Aníbal Ford. La marca de la bestia [1999]

Aníbal Ford. La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea. Colombia, Grupo Editorial Norma, 1999.

´…e hizo que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera la marca, el nombre de la Bestia o el número de su nombre.´ Apocalipsis, 13:16-17

En la sociedad de fin de siglo, los avances sobre los sistemas de control social son espectaculares y pueden funcionar dirigidos por sistemas expertos que no requieren la intervención del hombre, con lo cual envían al museo a la vieja utopía del panóptico Bentham, al Big Brother y a la ´jaula de hierro´ del Estado burocrático de Max Weber. ´La marca de la Bestia´ del Apocalipsis se está automatizando. O robotizando. Pero, si las concentraciones del poder, estatales o privadas, tienen cada vez más información acerca de la sociedad y los individuos, estos tienen cada vez más información sobre el mundo. Lo que sucede es que ambos son fenómenos densos y fuertes, pero asimétricos. Mientras la información acerca de la sociedad avanza sobre grandes masas de población mediante sofisticados y peligrosos sistemas de formalización -toda tipificación significa la amputación de variables-, la información sobre el mundo que se brinda a la ciudadanía es cada vez más caótica, sucia y turbulenta… El tema o la problemática de la sociedad de la vigilancia, del control, de la hiper-identificación es expansivo y cruzado… Me refiero, por ejemplo, a las formas en que un recurso de la comercialización como la tarjeta de crédito o un dispositivo de los sistemas de salud, como las historias clínicas, se transformaron en instrumentos de invasión y formalización de la privacidad y de control social. Este es un dato que alimenta la transformación epistemológica… que exige la comprensión de los fenómenos de nuestro tiempo. En esto comparto… con la crítica de [Manuel] Castells a las deficiencias de importantes sectores de la izquierda en el análisis de la sociocultura contemporánea… Hay nuevas series de acontecimientos que construyen nuevos macrorrelatos… {Prólogo, pp. 9-11}

***

Curiosidad. Himno contra la industrialización que convierte al Tren, en el bestial Moloch: “Ella tiene brazo / Y aunque sólo tiene uno /Hay magia en ese brazo único / Que crucifica a millones /Destruyamos al Rey Vapor, el Salvaje Moloch.” ´Himno luddita´ {Citado por Christian Ferrer. Los destructores de máquinas [1996]}

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Alonso & Arzoz. ´Manifiesto para ciberintelectuales´

Pasaje tomado de Andoni Alonso & Iñaki Arzoz. La Nueva Ciudad de Dios. Un juego cibercultural sobre el tecno-hermetismo [2002], págs. 239-262. {Sobre su relación con la ciencia ficción hermética ver}

En busca del intelectual ciberateniense

El papel del ciberintelectual o intelectual de la cibercultura parece habérselo arrogado no el intelectual clásico sino el apologista ciberimperial o el científico tecno-hermético. Pero ninguno de ambos personajes merece ostentar esta categoría. Aunque publiquen libros y sus opiniones sean muy populares, su tarea es bien distinta: la de los profetas o teólogos de la nueva religión digitalista. Llevados por su fe se dedican al puro proselitismo, ya sea vulgarizador o especulativo. Pertenecen, en realidad, a una tradición cibercultural muy antigua que se remonta a las mismas raíces. Pitágoras, uno de los fundadores remotos de la cibercultura, fue, en este sentido, el primer digitalista. Su religión filosófica, basada en la mitificación del número y la geometría, adornada con creencias mistéricas como la música de las esferas y la metempsicosis, nos ofrece con increíble exactitud el perfil del digitalista actual, el cual, aunque adopte la maneras del intelectual, no es más que un creyente cultivado. A partir de ese modelo tan puro, el pitagorismo digitalista, recreado por el platonismo, sufre diversos avatares, de los que sale triunfante gracias al hermetismo y a su heredero, el cientificismo, del que Comte es su más señero representante. Su religión positivista, que descarta a Dios en nombre de la religión y promulga la religión científica de la Humanidad, sigue el modelo de la Iglesia Católica, reconciliando por primera vez ambas tradiciones. La actualización de esta corriente se hallaría en el digitalismo actual, con sus gurús tecno-herméticos, aunque ya tiene sus bases en el cientificismo moderno, con la ciencia como ´Nueva Iglesia Universal´.

El científico convertido en sumo sacerdote, no es un intelectual, sino un teólogo. Los científicos tecno-herméticos, ensoberbecidos por sus hipótesis omniabarcativas y sus éxitos tecnológicos, pasan de ser meros especuladores de la divinidad a teólogos del Dios artificial del futuro. Deslumbrados por su audacia hermético-pitagórica que apenas entendemos, los elevamos a únicos representantes autorizados de Dios en un cibermundo en el que parecen sobrar los intelectuales o librepensadores. Como mucho, se permite la labor de párracos y misioneros digitalistas –apologistas de la Nueva Ciudad de Dios- que atienden espiritualmente la vida cotidiana de la teocracia digitalista.

La pretensión última de los pseudo-intelectuales del digitalismo es confundir y fundir la religión con las cibertecnologías. Estos gurús de la Red en alianza con los nuevos alquimistas tecno-herméticos quieren eliminar cualquier pensamiento desviado de los dogmas digitalistas y llevarnos a la dictadura oscurantista de la razón delirante y, en última instancia, hacia una nueva Edad Media dominada por ciberimperios. Y no nos cabe duda de que es de la comunidad científica de donde deben surgir verdaderos intelectuales que hagan posible una ciencia anti-hermética y una tecnología convivencial… Ellos pueden contribuir en gran medida a superar el complejo de inferioridad que atenaza a los intelectuales provenientes de las humanidades y a la sociedad en general. {Comentario del copista: en este caso, la fe de los autores en los científicos peca de ingenuidad; el diagnóstico sobre el complejo de inferioridad de los de las humanidades es brillante.}

Apocalípticos, integrados y quizás apocalípticos-integrados

La célebre dicotomía que Umberto Eco estableció en torno a las categorías opuestas de ´apocalíptico´ e ´integrado´ en los años sesenta sobre las actitudes dominantes de los intelectuales frente a la cultura de masas cobra ahora, respecto a Internet y las nuevas tecnologías, una nueva aunque limitada vigencia. El fragor de la batalla entre una aplastante mayoría de integrados contra una correosa minoría de apocalípticos no perturba la marcha del Ciberimperio, pero resulta instructivo para nuestro análisis de los intelectuales clásicos provenientes de las humanidades. Los intelectuales integrados, cómodamente respaldados por la maquinaria mediática y económica del Ciberimperio, se han convertido en los nuevos ´intelectuales orgánicos´, en los turiferarios de los ciberempresarios. Su labor hace posible que poco a poco se pase a sus filas una gran masa de intelectuales conformistas, resignados mal que bien al nuevo estado de cosas en el (ciber)mundo. El trabajo de todos ellos adolece casi absolutamente del ´factor crítico´. El intelectual integrado domina el panorama con su voz peligrosamente monocorde.

Más animado parece, en principio, el aspecto del bando contrario, el de los apocalípticos que desde las más diversas posiciones ideológicas combaten el digitalismo. Sin embargo, un examen más atento pronto enfría nuestra inicial predisposición. El modelo del intelectual apocalíptico, estimulante por su capacidad teórica y su creatividad crítica, fracasa finalmente en la fase de su aplicación práctica. [Apocalípticos analizados: Baudrillard, Virilio, Illich, H. Bey, Kaczynski, Zerzan] El desolador panorama que nos ofrecen los apocalípticos sólo cobra algo de relevancia si pensamos que muchos de sus juicios críticos corren paralelos y acaso alimentan la explosión de hackers y crackers en la Red. La amenaza de una guerra virtual es una consecuencia de las ciberguerrillas actuales…, si bien el día que esos talentos desperdiciados se utilicen masiva y sistemáticamente en favor de compañías sin escrúpulos, gobiernos belicosos, guerrillas integristas o sectas alucinadas, entonces sí estaremos en el umbral del apocalipsis.

Después de este repaso a la orilla donde afilan sus decepciones o sus armas los intelectuales apocalípticos, parecería más razonable que volviéramos al bando de los intelectuales integrados. Sin embargo, allí nos aguarda una nueva decepción. Precisamente Umberto Eco, el intelectual que estableció esta utilísima taxonomía entre ´apocalípticos´ e ´integrados´, ha llegado a manifestar que el deber del intelectual ´cuando se quema la casa es llamar a los bomberos´. Uno de los más valiosos intelectuales integrados proclama la dejación de la función del intelectual en manos de esos ´expertos´ que en nuestro cibermundo son mayormente agentes a sueldo de ciberempresarios. Desengañémonos, no hay verdaderos bomberos en el Ciberimperio, sino pirómanos-bomberos, como los que imaginó Bradbury, que monopolizan el fuego regulando a conveniencia los desastres… Los verdaderos bomberos serán los intelectuales ´esporádicos´ y ´clandestinos´ (dice Tabucchi contra Eco) que representan escritores, artistas, filósofos, etc., y que ejercen la función de intelectuales de manera creativa y no normativa. Los intelectuales, siempre sometidos a la crítica y a la autocrítica, han de seguir cumpliendo su papel, más importante si cabe en el cibermundo, porque también son cuidadanos y porque su acceso a los medios los hace doblemente responsables. La opinión de Eco nos aleja definitivamente del bando de los integrados. Los intelectuales integrados no creen en su propio papel y se consideran a sí mismos más como animadores culturales que como figuras decisivas en este cibermundo.

El intelectual ciberateniense no puede ser ni apocalíptico ni integrado y quizá haya llegado el momento de entender esas categorías más como meras referencias conceptuales que como señas de identidad. En la era de la cibercultura, el intelectual ciberateniense puede recrear ambas categorías hasta lograr una a su medida más eficaz y creativa que las anteriores. ¿Y si acaso debiera convertirse en un ´apocalíptico-integrado´? Razones no le faltarán nunca, si seguimos sometidos a este proceso hipertecnológico, para considerarse un apocalíptico, pero su propia razón le aconsejará siempre intentar cambiarlo, reorientarlo e incluso destruirlo tal como lo conocemos, desde dentro del cibermundo, al que pertenece aún sin desearlo.

Kaczynski, contra la militancia [completo]

“…lo único que había sobrevivido de la lucha literaria contra los efectos del capitalismo industrial eran los relatos para chicos de Tolkien.”

Ricardo Piglia, El camino de Ida [2013]

I.-

Los cinco párrafos iniciales de La sociedad industrial y su futuro (Industrial Society and Its Future, 1995) diagnostican [1]: la Revolución Industrial y sus consecuencias han resultado un desastre (´disaster´) para la humanidad [#1]; la expectativa de vida se extendió pero aumentaron las agresiones físicas y psicológicas sobre el ser humano, y creció el daño contra el mundo natural [#1]; la salida es una revolución que ataque los fundamentos económicos y tecnológicos de la sociedad industrial [#4]; una reforma no impediría que el sistema prive a las personas de libertad y de autonomía tal como lo hace hoy [#2]; el problema es poco menos que inabarcable, en consecuencia, el análisis se focalizará en aspectos que no hayan recibido suficiente atención [#5].

Un aspecto poco analizado y, según el autor, el que mejor pone en evidencia la locura (´craziness´) de la complejísima y molesta (´troubled´) sociedad moderna es la psicología del izquierdismo (´leftism´) [#6].

Es difícil definir ´izquierdismo´. Kaczynski se refiere a un movimiento fragmentario que en el pasado se identificó con el socialismo y que a fines del siglo XX incluye a políticamente correctos, a colectivistas, a feministas, a activistas por los derechos de gays (y de identidades sexuales diversas), a activistas en defensa de personas con capacidades diferentes (´disabilities´), a activistas por los derechos de los animales, y a un extenso etcétera. Ante la dificultad, delinea un tipo psicológico para, en las postrimerías del artículo (´article´), aproximarse a una definición de ´izquierdismo´ [#7].[2]

Con la esperanza de convertirla en más accesible, reseño la psicología del izquierdismo según Kaczynski. Entiendo, por mi parte, que lo dicho de forma general en el artículo alcanza a lo que en Argentina se conoce como ´militancia´. Por paradójico que resulte, bastante tiene que ver la ´militancia progresista´ con la pervivencia del sistema tecno-industrial. En el cuarto apartado, ofrezco un ejemplo puntual de militancia mistificadora.

Kaczynski deja de lado el izquierdismo del siglo XIX y de comienzos del XX para concentrarse en el izquierdismo moderno [#8] cuyas principales tendencias psicológicas son ´el sentimiento de inferioridad´ y la ´sobresocialización´ [#9].

Los sentimientos de inferioridad –baja autoestima, depresión, derrotismo, culpa, autoaborrecimiento, sentimientos de impotencia, etc.- son decisivos en la dirección del izquierdismo moderno [#10]. Explican su anti-individualismo y su pro-colectivismo. El izquierdista no confía en sus propias habilidades ni para resolver sus problemas ni para satisfacer sus necesidades [#16]; confía, en cambio, en que la sociedad lo protegerá y le dará lo que necesite a él y a quienes dice defender. El izquierdista solo se siente fuerte como miembro de una gran organización o de un movimiento de masas [#19].

Por lo general, los activistas de izquierda –militantes- provienen de estratos sociales privilegiados. En su observancia de la corrección política, lindan con la paranoia a la hora de aceptar o de rechazar los términos usados para denominar grupos oprimidos (minorías) con los que se identifican pero a los que no pertenecen. [#11; #12].

El izquierdista –el militante- es un falso rebelde (solo aparenta ir contra los parámetros sociales) [#24]. La psicología del izquierdista se basa en adoptar principios propios de la corrección política –no violencia, no discriminación, igualdad (de etnias, de género), etc.-, en cumplirlos a rajatabla –con el costo que esa auto-imposición supone- y en denunciar que otros no los cumplen. De esa forma, los izquierdistas sostienen un discurso en pro de la moral establecida semejante al que pregonan, en general, los medios de comunicación y el sistema educativo [#28]. En muchas de sus ´luchas´ los izquierdistas abogan por la inclusión de grupos oprimidos –por ejemplo, la gente negra- a la sociedad y así, antes que por la autodeterminación, luchan por la consonancia de la vida de ese grupo oprimido con los valores del sistema tecnológico-industrial, uno de los orígenes de la opresión [#29].

Este cuadro es una generalización y precisaría de matices. Sin embargo, en aras de detectar la tendencia de la sociedad moderna, el izquierdismo es uno de los canales más fuertes en el incesante proceso de socialización que el sistema actual impone [#30, #31, #32].

Como dije, la mistificación del izquierdismo –de la militancia- consiste en tomar un problema que le pertenece a un grupo oprimido (estrato social o minoría) del que no forma parte para canalizar en esa acción, presuntamente a favor de otro, su frustración por la necesidad de poder no cumplida [#21]. En su aparente lucha por el ´otro´, encuentra un objeto de deseo para satisfacer su ambición personal.

Los problemas sociales y psicológicos de la sociedad moderna se originan en la imposición de una forma de vida totalmente diferente en relación a las condiciones bajo las cuales el humano se desarrolló. Entre otras no menos fundamentales [#47-#57], la imposibilidad de experimentar el proceso de poder es la más importante de las condiciones anormales de la sociedad moderna [#46]. Todas las sociedades han intervenido en el proceso de poder, pero en el sistema tecnológico-industrial esa interferencia es extrema y aguda y de allí los problemas psicológicos, la locura actual del mundo [#58].

En el mundo contemporáneo, el ser humano no puede ser autónomo en su ´proceso de poder´ y alcanzar por sí solo el bienestar físico y biológico (comida, vestimenta, vivienda, seguridad). La adquisición de estos atributos depende, como nunca antes en la historia de la humanidad, de la maquinaria social a la que pertenece. Ahora bien, como el proceso de poder –basado en la finalidad, el esfuerzo y el logro- es inherente al ser humano, los individuos se preocupan e interesan por llevarlo a cabo de alguna manera y al no tener la posibilidad de alcanzarlo en lo que respecta a sus necesidades reales y concretas (la subsistencia) dirigen sus esfuerzos a actividades artificiales denominadas sustitutorias (´surrogate activities´) -el deporte, el arte, la investigación científica, diversos hobbies-, actividades que sí son autónomas para el ser humano -a diferencia del esfuerzo para satisfacer necesidades primarias [#33-#45]. El sistema tecnológico-industrial le otorga ´autonomía´ al individuo si su acción responde a la satisfacción de una necesidad artificial; en el caso contrario, el de las necesidades reales, lo somete a su control.

El izquierdismo moderno –el progresismo- es, en parte, síntoma de la privación con respecto al proceso de poder [#58]. La militancia es una actividad sustitutoria mediante la cual el individuo se siente realizado al identificarse con una organización poderosa o con un movimiento de masas. La finalidad que alcance el movimiento será considerada como propia aunque su esfuerzo individual no haya sido relevante. [#83].

Hasta aquí los lineamientos generales. Hacia el final de su artículo, Kaczynski retorna al izquierdismo bajo la forma de una alerta destinada a quienes consideren inevitable la revolución contra el sistema tecnológico-industrial. El izquierdismo aparece analizado en los últimos veinte párrafos [#213 – #232] bajo el subtítulo: “The Danger of Leftism”.

Una traducción de esa alerta sería: el movimiento revolucionario contra el actual sistema puede atraer a izquierdistas ávidos de formar parte de una organización rebelde. Por eso, debe impedirse su entrada porque: a) la ideología de la revolución es (alguna versión del) anarquismo: el proceso de poder se cumple mediante bases individuales o pequeños grupos que buscan controlar las circunstancias de sus vidas (y, por eso, rechazan la tecnología que hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones); b) el izquierdismo es colectivista: busca organizar la sociedad de forma completa, manejar la naturaleza (no defender su lado salvaje) y controlar la vida humana, y para eso necesita de la tecnología a la que no renunciará porque le resulta útil en la consecución del colectivismo [#213-#214]. El izquierdismo solo busca instalar otra versión del sistema actual.

“Algunos izquierdistas parecen oponerse a la tecnología, pero se oponen sólo mientras son marginales (´outsiders´) y el sistema tecnológico está controlado por no izquierdistas. Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan con entusiasmo para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

Un problema que presenta el izquierdismo es que, al ser la militancia una ´actividad sustitutoria´ que le permite al individuo realizarse en su frustrado proceso de poder, el eventual militante nunca se encuentra satisfecho con su acción redentora y, por ende, siempre busca una nueva problemática en la que encauzar su energía para calmar su ambición [#219]. El militante –la afirmación corre por mi cuenta- parasita los problemas del sistema tecnológico-industrial porque a través de ellos siente que ejerce algún poder. Como diría Kaczynski, si el izquierdista viviera en una sociedad sin problemas, los crearía para poder actuar y expandirse en su ambición.

Su acción es evangelizadora. Como su moral –su corrección política- le impide competir en la sociedad como lo hacen los demás, el izquierdista cede al impulso de poder por medio de una salida moral aceptable según sus propios términos. Ingresa a un movimiento de masas o a alguna organización social con el fin de ´realizarse´ y de imponer sus ideas y sus concepciones al resto de la sociedad. En el cruce entre moralidad y colectivismo, Kaczysnki señala el rasgo totalitario del izquierdismo (totalitarismo cuasi-religioso: quien no admite ese valor moral, está en Pecado) [# 219 – # 221].

El izquierdismo –sintetizo- responde a un tipo psicológico que, en el marco de un gran movimiento, se interesa por un problema que no le corresponde (actividad sustitutoria) a cambio de satisfacer su necesidad de tener algún objetivo que alcanzar –rasgo inherente al ´proceso de poder´. Es injusto, dice Kaczynski, que esto redunde en una generalización porque existen izquierdistas que no caen en ese rango de acción: “Los que ascienden a una posición de poder en los movimientos izquierdistas tienden a ser los más ávidos, porque las personas deseosas de poder luchan más duramente para alcanzarlas. Cuando los ávidos de poder han tomado el control del movimiento, izquierdistas más moderados desaprueban interiormente muchas de las acciones de los jefes, pero no pueden oponerse a ellas. NECESITAN su fe en el movimiento y, por no poder renunciar a ella, prosiguen. Es verdad, ALGUNOS izquierdistas tienen el valor de oponerse a las tendencias totalitarias que surgen, pero pierden porque los ávidos de poder están mejor organizados, son más despiadados y maquiavélicos y han construido una base de poder sólida.” [#224]. Más allá de esta necesaria diferenciación, el cuadro inicial abarca una intensa mayoría. El izquierdismo es el mejor ejemplo de cómo el sistema tecnológico-industrial privilegia que las personas persigan finalidades artificiales y no reales –impedimento que, por ir contra la historia de la especie, provoca depresión, odio a sí mismo, hostilidad, etc. Esta lógica se retroalimenta al intensificarse la práctica de actividades sustitutorias que calmen dichos sentimientos de inferioridad. El sistema les otorga ´autonomía´ a los individuos en aquellas acciones que no ponen en peligro su sustentabilidad. (Por ejemplo: si a través de los órganos publicitarios -medios de comunicación, sistemas educativos- se reprueba ´la violencia´, eso sucede no para defender un valor moral sino para neutralizar un aspecto negativo que afecta la productividad del sistema.) La ´autonomía´ y la ´libertad´ existen en las actividades sustitutorias -arte, deporte, investigación, activismo, etc.- porque –y cuando- son inofensivas.[3] En lo que respecta al asunto primordial para los seres humanos –su subsistencia (comida, vestido, vivienda, seguridad)-, el sistema les confisca la libertad y la autonomía. Si uno considera a estos dos rasgos valores inalienables para la humanidad, el sistema tecnológico-industrial es pernicioso y debería ser destruido. En sí mismo, el tipo psicológico del izquierdista ejemplifica no solo el colapso del sistema –él como nadie persigue actividades sustitutorias al haber perdido el control sobre las actividades reales- sino que, además, es un impedimento principal para que el sistema industrial acabe. Focaliza en aspectos parciales y no ataca el origen del problema: el sistema en su totalidad. La ´solución´ del izquierdismo sería, en base al imaginario del colectivismo, otro sistema integrado y basado en una semejante tecnología omnipresente. La autonomía del humano continuaría perdida y se trataría solo de una fase distinta de dominación.

El planteo general de Kaczynski reviste, por supuesto, mayor complejidad. En temas sensibles e ineludibles como el de la ´autonomía´, tiene que reconocer que muchos humanos prefieren cederla en aspectos importantes, y obedecer a sus jefes, porque de esa manera y con poco esfuerzo obtienen los medios necesarios para subsistir –aun cuando en el transcurso de sus vidas esa sesión, que parece no tener riesgos, los conduzca al sin sentido, al sufrimiento, a la depresión, etc. La psicología izquierdista es la rémora más importante para evitar la dominación, aunque no la única.

Frente a tamaña complejidad, uno podría abrir la discusión acerca de la autoridad de Kaczynski para realizar su planteo ideológico-político. En dos oportunidades se refiere a la locura que merodea el mundo actual: “Cualquiera de los síntomas [mencionados] pueden ocurrir en cualquier sociedad, pero en la sociedad industrial moderna están presentes en una escala masiva. No somos los primeros en afirmar que hoy el mundo parece estar volviéndose loco.” [#45] [4] Una de las señales más firmes de la locura en el mundo es el izquierdismo [#6]. Esta aseveración conduce a la paradoja. Si en términos de Kaczynski      -“El concepto de salud mental [´mental health´] en nuestra sociedad está definido porque el comportamiento de una persona esté de acuerdo con las necesidades del sistema y que lo haga sin mostrar signos de tensión.” [#119]-, calificar al izquierdismo de locura, podría suponer adquirir el punto de vista del enemigo, el sistema al que Kaczynski rechaza.

Las ´cartas-bomba´ –que mataron a tres personas e hirieron a más de veinte- condujeron, en el juicio que se le siguió, a que los tecnócratas lo declararan insano [esquizofrenia paranoide]. Si el mundo parece estar volviéndose loco –alguien podría argumentar- Unabomber es parte de esa locura. Habría que decirlo así: el entramado del sistema tecnológico-industrial es tan complejo que nada existe por fuera de él. Ni siquiera aquel que se dice disidente logra valerse de categorías que eviten la ´contaminación´ a la hora de establecer el diagnóstico sobre la organización del enemigo sistémico.[5]

¿No mutó Kaczynski con el paso del tiempo, a su pesar y contra las evidencias, en un nuevo militante izquierdista –presentado y visto como depresivo, hostil, con sentimientos de inferioridad- que recayó, más allá de una vida dedicada a la subsistencia en Montana, en la actividad sustitutoria de ir contra el sistema? Su terrorismo de ´lobo solitario´, ¿no copia al militante izquierdista que con su acción valida al sistema que lo deja hacer y lo absorbe?

La ambigüedad, la paradoja y la contradicción no escapan a la situación política de Kaczynski quien parecería haber caído en idéntica trampa a la que decide destripar. De una u otra forma, cartas, bombas y artículo son propios de la militancia. Sus afirmaciones –“Algunos izquierdistas [se rebelaron] contra uno de los principios más importantes de la sociedad moderna atrayendo la violencia física […] la violencia es para ellos una forma de ´liberación´ […] cometiendo violencia atraviesan las restricciones psicológicas… experimentadas en su interior.” [#30]- bien podrían caracterizar su propia acción.

Resulta extraño que el ermitaño de Montana no se hubiera anticipado a una estrategia obvia del sistema. Así como en su caso los publicistas y tecnócratas se apresuraron en disolver el planteo revolucionario y, de hecho y obviamente, difamado como fue, la discusión en torno del actual sistema tecnológico-industrial no se hizo carne en la sociedad, de manera semejante, la militancia izquierdista, junto a sus errores, colecciona un rosario de tergiversaciones a través de infinitos recursos. Es bastante difícil si no imposible afirmar que se está analizando al izquierdismo y no a sus simulacros mediáticos.

Entre tantos aspectos que en su estrategia cuidó, Kaczynski pareció olvidarse de un filón. El enemigo todopoderoso contaba, y cuenta, con todopoderosos constructos de publicidad y de propaganda. Lo sabía, aunque daría la impresión de que en su propio mundo de batallas intelectuales, hubiera olvidado que una vez colocado su artículo en importantes medios de comunicación –por ejemplo, The New York Times-, lo que seguía no era la discusión punto por punto del manifiesto en una asamblea universal, sino la difamación y la banalización. Su lucha individual es presentada como la acción de un bizarro o de un loco, o –en el mejor de los casos- de algún terrorista suelto que quiere algún tipo de revolución, y eso, aunque no sea exacto, entra a los ojos del ´humano normal´ en la bolsa de gatos del izquierdismo.

Lo aberrante y perverso del sistema tecnológico-industrial es que está internalizado en cada uno de los individuos que lo componemos. Aún aquellos que nos consideramos disidentes y que pensamos de forma semejante a Kaczynski, leemos e interpretamos a partir de parámetros que segundo a segundo el sistema fue sembrando en nosotros desde el momento cero de nuestra existencia.

Así, al día de hoy, y por más solvencia que su argumentación presente (aspecto que no es menor), el artículo de Kaczynski es poco menos que una curiosidad de museo.

Dicho todo eso –en un tema de este talante, la prevención intelectual es ineludible- en términos generales, encuentro absolutamente convincente el planteo de Kaczynski: el sistema tecnológico-industrial colapsó, el izquierdismo –el tipo psicológico del militante progresista- es una de sus manifestaciones (y uno de los pilares, tal vez, involuntario).

En respuesta a las preguntas previas, y a diferencia de los militantes de izquierda, Kaczynski preservó su activismo: i) no formó parte de un movimiento de masas al que se sumó por interés personal y, en consecuencia, ii) nada de lo que hizo estuvo orientado a colmar su ambición. La militancia de ese descendiente de polacos no fue en sí misma una actividad sustitutoria. Estuvo basada en la renuncia y en el despojo.

Fue un monje. [6]

II.-

“El revolucionario es un hombre perdido. No tiene intereses personales, ni causas propias, ni sentimientos, ni hábitos, ni propiedades; no tiene ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único y exclusivo interés, por un solo pensamiento, por una sola pasión: la revolución.” Serguéi Necháiev, Catecismo del revolucionario.

Pieza de museo –“La sociedad industrial y su futuro”- o artefacto decorativo en la reserva natural hacia el interior del pensamiento domesticado que es -según Lévi-Strauss- el arte.

En la novela de Ricardo Piglia –El camino de Ida [2013]- Thomas Munk, sosías del monje Kaczynski, ronda la militancia izquierdista. En los sesenta, mientras trabaja en la Universidad de California [Berkeley], desde los márgenes se aproxima y observa los movimientos estudiantiles por la ´libertad de expresión´ (Free Speech), los reclamos a favor de los derechos de los negros (Black Panthers); descubre, también, la filosofía antitecnológica (y se anoticia de las actividades de los anarquistas en San Francisco). Su boscosa biblioteca –el retirado leía y escribía en castellano- incluía de Torcuato Di Tella (et alii), Argentina, sociedad de masas [1966]. Además, en la ficción pura y dura, Munk elige recibir en la cárcel, entre otros candidatos, al inefable Emilio Renzi para hablar con alguien de Buenos Aires; su primera pregunta hacia el visitante recae en la militancia vernácula (en concreto, “¿cierto que los revolucionarios argentinos llevaban una pastilla de cianuro?).[7]

El camino de Ida recorta la figura de un anarco-primitivista –(Theodore) Kaczynski / (Thomas) Munk- sobre el borroso y lejano fondo de un movimiento colectivista –el comunismo en su vertiente castrista-guevarista insuflado por el peronismo de la Resistencia que caracterizó a los grupos militantes argentinos de las décadas del sesenta y del setenta.[8]

Lobo solitario versus movimiento de masas -ambos con el galimatías del uso de la violencia y con el interrogante de evaluar la acción en términos de fracaso, de derrota, de batalla perdida. Kaczynski-Munk, encarcelado. Miles de militantes argentinos desaparecidos, asesinados, exiliados. En El camino de Ida, Piglia conduce a Munk a la silla eléctrica [02-08-2005]. En la realidad, Kaczynski continúa con vida. La resolución ficcional de Piglia parece un comentario a las tres muertes ocasionadas por las ´cartas-bomba´. En los recuerdos que le vuelven a Renzi de su periférica militancia, se sospecha una mirada sesgada sobre ese fallido episodio revolucionario que desemboca en el plan de exterminio perpetrado por la última dictadura militar.

Me excuso de reconstruir la posición de Piglia en su época de activismo. Me interesa, a modo de trueque, rescatar la de un compañero de militancia –escritor como él- en aquel caldo de cultivo de la lucha ideológico-político de izquierda.[9]

Rodolfo Walsh [1927-1977] podría representar, sin problemas, el ejemplo del ´militante izquierdista moderado´ contrapuesto, en la versión de Kaczynski, al ´izquierdista ávido de poder´ -y es, a su vez, ejemplo de la pertinencia de distinguir entre el izquierdismo moderno y la variante existente hasta mediados del XX. No es casual –por cierto- que Walsh haya comenzado a militar alrededor de 1940.

Es conocida –aunque no siempre resaltada- la discusión que, promediando la década del setenta, mantuvo Walsh con la cúpula de Montoneros. Al episodio lo pueden reconstruir de mil maneras (la Web aloja lo suficiente). Por mi parte me remito a Horacio González quien en 2004 y en Filosofía de la conspiración [p. 252] afirmaba: “[existe] un excepcional documento de Rodolfo Walsh en su postrera discusión con la organización Montoneros en el que desea mostrar ´una falta de historicidad´ en la orientación política de ese grupo, señalando justamente que no es así que han procedido quienes han sido protagonistas de eventos triunfantes en relación a la conquista del poder.”

González, en ese momento del libro, se refiere a Perón quien, según ese mismo sociólogo, entendió cómo llegar al poder al analizar las conspiraciones políticas que fracasaron a lo largo de la historia argentina. La mirada retrospectiva le posibilitó, o le habría posibilitado, delinear la estrategia para que triunfara la conspiración del G.O.U. en 1943. Tiempo después, Walsh sostenía lo imperioso de una perspectiva semejante.

Detrás de un recelo que se mantuvo hasta el final de su vida, estaba la admiración por la capacidad de construir poder. Walsh conocía al general desde una temprana militancia, junto con otros descendientes de irlandeses, en la Alianza Libertadora Nacionalista, milicia fundada en 1937 en la que confluyeron patrioteros y católicos, que adhirió al peronismo y cuyas filas muchos abandonaron, entre esos Walsh, al actuar Perón de forma distinta a la que había pregonado a poco menos de un año de ocupar el gobierno, elecciones mediante.[10]

La psicología izquierdista –en términos de Kaczynski- es algún tipo de FE contra la que es demasiado complejo ir. Está en él tan arraigada que, incluso, conmina al militante a aceptar acciones irracionales de sus jefes. El izquierdismo es una forma de religión, y para desplazarla en la lucha contra el sistema, se necesitaría instalar una nueva.

“Lo más cercano a una religión fuerte, extendida y dinámica que Occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras y unificadas. Hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse con una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología.” [#184] Kaczynski propone que la religión de la naturaleza sea experimentada por individuos –o por grupos- sin acciones redentoras originadas en el sentimiento de inferioridad que la ausencia de finalidades reales provoca. En ese derrotero, rescata (al menos una parte de) un izquierdismo pretérito: “La identificación con las víctimas que no son víctimas se puede ver en el izquierdismo del siglo XIX y en el cristianismo primitivo pero, hasta donde lo podemos explicar, los síntomas de baja autoestima, etc., no son tan evidentes en estos movimientos, y en ningún otro, como en el izquierdismo moderno.” [#232]

El cristianismo primitivo en su faz disidente -fuente del pensamiento hereje- es la inspiración ideológica primaria del anarquismo. En una de las versiones de ese posicionamiento político, existe un valor cáustico contra cualquier sistema basado en una ingeniería social aglutinante. Por su sesgo anti-institucional, por su negativa a disolver la libertad individual en un gran movimiento, por su defensa de la ligazón entre autoconocimiento y cuidado de la naturaleza, el cristianismo primitivo heterodoxo es un reservorio ante los totalitarismos sistémicos (v.g.: la Iglesia católica).

En su ensayo “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra”, David Viñas supone que “…con los rasgos artesanales de su producción, [Walsh] representa una suerte de cristianismo primitivo dentro del linaje periodístico.” (Literatura argentina y política. II-. De Lugones a Walsh, 2005, p. 250). En esta lectura, el devenir heterodoxo de Walsh –manifestado en su práctica periodística- corresponde a una deriva política desde el catolicismo y el nacionalismo (de derecha), profesados hasta fines de la década del cincuenta, hacia una izquierda revolucionaria crítica, autoconsciente, no totalitaria.[11]

Walsh, como otros, recibe el llamado político de la jungla, y se dirige al Tigre –donde vive por etapas. Recuerda el visitante Viñas (p. 251): “En los atardeceres en que Walsh arreglaba su bote, la figura de Quiroga se sobreimprimía a la de Lugones; y entre ambas se iba armando una tensión que a Walsh, divertido pero sombrío, le gustaba exasperar: defendía con argumentos enmarañados pero convincentes el distanciamiento de la ciudad practicado por ´el cuentista selvático´; lo justificaba por su ademán neobárbaro tan antivictoriano mientras aludía a su propia destreza con las armas y en la pesca del surubí. Su fervor, sin embargo, oscilaba entre el dorado y el pejerrey; y cuando se internaba en el escabeche, ya parecía lograr mi aprobación a sus autoabastecimientos y a su creciente adhesión a ´lo elemental´. Nunca llegó a aludir a Conrad ni a Gauguin.”

“[A]l evaluar las diversas prácticas de Walsh, [podría formularse] una suerte de ecuación: a mayor criticismo y heterodoxia, mayor riesgo de sanción. El típico estar fuera de lugar de los escritores heterodoxos…” (Viñas, p. 257).[12] Heterodoxia; crítica; sanción; fuera de lugar es también el retiro monástico: “Y… ese atardecer le tocó el turno al ascetismo, que Walsh defendió con un fervor jansenista a medida que se entusiasmaba con la palabra ´despojado´…” (Viñas, p. 253). Despojo, ascetismo, ´fuera de lugar´, criticismo, heterodoxia, sanción –una red de categorías que atrapa, en pálida utopía de palabras, a los distantes Theodore y Rodolfo. [13]

Walsh –cuenta el visitante- nunca nombró a Joseph Conrad.[14] Sin embargo, al nombrarlo en sus recuerdos repone algo de la silenciosa épica política, que flotaba entre los meandros, de salir y de perderse en ´el otro lado´. En El camino de Ida, abuso de la simetría, Piglia interpola un rabioso artefacto ficcional firmado por Conrad como paradigma del anarco-terrorista Munk.

El neobárbaro Walsh –acechado por una inclemente canonización- es un reaseguro frente a la desconfianza que el planteo anti-militancia de un Kaczynski estigmatizado puede generar y, de hecho, genera. Sin haber sostenido una crítica tan rabiosa como la del lobo solitario de Montana, el silencio al que lo conminó su muerte en manos de los militares, apagó con Walsh la veta autocrítica en los grupos de izquierda que estuvieron, al menos en teoría y en intención, próximos a tomar el poder.

Y, si las raíces ignoraron esos nutrientes, imaginen las petulantes flores que brotaron al calor del cambio de milenio cuando la perspectiva histórica comenzó a ser, entre los neo-activistas, poco menos que un recuerdo deslucido.[15]

III.-

Matar / no matar / morir. Walsh en su discusión con Montoneros, insiste que la lucha debe pensarse en términos políticos y no militaristas. “Y nos parece tiempo perdido tratar de convertir este enfrentamiento social en una guerra nacional”, dice Walsh. La cuestión no reside tanto en ´matar o no matar´ al enemigo, como en abrir un juego bélico en el que caigan compañeros y militantes escasamente preparados para esas lides. [16]

Kaczynski mata para hacerse escuchar. “Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones… integradas al sistema. Es casi imposible para muchas personas y grupos pequeños tener efecto en la sociedad con palabras. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no habrían sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no habrían atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios… Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría habría olvidado pronto lo que leyeron porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material [de] los medios… A fin de presentar nuestro mensaje al público y de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.” [#96]

La impresión duradera tuvo éxito en cuanto a las muertes provocadas por ese ´loco´ [esquizofrénico paranoide] –tal como fue caracterizado Kaczynski.[17] Su discusión resultó disuelta y las ´carta-bombas´ espantaron, incluso, a otros anarquistas que podrían haberse interesado. “Esta declaración (´statement´) se refiere a un determinado tipo de anarquismo. […] y muchos que se consideran anarquistas tal vez no la acepten. […] Hay un movimiento anarquista no-violento (´nonviolent´) cuyos miembros probablemente no acepten a FC [Freedom Club] como anarquista ni aprueben nuestros métodos violentos.” [#215]

Las muertes y la lucha por una sociedad mejor. En lo que respecta a Kaczynski, las mismas muertes que llamaron la atención sobre sus ideas, lo sepultaron en prisión y desactivaron su planteo. Es bastante complejo afirmar que uno concuerda con el contenido de un escrito cuando existen muertos que lo volvieron público. En mi caso, desapruebo los asesinatos y rescato el implacable manifiesto que es La sociedad industrial y su futuro.

Uno de los puntos en los que el artículo acierta –o, con mayor sinceridad, con el que estoy de acuerdo- es el de los profesionales universitarios.[18] Es conocida la historia de la meteórica carrera académica de Kaczynski primero en Harvard, como estudiante, y luego en Berkeley, como profesor -cargo que abandona a los 26 años. La síntesis de su asco por esos antros apunta a la connivencia entre universidades / grandes empresas / militares. Nada de lo que se hace allí pone al servicio de los ciudadanos el conocimiento adquirido, excepto si ese conocimiento ayuda al control, a la dominación, a la confusión del no entrenado. [19]

Kaczynski asocia los profesores universitarios con el izquierdismo. En ellos se encuentran los típicos rasgos -sobresocialización, corrección política, sentimiento de inferioridad (aplacado por el rango artificial de sus puestos). Por ejemplo: “La ´corrección política´ tiene su mayor arraigo entre los profesores de universidad -quienes tienen empleo seguro con salarios confortables y, la mayoría de ellos, son varones blancos heterosexuales de familias de clase media.” [#12] “Los izquierdistas del tipo sobresocializado tienden a ser intelectuales o miembros de la clase media alta. Nótese que los intelectuales universitarios, sin incluir a los especialistas en ingeniería o ciencia hard, constituyen el segmento más socializado de nuestra sociedad y el ala más izquierdista.” [#27]

El sentimiento de inferioridad de los profesores emerge al impedir que recaiga sobre ellos aquello por lo que batallaban cuando veían a la universidad como un espacio conservador:

“En los Estados Unidos, hace un par de décadas, cuando eran minoría en nuestras universidades, los profesores izquierdistas proponían la libertad académica, pero hoy, en las universidades donde son mayoría, no dudan en quitarle al resto esa libertad.” [#216] “En aquellas universidades donde la ´corrección política´ se ha convertido en dominante, hay izquierdistas que desaprueban en privado la supresión de la libertad académica, pero prosiguen con ello de todas maneras.” [#225]

Al igual que en la distancia entre los activistas moderados y los ávidos de poder [#224], entre los profesores universitarios –en su mayoría izquierdistas- aparece el doble rasero de desaprobar una conducta injusta y de fomentar que esa práctica continúe.

El apodo Unabomber nace de la fusión de –university, airline, bomber. Las ´carta-bombas´ fueron destinadas a ejecutivos de empresas de aviación, de computación y de publicidad (una víctima corresponde a este último ítem); al directivo de una compañía forestal, que también muere; y a profesores universitarios, entre quienes hay heridos, pero no muertos.[20] Cada ´carta´ significa un ataque al individuo y a la fracción del sistema tecnológico-industrial que representa. Aproximadamente diez de los atentados recaen sobre profesores universitarios.

En El camino de Ida, Piglia –quien trabajó como profesor visitante en instituciones de Estados Unidos- recupera ese aspecto de la historia y construye el mundo ficcional en torno de una universidad. La femme fatale Ida Brown es una brillante profesora e investigadora en literatura. En algún momento, con los envíos postales de Munk de fondo, descubre que la nouvelle de Joseph Conrad –El agente secreto– es el patrón de conducta del lobo solitario, y toma al libro como supuesta hoja de ruta para acompañarlo de lejos. Pocos días antes de morir, Ida le alcanza el libro de Conrad a Renzi, con subrayados y anotaciones. Renzi, a su vez, descubre lo que había descubierto la joven intelectual y contacta a Munk en la cárcel.

Tres apuntes de Renzi sobre la universidad: i) “Las universidades han desplazado los guetos como lugares de violencia psíquica.”; ii) “Los campus son pacíficos y elegantes, están pensados para dejar afuera la experiencia y la pasiones pero corren por debajo altas olas de cóleras subterráneas: la terrible violencia de los hombres educados.”; iii) “Pronto los hombres con experiencia en la cárcel y en la guerra serán los profesores indicados de llevar adelante la administración de las universidades.” (Piglia, 2013, p. 35)

(Casi) en cualquier sitio del mundo la universidad supone ganarse la vida cómodamente, como algún personaje en la novela estipula. Pero con respecto a esto, existen, al menos, dos dificultades. La primera está directamente relacionada con la perspectiva de Kaczynski: los profesores en esos ámbitos deberían ser los primeros, por acceder al conocimiento, en discutir la configuración actual del mundo y en disuadir a los estudiantes de aceptar los remilgos de un sistema que, al día de hoy, ha hecho de la universidad otra corporación en el engranaje industrial. Decir esto en tanto postura crítica es, por supuesto, alentar una quimera. El segundo problema, por lo pronto en Argentina (en los Estados Unidos es diferente), es que esa forma fácil de ganarse la vida en disciplinas que entonan a favor de ideales sociales, ideológicos, políticos entra en contradicción con el origen de los fondos que los sustentan –el erario público- y con los amos ante los que se prosternan -grandes empresas, corporaciones varias (estatales incluidas), medios de comunicación, militares, partidos políticos y un interesante menú de opciones que evita por todos los caminos cumplir con el rol que eventualmente les correspondería: permitir que cada vez más seres humanos se emancipen, se liberen, se vuelvan autónomos a través del conocimiento y alcancen a entender el significado de igualdad, libertad, autonomía, etcétera, etcétera.

No necesito aclarar que estos dos señalamientos, entre tantos otros, no les interesan a los de afuera de la universidad ni mucho menos a los de adentro a quienes les parecen, simple y llanamente, pavadas. El punto –en Argentina, repito- es que esa fiesta de los sentidos para algunos que es la universidad está sustentada –repito y repito- por fondos públicos. Habría que repetir esto hasta el hartazgo ya que los profesores universitarios –tecnócratas autoconscientes- privilegian su bienestar y someten su vida a una institución a la que tratan como si fuera una pequeña empresa privada.

La moneda de cambio para mantener los cargos obtenidos -en la mayoría de los casos, por concursos digitados- es la corrección política –asociada al discurso dominante en las esferas de control del sistema académico. Una realidad de doble fondo. Lo que se pregona en el foro, nada tiene que ver con lo que sucede entre bambalinas. Tal vez no exista espacio público más fraudulento ni corrupto que la universidad, pero ese no es exactamente el tema ahora –excepto recordar que esos fraudes están sustentados por fondos públicos que bien podrían destinarse a otros ámbitos educativos.

La corrección política, entonces, como la alfombra roja por la que desfilan la hipocresía y la malversación de fondos. Ingentes guarismos de militantes y de activistas dicen interesarse desde las atalayas de las instituciones por el sufrimiento de los demás –en el espectro de los pibes de barrio a las víctimas de violencia de género- y en esos aspavientos, apenas si labran sus monedas. Cinismo es un término que bien podría describir el aire que se respira en esa tríada -enmarañada, oscura, corrupta- entre militante, político, tecnócrata (siervo de políticos y de empresarios), y la universidad.

No se trata solo de afirmar que los izquierdistas en abstracto son la rémora en la lucha contra el sistema tecnológico-industrial. Si esos izquierdistas son, de alguna manera, ´enemigos´ de la emancipación, no viven en el aire ni florecen al azar en los jardines de la patria. Muchos militantes conocen el mecanismo. Afirman militar en pro de los oprimidos y, en ese mismo acto, acomodan sus papelillos, sus ropas nuevas, sus adminículos, sus gadgets y hacen lo que las ratas cuando encuentran un hueco: con sus porquerías, tejen en los claustros, un nido. Conozco otras, pero de una rata en particular que roe académicos provechos quisiera hablarles ahora.[21]

IV.-

“Nor tackle, sail, nor mast; the very rats/ Instinctively had quit it: there they hoist us…” [“Ni aparejos, ni velas, ni mástil; las ratas /Por instinto lo habían abandonado: allí nos subieron…]

“Shakespeare (oculto maestro cibercultural)…”

Ted Kaczynski denomina ´sociedad industrial´ a un constructo que recibe otras categorizaciones: sociedad del espectáculo, sociedad de consumo, capitalismo posindustrial, capitalismo tardío, complejo militar-industrial, ciber-imperio. La crítica del matemático apunta, en su núcleo, a la lenta intromisión de la tecnología (o tecno-ciencia) en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, aquello que era lo habitual –para no decir lo natural– en el ser humano, esto es, la obtención de comida, refugio, seguridad, fue retirado de su esfera de acción, y a modo de placebo se le ofreció una serie de actividades sustitutorias que no han logrado más que deprimir, violentar, volverlo airado. Dice el párrafo 145 de La sociedad industrial y su futuro: “Imagina una sociedad que somete a los individuos a condiciones que los hacen infelices y que les da drogas para contrarrestar la infelicidad. ¿Ciencia ficción? Ya está ocurriendo en nuestra sociedad. La tasa de depresiones clínicas se ha incrementado en las décadas recientes. Y creemos que se debe al colapso del proceso de poder… […] En vez de extirpar las condiciones que hacen que la gente esté deprimida, la sociedad moderna les da antidepresivos que modifican el estado interno para que el individuo tolere las condiciones sociales que de otra manera encontraría intolerables.”[22] Este es uno de los métodos de control del comportamiento utilizado entre los humanos [#146]. Existen otros, como, por ejemplo, a) ´las técnicas de vigilancia´ (cámaras que filman, computadoras que procesan información sobre los individuos), b) ´la propaganda´ (medios de comunicación de masas), c) “La industria del entretenimiento es una importante herramienta psicológica del sistema. […] Le proporciona al ser humano un medio de escape. Mientras es absorbido por la televisión, los videos, etc., olvida la tensión, la ansiedad, la frustración, la insatisfacción. Muchos de los llamados primitivos cuando no tienen ningún trabajo que hacer, se sientan durante horas sin hacer nada porque están en paz consigo mismos y con su mundo. Pero la mayoría de la gente moderna debe estar constantemente ocupada o entretenida, de otro modo se ´aburre´, se vuelve inquieta, incómoda, irritable.” [#147] La irritación, la incomodidad, la inquietud está originada en la pérdida de la autonomía y de la libertad.

La actual organización social es una compleja red en la que cada individuo funciona a modo de engranaje necesario. Cualquier desvío que atente contra la sustentabilidad es sancionado. De esa trama a gran escala participan ´los servicios públicos´, ´las redes de computadoras´, ´los sistemas de autopistas´, ´los modernos servicios de salud´, ´los medios de comunicación de masas´ (´mass communications media´) [#118]. Un conglomerado de acciones basado en el desarrollo de la tecnología sostiene la sociedad industrial aunque, por razones obvias, y sobre todo en cuanto al convencimiento, los medios de comunicación son los que barnizan una realidad que no soporta la uña de la duda sobre su superficie. La tecnología, en general, es el elemento disruptor en la conformación social actual y los medios de comunicación, en particular, el soporte ideológico. Junto al sistema educativo, los medios de comunicación mayoritarios (´mainstream communications media´) enarbolan los valores que la sociedad industrial defiende en términos nominales [#28]. Esos medios (´mass media´), en gran parte, son controlados por corporaciones integradas al sistema [#96]. Es una lógica tan cristalizada que quienes alegan ser detractores –activistas o militantes de izquierda (tal vez la más importante entre las actividades sustitutorias)- una vez que ocupan el poder, mantienen la usina de injusticias que gritaban combatir: “Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan entusiasmados para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

En La sociedad industrial y su futuro de 1995, Kaczynski menciona por única vez Internet en el párrafo 96 al explicar y justificar el uso de la violencia en las muertes provocadas por sus ´cartas-bomba´. Reconoce que la Red hubiera sido un medio para difundir el manifiesto, pero sabe que entre la maraña de publicaciones, habría pasado al olvido. Esa mención no responde a un color de época. Como cuenta el documental alemán Das Netz [2003], al mismo tiempo que Kaczynski se distanciaba del mundo, entre fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta, en espacios vecinos (Harvard, Berkeley) se pergeñaba el acabado final del universo regido por Internet que explotaría en pocas décadas. Fue Kaczynski un testigo directo –y se supone, también, un cobayo- en el armado de esta versión de la sociedad industrial a la que otros denominan Ciber-Imperio.[23]

Una de las biblias del ciber-mundo es el volumen de los españoles Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, La Nueva Ciudad de Dios [2002]. En esta enciclopedia, los críticos recopiladores reconstruyen el camino centenario, y milenario, de ese anhelo -platónico, agustiniano, etcétera- de confeccionar ´un cielo virtual en la tierra´ para cobijar con felicidad los cuerpos astrales holográficos y, en rigor de verdad, con el objetivo de lograr el más amplio control sobre individuos que, al fin de cuentas, lo aceptan dócilmente.

Frente a la miríada de autores, textos y referencias cruzadas, el volumen de Alonso y Arzoz incluye un Cd-Rom que, a su vez, reenvía a una página web titulada “Quién es quién en la cibercultura ampliada”. Este reservorio de información incluye múltiples entradas biográficas como la del propio Kaczynski.[24] Sería imposible y, por su parcialidad, carente de sentido nombrar a los conscientes o aleatorios partícipes de la construcción del Ciber-imperio. Rescato, a modo de trueque, uno de los que permitieron la concreción de la ´sociedad del simulacro´: “William Shakespeare [1564-1616]. Dramaturgo inglés. Genio del teatro que [entre otras] escribió la fascinante La tempestad, una suerte de anticipación de la realidad virtual… [con]… el juego entre la apariencia y la realidad, y la comunicación de la verdad por medios mágicos… Por otra parte, Shakespeare -cuya obra está plagada de recursos y motivos ciberculturales- es… uno de los autores con más presencia en Internet.”

La tempestad –alejada, en apariencia, del tema que nos convoca- permite pensar algunas cuestiones: i) la fuerza de la ciencia ficción (en su variante heterodoxa) para analizar la sociedad industrial; [25] ii) la pertinencia del simulacro y del barroco como categorías que evidencian la constitución de una realidad de doble fondo en base a la tecnología, la manipulación de la información, la propaganda; iii) la deriva en la conspiración, propiciada por esa doble realidad.

Esa obra de teatro de inicios del siglo XVII escenifica dos modi operandi que no han cejado, que se han intensificado y que, incluso, se han fusionado. El protagonista de La tempestad es Próspero. Este mago y político construye mediante sus saberes secretos una ´realidad alternativa´ –el naufragio- para vengarse de quienes, en el pasado y en Italia, lo despojaron de su poder y de sus posesiones. Los destinatarios de esa venganza, y en continuidad con el pasado -aun en medio de un desastroso naufragio (luego ficticio) y en la arena de una isla en apariencia desierta- conspiran y conspiran para tomar el control. De ambos lados, el poder (y la justicia) basados en mecanismos que engañan para someter.

La tempestad, y sus personajes, recibieron interpretaciones diversas y contradictorias. Alonso y Arzoz recuerdan que “…es uno de los modelos para el anarquismo de [Hakim] Bey, [al] representar la pasión por vivir fuera de las convenciones sociales.” Como se desprende de la mera lectura de la obra, la fábula no se sitúa en cualquier espacio del mundo conocido. La acción transcurre en el Caribe –o en las Bermudas-, como reflejo metropolitano de la invasión europea a estas tierras, ocurrida a fines del siglo XV. Con este dato en mente, a la lectura proto-anarquista se le puede añadir una menos complaciente.

Próspero vive en esa isla –ubicada acaso en América- con su hija Miranda y con dos sirvientes, Ariel, dedicado a complementar su magia, y Calibán, destinado a las tareas rudas. El nombre ´Calibán´ fue entendido de distintas maneras: derivado de caribbean; de cannibal; de cauliban (término gitano que significa ´oscuro´). Como sea, su figura es la del habitante del Nuevo Mundo, hijo de una bruja africana desterrada, y sometido a las voluntades ajenas que quieren dominarlo o con palabras (órdenes, promesas), o con licores y lujos futuros que nunca llegarán. Ese desastrado, quien por cierto le cuestiona a Próspero no haberle transmitido su ciencia, representaría al nativo sometido, y a la vez, al nativo que, a su modo, resiste frente al amo, y lucha así por su liberación.

En ese ir y venir de sentidos posibles, el extraño Calibán encarnaría un aleatorio ejemplo de lo que el historiador francés Serge Gruzinski denomina ´guerra de las imágenes´.[26] Aunque no lo proponga él en estos términos, el ciber-imperio, el ciber-mundo en el que se libra una batalla continua por la obtención del poder (económico, político) mediante una doble vía –bombardeo de imágenes, fogoneo de relatos- tiene su momento crucial en el arribo de Colón a las islas del Caribe. América fue a partir de ese momento -según Alonso y Arzoz, y en consonancia tácita con Gruzinski- un ´laboratorio de imágenes´ en el que se ensayaron diversas estrategias que permitieran el dominio mediato e inmediato de los millones de calibanes que habitamos los mundos periféricos. Que el M.I.T, que Hollywood, que Televisa, que O Globo estén en el continente americano no es, por supuesto, casual.

Esta ´guerra de imágenes y de relatos´, con centurias de tradición, es el humus propicio para realidades barrocas de doble fondo y, en consecuencia, para incesantes conspiraciones políticas voceadas, por lo general, con las mejores intenciones, pero, en lo concreto, con la búsqueda del beneficio propio –del grupo (secta, facción), de la corporación, de la casta.

Como lo estipuló el matemático descendiente de polacos, más allá de las palabras e intenciones, ningún actor ni de la derecha ni de la izquierda, ni de sus grises intermedios, ataca el uso de la tecnología, de las redes sociales, de Internet, de las huellas de aquí y de allá del cuerpo en los aeropuertos, del espionaje de e-mails, etcétera, etcétera, etcétera. La tecno-ciencia ha sido naturalizada incluso en países que se consideran anti-imperialistas.

La tecnología ha invadido la vida social y, aun cuando se trata de una de las formas más evidentes de dominación, de control y de generación de desigualdad, no se la discute. Es más, sin que a ningún medio de comunicación ni mucho menos político e ideólogos de turno, ni de un lado ni del otro, se le caigan los anillos, a la Cumbre de las Américas de este año, y con Julian Assange encerrado en una embajada sudamericana en Londres, asistieron los presidentes de todos los países… y el fundador de la atroz red social azul, fuente aberrante de espionaje virtual.[27]

Así las cosas, y olvidándonos de los consabidos reaccionarios, la tecnología se convirtió en una perfecta aliada de los progresistas quienes, definitivamente, pueden nadar y deslizarse por esa realidad de doble fondo que se ha instalado. Con el mayor cinismo posible –o por mera ambición- los militantes izquierdistas dicen, pregonan, alientan la liberación de esto y de aquello, la batalla aquí y allá contra el status quo –al que en muchos casos ellos representan- mientras conspiran para poder vivir la vida de los que en la arena pública son denominados ´enemigos´. Puede para el desprevenido y novel lector resultar un argumento extraño, pero es complejo desarmar la posición de Kaczynski: si existe alguna rémora para la lucha contra el sistema industrial -que debe ser detenido, desactivado-, ellos son los izquierdistas quienes –repito- mientras dicen luchar, confirman lo establecido.

Si la peor versión del izquierdismo surge en las últimas décadas del siglo XX, y la siguiente afirmación queda de mi lado, eso sucede en conexión con la explosión de los mundos virtuales.[28] El izquierdismo dice ir contra todos los aspectos del sistema industrial, menos contra el fundamental –la tecno-ciencia- porque de ella se nutre y por medio de ella promociona sus ´aciertos´ y, lo que es peor, construye universos ideales de luchas, combates, posicionamientos político-ideológicos, y en secreto anhelan lo que disfrutan los conservadores -estatus, dinero, jerarquías, beneficios, prebendas- porque, como sabemos, militantes izquierdistas de raigambre popular y sincera hay muchos, pero los falsarios, corruptos, advenedizos que rezan cualquier rosario para posicionarse son legión.

Hacia el final de La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski introduce una distinción: “Los izquierdistas más peligrosos -los más hambrientos de poder- con frecuencia se caracterizan por la arrogancia o por un enfoque dogmático de la ideología. No obstante, los más peligrosos de todos pueden ser sujetos sobresocializados que evitan despliegues irritantes de agresividad y se refrenan de hacer publicidad de su izquierdismo, pero trabajan rápido y promueven con discreción valores colectivistas, técnicas psicológicas ´ilustradas´ para socializar niños, la dependencia del individuo al sistema, y todo eso. Estos cripto-izquierdistas… están próximos a ciertos tipos burgueses en lo que atañe a acciones prácticas, pero difieren de ellos en psicología, ideología y motivación.” [# 230] [29]

La categoría ´cripto-izquierdista´ puede sumar un nuevo matiz si se entiende el concepto no solo en referencia a quienes trabajan en las sombras para que los ciudadanos permanezcan bajo control, sino también en lo que respecta a los que viven en el guiso de una inversión de valores. Son meros burgueses que han detectado los beneficios de la corrección política y a caballo de esa mistificación avanzan en la vida social empuñando la espada de combate con la mano izquierda y acumulando monedas con la derecha. El cripto-izquierdista y el cripto-burgués son cara y ceca del mismo e idéntico tapiz.

Argentina, por cercano, es caso testigo del estadio actual del sistema industrial en el que el uso de la tecnología se ha convertido en el feroz campo de batalla en el que se disputan los mapas ideológicos que sustentan la organización social. En Argentina conviven, al menos, dos realidades virtuales hostiles entre sí: por un lado, la de las fuerzas reaccionarias, conservadoras, elitistas, etcétera; por el otro, los eventuales disidentes del modelo anterior, es decir, fuerzas progresistas (izquierdistas), dinámicas, populares, que apuntan –o que apuntarían- al bienestar de la mayor parte de la población. (Dicha polarización es, sin dudas, nefasta además de falsa).

Esa tradición política de raigambre popular abreva, en sus orígenes, en la lógica conspirativa. Esa impronta se extiende hasta hoy. Si bien puede aplicarse la lógica del complot a toda la política tradicional, es innegable que en lo que atañe a las formas del peronismo, la conspiración en el fondo y la publicidad en la superficie es un método que ha hecho escuela. Una posible reconstrucción de esta dinámica aparece en Filosofía de la conspiración [2004] de Horacio González.[30]

En la ´guerra de relatos´ con virulencia desatada años atrás en la Argentina, y con sobradas señales de conspiraciones cruzadas con realidades virtuales, abundan los izquierdistas burgueses encriptados. Podría traer a cuento una larga lista de anécdotas y de chismografía ideológica que sustente mi diatriba. Como indiqué en el final de la tercera parte de este escrito, me interesa una de esas ratas ideológicas que dice luchar contra el status quo mientras hurga en el miasma de los privilegios obtenidos gracias a la necesidad ajena.

Esa historia requiere de un prólogo a modo de marco.

Hace un par de años, una joven mujer con sus convicciones intactas, una convencida activista progresista, una militante (fuente de esta anécdota) fue invitada a pasar unos días a una finca ubicada en un paradisíaco reducto de las profundidades provincianas, junto a su flamante pareja, también activista, también progresista. Esos días de folga mostraron temprano su faz oscura y apenas desembarcada la excursión en el reducto, la joven militante percibió que ese contexto de pares, que ese mundo en el que otros militantes libaban no era semejante al que mostraban en el fragor de la lucha por la liberación de no sé qué cadenas. Esta anécdota, que sintetizo y que no reproduzco más que en su núcleo, fue archivada en la común memoria oral bajo el membrete de ´Los dos Audis´. Familia de militantes, ideología progresista, profesionales universitarios, estrechas relaciones con la política, obtención de prebendas, contratos por obras públicas, tecnocracia teñida de izquierdismo, dinero y más dinero, mansiones, sirvientes, bellas mujeres siempre rubias, parques, piscinas, canchas, los dos Audis en el inmenso garaje, y de lunes a viernes de 10am a 20pm, y los sábados y los domingos, a veces, la defensa del modelo, del proyecto, de la brava lucha –siempre virtual, siempre tecnológica, siempre conspirativa- contra poderes aciagos que bastante se parece a la lucha contra la propia imagen en el espejo. (Y como telón de fondo, lo olvidaba, una profunda depresión, porque se milita a causa de una tristeza enorme por la pobreza pero no barrial, citadina, nacional, mundial. No. Por la pobreza personal. Por eso cumplen el proceso de poder como una piara entre las sobras.)

Ciber-realidad, militancia progresista, universidad, política tradicional, negociados, y la corrupción y la conspiración merodeando, son los hilos de una densa red en la que la mistificación, la hipocresía, la apropiación de las instituciones del Estado (o la aceptación de la cooptación en manos de), las conexiones turbias, la utilización y manipulación del ´oprimido´ en beneficio propio, son ingredientes del suculento plato. Sin dudas que a este esbozo le caben dos aclaraciones ya deslizadas: a) no todos los militantes son corruptos aunque en su mayor parte los líderes sí, b) no es esta una cuestión de banderas partidarias: en un gran número la militancia progresista funciona de modo semejante al de la política tradicional. Algún lector extraviado por aquí dirá que lo que digo es obvio. Me gustaría recordar que, al menos en la Argentina, la militancia progresista aboga por la defensa del ´pueblo´, por cambios, por soluciones igualitarias y hasta, en el colmo del delirio, por defender su usurpación del Estado como si de una ¡revolución! se tratara.

Horrendo vástago, la historia de la rata se desprende de la anécdota de ´Los dos Audis´ al reproducir paso por paso el patrón de comportamiento indicado: banderas sociales agitadas en aras del (bajo y básico y plenamente burgués) beneficio personal.

La Rata.

Una tarde, durante una charla en una vereda céntrica de la ciudad, frente al cuestionamiento a causa de lo conservadora, intolerante, racista, violenta e idiota que es la sociedad que allí germina -observaciones desprendidas de la conversa que llevábamos adelante con un tercer comparsa-, la Rata opinó que era así y que no había por qué pensar que cambiaría: en esta ciudad para ser reconocido y pertenecer a (vaya saber uno qué), o había que tener apellido tradicional, o había que tener dinero, o había que poseer alguna estirpe o alcurnia (típicas jerarquías de oropel propias del interior); si no, no existís, refrendó. Sorprendido, le pregunté con discreción si avalaba o describía la situación porque de tratarse de la primera opción sonaba un poco raro en boca de un militante defensor de lo que ustedes ya saben. La conversación se desvió, salió de ese estadio complejo y derivó en otras cuestiones, aunque hasta el final flotó en el aire la incómoda idea de que había sido dicho algo indebido.

Ese militante –la Rata- es argentino, tiene poco menos de treinta años, no es un profesor universitario, aunque se ocupa, trabaja, se desempeña en una de las dependencias de la universidad local -la productora audiovisual. Al mismo tiempo, milita en una organización progresista, en un sentido amplio, de izquierdista (o de centro-izquierda).

Su carta principal de presentación –así lo conocí- es haber dirigido un documental que cuenta la historia de un militante detenido-desaparecido-asesinado durante la última dictadura militar argentina [1976-1983]. En el primer intercambio de ideas que tuve con aquel, la conversación rondaba la posibilidad de filmar o no a un reconocido habitante de la ciudad en la que ocurre esta historia (ingenuo de mí). En determinado momento le sugerí que el rodaje podía ser complicado; ese sujeto era cascarrabias o díscolo y, entonces, el asombro: ´Cuando vas a filmar tenés que armar todo para sacar lo que querés´. Le respondí que sí, que entendía lo de la puesta en escena en un documental pero aun así…

Solo comprendí ´sacar lo que querés´ al ver su película.

Asistí a una proyección pública en uno de los espacios de militancia que el activista frecuentaba. El documental –de poco menos de una hora de duración- es un artefacto geminado en el que conviven dos filmes diferenciados por un salto temporal de casi veinticinco años. La primera parte cuenta la historia del abogado laboralista y su lucha en favor de los obreros contra una corporación cementera.[31] La narración está estructurada de forma clásica: infancia, primeros esfuerzos, primeros problemas, logro, transformación, caída. Luego de la caída –su asesinato-, la apoteosis que lo conduce al cielo de los mártires. En esa narración, los únicos enemigos son los militares en el poder. Bajo ningún aspecto, se ofrece una mirada sesgada sobre la militancia en aquella época que a modo de espejo les permita a los militantes del presente –mayoría en el auditorio- aprender de esos errores, de esos pasos en falso, o de lo que sea. Como dije, el resultado es la apoteosis y el heroísmo    -como si morirse como un perro con un tiro en la cabeza después de estar encerrado en una quinta (y con la esposa a punto de dar a luz) fuera encomiable.

Terminada la proyección, me acerqué y por la cortesía al uso le dije que me había gustado (no tuve el pulso para exponer lo que pensaba) y le indiqué que me había resultado rara la puesta en escena: a) la esposa aparece sentada en un sofá rojo cubierta por un vestido símil leopardo; se la ve feliz de –¡por fin!- acercarse a las candilejas; b) los hijos testimonian por separado y en ningún momento se reúnen entre ellos, ni con la madre; c) él único caso de un testimonio conjunto era el de dos amigos del militante desaparecido que, entre silencios y lágrimas, más hacían dudar que confirmar la historia que se estaba contando.

El director-militante me reconoció que era posible que hubiera otra historia, que de hecho la había, pero que no había podido contarla. La madre escondió durante años a sus hijos la verdad sobre la muerte del padre en manos de los militares y esos párvulos recién se enteraron del aciago suceso siendo adolescentes con todas las complicaciones que el silencio trae en esos casos. Desencantado con la trama familiar, uno de los hijos había comenzado a militar en una agrupación de descendientes de desaparecidos a mediados de los años noventa del siglo pasado. Todo eso era lo que no se podía contar.

Atónito regresé a mi asiento para el debate post-proyección. En la charla, intenté deslizar no ya aquella cuestión, sino el otro rasgo incómodo del film que ahora les reseño –y como podrán suponer fui abarajado en el aire y devuelto a mi silla mental.

El segundo documental dentro del documental cuenta la historia del juicio que se les siguió hace unos dos o tres años a los responsables del asesinato del abogado militante. El juicio por crímenes de lesa humanidad no es allí analizado. Se muestran testigos y acusados declarando, la condena y el festejo –entendible- de los familiares. La algarabía de estos no condice con la distancia que muestran en los testimonios personales.[32]

Pero había más. En la transición entre una parte y otra –entre los dos mini-documentales- se erguía extemporáneamente la figura del Líder político (ya fallecido) que a inicios de la primera década del siglo XXI, en un escenario social post-apocalíptico, reactivó la mística militante e impulsó –con innegable valor- los juicios contra los militares y civiles que habían cometido crímenes de lesa humanidad, como el mencionado en el documental. Si se deja de lado el dudoso recurso de la pantalla dividida y otros menesteres estéticos, el intempestivo salto de décadas resultaba chocante ya que en ningún momento en el film se anticipaba esa fusión temporal.

Simple: el documental era el escenario virtual preparado para ensalzar al Líder. La muerte-desaparición y el juicio eran tópicos fílmicamente interesantes porque alimentaban la incesante maquinaria publicitaria de la que el documental era y es un desprendimiento. Ni autocrítica, ni perspectiva sesgada, por lo menos, como gesto de amplitud de mirada hacia los de adentro. Ningún guiño, ninguna ventana al debate. Heroísmo y mesianismo al extremo. Y a eso había que llamarlo documental.[33]

Es como si los gritos en el desierto de Rodolfo Walsh –a los que me referí en la segunda parte de este escrito y en cuya tradición ideológica entronca el actual resurgir de adictos ideológicos- continuaran resonando entre los médanos de la militancia. Jerarquía, obediencia, verticalismo a cambio de prebendas. Autocrítica, nunca. No solo no se han recuperado con fervor las instancias críticas sino que, por el contrario como ese documental demuestra, se ha cristalizado el pasado, en una especie de mundo primitivo en el que buenos y malos, hombres y bestias, se diferencian claramente. Reconozco, sin dudas, que existen hoy voces críticas dentro del movimiento militante mayoritario. Lo complejo es que permanecen circunscriptas a las charlas de sobremesa.

¿Cuál es –me dirán- el problema de que alguien haga un documental que no me parece interesante ni bien acabado, que me impacta por su puesta en escena descuidada, por su poxiranesco salto temporal, por su olor a mala propaganda partidaria? No existe ningún problema, siempre y cuando ese (pésimo) panfleto audiovisual haya sido costeado por los bolsillos del propio director o por los de sus acólitos de doctrina… Pero no es el caso.

El film (sic) acerca del detenido-desaparecido-asesinado está financiado por Contenidos Audiovisuales de la universidad local, espacio en el que el director-militante trabaja. Este híbrido entre institución y partido político es un detalle. Puede tratarse de una acción artística lícita. Por ejemplo. La universidad decide participar de la discusión política a través de un aporte a la memoria histórica y encarga un documental. Si fuera así, aunque supongo que no lo es, lo mínimo que se le podría pedir al documentalista es rigurosidad en el manejo de los datos: no falsear, no manipular la historia –o, como dije, si quiere jugar en esas lides experimentales o panfletarias, y con esos parámetros, que se autofinancie.

Además, sería necesario revisar de qué manera ese ´realizador audiovisual´ llega a trabajar en una productora de contenidos audiovisuales dependiente de la universidad. Es posible que su condición de graduado –porque allí estudió- lo habilite, pero ¿entra a trabajar por concurso o de manera discrecional, accede por ser militante, por repetir el credo, por contactos, por presentación de proyecto? De qué manera es una pregunta importante. Son fondos públicos los que le dan vida a su monstruo (plagado de buenas intenciones, claro). Y son también fondos públicos –porque la historia continúa en círculo- los que le permiten al director progresista utilizar los equipos de filmación y de edición de la productora en cuestión para registrar actos partidarios, actos militantes, tal como consta, incluso, en fotos públicas compartidas sin pudor en las redes sociales.

Uno diría que, en principio, la militancia no debería ser una pequeña empresa. El grupo podría generar sus ingresos por medio de actividades, o aceptar la ayuda de otros militantes con cargos políticos, o permitir que el partido madre los sostenga… No tengo idea de cuál es la mejor opción. Sí sé que esos fondos no deberían salir de las universidades. Los espacios académicos, en su germen, son nichos de trabajo que deberían ser disputados por sujetos libres que ponen en consideración sus capacidades intelectuales y comunicativas, y no el tono de sus ligamentos para demostrar cuanto tiempo pueden sostener la genuflexión.

Libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad académica, lucha intelectual para la emancipación del ser humano… No se hagan ilusiones, nada de eso sucede en la universidad. Kaczynski, coherente, le dedicó algunas ´cartas´. Con sus libros, su ortodoxia, sus jerarquías y sus vidas entregadas, la universidad es el sucedáneo laico de la iglesia, otra institución pilar del complejo militar-industrial. Si uno quiere entender la esquizofrenia y la irracionalidad del capitalismo tardío bien podría apuntar allí sus intereses.[34]

Otros serán los problemas en otros espacios geográficos, en Argentina –donde las universidades son primordialmente estatales- sería necesario revisar esas instituciones poco resistentes al archivo en sus relaciones con la militancia política y con la política tradicional. Una quimera. Apenas si arriesgo una inocua ´carta-bomba´ contra los académicos y, en este caso, contra algún monaguillo. No comparto el uso de la violencia y es uno de los puntos que menos entiendo de Kaczynski, aunque comprenda su estrategia. Mi cortedad de entendederas me alcanza para publicar un texto enrevesado en un blog perdido y decir con la Rata como paradigma. En situaciones como las descriptas, el sujeto que funciona con doble rasero –realizador audiovisual académico; militante político-, como mínimo, o propone trabajos basados en la honestidad intelectual y demuestra talento (y así obviamos la manera espuria en la que accede al cargo) o que pase a cuarteles de invierno y que devuelva el dinero que -¡oh, ironía!- fue desviado de la necesidad de algún estudiante que podría haber recibido una beca. Vale decirlo: el ingrato fin de ese desvío fue fomentar la abulia digital del pichón de corrupto. (Alguien podrá preguntarme cuál es mi autoridad para decir qué está bien qué está mal en la factura audiovisual o de lo que sea perteneciente a otro; de acuerdo, pero dos aclaraciones: discuto el usufructo de dinero público al que se debería acceder por otras vías y no por participación en la misa comunal de la ortodoxia de turno; este mismo texto pedestre es autofinanciado; se trata, repito, de honestidad intelectual y de no hacerle pagar a los demás nuestros berretines, o en todo caso decir directamente –fináncienme, che– y no mutar repetidor de verdades a medias y ajenas.)

Que renuncien o que devuelvan el dinero. Es un tema que en este momento me excede –y tal vez me exceda por siempre. Detrás de la imposición del ciber-imperio, de ese mundo enloquecido de la propaganda y del bate parche audiovisual y multimedial, existe una lenta degradación de la cultura humanista que, con todos sus problemas, supo al menos crear sus anticuerpos y permitirse la autocrítica. Por machaque o por indiferencia del resto de la sociedad, puede hoy hacerse y decirse en arte, en cultura, en pensamiento, en política… cualquier cosa. Mientras se mantenga la obediencia al califa de turno, y en el territorio propicio, todo pasa, todo es aceptado, aprobado, editado y barnizado por la publicidad 2.0. Miles de Prósperos. Miles de millones de Calibanes.

Prometí no extenderme en la historia de otras ratas. Es inevitable cuanto menos indicar sus caminos, sus montoncitos y sus madrigueras.

En La tempestad Próspero menciona a las ratas que abandonan el barco desvencijado para graficar la podredumbre del navío al que lo condenan para expulsarlo, pero, se puede intuir, utiliza esos animalillos para figurar cómo fue abandonado por sus subordinados –el barco sería el ducado que regía- una vez que las intrigas palaciegas le quitaron el poder. En Hamlet, ´la rata´ está de igual forma asociada al conspirador político –la rata es Claudio, el tío de Hamlet; y la venganza orquestada por el príncipe, la ratonera.

El complot, la conspiración, los poderes en las sombras tienen su fuerza explicativa siempre y cuando aparezcan escenificados en algún tipo de ficción, de fábula que narre con cierta gracia la lucha contra fuerzas invisibles que revelan su presencia en el final del camino derrotadas, neutralizadas u opacadas para retornar en el momento menos deseado. Por el contrario, si la conspiración es utilizada para pensar la política real, el entramado económico aquí y ahora, el sujeto que esgrime esos argumentos es visto como un ingenuo, un crédulo, un paranoico que sigue el camino más fácil: creer que todo está manejado por hilos fuera de su alcance. El corolario es la inacción en las manos de una mente afiebrada.

Sin embargo, si se toman al azar algunos sucesos de los últimos meses, uno detecta que, por ejemplo, en Argentina ´muerte sospechosa, paranoia, complot, conspiración, servicios secretos, dobles agentes, traiciones varias, vendettas, suicidios que no lo son, etcétera´ son conceptos que abundan como la única forma de desentrañar lo que de otra manera es inenarrable e incomprensible.[35] En otra escala, pocos días atrás se desató a nivel planetario –en una de esas corporaciones que inundan segundo a segundo la iconosfera de ciber-espectáculos deportivos- una tormenta sin precedentes por casos de corrupción, que incluye a la política, escándalo en el que los investigadores oficiales hablaron sin tapujos de ´conspirador´, de ´co-conspirador´ y así. No es ninguna novedad –aunque ciertos sectores parecen verlo solo ahora- que los flujos descontrolados de dinero del capitalismo tardío derivan en corrupción, en complots incesantes que difícilmente sean desentrañados.

A pesar de ser una hipótesis banalizada sin cesar por los portadores de la corrección política e ideológica, la conspiración, los infiltrados, las sectas, la realidad de doble fondo (o de múltiples fondos) es una herramienta intelectual, si precaria, por lo menos eficaz.

La misma joven militante que –tal vez como catarsis- me contó la simpática anécdota de ´Los dos Audis´, en charlas complementarias, me confesó –hoy lo verá ella como un exceso de confianza- que por cercanía con esferas superiores de conducción, se sabía que desde hacía un par de años, y en previsión por un eventual abandono de la estructura del Estado luego de las elecciones del corriente año, las organizaciones militantes conectadas con el partido oficial de gobierno, habían comenzado sin prisa pero sin pausa a infiltrar con trabajadores adictos -militantes encubiertos- las dependencias estatales para preparar ´la resistencia por si en el país llegaba al gobierno la derecha´.

Ese planteo-confesión provocó, en su momento, un airado intercambio de ideas sobre lo lícito o no de la estrategia, pero, sea como fuere, y más allá de las evaluaciones, ese dato acerca de un movimiento –digamos, conspirativo- comenzado años atrás tuvo y tiene hechos concretos. El caso de la Rata -un caso menor por tratarse de un simple cronista de las batallas- es un ejemplo indiscutible de ese plan. Como es de suponer, existen infiltrados que deciden entrar a ocupar un puesto para ´hacerle el aguante al proyecto´, y existen conversos que tenían ese cargo en sus manos y que, ante el miedo de perderlo, siguieron el camino, con infinito menor brillo, idéntico al de Saulo de Tarso.

Quedarán los detalles para otro momento, si es que ese instante llega. A modo de síntesis podría indicarles que en mis paseos por la desquiciada selva de la organización social vernácula accedí de primera mano a la existencia de dobles agentes, infiltrados, conspiradores -mercenarios con la medallita al cuello indicando el nombre de su dueño-, i) en las dependencias de la universidad donde se desempeña el director-militante (conozco, entre otras, la deliciosa historia de un tecnócrata cuyo cinismo es más profundo que los negros abismos oceánicos); ii) en instituciones educativas no universitarias dependientes de la mencionada unidad académica (y me gustará algún día contar esa historia absurda); iii) en instituciones educativas provinciales (y en una, en particular, que ostenta en su corazón un medio de comunicación partidario, institución en la que fui apretado o conminado a sostener un discurso diferente del que propongo en mis tareas[36]); iv) ni hablar de lo que sucede en los gremios docentes: según la mirada de esos traidores, al igual que la de otros esbirros, vivimos una realidad poco menos que ideal, un mundo de fantasía y jauja, luchando contra enemigos que parecen estar siempre más allá y a los que veo acá, muy cerca… Porque a las ratas a simple vista es muy difícil verlas, pero en la tranquilidad de la noche se escuchan sus pasitos dirigiéndose hacia la madriguera.

Escribí, creo, de más. A mi alrededor, en charlas cotidianas, aleatorias, nada serias, esas de café o mate y tortas negras, me dijeron y me dicen que me calle, que no me conviene, que no hable, que diga otra cosa, que agache la cabeza, que me van a endilgar paranoia, que me van a diagnosticar insania, que soy un conservador, un reaccionario –modo de atacar al que no sabe rezar el rosario-, y que sea consciente de que categoría más categoría menos… Alguien sottovoce me dijo: ´se les fue la mano con el paladar negro, estamos viviendo algo así como un neofascismo, y sabés lo que significa intentar enfrentarlo´.

Un neofascismo ciber-condicionado, un mundo feliz construido de pura realidad virtual y de cifras incomprobables y de discursos, una revolución esplendorosa para quienes se pliegan y obtienen del carro en movimiento las migajas reales y simbólicas, de unas pocas monedas y de pertenecer a algo en este mundo gris y desvaído.

La realidad como delirio.

Y una tarde, la Rata hizo su mejor número. Estaba la horma cerca, iba a bailar de todos modos. Alentó, arengó y no dejó de arengar que la ciudad de esta historia era un irrefrenable ´polo audiovisual´. Polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, repitió, y no se cansó de repetir, polo audiovisual. Entendible. Aunque por las calles se ven solo las cámaras de los infinitos autos all-star (las de monitoreo ciudadano, ni funcionan, creo), en su madriguera, en su cueva, en ese espacio que debería ser público y que él ha optado por cooptar, las candilejas son otras, infinitas y, en sus términos, gratuitas, porque la estrella de su vida brilla con el dinero que les roba a quienes dice ayudar.

Humo –militancia política, universidad, producción artística e intelectual. Humo. Humo. Humo. Humo. Posta, es humo, como el de aquellos dos militantes –uno con cargo político, otro con una ciber-actividad- que luego de un espectáculo montado en el que uno se llevó los denarios y el otro la foto para mostrar, se miraron en la despedida, se abrazaron y se dijeron: ´sigamos ilusionando al pueblo, es lo que nos queda, que se diviertan, total nada va a cambiar

Humo, humo, humo. ¿Les resulta pesado digerir a Kaczynski que, al fin de cuentas, pide el fin del humo que es el fin de esta organización social? Los dejo entonces con otro polaco que, por esas casualidades, qué cosa no, anduvo por esta misma ciudad. Años antes de traer sus huesos esmerilados a restaurar, dijo –achicando el pedido de Kaczynski que pide parar el sistema en su totalidad: “…hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros.” Lo dijo Witold, que es Gombrowicz, en 1947, en Buenos Aires, en una conferencia, Contra los poetas.

Contra la militancia, por ahora, no digo más.[37]

[Tandil – 04 de mayo al 04 de junio de 2015]

Notas:

[1] Para la redacción de este texto, trabajo con la versión en inglés del manifiesto de Kaczynski acompañada por una traducción al castellano bastante discutible y que se encuentra disponible en la Red. Existe una edición española –editorial Isumatag, 2011- a la que no accedí y que supuestamente está avalada por el propio articulista. Es necesario considerar que tanto el texto inicial, como los detalles de la historia del activismo de Kaczynski, están mediados por las fuerzas de seguridad estadounidenses. En consecuencia, vale la prevención ante lo que se lee. En el final del documental alemán Das Netz [2003], se sugiere que las versiones que conocemos de La sociedad industrial y su futuro distan de lo que en su momento quiso publicar y proponer el matemático. (Allí también se pone entre paréntesis los atentados con ´cartas-bomba´).

[2] La sociedad industrial y su futuro consta de 232 párrafos. Al izquierdismo están dedicados 46, el 20 %.

[3] La militancia existe porque es no peligrosa. Cuando el poder de turno la considera peligrosa para su continuidad, la militancia es atacada. Algo semejante ocurre con otras actividades sustitutorias.

[4] Desconozco a qué genealogía puntualmente se refiere Kaczynski, pero el diagnóstico del enloquecimiento progresivo de este mundo en su configuración actual es compartido por un importante número de ´desquiciados´. Como no dispongo de espacio para indicar sus semejanzas, recomiendo leer y escuchar en paralelo el artículo aquí reseñado y la conferencia que el psicoterapeuta chileno Claudio Naranjo dictó en Buenos Aires [24-04-2013]: “Conocimiento transformador” [ Youtube.com ] En relación a la educación, la dominación, el lavado de cerebro, la publicidad optimista de vivir en un mundo maravilloso, la neurosis universal, la locura generalizada, la escasa productividad de la militancia y la crisis generalizada del sistema militar-industrial, Kaczynski y Naranjo coinciden. Detrás de sus posturas, dosis de anarquismo, autoconocimiento, filosofías orientales, etc.

[5] Podría confeccionarse una lista de suicidas que basaron su decisión en comprender que la vida en la sociedad actual carece casi de sentido. Otros –con una perspectiva semejante- no se suicidaron pero se inmolaron u optaron por el camino de la autodestrucción. Afirma Kaczynski en el párrafo 148: “El individuo cuyos actos lo llevan a un conflicto con el sistema está en contra de una fuerza demasiado poderosa como para conquistarla o para escapar de ella, por lo tanto es probable que sufra tensión, frustración, derrota. Su patología será mucho más fácil si piensa y se comporta como desea el sistema. En este sentido se está actuando en beneficio del individuo cuando se le lava el cerebro para que esté conforme.”

[6] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/

[7] A esta altura la novela es otro avatar en el mito Kaczynski. Me interesa su discusión, no sus rasgos reales. En estas tierras, un paradigma de las tergiversaciones es el escrito de Pablo Capanna “Unabomber, el aniquilador solitario” incluido en el volumen recopilatorio Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos [2009]. La mirada de Capanna no es caprichosa: responde a una perspectiva conservadora. Ese texto difamatorio fue publicado originariamente en un periódico de tirada masiva.

[8] En aquel fondo espejado habría que incluir a Nina, académica retirada y exiliada ruso-soviética que se interesa por Renzi. Por otro lado, en La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski se refiere por dos veces [#195; #217] a Fidel Castro y a Cuba, y en ambas de manera negativa. A modo de ejemplo, el significativo párrafo #195: “No hay garantía de que el sistema industrial pueda ser destruido al mismo tiempo en todo el mundo, y es posible que en el intento por derrocarlo, sea dominado por dictadores. Hay que correr ese peligro ya que la diferencia entre un sistema industrial ´democrático´ y uno controlado por dictadores es pequeña, comparada con la diferencia entre un sistema industrial y uno no industrial. (La estructura tecnológica y económica de una sociedad son bastante más importantes que su estructura política a la hora de determinar la manera en que vive el hombre medio; ver #95, #119). Puede discutirse que un sistema industrial controlado por dictadores sería preferible, porque normalmente se han demostrado ineficientes, por lo tanto es probable que colapse. Mirá Cuba.” El argumento de que los dictadores son preferibles conoció sus avatares en este mismo extremo país del Cono Sur.

[9] Supongo que Piglia disintió con la escalada hacia la lucha armada. Militante del PC, acaso prefería pensar la revolución como proceso al que se llega por la toma de conciencia de las masas (aunque no tengo plena seguridad, en este caso, de lo que afirmo). Sobre su relación con Rodolfo, ver el documental P4R+.Operación Walsh [1999] de Gustavo E. Gordillo [disponible YouTube].

[10] Sobre Walsh y la ALN pueden leer una biografía del escritor a cargo de Eduardo Jozami, La palabra y la acción [2006]; también de Rubén Furman, Puños y pistolas [2014], una historia de ese ´grupo de choque´; puede verse el programa, en cuatro capítulos, dirigido por Luciano Zito, Reconstrucción de un hombre [disponible en Youtube].

[11] Walsh, por supuesto, no está en El camino de Ida. Sin embargo, existe una sutil corriente subterránea que me gustaría señalar. Renzi, hacia el final de la novela, desanda el camino hacia la cárcel en la que está detenido Munk. Conoce a una joven estudiante de literatura comparada –Nancy Culler- que prepara una tesis acerca del ´terrorismo ecológico´ en la película de A. Hitchcock, Los pájaros. Nancy alardea: no escribirá sino que filmará su tesis, ´la primera disertación fílmica de la historia de los Estados Unidos´- titulada ´A vuelo de pájaro´. En su ensayo sobre Walsh, Viñas (2005, p. 254) apunta que en la forma de contar desde arriba de Walsh (una partida de ajedrez, por ejemplo) “…parecería que sobrevive una dimensión teológica.” Ese ademán de usar ´planos explicativos´ responde, según Viñas, a una constante en la forma de mirar en la literatura argentina, ´el vuelo de pájaro´.

[12] De esta manera, Walsh se incorpora a la lista de escritores argentinos heterodoxos –en un sentido diferente al que utiliza Viñas- en contacto con las herejías en un sentido amplio (ocultismo, esoterismo, cábala popular, hermetismo, gnosticismo, etc.). Esos autores, en un listado incompleto y restringido al siglo XX, son: Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Roberto Alrt, Jorge L. Borges, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Ernesto Sabato, Julio Cortázar, Manuel Puig y, con sus peculiaridades, el mismo Ricardo Piglia. (En todos esos herejes, con mayor o menor incidencia, la matriz de la ciencia ficción.)

[13] Hay un tercero en esta serie. En el escrito “Fabián Polosecki, mística y anarquismo” [https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/11/15/fabian-polosecki-mistica-y-anarquismo/] expongo con más detalle un tema que mencioné al pasar en el cuerpo del texto: anarquismo y cristianismo primitivo. A su vez, es muy interesante considerar los hilos invisibles que reúnen a Polosecki con los dos nombrados. Hilos: la militancia, la religión, la decepción, la crítica a la organización social (y a la célula revolucionaria), el retiro al Tigre, Conrad, la paranoia, la inmolación, la ética anti-, etc. En lo que respecta al suicidio de Polo, como Ted descendiente de polacos, dos comentarios: a) en la versión de Piglia, que Munk le pregunte por el cianuro a Renzi sugiere una leve chispa de arrepentimiento por no haber previsto ese detalle; haber caído en manos de las fuerzas de seguridad de ninguna manera fue un buen final de secuencia; b) su alocado enfrentamiento aquel 25 de marzo de 1977 con los militares y a los tiros, tiene todas las trazas de un suicidio disimulado por parte de Walsh; como muchos otros convencidos, v.g., su hija Vicky, fue al muere; se sabe que Walsh rechazaba el uso de la pastilla de cianuro y prefería el culto al coraje llevando consigo un revólver.

[14] El paradigma del escritor-periodista salvaje para Walsh era Ambrose Bierce, aunque esa es otra historia.

[15] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

[16] Sobre un tema tan complejo, envío a la discusión recogida por el volumen AA.VV., No matar. Sobre la responsabilidad [2007], Córdoba.

[17] Existe un patrón de ataque al disidente en el que, de una u otra forma, siempre se terminan por esgrimir los mismos argumentos. En el artículo “EE.UU.: cuatro cadenas perpetuas para Unabomber (El terrorista postal)” [1998] {LINK http://edant.clarin.com/diario/1998/05/05/i-03601d.htm }, Marina Aizen construye el monstruo en base a: i) problemas de identidad sexual (se menciona el intento de abuso contra una empleada de un comercio), ii) resentimiento y odio por no haberse insertado en la sociedad, iii) irracionalidad -locura- basada en la soledad. Ahora bien, cómo puede afirmarse que Kaczynski nunca ´se integró a la sociedad industrial´, cuando surgió de sus entrañas. Acaso nada tan competitivo ni elitista como el sistema universitario estadounidense, y Kaczynski recorrió esos pasillos sin que nadie diera cuenta de su desequilibrio. Solo cuando convirtió su hastío en acción, la brillantez académica no fue suficiente para considerarlo interesante.

[18] Puede tratarse de una radicalización en mi mirada sobre el escrito de Kaczynski. Sin embargo si se traspasa la extrañeza inicial de un escrito por momentos robótico, sus afirmaciones describen punto por punto la sociedad industrial. Las formas que adopta la violencia, y que están originadas en el avance de la tecnología por sobre la libertad y la autonomía humanas, son descriptas también por el manifiesto. Ofrezco un ejemplo de esos aciertos en https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/27/cyberlolita-kaczynski/

[19] Se supone que Kaczynski conoció de cerca –de hecho, habría sido un cobayo- experimentos con las personas en las universidades para detectar y mejorar técnicas de manipulación mental. Recomiendo el documental alemán Das Netz [2003] –disponible en Youtube.com como The Net.

[20] La tercera víctima es un empleado de un negocio de computación que –se supone- casualmente mueve el paquete destinado a otra persona con cargo jerárquico.

[21] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/25/kaczynski-contra-la-militancia-tres/

[22] Acerca de la relación entre la Red, el consumo de drogas y la religión (y, como siempre, la política), pueden repasar https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/ En todos los casos el aspecto común es la búsqueda de trascendencia. El problema son los medios para alcanzarla y las resultantes no deseadas de esas interrelaciones.

[23] El documental instala la sospecha sobre el contenido del Manifiesto, mediado por las fuerzas de seguridad estadounidenses (ver nota al pie, Parte I). La línea argumentativa del documental sería: realmente Kaczynski tiene razón y las intenciones de los ciber-profetas no son nada buenas (ver nota al pie, Parte III).

[24] “Matemático y escritor norteamericano, también conocido como ´Unabomber´. Enseñaba matemáticas en la Universidad de Berkeley hasta que, desencantado con la evolución de la sociedad americana, se convirtió en ermitaño y terrorista neoludita, al enviar paquetes-bomba a personajes representativos del mundo de la informática ­profesores y empresarios [Bill Gates tuvo el dudoso privilegio de recibir varias docenas de estos paquetes en Seattle]­, pues los consideraba responsables de la inexorable destrucción de la humanidad. Escribió Industrial Society and Its Future [El manifiesto Unabomber], que fue publicado por The Washington Post en 1995, como una forma de chantaje, pues Kaczynski prometió dejar de enviar bombas si se publicaba en primera plana. Este trabajo de crítica apocalíptica contra la tecnología, dada su calidad, despertó las sospechas del FBI, pues se creyó que su autor era un verdadero intelectual, extendiendo su investigación a la comunidad universitaria americana, entre ellos a personalidades como Illich y Zerzan.” A partir de estos eventuales sosías –Iván Illich y John Zerzan-, y del antes mencionado Hakim Bey, a Kaczynski se lo puede alistar a una serie de intelectuales recalcitrantes como Hans Jonas, Peter Watkins, Claudio Naranjo.

[25] Sobre ciencia ficción heterodoxa, hereje, hermética: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/ciencia-ficcion-hereje-2013/

[26] Ver Serge Gruzinski. El pensamiento mestizo [2000]; La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019) [2001]. Desarrollo su postura en “Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]”, disponible en https://independent.academia.edu/RobertoLepori En este blog utilicé la categoría ´guerra de las imágenes´ en artículos como A) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/vem-pra-rua-vem-una-guerra-de-imagenes/; B) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/o-brasil-deveria-libertar-se-da-globo/

[27] Elijo al azar una crónica del encuentro: http://www.perfil.com/politica/Como-fue-la-reunion-de-Cristina-con-Mark-Zuckerberg–20150411-0081.html

[28] Para tener una leve dimensión de cómo la política utiliza ideológicamente la tecno-ciencia, pueden ver la Wiki de Florencio Randazzo, pre-candidato a presidente. Link http://lawikiderandazzo.com/

[29] Continúa: “El burgués corriente intenta llevar a la gente bajo el control del sistema para proteger su modo de vida, o lo hace simplemente porque sus actitudes son convencionales. El cripto-izquierdista intenta llevar a la gente bajo el control del sistema porque es un Verdadero Creyente en una ideología colectivista. Se diferencia del izquierdista medio sobresocializado por el hecho de que su impulso de rebeldía es más débil y está más firmemente socializado. Se diferencia del burgués corriente bien socializado por el hecho de que hay una profunda carencia en su interior que le hace necesario consagrarse a una causa y sumergirse en una colectividad. Y puede que su impulso (bien sublimado) por el poder sea más fuerte que el del burgués medio.”

[30] Me refiero a este libro en la Parte II. Dice González (2004, p. 266) acerca de la llegada de Perón al poder: “Fundado a comienzos de 1943 y disuelto en 1945, el GOU reitera las mismas tecnologías de organización clandestina y los atributos del logos conspirativo. El poder no es un poder de la técnica materializada en aparatos de servicios y gobierno, sino el gobierno de los hombres ensamblados por formas sigilosas y paralelas de disciplina.” Por azar, hoy se cumplen setenta y dos años de la exitosa conspiración que llevó al GOU al poder y que propició la escalada de Perón a la presidencia. González en 2004 denominaba a esa conspiración ´golpe de Estado´. Denominarlo de otra forma, por ejemplo ´revolución´, sería adoptar como punto de vista válido el del grupo de militares. En ese caso, lo de 1955 también es una ´revolución´ y lo de 1976 también es un ´proceso de reorganización´. Pues bien, un joven crítico literario que trabaja en una universidad metropolitana, adicto a la actual ortodoxia, en un volumen en el que ensalza de forma bastante parcial e improvisada a Rodolfo Walsh, quien merecería un mejor aeda, acepta la idea de que el ´golpe de Estado´ del 4 de junio de 1943 es una ´revolución´. ¿Descuido? ¿Ignorancia? ¿Complicidad? ¿Militarismo? ¿Desinterés por la democracia? En un futuro, supongo, intentaré escribir sobre ese caso particular.

[31] El director-militante es oriundo de la misma ciudad que el abogado asesinado, ubicada a unas dos horas del territorio en el que suceden parte sustancial de estos hechos.

[32] “Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.” La sociedad industrial y su futuro [#17]

[33] La factura de ese documental se opone punto por punto a posturas ideológicas críticas como la del británico Peter Watkins – https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/10/29/maldito-watkins/

[34] Sobre corrupción en la universidad, en este caso, la UBA http://www.telam.com.ar/notas/201505/105222-uba-conflicto-denuncias-causas-judiciales.php

[35] Sobre complot, conspiración, política tradicional, literatura paranoica, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/02/14/doscientas-ochenta-y-nueve-fojas/ La relación entre conspiración, política, universidad, servicios de inteligencia, quedan evidenciados en casos como el de un académico vicerrector espía http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html

[36] Una versión de esa historia de apriete institucional es contada en el siguiente post https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ Preciso aclarar que el único dato identificable, aunque no aparezca en el cuerpo del texto, es el nombre de la ciudad escenario de esta historia. Me reservo la identidad de los personajes mencionados. Esos sujetos no son originales en sus prácticas. Si algo tiene de divertido el fascismo –terrible en otros aspectos- es el de la previsibilidad.

[37] Versión parcial https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/06/04/kaczynski-contra-la-militancia-cuatro/

Kaczynski, contra la militancia [cuatro]

“Nor tackle, sail, nor mast; the very rats
Instinctively had quit it: there they hoist us…”
[“Ni aparejos, ni velas, ni mástil; las ratas
Por instinto lo habían abandonado: allí nos subieron…]

“Shakespeare (oculto maestro cibercultural)…”

Ted Kaczynski denomina ´sociedad industrial´ a un constructo que recibe otras categorizaciones: sociedad del espectáculo, sociedad de consumo, capitalismo posindustrial, capitalismo tardío, complejo militar-industrial, ciber-imperio. La crítica del matemático apunta, en su núcleo, a la lenta intromisión de la tecnología (o tecno-ciencia) en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, aquello que era lo habitual –para no decir lo natural– en el ser humano, esto es, la obtención de comida, refugio, seguridad, fue retirado de su esfera de acción, y a modo de placebo se le ofreció una serie de actividades sustitutorias que no han logrado más que deprimir, violentar, volverlo airado. Dice el párrafo 145 de La sociedad industrial y su futuro: “Imagina una sociedad que somete a los individuos a condiciones que los hacen infelices y que les da drogas para contrarrestar la infelicidad. ¿Ciencia ficción? Ya está ocurriendo en nuestra sociedad. La tasa de depresiones clínicas se ha incrementado en las décadas recientes. Y creemos que se debe al colapso del proceso de poder… […] En vez de extirpar las condiciones que hacen que la gente esté deprimida, la sociedad moderna les da antidepresivos que modifican el estado interno para que el individuo tolere las condiciones sociales que de otra manera encontraría intolerables.”[1] Este es uno de los métodos de control del comportamiento utilizado entre los humanos [#146]. Existen otros, como, por ejemplo, a) ´las técnicas de vigilancia´ (cámaras que filman, computadoras que procesan información sobre los individuos), b) ´la propaganda´ (medios de comunicación de masas), c) “La industria del entretenimiento es una importante herramienta psicológica del sistema. […] Le proporciona al ser humano un medio de escape. Mientras es absorbido por la televisión, los videos, etc., olvida la tensión, la ansiedad, la frustración, la insatisfacción. Muchos de los llamados primitivos cuando no tienen ningún trabajo que hacer, se sientan durante horas sin hacer nada porque están en paz consigo mismos y con su mundo. Pero la mayoría de la gente moderna debe estar constantemente ocupada o entretenida, de otro modo se ´aburre´, se vuelve inquieta, incómoda, irritable.” [#147] La irritación, la incomodidad, la inquietud está originada en la pérdida de la autonomía y de la libertad.

La actual organización social es una compleja red en la que cada individuo funciona a modo de engranaje necesario. Cualquier desvío que atente contra la sustentabilidad es sancionado. De esa trama a gran escala participan ´los servicios públicos´, ´las redes de computadoras´, ´los sistemas de autopistas´, ´los modernos servicios de salud´, ´los medios de comunicación de masas´ (mass communications media) [#118]. Un conglomerado de acciones basado en el desarrollo de la tecnología sostiene la sociedad industrial aunque, por razones obvias, y sobre todo en cuanto al convencimiento, los medios de comunicación son los que barnizan una realidad que no soporta la uña de la duda sobre su superficie. La tecnología, en general, es el elemento disruptor en la conformación social actual y los medios de comunicación, en particular, el soporte ideológico. Junto al sistema educativo, los medios de comunicación mayoritarios (mainstream communications media) enarbolan los valores que la sociedad industrial defiende en términos nominales [#28]. Esos medios (mass media), en gran parte, son controlados por corporaciones integradas al sistema [#96]. Es una lógica tan cristalizada que quienes alegan ser detractores –activistas o militantes de izquierda (tal vez la más importante entre las actividades sustitutorias)- una vez que ocupan el poder, mantienen la usina de injusticias que gritaban combatir: “Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan entusiasmados para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216] [2]

En La sociedad industrial y su futuro de 1995, Kaczynski menciona por única vez Internet en el párrafo 96 al explicar y justificar el uso de la violencia en las muertes provocadas por sus ´cartas-bomba´. Reconoce que la Red hubiera sido un medio para difundir el manifiesto, pero sabe que entre la maraña de publicaciones, habría pasado al olvido. Esa mención no responde a un color de época. Como cuenta el documental alemán Das Netz [2003], al mismo tiempo que Kaczynski se distanciaba del mundo, entre fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta, en espacios vecinos (Harvard, Berkeley) se pergeñaba el acabado final del universo regido por Internet que explotaría en pocas décadas. Fue Kaczynski un testigo directo –y se supone, también, un cobayo- en el armado de esta versión de la sociedad industrial a la que otros denominan Ciber-Imperio.[3]

Una de las biblias del ciber-mundo es el volumen de los españoles Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, La Nueva Ciudad de Dios [2002]. En esta enciclopedia, los críticos recopiladores reconstruyen el camino centenario, y milenario, de ese anhelo -platónico, agustiniano, etcétera- de confeccionar ´un cielo virtual en la tierra´ para cobijar con felicidad los cuerpos astrales holográficos y, en rigor de verdad, con el objetivo de lograr el más amplio control sobre individuos que, al fin de cuentas, lo aceptan dócilmente.

Frente a la miríada de autores, textos y referencias cruzadas, el volumen de Alonso y Arzoz incluye un Cd-Rom que, a su vez, reenvía a una página web titulada “Quién es quién en la cibercultura ampliada”. Este reservorio de información incluye múltiples entradas biográficas como la del propio Kaczynski.[4] Sería imposible y, por su parcialidad, carente de sentido nombrar a los conscientes o aleatorios partícipes de la construcción del Ciber-imperio. Rescato, a modo de trueque, uno de los que permitieron la concreción de la ´sociedad del simulacro´: “William Shakespeare [1564-1616]. Dramaturgo inglés. Genio del teatro que [entre otras] escribió la fascinante La tempestad, una suerte de anticipación de la realidad virtual… [con]… el juego entre la apariencia y la realidad, y la comunicación de la verdad por medios mágicos… Por otra parte, Shakespeare -cuya obra está plagada de recursos y motivos ciberculturales- es… uno de los autores con más presencia en Internet.”

La tempestad –alejada, en apariencia, del tema que nos convoca- permite pensar algunas cuestiones: i) la fuerza de la ciencia ficción (en su variante heterodoxa) para analizar la sociedad industrial; [5] ii) la pertinencia del simulacro y del barroco como categorías que evidencian la constitución de una realidad de doble fondo en base a la tecnología, la manipulación de la información, la propaganda; iii) la deriva en la conspiración, propiciada por esa doble realidad.

Esa obra de teatro de inicios del siglo XVII escenifica dos modi operandi que no han cejado, que se han intensificado y que, incluso, se han fusionado. El protagonista de La tempestad es Próspero. Este mago y político construye mediante sus saberes secretos una ´realidad alternativa´ –el naufragio- para vengarse de quienes, en el pasado y en Italia, lo despojaron de su poder y de sus posesiones. Los destinatarios de esa venganza, y en continuidad con el pasado -aun en medio de un desastroso naufragio (luego ficticio) y en la arena de una isla en apariencia desierta- conspiran y conspiran para tomar el control. De ambos lados, el poder (y la justicia) basados en mecanismos que engañan para someter.

La tempestad, y sus personajes, recibieron interpretaciones diversas y contradictorias. Alonso y Arzoz recuerdan que “…es uno de los modelos para el anarquismo de [Hakim] Bey, [al] representar la pasión por vivir fuera de las convenciones sociales.” Como se desprende de la mera lectura de la obra, la fábula no se sitúa en cualquier espacio del mundo conocido. La acción transcurre en el Caribe –o en las Bermudas-, como reflejo metropolitano de la invasión europea a estas tierras, ocurrida a fines del siglo XV. Con este dato en mente, a la lectura proto-anarquista se le puede añadir una menos complaciente.

Próspero vive en esa isla –ubicada acaso en América- con su hija Miranda y con dos sirvientes, Ariel, dedicado a complementar su magia, y Calibán, destinado a las tareas rudas. El nombre ´Calibán´ fue entendido de distintas maneras: derivado de caribbean; de cannibal; de cauliban (término gitano que significa ´oscuro´). Como sea, su figura es la del habitante del Nuevo Mundo, hijo de una bruja africana desterrada, y sometido a las voluntades ajenas que quieren dominarlo o con palabras (órdenes, promesas), o con licores y lujos futuros que nunca llegarán. Ese desastrado, quien por cierto le cuestiona a Próspero no haberle transmitido su ciencia, representaría al nativo sometido, y a la vez, al nativo que, a su modo, resiste frente al amo, y lucha así por su liberación.

En ese ir y venir de sentidos posibles, el extraño Calibán encarnaría un aleatorio ejemplo de lo que el historiador francés Serge Gruzinski denomina ´guerra de las imágenes´.[6] Aunque no lo proponga él en estos términos, el ciber-imperio, el ciber-mundo en el que se libra una batalla continua por la obtención del poder (económico, político) mediante una doble vía –bombardeo de imágenes, fogoneo de relatos- tiene su momento crucial en el arribo de Colón a las islas del Caribe. América fue a partir de ese momento -según Alonso y Arzoz, y en consonancia tácita con Gruzinski- un ´laboratorio de imágenes´ en el que se ensayaron diversas estrategias que permitieran el dominio mediato e inmediato de los millones de calibanes que habitamos los mundos periféricos. Que el M.I.T, que Hollywood, que Televisa, que O Globo estén en el continente americano no es, por supuesto, casual.

Esta ´guerra de imágenes y de relatos´, con centurias de tradición, es el humus propicio para realidades barrocas de doble fondo y, en consecuencia, para incesantes conspiraciones políticas voceadas, por lo general, con las mejores intenciones, pero, en lo concreto, con la búsqueda del beneficio propio –del grupo (secta, facción), de la corporación, de la casta.

Como lo estipuló el matemático descendiente de polacos, más allá de las palabras e intenciones, ningún actor ni de la derecha ni de la izquierda, ni de sus grises intermedios, ataca el uso de la tecnología, de las redes sociales, de Internet, de las huellas de aquí y de allá del cuerpo en los aeropuertos, del espionaje de e-mails, etcétera, etcétera, etcétera. La tecno-ciencia ha sido naturalizada incluso en países que se consideran anti-imperialistas.

La tecnología ha invadido la vida social y, aun cuando se trata de una de las formas más evidentes de dominación, de control y de generación de desigualdad, no se la discute. Es más, sin que a ningún medio de comunicación ni mucho menos político e ideólogos de turno, ni de un lado ni del otro, se le caigan los anillos, a la Cumbre de las Américas de este año, y con Julian Assange encerrado en una embajada sudamericana en Londres, asistieron los presidentes de todos los países… y el fundador de la atroz red social azul, fuente aberrante de espionaje virtual.[7]

Así las cosas, y olvidándonos de los consabidos reaccionarios, la tecnología se convirtió en una perfecta aliada de los progresistas quienes, definitivamente, pueden nadar y deslizarse por esa realidad de doble fondo que se ha instalado. Con el mayor cinismo posible –o por mera ambición- los militantes izquierdistas dicen, pregonan, alientan la liberación de esto y de aquello, la batalla aquí y allá contra el status quo –al que en muchos casos ellos representan- mientras conspiran para poder vivir la vida de los que en la arena pública son denominados ´enemigos´. Puede para el desprevenido y novel lector resultar un argumento extraño, pero es complejo desarmar la posición de Kaczynski: si existe alguna rémora para la lucha contra el sistema industrial -que debe ser detenido, desactivado-, ellos son los izquierdistas quienes –repito- mientras dicen luchar, confirman lo establecido.

Si la peor versión del izquierdismo surge en las últimas décadas del siglo XX, y la siguiente afirmación queda de mi lado, eso sucede en conexión con la explosión de los mundos virtuales.[8] El izquierdismo dice ir contra todos los aspectos del sistema industrial, menos contra el fundamental –la tecno-ciencia- porque de ella se nutre y por medio de ella promociona sus ´aciertos´ y, lo que es peor, construye universos ideales de luchas, combates, posicionamientos político-ideológicos, y en secreto anhelan lo que disfrutan los conservadores -estatus, dinero, jerarquías, beneficios, prebendas- porque, como sabemos, militantes izquierdistas de raigambre popular y sincera hay muchos, pero los falsarios, corruptos, advenedizos que rezan cualquier rosario para posicionarse son legión.

Hacia el final de La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski introduce una distinción: “Los izquierdistas más peligrosos -los más hambrientos de poder- con frecuencia se caracterizan por la arrogancia o por un enfoque dogmático de la ideología. No obstante, los más peligrosos de todos pueden ser sujetos sobresocializados que evitan despliegues irritantes de agresividad y se refrenan de hacer publicidad de su izquierdismo, pero trabajan rápido y promueven con discreción valores colectivistas, técnicas psicológicas ´ilustradas´ para socializar niños, la dependencia del individuo al sistema, y todo eso. Estos cripto-izquierdistas… están próximos a ciertos tipos burgueses en lo que atañe a acciones prácticas, pero difieren de ellos en psicología, ideología y motivación.” [# 230] [9]

La categoría ´cripto-izquierdista´ puede sumar un nuevo matiz si se entiende el concepto no solo en referencia a quienes trabajan en las sombras para que los ciudadanos permanezcan bajo control, sino también en lo que respecta a los que viven en el guiso de una inversión de valores. Son meros burgueses que han detectado los beneficios de la corrección política y a caballo de esa mistificación avanzan en la vida social empuñando la espada de combate con la mano izquierda y acumulando monedas con la derecha. El cripto-izquierdista y el cripto-burgués son cara y ceca del mismo e idéntico tapiz.

Argentina, por cercano, es caso testigo del estadio actual del sistema industrial en el que el uso de la tecnología se ha convertido en el feroz campo de batalla en el que se disputan los mapas ideológicos que sustentan la organización social. En Argentina conviven, al menos, dos realidades virtuales hostiles entre sí: por un lado, la de las fuerzas reaccionarias, conservadoras, elitistas, etcétera; por el otro, los eventuales disidentes del modelo anterior, es decir, fuerzas progresistas (izquierdistas), dinámicas, populares, que apuntan –o que apuntarían- al bienestar de la mayor parte de la población. (Dicha polarización es, sin dudas, nefasta además de falsa).

Esa tradición política de raigambre popular abreva, en sus orígenes, en la lógica conspirativa. Esa impronta se extiende hasta hoy. Si bien puede aplicarse la lógica del complot a toda la política tradicional, es innegable que en lo que atañe a las formas del peronismo, la conspiración en el fondo y la publicidad en la superficie es un método que ha hecho escuela. Una posible reconstrucción de esta dinámica aparece en Filosofía de la conspiración [2004] de Horacio González.[10]

En la ´guerra de relatos´ con virulencia desatada años atrás en la Argentina, y con sobradas señales de conspiraciones cruzadas con realidades virtuales, abundan los izquierdistas burgueses encriptados. Podría traer a cuento una larga lista de anécdotas y de chismografía ideológica que sustente mi diatriba. Como indiqué en el final de la tercera parte de este escrito, me interesa una de esas ratas ideológicas que dice luchar contra el status quo mientras hurga en el miasma de los privilegios obtenidos gracias a la necesidad ajena.

Esa historia requiere de un prólogo a modo de marco.

Hace un par de años, una joven mujer con sus convicciones intactas, una convencida activista progresista, una militante (fuente de esta anécdota) fue invitada a pasar unos días a una finca ubicada en un paradisíaco reducto de las profundidades provincianas, junto a su flamante pareja, también activista, también progresista. Esos días de folga mostraron temprano su faz oscura y apenas desembarcada la excursión en el reducto, la joven militante percibió que ese contexto de pares, que ese mundo en el que otros militantes libaban no era semejante al que mostraban en el fragor de la lucha por la liberación de no sé qué cadenas. Esta anécdota, que sintetizo y que no reproduzco más que en su núcleo, fue archivada en la común memoria oral bajo el membrete de ´Los dos Audis´. Familia de militantes, ideología progresista, profesionales universitarios, estrechas relaciones con la política, obtención de prebendas, contratos por obras públicas, tecnocracia teñida de izquierdismo, dinero y más dinero, mansiones, sirvientes, bellas mujeres siempre rubias, parques, piscinas, canchas, los dos Audis en el inmenso garaje, y de lunes a viernes de 10am a 20pm, y los sábados y los domingos, a veces, la defensa del modelo, del proyecto, de la brava lucha –siempre virtual, siempre tecnológica, siempre conspirativa- contra poderes aciagos que bastante se parece a la lucha contra la propia imagen en el espejo. (Y como telón de fondo, lo olvidaba, una profunda depresión, porque se milita a causa de una tristeza enorme por la pobreza pero no barrial, citadina, nacional, mundial. No. Por la pobreza personal. Por eso cumplen el proceso de poder como una piara entre las sobras.)

Ciber-realidad, militancia progresista, universidad, política tradicional, negociados, y la corrupción y la conspiración merodeando, son los hilos de una densa red en la que la mistificación, la hipocresía, la apropiación de las instituciones del Estado (o la aceptación de la cooptación en manos de), las conexiones turbias, la utilización y manipulación del ´oprimido´ en beneficio propio, son ingredientes del suculento plato. Sin dudas que a este esbozo le caben dos aclaraciones ya deslizadas: a) no todos los militantes son corruptos aunque en su mayor parte los líderes sí, b) no es esta una cuestión de banderas partidarias: en un gran número la militancia progresista funciona de modo semejante al de la política tradicional. Algún lector extraviado por aquí dirá que lo que digo es obvio. Me gustaría recordar que, al menos en la Argentina, la militancia progresista aboga por la defensa del ´pueblo´, por cambios, por soluciones igualitarias y hasta, en el colmo del delirio, por defender su usurpación del Estado como si de una ¡revolución! se tratara.

Horrendo vástago, la historia de la rata se desprende de la anécdota de ´Los dos Audis´ al reproducir paso por paso el patrón de comportamiento indicado: banderas sociales agitadas en aras del (bajo y básico y plenamente burgués) beneficio personal.

Con ustedes, la Rata.

Una tarde, durante una charla en una vereda céntrica de la ciudad, frente al cuestionamiento a causa de lo conservadora, intolerante, racista, violenta e idiota que es la sociedad que allí germina -observaciones desprendidas de la conversa que llevábamos adelante con un tercer comparsa-, la Rata opinó que era así y que no había por qué pensar que cambiaría: en esta ciudad para ser reconocido y pertenecer a (vaya saber uno qué), o había que tener apellido tradicional, o había que tener dinero, o había que poseer alguna estirpe o alcurnia (típicas jerarquías de oropel propias del interior); si no, no existís, refrendó. Sorprendido, le pregunté con discreción si avalaba o describía la situación porque de tratarse de la primera opción sonaba un poco raro en boca de un militante defensor de lo que ustedes ya saben. La conversación se desvió, salió de ese estadio complejo y derivó en otras cuestiones, aunque hasta el final flotó en el aire la incómoda idea de que había sido dicho algo indebido.

Ese militante –la Rata- es argentino, tiene poco menos de treinta años, no es un profesor universitario, aunque se ocupa, trabaja, se desempeña en una de las dependencias de la universidad local -la productora audiovisual. Al mismo tiempo, milita en una organización progresista, en un sentido amplio, de izquierdista (o de centro-izquierda).

Su carta principal de presentación –así lo conocí- es haber dirigido un documental que cuenta la historia de un militante detenido-desaparecido-asesinado durante la última dictadura militar argentina [1976-1983]. En el primer intercambio de ideas que tuve con aquel, la conversación rondaba la posibilidad de filmar o no a un reconocido habitante de la ciudad en la que ocurre esta historia (ingenuo de mí). En determinado momento le sugerí que el rodaje podía ser complicado; ese sujeto era cascarrabias o díscolo y, entonces, el asombro: ´Cuando vas a filmar tenés que armar todo para sacar lo que querés´. Le respondí que sí, que entendía lo de la puesta en escena en un documental pero aun así…

Solo comprendí ´sacar lo que querés´ al ver su película.

Asistí a una proyección pública en uno de los espacios de militancia que el activista frecuentaba. El documental –de poco menos de una hora de duración- es un artefacto geminado en el que conviven dos filmes diferenciados por un salto temporal de casi veinticinco años. La primera parte cuenta la historia del abogado laboralista y su lucha en favor de los obreros contra una corporación cementera.[11] La narración está estructurada de forma clásica: infancia, primeros esfuerzos, primeros problemas, logro, transformación, caída. Luego de la caída –su asesinato-, la apoteosis que lo conduce al cielo de los mártires. En esa narración, los únicos enemigos son los militares en el poder. Bajo ningún aspecto, se ofrece una mirada sesgada sobre la militancia en aquella época que a modo de espejo les permita a los militantes del presente –mayoría en el auditorio- aprender de esos errores, de esos pasos en falso, o de lo que sea. Como dije, el resultado es la apoteosis y el heroísmo    -como si morirse como un perro con un tiro en la cabeza después de estar encerrado en una quinta (y con la esposa a punto de dar a luz) fuera encomiable.

Terminada la proyección, me acerqué y por la cortesía al uso le dije que me había gustado (no tuve el pulso para exponer lo que pensaba) y le indiqué que me había resultado rara la puesta en escena: a) la esposa aparece sentada en un sofá rojo cubierta por un vestido símil leopardo; se la ve feliz de –¡por fin!- acercarse a las candilejas; b) los hijos testimonian por separado y en ningún momento se reúnen entre ellos, ni con la madre; c) él único caso de un testimonio conjunto era el de dos amigos del militante desaparecido que, entre silencios y lágrimas, más hacían dudar que confirmar la historia que se estaba contando.

El director-militante me reconoció que era posible que hubiera otra historia, que de hecho la había, pero que no había podido contarla. La madre escondió durante años a sus hijos la verdad sobre la muerte del padre en manos de los militares y esos párvulos recién se enteraron del aciago suceso siendo adolescentes con todas las complicaciones que el silencio trae en esos casos. Desencantado con la trama familiar, uno de los hijos había comenzado a militar en una agrupación de descendientes de desaparecidos a mediados de los años noventa del siglo pasado. Todo eso era lo que no se podía contar.

Atónito regresé a mi asiento para el debate post-proyección. En la charla, intenté deslizar no ya aquella cuestión, sino el otro rasgo incómodo del film que ahora les reseño –y como podrán suponer fui abarajado en el aire y devuelto a mi silla mental.

El segundo documental dentro del documental cuenta la historia del juicio que se les siguió hace unos dos o tres años a los responsables del asesinato del abogado militante. El juicio por crímenes de lesa humanidad no es allí analizado. Se muestran testigos y acusados declarando, la condena y el festejo –entendible- de los familiares. La algarabía de estos no condice con la distancia que muestran en los testimonios personales.[12]

Pero había más. En la transición entre una parte y otra –entre los dos mini-documentales- se erguía extemporáneamente la figura del Líder político (ya fallecido) que a inicios de la primera década del siglo XXI, en un escenario social post-apocalíptico, reactivó la mística militante e impulsó –con innegable valor- los juicios contra los militares y civiles que habían cometido crímenes de lesa humanidad, como el mencionado en el documental. Si se deja de lado el dudoso recurso de la pantalla dividida y otros menesteres estéticos, el intempestivo salto de décadas resultaba chocante ya que en ningún momento en el film se anticipaba esa fusión temporal.

Simple: el documental era el escenario virtual preparado para ensalzar al Líder. La muerte-desaparición y el juicio eran tópicos fílmicamente interesantes porque alimentaban la incesante maquinaria publicitaria de la que el documental era y es un desprendimiento. Ni autocrítica, ni perspectiva sesgada, por lo menos, como gesto de amplitud de mirada hacia los de adentro. Ningún guiño, ninguna ventana al debate. Heroísmo y mesianismo al extremo. Y a eso había que llamarlo documental.[13]

Es como si los gritos en el desierto de Rodolfo Walsh –a los que me referí en la segunda parte de este escrito y en cuya tradición ideológica entronca el actual resurgir de adictos ideológicos- continuaran resonando entre los médanos de la militancia. Jerarquía, obediencia, verticalismo a cambio de prebendas. Autocrítica, nunca. No solo no se han recuperado con fervor las instancias críticas sino que, por el contrario como ese documental demuestra, se ha cristalizado el pasado, en una especie de mundo primitivo en el que buenos y malos, hombres y bestias, se diferencian claramente. Reconozco, sin dudas, que existen hoy voces críticas dentro del movimiento militante mayoritario. Lo complejo es que permanecen circunscriptas a las charlas de sobremesa.

¿Cuál es –me dirán- el problema de que alguien haga un documental que no me parece interesante ni bien acabado, que me impacta por su puesta en escena descuidada, por su poxiranesco salto temporal, por su olor a mala propaganda partidaria? No existe ningún problema, siempre y cuando ese (pésimo) panfleto audiovisual haya sido costeado por los bolsillos del propio director o por los de sus acólitos de doctrina… Pero no es el caso.

El film (sic) acerca del detenido-desaparecido-asesinado está financiado por Contenidos Audiovisuales de la universidad local, espacio en el que el director-militante trabaja. Este híbrido entre institución y partido político es un detalle. Puede tratarse de una acción artística lícita. Por ejemplo. La universidad decide participar de la discusión política a través de un aporte a la memoria histórica y encarga un documental. Si fuera así, aunque supongo que no lo es, lo mínimo que se le podría pedir al documentalista es rigurosidad en el manejo de los datos: no falsear, no manipular la historia –o, como dije, si quiere jugar en esas lides experimentales o panfletarias, y con esos parámetros, que se autofinancie.

Además, sería necesario revisar de qué manera ese ´realizador audiovisual´ llega a trabajar en una productora de contenidos audiovisuales dependiente de la universidad. Es posible que su condición de graduado –porque allí estudió- lo habilite, pero ¿entra a trabajar por concurso o de manera discrecional, accede por ser militante, por repetir el credo, por contactos, por presentación de proyecto? De qué manera es una pregunta importante. Son fondos públicos los que le dan vida a su monstruo (plagado de buenas intenciones, claro). Y son también fondos públicos –porque la historia continúa en círculo- los que le permiten al director progresista utilizar los equipos de filmación y de edición de la productora en cuestión para registrar actos partidarios, actos militantes, tal como consta, incluso, en fotos públicas compartidas sin pudor en las redes sociales.

Uno diría que, en principio, la militancia no debería ser una pequeña empresa. El grupo podría generar sus ingresos por medio de actividades, o aceptar la ayuda de otros militantes con cargos políticos, o permitir que el partido madre los sostenga… No tengo idea de cuál es la mejor opción. Sí sé que esos fondos no deberían salir de las universidades. Los espacios académicos, en su germen, son nichos de trabajo que deberían ser disputados por sujetos libres que ponen en consideración sus capacidades intelectuales y comunicativas, y no el tono de sus ligamentos para demostrar cuanto tiempo pueden sostener la genuflexión.

Libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad académica, lucha intelectual para la emancipación del ser humano… No se hagan ilusiones, nada de eso sucede en la universidad. Kaczynski, coherente, le dedicó algunas ´cartas´. Con sus libros, su ortodoxia, sus jerarquías y sus vidas entregadas, la universidad es el sucedáneo laico de la iglesia, otra institución pilar del complejo militar-industrial. Si uno quiere entender la esquizofrenia y la irracionalidad del capitalismo tardío bien podría apuntar allí sus intereses.[14]

Otros serán los problemas en otros espacios geográficos, en Argentina –donde las universidades son primordialmente estatales- sería necesario revisar esas instituciones poco resistentes al archivo en sus relaciones con la militancia política y con la política tradicional. Una quimera. Apenas si arriesgo una inocua ´carta-bomba´ contra los académicos y, en este caso, contra algún monaguillo. No comparto el uso de la violencia y es uno de los puntos que menos entiendo de Kaczynski, aunque comprenda su estrategia. Mi cortedad de entendederas me alcanza para publicar un texto enrevesado en un blog perdido y decir con la Rata como paradigma. En situaciones como las descriptas, el sujeto que funciona con doble rasero –realizador audiovisual académico; militante político-, como mínimo, o propone trabajos basados en la honestidad intelectual y demuestra talento (y así obviamos la manera espuria en la que accede al cargo) o que pase a cuarteles de invierno y que devuelva el dinero que -¡oh, ironía!- fue desviado de la necesidad de algún estudiante que podría haber recibido una beca. Vale decirlo: el ingrato fin de ese desvío fue fomentar la abulia digital del pichón de corrupto. (Alguien podrá preguntarme cuál es mi autoridad para decir qué está bien qué está mal en la factura audiovisual o de lo que sea perteneciente a otro; de acuerdo, pero dos aclaraciones: discuto el usufructo de dinero público al que se debería acceder por otras vías y no por participación en la misa comunal de la ortodoxia de turno; este mismo texto pedestre es autofinanciado; se trata, repito, de honestidad intelectual y de no hacerle pagar a los demás nuestros berretines, o en todo caso decir directamente –fináncienme, che– y no mutar repetidor de verdades a medias y ajenas.)

Que renuncien o que devuelvan el dinero. Es un tema que en este momento me excede –y tal vez me exceda por siempre. Detrás de la imposición del ciber-imperio, de ese mundo enloquecido de la propaganda y del bate parche audiovisual y multimedial, existe una lenta degradación de la cultura humanista que, con todos sus problemas, supo al menos crear sus anticuerpos y permitirse la autocrítica. Por machaque o por indiferencia del resto de la sociedad, puede hoy hacerse y decirse en arte, en cultura, en pensamiento, en política… cualquier cosa. Mientras se mantenga la obediencia al califa de turno, y en el territorio propicio, todo pasa, todo es aceptado, aprobado, editado y barnizado por la publicidad 2.0. Miles de Prósperos. Miles de millones de Calibanes.

Prometí no extenderme en la historia de otras ratas. Es inevitable cuanto menos indicar sus caminos, sus montoncitos y sus madrigueras.

En La tempestad Próspero menciona a las ratas que abandonan el barco desvencijado para graficar la podredumbre del navío al que lo condenan para expulsarlo, pero, se puede intuir, utiliza esos animalillos para figurar cómo fue abandonado por sus subordinados –el barco sería el ducado que regía- una vez que las intrigas palaciegas le quitaron el poder. En Hamlet, ´la rata´ está de igual forma asociada al conspirador político –la rata es Claudio, el tío de Hamlet; y la venganza orquestada por el príncipe, la ratonera.

El complot, la conspiración, los poderes en las sombras tienen su fuerza explicativa siempre y cuando aparezcan escenificados en algún tipo de ficción, de fábula que narre con cierta gracia la lucha contra fuerzas invisibles que revelan su presencia en el final del camino derrotadas, neutralizadas u opacadas para retornar en el momento menos deseado. Por el contrario, si la conspiración es utilizada para pensar la política real, el entramado económico aquí y ahora, el sujeto que esgrime esos argumentos es visto como un ingenuo, un crédulo, un paranoico que sigue el camino más fácil: creer que todo está manejado por hilos fuera de su alcance. El corolario es la inacción en las manos de una mente afiebrada.

Sin embargo, si se toman al azar algunos sucesos de los últimos meses, uno detecta que, por ejemplo, en Argentina ´muerte sospechosa, paranoia, complot, conspiración, servicios secretos, dobles agentes, traiciones varias, vendettas, suicidios que no lo son, etcétera´ son conceptos que abundan como la única forma de desentrañar lo que de otra manera es inenarrable e incomprensible.[15] En otra escala, pocos días atrás se desató a nivel planetario –en una de esas corporaciones que inundan segundo a segundo la iconosfera de ciber-espectáculos deportivos- una tormenta sin precedentes por casos de corrupción, que incluye a la política, escándalo en el que los investigadores oficiales hablaron sin tapujos de ´conspirador´, de ´co-conspirador´ y así. No es ninguna novedad –aunque ciertos sectores parecen verlo solo ahora- que los flujos descontrolados de dinero del capitalismo tardío derivan en corrupción, en complots incesantes que difícilmente sean desentrañados.

A pesar de ser una hipótesis banalizada sin cesar por los portadores de la corrección política e ideológica, la conspiración, los infiltrados, las sectas, la realidad de doble fondo (o de múltiples fondos) es una herramienta intelectual, si precaria, por lo menos eficaz.

La misma joven militante que –tal vez como catarsis- me contó la simpática anécdota de ´Los dos Audis´, en charlas complementarias, me confesó –hoy lo verá ella como un exceso de confianza- que por cercanía con esferas superiores de conducción, se sabía que desde hacía un par de años, y en previsión por un eventual abandono de la estructura del Estado luego de las elecciones del corriente año, las organizaciones militantes conectadas con el partido oficial de gobierno, habían comenzado sin prisa pero sin pausa a infiltrar con trabajadores adictos -militantes encubiertos- las dependencias estatales para preparar ´la resistencia por si en el país llegaba al gobierno la derecha´.

Ese planteo-confesión provocó, en su momento, un airado intercambio de ideas sobre lo lícito o no de la estrategia, pero, sea como fuere, y más allá de las evaluaciones, ese dato acerca de un movimiento –digamos, conspirativo- comenzado años atrás tuvo y tiene hechos concretos. El caso de la Rata -un caso menor por tratarse de un simple cronista de las batallas- es un ejemplo indiscutible de ese plan. Como es de suponer, existen infiltrados que deciden entrar a ocupar un puesto para ´hacerle el aguante al proyecto´, y existen conversos que tenían ese cargo en sus manos y que, ante el miedo de perderlo, siguieron el camino, con infinito menor brillo, idéntico al de Saulo de Tarso.

Quedarán los detalles para otro momento, si es que ese instante llega. A modo de síntesis podría indicarles que en mis paseos por la desquiciada selva de la organización social vernácula accedí de primera mano a la existencia de dobles agentes, infiltrados, conspiradores -mercenarios con la medallita al cuello indicando el nombre de su dueño-, i) en las dependencias de la universidad donde se desempeña el director-militante (conozco, entre otras, la deliciosa historia de un tecnócrata cuyo cinismo es más profundo que los negros abismos oceánicos); ii) en instituciones educativas no universitarias dependientes de la mencionada unidad académica (y me gustará algún día contar esa historia absurda); iii) en instituciones educativas provinciales (y en una, en particular, que ostenta en su corazón un medio de comunicación partidario, institución en la que fui apretado o conminado a sostener un discurso diferente del que propongo en mis tareas[16]); iv) ni hablar de lo que sucede en los gremios docentes: según la mirada de esos traidores, al igual que la de otros esbirros, vivimos una realidad poco menos que ideal, un mundo de fantasía y jauja, luchando contra enemigos que parecen estar siempre más allá y a los que veo acá, muy cerca… Porque a las ratas a simple vista es muy difícil verlas, pero en la tranquilidad de la noche se escuchan sus pasitos dirigiéndose hacia la madriguera.

Escribí, creo, de más. A mi alrededor, en charlas cotidianas, aleatorias, nada serias, esas de café o mate y tortas negras, me dijeron y me dicen que me calle, que no me conviene, que no hable, que diga otra cosa, que agache la cabeza, que me van a endilgar paranoia, que me van a diagnosticar insania, que soy un conservador, un reaccionario –modo de atacar al que no sabe rezar el rosario-, y que sea consciente de que categoría más categoría menos… Alguien sottovoce me dijo: ´se les fue la mano con el paladar negro, estamos viviendo algo así como un neofascismo, y sabés lo que significa intentar enfrentarlo´.

Un neofascismo ciber-condicionado, un mundo feliz construido de pura realidad virtual y de cifras incomprobables y de discursos, una revolución esplendorosa para quienes se pliegan y obtienen del carro en movimiento las migajas reales y simbólicas, de unas pocas monedas y de pertenecer a algo en este mundo gris y desvaído.

La realidad como delirio.

Y una tarde, la Rata hizo su mejor número. Estaba la horma cerca, iba a bailar de todos modos. Alentó, arengó y no dejó de arengar que la ciudad de esta historia era un irrefrenable ´polo audiovisual´. Polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, repitió, y no se cansó de repetir, polo audiovisual. Entendible. Aunque por las calles se ven solo las cámaras de los infinitos autos all-star (las de monitoreo ciudadano, ni funcionan, creo), en su madriguera, en su cueva, en ese espacio que debería ser público y que él ha optado por cooptar, las candilejas son otras, infinitas y, en sus términos, gratuitas, porque la estrella de su vida brilla con el dinero que les roba a quienes dice ayudar.

Humo –militancia política, universidad, producción artística e intelectual. Humo. Humo. Humo. Humo. Posta, es humo, como el de aquellos dos militantes –uno con cargo político, otro con una ciber-actividad- que luego de un espectáculo montado en el que uno se llevó los denarios y el otro la foto para mostrar, se miraron en la despedida, se abrazaron y se dijeron: ´sigamos ilusionando al pueblo, es lo que nos queda, que se diviertan, total nada va a cambiar

Humo, humo, humo. ¿Les resulta pesado digerir a Kaczynski que, al fin de cuentas, pide el fin del humo que es el fin de esta organización social? Los dejo entonces con otro polaco que, por esas casualidades, qué cosa no, anduvo por esta misma ciudad. Años antes de traer sus huesos esmerilados a restaurar, dijo –achicando el pedido de Kaczynski que pide parar el sistema en su totalidad: “…hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros.” Lo dijo Witold, que es Gombrowicz, en 1947, en Buenos Aires, en una conferencia, Contra los poetas.

Contra la militancia, por ahora, no digo más.

[Tandil – 04 de junio de 2015]

Notas:

[1] Acerca de la relación entre la Red, el consumo de drogas y la religión (y, como siempre, la política), pueden repasar https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/ En todos los casos el aspecto común es la búsqueda de trascendencia. El problema son los medios para alcanzarla y las resultantes no deseadas de esas interrelaciones.

[2] En esta cuarta parte de “Kaczynski contra la militancia” retomo aspectos considerados en las tres partes anteriores. Parte I https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ Parte II https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

Parte III https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/25/kaczynski-contra-la-militancia-tres/

[3] El documental instala la sospecha sobre el contenido del Manifiesto, mediado por las fuerzas de seguridad estadounidenses (ver nota al pie, Parte I). La línea argumentativa del documental sería: realmente Kaczynski tiene razón y las intenciones de los ciber-profetas no son nada buenas (ver nota al pie, Parte III).

[4] “Matemático y escritor norteamericano, también conocido como ´Unabomber´. Enseñaba matemáticas en la Universidad de Berkeley hasta que, desencantado con la evolución de la sociedad americana, se convirtió en ermitaño y terrorista neoludita, al enviar paquetes-bomba a personajes representativos del mundo de la informática ­profesores y empresarios [Bill Gates tuvo el dudoso privilegio de recibir varias docenas de estos paquetes en Seattle]­, pues los consideraba responsables de la inexorable destrucción de la humanidad. Escribió Industrial Society and Its Future [El manifiesto Unabomber], que fue publicado por The Washington Post en 1995, como una forma de chantaje, pues Kaczynski prometió dejar de enviar bombas si se publicaba en primera plana. Este trabajo de crítica apocalíptica contra la tecnología, dada su calidad, despertó las sospechas del FBI, pues se creyó que su autor era un verdadero intelectual, extendiendo su investigación a la comunidad universitaria americana, entre ellos a personalidades como Illich y Zerzan.” A partir de estos eventuales sosías –Iván Illich y John Zerzan-, y del antes mencionado Hakim Bey, a Kaczynski se lo puede alistar a una serie de intelectuales recalcitrantes como Hans Jonas, Peter Watkins, Claudio Naranjo.

[5] Sobre ciencia ficción heterodoxa, hereje, hermética: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/ciencia-ficcion-hereje-2013/

[6] Ver Serge Gruzinski. El pensamiento mestizo [2000]; La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019) [2001]. Desarrollo su postura en “Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]”, disponible en https://independent.academia.edu/RobertoLepori En este blog utilicé la categoría ´guerra de las imágenes´ en artículos como A) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/vem-pra-rua-vem-una-guerra-de-imagenes/; B) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/o-brasil-deveria-libertar-se-da-globo/

[7] Elijo al azar una crónica del encuentro: http://www.perfil.com/politica/Como-fue-la-reunion-de-Cristina-con-Mark-Zuckerberg–20150411-0081.html

[8] Para tener una leve dimensión de cómo la política utiliza ideológicamente la tecno-ciencia, pueden ver la Wiki de Florencio Randazzo, pre-candidato a presidente. Link http://lawikiderandazzo.com/

[9] Continúa: “El burgués corriente intenta llevar a la gente bajo el control del sistema para proteger su modo de vida, o lo hace simplemente porque sus actitudes son convencionales. El cripto-izquierdista intenta llevar a la gente bajo el control del sistema porque es un Verdadero Creyente en una ideología colectivista. Se diferencia del izquierdista medio sobresocializado por el hecho de que su impulso de rebeldía es más débil y está más firmemente socializado. Se diferencia del burgués corriente bien socializado por el hecho de que hay una profunda carencia en su interior que le hace necesario consagrarse a una causa y sumergirse en una colectividad. Y puede que su impulso (bien sublimado) por el poder sea más fuerte que el del burgués medio.”

[10] Me refiero a este libro en la Parte II. Dice González (2004, p. 266) acerca de la llegada de Perón al poder: “Fundado a comienzos de 1943 y disuelto en 1945, el GOU reitera las mismas tecnologías de organización clandestina y los atributos del logos conspirativo. El poder no es un poder de la técnica materializada en aparatos de servicios y gobierno, sino el gobierno de los hombres ensamblados por formas sigilosas y paralelas de disciplina.” Por azar, hoy se cumplen setenta y dos años de la exitosa conspiración que llevó al GOU al poder y que propició la escalada de Perón a la presidencia. González en 2004 denominaba a esa conspiración ´golpe de Estado´. Denominarlo de otra forma, por ejemplo ´revolución´, sería adoptar como punto de vista válido el del grupo de militares. En ese caso, lo de 1955 también es una ´revolución´ y lo de 1976 también es un ´proceso de reorganización´. Pues bien, un joven crítico literario que trabaja en una universidad metropolitana, adicto a la actual ortodoxia, en un volumen en el que ensalza de forma bastante parcial e improvisada a Rodolfo Walsh, quien merecería un mejor aeda, acepta la idea de que el ´golpe de Estado´ del 4 de junio de 1943 es una ´revolución´. ¿Descuido? ¿Ignorancia? ¿Complicidad? ¿Militarismo? ¿Desinterés por la democracia? En un futuro, supongo, intentaré escribir sobre ese caso particular.

[11] El director-militante es oriundo de la misma ciudad que el abogado asesinado, ubicada a unas dos horas del territorio en el que suceden parte sustancial de estos hechos.

[12] “Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.” La sociedad industrial y su futuro (#17)

[13] La factura de ese documental se opone punto por punto a posturas ideológicas críticas como la del británico Peter Watkins – https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/10/29/maldito-watkins/

[14] Sobre corrupción en la universidad, en este caso, la UBA http://www.telam.com.ar/notas/201505/105222-uba-conflicto-denuncias-causas-judiciales.php

[15] Sobre complot, conspiración, política tradicional, literatura paranoica, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/02/14/doscientas-ochenta-y-nueve-fojas/ La relación entre conspiración, política, universidad, servicios de inteligencia, quedan evidenciados en casos como el de un académico vicerrector espía http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html

[16] Una versión de esa historia de apriete institucional es contada en el siguiente post https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ Preciso aclarar que el único dato identificable, aunque no aparezca en el cuerpo del texto, es el nombre de la ciudad escenario de esta historia. Me reservo la identidad de los personajes mencionados. Esos sujetos no son originales en sus prácticas. Si algo tiene de divertido el fascismo –terrible en otros aspectos- es el de la previsibilidad.

Cyberlolita replay, y enter Kaczynski

{Post-scriptum.26.05.2015. El texto que usted tal vez lea a los apurones, y con sorpresa después de estas líneas, fue publicado en este mismo blog hará cosa de un año.[1] La tesis de aquel escrito –alivianado por el tono espectral- es que existe una relación directa entre la configuración socio-económica actual (capitalismo post-industrial, sociedad de consumo, complejo militar-industrial) y el abuso de niños o, como se lo conoce habitualmente, la pedofilia. A ese par de socios, en un segundo nivel, se le suma –en la actualidad, repito- la tecnología (y el atroz imán de los medios de comunicación), y en fila se encolumnan diversas instituciones (como, por ejemplo, las iglesias). Al igual que la violencia de género, y la plaga de femicidios que asuela a América Latina, para nombrar un caso de índole general aunque acotado, en lo que respecta al abuso de niños, los comprometidos con la defensa de los derechos humanos podrán instaurar todas las leyes que quieran, organizar todas las ONG´s que deseen, encaminar todas las marchas y protestas que se les ocurran que, mientras la forma de organización socio-económica actual no desaparezca o se debilite, no habrá manera de detener el paso adelante de esos crímenes. Esta tesis me parece tan evidente que me dejan perplejo los bien intencionados activistas que creen realmente estar haciendo algo para erradicar esas prácticas sin poder reconocer que, al contrario, el número de casos se acrecienta y que la efectividad de las protestas es nula. No hay otro modo de impulsar el cambio que torcer drásticamente el rumbo de la forma social actual. En una dinámica que debe ser mucho más compleja, pero que funciona aproximadamente de esa manera, si el hombre asesino de mujer, si el violador y si el abusador existen en esta sociedad es a causa de la irracionalidad y de la esquizofrenia intrínseca al sistema capitalista. Como podrán conocer en el texto, no es un tema que haya escapado a la atención de los intelectuales disertantes que pululan por el mundo. Tampoco, por supuesto, se le pasó por alto al crítico contemporáneo más amargo, y desbocado, de las últimas décadas. En su artículo-manifiesto, La sociedad industrial y su futuro [Industrial Society and Its Future, 1995], Ted Kaczynski expone por qué el ser humano acaba enloqueciendo en el contexto del capitalismo. En concreto, el sistema le quita a los individuos la libertad y la autonomía para llevar adelante las actividades relacionadas con su subsistencia y los conmina a realizar miríada de actividades sustitutorias que acaban por no ser satisfactorias y que, en consecuencia, lo conducen a la depresión, al aborrecimiento de sí, a la violencia en cualquiera de sus formas, etcétera.[2] Por ende, afirmar que el capitalismo es perverso es descriptivo y literal. El mismo conjunto de normas sociales, económicas, jurídicas y políticas que genera el contexto para que el abusador abunde, por otro lado, genera al militante que, para satisfacer su necesidad de cumplir con el proceso de poder, lucha vanamente contra el mal engendrado bestialmente por aquel. Utilizo, además, el término perverso porque en el aspecto puntual de la mirada social sobre niños y jóvenes existe un discurso de doble rasero tan instalado como delirante. Para citar solo un ejemplo. Es notable el modo en el que los aparatos ideológicos –medios de comunicación, instituciones educativas, dependencias estatales encargadas de las leyes- tratan al adolescente promedio –unos quince años- como si al mismo tiempo fuera un niño que no entiende nada (se lo encierra, se le controla casi todo) y un adulto responsable que entiende –o que debería entender- todo (se lo invita a consumir sin descanso, a tomar decisiones relevantes para su vida y para la vida de los demás al ofrecérsele la posibilidad, como en Argentina, de votar en las presidenciales). Esquizofrénico y perverso es el que mata, agrade, ultraja, pero también lo es el marco legal que ya incluye, ya excluye al joven de la vida social (idéntica esquizofrenia ocurre con la mujer al cristalizarla cada vez más como objeto decorativo de las riquezas engendradas por los magnates, según los medios de comunicación, y al batir el parche de la libertad y emancipación alcanzadas y conseguidas por aquella). En consecuencia, la violencia contra menores (desde niños hasta adolescentes) es necesario pensarla en relación directa con el irracional contexto de la sociedad industrial. Subraya Kaczynski en el párrafo 44 de su artículo: “…para la mayoría de los seres humanos atravesar el proceso de poder –tener un objetivo, hacer un esfuerzo AUTÓNOMO para conseguirlo- es una manera de obtener autoestima, autoconfianza y sentido de poder. Cuando uno no tiene oportunidades adecuadas para atravesar el proceso de poder, las consecuencias son (dependiendo de la persona y de la manera en la que el proceso de poder se ha desorganizado) aburrimiento, desmoralización, baja autoestima, sentimientos de inferioridad, derrotismo, depresión, ansiedad, culpabilidad, frustración, hostilidad, abuso del cónyuge y de niños, hedonismo insaciable, conducta sexual anormal, desórdenes del sueño, desórdenes alimenticios, etc.[3] En nota al pie acota: “Algunos de los síntomas enumerados son similares a los de los animales en cautiverio.”[4] Al igual que estos, al no tener finalidades claras y concretas, el ser humano explora otros caminos de sentir que puede ejercer su poder. Se trata de una extrema e innecesaria complejidad en la forma de organización social: “A través de la larga historia de la humanidad para mucha o la mayor parte de la gente, las finalidades precarias de la existencia (proporcionar a su familia la comida del día a día) ha sido por completo suficiente.[5] Más adelante, en el párrafo 148, el ex matemático desliza la utilización que se hace desde el poder del abuso como argumento para perseguir o para controlar: “Se desaprueba el abuso de niños en sus formas más indecorosas, si no en todas, en la mayoría de las culturas. Atormentar a un niño por ninguna razón o por una sin importancia horroriza a casi todo el mundo. Pero muchos psicólogos interpretan el concepto de abuso de un modo más extenso. ¿Son los azotes, cuando se usan como parte de un sistema de disciplina racional, una forma de abuso? En última instancia, la respuesta se decide según si los azotes tienden o no a producir comportamientos que hagan a una persona encajar bien con el sistema social. En la práctica, la palabra abuso tiende a ser interpretada para incluir cualquier método de criar niños que produzca comportamientos inconvenientes para el sistema. Así, cuando van más allá de la prevención de la crueldad obvia y privada de sentido, los programas para prevenir el abuso de niños son dirigidos hacia el control del comportamiento humano por parte del sistema.”[6] Una forma de traducir la postura esbozada sería indicar, por ejemplo, que en los establecimientos educativos occidentales se ofrece un tipo de educación que se parece bastante a la corrupción (mental) de menores. Sin embargo, esa aberración queda oculta ya que produce seres humanos obedientes al sistema y, por lo tanto, nada de ese gran delirio es evitado ni castigado.[7] Más aún, la idea de abuso sexual es una figura utilizada desde hace tiempo para aplacar las ansias de los disidentes ideológicos y políticos. Aunque en ningún caso se pudo ni se puede probar nada, excepto el armado de causas y de falsos testigos, tanto Ted Kaczynski como el disidente tecnológico Julian Assange –un anarco-hacker- fueron y son perseguidos por supuestos eventos de abuso sexual. Es apenas una casualidad que esos dos recalcitrantes quejosos del cariz que adoptó este entramado cibercultural, anclado en el consumo expandido por la Red, que es, a la vez, una forma de control social -porque de eso se trata el sistema industrial, de provocar la carencia y la insatisfacción para generar el consumo- no es casualidad, entonces, que aquellos dos, y cada uno a su manera, hayan alertado sobre el camino elegido en el uso de la tecnología, y hayan, en consecuencia, recibido el sambenito de haber sido abusadores de algún tipo. Ante argumentos semejantes contra ´crímenes´ semejantes, la sospecha de un armado en las sombras. Y a esas tareas saben bien hacerlas los tecnócratas. Ahora sí, la nueva versión.}

I.-

´Las Lolitas que necesitamos son las que confiadas de sí mismas irrumpen en el espacio… público, desafiando las convenciones sociales que niegan la sexualidad de las niñas y mujeres, cosificándolas y convirtiéndolas en víctimas de un sistema patriarcal que convierte el poder de su sexualidad en un arma contra ellas mismas.´ – Daniela Villegas, ´Porqué Lolita no es feminista… pero probablemente las Lolitas sí.´ – [LINK http://www.24-horas.mx/porque-lolita-no-es-feminista/]

Un asunto complejo, redundó el Espectro, y que terminó por imponerse, asentí. En el inmaterial curso de mis apuntes no quedaba más que contar lo que cuenta Bauman, Zygmunt, en el capítulo once del Mal estar de la posmodernidad [1997], dedicado ´a la distribución posmoderna del sexo´. Elucubra Bauman que la segunda revolución sexual (mediados del siglo XX), metamorfoseó la primera revolución y que descolocó así al nido familiar al mismo tiempo que desactivó la relación amor romántico  ̸  amor erótico. Contra la creencia habitual –dice Bauman, según él- este desnudar la substancia sexual no tuvo que ver con una ´emancipación o liberación sexual´ (hippie, sesentista, etc.) sino con una redisposición, con un cambio de la función social del sexo. Doscientos años atrás un enorme panóptico fue construido para controlar la sexualidad. Hoy en día, de forma disimulada, ese sistema de vigilancia fue desregulado y el control, en una sociedad cada vez más atomizada, privatizado. El sexo abandonó el lar familiar y una vez en la calle comenzó a filtrarse en cada instancia de contacto entre humanos, desde la oficina y los negocios, a las universidades y escuelas, y un amplio etcétera. Fue y es, a partir de entonces, regla social la necesidad de ´mantener la distancia entre las personas´, ´evitar el contacto´. Esta misma regla alcanzó a la propia familia por los aires estallada, es decir, alcanzó la relación padres e hijos antaño construida en base a la vigilancia, al ´estar encima´. Traduzco (y reformulo apenas Bauman): ´Los niños, ahora, son considerados principalmente objetos sexuales y víctimas potenciales de sus padres, a su vez sujetos sexuales. Como los padres son por naturaleza más fuertes… y están colocados en una posición de poder, su sexualidad puede fácilmente llevar al abuso de ese poder, puede conducir a la satisfacción de sus instintos… El espectro del sexo asombra también las casas de familia. Para exorcizarlo, precisamos mantener los niños a distancia –sobre todo, imponiendo la abstención de intimidad y de manifestación tangible, abierta, del amor de sus padres.´ Según dice, la enorme cantidad de casos de abusos sexuales de padres con sus hijos repetidos por los medios de comunicación implicó que ´…la ternura de los padres perdiera su inocencia. Se hizo pública la conciencia de que los niños son siempre y en todas partes objetos sexuales, de que existe un fondo sexual potencialmente explosivo en cualquier acto de amor de los padres, de que toda caricia tiene su aspecto erótico y de que en todo gesto de amor puede esconderse un asedio sexual.´ El propio sociólogo, en ese capítulo once, cita a otra tecnócrata quien afirma que si bien el abuso sexual parece estar más difundido en la sociedad de lo que se quiere aceptar, es evidente que se exagera el uso del término ´abuso´ en casi cualquier tipo de situación. De lo que no queda ninguna duda es que del antiguo amor y del solemne cuidado de los padres a esta nueva situación de proximidad incestuosa, hay un abismo. Un enorme abismo. Bauman, al menos en esa versión de la historia, deja de lado las nuevas tecnologías y la alianza con Internet que permitirían entender mejor la epidemia de pedofilia que parece arrasar hoy día al Planeta.  Es innegable que –frente al nuevo estado de cosas- se ha avanzado en cuanto a la visibilización y a la denuncia de los abusos de mayores hacia menores, en cuanto a la protección de la niñez. Dicho esto, dejemos atrás, por un momento, los discursos políticamente correctos y tomemos al azar un ejemplo de la Nueva Ciudad de Dios: ¿qué significan las virales Lolitas –íconos del encuentro nefando- multiplicadas en la Red? En Lacrimae rerum [2006], Slavoj Zizek recorre una y otra vez el efecto del ciberespacio sobre la subjetividad en el mundo contemporáneo (en un idiolecto lacaniano por demás complejo). El efecto es paradójico, dice –me dijo el Espectro. Si por un lado, el ciberespacio libera de la suposición de la existencia de la Autoridad, del gran Otro, esa ficción que organiza nuestro orden simbólico y que tiene a los grandes relatos ideológicos como su sucedáneo, y si esto trajo como consecuencia la recurrente organización sectaria, atomizada, y, en consonancia, la proliferación de diversas identidades perversas surgidas del haberse desligado del propio cuerpo y de la propia individualidad concreta (contexto que enmarca la antes mencionada ciber-epidemia), por el otro, he ahí lo paradójico, ese mismo ciberespacio perverso permitió que la fe en el gran Otro (la Autoridad), desechado en lo simbólico, retornara en la realidad con sus trazas persecutorias. Dice Zizek: ´La creencia en la existencia de un gran Otro [el que mueve los hilos] en el plano de lo real es… la definición más concisa posible de paranoia… Otra versión del gran Otro real es la figura del padre como acosador sexual de sus hijas pequeñas, una figura que se encuentra en el centro mismo del ´síndrome del falso recuerdo´: también en este caso el padre, suspendido como agente de una autoridad simbólica, es decir, como encarnación de la ficción simbólica, ´regresa en la realidad´ (los defensores de la rememoración de los abusos sexuales de la infancia han desatado una gran polémica al sostener que el acoso sexual del padre no es una mera fantasía, ni siquiera una mezcla indisoluble de hecho y fantasía, sino un hecho puro y duro, algo que ´ocurrió realmente´ durante la infancia de la hija en la mayoría de las familias…[8]. Un paso más, un desvío y digo. La pedofilia -voluntad y actividad rechazadas, de manera unánime, en el imaginario comunal- es uno de los puntos ciegos del entramado socio-económico actual porque es generada y provocada por el propio sistema. Contra los supuestos deseos de aniquilarla, esa práctica encuentra en el parafílico ciberespacio –junto con miríadas de gustos desviados o queers- el ámbito adecuado para desarrollarse, para expandirse hasta el punto de que hoy en día, por ejemplo, las ´lolitas hentai´, propias de la estética del animé o del manga japonés (y ´hentai´ significa ´perverso´), son estrellas en el consumo del mundo virtual -lolitas on-line, tras infinitas máscaras y al acecho de cualquiera que le proponga un Paraíso sin la ley de lo normal y bajo el hechizo infinito de la pureza ancestral; lolitas que, en su fragilidad, lucen espléndidas a pesar o a causa de la mano adulta y anónima que las merodea y que las hurga sin cesar. Asedio dual. La pedofilia es fogoneada (si se quiere, indirectamente) desde el ciberespacio, plataforma de las transnacionales, y desde la consecuente realidad por la misma organización social que se espanta y que dice combatirla. Idos los padres de los lares familiares por la desagregación o atomización actual, a su regreso y en la efusividad del reencuentro, el amor filial se convierte en amor dantesco. Aquellas –o aquellos- que fueron erigidos por el mercado de consumo en reinas –o reyes- del hogar, bien merecen que se les consientan sus caprichos hasta el final. Y si los padres o las madres no se ofrecen como disponibles –por sus constantes actividades que solventan la palpitante vida de la gema- para responder a esta demanda en particular, habrá otros que, salario y subordinación mediante, se encarguen de velar por el deseo siempre insatisfecho de cada retoño familiar. Con todas las letras, no hay mayor hipocresía que el odio al pedófilo por parte de quienes, al defender el sistema imperial ciber-capitalista, permiten el caldo de cultivo y alientan lo que dicen odiar. Zizek no ofrece –imposible ofrecerla- una conclusión sin brechas, pero detecta en el ciber-espacio el caldo de cultivo para que ´la revolución social´ -de matriz progresista- sea imposible. Una vez diluidos los corpus ideológicos que podrían haberse constituido o mantenido como el ´gran Otro´, no queda nada contra quién o por quién luchar en la realidad. Aquello que Eloy Fernández-Porta entiende como ´guerra cultural´ -“Uno de los temas de [Lolita, 1955] de Nabokov… es la manera en que el viejo intelectual europeo doctrinal, decadente y podrido de cultura, corrompe a la joven América poppy. Reescribir la cultura pop desde Europa implica siempre, para el autor serio, una perversión: raptar, sacar de su hábitat, poner en circulación, estuprar y echar a perder la inocencia. […] su perversión es doble: lleva al ridículo la alta cultura norteamericana y vuelve inmortal y trascendente a la ninfa pop.” [9]– aquella guerra cultural, entonces, es, en el aquí y ahora, una guerra por la posesión, por la dominación y por la demarcación territorial y de propiedad. Existe algo peor que el ´temor comunista, socialista, igualitarista, redistribucionista´ para los burgueses del nuevo milenio y es que aquel visto como un lumpen social (a su servicio) se termine llevando para siempre y en segundos algo imposible de recuperar: pureza e inocencia de los virginales vástagos del amor parental. En otro contexto hemos mencionado que de ninguna manera es arbitrario que una corporación cibercultural, la corporación corazón del capitalismo –la Iglesia Católica- sea la enhiesta madrina de la peor versión de la práctica nefanda: el abuso de esos niño-jesusitos anónimos en manos de los supuestos enviados y ̸ o representantes de la alta y paterna divinidad. Que una organización pedófila –cuyo ícono más afable es un niño cuasi desnudo- sea uno de los centros principales de la sociedad occidental, nos exime de cualquier comentario conjetural.[10]

II.-

 ´…hoy día la histeria toma la forma de la vulnerabilidad, de una amenaza a nuestra identidad física y ̸ o psíquica (baste recordar la omnipresencia de la lógica de la victimización, desde el acoso sexual hasta los peligros de la comida y del tabaco, con el resultado de que el sujeto se ve reducido a aquello que puede ser dañado).´ – Slavoj Zizek. ´El ciberespacio´. Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio [2006, p. 226]

¿O será –pregunto a los vientos- que en la Nueva Ciudad de Dios, y a expensas de lo que sucede en ´lo real´, ese constante atizado sobre el peligro y la proliferación de la pedofilia tiene una variable más por considerar? En el capítulo 7 de Cypherpunks, “Internet y política”, Julian Assange y adláteres discuten de qué forma las corporaciones y los gobiernos se las ingenian para instalar la necesidad de control y de censura de lo que circula a través de Internet. Además de las leyes contra la denominada ´piratería´ por parte de monstruos con el poder, por ejemplo, de Hollywood, el camino silencioso elegido es la instalación de una narrativa que dé cuenta del peligro de dejar a los ciudadanos circular libremente por la Red. El núcleo de esa historia de terror y de amenazas son los denominados ´Cuatro caballeros del Infoapocalipsis´: lavado de dinero, drogas, terrorismo, pornografía infantil. Estos fantasmas (con sus incuestionables dosis de realidad aunque no al nivel exacerbado que nos sugieren) no son más que la excusa para ir contra los que dicen, hacen u organizan algo -de raigambre política- que desagrada a los poderosos. Recordarás, pálido copista, que el mismo Assange, con un argumento no semejante pero sí análogo, fue acusado después de su buchoneo vía Wikileaks, de abuso sexual contra dos mujeres suecas. Lo tengo, sí, inimaginable Espectro. El argumento del poder, entonces, es así: ´Internet fue tomada por pedonazis y por eso precisamos de censura´. En el capítulo nueve de Cypherpunks, dedicado a la censura en Internet, dicen y cito y traduzco y modifico: ´[Andy]: Los pedonazis básicamente resumen los argumentos alemanes o, tal vez, parte de los argumentos europeos a favor de la censura. Alemania quería evitar todo lo que se pareciese con un discurso de odio en Internet debido a la historia del país. Es claro que las personas no van a objetar si alguien dice que es preciso restringir el acceso a la Red a causa de los pedófilos. El documento interno de la Comisión Europea sobre la retención de datos argumentaba: deberíamos hablar más sobre pornografía infantil y las personas estarán de nuestro lado´. Continúo traduciendo apenas: ´[Jérémie] Creo que la censura nunca debería ser la solución. Cuando hablamos sobre pornografía infantil, no deberíamos usar la palabra pornografía –se trata de una representación de escenas criminales de abuso infantil. Algo que se puede hacer es ir a los servidores, deshabilitarlos e identificar a las personas que subieron el contenido para llegar a aquellos que lo produjeron, aquellos que primero abusaron de los niños´. Es un planteo general que, claramente, no busca disolver o ningunear la criminalidad de la pornografía y del abuso infantil en Internet ni en la realidad. Alerta a los ciudadanos sobre el chantaje intelectual que presupone obtener el voto positivo para la censura en nombre de una epidemia que, como vimos en la parte inicial, se desparrama, sobre todo, por los aposentos hogareños. Un universo de fábulas y de mitos que permiten el control; un universo en el que la ciber-bomba explotó, amanuense, y mejor lo sabe ese segmento del infatigable mundo de las lolitas post-apocalípticas cuyo estilo se sustenta en un ingenuo vestido con volados y de muñeca; con medias a media pierna; con trenzas circundando su cabeza; cubierto el rostro con una máscara antigás tan distópica como el deseo que engendran. Notas: [1] LINK https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/07/28/cyberlolita/ Ambas versiones difieren entre sí en algunas cuestiones. [2] Pueden leer un poco sobre eso en https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ [3] “But for most people it is through the power process — having a goal, making an AUTONOMOUS effort and attaining the goal — that self-esteem, self-confidence and a sense of power are acquired. When one does not have adequate opportunity to go through the power process the consequences are (depending on the individual and on the way the power process is disrupted) boredom, demoralization, low self-esteem, inferiority feelings, defeatism, depression, anxiety, guilt, frustration, hostility, spouse or child abuse, insatiable hedonism, abnormal sexual behavior, sleep disorders, eating disorders. etc.” [4] “Some of the symptoms listed are similar to those shown by caged animals.” [5] “For many or most people through much of human history, the goals of a hand-to-mouth existence (merely providing oneself and one’s family with food from day to day) have been quite sufficient.” [6] “Child abuse in its gross and obvious forms is disapproved in most if not all cultures. Tormenting a child for a trivial reason or no reason at all is something that appalls almost everyone. But many psychologists interpret the concept of abuse much more broadly. Is spanking, when used as part of a rational and consistent system of discipline, a form of abuse? The question will ultimately be decided by whether or not spanking tends to produce behavior that makes a person fit in well with the existing system of society. In practice, the Word “abuse” tends to be interpreted to include any method of child-rearing that produces behavior inconvenient for the system. Thus, when they go beyond the prevention of obvious, senseless cruelty, programs for preventing “child abuse” are directed toward the control of human behavior on behalf of the system.” [7] La serie de textos sobre educación que pueden encontrar en este blog, comienza con el post: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/11/el-fin-de-la-educacion/ Y añado. Lo que Kaczysnki piensa sobre educación, es necesario insertarlo en una serie de intelectuales y de pensadores con filiación anarquista y humanista como es el caso de Ivan Illich (autor de Desescolarización, 1971) y de Claudio Naranjo. Dice Naranjo en 2013: “…la sociedad a través de una educación autoritaria continúa domesticando a su generación venidera. Yo digo que la educación es un crimen perfecto porque nadie lo reconoce como tal. Es el socio de lo que Eisenhower llamaba el ´complejo militar-industrial´. No podría sostenerse el ´complejo militar-industrial´ si no se educa a las personas para funcionar sin chistar dentro de este sistema donde la cuestión no es el crecimiento personal sino servir a la producción o a los que manejan la producción. Es una educación para ser carne de cañón o carne de tanque…” [“Conocimiento transformador”, conferencia]. Y Kaczynski en 1995: “La educación… se está convirtiendo en una técnica científica para controlar el desarrollo del niño. […] Las técnicas de ´paternidad´ que se enseñan a los padres están diseñadas para hacer que los niños acepten los valores fundamentales del sistema y se comporten de la manera que éste encuentra deseable. Los programas de ´salud mental´, las técnicas de ´intervención´, la psicoterapia… están… diseñadas para beneficiar a los individuos, pero en la práctica sirven para inducir a pensar y a comportarse como el sistema requiere.” ( #148) “Todos sabemos cómo son muchos de nuestro colegios. Los profesores están demasiado ocupados quitando a los niños cuchillos y pistolas como para someterlos a las últimas técnicas para convertirlos en ´nerds´. Así, a pesar de todos sus avances técnicos referentes al comportamiento humano, el sistema hasta la fecha no ha sido afortunado en controlar a los seres humanos. La gente cuyo comportamiento es bastante bueno bajo el control del sistema son aquellos del tipo que puede ser llamado ´burgués´. Pero hay un número creciente de personas quienes de un modo u otro son rebeldes al sistema: parásitos del sistema de bienestar, bandas de jóvenes, cultistas, satanistas, nazis, ambientalistas radicales, milicianos, etc.” (#161). [8] “¿Es posible atravesar la fantasía en el ciberespacio?”, en Lacrimae rerum, p. 272-273. [9] “Diez no-logos sobre literatura y pop”, Afterpop. La literatura de la implosión mediática [2010, p. 64] [10] LINK https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/

Fabián Polosecki, mística y anarquismo

“Su nombre hoy es una clave.”

Montero y Portela, Polo, el buscador [2006]

polo

Primera parte

1.-

“Esto lo hizo Marlon Brando en Apocalypse Now…”[i], son (si se pone entre paréntesis el ineludible recurso de la edición) las últimas palabras públicas de Polo, de Gustavo Fabián Polosecki, en diciembre de 1995. La frase –pronunciada al cazar una avispa desorientada entre muebles, humo y hormigón- cifra la búsqueda vital de Polo e intenta enmarcar su devenir en una lógica que tiña con pinceladas de luz el oscuro misterio que rodeó –y que rodea- su final signado por la ruptura de relaciones con los medios de comunicación, con familia y amigos, y con el Tigre como escenario del exilio. [ii]

Después de tres años en el centro de la escena televisiva; después de dos productos audiovisuales exitosos –El otro lado [1993-1994] y El Visitante [1995] y hoy de culto; después de tres premios Martín Fierro (uno como ´Revelación´), Polo traslada vida, interés y energía al más natural mundo de islas, ríos y vegetación tupida. En ese liminal diciembre de 1995, Polosecki es consciente del final de ciclo: “Paradójicamente, los lugares que elegí para terminar mis programas, el barrio y el Tigre, son los lugares de los que salí. Creo que eso de llegar al lugar de origen marca una suerte de cierre.”[iii]

Desde el barrio –Saavedra- se desliza a las islas del Delta. Polo conoce en el capítulo final de El Visitante a Eduardo Hernández. “Polo eligió vivir un tipo de vida acercado a la naturaleza, y cuando vos lográs eso, cuando te relacionás en ese ambiente… es muy difícil que te reintegres a la sociedad de la misma manera. De repente yo era el nexo de Polo con la naturaleza´ –explica Eduardo.” (Polo, el buscador, p. 174) Eduardo –profesor de educación física, actor y maestro de danzas- niega ser un ´gurú´ (Polo, el buscador, p. 178), pero acepta el mote de ´maestro´. Retorna a aquellos momentos: “Nadie vino a preguntarme por qué Polo me llamaba maestro. […] Puedo parecer un hippie retrógrado o un punkie de Barcelona, pero los que no me conocen no pueden entender por qué alguien puede decirme ´maestro´. Hoy ya no lo soy porque el aprendiz que tenía se suicidó y no lo pude contener. Hoy no puedo asumir el compromiso de enseñar, porque pienso que uno de los alumnos más trascendentes que tuve se terminó suicidando.” (Polo, el buscador, p. 187)

La figura de Eduardo es central y conflictiva para el contexto humano próximo a Polo. Era aquel, en la perspectiva de los antiguos compañeros, ´un elemento extraño, un border, un loco, aunque no un mal tipo´ (Polo, el buscador, p. 179). Sin recaer en acusaciones, se le adjudica haber sido la causa de la intensificación de la crisis (Polo, el buscador, p. 173). Miradas con un poco más de distancia, sostienen que el catalizador de la profunda crisis personal fue el escenario elegido para el retiro, el Tigre “…un paisaje verde plagado de silencios, de ritmos nuevos y sabidurías ocultas…” (Polo, el buscador, p. 174). Y afirma Gustavo Alonso, director del documental La vereda de la sombra [2005][iv]: “Por eso pienso que el Tigre fue el desencadenante, con mucho más que ver que el tema de la falta de trabajo. Tal vez el Tigre no fue el determinante de su suicidio, pero seguro que fue la base de la pérdida de los lazos afectivos que lo pudieran contener… Descreo directamente que Eduardo haya contribuido a eso…” (Polo, el buscador, p. 179).

La ´falta de trabajo´ de Polo es un tópico recurrente entre las opiniones. “El ocio y la ausencia de un horizonte concreto hacia dónde dirigir el esfuerzo creativo fueron otros elementos que agudizarían en Polo una crisis cada vez mayor. Para la familia, la carencia de trabajo fue una de las claves de todo lo que llegó después”, aducen Montero y Portela, autores de Polo, el buscador [2006].

Polo, sin embargo, según cuenta Eduardo, era un entusiasta colaborador en las tierras de Abra Vieja; se levantaba muy temprano y se ponía a la par en las tareas; se dedicaban luego a pensar y a revisar sus proyectos (Polo, el buscador, p. 174-175). Hasta último momento estuvo interesado en llevar adelante sus ideas. José D´Amato, una semana antes del suicidio, conoció de boca de su para ese entonces ex compañero, que tenía ofertas para volver a trabajar (Polo, el buscador, p. 179). Incluso, la noche anterior al aciago 3 de diciembre, Polo y Eduardo se reunieron con FM La Rocka por un eventual contrato para realizar un programa de radio (Polo, el buscador, p. 182). Proyectos, y de largo aliento, no le faltaban. Polo ´compró terrenos en la segunda sección del Delta para generar un criadero de anguilas y un lugar de eco-turismo con cabañas para que la gente de periodismo pudiera estar en un lugar tranquilo´ (Polo, el buscador, p. 180). Con este proyecto –recuerda Eduardo- ´quería ofrecerles a sus amigos todo lo que él rescataba de la experiencia con la naturaleza, alejado de la perspectiva racional del confort´ (Polo, el buscador, p. 180).

2.-

Polo en el Tigre -especulo- significa la oposición de dos lógicas, de dos visiones del mundo, hasta de dos corpus ideológicos diferenciados. Si para Alonso, “…es raro que un tipo como Fabián Polosecki, que encarna tanto la imagen urbana…, termine en el Tigre, redescubriendo la naturaleza…” (Polo, el buscador, p. 174), otros observaron otras cuestiones en ese giro extraño “…porque tenía una visión de la realidad muy clara, y la realidad le pegaba mucho y mal. Estaba en una búsqueda, porque planteaba que había que buscar formas alternativas de vida a lo que te proponía la ciudad, o la televisión en nuestro caso. Cosas que yo creo para nada descabelladas”, reflexiona Daniel Laszlo (Polo, el buscador, p. 176). Dos mundos en colisión, entonces, el urbano y su consecuente universo despiadado, y hasta irracional, de trabajo; y el más cercano a lo natural (despiadado en otro sentido), centrado en el autoconocimiento y en el intento de un conocimiento más profundo de los demás. Y esa colisión suele no ser inocua.

A través de la perspectiva personal de Eduardo, se puede tener una idea de cómo vivía Fabián el tránsito entre esos universos.

“Él estaba saturado de toda la parafernalia televisiva, de todo lo que le generó vivir en ese mundo porque siempre, desde que lo conocí, fue un tipo muy auténtico, muy idealista, que se ha movido mucho entre el romanticismo y la temeridad… un tipo muy de ley…” (Polo, el buscador, p. 174)

“Él era temerario, no sólo valiente. Temerario, como capaz de hacer cualquier cosa. […] Y era un tipo auténtico, lo ficticio era todo lo de alrededor. Por eso me gusta que haya gente que lo siga, porque tenía mucha ética, y esa ética la rescató cerca de la naturaleza… [la ética] de ser consecuente con lo que uno asume como responsabilidad.” (Polo, el buscador, p. 180)

“Cuando íbamos al centro, aparecíamos con las botas embarradas… Llevábamos la realidad del delta para allá. […] Imaginate lo que era para los personajes de la televisión verlo aparecer tan excéntricamente. Y ahí empiezan a decir que él estaba loco. Pero, ¿lo ven loco así? ¿No lo ven loco dos o tres años antes, cuando él sigue el camino que ellos mismos le imponen? […] A toda esa gente que pensaba que ir a la isla era como ir hasta la India, Polo la despreciaba. Despreciaba esa mentalidad…” (Polo, el buscador, p. 177)

Como señaló Laszlo, y ese era el puente que le tendía Eduardo, Polo estaba buscando ´una forma alternativa de vida´. En su contexto de familiares y de amigos, ese giro abrupto fue visto o como la inmersión en el ocio o como sencillamente locura y delirio [ver nota 2]. Ariel Baralaro piensa en lo paradójico del giro

“Nunca podés llegar a entender un suicidio, quizás porque tiene más que ver con las contradicciones de la sociedad. Parecía un pibe que lo tenía todo, yo creía eso: había conseguido una hermosa mujer, una hermosa familia, estaba bien económicamente, estaba haciendo algo que él había ideado, algo que era valioso culturalmente. Este pibe las tenía todas, decís, pero ahí están las contradicciones de todo eso. [..] Que él se haya desbarrancado de esa forma a mí me asustó un poco.” (Polo, el buscador, p. 183-184)

El pavor de Baralaro surge, sin dudas, del reconocimiento de que –para decirlo de alguna forma- la vida basada en el éxito (o condenada al fracaso) y centrada en el trabajo, la familia y el bienestar económico, es una trampa. En aquella última entrevista, Polo reconoce sus depresiones cuando no hay proyecto a la vista y concluye sobre cuál es la vida que le gustaría llevar:

“Después de períodos de mucha actividad suelo tener depresiones fuertes. Yo sin laburo me pongo muy nervioso. […] Y ojo que no estoy hablando… de laburo remunerado: el concepto de idea burgués. Porque me parece que hay un modo de vida burgués, que no es lo que yo quiero. Lo que digo no tiene que ver con el dinero, sino con la no aventura. […] Es necesario saber cuánto es lo que uno necesita. Yo podría vivir en la tercera parte de esta casa. Hoy lo necesito mucho, si no, no la tendría.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más adelante en la misma nota diría que ´tenía ganas de vivir mil vidas´. Su plan estaba orientado hacia una vida no burguesa (si bien, en ese entonces, disponía de un bienestar económico que podríamos denominar de estilo ´burgués), asociada a la aventura y ´alejada de la perspectiva racional del confort´. Hasta donde puede reconstruirse la historia, su traslado al Tigre era núcleo del plan. En ese tipo de vida –en términos más o menos ideales- mediante la ética, la responsabilidad y el propio romanticismo, asociados a la naturaleza, Polo buscaba plasmar viejos anhelos políticos de la época de militancia. Aunque desde mi lado pueda sonar a un eco demagógico de sus ideas, Polo hizo la transición ´ciudad – barrio – Delta´ para acercarse al pueblo, a lo popular, y con mayor precisión, para conocer y absorber la ´sabiduría popular´. “Sabiduría popular: ésa es la historia…”, les especifica Polo a Abdala y a Bembibre en el calor de 1995.

3.-

Ese acercamiento y ese interés están plasmados en el inconcluso proyecto pergeñado en 1996 junto a Eduardo y denominado El aprendiz. Dice su maestro de entonces: “Cuando decide venir a la isla, Polo redescubre un montón de cosas, desde subirse a los árboles hasta el ruido de una piedra que cae en el río. Pero mucho pasa por el trabajo físico. Lo veías a Polo que se iba al fondo a romper una rama y era algo personal. No hay nada místico en eso, salvo lo que uno mismo le pone. En el delta hay tipos que talan un árbol de doce metros [y lo suben a un bote] y todo con una facilidad increíble. Todas esas hazañas a Polo lo fascinaron… Y a partir de ahí nació la idea de El aprendiz… Polo arrancó haciendo las cosas desde el otro lado, vinculado a la fantasía y la realidad. Después fue el visitante, porque internalizó lo que la gente le contaba. Y cuando llegó a casa se transformó en el aprendiz.” (Polo, el buscador, p. 175-176)

Eduardo configura ´el camino´ (a través de la narrativa audiovisual) del buscador. Primera etapa: la indagación en el corte entre la fantasía (el deseo) y lo real; segunda etapa: el que llega a un posible espacio real y escucha a los demás; tercera etapa: el que, una vez instalado en su lugar de elección, quiere aprender por sí mismo.[v] Es un camino de crecimiento personal, es una búsqueda de conocimiento, de saber hacer. Y aunque Eduardo lo niegue, o justamente porque lo niega, en la búsqueda asociada al contacto con la naturaleza lo primordial es la acentuación de su misticismo. Polo, a expensas de su pasado en la ortodoxia del Partido Comunista, lo reconoce:

“Yo no creo en Dios, tengo una cultura atea, pero una parte de mi personalidad es medio mística: lo misterioso, la leyenda, la sugestión y el asombro por las coincidencias. Pero no hay que quedarse sólo en el asombro, porque si es así sólo sos una persona que se a-som-bra… que algo con las sombras debe tener que ver… Sí creo que hay un orden, pero que se puede modificar. Uno está metido dentro de algo, cuando las cosas cambian, uno cambia, hay una relación dialéctica entre las cosas.” (Abdala – Bembibre, 1995) [vi]

El misticismo de Polo –tal vez en germen en la tradición familiar judía a la que pertenece- impregna el proyecto con Eduardo y ese tono extraño da una idea (más allá de si era factible o no) de cómo fue recibido en aquel otro mundo que había abandonado. Cuenta Laszlo: “Presentó el proyecto a un par de jerarcas de la televisión y la respuesta de uno de ellos fue que lo veía ´fuera de la realidad´, literalmente.” (Polo, el buscador, p. 176) La contra-oferta: convertirse en el conductor de Investigación X, un programa periodístico símil a Edición Plus. Polo debería aparecer de saco y corbata. ¿Quién estaba más fuera de la realidad, el jerarca o Fabián? En verdad, era otro episodio de la colisión entre mundos antagónicos.[vii]

Si mantenemos la oposición –que puede ser ficticia en su simetría-, tenemos en un hemisferio el mundo de la tecnología, de la televisión, de la parafernalia audiovisual, y en el otro hemisferio, la naturaleza, la vida integrada a un sistema ancestral. Incluso en miradas atentas y ajustadas sobre Fabián Polosecki, en el devenir de la historia la expansión mística queda ligada a su suicidio. Dice Carlos Polimeni en 2001: “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ[viii] Tal vez el ´vacío´, en esa secuencia por lo demás precisa, debería conectarse con el estadio anterior, el de la pertenencia al otro mundo, al de los grandes medios de comunicación. Acaso la perspectiva mística fue causa de la insoportable conciencia de haber vivido –a pesar de los volátiles logros- un sin sentido.[ix]

En referencia a su exaltación de lo barrial, Marcelo Panozzo opina que por esa época Polo “parecía un evangelista” (Polo, el buscador, p. 186). Pero esa religiosidad era hija no del dogma sino de una mirada amplia. Pablo de Santis recuerda: “Cuando entramos [año 1984], la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero… se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra [con] la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas… Todo eso reapareció en El otro lado… Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior… […] él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ (Polo, el buscador, p. 7) Y, a partir de esa mirada, De Santis especula sobre quién era Polo

“El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ (Polo, el buscador, p. 8) [x]

Esa elucubración –al límite de lo verosímil- presenta una figura cuasi-mesiánica: aquel que llega, indaga, aprende de los otros, deja algunas respuestas inciertas a partir de su sabiduría, y se va. Si el misticismo de Polo, como es de suponer, está ligado a su conexión con la naturaleza, su necesidad de trascendencia reside en su afán de saber, de conocer, de aprender.[xi] Pero Polo nunca explicitó, por supuesto, esa concepción político-religiosa conectada a un plan de vida. Mantuvo su secreto. Decía en diciembre de 1995:

“Me parece que las cosas más importantes, las más íntimas, no hay por qué hablarlas. Hacerlo sería como filmar una película de sexo explícito… […] Todos ocultamos cosas personales. Y cuando digo ocultar, no estoy hablando de ocultar cuarenta millones de dólares… como hacen algunos políticos. Estoy hablando de cosas personales que si no se me canta no tengo por qué contar. Creo que estoy aprendiendo a conformarme. No espero todo de todos ni espero todo de mí.” (Abdala, 2001)

A partir del conocimiento de los demás y del mundo (la naturaleza), el autoconocimiento.[xii] En el mismo momento en que Polo reconoce su (a medias) misticismo, afirma creer en un ´orden´ que se modifica por una dialéctica ´interior – exterior´. Si se lucha por cambiar el mundo exterior, eso repercute sobre el sujeto y, añado, por la inversa, si se modifica el mundo interior del sujeto puede alterarse ese orden exterior.

4.-

En su concepción básica, el misticismo busca alcanzar lo que parece imposible para el humano: la unión, desde este mundo terrenal, con lo divino. Es un tipo de iluminación –indirecto, aproximativo- que surge del conocimiento del mundo como un todo y del autoconocimiento sustentado en la disciplina. Dicha imposibilidad hunde al místico en el silencio, en el recogimiento. En su etimología, la raíz ´mis-´ de místico significa ´el que calla´. Es una experiencia inenarrable. Polo, en ese punto, apenas si dijo algo, el resto lo calló.

Esa búsqueda tiene como fin lo trascendente (el más allá de los límites humanos) y, por lo tanto y como dije, la imaginería habitual asocia lo místico con el acceso a la divinidad. Pero depende de la tradición religiosa y esotérica que se tome como referente. Existe, por ejemplo, un corpus a medias filosófico, a medias teológico, totalmente contestatario –e ignorado casi sistemáticamente por la devaluada academia [xiii]– que parece funcionar como matriz intelectual para acercarse a la esquiva figura político-religiosa de Polo, y al que me voy a referir sin ninguna evidencia textual concreta que me permita defender que él la conocía. Es apenas un ejercicio de interpretación.

Retrocedamos, por un momento, una veintena de siglos.

Si bien su origen es un misterio, al día de hoy por consenso se acepta que en la confluencia de religiones orientales (por caso, el deísmo persa), de la filosofía griega y del judaísmo, en el proceso histórico que luego deriva en el cristianismo, se estableció una pugna entre diversas versiones de la presencia del Hijo de Dios en la Tierra.

Simplifico. Mientras los a posteriori cristianos defendían que Cristo era el Mesías que llegó, luchó, murió y con su resurrección redimió a la humanidad, otro grupo de cristianos –denominados gnósticos, luego herejes y siempre acusados de defender postulados de tono judío- argüían que si bien era factible que Cristo fuera un enviado, un ungido, era imposible establecer que se tratara del hijo de ningún dios único y todopoderoso porque el conocimiento de ese dios era inalcanzable.

El gnosticismo es una filosofía, y una teología, que resuelve de manera brillante el problema de la existencia de Dios proponiendo el principio del ´dios desconocido´ (en inglés, ´alien god´, el dios extraño). Dicen: tal vez exista un dios creador y omnipotente pero el ser humano no puede conocerlo. Ese dios se encuentra retirado, alejado, distante y no está interesado para nada en este mundo gobernado por funcionarios enloquecidos, seres menores y terribles -los arcontes- responsables de la pervivencia del mal. Ahora bien, qué camino debe o puede tomar el ser humano para tender siquiera a aquel ser superior. El camino es indirecto. Por inalcanzable, al hombre le resta indagar en lo creado los rastros de la tarea de esa extraña divinidad desconocida. En la naturaleza y en el interior de cada uno, el ser humano debe (o puede) buscar el conocimiento de lo divino. En el autoconocimiento, es decir, en la búsqueda de esa inaprehensible ´chispa divina´ que cada uno tiene, debe colocarse el objetivo del lento e imposible perfeccionamiento humano. Tal vez exista un dios único, tal vez exista una verdad, busquémoslos aunque nunca los alcancemos. En ese camino está el acceso al conocimiento, a la gnosis.

La forma de pensar gnóstica –sustentada en el principio del dios desconocido– es una maquinaria efectiva, luminosa y atroz porque tiene, al menos, dos consecuencias intelectuales. La primera es la paranoia: una vez alcanzado cualquier principio, es posible suponer que detrás de ese existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es ahora sí y finalmente el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente y ahora sí el dios desconocido y así al infinito. La segunda consecuencia intelectual es la anarquía especulativa: apoyados en la idea de que siempre habrá un principio ulterior y desconocido al que se puede apelar, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de la existencia de ´una verdad´ (la ortodoxia) y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas.

Este instrumento basado en la sospecha intelectual tiene su leyenda negra en el pensamiento occidental, pero –me interesa remarcar ahora- de esa fuente, con el transcurso de los siglos, surge el anarquismo.[xiv] “El anarquismo, como filosofía social, tiene una larga prehistoria, que puede remontarse a Lao-tsé y el taoísmo en China, a los sofistas y cínicos en Grecia, y que no deja de comprender durante el Medioevo y el Renacimiento, diversas manifestaciones del Cristianismo sectario y heterodoxo.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista).[xv] Además de la tarea intelectual crítica y de raigambre netamente política, gnosticismo y anarquismo coinciden en la defensa del pensamiento libre, en el rechazo de toda jerarquía y en la concepción de que las instituciones (la Iglesia para unos, el Estado para otros) es la concreción del mal en la Tierra ya que responde solo a la ambición de poder. El ser humano necesita conocerse para agruparse. No necesita –excepto para dominar a otros- crear instituciones externas que consoliden su vacío interior.

Retorno a nuestro pasado inmediato.

5.-

Eduardo ponía en serie los dos ciclos de Polo junto al proyecto inconcluso. En un sentido análogo, el paradigma imaginativo gnóstico (gnosis, conocimiento) permite explicar esa secuencia narrativa: se pertenece a dos mundos; hay un más allá, un otro lado, desde donde viene el mensajero y hay un acá al que arriba; al llegar a este lado, el extraño visitante no encuentra su lugar, es rechazado (el ´síndrome del visitante inoportuno´) y, en consecuencia, necesita conocer –aprender– para entender su situación en este mundo despiadado. Uno de los tópicos recurrentes del gnosticismo es considerar al autoconocimiento como una lucha en la que el sujeto busca salir del estado de estupor, de narcolepsia, de obnubilación, de estar dormido que supone vivir en este mundo terrible al que ha sido arrojado –un mundo en el que reina el ruido. Conocer y conocerse es despertarse, es mantenerse despierto en un mundo fatal.

A la luz del esbozo de un posible paradigma anarco-gnóstico, las declaraciones de Polo en aquella última entrevista de 1995 adquieren un sentido diferente –sea la paranoia, sea la perspectiva conspirativa, sea la necesidad de diversión [xvi]

“Me aterroriza cómo va todo. Estoy en Parque Saavedra y pienso que lo van a hacer mierda, estoy en la calle Corrientes y lo mismo. Son como ataques de paranoia que tengo. Siempre tuve depresiones fuertes, después de períodos de mucha actividad. Me pongo muy mal. Me desespero, tengo crisis de odio, de dolor. Estoy en un momento de replantearme cosas, de intentar encontrarle un sentido a todo este juego que a veces se me aparece absurdo.” (Abdala, 2001)

“Esa es la sensación que tengo del poder. Me da miedo. […] Hay que estar despierto, preparado, y vivir a tope con la gente que uno quiere. Divertirse y comprometerse realmente con lo que uno hace. Esto en algún momento tiene que cambiar y no hay un solo camino, porque los problemas son tantos… Y es necesario que haya aportes distintos, de todos. […] Estoy tratando de ver cómo se hacen las cosas bien. No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995)

´Terror´, ´angustia´, ´odio´, ´dolor´, ´depresión´, ´paranoia´, ´miedo al poder´, ´despertarse´, ´divertirse´, son elementos que se corresponden con una mirada gnóstica. Es, además, propio de un hereje afirmar, luego de haber militado y de haber sido líder de la Federación Juvenil Comunista (ligada al Partido), ´no tengo una ideología´.

Queda de mi lado, traducir ´no tengo una ideología´ por ´no tengo ortodoxia política´. Según Montero y Portela (Polo, el buscador, p. 27), ´Polo nunca se arrepintió de su militancia en la Federación´. En una entrevista de 1994, reconoce que en su adolescencia quería hacer la revolución y no asocia eso a su inexperta juventud, sino a un deseo profundo:

“No creo que la acción política sea una cuestión de la adolescencia. En todo caso, en ese momento diferencié cierto espíritu de la militancia trasladado a otros campos. Parecía que lo único importante era convencer, convencer, convencer. Hay algunos que emplean el 90 por ciento de su tiempo en eso y les queda muy poco tiempo para aprender y conocer.” (Polo, el buscador, p. 27-28)

“Pìenso mucho en esa época, los problemas eran la confianza ciega en un discurso y el querer convencer a los demás. Esa idea de decirle a la gente lo que tiene que pensar del mundo es una locura. Por suerte me curé de determinado tipo de fe y de andar juzgando y calificando a los demás. Ahora trato de entender…” (Polo, el buscador, p. 28)

En esas declaraciones de 1994 –que ubican al marxismo en el ámbito de la fe (y nuevamente puede verse ahí la crítica a la ortodoxia) y que insisten en la necesidad de ´conocer´ y de ´aprender´- no hay arrepentimiento, pero este sí aparece, matizado por la duda, en la última entrevista, en 1995. El movimiento argumentativo de Polo añade una crítica a la política tradicional: “La política de los profesionales, ésa sí que no me interesa. Y a la gente le pasa lo mismo. La gente se expresa, sobrevive como puede. Pero ya está cansada de que le hablen de boludeces. Yo en una época milité, pero hoy no estoy seguro de que esté bueno poner todas las esperanzas en eso.” (Abdala, 2001) Abdala y Bembibre no incluyen este pasaje en la edición de 1995. Recién en 2001, cuando la primera publique en Página ̸12 fragmentos inéditos, el cuestionamiento de Polo se hace presente.

En el aspecto positivo de la cuestión, en la versión de 1995, Polo defiende su trabajo en televisión como si se tratara de militancia individual

“…siento que hago política con mi programa. Yo, trabajando, ejerzo un poder, pongo mis capacidades al servicio de todos. No me interesa la política de los profesionales, me interesa ésta. Porque yo estoy a favor del desarrollo y del progreso pero me parece imperdonable que se plantee un modelo de vida que excluye a la mayoría. La gente está angustiada, putea, porque los que tienen las palancas no parecen tener buenas intenciones: hay muchas cosas que se hacen por interés, por ambición desmedida, y eso es muy jodido.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Se queja Polo: “…no soporto que los tipos que tienen un oficio noble, un ceramista, un carpintero, mueran en manos del plástico coreano. Hay una cultura popular en la Argentina… laboriosa injustamente hecha mierda.” (Abdala – Bembibre, 1995) Y sueña Polo:

“Mi ideal del mundo deja que las personas puedan rotar en sus actividades, en donde el trabajo manual e intelectual se entiendan como una misma cuestión, donde no hay personas que piensan y organizan, y personas que obedecen y fabrican: que un tipo pueda hacer el trabajo pesado a la mañana, después al mediodía cocinarse, y a la tarde leer, escribir, y después barrer la vereda, y a la noche ser carpintero, y de trasnoche borracho, o jodón, o colectivero. Tengo ganas de vivir mil vidas.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más allá de la ausencia de una explicitación de Fabián acerca de su anarquismo, ese mundo ideal se ofrece como el humus para que germinen mis especulaciones. En consecuencia, una manera de darle mayor entidad a mi sospecha es aceptar que el compendio de las siguientes ideas políticas de Polo aproximan las redes al río del anarquismo y las aleja del comunismo (en su variante marxista). Enumero:

a) defensa de la ética, de la responsabilidad y de la libertad individual;

b) insistencia en conocerse, conocer y aprender (la educación es eje de la sociedad según la filosofía anarquista);

c) defensa e interés en la interacción con la naturaleza (el autoconocimiento, con raíces, entre otros, en el pensamiento gnóstico, supone una relación diferente con el mundo exterior y propone así un alerta frente al uso negligente de la tecnología)[xvii];

d) búsqueda de la autosubsistencia;

e) defensa del ´trabajo noble´ sin esclavizar, ni oprimir a las personas y en beneficio de la comunidad;

f) alternancia entre trabajo manual, intelectual, artístico; derecho al placer; [xviii]

g) rechazo de la vida burguesa (a la posesión excesiva –Polo dice estar luchando contra el apego a los objetos [xix]-, a la adoración del confort y al tiempo regulado desde fuera sobre el individuo [xx]);

h) ataque a la jerarquía –basada en las instituciones- que estructura la mayor parte de las ingenierías sociales conocidas; rechazo de la política tradicional.

Hasta donde conozco, la única evidencia concreta acerca del anarquismo intrínseco a la mirada de Polo son las palabras de Alfredo Casero:

“Polo fue una de esas personas que tuvieron que vivir con la utopía extraña de querer ser solamente si se puede hacer lo que uno quiere. Él se metía en el culo de la gente porque no se bancaba a esta horda capitalista que obliga a los poetas a trabajar para Coca-Cola o a ser empleados municipales, no se bancaba este sistema que te destruye los sueños… no aguantaba eso. […] Polo, de alguna manera, es una especie de bandera para la generación a la que el poder quiere hacer mierda. […] Pero hay gente que por debajo está haciendo la guerra, gente que un día puede no dar más y renunciar… Polito me dijo una vez: ´ésta es una guerra entre japoneses´; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea… Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda: ´¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!´, pero tenía algo de cierto…Y a los rebeldes casi nunca les va bien” (Polo, el buscador, p. 191-192)

Si retornamos con esos parámetros al Polo periodista de la época previa a su exilio en el Tigre, su mirada crítica, hereje y, se podría aventurar, anarquista en ciernes, resuena en la denominación de la propia práctica –y de la de sus compañeros de programa- de ´anti-periodismo´

“Lo que caracteriza a nuestro trabajo, además de cierta improvisación, es el aspecto que tiene de producción independiente. […] Independiente de los canales, es decir, lo único que nos ata a nosotros que hacemos El otro lado con el medio es… el producto de artística que sale al aire. No tenemos pantalla asegurada, no somos dueños ni estamos dentro de la estructura del emisor, que es el canal, ni tampoco estamos dentro de la negociación televisiva, de comercialización, ni publicidad, ni chivos, ni nada por el estilo. Es decir, nos hacemos cargo de los 45 minutos de artística que tiene nuestro programa y con eso tratamos de tener nuestro espacio de expresión. […]… en nuestro programa estamos haciendo una suerte de antiperiodismo, si se quiere. [..] Con lo de antiperiodismo me refiero a que le huimos, en algún sentido, a la noticia. Pero no sólo a la noticia de actualidad, sino a convertir en noticia lo mundano.”[xxi]

Ese ´nosotros´ utilizado por Polo nos recuerda que, más allá de que con el paso del tiempo él atrajera las luminarias, su tarea en televisión habría sido imposible sin esa comunidad, sin esa cofradía que le permitió destacarse. El grupo compuesto por personalidades afines, en confraternidad, con un objetivo común y cerrado a los intereses de las corporaciones (de un poder central), aunque no solo, pertenece al imaginario anarquista.

{Fin de la primera parte}

{Este escrito que usted lee -qy ue conoce una versión primitiva– no es un caso de crítica textual. No me propongo analizar de qué manera las ´fuentes´ de las que me valgo (o, al menos, algunas de ellas) mistifican un objeto de estudio, o de interés, en favor de una idea previa (o de ninguna, apenas de la técnica que lo constituye). En el segmento inicial, reordeno material bibliográfico conocido con el objetivo de añadir una eventual nueva línea narrativa a la historia de vida de Fabián Polosecki. En el tramo restante, utilizo esa ´otra historia´ para poner en discusión la recurrencia de una matriz intelectual e ideológica que disuelve posturas y ̸ o propuestas políticas delirantes, recalcitrantes, herejes, en el diagnóstico clínico.}

Segunda parte

6.-

En el episodio ´la avispa atrapada´ -si es válida mi sobre-interpretación- Polo demuestra, con ese pequeño gesto, su pacifismo místico: “Esta se cree que vive acá… Hay que dejarla, no asustarla…” (Abdala – Bembibre, 1995). Como dije, según cuenta Polo, al cazarla al vuelo imitaba a Marlon Brando en Apocalypse Now! [F. F. Coppola, 1979]. Esta cita fílmica durante la postrera entrevista tiene, al menos, una explicación. La película de Coppola había sido el modelo audiovisual del último programa en el Tigre del ciclo El Visitante.

Gustavo Alonso piensa el devenir vital de Polo desde el film: “Para mí, Polo en el Tigre es Apocalipse Now! [sic], pero esta vez es Polo el que va a buscar al Coronel Kurtz y termina colgado de Eduardo. Así está expuesto en ese último programa de El Visitante, aparte de citas y de algunos guiños desde lo estético con la película de Coppola…” (Polo, el buscador, p. 178-179) Y no es el único que establece una conexión de ese estilo. Ricardo Ragendorfer da un paso más allá (o más acá) porque pasa del cine a la literatura: “Y en el Tigre [Polo] no tenía luz ni televisión, llevaba la vida de un personaje de Joseph Conrad.” (Polo, el buscador, p. 173) Como se sabe, la trama también mística de Apocalypse Now! está tejida sobre el argumento de El corazón de las tinieblas [Heart of darkness, 1899].

Una vez desenredada la madeja por el lado de Apocalypse Now!, e hilvanada por el lado de Conrad, las puertas de lo inverosímil o de la ficción se abren de par en par.[xxii] En principio, algunas azarosas coincidencias. Joseph Conrad –nacido el 3 de diciembre de 1857- era polaco y, si bien no partidario, estuvo interesado en el anarquismo. En su novela El agente secreto [The Secret Agent, 1907] un grupo de anarquistas, entre los que se destaca el personaje del Profesor, conspira para colocar bombas en Londres.

Fabián reconocía que el exceso de trabajo le había impedido, entre otras cosas, leer más. Uno de los autores señalados como de lectura futura era Ricardo Piglia (Abdala, 2001; [ver nota 18]).[xxiii] Ignoro si alcanzó a leer algún texto de ese escritor, en su juventud también militante comunista, y, como Fabián, también colaborador de la revista Fierro, pero, sin depender del dato concreto, en esa afinidad futura, la intuición de Polo parece haber jugado el partido correcto.

Un ejemplo histórico –y, para este caso, funcional- de un anarquista que conjuga su convicción política con expansiones religiosas es el “…[de León] Tólstoi que intentó basar su concepción anarquista en el cristianismo y en la fe, adogmática y antieclesiástica, en el Dios evangélico.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista). El escritor ruso funciona como un perceptible, aunque lejano, modelo del recorrido de Polo: renegó de su obra literaria, defendió principios naturistas, enalteció el vegetarianismo y la no-violencia, abogó por el trabajo manual, se retiró a vivir a una parcela de tierra entre campesinos (nunca dejó de visitar su familia), preparó textos educativos, enseñó a los hijos de esos campesinos, utilizó jardines como aulas. Atravesó fuertes crisis espirituales. Murió en 1910 a los 82 años. Su tumba rebosa de flores.

Tólstoi importa –además de por ser un eventual modelo- por indicar, entre desvíos y huellas perdidas, un inesperado sendero hacia el anarquismo místico de Polosecki.

Piglia retoma la impronta del Tólstoi ´vagabundo místico´, profeta, defensor de la pobreza, del ascetismo, de la no-violencia, maestro de Ludwig Wittgenstein y de Mahatma Gandhi, en su novela El camino de Ida [2013]. Una de las principales líneas argumentales de esta novela –en la que Tólstoi es el prisma anarco-místico- es la historia de Thomas Munk. Munk es un personaje de ficción que enmascara a Theodore John Kaczynski. Kaczynski, más conocido por el mote que le colocaron las fuerzas de seguridad estadounidenses (a las que desorientó por décadas), es el Unabomber. Y el Unabomber –sea el Munk de la novela, sea el Theodore que pasa sus días en una prisión de Colorado- urdió su biografía con los trazos que Conrad utilizó para delinear El agente secreto.[xxiv]

Kaczynski nace en 1942 en Chicago en el seno de una familia de polacos inmigrantes. A los 16 años ingresa a Harvard a estudiar matemáticas. A los 20 años se gradúa. Es considerado poco menos que un genio. A los 25 obtiene un cargo como profesor asistente en la Universidad de California [Berkeley]. A los 26 se retira de la carrera académica. Entre los 29 y 30 años, se va a vivir a Lincoln [Montana] al medio del bosque y a kilómetros del poblado más cercano. Allí construye su propia cabaña y de lo que le ofrece el contexto, se alimenta y subsiste. Vive también de sus clases en una escuela de pueblo y de sus estudios a los que nunca abandona. A partir de 1978 –si aceptamos que es efectivamente el autor- comienza a enviar ´cartas-bombas´ a distintos destinatarios entre los que se cuentan lobistas madereros, directores de empresas de aviación y destacados y encumbrados académicos. A causa de los envíos, mueren tres personas y resultan heridas más de veinte. Kaczynski consideraba a esa violencia absoluta el instrumento para hacerse escuchar entre el ruido de una sociedad enferma de irracionalidad y gobernada por los mass media.

El 19 de septiembre de 1995, los periódicos The New York Times y The Washington Post, publican al unísono La sociedad industrial y su futuro [Industrial Sociey & Its Future], extenso artículo más conocido como Manifiesto de Unabomber. El texto sintetiza su postura anarco-primitivista: la Revolución Industrial, en los últimos dos siglos, ha llevado la civilización occidental al desastre y los responsables primarios del funcionamiento del sistema industrial-militar –injusto, violento, agresivo con la naturaleza- son los tecnócratas que anidan en las universidades en connivencia con las grandes empresas y con los militares. No existe una receta, no hay una única solución, pero el ´sistema socio-económico´ debe ser destruido o, cuanto menos, detenido en su avance. Es necesaria una revolución no política, sino estructural contra las bases económicas y tecnológicas. La alternativa es el retorno a una vida menos nociva para el entorno, en contacto con la naturaleza y en la que la tecnología, en tanto instrumento de control y opresión, sea dejada de lado. A modo de ejemplo, el primer párrafo del Manifiesto reza:

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países ´avanzados´, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer Mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación.”[xxv]

Kaczynski, cuando estudiante, formó parte de un grupo selecto de universitarios con los que se experimentó. La universidad de Harvard y las fuerzas militares de los Estados Unidos, con la excusa de fomentar grupos de discusión sobre filosofía, administraron a jóvenes drogas sintéticas y los expusieron a momentos de tensión y de estrés para observar cómo reaccionaban ante situaciones límite. El proyecto destinado a perfeccionar el control sobre el pensamiento es uno de los disparadores del odio de Theodore contra los tecnócratas universitarios. Esta historia negra del uso de drogas para indagar en el funcionamiento de la mente, es el reverso de lo que sucedería durante la década de los sesenta en los Estados Unidos con el auge de la contracultura hippie y en el contexto de la Guerra de Vietnam, con la lucha por los derechos de la comunidad negra y de las mujeres, etc. La marihuana y el LSD fueron inescindibles de los movimientos políticos estudiantiles que lucharon por la libertad, en general, y por la libertad a expresarse, en particular. El uso de esas sustancias permitió una apertura hacia paradigmas espirituales no-occidentales, y así el misticismo se entreveró con la política. Hubo voces –conservadoras- que discordaron sobre la factibilidad de ese cruce. Pero otras defendieron la parada. Hacia 1966, y en el marco de este debate, Susan Sontag [Estilos radicales, 1969], afirmaba: “…no existe incompatibilidad entre la exploración del espacio interior y la lucha por la mejora del espacio social.”[xxvi]

Kaczynski –después de haber formado parte de los grupos de experimentación- fue profesor en Berkeley al mismo tiempo que hervían los campus universitarios y vio de cerca el devenir del movimiento contracultural. Concluyó que frente a la maquinaria y al entramado perverso que sostiene el ´sistema´, la salida para evitar la disolución de la lucha era dejar de lado los proyectos colectivos y actuar en soledad bajo el supuesto de que otros individuos también aislados comprenderían el mensaje que estaba enviando. Reunirse era abrir la puerta a infiltrados, a traidores, a arrepentidos.

Kaczynski no logró, obviamente, detener el ´sistema´. Sus acciones apenas si alcanzaron para que, una vez publicado el Manifiesto, su hermano reconociera la autoría y lo delatara a las fuerzas de seguridad. La condena infinita que recibió el denominado Unabomber en 1998 se basó en el argumento despolitizador habitual de los tecnócratas: ningún individuo puede hacer la revolución aislado; si Kaczynski trabajó solo no es porque fuera un revolucionario solipsista, sino porque estaba loco, era un paranoico, un esquizofrénico, un psicótico.

Theodore Kaczynski –y eso es, por supuesto, retomado por Piglia para construir a Munk en El camino de Ida– hizo de El agente secreto su libro de cabecera, del personaje del Profesor su modelo, de Conrad su profeta.

Otro sujeto descendiente de polacos, también místico, en ciernes anarquista, casi aislado, por la época en el que el Manifiesto aparecía –mediados de 1995- comenzaba a cruzar su vida con Conrad, y esta era una línea más en la trama del complejo personaje que urdía.

Eso sucedía bien al sur. [xxvii]

7.-

El Thomas Munk de Piglia –en ´munk´ se cifra el monje, el asceta, el místico- defiende la acción solitaria, la conspiración personal, individuos aislados que conforman un ejército invisible para una guerra secreta.[xxviii] Del breve cuadro de Alfredo Casero sobre Polo se desprende la imagen de un anarquista solitario que resiste ante una ´guerra entre japoneses´. Guerra entre japoneses, dicho desde Argentina, remite -si no comprendo mal- a una lucha entre bandos cuyos intereses nada tienen que ver con el de gran parte de la sociedad. En ese enfrentamiento sin sentido, Polo sería una bandera de resistencia para quienes llevan adelante otra guerra, esta vez subterránea. Dice Tomás Abraham: “…se nos adelantó, porque parecía un solitario… Espero que Polo sirva para… descubrir a nuevos tipos que están solos y miran…” (Polo, el buscador, p. 191).

Reproducen los tecnócratas a cargo del juicio que en su diario personal –en el que escribía en códigos diversos, mezclados con el castellano- Kaczynski pensaba en la posibilidad del suicidio. Sabía de la lucha terrible que iba a enfrentar y conocía el viaje sin retorno que significaba asesinar. También, imposible no sufrirlas, era presa de fuertes cataclismos espirituales y de confianza. Aun cuando tengamos una imagen más benigna, conforme avanzó 1996, Polo llegó a un estado de crisis tan profundo que, en palabras de Viviana, su compañera, “… [Fabián] o se mataba o mataba a alguien.” (Polo, el buscador, p. 181).[xxix] Marcelo Birmajer define esa violencia contra sí mismo en términos que, en este contexto, resuenan por su densidad: “…su decisión es un misterio, casi una bomba de efecto retardado que se activó en su pasado.” (Polo, el buscador, p. 184)

En lo terrible o en lo afable, una matriz –con las variantes esperadas- se repite. Theodore como Fabián, cada uno desde su lugar, alcanzaron la cúspide profesional. Y se horrorizaron. Huyeron de esos espacios absurdos pensando en cuál sería un camino posible para la revolución. Kaczynski vio la connivencia delictiva entre Universidad, Ejército y Mercado en búsqueda de un patrón de conducta que les permitiera –como de hecho permitió y permite el ciber-desarrollo- manipular consumidores bajo un manto de inocencia.[xxx] Polosecki estuvo en el centro del huracán audiovisual y salió asqueado.[xxxi] Intentó –como un camino a medias- unir el retiro con hacer televisión de otra manera. Redunda decir que se rieron de él y que no lo dejaron. En el Manifiesto, Kaczynski -quien actuó solo- reconoce la configuración ya individual ya grupal del anarquismo (oscilación también presente en Polo): “El anarquista también busca el poder, pero lo busca en bases individuales o de pequeños grupos: quiere que estos sean capaces de controlar las circunstancias de sus propias vidas. Se opone a la tecnología porque hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones.” En ese texto ataca la forma de vida burguesa, la televisión, los programas de entretenimiento, etc. En particular, el Manifiesto va contra la izquierda política (un lastre para la revolución): “El izquierdismo es inverosímil que nunca renuncie a la tecnología, porque la tecnología es una fuente demasiado valiosa del poder colectivo.” A la mutación de la fe en el marxismo por la fe en la naturaleza de Fabián, ya me referí. Dice Kaczynski en su Manifiesto: “…puede ser útil incluir un elemento religioso en la rebelión contra la tecnología… La cosa más cercana a una religión fuerte, extendida y dinámica que occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras, unificadas e inspiradas. Así, hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse por una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología. […] Algo semejante a una religión inventada… sería un fracaso.”[xxxii] La convicción y la integridad fueron los lemas del polaco-norteamericano (el recurso de la violencia es un punto a discutir como en todas las revoluciones); la ética y la responsabilidad, los del polaco austral. En la versión de Piglia, Munk defiende una vida múltiple: “La subjetividad del anarquista es variable. Su discontinuidad es un hecho que Kropotkin explica como la ´resultante´ de una serie de unidades autónomas y de secuencias que la componen simultáneamente. Nuestras más íntimas memorias, nuestros más íntimos sentimientos, nuestras formas de vivir son múltiples.” (El camino de Ida, p. 275). Polo había dicho en diciembre de 1995: “Tengo ganas de vivir mil vidas.” Para su hermano Claudio –que reconocía en él a ´un joven brillante y talentoso´-, Polo vivía en medio de “realidades inventadas” (Polo, el buscador, p. 178). Diego Lublinsky, a cargo de la realización de El Visitante, pasado el tiempo, entiende a su compañero de trabajo. Recordaba Irene Bais, productora (y ya ida, lamentablemente, de este mundo): “Y me acuerdo de una frase de Diego, que dijo: ´Él me pedía un mundo a la medida de su fantasía. Recién ahora me doy cuenta de lo que quería´.” (Polo, el buscador, p. 183)[xxxiii] Por esas vidas múltiples que deseaban, ambos buscaron espacios agrestes. Ambos, en la tradición anarco-esotérica de la gastrosofía, fueron buenos cocineros. Nada de todo eso importó o, mejor, acaso por todo eso, Ted y Polo fueron diagnosticados –en uno para acusar, en el otro para justificar- de esquizofrénicos, de locos. Como dije o di a entender, Kaczynski se opuso de forma tajante a ser declarado ´insano´ por los tecnócratas psiquiatras; sabía que de esa manera se relativizaba, se neutralizaba su discurso, su llamado, su propuesta política. [xxxiv]

Hay un punto, por supuesto, en el que se diferencian y que no es menor: hacia dónde y hacia quién o quiénes dirigieron su violencia.

8.-

Tomás Abraham reconoce la fascinación que despierta la muerte trágica de Polo pero insiste en atender ´la obra´, ´la obra´. Polo es una obra que pervive. Por eso pareciera que a través de sus programas camina sin cesar por los mismos e infinitos lugares que recorrió. Nos habla hacia acá desde el más allá que es la imagen audiovisual. Para Polimeni, Polo continúa enseñando a hacer televisión desde la tumba. Como si se tratara de un antiguo alquimista, en su ´opera philosophica´ está la fuente de la eterna juventud. Polo merodea este mundo con su sonrisa y con su belleza angelical siempre en sus treinta y pico de años. Polo, eternizado en las cintas que lo reproducen, pregunta y escucha. Polo eterno, fuera del tiempo. Abraham lo denominó “un adelantado”, y lo instaló así en el futuro, acaso nuestro presente –un presente distópico en el que la guerra contra el poder es orquestada por individuos aislados.

En su obra audiovisual existente, el pasaje del fantástico a la ciencia ficción –de El otro lado a El Visitante– muestra la mutación de Polo desde el viejo paradigma del escritor al nuevo del ícono cibercultural. Los rasgos de ciencia ficción presentes en el marco ficcional de El Visitante son consecuentes con el tópico gnóstico que anida en el corazón de la idea: la llegada del ser extraño (“Cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.”) [xxxv] En esa ficción introductoria, que con el paso de los programas se diluye, el protagonista –algo así como un documentalista amateur, pero no un periodista [ver nota 21]- sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ (producto de alteraciones psicológicas propias de inadaptados sociales). Es un mundo amenazante. La radio se refiere al síndrome en términos de cura, de control. El personaje deambula en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico. Es un sobreviviente, un solitario encerrado en su departamento. Ha viajado mucho, ha filmado mucho y durante mucho tiempo. Observa esas viejas cintas vhs –su memoria- con el deseo de ordenarlas. Los espectadores vemos lo que él ve mientras revisa su trabajo previo. El ojo del visitante, y de donde emerge el nombre del ciclo en caracteres rojos en la presentación, es un ojo irritado, robotizado, sanguinolento. “¿Visitante, qué creés que ves con tu pequeña cámara? ¿Creés que alguien quiere ver lo que tú ves? Las caras de la gente son como adivinanzas. ¿Resolviste alguna vez el acertijo? Visitante sin tu cámara estás ciego o ¿acaso creés que sos vidente?

Polo habitante de la iconosfera. Polo ícono cibercultural, pero un ícono díscolo, rebelde, hereje frente al poder de los mass media.

Casero también lo sitúa en el futuro. Cree que Polito reaparecerá (reencarnará) en alguna vieja idea. Y es posible que esa ´vieja idea´ sea la semilla anarco-gnóstica de un reconocimiento dual: en el mundo las cosas van mal; la situación debe ser modificada aunque, más allá de un retorno a lo natural, nadie sabe bien cuáles son los caminos concretos (o se saben y no se podrían ni empezar a pronunciar).

Si bien disímiles en su intensión y en su intensidad, Polo y Theodore evitan ofrecer soluciones fáciles a los problemas actuales. Fabián en ese diciembre de 1995 reconocía la ausencia de un plan previo al que respetar. Repito sus palabras: “No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995) Por su parte, en la versión de Piglia (El camino de Ida, p. 229), Munk lee en El agente secreto de Conrad la necesidad de ir contra el centro del poder sin proponerse pontificar con lo que es necesario hacer después: “Nadie puede decir qué forma podría asumir en el futuro la organización social. Por qué complacerse entonces en fantasías proféticas.”

Dos desesperados y sinceros buscadores; dos descendientes de polacos, místicos y anarquistas; dos biografías, en algún punto, aciagas; dos seres lúcidos que terminan aborreciendo el poder corporativo (y la tecnología); dos vidas que solo parecen cruzarse en este inclasificable texto; dos solitarios, con diferentes roles en el mismo e invisible ejército

“Somos individuos dispersos, metidos en los bosques, perdidos en las grandes ciudades, sujetos en fuga extraviados en las praderas. Estamos aislados pero somos muchos. Hemos pasado de la masa a la manada. Ésa es la nueva situación política: dispersión, retroceso… Kropotkin…, el brillante teórico anarquista, llamaba consistency (consistencia) a la energía que mantiene ligados a los hombres en situación de acoso y de peligro. Unidos en la dispersión… estos grupos en fusión cambian constantemente: de dirección, de dimensión, de territorio, de velocidad.” (Piglia, El camino de Ida, p. 274)

Tal vez esa bandera que es Polo flamee enhiesta entre las manadas dispuestas a futuras batallas contra el caos –en verdad, contra el extremo e injusto vacío- de la sociedad actual. Por medio de su muerte (inevitablemente dolorosa para los de aquí) -al igual que aquel otro polaco, pero con diferente método- este polaco del sur también logró ser escuchado.

Polo es hoy una clave, y sería deseable que no solo para activar repetitivos homenajes.

[Tandil – 06 al 13 de noviembre de 2014]

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“Apéndice: ‘El Zorro’, en Radiolandia y (acaso) por Polo”

Aunque en Radiolandia 2000 las notas no se firmaban, excepto si eras grosso, es lindo pensar que en la edición No. 3069 (año LVI) del diez de julio de 1987 coinciden el nombre que aparece como colaborador en la columna rectangular a la derecha de la hoja y el que tecleó una nota sobre un héroe que, a solas con su espada, fue el terror de siniestros villanos. Voraz lector de cómics en su infancia y más tarde pluma a pura tecla en la mítica Fierro, es verosímil que lo haya imantado el personaje en cuestión. El único dato textual fuerte para sospechar que es de su autoría son los nombres de los hermanos al inicio. Polo, según creo, se enmascara utilizando su primer nombre y no Fabián (y comete, además, un leve trastoque de identidades). De acertar con mi intuición, este texto sobre un justiciero solitario y que, en un mundo pre-capitalista lucha por ´una causa justa en favor de un pueblo oprimido´, sería un bastante diluido indicio del anarquismo intrínseco a su mirada. De estar equivocado (el texto bien puede pertenecer a Pablo De Santis, redactor de la revista, o a cualquier otro, en fin), será solo rectificarme y pedir disculpas. En nada lesionará, creo, lo escrito anteriormente. Para ustedes, entonces, ese primitivo texto de Polo.

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TEXTO SECUELA: Polosecki, el suicidio de un disidente

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Notas

*Si desean acceder al material audiovisual de Polo disponible en la web: Archivo Polosecki

[i] Abdala, Verónica – Bembibre, Cecilia. “No me da miedo que el programa termine”, Página ̸12, Segunda sección de Espectáculos, 17-12-1995, pp. 4-5.

[ii] No pretendo discutir o revisar la existencia de una enfermedad o de un desorden mental en Fabián. Es necesario, sin dudas, respetar el conocimiento que de él tuvieron sus seres más próximos y cuya muerte conmueve hasta el presente. En este texto, pienso a Polo en tanto ´ícono´, ´clave´, ´bandera´ de quienes se enfrentan al status quo.

[iii] Abdala, Verónica. “La lluvia es hermosa porque trastueca los planes”. ´Los tramos inéditos de la última entrevista de Página ̸12 a Fabián Polosecki´. Página ̸12, 24-06-2001

[iv] Link del documental en Youtube

[v] Agustín Salem sobre El aprendiz: “A mí me pareció muy copado todo el proyecto, me parecía bárbaro porque… parecía un paso lógico…” (Polo, el buscador, p. 176)

[vi] Acerca de las “coincidencias” que menciona Polo, en la versión larvaria de este texto hago una lista de las que se le atribuyen o se le aproximan y que no voy a repetir aquí. Ver “Polo místico

[vii]  El aprendiz no era el único proyecto en danza. Dice Eduardo: “Y después había otra idea que era generar un ciclo desde la perspectiva enciclopédica, para darle nuestra propia lectura a las palabras. La palabra ´agua´ iba a ser fundamental, ´corrupción´ también.” (Polo, el buscador, p. 176). Polo intentó imponer su impronta en la televisión, y chocó contra un muro inconmovible. Por su parte, Alejandro Chernov refiere una nueva idea: “…quería armar un programa de televisión donde cada uno hiciera un corto: yo en ese momento estaba obsesionado con el clima… Y Polo me propuso que escribiera un corto sobre ese tema…” (Polo, el buscador, p. 177)

[viii] Carlos Polimeni, “El otro lado de Poloˮ, Página12, 17-06-2001.

[ix] “Yo no quiero ser un artista en el sentido de tener la necesidad de un público para vivir, no puedo orientar mi vida al hecho de que siempre haya alguien ahí para aplaudirme. Me parece una vida muy dura, muy sacrificada. […] Nunca busqué hacer carrera en televisión. Cuando no tenía laburo, simplemente no tenía laburo. Cuando conseguí, lo agarré y lo hice lo mejor que pude.” (Abdala – Bembibre, 1995)

[x] Ver  “Polo místico

[xi] Martina, quien fue novia de Polo, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza. Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico. Ver “Polo místico”.

[xii] “Siento que necesito un tiempo para procesar las cosas que vi en estos años de ‘éxito’ y para terminar de entender a las personas que conocí. Necesito también terminar de entenderme a mí mismo. Por eso siempre digo que todo lo que soy no está en mis programas, y a la vez sí.” (Abdala, 2001)

[xiii] Un referente intelectual es el filósofo alemán Hans Jonas y su tesis doctoral sobre religión gnóstica. Discípulo de Martin Heidegger, Jonas emigró de Alemania durante el nazismo. En la academia estadounidense, Harold Bloom –discípulo de Jonas- reúne crítica literaria y cábala (influida por el gnosticismo). Bloom, aunque de corte más aristocrático, es un revulsivo frente a las ortodoxias teóricas en los claustros universitarios (que han conducido la disciplina –añado- a un enorme estómago que produce casi siempre vómitos semejantes).

[xiv] Así como incide también en el arte contemporáneo, en la psicología de Carl Gustav Jung, en el feminismo, etc. Por la importancia de la Sabiduría (Sophia) y por la defensa de una divinidad finalmente andrógina, el gnosticismo sumó a su recalcitrante postura contestataria –anti-institucional- frente a la naciente Iglesia cristiana, la defensa del rol de la mujer. Esto, sin dudas, acentuó el carácter herético de su pensamiento a los ojos oficiales cristianos siempre misóginos. Ver Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos [1979].

[xv] “El anarquismo se propagó al modo de las antiguas herejías, como una urgencia espiritual que impulsó el ideal de emancipación madurado durante la Revolución Francesa… Quizá porque los anarquistas fueron los albaceas más fieles de los afanes jacobinos, tanto como correas de transmisión de la antigua llamada milenarista, pudieron transformar el lema de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el trípode de una mística poderosa. El anarquismo transmitía un linaje de resistencia…ˮ. (Christian Ferrer, ´Sobre los libertarios´, El lenguaje libertario, 2005, p. 8). No preciso destacar las palabras de corte religioso que atraviesan el párrafo.

[xvi] Famosas fueron las sectas gnósticas por su descontrol orgiástico.

[xvii] Hans Jonas, a fines de la década del setenta, publica Das Prinzip Verantwortung [1979] (versión francesa, Le principe responsabilité. Une éthique pour la civilization technologique [2006]). El recorrido desde el gnosticismo a una crítica de la tecnología es consecuente y. por ende, es ineludible para el pensamiento anarquista. Apenas un ejemplo. Víctor García en Utopías y anarquismo [1977] afirma: “El futuro nos ofrece visiones cada vez más aterradoras. La computadora, el robot, la máquina con inteligencia ponen en evidencia cómo una ciencia y una técnica en la que tantas esperanzas depositaba el utopista del siglo pasado se yerguen omnipotentes terminando con prescindir del hombre o convirtiéndolo en su esclavo. […] El antiguo secretario de la ONU, U. Thant presentó un informe titulado: La aplicación de la tecnología de computadoras para el desarrollo donde decía, entre otras cosas, que existe ´el temor de que las computadoras contribuyan a la probabilidad de una sociedad futura dirigida por tecnócratas.”

[xviii] Acerca del interés de Polo por el arte y sus manifestaciones: “Me gusta mucho la música… Y bailar. No tengo un género en particular, creo que la música tiene que ver con los estados de ánimo. Si en esta casa no hay una dosis de soul por día, no funciona. Acá se baila siempre, se salta.” (Abdala – Bembibre, 1995) (Vale recordar que Eduardo, su ´maestro´, era actor y profesor de danzas). Y sigue Polo: “Me encanta [el pintor] Hopper. Hay una especie de simultaneidad de luces: la luz de la fuente y la luz de las cosas. Entre lo que se ilumina afuera y lo que tenés adentro. Es mágico.” (Abdala – Bembibre, 1995) “El laburo me dio muchas cosas buenas, pero me distanció de muchas otras. La lectura, algunos buenos amigos, ratos más largos con mi familia son algunas de las cuestiones que lamento haber dejado un poco de lado. Ricardo Piglia, Juan José Saer y Andrés Rivera son tres de los autores argentinos que tengo pendientes, y que pienso leer.” (Abdala, 2001)

[xix] La explicitación de su lucha contra la posesión de objetos innecesarios era parte, puedo suponer, de su proceso de transformación. En esa lucha estaba Polo en diciembre de 1995. “…tengo un problema con eso. Por ejemplo, encuentro cosas en la calle y no puedo evitar traérmelas.” (Abdala – Bembibre, 1995) Entre los objetos que se acumulaban en ese living había una vieja radio a válvula, una mesa ratona, latas de galletitas apiladas y una guadaña oxidada (objeto que anuda, en la siega, el mundo natural con el sobrenatural).

[xx] En el medio de sus crisis personal, Pablo De Santis ´veía a Polo sin mucha conciencia del tiempo´ (Polo, el buscador, p. 173). En diciembre de 1995, Polo decía: “Podés estar muy pendiente del tiempo, que no es lo mismo que estar pendiente del reloj. Yo, por ejemplo, no sé qué hora es, ni me importa. Puedo imaginármelo porque conozco este lugar a la hora de la siesta, o porque tengo hambre, o porque sé que a esta ahora se juntan muchas personas en la verdulería… Todo lleva un tiempo: un tiempo de atención, de espera, un tiempo de maduración. La muerte implica un tiempo de dolor.” (Abdala, 1995)

[xxi] En Polo, el buscador (pp. 211-216). El texto corresponde a la exposición de Fabián en el II Festival Latioamericano de Video, Rosario, septiembre de 1994. Al año siguiente, en Tea Imagen, Polo se refiere al personaje ficticio que estructura El Visitante y deja bien en claro su distancia con la idea light del periodista curioso: “A mí me parece que es una discusión vana, en el sentido de que todo programa periodístico tiene una puesta en escena como nosotros, tiene una edición que recorta una parte del texto, tiene un señor haciendo un personaje de… ´periodista´… [pero]… yo tengo un personaje que no es periodista, punto, que no juega a ser periodista… [Público: ¿y por qué esa insistencia?]… y porque a mí me hincha las pelotas [la idea del periodista].” En continuidad, contrapone el periodismo tal como se observa en la práctica –según su experiencia en Radiolandia 2000, escribir un texto que concuerde y que complete un título previo que el editor o redactor le da- a aquel que responde al ideal del ´periodista´ –el que tiene y que hace la ´pregunta correcta´.

[xxii] Mi lectura, y no solo en este caso, parte de tomarme más en serio –sin recaer en la credulidad- las manifestaciones religiosas alternativas (herméticas, esotéricas, etc.). En la fase previa a la redacción de este texto, le manifesté ese detalle a un interlocutor también interesado en la figura de Polo. Su respuesta irónica fue ´horror, horror´ en alusión al temor que inflige tal supuesto religioso a quienes creen escribir sobre temas serios. ´Horror, Horror´ son las últimas palabras que el Coronel Kurtz pronuncia en Apocalypse Now! El detalle –apenas una coincidencia- es que quien usó ese filme como fuente para su ironía, no sabía de la existencia de la serie –Conrad, Kaczynski, Munk, Piglia, Polo. Agradezco, en consecuencia, a Abalén N. por su apoyo no solo anímico para la redacción de este texto.

[xxiii] En la mirada de Piglia, la decisión de escritores e intelectuales de ´salirse del sistema´ como la de León Tólstoi (y la de Ludwig Wittgenstein) es análoga a la de los vernáculos Macedonio Fernández y su discípulo Jorge Luis Borges -anarquistas en sus concepciones artístico-políticas (también místicos, añado, por ser maestros gnósticos), defensores de una vida frugal, poco afectos (tal vez los idealice) a la seducción del dinero y aborrecedores de las jerarquías institucionales; en fin, herejes. Piglia se refiere a estos temas en sus ´clases´ con el formato de programas de televisión [TV Pública, Argentina] ofrecidas en Escenas de la novela argentina [2012] y en Borges por Piglia [2013]. De Macedonio se sabe que, entre fábula y realidad, a fines del siglo XIX participó del intento de vida en una colonia anarquista naturista en la frontera con Paraguay (algunos hablan de simple visita a una chacra). Con base más comprobable, vivió retirado un tiempo en una humilde casa en Morón (ver Álvaro Abós, Macedonio. La biografía imposible [2002]). Entiendo que, en lo que respecta a Borges, mis afirmaciones parecen fuera de lógica porque en el imaginario social el escritor es un ´viejo conservador cuasi fascista´. Esas miradas -que pueden tener su verosimilitud- desconsideran al Borges juvenil, con su, aunque breve, fascinación por el comunismo soviético -Borges está en Europa en 1917 cuando la Revolución de octubre y escribe Salmos rojos que luego quema-, y con su ascendencia anarquista tomada tanto de su padre y como de su maestro (y a esto se le puede agregar su proximidad con el yrigoyenismo). En síntesis, anarquismo, misticismo (gnosticismo), ascetismo, paranoia, conspiración, ciencia ficción, proto-cibercultura, son elementos que comparten Macedonio y Borges y, de alguna manera, son una posible matriz para el recorrido vital de Polosecki. En concreto, el relato de Borges “Utopía de un hombre que está cansado” [1975] puede leerse desde el anarco-gnosticismo. En ese cuento tardío, Borges –que ya lo había intentado en 1935 y que lo ficcionaliza en “25 de agosto, 1983” [La memoria de Shakespeare]- hace del suicidio una opción del hombre libre de poner fin a su vida cuando lo considere necesario [Ver “Los amores de Tabú y Jerarquía…”. Por otro lado, en un escrito de mayor aliento, pienso la ciencia ficción latinoamericana desde el hermetismo-gnosticismo y toco algunos de esos puntos [Ver Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]]. La lista de escritores puede engrosarse. Anarquismo, esoterismo, ciencia ficción están en la literatura de Roberto Arlt (cuyas cenizas forman parte de la naturaleza del Tigre).

[xxiv] Existen varios ´Kaczynski´. Las versiones difieren según el cristal ideológico del presentador. Al enaltecido –y preferible- Thomas Munk, alias The Recycler, de Piglia, se le opone el poco menos que ridiculizado por Pablo Capanna en “Armas de destrucción masiva” (Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos, 2009).

[xxv] Se puede acceder al Manifiesto en castellano y descargarlo.

[xxvi] Reflexiona Claudio, hermano de Polo: “Fue un proceso en el que creo que tuvo mucho que ver su adicción a la marihuana, todo el día, porque eso le fue agudizando la angustia de la realidad…” (Polo, el buscador, p. 178). Más arriba cité a Laszlo quien afirmaba que a Polo “…la realidad le pegaba mucho y mal…”. Entiendo que entre ambas –marihuana y realidad- por absurda, violenta e injusta esta es una droga más nociva que la primera.

[xxvii] En el final de la novela, Emilio Renzi –famoso personaje de Piglia- llega hasta la cárcel donde está detenido Munk quien, para sorpresa del profesor y escritor, lo recibe. Le interesaba al detenido poder charlar con alguien que conociera sobre los revolucionarios argentinos (El camino de Ida, p. 275). Como Piglia sabe, en la biblioteca del ´Kaczynski real´ había un ejemplar de Argentina, sociedad de masas de Torcuato Di Tella. Aunque sea en una ficción, el hecho es que Kaczynski (bajo la máscara de Munk) contacta a un eventual militante argentino. La novela de Piglia, vale aclarar, está también pensada como ´el camino hacia Kurtz´ (a través de la historia de Ida) y su mundo ficcional está situado a mediados de los años noventa cuando efectivamente detienen a Theodore. Es más –y es spoiler– en la trama que elabora Piglia, Munk [Kaczynski] es detenido porque envía el Manifiesto a los diarios para despistar ya que la muerte de Ida delata la posibilidad de que el activista tuviera un grupo de apoyo. Renzi recibe de parte de Ida el libro de Conrad que le permite descifrar la cuestión y así queda adentro de la historia al punto de que Munk acepta verlo. Llevado al extremo, Renzi sería el ´contacto en Argentina´.

[xxviii] Ejemplo de anarquismo individualista útil para pensar a Polo es el del proto-anarquista Max Stirner [1806-1856] quien defiende el solipsismo moral: la única base de la realidad es el individuo; todo individuo es soberano de sí mismo. Para teóricos como Kropotkin o Bakunin, un individuo aislado es un pseudo-individuo. (Ver Ángel Capelletti, La ideología anarquista). Siempre es necesario aclarar que en el caso de Polo, al menos en El otro lado, su tarea estuvo enmarcada en un grupo con una alta afinidad entre los integrantes. Esta construcción colectiva también es propia del anarquismo (aunque, claro, no exclusiva). Sobre este asunto ver el “Apéndice ‘El Zorro’” al final del escrito.

[xxix] No habría que desconsiderar que en el giro que da Polo contra la vida burguesa haya influido su paternidad: “El ser humano es una especie animal, como las otras. Los hijos te hacen más humano y te conectan con lo que es el ciclo vital. Para mí, tener una hija fue volver a nacer.” (Abdala, 2001). Por su parte, Ted en el Manifiesto argumentaba: “Los revolucionarios deben tener tantos niños como puedan. Hay una fuerte evidencia de que las actitudes sociales son en una extensión significativa heredadas.”

[xxx] El documental The Net: The Unabomber, LSD and the Internet [2003] del director alemán Lutz Dammbecks cuenta la historia de Kaczynski desde ´sus enemigos´. La narración se construye a partir del intercambio epistolar que el director mantiene con Ted mientras entrevista a los tecnócratas –sean universitarios, empresarios, militares, todos se consideran ´dioses´ (por mi parte, los podría denominar ´arcontes´)- contra los que luchó el así denominado Unabomber. The Net muestra la connivencia entre el desarrollo de la ciber-tecnología, la experimentación con drogas y el perfeccionamiento de la manipulación de sujetos durante las décadas del sesenta y del setenta. El film, además, pone bajo sospecha dos cuestiones: la autenticidad del Manifiesto (conocemos la versión pública del mismo); la veracidad de que Kaczynski haya sido el autor de los envíos de las ´carta-bomba´.

[xxxi] Dice Polo luego de su experiencia en televisión: “Yo no siento haber llegado a ningún lugar en particular, ni creo saber algo importante, ni estar detenido. Se trata de hacer tus cosas como salen.” (Abdala – Bembibre, 1995). No habría que desconsiderar que la experiencia de trabajar en los medios haya contribuido al caótico final de su vida. Rubén Viñoles, por ejemplo, ubica entre los lugares comunes la idea de que “…la tele es peor de lo que dicen…” (Polo, el buscador, p. 186). Que sea un lugar común, no disuelve su fuerza explicativa.

[xxxii] Del documental The Net, se puede inferir que en su lucha, Kaczynski era consciente que iba justamente contra un poder –el de los ciber-profetas- que también había detectado la ausencia de una religión en la sociedad industrial (o post-industrial, o posmoderna, en fin, neoliberal). El andamiaje sobre el que está construido el ´sistema´ actual es el ciberespacio como entramado inextricable para controlar e inducir al consumo. Por supuesto, el sistema se encargó de diluir cualquier posibilidad de discutir esto. Volvió tan habitual en su maquinaria audiovisual la idea de la conspiración, del complot, que cualquiera que intente exponer que la tecnología está hecha para dominar a la mayor cantidad posible de personas es tratado de paranoico, de loco, etc.

[xxxiii] “El mundo es lo que cada uno de nosotros ve del mundo. Si en este momento te invito a caminar, vos vas a ver algunas cosas, por la calle, y yo, seguramente, veré otras. La tele es así también: lo que muestres y la manera en que lo muestres refleja tu perspectiva del mundo, y ésa es siempre una cuestión ideológica.” (Abdala, 2001)

[xxxiv] “…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” (Piglia, El camino de Ida, p. 248).

[xxxv] Por eso, tuvo una sensibilidad alta a los temas esotéricos. Entendía que existía algún tipo de explicación más certera debajo de esa materia habitualmente vista como hojarasca que es el esoterismo. Su sincera actitud crítica le permitió ser receptivo a los diferentes discursos; en su lógica, él los recorría. En el primer capítulo ´La República de los niños´ del segundo año de El otro lado [1994], Polo entrevista, entre otros, a los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo. Por su parte, Diego Lublinsky retoma esa historia en ´Compañeros de la infancia´, primer programa del ciclo 15 años luz.

Maldito Watkins

El 29 de octubre de 1935 nace en Inglaterra Peter Watkins.

“Este lenguaje narrativo puede ser (¿?) relativamente (¿?) inofensivo (¿?) cuando se utiliza en determinadas historias para dormir niños. Pero adquiere una dimensión diferente cuando la emplean los mass media audiovisuales [MMAV] en gigantescas y vibrantes pantallas de cine, o en la franja horaria nocturna de la televisión. Y no se trata solo de que este proceso autoritario se haya inoculado gota a gota en la conciencia colectiva, sino que además su función se ha trastocado para servir a otros fines, entre los que cabe mencionar el de propagar la envidia, la angustia, el miedo, el consumismo, las estrechas formas de ver el ´ellos´ y el ´nosotros´, y la jerarquía.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, 2006, p. 132-133. Énfasis en la traducción.)

Dice cosas que no le importan a nadie.

¿La jerarquía? Nadie parece interesado en quebrar su existencia, a expensas de mantener la miseria obtenida.

¿El consumismo? Un metejón que da hasta flojera.

¿MMAV? Tal vez buscara Watkins así ganarse el sin par derecho a vivir en las catacumbas intelectuales de Alonso y Arzoz, ardientes negadores de la cibercultural Nueva Ciudad de Dios –aunque ni eso.

Amateur. A los 19 años filma The Web. Soldado alemán busca escapar del maquís francés en el final de la Segunda Guerra. Ese es la línea argumental. Obtiene ´Cuatro estrellas´ en la edición del Oscar a los diez mejores filmes de aficionados.

Amateur. En 1958 filma el hoy desaparecido The Field of the Red. Tema: Guerra Civil. Estados Unidos.

Amateur. En 1959 realiza The Diary of an Unknown Soldier. [Estuvo en Youtube]. Asunto: Primera Guerra Mundial. Dato: la incidencia de lo bélico. Gana Oscar entre los Diez Mejores filmes de aficionados.

En el futuro, será menos mimado por los que guisan el caldo.

Amateur. En 1960 filma The Forgotten Faces [estuvo en Youtube], reconstrucción histórica de la Revolución Húngara de 1956. Como en un noticiario documental, los actores miran a cámara y los primeros planos cortan la parte superior de sus cabezas. A una cadena de TV le ofrecen el film, y su vicepresidente responde: ´No podemos poner eso en Granada TV porque, si lo hacemos, nadie volverá a confiar en nuestros programas de noticias´.

Estamos, recuerden, en 1960.

Ingresa a la BBC.

Profesional. En 1964 realiza Culloden

Recreación en forma documental de la Batalla del mismo nombre [1746, Escocia]. Historia sobre personas comunes. Utiliza 142 actores. Con Culloden,  PW redefine la representación de la historia en el cine, así como los cimientos clásicos del documental: la objetividad, el distanciamiento del autor. Recibe un premio de los guionistas británicos y el reconocimiento de la ´Society of Film and Television Arts´.

Profesional. En 1965 PW filma The War Game [estuvo en Youtube; puede estar disponible en esta página] Título primario: After the Bomb. Con cámara al hombro –para él, ´cámara libertad´- PW recrea los horrores de un ataque termonuclear contra Gran Bretaña. Tras deliberaciones varias, y proyecciones secretas en el gabinete del Primer Ministro británico, el film vira asunto de Estado, y la BBC lo censura. Prohíbe su exhibición por veinte años en cualquier país del mundo.

Watkins entiende el teje-maneje televisora-gobierno y abandona la BBC.

En 1966 [se menciona también 1967], aparece Privilege. Alegoría sobre el modo en el que los medios de comunicación de masas, la industria de la música pop y la clase dirigente británica actúan de modo conjunto para debilitar la energía política de los jóvenes. Trailer oficial:

Film difícil de hallar. Tuve la decencia de subirlo a Youtube. La corporación amenazó –´tu canal no recuperará algunas funciones por la infracción´- y bloqueó el video por la existencia de derechos de autor.

Dice Watkins:

“…Privilege [llama la atención sobre cómo] los estados nacionales, a través de la religión, los medios de comunicación, los deportes, la cultura popular, etc., son capaces de esquivar un reto político en potencia sirviéndose de la gente joven. En el caso de que esto parezca una exageración, conviene recordar que la obra está ambientada en la ‘marchosa Gran Bretaña’ de los 60, y fue una premonición de la forma en el que la cultura popular y los medios de Estados Unidos comercializarían el movimiento antibelicista y contracultural en este país. Privilege también predijo, con aire de amenaza, lo que iba a suceder en la Gran Bretaña de Margaret Tatcher en los 80, sobre todo durante el período de la Guerra de las Malvinas.”  (P. Watkins, Historia de una resistencia, 2006, p. 52)

PW, profeta.

Y también quejoso: ´muchos de los elementos del filme (uso del color, movilidad, estructura) han sido incorporados desde entonces por el cine más comercial. Al menos hay una escena de Privilege que ha sido directamente copiada y utilizada en La Naranja Mecánica [1971] de Kubrick.

1967. The War Game -en sí, ficción- gana el premio Oscar al mejor documental.    ´

Críticas. Exilio. Enojo. Suecia. Cineasta gitano. Y en 1968, The Gladiators o The Peace Game. Largometraje –el segundo-, esta vez sobre pacifismo. Film difícil de hallar, excepto por fragmentos

Dispongo del .avi Ni imagino subirlo para que la corporación me amenace –salvo que medie el acceso a una treta virtual para poder divulgarlo.

Dice Ángel Quintana en “¿Por qué molesta tanto Peter Watkins?”, prólogo al ya citado volumen Historia de una resistencia

“La crítica directa al poder de los medios de comunicación, sobre todo hacia la televisión, marcó también el primer ensayo de política-ficción que Watkins rodó desde su autoexilio como cineasta nómada en Suecia… La película establece un futuro en el que los representantes de los diferentes bloques –China, Estados Unidos y Rusia- se ponen de acuerdo para controlar los instintos agresivos de la guerra, por lo que organizan espectáculos bélicos… que acaban siendo televisados. […] [The Gladiators consolidó] otra idea perversa que tenía que ver con el modo en el que los poderes pueden llegar a ser capaces de absorber determinados movimientos que combaten el sistema –en este caso, las corrientes pacifistas- para acabar domesticándolos usando sus propias armas.”

Lo dice entre las páginas veinte y veintiuno, me refiero a Quintana.

Críticas. Nuevo exilio. Pero antes: en Watkins política-ficción es ciencia ficción. Se regodea Quintana (Historia de una resistencia, p. 17)

“El sentido de la inmediatez y la crudeza con que… Watkins denunció… capítulos voluntariamente olvidados de la historia se han extrapolado… hacia otro territorio donde lo representado ya no es lo acontecido en el pasado, sino lo que puede llegar a suceder. [E]l cineasta construye fábulas de ciencia ficción centradas en los riesgos políticos del propio presente. […] La ciencia ficción, o mejor dicho, la política-ficción, convierte a Watkins en un cineasta políticamente incorrecto que no cesa de hurgar en los diferentes tabúes escondidos tras la máscara del bienestar.”

Nuevo exilio. Para otros, la Meca.

1970. Estados Unidos. Realiza Punishment Park. Alegoría política. Documental + falso documental. Denuncia el carácter represivo de la política interior del presidente Richard Nixon. Acusa a los Estados Unidos. Lincha su mecánica propagandística.

Propósitos y objetivos. Pero antes, el argumento: estado nacional de emergencia; toda actividad subversiva –preferentemente de jóvenes- se castiga con prisión y con la estancia en el ´parque´; hay un juicio y pruebas de resistencia; deben atravesar un desierto para alcanzar la bandera de Estados Unidos como prenda y obtener la libertad. {Tal vez disponible en} Ahora el tráiler

Objetivos. Propósitos.

“ ´[Watkins es]…un cineasta que ha buscado y consolidado un método cinematográfico capaz de privilegiar el debate sobre los riesgos del presente a partir de la historia o mediante la política-ficción. Nunca se ha considerado un iconoclasta ni un teórico de la imagen. ´No soy Godard, no me interesa cómo está hecha la imagen, sino… los efectos que produce y el debate que pueda llevar a generar….´. Todas sus películas han sido concebidas como instrumentos de provocación que incitan a la discusión y cuestionan las estabilidades que parecen justificar el equilibrio del mundo. Su cine ha sido… políticamente incorrecto, pero a pesar de su marginación y de haber molestado… al establishment cinematográfico, la mayoría de los debates que se esconden en el interior de sus obras han alcanzado con los años una extraña vigencia.” (Quintana, Historia de una resistencia, p. 8)

La frase citada de PW fue dicha por el director en 1970 en ocasión del escándalo que provocó esa película en el país del norte. Duró cuatro días en cartel. Nunca más fue proyectada ni en cine ni en televisión.

1971. Noruega. En 1973 realiza Edvard Munch. Tres horas (aprox.) para retratar en sus rasgos biográficos al pintor. Fragmento

Es también una autobiografía. “Al igual que Edvard Munch, el cineasta Peter Watkins se ha sentido marginado por el poder institucional…”, reza Quintana.

La co-producción de las televisoras oficiales de Suecia y de Noruega permitió que PW completara su film más personal.

1974. Dinamarca. 70ernes Folk o The Seventies People. Tema: elevada tasa de suicidios entre los jóvenes daneses.

1975. Fällan o The Trap. PW dirige el guion futurista escrito por un periodista sueco. Info: el año en la ficción es 1999, se aproxima el nuevo milenio, los medios mienten optimismo, amenaza un rector nuclear. ´La película está ambientada en los habitáculos subterráneos de un científico que trabaja en una planta de residuos nucleares próxima a la costa occidental de Suecia´, dice por ahí el director.

1976. Dinamarca. Aftenlandet (Evening Land). Acerca de terrorismo, represión policial, huelgas contra la construcción de submarinos nucleares.

Gracias al apoyo de un movimiento pacifista sueco, PW concreta The Journey entre 1983 y 1986. Filmada en los cinco continentes, en doce países. Dura catorce horas y media. Tema: crítica al papel de los medios masivos de comunicación por su papel en la carrera mundial armamentista.

Ángel Quintana (Historia de una resistencia, p. 23 y 11). Dos por uno:

“La mayoría de las fábulas de política-ficción de Peter Watkins proponen un interesante punto de vista en torno a la necesidad de buscar una política de pacificación del mundo, de bloqueo de la carrera armamentista y de recuperación de la paz como forma de diálogo y convivencia entre las diferentes comunidades.”

La yapa:

“La trayectoria de… Watkins es bastante singular, sobre todo si tenemos en cuenta que, entre la amplia nómina de grandes cineastas europeos surgidos del corazón de la modernidad de los años 60, es uno de los más innovadores y, al mismo tiempo, uno de los más desconocidos y olvidados. […] [Realizó] una serie de obras fundamentales y radicales que no se ajustaban al cine convencional ni a los estándares de temporalidad del cine de consumo, sus películas dejaron de ser citadas…”

1991. The Media Project. Crítica en video a la cobertura de la Guerra del Golfo por parte de los medios.

1992-1994. Adivinen. The Freethinker –el film de PW sobre el dramaturgo August Strindberg- es rechazado por las principales cadenas de televisión nórdicas y es boicoteado en Suecia hasta por el sistema educativo. Strindberg es otro de los personajes malditos que fascinó al marginal Watkins.

Rewind. En 1979 el Instituto Sueco de Cine y Televisión le encarga investigar sobre el escritor. PW ofrece un guion. La película no se lleva a cabo. Quince años después el guion es retomado.

“…se convirtió en un insólito curso de producción en video con una duración de dos años y que contó con la participación de 24 estudiantes. El resultado… está basado en el guion original… con facetas desarrolladas por los propios alumnos que investigaron, dirigieron, filmaron, grabaron, editaron, diseñaron el vestuario y, sobre todo, ¡organizaron la producción y la financiación de este colosal proyecto pedagógico!” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 90)

1997. Escribe La cara oculta de la luna. Texto crítico sobre los MMAV con motivo del 75 aniversario de la BBC y dirigido a los profesionales de los medios de todo el mundo. Propone una forma alternativa de enseñanza audiovisual.

1999. Francia. La Commune (de París, 1871). Utiliza los estudios George Meliés. Continúa sus intereses marcados ya en Culloden.

2001. Geoff Bowie –canadiense- genera El reloj universal; o The Universal Clock o L´horloge universelle: la résistance de Peter Watkins. Fragmento

Dice PW (Historia de una resistencia, p. 129):

“Esto nos lleva a un segundo empleo antidemocrático de la forma y el espacio en televisión: el que fue identificado por Geoff Bowie y Petra Valier en su documental The Universal Clock (2001) que se ocupa de diversos aspectos de la realización de La Commune. El título procede de la práctica actual de estructurar todos los programas de televisión en rígidos períodos de tiempo estandarizados (un total de 47 o 52 minutos para las películas ´largas´, y de 26 en las cortas), para así plegarse a una cantidad determinada de anuncios dentro de cada hora o de cada media hora. De este modo, elementos de información ´audiovisual´ que han sido previamente modelados por la Monoforma, son remodelados en el momento de su presentación al público a través de los bloques uniformes de tiempo en los que aparecen contenidos. Este fenómeno elimina con toda claridad cualquier prioridad con respecto a lo que sale en televisión, o en el concepto de que temas diferentes o estilos de realización distintos podrían no ser objeto del mismo tratamiento en cuanto a su duración: todos son arrojados a la misma máquina de picar tiempo y expulsados con idéntico aspecto, a imagen y semejanza de la Monoforma.”

Aparte, acoto.

Reloj. Etimología: ´horologium´ (contar horas). Hay una concepción antigua: ´contar o narrar´ (del griego, ´legein´) como forma de pautar lo que el tiempo imponía al ritmo de la naturaleza. Hay una concepción moderna: el tiempo es ´mostrado´, ´comunicado´, utilizado para vigilar el cumplimiento. Sincroniza la vida. Ya para el siglo XIX se sabía: ´una metrópolis puede funcionar como un autómata por medio de la información de un reloj´. Dicen que el reloj es heredero de la disciplina monástica y preparador de las técnicas contemporáneas de comunicación como los periódicos, la radio, la televisión y las nuevas tecnologías de la información. Reloj: controla y divide el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso. En la mitología bíblica, Caín inventó las medidas abstractas, como las del reloj. Suponen, por lo tanto, un uso no-natural y están asociadas –perdón por la palabreja- al pecado (que es decir el ´mal´, que es decir la dominación).

Retorno a PW.

2003. Escribe La crisis de los medios.

2006. Buenos Aires. La crisis de los medios constituye la segunda parte del volumen recopilatorio Historia de una resistencia (páginas 119 a 208). En el prólogo -“¿Por qué molesta tanto Peter Watkins?”- orquesta Ángel Quintana (página 31):

“En la segunda parte [de Historia de una resistencia], titulada ´La crisis de los medios´, hemos reproducido el núcleo central de la reflexión que Watkins articula sobre los medios de comunicación en el mundo actual… después de los acontecimientos generados por el atentado del 11 de septiembre de 2001. En este texto, revisado por el propio Watkins a lo largo del verano de 2004, en coincidencia con la retrospectiva de su obra en el Festival de La Rochelle, el cineasta se interroga sobre la preponderancia de los medios de comunicación americanos en el contexto de un mundo globalizado, critica la llamada monoforma, o lenguaje estandarizado con el que los medios de comunicación pretenden crear una cierta sensación de objetividad, y se muestra extremadamente receloso contra lo que denomina ´el reloj universal´, es decir, la forma en el que los medios controlan el tiempo del discurso y lo acaban homogeneizando.”

Para cerrar, entonces, algunos fragmentos de ese texto de 2003 en la pluma de PW y traducción mediante.

“Al utilizar la expresión ´crisis de los medios´, hago referencia al funcionamiento cada vez más irresponsable de los mass media audiovisuales (MMAV) y a su desastroso impacto en la sociedad, los asuntos humanos y el medio ambiente. Hago referencia a la generalizada pasividad del público hacia el flagrante comportamiento de los MMAV como inductores de ideologías violentas, explotadoras y jerárquicas, y a la catastrófica falta de información que existe en la actualidad acerca de lo que nos están haciendo los mass media audiovisuales. Hago referencia a la generalizada oposición en el ámbito de los profesionales de los MMAV hacia el debate crítico que tenga alguna relación con su trabajo. Hago referencia, asimismo, a la dura represión que se da en el seno de los MMAV: mantienen a los profesionales a raya, y de ese modo logran, sin duda, que jueguen un papel activo a la hora de silenciar las voces críticas. Y, finalmente, hago referencia a la negativa por parte de los sistemas educativos de todas partes en cuanto a permitir que los jóvenes accedan a cualquier clase de auténtica pedagogía crítica en los medios, algo que podría darles la oportunidad de enfrentarse al papel y a las prácticas de los MMAV.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 121)

“Ya entonces [en los años 60] daba la sensación de que los mass media audiovisuales se habían convertido en una especie de suprasistema que englobaba el proceso social visible, y que tenía una función muy importante en la formación (y en la deformación) del mismo.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 119)

“…el empleo constante de la Monoforma, con su total ausencia de tiempo para la reflexión, su agresividad narrativa, su apariencia fluida (y, por tanto, incuestionable), su incesante avance lineal (que niega la flexibilidad de la memoria y la complejidad de la experiencia humana), ha tenido consecuencias de largo alcance, a un tiempo obvias e incalculables, sobre nuestros sentimientos. Nos ha hecho perder la sensibilidad hacia buena parte de lo que sucede en la pantalla y a nuestro alrededor (en especial hacia la violencia y el destino de los demás seres humanos). La capacidad de fragmentación y de división que encierra este lenguaje afecta con sus actitudes antidemocráticas a los cimientos del proceso cívico. La notable carencia de inclinación hacia el comportamiento colectivo en la sociedad occidental y el predominio de su opuesto (una visión cada vez más egoísta, obsesionada con el yo y la privatización de lo público) no son sino dos manifestaciones de los efectos que la Monoforma termina produciendo a largo plazo. Poco a poco se va haciendo más evidente la estrecha relación entre estos rasgos y la energía con que la Monoforma mueve el motor del consumo masivo.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 127-128)

Lapidario, pero a quién le importa. Es más, por insistente y reiterativo hasta se le podría colgar (como se ha hecho con tantos) el sambenito de la locura, del resentimiento, del rencor o de la esquizofrenia –porque el paranoide ronda esos lares. Y alguito de eso sucede –para mi sorpresa- por segundos con el reverencial Quintana (Historia de una resistencia, p. 31).

“La lectura de las reflexiones contenidas en ´La crisis de los medios´ puede parecer, a más de un lector, el resultado de una cierta paranoia frente al sistema con que los medios de comunicación han ido tratando el propio cine de Watkins. No obstante [nos encontramos]… ante una prolongación de otros… textos clásicos sobre los medios de comunicación y la semicultura del mundo actual…”.

Reproduje –como es visible y como repetí- textos watkinianos a partir del volumen del 2006, Historia de una resistencia, editado a propósito de la 8va. edición del argentino Bafici, y basado, en su mayor parte, en textos de la página web del cineasta.

Te remito a ellos -y también a este suelto– para mejor leer.

En fin,

PW vive.

Viva Watkins.

Rebelde.

Marginal.

Profético.

Político, y con su cine, partidario de la acción directa.

Pero mejor no darnos cuenta. Es preferible ubicarlo y con honores en el centro de lo que Levi-Strauss denominaba ´reserva ecológica al interior del pensamiento domesticado´, es decir, el arte.

Molesta menos. Y además llamémosle obsoleto, total la que impera hoy es la Red y la TV es sirviente de rango pésimo.

Pero PW vive.

Viva Watkins.

Viva.

Lourdes – 29-10-2014