{Artículo} Manliba periodístico. El Porteño,1982-85

[Roberto Lépori]

La primera etapa de la revista mensual El Porteño serpenteó entre el ocaso de la cruenta dictadura cívico-militar, el exilio, los retornos, la guerra de Malvinas, la denominada ´renovación cultural´, la transición democrática, el reclamo por las víctimas del terrorismo de Estado, el alcance de los Derechos Humanos, la militancia y la violencia revolucionaria, el juicio a las Juntas Militares, entre otros meandros. Fundada por Gabriel Levinas, Miguel Briante y Jorge Di Paola, en sus primeros cuatro años, y hasta el desembarco de una cooperativa, El Porteño fue esotérica, experimental, excéntrica, marginolienta, paradójica, polémica y pionera, al igual que uno de sus célebres vástagos bizarros, Cerdos & Peces, parido a mediados del ochenta y tres, en el seno de una redacción hecha añicos por una bomba.[1]

ÍNDICE

1.- De los desperdicios

2.- Lo que se dijo sobre El Porteño

3.- El Porteño y una bizarra revista de interés general

4.- El Porteño, caos y marginalidad

5.- I Ching y Malvinas. Las cartas de director durante el primer año [1982]

6.- Niños desaparecidos y bomba. Las cartas del director [1983-1984]

7.- Las cartas del director. El trunco cuarto año [1985]

8.- Otro tipo de marginalidad: el retorno de Mercedes Sosa

9.- Colaboradores y escritores: entre la literatura y la urgente realidad

10.- El amanecer de los nuevos, y la distancia entre literatura y realidad

11.- Las marmóreas voces en El Porteño

12.- Cerdos & Peces: sexo, drogas, rock, marginalidad, perversión y bomba

13.- De la Cooperativa de periodistas a Página/12, el otro vástago (y un tercero también)

14.- El Porteño, historias de nunca acabar

1.- De los desperdicios

En enero de 1985, en la habitual “Carta del Director”, Gabriel Levinas reflexionaba sobre el recorrido de la revista todavía bajo su dirección

El Porteño cumple, tras muchas dificultades, tres años. Ya no es el mismo y sin embargo no es distinto. [Fue] un riesgo que… decidimos afrontar. El desgaste de los colaboradores y el nuestro sirvió para no alejarnos de vos lector… Con eso vino el premio: [destruir] la revista elitista para construir una que te exprese. Las costumbres pacatas… fueron apareciendo en nuestras páginas, alejando de ellas a muchos amigos que no se bancaron compartir su espacio con los gays o los presos comunes, con los rockeros o los drogadictos. Entre los que segregan o marginan y los segregados o marginados, elegimos a estos últimos… Con vos, lector, y con ellos armamos este ´Manliba´ periodístico.” [IV,37, p. 5]

La carta sintetiza el pasado (dificultades, alejamientos), esboza el presente (identidad periodística ´marginal´), da pistas sobre el futuro (drásticos cambios internos) y explicita en su apelación al lector –construir una que te exprese– uno de sus rasgos distintivos. El Porteño mantuvo un fluido contacto con sus lectores motivando tertulias y encuentros. Desde temprano [I,2], los convocó para que con sus cartas intervinieran. A partir de mayo de 1984, un antídoto contra la censura, la redacción invita a los lectores a participar como colaboradores, redactores, críticos, etc. [III,29].

Entre cientos de envíos, se destaca uno de fines de 1984, firmado por Martín Lonné, y titulado “Como en botica”, cuyo primer párrafo reza: “Como habitual lector de El Porteño me permito algunas críticas. Otro número desparejo el de septiembre.” [III,34, p. 4]. Lonné –luego de felicitar por las notas sobre Derechos Humanos, una de las apuestas de la revista- ancla su descontento en trasplantes de marcos teóricos para pensar la realidad argentina.

Aquella imagen usada por Levinas de un Manliba periodístico[2] –receptáculo del desperdicio de las noticias- junto a la irónica asociación, del lector Lonné, con una botica, son indicios aleatorios de un proyecto editorial considerado y presentado como caótico, extraño, heterodoxo (desparejo) y marginal.

La complejidad y la peculiaridad de El Porteño [1982-1985] responden acaso a la fusión de la impronta de un director excéntrico que reconoce haber pergeñado la revista a partir de una símil sesión de tarot, y de un convulsionado entramado social, político y cultural urgido por generar espacios que posibiliten discutir en torno de la denominada ´renovación democrática´.

El Porteño adopta en la transición una identidad paradójica, entre lo marginalidad y el status quo. De hecho, en su balance de enero de 1985, Levinas rechaza el elitismo y remarca su preferencia por “los segregados o marginados”, en una publicación que, para ese momento, ocupa un importante espacio en la prensa escrita.

Esta identidad paradójica aparece plasmada en la oscilante relación con la literatura. El Porteño –en sus primeros años- no se interesó por la literatura (no alentó, ni promocionó casos particulares) y, sin embargo, incluyó entre sus fundadores a dos escritores y privilegió, además, el contacto con figuras consagradas. Borges fue el numen y lo secundó Ernesto Sabato. Ambos –en su momento, comensales de Videla- fueron invocados casi nunca para hablar de libros y casi siempre para opinar (Borges) y para actuar (Sabato) contra la dictadura, a favor de la democracia y de los DD.HH. A fines de 1984 y durante los diez números de 1985 se observan destellos de una nueva época motivada, es factible suponer, por la presencia de Daniel Molina.

Así, redactores que son escritores pero hablan poco de literatura, escritores que son convocados para hablar de ´otras cosas´. En esos cruces marcados por el urgente llamado de la realidad, se gesta una publicación cuya progenie editorial, mutaciones de por medio, alcanza nuestros días.

2.- Lo que se dijo sobre El Porteño  

El Porteño, en el concierto de las revistas literarias y culturales de los años ochenta, debería haber respondido, según Roxana Patiño (1997, p. 28) “…a un pequeño círculo intelectual [aunque] articulada al momento de la transición democrática [amplifica y pone] en circulación temas trabajados en un campo intelectual más restringido…”. La revista se insertó “…en el entramado de la disidencia intelectual de izquierda porque, si bien no hay manifestación expresa, la mayoría de sus colaboradores… temas y entrevistados, se vinculan a esa zona…”. (Patiño 1997, p. 29)[3] Para Patiño (2006), muchas de las publicaciones de resistencia a la dictadura aparecidas entre 1978 y 1981 no articularon propuestas superadoras, aunque se dieron valiosos espacios de pasaje hacia una nueva etapa de reconstrucción cultural. Dos emprendimientos editoriales que traspasaron ´la transición y representativos del período democrático´ fueron Humor [1978] y El Porteño que “…aprovechó la liberalización producida durante la guerra de Malvinas para lanzar un discurso opositor que luego el gobierno no consiguió hacer retroceder. Dentro del ámbito cultural cubre la llegada de escritores exiliados, la gestación de los movimientos de DD.HH. y otros movimientos artísticos que impulsan la apertura democrática.”[4]

En La paja en el ojo ajeno, volumen dedicado al periodismo cultural argentino, Pablo Chacón y Jorge Fondebrider (1998, p. 35) incluyen un testimonio del periodista Juan J. Salinas que ofrece una definición de índole general: “El Porteño fue el último medio de prensa no especializado, de circulación nacional [e] independiente… Políticamente incorrecto, libertario, siempre prefirió bordear cierto populismo ilustrado…”.[5] Una década más tarde, el mismo Salinas en un virulento artículo, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008)[6], discute la no siempre pacífica transformación de la revista que pasa de ser dirigida por Levinas a ser comandada por una Cooperativa de periodistas, a fines de 1985.

En la primera “Carta de Director” (marzo de 2000) de la segunda época de El Porteño, el propio Levinas revisa la aventura: “Con él surgió un periodismo nuevo. La publicación [aglutinó] a los periodistas, intelectuales y artistas proscriptos por la dictadura. Algunos presos políticos comenzaron a escribir desde la prisión. Más tarde significó el primer empleo para los que volvían del exilio…”.[7]

En 2003 con motivo de una muestra de la Fundación Proa sobre los años ochenta, María Moreno -en el staff desde el inicio- entrevista a Omar Chabán, Gabriel Levinas, Daniel Molina y Jorge Gumier Maier, estos dos últimos asiduos colaboradores.[8] Por otro lado, a mediados de 2011, Levinas le concede una nota a Rubén Matos en la que se refiere a la publicación.[9] Ambas entrevistas permiten reconstruir un anecdotario sobre El Porteño que retomaré a lo largo del escrito.

En 2012, Nahuel Coca repasa en un cortometraje aspectos de El Porteño con entrevistas a Salinas, Eduardo Rey, Omar Quiroga, sin recoger el testimonio de Levinas.[10]

En ese camino, Coca indica que está escribiendo una tesis referida a la publicación, finalmente titulada La revista El Porteño y su legado periodístico [2014].

De es el artículo “Ethos disidentes en el campo intelectual argentino. Los debates de Jorge Gumier Maier contra la izquierda desde El Porteño”, de Mariana Cerviño: “La presencia de Néstor Perlongher [en El Porteño y en Cerdos & Peces] alumbra las subsiguientes intervenciones de [Jorge] Gumier Maier y revela la tradición intelectual recuperada en sus columnas. […] se trata de un universo cultural gestado a partir de la vivencia del estigma de sus opciones sexuales. La represión a la homosexualidad no era patrimonio exclusivo de la última dictadura argentina.”[11] En su recorrido por la publicación, que retoma aspectos ya analizados por Patiño, Cerviño focaliza en las posturas de avanzada tanto de la revista madre como de su vástago a la hora de incluir voces marginadas, perseguidas, silenciadas en la transición democrática.

Con la prudencia del caso, habría también que consignar entre la bibliografía sobre El Porteño, la entrada correspondiente de Wikipedia.com.[12]

3.- El Porteño y una bizarra revista de interés general

Gabriel Levinas (director) y Miguel Briante (Jefe de Redacción) y Jorge ´Dipi´ Di Paola (Secretario de Redacción) fundan la revista mensual El Porteño a fines de 1981.[13] Levinas era marchand y dirigía desde 1975 la Galería ArteMúltiple donde funcionó la redacción hasta abril de 1982 cuando en la “Carta del director” anuncia la mudanza a la Galería Ficciones.[14] Ese terceto fundacional dura un año. Al inicio del segundo –enero de 1983, número 13- Gustavo Wagner ocupa el puesto de Di Paola. Cuando se inicia el tercer año -enero de 1984, número 25- se va Briante y nuevamente Wagner lo reemplaza. A partir de allí, los cambios son difíciles de sintetizar.[15]

Ante la magnitud de un proyecto editorial que, con sus refundaciones, finaliza en el año 2000, me detengo en la etapa inicial desde enero de 1982 a octubre de 1985: número 1 a número 46. El cuarto año -1985- es de transición ya que finaliza un ciclo fundamental al romperse la alianza editorial con Madres de Plaza de Mayo; la presencia de Levinas como director se diluye y aparecen nuevas corrientes internas. En noviembre de 1985, número 47, toma la posta una Cooperativa de periodistas, con Ernesto Tiffenberg y con Jorge Lanata como jefes de redacción.[16]

Con periodistas e intelectuales exiliados o silenciados, con la junta militar todavía en el poder y con la censura estampada incluso en el precio del papel, la apuesta editorial fue canalizada en condiciones poco ideales. María Moreno le señala a Levinas la precariedad inicial: “ustedes empiezan a competir con una ínfima estructura”. En el local de El Porteño, en la calle Cochabamba “…se organizaban almuerzos a los que iban de Luca Prodan a Pérez Esquivel, lo que le daba al lugar, pintado de colores fuertes, el aspecto de un centro cultural manejado por okupas” (Moreno 2003). Recuerda Enrique Symns: “…más que una redacción se asemejaba a un divertido bar donde cualquier día podías encontrarte charlando pelotudeces con Miguel Ángel Solá, Hebe de Bonafini, León Gieco, el coronel (Luis César) Perlinger, Soledad Silveyra, Luca Prodan, Fogwill, María Eugenia Estenssoro o con un loco escapado del Borda que aseguraba tener una radio en el cerebro.”[17]

Juan J. Salinas resalta la pobreza franciscana de la redacción y el auto-financiamiento. En disonancia, el primer número incluye publicidades del Banco Acuerdo S.A., de American Motors Corporation y de la multinacional Bayer, a página completa. Como sea, el presupuesto no es abultado ni está bien administrado: “Un grupo heterogéneo viajó al Chaco… y en esa nota [“La memoria perdida” (1982), I,1] que escribió Briante se gastó la plata… para los próximos tres números…” (Moreno 2003) Recuerda Levinas: “Era una redacción que llegaba al cierre como podía, pero llegaba. Y llegaban los redactores. Ya en el primer cierre tanto Miguel [Briante] como Dipi [Di Paola] estaban… borrachos y habían desaparecido. Y tuve que cerrar yo, que no sabía un pito de periodismo. Eso fue una constante.” (Moreno 2003)

Como muestran las “Cartas del director”, desde sus editoriales las batallas contra el periodismo funcional y obsecuente –sea con la dictadura, sea con Alfonsín- fueron constantes. La afirmación de no saber un pito de periodismo resulta por lo menos incómoda aunque, sin dudas, ilustrativa. Es bastante probable que la insistencia de Salinas de calificar a Levinas de marchand se relacione con esos inicios inciertos que le dieron un tono peculiar a la publicación. Esas condiciones –con recursos humanos próximos a la bohemia (galeristas, escritores)- la alejaron del profesionalismo. Al reflexionar sobre la tarea grupal, Levinas reconocía por entonces que “…las marchas y retrocesos, algunos angustiosos, otros felices, no consiguieron convertirnos en ´profesionales´” [“Carta del Director”, IV,37]. [18]

¿En qué consistió ese ´caos´? Los índices de las ediciones durante esos primeros tres años y medio permiten atisbar la heterogeneidad -la dispersión temática- de El Porteño. Originada en un contexto opresivo, la revista reúne propuestas culturales y políticas renovadoras circunscriptas habitualmente a una élite, con temáticas destinadas al gran público. Esa mezcla –para Salinas, populismo ilustrado– era una estrategia para democratizar las discusiones y para disentir sin ser explícito: “…en períodos de obturación de la opinión pública, la cultura se entremezcla con discursos no autorizados como tal” (Patiño 2006).

Presento, a continuación, un reordenamiento que refleje la mezcla de ´tópicos específicos´ y ´destinados al gran público´. La diferencia entre unos y otros surge no de los temas en sí sino de su tratamiento discursivo

a) política argentina, personajes de la política, partidos políticos y sindicatos: entrevistas a políticos de amplio espectro ideológico; seguimiento de los candidatos para las elecciones de 1983; análisis del peronismo y de la militancia (Montoneros, ERP) con una mirada crítica; el rol de los sindicatos; etc.;

b) Guerra de Malvinas: el despertar de la revista a los temas de la actualidad pura y dura;

c) HH., Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo: el número 5 (mayo de 1982) señala la entrada del tópico DD.HH. con una entrevista a A. Pérez Esquivel. Las Madres aparecen en el número 16 (mayo 1983) y las Abuelas en el número 25 (enero de 1984);

d) desaparecidos: podría incluirse en la sección anterior o en la siguiente, pero tapa y nota dedicadas a “Los niños desaparecidos” en el número 20 (agosto de 1983) tienen peso específico;

e) la justicia frente a los crímenes durante la dictadura y f) militares: temas que se articulan: i) cómo va a funcionar la justicia durante la democracia para condenar a los militares y ii) qué hacer con los militares, qué rol jugarán, cómo modificar su educación, etc.; a su vez, se alentó la idea de juzgar la violencia ejercida por las agrupaciones guerrilleras (ERP, Montoneros);

g) la dictadura y sus efectos: la herencia de la dictadura en la sociedad argentina democrática; la enfermedad de las instituciones, de la sociedad inmovilizada y del miedo al cambio; la pobreza, la desnutrición y el hambre de los niños como continuidad de la opresión; el uso mediático de la criminalidad para ´asustar´ a la población;

h) psicoanálisis, i) salud mental, j) salud y medicina: a través de esos temas se reflexiona sobre cómo la dictadura, incluyendo la derrota en Malvinas, influía en el ánimo de los argentinos (depresión, pesimismo, etc.,); por otro lado, la revista es pionera en instalar temas como el SIDA, “SIDA: El cáncer gay”, II,21, a cargo de Enrique Symns;

k) erotismo, sexo, sexualidad, l) feminismo e identidades sexuales diversas: en interacción con los tópicos anteriores, una importante cantidad de notas señalan cómo el conservadurismo a nivel sexual es una huella heredada de la represión dictatorial y, además, de qué manera las minorías sociales y sexuales siguen siendo el reflejo en democracia de la represión por parte del Estado; El Porteño fue de avanzada en esos aspectos; en marzo de 1984 le dedica la tapa –con informe especial- a la legalización del aborto [III,27]; un año más tarde, Claudio Madanes escribe sobre una consulta popular por la ley de divorcio [IV,39]; la revista es, además, pionera en la investigación sobre la ´trata de blancas´ en la Argentina -“Atrapadas sin salida”- por Casademunt y Estenssoro [IV,39, p. 39-42]; el debate de género, o la perspectiva feminista, tuvo presencia en la revista con la participación de María Moreno desde el primer número de enero de 1982 con “Gracias, madre agresividad” [I,1]. La propia Moreno impulsa a partir del número 35 (noviembre de 1984) la columna “La Porteña”.

ll) los intelectuales y la democracia: tema complejo de reseñar; el eje es ver de qué manera se sale de la dictadura y qué tipo de democracia se puede obtener a partir de allí;

m) migraciones y exilios: ídem al ítem anterior al ser una temática común por esos años;

n) aborígenes: desde el número 1, con la tapa destinada a las comunidades del Chaco, fue un tópico ´caballito de batalla´; los dirigentes de los pueblos originarios fueron corresponsales; “…en el primer número se utilizó la estrategia de hablar de genocidio desplazándolo al aborigen.” “A los aborígenes no sólo les dieron la primera tapa sino una página propia. Asunción Ontiveros… figuraba como corresponsal de la Nación Coya, lo cual hacía temblar las jinetas de los militares con eso de tener metida –amén de a los ´terroristas´– a una nación dentro de la Nación.” (Moreno 2003).

ñ) nazismo y antisemitismo: el nazismo (neonazis) es un modo de hablar de totalitarismos sin mencionar al argentino; cuando se discutan los juicios a los militares se apelará a los juicios de Nuremberg;

o) política internacional y latinoamericana: se analizan eventuales procesos democráticos en el Cono Sur y en Centroamérica, y el rol de las potencias, en particular EUA, en dichos procesos;

p) armamentismo y energía nuclear: preocupación residual por la Guerra Fría atravesada por la posición Argentina;

q) artes y cultura: incluye artes plásticas (omnipresente en los primeros años en consonancia con los intereses de Levinas), cine, música (rock, folklore, tango, jazz), fotografía, teatro (actores), escultura, historieta, humor, etc.; esos acercamientos están atravesados por miradas políticas, y mantienen la mezcla entre marginal y mainstream;

r) medios de comunicación (televisión), periodistas y periodismo: Levinas ataca al periodismo ´no deseado´, favorable a la dictadura y al gobierno de Alfonsín; la televisión computa más de diez notas que analizan su relación con la dictadura militar; Ricardo Hovarth escribe sobre televisión [I,5; I,8; II,16; II,19; II,22; II,23; II,24; II,26], sobre radio [III,32; III,34], sobre la Ley de Radiodifusión [II,15; II,20] y revisa los procesos de privatización [II,21; IV,38].

s) economía y t) educación: se piensan problemáticas particulares (por ejemplo: inflación, falta de viviendas; educación primaria, educación popular); tanto en dictadura como en democracia es una forma de criticar al gobierno de turno;

u) ciencia y v) ecología;

w) religión y cultos: aparecen notas sobre cultos religiosos no-oficiales y entrevistas a sacerdotes y rabinos; se analiza el rol de la Iglesia Católica en dictadura, etc.;

x) la ciudad: cómo son o están barrios, villas, edificios antiguos, etc. de Buenos Aires;

y) varios: antropología, arqueología, arquitectura, comidas, deporte, personajes, etc.

El Porteño tuvo un repertorio extenso y heterogéneo. En un mismo número -por ejemplo, mayo de 1982- conviven temas sociales urgentes (guerra de Malvinas) con otros más livianos (salsas para spaghettis). A esa multiplicidad de temas, hay que sumarle la falta de sistematización en la presentación del material. Uno de los recursos más utilizados en las notas –y que prevaleció por sobre los artículos de opinión- fue la entrevista. Sin embargo, en cada número se catalogaban notas como “Reportaje” mientras que en los otros cientos de reportajes se utilizaban categorías como “Nota de tapa”, “Testimonios”, “Documentos”, “Delirios”, etc. La redacción frente a un mismo tema usaba alternativamente “Plástica” y “Artes plásticas”, “Música” y “Músicos”, “Teatro” y “Actores”, “Política Internacional” y “Centroamérica” (en dos artículos que trataban sobre El Salvador), “Malvinas” y “Las Malvinas”, “Televisión” y “Medios”, “Urgente” y “Despojos”, etcétera. En otros casos, indicaba “Actualidad” en notas que se referían ya a migrantes argentinos ya al KKK, “Territorios” para encabezar artículos sobre ´la noche de Buenos Aires´ o sobre las comunidades originarias de Formosa y hasta clasificaba con poesía -“Angustias”- durante el proceso inflacionario de 1985.

Estas oscilaciones parecen indicar la ausencia de un programa editorial cerrado. La revista va adoptando y adaptando su propuesta a expensas de los sucesos sociales, culturales y políticos (sin olvidar las motivaciones del director). Levinas sostenía que no tenían línea política. “[En] política la línea fue (y será) no tenerla. Más precisamente, intentar ´desectarizar´ la política como principal aporte a la consolidación de la democracia.” [“Carta del Director”, IV,37]. Una eventual idea rectora sería: se existe en la resistencia y en la oposición. Los circunstanciales enemigos eran otros medios de comunicación, periodistas, militares, ingleses (y allí, los militares eran ´amigos´), militantes (Montoneros, E.R.P), partidos políticos, el gobierno de Alfonsín, la pasividad de la población, la justicia.

Heterogéneo, El Porteño no evidencia línea programática. Su única postura de relativo largo aliento fue defender los derechos de las minorías perseguidas o marginadas, con énfasis en las organizaciones de DD.HH. surgidas de la lucha contra el terrorismo de Estado.

4.- El Porteño, caos y marginalidad

Levinas sostuvo hasta el final de su gestión que en El Porteño habían evitado la profesionalización. Una verdad a medias. Con el paso de los números, y de los meses, la revista muestra que la progresiva institucionalización democrática reordena tendencias a costa de cimbronazos. Esto sucedió a nivel material e ideológico.

Algunos ven la re-profesionalización periodística propiciada por el retorno de la democracia como una pérdida de creatividad. Recuerda Daniel Molina: “–Yo salgo en libertad el 3 de diciembre del ’83 y el 16 ya estoy en El Porteño como periodista… El Porteño era entonces más conflictivo e interesante: arriesga y abre territorios que tienen que ver con nuevos estilos de vida y con el arte. Después de la democracia, uno dice ´yo quiero ser el jefe de redacción de la revista´, ´yo quiero una columna con foto´. Por eso yo siempre digo que el final de la dictadura fue el mejor momento de la democracia.” (Moreno 2003). Según Moreno, para Molina “…el valor de los ochenta estaba en esa mezcla caótica de tendencias y personajes que todavía conversaban fuera de todo orden antes de la llegada del dinero”.

Por otro lado, al tematizar “los problemas y tensiones en la reconstrucción de un campo cultural” (Patiño 1997, p. 29), El Porteño funciona como un sismógrafo de los vaivenes ideológicos de la transición democrática. Si se parcializa la mirada, aparece como un medio de prensa abanderado de reivindicaciones de izquierda: “Cuando El Porteño empieza a trabajar… por el tema de los DD.HH. dándole espacio a las Madres, a Augusto Conte… la mayoría de [los progresistas la] ve como una revista de izquierda… y la verdad es que los DD.HH. es una reivindicación liberal, y no marxista.”[19] Esa raigambre liberal –que favoreció la coexistencia de voces- permitió la diversidad de colores ideológicos. Rozando el oxímoron y la incorrección política (subrayada por Salinas), El Porteño incluyó la opinión de sacerdotes (progresistas) y militares (retirados) y abrió espacios para que reclamaran los grupos oprimidos y de perseguidos que luchaban por sus derechos.

Esa mezcla potencia el carácter marginal de la revista que poco a poco encuentra una dirección en su planteo. En abril de 1983 (número 16), y con la Junta Militar todavía en el poder, se publica la primera nota referida a las Madres -“Madres de Plaza de Mayo: el eterno retorno del dolor”, por Raúl Aramendy- y se da, en coincidencia, la apertura temática a favor de los gays: “Homosexuales, los marginados del amor”, por Laura Haimovichi y Enrique Symns.[20]

Año y medio después, la convivencia entre oprimidos, perseguidos y marginados es pura discordia. En noviembre de 1984, con largos meses de la democracia en curso, las Madres aparecen por última vez. Le cuenta Levinas a Moreno (2003): “– [Jorge] Gumier Maier hacía su columna en oposición a la CHA de Jáuregui. La CHA sacó una especie de manual de conducta para los homosexuales… Parecía una nota escrita por la Iglesia. Al número siguiente salió una nota de Gumier diciendo: ´Yo no soy gay, soy puto´. Y [luego] se publicó un poema dedicado al Ojete… Ahí llamó Hebe para decirme que sacáramos a los homosexuales de la revista o se iba ella. Yo le contesté que me habían enseñado a sumar y no a restar… Entonces se fue ella…”.

Al número siguiente del fin de ciclo de las Madres, Gumier Maier firma              -“Derechos humanos, sexualidad y autoritarismo” [III,36, p. 80]- y le responde a Hebe simulando discutir con una “Página de lectores” que solicita la ´extensión´ de los DD.HH. a las áreas de trabajo, salud, educación. Según Gumier Maier, parece éste un reclamo revolucionario pero olvida las leyes de aborto y de divorcio: “La izquierda argentina… mojigata en lo relativo a la sexualidad, que a lo sumo opta por aplaudir en vez de agredir cuando una columna gay se suma a sus reclamos, ha demostrado su incapacidad para pensar la liberación más allá de una óptica economicista de un discurso nacionalista paranoico…” [IV,36, p. 80].[21]

En enero de 1985, la sección “El Murmullo” anuncia la edición del periódico Madres de Plaza de Mayo con el título “¿Dónde están los desaparecidos?” [IV,37, p. 7]. En la carta de ese mismo número, Levinas le enrostra a Hebe, aunque sin nombrarla, la existencia de costumbres pacatas en la revista. Las Madres no retoman su espacio, mientras que la comunidad gay mantiene su representación en la publicación.[22]

En el marco de un debate más extenso, esta reseña da cuenta del conflicto de intereses entre distintos tipos de ´marginalidades´. Durante sus casi cuatro años como director, Levinas presentó la revista como un espacio de lucha a favor de marginales y de marginados. En febrero de 1982, advierte que El Porteño buscará que la “cultura no quede marginada” [“Carta de director”, I,2]; años después, con el proyecto de revista meramente artística y cultural en el pasado, su batalla es contra los que segregan o marginan y a favor de los segregados o marginados [“Carta de director”, IV,37]. En un arco semejante, la “Página de los lectores” permite ver que El Porteño, surgida en un “marco caótico”, era una revista abocada a la “resistencia subterránea, marginal” [III,29, mayo de 1984] y en el cierre de ese espacio, diez meses después, se especifica que el interés de El Porteño sería “…demostrar la enorme distancia que va de lo oficialmente considerado marginal a lo realmente denominado marginado” [IV,38, febrero de 1985].

Una de las disputas discursivas hacia el interior de la revista fue, en consecuencia, acerca del alcance de marginal. Por un lado, la herencia atroz de la dictadura cívico-militar, y lo marginal asociado a la persecución política: “…cuando se sufren agresiones como las que sufrió la juventud, la cultura y el pueblo argentino, cada uno de nosotros pasa a ser marginal, aun en las formas de resistencia grupales…” [“Página de lectores” III,29]. Por otro lado, mirada y definición extendidas. Afirma Symns: “Las organizaciones de derechos humanos, con las que hemos compartido y seguiremos compartiendo esfuerzos por crear un auténtico orden de justicia, no han incluido en su lucha a las expresiones marginales de la existencia: homosexuales, delincuentes, drogadictos, enfermos mentales y otras minorías sometidas…” [III,32, “Cerdos y Peces o la derrota de la libertad”, p. 82].[23]

Si en 1982 términos como “subterráneo, alternativo, underground” se usaban para adjetivar el ámbito cultural, y ´marginal´ era una opción menos visitada, durante la transición democrática, este concepto es bandera en la revisión de los años de plomo –a tal punto que, como comenté, el lector Lonné se quejaba del trasplante de la categoría para pensar la realidad argentina. La marginalidad –insiste la revista- abarca víctimas del terrorismo de Estado, niños desnutridos, comunidad gay. Luchar por los derechos humanos es hacerlo por cada una de esas instancias en conjunto.

En conflicto con esa marginalidad discursiva, número a número en sus “Cartas del Director”, Levinas bregó por consolidar el mito de una revista destinada a un rol central en la prensa. Una lectura favorable de esa paradójica insistencia diría que tal vez su anhelo estuviera relacionado con la necesidad de lograr que por impulso de El Porteño también aquellos tópicos dejaran de ser marginales.

5.- I Ching y Malvinas. Las cartas de director durante el primer año [1982]

En conexión con la dispersión de temas y con la ingente cantidad de secciones aleatorias, las secciones fijas a lo largo de los 46 números son escasas. El “Sumario” (si es que corresponde señalarlo), la “Carta del director” y las “Cartas de lectores” son las únicas que se mantienen. Otras secciones que aparecen con frecuencia son “El gato montés” (misceláneas en el tono de ´chismes intelectuales´)[24], “El Porteño recomienda” (carteleras de cine, música, conciertos, libros vendidos, etc.) y la sección literaria “Cuento” o “Cuentos” presente en 30 de los 46 números.[25]

A excepción de la “Carta del Director” durante Malvinas (número 6), compartida con Di Paola; de la carta del número 12 -diciembre 1982, con firma de Briante-; y de la del número 35 -noviembre 1984, con firma de Tiffenberg-, el director Levinas rubrica las restantes treinta y tres misivas en los primeros tres años.

En esas cartas, Levinas se arroga un rol acaso correspondiente a la incidencia social de la revista, pero cuyo exceso de autoconsciencia roza lo inverosímil. Cada carta deja la sensación de estar frente “al único medio que…” -como si el resto del periodismo estuviera en falta. Veinte años después el director reflexiona: “Yo tenía en el cuerpo la sensación de que estábamos en la cresta de la ola; no por lo que vendíamos sino porque éramos el piloto de prueba del resto de la prensa. Si nosotros decíamos algo, tres días más tarde lo podía decir Clarín… ” (Moreno 2003). Esta postura contrasta con la ´marginalidad´ sostenida por la dirección y celebrada por los lectores.

Las “Cartas del director” fueron el lugar preferido por Levinas para imprimir su estilo y para explicitar –y justificar- el rumbo de la revista. Moreno (2003) lo presenta como un “petardista de metáforas cómicas y beligerantes, hombre de vocación política, mandado con un toque idish [y] con un lenguaje que evoca los personajes del canal Infinito. No es casual que le tirara el I Ching a cada número de su revista y pusiera el ideograma en la tapa”.

Esta historia mágico-religiosa no se circunscribe a las tapas.[26]

La “Carta del director” del número 1 es un manifiesto. Levinas supone una gesta: “La aparición de una nueva revista en las circunstancias actuales puede parecer insensata. De hecho, lo es.” El contexto dictatorial explica el “riesgo” de llevar adelante una publicación que “acepta el disenso”. Su objetivo es hacer un “camino contrario al habitual en la mayoría de las revistas durante los últimos años.”[27] Este ir contra la corriente central del periodismo, se mantendrá con Alfonsín en el gobierno.[28]

El interés desde ese primer número es hablar no de la parálisis política e institucional sino de los sucesos y problemas “que hacen a la vida de la gente y [que] perfilan el futuro”. Por eso “a este Porteño le interesa mucho lo que vendrá”. Levinas no lo aclara, y en los hechos no lo respetará, pero con el nombre circunscribe su propuesta a la Ciudad de Buenos Aires (sin interpelar a lectores nacionales) y presenta como ejemplos de porteñidad a tres cantantes y/o músicos y a un escritor consagrado: “Para aclarar al lector: para nosotros son tan porteños Rivero como Spinetta, el polaco Goyeneche como Borges.” [I,1, p. 5]. Ese planteo inicial ligado a las artes luego se modifica: “Al principio la idea era hacer una revista más bien cultural, pero… se convirtió en una revista política.”[29]

La segunda parte de la carta recorre el origen ´mágico´. “La revista fue diseñada según un procedimiento en el que interviene muy a menudo el azar.” [I,1]. Levinas mezcla un mazo, corta y salen de allí cartas que lo llevan a un libro –sobre obstetricia– y al tema trabajo de parto. Conecta ambas instancias con el origen y decide así hablar sobre las comunidades originarias que ocupan la tapa del primer número.

En el marco de esa “ruleta simbólica”, se da la relación entre periodismo, esoterismo, I Ching, y la mutación desde el arte a la política.

En la tapa de mayo de 1982, número 5, dedicado a la Guerra de Malvinas -con una caricatura de Margaret Thatcher pirata- Levinas coloca lo que para él era el hexagrama correspondiente al momento del país. Dos meses después, en julio de 1982, entre las cartas de lectores, los editores reproducen una misiva que cuestiona el hexagrama de la tapa número 5 y que dice que el correcto es ´Sze´, el único hexagrama militar del I Ching. Lo más sorprendente –si no era que la publicaran- es la interpretación. La figura ´Sze´, según los firmantes, “habla de un éxito militar debido a una estrategia adecuada, movilizada por un dirigente maduro y eficaz” y ´eficaz´ en el sentido de un ejército unido al pueblo [I,7]. Esta carta apologética indica no sólo que había lectores en consonancia con los mensajes del libro sagrado sino, además, que la supuesta publicación marginal vehiculizaba mensajes militaristas, en coincidencia con su postura durante el conflicto.

´Malvinas´ da un golpe de timón a la publicación pensada como cultural. El número 4 (abril 1982) tiene como nota de tapa un cuestionamiento a la televisión –“La TV: ¡Esa pobre campesina!”- y está ilustrada con una acuarela de Fermín Eguía. En su carta, Levinas se refiere a Eguía como “uno de los pintores más inquietantes de la generación intermedia” y añade –esbozando una perspectiva multimedial- que El Porteño se fusionará con una productora de contenidos audiovisuales y que, de hecho, están editando un documental sobre el Chaco. A este impulso culturalista, hay que sumarle corresponsales extranjeros que acercan las novedades del mundo -y también del resto del país incluyendo la Nación Kolla. En ese número 4 escriben, por ejemplo, Daniel, hermano del director, desde New York, sobre cultura negra, y un asiduo polígrafo inglés, Christopher Jones, interesado en ese caso por el diseño.

La guerra obliga a poner el foco en otro lado. Las artes plásticas se mantienen, pero el problema bélico urge. El velado y constante discurso opositor a los militares se suspende y se orienta hacia la potencia imperialista.[30] En su carta del número 5, dice Levinas: “Hay una Argentina nueva y un mundo diferente” y aclara que son pacifistas alertas que experimentan “sensaciones… nuevas”. Esta apelación a la novedad es extraña en un medio de prensa enfrentado con la dictadura, pero da cuenta de la permeabilidad del discurso de El Porteño, y de su director, al humor social. Levinas apoya la acción bélica, carga las tintas contra el imperialismo depredador inglés y, justo es reconocer, recuerda que después de Malvinas deben recuperar “la anhelada democracia y los derechos de los individuos” [I,5].

En la carta número 6 (junio 1982) –la más extensa, catalogada como ´artículo´ y con la firma conjunta de Di Paola- el apoyo se exacerba. A riesgo de simplificar una argumentación más compleja, hacia el final de la carta aseguran: “Este es un país con muchos defectos, con inestabilidad política, con un gobierno militar. Pero es un país que está unido respecto de sus derechos a las islas.” En una frase ambigua sostienen que “no es improbable que muchos argentinos piensen hoy de manera muy diferente al primero de abril” y cierran con una nueva apelación identitaria: “la prensa norteamericana e inglesa ya han hecho mucho por la unidad nacional”.

En esta escalada nacionalista, la carta de los lectores del número 7 es el clímax.

Según Levinas, “el peor momento para la revista fue… la guerra de las Malvinas… en ese momento casi cerró”.[31] El director llega a ponerle nombre y apellido a la disputa: “–Yo… no quería salir a favor de la guerra sino de la paz, y si bien aceptaba la reivindicación de Malvinas, de la mano de esos milicos no quería ir ni a la esquina. Pero Miguel [Briante] no estaba de acuerdo [y] no fue sólo él: si yo salía con esa posición, renunciaban todos. Entonces negociamos, y yo exigí que se le dieran cuatro páginas a Pérez Esquivel [en I,5].”[32] Aunque Levinas “logró” que incluyeran la entrevista al Nobel argentino que clamaba por alternativas a la guerra, caso raro, a la nota la firma Briante.

El affaire Malvinas no se detiene allí. Finalizada la guerra, en agosto de 1982, El Porteño publica la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri como nota de tapa [I,8][33]: “–Galtieri había perdido la guerra… en el Ejército no había nadie con poder… para echarlo. Entonces la llamé a la Fallaci. Le dije: ´Quiero publicar ese artículo tuyo. Nadie se anima a publicarlo, pero yo sí… cuánto me sale´. Ella me dijo: “Dame dos horas que averiguo quién sos…”. Llamó a las dos horas: “Lo tenés gratis”. Al otro día lo echaron a Galtieri. En parte, creo, por los disparates que dijo en ese reportaje.”[34] Parece desmesurado que el director se adscriba el poder siquiera parcial de hacer echar a Galtieri. Como rasgo de memoria selectiva, en la carta del número 8 (agosto 1982), Levinas indica que “adquirió” los derechos de la entrevista sin mencionar la gratuidad. Esto le da la oportunidad para ir contra los otros medios que no se animaron a publicarla completa. ¿Resultaba extraño Galtieri en tapa? Es raro, dice, porque no es común que figuras públicas expliquen sus actos.

La “Carta del Director” del número 10 (octubre 1982) instala desde su inicio       -“Sin dudas el tema del momento es el intento de esclarecer los hechos del pasado inmediato que involucran a funcionarios del régimen militar desde 1976 hasta la fecha”- un plan editorial más sobrio post-Malvinas: discutir sobre los juicios a los militares. Levinas compara el estado actual del pueblo argentino con el de los alemanes en la posguerra quienes se sorprendían y decían no saber qué había sucedido. Cierra la carta con una frase que resuena: los juicios son necesarios para que nunca suceda lo mismo.

6.- Niños desaparecidos y bomba. Las cartas del director [1983-1984]

La Guerra de Malvinas -como señala Patiño (2006)- generó la posibilidad de disentir abiertamente. Levinas coincidía: “-…hablábamos de genocidio cuando hablábamos de los aborígenes. Pero… vino la guerra de Malvinas, cae Galtieri y a partir de ahí… había un nicho para poder decir cosas.”[35] Ese nicho –cuyo origen se advierte a fines de 1982- es explotado por la revista durante 1983.

En la “Carta” del número 16 -primer aniversario de Malvinas- Levinas reconoce que apoyaron la guerra, pero recuerda –con idéntico argumento esgrimido veinte años después- que al mismo tiempo entrevistaron a Pérez Esquivel. Para Levinas, “no es tiempo de festejos sino de lucha para llegar, contra todo, a la democracia” [II,16].

A partir del número 17, el director insiste en la lucha a favor de los DD.HH. Acusa a militares y a partidos políticos de no interesarse por aclarar lo sucedido.

En el número 20 (agosto 1983) –con la emblemática tapa “Niños desaparecidos: la permanencia del horror”- Levinas abre su “Carta de director” con una cita de Mi lucha de Hitler y apela a la necesidad, como en Nuremberg, de juzgar lo que sucedió en la Argentina. Se pregunta: “¿Cuándo comienza este proceso del terror, en el que toda las sociedad es implicada sutilmente en el delito de genocidio?” y responde que tal vez con la aceptación de masacres como la de Trelew (1972). Para el director todos los sectores son responsables por acción u omisión y no es momento de esconderse ante un inminente juicio: “Hoy nuevamente se alzan voces diciendo que las entidades de DD.HH. están entorpeciendo el camino a las elecciones y muchos aseguran (o amenazan) que será interrumpido el proceso democrático si el futuro parlamento se propone debatir el tema.” [II,20, p. 5] El miedo al que se refiere Levinas -y que no se explicita en la carta- nace de aceptar que los militares lleven adelante la Ley de Amnistía. La discusión se da en una nota firmada por la redacción de El Porteño: “Ley de Amnistía: ¿la última prepeada?” [II,20].[36]

Nota y tema de tapa tendrán una terrible consecuencia: la bomba en la redacción.

Briante –que por esos días había renunciado- le avisa por teléfono a Levinas de la bomba. La situación, en el medio del desastre, muestra rasgos de pasos de comedia propios de la publicación. Recuerda el director: “–…había días en que Briante renunciaba y días que no… Me llamó por teléfono y me avisó lo de la bomba… Me voy para allá… y en el camino me dice: ´¿Puedo volver a El Porteño? No quiero que piensen que me fui por la bomba.´”[37] Y reflexiona: “–Nos la pusieron porque yo había dicho en un editorial anterior que estábamos en contra de que los militares estuvieran a punto de auto-amnistiarse y de que los políticos estuvieran dispuestos a firmar. Sacamos unos afiches con la cara de tres chicos desaparecidos y empapelamos la ciudad…”[38]

En la “Carta del director” del número 21, la bomba le permite a Levinas enaltecer la tarea de la revista y deslizar su crítica a los grupos armados argentinos al denunciar que está en contra de la violencia tanto de derecha como de izquierda. Con su idea de justicia extendida, reclama que se revise la responsabilidad durante los ´años de plomo´ de agrupaciones como el ERP. Este tema aparece por primera vez, tres meses antes del atentado, en mayo de 1983 en la nota “La generación de la guerrilla”. Mónica Flores Correa entrevista, entre otros, a Miguel Ángel Solá y Eduardo Aliverti para que reflexionen sobre su militancia. En la introducción opina Correa: “Una generación que, a fuerza de equívocos y mutilaciones, aprendió a decirle ´no´ a la violencia, tal vez haya sido el precio que tuvo que pagar para descubrir el respeto por los derechos humanos.” [II,17, p. 19]. En una entrevista posterior, integrantes del ERP realizan una autocrítica por haber aplicado la violencia y desestabilizado un régimen democrático [III,25; enero de 1984,].[39] Meses más tarde, el director insistirá y se preguntará si los DD.HH. sólo valen para las víctimas del terrorismo de Estado [III,28].[40] En abril de 1985 ostenta la tapa el elocuente título “ERP y Montoneros. Adiós a las armas” [IV,40, p. 10-17], catalogada en la sección “Polémica” y firmada por Tiffenberg y Molina. La nota incluye opiniones de Gorriarán Merlo, Firmenich, Amanda Peralta y Miguel Bonnaso, y trata “sobre la posición política, y la metodología de acción, adoptadas frente al gobierno democrático” por las organizaciones armadas [IV,40]. Según opinión retrospectiva de Levinas: “-[a] la lucha de los Montoneros y del ERP… se la pone en un nivel de conciencia que no tenían… eran pibes equivocados… El problema principal de aquel momento, y en eso hay que hacerse responsable, es no haber sido capaces para enfrentar a estos muchachos y decirles loco está mal, públicamente…”.[41] En ese imperativo ético implícito, se juega la discusión latente entre la responsabilidad del intelectual y el cuestionado compromiso militante.

En todo caso, el valor de El Porteño fue su disidencia frente a la violencia, y eso supuso enfrentar, como pocos, el accionar del poder militar. Según reflexiona Aquiles Fábregat, secretario de redacción de Humor: “Se estaba en una dictadura, y la revista decía cosas que no se podían decir, acompañada por alguna otra, como El Porteño o Nueva Presencia. Después del ´83 salieron todos a hablar.” [42]

La llegada de las elecciones a fines de 1983 consolida la línea editorial opositora compulsiva. En vísperas del acto eleccionario -y con la irónica tapa dedicada a las Madres de Plaza de Mayo, “Esas viejas molestas”- Levinas recuerda que democracia no es sólo ir a votar [II,22]. Una vez Alfonsín en el gobierno advierte que “si no conseguimos [la revisión] del pasado y el castigo a los culpables la democracia está condenada al fracaso” [II,23]. A lo largo de 1984, Levinas sostiene que el gobierno debe aclararle al pueblo el vaciamiento que realizó el Proceso militar [III,29] y que aún quedan problemas sociales que resolver para estar en plena democracia (por ejemplo, los niños que mueren de hambre). Hacia fin de 1984, Levinas acusará a Alfonsín de no interesarse por el rol de las Madres demorando meses para recibirlas y haciéndolo sólo para mantener las apariencias [III,33].

En definitiva, en los editoriales de 1983 y 1984, el director reafirma que El Porteño es el único medio que denuncia por convicción. Ataca a “…las revistas masivas que siempre estuvieron con el silencio y la pavada, [y que ahora] empiezan a vender la protesta, las reivindicaciones del pueblo…” [II,15] y se queja de los medios de prensa o que apoyaban a los militares (entrevista de Clarín al general Bussi, III,27[43]) o que atacaban a El Porteño defensor de los DD.HH [III,30].[44]

A lo largo de los tres primeros años, El Porteño entra al campo de batalla a luchar por lo que más le interesa: ser uno de los pocos medios de prensa que pelea por los DD.HH. Allí despliega su identidad híbrida al incidir con la fuerza de un medio masivo instalando en la agenda problemas considerados marginales. En la mirada de Levinas, mientras esos problemas permanecieran no se podía hablar de democracia –aun cuando la dictadura se hubiera ido. Era necesario, en consecuencia, continuar con la resistencia y con la oposición.

7.- Las cartas del director. El trunco cuarto año [1985]

En abril de 1985 –con el Juicio a las Juntas Militares en marcha- en lugar de la habitual “Carta de Director” aparece una solicitada: “En el año de la juventud… déle [sic] una mano a los desaparecidos. No a la amnistía. Juicio y castigo a los culpables. Madres de Plaza de Mayo.” [IV,40][45] Algo ha cambiado en el cuarto año de El Porteño y las “Cartas del Director” lo evidencian.

Levinas abre el ciclo epistolar con ´la carta balance´ citada al comienzo de este escrito, y luego su participación decae. De entre las diez posibles a lo largo de 1985, Ernesto Tiffenberg, Jefe de Redacción, firma cinco, en las que opina acerca de la pésima situación económico-social.[46]

Además de la carta de despedida, Levinas realiza dos incursiones y en ambas ataca al gobierno de Alfonsín. En la de junio de 1985 sostiene: “no soy muy optimista con respecto a la gestión radical en la mayoría de los temas cruciales del país. Pero creo que si solamente logran ordenar la partida, a la larga, la sociedad sabrá resolver sus problemas.” [IV,42]. Dos números después va contra el asistencialismo de PAN, un maravilloso mecanismo publicitario y político [IV,44]. Con las contradicciones habituales de toda financiación, hacia fines de 1984 podía verse una publicidad de página completa con la promoción oficial del mismísimo PAN, ´Plan Alimentario Nacional´ [III,34, p. 26].[47]

En el número 46 de octubre de 1985 Levinas se despide. Reconoce la incidencia de la crisis: “La independencia de un medio periodístico está directamente relacionada con su independencia económica. El Porteño… fue siempre esclava de su propia economía”. Y esboza la solución: “…propuse a quienes trabajaban conmigo convertir a la revista en una cooperativa periodística… donde cada [trabajador] y sus propios compañeros sean la única limitación.” Así, un “consejo de redacción integrado por periodistas que ustedes ya conocen y otros a los que propusimos integrarlos” buscará palear esas dificultades. Levinas se diferencia de medios en los que la economía es factor de control: “…El Porteño no es el Clarín pero para que realmente sea distinto su organización económica no puede ser la misma.” Y aclara que su herencia es más ética que técnica: “El periodismo argentino no aprendió de El Porteño cómo escribir una nota o cómo redactar un copete pero… sirvió de fusible durante los años de dictadura y de esta débil democracia para que los trabajadores de prensa y los medios de comunicación puedan especular hasta donde llegar con su libertad.” [IV,46, p. 5] Consecuente con el origen mágico, regresa al parto: “Con tristeza y alegría, con dolor de parto, escribo ésta, la última carta del director…”. El número 46 marca también el fin de la “Página de los lectores”. Por falta de convocatoria “…el grupo se cae, se cae… se cayó” [IV,46, p. 74].

En el número 47, noviembre 1985, en tapa, y sobre el nombre de la publicación, un cartel estipula: “Nueva etapa. 1era cooperativa de periodistas independientes”.

Con la salida de Levinas culmina el ciclo de un periodismo menos profesionalizado y, tal vez por eso, más espontáneo. En la memoria Symns, el cambio fue notable: “Cuando Levinas abdicó y se fundó la cooperativa (que siguió editando la revista), el jolgorio creativo se transformó en una burocrática y solemne sesión de la Cámara de Senadores.”[48] Desde otra perspectiva, según Salinas, El Porteño “para algunos colegas ilustres jamás dejó de ser underground”.[49]

8.- Otro tipo de marginalidad: el retorno de Mercedes Sosa

El juego con la marginalidad en El Porteño recorre el espectro de la incorrección a la corrección política: de un lado, la defensa de las minorías ignoradas en sus reclamos (adictos, gays, esquizos, perversos, etcétera); por el otro, la lucha por los perseguidos políticos (detenidos, desaparecidos, asesinados). Con respecto a los marginados de la cultura -artistas prohibidos, silenciados, censurados que debieron exiliarse- la revista fue una instancia amigable a la hora del desexilio, aunque no con la contundencia que Patiño (2006) desliza hacia el interior del gueto literario: “El Porteño cubre la llegada de los escritores exiliados”.

El primer número de El Porteño, enero de 1982, incluye una nota-“Emigración: la devolución de los nietos” [I,1]- referida a quienes optan todavía por irse por las condiciones poco favorables: “Ya no son los científicos y los técnicos los que se van del país. Ahora emigran hasta los mozos.” A lo largo del primer año, de manera específica, entrevistan a tres escritores exiliados. Eduardo Pavlovsky “debió viajar a España” en 1978 y regresó en 1980 [I,2, p. 32]. Germán L. García “hace dos años se fue a vivir a Barcelona” [“El exilio tiene variantes”, I,8, p. 30]. Juan Carlos Martini “desde 1975 vive en Barcelona donde trabaja en un puesto directivo en una editorial” [I,9, p. 33]. En estos tres casos ´irse del país´ es una experiencia. No se adopta un tono trágico –como sí en la nota al poeta paraguayo Elvio Romero exiliado en Argentina desde 1940 con el título “El dolor del exilio” [I,10, p. 40]. Otros entrevistados en sus idas y vueltas son David Viñas [II,16]; Juan Carlos Portantiero y José Aricó [III,27]; Eduardo Blaustein quien, a su retorno, ingresa a trabajar como colaborador.[50]

Más allá de que estos casos den la sensación de una impronta, en el fárrago mensual El Porteño no enarbola ninguna bandera resonante para aclamar el desexilio de ningún escritor o intelectual, como sí lo hace con el operativo retorno de un emblema de la canción vernácula: Mercedes Sosa.

En agosto de 1982 la cantante comparte tapa con Alfonsín y con Galtieri: “Mercedes Sosa y el submarino amarillo”, entrevistada por Levinas [I,8, p. 17-20]. La figura de Sosa reúne elementos claves de la apuesta editorial. Anuda la vuelta de la democracia y de los que se fueron: “La Negra volvió, como la política, casi al mismo tiempo.” El retorno es salir de la marginalidad política: “De esa vuelta, de la marginalidad de la música, de persecuciones y esperanzas habla…” [“Sumario”, I,1].

A inicios de 1983, Levinas retoma el retorno de la cantante en su carta de director “Nación o Nazión” [II,14] y se detiene en el secuestro por parte de los militares del número 97 de la revista Humor y, como signo contrario, en la posibilidad, después de años, de Mercedes Sosa de cantar en el estadio de Ferro: “sesenta mil personas, en dos días [8 y 9 de enero, 1983], convirtieron los recitales en actos políticos –el más mínimo pie de una letra servía al público para exteriorizar su repudio al régimen militar o su alegría por la proximidad de la liberación…” [II,14, p. 3].

Este operativo retorno no se agota allí. Daniel Grinbank contrata a Ricardo Wullicher (director de Quebracho, 1974) para que registre los recitales. El resultado es el documental Mercedes Sosa: como un pájaro libre [1983]. El Porteño aporta su granito de arena. Wagner entrevista al director –“Ricardo Wullicher: A la búsqueda de Mercedes Sosa” [II,17, p. 51-54]- para que hable sobre el proyecto. Según la bajada, la nota rompe la regla interna de evitar ´autobombo´: el guionista del documental es el jefe de redacción Miguel Briante, y Ricardo Wagner, el asistente de filmación.[51]

La artesanal pero efectiva maquinaria comandada por Levinas promociona el retorno de un símbolo entre los exiliados.[52] No sucedió nada semejante con escritores. Aun así, la literatura es un prisma para escudriñar esa rareza que es El Porteño.

9.- Colaboradores y escritores: entre la literatura y la urgente realidad

A mediados de 1983, Briante participa de la polémica ´los de adentro / los de afuera´, con la presentación de las notas de Roberto Hugo Mero -“Sobre candados y exilio” [II,18; II,20]. El conflicto, en síntesis brutal, se centró en la estatura ideológico-moral para opinar sobre la situación del país de quienes se habían ido versus las voces de quienes se habían quedado.

En tanto colaborador de El Porteño, Mero no sobresale por su recurrencia[53], pero se destaca por una temprana nota de ´periodismo de periodistas´ dedicada a revistas marginales. En “Revistas subterráneas: el aire contra la mordaza” (número 3, marzo 1982), Mero revisa el boom de publicaciones independientes. “Antes los jóvenes hacían revistas literarias, ahora se inclinan por el periodismo, contestan a la realidad” [I,3, p. 38], esgrime la bajada.[54] Surgida en el período final de la dictadura cívico-militar, El Porteño colocó la literatura entre paréntesis a expensas de la cruda realidad que se imponía, y en esa nota adopta un tono paternalista frente a revistas manejadas por jóvenes veinteañeros cuya independencia económica, por no tener publicidad, les “permite abordar cualquier tema sin mordazas”. Mamut, Bronca, Todos juntos, Brecha, Celeste, AlSur, Alternativa cultural, Kosmos, Xul son algunas de las publicaciones “subterráneas o alternativas o undergroun [sic]” en la estirpe de un periodismo marginal que enarbola, o dice enarbolar, banderas de resistencia.[55]

El clima de época, impregnado por los estertores de la dictadura, había desviado la atención del arte, objetivo primario de la publicación desde su fundación. Las revistas marginales eran la evidencia y El Porteño -(autoproclamada) nave insignia- era prueba de ese corrimiento asociado a los vaivenes de la transición democrática al incluir en su staff colaboradores del mundillo artístico, no solo literario, que contestaban la realidad.

Menciono las intervenciones de los más relevantes en cuanto a la conexión entre periodismo y literatura (o arte). La lista de colaboradores reconocidos es enorme. María Moreno, María Eugenia Estenssoro, Ricardo Hovarth, Gustavo Wagner, Fernando Almirón, Eduardo Aliverti, Enrique Symns, Jorge Gumier Maier (e incluso Néstor Perlongher con marcada presencia en la segunda mitad de la década del ochenta).[56]

Briante escribe la mítica y onerosa nota inaugural -“La memoria perdida” [I,1]- sobre la vida cotidiana de matacos, tobas, mocovíes en el Impenetrable, Chaco, y retoma el tema “En las tierras del wichi” [II,16]. Escribe, además, sobre la ocupación de tierras en las villas miseria [I,10] y sobre inundaciones [II,18]. Entrevista a Pérez Esquivel sobre Malvinas [I,5] y sobre DD.HH [II,17]. En el campo artístico presenta artículos y entrevistas sobre plástica [I,6; I,8; I,10; II,22]; sobre la juventud en un festival de rock en La Falda (Córdoba) [I,3].[57] Por el lado de la literatura, entrevista al director Oscar Grasso acerca de la puesta en escena de una obra de Rozenmacher [I,6], a Griselda Gambaro por la reedición de dos de sus novelas [II,13], al dramaturgo Carlos Somigliana [II,19] y a Carlos Gorostiza, Secretario de Cultura de la Nación [II,24].

Di Paola escribe, al igual que Briante, sobre comunidades aborígenes: “La memoria recobrada” [I,4].[58] Presenta una nota dedicada al Mercado Spinetto [I,2] y otra sobre artes plásticas [I,4]. En relación con la política, reflexiona sobre la seguridad nacional [III,25], las elecciones [III,26], las corporaciones y los sindicatos [III,25]. Hacia fines del primer año, analiza en “El proceso del miedo” el periodismo durante la dictadura [I,11]. A diferencia del jefe de redacción, Di Paola incursiona como escritor.[59] Publica “Sobre el diseño de un nuevo cielo” [I,8], “Carta desde la ciudad de Parosioux” [I,2] y presenta en la sección “Cuentos”, nueve números después de haberse ido, “La forma” [II,21]. En el fin de la era Levinas introduce a su maestro Witold Gombrowicz reeditando “Contra los poetas” [IV,46].[60]

Aníbal Ford tiene su bautismo en El Porteño en 1983 con las respuestas a una encuesta (junto con Heriberto Muraro y Beatriz Sarlo) sobre intelectuales y política [II,14]. Durante 1984 es ´colaborador especial´ y reflexiona en torno de la responsabilidad del pueblo en el juicio a los militares [III,28]; presenta una nota dedicada a Arturo Jauretche [III,29] y otra sobre la relación peronismo e intelectuales [III,34]. Incursiona en la conexión entre ´nuevas tecnologías´ y cultura en el Tercer Mundo [III,29]. Y publica dos notas referidas a la literatura, una en la que recuerda a Haroldo Conti, desaparecido [III,29] y otra en la que piensa la figura del escritor público, “Cruces y relaciones entre Pedro de Ángelis y Rodolfo Walsh”, [III,31].

Eduardo Blaustein -un exiliado que encuentra en la revista trabajo a su retorno-, firma escritos en los que le endilga al gobierno de Alfonsín no resolver problemas sociales: los sin techos [II,23]; la desnutrición infantil [II,24]; las inundaciones [III,30]; los medicamentos [III,31]; crisis social y salud mental [III,28]. Blaustein escribe, además, sobre cómo debería juzgarse a los militares [III,26] y por dos números dirige el suplemento “La Gaceta Porteña” con “Columnas” de las Madres [III,29; III,30]. Junto con Ford, es uno de los pocos con artículos sobre peronismo: analiza la Triple A y López Rega [III,27] y se pregunta si es un delirio el retorno de Montoneros [III,29]. [61]

Daniel Molina ingresa a la revista a fines de 1983 –días después de haber sido liberado, como le recuerda a María Moreno- e impulsa una lenta mutación. Al igual que el resto de los colaboradores, Molina transita el amplio espectro de tópicos políticos, sociales, culturales y literarios. Entrevista a Luis Perlinger[62], militar preso durante la dictadura, para hablar sobre educación castrense [III,28] y al senador Antonio Nápoli quien también se refiere al tema militar [IV,39, p. 16-18]; registra el regreso desde México de Juan Carlos Portantiero y José Aricó, con quienes charla sobre democracia y otros temas [III,27]; comparte con Symns el tópico –herencia de la dictadura- del miedo generado por las noticias que insisten en la ola de crímenes [III,35]; escribe sobre la Isla Maciel [III,29], sobre las villas miserias [III,28], sobre Nicaragua [IV,38]; habla de danza [III,34], de los Redonditos de Ricota [III,36], de Sumo [IV,41], del arte post-punk argentino [IV,38], del sexo no oficial [IV,42], de Teatro abierto [IV,45] y analiza la UBA [III,33]. Entrevista a Pedro Orgambide [III,29], a Juan José Saer [IV,39] y al best-seller Jorge Asís -acusado de “pedante, chanta, neofascista colaboracionista” [IV,38, p. 81]. Una de sus notas más importantes, de fines de 1984, es una retrospectiva sobre la literatura argentina a partir de los años 60.

“Los ´sixties´ criollos” [III,34] ofrece un panorama de la bohemia artística (Instituto Di Tella, plástica, cine) y literaria de aquella década (revistas, espacios) y reordena el grupo de ´los nuevos´.[63] La investigación, a cargo de Sergio Danishewsky, presenta a página entera una lista de novelas y de libros de poesía representativos. En poesía el arco va desde Juan Gelman a Arturo Carrera, y en narrativa desde Rayuela a Respiración artificial de Ricardo Piglia. Entre los renovadores más jóvenes son mencionados dos colaboradores de El Porteño: el ya citado Ford y Rodolfo Fogwill.[64]

Fogwill es un híbrido entre colaborador y escritor artesanalmente promocionado. Su nombre aparece por primera vez en septiembre de 1983 en la sección “El Porteño recomienda” con el anuncio de Ejércitos imaginarios [II,21]. Dos meses después, se publica un fragmento de su primera novela Los Pychy ciegos [sic] con una temática central para la revista: ´Malvinas´. Esta novela trasluce –previene la presentación- la peculiar visión de su autor [II,23]. En marzo de 1984, “El Porteño recomienda” confirma la publicación de los Los pychy ciegos [III,27] a cargo de Ediciones de La Flor. Con este libro en la calle, retorna a la actividad editorial, Daniel Divinsky.

Fogwill colabora con El Porteño durante 1984. En apenas un año es uno de los articulistas que más polémicas y desconciertos genera. Su primera nota es “La política cultural del gobierno democrático”: “´Política cultural´ es una expresión que le queda muy grande al radicalismo” [III,25]. Esa intervención enoja a un periodista próximo al alfonsinismo a quien Fogwill le responde en “Enrique Vázquez y la cultura vigilante” [III,26].[65] En el número 32 (agosto de 1984), aborda la literatura y revisa las narrativas que provocó la dictadura entre los militares (hay pocos ejemplos, dice, porque tenían el apoyo de los medios de comunicación) y del lado de los que resistían entre los que enumera a Jorge Asís (marca su ambigüedad), José Amorín, Hugo Foguet, Andrés Rivera, Martín Caparrós, Javier Torre, Jorge Manzur y una decena más. Indica como encomiable El vuelo del tigre de Daniel Moyano (“la verdadera literatura sobre el terror”) y destroza a Miguel Bonasso (Recuerdos de la muerte) sobre quien ironiza que al estar ocupado en cometer errores estratégicos en Montoneros le hizo perder a la Argentina su excelente narrativa [III,32].[66] Presenta artículos sobre política, dictadura y post-dictadura. Y provoca sarpullidos. Opina el inefable lector Lonné en su carta de fines de 1984: “Si, para [Fogwill] nada es válido hasta que del pueblo emane el modelo de país soñado, para que las élites diligentemente lo instrumenten, me temo que su canchera lucidez disimula mal un ingenuo nihilismo.” [III,34, p. 4]. [67]

Fogwill, Ford y, en particular, Molina permiten entrever que hacia el final del tercer año -1984- la revista establece otra relación con la literatura –en razón, tal vez, de los cambios políticos y sociales-, y en ese giro se emiten señales de futuras mudanzas internas. De todas formas, la tarea de Molina no redunda en un aluvión de ´nuevos´. Marca el camino por venir de un grupo de escritores todavía en los márgenes.

10.- El amanecer de los nuevos, y la distancia entre literatura y realidad

De la mano de Molina, las incursiones de César Aira remarcan cambios.

Con 32 años, Aira recibe una temprana y encendida defensa de su talento en un breve suelto en “El gato montés” del primer número [I,1]. Tres años más tarde, regresa con una traducción de Bonifacio VIII, Misterio Bufo de Dario Fo [III,32]. [68] En los números subsiguientes se anuncia su libro Canto castrato [III,33]. Y por fin, en “Los ´sixties´ criollos”, es señalado por Molina como referente de los nuevos [III,34].

Según María Moreno (2003), “…Molina hizo que César Aira escribiera sobre Néstor Perlongher, Arturo Carrera y Osvaldo Lamborghini en la revista El Porteño, cuando ésta vendía 25 mil ejemplares a personas que… jamás los habían oído nombrar”. En efecto, en enero de 1985 Aira unge sus “Tres maestros”: “Carrera, Perlongher y Lamborghini son tres maestros en los que podemos confiar… ellos mismos son series; los tres han creado su propio mito de lo innumerable personal” [IV,37, p. 63].[69]

Con el transcurso de 1985, y con el paulatino alejamiento de Levinas, se evidencia la mudanza. Cuando la cooperativa ronda la dirección de la revista, la mutación es escandalosa. Una nota de tapa de la época -“La nueva literatura”- continúa en un título interno elocuente: “Textos inéditos de autores silenciosos” [IV, 45, p. 82-87]. Con una breve biografía destinada a cada uno, aparecen Arturo Carrera (“Sor acqua”, fragmento), Néstor Perlongher (“Amelia”), Osvaldo Lamborghini (“Las hijas de Hegel”, fragmento), César Aira (“El estúpido reflejo de la manzana en la ventana”), Emeterio Cerro (“Las ecogógicas”), Claudia Schvartz (“Carlos Pellegrini”), Alberto Laiseca (fragmento del capítulo 159 de “Los Sorias”) y Sergio Bizzio (“Muy devota”).

Entre principios de 1982 –cuando la realidad relegaba a la literatura- y octubre de 1985 el contexto se ha modificado sustancialmente. La realidad –sobre todo en su variante monetaria- no es determinante como lo era la opresión dictatorial: “…puede sonar a locura que mientras se produce el gran estrépito de la crisis económica, haya gente que se esté dedicando a escribir” [IV,45, p. 82].

Este camino hacia la autonomía del discurso literario –con respecto al compromiso con la realidad- era ya visible en ´los sixties criollos´. Un escueto recuadro recogía una frase del número 1 de la revista Literal (1973): “…la literatura es una palabra para nada, en la que cualquiera puede reconocerse” [III,34, p. 70].

11.- Las marmóreas voces en El Porteño

Esa renovación es mínima mientras Levinas comanda la revista. En los primeros tres años, antes que promover la literatura de los 60, 70 y 80, El Porteño honra a los ´padres´. Las menciones y el interés espasmódico por Cortázar, Manuel Puig, Copi, Roberto Fontanarrosa, no esconden que en el imaginario los considerados importantes son los mayores: Raúl González Tuñón, Homero Manzi y Cátulo Castillo, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Juan Filloy, Juan L. Ortiz, Roberto Arlt, y entre ellos los popes son Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. Un caso particular es Rodolfo Walsh quien, con su presencia a cuenta gotas, cuestiona a los marmóreos.[70] A modo de trastoque, Borges y Sabato son presentados mediante un tono semejante al que Aníbal Ford usaba para pensar Walsh: “…uno de los ejemplos más rotundos de una escritura pública expuesta, comprometida, denunciante, sin concesiones.” [III,31].[71]

Como en los colaboradores-redactores mencionados, en estos dos padres el interés por la realidad se impone.[72]

La única aparición artística y/o literaria de Sabato sucede de modo indirecto en una entrevista a un director de cine italiano que filmaba en Argentina su novela El túnel [III,30]. En mayo de 1982, Sabato opina sobre Malvinas en sintonía con la línea editorial: estamos en contra de la dictadura, pero esto de las Malvinas supera todas las diferencias [I,5]. Tres números después aparece una “Carta de lectores” con las firmas del propio escritor, de Suma Paz, de Leda Valladares, entre otros, bajo el título “Movimiento por la reconstrucción y el desarrollo de la cultura nacional” que pide el fin de la censura y el cambio de régimen [I,8; tema retomado en II,13]. En el número 20, la nota “Ley de Amnistía: ¿la última prepeada?”, con firma de la redacción, se inicia con una frase de Sabato: “Asombroso. Debe ser la primera vez en la historia del Derecho que los incriminados dictan una ley para su propia absolución”. Corolario: la bomba. En el número siguiente, un suelto de repudio por el atentado lleva como primera su firma [II,21]. Casi un año después, aparece el anticipo del Informe Sabato [“El archivo del horror”, III,31] y más tarde del “Informe CONADEP” [III,36] cuya tapa promete: “Informe CONADEP: las denuncias y testimonios sobre la represión bajo las órdenes de Camps. La máquina de matar. Los campos clandestinos”. Nuevo corolario: uno de los comensales de Videla, limpio de culpa e imagen.[73]

La figura de Borges es fundacional. Levinas lo menciona como rasgo de porteñidad en la “Carta del Director” del número 1. En la siguiente, juega con la idea de que por azar –aludiendo a la magia en el origen de la revista- lo entrevista -“Borges, de revistas y prostíbulos”- para hablar de temas no estrictamente literarios [I,2]. En ese mismo número Borges opina acerca de la ´eminente guerra nuclear´.[74]

La ineludible nota dedicada a los “Niños desaparecidos” (número 20), firmada por Esteban Cerruti y Liliana Verardi, comienza: “[A] Borges… le preguntaron sobre los detenidos-desaparecidos [y] dijo: ´Hay quienes dicen que eso no es cierto. Pero hay tanta gente que viene a verme para contarme alguno de esos casos, que no pueden estar inventando. Pero el problema no es que haya cinco, diez o treinta mil muertos. Un solo hombre muerto sin juicio, atenta contra toda la humanidad.´” [II,20]. Al igual que Sabato, Borges es citado como una palabra autorizada.

Si como se supone, las notas sobre niños desaparecidos y la discusión por la Ley de Amnistía provocaron la reacción de grupos de derecha que pusieron una bomba en la redacción, en el número posterior al atentado –septiembre de 1983- Levinas le da la tapa a Borges para que hable de la bomba y lo entrevista como a un numen protector. Borges “ha demostrado ser uno de los argentinos más lúcidos. La realidad de los últimos años lo ha llevado a pensar con una conmovedora dimensión humana. Fuimos a verlo, para que nos explicara… la resurrección o continuidad del horror…” [“Borges: la bomba y otros delitos”, II,21]. Es una charla curiosa. Levinas fuerza la declaración de repudio al atentado. Borges le ofrece mencionar algo en la presentación de un libro aunque es evidente que no había enviado adhesión ni firmado misiva alguna de apoyo.

Como sea, Levinas, logra hacer hablar al viejo escritor siempre acusado, tildado, sospechado –con más odio que pruebas- de aquiescente ideológico de la dictadura. Dice Salinas: “El Porteño emergió del bombazo dándole la palabra a Borges, que por primera vez arremetió contra esos militares cobardes.”[75]

12.- Cerdos & Peces: sexo, drogas, rock, marginalidad, perversión y bomba

En agosto de 1984, un año después de la bomba que destrozó la redacción de El Porteño, la revista Cerdos & Peces, dirigida por Enrique Symns, es clausurada. En el número de julio, Symns había publicado “Hombres que aman a muchachos que aman a hombres”, nota que provocó la denuncia, la condena por ´apología del delito´ y la posterior y mencionada clausura.[76] Se cerraba, de esa manera, la efímera primera etapa de Cerdos & Peces consumada en apenas cuatro números (abril – agosto). Pertenecen a la defensa pública y periodística de Symns, las palabras citadas más arriba para distinguir en El Porteño al menos dos concepciones de ´marginalidad´, una restricta, otra extendida: Las organizaciones de derechos humanos, con las que compartimos esfuerzos, no incluyeron en su lucha a los marginales: homosexuales, delincuentes, drogadictos, enfermos mentales y otras minorías sometidas [III,32]. Y acerca de estas minorías hablaba esa extraña revista, hoy de culto.[77]

Cerdos & Peces. La revista de este sitio inmundo, nace a mediados de 1983 como suplemento de El Porteño y bajo ese formato subsidiario se mantiene hasta que en abril de 1984 modifica su escala. Symns, en una entrevista-prólogo del volumen recopilatorio Lo mejor de Cerdos & Peces [2011], recuerda aquel tiempo primordial [78]

“Empecé como periodista de casualidad, porque en realidad lo mío era actuar en la calle, era monologuista callejero. En una actuación que hice para el festival de la revista Pan Caliente en el año 1982, me vio Jorge Pistochi y no sé por qué me ofreció que reemplazara al jefe de redacción. Gabriel Levinas, que además de Pan Caliente publicaba El Porteño, me propuso que fuera también redactor de esa revista, y al poco tiempo me pidió un suplemento. Para elegir el nombre, a Levinas se le ocurrió tirar el I Ching. Salió el hexagrama sesenta y uno: ´La Verdad Interior´, donde dice que los cerdos y los peces son los animales más difíciles de ser influenciados. Cuando leímos eso, Levinas dijo: ´Ese es el nombre. Cerdos & Peces.´ El logo lo inventó Douglas Vinci… Empezamos como suplemento y en el primer número sacamos en tapa a dos amigos que ahora están muertos. Uno de ellos, Daniel Riga, tenía un cigarrillo de marihuana y le pedía fuego a un policía. El título era: ´Legalizar la marihuana´. A los pocos días nos pusieron en la redacción dos kilos de trotyl que hizo volar gran parte de la oficina. Nunca supimos si fue por la tapa de El Porteño, que era sobre niños desaparecidos, o por la nota del suplemento. Tal vez por las dos. Sacamos 12 números como suplemento, todo el año 1983 [sic]. Levinas se dio cuenta de que teníamos mucho público y se planteó sacarla de manera independiente, así que en abril del 84 publicamos el primer número como revista.”

En el recuerdo, estos orígenes coinciden con los rasgos de la publicación madre: a) Levinas convoca a un monologuista que hace las veces de periodista, b) nombre y existencia dependen del esoterismo oriental –el I Ching– que también había signado a El Porteño, c) la polémica, la extrañeza y la marginalidad aparecen desde la primera tapa, en el primer número, con la referencia, al unísono, a la droga y a la policía.

La marginalidad es un factor común entre la revista madre y un suplemento que exacerba esa línea. En principio, la recordada bajada de Cerdos & Peces revista de este sitio inmundo– idea de Levinas, se acerca a El Porteño como ´Manliba periodístico´.

Una idea “agresiva, clandestina, subversiva, mágica y peligrosa”, caracterizó al suplemento, luego publicación, que trascendió la fama de su progenitora y que ahondó en esa cultura marginal que, por los sacudones políticos de la realidad argentina, El Porteño deja de lado. La interconexión marginal puede advertirse en las recalcitrantes intervenciones de Symns en El Porteño: ´La violación ¿enfermedad o delincuencia?´ [II,18]; ´El mito de las perversiones sexuales´ [II,19]; ´Represión sexual en España´ [II, 23-24]; ´La cruzada anti-erótica del radicalismo´ [III,28]; ´Argentina como el convento de occidente´ [III,33]. Y también, y en concreto, en el suplemento Cerdos & Peces. El número 1 -indicado ´¿I? ¿1?´- se dice marginoliento. Sus títulos de tapa son evidentes: “¿Legalizar la marihuana?”, “La página gay”, “Squaters: inquilinos anarquistas”. El suplemento número 2 habla de marginoso. Los números 3 y 4 se refieren a marginal. Le comenta Symns a Mendoza (2011): “Yo siempre escribí así cuando hacía Cerdos & Peces, con una especie de certeza de lo que era el mundo; y siempre supe que esa parte del mundo estaba en los bordes de la sociedad, nunca en el centro.”[79]

Por todo esto, aunque tal vez fruto del azar, en el número 20 de El Porteño (agosto de 1983) confluyen nota de tapa sobre ´niños desaparecidos´ y nacimiento de la contracultural Cerdos & Peces, con la resultante de una bomba.

13.- De la Cooperativa a Página/12, el otro vástago (y un tercero también)

En el video, etapa posterior de Lanata a El Porteño, pero igualmente significativa en su forma de operar y de financiarse.

Symns definía a Cerdos & Peces como ´albergue, guarida, aguantadero, refugio antivirus, laboratorio´ y destacaba su ´agresividad´: “Nos divertíamos mucho armando suplementos… Uno de ellos, por ejemplo, fue ´Barrio Chino´, y parodiábamos, además, a otros medios: en vez de El Porteño era El Bolcheño; en vez de Clarín, Clonín; en vez de Crónica, Mórbica; en vez de Página/12, Pajita/12 dirigida por Jorge La Rata. Los hacíamos imitándoles el estilo. Me acuerdo que en Página/12 se enojaron muchísimo…”.[80] En esos juegos se enemistan Symns y Lanata, quienes se reconcilian en estos últimos años cuando el periodista estrella convoca al marginal para un nuevo proyecto, Crítica de la Argentina. [81]

Ese sainete tiene, sin embargo, un instante primario. Afirma Symns: “En 1985 conocí a Jorge Lanata en la primitiva redacción de la revista El Porteño, sobre la calle Cochabamba, en San Telmo. La revista era conducida por Gabriel Levinas… un genio de las convocatorias y Lanata fue uno de sus mayores descubrimientos…”.[82]

La carrera del joven Jorge Lanata –notero de Eduardo Aliverti en Radio Belgrano- es meteórica.[83] Debuta en El Porteño enero de 1985 con una investigación nota de tapa sobre la “Italo” [IV,37]. Firma, luego, notas de corte político-social (con tres excepciones en diez meses: IV,41;43;46). Su tarea alcanza el clímax con un “Informe especial”, también nota de tapa y con veinte páginas de extensión, sobre los planes del FMI para la economía argentina en medio de una crisis galopante [IV,45]. Al número siguiente silencio, y en el número 47 de noviembre de 1985, Lanata ocupa, junto con Tiffenberg, la Jefatura de Redacción en el marco de la cooperativa.

En la nostalgia de Symns, la cooperativa burocratizó el jolgorio que era la redacción de El Porteño. Sin dudas, la conformación de la cooperativa fue el pasaje a una nueva etapa. Si en enero de 1985, Levinas celebraba, como director, la destrucción de la revista elitista y la construcción de una que expresara al lector [IV,37], meses después, con la concreción del grupo directivo, la marginalidad había sido edulcorada, y en gestos, al menos, el elitismo recuperado. Escribe Alberto Ferrari: “Hay un momento fundacional de la revista El Porteño que uno recuerda como escena de una película… En mi caso es el piano del auditorio de lo que era Radio Belgrano estatal, aquella Radio Belgrado para los fachos. Y recuerdo ese piano, porque sobre la lustrosa tapa negra Jorge Lanata leyó el acta fundacional de la cooperativa a mediados de 1985. En torno al piano, parados la mayoría, había veinte o treinta periodistas…”.[84]

La cooperativa de periodistas independientes sacó El Porteño a la calle en medio de resonantes conflictos internos. Salinas (2008) se refiere al

“…enfrentamiento que se produjo en el verano de 1986 en el seno del consejo de redacción que Lanata y yo integrábamos junto a… Eduardo Blaustein, Daniel Molina y Ernesto Tiffenberg. El mandato de la asamblea de cooperativistas (que eran 30, entre ellos Osvaldo Soriano, Homero Alsina Thevenet, Ariel Delgado, Carlos Ulanovsky, Eduardo Aliverti, Marcelo Zlotogwiadza, Gerardo Yomal, Ricardo Ragendorfer y Eduardo Berti) había facultado al consejo de redacción a editar la revista, sin establecer diferencias de rango… Pero Lanata proclamó que él no quería acordar ni con Molina ni conmigo el sumario en igualdad de condiciones, y para reafirmar su resolución, metía la mano en los cajones de nuestros escritorios frente a nuestras narices. Manifestó que quería ser el jefe y me hizo comunicar por un compañero que debía irme del consejo. Como me resistí tanto a irme como a aceptar su jefatura, el contencioso derivó en tumultuosas asambleas de cooperativistas en las que Lanata a la postre logró imponerse y compartir la jefatura de redacción con su entonces socio y amigo Tiffenberg. Nunca llegó a ser nombrado director de la revista, aunque lo haya sido en la práctica en tándem con Tiffenberg. Pero puedo equivocarme.”

Symns, por su parte, recuerda a Salinas como líder de una facción intestina: “Lamentablemente para mí, siguiendo una arbitraria decisión, en el transcurso de aquellas aburridas sesiones me alineé en el bando de Juan Salinas, quien también pretendía apropiarse de la jefatura de la redacción, enfrentando la resolución inapelable de Lanata: si no lo nombraban jefe de redacción, renunciaba. […] yo, ofendido por niñerías de la soberbia, renuncié a El Porteño sin saber aún que, en realidad, había renunciado también a formar parte del futuro staff de Página/12”.[85] Y retruca Salinas: “Symns siempre añoró las épocas de Levinas, jamás se avino al funcionamiento colectivo y se distanció de Lanata y se fue de El Porteño por sus propias razones, entre ellas y de manera sustantiva que se lanzó a la aventura de sacar Cerdos & Peces por fuera de El Porteño y de la cooperativa.”[86]

En consecuencia, y más allá de las rencillas, en el seno de la Cooperativa de El Porteño, y en el tándem Lanata – Tiffenberg, su director hasta hoy, nace Página/12.

El origen del periódico Página/12, cuyo primer número data de mayo de 1987, no tiene una única versión. Según Levinas, el suplemento de 1984 de El Porteño, “La Gaceta Porteña” [III, 29; 30], idea de Briante, es el antecedente que tomó Lanata para armar el diario.[87] En la memoria de Eduardo Blaustein: “Distintos trabajos periodísticos mencionan en qué espacios y ante qué interlocutores Lanata habló de su proyecto [Página/12]. Sucedió la primera vez en aquellas reuniones en casa de Eva Giberti, en las que uno de los motivos centrales de las convocatorias era atender la situación del hijo de Eva, Hernán Invernizzi, todavía preso por haber participado del ataque [del PRT-ERP] al comando de Sanidad en 1973. Hernán escribía en El Porteño, desde la cárcel…”.[88]

A Cerdos & Peces y Página/12, es necesario sumarle un tercer vástago nacido de El Porteño. En abril de 1988, la Cooperativa de periodistas independientes edita por cinco números consecutivos Babel. Revista de libros, en la que participan y comandan colaboradores de las otras publicaciones hermanas, como María Moreno, Eduardo Rey, Martín Caparrós, Jorge Dorio. Babel –etimológicamente ´confusión´- recoge el reclamo que, como consta en “Los ´sixties´ criollos”, llevó adelante en los setenta la revista Literal de desatender el imperativo de la práctica política a favor de la literatura. Decía Literal en 1973: “…la literatura es una palabra para nada” [El Porteño, III,34, p. 70].[89]

14.- El Porteño, historias de nunca acabar

En mayo de 1984, aparece en la página 26 de El Porteño un extraño suelto publicitario: “Buscamos intelectuales ardientes que nos ayuden a renovar las utopías” [III, 29]. La irónica referencia al snob destape post-dictadura se asocia en ese breve texto a la reconsideración de los sueños utópicos destrozados por el genocidio perpetrado por los militares, avalados por los civiles y atizado por facciones de las organizaciones revolucionarias que consideraban que cuanto peor, mejor.

Atravesado el umbral de 1985, en el que se avizora una nueva época para El Porteño, se remarca el interés por repensar la idea de utopía. En una “Carta de Director”, Ernesto Tiffenberg sostiene: “…quizá sea cierto que la libertad de prensa no existe, pero es nuestra pequeña utopía. Quisimos, queremos hacer una revista que nos refleje (y aquí el nos nos incluye a todos, también a vos) que exprese y riegue todas las pequeña utopías…” [IV,38, p. 5]. Dos números más adelante Noé Jitrik visita Buenos Aires y Tiffenberg titula: “Renunciamos a la utopía demasiado pronto” [IV,40].

La crisis económica de fines de los ochenta, el desembarco del neoliberalismo durante una larga década entre 1989 y 2001 con la resultante de una nueva crisis, parecieron congelar interrogantes y reclamos -leyes sobre medios de comunicación, posesión de tierras y problemas habitacionales (villas, asentamientos), aborto, divorcio, identidades sexuales diversas, derechos humanos- para recién ser reactivados a partir de 2003 con la llegada del kichnerismo. Es bastante probable que ese puente que parece rescatar desde el presente problemáticas no resueltas en aquel pasado de la transición democrática, se trate, en algunos casos, de un espejismo y en otros, las menos aunque existentes, de reivindicaciones saldadas. En la mirada y opinión de Levinas, ni en aquel momento Alfonsín se interesó por una activa resolución ni ahora la política kirchnerista hace algo en concreto: “…la mayoría de las cosas no se resolvieron, las temáticas de El Porteño parecen actuales porque… deberían haberse solucionado…”.[90]

Si bien no es válido afirmar que el paso del tiempo ocultó los extraños inicios de la década del ochenta, la reflexión de Andrés Tejada Gómez, en “Huesos de plástico”, se ofrece como un cierre pertinente para este extenso recorrido en torno de un bizarro medio de prensa:

“Todavía no está escrita la historia crítica de los efectos de lectura producidos por las revistas culturales de los años 80. No sabemos, aún, de tesistas que busquen con enfado y desenfreno números viejos de revistas atrapadas en el pasado remoto. Revistas que en sus páginas de ocio y entretenimiento, publicitaban las fechas y los lugares en que tocaba la incipiente banda de pop Soda Stereo. Eso es: escrituras combativas de ayer interpretadas tenuemente en el mediocre presente que nos toca vivir. Mientras ese diamante en bruto que todavía son las revistas culturales mostraba su cabeza, a su vez, una supuesta nueva forma de esperanza se imponía… más tarde traducida al lenguaje político de la escena contemporánea como alfonsinismo… Aún queda mucho por decir, sobre las revistas y sobre el alfonsinismo. La metáfora más irritante que supieron despertar estas revistas es la que habla de un supuesto ´aire de renovación cultural´. […] Como quien crece al amparo de una parra yo crecí leyendo las revistas El Porteño, Fin de Siglo, Cerdos y Peces, además de las de una etapa anterior, con toda su mitología tercermundista y combativa, como era Crisis. Seguramente poco y nada entendía de semejantes textos. Recuerdo que desde chico leía con dedicada atención los textos vinculados con las enfermedades mentales y el trato a los pacientes en los centros de salud pública. Era entendible leído en perspectiva, ya que es una verdadera locura crecer en un lugar como la Argentina, con el futuro despedazo y el pasado como una especie de orgía de sangre, sobre la cual ahora todos escriben.”[91]

NOTAS:

[1] Este texto se centra en la primera etapa de El Porteño. La colección completa, y en papel, de la revista puede hallarse en el centro de documentación CeDInCI www.cedinci.org Hacia 2011, cuando escribí una primera versión bastante más extensa, los números inaugurales comenzaban a estar disponibles en el espacio web periodístico de Gabriel Levinas www.plazademayo.com/archivos-el-porteno

[2] Manliba: empresa de recolección de residuos, desde 1979 en manos de la familia Macri. Ya no existe con ese nombre.

[3] Roxana Patiño (1997) Intelectuales en transición: las revistas culturales argentinas [1981-1987], USP.

[4] Roxana Patiño (2006) “Revistas literarias y culturales argentinas de los 80”, Ínsula 715-716, jul-agosto.

[5] Juan J. Salinas (1998) “El Porteño” en Pablo Chacón y Jorge Fondebrider, La paja en el ojo ajeno. El periodismo cultural argentino (1983-1998), Bs. As., Colihue, pp. 35-40.

[6] Juan Salinas, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias”, ´Opinión´, 12 de noviembre de 2008. Revista zoom política y sociedad en foco. Consultado 18-03-2011.

[7] El caso más conocido de ´un preso colaborador´ de la revista es el de Hernán Invernizzi [III,33;III,34; III,35], detenido desde 1973 por haber participado en el ataque del PRT-ERP al comando de Sanidad del ejército. Invernizzi es hijo de Eva Giberti (quien escribe sobre salud mental y crisis, III, 28).

[8] María Moreno (2003) “La generación del ochenta”, Radar. Suplemento Página/12 – 28/12/2003 – Consultado 18/03/2011.

[9] Rubén Matos (2011) “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (Entrevista) Consultado 12-09-11

[10] También se puede ver en este enlace

[11] Mariana Cerviño (2013) “Ethos disidentes en el campo intelectual argentino. Los debates de Jorge Gumier Maier contra la izquierda desde El Porteño”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 15, abril-junio, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el Jueves, 6 de Agosto de 2015.

[12] Ver enlace

[13] El Porteño tiene tres épocas: la primera entre enero de 1982 y febrero de 1993 (números 1 al 134); en octubre de 1985 se conforma la Cooperativa. La segunda El nuevo Porteño entre septiembre y diciembre de 1996 (números 1 al 4) con la dirección de Rodolfo Hamawi. La tercera entre marzo y septiembre de 2000 (números 1 al 7) con la dirección de Levinas y Di Paola como Secretario de Redacción; indicada como ´Segunda época´, recobra el formato de 1982, varias secciones habituales y muchos de los colaboradores históricos; interactuaba con el antiguo sitio www.elportenio.com

[14] Durante la segunda mitad de la década del setenta, Levinas publica la revista cultural Artemúltiple, y edita de Luis Wells y Keneth Kemble, Arte contemporáneo argentino, Ameris, Madrid, 1979. Ver G. Levinas, “Una pequeña biografía mía”.

[15] Durante el primer año, el formato de la publicación fue el de un tabloide similar al New Yorker (comparación de Salinas en Chacón – Fondebrider, La paja en el ojo ajeno, 1998, p. 36). En el número 12, diciembre de 1982, se anuncia que a partir del año 1983 la revista cambia de formato: “La realidad económica nos impone… adaptarnos a una medida standard.” [“Contratapa”, I,12]. La “Carta de Director” de ese número la firma Briante quien sugiere que la reducción del formato implica una censura encubierta por el elevado costo del papel y de la impresión. La revista pasa de sus 36 cms. x 26 cms. (aprox.) a tener 28 cms. x 20 cms. (aprox.), medidas que mantendrá hasta el final en 1993. En cuanto a la cantidad de páginas, en los primeros ocho números la revista consta de 50 páginas; desde el número 9 la cantidad se extiende a 58; en el número 13 (formato más pequeño) tiene 66 páginas; en el número 25 la cantidad alcanza las 74 y para el cuarto año la cifra casi duplica la inicial: 96 páginas.

[16] Tiffenberg ingresa como colaborador en junio de 1983. Inicia su tarea como Jefe de redacción en octubre de 1984 [III,34] con una nota de tapa sobre la oligarquía argentina.

[17] Enrique Symns, “Lanata, la pluma y la palabra”, revista Rolling Stone (2008). Citado por Juan Salinas, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008). En cuanto al interno con una radio en el cerebro es posible que Symns se refiera al poeta Julio Garber, interno del Hospital Borda, entrevistado por Christian Kupchik [IV,38].

[18] Chacón – Fondebrider, La paja en el ojo ajeno, 1998; también Juan Salinas, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008).

[19] Levinas a Matos, “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (2011).

[20] Link al número 16.

[21] Link al número 36.

[22] Sobre la disputa entre la izquierda y la reivindicación gay, ver Mariana Cerviño (2013) “Ethos disidentes en el campo intelectual argentino. Los debates de Jorge Gumier Maier contra la izquierda desde El Porteño”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 15, abril-junio, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el Jueves, 6 de Agosto de 2015.

[23] Link al número 32.

[24] En enero de 1985 [IV,37] finaliza “El gato montés”, una de las secciones frecuentes de El Porteño. Cuenta la leyenda que se debió a la muerte del verdadero gato montés, Zapui (que significa gato en qom), regalo en la visita al Chaco a fines de 1981. Zapui había quedado sordo por la bomba en agosto de 1983.

[25] La sección “Cuentos”, una de las pocas cuasi-fijas de la revista, es útil para reafirmar la ausencia de un proyecto de promoción de escritores, poéticas, generaciones, etc.

[26] El hexagrama del I Ching impreso en tapa continúa una vez Levinas fuera de la dirección. Sólo desaparece en el período de 1996 cuando ni Levinas ni la Cooperativa participan de la publicación.

[27] Link al número 1.

[28] Ejemplo de la mirada negativa sobre el alfonsinismo de Levinas. “En julio de 1982, un día antes de que se levante la veda política impuesta por la última dictadura militar, el Dr. Raúl Alfonsín, líder del movimiento Renovación y Cambio, anunció en su discurso en la Federación de Box que les iba a enseñar educación democrática a los militares. Al día siguiente concertamos una entrevista en su oficina de la calle Santiago del Estero y fuimos con Daniel Jurjo, fotógrafo, a pedirle que nos adelante el plan de estudios. Mientras avanzaba la entrevista y Alfonsín respondía con retórica radical aggiornada, sentí que la nota no resultaba tal como lo esperábamos. Salté entonces a otro tema, con la intención de reforzar el material: ´Dígame Dr., suponiendo que usted llegue a ser presidente de los argentinos, ¿cuál será su plan cultural?´ Se hizo un largo silencio y con la cara y su dedo índice hizo gestos para que apagara el grabador. Simulé hacerlo y nuestro entonces futuro Presidente me respondió: ´no sé, no hay… ¿cuál cree usted que debiera ser?´ Aún perplejo por su respuesta, para amenizar apelé al humor y le respondí: ´El suyo es el mejor de los planes, mientras los políticos no se metan con la cultura y le manden plata es lo mejor que pueden hacer por ella´. Ah, ponga eso, ponga eso, contestó el Doctor ya con su cintura política recuperada.” En “Ese asunto de la cultura”, artículo publicado en la Revista Ñ, 13 de diciembre de 2008.

[29] Levinas a Matos, “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (2011).

[30] La carta de director del número 11 (noviembre 1982) es enigmática. Explica el hexagrama del I Ching ´antagonismo y oposición´. Levinas dice hablar de lo que sucede en el interior del país y de la redacción.

[31] Levinas a Matos, “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (2011).

[32] Levinas a Moreno, “La generación del ochenta” ( 2003).

[33] Link al número 8.

[34] Levinas a Moreno, “La generación del ochenta” ( 2003).

[35] Levinas a Matos, “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (2011).

[36] Link al número 20.

[37] Levinas a Moreno, “La generación del ochenta” ( 2003).

[38] Levinas a Moreno, “La generación del ochenta” ( 2003).

[39] Link al número 25.

[40] Link al número 28.

[41] Levinas a Matos, “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (2011).

[42] Alejandro Lafourcade (2004, p. 18). “La revista Humor como medio opositor a la dictadura militar”, Tesina de grado, Facultad de Cs. de la Educación y de la Comunicación Social, Universidad del Salvador.  133 págs.

[43] Link al número 27.

[44] Link al número 30.

[45] En el núm. 39 [p. 31-33], M. E. Estenssoro entrevista al fiscal Strassera: “Yo creo que son culpables”.

[46] Por ejemplo: pobreza y posibilidad de estallido [IV,39]; desinterés ciudadano [IV,41]; ´continuidad democrática apegada al éxito de un programa económico´ [IV,43]; diatriba contra la obediencia debida al FMI [IV,45]).

[47] Link al número 34.

[48] Enrique Symns, “Lanata, la pluma y la palabra”, revista Rolling Stone (2008). Citado por Juan Salinas (2008), “Symns: viejo, desdentado y chupamedias”.

[49] Chacón – Fondebrider, La paja en el ojo ajeno, 1998, p. 40.

[50] En el video de Nahuel Coca sobre El Porteño, Salinas dice que empieza a colaborar desde el exilio en Barcelona, España.

[51] El director de fotografía del documental, Miguel Rodríguez, había sido ensalzado por El Porteño como el más influyente del cine argentino [I,9]. Link al número 9.

[52] En la mayor parte de las secuencias no cantadas del documental, Mercedes Sosa explica por qué se fue, cómo vivió esos años. Es significativa la coincidencia entre la entrevista de Levinas y el film. Por su parte, los espectadores la erigen en bandera de la resistencia. Dicen: si ella se tiene que ir de nuevo, me voy también.

[53] Ensaya algunas notas sobre educación pública y pobreza [“La letra con hambre no entra”, I,4]; sobre teatro popular [I,9]; sobre rock [¿´pasión o ideología´?, II,16; II,17]; publica una entrevista a Quilapayún en Barcelona [II,23].

[54] En una peculiar entrada de Wikipedia en francés, se puede leer que Roberto Hugo Mero había fundado en 1976 la revista underground Hospicio. Entre otros trabajos, se menciona su participación en El Porteño, publicación fundada, según la nota enciclopédica, por “Migel [sic] Briante y Jorge Dippy [sic] Di Paola”. Es casi un karma para Levinas el ser borrado de la fundación de la revista. Nahuel Coca también lo ignora en su video conmemorativo.

[55] La nota incluye el logo distintivo de esas revistas y reproduce una foto de un puesto de diarios. En el anaquel hay dos ejemplares de Punto de Vista, no mencionada en la nota.

[56] Perlongher interviene en El Porteño con carta de lector en diciembre de 1984 [III,36]. Más tarde, participa asiduamente en Cerdos & Peces.

[57] Link al número 3.

[58] Link al número 4.

[59] Por la misma época, Di Paola trabajó en la publicación El Periodista de Buenos Aires.

[60] Gombrowicz es un caso particular en una publicación que tiene a Polonia como referente. Levinas lo menciona en una entrevista a Tato Pavlosky para saber si lo conoció, pero el dramaturgo desestima la pregunta [I,2]. Eduardo Grüner lo cita en un artículo sobre erotismo medieval [I,4]. Molina lo ubica en “Los ´sixties´ criollos” como influencia junto a Lawrence Ferlinghetti y Henry Miller [III,34].

[61] Otro que escribe sobre peronismo es Álvaro Abós (con Ernesto Goldar “El peronismo y el reloj de la historia”, IV,39). Puede encontrarse, también, un reportaje de Tomás Eloy Martínez a José López Rega [II,17] y la entrevista al propio Eloy Martínez por la edición de La novela de Perón [IV,44].

[62] Luis Perlinger fue columnista en la revista en varias oportunidades [III,28;,33;34; IV,38;39].

[63] Datos de la Enciclopedia de literatura argentina, Pedro Orgambide y Roberto Yahal (Sudamericana).

[64] En teatro nombra a Ricardo Talesnik, Sergio De Cecco, Germán Rozenmacher y Abelardo Castillo; en poesía a Leónidas Lamborghini, Alejandra Pizarnik, Francisco Urondo y a Juan Gelman; en narrativa a Manuel Puig, Miguel Briante, Ricardo Piglia, Rodolfo Walsh, Juan José Saer, Liliana Heker, Osvaldo Soriano, Antonio Dal Masetto, Luis Gusmán, Jorge Di Paola, Haroldo Conti, Noemí Ulla, Juan Carlos Martínez, Daniel Moyano (y entre los nuevos: César Aira, Martín Caparrós y Alan Pauls).

[65] El affaire Vázquez alcanza nuestros días al convertirse, el periodista sospechado de connivencias con el gobierno de la dictadura cívico-militar, en director de Radio Nacional bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Pueden acceder a la punta del iceberg de ese conflicto en la siguiente nota recopilatoria de Levinas de 2011.

[66] En la “Carta de lectores” del número 35, Bonasso escribe contra Fogwill recordándole a Levinas que cuando pusieron la bomba él y otros más apoyaron desde el exilio. Fogwill responde en III,36.

[67] Entre los textos recalcitrantes de Fogwill sobresale el extrañísimo “Sin anarquía, sionismo, fascismo, nazismo, revisiones” [III,31]. Este título -que habla de ´sin anarquía´ cuando el texto discute ´sinarquía´- aparece en el “Sumario” pero no encabeza la nota. Dice la presentación: “Polémico, desordenado y concluyente programa de discusión. Fogwill invita a pensar (mal de él), y a sospechar de las ideas que se usan para pensar en política.” Y sobre las dos hojas impresas y con el estilo de los sellos rectangulares y a 45 grados que rezan Top Secret, aparece en marca de agua: “La dirección de El Porteño no está necesariamente de acuerdo con esta nota”. Es muy complejo saber qué se jugaba allí. La excentricidad de Levinas más la amistad que unía a Fogwill con Briante y con Di Paola –como cuenta la novela de Sergio Bizzio, El divino convertible [1979]- hacen imposible determinar la realidad esa advertencia´. Como sea, a partir del número 37, enero de 1985, Fogwill no publica más.

[68] La historia de la publicación de esa obra de Dario Fo traducida por César Aira abunda en la complejidad ideológica de la revista y del propio director. El Porteño le hace una entrevista a Dario Fo al llegar a Buenos Aires. Pocos días después le ponen una bomba. Levinas entrevista a Castrogé, autor del atentado, y la publica junto a la nota de Fo. Dice Levinas: “Y se ve que a Fo le gustó conocer al tipo que le había puesto la bomba, porque me regaló los derechos de Bonifacio VIII.” (Moreno 2003).

[69] Luego de su introducción se reproducen de Néstor Perlongher “Las tías”, de Arturo Carrera “Mi padre” y de Osvaldo Lamborghini “La palangana” y “Una mujer” [IV,37]. Esta intervención permite destacar el espacio que le otorga la revista a la poesía. Arturo Carrera es uno de los escasísimos autores promocionados. En junio de 1982 lo entrevista Mercedes Roffé [I,6]. Más tarde es incluido en su lista por Sergio Danishewsky [III,34]. En ese mismo número se publica su poema “Santuario de autómatas” y se anuncia, como corolario, en “La guía” la aparición del poemario Arturo y yo [III,34]. Por otro lado, en octubre de 1982 en la sección “El Porteño recomienda” Fernando Noy firma una reseña de un libro de Alejandra Pizarnik [Textos de sombras y Últimos poemas, I,10, p. 55] y tres números después, en enero de 1983, en una sección indicada como “Rescates”, Ana Calabrese a diez años de la muerte de Pizarnik entrevista a Enrique Pezzoni, Marta Lynch, Jorge Warley y Marcelo Pichón Riviére para hablar sobre una poetisa olvidada por sus contemporáneos, valorada por los más jóvenes [“Alejandra Pizarnik: Invitada para ir nada más hasta el fondo”, II,13, p. 51-58].

[70] A mediados de 1983, Antonio Marimón entrevista a David Viñas exiliado en México. Viñas, más tarde impulsor de la canonización de su amigo Walsh, sugiere: “…no habrá cultura renovada, ni política creadora, ni hombre nuevo en la Argentina mientras se prolongue esa versión teológica que se ha coagulado en torno a Borges como alrededor de Perón”. [II,16, p. 44].

[71] Walsh es mencionado en la disputa Fogwill vs. Bonasso [III,35; III,36] al mismo tiempo que se anuncia el juicio a los responsables de su muerte [III,36]. A mediados de 1983 Juan Sasturain escribe una nota destacada con motivo de la publicación de sus Obras Completas literarias, en Siglo XXI [II,19].

[72] Literatura y DD.HH. se cruzan en el anuncio de un concurso de cuentos organizado por APDH cuyo tema eje son los DD.HH y cuyos ganadores se publicarían en el CEAL [III,26].

[73]En 1978 por mi propia iniciativa y la de Enrique Stein, conseguimos publicar en el diario Clarín una carta firmada por Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, María Elena Walsh, Constantini e Hilario Fernández Long exigiendo la vigencia de los DDHH y que se permita entrar a la CIDH a visitar el país y ver la situación de los DDHH.” En G. Levinas, “Una pequeña biografía mía”.

[74] Link al número 2.

[75] Chacón – Fondebrider, La paja en el ojo ajeno, 1998, p. 37.

[76] Dice Symns en “´Vivir es imposible´. Entrevista a modo de prólogo”, a Juan Mendoza, en Lo mejor de Cerdos & Peces, El cuenco de plata, 2011: “Esta primera etapa de inicio duró cuatro números, ya que en el número 3 saqué una nota titulada ´Hombre que aman a muchachos que aman a hombres´, y nos denunciaron y condenaron por ´apología del delito´. El caso terminó en la Corte Suprema donde fuimos sobreseídos, pero en el curso de ese proceso, la revista fue cerrada en agosto de 1984.” Cerdos & Peces reaparece en 1986. Y acota el director: “…en esta nueva etapa decidimos que la foto de esa niña desnuda que había salido en una nota interna, y por la que nos habían cerrado la revista [en 1984], fuera la tapa del número 5, en octubre de 1986.”

[77] Sobre la revista ver Fernández, Lucas y Medina, Emmanuel (2006), “Cerdos & Peces. Postales o aguafuertes de la primavera democrática”.

[78] “´Vivir es imposible´. Entrevista a modo de prólogo”, por Juan Mendoza. En Lo mejor de Cerdos & Peces, El cuenco de plata, 2011.

[79] Symns, en “´Vivir es imposible´. Entrevista a modo de prólogo”, a Juan Mendoza. En Lo mejor de Cerdos & Peces, El cuenco de plata, 2011.

[80] Symns, en “´Vivir es imposible´. Entrevista a modo de prólogo”, a Juan Mendoza. En Lo mejor de Cerdos & Peces, El cuenco de plata, 2011.

[81] Salinas, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008) cita a Symns:“…yo dirigía Cerdos & Peces (e) hice un suplemento que se llamaba Pajita/12 en el que nos burlábamos salvajemente del diario y de su staff. Eso y otras pelotudeces por el estilo nos transformaron casi en enemigos”.

[82] Symns, en “Lanata, la pluma y la palabra” (2008), revista Rolling Stone, citado por Salinas “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008).

[83] Según la versión de Juan Salinas, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008). Si no entiendo mal, el programa se llamaba Sin anestesia. Junto a Aliverti, en la radio, trabajaba aparentemente Enrique Vázquez (en conflicto con Fogwill dentro de la revista). Afirma Andrés Tejada Gómez en “Huesos de plástico”: “Enrique Vázquez…el hombre que mi padre leía y escuchaba en un programa de radio que hacía junto a Eduardo Aliverti.” En los textos allí compilados se revisa la compleja figura de Vázquez, acusado de colaboracionista con la dictadura.

[84] Alberto Ferrari: “El Porteño: Cuando la felicidad era investigar y escribir una nota”, 29 de agosto de 2005. Consultado el 18 de marzo de 2011

[85] Symns, en “Lanata, la pluma y la palabra” (2008), revista Rolling Stone, citado por Salinas “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008).

[86] Juan Salinas, “Symns: viejo, desdentado y chupamedias” (2008).

[87] Levinas afirma esto en el año 2000 [El Porteño “Carta del Director”, I,1 – Segunda época, año]. Eduardo Blaustein dirige el suplemento “La Gaceta Porteña” con “Columnas” de las Madres.

[88] Eduardo Blaustein, Las locuras del rey Jorge. 1983-2014: periodismo, política y poder. El ascenso al trono de Jorge Lanata. Ediciones B, 2014. Fragmentos del texto disponibles en este enlace.

[89] A partir del sexto número, la revista es publicada por editorial PuntoSur.

[90] Levinas a Matos, “Gabriel Levinas: de El Porteño hasta Twitter” (2011).

[91] Andrés Tejada Gómez, “Huesos de plástico”.

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5 thoughts on “{Artículo} Manliba periodístico. El Porteño,1982-85

    1. Hola Natalia. Muchas gracias por tu comentario y muy pertinente tu consulta. Los artículos que aparecen en el blog me tienen, en su mayor parte, como autor (es decir, Roberto Lépori). Cuando no es así, lo indico. De todas formas, puede que no siempre quede claro. Saludos y cualquier otro comentario o consulta, no lo dudes.

      1. MUCHAS GRACIAS!!!!!! 🙂

        El 17 de agosto de 2016, 11:47, Y me escribes paranoica escribió:

        > Roberto Lépori commented: “Natalia, no sé si te aporta pero está > disponible la tesina de Nahuel Coca sobre El Porteño. No la pude leer > completa pera acá va para sumar conocimiento http://www.usal.edu.ar/ > archivos/di/coca_eduardo_nahuel.pdf” >

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