Pablo Szir, el Cordobazo y el fugaz registro de un viajero del tiempo


El hombre está de pie, inmóvil, en una esquina. Con su mano izquierda sostiene un maletín y con la derecha una cosa que le atrae poderosísimamente la atención. La inclinación de la espalda y del cuello, y el modo de tomar la cosa con sus dedos nos hace pensar en un teléfono celular. La mano derecha de un hombre peinado con raya al costado y cubierto por un piloto que mira fijo la pantalla de un celular en una película no es un problema, pero él está en 1969 y eso sí parece ser un problema.
El documental “Argentina, mayo de 1969. Los caminos de la liberación” revisa en caliente el Cordobazo. La película fue ensamblada de forma clandestina por el grupo denominado ´los realizadores de mayo´: Jorge Cedrón, Osvaldo Getino, Enrique y Nemesio Juárez, Rodolfo Kuhn, Jorge Martín, Humberto Ríos, Pino Solanas, Eliseo Subiela y -quien aquí nos interesa- Pablo Szir.
Szir fue uno de los cuatro cineastas detenidos / desaparecidos por la dictadura cívico-militar argentina durante los años setenta. Lo secuestraron en octubre de 1976. Los periódicos lo dieron por muerto publicando su nombre de guerra. En los meses siguientes llegó a cruzarse un par de veces con amigos y con conocidos, escoltado por fuerzas paramilitares, en un final de vida atroz e inquietante.
Había nacido –se cree- en 1936.
Componen su filmografía cortometrajes como ´El bombero está triste y llora´ [1965], ´Un día´ [1966], ´Es un árbol y una nube´ [1968] y el largometraje vaporizado, ´Los Velázquez´ [1969-1971], basado en un libro de Roberto Carri (y cuya historia recupera ´Cuatreros´).
Szir trabajó en muchos de esos proyectos junto a quien fuera su compañera, Lita Stantic, luego una reconocida e importante productora.
El episodio que dirige Szir en “Argentina, mayo de 1969…” es un docu-ficción de diez minutos. La fría mañana del 3 de junio un obrero cordobés retorna a la fábrica tras varios días de ausencia. El paisaje urbano que atraviesa en colectivo le trae recuerdos de las jornadas de fines de mayo: disparos, enfrentamientos, corridas, pequeños triunfos, avances enemigos… Justo antes de que el vehículo que transporta al obrero y a sus devaneos doble hacia las afueras en dirección a la fábrica conmovida por el Cordobazo, sucede.
Al son de una guitarra vemos en la esquina al hombre inmóvil con piloto, maletín y en la mano derecha la cosa aquella que oscila fugaz frente a nuestros ojos entre ser papel, cartón y teléfono celular, como dijimos, aunque no dijimos todo.
Si reprodujéramos el pasaje a un octavo de su velocidad (0,125x), reconoceríamos que la cámara, probablemente por un desnivel en el terreno, ha perdido al pasar por ahí estabilidad de tal manera que al hombre lo vemos de pronto de cuerpo entero y centésimas después sin cabeza.
Es precisamente en los instantes previos a que la cámara vacilante cruce el eje de la cosa sostenida por la mano derecha, que explota –según la versión ralentizada- una interferencia, una descarga oscura y en el fondo, en la parte superior del hombro izquierdo de quien está de pie, la sobreimpresión fantasmal de una fachada de casa antigua o de algo por el estilo.
Esos detalles en su conjunto acentúan aún más la sensación de dislocación temporal.
Son esporádicos pero fehacientes casos como esos. A lo largo de la historia tales casos fueron de alguna manera apuntados. Recordemos en ese sentido la mitología de los llamados ´observadores´, en inglés ´watchers´ o ´scanners´. Ninguno de los tres términos acierta de todos modos con la idea de un hombre con maletín y piloto parado en una esquina, una mañana de invierno, obsesionado con la pantalla de un adminículo inexistente y en el marco de un proceso revolucionario.

 

 

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{Citro detectó ese                                    salto temporal                                   hacia los meses                                        de septiembre                                 / octubre de 2018.}

Escritos Paranoicos / Polosecki – Presentación e Índice

ESCRITOS PARANOICOS / PRESENTACIÓN

“A partir de El otro lado a mí se me modificó la idea de la ciudad. De Buenos Aires. El programa transcurre acá salvo una vez que fuimos a Rosario y cubrimos el viaje y esa ciudad. Algunas cosas en provincia. Viajamos a Brasil a una reunión de motociclistas. Pero para mí ahora la ciudad tiene una cantidad de nombres propios…, nombres muy míos. Es una ciudad posible. Buenos Aires es un lugar donde es posible vivir”, le reconocía, a mediados de 1994, Fabián Polosecki a Rodrigo Fresán [“El historiador”, Página/30].
Polo es un enigma.
Una de sus máscaras extrañas es el giro abrupto hacia la naturaleza de alguien tan urbano, y su posterior suicidio.
Otro rasgo peculiar no tiene que ver tanto con él, como con sus cronistas.
Cuenta la leyenda que viajaban Polo y su equipo rumbo a Tandil a filmar para El otro lado un capítulo sobre el Vía Crucis durante Semana Santa. A mitad de camino cambian de idea, se enganchan con motoqueros que estaban en un encuentro de motos en Azul y graban “Fierros Viejos” [1994].
Ignoro la veracidad de la anécdota (si así fue, esquivando a Tandil, Polo dilapidó acentuar sus posteriores persecutas isleñas). Ignoro también por qué anota Fresán –¿por problemas en la escucha?, ¿porque lo dice el entrevistado?- ´Brasil´ en lugar de (la ciudad de) Azul, una de aquellas ´cosas [filmadas] en provincia´. Sea por la razón que fuere, ese desconcertante desliz geográfico –´Polo en Brasil´- da una nueva pincelada a la fantasmagoría que lo sostiene.
Una obra televisiva fugaz e inigualable y una vida con un final aciago -alcanzadas aquí y allá por dudas, inquietudes, pequeños errores, inconsecuencias, transcripciones parciales, testimonios menospreciados- avivan conjuradas el interés por un personaje intrigante que bien podría haber acabado, como otros tantos talentosos, en la acotada piadosa memoria de amigos, nostálgicos y estudiosos.
La intención de reunir los siguientes textos, referidos a Gustavo Fabián Polosecki [1964-1996], es discutir algunos pormenores de ese enigma.
Por una de esas inexplicables sincronías que a todos nos atraviesan, redescubrí a Polo en el selvático norte brasileño. Esos chispazos iniciales están condesados en “Mancaos II. El surf de los pobres en la huida hacia Alter do Chão” [03-10-2013], una crónica que se convertiría luego en “Polo místico” [26-07-2014]. A este breve texto zurcido con apuntes e impresiones, le siguieron el más experimental “Fabián Polosecki, mística y anarquismo” [15-11-2014] y, tiempo después, “Polosecki. A veinte años del suicidio de un disidente” [02-12-2016]. Todos fueron publicados en el blog ymeescribesparanoica.wordpress.com y, dejando a un lado la inicial crónica amazónica, han sido reescritos según una lógica interna que confluye en “El fantasma”, el texto más extenso que clausura la serie y que es una opción de lectura para quien desee ir al corazón de la historia.
Este volumen incluye además transcripciones de dos artículos periodísticos: “El zorro interminable” que apareció en la revista Radiolandia a fines de los años ochenta y cuya autoría, casi con toda seguridad, le corresponde a Polo, y “Se fue Highlander. ¿Qué quedó?”, firmado en julio de 1990 con su nombre y apellido en la revista País Caníbal.
La recopilación cierra con el “Archivo Polosecki”, compuesto por la bibliografía sobre el heterodoxo periodista y conductor, la lista de sus programas, de sus proyectos inconclusos, de sus trabajos en gráfica, así como los homenajes, las derivas y la mitología que disparó ese ícono cibercultural disidente.//

ÍNDICE

PRESENTACIÓN / p. 5

POLO MÍSTICO / p. 9

FABIÁN POLOSECKI, MÍSTICA Y ANARQUISMO / p. 16

POLOSECKI. A VEINTE AÑOS DEL SUICIDIO DE UN DISIDENTE /p. 47

EL FANTASMA / p. 55

TRANSCRIPCIONES DE ARTÍCULOS / p. 105
El zorro interminable / p. 105
Se fue Highlander. ¿Qué quedó? / p. 108

ARCHIVO POLOSECKI / p. 111
Periodista / autor / p. 111
Ciclos televisivos / p. 113
Premios / p. 117
Proyectos inconclusos / p. 117
Derivas / p. 118
Bibliografía / p. 124

Virtuales Gurúes Impostores

Virtuales Gurúes Impostores / El hacktivismo y la revolución pendiente de la cultura libre y abierta. < Cibercrónica >

“Esa persona ha cometido probablemente el primer robo sistemático de capital social en el mundo P2P.” [Franz Nahrada, agosto de 2013]
“¡No se lo puede llamar activista! ¡Es un delincuente!” [Beatriz Busaniche, agosto de 2013]
“La historia necesita ser contada ¡y será contada!” [Michel Bauwens, agosto de 2013]

{Resumen} Esta crónica cibercultural reconstruye la historia de un joven hacker argentino que erosionó, a través de la mentira sistemática, la sustitución de identidad y el terrorismo psicológico, un segmento de la trama destinada a la ´revolución de la cultura libre y abierta´ integrada por fundaciones, cibercorporaciones, productoras audiovisuales, medios de comunicación, dependencias gubernamentales, organizaciones, universidades, propuestas pedagógicas alternativas, antropólogos esotéricos, niños índigo, profetas del transhumanismo, entre otras instancias y entelequias. Después de haber merodeado decenas de proyectos tecno-redentores, de haber alcanzado la asesoría de Conectar Igualdad, programa estatal dedicado a acortar la denominada brecha digital, de haber complotado para convertir en viral a La Educación Prohibida, primera película argentina financiada colectivamente, crítica de la educación tradicional y defensora de pedagogías para seres humanos del nuevo milenio, el joven hacker traicionó a sus pares y al anhelo intrínseco de un nuevo orden social que habrá de trascender el Mercado, el Estado y el Capital con las nuevas tecnologías como estandartes. La historia de ese infatigable experto de personalidad múltiple es conocida por quienes voluntaria e involuntariamente formaron parte del entramado al momento del atentado y de su triunfo repentino. Para el resto, el hereje digitalista -¿mutante en un sistema al borde del delirio?, ¿parásito de ciénagas académicas?, ¿engendro de la wikipolítica? ¿gurú anti-sistema?, ¿revolucionario?, ¿terrorista?, ¿impostor?, ¿héroe del siglo XXI?- es un anónimo.

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Mambo y revolución

En La sociedad industrial y su futuro [1995], manifiesto que le dio a Kaczynski la fama que lo llevó a la cárcel, el intelectual-terrorista asegura que ´la baja autoestima, las tendencias depresivas y el derrotismo´, arduos problemas en nuestra sociedad, son particularmente notables en los adherentes al ´izquierdismo´, activistas y militantes. El Unabomber considera que la militancia es una ´actividad sustitutoria´ ofrecida por el Sistema a personas sobresocializadas que han perdido el control directo sobre su vida, su subsistencia y la de su familia (vivienda, comida, seguridad). El activismo le parece, en definitiva, la práctica de un refinado hobby para evitar el aburrimiento, la depresión y, por supuesto, la revolución.

Es posible distinguir, al menos, dos tipos de revolucionarios: aquel con sus marcados conflictos internos, y el ´verdadero´ revolucionario que atiende ´a la única finalidad de eliminar la tecnología moderna´. Por el bien y la pervivencia de estos se preocupa el Unabomber y les aconseja tener muchos hijos para engrosar sus filas ya que, en promedio, ´los niños tienden a sostener actitudes sociales similares a las de sus padres´. “Mucha de la gente que está inclinada a rebelarse contra el sistema industrial está también preocupada sobre el problema de la población, por lo tanto creen oportuno tener pocos o ningún niño. De este modo, pueden estar cediendo el mundo a gente que mantiene o al menos acepta el sistema industrial. Para asegurar la resistencia de la próxima generación de revolucionarios la actual debe reproducirse abundantemente.” Kaczynski lanza esta sugerencia demográfica a los disidentes del sistema industrial porque es consciente de que el aparato comunicacional -del bando que sea- dirige y atrae las personas hacia el primer tipo de militancia, la ´mambeada´ que se caracteriza por la ´psiquis afectada´ de sus adeptos.

Años después, en “El truco más ingenioso del sistema”, Kaczynski señala a los profesores universitarios como particulares funcionarios de ese aparato destinado a estandarizar las demandas sociales, y a alejarlas de una verdadera acción revolucionaria. La dinámica es la establecida anteriormente. El Sistema genera sensaciones pésimas y luego otorga objetivos artificiales, o pre-moldeados en las instituciones, para alivianarlas: “Mucha gente de hoy en día se siente débil e impotente (…el Sistema nos hace débiles e impotentes), y por ello se identifican de forma obsesiva con las víctimas, con el débil y con el oprimido. Esto es en parte la razón por la que, los asuntos de persecuciones, tales como el racismo, el sexismo, la homofobia o el neocolonialismo, se han convertido en asuntos estándar del activista.”

El truco logra aturdir a candidatos a rebeldes y a revolucionarios que creen estar agitando aguas desestabilizadoras mientras plantean reformas útiles a un Sistema que previsor se ha encargado de organizar esa agenda contra la violencia racial, de género, de orientación sexual, de religión, etc. “El truco más ingenioso del Sistema consiste en encauzar hacia estas modestas reformas los impulsos rebeldes, que, de otro modo, podrían llevar a la acción revolucionaria.” Las reformas son ´modestas´ porque ya fueron, en el pasado, revolucionarias. Al día de hoy, los rebeldes funcionan como antenas que marcan los desajustes que el Sistema debe corregir si quiere subsistir y perpetuarse.

El siguiente ejemplo, extenso y crudo, es ilustrativo. Kaczynski está hablando de la actitud manipuladora de los medios de comunicación (otra pata del aparato contra la revolución verdadera), y entonces dice: “Cuando el redactor [de un medio de comunicación] se fija en las radicales feministas ve que algunas de sus propuestas más extremas serían peligrosas para el Sistema, pero también ve que las feministas albergan una parte muy útil. La participación de la mujer en el mundo tecnológico y empresarial las integra mejor… a ellas y a sus familias… El énfasis que ponen las feministas en acabar con la violencia doméstica y las violaciones también responde a las necesidades del Sistema, ya que el maltrato y las violaciones, como otras formas de violencia, son peligrosas para él. Quizá más importante aún, el redactor reconoce la nimiedad e insignificancia del trabajo doméstico moderno, y ve que el aislamiento social del ama de casa moderna puede desencadenar frustración en muchas mujeres; frustración que causará problemas, a no ser que se les permita recurrir a la salida de desarrollar una carrera en el mundo técnico y empresarial. Incluso si el redactor es del tipo machote, que personalmente se siente más cómodo con la mujer en una posición subordinada, sabe que el feminismo, al menos en una forma relativamente moderada, es bueno para el Sistema.” Y el redactor, cuya opinión no le importa a nadie, dice eso.

Slavoj Žižek, intelectual esloveno mucho más popular que el matemático descendiente de polacos, ensaya una interpretación semejante. Žižek parte de la idea de que el ciberespacio y las tecnologías digitales provocaron lo que él denomina ´la retirada del gran Otro´, que traducido sería la suspensión de la Autoridad provocada por la aparición de Internet. Esto quiere decir que el ciberespacio vuelve imposible diferenciar entre ´realidad, apariencia, simulacro´ porque –entiéndalo de modo general- no existe instancia final de decisión que establezca la función simbólica de la Ley. Slavoj bien sabe que Internet está repleto de controles y de policías. Su análisis apunta a un asunto diferente, a los efectos del ciberespacio en la subjetividad. Como si se tratara de una divinidad indolente, el gran Otro que da sentido está en retirada, instalando la sospecha y abriendo la puerta a los reclamos.

Una de las paradojas que genera esa situación, dice Žižek, es la llamada ´cultura de la queja y la lógica subyacente del resentimiento´. La gente –él habla del ´sujeto´- en lugar de asumir alegremente la inexistencia de la Autoridad, la culpa por su fracaso o por su impotencia como si el gran Otro fuera culpable de no existir. Cuanto más se acusa al Otro por la situación –cuanto más queja hay- más se depende de él. La cultura de la queja es una nueva forma de histeria. Es una demanda imposible que desea ser rechazada, pues la gente -el sujeto- funda su propia existencia en esa demanda. “Hay una diferencia insuperable entre la lógica de la queja y el verdadero acto ´radical´ (´revolucionario´) que, en lugar de quejarse al Otro y esperar que actúe, es decir, en lugar de desplazar al Otro la necesidad de actuar, suspende el marco legal existente y realiza por sí mismo el acto… ¿Qué tiene de malo, pues, que se quejen los auténticos desfavorecidos? Precisamente que, en lugar de cuestionar la posición del Otro, se siguen dirigiendo a él: al traducir sus demandas en una queja legalista, confirman al Otro en su posición, en el mismo gesto de atacarlo.” [“¿Es posible atravesar la fantasía en el ciberespacio?”, Lacrimae Rerum, 2005] Despojado de su retórica psi, es un argumento conocido y efectivo. Si una dependencia estatal o privada no interviene en una agresión, discriminación, etc., la solución no es reclamar, sino atacar esa dependencia como fuente del problema. Una constante demanda solo le da entidad al origen del error. La autoridad que pretendo encaminar se fortalece y en mí el resentimiento.

A diferencia del menos conciliador Ted, Slavoj es reticente a dar ejemplos. Habla de avasallamientos sobre ´minorías étnicas o sexuales´ que podrían olvidar la queja y apelar a la autonomía sin que un truco ajeno los distraiga de agarrar, ir y hacer la revolución.

El germen de la idea del ´ingenioso truco´ nace de una frase que coloca Kaczynski al inicio de su artículo: “El supremo lujo de esta civilización de la necesidad es concederme lo superfluo de una rebelión estéril y de una sonrisa condescendiente.” Este pasaje de La edad de la técnica o el riesgo del siglo [1954] indica que para Jacques Ellul, a quien visitaremos en breve, como para el ex matemático que lo cita, la civilización tecnológica es como el gran Otro, receptor de quejas. Las discusiones la mejoran.

El francés Ellul dedica tres volúmenes a pensar la revolución en el marco de la sociedad tecnológica. En Autopsia de la revolución [1969] fecha el nacimiento de aquel mito a fines del siglo XVIII, con la Revolución Francesa. Una vez superado Mayo de 1968, Ellul asegura que ´la revolución necesaria´, contra el Estado y contra la Técnica, requerirá cortar con todo ese pasado revolucionario ya que la sociedad tecnificada arrasó con los valores que permitirían un planteo radical. El segundo libro, ¿Es posible la revolución? [1972], acrecienta ese pesimismo latente. Ellul reconoce que ignora por dónde ha de salirse del aparente sosiego. “El hombre tranquilo, seguro de que la técnica le proporcionará cuanto pueda desear, no ve la razón para hacer otro esfuerzo que no sea el facilitar este desarrollo técnico, ni por qué habría que lanzarse a una aventura incierta y dudosa.” Completa la tríada Changer de revolution [1982], signado por un amor pasajero hacia la informatización y la automatización como vía a un socialismo libertario y descentralizado. Poco tiempo después reniega de ese desatino, según el artículo de José Ardillo que sigo, “Jacques Ellul y la revolución necesaria” [revista Ekintza Zuzena n. 36, 2010].

Esta es una nueva instancia. Nos encontramos ahora con intelectuales que no cejan de hablar de la ´revolución´. Carl Mitcham –en la página 78 de ¿Qué es la filosofía de la tecnología? [1989]- recuerda que con el ramillete de libros sobre técnica y revolución, Jacques Ellul –quien se citaba a sí mismo cometiendo errores porque despreciaba los detalles, desliza con cizaña- quería reproducir con su incesante obra, en el siglo XX, la tarea analítica emprendida por Marx. “Yo [Ellul] estaba seguro… de que si Marx viviera en 1940 no estudiarla economía o las estructuras capitalistas, sino la técnica. Entonces empecé a estudiar la técnica utilizando un método lo más similar posible al que Marx utilizó un siglo antes para estudiar el capitalismo.” Esto era lo que nos faltaba: un caso de mesianismo intelectual resuelto en una sesión espiritista para obtener métodos de análisis. Nada extraño.

La revolución y la afección que puede provocar un rumor apocalíptico van de la mano.

Indiferente a la francofilia que subraya el origen con la toma de la Bastilla, Norman Cohn retrotrae en cuatro siglos el nacimiento del ´mito de la revolución´. En su libro En pos del Milenio [1957] se pregunta. “¿Cuándo dejó la gente de imaginar una sociedad sin distinciones de status o de riqueza como una Edad de Oro irremediablemente perdida en el remoto pasado y empezó a pensar en ella como un estado pre-ordenado para el futuro inmediato?” Y nos responde: “Por lo que podemos conocer a través de las fuentes de que disponemos, este nuevo mito social nació en los turbulentos años cercanos a 1380.” Las revueltas campesinas medievales plagadas de matices apocalípticos iniciaban a fines del siglo XIV, según Cohn, una dinámica que hoy continúa.

Eso tiene cierta lógica. El austríaco Ivan Illich, historiador y teólogo hereje como el francés Ellul, admiraba la sagacidad del citado Mitcham porque le había permitido comprender que (la idea de) ´herramienta´ o ´instrumento´ nacen con sus beneficios y con todos sus problemas entre los siglos XII y XIV, momento en el que también comienza a cuajar el sistema jurídico y las instituciones que nos rodean. Illich no lo dice así en Ríos al norte del futuro [2005] de donde tomo la referencia, pero si acertamos a reunir esos dos inicios, es lógico pensar que aquel ´mito de la revolución´ floreció después de que la ´era de la técnica´ y de que el Estado moderno prendieran, es decir, de que la civilización tecnológica con el capitalismo en su vientre diera sus microscópicos brotes.

¿Y el mambo? Obra y gracia de la Santa Madre. Los revolucionarios milenaristas, surgidos en muchos casos de la Iglesia, bebiendo de los primitivos herejes cristianos y entreverados con pobres, marginales, descastados y delincuentes, compusieron el magma cáustico del ´anarquismo místico´. Lo inaudito -no para el lector que vio a Žižek y su lacaniano ´gran Otro´- es que Cohn se interesa por ese movimiento político revulsivo durante años, y al acometer su interpretación, los psicoanaliza: “Desde el punto de vista de la psicología profunda… todos los místicos empiezan su aventura mística con una profunda introversión en el curso de la cual viven, como adultos, una reactivación de las deformantes fantasías de la infancia. Después… son posibles dos caminos. Puede darse el caso de que un místico salga de su experiencia de introversión… con una personalidad más integrada, con un campo más amplio de simpatía y más libre de las ilusiones que pudiera tener acerca de sí mismo y de sus semejantes. Pero también puede suceder que el místico introduzca dentro de sí las gigantescas imágenes de los padres en sus aspectos omnipotentes, más agresivos y destructivos; así emerge como un megalómano nihilista.”

El siglo XIII ve surgir al ´anarquismo místico´ entre los adeptos medievales al Espíritu Libre quienes, a la vez que niegan cualquier sujeción a la ley, coquetean con la auto-divinización. Esta tradición –sintetizada de modo independiente por Hakim Bey en “La religión anarquista” [2009]- se extiende hasta la actualidad fusionándose con el anarquismo esotérico y primitivista que en los años sesenta prendió, con sus variantes, en las comunas hippies que apelaron para allanar la vía mística a las drogas psicodélicas.

Por ese primitivismo navegó Kaczynski a quien, apenas le pusieron las manos encima, lo catalogaron de enfermo, de esquizofrénico, de megalómano nihilista, pero no de revolucionario. ´Terrorista´ y ´lobo solitario´ facilitaron la condena y el prejuicio social. Ricardo Piglia resaltó esa finta de manual ´contra el disidente´ en El camino de Ida [2013], novela en la que Kaczynski es Thomas Munk, el Monje: “…ya sabe cómo son las cosas aquí –le dice un investigador a Emilio Renzi, interesado por los sabotajes- más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.”

De la clínica a la política es un sendero que también recorrió el Unabomber, estrellándose en la contradicción. Los ´revolucionarios víctimas de los trucos´ son notablemente depresivos, como lo es todo el espectro del izquierdismo. Sin embargo, la ´depresión´, una enfermedad y un diagnóstico sistémico, puede ser vista justamente como un recurso para disolver en la clínica las posturas disidentes, tal como lo experimentó el propio Kaczynski quien, por su parte, lo sugiere en el manifiesto, por lo menos, en dos oportunidades: i) “El concepto de ´salud mental´… está definido porque el comportamiento de una persona esté de acuerdo con las necesidades del sistema… sin mostrar signos de tensión.” ii): “Nuestra sociedad tiende a considerar como ´enfermedad´ cualquier forma de pensamiento o comportamiento inconveniente…”. Es en este ideológico fuego cruzado que mambo y revolución muestran su exponencial y legendario entrevero.

La célebre dupla reaparece hace algunos años por una disputa académica entre Toni Negri -pensador de izquierda y uno de los autores de Imperio [2000]- y el filósofo surcoreano, con base en Alemania, Byung-Chun Han quien, en su artículo “¿Por qué hoy no es posible la revolución?” [El País, 2014], recupera el ensueño de Internet y de las nuevas tecnologías como reverdecer revolucionario de la comunidad y del compartir -de la cultura libre y abierta, de la economía solidaria-, y lo destruye. “Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global.” Y amplía: “La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad… El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.” El panorama es apocalíptico: “La soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente… La competencia total… destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.” Y remata con el azote suicida que diezma la posibilidad del cataclismo social y político: “Uno emplea violencia contra sí mismo, en lugar de querer cambiar la sociedad. La agresión hacia el exterior que tendría como resultado una revolución cede ante la autoagresión.”

Mi única prevención frente al análisis de Byung es que a todas luces los ´agotados, depresivos y aislados´ no conforman ningún movimiento revolucionario, pero son capaces de convertirse en ´revolucionarios´. El ´fin de la revolución´ no es ni remotamente el fin de los revolucionarios. Kaczynski lo decía de otro modo. La tensión y el malestar que provoca la organización social son liberados en el teatro, el estadio, el cine, yoga, el consumo o la plaza en la que se ejerce el derecho a la militancia. Eso es el comunismo como mercancía. En este nuevo mundo en el que revolucionarios profesionales arman el circo que será atestado por revolucionarios que buscan con ansias despuntar su hobby, el sueño de la revolución parece acabado.

En fin. Esta galería de afecciones ajenas que rescaté, conduce a mi propia afección de la que mi archivo es síntoma. Esta acumulación quiso contar, sin que nadie me lo haya pedido, por qué siempre escribo sobre lo mismo, por qué recurro siempre a los mismos autores y a los mismos fragmentos. Está clarísimo. Si no estuviera tan afectado, me olvidaría de toda esa lata de los libros sobre la revolución y sobre la sociedad tecnológica, y en algún patio saturado de verde, alejado de la ciudad, atento al avance de la huerta, envuelto por el aullido del viento o de los perros, repetiría como un mantra bajo el tibio sol el bello verso de Pizarnik: “No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.” Entre la asfixia y el soplo divino, el antídoto. Ese mantra aquí y ahora me permite imaginar que Alejandra, ignorante de quien se retiró a las montañas para armar bombas, cartas y manifiesto, concibió un mundo libre y se lanzó, sin asfixia, ni divino soplo, ni mambo, ni revolución a buscarlo.

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Aquí el artículo en Revista Colofón. Es el número 11.

Polosecki, el suicidio de un disidente

Fabián Polosecki. A veinte años del suicidio de un disidente

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{Foto de Polo en revista Film, enero / febrero de 1997}

A días de cumplirse 20 años del suicidio de Polo, “Ciudad Abajo. Ciclo itinerante Polosecki” trajo la buena nueva. Todos los programas realizados entre 1993-1995 por Fabián Polosecki, junto a un sólido equipo, verán poco a poco la luz. Los 80 capítulos que conforman la saga de El otro lado y de El visitante son custodiados, para quien desee verlos, por el Núcleo Audiovisual Buenos Aires, ubicado en el subsuelo del Centro Cultural San Martín. A su modo, la Red ofrece fragmentos, retazos, programas dispersos. Sea por la dificultad de acceso para el público general, sea por la errática colección gestionada por anónimos cibernautas, la buena nueva invita a indagar una obra, y una vida, más cercana al mito y a la repetición serial de lugares comunes que a la historia cultural vernácula.

Con las habituales y honrosas excepciones, la extensísima bibliografía generada durante más de dos décadas por ese ícono cibercultural contiene incesantes recurrencias nacidas del interés, del azar, del pastiche, de la desidia, del plagio, de la ausencia de perspectiva -una trampa fatal para los lectores. La primera, y la más ardua, es la recurrente negativa a pensar el suicidio de Polo. Si se salta la barrera de la omisión, se habla entonces de enfermedad (de depresión), de adicción, de delirio, de malas influencias, de tragedia, de oscura decisión ultra-personal, de corte con lo real, de ingenuidad, e incluso de ´infantilismo´. Todas estas elucubraciones –cada una con su porción de verdad, según se estila conceder- entorpecen la posibilidad de obtener, del gesto final de Polosecki, algún sentido. Afluente de ésta, la segunda recurrencia es la neutralización de su concepción, esbozada en entrevistas e intervenciones públicas, acerca del antiperiodismo, andamiaje de sus programas. No es descabellado conectar esa postura, que se intensificó una vez finalizada su relación con los medios, con su suicidio. La decisión final bien podría pensarse como el clímax alcanzado por sus cada vez más recalcitrantes convicciones políticas, ideológicas, profesionales. A la interpretación del ´adicto / depresivo que se quita la vida´, puede añadirse la del ´suicidio como gesto de disidencia radical´. La tercera recurrencia, amparada por el reverdecer de los últimos años, es la relativa vara con la que se mide -cuando se mide- la distante postura de Polosecki frente a la militancia política, entramado que conoció en su temprana juventud.

En una nota del año 2001, con motivo de una de las primeras exhibiciones-homenajes, Carlos Polimeni afirmaba que ´nadie entendió nunca el final de Polo y que su vida y sus programas fueron emblemas de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío´. A pesar de su simetría, esta secuencia de análisis no engendró lecturas. Si uno acepta esa trama y sugiere que Polo trasladó a su labor periodística y/o artística la impronta política, la ecuación daría como resultado que ´su anti-periodismo se correspondió con su anti-militancia´. Esa postura anti, así lo intuyo, se condice con una perspectiva místico-apocalíptica de estirpe anarco cuya radicalidad (¿pureza?) lo condujo a lo que consideramos ´el vacío´. (Alfredo Casero, es justo reconocer, fue quien primero conectó en Polo, anarquismo, rechazo al ´sistema destructor de sueños´ y suicidio, ´se quiso ir a la mierda´.) Este apronte interpretativo no reduce todo a esa única idea fuerza. Intento, por el contrario, sumarla a la compleja silueta.

En julio de 1994, Página/30 [año 4, nro. 48, tapa: ´Buenos Aires, hora cero´] publica una entrevista a cargo de Rodrigo Fresán (fotos, Adriana Lestido) titulada “El historiador”, en la que Polo, el excéntrico ´cazador de historias´, fascina al novel escritor. “Hay demasiadas cosas para agradecerle a este programa [El otro lado]…”, a saber: la perspectiva documental inédita; el divismo cero del conductor; el respeto hacia las personas interpeladas. En ese marco, Fresán plantea una sesión de periodismo espiritista e invoca al ectoplasma del reticente personaje: “…ahora Polosecki se arriesga a separarse de su otro yo televisivo…, viaja al otro lado de las cosas. Y vuelve para contarlo.”

La charla Fresán / Polosecki condensa algunos antídotos plausibles contra aquellas recurrencias. En primer lugar, asoma el misticismo propio de la mirada de Polo: “Yo creo que soy apenas un médium. La televisión es un fenómeno autónomo y total”, comenta y añade: “El año pasado… vivía cada momento con una especie de satori, de iluminación. Yo lo que sí sé…, de lo que estoy completamente seguro es de que a mí ya me dijeron todo lo que se necesita saber de la vida. La gente me lo dijo. No creo que me falten datos importantes para andar bien y feliz por la vida. El problema es no estar del todo seguro de haberlo entendido. No creo haber entendido todo lo que me mostraron y me dijeron…, porque muchas veces son gente en trance. Gente que te habla en trance… Yo me volvía loco. Yo era un poco un exorcista.” Polo aparece, en sus palabras, afectado por procurar ´entender´ a partir de personas que deambulan –están en trance– entre la vida y la muerte, a las puertas de una unión mística o de una derrota frente al ´demonio´ y que lo toman como a un médium para exorcizar terrores, dolores, secretos…

Esos estados alterados de conciencia, de unos y otros, apuntalan su extraña mirada ético-política que encarna, por caso, en el antiperiodismo. Dice Polo: “[En el programa El otro lado]…el narrador es un cazador de ideas. A mí lo que más me importaba era que el narrador no fuera periodista… El programa es en sí como una historieta. Yo no me siento periodista, no creo estar haciendo un periodismo de rigor. Hago, si se quiere, un periodismo de color. Por eso lo del guionista… El tipo está afuera, en el otro lado, es un outsider.” Y enfatiza lo marginal de esa producción: “Somos extra ATC.” ¿Por qué, en rigor, no hacen periodismo? Porque “…El otro lado quizá puede ser definido como una ´fotografía´ más que como un ´discurso´… La foto tiene que contarte una historia antes que una ideología, ¿no?” El rechazo a la ideología, a favor de historias de personas en trance, es un rechazo al discurso que busca atraer adeptos. Según Polo la clave está en “no hablar con gente que te quiere convencer”. Por eso ´relativiza en sus textos´. “No hago filosofía. No bajo línea.” Convencer y bajar línea es propio de los ámbitos políticos. Y ese submundo de caliginosas conspiraciones poco tiene que ver con los saberes esotéricos de los universos particulares.

En dos intervenciones, Polo le comenta a Fresán su distancia de los nichos de poder ansiosos por convencer, y en cualquiera de sus vertientes. Reconoce, por un lado, sus límites como personaje frente a la maldad para-estatal: “En la Argentina los asesinos seriales tienen nombre y apellido. Fueron juzgados y fueron indultados. Yo me doy cuenta de que nunca podría entrevistar a un torturador. Porque sus historias y sus crímenes están llenos de discurso político. No creo que sea material para este programa… Yo quiero hacer un programa sobre el amor…” Por el otro, rozando la incorrección política, deja ver su desconfianza frente a una militancia obcecada más allá de la evidencia: “…yo laburaba en revistas políticas. Pero rompí con eso. Una historia que pasó. No es que yo sienta la militancia como algo adolescente, pero… bueno, cuando hicimos el programa sobre ex guerrilleros y aparece un tipo diciéndote que esos fueron los mejores años de su vida y enseguida te cuenta cómo mataron a todos sus amigos y al rato vuelve a decirte que esos fueron los mejores años de su vida, bueno, es que hay algo más allá de la movida política, algo que yo no termino de entender o compartir del todo.”

El programa “Ex guerrilleros” pone en escena las dudas de Polo frente a la épica militante. Esa entrega de El otro lado incluye testimonios que van desde el ácido humor político del Pájaro Salinas –´los de los JP eran en aquel entonces como los grupos de hinchas de los Redonditos de Ricota, recontra-politizados y federados de una forma oscura´-; al testimonio de una sobreviviente que por la tremenda violencia sufrida cayó en el negacionismo y en la amnesia, y que adjudica parte de la responsabilidad de la catástrofe humana a la cúpula del movimiento; pasando por el de Jorge ´el Topo´ Devoto, publicista; por el de Andrés Castillo, partícipe de la ´Operación Cóndor´; para terminar en un cara a cara con Emilio Pérsico, en un vivero en las afueras de La Plata, al que Polo mide, con la imaginaria música de fondo de las armas, como alguien que justifica lo injustificable. Enmarcan los testimonios, algunos cínicos, otros estremecedores, dos reflexiones. La de apertura instala una atmósfera enrarecida: “Hay veces que la historia se torna inaprehensible, como si los hechos pasaran frente a uno sin detenerse, sin poder ser comprendidos del todo. No sé. Tal vez fuera eso o el hecho de que el silencio de los muertos se contagia a los vivos. Lo cierto es que cuando me decidí escribir una historia sobre aquellas personas que hacía veinte años habían integrado grupos guerrilleros sabía que tenía que penetrar los misterios de una época fantasmal. Y esos secretos solo podían serme revelados por un puñado de sobrevivientes.” En el cierre del programa, a pesar del conjuro, reconoce: “Cuando empecé a escribir, pensé que tal vez podría comprender mejor un fragmento de la historia reciente. Sin embargo, las siglas, las declaraciones públicas [de] los grupos guerrilleros, los vaivenes de aquella ideología vertiginosa que los guiaba y todas las explicaciones posibles sobre ese pasado no se dejaban organizar de tal modo que yo pudiera entenderlo del todo. Una vez más lo único que podía retener era un puñado de imágenes sobre gente a la que la historia había marcado de una vez y para siempre.” Este puñado de imágenes al que se refiere el narrador, son las fotos obtenidas por el cazador que no quiere ni discursos, ni ideología. En los segundos finales, Polo deja atrás el reverbero de las palabras de los sobrevivientes y se une, mientras camina por la vereda, a un grupo de niños para preguntarle a uno de ellos –“¿cómo lo hacés?”. Entender era su premisa a través de su alter ego televisivo. Si en esa metempsicosis entendió, parece que no fue nada bueno.

En los primeros días del mes septiembre de 1994, Polo participa del II Festival Latinoamericano de Video de Rosario y de la mesa “Video y roles de trabajo”. La revista Film, en su edición de enero / febrero de 1997 [año 4, número 23], publica una transcripción inédita de esa exposición a modo de homenaje. Polo caracteriza a su trabajo, y al de su equipo, como “una producción independiente de los canales”. Repite e insiste que ensayan “una suerte de antiperiodismo [al] rescatar la posibilidad de hacer periodismo no atado a lo público, ni al orden de lo público” porque no es lo único importante. Según Polo, lo fundamental es la búsqueda del personaje historieta, del cazador de historias, no así la noticia, ni la actualidad. El antiperiodismo corre el eje de lo político y de lo público, por medio de una mirada subjetiva, de una ´actitud artística´ respecto de la realidad. “[A] eso me refiero con antiperiodismo. Creo que también tiene que ver con la falta de credibilidad. En mi programa, cuando aparece un tipo que tiene claramente un discurso, cuando hay alguien que formula sus opiniones para convencer, le huimos… No entran ni los psicólogos, ni los sociólogos, ni los especialistas y muy difícilmente los artistas, que también tienen un discurso bastante estructurado respecto de las cosas.” Más que por lo que es, Polo define su mirada por lo que ´no es´. La propuesta anti– es una radical negatividad frente a los especialistas, los profesionales, los burócratas, los institucionalizados.

El antiperiodismo –y su sucedáneo incrustado por mí, la antimilitancia- rechazan los discursos pre-fabricados, encargados de interpretar la realidad con parámetros que son una máscara de hierro que quiere ser impuesta al otro, al que escucha y/o observa. Por eso, el programa sobre “Ex guerrilleros” puede ser considerado una rareza. Polo había contado en Rosario que cuando decidieron hacerlo fue una de las pocas veces que le avisaron a ATC del contenido “porque implicaba un golpe de timón en la temática del canal”. Pero el programa parece, sobre todo, un golpe de timón a la huida sistemática a la ideología y al discurso, según sus términos. Sostenido sobre un fondo silencioso de antiperiodismo y de antimilitancia, ese programa es un cóctel explosivo –y muy, muy delicado, como oí decir.

Tiempo después, en el noventa y cinco, Polo y parte del equipo participan de un encuentro con estudiantes de periodismo en TEA. Machaca y machaca que su ´personaje no es periodista, no es periodista, no hace periodismo´… Ante la insistencia, una joven del público le pregunta por qué esa reticencia y Polo aduce que ´a él le hincha las pelotas la idea de hacer periodismo, de ser periodista´. Risas y palmas entre el público. Si en Rosario había sido conciliador (´respeto al periodismo), esa puteada funciona como el amperímetro de una ira que se acentúa. Abandonado el mundillo mediático, especulo, la escalada anti– se intensificó hasta volverse extrema.

De ninguna manera considero a Fabián Polosecki una pieza humana monolítica. Complejo y contradictorio, su decisión final está atravesada por la paradoja. En su exposición en Rosario, había sugerido que ´el programa de los ferrocarriles mostraba la decadencia del país´. Él -que se había retirado a la naturaleza durante su último año- no extrae las consecuencias de su gesto neo-romántico, no se entrega al poder implacable de natura, no desanda el camino místico de fundirse con la madre tierra, ni de hundirse en las ondas acuosas. Elije destruir su humanidad arrojándose contra el deslucido ícono ferroso del progreso, contra esa maquinaria símbolo de la decadencia local y acaso tosca cifra de otra atroz maquinaria más sutil pero no menos inclemente.

El disgusto, la ansiedad, el rechazo, el sesgo apocalíptico de las declaraciones del Polo famoso -´siento una angustia y un temor terribles con una violencia subyacente´- alientan a creer que el ensayista inglés que indagó en el suicidio acertó al decir que ´a cierta altura de la desesperanza, un hombre se mata para probar que habla en serio´ [Al Alvarez, El dios salvaje, 1971]. Si se acepta la versión más extrema de la mirada anti– de Polo (contra la profesión de periodista, contra la pertenencia a las esferas de poder, contra el entramado estatal de generación de discursos aglutinantes) es entendible que la ´amarga victoria pírrica de negar completamente a todo y a todos´ -Alvarez dixit- genere rechazo entre los vivos, provoque maledicencias e incomprensión. Aciago y terrible, el suicidia marca con su gesto la disidencia ante el resto, sean amigos o extraños.

En definitiva, a ese terreno escarpado habrá que volver. Urge, ahora, la prudencia hasta acceder con mayor libertad a la obra de Polo, según fue prometido. Acaso no se modifique sustancialmente la perspectiva recurrente. O quién sabe. Programas como “Ex guerrilleros” advierten cuán oscuro puede ser este mundo, tan oscuro que algunos deciden saldar la discusión abandonándolo, con la esperanza de hacer valer sus argumentos en ´el otro lado´.

[Tandil – 28 de noviembre al 02 de diciembre de 2016]

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Polo místico[26 de julio de 2014]

Fabián Polosecki, mística y anarquismo[15 de noviembre de 2014]

El zorro interminable {atribuido}

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Los espectros de Jorge Giannoni

Palabras preliminares

Primera parte del mítico y maldito film Molotov Party, del que participó Jorge Giannoni, y para el que contribuyeron con ´Sympathy for the Devil´, The Rolling Stones.

Hasta mayo de 2010, acceder a esa película underground era imposible. Aún hoy, avistar un producto fílmico que haya surgido de sus sueños, un milagro. Jorge Giannoni [1939-1995] vaga como un fantasma por la desolada geografía de los fervores icónicos de la cultura argentina.

Poco menos de una década atrás, y en otro universo, compilé lo conocido sobre obra y vida. La historia que allí cuento –y que pueden leer al culminar estas líneas- retoma y extiende lo que Gabriela Jaime reconstruyó mediante su documental Jorge Giannoni, NN, ese soy yo [2000], si no me equivoco inhallable en la Red, excepto por su trailer

La sinopsis de ese documental reza así

Los invito a conocer la historia de Giannoni a través de la lente de Jaime –si es que encuentran ese documental. Debería decir, también, a través de la lente de Claudio Remedi (cámara y fotografía en dicho documental), uno de los fundadores en 1992, junto con otros egresados de la Escuela de Cine de Avellaneda, del ´grupo de boedo films´. A ese grupo se le debe el rescate del afantasmado director. Remedi incluye a NN en sus “Apuntes para una historia del cine documentalˮ –texto recomendable de leer.

LOS ESPECTROS DE JORGE GIANNONI

[Roberto Lépori]

Él nunca abandonó el lugar de combatiente, ni como hippie que fue, ni como personaje contestatario y contracultural. Él se instala en la polémica no desde afuera de los demás, sino desde adentro del otro -al punto de hacer que el otro esquematizado, estructurizado [sic], burócrata del Instituto o de lo que fuese, anhelara íntimamente tener esto de lo que tenía él: poder cagarse en la tapa del piano, irse y no dar explicaciones. Un espíritu profundamente libertario.ˮ – Eduardo Montes Bradley

 

Escasea la bibliografía específica acerca de la obra cinematográfica de Jorge Giannoni. Mi exposición, anclada en esa precariedad, se divide en dos partes. En la primera, esbozo una bio-filmografía. Pago la imprudencia de rumiar la información conocida, elucubrando diluidas hipótesis de lectura acerca de esa obra espectral. En la segunda parte, reseño los filmes asequibles: Palestine another Vietnam [1971-1972], Las vacas sagradas [1977, fragmento] {y añado algunos comentarios al ahora hallable, Molotov Party [1969]}.

Primera parte

Jorge Giannoni nace el 11 de enero de 1939 en Mendoza. A los 16 años -según le confiesa por carta a Fernando Birri [ver Pionero y peregrino]- ingresa por impulso de Antonio Di Benedetto como cronista cinematográfico al periódico Los Andes. Esa tarea lo conduce sin esfuerzo a la sala de los cines locales y a festivales nacionales como el de Mar del Plata.

En Mendoza rueda su primer cortometraje, El manosanta. Nada se sabe de este material excepto que fue objeto de recuperación en el marco de un ´rescate´ del cine mendocino.[1] Más tarde produce –según dicen- un largometraje de temática campera al que nunca compagina.

Bajo el mandato familiar se radica en Córdoba para estudiar arquitectura pero, díscolo vástago, emplea su tiempo en un curso de cine. Se traslada a Buenos Aires. Estudia dirección en la Asociación Cinematográfica Experimental. Se convierte en corresponsal de la TV mendocina. Y conoce a Raymundo Gleyzer quien cursa cine en La Plata.

Gana un concurso de cortometrajes en el Instituto Nacional de Cinematografía con un proyecto dedicado a “…la tierra, la sequía, la inmigración de campesinos y todo eso…”. Lo invita a Raymundo, dueño de una cámara y de saberes sobre fotografía [F. M. Peña – C. Vallina, El cine Quema: R. Gleyzer, 2000, p. 36-37]. El premio no especificaba dónde había que filmar. En lo que respecta al dinero, era indistinto. Atraídos por el Cinema Novo, viajan al nordeste de Brasil. La experiencia es conflictiva. Se distancian. En la antesala del inicio de la larga dictadura brasileña, Raymundo filma La tierra quema [1964]

Su partenaire, interesado por la revolución y por las ligas campesinas, participa de la filmación de Terra em transe [1966] de Glauber Rocha

Hay quienes afirman que también estuvo junto a Ruy Guerra en la preparación de Os fuzis [1964]

Jorge Denti distingue entre Raymundo, un documentalista nato y disciplinado que iba a las raíces, y el más anárquico Giannoni, un documentalista no en el sentido pleno [ver documental de Gabriela Jaime]. Denti lo conoce en los primeros años de la década del sesenta en la playa Barracuda de Villa Gessell en una reunión de cineastas. En 1965, en esa ciudad, con diversos aportes de Pajarito Zaguri, Moris Birabent, Javier Martínez, Denti y Giannoni –unidos durante las zapadas porteñas de La Cueva y de la Perla del Once- fundan Juan Sebastián Bar. El objetivo del grupo era financiar una película con la renta de ese trabajo. Pero llega el 66 y con él Onganía y todo cambia.[2]

El golpe de Onganía marca el inicio del exilio de Giannoni quien recién retornaría a la Argentina en 1974. Su ausencia excede las causas políticas. Es una constante. Según se sabe, en 1962 fue asistente en La terraza de Leopoldo Torre Nilsson; en 1963 en La chacota de Enrique Dawi; en 1964 en Crónica de un niño solo de Leonardo Favio.

 

Su nombre nunca aparece en los créditos. Giannoni es un NN entre los cineastas de la generación del ´60 –anécdota que recuerda Paraná Sendrós a partir de una foto en la que es ignorado y que sintetiza el espíritu del documental de Gabriela Jaime: NN, ese soy yo.[3]

1966 encuentra a Giannoni en Roma, en el Centro Experimental de Cinematografía.[4] Colabora en el casting para el episodio Toby Dammit de Historias extraordinarias [1968] dirigido por Federico Fellini. Al mismo director ayuda en la preparación de escenas de Roma [1972]. Participa de Romeo y Julieta [1968] de Franco Zeffirelli; y de La prueba general [1968] de Romano Scavolini.

1968. Cannes. Giannoni trabaja para la agencia italiana ‘Interpress’. Estalla el Mayo francés. Viaja a París para realizar por encargo –con los equipos de la RAI- una ficción enmarcada en el movimiento estudiantil. Retorna a Roma. En Trastévere participa en la organización de una comunidad. Gracias a un contacto y a un intercambio, muta su estancia por la de una comunidad londinense.

NN tiene 30 años. De nuevo junto a Denti, y en unión con otros, dirige -de manera anárquica, espontánea, libidinal- el film vanguardista, Molotov Party [1969]. El delirante argumento ronda la historia de un grupo radical que quiere eliminar a James Bond porque la reina le ha dado licencia para matar. Integran el proyecto actores del Living Theatre. La joya de la pieza fílmica es la cesión de los Rolling Stones del tema ´Sympathy for the Devil´. La banda ensayaba en el subsuelo de la comunidad. Era la época de One plus One de J. L. Godard.

Molotov Party es premiada en 1970 en un festival underground londinense. Giannoni recibe una invitación de la Cinemateca francesa. Henry Langloise, su director, lo presenta como a un débil mental.

El próximo destino es Medio Oriente. Giannoni, Denti y otros dirigen Palestine another Vietnam [1971] –film político referido a los efectos de la Guerra de junio de 1967 entre árabes e israelíes. Palestine… aboga por la liberación nacional de los países del Tercer Mundo sin abandonar el sesgo experimental. [5] De regreso en Roma, Giannoni y Denti visitan la San Diego Cinematográfica dirigida por Renzo Rossellini (hijo de Roberto) y dedicada a la producción de documentales políticos. Le piden una moviola para editar Palestine… La obtienen a cambio de compaginar Bolivia, el tiempo de los generales [197-, premio Festival de Leipzig].[6] En ese proceso surge el C3M -Collettivo Cinema Terzo Mondo- sostenido por la mencionada productora San Diego.[7]

En setiembre de 1973, se reencuentra en Pésaro [Italia] con Raymundo. Gleyzer exhibía en la IX Muestra Internacional del Nuevo Cine Los traidores [1972]

La película generó una fuerte discusión en torno de la función de la ficción en el cine político. Giannoni dice: “…es difícil para nosotros (latinoamericanos) entrar en la discusión que hay en estos momentos en Europa con respecto a las estructuras o al lenguaje, porque estos problemas están supeditados a nuestra situación coyuntural de toma del poder. Después puede ser que discutamos de temas de estilo o de construcción”. [M. Mestman, “Postales…”, pp. 66-67.] Con ese discurso, defendía un cine contra-informativo como instrumento de información para la Base [ver M. Mestman, Notas para una historia de un cine de contrainformación y lucha política, parte 1.] [8]

A fines de diciembre de 1973 -con Jorge Cedrón, Fernando Birri y Humberto Ríos- participa en Argel del primer encuentro del Comité del Cine del Tercer Mundo. Pasa luego por Cuba y por Perú para establecer relaciones con el ICAIC y el SINAMOS con el objetivo de organizar una segunda reunión del Comité de Cine del Tercer Mundo en Buenos Aires en 1974.

Se une al grupo de Cine de la Base.[9] Dice Giannoni: “Cuando acá se dio la apertura con Cámpora y todo eso (yo estaba en Europa y Raymundo) me dijo: ´Bueno, venite, porque acá hay muchas posibilidades…´. Cambiaba todo. Entonces vine y ahí empezamos a organizar la difusión. Pero Cámpora estuvo pocos meses, no duró nada. Y a partir de eso dijimos: ´No, acá no quieren´.ˮ Antes de la decepción, Rodolfo Puiggrós lo convoca para armar el Instituto de Cine del Tercer Mundo dentro de la UBA (en conexión con Cine de la Base). Cuenta NN: “Desde la UBA montamos una Cinemateca del Tercer Mundo, que pretendía retomar lo que se había hecho antes en la Escuela de Santa Fe. Todo eso no se logró. Lo que logramos fue juntar películas y hacer distintos encuentros. Hicimos dos Semanas, una de Cine Latinoamericano y otra de Cine Árabe-Africano, y trajimos a los directores y los llevaban a los pueblos.”[10] Agrega al recuerdo: “Hacíamos barrios, universidades, sindicatos. Estábamos vinculados a una corriente clasista antiburocrática en el movimiento obrero, que variaba de tonalidad según los sindicatos y los lugares. Pero trabajábamos en ese margen. (Así) como a nivel universitario trabajábamos independientemente de las propuestas dogmáticas de algunos centros, que estaban hegemonizados por el peronismo, la JP o de color estrictamente montonero, que no permitían nada más que lo de ellos.” [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, p. 145-151]

Tenían 30 proyectores. La exhibición culminaba con un debate. “Nuestro programa fuerte –dice Giannoni- era Los traidores y Operación masacre [Jorge Cedrón, 1972]

Eran las películas que la gente quería ver porque (servían) para el debate. Porque Operación… planteaba la memoria histórica, digamos, de la [Revolución] Libertadora [1955], y Los traidores planteaba el problema de la burocracia y lo proclives a la traición que son los burócratas. Todos temas que vienen desde el peronismo.ˮ [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, p. 145-146]. Difundían también lo producido por la escuela de Santa Fe y las denuncias sobre torturas –Informes y testimonios [1973]- realizadas en La Plata. Otros filmes exhibidos eran Ya es tiempo de violencia [Enrique Juárez, 1969], y Argentina, mayo de 1969: los caminos de la liberación, film colectivo realizado por los así llamados realizadores de Mayo: O. Getino, E. Juárez, N. Juárez, R. Kuhn, J. Martín, H. Ríos, P. Solanas, E. Subiela, P. Szir.

Proyectaban este film aun cuando Giannoni –al igual que el grupo Cine de la Base- tuviera una mirada crítica sobre el Cine Liberación de Getino y Solanas quienes habían cambiado al Che por Isabelita y veían a esos gobiernos como propios, mientras que los del Cine de la Base los consideraban de transición [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, pp. 114-115]. Este grupo defendía la apertura hacia el padre Mugica, la Teología de la Liberación y las fuerzas revolucionarias del peronismo (acechadas por la derecha peronista) [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, pp. 141-142]. Sobre su relación con el peronismo afirmaba NN: “Si bien teníamos dogmatismos –una visión… más utópica del socialismo- queríamos demostrar que no había solamente un proyecto nacional, que había distintos y que había que discutir cuál era el que servía para la Argentina. Porque siempre dudábamos hasta dónde iba a sostener el peronismo la consigna ´liberación o dependencia´.”[11]

La estadía en la Argentina dura poco: “Ya a mitad del ´74 –cuenta Giannoni- se pudrió todo.” [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, p. 153.] El gobierno de Isabelita interviene la UBA. Desmantelan el Instituto del Tercer Mundo. Se van, con Puiggrós, a Perú entre fines de 1974 y comienzos de 1975. La Cinemateca funcionó un año y ocho meses. Sus películas permanecen dispersas entre México, Venezuela y Cuba [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, p. 174-175]. Participa de la creación del Festival de Cine Latinoamericano de la Habana. En 1977 dirige en Cuba “Las vacas sagradas. Claves para la revolución argentina.”, con guion de Álvaro Melián y dedicado a ´Raymundo Gleyzer, cineasta revolucionario´. Existen dos versiones sobre el origen del film: que fue hecho para la UNAM; que tuvo el apoyo de Alfredo Guevara. En la visión de Jorge Denti, después de Palestine another Vietnam, Giannoni hizo un cine panfletario; tenía que tirar estadísticas, líneas, todo; y, en ese sentido, el panfleto mayor fue Las vacas sagradas [ver documental de Gabriela Jaime].

El inclasificable NN arrastró proyectos inconclusos: uno sobre el anarquista expropiador Severino di Giovanni; otro, la adaptación de Mascaró, novela de Haroldo Conti. Según recuerda el realizador cubano Rapi Diego, trabajó con Giannoni durante tres años en un guion que llegó a tener 360 páginas [ver documental de Gabriela Jaime].[12]

De vuelta en Argentina, entre 1986 y 1987 compila, con Liliana Mazure, Fernando Birri. Pionero y peregrino.[13] El volumen eleva a Birri a la categoría de referente, de maestro. Desde el prólogo a ese volumen recopilatorio arma su árbol genealógico de amigos artistas: Antonio Di Benedetto, el “…exiliado que quiso cambiar al país, nuestro poeta mayor, Juan Gelman”; Glauber Rocha; Jorge Cedrón; Santiago Álvarez. Ese prólogo es, además, cuna de nuevas ideas (latentes para siempre o apenas desarrolladas). Anhelaba abrir un laboratorio de poéticas cinematográficas para concentrar la fuerza de los jóvenes presente en los centros paraculturales. No lo logró. Sin embargo, del volumen se desprende la fundación de ´La Fábrica de los Sueños´, una distribuidora destinada a difundir de manera alternativa cine latinoamericano. Su objetivo primario era hacer conocer el film de Birri Mi hijo, el Che [1985]

“Como ve maese, no está todo perdido y esta reconciliación con el Hombre Nuevo de que hablaba el Che, abre la posibilidad que nosotros como Distribuidora Alternativa trabajemos para estrenar tu film: MI HIJO, EL CHE.” [Carta de Giannoni a Birri, Pionero y peregrino, p. 10] El retoño de esa distribuidora, es una videoteca ubicada en la capitalina avenida Corrientes al mil quinientos y pico.[14]

El volumen Giannoni – Mazure, reabrió el río de prejuicios que levantaba el método creador (vanguardista) del primero, basado en el collage, en el pastiche, en la cita, en lo libidinal, en lo anárquico. Mazure recuerda que los ataques hacia la compilación nacieron de la idea sesgada que se tenía de lo que hacía Giannoni: juntar cosas de otros y armar algo.

En 1994 obtiene un apoyo del INCAA para filmar La gitana tropical.[15] El 11 de agosto de 1995 muere de un infarto en plena calle Ayacucho de Buenos Aires frente a una librería de libros religiosos. Birri, hacia el final del documental de Jaime, asegura con amargura: Giannoni no murió de un infarto; a Jorge lo mató el cine, lo mató la estructura oficial perversa del cine argentino, lo mataron los burócratas del Instituto que le otorgaban la cuota para su película con la coima ya devengada; es un tema que da asco pero que no hay que silenciar.

Paraná Sendrós conserva un libro de memorias escrito por NN que continúa inédito.

 

Segunda Parte

{Molotov Party [1969, color, 62 min. aprox.]

Esta ya no tan maldita película amalgama una estética experimental (alucinada, psicodélica), posvanguardista, underground, con una revulsiva mirada política en el marco de las luchas por la liberación nacional de los países del Tercer Mundo durante la década del sesenta del siglo XX. Si en la memoria oral de Giannoni –conservada por Paraná Sendrós e hilo conductor del documental de Gabriela Jaime- el argumento responde a la historia de un grupo radical que quiere eliminar a James Bond porque la reina le ha dado licencia para matar; el acceso al film permite constatar que, más allá del atentado puntual, el núcleo es defender el derecho a matar de los activistas revolucionarios. James Bond representa al imperialismo avasallante, asesino y fascista; el grupo radical, el instrumento de una venganza.

En la secuencia inicial, con frenéticos tambores de fondo, entre fuegos artificiales, circulan imágenes de indígenas combatientes que defienden su territorio, del icónico Che Guevara asesinado en Bolivia, y de panfletos (o de carteles) impresos con consignas como ´el derecho a vivir´, ´grupos de defensa… de trabajadores armados´, ´…del pueblo armado´, ´…de mujeres armadas´, hasta que en diagonal, con letras mayúsculas y con un chorreado de eventual sangre se lee, ´AVENGE´ [´VENGANZA´]. Un activista enciende la mecha en una botella. Explota el título dentro de una estrella al estilo ´crash-bang-boom´ y, entonces…

…Molotov Party.

El rojo –en la gama del violeta al índigo- es el color del film. De rojo son las pintadas callejeras como ´La sangre de nuestros revolucionarios´. Rojo es, obviamente, el color de la revolución y el rojo marca la presencia de Marx. El grupo de guerrilla urbana –cuya acción se inicia con los acordes de ´Sympathy for the Devil´ [Rolling Stones]- asesina al circunstancial James Bond contra un paredón en el que letras rojas dejan leer: ´Marx was here´.

Muerto el agente, el objetivo del grupo se amplía hacia una conspiración tercemundista. Se pide por la liberación de Bolivia, de Palestina, de Angola, de Etiopía, de Biafra (región de la actual Nigeria que luchó por su separatismo entre 1967 y 1970), de los Panteras Negras (y hacia el final, de Vietnam). El complot corre por cuenta del grupo CIA –Central Internacional de Agitación- cuyos miembros se reconocen por la presentación de consignas revolucionarias. Una de la más importante es: ´el comandante Guevara está vivo (en el África)´. Las restantes consignas apuntan a proyectos desestabilizadores como el secuestro de los embajadores norteamericanos en Guatemala, en Brasil y en el Vaticano. Las calles y la geografía de Roma se mezclan con las de Londres y con las de Barcelona.

Contra Occidente –se sugiere un atentado al Papa, se defiende al chipriota Makarios, se enaltece la tradición cultural africana: el vudú, los zombis, la brujería, como saberes revolucionarios. Contra la sociedad patriarcal: la mujer es símbolo de lucha y de libertad. Encarna esa sabiduría la mujer africana (y oriental, en síntesis, la no-occidental) representada por la Reina de Saba. Su espejo invertido es la mujer blanca considerada una Mata Hari. La revolución aparece en la liberación del cuerpo por medio de rituales chamánicos –tal como se observa en el final del film. La revolución es deseo, sexo, placer, drogas, desnudez; lo ritual y lo orgiástico; el grupo y lo comunal.

Molotov Party presenta un mundo paralelo y –desde sus propios parámetros- utópico con la estridencia de los ensueños místicos y políticos de la ciencia ficción (al inicio, anoticia la cartelera de un cine sobre la exhibición de 2001: A Space Odyssey [S. Kubrick, 1968]).

Molotov Party acaso pueda entenderse un poco mejor en la intersección de las discusiones que a mediados de los sesenta plantearon los movimientos juveniles. Entre el virulento y lúcido ensayo de Leslie Fiedler -“The New Mutantsˮ [1965]- y la respuesta iracunda y más optimista de Susan Sontag [Styles of Radical Will, 1969] acerca de qué sucedía en los Estados Unidos; entre la política, la revolución, la violencia, el deseo, la utopía, los chamanes, la mística y la ciencia ficción, se yergue esa rara hierba hecha film con un NN a la cabeza.}

Palestine another Vietnam [1971-1972, color, 30 min.]

Molotov… y Palestine another Vietnam –de Giannoni, Denti y un breve etcétera- se mezclan o superponen en el orden cronológico y se contactan en su postura ideológica. Aunque alejados de la docu-ficción posvanguardista y más inclinados al documental, entre ambos filmes existe una continuidad en la militancia a favor del Tercer Mundo. Según testimonia Jorge Denti en el documental de Jaime, con Palestine… descubrieron otros hombres, otra forma de pensar y de ver el mundo, otra cultura distinta de la judeo-cristiana. A Giannoni, esa experiencia le hizo tomar conciencia de la importancia del cine como arma e instrumento que permitiría cambiar el (modo de ver el) mundo e, inclusive, contribuiría a la revolución.

Palestine another Vietnam se centra en la organización de la resistencia árabe frente a la agresión israelí durante la Guerra de junio 1967 (en la historiografía israelí, Guerra de los seis días) –proceso bélico que culminó con la anexión de tierras, en manos de la República árabe unida, al Estado de Israel. Como en Molotov…, en Palestine another Vietnam se diluye la frontera entre lo civil y lo militar, se remarca la presencia de la violencia en lo cotidiano y se hace hincapié en la necesidad de la mujer –en este caso, palestina- de devenir revolucionaria en el marco de una cultura que, por tradición, la educó para la sumisión. El documental –narrado en inglés- alterna una voz masculina y otra femenina, como reafirmando la importancia de la mujer en la lucha por liberación nacional. Por otro lado, se destacan, por su dureza, las imágenes del entrenamiento militar a niños palestinos para formar parte de la resistencia frente al invasor israelí. Adultos que entrenan niños en campos de refugiados; niños que enseñan a usar las armas a otros niños –reflejan un pueblo movilizado hasta sus cimientos.

La situación palestina documenta un estado de cosas mundial: la agresión del imperialismo hacia los países del Tercer Mundo. En este caso, el poder imperialista se resume en la coalición de los Estados Unidos con el Estado de Israel, en constante hostigamiento desde 1948. Ejemplifica esa alianza una caricatura del Tío Sam con rasgos cadavéricos que lleva en la parte superior de su galera, como adorno, estrellas de David.

A modo de ejemplo, y ya por fuera del registro documental, cito una declaración de Al-Fath [Movimiento Nacional de Liberación] de la época: “La lucha revolucionaria del pueblo palestino… se inscribe en las luchas por la liberación nacional contra el colonialismo y contra el imperialismo. Israel, producto de un colonialismo y de un expansionismo europeo perimido, es un instrumento del imperialismo que retarda la liberación del pueblo árabe. […] La lucha del pueblo palestino -como la vietnamita y como la de otros pueblos de Asia, de África y de América Latina- forma parte de un proceso histórico de liberación de pueblos oprimidos…” [Extraído de ´Por una Palestina independiente, democrática y laica´, en Anouar Abdel-Malek, Le Penseé politique arabe contemporaine, “Cap. 8. La Palestine: de la résistance á la révolution”, Éditions de Seuil, 1970, pp. 309-362].

Al-Fath remite en inglés al National Liberation Movement. El final de Palestine another Vietnam, está demarcado por una placa con esa misma inscripción. Luego, los créditos restantes: ´Colectivo C3M. Cinema del Terzo Mondo. Jorge Denti. Emanuela Generali. Jorge Giannoni. Beppe Scavuzzo. In colaboration with: San Diego Cinematografica [Roma] and Palestione Film [Beirut]´.

Palestine another Vietnam recibió el Premio del Festival de Bagdad [circa 1973]. [16]

Las vacas sagradas [1977, color, 32 min, fragmento]

Film militante y de temática argentina, dirigido por Giannoni y realizado en Cuba, en una co-producción entre el ICAIC local y la C3M. En su comienzo, informa: “Imágenes: Fotos y películas que documentan la lucha del pueblo argentino por su liberación nacional y social, realizada con la colaboración del ´Grupo Cine de la Base´.ˮ Y continúa: “Protagonistas: los hombres y mujeres del pueblo argentino que hacen la historia. Los presidentes, militares y burgueses que tratan de adulterar esa historia.ˮ El guion le corresponde a Álvaro Melián. El film está dedicado ´a RAIMUNDO GLEYZER, cineasta revolucionario´.[17]

El documental –que comienza con imágenes de una exposición en la Sociedad Rural- retrotrae su mirada hasta la colonia. Los conquistadores acosados por los indios se vieron obligados a liberar el ganado en las pampas. Esas vacas salvajes se reprodujeron de forma prolífica y, con el paso del tiempo, fueron fuente de riqueza de estas tierras. Las vacas –cuya posesión desató guerras fratricidas y golpes de Estado- son la base sagrada del poder político.

La débil democracia argentina –con cuarenta presidentes en ciento veinte años [1853-1976] y treinta y cuatro intervenciones militares- vive su peor momento con el Golpe de 1976. Por quinta vez, una Junta Militar asume el poder en el país, y en el peor tono. Prohíbe “…toda actividad política y sindical…” y declara la guerra al pueblo mediante el secuestro, el crimen y la pena de muerte como política de Estado. El Golpe es parte de una estrategia para garantizar las ganancias de la oligarquía terrateniente y para blindar el poder monopólico extranjero.

Esa historia institucional se inicia a fines del siglo XIX cuando los terratenientes, aliados con la burguesía comercial, organizan una economía agro-exportadora afín con los intereses de las metrópolis. El contrapunto está dado por la afluencia de masas inmigratorias que –al no poder obtener las tierras prometidas para el cultivo- se instalan en los centros urbanos, y difunden sus ideas anarquistas y socialistas. Surgen los sindicatos, las movilizaciones y las huelgas. A esto se le añaden los efectos de la Revolución bolchevique de octubre de 1917 y sus formas superiores de organización. En 1920 se funda el Partido Comunista Argentino. En la arena partidaria, la oposición institucional la lleva adelante el radicalismo de H. Yrigoyen que le demuestra a la oligarquía la inconveniencia de la democracia parlamentaria como estrategia para defender su poder. En 1930 con José F. Uriburu a la cabeza, se abre la serie de golpes de Estado para mantener un modelo de dominación agro-exportador. Con el segundo golpe de Estado, el 4 de junio de 1943, surge la figura del general Perón. Bajo su mandando –originado en las Fuerzas Armadas y sostenido por el apoyo popular- una alianza entre la burguesía industrial, las clases medias y el proletariado, le planteó resistencia a la oligarquía agro-exportadora.

Hasta aquí, una narración con sus vacíos, pero consecuente en su cronología. De forma imprevista, el documental –en la versión en vhs que poseo- salta hasta el año 1971 con el gobierno de facto del general R. Levingston y recala en la lucha armada del movimiento obrero con eje en el ´segundo Cordobazo´ -conocido como ´el Viborazo´. Se menciona brevemente el golpe de Estado en Bolivia [agosto, 1971] como parte de una escalada de los EE.UU. para acelerar- frente a los gobiernos progresistas de la región- la militarización. Carta blanca a la lucha armada. Durante el gobierno militar de Lanusse [1973] se hace efectiva la violencia revolucionaria. El ERP [Ejército revolucionario del Pueblo] secuestra y enjuicia a Stanley Sylvester, gerente del frigorífico Swift de Rosario y, al mismo tiempo, cónsul inglés. El ERP denuncia la relación entre la familia Lanusse (poseedora de una enorme cantidad de hacienda y proveedora del frigorífico Swift) y el cónsul-gerente contra el pueblo argentino por pagar los peores salarios del mercado laboral y por convertir a la carne en un artículo de lujo.

La masacre de dieciséis militantes en Trelew [1973] señala la segunda Operación masacre. La escalada en la rebelión popular obliga a las Fuerzas Armadas a negociar con los partidos políticos una solución parlamentaria. Emerge la figura de Héctor J. Cámpora, personaje político de tendencia socialista apoyado por el peronismo revolucionario de Montoneros. A poco tiempo de asumir el leal Cámpora, regresa al país, en junio de 1973, el general Perón. Su llegada a Ezeiza es la tercera operación masacre y es punto de partida de una ofensiva fascista contra las vanguardias armadas y las formas de organización popular. Por medio de un autogolpe de la burocracia sindical y de la facción reaccionaria del peronismo, Perón retoma el poder. El objetivo es otorgar las condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo. El artífice de este viraje contra el peronismo revolucionario y contra la izquierda combativa es el secretario privado de Perón, José López Rega, por sus aficiones ocultistas, apodado ´El Brujo´.

Ahí se interrumpe la versión que dispongo de Las vacas sagradas. Las dos imágenes finales son las de López Rega y la de una placa con la leyenda, ´el águila clavó sus garras´.

Las vacas sagradas comparte con Los traidores [1972] al guionista Álvaro Melián. Acaso por ese mismo sesgo marxista-leninista, ambas películas critican al peronismo de derecha y a la burocracia sindical. Esa crítica -como el propio Giannoni reconocería en su memoria oral conservada por Sendrós y recogida por el documental de Jaime- le traería muchos dolores de cabeza: “Cada tipo que veía la película, era que tenía que hacer otra, porque estaba totalmente equivocado. Entonces me volvieron loco. O sea, cada versión significaba un debate y no sé cuántos enemigos me ganaba. Nunca contentaba a nadie porque en el medio estaba el fenómeno maldito que es el peronismo: obviarlo no se puede, hacer un elogio del populismo tampoco se puede. Estamos en ese juego desde hace 40 años: si es bueno, si es malo, si no sé qué carajo, entonces depende del adjetivo que le pongas, es el palo que te cae encima.”

Jorge Denti deploraría el aspecto panfletario de esta película documental. En concreto, se advierte un abandono casi total de la estética y del juego vanguardista que puede incluso intuirse en la colectiva Palestine another Vietnam. Sin la estridencia psicodélica y rockera, Las vacas sagradas está atravesada por composiciones musicales a tono con lo latinoamericano (´Canción con todos´ [Tejada Gómez – C. Isella], el juego vocal de Opus Cuatro y acordes de tangos de Astor Piazzolla). Pero sobre ese abandono habría que hacer una salvedad.

Giannoni mantiene el juego de collage, de pastiche, de copia por el que tanto –como recuerda Mazure- se lo criticó. En ese film hecho en Cuba es, por momentos, una compilación de imágenes (que parecen haber sido) tomadas o del cortometraje Faena [1961, Humberto Ríos], o de La hora de los hornos [1968, P. Solanas – O. Getino]

o de Swift [1971, R. Gleyzer]

Por si esto fuera poco, a esa mezcla, incorporó -contra el esperado color local gauchesco- imágenes de cebúes perseguidos por llaneros (en apariencia) venezolanos.

En definitiva, y más allá de las acusaciones de ladrón y de compilador –recursos necesarios para cualquiera que se autoengañe como ‘creador’-, la probable causa íntima de que Giannoni sea aún un NN no fue su clepto-adicción sino su carácter errático, caótico, anárquico y libertario en estética y en política.

Aquel que troca con la moneda de la libertad intelectual, aquel que se niega por convicción a ceder a la ortodoxia ideológica, tienta a los esbirros eclesiales de siempre a que le cobren esa osadía a un precio bien alto.

 

Notas:

[1] “El material a recuperar incluye además el reacondicionamiento de 450 latas de noticiarios filmados entre el ’68 y el ’79 con las mítica Bolex de 16 mm. También, el cortometraje ‘El manosanta’, de Jorge Giannoni, prácticamente un desconocido para los mendocinos, pero no para artistas de la talla de Gleyzer, Glauber Rocha, Pasolini, Fellini y Rossellini, con quienes colaboró.ˮ En “Tras las huellas de nuestro cine”, Diario Los Andes, 27 de julio de 2005.

[2] Acerca del tándem rock – cine – militancia. Gleyzer incluye en Los traidores un tema de Pedro y Pablo, ´Marcha de la bronca´ [1970], y otro de Pescado Rabioso, ´Post-crucifixión´ [1972]. Más tarde, Raymundo es cámara de Adiós Sui Generis [1975]. En 1982, Héctor Olivera registra en la película Buenos Aires Rock, un festival de rock post-Malvinas. Olivera realizará luego La noche de los lápices [1986]. En carta a Fernando Birri, Giannoni lamenta que se le permita dirigir una película sobre la juventud a quien no formaba parte de ella [ver Pionero y peregrino].

[3] Su nombre tampoco aparece en el Diccionario de realizadores. Cine latinoamericano I [1997] de Clara Kriger y Alejandra Portela (comps.). Omisión semejante comete Josefina Sartora en “Filmar para transformar. Cine documental argentino”, Le Monde Diplomatique, Mayo 2003.

[4] El recorrido iniciático Roma – París – Londres de NN replica una década después, mutatis mutandi, el camino de Manuel Puig.

[5] Dentro de esa tónica tercermundista afro-oriental, realiza para la RAI-TV [Italia] los cortos A propósito de Angola, Desertores de Viet-Nam y La noche de Portugal –de los que no dispongo de más datos.

[6] Ver Mariano Mestman, “Postales del cine militante argentino”, Voces y cultura. Revista de comunicación. 1 Semestre 2003, pp. 41-69, Del mismo Mestman “Entre Argel y Buenos Aires. El comité de cine del tercer mundo.”

[7] Verdad o mito, se dice que otras realizaciones de Giannoni fueron para el Centro de Ayuda Audiovisual [Perú], el documental El camino de la participación [sd]; y para ICAIC [Cuba] El camino de la mirra y del incienso [sd], De Rhodesia a Zimbawe [sd] y Palestina, revolución hasta la victoria [sd].

[8] Lectura complementaria: F. M. Peña, “Luz, cámara y acción política. El cine militante en la Argentina.”, Revista Ñ, 20.06.1999

[9] Giannoni habla de Ni olvido ni perdón [1973] de Gleyzer como propio [F. M. Peña – C. Vallina, El cine quema: Gleyzer, p. 141].

[10] Según Mestman [“Postales…”], en Montevideo existía una CTM desde 1969.

[11] Sobre este tema, ver de Mario Mestman, “Entre Argel y Buenos Aires. El comité de cine del tercer mundo (1973-1974)”

[12] Como dato de color, y de confusión, J. Giannoni le dice en una carta a Jorge Cedrón: “Me llené de alegría cuando recibí el guión de Mascaró. Parece mentira, pero ahí está con toda su belleza. ¡Qué gran película! Hay que hacerla. Tenés que dedicar tu vida a eso. Pasá a esa cosa superior que es la magia, la poesía de Mascaró. No sé si todo esto te dará coraje; sé las distancias, lo real cotidiano, en fin todo eso que a veces nos pone tristes y nos quita las ganas de caminar. Pero tenés que hacerlo, a otra cosa mariposa y seguí luchando.” [F. M. Peña, El cine quema. Jorge Cedrón, 2003, p. 113]. {Aclaración: no pude acceder al texto base para confirmar esta cita con casi una década de antigüedad.}

[13] Giannoni, Jorge – Mazure, Liliana, Fernando Birri. Pionero y peregrino, Editorial Contrapunto, Bs. As., 1986.

[14] Poseo entre mis notas esta referencia bibliográfica pero no cuento con el texto en sí. Jorge Giannoni, “La cooperativa, ¿una fábrica de sueños?”, Contraplano cinematográfico, Año 1, No.1, Enero-Febrero 1991, Córdoba, p. 13-152.

[15] La Biblioteca de la ENERC conserva un ejemplar corregido del guion de La gitana tropical firmado por Giannoni, Dolores Espeja, Verónica Pascual.

[16] En el documental de Jaime, un folleto de difusión indica una duración de 30 minutos. La versión que dispongo en vhs es de 23 minutos. Según una nota de 2011, el original está en Cuba.

[17] En el documental de Jaime puede verse la portada del guión que lleva por nombre “Las vacas sagradas. Claves para la revolución argentina”, dedicado a R. Puiggrós (y a Iverna Codina, su madre, escritora de profesión).

El Seba Her-naiz no leyó al Rudi Walsh

´…en 1945 adherí a la gesta popular desde la derecha…´, Rodolfo Walsh [1972]

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I.-

Rodolfo Walsh no escribió ´Operación Masacre´ y otros ensayos apareció bajo el sello 17grises editora [Bahía Blanca] en 2012. Explica, desde la contratapa, Guillermo Korn: “En este libro, que toma su título del trabajo que ganó el concurso Ensayo sobre Operación Masacre, convocado por la Biblioteca Nacional, Sebastián Hernaiz se pregunta por el lugar de la literatura en los años noventa y relee a los clásicos de la literatura argentina del siglo XX: Walsh, Cortázar, Marechal.” Ese conjunto de cuatro ensayos –sigue Korn- configura “un modo original y disruptivo de revisitar textos [internándose por] una zona ya macerada para encontrar lo no percibido o, directamente, lo negado.”

Hernaiz [1981- ], hacia 2012, era escritor, investigador, docente, formaba parte del grupo editor de la revista elinterpretador, dictaba cursos en eméritas casas académicas y, hasta donde entiendo, su ´sagaz lectura´ es un caso de mistificación ideológica que -contra la exaltación del maestro de ceremonias- inmoló en los altares de la negación, la matriz ética de su empresa hermenéutica.

El primer dato surge de la metamorfosis de la proposición ´y otros ensayos´, que clausura el título, en la más extensa ´otros ensayos sobre literatura y peronismo´, en el índice y en el interior del libro. Frente al silencio, como trueque, la imagen. Siete retratos invaden las dos terceras partes de la tapa. En rojo, en la base, aparecen Marechal (con su pipa), Martínez Estrada (si no me engaño), Walsh (tamaño doble) y Cortázar. Arriba, a la izquierda, en negro, se recortan los rostros de Menem, Perón, Kirchner. El “Prólogo” confirma esa ligazón icónica. La decisión metodológica de relacionar los textos seleccionados “y el contexto político en el que se publicaron no es un mero ejercicio académico, sino un modo de participar en los debates del presente sobre literatura y peronismo.” (p. 9).

Cinco veces utiliza Hernaiz en su prólogo el término presente, un ´presente´ que es la coagulación de un –ismo adosado a un nombre propio. “El presente es el campo de tensiones en el que estos textos encuentran su motor de escritura y no otro es su horizonte de intervención. No existirían como tales sin la experiencia de politización que signó a la sociedad argentina desde diciembre de 2001 y no serían lo [que] son sin el clima de debates y las formas de la política y la práctica intelectual que trajo consigo el kirchnerismo.” (p. 9-10) En lo personal, cierra, aquellos textos tampoco serían lo que son sin el calor amigable “de lo que no puedo dejar de sentir mi generación” (p. 10). Presente, política, universidad, cofradía, kirchnerismo. En esta cancha juega el partido Hernaiz y, en lo que respecta al ensayo que motiva este entrometimiento, con la Biblioteca Nacional como árbitro.

En cada ´presente´, aduce el crítico, la interpretación es el campo de batalla en el que las comunidades bregan por instaurar sentidos. Las identidades colectivas se constituyen y se modifican hacia el interior de esas luchas. “Pensar la historia de esas interpretaciones, pensar las determinaciones que orientan nuestras lecturas, nuestras prácticas, el modo en el que construimos sentidos para el mundo, pensar qué identidades colectivas sostienen las distintas determinaciones, pensar eso es nuestra urgencia.” (p. 14) Volátil urgencia.

El siguiente dato de interés -en ese peculiar artefacto textual dedicado a las ediciones de Operación masacre– es el escamoteo de bibliografía específica. Como epígrafe al ensayo aparece el fragmento final de la “Nota autobiográfica” que acompaña al relato “La máquina del bien y del mal”, incluido en la antología Los diez mandamientos [Jorge Álvarez, 1965]. Confesaba por aquellos años Walsh: “Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento…”. Hernaiz no cita la ´fuente´ de ese texto: ni la antología mencionada ni, más previsible, la compilación a cargo de Daniel Link, Rodolfo Walsh. Ese hombre y otros papeles personales [1995]. Esta incursión le habría permitido relativizar su fábula ejemplar al reconocer estar escribiendo desde un magma ideológico nacionalista –con sus matices, el kirchnerismo lo es, y su eventual humus, el peronismo, también- sobre un nacionalista -Walsh lo era allá por 1956 cuando empezó a escribir el libro que no escribió, según confiesa, y el propio crítico cita.

Que el nacionalismo no resulta un parámetro ajeno al joven articulista, lo reconoce en el “Prólogo” al alardear de “discutir las cristalizaciones en la forma de leer e interpretar la literatura, la historia de la literatura y la realidad nacional.” (p. 9) Su apuesta de lectura, más allá de la pompa, se sustenta justamente en la elipsis del nacionalismo de Walsh, y en la cristalización de una edulcorada épica peronista. Si para Hernaiz, “el archivo es una herramienta fundamental para entender los modos en que nuestro presente construye su forma de entender el mundo” (p. 9), en su presente de crítico institucional, su forma de entender el mundo es manipular el archivo. Esta dificultad afecta, si no a su ética hermenéutica (que igualmente la afecta), sí a su técnica. Así, distante del mero ejercicio académico, el autor se encandila con un ´Walsh de izquierda´ y arrumba el ´mero nacionalismo´. Este mirar bizco es el corazón hueco de una mistificación que alienta mi perspectiva paranoica de lectura.

II.-

La tesis principal de Hernaiz –cobijada por un título en apariencia polémico: el autor no escribió el libro que escribió– arguye que Walsh comenzó a escribir Operación masacre, que postuló alguna forma de leerlo, pero “que, a lo largo de sus distintas ediciones y reediciones, esta forma de ser leído postulada en sus propias páginas ha ido variando…, en una activa y encarnada relación con el presente de cada una de las reediciones.” (p. 15) Operación masacre está constituido por dos partes: una fija, la historia (los fusilamientos en un basural de José León Suárez en 1956) y otra variable, los paratextos (prólogos, introducciones, epílogos, apéndices, agregados, títulos, subtítulos, tapas y contratapas) que conforman un marco diferente edición tras edición y que modifican, regulan, condicionan el valor de la primera y que orientan su sentido. Sobre este marco variable operaron quienes continuaron escribiendo el libro iniciado por Walsh (p. 18-24).

Walsh comienza a escribir Operación masacre en un tiempo signado por el cruce de discursos referidos al contrapunto que provocó el derrocamiento de Perón. Existía la voz oficial de los militares en el poder que remarcaban la buena salud de la ´Revolución Libertadora´ (a pesar del levantamiento de 1956 y de sus fusilados); existía la voz de Borges antiperonista que celebraba el cambio, ido el ´abominable´ régimen; existía la voz de Martínez Estrada antiperonista que discutía el nuevo estadio y negaba la salud de la ´Libertadora´; y existía la voz de Walsh (p. 29 y ss), con intrincadas líneas melódicas.

Hernaiz sintetiza la mutación política de Walsh refiriéndose al recorrido “que va desde el apoyo distanciado a la Revolución Libertadora en el 56 a la participación (que no excluye fuertes críticas a las decisiones de la cúpula del movimiento) en Montoneros en los setenta” (p. 22). Reconstruye, luego, el complejo posicionamiento del escritor por esos años: está contra el régimen peronista porque supone un freno a las libertades individuales (el derecho de libre expresión, por ejemplo), apoya a la Libertadora como antídoto frente al peronismo (y como campo orégano para publicar sus escritos de investigación), pero la cuestiona por atrocidades como los fusilamientos de junio de 1956.

Hernaiz respeta el núcleo de la “Nota autobiográfica” de 1965 y lo extiende planteando una evolución ideológico-política, entre 1957 y 1972-1974, del intelectual y militante. Lo que para Walsh fue pasar del mero nacionalismo a la izquierda, para Hernaiz es el paso desde la mirada individualista burguesa a una perspectiva revolucionaria (peronista). Según esta versión, Walsh habría modificado su posición ante la violencia y las revoluciones -del antibelicismo a la lucha armada- y, en consonancia, habría modificado la pregunta motor de su práctica intelectual. Dice el interpretador: “…es inevitable leer, en las reediciones y correcciones que van desde esa primera [edición] de 1957 a 1972, un movimiento en el que cambia la pregunta que operaba de trasfondo en 1957 (¿qué es el periodismo?), por una nueva: ¿qué es el peronismo? Se reformula, así, la forma de sociabilidad…: del lugar de libertad cívica del individuo a los modos de organización que pudiesen revolucionar el estado de las cosas, en una perspectiva que con los años se iría tornando cada vez más centrada en la historia en tanto la historia de la lucha de clases.” (p. 34) Estamos ante el límpido derrotero de un converso que pasa del antiperonismo (burgués) al peronismo revolucionario (indicado por el hemistiquio marxista-leninista). Las cosas, sin embargo, nunca son tan simples.

En “Prólogo para la edición en libro” [1957] –sobre el que también trabaja Hernaiz- dice Walsh: “Operación masacre apareció publicada en la revista Mayoría… Los hechos que relato ya habían sido tratados por mí en el periódico Revolución Nacional… Ahora el libro aparece publicado por Ediciones Sigla. Estos nombres podrían indicar, en mí, una exclusiva preferencia por la aguerrida prensa nacionalista. No hay tal cosa. Escribí este libro para que… actuara…” (p. 255). Walsh reconoce luego que le han preguntado por qué un hombre que se considera de izquierda, publica en plataformas de derecha y responde apelando al coraje civil de la ´aguerrida prensa nacionalista´ de dar los textos a la luz. Ese coraje es más importante que las separaciones partidarias.

Hernaiz alega que Walsh dice no sentirse identificado ni con las ideas ni con los hombres de la ´derecha nacionalista´ e incurre, en ese movimiento, en una presunción. El disruptivo y sagaz crítico, cuando le conviene, confía en las opiniones que sobre sí esgrime Walsh y recae en la ingenuidad de asimilar los vaivenes ideológico-políticos de su tótem, sin considerar que la línea de análisis que deja de lado –el nacionalismo- antes que una rémora es un modo de explicar algo que, de lo contrario, se nos ofrece con una sospechosa cadencia. Podría afirmar (con menos imprudencia y anticipándome a una hipótesis ajena): Walsh abandonó progresivamente la derecha, pero nunca abandonó la matriz de pensamiento nacionalista. Advierte, en ese sentido, Ricardo Piglia: “Todos estos temas que se concentran en la figura de Walsh están en debate. Tenemos que evitar construir a Walsh como una especie de figura de mármol, porque fue un intelectual muy activo que estuvo siempre vivo y su obra está viva. Lo peor que puede pasar es convertir a Walsh en una figura estática donde todo parece haberse resuelto de modo armónico. Me parece que él era un tejido de contradicciones que mucho tienen que ver con las contradicciones que circulaban en aquel momento.” [En P4R+ (Operación Walsh), 1999, director G. Gordillo]

Impávido ante cualquier matiz, Hernaiz se regodea en el truco de explicar la mutación de Walsh entre 1957 y 1972 arrojando al aire ¿qué es el periodismo? y recogiendo en su galera, al armónico repiqueteo de tambores, ¿qué es el peronismo? Encantador.

La reedición 2007 de Rodolfo Walsh. Ese hombre y otros papeles personales, también a cargo de Daniel Link, incluye una carta de Walsh al investigador Donald Yates de junio de 1957. Especifica Link en nota al pie: “en ella [Walsh] se refiere extensamente a las relaciones de la literatura policial y el peronismo (del que ofrece un pormenorizado análisis) y, en particular, a la escritura y publicación de lo que será Operación masacre” (p. 31) El peronismo, analiza Walsh en esa carta, no fue una dictadura en sentido estricto, sino un régimen, el ejemplo moderno más perfecto de demagogia; Perón como militar es un ´bluff´ que odia la sangre, las batallas, las peleas y los asesinatos (aunque encarcele y torture arbitrariamente) y se opone, en esto, a Aramburu de la Libertadora; Perón eligió el uniforme militar porque ama el poder, y en estas latitudes, el uniforme lo otorga; la demagogia de Perón está basada en la palabra de igual a igual a un pueblo al que divierte y halaga y por el que poco hace en concreto; en algunos aspectos, Perón gobierna admirablemente (en lo económico, a pesar de la corrupción), en otros como un idiota (lo cultural), y el análisis sigue con la mención del aparato de propaganda oficial, etcétera. En el final, Walsh encara ´sus asuntos´ y le cuenta a Yates que ha escrito un libro sobre el caso Livraga y que, como no encuentra editor, ha decidido publicarlo por entregas en la revista Mayoría, a la que ojalá Donald reciba allá sino deberá enviarle una copia por avión…

El ninguneo a textos del período de la juventud de Walsh tiene sin dudas consecuencias en el análisis. En particular, la gambeta de Hernaiz frente a ciertos papeles está sustentada –especulo- en la salvaguarda de una tesis aséptica, simétrica, teleológica, evolucionista: del periodismo al peronismo (y del mero nacionalismo, que su análisis deja intacto, a la izquierda peronista). En general, al tratarse Walsh de un escritor heterodoxo, cualquier escamoteo adopta la forma de una censura que no por blanda, y hasta un poco burlona, deja de cumplir su cometido: que no repita lo que alguna vez dijo. Como muestra, el botón que fue ese toqueteo de Piglia quien al compilar los Cuentos completos de Walsh [Ediciones de la Flor, 2013] excluyó ´ejercicios circunstanciales e irónicas pruebas de su inicial fervor borgeano´. Ese inicial fervor está anclado en aquella juventud ninguneada. Por todo ello, distinta es la historia y otras las preguntas, si se retoma la confesión de Walsh de haber adherido a la gesta popular de 1945 desde la derecha.

III.-

“Este trabajo fue escrito en el año 2007… el cuerpo del texto no ha sido mayormente corregido –comenta Hernaiz. No se incluyen en el análisis… ediciones posteriores de la obra.” (p. 52) La bibliografía del pequeño volumen incluye, por su parte, Dilemas del peronismo de Eduardo Jozami, editado por Norma en 2009. En octubre de 2006, Norma ya había publicado del mismo autor, Rodolfo Walsh, la palabra y la acción. Hernaiz escribe su texto un año después de aparecida esa biografía. Su silencio, en consecuencia, ocurre por impericia o por estratagema.

La omisión libera al crítico oficial de dos piedras en su camino. La primera –acaso la más esperable- responde a la veleidad de mantener la pátina de originalidad de su tesis. En el apartado “Un texto en permanente reescritura”, reflexiona Jozami: “La reelaboración de Operación masacre en las sucesivas ediciones resume la evolución política de Walsh y también…los cambios en su escritura… Los sucesivos prólogos, epílogos y adiciones dan cuenta de las conclusiones que el autor va adoptando ante la falta de respuesta a su denuncia… y también de la modificación de sus ideas sobre temas tan centrales como el peronismo, la revolución y la violencia. Por eso, constituyen un documento fundamental para comprender no solo la evolución política de Walsh sino también un cambio de época en la cultura política, en la toma de posición de los intelectuales. Esos agregados poco aportan, sin embargo, al núcleo central del libro.” (p. 82-85) Hernaiz podría, al menos, haber citado ese pasaje como antecedente para, luego, rescatar en coincidencia el ´evolucionismo´ aplicado a las ideas políticas de Walsh y, a partir del ´poco aportan, sin embargo´, discutir la relativización y construir su propia choza. Prefirió el silencio.

La segunda piedra que evita al no citar la biografía, y al descartar al joven Walsh, como dije, es conservar una (en apariencia) aséptica hipótesis de lectura –que, en su pureza, haga de Walsh un buen periodista y escritor, que devino en mejor revolucionario.

En un diálogo espectral, el biógrafo Jozami olfatea el futuro ninguneo del crítico oficial y arenga, en la “Introducción”, en una línea semejante a la advertencia de Piglia: “La actitud reverencial hacia [la] figura [de Walsh] ha conspirado contra un análisis más minucioso de los principales núcleos políticos de su trayectoria.” (p. 15) Y se explaya: “…el lugar eminente asignado a Walsh parece haber fijado límites a la actitud crítica. Algunos lo han erigido en el antiborges, simplificando en clave política una relación mucho más compleja [por] la importantísima influencia que ejerció sobre su obra el autor de El Aleph. Pero en general se opta no discutir con Walsh… [E]s posible avanzar con una actitud menos reverencial… A quienes teman que esto pueda menoscabar el reconocimiento que la sociedad argentina hoy tributa a Walsh, sería bueno recordar que el mejor homenaje para un intelectual… es cuestionar sus opciones, criticar sus escritos, someter su pensamiento a la prueba del tiempo, ver hasta dónde sigue siendo actual.” (p. 16) El cierre del pasaje remarca el contraste entre el ´ser actual´ de Jozami nacido de las propias contradicciones del escritor, periodista y militante (el biógrafo no es ajeno al paradigma oficial, vale aclarar), y el deslucido ´presente´ del interpretador acuñado en una rocambolesca ortodoxia.

La simplificación tiene un momento alto, como supondrán, en la decisión metodológica de censurar al ´joven Walsh´. Insiste Jozami: “…casi no se ha estudiado o escrito sobre este período inicial. Esta omisión puede explicarse teniendo en cuenta que el propio autor… ha sido avaro… sobre muchas circunstancias; también porque se ha preferido no hablar sobre ciertos pecados de juventud, como la militancia en la Alianza Libertadora Nacionalista. Además, las cambiantes actitudes del joven Walsh en relación con el gobierno de Perón escapan… al patrón de conducta entonces dominante entre las intelectuales.” (p. 22-23)

La historia de las milicias, de las brigadas, de los grupos de choque nacionalistas –leo y parafraseo a Daniel Lvovich, El nacionalismo de derecha. Desde sus orígenes a Tacuara [2006, Capital Intelectual]- se remonta en Argentina a 1919, en el contexto de la Semana Trágica, con la fundación por parte de Manuel Carlés de la Liga Patriótica Argentina, milicia católica, militarista, anti-izquierdista, pero no antiliberal, abocada a enfrentar y a impedir la acción de los anarquistas (´invasores extranjeros´). A fines de la década del veinte, Rodolfo Irazusta funda, por ejemplo, la Liga Republicana, grupo anti-yrigoyenista y autoproclamado antidemagógico. Una vez sucedido el golpe de Estado contra el gobierno radical en 1930, las dos tendencias más importantes -los conservadores tradicionales con Agustín P. Justo a la cabeza, y los más radicalizados, antiparlamentarios, como el propio José F. Uriburu- entran en pugna. Frente al debilitamiento de esta segunda vía, en mayo de 1931 se oficializa la Legión Cívica Argentina, grupo nacionalista militarizado destinado a amedrentar a los ´enemigos internos´. Justo alcanza la cumbre del poder en 1932 mediante elecciones. Muchos nacionalistas se sienten defraudados. Consideran a la oligarquía conservadora un impedimento para la revolución corporativista y ven a los conservadores como traidores al pueblo, en una lenta recuperación de la figura de Yrigoyen que desemboca en el nacionalismo popular posterior a 1943. Entre 1930 y 1943, el nacionalismo de derecha argentino –bajo el impacto de Hitler, Mussolini, Franco, Salazar- se expande sin lograr unificarse. Además de la Legión Cívica Argentina (corporativista, antimarxista, pro-uriburista, con 30.000 adherentes), surgieron otros cuarenta grupos nacionalistas (como dato peculiar, Leopoldo Lugones lideró la Guardia Argentina). A mediados de la década del treinta, en la Legión Cívica Argentina retoña una agrupación estudiantil denominada Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios presidida por El Petiso Queraltó. El propio Queraltó, por ´falta de celo revolucionario´ de aquella, funda en 1937 la agrupación más importante del período: Alianza de las Juventudes Nacionalistas. Esta milicia supuso una radicalización (uso de la violencia contra entidades y personas) y sus propuestas rondaban el Estado corporativo, el catolicismo, la disolución de partidos políticos, la restricción de libertades individuales. Se caracterizó por la movilización de masas, por la insistencia en la ´justicia social´, por su interés en las medidas económicas (control del capital por parte del Estado, nacionalización del petróleo y de los servicios públicos, rechazo al capitalismo internacional, propuesta de reforma agraria y la limitación de la propiedad privada). Alcanzó los 50.000 adherentes. En los primeros años de la década del cuarenta, los nacionalistas en Argentina eran unos 300.000. Algunos pensaban en la vía democrática, otros en la imposición del gobierno por la fuerza. En la expansión del nacionalismo los componentes de clase alta se redujeron y, a la puerta del peronismo porvenir, ganaron espacio los sectores populares. En 1943, sobre la base de Alianza de las Juventudes Nacionalistas, se funda la Alianza Libertadora Nacionalista [ALN].

En esa milicia, o grupo de choque, militó Rodolfo Walsh.

IV.-

Jozami divide su biografía en cinco grandes partes. La primera –“El joven Walsh”- consta, a su vez, de cuatro apartados menores: ´Un autor entre irlandeses´ (dedicado a la infancia católica del escritor), ´Militancia nacionalista´, ´Contra Perón, a pesar de la iglesia´, ´La literatura policial´ (acerca de su incursión en el género).

Walsh –reconoce Jozami- nunca reivindicó su militancia juvenil en la ALN ni su posterior, y concomitante, antiperonismo. Marcado por su ascendencia familiar, formó parte desde joven del antibritánicos ´pelotón de los irlandeses´ de la ALN (p. 28). La posición antiimperialista –la ALN apoyó a Perón en sus primeros pasos en el poder- resume la doctrina nacionalista de Walsh quien, tiempo después, reconocería que a los dieciocho años lo atraía el tono combativo, la agitación, las corridas, las trompadas en la calle (p. 29). Los aliancistas desconfiaban de Perón –muchos veían en él a un oportunista que se había adueñado de las banderas de la ´justicia social´-, sin embargo, al momento de las elecciones, con los enemigos enrolados en la Unión Democrática y la Iglesia apoyando la candidatura, la ALN se embanderó bajo la nueva fuerza. El romance duró poco y cuando en los primeros meses de gobierno, Perón impulsó la firma del Acta de Chapultepec –que supuso aceptar el mandato jurídico estadounidense-, un gran sector de los aliancistas se sintió traicionado en su lucha antiimperialista. “Walsh, frustrado, se aleja de la Alianza, del peronismo y de la política.” (p. 33)

Ese apartado de la biografía pone en escena nacionalistas con los que Walsh mantuvo el contacto a lo largo del tiempo. Rogelio García Lupo –su compañero en Prensa Latina y, décadas más tarde, por ejemplo, prologuista de una edición de El violento oficio de escribir [1998]- le pone fecha a la última vez que vio al joven Walsh en un encuentro de aliancistas, en 1947. Otro personaje del nacionalismo católico con quien se entreteje la obra y la vida de Walsh, y que rescata Jozami, es el padre jesuita Leonardo Castellani, autor de cuentos policiales y candidato a diputado por la ALN en 1946. Se puede mencionar, en tercer lugar, a Jorge Ricardo Masetti, ex aliancista fundador de Prensa Latina, a quien Walsh prologó su libro dedicado a reflejar la experiencia de Sierra Maestra, titulado Los que luchan y los que lloran, en la reedición de 1969 (p. 33-36). Y, para cerrar esta lista incompleta, uno de los fundamentales respecto de la publicación de Operación masacre.

En su premiado ensayo, Hernaiz se refiere a “la campaña periodística en una publicación que dirigía un activo intelectual de la derecha nacionalista, con la que Walsh dice explícitamente no sentirse identificado” (p. 32). Ese ´activo intelectual´, vuelto fantasma por el interpretador, es Marcelo Sánchez Sorondo. Cito un extenso fragmento de Jozami como contrapunto a la lectura beata: “Entre fines de 1956 y 1958, aparecen diversos artículos de Walsh en publicaciones nacionalistas como Revolución Nacional, Mayoría y Azul y Blanco… El hecho de que haya recurrido a los periódicos nacionalistas demuestra que Walsh… no sentía frente a ellos el rechazo visceral que expresaban tanto los intelectuales orgánicos de izquierda como los liberales, pero no basta para afirmar que… se identificara políticamente con algún sector del nacionalismo… Walsh termina recalando en las únicas publicaciones que se animan… [Operación masacre fue] publicado por Ediciones Sigla, de propiedad de Marcelo Sánchez Sorondo, director de Azul y Blanco. Con un perfil más ideológico que Mayoría o Revolución Nacional… el periódico de Sánchez Sorondo… estaba identificado con el nacionalismo de derecha y, quizá por ello, Walsh creyó conveniente afirmar su condición de hombre de izquierda. Otros textos suyos permiten dudar de que en 1957 aceptara plenamente esta definición” (p. 38) Este retrato es sensiblemente diferente a la crédula versión de Hernaiz quien, como buen feligrés, asiente frente a las declaraciones del tótem. (La relación Walsh – Sánchez Sorondo permite comprender que Operación masacre, por una u otra razón, se publicó en la editorial de un sujeto cuyo padre fue ministro de la dictadura de Uriburu. En el lado Hernaiz de la vida, Sánchez Sorondo editor hizo buenas migas en los setenta con Perón.)

Jozami –con sus bemoles- no esquiva la disonancia, la contradicción, la complejidad del pensamiento político de Walsh y considera que el nacionalismo es una línea subterránea en el vaivén derecha – izquierda. La Carta Abierta a la Junta Militar de 1977, por ejemplo, conlleva el reclamo de Walsh por la manipulación del tema de la soberanía nacional por parte de los golpistas y genocidas en el poder. Concluye el biógrafo: “Entre su paso por la Alianza y su adhesión al peronismo revolucionario, Walsh recorre todo el arco de la política argentina, paradójicamente, sin dejar de ser nacionalista.” (p. 40)

En la continuidad de “El joven Walsh”, Jozami se concentra en el catolicismo del escritor, en cómo esta variable confesional –anudada a su nacionalismo- condiciona su mirada sobre el peronismo de aquel entonces, en el apoyo a la denominada Revolución Libertadora –que supone la publicación en la revista Leoplán de artículos que honran el coraje de los héroes que bombardearon Buenos Aires en 1955, y que fueron compilados en El violento oficio de escribir, volumen también olvidado por Hernaiz. Menos imponentes se yerguen, en consecuencia, el ´distanciado apoyo´ a la Libertadora; el pacifista que abraza más tarde la lucha armada; la metamorfosis de qué es el periodismo en qué es el peronismo; el arco temporal 1957-1972 como matriz de esa mutación. Y así se pierde a lo lejos, el silbido melifluo de prestidigitador encandilado, adiestrado en los carromatos de Puán.

V.-

“Aquí enfrente estaba la Alianza. Yo estuve dentro de ese edificio, el año 44, tal vez el 45. La Alianza fue la mejor creación del nazismo en la Argentina. Hoy me parece indudable que sus jefes estaban a sueldo de la embajada alemana. Su jefe era un individuo sin calidad, sin carisma, probablemente sin coraje, aunque eso traslució después. Se llamaba Queraltó, y le decíamos El Petiso. Medía tal vez un metro sesenta, y resultaba algo cómico en sus furores nacionalistas: un tipo simplista, remachador de eslóganes, violento, sin grandeza ni finura de ninguna especie. Sin embargo, la Alianza encarnó la exageración de un sentimiento legítimo que se encarriló masivamente en el peronismo [o ´cuya vía más correcta, menos mediatizada, encarnó el peronismo´]. La Alianza no podía conseguir eso, primero porque sus vínculos con el nazismo provocaban desconfianza aun entre los que no eran aliadófilos; luego porque era antisemita y anticomunista en una ciudad donde los judíos y la izquierda tenían un peso propio; luego, porque sus ideales eran aristocratizantes, aunque encarnaran en individuos de clase media. Los aristócratas que integraban su dirección –los Lastra Ezcurra, los Serantes Peña y algún otro- eran figuras incoloras y mediocres. Algunos intelectuales de escaso mérito completaban el cuadro: Genta, un energúmeno que se babeaba literalmente sobre las promesas del Nuevo Orden; Fernández Usaín, autor de unas obritas de teatro; y el cura Castellani, único que tenía alguna forma de talento. Los nacionalistas más influyentes –Scalabrini, Torres- eran reivindicados como propios, pero no pertenecieron realmente a la Alianza ni integraron sus listas de candidatos. Gálvez, los Irazusta, eran referencias más lejanas.”

Este suelto –transcripto en su totalidad contra la paciencia del lector y a favor del hermeneuta oficial que no dio lamentablemente con el volumen- está incluido, en continuidad al texto autobiográfico “El 37”, en Ese hombre y otros papeles personales. Apenas cuarenta palabras y un par de proposiciones se necesitan para comprender que Walsh militó en la Alianza Libertadora Nacionalista, que esta organización estaba financiada por los nazis y que, por ende, en su juventud Walsh –sin conclusiones posteriores de ninguna índole- militó en una brigada fascista. Entre el ´yo estuve dentro´ y ´le decíamos El Petiso´, la explicitación de la pertenencia. (Sobre la ALN, los nazis, Perón y los matones, Walsh –y Masetti-, Cuba, Tacuara, Montoneros, anda por ahí un retoño de la biografía de Jozami, a cargo por Rubén Furman, Puños y pistolas. La extraña historia de la Alianza Libertadora Nacionalista, el grupo de choque de Perón [Sudamericana, 2014]. Furman, sorprendido por el material entre manos, aclara en la “Noticia sobre este libro”: “…los hechos y protagonistas que acá se retratan son prueba suficiente para descalificar comparaciones disparatadas entre aquel tiempo y el actual proceso político argentino, cuyo sesgo nacionalista y democrático es tan indudable como la nueva época en la que transcurre.” La pregunta que Furman espanta como a una mosca remite, creo, a la eventual continuidad en el presente de aquellas milicias fascistas. Sin ningún lugar a dudas, los tiempos son otros, pero algo del agite y de la provocación nacionalista de Tacuara puede detectarse en el Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho– organización, al igual que sus antecesoras, oscilante en su adhesión al peronismo.)

Borradas de la foja de servicio aquellas pasiones juveniles, hacia mediados de los noventa, en alguna dependencia de este Arkham austral, Walsh muta en mármol. Dice Hernaiz: “En 1994, la edición documental que hace Editorial Planeta… recopilando los sucesivos ´Prólogos´, ´Introducciones´, ´Epílogos´ y ´Apéndices´, y agregando una nota de presentación del intelectual mítico Osvaldo Bayer, [cerrará] el derrotero de variaciones paratextuales… Es el mismo momento en el que Walsh comienza a ser homenajeado en tanto escritor desaparecido…” (p. 25) Esa edición de 1994, en particular, ´participa en la construcción de la imagen que circula hoy de esa obra´, y, sobre todo, en la imagen que de Walsh quiere que de esa obra se desprenda.

Si algo sorprende de los hermeneutas es la impunidad que el arma de la ficción les otorga, no porque la ficción en sí genere impunidad, sino porque el hermeneuta se aprovecha de los movimientos poéticos simple y llanamente para distorsionar en términos ideológicos. Eso le corresponde a Hernaiz –extasiado por la paradoja que anida en el título- y también, en este caso, al intelectual mítico. En el prólogo a la edición de 1994, de seis páginas y titulado “Rodolfo Walsh: tabú y mito”, Bayer instala el asunto alemán desde el inicio: “No tengo otra forma de definir a Rodolfo Walsh que tomar la frase de Madame de Staël referida a Schiller: ´La conciencia es su musa´.” (p. 7) Pero a partir de allí no incursiona en datos biográficos que rescaten las pasiones nacionalistas juveniles de Walsh. Todo lo contrario. Reafirma lo que confiesa en el final del prólogo: “Rodolfo Walsh no existe. Es solo un personaje de ficción. El mejor personaje de la literatura argentina. Apenas un detective de una novela policial para pobres. Que no va a morir nunca.” (p.12) Bayer discute la versión que la renovación democrática recreó del escritor: “Los mandarines oficiales de la cultura del 83 lo quisieron apostrofar con aquello de ´esteta de la muerte´.” (p. 7) Según Bayer, a Walsh ni la sociedad argentina establecida ni sus acólitos le perdonarán nunca la búsqueda de claridad y de brevedad para ser comprendido por lectores de novelas policiales ya que aquellos no “quieren perder el tren del poder y se sienten cómodos en sacralizar a sus intelectuales octogenarios en el suave desencanto de la vida…” (p. 8) Detrás de esos octogenarios que niegan la eterna juventud del aventurero Walsh, el cascoteado Borges.

Jozami (p. 16), es necesario repetirlo, alertaba: “Algunos lo han erigido [a Walsh] en el antiborges, simplificando en clave política una relación mucho más compleja…”. Esa simplificación de oponer Borges-Walsh la realiza Bayer de forma inesperada: “A Walsh lo han llamado ´el anti-Borges´. Qué rara coincidencia. Al joven Büchner… lo califican el ´anti-Jünger´ (y a éste, el ´Borges alemán´). Büchner era –como Walsh- un agitador…, un comunista precoz, Walsh un revolucionario latinoamericano consecuente y sin prisa. Ernst Jünger (el Borges alemán [o Borges, el Jünger argentino] acaba de ser denominado… un fascista noble de frialdad desproporcionada… Jünger, el Borges alemán ha construido los fuertes pilares del edificio teórico de la revolución conservadora… ¿Walsh, el anti-Borges? Tal vez una definición excesivamente ampulosa…” (p. 9) Más allá de esta postrera relativización, Bayer anatemiza y a través de un falaz juego de espejos ajeno.

Sin desconocer su condenable flirteo con la cúpula militar del golpe de Estado de 1976, la tesis delirante de hacer de Borges un filo-nazi tiene historia propia. Dos episodios.

Primero. 1984. El investigador chileno Víctor Farías da a conocer su artículo “La estética de la agresión. Reflexiones en torno de un diálogo de Jorge Luis Borges con Ernst Jünger”, en el que quiere demostrar, mediante afinidades literarias entre los escritores (y con un cafecito tomado en 1982), el nacionalsocialismo del alemán y el filo-fascismo del argentino. Farías va literalmente contra la biblioteca: desestima los primeros arrumacos de Borges con la Revolución Rusa de 1917; desestima el anarquismo heredado del padre y de su amigo Macedonio Fernández, anarquismo que mantuvo como parámetro ideológico hasta el final de sus días; desestima los ataques que Borges recibió de manos de los adeptos al nacionalsocialismo por considerarlo un autor demasiado interesado en la tradición judía (la cábala, por caso); desestima los ataques del propio Borges durante la Segunda Guerra al Eje; desestima la desconfianza de Borges frente al nacionalismo que es la desconfianza frente al peronismo que es la desconfianza frente al nacionalsocialismo.

Segundo. 1997. Un camino más sobrio aunque ciertamente tendencioso recorre Annick Louis en “Borges y el nazismo”. Para centrarme en un único punto, Louis comienza recordando que Borges en las primeras décadas del siglo XX era considerado por algún amigo como de ´espíritu católico´ y que, en consonancia, había publicado textos en revistas católicas con posturas que rozaban el antisemitismo y el fascismo, sin descuidar su imberbe nacionalismo (sobre el que sugiero leer el artículo de Jorge Panesi, “Borges nacionalista” [1995], para tener una noción menos sesgada del asunto). ¿Cuál sería la lectura de Louis –aceptando el contra-fáctico- si tuviese entre manos que Walsh fue explícitamente católico, que fue explícitamente nacionalista, que publicó puntualmente en plataformas nacionalistas de derecha y que militó explícitamente en una milicia o grupo de choque financiado por el embajada alemana, es decir, por los nazis?

La lectura sesgada de Bayer, pluma que largamente se refirió a los anarquistas, hace de Borges un nazi, de Walsh un revolucionario a quien compara con Arlt: así como Walsh escribió acerca de los fusilamientos de José León Suárez, Arlt pintó en su aguafuerte el fusilamiento del ácrata Di Giovanni. Lo que para la relación entre ambos textos en particular funciona, para el personaje en su totalidad es un exabrupto. Meses antes de empezar Walsh a escribir el libro que no escribió, celebraba a los pilotos que habían bombardeado Buenos Aires. En el pasaje de la biografía “Los militares y los que se animan” (p. 46-49), Jozami ubica a Walsh entre el golpe que derroca a Perón en 1955 y el instante anterior a oír ´hay un fusilado que vive´. Parafraseo: ´la nota que Walsh publica en Leoplán en 1955 narrando una acción de la aviación naval en los días previos al derrocamiento de Perón –los bombardeos de junio con centenares de muertos- da cuenta del apoyo del escritor a la Revolución Libertadora. Uno de los caídos en combate es Estivariz, amigo de su hermano Carlos Walsh, y de ahí el motivo de afecto familiar que lo impulsa a Rodolfo a apoyar al golpe, según confiesa en el epílogo de Operación masacre. La nota se destaca por su tono épico y por su actitud casi reverencial ante la institución militar. Lo más significativo del texto es que expresa un reconocimiento a valores –a los que considera superiores- por sobre la ubicación política de los protagonistas. Antes que el peronismo o el antiperonismo, lo importante es el heroísmo, y la solidaridad y la devoción del subordinado frente a su superior. De un lado, la valoración borgeana del coraje; del otro, la lealtad al superior, un rastro ideológico con ascendencia en Lugones. En octubre de 1956, Walsh publica otra nota, transcurrido un año de dichos sucesos. Si bien no hay referencia alguna al gobierno de la Revolución Libertadora, sí celebra la gesta heroica y continúa refiriéndose al golpe como a ´la revolución´. Aunque han pasado cuatro meses desde el levantamiento de junio de 1956, Walsh todavía no ha recibido la información que lo llevará a escribir el libro que le cambiará la vida. La apelación al coraje reaparecerá en la Carta a mis amigos en la que Walsh cuenta el asesinato a manos del ejército de su hija Vicky. Este complejo texto está inevitablemente asociado a las notas que homenajearon a los aviadores, pero escrito desde las antípodas. En 1976 honra a una víctima del Ejército; en 1955-1956 había ensalzado a los victimarios.´ Lo fundamental de esta reconstrucción es, según entiendo, la semejanza de argumentos esgrimidos para honrar a quienes bombardearon Buenos Aires y, posteriormente, para permitirse publicar los textos de Operación masacre en la prensa nacionalista: el ´coraje´ importa más que la identificación partidaria. Saltar la tranquera temporal -1957- que Hernaiz tiende, permite advertir ´otros´ Rodolfo Walsh entre los repliegues del oficialista maniquí unidimensional.

VI.-

Hay muchos Walsh, en Walsh. Incluso –contra todos los pronósticos que permite el dato del nacionalismo reverberando en su figura- hay un sutil Walsh anarco-primitivista. En “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra” (Literatura argentina y política II, 1996), en pleno proceso de canonización -y en contraposición a las referencias literarias random de Bayer-, David Viñas ubica a Operación masacre en un “curso trágico”: la liquidación del ´gaucho rebelde´ (comentarios de José Hernández al degüello del Chacho Peñaloza, 1863), la eliminación el ´inmigrante peligroso´ (aguafuerte de Arlt sobre el fusilamiento de Di Giovanni, 1931), la masacre del ´obrero subversivo´ (libro de Walsh, 1957), el asesinato del ´intelectual heterodoxo´ (carta abierta a la dictadura, 1977).

Esa letanía, que Hernaiz metódicamente ignora, se remonta a los días de Walsh en el Tigre junto a Pirí Lugones, si no entiendo mal, en los años sesenta. Por esa época, a los Viñas (David e Ismael), a Pirí, a Rodolfo, a Paco Urondo, entre otros, los unía, además del vino, del amor y de la literatura, la librería Jorge Álvarez y la militancia en el MLN, Movimiento de Liberación Nacional. Durante los setenta, a las puertas de la dictadura, con parejas diversas y en casas vecinas, Pirí y Rodolfo repetirán la estancia en el Tigre.

El texto de Viñas pinta un intelectual neobárbaro defensor de ´lo elemental´, del despojo, del autoabastecimiento, del ascetismo que supone el alejamiento de la ciudad. Walsh es para Viñas –y aquí la sensibilidad anarco de esa yunta- un heterodoxo, un iconoclasta, alguien que está fuera de lugar, crítico radical y, por eso mismo, sancionado con la muerte, su asesinato. Walsh es un hereje transfigurado. En un primer momento, es el nacionalista que apenas puede ser enmascarado por el que recuerda. El de Variaciones en rojo [1953] –dice Viñas- es un Walsh “…que todavía creía que con el final del peronismo 1945-1955 se iban a recuperar las ´tradicionales virtudes patrias´.” El escritor hereje vive luego una epifanía ambigua: “Una conversión, quizás, más que un desplazamiento lineal, se puede ir verificando en otras dos comarcas de la aventura de Walsh: desde la aprobación del ´heroísmo oficial´ que publica frente a los acontecimientos de 1955, y su contramarcha en dirección a las investigaciones y denuncias de los fusilamientos de José León Suárez.” Heterodoxo, hereje, anti-institucional, en apariencia ungido: “En una última (o penúltima) instancia, si tuviera que simbolizar el itinerario de Walsh echaría mano de escenarios de la Biblia. Con una cita de Daniel…, el inicio como descifrador frente al semicírculo de los cortesanos de Nabucodonosor. Dos, hacia 1956, y mediante Operación, el camino hacia Damasco. Y tres, por último, con su carta abierta a la Junta Militar, en 1977, el sacrificio del Gólgota.” Figura crística sí, pero nunca oficial, sino la que pervivió en las apaleadas sectas de los inicios. Si Walsh se sacrifica como Cristo, lo hace en una serie heterodoxa. Daniel –sobre quien construye su detective y su alter ego- es un profeta eminentemente político (habrá o no de pervivir el imperio), pero, sobre todo, es un profeta esotérico, mistérico, al límite de lo canónico; también Saulo de Tarso, luego San Pablo –el Apóstol-, es un converso oscilante en lo que otros dictaminarán como ortodoxia; y, finalmente, el propio Cristo que, una vez repuesto del cimbronazo de la crucifixión, soportó la disputa entre quienes alabaron su resurrección de Hijo de Dios y fundaron la Institución, y quienes se contentaron con la sabiduría del hijo de algún dios desinteresado de esta vasija de tierra, y lo alabaron como a un gran chamán. Iglesia oficial versus herejías. Arremete Viñas como un teólogo, e involuntariamente, trae la cuestión desde su pasado a este ortodoxo presente: “Horacio Verbitsky es hoy el continuador más notable del periodismo inaugurado por Walsh. Con una diferencia que correspondería destacar… si Walsh, con los rasgos artesanales de su producción, representa una suerte de cristianismo primitivo dentro de este linaje periodístico, ¿Verbitsky, acaso, representa la institucionalización correspondiente al catolicismo?” Por un lado, entonces, alguien que, en sus creencias y hasta el final, rechazó ser orgánico a cualquier ortodoxia. Acota Jozami: “…la relación de Walsh con la religión fue menos unívoca de lo que podría pensarse. El escritor abominaba… de todo lo que tuviera que ver con la Iglesia, pero esta reacción de enojo exasperado con su experiencia religiosa inicial puede leerse como todo lo contrario de la indiferencia” (p. 45) Por otro lado, la contraposición periodismo heterodoxo/periodismo institucional, Walsh/Verbitsky –para quien, hoy, el Estado hace las veces de Santa Madre Iglesia desde donde también habla el novel guardián Hernaiz desesperado autor de la enésima bula ofrendada al hereje por siempre irreductible al lastimero dogma que su generación enarbola.

[Comentario al margen y a futuro. La clave heterodoxa de Viñas se derrama como un linaje entre los escribas vernáculos: del Walsh descifrador y criptógrafo al Borges cabalístico, pasando por el esoterismo de Lugones, los espectros de Quiroga, las ciencias ocultas y el Astrólogo de Arlt, la caterva de Filloy, el hermetismo de Macedonio (a quien Walsh llama ´nuestro más positivo genio), el otro astrólogo –Schultze- de Marechal, los ciegos sectarios de Sabato, la metempsicosis de Bioy, la alquimia de Puig, las utópicas cartas de Piglia y, en retorno decimonónico, los viajes astrales de Holmberg. En algunos de ellos, esa tensión provocada por la heterodoxia, el hermetismo, el ocultismo se resuelve, en política, con afinidades anarquistas, y se configura, en literatura, apelando a la ciencia ficción.]

VII.-

Se autoevalúa Hernaiz en la coda de su ensayo: “Una lectura no fetichista ni mitificadora requiere de un trabajo de lectura que reordene…” (p. 52) –y te agregaría, que no escamotee, ni ningunee. A medio camino, había dicho que no hacer lo que él hacía, era rendirse frente al fetiche: “No tener en cuenta estas variaciones [a lo largo del tiempo de Operación masacre] y su forma de incorporación en las distintas ediciones es someterse al fetiche…” (p. 26). Acierta, Hernaiz, al elegir la terminología psi-. Su caso es ejemplar en relación a los efectos del consumo de ortodoxia en un ser humano. En el “Obligado apéndice” de su ensayo, asistimos a una felicidad orgiástica sobre el escenario y con una platea insípida: “…y el hecho de que fuera organizado por una de las instituciones culturales más importantes del país y que el concurso [que él mismo ganó] se entremezclara con la conmemoración de las fechas nefastas que organizan la cronología de la última dictadura militar… podría ser pensado como el cierre del ciclo iniciado en 1994. No sería un exceso postular allí la cristalización de… un ciclo kirchnerista para la circulación del libro de Walsh, y junto a ese libro, de la figura misma de Walsh en tanto intelectual y militante: no en vano, del 2001 a esta parte la figura del militante y del intelectual encontraron formas específicas de reformularse articulándose con los cambios estatales.” (p. 52-53) A confesión de parte. Si el concurso, y el correspondiente ensayo ganador, confluyen en la ´cristalización´ del ciclo kirchnerista de la circulación de Operación masacre y de la resignificación de la figura de su autor, este estado de cosas se sustenta en una argumentación que entronca el celebrado ´presente´ con un pasado mítico repleto de héroes y de luchas bravas, cuando, en rigor de verdad, Walsh murió asesinado por los militares y militando en una organización revolucionaria que lindaba el dislate. Como ejemplo -y a esto vos, Seba, lo reconocés-, los documentos internos que como oficial de inteligencia redactó y, en vano, compartió con la cúpula de Montoneros. Para 1976, Walsh hacía tres décadas que oía acerca de ensueños nacionalistas y libertadores. Son palabras de Walsh: “A pesar de los golpes recibidos… seguimos triunfales. Decidimos el fracaso total de los planes del enemigo y seguimos subestimándolo. Esto… obedece a la incomprensión sobre nuestra propia historia. [A]l no reflexionar sobre las causas de nuestro crecimiento espectacular [pensamos que] somos geniales, y si somos geniales es accesorio que acertemos o nos equivoquemos. Esto lo notamos… en la persistente ausencia de autocrítica.”

No otro es tu horizonte de intervención, digo parafraseándote, querido Seba. La ausencia de autocrítica y, como corolario, un corrimiento en los parámetros ideológicos de comprensión de la historia y de la ´realidad nacional´ -para retomarte de nuevo, que me encanta. En el encendido ensayo que le dedicás a Marechal, incluido en el mismo librito en el que esgrimís un archivo parcial sobre Walsh, te referís en una nota al pie perdida por ahí “a la renovación [política] que se iniciaría con la revolución de junio de 1943” (p. 73, nota 3). Esta liviandad, creo, se resuelve de dos maneras: o cambiás ´revolución´ por ´golpe de Estado´ -otra cosa me parece no fue lo del G.O.U- o todos nos volamos las pelucas y les decimos revolucionarios a los golpistas nacidos de la simiente de Uriburu.

Así, y para ir cerrando este texto repleto de amor y de comprensión hacia vos, hermeneuta aprendiz, intuyo que uno de los problemas principales de tu argumentación, es justamente el fetiche frente a una supuesta dicotomía clara y evidente -´derecha e izquierda´- que, desde el presente, alcanza un pasado simétrico. Pregunto: ¿quién es capaz de distinguir derecha de izquierda en el camaleónico peronismo? Reflexiona Humberto Cuchetti en “¿Derechas peronistas? Organizaciones militantes entre nacionalismo, cruzada anti-montoneros y profesionalización” [2013; www.nuevomundo.revues.org]: “Si en lugar de pensar el conjunto de las organizaciones juveniles de los años 1960-1970 a partir de esquematismos ideológicos o de querer afiliar cada una de ellas a una familia política determinada, pensamos en las nebulosas militantes de las mismas, vamos a encontrar diferentes vectores asociativos, familiares, religiosos, sindicales, universitarios y partidarios que sirvieron de pasarela entre agrupaciones que tiempo después se enfrentaron de manera acérrima. En este sentido, las reivindicaciones nacionalistas… constituyeron un lenguaje del cual abrevó la totalidad de las opciones políticas peronistas de aquellos años… Un ejemplo es la apelación a la gesta montonera de los caudillos federales de la segunda mitad del siglo XIX, valor revisionista tan extendido en el militantismo peronista desde los Montoneros a la CNU –Concentración Nacional Universitaria [facción ultra-nacionalista y de ultraderecha].” (Atender el magma ideológico desde donde se desprende la dicotomía derecha – izquierda, supone reconocer la constitución de identidades marcadas, por un lado, por la autodefinición grupal y, por el otro, por las definiciones que sobre la propia identidad lanza el enemigo. Cuchetti, en un ejemplo que me interesa para sumar al picnic ácrata en el que metí a Walsh, recuerda que ´la derecha peronista acusaba a Montoneros de marxistas y de comunistas, los veía como infantiles y les enrostraba el mote de anarquizantes´).

Creo que te apresuraste, Hernaiz, a pesar de disponer de un par de años para reescribirlo. Si le hubieras dado bolilla al nacionalismo, y a su literatura, incluyendo a Walsh, habrías visto que dos características hermanadas en la aguerrida prosa nacionalista son la virulencia y la invectiva, tal como la practicaba el propio Rudi, según comenta Jozami (p. 39). De hacerlo, podrías haber intuido que el maquillaje polémico de tu título es apenas eso, carmín. Le quisiste entrar a Walsh a tus veintipico y te quedó grande (aliento de tu generación mediante). Tampoco es que tu ensayo está tan, tan mal. Bien urdido, bien entretejido… proyectaste un palacio sobre arena y para tu pésima suerte de ganador, arquitectos mayores aprobaron tu plano y lo premiaron y vino después alguien que te lo editó, y el previsible alegrón por el fetiche del libro impreso, y los grititos de placer de los tuyos, y los diversos polvos que intensificaron la celebración… Todo fue de maravillas.

Sin embargo, nunca falta un insensible que harto de la jarana entre los vecinos, comienza a golpear la pared con la intención mínima de molestarte, y máxima de que eches a tus cumpas y te vayas a dormir porque es tarde, flaco. Mala suerte. Al recoveco que está justo al lado de tu departamentito hermenéutico lo usurpó un croto, un linye, un mendigo, que entre alguna biaba y alguna curda, se le da también por interpretar. Por eso, con golpecitos en la pared –en un morse tumbero, siempre útil- voy a insistir con que -si a vuelta de posteo no podés quebrar mi argumentación, como hice con parte de la que vertebra tu ensayo campeón- agarres despacito, algunos de estos días, el premio que se te otorgó, salgas de tu depa (yo digo depto, pero me adapto), bajes por las escaleras (para que no te vean ni los vecinos, ni los de tu grupito) y lo dejes entre los desperdicios. Cuando el hambre me apure, me abocaré a la basura y, como quien no quiere la cosa, manotearé el premio institucional para sacarle algunas monedas, amigo. Y si no lo largás, voy a empeñar mi único oropel que es la estrambótica tesis del linaje heterodoxo que antes te conté, para irme hasta allá y reclamarte esto en lo cara. Es una cuestión de ética. No hay manera de ser un hermeneuta (peronista, progresista, de izquierda) sin mínimos reparos de honestidad intelectual, en particular, porque detrás de la palabra está la acción y detrás de la acción, algún tipo de modificación del status quo que te gustará llamar, supongo, ´revolución´. Algo semejante decía Walsh en la famosa entrevista que le hizo Piglia en 1970: “Vos viste –le dice- que desde la derecha no hay ningún problema para seguir haciendo literatura. Ningún escritor de derecha se plantea si en vez de hacer literatura no es mejor entrar en la Legión Cívica. Solamente se plantea el problema de este lado; entonces… tenés que decir eso con los escritores de izquierda. Hay un dilema.” Walsh habla del carácter subversivo -o no- de la literatura que es hablar de lo subversivo -o no- de la escritura. En esa declaración, en la que de paso recuerda la milicia uriburista –útero de la ALN-, cuestiona la congruencia –o no- entre palabra y acción. Y algo de eso, entiendo, sabés, porque si tu mero ensayo, y (a gatas) éste mi panfleto (¿o al revés?) están untados por ´el clima de debates y las formas de la política y la práctica intelectual que trajo el kirchnerismo´, me entrometo y digo que me parece un debate ruidoso y falaz. Cumple tu obrita con casi todos los requisitos de una mutación sobre la que algún día indagaré más: la crítica literaria, atenta finalmente al curso de los tiempos, se ha convertido en una rama de la ciencia ficción.

Y hasta acá. Quedan tantas cosas por decirte. Iba a enroscarme contándote que descifré en las últimas cuatro letras de tu apellido la marca de la bestia, pero para qué. Con lo que hay, basta. Quedo a la espera –inútil, supongo- de una respuesta. He cometido, quién lo duda, varios errores, aunque sabrás entender que escribir entre trapos y con el colchón mojado en estos días de lluvia, no es tarea fácil. De todas formas –no sé por qué saber que estoy por terminar me ceba, Seba (¡genial! ¿no?)-, ni tu enjundia, ni tu pericia para retrucarme me dejará satisfecho. Deberías guardar violín en bolsa y volver a la plaza de la adolescencia y empezar a leer de nuevo, con este lema en tu ágil baulera: hermenéutica y ortodoxia, qué mal pero qué mal que se llevan.

                                                    Tuyo,

Thomas Munk {F.C.}

Cyberlolita replay, y enter Kaczynski

{Post-scriptum.26.05.2015. El texto que usted tal vez lea a los apurones, y con sorpresa después de estas líneas, fue publicado en este mismo blog hará cosa de un año.[1] La tesis de aquel escrito –alivianado por el tono espectral- es que existe una relación directa entre la configuración socio-económica actual (capitalismo post-industrial, sociedad de consumo, complejo militar-industrial) y el abuso de niños o, como se lo conoce habitualmente, la pedofilia. A ese par de socios, en un segundo nivel, se le suma –en la actualidad, repito- la tecnología (y el atroz imán de los medios de comunicación), y en fila se encolumnan diversas instituciones (como, por ejemplo, las iglesias). Al igual que la violencia de género, y la plaga de femicidios que asuela a América Latina, para nombrar un caso de índole general aunque acotado, en lo que respecta al abuso de niños, los comprometidos con la defensa de los derechos humanos podrán instaurar todas las leyes que quieran, organizar todas las ONG´s que deseen, encaminar todas las marchas y protestas que se les ocurran que, mientras la forma de organización socio-económica actual no desaparezca o se debilite, no habrá manera de detener el paso adelante de esos crímenes. Esta tesis me parece tan evidente que me dejan perplejo los bien intencionados activistas que creen realmente estar haciendo algo para erradicar esas prácticas sin poder reconocer que, al contrario, el número de casos se acrecienta y que la efectividad de las protestas es nula. No hay otro modo de impulsar el cambio que torcer drásticamente el rumbo de la forma social actual. En una dinámica que debe ser mucho más compleja, pero que funciona aproximadamente de esa manera, si el hombre asesino de mujer, si el violador y si el abusador existen en esta sociedad es a causa de la irracionalidad y de la esquizofrenia intrínseca al sistema capitalista. Como podrán conocer en el texto, no es un tema que haya escapado a la atención de los intelectuales disertantes que pululan por el mundo. Tampoco, por supuesto, se le pasó por alto al crítico contemporáneo más amargo, y desbocado, de las últimas décadas. En su artículo-manifiesto, La sociedad industrial y su futuro [Industrial Society and Its Future, 1995], Ted Kaczynski expone por qué el ser humano acaba enloqueciendo en el contexto del capitalismo. En concreto, el sistema le quita a los individuos la libertad y la autonomía para llevar adelante las actividades relacionadas con su subsistencia y los conmina a realizar miríada de actividades sustitutorias que acaban por no ser satisfactorias y que, en consecuencia, lo conducen a la depresión, al aborrecimiento de sí, a la violencia en cualquiera de sus formas, etcétera.[2] Por ende, afirmar que el capitalismo es perverso es descriptivo y literal. El mismo conjunto de normas sociales, económicas, jurídicas y políticas que genera el contexto para que el abusador abunde, por otro lado, genera al militante que, para satisfacer su necesidad de cumplir con el proceso de poder, lucha vanamente contra el mal engendrado bestialmente por aquel. Utilizo, además, el término perverso porque en el aspecto puntual de la mirada social sobre niños y jóvenes existe un discurso de doble rasero tan instalado como delirante. Para citar solo un ejemplo. Es notable el modo en el que los aparatos ideológicos –medios de comunicación, instituciones educativas, dependencias estatales encargadas de las leyes- tratan al adolescente promedio –unos quince años- como si al mismo tiempo fuera un niño que no entiende nada (se lo encierra, se le controla casi todo) y un adulto responsable que entiende –o que debería entender- todo (se lo invita a consumir sin descanso, a tomar decisiones relevantes para su vida y para la vida de los demás al ofrecérsele la posibilidad, como en Argentina, de votar en las presidenciales). Esquizofrénico y perverso es el que mata, agrade, ultraja, pero también lo es el marco legal que ya incluye, ya excluye al joven de la vida social (idéntica esquizofrenia ocurre con la mujer al cristalizarla cada vez más como objeto decorativo de las riquezas engendradas por los magnates, según los medios de comunicación, y al batir el parche de la libertad y emancipación alcanzadas y conseguidas por aquella). En consecuencia, la violencia contra menores (desde niños hasta adolescentes) es necesario pensarla en relación directa con el irracional contexto de la sociedad industrial. Subraya Kaczynski en el párrafo 44 de su artículo: “…para la mayoría de los seres humanos atravesar el proceso de poder –tener un objetivo, hacer un esfuerzo AUTÓNOMO para conseguirlo- es una manera de obtener autoestima, autoconfianza y sentido de poder. Cuando uno no tiene oportunidades adecuadas para atravesar el proceso de poder, las consecuencias son (dependiendo de la persona y de la manera en la que el proceso de poder se ha desorganizado) aburrimiento, desmoralización, baja autoestima, sentimientos de inferioridad, derrotismo, depresión, ansiedad, culpabilidad, frustración, hostilidad, abuso del cónyuge y de niños, hedonismo insaciable, conducta sexual anormal, desórdenes del sueño, desórdenes alimenticios, etc.[3] En nota al pie acota: “Algunos de los síntomas enumerados son similares a los de los animales en cautiverio.”[4] Al igual que estos, al no tener finalidades claras y concretas, el ser humano explora otros caminos de sentir que puede ejercer su poder. Se trata de una extrema e innecesaria complejidad en la forma de organización social: “A través de la larga historia de la humanidad para mucha o la mayor parte de la gente, las finalidades precarias de la existencia (proporcionar a su familia la comida del día a día) ha sido por completo suficiente.[5] Más adelante, en el párrafo 148, el ex matemático desliza la utilización que se hace desde el poder del abuso como argumento para perseguir o para controlar: “Se desaprueba el abuso de niños en sus formas más indecorosas, si no en todas, en la mayoría de las culturas. Atormentar a un niño por ninguna razón o por una sin importancia horroriza a casi todo el mundo. Pero muchos psicólogos interpretan el concepto de abuso de un modo más extenso. ¿Son los azotes, cuando se usan como parte de un sistema de disciplina racional, una forma de abuso? En última instancia, la respuesta se decide según si los azotes tienden o no a producir comportamientos que hagan a una persona encajar bien con el sistema social. En la práctica, la palabra abuso tiende a ser interpretada para incluir cualquier método de criar niños que produzca comportamientos inconvenientes para el sistema. Así, cuando van más allá de la prevención de la crueldad obvia y privada de sentido, los programas para prevenir el abuso de niños son dirigidos hacia el control del comportamiento humano por parte del sistema.”[6] Una forma de traducir la postura esbozada sería indicar, por ejemplo, que en los establecimientos educativos occidentales se ofrece un tipo de educación que se parece bastante a la corrupción (mental) de menores. Sin embargo, esa aberración queda oculta ya que produce seres humanos obedientes al sistema y, por lo tanto, nada de ese gran delirio es evitado ni castigado.[7] Más aún, la idea de abuso sexual es una figura utilizada desde hace tiempo para aplacar las ansias de los disidentes ideológicos y políticos. Aunque en ningún caso se pudo ni se puede probar nada, excepto el armado de causas y de falsos testigos, tanto Ted Kaczynski como el disidente tecnológico Julian Assange –un anarco-hacker- fueron y son perseguidos por supuestos eventos de abuso sexual. Es apenas una casualidad que esos dos recalcitrantes quejosos del cariz que adoptó este entramado cibercultural, anclado en el consumo expandido por la Red, que es, a la vez, una forma de control social -porque de eso se trata el sistema industrial, de provocar la carencia y la insatisfacción para generar el consumo- no es casualidad, entonces, que aquellos dos, y cada uno a su manera, hayan alertado sobre el camino elegido en el uso de la tecnología, y hayan, en consecuencia, recibido el sambenito de haber sido abusadores de algún tipo. Ante argumentos semejantes contra ´crímenes´ semejantes, la sospecha de un armado en las sombras. Y a esas tareas saben bien hacerlas los tecnócratas. Ahora sí, la nueva versión.}

I.-

´Las Lolitas que necesitamos son las que confiadas de sí mismas irrumpen en el espacio… público, desafiando las convenciones sociales que niegan la sexualidad de las niñas y mujeres, cosificándolas y convirtiéndolas en víctimas de un sistema patriarcal que convierte el poder de su sexualidad en un arma contra ellas mismas.´ – Daniela Villegas, ´Porqué Lolita no es feminista… pero probablemente las Lolitas sí.´ – [LINK http://www.24-horas.mx/porque-lolita-no-es-feminista/]

Un asunto complejo, redundó el Espectro, y que terminó por imponerse, asentí. En el inmaterial curso de mis apuntes no quedaba más que contar lo que cuenta Bauman, Zygmunt, en el capítulo once del Mal estar de la posmodernidad [1997], dedicado ´a la distribución posmoderna del sexo´. Elucubra Bauman que la segunda revolución sexual (mediados del siglo XX), metamorfoseó la primera revolución y que descolocó así al nido familiar al mismo tiempo que desactivó la relación amor romántico  ̸  amor erótico. Contra la creencia habitual –dice Bauman, según él- este desnudar la substancia sexual no tuvo que ver con una ´emancipación o liberación sexual´ (hippie, sesentista, etc.) sino con una redisposición, con un cambio de la función social del sexo. Doscientos años atrás un enorme panóptico fue construido para controlar la sexualidad. Hoy en día, de forma disimulada, ese sistema de vigilancia fue desregulado y el control, en una sociedad cada vez más atomizada, privatizado. El sexo abandonó el lar familiar y una vez en la calle comenzó a filtrarse en cada instancia de contacto entre humanos, desde la oficina y los negocios, a las universidades y escuelas, y un amplio etcétera. Fue y es, a partir de entonces, regla social la necesidad de ´mantener la distancia entre las personas´, ´evitar el contacto´. Esta misma regla alcanzó a la propia familia por los aires estallada, es decir, alcanzó la relación padres e hijos antaño construida en base a la vigilancia, al ´estar encima´. Traduzco (y reformulo apenas Bauman): ´Los niños, ahora, son considerados principalmente objetos sexuales y víctimas potenciales de sus padres, a su vez sujetos sexuales. Como los padres son por naturaleza más fuertes… y están colocados en una posición de poder, su sexualidad puede fácilmente llevar al abuso de ese poder, puede conducir a la satisfacción de sus instintos… El espectro del sexo asombra también las casas de familia. Para exorcizarlo, precisamos mantener los niños a distancia –sobre todo, imponiendo la abstención de intimidad y de manifestación tangible, abierta, del amor de sus padres.´ Según dice, la enorme cantidad de casos de abusos sexuales de padres con sus hijos repetidos por los medios de comunicación implicó que ´…la ternura de los padres perdiera su inocencia. Se hizo pública la conciencia de que los niños son siempre y en todas partes objetos sexuales, de que existe un fondo sexual potencialmente explosivo en cualquier acto de amor de los padres, de que toda caricia tiene su aspecto erótico y de que en todo gesto de amor puede esconderse un asedio sexual.´ El propio sociólogo, en ese capítulo once, cita a otra tecnócrata quien afirma que si bien el abuso sexual parece estar más difundido en la sociedad de lo que se quiere aceptar, es evidente que se exagera el uso del término ´abuso´ en casi cualquier tipo de situación. De lo que no queda ninguna duda es que del antiguo amor y del solemne cuidado de los padres a esta nueva situación de proximidad incestuosa, hay un abismo. Un enorme abismo. Bauman, al menos en esa versión de la historia, deja de lado las nuevas tecnologías y la alianza con Internet que permitirían entender mejor la epidemia de pedofilia que parece arrasar hoy día al Planeta.  Es innegable que –frente al nuevo estado de cosas- se ha avanzado en cuanto a la visibilización y a la denuncia de los abusos de mayores hacia menores, en cuanto a la protección de la niñez. Dicho esto, dejemos atrás, por un momento, los discursos políticamente correctos y tomemos al azar un ejemplo de la Nueva Ciudad de Dios: ¿qué significan las virales Lolitas –íconos del encuentro nefando- multiplicadas en la Red? En Lacrimae rerum [2006], Slavoj Zizek recorre una y otra vez el efecto del ciberespacio sobre la subjetividad en el mundo contemporáneo (en un idiolecto lacaniano por demás complejo). El efecto es paradójico, dice –me dijo el Espectro. Si por un lado, el ciberespacio libera de la suposición de la existencia de la Autoridad, del gran Otro, esa ficción que organiza nuestro orden simbólico y que tiene a los grandes relatos ideológicos como su sucedáneo, y si esto trajo como consecuencia la recurrente organización sectaria, atomizada, y, en consonancia, la proliferación de diversas identidades perversas surgidas del haberse desligado del propio cuerpo y de la propia individualidad concreta (contexto que enmarca la antes mencionada ciber-epidemia), por el otro, he ahí lo paradójico, ese mismo ciberespacio perverso permitió que la fe en el gran Otro (la Autoridad), desechado en lo simbólico, retornara en la realidad con sus trazas persecutorias. Dice Zizek: ´La creencia en la existencia de un gran Otro [el que mueve los hilos] en el plano de lo real es… la definición más concisa posible de paranoia… Otra versión del gran Otro real es la figura del padre como acosador sexual de sus hijas pequeñas, una figura que se encuentra en el centro mismo del ´síndrome del falso recuerdo´: también en este caso el padre, suspendido como agente de una autoridad simbólica, es decir, como encarnación de la ficción simbólica, ´regresa en la realidad´ (los defensores de la rememoración de los abusos sexuales de la infancia han desatado una gran polémica al sostener que el acoso sexual del padre no es una mera fantasía, ni siquiera una mezcla indisoluble de hecho y fantasía, sino un hecho puro y duro, algo que ´ocurrió realmente´ durante la infancia de la hija en la mayoría de las familias…[8]. Un paso más, un desvío y digo. La pedofilia -voluntad y actividad rechazadas, de manera unánime, en el imaginario comunal- es uno de los puntos ciegos del entramado socio-económico actual porque es generada y provocada por el propio sistema. Contra los supuestos deseos de aniquilarla, esa práctica encuentra en el parafílico ciberespacio –junto con miríadas de gustos desviados o queers- el ámbito adecuado para desarrollarse, para expandirse hasta el punto de que hoy en día, por ejemplo, las ´lolitas hentai´, propias de la estética del animé o del manga japonés (y ´hentai´ significa ´perverso´), son estrellas en el consumo del mundo virtual -lolitas on-line, tras infinitas máscaras y al acecho de cualquiera que le proponga un Paraíso sin la ley de lo normal y bajo el hechizo infinito de la pureza ancestral; lolitas que, en su fragilidad, lucen espléndidas a pesar o a causa de la mano adulta y anónima que las merodea y que las hurga sin cesar. Asedio dual. La pedofilia es fogoneada (si se quiere, indirectamente) desde el ciberespacio, plataforma de las transnacionales, y desde la consecuente realidad por la misma organización social que se espanta y que dice combatirla. Idos los padres de los lares familiares por la desagregación o atomización actual, a su regreso y en la efusividad del reencuentro, el amor filial se convierte en amor dantesco. Aquellas –o aquellos- que fueron erigidos por el mercado de consumo en reinas –o reyes- del hogar, bien merecen que se les consientan sus caprichos hasta el final. Y si los padres o las madres no se ofrecen como disponibles –por sus constantes actividades que solventan la palpitante vida de la gema- para responder a esta demanda en particular, habrá otros que, salario y subordinación mediante, se encarguen de velar por el deseo siempre insatisfecho de cada retoño familiar. Con todas las letras, no hay mayor hipocresía que el odio al pedófilo por parte de quienes, al defender el sistema imperial ciber-capitalista, permiten el caldo de cultivo y alientan lo que dicen odiar. Zizek no ofrece –imposible ofrecerla- una conclusión sin brechas, pero detecta en el ciber-espacio el caldo de cultivo para que ´la revolución social´ -de matriz progresista- sea imposible. Una vez diluidos los corpus ideológicos que podrían haberse constituido o mantenido como el ´gran Otro´, no queda nada contra quién o por quién luchar en la realidad. Aquello que Eloy Fernández-Porta entiende como ´guerra cultural´ -“Uno de los temas de [Lolita, 1955] de Nabokov… es la manera en que el viejo intelectual europeo doctrinal, decadente y podrido de cultura, corrompe a la joven América poppy. Reescribir la cultura pop desde Europa implica siempre, para el autor serio, una perversión: raptar, sacar de su hábitat, poner en circulación, estuprar y echar a perder la inocencia. […] su perversión es doble: lleva al ridículo la alta cultura norteamericana y vuelve inmortal y trascendente a la ninfa pop.” [9]– aquella guerra cultural, entonces, es, en el aquí y ahora, una guerra por la posesión, por la dominación y por la demarcación territorial y de propiedad. Existe algo peor que el ´temor comunista, socialista, igualitarista, redistribucionista´ para los burgueses del nuevo milenio y es que aquel visto como un lumpen social (a su servicio) se termine llevando para siempre y en segundos algo imposible de recuperar: pureza e inocencia de los virginales vástagos del amor parental. En otro contexto hemos mencionado que de ninguna manera es arbitrario que una corporación cibercultural, la corporación corazón del capitalismo –la Iglesia Católica- sea la enhiesta madrina de la peor versión de la práctica nefanda: el abuso de esos niño-jesusitos anónimos en manos de los supuestos enviados y ̸ o representantes de la alta y paterna divinidad. Que una organización pedófila –cuyo ícono más afable es un niño cuasi desnudo- sea uno de los centros principales de la sociedad occidental, nos exime de cualquier comentario conjetural.[10]

II.-

 ´…hoy día la histeria toma la forma de la vulnerabilidad, de una amenaza a nuestra identidad física y ̸ o psíquica (baste recordar la omnipresencia de la lógica de la victimización, desde el acoso sexual hasta los peligros de la comida y del tabaco, con el resultado de que el sujeto se ve reducido a aquello que puede ser dañado).´ – Slavoj Zizek. ´El ciberespacio´. Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio [2006, p. 226]

¿O será –pregunto a los vientos- que en la Nueva Ciudad de Dios, y a expensas de lo que sucede en ´lo real´, ese constante atizado sobre el peligro y la proliferación de la pedofilia tiene una variable más por considerar? En el capítulo 7 de Cypherpunks, “Internet y política”, Julian Assange y adláteres discuten de qué forma las corporaciones y los gobiernos se las ingenian para instalar la necesidad de control y de censura de lo que circula a través de Internet. Además de las leyes contra la denominada ´piratería´ por parte de monstruos con el poder, por ejemplo, de Hollywood, el camino silencioso elegido es la instalación de una narrativa que dé cuenta del peligro de dejar a los ciudadanos circular libremente por la Red. El núcleo de esa historia de terror y de amenazas son los denominados ´Cuatro caballeros del Infoapocalipsis´: lavado de dinero, drogas, terrorismo, pornografía infantil. Estos fantasmas (con sus incuestionables dosis de realidad aunque no al nivel exacerbado que nos sugieren) no son más que la excusa para ir contra los que dicen, hacen u organizan algo -de raigambre política- que desagrada a los poderosos. Recordarás, pálido copista, que el mismo Assange, con un argumento no semejante pero sí análogo, fue acusado después de su buchoneo vía Wikileaks, de abuso sexual contra dos mujeres suecas. Lo tengo, sí, inimaginable Espectro. El argumento del poder, entonces, es así: ´Internet fue tomada por pedonazis y por eso precisamos de censura´. En el capítulo nueve de Cypherpunks, dedicado a la censura en Internet, dicen y cito y traduzco y modifico: ´[Andy]: Los pedonazis básicamente resumen los argumentos alemanes o, tal vez, parte de los argumentos europeos a favor de la censura. Alemania quería evitar todo lo que se pareciese con un discurso de odio en Internet debido a la historia del país. Es claro que las personas no van a objetar si alguien dice que es preciso restringir el acceso a la Red a causa de los pedófilos. El documento interno de la Comisión Europea sobre la retención de datos argumentaba: deberíamos hablar más sobre pornografía infantil y las personas estarán de nuestro lado´. Continúo traduciendo apenas: ´[Jérémie] Creo que la censura nunca debería ser la solución. Cuando hablamos sobre pornografía infantil, no deberíamos usar la palabra pornografía –se trata de una representación de escenas criminales de abuso infantil. Algo que se puede hacer es ir a los servidores, deshabilitarlos e identificar a las personas que subieron el contenido para llegar a aquellos que lo produjeron, aquellos que primero abusaron de los niños´. Es un planteo general que, claramente, no busca disolver o ningunear la criminalidad de la pornografía y del abuso infantil en Internet ni en la realidad. Alerta a los ciudadanos sobre el chantaje intelectual que presupone obtener el voto positivo para la censura en nombre de una epidemia que, como vimos en la parte inicial, se desparrama, sobre todo, por los aposentos hogareños. Un universo de fábulas y de mitos que permiten el control; un universo en el que la ciber-bomba explotó, amanuense, y mejor lo sabe ese segmento del infatigable mundo de las lolitas post-apocalípticas cuyo estilo se sustenta en un ingenuo vestido con volados y de muñeca; con medias a media pierna; con trenzas circundando su cabeza; cubierto el rostro con una máscara antigás tan distópica como el deseo que engendran. Notas: [1] LINK https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/07/28/cyberlolita/ Ambas versiones difieren entre sí en algunas cuestiones. [2] Pueden leer un poco sobre eso en https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ [3] “But for most people it is through the power process — having a goal, making an AUTONOMOUS effort and attaining the goal — that self-esteem, self-confidence and a sense of power are acquired. When one does not have adequate opportunity to go through the power process the consequences are (depending on the individual and on the way the power process is disrupted) boredom, demoralization, low self-esteem, inferiority feelings, defeatism, depression, anxiety, guilt, frustration, hostility, spouse or child abuse, insatiable hedonism, abnormal sexual behavior, sleep disorders, eating disorders. etc.” [4] “Some of the symptoms listed are similar to those shown by caged animals.” [5] “For many or most people through much of human history, the goals of a hand-to-mouth existence (merely providing oneself and one’s family with food from day to day) have been quite sufficient.” [6] “Child abuse in its gross and obvious forms is disapproved in most if not all cultures. Tormenting a child for a trivial reason or no reason at all is something that appalls almost everyone. But many psychologists interpret the concept of abuse much more broadly. Is spanking, when used as part of a rational and consistent system of discipline, a form of abuse? The question will ultimately be decided by whether or not spanking tends to produce behavior that makes a person fit in well with the existing system of society. In practice, the Word “abuse” tends to be interpreted to include any method of child-rearing that produces behavior inconvenient for the system. Thus, when they go beyond the prevention of obvious, senseless cruelty, programs for preventing “child abuse” are directed toward the control of human behavior on behalf of the system.” [7] La serie de textos sobre educación que pueden encontrar en este blog, comienza con el post: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/11/el-fin-de-la-educacion/ Y añado. Lo que Kaczysnki piensa sobre educación, es necesario insertarlo en una serie de intelectuales y de pensadores con filiación anarquista y humanista como es el caso de Ivan Illich (autor de Desescolarización, 1971) y de Claudio Naranjo. Dice Naranjo en 2013: “…la sociedad a través de una educación autoritaria continúa domesticando a su generación venidera. Yo digo que la educación es un crimen perfecto porque nadie lo reconoce como tal. Es el socio de lo que Eisenhower llamaba el ´complejo militar-industrial´. No podría sostenerse el ´complejo militar-industrial´ si no se educa a las personas para funcionar sin chistar dentro de este sistema donde la cuestión no es el crecimiento personal sino servir a la producción o a los que manejan la producción. Es una educación para ser carne de cañón o carne de tanque…” [“Conocimiento transformador”, conferencia]. Y Kaczynski en 1995: “La educación… se está convirtiendo en una técnica científica para controlar el desarrollo del niño. […] Las técnicas de ´paternidad´ que se enseñan a los padres están diseñadas para hacer que los niños acepten los valores fundamentales del sistema y se comporten de la manera que éste encuentra deseable. Los programas de ´salud mental´, las técnicas de ´intervención´, la psicoterapia… están… diseñadas para beneficiar a los individuos, pero en la práctica sirven para inducir a pensar y a comportarse como el sistema requiere.” ( #148) “Todos sabemos cómo son muchos de nuestro colegios. Los profesores están demasiado ocupados quitando a los niños cuchillos y pistolas como para someterlos a las últimas técnicas para convertirlos en ´nerds´. Así, a pesar de todos sus avances técnicos referentes al comportamiento humano, el sistema hasta la fecha no ha sido afortunado en controlar a los seres humanos. La gente cuyo comportamiento es bastante bueno bajo el control del sistema son aquellos del tipo que puede ser llamado ´burgués´. Pero hay un número creciente de personas quienes de un modo u otro son rebeldes al sistema: parásitos del sistema de bienestar, bandas de jóvenes, cultistas, satanistas, nazis, ambientalistas radicales, milicianos, etc.” (#161). [8] “¿Es posible atravesar la fantasía en el ciberespacio?”, en Lacrimae rerum, p. 272-273. [9] “Diez no-logos sobre literatura y pop”, Afterpop. La literatura de la implosión mediática [2010, p. 64] [10] LINK https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/

Kaczynski, contra la militancia

I.-

Los cinco párrafos iniciales de La sociedad industrial y su futuro (Industrial Society and Its Future, 1995) diagnostican: la Revolución Industrial y sus consecuencias han resultado un desastre (´disaster´) para la humanidad [#1]; la expectativa de vida se extendió pero aumentaron las agresiones físicas y psicológicas sobre el ser humano, y creció el daño contra el mundo natural [#1]; la salida es una revolución que ataque los fundamentos económicos y tecnológicos de la sociedad industrial [#4]; una reforma no impediría que el sistema privara a las personas de libertad y de autonomía tal como lo hace hoy [#2]; el problema es poco menos que inabarcable, en consecuencia, el análisis se focalizará en aspectos que no hayan recibido suficiente atención [#5]. [1]

Un aspecto poco analizado y, según el autor, el que mejor pone en evidencia la locura (´craziness´) de la complejísima y molesta (´troubled´) sociedad moderna es la psicología del izquierdismo (´leftism´) [#6].

Es difícil definir ´izquierdismo´. Kaczynski se refiere a un movimiento fragmentario que en el pasado se identificó con el socialismo y que a fines del siglo XX incluye a políticamente correctos, a colectivistas, a feministas, a activistas por los derechos de gays (y de identidades sexuales diversas), a activistas en defensa de personas con capacidades diferentes (´disabilities´), a activistas por los derechos de los animales, y a un extenso etcétera. Ante la dificultad, delinea un tipo psicológico para, en las postrimerías del artículo (´article´), aproximarse a una definición de ´izquierdismo´ [#7]. [2]

Con la esperanza de convertirla en más accesible, reseño la psicología del izquierdismo según Kaczynski. Entiendo, por mi parte, que lo dicho de forma general en el artículo alcanza a lo que en Argentina se conoce como ´militancia´. Por paradójico que resulte, bastante tiene que ver la ´militancia progresista´ con la pervivencia del sistema tecno-industrial. En el cuarto apartado, ofrezco un ejemplo puntual de militancia mistificadora.

Kaczynski deja de lado el izquierdismo del siglo XIX y de comienzos del XX para concentrarse en el izquierdismo moderno [#8] cuyas principales tendencias psicológicas son ´el sentimiento de inferioridad´ y la ´sobresocialización´ [#9].

Los sentimientos de inferioridad –baja autoestima, depresión, derrotismo, culpa, autoaborrecimiento, sentimientos de impotencia, etc.- son decisivos en la dirección del izquierdismo moderno [#10]. Explican su anti-individualismo y su pro-colectivismo. El izquierdista no confía en sus propias habilidades ni para resolver sus problemas ni para satisfacer sus necesidades [#16]; confía, en cambio, en que la sociedad lo protegerá y le dará lo que necesite a él y a quienes dice defender. El izquierdista solo se siente fuerte como miembro de una gran organización o de un movimiento de masas [#19].

Por lo general, los activistas de izquierda –militantes- provienen de estratos sociales privilegiados. En su observancia de la corrección política, lindan con la paranoia a la hora de aceptar o de rechazar los términos usados para denominar grupos oprimidos (minorías) con los que se identifican pero a los que no pertenecen. [#11, #12].

El izquierdista –el militante- es un falso rebelde (solo aparenta ir contra los parámetros sociales) [#24]. La psicología del izquierdista se basa en adoptar principios propios de la corrección política –no violencia, no discriminación, igualdad (de etnias, de género), etc.-, en cumplirlos a rajatabla –con el costo que esa auto-imposición supone- y en denunciar que otros no los cumplen. De esa forma, los izquierdistas sostienen un discurso en pro de la moral establecida semejante al que pregonan, en general, los medios de comunicación y el sistema educativo [#28]. En muchas de sus ´luchas´ los izquierdistas abogan por la inclusión de grupos oprimidos –por ejemplo, la gente negra- a la sociedad y así, antes que por la autodeterminación, luchan por la consonancia de la vida de ese grupo oprimido con los valores del sistema tecnológico-industrial, uno de los orígenes de la opresión [#29].

Este cuadro es una generalización y precisaría de matices. Sin embargo, en aras de detectar la tendencia de la sociedad moderna, el izquierdismo es uno de los canales más fuertes en el incesante proceso de socialización que el sistema actual impone [#30, #31, #32].

Como dije, la mistificación del izquierdismo –de la militancia- consiste en tomar un problema que le pertenece a un grupo oprimido (estrato social o minoría) del que no forma parte para canalizar en esa acción, presuntamente a favor de otro, su frustración por la necesidad de poder no cumplida [#21]. En su aparente lucha por el ´otro´, encuentra un objeto de deseo para satisfacer su ambición personal.

Los problemas sociales y psicológicos de la sociedad moderna se originan en la imposición de una forma de vida totalmente diferente en relación a las condiciones bajo las cuales el humano se desarrolló. Entre otras no menos fundamentales [#47-#57], la imposibilidad de experimentar el proceso de poder es la más importante de las condiciones anormales de la sociedad moderna [#46]. Todas las sociedades han intervenido en el proceso de poder, pero en el sistema tecnológico-industrial esa interferencia es extrema y aguda y de allí los problemas psicológicos, la locura actual del mundo [#58].

En el mundo contemporáneo, el ser humano no puede ser autónomo en su ´proceso de poder´ y alcanzar por sí solo el bienestar físico y biológico (comida, vestimenta, vivienda, seguridad). La adquisición de estos atributos depende, como nunca antes en la historia de la humanidad, de la maquinaria social a la que pertenece. Ahora bien, como el proceso de poder –basado en la finalidad, el esfuerzo y el logro- es inherente al ser humano, los individuos se preocupan e interesan por llevarlo a cabo de alguna manera y al no tener la posibilidad de alcanzarlo en lo que respecta a sus necesidades reales y concretas (la subsistencia) dirigen sus esfuerzos a actividades artificiales denominadas sustitutorias (´surrogate activities´) -el deporte, el arte, la investigación científica, diversos hobbies-, actividades que sí son autónomas para el ser humano -a diferencia del esfuerzo para satisfacer necesidades primarias [#33-#45]. El sistema tecnológico-industrial le otorga ´autonomía´ al individuo si su acción responde a la satisfacción de una necesidad artificial; en el caso contrario, el de las necesidades reales, lo somete a su control.

El izquierdismo moderno –el progresismo- es, en parte, síntoma de la privación con respecto al proceso de poder [#58]. La militancia es una actividad sustitutoria mediante la cual el individuo se siente realizado al identificarse con una organización poderosa o con un movimiento de masas. La finalidad que alcance el movimiento será considerada como propia aunque su esfuerzo individual no haya sido relevante. [#83].

Hasta aquí los lineamientos generales. Hacia el final de su artículo, Kaczynski retorna al izquierdismo bajo la forma de una alerta destinada a quienes consideren inevitable la revolución contra el sistema tecnológico-industrial. El izquierdismo aparece analizado en los últimos veinte párrafos [#213 – #232] bajo el subtítulo: “The Danger of Leftism”.

Una traducción de esa alerta sería: el movimiento revolucionario contra el actual sistema puede atraer a izquierdistas ávidos de formar parte de una organización rebelde. Por eso, debe impedirse su entrada porque: a) la ideología de la revolución es (alguna versión del) anarquismo: el proceso de poder se cumple mediante bases individuales o pequeños grupos que buscan controlar las circunstancias de sus vidas (y, por eso, rechazan la tecnología que hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones); b) el izquierdismo es colectivista: busca organizar la sociedad de forma completa, manejar la naturaleza (no defender su lado salvaje) y controlar la vida humana, y para eso necesita de la tecnología a la que no renunciará porque le resulta útil en la consecución del colectivismo [#213-#214]. El izquierdismo solo busca instalar otra versión del sistema actual.

“Algunos izquierdistas parecen oponerse a la tecnología, pero se oponen sólo mientras son marginales (´outsiders´) y el sistema tecnológico está controlado por no izquierdistas. Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan con entusiasmo para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

Un problema que presenta el izquierdismo es que, al ser la militancia una ´actividad sustitutoria´ que le permite al individuo realizarse en su frustrado proceso de poder, el eventual militante nunca se encuentra satisfecho con su acción redentora y, por ende, siempre busca una nueva problemática en la que encauzar su energía para calmar su ambición [#219]. El militante –la afirmación corre por mi cuenta- parasita los problemas del sistema tecnológico-industrial porque a través de ellos siente que ejerce algún poder. Como diría Kaczynski, si el izquierdista viviera en una sociedad sin problemas, los crearía para poder actuar y expandirse en su ambición.

Su acción es evangelizadora. Como su moral –su corrección política- le impide competir en la sociedad como lo hacen los demás, el izquierdista cede al impulso de poder por medio de una salida moral aceptable según sus propios términos. Ingresa a un movimiento de masas o a alguna organización social con el fin de ´realizarse´ y de imponer sus ideas y sus concepciones al resto de la sociedad. En el cruce entre moralidad y colectivismo, Kaczysnki señala el rasgo totalitario del izquierdismo (totalitarismo cuasi-religioso: quien no admite ese valor moral, está en Pecado) [# 219 – # 221].

El izquierdismo –sintetizo- responde a un tipo psicológico que, en el marco de un gran movimiento, se interesa por un problema que no le corresponde (actividad sustitutoria) a cambio de satisfacer su necesidad de tener algún objetivo que alcanzar –rasgo inherente al ´proceso de poder´. Es injusto, dice Kaczynski, que esto redunde en una generalización porque existen izquierdistas que no caen en ese rango de acción: “Los que ascienden a una posición de poder en los movimientos izquierdistas tienden a ser los más ávidos, porque las personas deseosas de poder luchan más duramente para alcanzarlas. Cuando los ávidos de poder han tomado el control del movimiento, izquierdistas más moderados desaprueban interiormente muchas de las acciones de los jefes, pero no pueden oponerse a ellas. NECESITAN su fe en el movimiento y, por no poder renunciar a ella, prosiguen. Es verdad, ALGUNOS izquierdistas tienen el valor de oponerse a las tendencias totalitarias que surgen, pero pierden porque los ávidos de poder están mejor organizados, son más despiadados y maquiavélicos y han construido una base de poder sólida.” [#224]. Más allá de esta necesaria diferenciación, el cuadro inicial abarca una intensa mayoría. El izquierdismo es el mejor ejemplo de cómo el sistema tecnológico-industrial privilegia que las personas persigan finalidades artificiales y no reales –impedimento que, por ir contra la historia de la especie, provoca depresión, odio a sí mismo, hostilidad, etc. Esta lógica se retroalimenta al intensificarse la práctica de actividades sustitutorias que calmen dichos sentimientos de inferioridad. El sistema les otorga ´autonomía´ a los individuos en aquellas acciones que no ponen en peligro su sustentabilidad. (Por ejemplo: si a través de los órganos publicitarios -medios de comunicación, sistemas educativos- se reprueba ´la violencia´, eso sucede no para defender un valor moral sino para neutralizar un aspecto negativo que afecta la productividad del sistema.) La ´autonomía´ y la ´libertad´ existen en las actividades sustitutorias -arte, deporte, investigación, activismo, etc.- porque –y cuando- son inofensivas. [3] En lo que respecta al asunto primordial para los seres humanos –su subsistencia (comida, vestido, vivienda, seguridad)-, el sistema les confisca la libertad y la autonomía. Si uno considera a estos dos rasgos valores inalienables para la humanidad, el sistema tecnológico-industrial es pernicioso y debería ser destruido. En sí mismo, el tipo psicológico del izquierdista ejemplifica no solo el colapso del sistema –él como nadie persigue actividades sustitutorias al haber perdido el control sobre las actividades reales- sino que, además, es un impedimento principal para que el sistema industrial acabe. Focaliza en aspectos parciales y no ataca el origen del problema: el sistema en su totalidad. La ´solución´ del izquierdismo sería, en base al imaginario del colectivismo, otro sistema integrado y basado en una semejante tecnología omnipresente. La autonomía del humano continuaría perdida y se trataría solo de una fase distinta de dominación.

El planteo general de Kaczynski reviste, por supuesto, mayor complejidad. En temas sensibles e ineludibles como el de la ´autonomía´, tiene que reconocer que muchos humanos prefieren cederla en aspectos importantes, y obedecer a sus jefes, porque de esa manera y con poco esfuerzo obtienen los medios necesarios para subsistir –aun cuando en el transcurso de sus vidas esa sesión, que parece no tener riesgos, los conduzca al sin sentido, al sufrimiento, a la depresión, etc. La psicología izquierdista es la rémora más importante para evitar la dominación, aunque no la única.

Frente a tamaña complejidad, uno podría abrir la discusión acerca de la autoridad de Kaczynski para realizar su planteo ideológico-político. En dos oportunidades se refiere a la locura que merodea el mundo actual: “Cualquiera de los síntomas [mencionados] pueden ocurrir en cualquier sociedad, pero en la sociedad industrial moderna están presentes en una escala masiva. No somos los primeros en afirmar que hoy el mundo parece estar volviéndose loco.” [#45] [4] Una de las señales más firmes de la locura en el mundo es el izquierdismo [#6]. Esta aseveración conduce a la paradoja. Si en términos de Kaczynski -“El concepto de salud mental [´mental health´] en nuestra sociedad está definido porque el comportamiento de una persona esté de acuerdo con las necesidades del sistema y que lo haga sin mostrar signos de tensión.” [#119]-, calificar al izquierdismo de locura, podría suponer adquirir el punto de vista del enemigo, el sistema al que Kaczynski rechaza.

Las ´cartas-bomba´ –que mataron a tres personas e hirieron a más de veinte- condujeron, en el juicio que se le siguió, a que los tecnócratas lo declararan insano [esquizofrenia paranoide]. Si el mundo parece estar volviéndose loco –alguien podría argumentar- Unabomber es parte de esa locura. Habría que decirlo así: el entramado del sistema tecnológico-industrial es tan complejo que nada existe por fuera de él. Ni siquiera aquel que se dice disidente logra valerse de categorías que eviten la ´contaminación´ a la hora de establecer el diagnóstico sobre la organización del enemigo sistémico. [5]

¿No mutó Kaczynski con el paso del tiempo, a su pesar y contra las evidencias, en un nuevo militante izquierdista –presentado y visto como depresivo, hostil, con sentimientos de inferioridad- que recayó, más allá de una vida dedicada a la subsistencia en Montana, en la actividad sustitutoria de ir contra el sistema? Su terrorismo de ´lobo solitario´, ¿no copia al militante izquierdista que con su acción valida al sistema que lo deja hacer y lo absorbe?

La ambigüedad, la paradoja y la contradicción no escapan a la situación política de Kaczynski quien parecería haber caído en idéntica trampa a la que decide destripar. De una u otra forma, cartas, bombas y artículo son propios de la militancia. Sus afirmaciones –“Algunos izquierdistas [se rebelaron] contra uno de los principios más importantes de la sociedad moderna atrayendo la violencia física […] la violencia es para ellos una forma de ´liberación´ […] cometiendo violencia atraviesan las restricciones psicológicas… experimentadas en su interior.” [#30]- bien podrían caracterizar su propia acción.

Resulta extraño que el ermitaño de Montana no se hubiera anticipado a una estrategia obvia del sistema. Así como en su caso los publicistas y tecnócratas se apresuraron en disolver el planteo revolucionario y, de hecho y obviamente, difamado como fue, la discusión en torno del actual sistema tecnológico-industrial no se hizo carne en la sociedad, de manera semejante, la militancia izquierdista, junto a sus errores, colecciona un rosario de tergiversaciones a través de infinitos recursos. Es bastante difícil si no imposible afirmar que se está analizando al izquierdismo y no a sus simulacros mediáticos.

Entre tantos aspectos que en su estrategia cuidó, Kaczynski pareció olvidarse de un filón. El enemigo todopoderoso contaba, y cuenta, con todopoderosos constructos de publicidad y de propaganda. Lo sabía, aunque daría la impresión de que en su propio mundo de batallas intelectuales, hubiera olvidado que una vez colocado su artículo en importantes medios de comunicación –por ejemplo, The New York Times-, lo que seguía no era la discusión punto por punto del manifiesto en una asamblea universal, sino la difamación y la banalización. Su lucha individual es presentada como la acción de un bizarro o de un loco, o –en el mejor de los casos- de algún terrorista suelto que quiere algún tipo de revolución, y eso, aunque no sea exacto, entra a los ojos del ´humano normal´ en la bolsa de gatos del izquierdismo.

Lo aberrante y perverso del sistema tecnológico-industrial es que está internalizado en cada uno de los individuos que lo componemos. Aún aquellos que nos consideramos disidentes y que pensamos de forma semejante a Kaczynski, leemos e interpretamos a partir de parámetros que segundo a segundo el sistema fue sembrando en nosotros desde el momento cero de nuestra existencia.

Así, al día de hoy, y por más solvencia que su argumentación presente (aspecto que no es menor), el artículo de Kaczynski es poco menos que una curiosidad de museo.

Dicho todo eso –en un tema de este talante, la prevención intelectual es ineludible- en términos generales, encuentro absolutamente convincente el planteo de Kaczynski: el sistema tecnológico-industrial colapsó, el izquierdismo –el tipo psicológico del militante progresista- es una de sus manifestaciones (y uno de los pilares, tal vez, involuntario).

En respuesta a las preguntas previas, y a diferencia de los militantes de izquierda, Kaczynski preservó su activismo: i) no formó parte de un movimiento de masas al que se sumó por interés personal y, en consecuencia, ii) nada de lo que hizo estuvo orientado a colmar su ambición. La militancia de ese descendiente de polacos no fue en sí misma una actividad sustitutoria. Estuvo basada en la renuncia y en el despojo.

Fue un monje. [6]

{Fin de la primera parte.}

[1] Peligro. Si usted, eventual lector, por conocerse, por haber desandado tantas veces los pasillos de su intelecto, intuye que, a poco de comenzar a leer, el cerebro que lo corona generará el vapuleado argumento: ´así le hacés el juego a la derecha´, adopte esa previsión como señal de su intuición y desista de la lectura.

[2] La sociedad industrial y su futuro consta de 232 párrafos. Al izquierdismo están dedicados 46, el 20 %.

[3] La militancia existe porque es no peligrosa. Cuando el poder de turno la considera peligrosa para su continuidad, la militancia es atacada. Algo semejante ocurre con otras actividades sustitutorias.

[4] Desconozco a qué genealogía puntualmente se refiere Kaczynski, pero el diagnóstico del enloquecimiento progresivo de este mundo en su configuración actual es compartido por un importante número de ´desquiciados´. Como no dispongo de espacio para indicar sus semejanzas, recomiendo leer y escuchar en paralelo el artículo aquí reseñado y la conferencia que el psicoterapeuta chileno Claudio Naranjo dictó en Buenos Aires [24-04-2013]: “Conocimiento transformador”. En relación a la educación, la dominación, el lavado de cerebro, la publicidad optimista de vivir en un mundo maravilloso, la neurosis universal, la locura generalizada, la escasa productividad de la militancia y la crisis generalizada del sistema militar-industrial, Kaczynski y Naranjo coinciden. Detrás de sus posturas, dosis de anarquismo, autoconocimiento, filosofías orientales, etc.

[5] Podría confeccionarse una lista de suicidas que basaron su decisión en comprender que la vida en la sociedad actual carece casi de sentido. Otros –con una perspectiva semejante- no se suicidaron pero se inmolaron u optaron por el camino de la autodestrucción. Afirma Kaczynski en el párrafo 148: “El individuo cuyos actos lo llevan a un conflicto con el sistema está en contra de una fuerza demasiado poderosa como para conquistarla o para escapar de ella, por lo tanto es probable que sufra tensión, frustración, derrota. Su patología será mucho más fácil si piensa y se comporta como desea el sistema. En este sentido se está actuando en beneficio del individuo cuando se le lava el cerebro para que esté conforme.”

[6] Para la redacción de este texto, trabajo con la versión en inglés del manifiesto de Kaczynski acompañada por una traducción al castellano bastante discutible y que se encuentra disponible en la Red. Existe una edición española –editorial Isumatag, 2011- a la que no accedí y que supuestamente está avalada por el propio articulista. Es necesario considerar que tanto el texto inicial, como los detalles de la historia del activismo de Kaczynski, están mediados por las fuerzas de seguridad estadounidenses. En consecuencia, vale la prevención ante lo que se lee. En el final del documental alemán Das Netz [The Net, 2003], se sugiere que las versiones que conocemos de La sociedad industrial y su futuro distan de lo que en su momento quiso publicar y proponer el matemático. (Allí también se pone entre paréntesis los atentados con ´cartas-bomba´).

Fabián Polosecki, mística y anarquismo

“Su nombre hoy es una clave.”

Montero y Portela, Polo, el buscador [2006]

polo

Primera parte

1.-

“Esto lo hizo Marlon Brando en Apocalypse Now…”[i], son (si se pone entre paréntesis el ineludible recurso de la edición) las últimas palabras públicas de Polo, de Gustavo Fabián Polosecki, en diciembre de 1995. La frase –pronunciada al cazar una avispa desorientada entre muebles, humo y hormigón- cifra la búsqueda vital de Polo e intenta enmarcar su devenir en una lógica que tiña con pinceladas de luz el oscuro misterio que rodeó –y que rodea- su final signado por la ruptura de relaciones con los medios de comunicación, con familia y amigos, y con el Tigre como escenario del exilio. [ii]

Después de tres años en el centro de la escena televisiva; después de dos productos audiovisuales exitosos –El otro lado [1993-1994] y El Visitante [1995] y hoy de culto; después de tres premios Martín Fierro (uno como ´Revelación´), Polo traslada vida, interés y energía al más natural mundo de islas, ríos y vegetación tupida. En ese liminal diciembre de 1995, Polosecki es consciente del final de ciclo: “Paradójicamente, los lugares que elegí para terminar mis programas, el barrio y el Tigre, son los lugares de los que salí. Creo que eso de llegar al lugar de origen marca una suerte de cierre.”[iii]

Desde el barrio –Saavedra- se desliza a las islas del Delta. Polo conoce en el capítulo final de El Visitante a Eduardo Hernández. “Polo eligió vivir un tipo de vida acercado a la naturaleza, y cuando vos lográs eso, cuando te relacionás en ese ambiente… es muy difícil que te reintegres a la sociedad de la misma manera. De repente yo era el nexo de Polo con la naturaleza´ –explica Eduardo.” (Polo, el buscador, p. 174) Eduardo –profesor de educación física, actor y maestro de danzas- niega ser un ´gurú´ (Polo, el buscador, p. 178), pero acepta el mote de ´maestro´. Retorna a aquellos momentos: “Nadie vino a preguntarme por qué Polo me llamaba maestro. […] Puedo parecer un hippie retrógrado o un punkie de Barcelona, pero los que no me conocen no pueden entender por qué alguien puede decirme ´maestro´. Hoy ya no lo soy porque el aprendiz que tenía se suicidó y no lo pude contener. Hoy no puedo asumir el compromiso de enseñar, porque pienso que uno de los alumnos más trascendentes que tuve se terminó suicidando.” (Polo, el buscador, p. 187)

La figura de Eduardo es central y conflictiva para el contexto humano próximo a Polo. Era aquel, en la perspectiva de los antiguos compañeros, ´un elemento extraño, un border, un loco, aunque no un mal tipo´ (Polo, el buscador, p. 179). Sin recaer en acusaciones, se le adjudica haber sido la causa de la intensificación de la crisis (Polo, el buscador, p. 173). Miradas con un poco más de distancia, sostienen que el catalizador de la profunda crisis personal fue el escenario elegido para el retiro, el Tigre “…un paisaje verde plagado de silencios, de ritmos nuevos y sabidurías ocultas…” (Polo, el buscador, p. 174). Y afirma Gustavo Alonso, director del documental La vereda de la sombra [2005][iv]: “Por eso pienso que el Tigre fue el desencadenante, con mucho más que ver que el tema de la falta de trabajo. Tal vez el Tigre no fue el determinante de su suicidio, pero seguro que fue la base de la pérdida de los lazos afectivos que lo pudieran contener… Descreo directamente que Eduardo haya contribuido a eso…” (Polo, el buscador, p. 179).

La ´falta de trabajo´ de Polo es un tópico recurrente entre las opiniones. “El ocio y la ausencia de un horizonte concreto hacia dónde dirigir el esfuerzo creativo fueron otros elementos que agudizarían en Polo una crisis cada vez mayor. Para la familia, la carencia de trabajo fue una de las claves de todo lo que llegó después”, aducen Montero y Portela, autores de Polo, el buscador [2006].

Polo, sin embargo, según cuenta Eduardo, era un entusiasta colaborador en las tierras de Abra Vieja; se levantaba muy temprano y se ponía a la par en las tareas; se dedicaban luego a pensar y a revisar sus proyectos (Polo, el buscador, p. 174-175). Hasta último momento estuvo interesado en llevar adelante sus ideas. José D´Amato, una semana antes del suicidio, conoció de boca de su para ese entonces ex compañero, que tenía ofertas para volver a trabajar (Polo, el buscador, p. 179). Incluso, la noche anterior al aciago 3 de diciembre, Polo y Eduardo se reunieron con FM La Rocka por un eventual contrato para realizar un programa de radio (Polo, el buscador, p. 182). Proyectos, y de largo aliento, no le faltaban. Polo ´compró terrenos en la segunda sección del Delta para generar un criadero de anguilas y un lugar de eco-turismo con cabañas para que la gente de periodismo pudiera estar en un lugar tranquilo´ (Polo, el buscador, p. 180). Con este proyecto –recuerda Eduardo- ´quería ofrecerles a sus amigos todo lo que él rescataba de la experiencia con la naturaleza, alejado de la perspectiva racional del confort´ (Polo, el buscador, p. 180).

2.-

Polo en el Tigre -especulo- significa la oposición de dos lógicas, de dos visiones del mundo, hasta de dos corpus ideológicos diferenciados. Si para Alonso, “…es raro que un tipo como Fabián Polosecki, que encarna tanto la imagen urbana…, termine en el Tigre, redescubriendo la naturaleza…” (Polo, el buscador, p. 174), otros observaron otras cuestiones en ese giro extraño “…porque tenía una visión de la realidad muy clara, y la realidad le pegaba mucho y mal. Estaba en una búsqueda, porque planteaba que había que buscar formas alternativas de vida a lo que te proponía la ciudad, o la televisión en nuestro caso. Cosas que yo creo para nada descabelladas”, reflexiona Daniel Laszlo (Polo, el buscador, p. 176). Dos mundos en colisión, entonces, el urbano y su consecuente universo despiadado, y hasta irracional, de trabajo; y el más cercano a lo natural (despiadado en otro sentido), centrado en el autoconocimiento y en el intento de un conocimiento más profundo de los demás. Y esa colisión suele no ser inocua.

A través de la perspectiva personal de Eduardo, se puede tener una idea de cómo vivía Fabián el tránsito entre esos universos.

“Él estaba saturado de toda la parafernalia televisiva, de todo lo que le generó vivir en ese mundo porque siempre, desde que lo conocí, fue un tipo muy auténtico, muy idealista, que se ha movido mucho entre el romanticismo y la temeridad… un tipo muy de ley…” (Polo, el buscador, p. 174)

“Él era temerario, no sólo valiente. Temerario, como capaz de hacer cualquier cosa. […] Y era un tipo auténtico, lo ficticio era todo lo de alrededor. Por eso me gusta que haya gente que lo siga, porque tenía mucha ética, y esa ética la rescató cerca de la naturaleza… [la ética] de ser consecuente con lo que uno asume como responsabilidad.” (Polo, el buscador, p. 180)

“Cuando íbamos al centro, aparecíamos con las botas embarradas… Llevábamos la realidad del delta para allá. […] Imaginate lo que era para los personajes de la televisión verlo aparecer tan excéntricamente. Y ahí empiezan a decir que él estaba loco. Pero, ¿lo ven loco así? ¿No lo ven loco dos o tres años antes, cuando él sigue el camino que ellos mismos le imponen? […] A toda esa gente que pensaba que ir a la isla era como ir hasta la India, Polo la despreciaba. Despreciaba esa mentalidad…” (Polo, el buscador, p. 177)

Como señaló Laszlo, y ese era el puente que le tendía Eduardo, Polo estaba buscando ´una forma alternativa de vida´. En su contexto de familiares y de amigos, ese giro abrupto fue visto o como la inmersión en el ocio o como sencillamente locura y delirio [ver nota 2]. Ariel Baralaro piensa en lo paradójico del giro

“Nunca podés llegar a entender un suicidio, quizás porque tiene más que ver con las contradicciones de la sociedad. Parecía un pibe que lo tenía todo, yo creía eso: había conseguido una hermosa mujer, una hermosa familia, estaba bien económicamente, estaba haciendo algo que él había ideado, algo que era valioso culturalmente. Este pibe las tenía todas, decís, pero ahí están las contradicciones de todo eso. [..] Que él se haya desbarrancado de esa forma a mí me asustó un poco.” (Polo, el buscador, p. 183-184)

El pavor de Baralaro surge, sin dudas, del reconocimiento de que –para decirlo de alguna forma- la vida basada en el éxito (o condenada al fracaso) y centrada en el trabajo, la familia y el bienestar económico, es una trampa. En aquella última entrevista, Polo reconoce sus depresiones cuando no hay proyecto a la vista y concluye sobre cuál es la vida que le gustaría llevar:

“Después de períodos de mucha actividad suelo tener depresiones fuertes. Yo sin laburo me pongo muy nervioso. […] Y ojo que no estoy hablando… de laburo remunerado: el concepto de idea burgués. Porque me parece que hay un modo de vida burgués, que no es lo que yo quiero. Lo que digo no tiene que ver con el dinero, sino con la no aventura. […] Es necesario saber cuánto es lo que uno necesita. Yo podría vivir en la tercera parte de esta casa. Hoy lo necesito mucho, si no, no la tendría.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más adelante en la misma nota diría que ´tenía ganas de vivir mil vidas´. Su plan estaba orientado hacia una vida no burguesa (si bien, en ese entonces, disponía de un bienestar económico que podríamos denominar de estilo ´burgués), asociada a la aventura y ´alejada de la perspectiva racional del confort´. Hasta donde puede reconstruirse la historia, su traslado al Tigre era núcleo del plan. En ese tipo de vida –en términos más o menos ideales- mediante la ética, la responsabilidad y el propio romanticismo, asociados a la naturaleza, Polo buscaba plasmar viejos anhelos políticos de la época de militancia. Aunque desde mi lado pueda sonar a un eco demagógico de sus ideas, Polo hizo la transición ´ciudad – barrio – Delta´ para acercarse al pueblo, a lo popular, y con mayor precisión, para conocer y absorber la ´sabiduría popular´. “Sabiduría popular: ésa es la historia…”, les especifica Polo a Abdala y a Bembibre en el calor de 1995.

3.-

Ese acercamiento y ese interés están plasmados en el inconcluso proyecto pergeñado en 1996 junto a Eduardo y denominado El aprendiz. Dice su maestro de entonces: “Cuando decide venir a la isla, Polo redescubre un montón de cosas, desde subirse a los árboles hasta el ruido de una piedra que cae en el río. Pero mucho pasa por el trabajo físico. Lo veías a Polo que se iba al fondo a romper una rama y era algo personal. No hay nada místico en eso, salvo lo que uno mismo le pone. En el delta hay tipos que talan un árbol de doce metros [y lo suben a un bote] y todo con una facilidad increíble. Todas esas hazañas a Polo lo fascinaron… Y a partir de ahí nació la idea de El aprendiz… Polo arrancó haciendo las cosas desde el otro lado, vinculado a la fantasía y la realidad. Después fue el visitante, porque internalizó lo que la gente le contaba. Y cuando llegó a casa se transformó en el aprendiz.” (Polo, el buscador, p. 175-176)

Eduardo configura ´el camino´ (a través de la narrativa audiovisual) del buscador. Primera etapa: la indagación en el corte entre la fantasía (el deseo) y lo real; segunda etapa: el que llega a un posible espacio real y escucha a los demás; tercera etapa: el que, una vez instalado en su lugar de elección, quiere aprender por sí mismo.[v] Es un camino de crecimiento personal, es una búsqueda de conocimiento, de saber hacer. Y aunque Eduardo lo niegue, o justamente porque lo niega, en la búsqueda asociada al contacto con la naturaleza lo primordial es la acentuación de su misticismo. Polo, a expensas de su pasado en la ortodoxia del Partido Comunista, lo reconoce:

“Yo no creo en Dios, tengo una cultura atea, pero una parte de mi personalidad es medio mística: lo misterioso, la leyenda, la sugestión y el asombro por las coincidencias. Pero no hay que quedarse sólo en el asombro, porque si es así sólo sos una persona que se a-som-bra… que algo con las sombras debe tener que ver… Sí creo que hay un orden, pero que se puede modificar. Uno está metido dentro de algo, cuando las cosas cambian, uno cambia, hay una relación dialéctica entre las cosas.” (Abdala – Bembibre, 1995) [vi]

El misticismo de Polo –tal vez en germen en la tradición familiar judía a la que pertenece- impregna el proyecto con Eduardo y ese tono extraño da una idea (más allá de si era factible o no) de cómo fue recibido en aquel otro mundo que había abandonado. Cuenta Laszlo: “Presentó el proyecto a un par de jerarcas de la televisión y la respuesta de uno de ellos fue que lo veía ´fuera de la realidad´, literalmente.” (Polo, el buscador, p. 176) La contra-oferta: convertirse en el conductor de Investigación X, un programa periodístico símil a Edición Plus. Polo debería aparecer de saco y corbata. ¿Quién estaba más fuera de la realidad, el jerarca o Fabián? En verdad, era otro episodio de la colisión entre mundos antagónicos.[vii]

Si mantenemos la oposición –que puede ser ficticia en su simetría-, tenemos en un hemisferio el mundo de la tecnología, de la televisión, de la parafernalia audiovisual, y en el otro hemisferio, la naturaleza, la vida integrada a un sistema ancestral. Incluso en miradas atentas y ajustadas sobre Fabián Polosecki, en el devenir de la historia la expansión mística queda ligada a su suicidio. Dice Carlos Polimeni en 2001: “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ[viii] Tal vez el ´vacío´, en esa secuencia por lo demás precisa, debería conectarse con el estadio anterior, el de la pertenencia al otro mundo, al de los grandes medios de comunicación. Acaso la perspectiva mística fue causa de la insoportable conciencia de haber vivido –a pesar de los volátiles logros- un sin sentido.[ix]

En referencia a su exaltación de lo barrial, Marcelo Panozzo opina que por esa época Polo “parecía un evangelista” (Polo, el buscador, p. 186). Pero esa religiosidad era hija no del dogma sino de una mirada amplia. Pablo de Santis recuerda: “Cuando entramos [año 1984], la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero… se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra [con] la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas… Todo eso reapareció en El otro lado… Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior… […] él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ (Polo, el buscador, p. 7) Y, a partir de esa mirada, De Santis especula sobre quién era Polo

“El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ (Polo, el buscador, p. 8) [x]

Esa elucubración –al límite de lo verosímil- presenta una figura cuasi-mesiánica: aquel que llega, indaga, aprende de los otros, deja algunas respuestas inciertas a partir de su sabiduría, y se va. Si el misticismo de Polo, como es de suponer, está ligado a su conexión con la naturaleza, su necesidad de trascendencia reside en su afán de saber, de conocer, de aprender.[xi] Pero Polo nunca explicitó, por supuesto, esa concepción político-religiosa conectada a un plan de vida. Mantuvo su secreto. Decía en diciembre de 1995:

“Me parece que las cosas más importantes, las más íntimas, no hay por qué hablarlas. Hacerlo sería como filmar una película de sexo explícito… […] Todos ocultamos cosas personales. Y cuando digo ocultar, no estoy hablando de ocultar cuarenta millones de dólares… como hacen algunos políticos. Estoy hablando de cosas personales que si no se me canta no tengo por qué contar. Creo que estoy aprendiendo a conformarme. No espero todo de todos ni espero todo de mí.” (Abdala, 2001)

A partir del conocimiento de los demás y del mundo (la naturaleza), el autoconocimiento.[xii] En el mismo momento en que Polo reconoce su (a medias) misticismo, afirma creer en un ´orden´ que se modifica por una dialéctica ´interior – exterior´. Si se lucha por cambiar el mundo exterior, eso repercute sobre el sujeto y, añado, por la inversa, si se modifica el mundo interior del sujeto puede alterarse ese orden exterior.

4.-

En su concepción básica, el misticismo busca alcanzar lo que parece imposible para el humano: la unión, desde este mundo terrenal, con lo divino. Es un tipo de iluminación –indirecto, aproximativo- que surge del conocimiento del mundo como un todo y del autoconocimiento sustentado en la disciplina. Dicha imposibilidad hunde al místico en el silencio, en el recogimiento. En su etimología, la raíz ´mis-´ de místico significa ´el que calla´. Es una experiencia inenarrable. Polo, en ese punto, apenas si dijo algo, el resto lo calló.

Esa búsqueda tiene como fin lo trascendente (el más allá de los límites humanos) y, por lo tanto y como dije, la imaginería habitual asocia lo místico con el acceso a la divinidad. Pero depende de la tradición religiosa y esotérica que se tome como referente. Existe, por ejemplo, un corpus a medias filosófico, a medias teológico, totalmente contestatario –e ignorado casi sistemáticamente por la devaluada academia [xiii]– que parece funcionar como matriz intelectual para acercarse a la esquiva figura político-religiosa de Polo, y al que me voy a referir sin ninguna evidencia textual concreta que me permita defender que él la conocía. Es apenas un ejercicio de interpretación.

Retrocedamos, por un momento, una veintena de siglos.

Si bien su origen es un misterio, al día de hoy por consenso se acepta que en la confluencia de religiones orientales (por caso, el deísmo persa), de la filosofía griega y del judaísmo, en el proceso histórico que luego deriva en el cristianismo, se estableció una pugna entre diversas versiones de la presencia del Hijo de Dios en la Tierra.

Simplifico. Mientras los a posteriori cristianos defendían que Cristo era el Mesías que llegó, luchó, murió y con su resurrección redimió a la humanidad, otro grupo de cristianos –denominados gnósticos, luego herejes y siempre acusados de defender postulados de tono judío- argüían que si bien era factible que Cristo fuera un enviado, un ungido, era imposible establecer que se tratara del hijo de ningún dios único y todopoderoso porque el conocimiento de ese dios era inalcanzable.

El gnosticismo es una filosofía, y una teología, que resuelve de manera brillante el problema de la existencia de Dios proponiendo el principio del ´dios desconocido´ (en inglés, ´alien god´, el dios extraño). Dicen: tal vez exista un dios creador y omnipotente pero el ser humano no puede conocerlo. Ese dios se encuentra retirado, alejado, distante y no está interesado para nada en este mundo gobernado por funcionarios enloquecidos, seres menores y terribles -los arcontes- responsables de la pervivencia del mal. Ahora bien, qué camino debe o puede tomar el ser humano para tender siquiera a aquel ser superior. El camino es indirecto. Por inalcanzable, al hombre le resta indagar en lo creado los rastros de la tarea de esa extraña divinidad desconocida. En la naturaleza y en el interior de cada uno, el ser humano debe (o puede) buscar el conocimiento de lo divino. En el autoconocimiento, es decir, en la búsqueda de esa inaprehensible ´chispa divina´ que cada uno tiene, debe colocarse el objetivo del lento e imposible perfeccionamiento humano. Tal vez exista un dios único, tal vez exista una verdad, busquémoslos aunque nunca los alcancemos. En ese camino está el acceso al conocimiento, a la gnosis.

La forma de pensar gnóstica –sustentada en el principio del dios desconocido– es una maquinaria efectiva, luminosa y atroz porque tiene, al menos, dos consecuencias intelectuales. La primera es la paranoia: una vez alcanzado cualquier principio, es posible suponer que detrás de ese existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es ahora sí y finalmente el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente y ahora sí el dios desconocido y así al infinito. La segunda consecuencia intelectual es la anarquía especulativa: apoyados en la idea de que siempre habrá un principio ulterior y desconocido al que se puede apelar, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de la existencia de ´una verdad´ (la ortodoxia) y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas.

Este instrumento basado en la sospecha intelectual tiene su leyenda negra en el pensamiento occidental, pero –me interesa remarcar ahora- de esa fuente, con el transcurso de los siglos, surge el anarquismo.[xiv] “El anarquismo, como filosofía social, tiene una larga prehistoria, que puede remontarse a Lao-tsé y el taoísmo en China, a los sofistas y cínicos en Grecia, y que no deja de comprender durante el Medioevo y el Renacimiento, diversas manifestaciones del Cristianismo sectario y heterodoxo.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista).[xv] Además de la tarea intelectual crítica y de raigambre netamente política, gnosticismo y anarquismo coinciden en la defensa del pensamiento libre, en el rechazo de toda jerarquía y en la concepción de que las instituciones (la Iglesia para unos, el Estado para otros) es la concreción del mal en la Tierra ya que responde solo a la ambición de poder. El ser humano necesita conocerse para agruparse. No necesita –excepto para dominar a otros- crear instituciones externas que consoliden su vacío interior.

Retorno a nuestro pasado inmediato.

5.-

Eduardo ponía en serie los dos ciclos de Polo junto al proyecto inconcluso. En un sentido análogo, el paradigma imaginativo gnóstico (gnosis, conocimiento) permite explicar esa secuencia narrativa: se pertenece a dos mundos; hay un más allá, un otro lado, desde donde viene el mensajero y hay un acá al que arriba; al llegar a este lado, el extraño visitante no encuentra su lugar, es rechazado (el ´síndrome del visitante inoportuno´) y, en consecuencia, necesita conocer –aprender– para entender su situación en este mundo despiadado. Uno de los tópicos recurrentes del gnosticismo es considerar al autoconocimiento como una lucha en la que el sujeto busca salir del estado de estupor, de narcolepsia, de obnubilación, de estar dormido que supone vivir en este mundo terrible al que ha sido arrojado –un mundo en el que reina el ruido. Conocer y conocerse es despertarse, es mantenerse despierto en un mundo fatal.

A la luz del esbozo de un posible paradigma anarco-gnóstico, las declaraciones de Polo en aquella última entrevista de 1995 adquieren un sentido diferente –sea la paranoia, sea la perspectiva conspirativa, sea la necesidad de diversión [xvi]

“Me aterroriza cómo va todo. Estoy en Parque Saavedra y pienso que lo van a hacer mierda, estoy en la calle Corrientes y lo mismo. Son como ataques de paranoia que tengo. Siempre tuve depresiones fuertes, después de períodos de mucha actividad. Me pongo muy mal. Me desespero, tengo crisis de odio, de dolor. Estoy en un momento de replantearme cosas, de intentar encontrarle un sentido a todo este juego que a veces se me aparece absurdo.” (Abdala, 2001)

“Esa es la sensación que tengo del poder. Me da miedo. […] Hay que estar despierto, preparado, y vivir a tope con la gente que uno quiere. Divertirse y comprometerse realmente con lo que uno hace. Esto en algún momento tiene que cambiar y no hay un solo camino, porque los problemas son tantos… Y es necesario que haya aportes distintos, de todos. […] Estoy tratando de ver cómo se hacen las cosas bien. No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995)

´Terror´, ´angustia´, ´odio´, ´dolor´, ´depresión´, ´paranoia´, ´miedo al poder´, ´despertarse´, ´divertirse´, son elementos que se corresponden con una mirada gnóstica. Es, además, propio de un hereje afirmar, luego de haber militado y de haber sido líder de la Federación Juvenil Comunista (ligada al Partido), ´no tengo una ideología´.

Queda de mi lado, traducir ´no tengo una ideología´ por ´no tengo ortodoxia política´. Según Montero y Portela (Polo, el buscador, p. 27), ´Polo nunca se arrepintió de su militancia en la Federación´. En una entrevista de 1994, reconoce que en su adolescencia quería hacer la revolución y no asocia eso a su inexperta juventud, sino a un deseo profundo:

“No creo que la acción política sea una cuestión de la adolescencia. En todo caso, en ese momento diferencié cierto espíritu de la militancia trasladado a otros campos. Parecía que lo único importante era convencer, convencer, convencer. Hay algunos que emplean el 90 por ciento de su tiempo en eso y les queda muy poco tiempo para aprender y conocer.” (Polo, el buscador, p. 27-28)

“Pìenso mucho en esa época, los problemas eran la confianza ciega en un discurso y el querer convencer a los demás. Esa idea de decirle a la gente lo que tiene que pensar del mundo es una locura. Por suerte me curé de determinado tipo de fe y de andar juzgando y calificando a los demás. Ahora trato de entender…” (Polo, el buscador, p. 28)

En esas declaraciones de 1994 –que ubican al marxismo en el ámbito de la fe (y nuevamente puede verse ahí la crítica a la ortodoxia) y que insisten en la necesidad de ´conocer´ y de ´aprender´- no hay arrepentimiento, pero este sí aparece, matizado por la duda, en la última entrevista, en 1995. El movimiento argumentativo de Polo añade una crítica a la política tradicional: “La política de los profesionales, ésa sí que no me interesa. Y a la gente le pasa lo mismo. La gente se expresa, sobrevive como puede. Pero ya está cansada de que le hablen de boludeces. Yo en una época milité, pero hoy no estoy seguro de que esté bueno poner todas las esperanzas en eso.” (Abdala, 2001) Abdala y Bembibre no incluyen este pasaje en la edición de 1995. Recién en 2001, cuando la primera publique en Página ̸12 fragmentos inéditos, el cuestionamiento de Polo se hace presente.

En el aspecto positivo de la cuestión, en la versión de 1995, Polo defiende su trabajo en televisión como si se tratara de militancia individual

“…siento que hago política con mi programa. Yo, trabajando, ejerzo un poder, pongo mis capacidades al servicio de todos. No me interesa la política de los profesionales, me interesa ésta. Porque yo estoy a favor del desarrollo y del progreso pero me parece imperdonable que se plantee un modelo de vida que excluye a la mayoría. La gente está angustiada, putea, porque los que tienen las palancas no parecen tener buenas intenciones: hay muchas cosas que se hacen por interés, por ambición desmedida, y eso es muy jodido.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Se queja Polo: “…no soporto que los tipos que tienen un oficio noble, un ceramista, un carpintero, mueran en manos del plástico coreano. Hay una cultura popular en la Argentina… laboriosa injustamente hecha mierda.” (Abdala – Bembibre, 1995) Y sueña Polo:

“Mi ideal del mundo deja que las personas puedan rotar en sus actividades, en donde el trabajo manual e intelectual se entiendan como una misma cuestión, donde no hay personas que piensan y organizan, y personas que obedecen y fabrican: que un tipo pueda hacer el trabajo pesado a la mañana, después al mediodía cocinarse, y a la tarde leer, escribir, y después barrer la vereda, y a la noche ser carpintero, y de trasnoche borracho, o jodón, o colectivero. Tengo ganas de vivir mil vidas.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más allá de la ausencia de una explicitación de Fabián acerca de su anarquismo, ese mundo ideal se ofrece como el humus para que germinen mis especulaciones. En consecuencia, una manera de darle mayor entidad a mi sospecha es aceptar que el compendio de las siguientes ideas políticas de Polo aproximan las redes al río del anarquismo y las aleja del comunismo (en su variante marxista). Enumero:

a) defensa de la ética, de la responsabilidad y de la libertad individual;

b) insistencia en conocerse, conocer y aprender (la educación es eje de la sociedad según la filosofía anarquista);

c) defensa e interés en la interacción con la naturaleza (el autoconocimiento, con raíces, entre otros, en el pensamiento gnóstico, supone una relación diferente con el mundo exterior y propone así un alerta frente al uso negligente de la tecnología)[xvii];

d) búsqueda de la autosubsistencia;

e) defensa del ´trabajo noble´ sin esclavizar, ni oprimir a las personas y en beneficio de la comunidad;

f) alternancia entre trabajo manual, intelectual, artístico; derecho al placer; [xviii]

g) rechazo de la vida burguesa (a la posesión excesiva –Polo dice estar luchando contra el apego a los objetos [xix]-, a la adoración del confort y al tiempo regulado desde fuera sobre el individuo [xx]);

h) ataque a la jerarquía –basada en las instituciones- que estructura la mayor parte de las ingenierías sociales conocidas; rechazo de la política tradicional.

Hasta donde conozco, la única evidencia concreta acerca del anarquismo intrínseco a la mirada de Polo son las palabras de Alfredo Casero:

“Polo fue una de esas personas que tuvieron que vivir con la utopía extraña de querer ser solamente si se puede hacer lo que uno quiere. Él se metía en el culo de la gente porque no se bancaba a esta horda capitalista que obliga a los poetas a trabajar para Coca-Cola o a ser empleados municipales, no se bancaba este sistema que te destruye los sueños… no aguantaba eso. […] Polo, de alguna manera, es una especie de bandera para la generación a la que el poder quiere hacer mierda. […] Pero hay gente que por debajo está haciendo la guerra, gente que un día puede no dar más y renunciar… Polito me dijo una vez: ´ésta es una guerra entre japoneses´; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea… Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda: ´¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!´, pero tenía algo de cierto…Y a los rebeldes casi nunca les va bien” (Polo, el buscador, p. 191-192)

Si retornamos con esos parámetros al Polo periodista de la época previa a su exilio en el Tigre, su mirada crítica, hereje y, se podría aventurar, anarquista en ciernes, resuena en la denominación de la propia práctica –y de la de sus compañeros de programa- de ´anti-periodismo´

“Lo que caracteriza a nuestro trabajo, además de cierta improvisación, es el aspecto que tiene de producción independiente. […] Independiente de los canales, es decir, lo único que nos ata a nosotros que hacemos El otro lado con el medio es… el producto de artística que sale al aire. No tenemos pantalla asegurada, no somos dueños ni estamos dentro de la estructura del emisor, que es el canal, ni tampoco estamos dentro de la negociación televisiva, de comercialización, ni publicidad, ni chivos, ni nada por el estilo. Es decir, nos hacemos cargo de los 45 minutos de artística que tiene nuestro programa y con eso tratamos de tener nuestro espacio de expresión. […]… en nuestro programa estamos haciendo una suerte de antiperiodismo, si se quiere. [..] Con lo de antiperiodismo me refiero a que le huimos, en algún sentido, a la noticia. Pero no sólo a la noticia de actualidad, sino a convertir en noticia lo mundano.”[xxi]

Ese ´nosotros´ utilizado por Polo nos recuerda que, más allá de que con el paso del tiempo él atrajera las luminarias, su tarea en televisión habría sido imposible sin esa comunidad, sin esa cofradía que le permitió destacarse. El grupo compuesto por personalidades afines, en confraternidad, con un objetivo común y cerrado a los intereses de las corporaciones (de un poder central), aunque no solo, pertenece al imaginario anarquista.

{Fin de la primera parte}

{Este escrito que usted lee -qy ue conoce una versión primitiva– no es un caso de crítica textual. No me propongo analizar de qué manera las ´fuentes´ de las que me valgo (o, al menos, algunas de ellas) mistifican un objeto de estudio, o de interés, en favor de una idea previa (o de ninguna, apenas de la técnica que lo constituye). En el segmento inicial, reordeno material bibliográfico conocido con el objetivo de añadir una eventual nueva línea narrativa a la historia de vida de Fabián Polosecki. En el tramo restante, utilizo esa ´otra historia´ para poner en discusión la recurrencia de una matriz intelectual e ideológica que disuelve posturas y ̸ o propuestas políticas delirantes, recalcitrantes, herejes, en el diagnóstico clínico.}

Segunda parte

6.-

En el episodio ´la avispa atrapada´ -si es válida mi sobre-interpretación- Polo demuestra, con ese pequeño gesto, su pacifismo místico: “Esta se cree que vive acá… Hay que dejarla, no asustarla…” (Abdala – Bembibre, 1995). Como dije, según cuenta Polo, al cazarla al vuelo imitaba a Marlon Brando en Apocalypse Now! [F. F. Coppola, 1979]. Esta cita fílmica durante la postrera entrevista tiene, al menos, una explicación. La película de Coppola había sido el modelo audiovisual del último programa en el Tigre del ciclo El Visitante.

Gustavo Alonso piensa el devenir vital de Polo desde el film: “Para mí, Polo en el Tigre es Apocalipse Now! [sic], pero esta vez es Polo el que va a buscar al Coronel Kurtz y termina colgado de Eduardo. Así está expuesto en ese último programa de El Visitante, aparte de citas y de algunos guiños desde lo estético con la película de Coppola…” (Polo, el buscador, p. 178-179) Y no es el único que establece una conexión de ese estilo. Ricardo Ragendorfer da un paso más allá (o más acá) porque pasa del cine a la literatura: “Y en el Tigre [Polo] no tenía luz ni televisión, llevaba la vida de un personaje de Joseph Conrad.” (Polo, el buscador, p. 173) Como se sabe, la trama también mística de Apocalypse Now! está tejida sobre el argumento de El corazón de las tinieblas [Heart of darkness, 1899].

Una vez desenredada la madeja por el lado de Apocalypse Now!, e hilvanada por el lado de Conrad, las puertas de lo inverosímil o de la ficción se abren de par en par.[xxii] En principio, algunas azarosas coincidencias. Joseph Conrad –nacido el 3 de diciembre de 1857- era polaco y, si bien no partidario, estuvo interesado en el anarquismo. En su novela El agente secreto [The Secret Agent, 1907] un grupo de anarquistas, entre los que se destaca el personaje del Profesor, conspira para colocar bombas en Londres.

Fabián reconocía que el exceso de trabajo le había impedido, entre otras cosas, leer más. Uno de los autores señalados como de lectura futura era Ricardo Piglia (Abdala, 2001; [ver nota 18]).[xxiii] Ignoro si alcanzó a leer algún texto de ese escritor, en su juventud también militante comunista, y, como Fabián, también colaborador de la revista Fierro, pero, sin depender del dato concreto, en esa afinidad futura, la intuición de Polo parece haber jugado el partido correcto.

Un ejemplo histórico –y, para este caso, funcional- de un anarquista que conjuga su convicción política con expansiones religiosas es el “…[de León] Tólstoi que intentó basar su concepción anarquista en el cristianismo y en la fe, adogmática y antieclesiástica, en el Dios evangélico.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista). El escritor ruso funciona como un perceptible, aunque lejano, modelo del recorrido de Polo: renegó de su obra literaria, defendió principios naturistas, enalteció el vegetarianismo y la no-violencia, abogó por el trabajo manual, se retiró a vivir a una parcela de tierra entre campesinos (nunca dejó de visitar su familia), preparó textos educativos, enseñó a los hijos de esos campesinos, utilizó jardines como aulas. Atravesó fuertes crisis espirituales. Murió en 1910 a los 82 años. Su tumba rebosa de flores.

Tólstoi importa –además de por ser un eventual modelo- por indicar, entre desvíos y huellas perdidas, un inesperado sendero hacia el anarquismo místico de Polosecki.

Piglia retoma la impronta del Tólstoi ´vagabundo místico´, profeta, defensor de la pobreza, del ascetismo, de la no-violencia, maestro de Ludwig Wittgenstein y de Mahatma Gandhi, en su novela El camino de Ida [2013]. Una de las principales líneas argumentales de esta novela –en la que Tólstoi es el prisma anarco-místico- es la historia de Thomas Munk. Munk es un personaje de ficción que enmascara a Theodore John Kaczynski. Kaczynski, más conocido por el mote que le colocaron las fuerzas de seguridad estadounidenses (a las que desorientó por décadas), es el Unabomber. Y el Unabomber –sea el Munk de la novela, sea el Theodore que pasa sus días en una prisión de Colorado- urdió su biografía con los trazos que Conrad utilizó para delinear El agente secreto.[xxiv]

Kaczynski nace en 1942 en Chicago en el seno de una familia de polacos inmigrantes. A los 16 años ingresa a Harvard a estudiar matemáticas. A los 20 años se gradúa. Es considerado poco menos que un genio. A los 25 obtiene un cargo como profesor asistente en la Universidad de California [Berkeley]. A los 26 se retira de la carrera académica. Entre los 29 y 30 años, se va a vivir a Lincoln [Montana] al medio del bosque y a kilómetros del poblado más cercano. Allí construye su propia cabaña y de lo que le ofrece el contexto, se alimenta y subsiste. Vive también de sus clases en una escuela de pueblo y de sus estudios a los que nunca abandona. A partir de 1978 –si aceptamos que es efectivamente el autor- comienza a enviar ´cartas-bombas´ a distintos destinatarios entre los que se cuentan lobistas madereros, directores de empresas de aviación y destacados y encumbrados académicos. A causa de los envíos, mueren tres personas y resultan heridas más de veinte. Kaczynski consideraba a esa violencia absoluta el instrumento para hacerse escuchar entre el ruido de una sociedad enferma de irracionalidad y gobernada por los mass media.

El 19 de septiembre de 1995, los periódicos The New York Times y The Washington Post, publican al unísono La sociedad industrial y su futuro [Industrial Sociey & Its Future], extenso artículo más conocido como Manifiesto de Unabomber. El texto sintetiza su postura anarco-primitivista: la Revolución Industrial, en los últimos dos siglos, ha llevado la civilización occidental al desastre y los responsables primarios del funcionamiento del sistema industrial-militar –injusto, violento, agresivo con la naturaleza- son los tecnócratas que anidan en las universidades en connivencia con las grandes empresas y con los militares. No existe una receta, no hay una única solución, pero el ´sistema socio-económico´ debe ser destruido o, cuanto menos, detenido en su avance. Es necesaria una revolución no política, sino estructural contra las bases económicas y tecnológicas. La alternativa es el retorno a una vida menos nociva para el entorno, en contacto con la naturaleza y en la que la tecnología, en tanto instrumento de control y opresión, sea dejada de lado. A modo de ejemplo, el primer párrafo del Manifiesto reza:

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países ´avanzados´, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer Mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación.”[xxv]

Kaczynski, cuando estudiante, formó parte de un grupo selecto de universitarios con los que se experimentó. La universidad de Harvard y las fuerzas militares de los Estados Unidos, con la excusa de fomentar grupos de discusión sobre filosofía, administraron a jóvenes drogas sintéticas y los expusieron a momentos de tensión y de estrés para observar cómo reaccionaban ante situaciones límite. El proyecto destinado a perfeccionar el control sobre el pensamiento es uno de los disparadores del odio de Theodore contra los tecnócratas universitarios. Esta historia negra del uso de drogas para indagar en el funcionamiento de la mente, es el reverso de lo que sucedería durante la década de los sesenta en los Estados Unidos con el auge de la contracultura hippie y en el contexto de la Guerra de Vietnam, con la lucha por los derechos de la comunidad negra y de las mujeres, etc. La marihuana y el LSD fueron inescindibles de los movimientos políticos estudiantiles que lucharon por la libertad, en general, y por la libertad a expresarse, en particular. El uso de esas sustancias permitió una apertura hacia paradigmas espirituales no-occidentales, y así el misticismo se entreveró con la política. Hubo voces –conservadoras- que discordaron sobre la factibilidad de ese cruce. Pero otras defendieron la parada. Hacia 1966, y en el marco de este debate, Susan Sontag [Estilos radicales, 1969], afirmaba: “…no existe incompatibilidad entre la exploración del espacio interior y la lucha por la mejora del espacio social.”[xxvi]

Kaczynski –después de haber formado parte de los grupos de experimentación- fue profesor en Berkeley al mismo tiempo que hervían los campus universitarios y vio de cerca el devenir del movimiento contracultural. Concluyó que frente a la maquinaria y al entramado perverso que sostiene el ´sistema´, la salida para evitar la disolución de la lucha era dejar de lado los proyectos colectivos y actuar en soledad bajo el supuesto de que otros individuos también aislados comprenderían el mensaje que estaba enviando. Reunirse era abrir la puerta a infiltrados, a traidores, a arrepentidos.

Kaczynski no logró, obviamente, detener el ´sistema´. Sus acciones apenas si alcanzaron para que, una vez publicado el Manifiesto, su hermano reconociera la autoría y lo delatara a las fuerzas de seguridad. La condena infinita que recibió el denominado Unabomber en 1998 se basó en el argumento despolitizador habitual de los tecnócratas: ningún individuo puede hacer la revolución aislado; si Kaczynski trabajó solo no es porque fuera un revolucionario solipsista, sino porque estaba loco, era un paranoico, un esquizofrénico, un psicótico.

Theodore Kaczynski –y eso es, por supuesto, retomado por Piglia para construir a Munk en El camino de Ida– hizo de El agente secreto su libro de cabecera, del personaje del Profesor su modelo, de Conrad su profeta.

Otro sujeto descendiente de polacos, también místico, en ciernes anarquista, casi aislado, por la época en el que el Manifiesto aparecía –mediados de 1995- comenzaba a cruzar su vida con Conrad, y esta era una línea más en la trama del complejo personaje que urdía.

Eso sucedía bien al sur. [xxvii]

7.-

El Thomas Munk de Piglia –en ´munk´ se cifra el monje, el asceta, el místico- defiende la acción solitaria, la conspiración personal, individuos aislados que conforman un ejército invisible para una guerra secreta.[xxviii] Del breve cuadro de Alfredo Casero sobre Polo se desprende la imagen de un anarquista solitario que resiste ante una ´guerra entre japoneses´. Guerra entre japoneses, dicho desde Argentina, remite -si no comprendo mal- a una lucha entre bandos cuyos intereses nada tienen que ver con el de gran parte de la sociedad. En ese enfrentamiento sin sentido, Polo sería una bandera de resistencia para quienes llevan adelante otra guerra, esta vez subterránea. Dice Tomás Abraham: “…se nos adelantó, porque parecía un solitario… Espero que Polo sirva para… descubrir a nuevos tipos que están solos y miran…” (Polo, el buscador, p. 191).

Reproducen los tecnócratas a cargo del juicio que en su diario personal –en el que escribía en códigos diversos, mezclados con el castellano- Kaczynski pensaba en la posibilidad del suicidio. Sabía de la lucha terrible que iba a enfrentar y conocía el viaje sin retorno que significaba asesinar. También, imposible no sufrirlas, era presa de fuertes cataclismos espirituales y de confianza. Aun cuando tengamos una imagen más benigna, conforme avanzó 1996, Polo llegó a un estado de crisis tan profundo que, en palabras de Viviana, su compañera, “… [Fabián] o se mataba o mataba a alguien.” (Polo, el buscador, p. 181).[xxix] Marcelo Birmajer define esa violencia contra sí mismo en términos que, en este contexto, resuenan por su densidad: “…su decisión es un misterio, casi una bomba de efecto retardado que se activó en su pasado.” (Polo, el buscador, p. 184)

En lo terrible o en lo afable, una matriz –con las variantes esperadas- se repite. Theodore como Fabián, cada uno desde su lugar, alcanzaron la cúspide profesional. Y se horrorizaron. Huyeron de esos espacios absurdos pensando en cuál sería un camino posible para la revolución. Kaczynski vio la connivencia delictiva entre Universidad, Ejército y Mercado en búsqueda de un patrón de conducta que les permitiera –como de hecho permitió y permite el ciber-desarrollo- manipular consumidores bajo un manto de inocencia.[xxx] Polosecki estuvo en el centro del huracán audiovisual y salió asqueado.[xxxi] Intentó –como un camino a medias- unir el retiro con hacer televisión de otra manera. Redunda decir que se rieron de él y que no lo dejaron. En el Manifiesto, Kaczynski -quien actuó solo- reconoce la configuración ya individual ya grupal del anarquismo (oscilación también presente en Polo): “El anarquista también busca el poder, pero lo busca en bases individuales o de pequeños grupos: quiere que estos sean capaces de controlar las circunstancias de sus propias vidas. Se opone a la tecnología porque hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones.” En ese texto ataca la forma de vida burguesa, la televisión, los programas de entretenimiento, etc. En particular, el Manifiesto va contra la izquierda política (un lastre para la revolución): “El izquierdismo es inverosímil que nunca renuncie a la tecnología, porque la tecnología es una fuente demasiado valiosa del poder colectivo.” A la mutación de la fe en el marxismo por la fe en la naturaleza de Fabián, ya me referí. Dice Kaczynski en su Manifiesto: “…puede ser útil incluir un elemento religioso en la rebelión contra la tecnología… La cosa más cercana a una religión fuerte, extendida y dinámica que occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras, unificadas e inspiradas. Así, hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse por una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología. […] Algo semejante a una religión inventada… sería un fracaso.”[xxxii] La convicción y la integridad fueron los lemas del polaco-norteamericano (el recurso de la violencia es un punto a discutir como en todas las revoluciones); la ética y la responsabilidad, los del polaco austral. En la versión de Piglia, Munk defiende una vida múltiple: “La subjetividad del anarquista es variable. Su discontinuidad es un hecho que Kropotkin explica como la ´resultante´ de una serie de unidades autónomas y de secuencias que la componen simultáneamente. Nuestras más íntimas memorias, nuestros más íntimos sentimientos, nuestras formas de vivir son múltiples.” (El camino de Ida, p. 275). Polo había dicho en diciembre de 1995: “Tengo ganas de vivir mil vidas.” Para su hermano Claudio –que reconocía en él a ´un joven brillante y talentoso´-, Polo vivía en medio de “realidades inventadas” (Polo, el buscador, p. 178). Diego Lublinsky, a cargo de la realización de El Visitante, pasado el tiempo, entiende a su compañero de trabajo. Recordaba Irene Bais, productora (y ya ida, lamentablemente, de este mundo): “Y me acuerdo de una frase de Diego, que dijo: ´Él me pedía un mundo a la medida de su fantasía. Recién ahora me doy cuenta de lo que quería´.” (Polo, el buscador, p. 183)[xxxiii] Por esas vidas múltiples que deseaban, ambos buscaron espacios agrestes. Ambos, en la tradición anarco-esotérica de la gastrosofía, fueron buenos cocineros. Nada de todo eso importó o, mejor, acaso por todo eso, Ted y Polo fueron diagnosticados –en uno para acusar, en el otro para justificar- de esquizofrénicos, de locos. Como dije o di a entender, Kaczynski se opuso de forma tajante a ser declarado ´insano´ por los tecnócratas psiquiatras; sabía que de esa manera se relativizaba, se neutralizaba su discurso, su llamado, su propuesta política. [xxxiv]

Hay un punto, por supuesto, en el que se diferencian y que no es menor: hacia dónde y hacia quién o quiénes dirigieron su violencia.

8.-

Tomás Abraham reconoce la fascinación que despierta la muerte trágica de Polo pero insiste en atender ´la obra´, ´la obra´. Polo es una obra que pervive. Por eso pareciera que a través de sus programas camina sin cesar por los mismos e infinitos lugares que recorrió. Nos habla hacia acá desde el más allá que es la imagen audiovisual. Para Polimeni, Polo continúa enseñando a hacer televisión desde la tumba. Como si se tratara de un antiguo alquimista, en su ´opera philosophica´ está la fuente de la eterna juventud. Polo merodea este mundo con su sonrisa y con su belleza angelical siempre en sus treinta y pico de años. Polo, eternizado en las cintas que lo reproducen, pregunta y escucha. Polo eterno, fuera del tiempo. Abraham lo denominó “un adelantado”, y lo instaló así en el futuro, acaso nuestro presente –un presente distópico en el que la guerra contra el poder es orquestada por individuos aislados.

En su obra audiovisual existente, el pasaje del fantástico a la ciencia ficción –de El otro lado a El Visitante– muestra la mutación de Polo desde el viejo paradigma del escritor al nuevo del ícono cibercultural. Los rasgos de ciencia ficción presentes en el marco ficcional de El Visitante son consecuentes con el tópico gnóstico que anida en el corazón de la idea: la llegada del ser extraño (“Cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.”) [xxxv] En esa ficción introductoria, que con el paso de los programas se diluye, el protagonista –algo así como un documentalista amateur, pero no un periodista [ver nota 21]- sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ (producto de alteraciones psicológicas propias de inadaptados sociales). Es un mundo amenazante. La radio se refiere al síndrome en términos de cura, de control. El personaje deambula en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico. Es un sobreviviente, un solitario encerrado en su departamento. Ha viajado mucho, ha filmado mucho y durante mucho tiempo. Observa esas viejas cintas vhs –su memoria- con el deseo de ordenarlas. Los espectadores vemos lo que él ve mientras revisa su trabajo previo. El ojo del visitante, y de donde emerge el nombre del ciclo en caracteres rojos en la presentación, es un ojo irritado, robotizado, sanguinolento. “¿Visitante, qué creés que ves con tu pequeña cámara? ¿Creés que alguien quiere ver lo que tú ves? Las caras de la gente son como adivinanzas. ¿Resolviste alguna vez el acertijo? Visitante sin tu cámara estás ciego o ¿acaso creés que sos vidente?

Polo habitante de la iconosfera. Polo ícono cibercultural, pero un ícono díscolo, rebelde, hereje frente al poder de los mass media.

Casero también lo sitúa en el futuro. Cree que Polito reaparecerá (reencarnará) en alguna vieja idea. Y es posible que esa ´vieja idea´ sea la semilla anarco-gnóstica de un reconocimiento dual: en el mundo las cosas van mal; la situación debe ser modificada aunque, más allá de un retorno a lo natural, nadie sabe bien cuáles son los caminos concretos (o se saben y no se podrían ni empezar a pronunciar).

Si bien disímiles en su intensión y en su intensidad, Polo y Theodore evitan ofrecer soluciones fáciles a los problemas actuales. Fabián en ese diciembre de 1995 reconocía la ausencia de un plan previo al que respetar. Repito sus palabras: “No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995) Por su parte, en la versión de Piglia (El camino de Ida, p. 229), Munk lee en El agente secreto de Conrad la necesidad de ir contra el centro del poder sin proponerse pontificar con lo que es necesario hacer después: “Nadie puede decir qué forma podría asumir en el futuro la organización social. Por qué complacerse entonces en fantasías proféticas.”

Dos desesperados y sinceros buscadores; dos descendientes de polacos, místicos y anarquistas; dos biografías, en algún punto, aciagas; dos seres lúcidos que terminan aborreciendo el poder corporativo (y la tecnología); dos vidas que solo parecen cruzarse en este inclasificable texto; dos solitarios, con diferentes roles en el mismo e invisible ejército

“Somos individuos dispersos, metidos en los bosques, perdidos en las grandes ciudades, sujetos en fuga extraviados en las praderas. Estamos aislados pero somos muchos. Hemos pasado de la masa a la manada. Ésa es la nueva situación política: dispersión, retroceso… Kropotkin…, el brillante teórico anarquista, llamaba consistency (consistencia) a la energía que mantiene ligados a los hombres en situación de acoso y de peligro. Unidos en la dispersión… estos grupos en fusión cambian constantemente: de dirección, de dimensión, de territorio, de velocidad.” (Piglia, El camino de Ida, p. 274)

Tal vez esa bandera que es Polo flamee enhiesta entre las manadas dispuestas a futuras batallas contra el caos –en verdad, contra el extremo e injusto vacío- de la sociedad actual. Por medio de su muerte (inevitablemente dolorosa para los de aquí) -al igual que aquel otro polaco, pero con diferente método- este polaco del sur también logró ser escuchado.

Polo es hoy una clave, y sería deseable que no solo para activar repetitivos homenajes.

[Tandil – 06 al 13 de noviembre de 2014]

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“Apéndice: ‘El Zorro’, en Radiolandia y (acaso) por Polo”

Aunque en Radiolandia 2000 las notas no se firmaban, excepto si eras grosso, es lindo pensar que en la edición No. 3069 (año LVI) del diez de julio de 1987 coinciden el nombre que aparece como colaborador en la columna rectangular a la derecha de la hoja y el que tecleó una nota sobre un héroe que, a solas con su espada, fue el terror de siniestros villanos. Voraz lector de cómics en su infancia y más tarde pluma a pura tecla en la mítica Fierro, es verosímil que lo haya imantado el personaje en cuestión. El único dato textual fuerte para sospechar que es de su autoría son los nombres de los hermanos al inicio. Polo, según creo, se enmascara utilizando su primer nombre y no Fabián (y comete, además, un leve trastoque de identidades). De acertar con mi intuición, este texto sobre un justiciero solitario y que, en un mundo pre-capitalista lucha por ´una causa justa en favor de un pueblo oprimido´, sería un bastante diluido indicio del anarquismo intrínseco a su mirada. De estar equivocado (el texto bien puede pertenecer a Pablo De Santis, redactor de la revista, o a cualquier otro, en fin), será solo rectificarme y pedir disculpas. En nada lesionará, creo, lo escrito anteriormente. Para ustedes, entonces, ese primitivo texto de Polo.

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TEXTO SECUELA: Polosecki, el suicidio de un disidente

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Notas

*Si desean acceder al material audiovisual de Polo disponible en la web: Archivo Polosecki

[i] Abdala, Verónica – Bembibre, Cecilia. “No me da miedo que el programa termine”, Página ̸12, Segunda sección de Espectáculos, 17-12-1995, pp. 4-5.

[ii] No pretendo discutir o revisar la existencia de una enfermedad o de un desorden mental en Fabián. Es necesario, sin dudas, respetar el conocimiento que de él tuvieron sus seres más próximos y cuya muerte conmueve hasta el presente. En este texto, pienso a Polo en tanto ´ícono´, ´clave´, ´bandera´ de quienes se enfrentan al status quo.

[iii] Abdala, Verónica. “La lluvia es hermosa porque trastueca los planes”. ´Los tramos inéditos de la última entrevista de Página ̸12 a Fabián Polosecki´. Página ̸12, 24-06-2001

[iv] Link del documental en Youtube

[v] Agustín Salem sobre El aprendiz: “A mí me pareció muy copado todo el proyecto, me parecía bárbaro porque… parecía un paso lógico…” (Polo, el buscador, p. 176)

[vi] Acerca de las “coincidencias” que menciona Polo, en la versión larvaria de este texto hago una lista de las que se le atribuyen o se le aproximan y que no voy a repetir aquí. Ver “Polo místico

[vii] El aprendiz no era el único proyecto en danza. Dice Eduardo: “Y después había otra idea que era generar un ciclo desde la perspectiva enciclopédica, para darle nuestra propia lectura a las palabras. La palabra ´agua´ iba a ser fundamental, ´corrupción´ también.” (Polo, el buscador, p. 176). Polo intentó imponer su impronta en la televisión, y chocó contra un muro inconmovible. Por su parte, Alejandro Chernov refiere una nueva idea: “…quería armar un programa de televisión donde cada uno hiciera un corto: yo en ese momento estaba obsesionado con el clima… Y Polo me propuso que escribiera un corto sobre ese tema…” (Polo, el buscador, p. 177)

[viii] Carlos Polimeni, “El otro lado de Poloˮ, Página12, 17-06-2001.

[ix] “Yo no quiero ser un artista en el sentido de tener la necesidad de un público para vivir, no puedo orientar mi vida al hecho de que siempre haya alguien ahí para aplaudirme. Me parece una vida muy dura, muy sacrificada. […] Nunca busqué hacer carrera en televisión. Cuando no tenía laburo, simplemente no tenía laburo. Cuando conseguí, lo agarré y lo hice lo mejor que pude.” (Abdala – Bembibre, 1995)

[x] Ver “Polo místico

[xi] Martina, quien fue novia de Polo, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza. Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico. Ver “Polo místico”.

[xii] “Siento que necesito un tiempo para procesar las cosas que vi en estos años de ‘éxito’ y para terminar de entender a las personas que conocí. Necesito también terminar de entenderme a mí mismo. Por eso siempre digo que todo lo que soy no está en mis programas, y a la vez sí.” (Abdala, 2001)

[xiii] Un referente intelectual es el filósofo alemán Hans Jonas y su tesis doctoral sobre religión gnóstica. Discípulo de Martin Heidegger, Jonas emigró de Alemania durante el nazismo. En la academia estadounidense, Harold Bloom –discípulo de Jonas- reúne crítica literaria y cábala (influida por el gnosticismo). Bloom, aunque de corte más aristocrático, es un revulsivo frente a las ortodoxias teóricas en los claustros universitarios (que han conducido la disciplina –añado- a un enorme estómago que produce casi siempre vómitos semejantes).

[xiv] Así como incide también en el arte contemporáneo, en la psicología de Carl Gustav Jung, en el feminismo, etc. Por la importancia de la Sabiduría (Sophia) y por la defensa de una divinidad finalmente andrógina, el gnosticismo sumó a su recalcitrante postura contestataria –anti-institucional- frente a la naciente Iglesia cristiana, la defensa del rol de la mujer. Esto, sin dudas, acentuó el carácter herético de su pensamiento a los ojos oficiales cristianos siempre misóginos. Ver Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos [1979].

[xv] “El anarquismo se propagó al modo de las antiguas herejías, como una urgencia espiritual que impulsó el ideal de emancipación madurado durante la Revolución Francesa… Quizá porque los anarquistas fueron los albaceas más fieles de los afanes jacobinos, tanto como correas de transmisión de la antigua llamada milenarista, pudieron transformar el lema de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el trípode de una mística poderosa. El anarquismo transmitía un linaje de resistencia…ˮ. (Christian Ferrer, ´Sobre los libertarios´, El lenguaje libertario, 2005, p. 8). No preciso destacar las palabras de corte religioso que atraviesan el párrafo.

[xvi] Famosas fueron las sectas gnósticas por su descontrol orgiástico.

[xvii] Hans Jonas, a fines de la década del setenta, publica Das Prinzip Verantwortung [1979] (versión francesa, Le principe responsabilité. Une éthique pour la civilization technologique [2006]). El recorrido desde el gnosticismo a una crítica de la tecnología es consecuente y. por ende, es ineludible para el pensamiento anarquista. Apenas un ejemplo. Víctor García en Utopías y anarquismo [1977] afirma: “El futuro nos ofrece visiones cada vez más aterradoras. La computadora, el robot, la máquina con inteligencia ponen en evidencia cómo una ciencia y una técnica en la que tantas esperanzas depositaba el utopista del siglo pasado se yerguen omnipotentes terminando con prescindir del hombre o convirtiéndolo en su esclavo. […] El antiguo secretario de la ONU, U. Thant presentó un informe titulado: La aplicación de la tecnología de computadoras para el desarrollo donde decía, entre otras cosas, que existe ´el temor de que las computadoras contribuyan a la probabilidad de una sociedad futura dirigida por tecnócratas.”

[xviii] Acerca del interés de Polo por el arte y sus manifestaciones: “Me gusta mucho la música… Y bailar. No tengo un género en particular, creo que la música tiene que ver con los estados de ánimo. Si en esta casa no hay una dosis de soul por día, no funciona. Acá se baila siempre, se salta.” (Abdala – Bembibre, 1995) (Vale recordar que Eduardo, su ´maestro´, era actor y profesor de danzas). Y sigue Polo: “Me encanta [el pintor] Hopper. Hay una especie de simultaneidad de luces: la luz de la fuente y la luz de las cosas. Entre lo que se ilumina afuera y lo que tenés adentro. Es mágico.” (Abdala – Bembibre, 1995) “El laburo me dio muchas cosas buenas, pero me distanció de muchas otras. La lectura, algunos buenos amigos, ratos más largos con mi familia son algunas de las cuestiones que lamento haber dejado un poco de lado. Ricardo Piglia, Juan José Saer y Andrés Rivera son tres de los autores argentinos que tengo pendientes, y que pienso leer.” (Abdala, 2001)

[xix] La explicitación de su lucha contra la posesión de objetos innecesarios era parte, puedo suponer, de su proceso de transformación. En esa lucha estaba Polo en diciembre de 1995. “…tengo un problema con eso. Por ejemplo, encuentro cosas en la calle y no puedo evitar traérmelas.” (Abdala – Bembibre, 1995) Entre los objetos que se acumulaban en ese living había una vieja radio a válvula, una mesa ratona, latas de galletitas apiladas y una guadaña oxidada (objeto que anuda, en la siega, el mundo natural con el sobrenatural).

[xx] En el medio de sus crisis personal, Pablo De Santis ´veía a Polo sin mucha conciencia del tiempo´ (Polo, el buscador, p. 173). En diciembre de 1995, Polo decía: “Podés estar muy pendiente del tiempo, que no es lo mismo que estar pendiente del reloj. Yo, por ejemplo, no sé qué hora es, ni me importa. Puedo imaginármelo porque conozco este lugar a la hora de la siesta, o porque tengo hambre, o porque sé que a esta ahora se juntan muchas personas en la verdulería… Todo lleva un tiempo: un tiempo de atención, de espera, un tiempo de maduración. La muerte implica un tiempo de dolor.” (Abdala, 1995)

[xxi] En Polo, el buscador (pp. 211-216). El texto corresponde a la exposición de Fabián en el II Festival Latioamericano de Video, Rosario, septiembre de 1994. Al año siguiente, en Tea Imagen, Polo se refiere al personaje ficticio que estructura El Visitante y deja bien en claro su distancia con la idea light del periodista curioso: “A mí me parece que es una discusión vana, en el sentido de que todo programa periodístico tiene una puesta en escena como nosotros, tiene una edición que recorta una parte del texto, tiene un señor haciendo un personaje de… ´periodista´… [pero]… yo tengo un personaje que no es periodista, punto, que no juega a ser periodista… [Público: ¿y por qué esa insistencia?]… y porque a mí me hincha las pelotas [la idea del periodista].” En continuidad, contrapone el periodismo tal como se observa en la práctica –según su experiencia en Radiolandia 2000, escribir un texto que concuerde y que complete un título previo que el editor o redactor le da- a aquel que responde al ideal del ´periodista´ –el que tiene y que hace la ´pregunta correcta´.

[xxii] Mi lectura, y no solo en este caso, parte de tomarme más en serio –sin recaer en la credulidad- las manifestaciones religiosas alternativas (herméticas, esotéricas, etc.). En la fase previa a la redacción de este texto, le manifesté ese detalle a un interlocutor también interesado en la figura de Polo. Su respuesta irónica fue ´horror, horror´ en alusión al temor que inflige tal supuesto religioso a quienes creen escribir sobre temas serios. ´Horror, Horror´ son las últimas palabras que el Coronel Kurtz pronuncia en Apocalypse Now! El detalle –apenas una coincidencia- es que quien usó ese filme como fuente para su ironía, no sabía de la existencia de la serie –Conrad, Kaczynski, Munk, Piglia, Polo. Agradezco, en consecuencia, a Abalén N. por su apoyo no solo anímico para la redacción de este texto.

[xxiii] En la mirada de Piglia, la decisión de escritores e intelectuales de ´salirse del sistema´ como la de León Tólstoi (y la de Ludwig Wittgenstein) es análoga a la de los vernáculos Macedonio Fernández y su discípulo Jorge Luis Borges -anarquistas en sus concepciones artístico-políticas (también místicos, añado, por ser maestros gnósticos), defensores de una vida frugal, poco afectos (tal vez los idealice) a la seducción del dinero y aborrecedores de las jerarquías institucionales; en fin, herejes. Piglia se refiere a estos temas en sus ´clases´ con el formato de programas de televisión [TV Pública, Argentina] ofrecidas en Escenas de la novela argentina [2012] y en Borges por Piglia [2013]. De Macedonio se sabe que, entre fábula y realidad, a fines del siglo XIX participó del intento de vida en una colonia anarquista naturista en la frontera con Paraguay (algunos hablan de simple visita a una chacra). Con base más comprobable, vivió retirado un tiempo en una humilde casa en Morón (ver Álvaro Abós, Macedonio. La biografía imposible [2002]). Entiendo que, en lo que respecta a Borges, mis afirmaciones parecen fuera de lógica porque en el imaginario social el escritor es un ´viejo conservador cuasi fascista´. Esas miradas -que pueden tener su verosimilitud- desconsideran al Borges juvenil, con su, aunque breve, fascinación por el comunismo soviético -Borges está en Europa en 1917 cuando la Revolución de octubre y escribe Salmos rojos que luego quema-, y con su ascendencia anarquista tomada tanto de su padre y como de su maestro (y a esto se le puede agregar su proximidad con el yrigoyenismo). En síntesis, anarquismo, misticismo (gnosticismo), ascetismo, paranoia, conspiración, ciencia ficción, proto-cibercultura, son elementos que comparten Macedonio y Borges y, de alguna manera, son una posible matriz para el recorrido vital de Polosecki. En concreto, el relato de Borges “Utopía de un hombre que está cansado” [1975] puede leerse desde el anarco-gnosticismo. En ese cuento tardío, Borges –que ya lo había intentado en 1935 y que lo ficcionaliza en “25 de agosto, 1983” [La memoria de Shakespeare]- hace del suicidio una opción del hombre libre de poner fin a su vida cuando lo considere necesario [Ver “Los amores de Tabú y Jerarquía…”. Por otro lado, en un escrito de mayor aliento, pienso la ciencia ficción latinoamericana desde el hermetismo-gnosticismo y toco algunos de esos puntos [Ver Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]]. La lista de escritores puede engrosarse. Anarquismo, esoterismo, ciencia ficción están en la literatura de Roberto Arlt (cuyas cenizas forman parte de la naturaleza del Tigre).

[xxiv] Existen varios ´Kaczynski´. Las versiones difieren según el cristal ideológico del presentador. Al enaltecido –y preferible- Thomas Munk, alias The Recycler, de Piglia, se le opone el poco menos que ridiculizado por Pablo Capanna en “Armas de destrucción masiva” (Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos, 2009).

[xxv] Se puede acceder al Manifiesto en castellano y descargarlo.

[xxvi] Reflexiona Claudio, hermano de Polo: “Fue un proceso en el que creo que tuvo mucho que ver su adicción a la marihuana, todo el día, porque eso le fue agudizando la angustia de la realidad…” (Polo, el buscador, p. 178). Más arriba cité a Laszlo quien afirmaba que a Polo “…la realidad le pegaba mucho y mal…”. Entiendo que entre ambas –marihuana y realidad- por absurda, violenta e injusta esta es una droga más nociva que la primera.

[xxvii] En el final de la novela, Emilio Renzi –famoso personaje de Piglia- llega hasta la cárcel donde está detenido Munk quien, para sorpresa del profesor y escritor, lo recibe. Le interesaba al detenido poder charlar con alguien que conociera sobre los revolucionarios argentinos (El camino de Ida, p. 275). Como Piglia sabe, en la biblioteca del ´Kaczynski real´ había un ejemplar de Argentina, sociedad de masas de Torcuato Di Tella. Aunque sea en una ficción, el hecho es que Kaczynski (bajo la máscara de Munk) contacta a un eventual militante argentino. La novela de Piglia, vale aclarar, está también pensada como ´el camino hacia Kurtz´ (a través de la historia de Ida) y su mundo ficcional está situado a mediados de los años noventa cuando efectivamente detienen a Theodore. Es más –y es spoiler– en la trama que elabora Piglia, Munk [Kaczynski] es detenido porque envía el Manifiesto a los diarios para despistar ya que la muerte de Ida delata la posibilidad de que el activista tuviera un grupo de apoyo. Renzi recibe de parte de Ida el libro de Conrad que le permite descifrar la cuestión y así queda adentro de la historia al punto de que Munk acepta verlo. Llevado al extremo, Renzi sería el ´contacto en Argentina´.

[xxviii] Ejemplo de anarquismo individualista útil para pensar a Polo es el del proto-anarquista Max Stirner [1806-1856] quien defiende el solipsismo moral: la única base de la realidad es el individuo; todo individuo es soberano de sí mismo. Para teóricos como Kropotkin o Bakunin, un individuo aislado es un pseudo-individuo. (Ver Ángel Capelletti, La ideología anarquista). Siempre es necesario aclarar que en el caso de Polo, al menos en El otro lado, su tarea estuvo enmarcada en un grupo con una alta afinidad entre los integrantes. Esta construcción colectiva también es propia del anarquismo (aunque, claro, no exclusiva). Sobre este asunto ver el “Apéndice ‘El Zorro’” al final del escrito.

[xxix] No habría que desconsiderar que en el giro que da Polo contra la vida burguesa haya influido su paternidad: “El ser humano es una especie animal, como las otras. Los hijos te hacen más humano y te conectan con lo que es el ciclo vital. Para mí, tener una hija fue volver a nacer.” (Abdala, 2001). Por su parte, Ted en el Manifiesto argumentaba: “Los revolucionarios deben tener tantos niños como puedan. Hay una fuerte evidencia de que las actitudes sociales son en una extensión significativa heredadas.”

[xxx] El documental The Net: The Unabomber, LSD and the Internet [2003] del director alemán Lutz Dammbecks cuenta la historia de Kaczynski desde ´sus enemigos´. La narración se construye a partir del intercambio epistolar que el director mantiene con Ted mientras entrevista a los tecnócratas –sean universitarios, empresarios, militares, todos se consideran ´dioses´ (por mi parte, los podría denominar ´arcontes´)- contra los que luchó el así denominado Unabomber. The Net muestra la connivencia entre el desarrollo de la ciber-tecnología, la experimentación con drogas y el perfeccionamiento de la manipulación de sujetos durante las décadas del sesenta y del setenta. El film, además, pone bajo sospecha dos cuestiones: la autenticidad del Manifiesto (conocemos la versión pública del mismo); la veracidad de que Kaczynski haya sido el autor de los envíos de las ´carta-bomba´.

[xxxi] Dice Polo luego de su experiencia en televisión: “Yo no siento haber llegado a ningún lugar en particular, ni creo saber algo importante, ni estar detenido. Se trata de hacer tus cosas como salen.” (Abdala – Bembibre, 1995). No habría que desconsiderar que la experiencia de trabajar en los medios haya contribuido al caótico final de su vida. Rubén Viñoles, por ejemplo, ubica entre los lugares comunes la idea de que “…la tele es peor de lo que dicen…” (Polo, el buscador, p. 186). Que sea un lugar común, no disuelve su fuerza explicativa.

[xxxii] Del documental The Net, se puede inferir que en su lucha, Kaczynski era consciente que iba justamente contra un poder –el de los ciber-profetas- que también había detectado la ausencia de una religión en la sociedad industrial (o post-industrial, o posmoderna, en fin, neoliberal). El andamiaje sobre el que está construido el ´sistema´ actual es el ciberespacio como entramado inextricable para controlar e inducir al consumo. Por supuesto, el sistema se encargó de diluir cualquier posibilidad de discutir esto. Volvió tan habitual en su maquinaria audiovisual la idea de la conspiración, del complot, que cualquiera que intente exponer que la tecnología está hecha para dominar a la mayor cantidad posible de personas es tratado de paranoico, de loco, etc.

[xxxiii] “El mundo es lo que cada uno de nosotros ve del mundo. Si en este momento te invito a caminar, vos vas a ver algunas cosas, por la calle, y yo, seguramente, veré otras. La tele es así también: lo que muestres y la manera en que lo muestres refleja tu perspectiva del mundo, y ésa es siempre una cuestión ideológica.” (Abdala, 2001)

[xxxiv] “…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” (Piglia, El camino de Ida, p. 248).

[xxxv] Por eso, tuvo una sensibilidad alta a los temas esotéricos. Entendía que existía algún tipo de explicación más certera debajo de esa materia habitualmente vista como hojarasca que es el esoterismo. Su sincera actitud crítica le permitió ser receptivo a los diferentes discursos; en su lógica, él los recorría. En el primer capítulo ´La República de los niños´ del segundo año de El otro lado [1994], Polo entrevista, entre otros, a los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo. Por su parte, Diego Lublinsky retoma esa historia en ´Compañeros de la infancia´, primer programa del ciclo 15 años luz.