¿La bolsa o la vida? Desescolarizar [Guerra en las escuelas. Junio]

“Hoy en día a las autoridades les importa mucho que pensemos que estamos muy bien porque es muy difícil gobernar gente que reclama. Hay una opinión pública que cree mucho en lo que venden la televisión y las noticias, en lo que subrayan las opiniones de la gente experta. […] Y creen que son unos enfermos mentales los que [hablan] de una crisis de la civilización. Pero yo soy uno de esos enfermos mentales que cree que hay una crisis profunda del sistema que hemos construido.”

Claudio Naranjo, Conocimiento transformador {conferencia} 24-04-2013.

  O porque no quieren arruinar el chiste, o porque de eso mejor ni hablar, ni meter las manos en el barro, qué importa, los pocos que dedicaron su tiempo a reseñar El asaltante [2007] de Pablo Fendrik, evitaron referirse a los últimos y aterradores siete minutos.[1] Ramos, el protagonista, en el transcurso de una mañana y en tiempo (casi) real cumple, a pie juntillas, el plan de robar a mano armada la recaudación de dos colegios privados, uno característicamente religioso, el otro internacionalmente alemán.[2] El asaltante es un ejercicio surgido, según Fendrik, de una crónica policial, y anclado en el raid delictivo de un tipo de unos cincuenta y pico de años, meticuloso, observador, pulcro y hastiado, perteneciente a una clase media con mayores aspiraciones pero que ahí la quedó, es decir, un tipo que fantasea con una, esa, la aventura que lo saque de la rutina. Fendrik dice haberse distanciado de la intención, del mensaje, de la moral. Quiere contar una historia, la esboza, conecta con este o con aquel personaje, reconstruye los escenarios principales, introduce algunos obstáculos –la recaudación no está donde debería estar, un apellido falso coloca al asaltante en un entrevero familiar e institucional, una mesera le arroja té caliente y sin querer se le suma al plan- y deja todo, luego, en manos del cámara, de los actores y de los persecutorios primeros planos. Ramos es un solitario, dice Fendrik, es un rebelde que ha elucubrado, con precisión y sin cómplices, de qué manera ir contra la norma y no ser descubierto. Ramos, cínico y tal vez desesperado –porque vio, intuyó, advirtió las grietas- quiere actuar contra el sistema. Por eso roba, menos por ambición que por destreza.[3] De modo semejante, más por destreza que por ambición, filma el pulcro Fendrik. Y es bastante probable que, al igual que Ramos, el director mienta. El asaltante es una pequeña máquina infernal acerca del sin sentido. Una vez que Ramos, con la aguja marcando el minuto sesenta, atraviesa la puerta de su trabajo, la fantasmagoría previa cede terreno y la realidad pura y dura se impone en medio de la ficción hasta destrozarle la cara y sentarse triunfante detrás de un escritorio enclavado en el despacho de un director, no de cine, sino de escuela. Eso es Ramos. Eso es el frío asaltante. Ese es el chiste que los reseñistas optan por empañar, y del que Fendrik no cesa de desmarcarse. Gritos y aullidos enfundados en guardapolvitos blancos que contrastan con la amañada violencia en sordina de los patios vacíos de los dos colegios privados. La cara constreñida y lo cotidiano. La vicedirectora celebra que Ramos haya llegado, tiene turno con el dentista y no soporta más a la enésima madre paranoica que deposita su inseguridad en una institución comandada, literalmente, por un delincuente. Ramos, ni por un segundo, caretea su abulia ante esa pobre e insistente mujer: la diarrea se le generó al hijo en la escuela y que se le entregue, entonces, el certificado de limpieza del tanque. Corte. Entre lavandina, cagadas, gritos, madres, y con su mano quemada, Ramos se dirige, invisible y en apariencia inservible, a la cocina a prepararse un tecito que con tanto empeño deseó esa mañana. El tecito, la charla en el patio, las maestras a su lado atentas a la nada, el director charloteando, las cabezas asintiendo frente a la piel irritada, mientras chicos, chicas, pibes, pibas fuera de campo, fuera de foco, fuera de todo, chillan y los créditos entran a escena. Fendrik no querrá. Poco me interesa. El asaltante es una prístina síntesis del sistema educativo oficial (argentino y también occidental): los colegios privados son financieras o, en el mejor de los casos, bancos que contra depósito de unos cuantos mangos vigilan a los párvulos; los colegios públicos son tierra de nadie, o mejor, espacios controlados por mayores o menores punteros políticos de matones ministeriales. Todo director de colegio es un asaltante –(incluso si se viste de justiciero anónimo para financiar su propia institución como podría ser el caso de Ramos). O, para ser más justo, en su gran mayoría un directivo es un delincuente. A los directivos les cabe la ley –mi arbitraria ley- del veinticinco por ciento que reparte así los guarismos: un cuarto de las instituciones funciona, un cuarto de los docentes trabaja o puede hacerlo, un cuarto de los estudiantes aprende, un cuarto de los directivos dirige; el resto ni dirige, ni estudia, ni trabaja, ni funciona. El directivo del setenta y cinco por ciento conoce y ve hacia arriba, hacia abajo, hacia sus lados que nada, o poco menos que nada, anda y a todo le pone el gancho. A cambio de su salario, que no es escaso, un directivo de escuela es aquel que a sabiendas de que en el interior apenas si se mantienen las crías encerradas, avala ese estado de cosas, pone cara de qué vida maravillosa, aboga por la educación plasmada en un rosario de acciones bizarras que contarlas sería abonar la perversidad escribana, y dale que va, total se subió a la balsa, flota que flotará, y mientras nadie en sus aulas muera, todo marchará. Por esa y por otras razones –entre ellas, la de una corrupción velada- los directivos de colegios públicos (los únicos que conozco, el universo se apiade de tener que conocer a los de los privados) son delincuentes, en este sentido y en otro que ahora añado. Hace un par de años decía Claudio Naranjo, en su conferencia Conocimiento transformador, que la educación era un crimen perfecto, ya que había un muerto pero ningún acusado: “…la sociedad a través de una educación autoritaria continúa domesticando a su generación venidera. Yo digo que la educación es un crimen perfecto porque nadie lo reconoce como tal. Es el socio de lo que Eisenhower llamaba el ´complejo militar-industrial´. No podría sostenerse el ´complejo militar-industrial´ si no se educa a las personas para funcionar sin chistar dentro de este sistema donde la cuestión no es el crecimiento personal sino servir a la producción o a los que manejan la producción. Es una educación para ser carne de cañón o carne de tanque…”. Las instancias de este crimen anónimo, de este delito institucional que es la educación oficial pueden ser separadas y distinguidas en un entramado basado en idénticos principios a los del complejo que sostienen: la obediencia de la industria y la verticalidad del ejército. Si bien los portadores -los que permiten la pervivencia del sistema educativo- son y somos todos y cada uno de los actores, un extremo del punto ciego legal que garantiza el funcionamiento del sistema, es el equipo directivo. Los docentes podrán hacer huelga, por ejemplo, pero no el directivo quien debe mantener el edificio abierto. Cobra para obedecer. Rige el sistema educativo una lamentable y atroz ´obediencia debida´.[4] Y se trata de una obediencia histórica. El directivo le ha puesto, en estos últimos veinte años, la firma y el consentimiento a cuanta reforma se le presentó. Su palabra, por lo tanto, es una palabra rectora devaluada. El directivo odia al docente pero como técnicamente no puede vigilarlo ni hostigarlo de forma gratuita –aunque sea una entelequia, existe la libertad de cátedra garantizada por ley- se vale de la delación propiciada entre los estudiantes a cambio de que estos puedan hacer poco menos que lo que deseen con sus materias, exámenes, calificaciones, ausentes, etcétera. (Esta imposición e invasión de incumbencias por parte de los directivos, recae sobre el preceptor tan odiado y más explotado que el profesor, aunque ninguno osa rebelarse y, de hecho, se suman al contrabando de información.) El secreto de poder dar clases o de manejar una escuela es la manipulación de los alumnos quienes detectaron, hace rato, que hagan lo que hagan no serán castigados. (Nadie nunca discute de pedagogía. A nadie le importa realmente. Está y existe el placebo de los proyectos áulicos que, la verdad, más temprano que tarde terminan en la nada.) El profesor, por lo general, plantea clases demagógicas sin demasiado contenido. El alumnado atiende impaciente media hora como máximo y, a partir de allí, charla infinita entre sí. Como se sabe, las aulas argentinas están entre las más ruidosas del orbe conocido. En mis vagabundeos por distintas geografías, he detectado una constante apelación al fordismo escolar por parte de los estudiantes.[5] El planteo es básico: i) indicación de un tema genérico, ii) eventual entrega de un texto central, iii) propuesta relacionada del anhelado ´trabajo práctico´. Este artefacto les permite estirar el tiempo de clases hasta que uno de ellos lo resuelva, lo pase para la copia y recién entonces acontece la entrega efectiva que es lo único que interesa para reclamar la aprobación -no la adecuación ni la inadecuación a la consigna. De lo contrario, el complot, el boicot. Diálogo o comunicación, ni pensar. Y el corolario funesto. Es por demás complejo conocer el desempeño individual de los estudiantes, excepto si por desempeño se entiende el cumplimiento rutinario, casi burocrático, de llenar hojas de carpeta con contenido cuyo sentido y propósito se ignoran. En la relación directivos – estudiantes la manipulación es perversa. Existe, por cierto y como dije, un interés mutuo en que el estado de cosas sea así. Sin embargo, como es de suponer, la acción manipuladora nace del lado adulto. Un caso testigo. Desactivados durante décadas, en este último período se ha intentado reactivar los centros de estudiantes en colegios con poca o escasa tradición política. En su mayoría, los estudiantes involucrados superan los quince años y son, por lo tanto, ciudadanos habilitados para votar en las elecciones presidenciales, legislativas, etcétera. Sin pudor alguno, y contra el estatuto modelo otorgado por ley que impide el voto docente en ese claustro, los directivos infiltran los grupos políticos de estudiantes con profesores espías y adictos, un engranaje más en el entramado de control y de delación. Las voces de adultos que se levantan contra esos abusos son escasas y, así, los estudiantes infantilizados encuentran esa participación docente absolutamente natural. Los adultos, empezando por los padres, fiscalizan todo, por qué no la actividad política –argumentan. Semanas atrás, a comienzos de junio, en una institución en la que me propuse dialogar sobre la organización de los centros de estudiantes con mis alumnos y de forma explícita, me encontré con que, en el transcurrir de los días, a los referentes estudiantiles candidatos a las inminentes elecciones, las autoridades escolares les habían entregado para que cuidaran y para que fomentaran la responsabilidad… un huevo, envuelto en una media y con los ojitos pintados con fibra. –Mire, profe- me decía una alumna sonriente a sabiendas de lo que yo pensaba- mire cómo lo cuido y cómo cultivo mi responsabilidad. Por supuesto que traigo a colación casos aislados y extremos correspondientes a las tres cuartas partes nefastas del sistema, por supuesto que deben existir prácticas lícitas de formación política dentro de las escuelas, pero en lo que respecta a mí, con bastante mala suerte, en las experiencias a las que accedí, como la de la infantilización del ´cuidado del huevo´, no puedo menos que intuir allí la serpiente de la manipulación incubándose. No se trata de un camino unidireccional. Si se observa con cierto detenimiento, se advertirá que, sin que de primera mano intervengan adultos, en los incipientes centros de estudiantes, muchas veces los alumnos adoptan prácticas de la política tradicional que ni los directivos ni los docentes pueden ni quieren desactivar. Por caso, en la escuela de referencia conocí las dos plataformas de las listas que pugnaban por acceder al control del centro estudiantil: una proclamaba el mejor funcionamiento de un ascensor en una escuela de tres pisos; la otra alegaba una mejor conexión a internet en el edificio. Ni las condiciones edilicias ni estructurales reales, ni las condiciones áulicas y pedagógicas formaban parte de esa temprana agenda punteril. Las autoridades estaban y están poco interesadas en alertarlos. Directivos, estudiantes, docentes, tres instancias de esa organización esquizofrénica. Sobre estos últimos habría más para decir –por ejemplo, la desesperación absoluta por el salario cueste lo que cueste y bajo cualquier circunstancia- aunque con la degradación social de ser los fusibles de incontrolables energías juveniles, a las que nadie se banca y que por tal razón las encierran desatando una constelación de sujetos traumados por la imposibilidad de moverse y de actuar libremente, poco espacio hay para caerles a los hipócritas maestros en el arte de doparse. En la vereda opuesta, los verdaderos perdedores de esta historia: los estudiantes que tienen el derecho de recibir una educación con forma, contenido, calor y olor humanos, y a nada de eso acceden. Extrema paradoja socio-política. Quienes consideramos por demás falibles a las instituciones que el sospechoso género humano supo conseguir en los últimos tres siglos, intentamos, de todas formas, entenderlas, acompañarlas, recomponerlas. Quienes, por otro lado, dicen defender la institucionalidad, gritan y aúllan sobre lo pésimo que sería que la educación planificada desde una oficina no existiera y, a la hora de actuar, actúan discrecionalmente, haciendo y deshaciendo según las pata con la que pisaron esa mañana al salir de la cama y siempre sosteniendo la fe, la inmaterial fe en que todo va bien y que algunas cosas escasas, pequeñas, habría sí que cambiar. Son estos defensores de lo que hay o incapaces o ciegos o cómplices –o irrepetibles réplicas del asaltante. Zona liberada, territorio comanche, espacio de no-ley, son en sus tres cuartas partes las escuelas estatales (repito, de las privadas ni me ocupo porque para mí deberían desaparecer). Protege –permítaseme la ironía- al sistema escolar una dispersión legal a esta altura inconmensurable. Capa tras capa geológica se han ido acumulando modificaciones, reformas, decretos, leyes, reglamentaciones, resoluciones, nacionales, provinciales, distritales, bla bla bla. (Y avanza, como no podía ser de otra forma, una reforma más.[6]) Caos, desinformación, contradicción, arbitrariedad, todo concentrado en la mano ejecutora de uno de los verdugos más despreciables del sistema a los que en algún otro escrito denominé ´ratas ministeriales´: los inspectores. Son, junto a los directivos, el otro componente del punto ciego del sistema. Frente al delirio químicamente inducido de los tecnócratas y de los burócratas de los ministerios –los autores intelectuales- que tan solo quieren guarismos, aparece el autor material del homicidio que es el inspector en connivencia con los equipos directivos y en estrecho contacto con los grupos de traidores parasitarios de este enredo, los gremios. [7] Qué decir a esta altura que no haya dicho a comienzos de los setenta Raymundo sobre la burocracia sindical; qué explicar del colapso general de un sistema educativo que ni siquiera llega a pagar en tiempo y forma los salarios a sus trabajadores; qué decir de la pasividad gremial, del robo gremial, del aparataje infiltrado en las escuelas que siguen cayéndose a pedazos mientras los jerarcas hablan de luchar, de bregar, de negociar. Cada una de las instancias de las tres cuartas partes del sistema educativo está podrida, está corrompida. Es ineficaz, inutilizable, falaz en términos humanos. Había que incluir, incluir, incluir –justo y necesario-, pero ante el apuro, el desvío de fondos y de intereses, y ante la ausencia de un proyecto serio, se tenía que incluir y se recluyó. Y lo peor. La reclusión compulsiva sucedió en un sistema remendado, abigarrado, multicolor, y ahora, y ahora…[8] Y ahora les diría, para campear el temporal, desescolaricen a sus hijos antes que el mal sea irremediable. (En verdad, el Estado ya desescolarizó de la peor manera. Las escuelas son espacios de control, de depósito, de erogación de excedente de energía, de encierro en tensión, de domesticador de ideas, pero no de educación. Por eso, si lo necesita envíe a su hijo a comer y, por piedad, espere a la sobremesa, vaya y retírelo.) Desescolaricen y discutimos luego cómo educar. Como otros lo están haciendo, desescolaricen ya. Saquen a sus hijos de las manos de esos asaltantes. A desescolarizar.[9]

[Aledaños del Tandil – 28 de junio de 2015]

Notas [1] Con seguridad existen otros textos que sí tratan el tema. En una búsqueda rápida por la red, encontré dos reseñas de El asaltante. LINK 1 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-13470-2009-04-09.html LINK 2 http://www.cinemaldito.com/el-asaltante-pablo-fendrik/; [2] Película disponible en Youtube en el siguiente link https://www.youtube.com/watch?v=mYqgx2Q4hBI [3] Ver entrevista a Fendrik en https://www.youtube.com/watch?v=vmkWA1V-7IA [4] Ver el cuarto texto de esta serie sobre educación pública “La banda de los Paragua” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ [5] Como en mis anteriores textos sobre educación secundaria, en un tema de tanta complejidad ofrezco, a modo de presentación, mínima información personal: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/recorrido-y-experiencia-en-contextos-educativos/ [6] El denominado y discutido y resistido Código educativo. Ver http://www.codigoeducativo.org/ [7] Ver el segundo texto de esta serie sobre educación pública “¡A las trincheras! Escuelas públicas en guerra” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/21/a-las-trincheras-escuelas-publicas-en-guerra/ [8] Sostengo esta misma idea de que los sujetos abandonen un sistema colapsado e ineficaz e inhumano en el primer texto de la serie sobre educación pública argentina. Ver “El fin de la educación [Sobre ´En las escuelas´ de G. Santos]” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/11/el-fin-de-la-educacion/, [9] Este quinto texto de la serie educativa marca el derrotero de una lenta e irremediable salida del sistema educativo oficial. Un texto ejemplo de esa expulsión pueden observarlo en “Andate. Guerra en las escuelas. Informe abril” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/04/25/andate-guerra-en-las-escuelas/

Anúncios

Kaczynski, contra la militancia [completo]

“…lo único que había sobrevivido de la lucha literaria contra los efectos del capitalismo industrial eran los relatos para chicos de Tolkien.”

Ricardo Piglia, El camino de Ida [2013]

I.-

Los cinco párrafos iniciales de La sociedad industrial y su futuro (Industrial Society and Its Future, 1995) diagnostican [1]: la Revolución Industrial y sus consecuencias han resultado un desastre (´disaster´) para la humanidad [#1]; la expectativa de vida se extendió pero aumentaron las agresiones físicas y psicológicas sobre el ser humano, y creció el daño contra el mundo natural [#1]; la salida es una revolución que ataque los fundamentos económicos y tecnológicos de la sociedad industrial [#4]; una reforma no impediría que el sistema prive a las personas de libertad y de autonomía tal como lo hace hoy [#2]; el problema es poco menos que inabarcable, en consecuencia, el análisis se focalizará en aspectos que no hayan recibido suficiente atención [#5].

Un aspecto poco analizado y, según el autor, el que mejor pone en evidencia la locura (´craziness´) de la complejísima y molesta (´troubled´) sociedad moderna es la psicología del izquierdismo (´leftism´) [#6].

Es difícil definir ´izquierdismo´. Kaczynski se refiere a un movimiento fragmentario que en el pasado se identificó con el socialismo y que a fines del siglo XX incluye a políticamente correctos, a colectivistas, a feministas, a activistas por los derechos de gays (y de identidades sexuales diversas), a activistas en defensa de personas con capacidades diferentes (´disabilities´), a activistas por los derechos de los animales, y a un extenso etcétera. Ante la dificultad, delinea un tipo psicológico para, en las postrimerías del artículo (´article´), aproximarse a una definición de ´izquierdismo´ [#7].[2]

Con la esperanza de convertirla en más accesible, reseño la psicología del izquierdismo según Kaczynski. Entiendo, por mi parte, que lo dicho de forma general en el artículo alcanza a lo que en Argentina se conoce como ´militancia´. Por paradójico que resulte, bastante tiene que ver la ´militancia progresista´ con la pervivencia del sistema tecno-industrial. En el cuarto apartado, ofrezco un ejemplo puntual de militancia mistificadora.

Kaczynski deja de lado el izquierdismo del siglo XIX y de comienzos del XX para concentrarse en el izquierdismo moderno [#8] cuyas principales tendencias psicológicas son ´el sentimiento de inferioridad´ y la ´sobresocialización´ [#9].

Los sentimientos de inferioridad –baja autoestima, depresión, derrotismo, culpa, autoaborrecimiento, sentimientos de impotencia, etc.- son decisivos en la dirección del izquierdismo moderno [#10]. Explican su anti-individualismo y su pro-colectivismo. El izquierdista no confía en sus propias habilidades ni para resolver sus problemas ni para satisfacer sus necesidades [#16]; confía, en cambio, en que la sociedad lo protegerá y le dará lo que necesite a él y a quienes dice defender. El izquierdista solo se siente fuerte como miembro de una gran organización o de un movimiento de masas [#19].

Por lo general, los activistas de izquierda –militantes- provienen de estratos sociales privilegiados. En su observancia de la corrección política, lindan con la paranoia a la hora de aceptar o de rechazar los términos usados para denominar grupos oprimidos (minorías) con los que se identifican pero a los que no pertenecen. [#11; #12].

El izquierdista –el militante- es un falso rebelde (solo aparenta ir contra los parámetros sociales) [#24]. La psicología del izquierdista se basa en adoptar principios propios de la corrección política –no violencia, no discriminación, igualdad (de etnias, de género), etc.-, en cumplirlos a rajatabla –con el costo que esa auto-imposición supone- y en denunciar que otros no los cumplen. De esa forma, los izquierdistas sostienen un discurso en pro de la moral establecida semejante al que pregonan, en general, los medios de comunicación y el sistema educativo [#28]. En muchas de sus ´luchas´ los izquierdistas abogan por la inclusión de grupos oprimidos –por ejemplo, la gente negra- a la sociedad y así, antes que por la autodeterminación, luchan por la consonancia de la vida de ese grupo oprimido con los valores del sistema tecnológico-industrial, uno de los orígenes de la opresión [#29].

Este cuadro es una generalización y precisaría de matices. Sin embargo, en aras de detectar la tendencia de la sociedad moderna, el izquierdismo es uno de los canales más fuertes en el incesante proceso de socialización que el sistema actual impone [#30, #31, #32].

Como dije, la mistificación del izquierdismo –de la militancia- consiste en tomar un problema que le pertenece a un grupo oprimido (estrato social o minoría) del que no forma parte para canalizar en esa acción, presuntamente a favor de otro, su frustración por la necesidad de poder no cumplida [#21]. En su aparente lucha por el ´otro´, encuentra un objeto de deseo para satisfacer su ambición personal.

Los problemas sociales y psicológicos de la sociedad moderna se originan en la imposición de una forma de vida totalmente diferente en relación a las condiciones bajo las cuales el humano se desarrolló. Entre otras no menos fundamentales [#47-#57], la imposibilidad de experimentar el proceso de poder es la más importante de las condiciones anormales de la sociedad moderna [#46]. Todas las sociedades han intervenido en el proceso de poder, pero en el sistema tecnológico-industrial esa interferencia es extrema y aguda y de allí los problemas psicológicos, la locura actual del mundo [#58].

En el mundo contemporáneo, el ser humano no puede ser autónomo en su ´proceso de poder´ y alcanzar por sí solo el bienestar físico y biológico (comida, vestimenta, vivienda, seguridad). La adquisición de estos atributos depende, como nunca antes en la historia de la humanidad, de la maquinaria social a la que pertenece. Ahora bien, como el proceso de poder –basado en la finalidad, el esfuerzo y el logro- es inherente al ser humano, los individuos se preocupan e interesan por llevarlo a cabo de alguna manera y al no tener la posibilidad de alcanzarlo en lo que respecta a sus necesidades reales y concretas (la subsistencia) dirigen sus esfuerzos a actividades artificiales denominadas sustitutorias (´surrogate activities´) -el deporte, el arte, la investigación científica, diversos hobbies-, actividades que sí son autónomas para el ser humano -a diferencia del esfuerzo para satisfacer necesidades primarias [#33-#45]. El sistema tecnológico-industrial le otorga ´autonomía´ al individuo si su acción responde a la satisfacción de una necesidad artificial; en el caso contrario, el de las necesidades reales, lo somete a su control.

El izquierdismo moderno –el progresismo- es, en parte, síntoma de la privación con respecto al proceso de poder [#58]. La militancia es una actividad sustitutoria mediante la cual el individuo se siente realizado al identificarse con una organización poderosa o con un movimiento de masas. La finalidad que alcance el movimiento será considerada como propia aunque su esfuerzo individual no haya sido relevante. [#83].

Hasta aquí los lineamientos generales. Hacia el final de su artículo, Kaczynski retorna al izquierdismo bajo la forma de una alerta destinada a quienes consideren inevitable la revolución contra el sistema tecnológico-industrial. El izquierdismo aparece analizado en los últimos veinte párrafos [#213 – #232] bajo el subtítulo: “The Danger of Leftism”.

Una traducción de esa alerta sería: el movimiento revolucionario contra el actual sistema puede atraer a izquierdistas ávidos de formar parte de una organización rebelde. Por eso, debe impedirse su entrada porque: a) la ideología de la revolución es (alguna versión del) anarquismo: el proceso de poder se cumple mediante bases individuales o pequeños grupos que buscan controlar las circunstancias de sus vidas (y, por eso, rechazan la tecnología que hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones); b) el izquierdismo es colectivista: busca organizar la sociedad de forma completa, manejar la naturaleza (no defender su lado salvaje) y controlar la vida humana, y para eso necesita de la tecnología a la que no renunciará porque le resulta útil en la consecución del colectivismo [#213-#214]. El izquierdismo solo busca instalar otra versión del sistema actual.

“Algunos izquierdistas parecen oponerse a la tecnología, pero se oponen sólo mientras son marginales (´outsiders´) y el sistema tecnológico está controlado por no izquierdistas. Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan con entusiasmo para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

Un problema que presenta el izquierdismo es que, al ser la militancia una ´actividad sustitutoria´ que le permite al individuo realizarse en su frustrado proceso de poder, el eventual militante nunca se encuentra satisfecho con su acción redentora y, por ende, siempre busca una nueva problemática en la que encauzar su energía para calmar su ambición [#219]. El militante –la afirmación corre por mi cuenta- parasita los problemas del sistema tecnológico-industrial porque a través de ellos siente que ejerce algún poder. Como diría Kaczynski, si el izquierdista viviera en una sociedad sin problemas, los crearía para poder actuar y expandirse en su ambición.

Su acción es evangelizadora. Como su moral –su corrección política- le impide competir en la sociedad como lo hacen los demás, el izquierdista cede al impulso de poder por medio de una salida moral aceptable según sus propios términos. Ingresa a un movimiento de masas o a alguna organización social con el fin de ´realizarse´ y de imponer sus ideas y sus concepciones al resto de la sociedad. En el cruce entre moralidad y colectivismo, Kaczysnki señala el rasgo totalitario del izquierdismo (totalitarismo cuasi-religioso: quien no admite ese valor moral, está en Pecado) [# 219 – # 221].

El izquierdismo –sintetizo- responde a un tipo psicológico que, en el marco de un gran movimiento, se interesa por un problema que no le corresponde (actividad sustitutoria) a cambio de satisfacer su necesidad de tener algún objetivo que alcanzar –rasgo inherente al ´proceso de poder´. Es injusto, dice Kaczynski, que esto redunde en una generalización porque existen izquierdistas que no caen en ese rango de acción: “Los que ascienden a una posición de poder en los movimientos izquierdistas tienden a ser los más ávidos, porque las personas deseosas de poder luchan más duramente para alcanzarlas. Cuando los ávidos de poder han tomado el control del movimiento, izquierdistas más moderados desaprueban interiormente muchas de las acciones de los jefes, pero no pueden oponerse a ellas. NECESITAN su fe en el movimiento y, por no poder renunciar a ella, prosiguen. Es verdad, ALGUNOS izquierdistas tienen el valor de oponerse a las tendencias totalitarias que surgen, pero pierden porque los ávidos de poder están mejor organizados, son más despiadados y maquiavélicos y han construido una base de poder sólida.” [#224]. Más allá de esta necesaria diferenciación, el cuadro inicial abarca una intensa mayoría. El izquierdismo es el mejor ejemplo de cómo el sistema tecnológico-industrial privilegia que las personas persigan finalidades artificiales y no reales –impedimento que, por ir contra la historia de la especie, provoca depresión, odio a sí mismo, hostilidad, etc. Esta lógica se retroalimenta al intensificarse la práctica de actividades sustitutorias que calmen dichos sentimientos de inferioridad. El sistema les otorga ´autonomía´ a los individuos en aquellas acciones que no ponen en peligro su sustentabilidad. (Por ejemplo: si a través de los órganos publicitarios -medios de comunicación, sistemas educativos- se reprueba ´la violencia´, eso sucede no para defender un valor moral sino para neutralizar un aspecto negativo que afecta la productividad del sistema.) La ´autonomía´ y la ´libertad´ existen en las actividades sustitutorias -arte, deporte, investigación, activismo, etc.- porque –y cuando- son inofensivas.[3] En lo que respecta al asunto primordial para los seres humanos –su subsistencia (comida, vestido, vivienda, seguridad)-, el sistema les confisca la libertad y la autonomía. Si uno considera a estos dos rasgos valores inalienables para la humanidad, el sistema tecnológico-industrial es pernicioso y debería ser destruido. En sí mismo, el tipo psicológico del izquierdista ejemplifica no solo el colapso del sistema –él como nadie persigue actividades sustitutorias al haber perdido el control sobre las actividades reales- sino que, además, es un impedimento principal para que el sistema industrial acabe. Focaliza en aspectos parciales y no ataca el origen del problema: el sistema en su totalidad. La ´solución´ del izquierdismo sería, en base al imaginario del colectivismo, otro sistema integrado y basado en una semejante tecnología omnipresente. La autonomía del humano continuaría perdida y se trataría solo de una fase distinta de dominación.

El planteo general de Kaczynski reviste, por supuesto, mayor complejidad. En temas sensibles e ineludibles como el de la ´autonomía´, tiene que reconocer que muchos humanos prefieren cederla en aspectos importantes, y obedecer a sus jefes, porque de esa manera y con poco esfuerzo obtienen los medios necesarios para subsistir –aun cuando en el transcurso de sus vidas esa sesión, que parece no tener riesgos, los conduzca al sin sentido, al sufrimiento, a la depresión, etc. La psicología izquierdista es la rémora más importante para evitar la dominación, aunque no la única.

Frente a tamaña complejidad, uno podría abrir la discusión acerca de la autoridad de Kaczynski para realizar su planteo ideológico-político. En dos oportunidades se refiere a la locura que merodea el mundo actual: “Cualquiera de los síntomas [mencionados] pueden ocurrir en cualquier sociedad, pero en la sociedad industrial moderna están presentes en una escala masiva. No somos los primeros en afirmar que hoy el mundo parece estar volviéndose loco.” [#45] [4] Una de las señales más firmes de la locura en el mundo es el izquierdismo [#6]. Esta aseveración conduce a la paradoja. Si en términos de Kaczynski      -“El concepto de salud mental [´mental health´] en nuestra sociedad está definido porque el comportamiento de una persona esté de acuerdo con las necesidades del sistema y que lo haga sin mostrar signos de tensión.” [#119]-, calificar al izquierdismo de locura, podría suponer adquirir el punto de vista del enemigo, el sistema al que Kaczynski rechaza.

Las ´cartas-bomba´ –que mataron a tres personas e hirieron a más de veinte- condujeron, en el juicio que se le siguió, a que los tecnócratas lo declararan insano [esquizofrenia paranoide]. Si el mundo parece estar volviéndose loco –alguien podría argumentar- Unabomber es parte de esa locura. Habría que decirlo así: el entramado del sistema tecnológico-industrial es tan complejo que nada existe por fuera de él. Ni siquiera aquel que se dice disidente logra valerse de categorías que eviten la ´contaminación´ a la hora de establecer el diagnóstico sobre la organización del enemigo sistémico.[5]

¿No mutó Kaczynski con el paso del tiempo, a su pesar y contra las evidencias, en un nuevo militante izquierdista –presentado y visto como depresivo, hostil, con sentimientos de inferioridad- que recayó, más allá de una vida dedicada a la subsistencia en Montana, en la actividad sustitutoria de ir contra el sistema? Su terrorismo de ´lobo solitario´, ¿no copia al militante izquierdista que con su acción valida al sistema que lo deja hacer y lo absorbe?

La ambigüedad, la paradoja y la contradicción no escapan a la situación política de Kaczynski quien parecería haber caído en idéntica trampa a la que decide destripar. De una u otra forma, cartas, bombas y artículo son propios de la militancia. Sus afirmaciones –“Algunos izquierdistas [se rebelaron] contra uno de los principios más importantes de la sociedad moderna atrayendo la violencia física […] la violencia es para ellos una forma de ´liberación´ […] cometiendo violencia atraviesan las restricciones psicológicas… experimentadas en su interior.” [#30]- bien podrían caracterizar su propia acción.

Resulta extraño que el ermitaño de Montana no se hubiera anticipado a una estrategia obvia del sistema. Así como en su caso los publicistas y tecnócratas se apresuraron en disolver el planteo revolucionario y, de hecho y obviamente, difamado como fue, la discusión en torno del actual sistema tecnológico-industrial no se hizo carne en la sociedad, de manera semejante, la militancia izquierdista, junto a sus errores, colecciona un rosario de tergiversaciones a través de infinitos recursos. Es bastante difícil si no imposible afirmar que se está analizando al izquierdismo y no a sus simulacros mediáticos.

Entre tantos aspectos que en su estrategia cuidó, Kaczynski pareció olvidarse de un filón. El enemigo todopoderoso contaba, y cuenta, con todopoderosos constructos de publicidad y de propaganda. Lo sabía, aunque daría la impresión de que en su propio mundo de batallas intelectuales, hubiera olvidado que una vez colocado su artículo en importantes medios de comunicación –por ejemplo, The New York Times-, lo que seguía no era la discusión punto por punto del manifiesto en una asamblea universal, sino la difamación y la banalización. Su lucha individual es presentada como la acción de un bizarro o de un loco, o –en el mejor de los casos- de algún terrorista suelto que quiere algún tipo de revolución, y eso, aunque no sea exacto, entra a los ojos del ´humano normal´ en la bolsa de gatos del izquierdismo.

Lo aberrante y perverso del sistema tecnológico-industrial es que está internalizado en cada uno de los individuos que lo componemos. Aún aquellos que nos consideramos disidentes y que pensamos de forma semejante a Kaczynski, leemos e interpretamos a partir de parámetros que segundo a segundo el sistema fue sembrando en nosotros desde el momento cero de nuestra existencia.

Así, al día de hoy, y por más solvencia que su argumentación presente (aspecto que no es menor), el artículo de Kaczynski es poco menos que una curiosidad de museo.

Dicho todo eso –en un tema de este talante, la prevención intelectual es ineludible- en términos generales, encuentro absolutamente convincente el planteo de Kaczynski: el sistema tecnológico-industrial colapsó, el izquierdismo –el tipo psicológico del militante progresista- es una de sus manifestaciones (y uno de los pilares, tal vez, involuntario).

En respuesta a las preguntas previas, y a diferencia de los militantes de izquierda, Kaczynski preservó su activismo: i) no formó parte de un movimiento de masas al que se sumó por interés personal y, en consecuencia, ii) nada de lo que hizo estuvo orientado a colmar su ambición. La militancia de ese descendiente de polacos no fue en sí misma una actividad sustitutoria. Estuvo basada en la renuncia y en el despojo.

Fue un monje. [6]

II.-

“El revolucionario es un hombre perdido. No tiene intereses personales, ni causas propias, ni sentimientos, ni hábitos, ni propiedades; no tiene ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único y exclusivo interés, por un solo pensamiento, por una sola pasión: la revolución.” Serguéi Necháiev, Catecismo del revolucionario.

Pieza de museo –“La sociedad industrial y su futuro”- o artefacto decorativo en la reserva natural hacia el interior del pensamiento domesticado que es -según Lévi-Strauss- el arte.

En la novela de Ricardo Piglia –El camino de Ida [2013]- Thomas Munk, sosías del monje Kaczynski, ronda la militancia izquierdista. En los sesenta, mientras trabaja en la Universidad de California [Berkeley], desde los márgenes se aproxima y observa los movimientos estudiantiles por la ´libertad de expresión´ (Free Speech), los reclamos a favor de los derechos de los negros (Black Panthers); descubre, también, la filosofía antitecnológica (y se anoticia de las actividades de los anarquistas en San Francisco). Su boscosa biblioteca –el retirado leía y escribía en castellano- incluía de Torcuato Di Tella (et alii), Argentina, sociedad de masas [1966]. Además, en la ficción pura y dura, Munk elige recibir en la cárcel, entre otros candidatos, al inefable Emilio Renzi para hablar con alguien de Buenos Aires; su primera pregunta hacia el visitante recae en la militancia vernácula (en concreto, “¿cierto que los revolucionarios argentinos llevaban una pastilla de cianuro?).[7]

El camino de Ida recorta la figura de un anarco-primitivista –(Theodore) Kaczynski / (Thomas) Munk- sobre el borroso y lejano fondo de un movimiento colectivista –el comunismo en su vertiente castrista-guevarista insuflado por el peronismo de la Resistencia que caracterizó a los grupos militantes argentinos de las décadas del sesenta y del setenta.[8]

Lobo solitario versus movimiento de masas -ambos con el galimatías del uso de la violencia y con el interrogante de evaluar la acción en términos de fracaso, de derrota, de batalla perdida. Kaczynski-Munk, encarcelado. Miles de militantes argentinos desaparecidos, asesinados, exiliados. En El camino de Ida, Piglia conduce a Munk a la silla eléctrica [02-08-2005]. En la realidad, Kaczynski continúa con vida. La resolución ficcional de Piglia parece un comentario a las tres muertes ocasionadas por las ´cartas-bomba´. En los recuerdos que le vuelven a Renzi de su periférica militancia, se sospecha una mirada sesgada sobre ese fallido episodio revolucionario que desemboca en el plan de exterminio perpetrado por la última dictadura militar.

Me excuso de reconstruir la posición de Piglia en su época de activismo. Me interesa, a modo de trueque, rescatar la de un compañero de militancia –escritor como él- en aquel caldo de cultivo de la lucha ideológico-político de izquierda.[9]

Rodolfo Walsh [1927-1977] podría representar, sin problemas, el ejemplo del ´militante izquierdista moderado´ contrapuesto, en la versión de Kaczynski, al ´izquierdista ávido de poder´ -y es, a su vez, ejemplo de la pertinencia de distinguir entre el izquierdismo moderno y la variante existente hasta mediados del XX. No es casual –por cierto- que Walsh haya comenzado a militar alrededor de 1940.

Es conocida –aunque no siempre resaltada- la discusión que, promediando la década del setenta, mantuvo Walsh con la cúpula de Montoneros. Al episodio lo pueden reconstruir de mil maneras (la Web aloja lo suficiente). Por mi parte me remito a Horacio González quien en 2004 y en Filosofía de la conspiración [p. 252] afirmaba: “[existe] un excepcional documento de Rodolfo Walsh en su postrera discusión con la organización Montoneros en el que desea mostrar ´una falta de historicidad´ en la orientación política de ese grupo, señalando justamente que no es así que han procedido quienes han sido protagonistas de eventos triunfantes en relación a la conquista del poder.”

González, en ese momento del libro, se refiere a Perón quien, según ese mismo sociólogo, entendió cómo llegar al poder al analizar las conspiraciones políticas que fracasaron a lo largo de la historia argentina. La mirada retrospectiva le posibilitó, o le habría posibilitado, delinear la estrategia para que triunfara la conspiración del G.O.U. en 1943. Tiempo después, Walsh sostenía lo imperioso de una perspectiva semejante.

Detrás de un recelo que se mantuvo hasta el final de su vida, estaba la admiración por la capacidad de construir poder. Walsh conocía al general desde una temprana militancia, junto con otros descendientes de irlandeses, en la Alianza Libertadora Nacionalista, milicia fundada en 1937 en la que confluyeron patrioteros y católicos, que adhirió al peronismo y cuyas filas muchos abandonaron, entre esos Walsh, al actuar Perón de forma distinta a la que había pregonado a poco menos de un año de ocupar el gobierno, elecciones mediante.[10]

La psicología izquierdista –en términos de Kaczynski- es algún tipo de FE contra la que es demasiado complejo ir. Está en él tan arraigada que, incluso, conmina al militante a aceptar acciones irracionales de sus jefes. El izquierdismo es una forma de religión, y para desplazarla en la lucha contra el sistema, se necesitaría instalar una nueva.

“Lo más cercano a una religión fuerte, extendida y dinámica que Occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras y unificadas. Hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse con una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología.” [#184] Kaczynski propone que la religión de la naturaleza sea experimentada por individuos –o por grupos- sin acciones redentoras originadas en el sentimiento de inferioridad que la ausencia de finalidades reales provoca. En ese derrotero, rescata (al menos una parte de) un izquierdismo pretérito: “La identificación con las víctimas que no son víctimas se puede ver en el izquierdismo del siglo XIX y en el cristianismo primitivo pero, hasta donde lo podemos explicar, los síntomas de baja autoestima, etc., no son tan evidentes en estos movimientos, y en ningún otro, como en el izquierdismo moderno.” [#232]

El cristianismo primitivo en su faz disidente -fuente del pensamiento hereje- es la inspiración ideológica primaria del anarquismo. En una de las versiones de ese posicionamiento político, existe un valor cáustico contra cualquier sistema basado en una ingeniería social aglutinante. Por su sesgo anti-institucional, por su negativa a disolver la libertad individual en un gran movimiento, por su defensa de la ligazón entre autoconocimiento y cuidado de la naturaleza, el cristianismo primitivo heterodoxo es un reservorio ante los totalitarismos sistémicos (v.g.: la Iglesia católica).

En su ensayo “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra”, David Viñas supone que “…con los rasgos artesanales de su producción, [Walsh] representa una suerte de cristianismo primitivo dentro del linaje periodístico.” (Literatura argentina y política. II-. De Lugones a Walsh, 2005, p. 250). En esta lectura, el devenir heterodoxo de Walsh –manifestado en su práctica periodística- corresponde a una deriva política desde el catolicismo y el nacionalismo (de derecha), profesados hasta fines de la década del cincuenta, hacia una izquierda revolucionaria crítica, autoconsciente, no totalitaria.[11]

Walsh, como otros, recibe el llamado político de la jungla, y se dirige al Tigre –donde vive por etapas. Recuerda el visitante Viñas (p. 251): “En los atardeceres en que Walsh arreglaba su bote, la figura de Quiroga se sobreimprimía a la de Lugones; y entre ambas se iba armando una tensión que a Walsh, divertido pero sombrío, le gustaba exasperar: defendía con argumentos enmarañados pero convincentes el distanciamiento de la ciudad practicado por ´el cuentista selvático´; lo justificaba por su ademán neobárbaro tan antivictoriano mientras aludía a su propia destreza con las armas y en la pesca del surubí. Su fervor, sin embargo, oscilaba entre el dorado y el pejerrey; y cuando se internaba en el escabeche, ya parecía lograr mi aprobación a sus autoabastecimientos y a su creciente adhesión a ´lo elemental´. Nunca llegó a aludir a Conrad ni a Gauguin.”

“[A]l evaluar las diversas prácticas de Walsh, [podría formularse] una suerte de ecuación: a mayor criticismo y heterodoxia, mayor riesgo de sanción. El típico estar fuera de lugar de los escritores heterodoxos…” (Viñas, p. 257).[12] Heterodoxia; crítica; sanción; fuera de lugar es también el retiro monástico: “Y… ese atardecer le tocó el turno al ascetismo, que Walsh defendió con un fervor jansenista a medida que se entusiasmaba con la palabra ´despojado´…” (Viñas, p. 253). Despojo, ascetismo, ´fuera de lugar´, criticismo, heterodoxia, sanción –una red de categorías que atrapa, en pálida utopía de palabras, a los distantes Theodore y Rodolfo. [13]

Walsh –cuenta el visitante- nunca nombró a Joseph Conrad.[14] Sin embargo, al nombrarlo en sus recuerdos repone algo de la silenciosa épica política, que flotaba entre los meandros, de salir y de perderse en ´el otro lado´. En El camino de Ida, abuso de la simetría, Piglia interpola un rabioso artefacto ficcional firmado por Conrad como paradigma del anarco-terrorista Munk.

El neobárbaro Walsh –acechado por una inclemente canonización- es un reaseguro frente a la desconfianza que el planteo anti-militancia de un Kaczynski estigmatizado puede generar y, de hecho, genera. Sin haber sostenido una crítica tan rabiosa como la del lobo solitario de Montana, el silencio al que lo conminó su muerte en manos de los militares, apagó con Walsh la veta autocrítica en los grupos de izquierda que estuvieron, al menos en teoría y en intención, próximos a tomar el poder.

Y, si las raíces ignoraron esos nutrientes, imaginen las petulantes flores que brotaron al calor del cambio de milenio cuando la perspectiva histórica comenzó a ser, entre los neo-activistas, poco menos que un recuerdo deslucido.[15]

III.-

Matar / no matar / morir. Walsh en su discusión con Montoneros, insiste que la lucha debe pensarse en términos políticos y no militaristas. “Y nos parece tiempo perdido tratar de convertir este enfrentamiento social en una guerra nacional”, dice Walsh. La cuestión no reside tanto en ´matar o no matar´ al enemigo, como en abrir un juego bélico en el que caigan compañeros y militantes escasamente preparados para esas lides. [16]

Kaczynski mata para hacerse escuchar. “Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones… integradas al sistema. Es casi imposible para muchas personas y grupos pequeños tener efecto en la sociedad con palabras. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no habrían sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no habrían atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios… Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría habría olvidado pronto lo que leyeron porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material [de] los medios… A fin de presentar nuestro mensaje al público y de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.” [#96]

La impresión duradera tuvo éxito en cuanto a las muertes provocadas por ese ´loco´ [esquizofrénico paranoide] –tal como fue caracterizado Kaczynski.[17] Su discusión resultó disuelta y las ´carta-bombas´ espantaron, incluso, a otros anarquistas que podrían haberse interesado. “Esta declaración (´statement´) se refiere a un determinado tipo de anarquismo. […] y muchos que se consideran anarquistas tal vez no la acepten. […] Hay un movimiento anarquista no-violento (´nonviolent´) cuyos miembros probablemente no acepten a FC [Freedom Club] como anarquista ni aprueben nuestros métodos violentos.” [#215]

Las muertes y la lucha por una sociedad mejor. En lo que respecta a Kaczynski, las mismas muertes que llamaron la atención sobre sus ideas, lo sepultaron en prisión y desactivaron su planteo. Es bastante complejo afirmar que uno concuerda con el contenido de un escrito cuando existen muertos que lo volvieron público. En mi caso, desapruebo los asesinatos y rescato el implacable manifiesto que es La sociedad industrial y su futuro.

Uno de los puntos en los que el artículo acierta –o, con mayor sinceridad, con el que estoy de acuerdo- es el de los profesionales universitarios.[18] Es conocida la historia de la meteórica carrera académica de Kaczynski primero en Harvard, como estudiante, y luego en Berkeley, como profesor -cargo que abandona a los 26 años. La síntesis de su asco por esos antros apunta a la connivencia entre universidades / grandes empresas / militares. Nada de lo que se hace allí pone al servicio de los ciudadanos el conocimiento adquirido, excepto si ese conocimiento ayuda al control, a la dominación, a la confusión del no entrenado. [19]

Kaczynski asocia los profesores universitarios con el izquierdismo. En ellos se encuentran los típicos rasgos -sobresocialización, corrección política, sentimiento de inferioridad (aplacado por el rango artificial de sus puestos). Por ejemplo: “La ´corrección política´ tiene su mayor arraigo entre los profesores de universidad -quienes tienen empleo seguro con salarios confortables y, la mayoría de ellos, son varones blancos heterosexuales de familias de clase media.” [#12] “Los izquierdistas del tipo sobresocializado tienden a ser intelectuales o miembros de la clase media alta. Nótese que los intelectuales universitarios, sin incluir a los especialistas en ingeniería o ciencia hard, constituyen el segmento más socializado de nuestra sociedad y el ala más izquierdista.” [#27]

El sentimiento de inferioridad de los profesores emerge al impedir que recaiga sobre ellos aquello por lo que batallaban cuando veían a la universidad como un espacio conservador:

“En los Estados Unidos, hace un par de décadas, cuando eran minoría en nuestras universidades, los profesores izquierdistas proponían la libertad académica, pero hoy, en las universidades donde son mayoría, no dudan en quitarle al resto esa libertad.” [#216] “En aquellas universidades donde la ´corrección política´ se ha convertido en dominante, hay izquierdistas que desaprueban en privado la supresión de la libertad académica, pero prosiguen con ello de todas maneras.” [#225]

Al igual que en la distancia entre los activistas moderados y los ávidos de poder [#224], entre los profesores universitarios –en su mayoría izquierdistas- aparece el doble rasero de desaprobar una conducta injusta y de fomentar que esa práctica continúe.

El apodo Unabomber nace de la fusión de –university, airline, bomber. Las ´carta-bombas´ fueron destinadas a ejecutivos de empresas de aviación, de computación y de publicidad (una víctima corresponde a este último ítem); al directivo de una compañía forestal, que también muere; y a profesores universitarios, entre quienes hay heridos, pero no muertos.[20] Cada ´carta´ significa un ataque al individuo y a la fracción del sistema tecnológico-industrial que representa. Aproximadamente diez de los atentados recaen sobre profesores universitarios.

En El camino de Ida, Piglia –quien trabajó como profesor visitante en instituciones de Estados Unidos- recupera ese aspecto de la historia y construye el mundo ficcional en torno de una universidad. La femme fatale Ida Brown es una brillante profesora e investigadora en literatura. En algún momento, con los envíos postales de Munk de fondo, descubre que la nouvelle de Joseph Conrad –El agente secreto– es el patrón de conducta del lobo solitario, y toma al libro como supuesta hoja de ruta para acompañarlo de lejos. Pocos días antes de morir, Ida le alcanza el libro de Conrad a Renzi, con subrayados y anotaciones. Renzi, a su vez, descubre lo que había descubierto la joven intelectual y contacta a Munk en la cárcel.

Tres apuntes de Renzi sobre la universidad: i) “Las universidades han desplazado los guetos como lugares de violencia psíquica.”; ii) “Los campus son pacíficos y elegantes, están pensados para dejar afuera la experiencia y la pasiones pero corren por debajo altas olas de cóleras subterráneas: la terrible violencia de los hombres educados.”; iii) “Pronto los hombres con experiencia en la cárcel y en la guerra serán los profesores indicados de llevar adelante la administración de las universidades.” (Piglia, 2013, p. 35)

(Casi) en cualquier sitio del mundo la universidad supone ganarse la vida cómodamente, como algún personaje en la novela estipula. Pero con respecto a esto, existen, al menos, dos dificultades. La primera está directamente relacionada con la perspectiva de Kaczynski: los profesores en esos ámbitos deberían ser los primeros, por acceder al conocimiento, en discutir la configuración actual del mundo y en disuadir a los estudiantes de aceptar los remilgos de un sistema que, al día de hoy, ha hecho de la universidad otra corporación en el engranaje industrial. Decir esto en tanto postura crítica es, por supuesto, alentar una quimera. El segundo problema, por lo pronto en Argentina (en los Estados Unidos es diferente), es que esa forma fácil de ganarse la vida en disciplinas que entonan a favor de ideales sociales, ideológicos, políticos entra en contradicción con el origen de los fondos que los sustentan –el erario público- y con los amos ante los que se prosternan -grandes empresas, corporaciones varias (estatales incluidas), medios de comunicación, militares, partidos políticos y un interesante menú de opciones que evita por todos los caminos cumplir con el rol que eventualmente les correspondería: permitir que cada vez más seres humanos se emancipen, se liberen, se vuelvan autónomos a través del conocimiento y alcancen a entender el significado de igualdad, libertad, autonomía, etcétera, etcétera.

No necesito aclarar que estos dos señalamientos, entre tantos otros, no les interesan a los de afuera de la universidad ni mucho menos a los de adentro a quienes les parecen, simple y llanamente, pavadas. El punto –en Argentina, repito- es que esa fiesta de los sentidos para algunos que es la universidad está sustentada –repito y repito- por fondos públicos. Habría que repetir esto hasta el hartazgo ya que los profesores universitarios –tecnócratas autoconscientes- privilegian su bienestar y someten su vida a una institución a la que tratan como si fuera una pequeña empresa privada.

La moneda de cambio para mantener los cargos obtenidos -en la mayoría de los casos, por concursos digitados- es la corrección política –asociada al discurso dominante en las esferas de control del sistema académico. Una realidad de doble fondo. Lo que se pregona en el foro, nada tiene que ver con lo que sucede entre bambalinas. Tal vez no exista espacio público más fraudulento ni corrupto que la universidad, pero ese no es exactamente el tema ahora –excepto recordar que esos fraudes están sustentados por fondos públicos que bien podrían destinarse a otros ámbitos educativos.

La corrección política, entonces, como la alfombra roja por la que desfilan la hipocresía y la malversación de fondos. Ingentes guarismos de militantes y de activistas dicen interesarse desde las atalayas de las instituciones por el sufrimiento de los demás –en el espectro de los pibes de barrio a las víctimas de violencia de género- y en esos aspavientos, apenas si labran sus monedas. Cinismo es un término que bien podría describir el aire que se respira en esa tríada -enmarañada, oscura, corrupta- entre militante, político, tecnócrata (siervo de políticos y de empresarios), y la universidad.

No se trata solo de afirmar que los izquierdistas en abstracto son la rémora en la lucha contra el sistema tecnológico-industrial. Si esos izquierdistas son, de alguna manera, ´enemigos´ de la emancipación, no viven en el aire ni florecen al azar en los jardines de la patria. Muchos militantes conocen el mecanismo. Afirman militar en pro de los oprimidos y, en ese mismo acto, acomodan sus papelillos, sus ropas nuevas, sus adminículos, sus gadgets y hacen lo que las ratas cuando encuentran un hueco: con sus porquerías, tejen en los claustros, un nido. Conozco otras, pero de una rata en particular que roe académicos provechos quisiera hablarles ahora.[21]

IV.-

“Nor tackle, sail, nor mast; the very rats/ Instinctively had quit it: there they hoist us…” [“Ni aparejos, ni velas, ni mástil; las ratas /Por instinto lo habían abandonado: allí nos subieron…]

“Shakespeare (oculto maestro cibercultural)…”

Ted Kaczynski denomina ´sociedad industrial´ a un constructo que recibe otras categorizaciones: sociedad del espectáculo, sociedad de consumo, capitalismo posindustrial, capitalismo tardío, complejo militar-industrial, ciber-imperio. La crítica del matemático apunta, en su núcleo, a la lenta intromisión de la tecnología (o tecno-ciencia) en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, aquello que era lo habitual –para no decir lo natural– en el ser humano, esto es, la obtención de comida, refugio, seguridad, fue retirado de su esfera de acción, y a modo de placebo se le ofreció una serie de actividades sustitutorias que no han logrado más que deprimir, violentar, volverlo airado. Dice el párrafo 145 de La sociedad industrial y su futuro: “Imagina una sociedad que somete a los individuos a condiciones que los hacen infelices y que les da drogas para contrarrestar la infelicidad. ¿Ciencia ficción? Ya está ocurriendo en nuestra sociedad. La tasa de depresiones clínicas se ha incrementado en las décadas recientes. Y creemos que se debe al colapso del proceso de poder… […] En vez de extirpar las condiciones que hacen que la gente esté deprimida, la sociedad moderna les da antidepresivos que modifican el estado interno para que el individuo tolere las condiciones sociales que de otra manera encontraría intolerables.”[22] Este es uno de los métodos de control del comportamiento utilizado entre los humanos [#146]. Existen otros, como, por ejemplo, a) ´las técnicas de vigilancia´ (cámaras que filman, computadoras que procesan información sobre los individuos), b) ´la propaganda´ (medios de comunicación de masas), c) “La industria del entretenimiento es una importante herramienta psicológica del sistema. […] Le proporciona al ser humano un medio de escape. Mientras es absorbido por la televisión, los videos, etc., olvida la tensión, la ansiedad, la frustración, la insatisfacción. Muchos de los llamados primitivos cuando no tienen ningún trabajo que hacer, se sientan durante horas sin hacer nada porque están en paz consigo mismos y con su mundo. Pero la mayoría de la gente moderna debe estar constantemente ocupada o entretenida, de otro modo se ´aburre´, se vuelve inquieta, incómoda, irritable.” [#147] La irritación, la incomodidad, la inquietud está originada en la pérdida de la autonomía y de la libertad.

La actual organización social es una compleja red en la que cada individuo funciona a modo de engranaje necesario. Cualquier desvío que atente contra la sustentabilidad es sancionado. De esa trama a gran escala participan ´los servicios públicos´, ´las redes de computadoras´, ´los sistemas de autopistas´, ´los modernos servicios de salud´, ´los medios de comunicación de masas´ (´mass communications media´) [#118]. Un conglomerado de acciones basado en el desarrollo de la tecnología sostiene la sociedad industrial aunque, por razones obvias, y sobre todo en cuanto al convencimiento, los medios de comunicación son los que barnizan una realidad que no soporta la uña de la duda sobre su superficie. La tecnología, en general, es el elemento disruptor en la conformación social actual y los medios de comunicación, en particular, el soporte ideológico. Junto al sistema educativo, los medios de comunicación mayoritarios (´mainstream communications media´) enarbolan los valores que la sociedad industrial defiende en términos nominales [#28]. Esos medios (´mass media´), en gran parte, son controlados por corporaciones integradas al sistema [#96]. Es una lógica tan cristalizada que quienes alegan ser detractores –activistas o militantes de izquierda (tal vez la más importante entre las actividades sustitutorias)- una vez que ocupan el poder, mantienen la usina de injusticias que gritaban combatir: “Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan entusiasmados para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216]

En La sociedad industrial y su futuro de 1995, Kaczynski menciona por única vez Internet en el párrafo 96 al explicar y justificar el uso de la violencia en las muertes provocadas por sus ´cartas-bomba´. Reconoce que la Red hubiera sido un medio para difundir el manifiesto, pero sabe que entre la maraña de publicaciones, habría pasado al olvido. Esa mención no responde a un color de época. Como cuenta el documental alemán Das Netz [2003], al mismo tiempo que Kaczynski se distanciaba del mundo, entre fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta, en espacios vecinos (Harvard, Berkeley) se pergeñaba el acabado final del universo regido por Internet que explotaría en pocas décadas. Fue Kaczynski un testigo directo –y se supone, también, un cobayo- en el armado de esta versión de la sociedad industrial a la que otros denominan Ciber-Imperio.[23]

Una de las biblias del ciber-mundo es el volumen de los españoles Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, La Nueva Ciudad de Dios [2002]. En esta enciclopedia, los críticos recopiladores reconstruyen el camino centenario, y milenario, de ese anhelo -platónico, agustiniano, etcétera- de confeccionar ´un cielo virtual en la tierra´ para cobijar con felicidad los cuerpos astrales holográficos y, en rigor de verdad, con el objetivo de lograr el más amplio control sobre individuos que, al fin de cuentas, lo aceptan dócilmente.

Frente a la miríada de autores, textos y referencias cruzadas, el volumen de Alonso y Arzoz incluye un Cd-Rom que, a su vez, reenvía a una página web titulada “Quién es quién en la cibercultura ampliada”. Este reservorio de información incluye múltiples entradas biográficas como la del propio Kaczynski.[24] Sería imposible y, por su parcialidad, carente de sentido nombrar a los conscientes o aleatorios partícipes de la construcción del Ciber-imperio. Rescato, a modo de trueque, uno de los que permitieron la concreción de la ´sociedad del simulacro´: “William Shakespeare [1564-1616]. Dramaturgo inglés. Genio del teatro que [entre otras] escribió la fascinante La tempestad, una suerte de anticipación de la realidad virtual… [con]… el juego entre la apariencia y la realidad, y la comunicación de la verdad por medios mágicos… Por otra parte, Shakespeare -cuya obra está plagada de recursos y motivos ciberculturales- es… uno de los autores con más presencia en Internet.”

La tempestad –alejada, en apariencia, del tema que nos convoca- permite pensar algunas cuestiones: i) la fuerza de la ciencia ficción (en su variante heterodoxa) para analizar la sociedad industrial; [25] ii) la pertinencia del simulacro y del barroco como categorías que evidencian la constitución de una realidad de doble fondo en base a la tecnología, la manipulación de la información, la propaganda; iii) la deriva en la conspiración, propiciada por esa doble realidad.

Esa obra de teatro de inicios del siglo XVII escenifica dos modi operandi que no han cejado, que se han intensificado y que, incluso, se han fusionado. El protagonista de La tempestad es Próspero. Este mago y político construye mediante sus saberes secretos una ´realidad alternativa´ –el naufragio- para vengarse de quienes, en el pasado y en Italia, lo despojaron de su poder y de sus posesiones. Los destinatarios de esa venganza, y en continuidad con el pasado -aun en medio de un desastroso naufragio (luego ficticio) y en la arena de una isla en apariencia desierta- conspiran y conspiran para tomar el control. De ambos lados, el poder (y la justicia) basados en mecanismos que engañan para someter.

La tempestad, y sus personajes, recibieron interpretaciones diversas y contradictorias. Alonso y Arzoz recuerdan que “…es uno de los modelos para el anarquismo de [Hakim] Bey, [al] representar la pasión por vivir fuera de las convenciones sociales.” Como se desprende de la mera lectura de la obra, la fábula no se sitúa en cualquier espacio del mundo conocido. La acción transcurre en el Caribe –o en las Bermudas-, como reflejo metropolitano de la invasión europea a estas tierras, ocurrida a fines del siglo XV. Con este dato en mente, a la lectura proto-anarquista se le puede añadir una menos complaciente.

Próspero vive en esa isla –ubicada acaso en América- con su hija Miranda y con dos sirvientes, Ariel, dedicado a complementar su magia, y Calibán, destinado a las tareas rudas. El nombre ´Calibán´ fue entendido de distintas maneras: derivado de caribbean; de cannibal; de cauliban (término gitano que significa ´oscuro´). Como sea, su figura es la del habitante del Nuevo Mundo, hijo de una bruja africana desterrada, y sometido a las voluntades ajenas que quieren dominarlo o con palabras (órdenes, promesas), o con licores y lujos futuros que nunca llegarán. Ese desastrado, quien por cierto le cuestiona a Próspero no haberle transmitido su ciencia, representaría al nativo sometido, y a la vez, al nativo que, a su modo, resiste frente al amo, y lucha así por su liberación.

En ese ir y venir de sentidos posibles, el extraño Calibán encarnaría un aleatorio ejemplo de lo que el historiador francés Serge Gruzinski denomina ´guerra de las imágenes´.[26] Aunque no lo proponga él en estos términos, el ciber-imperio, el ciber-mundo en el que se libra una batalla continua por la obtención del poder (económico, político) mediante una doble vía –bombardeo de imágenes, fogoneo de relatos- tiene su momento crucial en el arribo de Colón a las islas del Caribe. América fue a partir de ese momento -según Alonso y Arzoz, y en consonancia tácita con Gruzinski- un ´laboratorio de imágenes´ en el que se ensayaron diversas estrategias que permitieran el dominio mediato e inmediato de los millones de calibanes que habitamos los mundos periféricos. Que el M.I.T, que Hollywood, que Televisa, que O Globo estén en el continente americano no es, por supuesto, casual.

Esta ´guerra de imágenes y de relatos´, con centurias de tradición, es el humus propicio para realidades barrocas de doble fondo y, en consecuencia, para incesantes conspiraciones políticas voceadas, por lo general, con las mejores intenciones, pero, en lo concreto, con la búsqueda del beneficio propio –del grupo (secta, facción), de la corporación, de la casta.

Como lo estipuló el matemático descendiente de polacos, más allá de las palabras e intenciones, ningún actor ni de la derecha ni de la izquierda, ni de sus grises intermedios, ataca el uso de la tecnología, de las redes sociales, de Internet, de las huellas de aquí y de allá del cuerpo en los aeropuertos, del espionaje de e-mails, etcétera, etcétera, etcétera. La tecno-ciencia ha sido naturalizada incluso en países que se consideran anti-imperialistas.

La tecnología ha invadido la vida social y, aun cuando se trata de una de las formas más evidentes de dominación, de control y de generación de desigualdad, no se la discute. Es más, sin que a ningún medio de comunicación ni mucho menos político e ideólogos de turno, ni de un lado ni del otro, se le caigan los anillos, a la Cumbre de las Américas de este año, y con Julian Assange encerrado en una embajada sudamericana en Londres, asistieron los presidentes de todos los países… y el fundador de la atroz red social azul, fuente aberrante de espionaje virtual.[27]

Así las cosas, y olvidándonos de los consabidos reaccionarios, la tecnología se convirtió en una perfecta aliada de los progresistas quienes, definitivamente, pueden nadar y deslizarse por esa realidad de doble fondo que se ha instalado. Con el mayor cinismo posible –o por mera ambición- los militantes izquierdistas dicen, pregonan, alientan la liberación de esto y de aquello, la batalla aquí y allá contra el status quo –al que en muchos casos ellos representan- mientras conspiran para poder vivir la vida de los que en la arena pública son denominados ´enemigos´. Puede para el desprevenido y novel lector resultar un argumento extraño, pero es complejo desarmar la posición de Kaczynski: si existe alguna rémora para la lucha contra el sistema industrial -que debe ser detenido, desactivado-, ellos son los izquierdistas quienes –repito- mientras dicen luchar, confirman lo establecido.

Si la peor versión del izquierdismo surge en las últimas décadas del siglo XX, y la siguiente afirmación queda de mi lado, eso sucede en conexión con la explosión de los mundos virtuales.[28] El izquierdismo dice ir contra todos los aspectos del sistema industrial, menos contra el fundamental –la tecno-ciencia- porque de ella se nutre y por medio de ella promociona sus ´aciertos´ y, lo que es peor, construye universos ideales de luchas, combates, posicionamientos político-ideológicos, y en secreto anhelan lo que disfrutan los conservadores -estatus, dinero, jerarquías, beneficios, prebendas- porque, como sabemos, militantes izquierdistas de raigambre popular y sincera hay muchos, pero los falsarios, corruptos, advenedizos que rezan cualquier rosario para posicionarse son legión.

Hacia el final de La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski introduce una distinción: “Los izquierdistas más peligrosos -los más hambrientos de poder- con frecuencia se caracterizan por la arrogancia o por un enfoque dogmático de la ideología. No obstante, los más peligrosos de todos pueden ser sujetos sobresocializados que evitan despliegues irritantes de agresividad y se refrenan de hacer publicidad de su izquierdismo, pero trabajan rápido y promueven con discreción valores colectivistas, técnicas psicológicas ´ilustradas´ para socializar niños, la dependencia del individuo al sistema, y todo eso. Estos cripto-izquierdistas… están próximos a ciertos tipos burgueses en lo que atañe a acciones prácticas, pero difieren de ellos en psicología, ideología y motivación.” [# 230] [29]

La categoría ´cripto-izquierdista´ puede sumar un nuevo matiz si se entiende el concepto no solo en referencia a quienes trabajan en las sombras para que los ciudadanos permanezcan bajo control, sino también en lo que respecta a los que viven en el guiso de una inversión de valores. Son meros burgueses que han detectado los beneficios de la corrección política y a caballo de esa mistificación avanzan en la vida social empuñando la espada de combate con la mano izquierda y acumulando monedas con la derecha. El cripto-izquierdista y el cripto-burgués son cara y ceca del mismo e idéntico tapiz.

Argentina, por cercano, es caso testigo del estadio actual del sistema industrial en el que el uso de la tecnología se ha convertido en el feroz campo de batalla en el que se disputan los mapas ideológicos que sustentan la organización social. En Argentina conviven, al menos, dos realidades virtuales hostiles entre sí: por un lado, la de las fuerzas reaccionarias, conservadoras, elitistas, etcétera; por el otro, los eventuales disidentes del modelo anterior, es decir, fuerzas progresistas (izquierdistas), dinámicas, populares, que apuntan –o que apuntarían- al bienestar de la mayor parte de la población. (Dicha polarización es, sin dudas, nefasta además de falsa).

Esa tradición política de raigambre popular abreva, en sus orígenes, en la lógica conspirativa. Esa impronta se extiende hasta hoy. Si bien puede aplicarse la lógica del complot a toda la política tradicional, es innegable que en lo que atañe a las formas del peronismo, la conspiración en el fondo y la publicidad en la superficie es un método que ha hecho escuela. Una posible reconstrucción de esta dinámica aparece en Filosofía de la conspiración [2004] de Horacio González.[30]

En la ´guerra de relatos´ con virulencia desatada años atrás en la Argentina, y con sobradas señales de conspiraciones cruzadas con realidades virtuales, abundan los izquierdistas burgueses encriptados. Podría traer a cuento una larga lista de anécdotas y de chismografía ideológica que sustente mi diatriba. Como indiqué en el final de la tercera parte de este escrito, me interesa una de esas ratas ideológicas que dice luchar contra el status quo mientras hurga en el miasma de los privilegios obtenidos gracias a la necesidad ajena.

Esa historia requiere de un prólogo a modo de marco.

Hace un par de años, una joven mujer con sus convicciones intactas, una convencida activista progresista, una militante (fuente de esta anécdota) fue invitada a pasar unos días a una finca ubicada en un paradisíaco reducto de las profundidades provincianas, junto a su flamante pareja, también activista, también progresista. Esos días de folga mostraron temprano su faz oscura y apenas desembarcada la excursión en el reducto, la joven militante percibió que ese contexto de pares, que ese mundo en el que otros militantes libaban no era semejante al que mostraban en el fragor de la lucha por la liberación de no sé qué cadenas. Esta anécdota, que sintetizo y que no reproduzco más que en su núcleo, fue archivada en la común memoria oral bajo el membrete de ´Los dos Audis´. Familia de militantes, ideología progresista, profesionales universitarios, estrechas relaciones con la política, obtención de prebendas, contratos por obras públicas, tecnocracia teñida de izquierdismo, dinero y más dinero, mansiones, sirvientes, bellas mujeres siempre rubias, parques, piscinas, canchas, los dos Audis en el inmenso garaje, y de lunes a viernes de 10am a 20pm, y los sábados y los domingos, a veces, la defensa del modelo, del proyecto, de la brava lucha –siempre virtual, siempre tecnológica, siempre conspirativa- contra poderes aciagos que bastante se parece a la lucha contra la propia imagen en el espejo. (Y como telón de fondo, lo olvidaba, una profunda depresión, porque se milita a causa de una tristeza enorme por la pobreza pero no barrial, citadina, nacional, mundial. No. Por la pobreza personal. Por eso cumplen el proceso de poder como una piara entre las sobras.)

Ciber-realidad, militancia progresista, universidad, política tradicional, negociados, y la corrupción y la conspiración merodeando, son los hilos de una densa red en la que la mistificación, la hipocresía, la apropiación de las instituciones del Estado (o la aceptación de la cooptación en manos de), las conexiones turbias, la utilización y manipulación del ´oprimido´ en beneficio propio, son ingredientes del suculento plato. Sin dudas que a este esbozo le caben dos aclaraciones ya deslizadas: a) no todos los militantes son corruptos aunque en su mayor parte los líderes sí, b) no es esta una cuestión de banderas partidarias: en un gran número la militancia progresista funciona de modo semejante al de la política tradicional. Algún lector extraviado por aquí dirá que lo que digo es obvio. Me gustaría recordar que, al menos en la Argentina, la militancia progresista aboga por la defensa del ´pueblo´, por cambios, por soluciones igualitarias y hasta, en el colmo del delirio, por defender su usurpación del Estado como si de una ¡revolución! se tratara.

Horrendo vástago, la historia de la rata se desprende de la anécdota de ´Los dos Audis´ al reproducir paso por paso el patrón de comportamiento indicado: banderas sociales agitadas en aras del (bajo y básico y plenamente burgués) beneficio personal.

La Rata.

Una tarde, durante una charla en una vereda céntrica de la ciudad, frente al cuestionamiento a causa de lo conservadora, intolerante, racista, violenta e idiota que es la sociedad que allí germina -observaciones desprendidas de la conversa que llevábamos adelante con un tercer comparsa-, la Rata opinó que era así y que no había por qué pensar que cambiaría: en esta ciudad para ser reconocido y pertenecer a (vaya saber uno qué), o había que tener apellido tradicional, o había que tener dinero, o había que poseer alguna estirpe o alcurnia (típicas jerarquías de oropel propias del interior); si no, no existís, refrendó. Sorprendido, le pregunté con discreción si avalaba o describía la situación porque de tratarse de la primera opción sonaba un poco raro en boca de un militante defensor de lo que ustedes ya saben. La conversación se desvió, salió de ese estadio complejo y derivó en otras cuestiones, aunque hasta el final flotó en el aire la incómoda idea de que había sido dicho algo indebido.

Ese militante –la Rata- es argentino, tiene poco menos de treinta años, no es un profesor universitario, aunque se ocupa, trabaja, se desempeña en una de las dependencias de la universidad local -la productora audiovisual. Al mismo tiempo, milita en una organización progresista, en un sentido amplio, de izquierdista (o de centro-izquierda).

Su carta principal de presentación –así lo conocí- es haber dirigido un documental que cuenta la historia de un militante detenido-desaparecido-asesinado durante la última dictadura militar argentina [1976-1983]. En el primer intercambio de ideas que tuve con aquel, la conversación rondaba la posibilidad de filmar o no a un reconocido habitante de la ciudad en la que ocurre esta historia (ingenuo de mí). En determinado momento le sugerí que el rodaje podía ser complicado; ese sujeto era cascarrabias o díscolo y, entonces, el asombro: ´Cuando vas a filmar tenés que armar todo para sacar lo que querés´. Le respondí que sí, que entendía lo de la puesta en escena en un documental pero aun así…

Solo comprendí ´sacar lo que querés´ al ver su película.

Asistí a una proyección pública en uno de los espacios de militancia que el activista frecuentaba. El documental –de poco menos de una hora de duración- es un artefacto geminado en el que conviven dos filmes diferenciados por un salto temporal de casi veinticinco años. La primera parte cuenta la historia del abogado laboralista y su lucha en favor de los obreros contra una corporación cementera.[31] La narración está estructurada de forma clásica: infancia, primeros esfuerzos, primeros problemas, logro, transformación, caída. Luego de la caída –su asesinato-, la apoteosis que lo conduce al cielo de los mártires. En esa narración, los únicos enemigos son los militares en el poder. Bajo ningún aspecto, se ofrece una mirada sesgada sobre la militancia en aquella época que a modo de espejo les permita a los militantes del presente –mayoría en el auditorio- aprender de esos errores, de esos pasos en falso, o de lo que sea. Como dije, el resultado es la apoteosis y el heroísmo    -como si morirse como un perro con un tiro en la cabeza después de estar encerrado en una quinta (y con la esposa a punto de dar a luz) fuera encomiable.

Terminada la proyección, me acerqué y por la cortesía al uso le dije que me había gustado (no tuve el pulso para exponer lo que pensaba) y le indiqué que me había resultado rara la puesta en escena: a) la esposa aparece sentada en un sofá rojo cubierta por un vestido símil leopardo; se la ve feliz de –¡por fin!- acercarse a las candilejas; b) los hijos testimonian por separado y en ningún momento se reúnen entre ellos, ni con la madre; c) él único caso de un testimonio conjunto era el de dos amigos del militante desaparecido que, entre silencios y lágrimas, más hacían dudar que confirmar la historia que se estaba contando.

El director-militante me reconoció que era posible que hubiera otra historia, que de hecho la había, pero que no había podido contarla. La madre escondió durante años a sus hijos la verdad sobre la muerte del padre en manos de los militares y esos párvulos recién se enteraron del aciago suceso siendo adolescentes con todas las complicaciones que el silencio trae en esos casos. Desencantado con la trama familiar, uno de los hijos había comenzado a militar en una agrupación de descendientes de desaparecidos a mediados de los años noventa del siglo pasado. Todo eso era lo que no se podía contar.

Atónito regresé a mi asiento para el debate post-proyección. En la charla, intenté deslizar no ya aquella cuestión, sino el otro rasgo incómodo del film que ahora les reseño –y como podrán suponer fui abarajado en el aire y devuelto a mi silla mental.

El segundo documental dentro del documental cuenta la historia del juicio que se les siguió hace unos dos o tres años a los responsables del asesinato del abogado militante. El juicio por crímenes de lesa humanidad no es allí analizado. Se muestran testigos y acusados declarando, la condena y el festejo –entendible- de los familiares. La algarabía de estos no condice con la distancia que muestran en los testimonios personales.[32]

Pero había más. En la transición entre una parte y otra –entre los dos mini-documentales- se erguía extemporáneamente la figura del Líder político (ya fallecido) que a inicios de la primera década del siglo XXI, en un escenario social post-apocalíptico, reactivó la mística militante e impulsó –con innegable valor- los juicios contra los militares y civiles que habían cometido crímenes de lesa humanidad, como el mencionado en el documental. Si se deja de lado el dudoso recurso de la pantalla dividida y otros menesteres estéticos, el intempestivo salto de décadas resultaba chocante ya que en ningún momento en el film se anticipaba esa fusión temporal.

Simple: el documental era el escenario virtual preparado para ensalzar al Líder. La muerte-desaparición y el juicio eran tópicos fílmicamente interesantes porque alimentaban la incesante maquinaria publicitaria de la que el documental era y es un desprendimiento. Ni autocrítica, ni perspectiva sesgada, por lo menos, como gesto de amplitud de mirada hacia los de adentro. Ningún guiño, ninguna ventana al debate. Heroísmo y mesianismo al extremo. Y a eso había que llamarlo documental.[33]

Es como si los gritos en el desierto de Rodolfo Walsh –a los que me referí en la segunda parte de este escrito y en cuya tradición ideológica entronca el actual resurgir de adictos ideológicos- continuaran resonando entre los médanos de la militancia. Jerarquía, obediencia, verticalismo a cambio de prebendas. Autocrítica, nunca. No solo no se han recuperado con fervor las instancias críticas sino que, por el contrario como ese documental demuestra, se ha cristalizado el pasado, en una especie de mundo primitivo en el que buenos y malos, hombres y bestias, se diferencian claramente. Reconozco, sin dudas, que existen hoy voces críticas dentro del movimiento militante mayoritario. Lo complejo es que permanecen circunscriptas a las charlas de sobremesa.

¿Cuál es –me dirán- el problema de que alguien haga un documental que no me parece interesante ni bien acabado, que me impacta por su puesta en escena descuidada, por su poxiranesco salto temporal, por su olor a mala propaganda partidaria? No existe ningún problema, siempre y cuando ese (pésimo) panfleto audiovisual haya sido costeado por los bolsillos del propio director o por los de sus acólitos de doctrina… Pero no es el caso.

El film (sic) acerca del detenido-desaparecido-asesinado está financiado por Contenidos Audiovisuales de la universidad local, espacio en el que el director-militante trabaja. Este híbrido entre institución y partido político es un detalle. Puede tratarse de una acción artística lícita. Por ejemplo. La universidad decide participar de la discusión política a través de un aporte a la memoria histórica y encarga un documental. Si fuera así, aunque supongo que no lo es, lo mínimo que se le podría pedir al documentalista es rigurosidad en el manejo de los datos: no falsear, no manipular la historia –o, como dije, si quiere jugar en esas lides experimentales o panfletarias, y con esos parámetros, que se autofinancie.

Además, sería necesario revisar de qué manera ese ´realizador audiovisual´ llega a trabajar en una productora de contenidos audiovisuales dependiente de la universidad. Es posible que su condición de graduado –porque allí estudió- lo habilite, pero ¿entra a trabajar por concurso o de manera discrecional, accede por ser militante, por repetir el credo, por contactos, por presentación de proyecto? De qué manera es una pregunta importante. Son fondos públicos los que le dan vida a su monstruo (plagado de buenas intenciones, claro). Y son también fondos públicos –porque la historia continúa en círculo- los que le permiten al director progresista utilizar los equipos de filmación y de edición de la productora en cuestión para registrar actos partidarios, actos militantes, tal como consta, incluso, en fotos públicas compartidas sin pudor en las redes sociales.

Uno diría que, en principio, la militancia no debería ser una pequeña empresa. El grupo podría generar sus ingresos por medio de actividades, o aceptar la ayuda de otros militantes con cargos políticos, o permitir que el partido madre los sostenga… No tengo idea de cuál es la mejor opción. Sí sé que esos fondos no deberían salir de las universidades. Los espacios académicos, en su germen, son nichos de trabajo que deberían ser disputados por sujetos libres que ponen en consideración sus capacidades intelectuales y comunicativas, y no el tono de sus ligamentos para demostrar cuanto tiempo pueden sostener la genuflexión.

Libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad académica, lucha intelectual para la emancipación del ser humano… No se hagan ilusiones, nada de eso sucede en la universidad. Kaczynski, coherente, le dedicó algunas ´cartas´. Con sus libros, su ortodoxia, sus jerarquías y sus vidas entregadas, la universidad es el sucedáneo laico de la iglesia, otra institución pilar del complejo militar-industrial. Si uno quiere entender la esquizofrenia y la irracionalidad del capitalismo tardío bien podría apuntar allí sus intereses.[34]

Otros serán los problemas en otros espacios geográficos, en Argentina –donde las universidades son primordialmente estatales- sería necesario revisar esas instituciones poco resistentes al archivo en sus relaciones con la militancia política y con la política tradicional. Una quimera. Apenas si arriesgo una inocua ´carta-bomba´ contra los académicos y, en este caso, contra algún monaguillo. No comparto el uso de la violencia y es uno de los puntos que menos entiendo de Kaczynski, aunque comprenda su estrategia. Mi cortedad de entendederas me alcanza para publicar un texto enrevesado en un blog perdido y decir con la Rata como paradigma. En situaciones como las descriptas, el sujeto que funciona con doble rasero –realizador audiovisual académico; militante político-, como mínimo, o propone trabajos basados en la honestidad intelectual y demuestra talento (y así obviamos la manera espuria en la que accede al cargo) o que pase a cuarteles de invierno y que devuelva el dinero que -¡oh, ironía!- fue desviado de la necesidad de algún estudiante que podría haber recibido una beca. Vale decirlo: el ingrato fin de ese desvío fue fomentar la abulia digital del pichón de corrupto. (Alguien podrá preguntarme cuál es mi autoridad para decir qué está bien qué está mal en la factura audiovisual o de lo que sea perteneciente a otro; de acuerdo, pero dos aclaraciones: discuto el usufructo de dinero público al que se debería acceder por otras vías y no por participación en la misa comunal de la ortodoxia de turno; este mismo texto pedestre es autofinanciado; se trata, repito, de honestidad intelectual y de no hacerle pagar a los demás nuestros berretines, o en todo caso decir directamente –fináncienme, che– y no mutar repetidor de verdades a medias y ajenas.)

Que renuncien o que devuelvan el dinero. Es un tema que en este momento me excede –y tal vez me exceda por siempre. Detrás de la imposición del ciber-imperio, de ese mundo enloquecido de la propaganda y del bate parche audiovisual y multimedial, existe una lenta degradación de la cultura humanista que, con todos sus problemas, supo al menos crear sus anticuerpos y permitirse la autocrítica. Por machaque o por indiferencia del resto de la sociedad, puede hoy hacerse y decirse en arte, en cultura, en pensamiento, en política… cualquier cosa. Mientras se mantenga la obediencia al califa de turno, y en el territorio propicio, todo pasa, todo es aceptado, aprobado, editado y barnizado por la publicidad 2.0. Miles de Prósperos. Miles de millones de Calibanes.

Prometí no extenderme en la historia de otras ratas. Es inevitable cuanto menos indicar sus caminos, sus montoncitos y sus madrigueras.

En La tempestad Próspero menciona a las ratas que abandonan el barco desvencijado para graficar la podredumbre del navío al que lo condenan para expulsarlo, pero, se puede intuir, utiliza esos animalillos para figurar cómo fue abandonado por sus subordinados –el barco sería el ducado que regía- una vez que las intrigas palaciegas le quitaron el poder. En Hamlet, ´la rata´ está de igual forma asociada al conspirador político –la rata es Claudio, el tío de Hamlet; y la venganza orquestada por el príncipe, la ratonera.

El complot, la conspiración, los poderes en las sombras tienen su fuerza explicativa siempre y cuando aparezcan escenificados en algún tipo de ficción, de fábula que narre con cierta gracia la lucha contra fuerzas invisibles que revelan su presencia en el final del camino derrotadas, neutralizadas u opacadas para retornar en el momento menos deseado. Por el contrario, si la conspiración es utilizada para pensar la política real, el entramado económico aquí y ahora, el sujeto que esgrime esos argumentos es visto como un ingenuo, un crédulo, un paranoico que sigue el camino más fácil: creer que todo está manejado por hilos fuera de su alcance. El corolario es la inacción en las manos de una mente afiebrada.

Sin embargo, si se toman al azar algunos sucesos de los últimos meses, uno detecta que, por ejemplo, en Argentina ´muerte sospechosa, paranoia, complot, conspiración, servicios secretos, dobles agentes, traiciones varias, vendettas, suicidios que no lo son, etcétera´ son conceptos que abundan como la única forma de desentrañar lo que de otra manera es inenarrable e incomprensible.[35] En otra escala, pocos días atrás se desató a nivel planetario –en una de esas corporaciones que inundan segundo a segundo la iconosfera de ciber-espectáculos deportivos- una tormenta sin precedentes por casos de corrupción, que incluye a la política, escándalo en el que los investigadores oficiales hablaron sin tapujos de ´conspirador´, de ´co-conspirador´ y así. No es ninguna novedad –aunque ciertos sectores parecen verlo solo ahora- que los flujos descontrolados de dinero del capitalismo tardío derivan en corrupción, en complots incesantes que difícilmente sean desentrañados.

A pesar de ser una hipótesis banalizada sin cesar por los portadores de la corrección política e ideológica, la conspiración, los infiltrados, las sectas, la realidad de doble fondo (o de múltiples fondos) es una herramienta intelectual, si precaria, por lo menos eficaz.

La misma joven militante que –tal vez como catarsis- me contó la simpática anécdota de ´Los dos Audis´, en charlas complementarias, me confesó –hoy lo verá ella como un exceso de confianza- que por cercanía con esferas superiores de conducción, se sabía que desde hacía un par de años, y en previsión por un eventual abandono de la estructura del Estado luego de las elecciones del corriente año, las organizaciones militantes conectadas con el partido oficial de gobierno, habían comenzado sin prisa pero sin pausa a infiltrar con trabajadores adictos -militantes encubiertos- las dependencias estatales para preparar ´la resistencia por si en el país llegaba al gobierno la derecha´.

Ese planteo-confesión provocó, en su momento, un airado intercambio de ideas sobre lo lícito o no de la estrategia, pero, sea como fuere, y más allá de las evaluaciones, ese dato acerca de un movimiento –digamos, conspirativo- comenzado años atrás tuvo y tiene hechos concretos. El caso de la Rata -un caso menor por tratarse de un simple cronista de las batallas- es un ejemplo indiscutible de ese plan. Como es de suponer, existen infiltrados que deciden entrar a ocupar un puesto para ´hacerle el aguante al proyecto´, y existen conversos que tenían ese cargo en sus manos y que, ante el miedo de perderlo, siguieron el camino, con infinito menor brillo, idéntico al de Saulo de Tarso.

Quedarán los detalles para otro momento, si es que ese instante llega. A modo de síntesis podría indicarles que en mis paseos por la desquiciada selva de la organización social vernácula accedí de primera mano a la existencia de dobles agentes, infiltrados, conspiradores -mercenarios con la medallita al cuello indicando el nombre de su dueño-, i) en las dependencias de la universidad donde se desempeña el director-militante (conozco, entre otras, la deliciosa historia de un tecnócrata cuyo cinismo es más profundo que los negros abismos oceánicos); ii) en instituciones educativas no universitarias dependientes de la mencionada unidad académica (y me gustará algún día contar esa historia absurda); iii) en instituciones educativas provinciales (y en una, en particular, que ostenta en su corazón un medio de comunicación partidario, institución en la que fui apretado o conminado a sostener un discurso diferente del que propongo en mis tareas[36]); iv) ni hablar de lo que sucede en los gremios docentes: según la mirada de esos traidores, al igual que la de otros esbirros, vivimos una realidad poco menos que ideal, un mundo de fantasía y jauja, luchando contra enemigos que parecen estar siempre más allá y a los que veo acá, muy cerca… Porque a las ratas a simple vista es muy difícil verlas, pero en la tranquilidad de la noche se escuchan sus pasitos dirigiéndose hacia la madriguera.

Escribí, creo, de más. A mi alrededor, en charlas cotidianas, aleatorias, nada serias, esas de café o mate y tortas negras, me dijeron y me dicen que me calle, que no me conviene, que no hable, que diga otra cosa, que agache la cabeza, que me van a endilgar paranoia, que me van a diagnosticar insania, que soy un conservador, un reaccionario –modo de atacar al que no sabe rezar el rosario-, y que sea consciente de que categoría más categoría menos… Alguien sottovoce me dijo: ´se les fue la mano con el paladar negro, estamos viviendo algo así como un neofascismo, y sabés lo que significa intentar enfrentarlo´.

Un neofascismo ciber-condicionado, un mundo feliz construido de pura realidad virtual y de cifras incomprobables y de discursos, una revolución esplendorosa para quienes se pliegan y obtienen del carro en movimiento las migajas reales y simbólicas, de unas pocas monedas y de pertenecer a algo en este mundo gris y desvaído.

La realidad como delirio.

Y una tarde, la Rata hizo su mejor número. Estaba la horma cerca, iba a bailar de todos modos. Alentó, arengó y no dejó de arengar que la ciudad de esta historia era un irrefrenable ´polo audiovisual´. Polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, repitió, y no se cansó de repetir, polo audiovisual. Entendible. Aunque por las calles se ven solo las cámaras de los infinitos autos all-star (las de monitoreo ciudadano, ni funcionan, creo), en su madriguera, en su cueva, en ese espacio que debería ser público y que él ha optado por cooptar, las candilejas son otras, infinitas y, en sus términos, gratuitas, porque la estrella de su vida brilla con el dinero que les roba a quienes dice ayudar.

Humo –militancia política, universidad, producción artística e intelectual. Humo. Humo. Humo. Humo. Posta, es humo, como el de aquellos dos militantes –uno con cargo político, otro con una ciber-actividad- que luego de un espectáculo montado en el que uno se llevó los denarios y el otro la foto para mostrar, se miraron en la despedida, se abrazaron y se dijeron: ´sigamos ilusionando al pueblo, es lo que nos queda, que se diviertan, total nada va a cambiar

Humo, humo, humo. ¿Les resulta pesado digerir a Kaczynski que, al fin de cuentas, pide el fin del humo que es el fin de esta organización social? Los dejo entonces con otro polaco que, por esas casualidades, qué cosa no, anduvo por esta misma ciudad. Años antes de traer sus huesos esmerilados a restaurar, dijo –achicando el pedido de Kaczynski que pide parar el sistema en su totalidad: “…hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros.” Lo dijo Witold, que es Gombrowicz, en 1947, en Buenos Aires, en una conferencia, Contra los poetas.

Contra la militancia, por ahora, no digo más.[37]

[Tandil – 04 de mayo al 04 de junio de 2015]

Notas:

[1] Para la redacción de este texto, trabajo con la versión en inglés del manifiesto de Kaczynski acompañada por una traducción al castellano bastante discutible y que se encuentra disponible en la Red. Existe una edición española –editorial Isumatag, 2011- a la que no accedí y que supuestamente está avalada por el propio articulista. Es necesario considerar que tanto el texto inicial, como los detalles de la historia del activismo de Kaczynski, están mediados por las fuerzas de seguridad estadounidenses. En consecuencia, vale la prevención ante lo que se lee. En el final del documental alemán Das Netz [2003], se sugiere que las versiones que conocemos de La sociedad industrial y su futuro distan de lo que en su momento quiso publicar y proponer el matemático. (Allí también se pone entre paréntesis los atentados con ´cartas-bomba´).

[2] La sociedad industrial y su futuro consta de 232 párrafos. Al izquierdismo están dedicados 46, el 20 %.

[3] La militancia existe porque es no peligrosa. Cuando el poder de turno la considera peligrosa para su continuidad, la militancia es atacada. Algo semejante ocurre con otras actividades sustitutorias.

[4] Desconozco a qué genealogía puntualmente se refiere Kaczynski, pero el diagnóstico del enloquecimiento progresivo de este mundo en su configuración actual es compartido por un importante número de ´desquiciados´. Como no dispongo de espacio para indicar sus semejanzas, recomiendo leer y escuchar en paralelo el artículo aquí reseñado y la conferencia que el psicoterapeuta chileno Claudio Naranjo dictó en Buenos Aires [24-04-2013]: “Conocimiento transformador” [ Youtube.com ] En relación a la educación, la dominación, el lavado de cerebro, la publicidad optimista de vivir en un mundo maravilloso, la neurosis universal, la locura generalizada, la escasa productividad de la militancia y la crisis generalizada del sistema militar-industrial, Kaczynski y Naranjo coinciden. Detrás de sus posturas, dosis de anarquismo, autoconocimiento, filosofías orientales, etc.

[5] Podría confeccionarse una lista de suicidas que basaron su decisión en comprender que la vida en la sociedad actual carece casi de sentido. Otros –con una perspectiva semejante- no se suicidaron pero se inmolaron u optaron por el camino de la autodestrucción. Afirma Kaczynski en el párrafo 148: “El individuo cuyos actos lo llevan a un conflicto con el sistema está en contra de una fuerza demasiado poderosa como para conquistarla o para escapar de ella, por lo tanto es probable que sufra tensión, frustración, derrota. Su patología será mucho más fácil si piensa y se comporta como desea el sistema. En este sentido se está actuando en beneficio del individuo cuando se le lava el cerebro para que esté conforme.”

[6] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/

[7] A esta altura la novela es otro avatar en el mito Kaczynski. Me interesa su discusión, no sus rasgos reales. En estas tierras, un paradigma de las tergiversaciones es el escrito de Pablo Capanna “Unabomber, el aniquilador solitario” incluido en el volumen recopilatorio Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos [2009]. La mirada de Capanna no es caprichosa: responde a una perspectiva conservadora. Ese texto difamatorio fue publicado originariamente en un periódico de tirada masiva.

[8] En aquel fondo espejado habría que incluir a Nina, académica retirada y exiliada ruso-soviética que se interesa por Renzi. Por otro lado, en La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski se refiere por dos veces [#195; #217] a Fidel Castro y a Cuba, y en ambas de manera negativa. A modo de ejemplo, el significativo párrafo #195: “No hay garantía de que el sistema industrial pueda ser destruido al mismo tiempo en todo el mundo, y es posible que en el intento por derrocarlo, sea dominado por dictadores. Hay que correr ese peligro ya que la diferencia entre un sistema industrial ´democrático´ y uno controlado por dictadores es pequeña, comparada con la diferencia entre un sistema industrial y uno no industrial. (La estructura tecnológica y económica de una sociedad son bastante más importantes que su estructura política a la hora de determinar la manera en que vive el hombre medio; ver #95, #119). Puede discutirse que un sistema industrial controlado por dictadores sería preferible, porque normalmente se han demostrado ineficientes, por lo tanto es probable que colapse. Mirá Cuba.” El argumento de que los dictadores son preferibles conoció sus avatares en este mismo extremo país del Cono Sur.

[9] Supongo que Piglia disintió con la escalada hacia la lucha armada. Militante del PC, acaso prefería pensar la revolución como proceso al que se llega por la toma de conciencia de las masas (aunque no tengo plena seguridad, en este caso, de lo que afirmo). Sobre su relación con Rodolfo, ver el documental P4R+.Operación Walsh [1999] de Gustavo E. Gordillo [disponible YouTube].

[10] Sobre Walsh y la ALN pueden leer una biografía del escritor a cargo de Eduardo Jozami, La palabra y la acción [2006]; también de Rubén Furman, Puños y pistolas [2014], una historia de ese ´grupo de choque´; puede verse el programa, en cuatro capítulos, dirigido por Luciano Zito, Reconstrucción de un hombre [disponible en Youtube].

[11] Walsh, por supuesto, no está en El camino de Ida. Sin embargo, existe una sutil corriente subterránea que me gustaría señalar. Renzi, hacia el final de la novela, desanda el camino hacia la cárcel en la que está detenido Munk. Conoce a una joven estudiante de literatura comparada –Nancy Culler- que prepara una tesis acerca del ´terrorismo ecológico´ en la película de A. Hitchcock, Los pájaros. Nancy alardea: no escribirá sino que filmará su tesis, ´la primera disertación fílmica de la historia de los Estados Unidos´- titulada ´A vuelo de pájaro´. En su ensayo sobre Walsh, Viñas (2005, p. 254) apunta que en la forma de contar desde arriba de Walsh (una partida de ajedrez, por ejemplo) “…parecería que sobrevive una dimensión teológica.” Ese ademán de usar ´planos explicativos´ responde, según Viñas, a una constante en la forma de mirar en la literatura argentina, ´el vuelo de pájaro´.

[12] De esta manera, Walsh se incorpora a la lista de escritores argentinos heterodoxos –en un sentido diferente al que utiliza Viñas- en contacto con las herejías en un sentido amplio (ocultismo, esoterismo, cábala popular, hermetismo, gnosticismo, etc.). Esos autores, en un listado incompleto y restringido al siglo XX, son: Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Roberto Alrt, Jorge L. Borges, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Ernesto Sabato, Julio Cortázar, Manuel Puig y, con sus peculiaridades, el mismo Ricardo Piglia. (En todos esos herejes, con mayor o menor incidencia, la matriz de la ciencia ficción.)

[13] Hay un tercero en esta serie. En el escrito “Fabián Polosecki, mística y anarquismo” [https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/11/15/fabian-polosecki-mistica-y-anarquismo/] expongo con más detalle un tema que mencioné al pasar en el cuerpo del texto: anarquismo y cristianismo primitivo. A su vez, es muy interesante considerar los hilos invisibles que reúnen a Polosecki con los dos nombrados. Hilos: la militancia, la religión, la decepción, la crítica a la organización social (y a la célula revolucionaria), el retiro al Tigre, Conrad, la paranoia, la inmolación, la ética anti-, etc. En lo que respecta al suicidio de Polo, como Ted descendiente de polacos, dos comentarios: a) en la versión de Piglia, que Munk le pregunte por el cianuro a Renzi sugiere una leve chispa de arrepentimiento por no haber previsto ese detalle; haber caído en manos de las fuerzas de seguridad de ninguna manera fue un buen final de secuencia; b) su alocado enfrentamiento aquel 25 de marzo de 1977 con los militares y a los tiros, tiene todas las trazas de un suicidio disimulado por parte de Walsh; como muchos otros convencidos, v.g., su hija Vicky, fue al muere; se sabe que Walsh rechazaba el uso de la pastilla de cianuro y prefería el culto al coraje llevando consigo un revólver.

[14] El paradigma del escritor-periodista salvaje para Walsh era Ambrose Bierce, aunque esa es otra historia.

[15] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

[16] Sobre un tema tan complejo, envío a la discusión recogida por el volumen AA.VV., No matar. Sobre la responsabilidad [2007], Córdoba.

[17] Existe un patrón de ataque al disidente en el que, de una u otra forma, siempre se terminan por esgrimir los mismos argumentos. En el artículo “EE.UU.: cuatro cadenas perpetuas para Unabomber (El terrorista postal)” [1998] {LINK http://edant.clarin.com/diario/1998/05/05/i-03601d.htm }, Marina Aizen construye el monstruo en base a: i) problemas de identidad sexual (se menciona el intento de abuso contra una empleada de un comercio), ii) resentimiento y odio por no haberse insertado en la sociedad, iii) irracionalidad -locura- basada en la soledad. Ahora bien, cómo puede afirmarse que Kaczynski nunca ´se integró a la sociedad industrial´, cuando surgió de sus entrañas. Acaso nada tan competitivo ni elitista como el sistema universitario estadounidense, y Kaczynski recorrió esos pasillos sin que nadie diera cuenta de su desequilibrio. Solo cuando convirtió su hastío en acción, la brillantez académica no fue suficiente para considerarlo interesante.

[18] Puede tratarse de una radicalización en mi mirada sobre el escrito de Kaczynski. Sin embargo si se traspasa la extrañeza inicial de un escrito por momentos robótico, sus afirmaciones describen punto por punto la sociedad industrial. Las formas que adopta la violencia, y que están originadas en el avance de la tecnología por sobre la libertad y la autonomía humanas, son descriptas también por el manifiesto. Ofrezco un ejemplo de esos aciertos en https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/27/cyberlolita-kaczynski/

[19] Se supone que Kaczynski conoció de cerca –de hecho, habría sido un cobayo- experimentos con las personas en las universidades para detectar y mejorar técnicas de manipulación mental. Recomiendo el documental alemán Das Netz [2003] –disponible en Youtube.com como The Net.

[20] La tercera víctima es un empleado de un negocio de computación que –se supone- casualmente mueve el paquete destinado a otra persona con cargo jerárquico.

[21] Versión primaria https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/25/kaczynski-contra-la-militancia-tres/

[22] Acerca de la relación entre la Red, el consumo de drogas y la religión (y, como siempre, la política), pueden repasar https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/ En todos los casos el aspecto común es la búsqueda de trascendencia. El problema son los medios para alcanzarla y las resultantes no deseadas de esas interrelaciones.

[23] El documental instala la sospecha sobre el contenido del Manifiesto, mediado por las fuerzas de seguridad estadounidenses (ver nota al pie, Parte I). La línea argumentativa del documental sería: realmente Kaczynski tiene razón y las intenciones de los ciber-profetas no son nada buenas (ver nota al pie, Parte III).

[24] “Matemático y escritor norteamericano, también conocido como ´Unabomber´. Enseñaba matemáticas en la Universidad de Berkeley hasta que, desencantado con la evolución de la sociedad americana, se convirtió en ermitaño y terrorista neoludita, al enviar paquetes-bomba a personajes representativos del mundo de la informática ­profesores y empresarios [Bill Gates tuvo el dudoso privilegio de recibir varias docenas de estos paquetes en Seattle]­, pues los consideraba responsables de la inexorable destrucción de la humanidad. Escribió Industrial Society and Its Future [El manifiesto Unabomber], que fue publicado por The Washington Post en 1995, como una forma de chantaje, pues Kaczynski prometió dejar de enviar bombas si se publicaba en primera plana. Este trabajo de crítica apocalíptica contra la tecnología, dada su calidad, despertó las sospechas del FBI, pues se creyó que su autor era un verdadero intelectual, extendiendo su investigación a la comunidad universitaria americana, entre ellos a personalidades como Illich y Zerzan.” A partir de estos eventuales sosías –Iván Illich y John Zerzan-, y del antes mencionado Hakim Bey, a Kaczynski se lo puede alistar a una serie de intelectuales recalcitrantes como Hans Jonas, Peter Watkins, Claudio Naranjo.

[25] Sobre ciencia ficción heterodoxa, hereje, hermética: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/ciencia-ficcion-hereje-2013/

[26] Ver Serge Gruzinski. El pensamiento mestizo [2000]; La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019) [2001]. Desarrollo su postura en “Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]”, disponible en https://independent.academia.edu/RobertoLepori En este blog utilicé la categoría ´guerra de las imágenes´ en artículos como A) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/vem-pra-rua-vem-una-guerra-de-imagenes/; B) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/o-brasil-deveria-libertar-se-da-globo/

[27] Elijo al azar una crónica del encuentro: http://www.perfil.com/politica/Como-fue-la-reunion-de-Cristina-con-Mark-Zuckerberg–20150411-0081.html

[28] Para tener una leve dimensión de cómo la política utiliza ideológicamente la tecno-ciencia, pueden ver la Wiki de Florencio Randazzo, pre-candidato a presidente. Link http://lawikiderandazzo.com/

[29] Continúa: “El burgués corriente intenta llevar a la gente bajo el control del sistema para proteger su modo de vida, o lo hace simplemente porque sus actitudes son convencionales. El cripto-izquierdista intenta llevar a la gente bajo el control del sistema porque es un Verdadero Creyente en una ideología colectivista. Se diferencia del izquierdista medio sobresocializado por el hecho de que su impulso de rebeldía es más débil y está más firmemente socializado. Se diferencia del burgués corriente bien socializado por el hecho de que hay una profunda carencia en su interior que le hace necesario consagrarse a una causa y sumergirse en una colectividad. Y puede que su impulso (bien sublimado) por el poder sea más fuerte que el del burgués medio.”

[30] Me refiero a este libro en la Parte II. Dice González (2004, p. 266) acerca de la llegada de Perón al poder: “Fundado a comienzos de 1943 y disuelto en 1945, el GOU reitera las mismas tecnologías de organización clandestina y los atributos del logos conspirativo. El poder no es un poder de la técnica materializada en aparatos de servicios y gobierno, sino el gobierno de los hombres ensamblados por formas sigilosas y paralelas de disciplina.” Por azar, hoy se cumplen setenta y dos años de la exitosa conspiración que llevó al GOU al poder y que propició la escalada de Perón a la presidencia. González en 2004 denominaba a esa conspiración ´golpe de Estado´. Denominarlo de otra forma, por ejemplo ´revolución´, sería adoptar como punto de vista válido el del grupo de militares. En ese caso, lo de 1955 también es una ´revolución´ y lo de 1976 también es un ´proceso de reorganización´. Pues bien, un joven crítico literario que trabaja en una universidad metropolitana, adicto a la actual ortodoxia, en un volumen en el que ensalza de forma bastante parcial e improvisada a Rodolfo Walsh, quien merecería un mejor aeda, acepta la idea de que el ´golpe de Estado´ del 4 de junio de 1943 es una ´revolución´. ¿Descuido? ¿Ignorancia? ¿Complicidad? ¿Militarismo? ¿Desinterés por la democracia? En un futuro, supongo, intentaré escribir sobre ese caso particular.

[31] El director-militante es oriundo de la misma ciudad que el abogado asesinado, ubicada a unas dos horas del territorio en el que suceden parte sustancial de estos hechos.

[32] “Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.” La sociedad industrial y su futuro [#17]

[33] La factura de ese documental se opone punto por punto a posturas ideológicas críticas como la del británico Peter Watkins – https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/10/29/maldito-watkins/

[34] Sobre corrupción en la universidad, en este caso, la UBA http://www.telam.com.ar/notas/201505/105222-uba-conflicto-denuncias-causas-judiciales.php

[35] Sobre complot, conspiración, política tradicional, literatura paranoica, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/02/14/doscientas-ochenta-y-nueve-fojas/ La relación entre conspiración, política, universidad, servicios de inteligencia, quedan evidenciados en casos como el de un académico vicerrector espía http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html

[36] Una versión de esa historia de apriete institucional es contada en el siguiente post https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ Preciso aclarar que el único dato identificable, aunque no aparezca en el cuerpo del texto, es el nombre de la ciudad escenario de esta historia. Me reservo la identidad de los personajes mencionados. Esos sujetos no son originales en sus prácticas. Si algo tiene de divertido el fascismo –terrible en otros aspectos- es el de la previsibilidad.

[37] Versión parcial https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/06/04/kaczynski-contra-la-militancia-cuatro/

Kaczynski, contra la militancia [cuatro]

“Nor tackle, sail, nor mast; the very rats
Instinctively had quit it: there they hoist us…”
[“Ni aparejos, ni velas, ni mástil; las ratas
Por instinto lo habían abandonado: allí nos subieron…]

“Shakespeare (oculto maestro cibercultural)…”

Ted Kaczynski denomina ´sociedad industrial´ a un constructo que recibe otras categorizaciones: sociedad del espectáculo, sociedad de consumo, capitalismo posindustrial, capitalismo tardío, complejo militar-industrial, ciber-imperio. La crítica del matemático apunta, en su núcleo, a la lenta intromisión de la tecnología (o tecno-ciencia) en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, aquello que era lo habitual –para no decir lo natural– en el ser humano, esto es, la obtención de comida, refugio, seguridad, fue retirado de su esfera de acción, y a modo de placebo se le ofreció una serie de actividades sustitutorias que no han logrado más que deprimir, violentar, volverlo airado. Dice el párrafo 145 de La sociedad industrial y su futuro: “Imagina una sociedad que somete a los individuos a condiciones que los hacen infelices y que les da drogas para contrarrestar la infelicidad. ¿Ciencia ficción? Ya está ocurriendo en nuestra sociedad. La tasa de depresiones clínicas se ha incrementado en las décadas recientes. Y creemos que se debe al colapso del proceso de poder… […] En vez de extirpar las condiciones que hacen que la gente esté deprimida, la sociedad moderna les da antidepresivos que modifican el estado interno para que el individuo tolere las condiciones sociales que de otra manera encontraría intolerables.”[1] Este es uno de los métodos de control del comportamiento utilizado entre los humanos [#146]. Existen otros, como, por ejemplo, a) ´las técnicas de vigilancia´ (cámaras que filman, computadoras que procesan información sobre los individuos), b) ´la propaganda´ (medios de comunicación de masas), c) “La industria del entretenimiento es una importante herramienta psicológica del sistema. […] Le proporciona al ser humano un medio de escape. Mientras es absorbido por la televisión, los videos, etc., olvida la tensión, la ansiedad, la frustración, la insatisfacción. Muchos de los llamados primitivos cuando no tienen ningún trabajo que hacer, se sientan durante horas sin hacer nada porque están en paz consigo mismos y con su mundo. Pero la mayoría de la gente moderna debe estar constantemente ocupada o entretenida, de otro modo se ´aburre´, se vuelve inquieta, incómoda, irritable.” [#147] La irritación, la incomodidad, la inquietud está originada en la pérdida de la autonomía y de la libertad.

La actual organización social es una compleja red en la que cada individuo funciona a modo de engranaje necesario. Cualquier desvío que atente contra la sustentabilidad es sancionado. De esa trama a gran escala participan ´los servicios públicos´, ´las redes de computadoras´, ´los sistemas de autopistas´, ´los modernos servicios de salud´, ´los medios de comunicación de masas´ (mass communications media) [#118]. Un conglomerado de acciones basado en el desarrollo de la tecnología sostiene la sociedad industrial aunque, por razones obvias, y sobre todo en cuanto al convencimiento, los medios de comunicación son los que barnizan una realidad que no soporta la uña de la duda sobre su superficie. La tecnología, en general, es el elemento disruptor en la conformación social actual y los medios de comunicación, en particular, el soporte ideológico. Junto al sistema educativo, los medios de comunicación mayoritarios (mainstream communications media) enarbolan los valores que la sociedad industrial defiende en términos nominales [#28]. Esos medios (mass media), en gran parte, son controlados por corporaciones integradas al sistema [#96]. Es una lógica tan cristalizada que quienes alegan ser detractores –activistas o militantes de izquierda (tal vez la más importante entre las actividades sustitutorias)- una vez que ocupan el poder, mantienen la usina de injusticias que gritaban combatir: “Cuando el izquierdismo domina la sociedad, el sistema tecnológico es una herramienta en sus manos, y lo usan entusiasmados para promocionar (´promote´) su crecimiento.” [#216] [2]

En La sociedad industrial y su futuro de 1995, Kaczynski menciona por única vez Internet en el párrafo 96 al explicar y justificar el uso de la violencia en las muertes provocadas por sus ´cartas-bomba´. Reconoce que la Red hubiera sido un medio para difundir el manifiesto, pero sabe que entre la maraña de publicaciones, habría pasado al olvido. Esa mención no responde a un color de época. Como cuenta el documental alemán Das Netz [2003], al mismo tiempo que Kaczynski se distanciaba del mundo, entre fines de la década del sesenta y comienzos de la del setenta, en espacios vecinos (Harvard, Berkeley) se pergeñaba el acabado final del universo regido por Internet que explotaría en pocas décadas. Fue Kaczynski un testigo directo –y se supone, también, un cobayo- en el armado de esta versión de la sociedad industrial a la que otros denominan Ciber-Imperio.[3]

Una de las biblias del ciber-mundo es el volumen de los españoles Andoni Alonso e Iñaki Arzoz, La Nueva Ciudad de Dios [2002]. En esta enciclopedia, los críticos recopiladores reconstruyen el camino centenario, y milenario, de ese anhelo -platónico, agustiniano, etcétera- de confeccionar ´un cielo virtual en la tierra´ para cobijar con felicidad los cuerpos astrales holográficos y, en rigor de verdad, con el objetivo de lograr el más amplio control sobre individuos que, al fin de cuentas, lo aceptan dócilmente.

Frente a la miríada de autores, textos y referencias cruzadas, el volumen de Alonso y Arzoz incluye un Cd-Rom que, a su vez, reenvía a una página web titulada “Quién es quién en la cibercultura ampliada”. Este reservorio de información incluye múltiples entradas biográficas como la del propio Kaczynski.[4] Sería imposible y, por su parcialidad, carente de sentido nombrar a los conscientes o aleatorios partícipes de la construcción del Ciber-imperio. Rescato, a modo de trueque, uno de los que permitieron la concreción de la ´sociedad del simulacro´: “William Shakespeare [1564-1616]. Dramaturgo inglés. Genio del teatro que [entre otras] escribió la fascinante La tempestad, una suerte de anticipación de la realidad virtual… [con]… el juego entre la apariencia y la realidad, y la comunicación de la verdad por medios mágicos… Por otra parte, Shakespeare -cuya obra está plagada de recursos y motivos ciberculturales- es… uno de los autores con más presencia en Internet.”

La tempestad –alejada, en apariencia, del tema que nos convoca- permite pensar algunas cuestiones: i) la fuerza de la ciencia ficción (en su variante heterodoxa) para analizar la sociedad industrial; [5] ii) la pertinencia del simulacro y del barroco como categorías que evidencian la constitución de una realidad de doble fondo en base a la tecnología, la manipulación de la información, la propaganda; iii) la deriva en la conspiración, propiciada por esa doble realidad.

Esa obra de teatro de inicios del siglo XVII escenifica dos modi operandi que no han cejado, que se han intensificado y que, incluso, se han fusionado. El protagonista de La tempestad es Próspero. Este mago y político construye mediante sus saberes secretos una ´realidad alternativa´ –el naufragio- para vengarse de quienes, en el pasado y en Italia, lo despojaron de su poder y de sus posesiones. Los destinatarios de esa venganza, y en continuidad con el pasado -aun en medio de un desastroso naufragio (luego ficticio) y en la arena de una isla en apariencia desierta- conspiran y conspiran para tomar el control. De ambos lados, el poder (y la justicia) basados en mecanismos que engañan para someter.

La tempestad, y sus personajes, recibieron interpretaciones diversas y contradictorias. Alonso y Arzoz recuerdan que “…es uno de los modelos para el anarquismo de [Hakim] Bey, [al] representar la pasión por vivir fuera de las convenciones sociales.” Como se desprende de la mera lectura de la obra, la fábula no se sitúa en cualquier espacio del mundo conocido. La acción transcurre en el Caribe –o en las Bermudas-, como reflejo metropolitano de la invasión europea a estas tierras, ocurrida a fines del siglo XV. Con este dato en mente, a la lectura proto-anarquista se le puede añadir una menos complaciente.

Próspero vive en esa isla –ubicada acaso en América- con su hija Miranda y con dos sirvientes, Ariel, dedicado a complementar su magia, y Calibán, destinado a las tareas rudas. El nombre ´Calibán´ fue entendido de distintas maneras: derivado de caribbean; de cannibal; de cauliban (término gitano que significa ´oscuro´). Como sea, su figura es la del habitante del Nuevo Mundo, hijo de una bruja africana desterrada, y sometido a las voluntades ajenas que quieren dominarlo o con palabras (órdenes, promesas), o con licores y lujos futuros que nunca llegarán. Ese desastrado, quien por cierto le cuestiona a Próspero no haberle transmitido su ciencia, representaría al nativo sometido, y a la vez, al nativo que, a su modo, resiste frente al amo, y lucha así por su liberación.

En ese ir y venir de sentidos posibles, el extraño Calibán encarnaría un aleatorio ejemplo de lo que el historiador francés Serge Gruzinski denomina ´guerra de las imágenes´.[6] Aunque no lo proponga él en estos términos, el ciber-imperio, el ciber-mundo en el que se libra una batalla continua por la obtención del poder (económico, político) mediante una doble vía –bombardeo de imágenes, fogoneo de relatos- tiene su momento crucial en el arribo de Colón a las islas del Caribe. América fue a partir de ese momento -según Alonso y Arzoz, y en consonancia tácita con Gruzinski- un ´laboratorio de imágenes´ en el que se ensayaron diversas estrategias que permitieran el dominio mediato e inmediato de los millones de calibanes que habitamos los mundos periféricos. Que el M.I.T, que Hollywood, que Televisa, que O Globo estén en el continente americano no es, por supuesto, casual.

Esta ´guerra de imágenes y de relatos´, con centurias de tradición, es el humus propicio para realidades barrocas de doble fondo y, en consecuencia, para incesantes conspiraciones políticas voceadas, por lo general, con las mejores intenciones, pero, en lo concreto, con la búsqueda del beneficio propio –del grupo (secta, facción), de la corporación, de la casta.

Como lo estipuló el matemático descendiente de polacos, más allá de las palabras e intenciones, ningún actor ni de la derecha ni de la izquierda, ni de sus grises intermedios, ataca el uso de la tecnología, de las redes sociales, de Internet, de las huellas de aquí y de allá del cuerpo en los aeropuertos, del espionaje de e-mails, etcétera, etcétera, etcétera. La tecno-ciencia ha sido naturalizada incluso en países que se consideran anti-imperialistas.

La tecnología ha invadido la vida social y, aun cuando se trata de una de las formas más evidentes de dominación, de control y de generación de desigualdad, no se la discute. Es más, sin que a ningún medio de comunicación ni mucho menos político e ideólogos de turno, ni de un lado ni del otro, se le caigan los anillos, a la Cumbre de las Américas de este año, y con Julian Assange encerrado en una embajada sudamericana en Londres, asistieron los presidentes de todos los países… y el fundador de la atroz red social azul, fuente aberrante de espionaje virtual.[7]

Así las cosas, y olvidándonos de los consabidos reaccionarios, la tecnología se convirtió en una perfecta aliada de los progresistas quienes, definitivamente, pueden nadar y deslizarse por esa realidad de doble fondo que se ha instalado. Con el mayor cinismo posible –o por mera ambición- los militantes izquierdistas dicen, pregonan, alientan la liberación de esto y de aquello, la batalla aquí y allá contra el status quo –al que en muchos casos ellos representan- mientras conspiran para poder vivir la vida de los que en la arena pública son denominados ´enemigos´. Puede para el desprevenido y novel lector resultar un argumento extraño, pero es complejo desarmar la posición de Kaczynski: si existe alguna rémora para la lucha contra el sistema industrial -que debe ser detenido, desactivado-, ellos son los izquierdistas quienes –repito- mientras dicen luchar, confirman lo establecido.

Si la peor versión del izquierdismo surge en las últimas décadas del siglo XX, y la siguiente afirmación queda de mi lado, eso sucede en conexión con la explosión de los mundos virtuales.[8] El izquierdismo dice ir contra todos los aspectos del sistema industrial, menos contra el fundamental –la tecno-ciencia- porque de ella se nutre y por medio de ella promociona sus ´aciertos´ y, lo que es peor, construye universos ideales de luchas, combates, posicionamientos político-ideológicos, y en secreto anhelan lo que disfrutan los conservadores -estatus, dinero, jerarquías, beneficios, prebendas- porque, como sabemos, militantes izquierdistas de raigambre popular y sincera hay muchos, pero los falsarios, corruptos, advenedizos que rezan cualquier rosario para posicionarse son legión.

Hacia el final de La sociedad industrial y su futuro, Kaczynski introduce una distinción: “Los izquierdistas más peligrosos -los más hambrientos de poder- con frecuencia se caracterizan por la arrogancia o por un enfoque dogmático de la ideología. No obstante, los más peligrosos de todos pueden ser sujetos sobresocializados que evitan despliegues irritantes de agresividad y se refrenan de hacer publicidad de su izquierdismo, pero trabajan rápido y promueven con discreción valores colectivistas, técnicas psicológicas ´ilustradas´ para socializar niños, la dependencia del individuo al sistema, y todo eso. Estos cripto-izquierdistas… están próximos a ciertos tipos burgueses en lo que atañe a acciones prácticas, pero difieren de ellos en psicología, ideología y motivación.” [# 230] [9]

La categoría ´cripto-izquierdista´ puede sumar un nuevo matiz si se entiende el concepto no solo en referencia a quienes trabajan en las sombras para que los ciudadanos permanezcan bajo control, sino también en lo que respecta a los que viven en el guiso de una inversión de valores. Son meros burgueses que han detectado los beneficios de la corrección política y a caballo de esa mistificación avanzan en la vida social empuñando la espada de combate con la mano izquierda y acumulando monedas con la derecha. El cripto-izquierdista y el cripto-burgués son cara y ceca del mismo e idéntico tapiz.

Argentina, por cercano, es caso testigo del estadio actual del sistema industrial en el que el uso de la tecnología se ha convertido en el feroz campo de batalla en el que se disputan los mapas ideológicos que sustentan la organización social. En Argentina conviven, al menos, dos realidades virtuales hostiles entre sí: por un lado, la de las fuerzas reaccionarias, conservadoras, elitistas, etcétera; por el otro, los eventuales disidentes del modelo anterior, es decir, fuerzas progresistas (izquierdistas), dinámicas, populares, que apuntan –o que apuntarían- al bienestar de la mayor parte de la población. (Dicha polarización es, sin dudas, nefasta además de falsa).

Esa tradición política de raigambre popular abreva, en sus orígenes, en la lógica conspirativa. Esa impronta se extiende hasta hoy. Si bien puede aplicarse la lógica del complot a toda la política tradicional, es innegable que en lo que atañe a las formas del peronismo, la conspiración en el fondo y la publicidad en la superficie es un método que ha hecho escuela. Una posible reconstrucción de esta dinámica aparece en Filosofía de la conspiración [2004] de Horacio González.[10]

En la ´guerra de relatos´ con virulencia desatada años atrás en la Argentina, y con sobradas señales de conspiraciones cruzadas con realidades virtuales, abundan los izquierdistas burgueses encriptados. Podría traer a cuento una larga lista de anécdotas y de chismografía ideológica que sustente mi diatriba. Como indiqué en el final de la tercera parte de este escrito, me interesa una de esas ratas ideológicas que dice luchar contra el status quo mientras hurga en el miasma de los privilegios obtenidos gracias a la necesidad ajena.

Esa historia requiere de un prólogo a modo de marco.

Hace un par de años, una joven mujer con sus convicciones intactas, una convencida activista progresista, una militante (fuente de esta anécdota) fue invitada a pasar unos días a una finca ubicada en un paradisíaco reducto de las profundidades provincianas, junto a su flamante pareja, también activista, también progresista. Esos días de folga mostraron temprano su faz oscura y apenas desembarcada la excursión en el reducto, la joven militante percibió que ese contexto de pares, que ese mundo en el que otros militantes libaban no era semejante al que mostraban en el fragor de la lucha por la liberación de no sé qué cadenas. Esta anécdota, que sintetizo y que no reproduzco más que en su núcleo, fue archivada en la común memoria oral bajo el membrete de ´Los dos Audis´. Familia de militantes, ideología progresista, profesionales universitarios, estrechas relaciones con la política, obtención de prebendas, contratos por obras públicas, tecnocracia teñida de izquierdismo, dinero y más dinero, mansiones, sirvientes, bellas mujeres siempre rubias, parques, piscinas, canchas, los dos Audis en el inmenso garaje, y de lunes a viernes de 10am a 20pm, y los sábados y los domingos, a veces, la defensa del modelo, del proyecto, de la brava lucha –siempre virtual, siempre tecnológica, siempre conspirativa- contra poderes aciagos que bastante se parece a la lucha contra la propia imagen en el espejo. (Y como telón de fondo, lo olvidaba, una profunda depresión, porque se milita a causa de una tristeza enorme por la pobreza pero no barrial, citadina, nacional, mundial. No. Por la pobreza personal. Por eso cumplen el proceso de poder como una piara entre las sobras.)

Ciber-realidad, militancia progresista, universidad, política tradicional, negociados, y la corrupción y la conspiración merodeando, son los hilos de una densa red en la que la mistificación, la hipocresía, la apropiación de las instituciones del Estado (o la aceptación de la cooptación en manos de), las conexiones turbias, la utilización y manipulación del ´oprimido´ en beneficio propio, son ingredientes del suculento plato. Sin dudas que a este esbozo le caben dos aclaraciones ya deslizadas: a) no todos los militantes son corruptos aunque en su mayor parte los líderes sí, b) no es esta una cuestión de banderas partidarias: en un gran número la militancia progresista funciona de modo semejante al de la política tradicional. Algún lector extraviado por aquí dirá que lo que digo es obvio. Me gustaría recordar que, al menos en la Argentina, la militancia progresista aboga por la defensa del ´pueblo´, por cambios, por soluciones igualitarias y hasta, en el colmo del delirio, por defender su usurpación del Estado como si de una ¡revolución! se tratara.

Horrendo vástago, la historia de la rata se desprende de la anécdota de ´Los dos Audis´ al reproducir paso por paso el patrón de comportamiento indicado: banderas sociales agitadas en aras del (bajo y básico y plenamente burgués) beneficio personal.

Con ustedes, la Rata.

Una tarde, durante una charla en una vereda céntrica de la ciudad, frente al cuestionamiento a causa de lo conservadora, intolerante, racista, violenta e idiota que es la sociedad que allí germina -observaciones desprendidas de la conversa que llevábamos adelante con un tercer comparsa-, la Rata opinó que era así y que no había por qué pensar que cambiaría: en esta ciudad para ser reconocido y pertenecer a (vaya saber uno qué), o había que tener apellido tradicional, o había que tener dinero, o había que poseer alguna estirpe o alcurnia (típicas jerarquías de oropel propias del interior); si no, no existís, refrendó. Sorprendido, le pregunté con discreción si avalaba o describía la situación porque de tratarse de la primera opción sonaba un poco raro en boca de un militante defensor de lo que ustedes ya saben. La conversación se desvió, salió de ese estadio complejo y derivó en otras cuestiones, aunque hasta el final flotó en el aire la incómoda idea de que había sido dicho algo indebido.

Ese militante –la Rata- es argentino, tiene poco menos de treinta años, no es un profesor universitario, aunque se ocupa, trabaja, se desempeña en una de las dependencias de la universidad local -la productora audiovisual. Al mismo tiempo, milita en una organización progresista, en un sentido amplio, de izquierdista (o de centro-izquierda).

Su carta principal de presentación –así lo conocí- es haber dirigido un documental que cuenta la historia de un militante detenido-desaparecido-asesinado durante la última dictadura militar argentina [1976-1983]. En el primer intercambio de ideas que tuve con aquel, la conversación rondaba la posibilidad de filmar o no a un reconocido habitante de la ciudad en la que ocurre esta historia (ingenuo de mí). En determinado momento le sugerí que el rodaje podía ser complicado; ese sujeto era cascarrabias o díscolo y, entonces, el asombro: ´Cuando vas a filmar tenés que armar todo para sacar lo que querés´. Le respondí que sí, que entendía lo de la puesta en escena en un documental pero aun así…

Solo comprendí ´sacar lo que querés´ al ver su película.

Asistí a una proyección pública en uno de los espacios de militancia que el activista frecuentaba. El documental –de poco menos de una hora de duración- es un artefacto geminado en el que conviven dos filmes diferenciados por un salto temporal de casi veinticinco años. La primera parte cuenta la historia del abogado laboralista y su lucha en favor de los obreros contra una corporación cementera.[11] La narración está estructurada de forma clásica: infancia, primeros esfuerzos, primeros problemas, logro, transformación, caída. Luego de la caída –su asesinato-, la apoteosis que lo conduce al cielo de los mártires. En esa narración, los únicos enemigos son los militares en el poder. Bajo ningún aspecto, se ofrece una mirada sesgada sobre la militancia en aquella época que a modo de espejo les permita a los militantes del presente –mayoría en el auditorio- aprender de esos errores, de esos pasos en falso, o de lo que sea. Como dije, el resultado es la apoteosis y el heroísmo    -como si morirse como un perro con un tiro en la cabeza después de estar encerrado en una quinta (y con la esposa a punto de dar a luz) fuera encomiable.

Terminada la proyección, me acerqué y por la cortesía al uso le dije que me había gustado (no tuve el pulso para exponer lo que pensaba) y le indiqué que me había resultado rara la puesta en escena: a) la esposa aparece sentada en un sofá rojo cubierta por un vestido símil leopardo; se la ve feliz de –¡por fin!- acercarse a las candilejas; b) los hijos testimonian por separado y en ningún momento se reúnen entre ellos, ni con la madre; c) él único caso de un testimonio conjunto era el de dos amigos del militante desaparecido que, entre silencios y lágrimas, más hacían dudar que confirmar la historia que se estaba contando.

El director-militante me reconoció que era posible que hubiera otra historia, que de hecho la había, pero que no había podido contarla. La madre escondió durante años a sus hijos la verdad sobre la muerte del padre en manos de los militares y esos párvulos recién se enteraron del aciago suceso siendo adolescentes con todas las complicaciones que el silencio trae en esos casos. Desencantado con la trama familiar, uno de los hijos había comenzado a militar en una agrupación de descendientes de desaparecidos a mediados de los años noventa del siglo pasado. Todo eso era lo que no se podía contar.

Atónito regresé a mi asiento para el debate post-proyección. En la charla, intenté deslizar no ya aquella cuestión, sino el otro rasgo incómodo del film que ahora les reseño –y como podrán suponer fui abarajado en el aire y devuelto a mi silla mental.

El segundo documental dentro del documental cuenta la historia del juicio que se les siguió hace unos dos o tres años a los responsables del asesinato del abogado militante. El juicio por crímenes de lesa humanidad no es allí analizado. Se muestran testigos y acusados declarando, la condena y el festejo –entendible- de los familiares. La algarabía de estos no condice con la distancia que muestran en los testimonios personales.[12]

Pero había más. En la transición entre una parte y otra –entre los dos mini-documentales- se erguía extemporáneamente la figura del Líder político (ya fallecido) que a inicios de la primera década del siglo XXI, en un escenario social post-apocalíptico, reactivó la mística militante e impulsó –con innegable valor- los juicios contra los militares y civiles que habían cometido crímenes de lesa humanidad, como el mencionado en el documental. Si se deja de lado el dudoso recurso de la pantalla dividida y otros menesteres estéticos, el intempestivo salto de décadas resultaba chocante ya que en ningún momento en el film se anticipaba esa fusión temporal.

Simple: el documental era el escenario virtual preparado para ensalzar al Líder. La muerte-desaparición y el juicio eran tópicos fílmicamente interesantes porque alimentaban la incesante maquinaria publicitaria de la que el documental era y es un desprendimiento. Ni autocrítica, ni perspectiva sesgada, por lo menos, como gesto de amplitud de mirada hacia los de adentro. Ningún guiño, ninguna ventana al debate. Heroísmo y mesianismo al extremo. Y a eso había que llamarlo documental.[13]

Es como si los gritos en el desierto de Rodolfo Walsh –a los que me referí en la segunda parte de este escrito y en cuya tradición ideológica entronca el actual resurgir de adictos ideológicos- continuaran resonando entre los médanos de la militancia. Jerarquía, obediencia, verticalismo a cambio de prebendas. Autocrítica, nunca. No solo no se han recuperado con fervor las instancias críticas sino que, por el contrario como ese documental demuestra, se ha cristalizado el pasado, en una especie de mundo primitivo en el que buenos y malos, hombres y bestias, se diferencian claramente. Reconozco, sin dudas, que existen hoy voces críticas dentro del movimiento militante mayoritario. Lo complejo es que permanecen circunscriptas a las charlas de sobremesa.

¿Cuál es –me dirán- el problema de que alguien haga un documental que no me parece interesante ni bien acabado, que me impacta por su puesta en escena descuidada, por su poxiranesco salto temporal, por su olor a mala propaganda partidaria? No existe ningún problema, siempre y cuando ese (pésimo) panfleto audiovisual haya sido costeado por los bolsillos del propio director o por los de sus acólitos de doctrina… Pero no es el caso.

El film (sic) acerca del detenido-desaparecido-asesinado está financiado por Contenidos Audiovisuales de la universidad local, espacio en el que el director-militante trabaja. Este híbrido entre institución y partido político es un detalle. Puede tratarse de una acción artística lícita. Por ejemplo. La universidad decide participar de la discusión política a través de un aporte a la memoria histórica y encarga un documental. Si fuera así, aunque supongo que no lo es, lo mínimo que se le podría pedir al documentalista es rigurosidad en el manejo de los datos: no falsear, no manipular la historia –o, como dije, si quiere jugar en esas lides experimentales o panfletarias, y con esos parámetros, que se autofinancie.

Además, sería necesario revisar de qué manera ese ´realizador audiovisual´ llega a trabajar en una productora de contenidos audiovisuales dependiente de la universidad. Es posible que su condición de graduado –porque allí estudió- lo habilite, pero ¿entra a trabajar por concurso o de manera discrecional, accede por ser militante, por repetir el credo, por contactos, por presentación de proyecto? De qué manera es una pregunta importante. Son fondos públicos los que le dan vida a su monstruo (plagado de buenas intenciones, claro). Y son también fondos públicos –porque la historia continúa en círculo- los que le permiten al director progresista utilizar los equipos de filmación y de edición de la productora en cuestión para registrar actos partidarios, actos militantes, tal como consta, incluso, en fotos públicas compartidas sin pudor en las redes sociales.

Uno diría que, en principio, la militancia no debería ser una pequeña empresa. El grupo podría generar sus ingresos por medio de actividades, o aceptar la ayuda de otros militantes con cargos políticos, o permitir que el partido madre los sostenga… No tengo idea de cuál es la mejor opción. Sí sé que esos fondos no deberían salir de las universidades. Los espacios académicos, en su germen, son nichos de trabajo que deberían ser disputados por sujetos libres que ponen en consideración sus capacidades intelectuales y comunicativas, y no el tono de sus ligamentos para demostrar cuanto tiempo pueden sostener la genuflexión.

Libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad académica, lucha intelectual para la emancipación del ser humano… No se hagan ilusiones, nada de eso sucede en la universidad. Kaczynski, coherente, le dedicó algunas ´cartas´. Con sus libros, su ortodoxia, sus jerarquías y sus vidas entregadas, la universidad es el sucedáneo laico de la iglesia, otra institución pilar del complejo militar-industrial. Si uno quiere entender la esquizofrenia y la irracionalidad del capitalismo tardío bien podría apuntar allí sus intereses.[14]

Otros serán los problemas en otros espacios geográficos, en Argentina –donde las universidades son primordialmente estatales- sería necesario revisar esas instituciones poco resistentes al archivo en sus relaciones con la militancia política y con la política tradicional. Una quimera. Apenas si arriesgo una inocua ´carta-bomba´ contra los académicos y, en este caso, contra algún monaguillo. No comparto el uso de la violencia y es uno de los puntos que menos entiendo de Kaczynski, aunque comprenda su estrategia. Mi cortedad de entendederas me alcanza para publicar un texto enrevesado en un blog perdido y decir con la Rata como paradigma. En situaciones como las descriptas, el sujeto que funciona con doble rasero –realizador audiovisual académico; militante político-, como mínimo, o propone trabajos basados en la honestidad intelectual y demuestra talento (y así obviamos la manera espuria en la que accede al cargo) o que pase a cuarteles de invierno y que devuelva el dinero que -¡oh, ironía!- fue desviado de la necesidad de algún estudiante que podría haber recibido una beca. Vale decirlo: el ingrato fin de ese desvío fue fomentar la abulia digital del pichón de corrupto. (Alguien podrá preguntarme cuál es mi autoridad para decir qué está bien qué está mal en la factura audiovisual o de lo que sea perteneciente a otro; de acuerdo, pero dos aclaraciones: discuto el usufructo de dinero público al que se debería acceder por otras vías y no por participación en la misa comunal de la ortodoxia de turno; este mismo texto pedestre es autofinanciado; se trata, repito, de honestidad intelectual y de no hacerle pagar a los demás nuestros berretines, o en todo caso decir directamente –fináncienme, che– y no mutar repetidor de verdades a medias y ajenas.)

Que renuncien o que devuelvan el dinero. Es un tema que en este momento me excede –y tal vez me exceda por siempre. Detrás de la imposición del ciber-imperio, de ese mundo enloquecido de la propaganda y del bate parche audiovisual y multimedial, existe una lenta degradación de la cultura humanista que, con todos sus problemas, supo al menos crear sus anticuerpos y permitirse la autocrítica. Por machaque o por indiferencia del resto de la sociedad, puede hoy hacerse y decirse en arte, en cultura, en pensamiento, en política… cualquier cosa. Mientras se mantenga la obediencia al califa de turno, y en el territorio propicio, todo pasa, todo es aceptado, aprobado, editado y barnizado por la publicidad 2.0. Miles de Prósperos. Miles de millones de Calibanes.

Prometí no extenderme en la historia de otras ratas. Es inevitable cuanto menos indicar sus caminos, sus montoncitos y sus madrigueras.

En La tempestad Próspero menciona a las ratas que abandonan el barco desvencijado para graficar la podredumbre del navío al que lo condenan para expulsarlo, pero, se puede intuir, utiliza esos animalillos para figurar cómo fue abandonado por sus subordinados –el barco sería el ducado que regía- una vez que las intrigas palaciegas le quitaron el poder. En Hamlet, ´la rata´ está de igual forma asociada al conspirador político –la rata es Claudio, el tío de Hamlet; y la venganza orquestada por el príncipe, la ratonera.

El complot, la conspiración, los poderes en las sombras tienen su fuerza explicativa siempre y cuando aparezcan escenificados en algún tipo de ficción, de fábula que narre con cierta gracia la lucha contra fuerzas invisibles que revelan su presencia en el final del camino derrotadas, neutralizadas u opacadas para retornar en el momento menos deseado. Por el contrario, si la conspiración es utilizada para pensar la política real, el entramado económico aquí y ahora, el sujeto que esgrime esos argumentos es visto como un ingenuo, un crédulo, un paranoico que sigue el camino más fácil: creer que todo está manejado por hilos fuera de su alcance. El corolario es la inacción en las manos de una mente afiebrada.

Sin embargo, si se toman al azar algunos sucesos de los últimos meses, uno detecta que, por ejemplo, en Argentina ´muerte sospechosa, paranoia, complot, conspiración, servicios secretos, dobles agentes, traiciones varias, vendettas, suicidios que no lo son, etcétera´ son conceptos que abundan como la única forma de desentrañar lo que de otra manera es inenarrable e incomprensible.[15] En otra escala, pocos días atrás se desató a nivel planetario –en una de esas corporaciones que inundan segundo a segundo la iconosfera de ciber-espectáculos deportivos- una tormenta sin precedentes por casos de corrupción, que incluye a la política, escándalo en el que los investigadores oficiales hablaron sin tapujos de ´conspirador´, de ´co-conspirador´ y así. No es ninguna novedad –aunque ciertos sectores parecen verlo solo ahora- que los flujos descontrolados de dinero del capitalismo tardío derivan en corrupción, en complots incesantes que difícilmente sean desentrañados.

A pesar de ser una hipótesis banalizada sin cesar por los portadores de la corrección política e ideológica, la conspiración, los infiltrados, las sectas, la realidad de doble fondo (o de múltiples fondos) es una herramienta intelectual, si precaria, por lo menos eficaz.

La misma joven militante que –tal vez como catarsis- me contó la simpática anécdota de ´Los dos Audis´, en charlas complementarias, me confesó –hoy lo verá ella como un exceso de confianza- que por cercanía con esferas superiores de conducción, se sabía que desde hacía un par de años, y en previsión por un eventual abandono de la estructura del Estado luego de las elecciones del corriente año, las organizaciones militantes conectadas con el partido oficial de gobierno, habían comenzado sin prisa pero sin pausa a infiltrar con trabajadores adictos -militantes encubiertos- las dependencias estatales para preparar ´la resistencia por si en el país llegaba al gobierno la derecha´.

Ese planteo-confesión provocó, en su momento, un airado intercambio de ideas sobre lo lícito o no de la estrategia, pero, sea como fuere, y más allá de las evaluaciones, ese dato acerca de un movimiento –digamos, conspirativo- comenzado años atrás tuvo y tiene hechos concretos. El caso de la Rata -un caso menor por tratarse de un simple cronista de las batallas- es un ejemplo indiscutible de ese plan. Como es de suponer, existen infiltrados que deciden entrar a ocupar un puesto para ´hacerle el aguante al proyecto´, y existen conversos que tenían ese cargo en sus manos y que, ante el miedo de perderlo, siguieron el camino, con infinito menor brillo, idéntico al de Saulo de Tarso.

Quedarán los detalles para otro momento, si es que ese instante llega. A modo de síntesis podría indicarles que en mis paseos por la desquiciada selva de la organización social vernácula accedí de primera mano a la existencia de dobles agentes, infiltrados, conspiradores -mercenarios con la medallita al cuello indicando el nombre de su dueño-, i) en las dependencias de la universidad donde se desempeña el director-militante (conozco, entre otras, la deliciosa historia de un tecnócrata cuyo cinismo es más profundo que los negros abismos oceánicos); ii) en instituciones educativas no universitarias dependientes de la mencionada unidad académica (y me gustará algún día contar esa historia absurda); iii) en instituciones educativas provinciales (y en una, en particular, que ostenta en su corazón un medio de comunicación partidario, institución en la que fui apretado o conminado a sostener un discurso diferente del que propongo en mis tareas[16]); iv) ni hablar de lo que sucede en los gremios docentes: según la mirada de esos traidores, al igual que la de otros esbirros, vivimos una realidad poco menos que ideal, un mundo de fantasía y jauja, luchando contra enemigos que parecen estar siempre más allá y a los que veo acá, muy cerca… Porque a las ratas a simple vista es muy difícil verlas, pero en la tranquilidad de la noche se escuchan sus pasitos dirigiéndose hacia la madriguera.

Escribí, creo, de más. A mi alrededor, en charlas cotidianas, aleatorias, nada serias, esas de café o mate y tortas negras, me dijeron y me dicen que me calle, que no me conviene, que no hable, que diga otra cosa, que agache la cabeza, que me van a endilgar paranoia, que me van a diagnosticar insania, que soy un conservador, un reaccionario –modo de atacar al que no sabe rezar el rosario-, y que sea consciente de que categoría más categoría menos… Alguien sottovoce me dijo: ´se les fue la mano con el paladar negro, estamos viviendo algo así como un neofascismo, y sabés lo que significa intentar enfrentarlo´.

Un neofascismo ciber-condicionado, un mundo feliz construido de pura realidad virtual y de cifras incomprobables y de discursos, una revolución esplendorosa para quienes se pliegan y obtienen del carro en movimiento las migajas reales y simbólicas, de unas pocas monedas y de pertenecer a algo en este mundo gris y desvaído.

La realidad como delirio.

Y una tarde, la Rata hizo su mejor número. Estaba la horma cerca, iba a bailar de todos modos. Alentó, arengó y no dejó de arengar que la ciudad de esta historia era un irrefrenable ´polo audiovisual´. Polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, polo audiovisual, repitió, y no se cansó de repetir, polo audiovisual. Entendible. Aunque por las calles se ven solo las cámaras de los infinitos autos all-star (las de monitoreo ciudadano, ni funcionan, creo), en su madriguera, en su cueva, en ese espacio que debería ser público y que él ha optado por cooptar, las candilejas son otras, infinitas y, en sus términos, gratuitas, porque la estrella de su vida brilla con el dinero que les roba a quienes dice ayudar.

Humo –militancia política, universidad, producción artística e intelectual. Humo. Humo. Humo. Humo. Posta, es humo, como el de aquellos dos militantes –uno con cargo político, otro con una ciber-actividad- que luego de un espectáculo montado en el que uno se llevó los denarios y el otro la foto para mostrar, se miraron en la despedida, se abrazaron y se dijeron: ´sigamos ilusionando al pueblo, es lo que nos queda, que se diviertan, total nada va a cambiar

Humo, humo, humo. ¿Les resulta pesado digerir a Kaczynski que, al fin de cuentas, pide el fin del humo que es el fin de esta organización social? Los dejo entonces con otro polaco que, por esas casualidades, qué cosa no, anduvo por esta misma ciudad. Años antes de traer sus huesos esmerilados a restaurar, dijo –achicando el pedido de Kaczynski que pide parar el sistema en su totalidad: “…hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros.” Lo dijo Witold, que es Gombrowicz, en 1947, en Buenos Aires, en una conferencia, Contra los poetas.

Contra la militancia, por ahora, no digo más.

[Tandil – 04 de junio de 2015]

Notas:

[1] Acerca de la relación entre la Red, el consumo de drogas y la religión (y, como siempre, la política), pueden repasar https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/06/23/www-lanuevadrogaesciberdios-com/ En todos los casos el aspecto común es la búsqueda de trascendencia. El problema son los medios para alcanzarla y las resultantes no deseadas de esas interrelaciones.

[2] En esta cuarta parte de “Kaczynski contra la militancia” retomo aspectos considerados en las tres partes anteriores. Parte I https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ Parte II https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

Parte III https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/25/kaczynski-contra-la-militancia-tres/

[3] El documental instala la sospecha sobre el contenido del Manifiesto, mediado por las fuerzas de seguridad estadounidenses (ver nota al pie, Parte I). La línea argumentativa del documental sería: realmente Kaczynski tiene razón y las intenciones de los ciber-profetas no son nada buenas (ver nota al pie, Parte III).

[4] “Matemático y escritor norteamericano, también conocido como ´Unabomber´. Enseñaba matemáticas en la Universidad de Berkeley hasta que, desencantado con la evolución de la sociedad americana, se convirtió en ermitaño y terrorista neoludita, al enviar paquetes-bomba a personajes representativos del mundo de la informática ­profesores y empresarios [Bill Gates tuvo el dudoso privilegio de recibir varias docenas de estos paquetes en Seattle]­, pues los consideraba responsables de la inexorable destrucción de la humanidad. Escribió Industrial Society and Its Future [El manifiesto Unabomber], que fue publicado por The Washington Post en 1995, como una forma de chantaje, pues Kaczynski prometió dejar de enviar bombas si se publicaba en primera plana. Este trabajo de crítica apocalíptica contra la tecnología, dada su calidad, despertó las sospechas del FBI, pues se creyó que su autor era un verdadero intelectual, extendiendo su investigación a la comunidad universitaria americana, entre ellos a personalidades como Illich y Zerzan.” A partir de estos eventuales sosías –Iván Illich y John Zerzan-, y del antes mencionado Hakim Bey, a Kaczynski se lo puede alistar a una serie de intelectuales recalcitrantes como Hans Jonas, Peter Watkins, Claudio Naranjo.

[5] Sobre ciencia ficción heterodoxa, hereje, hermética: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/ciencia-ficcion-hereje-2013/

[6] Ver Serge Gruzinski. El pensamiento mestizo [2000]; La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019) [2001]. Desarrollo su postura en “Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]”, disponible en https://independent.academia.edu/RobertoLepori En este blog utilicé la categoría ´guerra de las imágenes´ en artículos como A) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/vem-pra-rua-vem-una-guerra-de-imagenes/; B) https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2013/06/28/o-brasil-deveria-libertar-se-da-globo/

[7] Elijo al azar una crónica del encuentro: http://www.perfil.com/politica/Como-fue-la-reunion-de-Cristina-con-Mark-Zuckerberg–20150411-0081.html

[8] Para tener una leve dimensión de cómo la política utiliza ideológicamente la tecno-ciencia, pueden ver la Wiki de Florencio Randazzo, pre-candidato a presidente. Link http://lawikiderandazzo.com/

[9] Continúa: “El burgués corriente intenta llevar a la gente bajo el control del sistema para proteger su modo de vida, o lo hace simplemente porque sus actitudes son convencionales. El cripto-izquierdista intenta llevar a la gente bajo el control del sistema porque es un Verdadero Creyente en una ideología colectivista. Se diferencia del izquierdista medio sobresocializado por el hecho de que su impulso de rebeldía es más débil y está más firmemente socializado. Se diferencia del burgués corriente bien socializado por el hecho de que hay una profunda carencia en su interior que le hace necesario consagrarse a una causa y sumergirse en una colectividad. Y puede que su impulso (bien sublimado) por el poder sea más fuerte que el del burgués medio.”

[10] Me refiero a este libro en la Parte II. Dice González (2004, p. 266) acerca de la llegada de Perón al poder: “Fundado a comienzos de 1943 y disuelto en 1945, el GOU reitera las mismas tecnologías de organización clandestina y los atributos del logos conspirativo. El poder no es un poder de la técnica materializada en aparatos de servicios y gobierno, sino el gobierno de los hombres ensamblados por formas sigilosas y paralelas de disciplina.” Por azar, hoy se cumplen setenta y dos años de la exitosa conspiración que llevó al GOU al poder y que propició la escalada de Perón a la presidencia. González en 2004 denominaba a esa conspiración ´golpe de Estado´. Denominarlo de otra forma, por ejemplo ´revolución´, sería adoptar como punto de vista válido el del grupo de militares. En ese caso, lo de 1955 también es una ´revolución´ y lo de 1976 también es un ´proceso de reorganización´. Pues bien, un joven crítico literario que trabaja en una universidad metropolitana, adicto a la actual ortodoxia, en un volumen en el que ensalza de forma bastante parcial e improvisada a Rodolfo Walsh, quien merecería un mejor aeda, acepta la idea de que el ´golpe de Estado´ del 4 de junio de 1943 es una ´revolución´. ¿Descuido? ¿Ignorancia? ¿Complicidad? ¿Militarismo? ¿Desinterés por la democracia? En un futuro, supongo, intentaré escribir sobre ese caso particular.

[11] El director-militante es oriundo de la misma ciudad que el abogado asesinado, ubicada a unas dos horas del territorio en el que suceden parte sustancial de estos hechos.

[12] “Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.” La sociedad industrial y su futuro (#17)

[13] La factura de ese documental se opone punto por punto a posturas ideológicas críticas como la del británico Peter Watkins – https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2014/10/29/maldito-watkins/

[14] Sobre corrupción en la universidad, en este caso, la UBA http://www.telam.com.ar/notas/201505/105222-uba-conflicto-denuncias-causas-judiciales.php

[15] Sobre complot, conspiración, política tradicional, literatura paranoica, ver https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/02/14/doscientas-ochenta-y-nueve-fojas/ La relación entre conspiración, política, universidad, servicios de inteligencia, quedan evidenciados en casos como el de un académico vicerrector espía http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html

[16] Una versión de esa historia de apriete institucional es contada en el siguiente post https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/20/la-banda-de-los-paragua/ Preciso aclarar que el único dato identificable, aunque no aparezca en el cuerpo del texto, es el nombre de la ciudad escenario de esta historia. Me reservo la identidad de los personajes mencionados. Esos sujetos no son originales en sus prácticas. Si algo tiene de divertido el fascismo –terrible en otros aspectos- es el de la previsibilidad.

La banda de los Paragua. Guerra en las escuelas [Mayo]

´Guerra en las escuelas´. Cuarto episodio. Panic Show en el centro de Tandil. Desde hace semanas, o quizá meses, un grupo –o banda, o pandilla- ataca a estudiantes de escuelas secundarias, a metros de la puerta de entrada. La violencia arrecia a plena luz del día en las inmediaciones de los establecimientos –los robos campean en sus pasillos interiores-, y la principal preocupación de alguna autoridad es la áulica circulación de recalcitrantes libros –artefactos responsables, sin dudas, del delirio.[i]

 “Y ahora qué pasa, eh?
Uno, dos, ultraviolento.”

 Tandil.18.05.2015.

{17.30 hs.} Atardecer. Nubes bajas. Humedad. Cielo gris y los vestigios del último sol, allá, entre los edificios céntricos. Estupefacto, apuro mi retorno para escribir y contarles –como ahora- por qué trabajar en las escuelas públicas bonaerenses es deambular entre las chispas de un apocalipsis que –quiero creer- nunca habrá de ocurrir, pero que alardea de una forma tal que ustedes ni saben. Dije ´apocalipsis´ y podría haber dicho ´batalla final´. Lo cierto es que los alrededores de las escuelas públicas del centro de Tandil son el escenario de relampagueantes y violentas escaramuzas que vuelven literal la ´guerra en las escuelas´.

{17.15 hs.} Acabo de salir de una seccional. Me presenté espontáneamente para realizar una ´exposición civil´ acerca de lo que más o menos hace hora y media vi. Me atiende una mujer policía y me pide que le cuente. Le cuento: ´En la Escuela NN, esa mole de cemento que está acá nomás, hace un rato algo así como una pandilla atacó a un estudiante de unos 13 o 14 años en la vereda. Lo persiguieron, lo alcanzaron, le pegaron y el pibe entró al edificio machucado, pálido, atónito.´ La joven oficial me escucha, me mira. Silencio. Mide, piensa y responde: ´La policía no toma más esas exposiciones… Pero… si querés, podés venir a hablar con mi jefe, a eso de las seis.´ Baja el tono. Hay algo más. ´Soy madre –me dice. Tiene 12 años. Va a esa escuela. Estoy desesperada. Trabajo. No puedo llevarlo y buscarlo cada vez que entra-sale. Muchos horarios. Todos distintos. Tengo miedo de que me llamen y de que lo entreguen lastimado, herido, tirado en la vereda.´ Se repone: ´¿Fue el móvil?´ Le digo que sí, que parece que llegó ´el móvil´ después de la gresca.

{17.00 hs.} Decido ir y hacer la ´exposición civil´ -que como ya saben, no existe- porque a esta altura el silencio es cómplice. Camino en la tarde gris y húmeda, y ordeno mentalmente. Existe un grupo, un grupete -nadie puede decir con exactitud qué es, aunque se dice que todos los conocen-, o una pandilla que persigue a los chicos menos fortachones y menos beligerantes que asisten, en particular, a dos de las escuelas céntricas de Tandil para golpearlos, dañarlos, ultrajarlos, hacerlos sangrar, robarles. ¿Razones? ¿Objetivos? Nadie sabe nada. Especulaciones: asuntos territoriales (o deudas por compras de sustancias, nunca saldadas); o asuntos de polleras; u odios entre bandas rivales. Todas estas hipótesis parecen desmentidas por hechos como el de hoy: un adolescente común y silvestre, que está por entrar a la escuela, es perseguido y agredido a golpes. Fin de la parada. Todo ocurre con una cierta dinámica. Un líder adulto (la información es borrosa) gobierna un grupo de menores que se mimetizan con la grey estudiantil que pulula por las afueras de las instituciones. En determinado momento, el líder ordena atacar y retirarse. Son conocidos como ´La banda de los Paragua´.

{15.45 hs} Interior de la Escuela NN.[ii] Recreo. Charlo con un estudiante. ´Supongo que en todo esto hay como un odio de clase social, de disputar un territorio con algún significado, porque vienen a la escuela a buscarlos y no van al club o al boliche: la escuela es el campo de batalla´, aunque con otras palabras eso mismo le digo.[iii] El estudiante asiente y me cuenta: ´A veces eligen a las víctimas por su contextura física. A los más chicos, a los de los años iniciales, a esos les dan porque no se pueden defender. Vienen a la escuela porque saben que los alumnos están indefensos. A mí no me van a pegar –el estudiante es alto- y mucho menos si saben que los voy a enfrentar’ –practica artes marciales. Y añade datos que ustedes deberían conocer: a) es posible que los de ´La banda de los Paragua´ estén usando manoplas de hierro y con puntas para atacar a los estudiantes; b) es bastante probable que algunos estudiantes asistan a la escuela con tubos de gas pimienta como defensa personal (es muy muy probable que el chico que fue hoy atacado tuviera en su mochila ese adminículo que no llegó a sacar) [iv]; c) el estudiante con el que dialogo tiene como propósito armar grupos de acompañamiento para que los jóvenes puedan ir protegidos desde la escuela a la parada del colectivo (y viceversa); d) la madre de este joven es una de las coordinadoras, o una de las integrantes, del grupo ´Padres contra la violencia adolescente´ (con domicilio en la red social azul). Esos padres se reunieron unas dos semanas atrás.[v]

{15.00 hs.} Acabo de salir del despacho de los directivos de la Escuela NN. Es la segunda vez en poco menos de dos meses que me ´aprietan´ bajo la máscara de planteo pedagógico. A principios de abril, idéntica señora autoridad me convocó porque había llevado al aula un texto con algunas malas palabras. El texto en cuestión era un fragmento de En las escuelas [2013] de Gonzalo Santos.[vi] En aquel momento, su argumento central –esgrimido a continuación de reconocerme que la charla iba a estar basada en una falacia de la autoridad- apuntó no a las ´palabras inconvenientes´ sino a la posibilidad de que los chicos se bajonearan si se ponían a pensar en la realidad escolar. Contra-argumenté que mis estudiantes estaban habilitados por el Estado a votar en las presidenciales de este año –tienen entre 15 y 16 años- y que, en consecuencia, eran ciudadanos aptos para discutir cómo debería ser el espacio en el que se educan. Hoy repetí vanamente el argumento. ¿Cuál era el nuevo problema? Hice circular entre los alumnos varios libros con el objetivo de que tuvieran en sus manos no celulares, no tablets, no auriculares, no cigarrillos, no botellas, no piedras, no manoplas, no tubos de gas pimienta, sino libros. Entre esas armas terribles, incluí un ejemplar de La naranja mecánica [Anthony Burgess, 1962]. Según me dijo la autoridad inquisitorial, un padre (o madre, y en ambos casos, y hasta ahora, de fantasmal e incomprobable entidad) se quejó porque la escuela le daba a su hijo-a la arltiana posibilidad de tocar ´eso´. Entonces, nuevamente, y así la califiqué, la persecución por fomentar una práctica peligrosa: leer. ¿Sabrá ese padre (o madre) que su hijo, y otros tantos, están dentro de un salón que parece una pocilga y en la que por largos momentos ni yo ni ningún otro docente puede hablar por el barullo puertas adentro y puertas afuera? Supongo que no, y que tampoco le ha de importar, mientras su pibe permanezca encerrado y quieto. Pero -oh, fatalidad- la realidad estaba esta vez de mi lado.

{14.45 hs.} La señora autoridad inaugura su pobre apriete y remarca el error intelectual de acercar un libro así a los estudiantes (¡de literatura inglesa!, repetía, como si se tratase de un crimen). Y en el instante en el que mi cerebro balbuceaba una defensa: a) llevé varios objetos libros para que los tocaran y los miraran; b) la novela, y no la película, aboga por la reinserción social de los jóvenes violentos (recuerden el capítulo 21 que Kubrick obvió en su versión fílmica de 1971), ahí, entre la maraña de mi labia, la epifanía con rostro de pesadilla. Temblores, estertores, golpes metálicos replican las trazas de un motín en los pisos superiores. La vanidad de la inquisidora es polvo fino. Manotea el teléfono y le advierte a un subordinado. Brota el delirio. Por la ventana del despacho que da a la calle, una ráfaga de diez a quince alumnos desanda en tropel la vereda. Gritos. Aullidos. La ficción zurce la realidad. Al unísono, en el interior del monstruo de cemento, el directivo prohíbe que textos como el de Burgess sean conocidos por la prole; en el inclemente exterior, del otro lado del muro, se materializan los espectrales drugos. ‘La banda de los Paragua’ –Alex, Georgie, Pete, el Lerdo del nuevo milenio- apalea a otro pibe. Minutos después, a punto de llorar, el destinatario de la paliza atraviesa la puerta del despacho y se derrumba en un sillón. Por detrás, un azorado profesor. Más allá –le diré a la madre-agente, el móvil llegó– la policía merodea… sin hacer nada, y nada hará (porque la superficie sí, pero la raíz de este problema no es de índole policial). La reunión se disuelve. Subo a mi clase. La mente en blanco y una pregunta: ¿cómo llegamos hasta acá?

{14.20 hs.} Estoy a metros de entrar en la escuela. No lo sé todavía, pero me esperan: a) el    ‘apriete’, b) oír los conatos del motín y en paralelo ver a ‘La banda de los Paragua’, c) escuchar atónito los datos que baraja ese alumno lúcido, d) y luego de la salida, charlar con la mujer policía desolada. Desde la vereda, las ventanas cubiertas por un tejido cuadriculado grueso le dan un tono inconfundible de prisión al edificio. Las ventanas no tienen cortinas y, entonces, los días de sol, el calor es asfixiante y los estudiantes optan por colgar sus camperas, chaquetas, buzos de gimnasia. Cuelgan trapos como si rancharan. Los chicos lo saben y se divierten con esa bizarreada pseudo-tumbera: ´si quieren que saquemos los trapos, que pongan cortinas´, argumentaban la semana pasada. Pero lo carcelario no es solo en la imagen, también en la lógica y en la dinámica interna de esa gran manzana edificada, de ese gran cuadrado macizo de cemento gris, obra del gusto pésimo de algún funcionario de baja monta en este planeta asolado por la miseria y la desidia humanas. Si afuera actúa e impone sus reglas ´La banda de los Paragua´, en el interior de la escuela la situación no es menos estrafalaria. Es también una zona cuasi-liberada: el inclaudicable porrito en el baño, el deambular errático de seres desastrados que odian el encierro, la violencia simbólica contra las adolescentes que deben soportar los piropos y las caricias de los cumpas -llamados amigos- que en un mañana se cebarán peor (el machismo entre los adolescentes es rey), el robo de celulares, de netbooks, de auriculares, de billeteras y de lo que sea o de lo que se pueda a la orden del día, las tensiones y los golpes de puños contenidos porque a esta altura todos son enemigos de todos. Eso –y lo que ignoro- pasa en la escuela. Pero lo grave es haber llevado un ejemplar de La naranja mecánica.

{Comentario final} Demos por sentado, por un segundo, que no es absolutamente ilógica la discusión sobre qué textos entran, qué textos no, a las aulas. De acuerdo. El mecanismo debería ser, sin embargo, otro. Una charla, un planteo, un pedido de explicaciones y una evaluación de la situación. Lo absurdo de esta pantomima es que, en medio de la acusación, sucedieron dos cosas gravísimas. La señora autoridad comenzó a reconocer en el devenir de la charla que, en mi caso, había llevado los libros para que los alumnos los vieran, pero que no había leído ni una línea de los mismos. Debo suponer, entonces, que la vigilancia sobre mis dichos y mis hechos es finísima. Es una palmaria forma de persecución y de censura en la que se alienta al estudiante a la delación como forma de control sobre el docente. Pésimo fascismo manipulador. Lo segundo es obvio: dentro y fuera de la escuela se yerguen zonas liberadas (en el interior, sobre todo, por la ausencia de personal como, por ejemplo, preceptores), y a pesar de una realidad que estalla en sus manos, o justamente por eso, el problema es un libro –cuya fábula tiene su versión en formato película disponible en Internet, etcétera. Absurdo. Ridículo. La cuestión es tan grave que en mi deambular interrogando a quien quisiera hablar con conocimiento de causa para saber qué opinaba, oí voces que se refirieron a la necesidad de cerrar la escuela por unos días hasta que se reorganizara el asunto. La ceguera es preferible a enfrentar el problema. De hecho, una de las instituciones implicadas les negó a los padres preocupados por la violencia el espacio para la reunión antes mencionada (ver nota final número 5). He llegado a la desastrosa idea de que una de las formas más claras de explicarle a alguien qué fue ´la obediencia debida´, en relación a la cadena de responsabilidades durante la última dictadura militar en Argentina, es la cadena de mandos vía inspectores en el sistema educativo público, por caso, bonaerense, aunque extensible a otras áreas geográficas. El diseño curricular y la organización institucional actuales está produciendo chicos disciplinados en su mayoría al encierro pero carentes de capacidad de lectura, de escritura, de concentración y de atención, y para nombrar apenas un segundo aspecto, sin dimensión del tiempo histórico (en una encuesta artesanal, sobre 60 alumnos solo 1 y apelando al almanaque balbuceó que el 24 de marzo se conmemoraba ´El Día de la Memoria´; en lo que respecta al feriado del 25 de mayo, la cosa mejoró: sin almanaque, un iluminado se refirió a la Independencia y todos entendimos que no era así pero que era bastante aproximado, y lo felicité, aunque por supuesto no podría colocar esas fechas ni en décadas ni en siglos). En consecuencia, ¿debo seguir las directrices de una currícula que fracasa? ¿Cuál es el rol de los docentes exactamente hoy día? ¿Por qué no ponen celadores y fin del simulacro? ¿Por qué no reconocen que se ha convertido (o que siempre fue, pero que empeoró) la escuela en un depósito de energías adolescentes que nadie quiere o puede ya absorber y que por eso se los encierra hasta que llegue el momento de convertirlos en mano de obra barata? ¿Las autoridades son dueñas de las escuelas? ¿Los docentes somos rehenes de esa incompetencia? En esta oportunidad, y se trata de un gesto repetido, la señora autoridad me sugirió que me fuera del sistema educativo. Pregunto, ¿por qué no se van ellos que no dan cuenta de la situación? ¿Por qué no renuncian? No está demás aclarar, para quien no lo sabe, que la diferencia entre un docente y un directivo es un concurso bastante sospechoso que supone inyectarse reglamentos y resoluciones, y con ese mínimo filtro, el sujeto en cuestión se pone a manejar la vida de miles de jóvenes y de ciento de adultos. Señores directivos, muchos de ustedes están desbordados. Además, ¿qué autoridad intelectual tienen? ¿Desde qué atalaya ético una autoridad puede decirle ´a´ o ´b´ a un docente cuando los edificios, por ejemplo, son una tapera? Y si focalizamos por un segundo en lo pedagógico, ¿entiende el directivo censor -para decirlo en términos grandilocuentes- que lo peligroso no es el texto sino la interpretación? ¿Entienden que aunque lleve para leer ´Los tres chanchitos´, la interpretación puede ser más revulsiva que la de La naranja mecánica (ni hablar si llevo el hit ´Caperucita roja´)? ¿Entienden? Creo que sí. El punto es amedrentar en nombre de vaya a saber qué ortodoxia. Y para finalizar. Antes lo sugerí y ahora lo retomo. El paso de comedia de censurar la circulación de libros y el paso de tragedia de la violencia juvenil, en el particular contexto de Tandil, son las dos caras de un mismo gesto. La sociedad de Tandil prefiere pintar la ciudad como un ´lugar soñado´… basado en la especulación inmobiliaria, en la corrupción político-empresarial, en el lavado de dinero, en el mundillo narco, en el juego ilegal, en la prepotencia del metálico y en el tráfico de influencias (no creerán que me aprietan por gusto: hay amigotes docentes que ocuparán con ganas mi puesto y que serán muy buenos soldados de la causa). En cuanto a los carriles simbólicos, reina en Tandil la violencia sobre el ´otro´ -el diferente, el disidente, el pobre, el negro, el extranjero, el hippie, etcétera. Aquel que no cumple con los requisitos mínimos (tipo caucásico con alto nivel de consumo) es arrojado lo más lejos posible de las sierras. La desigualdad social hace dos décadas era casi invisible, hoy es obscena. La contraposición centro – barrios está mediada por un abismo, al menos, en el imaginario. Tandil es una ciudad con demasiadas efigies religiosas, con demasiados militares, con demasiada impunidad. Es una ciudad neoliberal desencajada. Por debajo hierve una violencia sorda, y por eso, sean quienes sean, ´la banda de los Paragua´ no surge por azar. No pienso convertir a los victimarios en víctimas. Solo sugiero mirar a las clases acomodadas para entender por qué hay pandillas en Tandil. Podrán decirme que los grupos violentos son un fenómeno mundial y no local. Obviamente. Pero replicaré que en el sintomático caso de Tandil otros vectores están funcionando. Me referí más arriba al ´fascismo´. Creo que fascista es un término que sintetiza bien a esta sociedad serrana en la que –aporto una grajea- un teniente-coronel fue intendente por cinco años durante la última dictadura militar, y repitió la hazaña por tres veces, entre 1991 y 2003, de modo democrático, claro. Sobre ese asuntillo y otros del estilo –¡qué manera de mezclar, profesor, usted no está nada preparado!– me gustará hablar a futuro porque, total, acá, discutir de educación ni pensar. Así que…

¡Panic Show, amigo!
Y, uno, dos, ultraviolento.

[i] La serie se inicia en este mismo blog con “El fin de la educación [Sobre ´En las escuelas´ de G. Santos]” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/11/el-fin-de-la-educacion/, continúa con “¡A las trincheras! Escuelas públicas en guerra” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/21/a-las-trincheras-escuelas-publicas-en-guerra/ ,y tiene como tercera instancia: “Andate. Guerra en las escuelas. Informe abril” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/04/25/andate-guerra-en-las-escuelas/ A modo de presentación, en un tema de tanta complejidad, ofrezco información mínima sobre aquel que escribe y opina: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/recorrido-y-experiencia-en-contextos-educativos/

[ii] Prefiero no ser específico a qué institución me refiero. Las señales, sin embargo, dan cuenta de esa identidad. En las notas indicadas en nota final número 5, encontrarán más datos.

[iii] Los ataques también suceden en la plaza céntrica y en colegios más alejados. No poseo un panorama claro del radio de acción y acaso no exista ese panorama. Se habla de una única banda. Pueden ser más.

[iv] Sobre el uso del gas pimienta en una escuela aunque en otro sentido, ver el texto citado en la nota anterior: “¡A las trincheras! Escuelas públicas en guerra”.

[v] Dos notas periodísticas de diarios tradicionales: A) “Preocupados por la violencia juvenil, padres de alumnos se reunieron con autoridades.” 05.05.2015. ´La Ciudad´ [#Inseguridad]. El Eco de Tandil [digital] {LINK: http://eleco.com.ar/la-ciudad/preocupados-por-la-violencia-juvenil-padres-de-alumnos-se-reunieron-con-autoridades/ }; B) “Padres de alumnos secundarios expusieron su preocupación por la violencia juvenil.” – La Voz de Tandil [digital] – ‘Locales’ – 06-05-2015 – {LINK http://www.lavozdetandil.com.ar/nota-padres-de-alumnos-secundarios-expusieron-su-preocupacion-por-la-violencia-juvenil-54860.html}

[vi] Una versión de esa situación patética pueden leerla en el texto “Andate. Guerra en las escuelas. Informe abril”, también citado en la nota inicial.

Andate. Guerra en las escuelas. Informe abril.

 “Si no te gusta lo que digo, andate. Si no te gusta lo que hago, andate. Oh, oh, andate antes que te rompan el mate.” – “Andate”. ´Dale Aborigen´ [1994]. Todos Tus Muertos.

Andate. Un día los cocainómanos del ministerio provincial de educación te van a mandar que los condenados a las mazmorras comamos mierda, y vos me vas a pedir sin dudar que yo coma acá mierda. Eso pensé. Pusilánime a medias, hablé de la cocaína ministerial -cuando vivía en La Plata conocí dealers entreverados en esos laberintos- y me callé lo de la mierda. Al fin y al cabo nadamos en ella, y como los Mlch, aceptamos deglutirla como si fuera la más preciada de las vituallas.

El conflicto –pretendo, en lo posible, no aburrir- parecía el de siempre: el delirio burocrático. Saben ustedes: el mismo sistema que se supone está organizado para ´educar´, de un día para el otro modifica directivas y resoluciones como si fueran los devaneos de una mente enferma que ya inunda, ya desagota, ya incendia, ya obtura los canales del hormiguero. Ante el delirio, entonces, huelga de manos. Me resisto a borronear por enésima vez la enésima planilla que nadie nunca mirará, invocada como el reaseguro en la catástrofe inminente: cuando el hombre de la bolsa por fin fagocite estudiantes.

Pero ese apocalipsis, en verdad, nunca llega. Y nunca llega porque está aquí a galope y fatuo fuego -y sin hombre de la bolsa. Si alguna calamidad –pónganle todo el sentido figurado que quieran- ha de suceder dentro de las aulas, esa es la que en una parte importante de la mismas ocurre hoy día. Pero andate.

Andate. Esto es el futuro –alguna década entre el dos mil cien y el dos mil doscientos-, me dormí (o me durmieron), acabo de despertar (o de reencarnar o de ser rebooteado), y tardo en aceptar la nueva realidad: mis congéneres han perdido la perspectiva y son ´felices´ en cumplir ribotrílicas directivas de un poder al que prefieren no cuestionar y de un sistema al que bajo ningún aspecto comprenden (excepto en la aquiescencia). Pero andate.

Andate. La secretaria que me obliga a rasguñar una firma infantilizando mis argumentos y mis protestas, segundos después, se enoja y no vuelve a hablarme.[1] Un humano que andaba por allí –a quien le pedí que se presentara, si iba a opinar, y que dijo llamarse NxxxY- blandió su brillantez intelectual con un comentario: ´Andate´.

Andate. Balbucee que estábamos en el Estado (argumento estúpido, aunque todavía ignoraba el cambio de siglo), y no en un espacio comandado por fondos privados, y, ya que había que irse, opté por irme al mazo por dos razones. Las personas entre las que pululo, creo entender, se burlan de cualquier tipo de planteo que suponga pensar el contexto de trabajo. En segundo lugar, había instalado en el aire lo que deseaba a través de ese caballo de Troya –léase ´excusa´- construido con la madera que me otorga mi condición de ´trabajador que no recibe regularmente su dinero a cambio´. En concreto, les había enrostrado: si el sistema educativo es perverso –como muchos afirman- es porque lo sostenemos los de abajo. Cumplimos con mandatos irracionales, y así lo avalamos. Decir eso -la cadena de mando la cortamos nosotros, si queremos- enoja mucho a todos porque los conmina a la acción y por eso… andate.

Andate. Y no molestes más. Si querés cambiar algo –sépanlo, lo que sigue es una involuntaria ironía de parte de NxxxY- andá a hacer política a otro lado, a los gremios, o a dónde puedas, a otra parte. Como sea, andate.[2]

Andate. Si no te gusta donde estás, andate. Quise decirle a NxxxY que estábamos en un contexto educativo, y no en una pizzería, y por eso no era cuestión de ´gustos´. No me escuchó. Continuó con su perorata bien pensante. Ella -me dice- trabaja además (véase: si no se esclaviza, no come) en una escuela para chicos con síndrome de Down. El que se queja, afirmó ufana, debería pasar un día en el pellejo de esos pibes y después hablar. Andate.

Valoré el ejemplo –andate- y pensé: ¿de qué manera conjugar la mirada ideológico-política de una profesional que trabaja por la inclusión de los pibes y que, rozando lo paradójico, alienta a la exclusión, en el mundo adulto de trabajo, del disidente? Sin moralinas: no logro entender a un humano que avala un sistema que, en el momento en el que los pibes que ella lucha por incluir alcancen la mayoría de edad, se encargará de triturarlos. (Me dirán: pero justo esos chicos no van a ser triturados por la maquinaria… Respondo: de acuerdo; me refiero a la inclusión en un sentido amplio -la de aquellos chicos con menos dificultades, en apariencia, para ser ´integrados´.) Igual, y como sea: andate.

Andate. Una de las razones de la escasa solidaridad y de tanta violencia rondando a borbollones la realidad escolar surge –creo- de la baja autoestima nacida de una opresión que denigra. Un número importante de trabajadores de las escuelas se considera descastado. Y razones no le faltan. Sin que pueda ofrecer guarismos, existe una sensación epidérmica que le avisa al profesor y al preceptor (tal vez no a los cocineros ni a los porteros) que lo que hace cada día de su vida laboral carece (casi) de sentido. A eso se le suma, la nula relevancia social de la tarea (no estoy descubriendo la Atlántida diciendo esto) reflejada, como en un espejo infernal y en loop, en la escasa valoración que los estudiantes le dan al trabajo docente. Ninguneo y bronca van de la mano. Sí, pero ándate.

Quedate. MxxxA –mujer de cabellos blancos, en el umbral de su jubilación y acaso por eso optimista- me dice minutos después del round burocrático arriba reseñado: ´Quedate. Está bueno y necesitamos que los pibes escuchen otras campanas, que cuestionen, que discutan…´ y así y asá, un largo etcétera de una charla mínimamente razonable.

Entre la belicosa sala de la secretaría y la salita de MxxxA –compartida con AxxxA, encargadas ambas de la mirada y de la acción social en la institución- el escenario habitual de posguerra. La escuela-búnker a la que me refiero plack es una antigua casona ubicada en el centro de la ciudad. Atravesados el hall de entrada y la puerta cancel milenaria, dos patios, uno cubierto, plack el otro abierto, y alrededor aulas, oficinas, salas, talleres, plack baños, dependencias varias. El patio abierto nuclea una construcción plack plack de dos pisos. Los muros mezclan pintura blanca, superficies descascaradas, revoques finos aquí plack y allá, murales, grafitis, escupidas, plack plack papeles viejos, telas de araña. En el centro, el quiosco o buffet –choza plack hecha con maderas y chapas coloreadas. En un rincón, plack en el límite con el patio cubierto, una dependencia plack plack plack tratada peor que una morgue para plack epidémicos: la biblioteca. Hace años o décadas –dice MxxxA- el cargo de bibliotecario plack está vacante. A nadie le interesa, pienso plack, porque poco tienen que ver en este futuro plack desolado biblioteca y escuela. Plack.[3]

El antiguo techo del patio cubierto –religiosamente plack a punto de derrumbarse plack plack sobre la huella astral del aljibe plack- está siendo plack plack reemplazado hoy día plack plack plack plack por un tinglado.[4] ´Quedate´. Plack. La charla plack plack con MxxxA, y más tarde con plack plack AxxxA [5], y el día anterior plack plack plack plack había sucedido con la mismísima clase, se desarrolló en medio de un concierto de martillazos, ruidos metálicos, perforadoras fiuuuuu, comentarios, tenazas al suelo, órdenes y todo eso que ustedes plack fiuuu pueden (o no) imaginar. Plack. Fiuu. Fiuuuu. Plack.

Según MxxxA –por segundos charlamos en la oscuridad: las maquinarias que reparan el techo plack plack hacen saltar la térmica chacchac- en los últimos años fiuuu plack a las entrañas organizativas del sistema ingresaron cientos de trabajadores –le pregunté, pero ignora el por qué plack plack- no preparados para llevar adelante la compleja transmisión de datos sobre altas, bajas, presentes, ausentes, licencias, traslados y más y más, propios de la actividad docente. ´Hace más o menos tres años –dice MxxxA- comenzaron a incorporar trabajadores ineficaces, sin capacitación; con el pase a retiro de los viejos funcionarios bien adiestrados en esas lides, las oficinas quedaron huérfanas de expertos; de allí el caos.´

Plack. Fiuuuuuuu. Plack. Plack. Chacchac.

MxxxA (Jonás que fatigó el vientre de la ballena) sugiere: atrás quedaron los disciplinados tecnócratas que entregaban su vida a las planillas; quienes entran hoy poco se esfuerzan porque, de todas formas, a fin de mes cobrarán. Chacchac. Fiuuuuu. Plack. Los hijos de Saturno se morfan al viejo gruñón. Aciaga y extrema burla del destino. El sistema educativo cae, cae, cae, se derrumba plaaack –como esa tenaza que desde la chapa se clavó plannncknn en el suelo donde se erguía el ñaupa-aljibe- al incorporar a los mismos abúlicos sujetos que plack, papel en mano, escupió, fiuuu plack plack después de palmaditas cariñosas en la espalda, tiempo atrás. Plack. Fiuuuuu. Plack. Chac.

Pero el complejo tema no remite solo una cuestión burocrática. Otro bastión en permanente naufragio es la casta de directivos escolares.[6] Plack. Fiuu. Chacchac.

En el búnker-escuela con el techo fiuu fiuuu plack chaccha fiuuu chac plack plack ni se enteraron -o a lo mejor sí, pero les pareció demasiado fatigoso litigar. Por el contrario, en otra educueva, bien conocida por mí iuuuuu iii y ubicada setecientos u ochocientos metros más allá iuuuuuuu hiiiiii, me hicieron saber de la peor manera hiiiiiuuuuu que no les había gustado la decisión de llevar a las aulas fragmentos iuuuuuuuu del libro de Santos. [7]

Andate. Una señora baja, gordita y sonrosada, vestida con el habitual pésimo gusto hiiii de los arcontes institucionales iuuuuuu, sin presentarse (no nos conocíamos) y hiiiii falacia de autoridad mediante -según reconoció hiiiii en el inicio del apriete mal disimulado- me solicitó con su sonrisa de hule (y entre el ulular iuuuu hiii de los estudiantes autoinstruyéndose en pasillos, baños, escaleras, patios) que no acercara más a los alumnos temáticas tan conflictivas iuuuuu como las que en su volumen En las escuelas destila el tal Gonzalo Santos. La frase lapidaria hiiiii que aún resuena en mi cabeza y que intentó convertirse iuuuuu en el argumento central hi hi hi iuuu de una censura absurda fue: ´los chicos no están preparados para esas discusiones; podríamos bajonearlos´.[8]

Protesté, aunque ya para entonces sospechaba que el delirio del largo sueño era posible y que me despertaba en el seno de un mundo distópico en el que las corporaciones habían cooptado las dependencias del Estado, y con especial dedicación, los sistemas educativos de los antes conocidos como humanos. Me defendí con el único e iuuuuu hiiiiiiiiiiiii irrebatible argumento que tenía a mano: ´Señora (redonda; vacía), esos estudiantes a los que usted dice proteger del bajón, de la tristeza y de la depresión generada por un texto al que entienden a regañadientes, esos estudiantes este año –todos tienen entre quince y dieciséis- están habilitados para, si así lo desean, votar en las presidenciales.´

Hiiiiiiiii. Iuuuuuuuuuuu. Fiuu. Fiuuu. Chacchac. Hiiiiiii. Plack. Plack.

Como otros dijeron: los argumentos no convencen a nadie. La charla con la tecno-señora fue, por supuesto, desigual. Apenas si pude meter bocado sobre cosillas que observé (y oí, y pregunté) en la institución: ¿por qué damos clases en condiciones inhumanas (aulas = pocilgas)?; ¿por qué el control sobre los docentes se establece mediante el chusmerío (dije para su horror, ´puterío´, ´delación´) con el universo de estudiantes a cambio de un vía libre dentro de la escuela?; ¿por qué se bate el parche con la calidad educativa y el pensamiento crítico cuando no existe ningún trabajo concreto sobre esos asuntos (su frase: no podemos controlar a todos los docentes; mi pensamiento: pero sí molestarme a mí)?[9]; ¿por qué no reconocen que trabajan con menos personal del necesario (los preceptores están desbordados y no dan cuenta de la cantidad de cursos que se les asignan)?; ¿por qué les mienten a los padres respecto del ´producto´ que entregan (acaso porque los padres no entienden mucho lo que sucede; de hecho, ellos pasaron por situaciones semejantes y se fueron entendiendo bastante poco)?

Hiiiiiiiii Iuuuuuuuuuu Fiuuuu Plack Plaaack

Les juro, señora bajita y NxxxY, que me iría, fiuuu hiiii que no trabajaría más en los educ-antros en los que ustedes caminan iuuuu, pero –perjuro- no me queda nada más plack para renunciar. Estoy tan afuera plack plack como puedo. Mi límite es mi panza hiiii. Y necesito vestirme. Por eso resisto en esas cuevas. Y mucho más ahora que reconozco que, aunque lo aparenten, ni comida, ni vestimenta, ni la especie son como, en su momento, las conocí.

Creo que plack plack me acostumbraré a los androides. Chac Fiuu Hiii Plack. Queden en paz. Hiiiiii. Iuuuuuu. Fiuu. Chacchac. Plack. Plack. Planck. Plaannnck.

Fuerte del Tandil – Abril de 2115

[1] Comentario. El sistema público de educación calca su verticalismo de la estructura militar (o empresarial). Lo rige la `obediencia debida´. Mi punto de vista, para mucha gente conmovedoramente seria, es no adulto, ingenuo, no realista.

[2] Comentario. Los gremios de la rama de educación son, en su mayoría, reductos plagados de humanoides que poco hacen para que algo cambie. En esos espacios es complejo distinguir gremialistas de tecnócratas.

[3] En una institución con tal estado de desolación no es casual que se opongan en su existencia la castigada biblioteca con la sala audiovisual –único reducto en el que da algún placer entrar e intentar dar clases. Si bien es una exageración personal, en esa polarización puede advertirse el vaciamiento de la cultura humanista y letrada (con todos sus problemas, fuente intelectual rica en posturas críticas) en aras de la potencialización de una cultura audiovisual sostenida en el vacío. En fin, ha triunfado –por el momento- la cultura twitter: la discusión se agota en un centenar de caracteres. Y esto supone, a causa de la rapidez del ida y vuelta de los flacos argumentos, la naturalización de los conflictos. La frase más escuchada en esos ámbitos es ´ahora es así´, ´ahora cambió´, y fin del asunto, como si en ese fracaso no se invirtiera una carretada de fondos públicos.

[4] Cuando me incorporé a la institución hace poco más de un mes, me acercaron una requisitoria que parecía nacida de los escritorios de Defensa Civil: ´como las clases pueden eventualmente suspenderse por la reparación del techo, debe entregar un Plan de Contingencia Pedagógica´ -traduzco: trabajos prácticos que ningún estudiante osaría hacer, consciente como cada uno de ellos es del como si escolar.

[5] Hasta donde puedo ser explícito, y paradójico, este texto busca salirse de la cultura del diagnóstico y de la denuncia y decir: es necesario parar la pelota, discutir y proponer algo que rompa con una tradición escolar colapsada. Para las personas de buen corazón, la cultura del diagnóstico es todo lo que hay por hacer. AxxxA, compañera de MxxxA, me pregunta qué pienso del artista CxxxxO BxxxxxxxS defensor de la dignidad villera, especie de referente para un estudiante de la institución donde estamos. Mi rápida respuesta fue que CxxxxO parece estar recorriendo el camino hacia el éxito propio del artista burgués y no mucho más. Alcancé a decirle antes de que la charla se disolviera: si es por crear pensamiento crítico, que los estudiantes conozcan, por lo menos, posturas orientadas a prácticas realmente disidentes.

[6] Como si se tratara de una pesadilla –y, de hecho, vivir en el futuro es un sueño indeseable- ese mismo día del affaire ´andate´, al salir efectivamente de la institución, me cruzo en la cancel con un Gremio-rata, mutante que descartó sus rasgos humanos al habitar por más de un año el interior de agrupaciones gremiales, devoradoras de un alto porcentaje de los ingresos de los trabajadores docentes a cambio de… una radiografía anual y de cinco hoteles desvencijados a lo largo del país. El avistaje del Gremio-rata me recordó estos datos que ofrezco a manera de breves apuntes: a) el vice-director de la institución en cuestión forma parte también de un gremio en sus ratos libres; según me reconoció en charla privada, la actividad de esos grupos no tiene ninguna incidencia en la lucha por la mejora de la educación; b) el vice-director es ahora el director porque la directora está de licencia: en años anteriores, me contaron trabajadores de esa escuela, la directora sentía pánico: nunca salía de su oficina, nunca pisaba las aulas; c) al conocer ´mi caso´ –que no voy a exponer aquí- el vice-director me contó off the record que existe una guerra sorda entre la Provincia y otras instancias formativas; por eso, aquellos que se van becados para perfeccionarse sufren pequeñas venganzas burocráticas por acceder a privilegios excesivos (comentario: la provincia fomenta día a día que en el sistema trabajen profesores jóvenes y recién formados para hacerles hacer cualquier cosa). Plack.

[7] Este texto es el tercero de una serie que se inicia en este mismo blog con “El fin de la educación [Sobre ´En las escuelas´ de G. Santos]” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/11/el-fin-de-la-educacion/ y que continúa con “¡A las trincheras! Escuelas públicas en guerra” https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/03/21/a-las-trincheras-escuelas-publicas-en-guerra/ Además, y a manera de presentación, en un tema de tanta complejidad como el educativo, ofrezco información mínima sobre aquel que escribe y opina: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/recorrido-y-experiencia-en-contextos-educativos/

[8] En el devenir de la charla, me reconoce que ella en el pasado daba en ´el profesorado´ un tema como ´políticas conservadoras´, pero salía tan cargada que optó por dejar de darlo. Ahora se siente mejor. Plack. Sigo. Varias veces, y ahí me crispaba, la tecno-autoridad intentó asociar mi postura frente al sistema con la ´tristeza´. Si la hubiera dejado avanzar, habría hablado de depresión y de locura. Fiuuu. Plack. Plaaack.

[9] Según la mirada de la tecno-funcionaria, si existe algún tipo fracaso en el sistema escolar, este surge de la mala calidad de los profesores. Hiiiiii. Iuuu. Fiuuu. Plack. Plack. Pregunto: ¿qué sistema educativo formó a esos profesores? Con certeza, fue el de alguna galaxia transideral. Fiu Fiu Plack Chac

El fin de la educación [Sobre ´En las escuelas´ de G. Santos]

´La educación secundaria, en Argentina, es una mierda.´ [1]

Apenas ocho términos resumen –y entiendo que con justeza- la historia que cuentan las 153 páginas de En las escuelas. Una excursión a los colegios públicos de GBA, el breve libro de Gonzalo Santos que en 2013 editó Santiago Arcos.

El volumen me llegó hará cosa de un mes, y bajo la forma de obsequio, de manos de alguien que ya había comprado un primer ejemplar, al que también donó, azorado por una lectura en la que recayó por recomendación indirecta de Tomás Abraham que venía hablando de otra cosa, en el algún acontecimiento que ignoro, y que en el medio de lo que parece que era una mirada negativa sobre algo, dijo algo así como, ´y eso que no estamos hablando de educación; para saber un poco más sobre eso, vayan y lean lo que escribió Santos´. Y esta persona fue y leyó.

A ese volumen –que me llegó hará cosa de un mes- lo tuve sobre una mesa adormilado, y entre ayer y hoy me lo leí de dos sentadas.

“¿Crónica? ¿Memoria? ¿Testimonio?”, se pregunta la solapa. “Difícil es establecer un género para En las escuelas… Excursión e informe… narrado desde la perplejidad de un docente dotado con saberes inútiles que, como armas herrumbradas, ceden ante el resplandor de las nuevas formas culturales que esgrimen algunos jóvenes: la violencia, la arrogancia, el desdén.” Eso dice la solapa.

Quien me lo regaló, entre sus comentarios, incluía la sorpresa de que Santos le pegara a quienes nadie osa tocar en esta historia: a los pibes. Preciso y cierto, aunque vale decir, en la santa volteada caen todos (con las excepciones habituales en cada rubro): padres, docentes, directivos, burócratas, tecnócratas e ideólogos del sistema y políticos; y abarca, además, las condiciones edilicias, la alimentación ofrecida, la seguridad y la tranquilidad mental del trabajador, negadas. En fin, la sociedad civil y el Estado, enteritos.

´La educación secundaria es una mierda en Argentina.´

Nunca Santos lo dice así, pero podría. Lo único que parece salvarse del caos que la gobierna –al menos en los colegios públicos bonaerenses, aunque extensible, no veo por qué no, a otras provincias y distritos, y al mundo occidental en su conjunto, si me apuran- lo único que parece salvarse –retomo- en esa abusiva forma de la nada, es el morlaco, el salario, la platita. Pero para esa zanahoria –que tampoco es ¡guau! qué linda- primero hay que sudarla.

Al salario más o menos digno se llega precio altísimo mediante: la destrucción de la autoestima, la recaída en la paranoia, el delirio, la depresión, el pánico y el refugio en las adicciones. Exactamente así no lo dice Santos, si bien lo desliza. A esa enumeración la acomodé yo, que también veo cómo se les va la vida, y entre ellos estoy, a miles de personas incapaces ya de sentir angustia al asistir a sus espacios de trabajo –en su mayoría insalubres, sucios, degradados y degradantes, asquerosos e inhumanos.

Es preciso decirlo como lo dice la solapa (y aunque lo diga para el Conurbano, la regla es amplia): en las escuelas “…se hunden las expectativas humanistas del Estado en su rol de educador de masas ante la resistencia manifiesta de los alumnos a ser domesticados”.

Santos les pega a todos incluyéndose a sí mismo. No le interesa enseñar, no tiene vocación. Dar clases para él es un trabajo más e intenta cumplir lo mejor posible su papel, hacer lo mejor que puede aquello para lo que se formó (si formarse es la palabra adecuada). Le fue imposible. Fracasó, como casi todos, plenamente. Sin hipocresías, sin atajos místicos sobre un clamor superior que llama al apostolado. Dar clases es un trabajo remunerado más, reconoce Santos, y no tendría por qué ser un infierno, aclaro.

Santos escribe la crónica sin moralinas. Escribe, en un plan amplio, porque se está inventando como escritor y, en lo concreto, porque quiere ganar con el libro un dinero extra para hacer un viajecito al exterior (no especifica si con su novia o sin ella). Es un escritor novel e incluye, de contrabando, uno de sus antiguos cuentos. Santos –gran lector de filosofía, según confiesa- escribe cuentos de ciencia ficción y en ese tren de imaginación en su testimonio habla del Ministerio Orwelliano de Educación, de los corderos pitagóricos que lo habitan que, en verdad, son los Simuladores Mayores que elaboran pomposas y orwellianas estadísticas –porque, deberían ustedes saber, el número, el guarismo, la cifra es el fin último de toda esta Gran Mentira, una magnífica simulación estatal urdida.

La ciencia ficción es la medida. Intuyo que no hay manera más clara y evidente de presentar esos espacios post-apocalípticos que a través de la distopía: mientras uno camina por sus pasillos siente que está entre el día después del bombardeo de las naves enemigas y el instante anterior a que la sirena antiaérea llame a la retirada masiva hacia los refugios.

Quiero que entiendan. Santos está hablando de la educación pública a la que usted manda su hijo, hija, a la que va su familia o cualquier otro vástago caminador engendrado. Y a los edificios que componen ese sistema -en los que usted encierra sus crías mientras trabaja como un enfermo para enriquecer a quien lo domina (este comentario corre por cuenta mía)- a esos edificios atroces Santos los denomina ´escuela-cárcel-club´, espacios del simulacro, de la payasada y de la pantomima.

Santos habla casi siempre de ´la educación pública´ pero también maneja, cómo no, información de ´la privada´. En ´la privada´ trabaja su novia –a quien conoció en un instituto de profesorado tan inútil como los trabajadores semi-profesionales que escupe- y esa novia le contaba que “…su directora no solo trataba mal a los docentes y los despedía si adherían a un paro o si quedaban embarazadas, sino que incluso a veces los mandaba a limpiar los baños”. [En las escuelas, # 52]

“Juro por mi vida que es cierto”, se lamenta Santos, después de contar esa verosímil bizarreada. Juro por mi vida que te creo, Santos, y doy fe de tu asco. O sea, en el peor de los casos somos dos, pero ojo, somos dos que también sospechan que, tal como están las cosas, de ese caos no hay salida, ni nada. Además -y no quiero deprimirte sino todo lo contrario porque significa que para tu posicionamiento de escritor las cosas van bien- te gustará saber, Santos, que tu libro, el mismo del que estoy hablando y al que se propone como crónica, informe, memoria, ese libro tuyo fue orwellianamente encontrado -por aquel que me lo obsequió- en un escaparate librero catalogado como ´ficción´. Así las cosas, por más que jures y patalees y que yo refrende (que es bien poco, por cierto), te van a comprar, pero no te van a creer nada.

´Es una mierda la educación secundaria en Argentina.´

Dejo a Santos por un momento y aporto tres granitos de mi cosecha.

Poco menos de un año atrás, un inspector del sistema de educación bonaerense (retirado y jubilado y que para no aburrirse estudiaba ´locución´ en el mismo Terciario en el que mi simulacro hacía sus didácticos esfuerzos) al detectar mi interés por el tema educativo, en el pasillo post-clase me propinó su opinión: ´al Sistema hay que pararlo, demolerlo, repensarlo y ¡desde cero!´.

Poco menos de una semana atrás, hablo ahora desde este presente, la bibliotecaria de una escuela pública bonaerense me confió –serena pero en el fondo desesperada- que quería sacar a su hijo de 9 años de la escuela a la que lo enviaba porque estaba harta de las arbitrariedades de los directivos, de la presión absurda de determinados padres sobre temas internos, harta -en definitiva- de ver cómo los espacios educativos financiados por recursos públicos responden a caprichos individuales -como mucho grupales- en base al amiguismo, al tráfico (berreta) de influencias y a otras atrocidades civiles, en las que por lo general se impone la pseudo-omnipotencia de esos bichos tan feos que son los humanos con un poco de dinero. (La bibliotecaria hablaba también de la necesidad de volver el sistema a cero.)

Después de mucho meditarlo –el tercer granito es una reflexión- hice carne en mí la feliz idea de que los estudiantes de los colegios públicos no consideran ´enemigos´ a sus profesores. Ni siquiera registran la profundidad del daño que muchos de ellos causan. Esos adolescentes, según entiendo, muestran como dice la solapa del libro, resistencia manifiesta a ser domesticados, y los entiendo. Por eso en mis clases los desaliento a que continúen yendo a la escuela. Las escuelas, hoy día, no están pensadas para educar. La inclusión y la contención –ideas ciento por ciento defendibles y valorables- precisan de otros espacios.

Las escuelas son cuevas –más o menos elegantes, más o menos lustrosas, más o menos hediondas- en las que se advierte el efecto destructor de una bomba de larga data activada. En Argentina la educación secundaria es una mierda porque sorbieron la yema y dejaron la cáscara, y en mi cortedad de entendederas, es un proyecto de las élites que trasciende a los gobiernos y que no detiene su marcha.

Le dejo la palabra final al autor (y los invito, lectores, a que compren el breve libro así por lo menos a fin de año, con las regalías, Santos se manda un ´viajecito al exterior´; y te aclaro, autor, que aquel que me lo obsequió, con su doble compra, te financió mínimo el taxi al aeropuerto, y espero que sepas agradecer y que no quedes como un mal educado). Son palabras de Santos: “Me hubiera gustado terminar con un mensaje un poco más optimista; pero a todos los futuros posibles los vislumbro preñados de más simulacro, más farsa, más violencia y más sonambulismo tecnológico. El libro, de un momento a otro, habrá desaparecido; y la escuela no tardará demasiado en hacerlo: como sucede con las palabras… comenzará a cambiar de significado –el proceso ya está en marcha- hasta que en un momento se habrá transformado tanto, que ya no será ´escuela´, sino otra cosa; aunque se la siga llamando por algún tiempo más con ese nombre.” [En las escuelas, # 58]

Cuál es el fin del actual sistema público de educación, es algo que deberíamos plantearnos y discutir. De otra manera seguiremos escribiendo ad infinitum crónicas peor o mejor escritas que intenten representar esa selva –porque digamos la verdad, las escuelas (excepto para la mirada acostumbrada de sus involucrados) a los ojos de la sociedad es una disaster area a la que nadie quiere acercarse y de la que todos queremos escapar más temprano que tarde.

 Tandil – 10 y 11 de marzo de 2015

[1] En un tema de tanta complejidad como el educativo, parece necesario ofrecer un mínimo de información sobre quien opina: https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/recorrido-y-experiencia-en-contextos-educativos/

Maldito Watkins

El 29 de octubre de 1935 nace en Inglaterra Peter Watkins.

“Este lenguaje narrativo puede ser (¿?) relativamente (¿?) inofensivo (¿?) cuando se utiliza en determinadas historias para dormir niños. Pero adquiere una dimensión diferente cuando la emplean los mass media audiovisuales [MMAV] en gigantescas y vibrantes pantallas de cine, o en la franja horaria nocturna de la televisión. Y no se trata solo de que este proceso autoritario se haya inoculado gota a gota en la conciencia colectiva, sino que además su función se ha trastocado para servir a otros fines, entre los que cabe mencionar el de propagar la envidia, la angustia, el miedo, el consumismo, las estrechas formas de ver el ´ellos´ y el ´nosotros´, y la jerarquía.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, 2006, p. 132-133. Énfasis en la traducción.)

Dice cosas que no le importan a nadie.

¿La jerarquía? Nadie parece interesado en quebrar su existencia, a expensas de mantener la miseria obtenida.

¿El consumismo? Un metejón que da hasta flojera.

¿MMAV? Tal vez buscara Watkins así ganarse el sin par derecho a vivir en las catacumbas intelectuales de Alonso y Arzoz, ardientes negadores de la cibercultural Nueva Ciudad de Dios –aunque ni eso.

Amateur. A los 19 años filma The Web. Soldado alemán busca escapar del maquís francés en el final de la Segunda Guerra. Ese es la línea argumental. Obtiene ´Cuatro estrellas´ en la edición del Oscar a los diez mejores filmes de aficionados.

Amateur. En 1958 filma el hoy desaparecido The Field of the Red. Tema: Guerra Civil. Estados Unidos.

Amateur. En 1959 realiza The Diary of an Unknown Soldier. [Estuvo en Youtube]. Asunto: Primera Guerra Mundial. Dato: la incidencia de lo bélico. Gana Oscar entre los Diez Mejores filmes de aficionados.

En el futuro, será menos mimado por los que guisan el caldo.

Amateur. En 1960 filma The Forgotten Faces [estuvo en Youtube], reconstrucción histórica de la Revolución Húngara de 1956. Como en un noticiario documental, los actores miran a cámara y los primeros planos cortan la parte superior de sus cabezas. A una cadena de TV le ofrecen el film, y su vicepresidente responde: ´No podemos poner eso en Granada TV porque, si lo hacemos, nadie volverá a confiar en nuestros programas de noticias´.

Estamos, recuerden, en 1960.

Ingresa a la BBC.

Profesional. En 1964 realiza Culloden

Recreación en forma documental de la Batalla del mismo nombre [1746, Escocia]. Historia sobre personas comunes. Utiliza 142 actores. Con Culloden,  PW redefine la representación de la historia en el cine, así como los cimientos clásicos del documental: la objetividad, el distanciamiento del autor. Recibe un premio de los guionistas británicos y el reconocimiento de la ´Society of Film and Television Arts´.

Profesional. En 1965 PW filma The War Game [estuvo en Youtube; puede estar disponible en esta página] Título primario: After the Bomb. Con cámara al hombro –para él, ´cámara libertad´- PW recrea los horrores de un ataque termonuclear contra Gran Bretaña. Tras deliberaciones varias, y proyecciones secretas en el gabinete del Primer Ministro británico, el film vira asunto de Estado, y la BBC lo censura. Prohíbe su exhibición por veinte años en cualquier país del mundo.

Watkins entiende el teje-maneje televisora-gobierno y abandona la BBC.

En 1966 [se menciona también 1967], aparece Privilege. Alegoría sobre el modo en el que los medios de comunicación de masas, la industria de la música pop y la clase dirigente británica actúan de modo conjunto para debilitar la energía política de los jóvenes. Trailer oficial:

Film difícil de hallar. Tuve la decencia de subirlo a Youtube. La corporación amenazó –´tu canal no recuperará algunas funciones por la infracción´- y bloqueó el video por la existencia de derechos de autor.

Dice Watkins:

“…Privilege [llama la atención sobre cómo] los estados nacionales, a través de la religión, los medios de comunicación, los deportes, la cultura popular, etc., son capaces de esquivar un reto político en potencia sirviéndose de la gente joven. En el caso de que esto parezca una exageración, conviene recordar que la obra está ambientada en la ‘marchosa Gran Bretaña’ de los 60, y fue una premonición de la forma en el que la cultura popular y los medios de Estados Unidos comercializarían el movimiento antibelicista y contracultural en este país. Privilege también predijo, con aire de amenaza, lo que iba a suceder en la Gran Bretaña de Margaret Tatcher en los 80, sobre todo durante el período de la Guerra de las Malvinas.”  (P. Watkins, Historia de una resistencia, 2006, p. 52)

PW, profeta.

Y también quejoso: ´muchos de los elementos del filme (uso del color, movilidad, estructura) han sido incorporados desde entonces por el cine más comercial. Al menos hay una escena de Privilege que ha sido directamente copiada y utilizada en La Naranja Mecánica [1971] de Kubrick.

1967. The War Game -en sí, ficción- gana el premio Oscar al mejor documental.    ´

Críticas. Exilio. Enojo. Suecia. Cineasta gitano. Y en 1968, The Gladiators o The Peace Game. Largometraje –el segundo-, esta vez sobre pacifismo. Film difícil de hallar, excepto por fragmentos

Dispongo del .avi Ni imagino subirlo para que la corporación me amenace –salvo que medie el acceso a una treta virtual para poder divulgarlo.

Dice Ángel Quintana en “¿Por qué molesta tanto Peter Watkins?”, prólogo al ya citado volumen Historia de una resistencia

“La crítica directa al poder de los medios de comunicación, sobre todo hacia la televisión, marcó también el primer ensayo de política-ficción que Watkins rodó desde su autoexilio como cineasta nómada en Suecia… La película establece un futuro en el que los representantes de los diferentes bloques –China, Estados Unidos y Rusia- se ponen de acuerdo para controlar los instintos agresivos de la guerra, por lo que organizan espectáculos bélicos… que acaban siendo televisados. […] [The Gladiators consolidó] otra idea perversa que tenía que ver con el modo en el que los poderes pueden llegar a ser capaces de absorber determinados movimientos que combaten el sistema –en este caso, las corrientes pacifistas- para acabar domesticándolos usando sus propias armas.”

Lo dice entre las páginas veinte y veintiuno, me refiero a Quintana.

Críticas. Nuevo exilio. Pero antes: en Watkins política-ficción es ciencia ficción. Se regodea Quintana (Historia de una resistencia, p. 17)

“El sentido de la inmediatez y la crudeza con que… Watkins denunció… capítulos voluntariamente olvidados de la historia se han extrapolado… hacia otro territorio donde lo representado ya no es lo acontecido en el pasado, sino lo que puede llegar a suceder. [E]l cineasta construye fábulas de ciencia ficción centradas en los riesgos políticos del propio presente. […] La ciencia ficción, o mejor dicho, la política-ficción, convierte a Watkins en un cineasta políticamente incorrecto que no cesa de hurgar en los diferentes tabúes escondidos tras la máscara del bienestar.”

Nuevo exilio. Para otros, la Meca.

1970. Estados Unidos. Realiza Punishment Park. Alegoría política. Documental + falso documental. Denuncia el carácter represivo de la política interior del presidente Richard Nixon. Acusa a los Estados Unidos. Lincha su mecánica propagandística.

Propósitos y objetivos. Pero antes, el argumento: estado nacional de emergencia; toda actividad subversiva –preferentemente de jóvenes- se castiga con prisión y con la estancia en el ´parque´; hay un juicio y pruebas de resistencia; deben atravesar un desierto para alcanzar la bandera de Estados Unidos como prenda y obtener la libertad. {Tal vez disponible en} Ahora el tráiler

Objetivos. Propósitos.

“ ´[Watkins es]…un cineasta que ha buscado y consolidado un método cinematográfico capaz de privilegiar el debate sobre los riesgos del presente a partir de la historia o mediante la política-ficción. Nunca se ha considerado un iconoclasta ni un teórico de la imagen. ´No soy Godard, no me interesa cómo está hecha la imagen, sino… los efectos que produce y el debate que pueda llevar a generar….´. Todas sus películas han sido concebidas como instrumentos de provocación que incitan a la discusión y cuestionan las estabilidades que parecen justificar el equilibrio del mundo. Su cine ha sido… políticamente incorrecto, pero a pesar de su marginación y de haber molestado… al establishment cinematográfico, la mayoría de los debates que se esconden en el interior de sus obras han alcanzado con los años una extraña vigencia.” (Quintana, Historia de una resistencia, p. 8)

La frase citada de PW fue dicha por el director en 1970 en ocasión del escándalo que provocó esa película en el país del norte. Duró cuatro días en cartel. Nunca más fue proyectada ni en cine ni en televisión.

1971. Noruega. En 1973 realiza Edvard Munch. Tres horas (aprox.) para retratar en sus rasgos biográficos al pintor. Fragmento

Es también una autobiografía. “Al igual que Edvard Munch, el cineasta Peter Watkins se ha sentido marginado por el poder institucional…”, reza Quintana.

La co-producción de las televisoras oficiales de Suecia y de Noruega permitió que PW completara su film más personal.

1974. Dinamarca. 70ernes Folk o The Seventies People. Tema: elevada tasa de suicidios entre los jóvenes daneses.

1975. Fällan o The Trap. PW dirige el guion futurista escrito por un periodista sueco. Info: el año en la ficción es 1999, se aproxima el nuevo milenio, los medios mienten optimismo, amenaza un rector nuclear. ´La película está ambientada en los habitáculos subterráneos de un científico que trabaja en una planta de residuos nucleares próxima a la costa occidental de Suecia´, dice por ahí el director.

1976. Dinamarca. Aftenlandet (Evening Land). Acerca de terrorismo, represión policial, huelgas contra la construcción de submarinos nucleares.

Gracias al apoyo de un movimiento pacifista sueco, PW concreta The Journey entre 1983 y 1986. Filmada en los cinco continentes, en doce países. Dura catorce horas y media. Tema: crítica al papel de los medios masivos de comunicación por su papel en la carrera mundial armamentista.

Ángel Quintana (Historia de una resistencia, p. 23 y 11). Dos por uno:

“La mayoría de las fábulas de política-ficción de Peter Watkins proponen un interesante punto de vista en torno a la necesidad de buscar una política de pacificación del mundo, de bloqueo de la carrera armamentista y de recuperación de la paz como forma de diálogo y convivencia entre las diferentes comunidades.”

La yapa:

“La trayectoria de… Watkins es bastante singular, sobre todo si tenemos en cuenta que, entre la amplia nómina de grandes cineastas europeos surgidos del corazón de la modernidad de los años 60, es uno de los más innovadores y, al mismo tiempo, uno de los más desconocidos y olvidados. […] [Realizó] una serie de obras fundamentales y radicales que no se ajustaban al cine convencional ni a los estándares de temporalidad del cine de consumo, sus películas dejaron de ser citadas…”

1991. The Media Project. Crítica en video a la cobertura de la Guerra del Golfo por parte de los medios.

1992-1994. Adivinen. The Freethinker –el film de PW sobre el dramaturgo August Strindberg- es rechazado por las principales cadenas de televisión nórdicas y es boicoteado en Suecia hasta por el sistema educativo. Strindberg es otro de los personajes malditos que fascinó al marginal Watkins.

Rewind. En 1979 el Instituto Sueco de Cine y Televisión le encarga investigar sobre el escritor. PW ofrece un guion. La película no se lleva a cabo. Quince años después el guion es retomado.

“…se convirtió en un insólito curso de producción en video con una duración de dos años y que contó con la participación de 24 estudiantes. El resultado… está basado en el guion original… con facetas desarrolladas por los propios alumnos que investigaron, dirigieron, filmaron, grabaron, editaron, diseñaron el vestuario y, sobre todo, ¡organizaron la producción y la financiación de este colosal proyecto pedagógico!” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 90)

1997. Escribe La cara oculta de la luna. Texto crítico sobre los MMAV con motivo del 75 aniversario de la BBC y dirigido a los profesionales de los medios de todo el mundo. Propone una forma alternativa de enseñanza audiovisual.

1999. Francia. La Commune (de París, 1871). Utiliza los estudios George Meliés. Continúa sus intereses marcados ya en Culloden.

2001. Geoff Bowie –canadiense- genera El reloj universal; o The Universal Clock o L´horloge universelle: la résistance de Peter Watkins. Fragmento

Dice PW (Historia de una resistencia, p. 129):

“Esto nos lleva a un segundo empleo antidemocrático de la forma y el espacio en televisión: el que fue identificado por Geoff Bowie y Petra Valier en su documental The Universal Clock (2001) que se ocupa de diversos aspectos de la realización de La Commune. El título procede de la práctica actual de estructurar todos los programas de televisión en rígidos períodos de tiempo estandarizados (un total de 47 o 52 minutos para las películas ´largas´, y de 26 en las cortas), para así plegarse a una cantidad determinada de anuncios dentro de cada hora o de cada media hora. De este modo, elementos de información ´audiovisual´ que han sido previamente modelados por la Monoforma, son remodelados en el momento de su presentación al público a través de los bloques uniformes de tiempo en los que aparecen contenidos. Este fenómeno elimina con toda claridad cualquier prioridad con respecto a lo que sale en televisión, o en el concepto de que temas diferentes o estilos de realización distintos podrían no ser objeto del mismo tratamiento en cuanto a su duración: todos son arrojados a la misma máquina de picar tiempo y expulsados con idéntico aspecto, a imagen y semejanza de la Monoforma.”

Aparte, acoto.

Reloj. Etimología: ´horologium´ (contar horas). Hay una concepción antigua: ´contar o narrar´ (del griego, ´legein´) como forma de pautar lo que el tiempo imponía al ritmo de la naturaleza. Hay una concepción moderna: el tiempo es ´mostrado´, ´comunicado´, utilizado para vigilar el cumplimiento. Sincroniza la vida. Ya para el siglo XIX se sabía: ´una metrópolis puede funcionar como un autómata por medio de la información de un reloj´. Dicen que el reloj es heredero de la disciplina monástica y preparador de las técnicas contemporáneas de comunicación como los periódicos, la radio, la televisión y las nuevas tecnologías de la información. Reloj: controla y divide el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso. En la mitología bíblica, Caín inventó las medidas abstractas, como las del reloj. Suponen, por lo tanto, un uso no-natural y están asociadas –perdón por la palabreja- al pecado (que es decir el ´mal´, que es decir la dominación).

Retorno a PW.

2003. Escribe La crisis de los medios.

2006. Buenos Aires. La crisis de los medios constituye la segunda parte del volumen recopilatorio Historia de una resistencia (páginas 119 a 208). En el prólogo -“¿Por qué molesta tanto Peter Watkins?”- orquesta Ángel Quintana (página 31):

“En la segunda parte [de Historia de una resistencia], titulada ´La crisis de los medios´, hemos reproducido el núcleo central de la reflexión que Watkins articula sobre los medios de comunicación en el mundo actual… después de los acontecimientos generados por el atentado del 11 de septiembre de 2001. En este texto, revisado por el propio Watkins a lo largo del verano de 2004, en coincidencia con la retrospectiva de su obra en el Festival de La Rochelle, el cineasta se interroga sobre la preponderancia de los medios de comunicación americanos en el contexto de un mundo globalizado, critica la llamada monoforma, o lenguaje estandarizado con el que los medios de comunicación pretenden crear una cierta sensación de objetividad, y se muestra extremadamente receloso contra lo que denomina ´el reloj universal´, es decir, la forma en el que los medios controlan el tiempo del discurso y lo acaban homogeneizando.”

Para cerrar, entonces, algunos fragmentos de ese texto de 2003 en la pluma de PW y traducción mediante.

“Al utilizar la expresión ´crisis de los medios´, hago referencia al funcionamiento cada vez más irresponsable de los mass media audiovisuales (MMAV) y a su desastroso impacto en la sociedad, los asuntos humanos y el medio ambiente. Hago referencia a la generalizada pasividad del público hacia el flagrante comportamiento de los MMAV como inductores de ideologías violentas, explotadoras y jerárquicas, y a la catastrófica falta de información que existe en la actualidad acerca de lo que nos están haciendo los mass media audiovisuales. Hago referencia a la generalizada oposición en el ámbito de los profesionales de los MMAV hacia el debate crítico que tenga alguna relación con su trabajo. Hago referencia, asimismo, a la dura represión que se da en el seno de los MMAV: mantienen a los profesionales a raya, y de ese modo logran, sin duda, que jueguen un papel activo a la hora de silenciar las voces críticas. Y, finalmente, hago referencia a la negativa por parte de los sistemas educativos de todas partes en cuanto a permitir que los jóvenes accedan a cualquier clase de auténtica pedagogía crítica en los medios, algo que podría darles la oportunidad de enfrentarse al papel y a las prácticas de los MMAV.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 121)

“Ya entonces [en los años 60] daba la sensación de que los mass media audiovisuales se habían convertido en una especie de suprasistema que englobaba el proceso social visible, y que tenía una función muy importante en la formación (y en la deformación) del mismo.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 119)

“…el empleo constante de la Monoforma, con su total ausencia de tiempo para la reflexión, su agresividad narrativa, su apariencia fluida (y, por tanto, incuestionable), su incesante avance lineal (que niega la flexibilidad de la memoria y la complejidad de la experiencia humana), ha tenido consecuencias de largo alcance, a un tiempo obvias e incalculables, sobre nuestros sentimientos. Nos ha hecho perder la sensibilidad hacia buena parte de lo que sucede en la pantalla y a nuestro alrededor (en especial hacia la violencia y el destino de los demás seres humanos). La capacidad de fragmentación y de división que encierra este lenguaje afecta con sus actitudes antidemocráticas a los cimientos del proceso cívico. La notable carencia de inclinación hacia el comportamiento colectivo en la sociedad occidental y el predominio de su opuesto (una visión cada vez más egoísta, obsesionada con el yo y la privatización de lo público) no son sino dos manifestaciones de los efectos que la Monoforma termina produciendo a largo plazo. Poco a poco se va haciendo más evidente la estrecha relación entre estos rasgos y la energía con que la Monoforma mueve el motor del consumo masivo.” (P. Watkins, Historia de una resistencia, p. 127-128)

Lapidario, pero a quién le importa. Es más, por insistente y reiterativo hasta se le podría colgar (como se ha hecho con tantos) el sambenito de la locura, del resentimiento, del rencor o de la esquizofrenia –porque el paranoide ronda esos lares. Y alguito de eso sucede –para mi sorpresa- por segundos con el reverencial Quintana (Historia de una resistencia, p. 31).

“La lectura de las reflexiones contenidas en ´La crisis de los medios´ puede parecer, a más de un lector, el resultado de una cierta paranoia frente al sistema con que los medios de comunicación han ido tratando el propio cine de Watkins. No obstante [nos encontramos]… ante una prolongación de otros… textos clásicos sobre los medios de comunicación y la semicultura del mundo actual…”.

Reproduje –como es visible y como repetí- textos watkinianos a partir del volumen del 2006, Historia de una resistencia, editado a propósito de la 8va. edición del argentino Bafici, y basado, en su mayor parte, en textos de la página web del cineasta.

Te remito a ellos -y también a este suelto– para mejor leer.

En fin,

PW vive.

Viva Watkins.

Rebelde.

Marginal.

Profético.

Político, y con su cine, partidario de la acción directa.

Pero mejor no darnos cuenta. Es preferible ubicarlo y con honores en el centro de lo que Levi-Strauss denominaba ´reserva ecológica al interior del pensamiento domesticado´, es decir, el arte.

Molesta menos. Y además llamémosle obsoleto, total la que impera hoy es la Red y la TV es sirviente de rango pésimo.

Pero PW vive.

Viva Watkins.

Viva.

Lourdes – 29-10-2014