Cyberlolita replay, y enter Kaczynski

{Post-scriptum.26.05.2015. El texto que usted tal vez lea a los apurones, y con sorpresa después de estas líneas, fue publicado en este mismo blog hará cosa de un año.[1] La tesis de aquel escrito –alivianado por el tono espectral- es que existe una relación directa entre la configuración socio-económica actual (capitalismo post-industrial, sociedad de consumo, complejo militar-industrial) y el abuso de niños o, como se lo conoce habitualmente, la pedofilia. A ese par de socios, en un segundo nivel, se le suma –en la actualidad, repito- la tecnología (y el atroz imán de los medios de comunicación), y en fila se encolumnan diversas instituciones (como, por ejemplo, las iglesias). Al igual que la violencia de género, y la plaga de femicidios que asuela a América Latina, para nombrar un caso de índole general aunque acotado, en lo que respecta al abuso de niños, los comprometidos con la defensa de los derechos humanos podrán instaurar todas las leyes que quieran, organizar todas las ONG´s que deseen, encaminar todas las marchas y protestas que se les ocurran que, mientras la forma de organización socio-económica actual no desaparezca o se debilite, no habrá manera de detener el paso adelante de esos crímenes. Esta tesis me parece tan evidente que me dejan perplejo los bien intencionados activistas que creen realmente estar haciendo algo para erradicar esas prácticas sin poder reconocer que, al contrario, el número de casos se acrecienta y que la efectividad de las protestas es nula. No hay otro modo de impulsar el cambio que torcer drásticamente el rumbo de la forma social actual. En una dinámica que debe ser mucho más compleja, pero que funciona aproximadamente de esa manera, si el hombre asesino de mujer, si el violador y si el abusador existen en esta sociedad es a causa de la irracionalidad y de la esquizofrenia intrínseca al sistema capitalista. Como podrán conocer en el texto, no es un tema que haya escapado a la atención de los intelectuales disertantes que pululan por el mundo. Tampoco, por supuesto, se le pasó por alto al crítico contemporáneo más amargo, y desbocado, de las últimas décadas. En su artículo-manifiesto, La sociedad industrial y su futuro [Industrial Society and Its Future, 1995], Ted Kaczynski expone por qué el ser humano acaba enloqueciendo en el contexto del capitalismo. En concreto, el sistema le quita a los individuos la libertad y la autonomía para llevar adelante las actividades relacionadas con su subsistencia y los conmina a realizar miríada de actividades sustitutorias que acaban por no ser satisfactorias y que, en consecuencia, lo conducen a la depresión, al aborrecimiento de sí, a la violencia en cualquiera de sus formas, etcétera.[2] Por ende, afirmar que el capitalismo es perverso es descriptivo y literal. El mismo conjunto de normas sociales, económicas, jurídicas y políticas que genera el contexto para que el abusador abunde, por otro lado, genera al militante que, para satisfacer su necesidad de cumplir con el proceso de poder, lucha vanamente contra el mal engendrado bestialmente por aquel. Utilizo, además, el término perverso porque en el aspecto puntual de la mirada social sobre niños y jóvenes existe un discurso de doble rasero tan instalado como delirante. Para citar solo un ejemplo. Es notable el modo en el que los aparatos ideológicos –medios de comunicación, instituciones educativas, dependencias estatales encargadas de las leyes- tratan al adolescente promedio –unos quince años- como si al mismo tiempo fuera un niño que no entiende nada (se lo encierra, se le controla casi todo) y un adulto responsable que entiende –o que debería entender- todo (se lo invita a consumir sin descanso, a tomar decisiones relevantes para su vida y para la vida de los demás al ofrecérsele la posibilidad, como en Argentina, de votar en las presidenciales). Esquizofrénico y perverso es el que mata, agrade, ultraja, pero también lo es el marco legal que ya incluye, ya excluye al joven de la vida social (idéntica esquizofrenia ocurre con la mujer al cristalizarla cada vez más como objeto decorativo de las riquezas engendradas por los magnates, según los medios de comunicación, y al batir el parche de la libertad y emancipación alcanzadas y conseguidas por aquella). En consecuencia, la violencia contra menores (desde niños hasta adolescentes) es necesario pensarla en relación directa con el irracional contexto de la sociedad industrial. Subraya Kaczynski en el párrafo 44 de su artículo: “…para la mayoría de los seres humanos atravesar el proceso de poder –tener un objetivo, hacer un esfuerzo AUTÓNOMO para conseguirlo- es una manera de obtener autoestima, autoconfianza y sentido de poder. Cuando uno no tiene oportunidades adecuadas para atravesar el proceso de poder, las consecuencias son (dependiendo de la persona y de la manera en la que el proceso de poder se ha desorganizado) aburrimiento, desmoralización, baja autoestima, sentimientos de inferioridad, derrotismo, depresión, ansiedad, culpabilidad, frustración, hostilidad, abuso del cónyuge y de niños, hedonismo insaciable, conducta sexual anormal, desórdenes del sueño, desórdenes alimenticios, etc.[3] En nota al pie acota: “Algunos de los síntomas enumerados son similares a los de los animales en cautiverio.”[4] Al igual que estos, al no tener finalidades claras y concretas, el ser humano explora otros caminos de sentir que puede ejercer su poder. Se trata de una extrema e innecesaria complejidad en la forma de organización social: “A través de la larga historia de la humanidad para mucha o la mayor parte de la gente, las finalidades precarias de la existencia (proporcionar a su familia la comida del día a día) ha sido por completo suficiente.[5] Más adelante, en el párrafo 148, el ex matemático desliza la utilización que se hace desde el poder del abuso como argumento para perseguir o para controlar: “Se desaprueba el abuso de niños en sus formas más indecorosas, si no en todas, en la mayoría de las culturas. Atormentar a un niño por ninguna razón o por una sin importancia horroriza a casi todo el mundo. Pero muchos psicólogos interpretan el concepto de abuso de un modo más extenso. ¿Son los azotes, cuando se usan como parte de un sistema de disciplina racional, una forma de abuso? En última instancia, la respuesta se decide según si los azotes tienden o no a producir comportamientos que hagan a una persona encajar bien con el sistema social. En la práctica, la palabra abuso tiende a ser interpretada para incluir cualquier método de criar niños que produzca comportamientos inconvenientes para el sistema. Así, cuando van más allá de la prevención de la crueldad obvia y privada de sentido, los programas para prevenir el abuso de niños son dirigidos hacia el control del comportamiento humano por parte del sistema.”[6] Una forma de traducir la postura esbozada sería indicar, por ejemplo, que en los establecimientos educativos occidentales se ofrece un tipo de educación que se parece bastante a la corrupción (mental) de menores. Sin embargo, esa aberración queda oculta ya que produce seres humanos obedientes al sistema y, por lo tanto, nada de ese gran delirio es evitado ni castigado.[7] Más aún, la idea de abuso sexual es una figura utilizada desde hace tiempo para aplacar las ansias de los disidentes ideológicos y políticos. Aunque en ningún caso se pudo ni se puede probar nada, excepto el armado de causas y de falsos testigos, tanto Ted Kaczynski como el disidente tecnológico Julian Assange –un anarco-hacker- fueron y son perseguidos por supuestos eventos de abuso sexual. Es apenas una casualidad que esos dos recalcitrantes quejosos del cariz que adoptó este entramado cibercultural, anclado en el consumo expandido por la Red, que es, a la vez, una forma de control social -porque de eso se trata el sistema industrial, de provocar la carencia y la insatisfacción para generar el consumo- no es casualidad, entonces, que aquellos dos, y cada uno a su manera, hayan alertado sobre el camino elegido en el uso de la tecnología, y hayan, en consecuencia, recibido el sambenito de haber sido abusadores de algún tipo. Ante argumentos semejantes contra ´crímenes´ semejantes, la sospecha de un armado en las sombras. Y a esas tareas saben bien hacerlas los tecnócratas. Ahora sí, la nueva versión.}

I.-

´Las Lolitas que necesitamos son las que confiadas de sí mismas irrumpen en el espacio… público, desafiando las convenciones sociales que niegan la sexualidad de las niñas y mujeres, cosificándolas y convirtiéndolas en víctimas de un sistema patriarcal que convierte el poder de su sexualidad en un arma contra ellas mismas.´ – Daniela Villegas, ´Porqué Lolita no es feminista… pero probablemente las Lolitas sí.´ – [LINK http://www.24-horas.mx/porque-lolita-no-es-feminista/]

Un asunto complejo, redundó el Espectro, y que terminó por imponerse, asentí. En el inmaterial curso de mis apuntes no quedaba más que contar lo que cuenta Bauman, Zygmunt, en el capítulo once del Mal estar de la posmodernidad [1997], dedicado ´a la distribución posmoderna del sexo´. Elucubra Bauman que la segunda revolución sexual (mediados del siglo XX), metamorfoseó la primera revolución y que descolocó así al nido familiar al mismo tiempo que desactivó la relación amor romántico  ̸  amor erótico. Contra la creencia habitual –dice Bauman, según él- este desnudar la substancia sexual no tuvo que ver con una ´emancipación o liberación sexual´ (hippie, sesentista, etc.) sino con una redisposición, con un cambio de la función social del sexo. Doscientos años atrás un enorme panóptico fue construido para controlar la sexualidad. Hoy en día, de forma disimulada, ese sistema de vigilancia fue desregulado y el control, en una sociedad cada vez más atomizada, privatizado. El sexo abandonó el lar familiar y una vez en la calle comenzó a filtrarse en cada instancia de contacto entre humanos, desde la oficina y los negocios, a las universidades y escuelas, y un amplio etcétera. Fue y es, a partir de entonces, regla social la necesidad de ´mantener la distancia entre las personas´, ´evitar el contacto´. Esta misma regla alcanzó a la propia familia por los aires estallada, es decir, alcanzó la relación padres e hijos antaño construida en base a la vigilancia, al ´estar encima´. Traduzco (y reformulo apenas Bauman): ´Los niños, ahora, son considerados principalmente objetos sexuales y víctimas potenciales de sus padres, a su vez sujetos sexuales. Como los padres son por naturaleza más fuertes… y están colocados en una posición de poder, su sexualidad puede fácilmente llevar al abuso de ese poder, puede conducir a la satisfacción de sus instintos… El espectro del sexo asombra también las casas de familia. Para exorcizarlo, precisamos mantener los niños a distancia –sobre todo, imponiendo la abstención de intimidad y de manifestación tangible, abierta, del amor de sus padres.´ Según dice, la enorme cantidad de casos de abusos sexuales de padres con sus hijos repetidos por los medios de comunicación implicó que ´…la ternura de los padres perdiera su inocencia. Se hizo pública la conciencia de que los niños son siempre y en todas partes objetos sexuales, de que existe un fondo sexual potencialmente explosivo en cualquier acto de amor de los padres, de que toda caricia tiene su aspecto erótico y de que en todo gesto de amor puede esconderse un asedio sexual.´ El propio sociólogo, en ese capítulo once, cita a otra tecnócrata quien afirma que si bien el abuso sexual parece estar más difundido en la sociedad de lo que se quiere aceptar, es evidente que se exagera el uso del término ´abuso´ en casi cualquier tipo de situación. De lo que no queda ninguna duda es que del antiguo amor y del solemne cuidado de los padres a esta nueva situación de proximidad incestuosa, hay un abismo. Un enorme abismo. Bauman, al menos en esa versión de la historia, deja de lado las nuevas tecnologías y la alianza con Internet que permitirían entender mejor la epidemia de pedofilia que parece arrasar hoy día al Planeta.  Es innegable que –frente al nuevo estado de cosas- se ha avanzado en cuanto a la visibilización y a la denuncia de los abusos de mayores hacia menores, en cuanto a la protección de la niñez. Dicho esto, dejemos atrás, por un momento, los discursos políticamente correctos y tomemos al azar un ejemplo de la Nueva Ciudad de Dios: ¿qué significan las virales Lolitas –íconos del encuentro nefando- multiplicadas en la Red? En Lacrimae rerum [2006], Slavoj Zizek recorre una y otra vez el efecto del ciberespacio sobre la subjetividad en el mundo contemporáneo (en un idiolecto lacaniano por demás complejo). El efecto es paradójico, dice –me dijo el Espectro. Si por un lado, el ciberespacio libera de la suposición de la existencia de la Autoridad, del gran Otro, esa ficción que organiza nuestro orden simbólico y que tiene a los grandes relatos ideológicos como su sucedáneo, y si esto trajo como consecuencia la recurrente organización sectaria, atomizada, y, en consonancia, la proliferación de diversas identidades perversas surgidas del haberse desligado del propio cuerpo y de la propia individualidad concreta (contexto que enmarca la antes mencionada ciber-epidemia), por el otro, he ahí lo paradójico, ese mismo ciberespacio perverso permitió que la fe en el gran Otro (la Autoridad), desechado en lo simbólico, retornara en la realidad con sus trazas persecutorias. Dice Zizek: ´La creencia en la existencia de un gran Otro [el que mueve los hilos] en el plano de lo real es… la definición más concisa posible de paranoia… Otra versión del gran Otro real es la figura del padre como acosador sexual de sus hijas pequeñas, una figura que se encuentra en el centro mismo del ´síndrome del falso recuerdo´: también en este caso el padre, suspendido como agente de una autoridad simbólica, es decir, como encarnación de la ficción simbólica, ´regresa en la realidad´ (los defensores de la rememoración de los abusos sexuales de la infancia han desatado una gran polémica al sostener que el acoso sexual del padre no es una mera fantasía, ni siquiera una mezcla indisoluble de hecho y fantasía, sino un hecho puro y duro, algo que ´ocurrió realmente´ durante la infancia de la hija en la mayoría de las familias…[8]. Un paso más, un desvío y digo. La pedofilia -voluntad y actividad rechazadas, de manera unánime, en el imaginario comunal- es uno de los puntos ciegos del entramado socio-económico actual porque es generada y provocada por el propio sistema. Contra los supuestos deseos de aniquilarla, esa práctica encuentra en el parafílico ciberespacio –junto con miríadas de gustos desviados o queers- el ámbito adecuado para desarrollarse, para expandirse hasta el punto de que hoy en día, por ejemplo, las ´lolitas hentai´, propias de la estética del animé o del manga japonés (y ´hentai´ significa ´perverso´), son estrellas en el consumo del mundo virtual -lolitas on-line, tras infinitas máscaras y al acecho de cualquiera que le proponga un Paraíso sin la ley de lo normal y bajo el hechizo infinito de la pureza ancestral; lolitas que, en su fragilidad, lucen espléndidas a pesar o a causa de la mano adulta y anónima que las merodea y que las hurga sin cesar. Asedio dual. La pedofilia es fogoneada (si se quiere, indirectamente) desde el ciberespacio, plataforma de las transnacionales, y desde la consecuente realidad por la misma organización social que se espanta y que dice combatirla. Idos los padres de los lares familiares por la desagregación o atomización actual, a su regreso y en la efusividad del reencuentro, el amor filial se convierte en amor dantesco. Aquellas –o aquellos- que fueron erigidos por el mercado de consumo en reinas –o reyes- del hogar, bien merecen que se les consientan sus caprichos hasta el final. Y si los padres o las madres no se ofrecen como disponibles –por sus constantes actividades que solventan la palpitante vida de la gema- para responder a esta demanda en particular, habrá otros que, salario y subordinación mediante, se encarguen de velar por el deseo siempre insatisfecho de cada retoño familiar. Con todas las letras, no hay mayor hipocresía que el odio al pedófilo por parte de quienes, al defender el sistema imperial ciber-capitalista, permiten el caldo de cultivo y alientan lo que dicen odiar. Zizek no ofrece –imposible ofrecerla- una conclusión sin brechas, pero detecta en el ciber-espacio el caldo de cultivo para que ´la revolución social´ -de matriz progresista- sea imposible. Una vez diluidos los corpus ideológicos que podrían haberse constituido o mantenido como el ´gran Otro´, no queda nada contra quién o por quién luchar en la realidad. Aquello que Eloy Fernández-Porta entiende como ´guerra cultural´ -“Uno de los temas de [Lolita, 1955] de Nabokov… es la manera en que el viejo intelectual europeo doctrinal, decadente y podrido de cultura, corrompe a la joven América poppy. Reescribir la cultura pop desde Europa implica siempre, para el autor serio, una perversión: raptar, sacar de su hábitat, poner en circulación, estuprar y echar a perder la inocencia. […] su perversión es doble: lleva al ridículo la alta cultura norteamericana y vuelve inmortal y trascendente a la ninfa pop.” [9]– aquella guerra cultural, entonces, es, en el aquí y ahora, una guerra por la posesión, por la dominación y por la demarcación territorial y de propiedad. Existe algo peor que el ´temor comunista, socialista, igualitarista, redistribucionista´ para los burgueses del nuevo milenio y es que aquel visto como un lumpen social (a su servicio) se termine llevando para siempre y en segundos algo imposible de recuperar: pureza e inocencia de los virginales vástagos del amor parental. En otro contexto hemos mencionado que de ninguna manera es arbitrario que una corporación cibercultural, la corporación corazón del capitalismo –la Iglesia Católica- sea la enhiesta madrina de la peor versión de la práctica nefanda: el abuso de esos niño-jesusitos anónimos en manos de los supuestos enviados y ̸ o representantes de la alta y paterna divinidad. Que una organización pedófila –cuyo ícono más afable es un niño cuasi desnudo- sea uno de los centros principales de la sociedad occidental, nos exime de cualquier comentario conjetural.[10]

II.-

 ´…hoy día la histeria toma la forma de la vulnerabilidad, de una amenaza a nuestra identidad física y ̸ o psíquica (baste recordar la omnipresencia de la lógica de la victimización, desde el acoso sexual hasta los peligros de la comida y del tabaco, con el resultado de que el sujeto se ve reducido a aquello que puede ser dañado).´ – Slavoj Zizek. ´El ciberespacio´. Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio [2006, p. 226]

¿O será –pregunto a los vientos- que en la Nueva Ciudad de Dios, y a expensas de lo que sucede en ´lo real´, ese constante atizado sobre el peligro y la proliferación de la pedofilia tiene una variable más por considerar? En el capítulo 7 de Cypherpunks, “Internet y política”, Julian Assange y adláteres discuten de qué forma las corporaciones y los gobiernos se las ingenian para instalar la necesidad de control y de censura de lo que circula a través de Internet. Además de las leyes contra la denominada ´piratería´ por parte de monstruos con el poder, por ejemplo, de Hollywood, el camino silencioso elegido es la instalación de una narrativa que dé cuenta del peligro de dejar a los ciudadanos circular libremente por la Red. El núcleo de esa historia de terror y de amenazas son los denominados ´Cuatro caballeros del Infoapocalipsis´: lavado de dinero, drogas, terrorismo, pornografía infantil. Estos fantasmas (con sus incuestionables dosis de realidad aunque no al nivel exacerbado que nos sugieren) no son más que la excusa para ir contra los que dicen, hacen u organizan algo -de raigambre política- que desagrada a los poderosos. Recordarás, pálido copista, que el mismo Assange, con un argumento no semejante pero sí análogo, fue acusado después de su buchoneo vía Wikileaks, de abuso sexual contra dos mujeres suecas. Lo tengo, sí, inimaginable Espectro. El argumento del poder, entonces, es así: ´Internet fue tomada por pedonazis y por eso precisamos de censura´. En el capítulo nueve de Cypherpunks, dedicado a la censura en Internet, dicen y cito y traduzco y modifico: ´[Andy]: Los pedonazis básicamente resumen los argumentos alemanes o, tal vez, parte de los argumentos europeos a favor de la censura. Alemania quería evitar todo lo que se pareciese con un discurso de odio en Internet debido a la historia del país. Es claro que las personas no van a objetar si alguien dice que es preciso restringir el acceso a la Red a causa de los pedófilos. El documento interno de la Comisión Europea sobre la retención de datos argumentaba: deberíamos hablar más sobre pornografía infantil y las personas estarán de nuestro lado´. Continúo traduciendo apenas: ´[Jérémie] Creo que la censura nunca debería ser la solución. Cuando hablamos sobre pornografía infantil, no deberíamos usar la palabra pornografía –se trata de una representación de escenas criminales de abuso infantil. Algo que se puede hacer es ir a los servidores, deshabilitarlos e identificar a las personas que subieron el contenido para llegar a aquellos que lo produjeron, aquellos que primero abusaron de los niños´. Es un planteo general que, claramente, no busca disolver o ningunear la criminalidad de la pornografía y del abuso infantil en Internet ni en la realidad. Alerta a los ciudadanos sobre el chantaje intelectual que presupone obtener el voto positivo para la censura en nombre de una epidemia que, como vimos en la parte inicial, se desparrama, sobre todo, por los aposentos hogareños. Un universo de fábulas y de mitos que permiten el control; un universo en el que la ciber-bomba explotó, amanuense, y mejor lo sabe ese segmento del infatigable mundo de las lolitas post-apocalípticas cuyo estilo se sustenta en un ingenuo vestido con volados y de muñeca; con medias a media pierna; con trenzas circundando su cabeza; cubierto el rostro con una máscara antigás tan distópica como el deseo que engendran. Notas: [1] LINK https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/07/28/cyberlolita/ Ambas versiones difieren entre sí en algunas cuestiones. [2] Pueden leer un poco sobre eso en https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ [3] “But for most people it is through the power process — having a goal, making an AUTONOMOUS effort and attaining the goal — that self-esteem, self-confidence and a sense of power are acquired. When one does not have adequate opportunity to go through the power process the consequences are (depending on the individual and on the way the power process is disrupted) boredom, demoralization, low self-esteem, inferiority feelings, defeatism, depression, anxiety, guilt, frustration, hostility, spouse or child abuse, insatiable hedonism, abnormal sexual behavior, sleep disorders, eating disorders. etc.” [4] “Some of the symptoms listed are similar to those shown by caged animals.” [5] “For many or most people through much of human history, the goals of a hand-to-mouth existence (merely providing oneself and one’s family with food from day to day) have been quite sufficient.” [6] “Child abuse in its gross and obvious forms is disapproved in most if not all cultures. Tormenting a child for a trivial reason or no reason at all is something that appalls almost everyone. But many psychologists interpret the concept of abuse much more broadly. Is spanking, when used as part of a rational and consistent system of discipline, a form of abuse? The question will ultimately be decided by whether or not spanking tends to produce behavior that makes a person fit in well with the existing system of society. In practice, the Word “abuse” tends to be interpreted to include any method of child-rearing that produces behavior inconvenient for the system. Thus, when they go beyond the prevention of obvious, senseless cruelty, programs for preventing “child abuse” are directed toward the control of human behavior on behalf of the system.” [7] La serie de textos sobre educación que pueden encontrar en este blog, comienza con el post: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/11/el-fin-de-la-educacion/ Y añado. Lo que Kaczysnki piensa sobre educación, es necesario insertarlo en una serie de intelectuales y de pensadores con filiación anarquista y humanista como es el caso de Ivan Illich (autor de Desescolarización, 1971) y de Claudio Naranjo. Dice Naranjo en 2013: “…la sociedad a través de una educación autoritaria continúa domesticando a su generación venidera. Yo digo que la educación es un crimen perfecto porque nadie lo reconoce como tal. Es el socio de lo que Eisenhower llamaba el ´complejo militar-industrial´. No podría sostenerse el ´complejo militar-industrial´ si no se educa a las personas para funcionar sin chistar dentro de este sistema donde la cuestión no es el crecimiento personal sino servir a la producción o a los que manejan la producción. Es una educación para ser carne de cañón o carne de tanque…” [“Conocimiento transformador”, conferencia]. Y Kaczynski en 1995: “La educación… se está convirtiendo en una técnica científica para controlar el desarrollo del niño. […] Las técnicas de ´paternidad´ que se enseñan a los padres están diseñadas para hacer que los niños acepten los valores fundamentales del sistema y se comporten de la manera que éste encuentra deseable. Los programas de ´salud mental´, las técnicas de ´intervención´, la psicoterapia… están… diseñadas para beneficiar a los individuos, pero en la práctica sirven para inducir a pensar y a comportarse como el sistema requiere.” ( #148) “Todos sabemos cómo son muchos de nuestro colegios. Los profesores están demasiado ocupados quitando a los niños cuchillos y pistolas como para someterlos a las últimas técnicas para convertirlos en ´nerds´. Así, a pesar de todos sus avances técnicos referentes al comportamiento humano, el sistema hasta la fecha no ha sido afortunado en controlar a los seres humanos. La gente cuyo comportamiento es bastante bueno bajo el control del sistema son aquellos del tipo que puede ser llamado ´burgués´. Pero hay un número creciente de personas quienes de un modo u otro son rebeldes al sistema: parásitos del sistema de bienestar, bandas de jóvenes, cultistas, satanistas, nazis, ambientalistas radicales, milicianos, etc.” (#161). [8] “¿Es posible atravesar la fantasía en el ciberespacio?”, en Lacrimae rerum, p. 272-273. [9] “Diez no-logos sobre literatura y pop”, Afterpop. La literatura de la implosión mediática [2010, p. 64] [10] LINK https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/

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G, hurí hentai de Stahlstadt [De los orígenes del Espectro]

A Guada

Ninguna de-una-tan-lejana-estrella y tan bella -como la nívea Guadalupe- se guareció vez alguna, en las madrugadas, bajo el alero de mi cuerpo. Ningún muslo tan blanco. Ninguna boca tan rosada. Ningún mármol tan leve. Ningún cabello tan negro. La recuerdo. Fue una noche, y en esa noche, la irrefutable ordalía de estar muerto. Podría haber fluctuado en la nada. Podría haber deambulado por desierto neutro. Podría haber acaecido eso u otra cosa, pero sería desencanto, y no escribiría hoy, años después, aquel misterio. Ocurrió, y ocurrió lo que no sucede, excepto al que se resigna por muerto.

La recuerdo. Una noche, ya tarde.

Empecinada, mi memoria borroneó el instante previo, el de antes de intuirla entre los altisonantes necros, el de antes de adivinarle las redondeces del perfil: curvas, orejas, mejillas, volutas, cabello, música y danza en el palacio de leche de su cuello. Alcanzo a distinguir, sí, entre las catacumbas, los esfuerzos por zambullirme en el arroyo, su boca, acompasada por la brisa húmeda, su aliento.

La recuerdo. Fue en un reducto oscuro, ruidoso, repleto, surcado de brumas geométricas que descolgaban del techo. Fue esa noche, y entre esas brumas astrales, que sin saber cómo, ni me interesa saberlo, retuve con mi voz a una de las huríes, a una de aquellas hijas de las frutas, olorosas de azafrán e incienso, a una de aquellas prometidas por el Profeta, el de los ismaelitas, a sus creyentes sedientos.

Fue en ese reducto nocturno, y en esa noche, que sin saber cómo, ni me interesa saberlo, rasgué el velo de la indiferencia que las lejanas huríes tejen, con su mirada enigmáticas, frente a la impaciencia del recién muerto. Nunca en nadie posaban el aleteo de sus pestañas, menos en los del último vuelo. Oh, estos nuevos y ansiosos –bebían néctar, charloteaban, reían las huríes, y se estremecían los cielos de los cielos.

Al reducto lo distinguía extraña particularidad que viene a cuento. Desde una de las bancas que liberaban néctar (por pocas monedas de desconsuelo, [D$]), si con pericia se elevaba el mirar, divisarse podía -en molde de rectángulo negro- el exterior empíreo del eterno verano que vivíamos dentro. Era ventana. Era visor de barco sin puerto. El recuadro filtraba cielo, nubes, estrellas, dejaba intuir el viento, y mostraba enhiesta cúspide de sagrado edificio de diversa creencia –está bien que regida por compadre de nuestro magnánimo Supremo. Bajo la luminosa vigilia del dios foráneo –ahí quieto y en su templo, a los ojos, fragmentario- mi voz invadió los oídos de la hurí, princesa entre las huríes del huerto.

Ella flor, las demás arena.

Ella agua, las demás desierto.

Fue una noche, y fue en ese reducto desesperación de los necros, que encontré a Guadalupe, la virginal y milenaria llama en la alquimia del deseo.

Horas –o tal me parecieron- hablé a su oído, sin obtener ni negativa, ni gesto. Los inertes no cejaban en su derrotero planetario. La hurí, despreocupada, atenta estaba únicamente a la telaraña que los violines bordaban con sus cuerdas. Horas hablé, horas hablé y no obtuve gesto. Horas sin languidecer en mi misión y en mi riesgo. Horas hasta la hurí girar su cabeza y rasgar de su indiferencia el velo: ´Volveré aquí, en siete días plenos´.

Oh, la maravilla de sus ojos de acero. Oh, sus narinas latiendo. Oh, su lengua en ballet sobre dientecillos de ménade. Oh, ser desgarrados por ellos; ser –Guadalupe- tu alimento. Eso pensaba, entonces.

No conocería su nombre hasta aquellos justos, bien pasados siete días nuevos.

Necros; noche; reducto; ventana; catedral; ladrillos enhiestos; misma banca; mismo néctar; y la hurí y su presencia: brazos blancos y descubiertos, venas rojas, sangre, piel, ropas negras, huesos, sudor, su boca que corona el rostro, y sus mejillas de terciopelo.

Sus mejillas. Sus pecas. Sus pardas pecas sobre sus mejillas. Y sus escasas palabras: ´Mira en mí. Lee en mí. Descifra esas letanías en letras pardas. Están ahí, hoy, y no deberías desaprovecharlas.´ Tenían esas pecas sobre esas mejillas -ustedes no saben, nunca sabrán- qué graciosa forma en su formar cantatas sagradas.

Hay Señor que me protege y que me tiene, y a él respondo.

Quiero, cómo no he de querer, algunas nuevas mañanas; algún nuevo despertar; caricias en ajenos lienzos.

Una vez acabado el leer y el interpretar estos, mis cachetes, en tu cama amaneceremos.

Seré ya no hurí. Seré blanca Guadalupe. Seré joven mujer que ama las hamacas, que patalea, que goza por comer descalza, que usa trenzas livianas, que berrincha por paseos en bici, que se pone vestidos estando desnuda hasta el alma.

Despertaremos y seré Guadalupe del Oriente… del nipón, nipón ¡capta lo que te digo, reciente necro!

No cantaré para ti, pero sabrás de mi voz entre espejuelos.

Nos unirá nuestra distancia.

Seré muy joven. Serás mayor.

Habrá un ardor.

Tendré una herida, y deberás atizarla.

No me entenderás, ni entenderás mi juego. Pasará tiempo, tiempo y luego sí, podrás espiar la profundidad de mi alma, la de mi deseo.

No sé por qué te elegí y no quiero saberlo. Podría haber sido cualquier otro, con mayor habilidad en su borroneo. Como sea, usarás estas frases en alguna historia.

Habrás de cantarme, habrás de celebrar mi finura. Por eso me entrego.

La clave es ´hentai´.

Buena suerte, Recién Muerto.

No más necros, no más reducto, no más noche, no más ´sinceras felicitaciones por robarse la hurí más fascinante que pisó este mulato suelo´. No más hurí, en verdad. Las pecas en sus mejillas fueron magia que mudó mi universo.

Amanece, y el sol sale para mí en cada nuevo olor que descubro en su cuerpo. Son mil soles que amanecen entre sus sin-igual recovecos. Abro, hurgo, deslizo la superficie alerta de mis dedos. Atizo la herida, y bebo.

Altísimo es mi precio por haberte arrebatado, Guadalupe, algunas noches de tu concubino lecho. Renegué. Quería conservar para mí, solo para mí, tu recuerdo. ¿Por qué compartir con quienes no batallaron sobre las colinas de tu ninguneo?

Mi consuelo: serán solo palabras que nunca te cantarán con suficiente clamor.

Y retorna la rabia y el dolor.

Fui. Batallé. Morí. Y finalmente en el cielo de los guerreros, obtuve mi recompensa: dormir con la hurí más bella de entre Tierra y Morada Eterna.

Curiosos querrán saber. No sabrán. También los piadosos ignoran secretos del templo.

Me consuelo. Nunca volverás a tus veinte. Nunca retornaré a mis treinta y cuatro y medio. Nunca más –porque tus veinte no están- un hombre podrá susurrarte al oído las dos o tres frases rudas que te estremecían y que culminaban en gemidos de divino concierto.

Estábamos condenados –tus mejillas me lo dijeron- a irnos juntos algunas noches; a besarnos en las calles; a desnudarnos a medias en los porches; a manosearnos; a olernos, a lamernos los dedos; a exhibirnos, a mostramos. Queríamos que mil ojos nos vieran enloquecernos. No los dejamos. Egoístas. Cuidamos de ese nuestro pequeño cielo. Lo construimos y, en poco tiempo, lo destruimos.

Teníamos, sin duda, la Ley de nuestro lado. En el juego, pusimos la Ley en suspenso. Desde un más allá no tan distante, manos (algo) ajadas pero pulcras, con sus brazos todavía vestidos y sin dueño, avanzaban sobre una indefensa, ingenua, sugestiva y atrevida jovencita modelo. La sorpresa de esa joven ideal, era tu sorpresa. La boca abierta, los labios húmedos y en aquella el índice dedo, lo entendí después, se replicaban en vos como en la escena de un crimen inverso. La ardiente víctima reclamaba por su victimario experto. Gimoteos, escándalos, lloriqueos, negativas de ser invadida por un señor (no el tuyo) que se atrevía a desprenderte polleras, a acariciar medias, a arrancarlas, a espiar en tu jardín perfecto…

La clave era ´hentai´. Lo sabían tus pecas. Ahora, lo sabe este mundo hueco.

He cumplido mi pacto. He cantado tu encanto.

No diré más. No profanaré los delicados vestidos que vestían tu intimidad, mi Meca. Tal vez ustedes alcancen a imaginarlos, si se aproximan a esa ventana que tienen a mano y si observan y si trasmutan alguna nube pasajera en el algodón, mezcla de piel y de seda.

Dicen que ciertos mares dulces son porque en esas aguas las huríes del Profeta escupieron. Supe de tu saliva dulce, Guadalupe. Una noche, en un reducto, tuve la osadía de desearla. Desde ese día, condenatorio y fatal, soy el Espectro.

 

Lourdes – Tandil – 13 al 17 de enero de 2015

CyberLolita [De las crónicas del Espectro en la Nueva Ciudad de Dios]

[ Advertencia. Pueden leer una nueva versión del siguiente texto en este mismo blog, en el post: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/27/cyberlolita-kaczynski/ ]

‘En La vida de Adèle [2013] no hay esa tecnología invasiva tal como la entendemos hoy -computadoras, celulares, internet. Apenas un teléfono de línea, a la vieja usanza, une la pasión. De no mediar esa ausencia, el etéreo mundo virtual habría metamorfoseado a Emma y a Adèle en fáciles víctimas del santo pecado de lo imposible -la rapiña, a manos de la más experimentada, de la menor.’  –  Il Corvino, ‘Azul es cine francés” [2013].

´Las Lolitas que necesitamos son las que confiadas de sí mismas irrumpen en el espacio… público, desafiando las convenciones sociales que niegan la sexualidad de las niñas y mujeres, cosificándolas y convirtiéndolas en víctimas de un sistema patriarcal que convierte el poder de su sexualidad en un arma contra ellas mismas.´ – Daniela Villegas, ´Porqué Lolita no es feminista… pero probablemente las Lolitas sí.´ – [LINK http://www.24-horas.mx/porque-lolita-no-es-feminista/%5D

Un asunto complejo, redundó el Espectro. Que terminó por imponerse, asentí. En el inmaterial curso de mis apuntes, en rigor de verdad, no quedaba otra que contar esa historia que cuenta Bauman, Zygmunt, entre los académicos… No veo la necesidad de la obsecuencia, lo deprimí. ¡Chingame! –gritó. Y dijo así. En el capítulo once del Mal estar de la posmodernidad [1997], en la versión brasilera que poseo –dijo el Espectro-, en ese capítulo dedicado ´a la distribución posmoderna del sexo´, elucubra Bauman que la segunda revolución sexual (mediados del siglo XX), metamorfoseó la primera revolución y descolocó así al nido familiar al mismo tiempo que desactivó la relación amor romántico  ̸  amor erótico. Contra la creencia habitual –dijo Bauman, según él- este desnudar de la substancia sexual no tuvo tanto que ver con una ´emancipación o liberación sexual´ (hippie, sesentista, etc.) sino con una redisposición, con un cambio en la función social del sexo. Doscientos años atrás un enorme panóptico fue construido para controlar la sexualidad. Hoy en día, de forma disimulada, ese sistema de vigilancia aparece desregulado y el control, en una sociedad cada vez más atomizada, privatizado. El sexo abandonó no hace mucho el lar familiar y una vez en la calle comenzó a filtrarse en cada instancia de contacto entre humanos, desde la oficina y los negocios, a las universidades y escuelas, y un amplio etcétera. Fue y es, a partir de entonces, regla social la necesidad de ´mantener la distancia entre las personas´, de ´evitar el contacto´. Esta misma regla alcanzó a la propia familia por los aires estallada, es decir, alcanzó la relación padres e hijos antaño construida en base a la vigilancia, al ´estar encima´. Traduzco (y reformulo, apenas, la labia de Bauman): ´Los niños, ahora, son considerados principalmente objetos sexuales y víctimas potenciales de sus padres, a su vez sujetos sexuales. Como los padres son por naturaleza más fuertes… y están colocados en una posición de poder, su sexualidad puede fácilmente llevar al abuso de ese poder, puede conducir a la satisfacción de sus instintos… El espectro del sexo asombra también las casas de familia. Para exorcizarlo, precisamos mantener los niños a distancia –sobre todo, imponiendo la abstención de intimidad y de manifestación tangible, abierta, del amor de sus padres.´ Según dice Bauman, la enorme cantidad de casos de abusos sexuales de padres con sus hijos repetidos por los medios de comunicación implicó que ´…la ternura de los padres perdiera su inocencia. Se hizo pública la conciencia de que los niños son siempre y en todas partes objetos sexuales, de que existe un fondo sexual potencialmente explosivo en cualquier acto de amor de los padres, de que toda caricia tiene su aspecto erótico y de que en todo gesto de amor puede esconderse un asedio sexual.´ El propio sociólogo, en ese capítulo once, cita a otra tecnócrata quien afirma que si bien el abuso sexual parece estar más difundido en la sociedad de lo que se quiere aceptar, es evidente que se exagera el uso del término ´abuso´ en casi cualquier tipo de situación. De lo que no queda ninguna duda, sospechoso amanuense, es que del antiguo amor y del solemne cuidado de los padres a esta nueva situación de proximidad incestuosa, hay un abismo. Un enorme abismo. Bauman, al menos en esa versión de la historia, deja de lado las nuevas tecnologías y, en particular, la alianza con Internet -ligazón que permitiría entender mejor la epidemia de pedofilia que parece arrasar hoy día al Planeta.  Innegable es que –frente al nuevo estado de cosas- se ha avanzado en cuanto a la visibilización y a la denuncia de los abusos de mayores hacia menores, en cuanto a la protección de la niñez. Dicho esto, dejemos atrás, por un momento, los discursos políticamente correctos y tomemos al azar un ejemplo de la Nueva Ciudad de Dios: ¿qué significan las virales Lolitas –íconos del encuentro nefando- pululando multiplicadas por la Red? En Lacrimae rerum [2006], Slavoj Zizek recorre una y otra vez el efecto del ciberespacio sobre la subjetividad en el mundo contemporáneo (en un idiolecto lacaniano, a veces por demás complejo). El efecto es paradójico, dice –me dijo el Espectro. Si por un lado, el ciberespacio libera de la suposición de la existencia de la Autoridad, del gran Otro, esa ficción que organiza nuestro orden simbólico y que tiene a los grandes relatos ideológicos como su sucedáneo, y si esto trajo como consecuencia –simplifico, me dijo- la recurrente organización sectaria, atomizada, y, en consonancia, la proliferación de diversas identidades perversas surgidas del haberse desligado del propio cuerpo y de la propia individualidad concreta (contexto que enmarca la antes mencionada ciber-epidemia), por el otro, he ahí lo paradójico, ese mismo ciberespacio perverso permitió que la fe en el gran Otro (la Autoridad), desechado en lo simbólico, retornara en la realidad con sus trazas persecutorias. Dice Zizek: ´La creencia en la existencia de un gran Otro [el que mueve los hilos] en el plano de lo real es… la definición más concisa posible de paranoia… […] Otra versión del gran Otro real es la figura del padre como acosador sexual de sus hijas pequeñas, una figura que se encuentra en el centro mismo del ´síndrome del falso recuerdo´: también en este caso el padre, suspendido como agente de una autoridad simbólica, es decir, como encarnación de la ficción simbólica, ´regresa en la realidad´ (los defensores de la rememoración de los abusos sexuales de la infancia han desatado una gran polémica al sostener que el acoso sexual del padre no es una mera fantasía, ni siquiera una mezcla indisoluble de hecho y fantasía, sino un hecho puro y duro, algo que ´ocurrió realmente´ durante la infancia de la hija en la mayoría de las familias…)´ [´¿Es posible atravesar la fantasía en el ciberespacio?´, en Lacrimae rerum, p. 272-273]. Un paso más, un desvío y digo. La pedofilia -voluntad y actividad rechazadas, de manera unánime, en el imaginario comunal- es uno de los puntos ciegos del entramado socio-económico actual porque es generada y provocada por el propio sistema. Contra los supuestos deseos de aniquilarla, esa práctica encuentra en el parafílico ciberespacio –junto con miríadas de gustos desviados o queers- el ámbito adecuado para desarrollarse, para expandirse hasta el punto de que hoy en día, por ejemplo, las ´lolitas hentai´, propias de la estética del anime o del manga japonés (y ´hentai´ significa ´perverso´), son estrellas en el consumo del mundo virtual -lolitas on-line, tras infinitas máscaras y al acecho de cualquiera que le proponga un Paraíso sin la ley de lo normal y bajo el hechizo infinito de la pureza ancestral; lolitas que, en su fragilidad, lucen espléndidas a pesar o a causa de la mano adulta y anónima que las merodea y que las hurga sin cesar. Asedio dual. La pedofilia es fogoneada (si se quiere, indirectamente) desde el ciberespacio, plataforma de las transnacionales, y desde la consecuente realidad por la misma organización social que se espanta y que dice combatirla. Idos los padres de los lares familiares por la desagregación o atomización actual, a su regreso y en la efusividad del reencuentro, el amor filial se convierte en amor dantesco. Aquellas –o aquellos- que fueron erigidos por el mercado de consumo en reinas –o reyes- del hogar, bien merecen que se les consientan sus caprichos hasta el final. Y si los padres o las madres no se ofrecen como disponibles –por sus constantes actividades que solventan la palpitante vida de la gema- para responder a esta demanda en particular, habrá otros que, salario y subordinación mediante, se encarguen de velar por el deseo siempre insatisfecho de cada retoño familiar. Con todas las letras, no hay mayor hipocresía que el odio al pedófilo por parte de quienes, al defender el sistema imperial ciber-capitalista, permiten el caldo de cultivo y alientan lo que dicen odiar. Zizek no ofrece –imposible ofrecerla- una conclusión sin brechas, pero -especulo-, detecta en el ciber-espacio el caldo de cultivo para que ´la revolución social´ -de matriz progresista- sea imposible. Una vez diluido el o los corpus ideológicos que podrían haberse constituido o mantenido como el ´gran Otro´, no queda nada contra quién o por quién luchar en la realidad. Aquello que Eloy Fernández-Porta entiende como ´guerra cultural´: “Uno de los temas de [Lolita, 1955] de Nabokov… es la manera en que el viejo intelectual europeo doctrinal, decadente y podrido de cultura, corrompe a la joven América poppy. Reescribir la cultura pop desde Europa implica siempre, para el autor serio, una perversión: raptar, sacar de su hábitat, poner en circulación, estuprar y echar a perder la inocencia. […] su perversión es doble: lleva al ridículo la alta cultura norteamericana y vuelve inmortal y trascendente a la ninfa pop.” – [´Diez no-logos sobre literatura y pop´, Afterpop. La literatura de la implosión mediática [2010, p. 64]- aquella guerra cultural, entonces, es, en el aquí y ahora, una guerra por la posesión, por la dominación y por la demarcación territorial y de propiedad. Existe algo peor que el ´temor comunista, socialista, igualitarista, redistribucionista´ para los burgueses del nuevo milenio y es que, aquel que es visto como un lumpen social (a su servicio), se termine llevando para siempre y en segundos algo imposible de recuperar: pureza e inocencia de los virginales vástagos del amor parental. En otro contexto, azorado amanuense, hemos mencionado que de ninguna manera es arbitrario que una corporación cibercultural, es decir, la corporación corazón del capitalismo –la Iglesia católica- sea la enhiesta madrina de la peor versión de la práctica nefanda: el abuso de esos niño-jesusitos anónimos en manos de los supuestos enviados y  ̸ o representantes de la alta y paterna divinidad [www.lanuevadrogaesciberdios.com]. Que una organización pedófila –cuyo ícono más afable es un niño cuasi desnudo- sea uno de los centros principales de la sociedad occidental, creo que nos exime de cualquier otro comentario conjetural.

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Lolita cyberpunk - Crédito http://www.pinterest.com/pin/405746247648892602/

Lolita cyberpunk

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´…hoy día la histeria toma en general la forma de la vulnerabilidad, de una amenaza a nuestra identidad física y ̸ o psíquica (baste recordar la omnipresencia de la lógica de la victimización, desde el acoso sexual hasta los peligros de la comida y del tabaco, con el resultado de que el sujeto mismo se ve cada vez más reducido a ´aquello que puede ser dañado´).´ – Slavoj Zizek. ´El ciberespacio´. Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio [2006, p. 226]

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¿O será –pregunto a los vientos- que en la Nueva Ciudad de Dios, y a expensas de lo que sucede en ´lo real´, ese constante atizado sobre el peligro y la proliferación de la pedofilia tiene una variable más por considerar? En el capítulo 7 de Cypherpunks, ´Internet y política´, Julian Assange y adláteres discuten de qué forma las corporaciones y los gobiernos se las ingenian para instalar la necesidad de control y de censura de lo que circula a través de Internet. Además de las leyes contra la denominada ´piratería´ por parte de monstruos con el poder, por ejemplo, de Hollywood, el camino silencioso elegido es la instalación de una narrativa que dé cuenta del peligro de dejar a los ciudadanos circular libremente por la Red. El núcleo de esa historia de terror y de amenazas son los denominados ´Cuatro caballeros del Infoapocalipsis´: lavado de dinero, drogas, terrorismo, pornografía infantil. Estos fantasmas (con sus incuestionables dosis de realidad aunque no al nivel exacerbado que nos sugieren) no son más que la excusa para ir contra los que dicen, hacen u organizan algo -de raigambre política- que desagrada a los poderosos. Recordarás, pálido copista, que el mismo Assange, con un argumento no semejante pero sí análogo, fue acusado después de su buchoneo por medio de Wikileaks, de abuso sexual contra dos mujeres suecas. Lo tengo, sí, inimaginable Espectro. El argumento del poder, entonces, es así: ´Internet fue tomada por pedonazis y por eso precisamos de censura´. En el capítulo nueve de Cypherpunks, dedicado a la censura en Internet, dicen y cito y traduzco y modifico según pautas por todos conocidas: ´[Andy]: Los pedonazis básicamente resumen los argumentos alemanes o, tal vez, parte de los argumentos europeos a favor de la censura. Alemania quería evitar todo lo que se pareciese con un discurso de odio en Internet debido a la historia del país. Es claro que las personas no van a objetar si alguien dice que es preciso restringir el acceso a la Red a causa de los pedófilos. El documento interno de la Comisión Europea sobre la retención de datos argumentaba: deberíamos hablar más sobre pornografía infantil y las personas estarán de nuestro lado´. Continúo traduciendo apenas: ´[Jérémie] Creo que la censura nunca debería ser la solución. Cuando hablamos sobre pornografía infantil, no deberíamos usar la palabra pornografía –se trata de una representación de escenas criminales de abuso infantil. Algo que se puede hacer es ir a los servidores, deshabilitarlos e identificar a las personas que subieron el contenido para llegar a aquellos que lo produjeron, aquellos que primero abusaron de los niños´. Es un planteo general que, claramente, no busca disolver o ningunear la criminalidad de la pornografía y del abuso infantil en Internet ni en la realidad. Alerta a los ciudadanos sobre el chantaje intelectual que presupone obtener el voto positivo para la censura en nombre de una epidemia que, como vimos en la parte inicial, se desparrama, sobre todo, por los aposentos hogareños. Un universo de fábulas y de mitos que permiten el control; un universo en el que la ciber-bomba explotó, amanuense, y mejor lo sabe ese segmento del infatigable mundo de las lolitas post-apocalípticas cuyo estilo se sustenta en un ingenuo vestido con volados y de muñeca; con medias a media pierna; con trenzas circundando su cabeza; cubierto el rostro con una máscara antigás tan distópica como el deseo que engendran… [www.youtube.com/watch?v=BoxAsLL_AvI] Y, acordate cuando salgas, Espectro, no seas reventón, de hacer por lo menos la mímica de cerrar la tranquera.

A J, por el eros que en la común espectral oscuridad reina.

Lourdes [Tandil] – 28 de julio de 2014

J (apocalíptica hembra de Stahlstadt) [De las reales crónicas del Espectro en la Nueva Ciudad de Dios]

´A la mañana cuando me despierto lo primero que pienso es que soy una nena mala que merece que la chirleen con las manos juntas y atadas bien arriba, que se la den hasta que se le pase la locura –y no se me va a pasar- de estar siempre a punto de cagarla.´ J fue, es y será real -tanto cuanto en este mundo algo o alguien puede serlo y ya. Veintidós y estudiante sureña, y la primera, redondeó espectral, que me dijo que le gustaba quedarse sin bañar durante días porque tan mal no olía y, si olía, quería sentírselo y que se lo sintieran y mucho más con olor a intimidad porque eso y aquello, según decía, le gustaba como comer y no menos (más bien más porque comía donde trabajaba: un fast food de rápido acabar). Andá a saber en qué andará. Andará haciéndoselo a otro, Espectro. Única en el arte de unrealmente noviar, me dijiste. J llegó a postrarse, a jurar adoración filial y a decir que si la fajabas bien, era capaz de meársete en la mano. Dijo todo eso y más. Una hembra del Apocalipsis –según cuenta en su vanidad. Cuando en aquel día del Armagedón que diluvió en Stahlstadt –la Ciudad de Hierro-, J se estaba haciendo clavar –según las palabras vanas de su misma vanidad- en un décimo piso, por obra y gracia de una terrible espalda deportista que había cazado sin azar. J caza, elige, devora y regurgita o vomita sin tragar. El perfil del Espectro es una mueca entre las hojas mustias del atardecer invernal. Se le ve que le recuerda las nalgas menos tersas de lo que ella querría recordar. Dormí con ella una noche falsa y alcancé a libar en su rosa flor y en su humus natural. De esa noche a las promesas subsiguientes, la distancia entre la hueca moral de respetar machos ausentes y la sumisión de una jovencita que en su ingenuidad vuela de fiebre por besar las varas erectas de desconocidos serios señores que le dan su néctar matinal. ´Si me atás, teneme de rodillas y quietita en la pieza a oscuras, y cada tanto dámela´. En la jornada inicial (si algún día escribís sobre lo sórdido social deberías mencionarla, quién lo duda, copista de mi mamarrachal), su cuarta frase, cuando la confianza ni había empezado a avanzar, había sido ´me encanta ponérmela en la boca, para qué lo voy a negar´. Pero –contame, Espectro- aun así se la engulló virtual. Y no paró, oh, tú, amanuense perverso, de hacerlo hasta que confesó lo más cercano a la verdad. Llegaste a escucharla. Escuché una confesión a lo mejor también fingida, qué va. ´Las mejores y más intensas relaciones´, dijo quien aquí J, por su inicial, he de llamar, ´las tuve virtuales´ y no lo volvió a mencionar. Reina Nocturna, en aquellos días de la Gran Humedad en la Ciudad de Hierro, en el piso diez u once, en lo alto de la torre, se dedicaba la reina J a acabar por cada uno que ahogado cedía -´y yo me ahogaba en leche´, decía- a las fuerzas de las trombas y a las explosiones y a las casas arrasadas y más allá. Sin número de muertos –lo de la inundación me enteré después, contaba ufana la Reina de la Maldad- sin número de orgasmos, la sospechosa Reina de lo Virtual, esa es J, la pestilente, la que se guardó en tu memoria como la que no se baña más, como la que por fin te dijo (alguien tenía que decírtelo) que escribías mal, como la que te contó de otros que entraron en su nadidad y que cayeron sin saber, o sabiendo aunque para qué parar teniendo tan cerca el cielo –que es acaso cielo raso- de empotrársela, que iban a ser burlados –porque si de algo no estás seguro pero te lo imaginás es que nos colecciona para contarlo, para contarnos, y para atraer nuevas víctimas en las futuras manos ardientes mutuas bla bla. Esa es J, una entre cientos, entre miles, entre millones que prefieren los pliegues de una pollerita de interfaz hentai a revolcarse en el barro barro de lo ya no más ni nunca existente -y ahora menos que menos- real. Y por eso Sálmacis –sucio escenario, tal cual- y por eso el barrio, reducto imposible donde las J no existen (ay, ojalá). Por eso, Espectro, la crónica venidera que –putas albricias virtuales- tal vez llegará como la Nueva Ciudad de Dios que se instaló. Y ya.

Lourdes – Tandil – 14 y 15-05-2014