actúan en pos de un mismo objetivo: destruir, detener, frenar al Sistema Mundial. Quien en la ficción es Munk, en el mundo real (si es que algo queda de él) es Theodore Kaczynski. Denigrado como el Unabomber, entre 1978 y 1995, según cuenta una de las versiones posibles, Kaczynski envió cartas-bombas para poner en discusión, por medio de esas muertes, acerca de la necesidad de detener el Sistema industrial-militar o, al menos, de discutir sobre esa necesidad. De forma estratégica dirigió el ataque no contra blancos esperados –líderes políticos, religiosos, etc.-, sino contra aquellos que con bajo perfil son el andamiaje en el cual este pantano inhóspito se sostiene: los tecnócratas que hacen las veces de profesores universitarios. Para Theodore –formado en Harvard y con honores, y profesor en Berkeley- los académicos dirigen sus esfuerzos antes que a buscar la mejor forma de vivir para la comunidad, a sostener un sistema injusto y aberrante. Lejos del mero planteo programático, la acción directa, el terrorismo y la apelación a la violencia de Munk, o de Kaczynski, señalan con esas muertes un grave problema futuro si la continuidad del Sistema no es puesta en discusión. El camino de Ida se construye en torno de la figura del intelectual terrorista. Y las armas intelectuales con las que se libra esa batalla de resistencia -ya en la novela-libro, ya en la novela-realidad- es una forma de pensar, y de vivir, anti-capitalista y que entronca con la tradición hereje antes mencionada como antídoto: el anarco-primitivismo. Filosofía de la conspiración, en ese sentido, abona una verdad cotidiana: la política tradicional es un juego de influencias, pactos, arreglos, traiciones, conjuras, complots, conspiraciones. Según una etimología, propuesta por González, conspirar es soplar juntos. Conspirar es una manera de pensar la realización de acuerdos. La política trabaja sobre un plan público y otro conspirativo y subterráneo en el que priman el encubrimiento y el disimulo. En la política –que es conspiración- hay una razón barroca, que progresa dejando en la penumbra, replegados, una parte esencial de sus argumentos. Conspirar es el reverso de la ´acción racional con arreglos a fines´, y se conspira en política no por otra razón que por ambición de poder. Hecho el diagnóstico, el actual director de la biblioteca fundada por Moreno, desliza: “Sin embargo, esto [la política como conspiración] se halla en contradicción con la tradición libertaria, para la cual todo acto humano se define por su deseo de libertad respecto a las pretensiones de dominio.” [Filosofía de la conspiración, p. 41] Traduzco: si en algún momento hacer política estuvo pensado como la búsqueda del bien comunitario y como el camino para otorgar libertad a los individuos en un contexto de igualdad, hoy en día y después de experiencias ideológicas de todo tipo (algunos dirán que ´siempre fue así´ y se excusarán en la repetición), hacer política es llevar agua para el molino de cada facción. Hacer política es soplar junto a los del grupo para beneficio del propio grupo que ocupa en ese turno el poder (o que quiere ocuparlo con idéntico resultado). Praxis política y conspiración –en Piglia es Estado y complot– son cara y ceca de la misma moneda. El talón de Aquiles, el flanco vulnerable de la primera, surge del ´complot (a)´ contra el ´complot (b) que gobierna´ y al que el ´complot (a)´ quiere sustituir. Esa debilidad, ese punto ciego de la política está encarnado por la figura del agente provocador, del intrigante. La provocación –dice González- es la quintaesencia vulnerable de la política, y cuenta una anécdota. Allá atrás, en el siglo XIX, a Karl Marx se lo acusó de ser un doble agente, un informante de la policía. Corrieron textos apócrifos, correcciones, borrones, pruebas caligráficas. Se esgrimieron simulaciones, puestas en escenas. Actuaron intrigantes y provocadores. El acusado reflexionó, sobre esos métodos de engaño político, a modo de defensa. Decía Marx: “Esto no significa solamente la existencia y la actividad del personal que se ocupa… de la materia. Se trata del sometimiento de todo mecanismo gubernativo, incluida la justicia y la prensa al instituto de la policía política… ” [Filosofía de la conspiración, p. 88] Hay una conspiración en marcha, hay un objetivo a alcanzar y la necesidad de llegar a la acción y, entonces, hay un provocador que enciende la mecha. Dice González: “El novelista orgánico de la conspiración es el intrigante… Sabe el intrigante que el mundo aparece como un conjunto delicado de tramas que se vuelven al exterior desde planos que no dicen todo lo que pudieran de sí… El intrigante, a la manera del agent provocateur, lucha para desatar lo que todo vínculo preferiría mantener cauteloso. Por eso siembra aquí y allá cizaña… con el fin de presentar todas las relaciones posibles como repletas de riñas y tensiones.” [Filosofía de la conspiración, p. 39]. El agente provocador tiene su remoto origen en las cancillerías y en las oficinas policiales del siglo XIX; es el espía, el agente secreto y toda la vasta familia de funcionarios del secreto y de la maquinación; provoca para que se realice lo que estaba llamado a suceder; el agente provocador es el perro de caza que “destruye la política para demostrar que la política era mucho más que lo que ella creía; también era el espectáculo sintomático de su autodestrucción”; el agente provocador es el reverso del político que quiere ser medido en sus palabras: al provocador no le interesan esos límites y goza de la paradoja de que lo mismo que revela lo que alguien es, es lo que lo daña; el agente provocador es el fogonazo necesario para que el accidente suceda (accidente que acelera el triunfo del ´complot (a)´ sobre el ´complot (b) que gobierna´); y maneja el lenguaje a placer: el conspirador suele titular sus cosas con nombres que son señuelos; nombres capaces de mantener un fuerza evocativa y sin gasto de palabras nuevas. El intrigante y sus golpes de efecto, y su ser volátil y su existencia siempre en duda y reversible y al infinito sospechosa y sospechada. Habría dos síndromes y el primero le corresponde a la conspiración y su antecesora la paranoia, creadora de enemigos. La conjura, dice González en Filosofía de la conspiración, p. 49, “…se refiere a la ansiedad por conocer lo que potencialmente cobija al otro en materia de hostilidad hacia mí. Y quizás debido a eso, la conspiración podría ubicarse en la extraña decisión de lanzar contra mí mismo las fuerzas de un estrago que imagino depositadas en la conciencia de mi hostes [enemigo]. Y lo que hago, lo justifico como la concentrada sospecha de una hostilidad segura… contra mí.” Complot en el poder; complot rival. Todos conspiran. Uno, el opositor, decide que es el momento de actuar y de acelerar hacia la recta final. El provocador, provoca, y enciende la mecha. El status quo acusa. Pero resulta que estamos en el terreno de la conspiración. Quien se siente atacado y se defiende ¿dice la verdad sobre su enemigo o inventa a este enemigo, enarbola una agresión y se inflige un autocastigo para justificar su propia debilidad? ¿O acaso la agresión y el ataque contra el poder de turno existen y el enemigo que lo provoca denuncia a los del poder por inventar una operación inexistente que, en verdad, sí existe porque él mismo la generó? Y así al infinito con la danza de infinitos dobles agentes e infinitos infiltrados. Nuevamente González en Filosofía de la conspiración, p. 66: “…algo ocurre cuando el pensamiento conspirativo (en este caso el Estado) le atribuye conspiraciones a quienes no necesariamente presentan su actividad bajo la autoconciencia de la intriga. Parecería que una forma crispada de la política comienza cuando alguien lanza una atribución de conspiración a los que designa como antagonistas… Y aún más, cuando ese ´alguien´ -el provocateur, el ´infiltrado´- ´encabeza´ tales expresiones. Ese eventual traidor-héroe haría punta en el umbral de máxima visibilidad de aquellas conciencias potenciales, aún inexpresadas. Les dice quiénes son, pues no sabían lo que era bueno para ellas.” Segundo síndrome: la acción del intrigante es un virus que le hace creer a las personas que la idea que ahora está implantada en su cerebro, estuvo siempre ahí y coincide con lo ocurrido. Falsa ilusión, obvia estrategia: lo ocurrido implanta retroactivamente la idea (y si es necesario reforzar el implante, coloca en el cerebro balas o lo que sea). Algo del delirio y de la imposibilidad de aprehender la trama hay en la figura del intrigante, del agitador, del provocador en el huracán de las conspiraciones. Algo de todo esto –y con todo me refiero a estos apuntes hilvanados- sucede desde el catorce y desde el diecinueve de enero del corriente año cuando de una denuncia de doscientas ochenta y nueve fojas se pasó a un muerto en el baño y con una bala en el cerebro, como si la bala fuera la rúbrica que impide olvidar el texto: plan delictivo, plan sofisticado y plan urdido, confabulación orquestada, impunidad, justicia, accionar criminal, decisión deliberada, maniobra de encubrimiento y grupo que ejecutó el encubrimiento, atentado terrorista, falsa teoría alternativa, nuevas hipótesis (y falsas hipótesis), nuevas pruebas (y pruebas nunca vistas), nuevos enemigos (y una conexión de fachos locales), rosario de mentiras, manipulación de hechos, falsa premisa, pactos secretos, negociación secreta y clandestinamente escondida del público escrutinio, infiltrar, intermediarios y estaciones de inteligencia, campaña, descrédito, puesta en escena, nuevo engaño argumentativo, tergiversación mediática de la realidad procesal, estrategias falaces, maquillaje y camuflaje jurídicos, silencio, impedir que surja a la luz su oculta finalidad criminal, hay cosas que se conversan y que arreglan sin comunicar a la opinión pública, acuerdos ocultos, reuniones pantalla, negociaciones secretas y clandestinas y nexos clandestinos, salvoconductos, trama delictiva, maniobras ardidosas, objetivo criminal, canales paralelos desde las sombras, diplomacia paralela y de facto, militancia pro terrorista, clandestino interlocutor, canales y mensajes clandestinos de encubridores y encubiertos, descrédito, deslegitimación, feroz campaña, digitar acciones, principal instrumentador, remover al suscripto, enorme gravedad institucional, cabeza del Poder Ejecutivo Nacional, decidió lamentablemente cometer un delito, consternación constatar esa vil maquinación, decía un mes atrás el muerto. Y especifica González en Filosofía de la conspiración, p. 19-20: “En cuanto a expresiones como complot, conjura, maquinación o intriga, suelen ser vistas como sinónimos de conspiración… Si la conspiración se revierte hacia escenas domésticas, suele amparar la intriga; si se resuelve hacia estilos sacerdotales, …la conjura; si lo hace hacia motivos estatales… la maquinación y si hacia asuntos bélicos, …el complot…”. ¿Vil maquinación o delirio en clave judicial? ¿Entramado ficcional? ¿Relato paranoico? ¿O denuncia paranoica contra el relato (y entonces también ficción)? Como sea, doscientas ochenta nueve fojas pulverizaron la ficción paranoica o, al menos, hicieron del denunciante (con obra, muerte trágica y todo, ya que morir es un camino directo al éxito) una nueva luminaria a la espera de críticos y de exégetas. Aporté mi granito de arena y le dejo a González que clausure este palimpsesto: ´cuando a una mente conspirativa se la acusa de paranoica, allí hay no un veredicto sino una poética´.