Odio lúcido. Diario de un nóia.

Publicado originalmente en Revista Colofón. Aquí

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´Estou apenas, e não sou guiado por nada.´
Edson di Carvalho. Nossos mortos [2013]
-18 al 19 de julio de 2013 [9pm – 4am]-
Conocí a João, un domingo. Esa noche estaba además Henrique, joven, morrudo y con su peculiar modo de hacer amigos vendiendo erva, maconha o lo que pidieras. 
Días después, a media tarde, a la entrada de la cámara de los vereadores, los ediles, me reencuentro con João. Habló largo -dinero, policía, corrupción. Hablaba y señalaba arriba, reconcentrado. 
Jueves 18. Fui por fin a su casa. La milagrosa hospitalidad de un crackeiro.
Me cuenta la historia de la mujer con la que tuvo un hijo. Se siente abandonado. Me cuenta también que fue despedido hace tiempo de un trabajo, por negro. El prejuicio hacia él. De pronto estamos discutiendo sobre los jornalistas asesinados en Brasil. Mezclamos a cada rato. El prejuicio hacia mí y la cobranza por mi incapacidad. Me pierdo, pero no por la maconha, como insiste, sino porque me quedo pensando en qué dice y si tiene coherencia. Entiendo igualmente gran parte, le digo. 
Me llama ´Espectro´, alguien que solo vive como reflejo. Ríe sostenido, y repite, ´espectro´. Él es el Anónimo. Su apodo podría también ser el nombre de pila legal que creo conocer por error y sobre el que nunca indagué. João, el Anónimo.
Los moradores de rúa. La vida en la calle. Los centros de día –o de acolhida- para comer y bañarse, o la inmensidad del espacio a la noche cuando deambulan ciegos, el albergue municipal, o las rondas de busca y rebusca por la avenida Andaló.
João odia al sistema de salud que sólo le da dinero y estatus al médico –dice- cualquiera sea su función, mientras los moradores ficam na sua, repite, aunque ya no se enoja. 
Vivir de pie, entre la violencia. Odio lúcido. El crackeiro ve la estratificación que premia: dinero, carro, bunda gostosa. Apartheid es esta sociedad brasileña. Su cúspide, dice João, es nada. Por eso hay tantos depresivos arriba que deprimen a los de abajo.
Número de crackeiros en Rio Preto. Muchos. Y de moradores de rúa. Unos mil. 
Molequinho crackeiro, pibito viciado. De su boca sabe João de por lo menos tres robos a mujeres: uma namorada novinha y otras dos mayores que lo convidan con crack para cebarlo y a las que después les cae a robar. Unos dieciséis años, el moleque y de familia de policía. Sus tíos, ricos. En la casa de la novia era la atracción. Le hacían sacar la camisa para mostrar el tanquinho, dice João, el pecho a las damas que rodeaban una piscina. Y a la chica le afanaba guita cuando estaba durmiendo, post-coito, remata con el mismo pudor que lo lleva a esconderse para encender la piedra. 
Muchas veces a oscuras, él fuma, yo fumo, afuera el centro de Rio Preto.  
Al pendejo crackeiro que paseaban en cuero por la casa para que los invitados e invitadas lo vieran y se babearan, se culeaba a la pendeja, su novia, y se la montaba a la madre también, y a las dos les robaba. Le pregunto si no se clavaba al padre que escucharía mal que mal y de rebote las biabas. 
No le gusta nada mi pregunta. Se ofende. Hay una tercera cuestión. Me la reservo. Algunos crackeiros ven en esa acción que queda a medio decir una venganza. Otros buscan para dársela por aprovechador y por provocar mala fama. La venganza, la delación, la agresión son más bien chicanas para hundir a algún equis. Es una historia de la que me gustaría saber más, pero hay prioridades.
Primera salida. Regla fundamental. No somos responsables de lo que hace el otro, aunque sea una mierda.  
Avenida Bady Bassit. Noche. Caemos a uno de los buracos para dormir donde está un amigo de João con una facada (que no vi) en la cabeza. Sí vi una sigla –SF- que el corte de pelo dibujaba al costado. Según ese amigo significa ´security force´. Insiste con la sigla y con la de los EE.UU. Con su conversa ronca, el nóia de la sigla en la cabeza, al que más adelante conoceré como el Frankie, habla de matar. 
Me dice el ´Cara Pálida´. El Anónimo asiente. Está convencido de que necesito ser adiestrado, saber mirar en los recovecos que forman la calle y la noche, apenas interrumpida por el naranja enfermo de los faroles. Otros moradores, en un futuro, me hablarán del ascetismo y del conocimiento de sí que es vivir en la calle. 
La primera salida nocturna deja a João cansado y agresivo. Al día siguiente me dirá que la familia le enseñó a ser educado. No podía decirme que me fuera.
En la vuelta de todas formas me cuenta su antiguo deseo de estudiar policía, casi un secreto. Aplicó para la PM [Polícia Militar] y falló en un test psicológico. Antes me había dicho que a los 18 había estudiado inglés y otros idiomas. Pensaba formarse para salir de la nóia. Es un fracaso, así lo dice, que le duele. 
Paranoia y enigma. Me dice João que si lo pienso bien, así como los EE.UU. infiltran guerrillas, al ser yo puesto acá en Brasil meses antes de que comiencen las revueltas en las que nos conocimos… ´Ou você acredita no acaso?´ Diversos caminos vacíos para un lugar común. Soledad, descrédito, falta de conexiones o conexiones equivocadas.
Me pregunta cómo llegué a Brasil. Le digo ´oea´. Sonríe por lo bajo interminables segundos. Después es carcajada y silencio. La sala vacía, la ventana a la calle por la que entra la única luz de la casa en ese momento y también el fresco.
Muchas veces me lo aclaró. No me da ninguna historia. Habla. Retengo. Pongo lo mío.
-19 al 20 de julio de 2013 [2pm – 1am]-
Me ligó a las 11am. Hablamos a las 2.30pm. Ahora parece que me va a ayudar a escribir y que me va a sugerir ideas. A la noche no porque está la señora de al lado a la que le molesta el ruido. El asunto era nomás que quería consumir.
Es de las pocas veces que lo veo con crack. Al llegar me dijo que esperara, que estaba en el baño. Fumó a escondidas en la pieza. Más tarde preparó un poco mientras yo comía lasaña que había llevado. Estaba loco y tranquilo. 
Pusimos una lamparita en la sala principal sin luz. A la casa se entra por ahí. Hay tres sofás desvencijados todos ocupados con revistas apiladas -para disfrazar.
João fuma por la mágua, por estar maguado. Cuando se siente solo y rechazado, piensa ´vai se fuder, vou fumar todo´. Ayer me contó más del hijo al que no ve.
João nació en Sampa y vivió hasta 2008 o 2009 antes de mudarse a Rio Preto. En 1996 o 1997 comenzó con el crack, previo paso por la cocaína. En aquella época, compraba en una boca conocida por la pureza como ´cem por cento´ (digamos, la bolsita de polvo puro a R$ 10). 
Una mujer en Sampa y otra menina local a la que conoció a unas cuadras, por la rúa Marino. Crackeira que lo usó, según él, para consumir sin pagar. Después se fue con los nóias de la plaza de al lado de la biblioteca –lo que ahora es a praça de graça-, la antigua cracolandia de Rio Preto. 
Hoy recién vi en la heladera un papelito con fecha del 19 de septiembre de 2012. Tiene dos frases, una escrita por él, otra por la menina gostosa. Frase do João: ´Não é saudável ajustar-se a uma sociedade que está doente.´ Frase da menina: ´As pessoas gostam de você proporcionalmente ao que parecem…´ (Em esta frase -me diz- falha a concordância).  
Segunda salida nocturna y de ronda.
Le presté um diezão para la dosis. Bajamos por una calle perpendicular a la del centro y llegamos a la avenida Andaló. En la esquina esa no había piedra. Subimos hasta el puente que cruza y que une Independencia con la avenida Potirendaba. Le conté que conocía ese posto de gasolina. Pasé por ahí, semanas atrás, arriba de la catraca São Francisco.
La ciudad está vacía, sórdida.
La plaza a la que estamos yendo a comprar queda tres o cuatro cuadras para adentro de la Potirendaba. La referencia, en una zona siempre en penumbras, es la escuela. El recorrido total es de cincuenta cuadras. Caminamos. Dentro del barrio nos mantenemos yirando. Los dealers corren de un lado al otro. Mi presencia los hace desconfiar. No ser del barrio es un problema. Ser gringo es un problema inaudito.
Aparece un señor de unos cincuenta años que se queja. Cómo puede ser –creí entender Cecilio de nombre- trabajar toda la semana para llegar al viernes y tener que andar corriendo moleques -pendejos- que se escapan y que no quieren dar el bagulho, a pedra. Ciertamente son esquivos. Cecilio es albañil, pedreiro, trabaja con lajas y, según dice, lo hace para un empresario rico y dentro de un condominio importante.
Los punteros tienen un intrincado sistema de control. Algunos rajan mientras los vigías pasan la información, cuadra a cuadra, vía celular de los movimientos de los visitantes. (Las chicas que venden dosis son magníficas a la vista.) João se enoja y me reta porque hablo muy alto. Siempre cree que hablo alto y que doy información. Puede que tenga razón. 
Si me mando la cagada, él no me defiende, ni se arriesga. Lo sabemos. Pero si la cosa se pone pesada porque sí, ahí se ve. La segunda salida fueron dos horas de caminata. Abandonamos una zona de calles con nombres portugueses -Lisboa, Estoril- con canchas y con casitas ordenadas que conviven con la droga fuerte. Por la zona vi también una creche –un jardín. A la ocupación de la cámara de vereadores fue varias veces una trabajadora social; tal vez trabaje ahí. No es tan lejos del centro. 
Volvimos más rápido. João dice cosas que quería decirme ayer, me habla de la encuesta artesanal que hizo sobre la ocupación de la cámara. Muchos estaban en contra. La idea de representación que tiene el brasilero es no de igual a igual sino de idealización, dice. No explica más aunque muchas veces no hace falta. ´Se es ser humano hasta ser político´, había dicho João en los días de la ocupación. João como DaMatta ve que el punto, en esta sociedad, es poner el pie sobre el otro: ¿sabe usted con quién está hablando? 
La idea de subordinación lo vuelve loco. Es la misma que usa al agredirme, al tratarme de estúpido y de sin memoria. En algún momento sabré que quería ponerme de testigo inventado en un juicio que el propio João le seguía a un supermercado por echarle encima los guardias de seguridad bajo sospecha de ser él un carterista.    
El crack es peripatético. Da mucha energía, se anda y se anda. Produce infinitos pensamientos, y paranoia, según me cuenta y lo advierto. Al final, en la vuelta, João se asustó de una barca de poli y se adelantó. En la puerta de su casa nos separamos. Estaba apurado por entrar a fumar. La piedra le dura poco. Lento es el ritual que, hoy vi, tiene muchos pasos. Después sale a caminar solo por horas. 
A nóia. 
Um nóia. 
Nego maluco.  
-20 de julio de 2013 [4pm – 6pm]-
Como anoche le había prestado dez contas pra o rolé, a eso de las 4pm me convidó a comer. Le había prometido ir a la feria de verduras para ver cómo trabajaba. Engripado, me levanté tarde. Por la fumata, él también. Cuando llegó a su puesto, estaba ocupado por otro. Pasó por algunos restaurantes, consiguió marmitex y me invitó.

En alguna caminata, algo vio. Remarcó que tal vez la policía estuviera persiguiéndolo. Con el paso de los días se ha mostrado más paranoico. Quiere contarme menos. Fui claro desde el comienzo. Le dije que no quería decepcionarlo. 
Intenté por dos veces que me dijera cómo sucedió, en la ocupación, lo del menininho crackeiro, entre el viernes y el sábado pasados. Ya me había dicho alguna cosa sobre la actuación de Marilia que no lo había cuidado bien al pibito, etc. Pero no conozco la historia base y él -me dice enojado- se cansa de repetir. El problema no es repetir sino completar historias que empieza y que deja. 
João me cuenta su idea de ir a ver a un vereador para pasarle info. Dije que no. Luego me dirá que reflexionó sobre eso. Estaba mal.
En una tevé pequeña colgada de un rincón miramos un partido de un descendido Palmeiras, equipo al que seguía cuando vivía en São Paulo. Me explica (ese es su tono) que no hay que idealizar a los moradores de rúa. Todos en la escala social son bandidos: cada cual busca aprovecharse del otro y cagarlo. Por eso, aunque en el fondo la acción contra el menino de la ocupación haya sido ruim, el error era querer protegerlo. 
Entre los moradores de rúa hay asesinos, violentos, locos, crackeiros, personas que eligen esa vida y todos quieren sobrevivir. En medio de esa explicación, vuelve a la historia de cuando lo echaron de la fábrica -o empresa- en la que trabajaba. Ahí perdió todo. Lo rajaron por negro. Esa es su mayor mágua. Está revoltado frente a la injusticia.
La nóia.
Quiere volver a ocupar un lugar social: trabajador con dinero y familia. Le digo que me parece que la sociedad brasilera funciona así y que, en todo caso, podría desear otra cosa. Pero no me escucha cuando le hablo de contradicciones. 
Es Testigo de Jehová -a primera vista no parece un dedicado practicante. Iba a una iglesia del barrio. Dejó de ir. Lo habrán discriminado por fumón.
Maconha / crack. A la primera la odia y, además, la relaciona conmigo. Dice que me olvido por usarla. Defiende al crack. Da más lucidez.
Le pedí que me acompañara al barrio Santo Antonio, buraco de los buracos en Rio Preto, pero ahí no tiene entrada. Está peleado con algún foda y lo creen de la policía. Uno prometió matarlo. Me dijo que fuera con el gordito de la toma -Henrique. 
Esa misma tarde del partido de Palmeiras, hablamos del rap de los ochenta en Sampa. El inicio en las catacumbas paulistas de lo que hoy virou chic. Me contó también de su adicción a navegar y a hacer amigos virtuales. Por una hora rondamos la computadora.
Antes de despedirnos, me dijo que más tarde, cerca del albergue –Bady Bassit e Independencia- podía ver los cachorros quentes, las saladas de fruta y los refrescos, todo eso que les dan a los pobres moradores rejuntados, a la espera. 
Fui y me quedé en la esquina del Banco do Brasil. 
Los del dormidero cercano al banco, los del otro dormidero cerca de Vila Dioniso (un bar), más los del albergue, cuento unos 20 moradores de rúa. Como mucho, Rio Preto debe tener unos 100, pero está el mito de los miles. 
Los negocios cierran a las 6pm. Antes de las 8pm, sus techos o sus aleritos de ingreso, se pueblan de futuros durmientes. Muchos dejan los trapos disimulados entre los arbustos. Otros nunca duermen y hacen base y deambulan.
Estoy en una pilastra del banco. La espera termina. Llegan tres autos de alta gama. Los baúles largan viandas (comida, bebida, postre). Suelen también repartir ropas. Blancos de clase acomodada que pertenecen a iglesias evangélicas. Esa dádiva es su militancia.  
João me había tirado el dato de la repartija para ver qué hago.         
Volví a encontrarme al Frankie y esta vez me apodó Renato Ruso.
Al acercarme al grupo que recibía los lanches, esas limosnas, me ofrecieron uno. Dije no. La invitación era ya alimento. Estaba satisfecho.
-03 de agosto de 2013 [6am – 9pm]-
Este sábado nos vimos. Pasé por la casa a visitarlo y salimos a dar una vuelta. Desde la última entrada que registré en el diario, hubo encuentros más breves. 
Un viernes -después del fin de la ocupación y de una semana complicado por la garganta- fui a la casa. Hacía frío. Lo acompañé hasta una iglesia pasando la Andaló, cerca de la plaza de la Higuera donde suele parar el Hippie y donde escuché de boca de Zé la historia de la expulsión de los negros de un barrio décadas atrás, hoy residencial, el Boa Vista.
João quería mostrarme otras maneras de cómo la clase alta alienta a la caridad. En la ida y la vuelta de la iglesia –salón de recepción, mesas con manteles, platos finos y hasta banderines de cumpleaños para los veinte o treinta necesarios famélicos- el Anónimo repasó mis acciones en las salidas previas, mi falta de experiencia, mi poca viveza.
Me fui rápido. Dejamos por la mitad la charla sobre Rio Preto. El Anónimo cree que algo del pasado caipira y de las fazendas que hay desparramadas por toda la zona llevaron a una relación rústica entre las personas. Si sumamos a esto el dinero, es explosivo. Lo compara con la apertura de las personas de Sampa, a la que extraña. 
Eso fue un viernes.
El sábado 03 deambulamos y llegamos al centro, a la zona de la iglesia principal, la catedral. Atardece. En un buteco, barcito de la esquina está el Hippie escuchando Marley en una rockola, borracho de cerveza y pinga, y fumado. Baila. 
Cruzamos de ahí a la plaza. 
Aparece la gente de la rúa, todos se conocen entre sí. Éramos el Hippie, el Anónimo, el Frankie, el chico de bermudas azules y otros dos. Mala onda. Unos colombianos andaban merodeando –no entendí si en la calle o en la plaza. Agitados por el asunto ´gringo´ pasaron a hablar de Argentina, de cómo es, de cómo se habla, según había desparramado el Hippie que había vivido en Uruguay, casado con una local, y viajado por Argentina. 
Esto, por momentos.
El Frankie -el que tenía ´SF´ dibujado en la cabeza- contaba que le habían pegado y que quería comprar un arma para matar. Lo decía así: quiero matar, como se desea un caramelo. Parece inofensivo. Habló del accidente en una moto –mostró la cicatriz en la pierna- y de cómo pasó sus días en el hospital cumpliendo años. Mezclaba. Insistía con que le habían dicho nazi porque estaba rapado a los costados. La vestimenta es importante. Según el Frankie, se viste mejor ahora, que está en la calle, que antes. Al de bermudas azules lo llaman ´mendigo-boy´, es decir, ´mendigo playboy´, usa las mejores ropas posibles y le gusta hacerlo. 
Hablaron del Comando Vermelho y de otra organización criminosa. Son el verdadero Estado, las únicas organizaciones que hacen sentido y a las que deberían responder. El código de Comando Vermelho son la ´c´ y la ´v´ formadas con los dedos índice y pulgar de una mano, índice y medio de la otra. Es un tema que pone serios a todos.
Salimos de la plaza ya de noche. El Hippie –escabio y pesado- me pidió una mochila porque no tenía dónde poner las artesanías que vendía. Bajamos desde la plaza hasta la avenida Bady Bassit e Independencia. Como era sábado había mucha gente –llegué a contar más de 25. Nos quedamos dos horas hablando.
Ahora, desde adentro. Estoy sentado, y miro la caravana de autos y de motos de alta cilindrada custodiada por la policía que pasea. Bocinazos. Aceleradas. Faquius a los moradores. Tema de ronda. El desprecio les duele más que la falta de hogar. 
Pararon luego algunos autos con pocas cosas. Bajó un señor gordo que parecía de una iglesia, aunque no sé. El Anónimo habló del dinero que se pone tres veces, en los impuestos, en el pago a los trabajadores (médicos, asistentes), en la dádiva. 
Universal justificación del presupuesto: el personal estatal aburrido se violenta contra los moradores de rúa porque sí.
Anónimo remarca siempre dónde comienza la violencia, quién la genera, cómo se la ve desde el otro lado, que es su lado. Una cosa es hablar desde la cámara de vereadores, otra es estar a la intemperie. Durante la janta de ese sábado, en una camioneta negra, pasa uno de los operadores que semanas atrás estuvo en la ocupación -donde conocí al Anónimo. Espías, vigilantes, informantes. En Rio Preto casi nada permanece fuera de control. 
Días más tarde, escribo rápido, hoy es 07, le llevé al Hippie, a la plaza de la Higuera, una mochila. Una forma de pago por lo que implica hablar con él. Me cuenta historias y no soy sincero si no aporto. No le importa que yo tome nota. Me promete que me va a devolver la guita de la mochila con artesanías. Hablamos del albergue. Reconoció la mala vibra del lugar y la policía municipal que hincha las pelotas. Por una cosa, por otra, el Hippie anda high cada día. Fui cerca de las 6pm y se iba para la Bady Bassit a comer.
A las cobras hay que matarlas desde pequeñas, no dejarlas crecer –eso repetía João. Era su lema. El Frankie firmaría. El Hippie sonriente diría también que sí y pediría otro trago de erva, de maconha, de pinga, de cachaça, de cerveza o de crack, qué importa. 
Sólo importa la nóia.
La nóia es la lucidez que odia.

Rio Preto, 18 julio al 07 de agosto de 2013 

Brasil, un sutil y delicado apartheid

“Os pequenos querem ser grandes, os grandes querem ser maiores, os maiores não sei, nem eles sabem o que querem ser.ˮ / Antônio Vieira [Lisboa 1608 – Salvador de Bahia 1697]

“Resta algo da ditadura em nossa democracia que surge na forma do Estado de exceção e expõe uma indistinção entre o democrático e o autoritário no Estado de direito.ˮ / Edson Teles, “Entre justiça e violência: Estado de exceção nas democracias do Brasil e da África do Sulˮ, O que resta da ditadura: a exceção brasileira [2010]

Este lunes cuatro de agosto [04-08-2013] a las 22 hs., Bruno Torturra, periodista, y Pablo Capilé, productor cultural, visitarán el programa de análisis y debate ´Roda Viva´ transmitido por la TV Cultura (Brasil). Torturra y Capilé son el dúo al comando de esa nueva forma de hacer periodismo que se despertó durante las protestas en Brasil y que es conocida como Mídia Ninja [Narrativas Independentes, Jornalismo e Ação]. [LINK http://tvcultura.cmais.com.br/rodaviva/roda-viva-recebe-idealizadores-do-grupo-midia-ninja ]

Mídia Ninja llega a la televisión en el momento de más profunda (falsa) calma del descontento social brasilero. TV Cultura –el espacio elegido- está, podría afirmar, en las antípodas de Rede Globo. ´Roda Viva´ fue el programa que primero acogió a los representantes de Passe Livre allá por fines de junio, cuando todo se incendiaba. Ese programa sentó, también, en el centro del escenario a Slavoj Zizek que andaba por Brasil vendiendo su nuevo libro sobre Hegel y que dio una hora y media de memorables respuestas. [09-07-2013 – LINK http://www.youtube.com/watch?v=gECgJbWOppo%5D

Una de las frases estrellas de Zizek, aquella noche, se resume en la siguiente hipótesis: la revolución (o las revueltas) sucede no cuando el descontento es generalizado con todo el mundo en la miseria, la ruina, etc., sino cuando se ha generado una expectativa sobre una eventual mejora social y esa promesa no se cumple.

Nada parece describir mejor la situación local.

En los primeros días del 2012, mientras preparaba mis libros para mudarme a Brasil, leía religiosa e ingenuamente diarios on-line como para ponerme a tono con ´las noticias´. La Folha fue, en ese entonces, una de mis adicciones. Con preferencia durante los fines de semana aparecían en primer plano dos indicaciones psicodélicas: el mapa con el aumento de la violencia ´delictiva´ en las grandes ciudades (aka São Paulo); el absurdo contador –o clasificador- de clase social.

El juego era así: usted completaba con una serie de variables económicas y de empleo unos casilleros y el sistema le devolvía a qué clase social pertenecía o creía pertenecer. Adivine. Adivinó. El resultado, como en un horóscopo, era siempre positivo, siempre más arriba, siempre en ascenso. Un paulista anfitrión durante algunos días en mi paso por Sampa, hace un par de meses, me contó que había realizado el test con el salario mínimo, sin casa propia, sin auto, sin electrodomésticos y el resultado había sido -¡claro que adivinó!- clase media.

Si revisan la web ahora verán que las noticias sobre números y ascensos y menos pobreza y más clase media y un extenso etcétera, pululan por los buscadores según entiendo con una dosis considerable de verosimilitud. El discurso del ascenso de clase social –en un país en el que, desde una mirada intuitiva, es difícil encontrar la clase media– pertenece al carro de la victoria del PT (en la sucesión Lula, Dilma) y ha sido tomado como bandera tanto por los trabajadores (los obreros) como por ese grupo de la pequeña burguesía cuyo horror máximo es ser confundido con ´los pobres´, con ´los negros´, con ´o povão´.

Los tecnócratas –que incluye a gran parte de los investigadores sociales y a los periodistas- han dividido al país en cinco castas: A, B, C, D, E. Se habla de cada una de ellas como si fueran entidades animadas. ´Hoy en día la clase C quiere, busca, desea…´; ´lo que las clases A y B reclaman´ y así por delante. Ese sistema de castas que plantea la vida social casi como si fuera un juego virtual en el que hay que avanzar de nivel, responde a una variable fundamental en la comprensión de la sociedad brasilera: su intrínseca e histórica organización jerárquica basada en el simple principio de domesticación que usted, si visita este país por más tiempo del que insumen unas alienadas vacaciones, puede tener todavía el placer de experimentar al oír o al intuir la pregunta marca-territorio –¿sabe usted con quién está hablando? (Indico para entrar en tema, la lectura de Roberto DaMatta, Carnavais, malandros, heróis, 1979 del que hay traducción al castellano).

Con orígenes en la época de la colonia y con eje en la esclavitud (siglos XVII al XIX), al día de hoy esa jerarquía –que no es más que la opresión y la dominación simbólica y económica sobre ´el otro´- aparece cristalizada por la pervivencia de la sombra de la dictadura que se instaló en 1964 que comenzó a irse en 1979 y que, según los libros oficiales, parece haber terminado en 1989 –momento en el que toma el poder Collor de Mello, un esperpéntico producto neoliberal del marketing televisivo.

El humus de esa formación social históricamente jerárquica, sumado al conservadurismo irracional y destructivo de la dictadura, sumado al discurso ´progresista´, sobre todo desde los medios, que fogonea sin parar la salida de la ya a esta altura poco deseada clase C para pasar, ascender (¿?) a las clases A y B genera un estado tal de susceptibilidad que cualquier ente que no sea blanco caucásico, con acento de los estados centrales (Minas Gerais, Rio de Janeiro, São Paulo, Paraná) y con bastante dinero, es poco menos que nada en esta sociedad.

Desconozco y no me interesa, en este momento, ahondar en los criterios que se utilizan para determinar la pertenencia o no a cada clase. (Al respecto pueden leer, si les apetece, esta nota –LINK http://www.logisticadescomplicada.com/as-classes-sociais-e-a-desigualdade-no-brasil/ , y no olviden dar una mirada a los comentarios de los lectores anteriores y de paso ¡prueben suerte en ´la rueda de la fortuna´ de las clases sociales!) Como habrían podido conocer, si me hubieran hecho caso, el factor desequilibrante es el económico centrado en el consumo de bienes materiales. Un segundo grupo de rasgos responde al nivel educativo con el aliciente que para la sociedad –en puntos- significa lo mismo tener dos televisores que haber cursado por algún período de tiempo en la universidad.

¿Qué se esconde en esa inconsecuencia de cruzar datos del consumo de objetos con el acceso a la educación? Se esconde, en principio, una gran ironía y una gran injusticia.

Más allá del crecimiento de las cifras de las matrículas, más allá de los esfuerzos legales para garantizar porcentajes de ´cuotas de negros´, más allá de los programas de becas, en la actualidad la Universidad pública –para poner el caso más drástico- es un espacio destinado solo a blancos pertenecientes a familias con dinero (entiendo que entienden que hay excepciones).

Si uno quisiera comenzar a tomar dimensión del abismo entre ricos y pobres, blancos y negros (repito, con los matices que ustedes sabrán agregar) debe observar la Universidad brasilera. Según los datos otorgados por el Censo 2010 [LINK http://www.portal.mec.gov.br], existen 2377 instituciones de Educación Superior de las cuales 2099 son privadas. Esto implica que, en el nivel de los que buscan graduarse, en un país de 190 millones, existen 6,5 millones de estudiantes con la siguiente división: 4,7 millones asisten a las privadas, el millón y medio restante a las públicas. En conclusión, el mítico número del 1 % de la población brasilera que ve cumplido su derecho a la formación superior, no es un mito. Como podrán suponer, quienes concurren a una universidad privada disponen del dinero suficiente para pagarlo y eso implica que pertenecen -casi siempre- a las clases del tope de la pirámide.

En las ciudades capitales de los estados la situación puede variar y, de hecho, varía aunque apenas. En el interior de São Paulo –donde vivo- la universidad estadual, que se sostiene con el dinero aportado por todos los ciudadanos, se las ha ingeniado para conformar un plantel docente y de estudiantes sin (casi) ningún brasilero negro y con una notoria escasez de estudiantes de las clases sociales menos favorecidas. (En el colmo de la perversión, muchas de las personas a las que el sistema les tiene prohibido de forma implícita o explícita el ingreso a la universidad para estudiar, son –sin embargo- contratadas para trabajar en la seguridad, en la limpieza, en el mantenimiento, etc.- dándole a todo el ambiente un tufillo de distopía inconfundible). La diversidad étnica estaría representada, en todo caso, por alumnos negros extranjeros quienes, por otro lado, son discriminados en sordina justamente por ser un tipo de extranjero no demasiado bien visto ni valorado.

Es casi imposible demostrar lo que afirmo. Conozco a una persona negra con sus raíces africanas intactas, con su cultura siempre presente, con su conversación diferente, con todo su ser negro que año tras año ve como la oportunidad efectiva de entrar a estudiar a la Universidad se le frustra. ¿Cómo demostrar que la evalúan para dejarla fuera? ¿Qué otras herramientas que no sea la justicia podría uno usar aún a sabiendas de que eso –aquí- es cavarse la tumba en vida y con las puntas de los dedos?

Desde hace tiempo intento convencerla de contar su historia. Al día de hoy, sus promesas me hacen pensar que nunca voy a obtener ese testimonio. El año pasado en un episodio confuso –para ser benevolente- un profesor de una universidad pública frente al pedido por parte de esta persona a la que me refiero de una charla de consulta estrictamente académica, le respondió con un chiste en el que le sugería que se sentara para esperarlo como en el pasado esperaba su tormento el esclavo. (Si les parece increíble la historia, no se preocupen, tengo otras, en otros ámbitos también.)

A los pocos días la Universidad –en una neurosis que alcanza el cinismo- festejaba el ´Día de la conciencia negra´ [20 de noviembre]. La persona que había sido vejada por el comentario de ese profesor se acercó a las autoridades y les comunicó el caso. La invitaron con un café. La escucharon hablar un rato. El profesor sigue hoy cobrando su salario.

¿Cuál es la relación de Mídia Ninja con toda esa locura racista que atraviesa la sociedad brasilera? Ninguna. Por el contrario, Ninja nació como una forma de enfrentarse a los medios hegemónicos de comunicación eje de los discursos xenófobos y que, por su énfasis en el ascenso económico, disparan el sentimiento fascista de gran parte de la población.

Aun así, en pequeños detalles -que supongo surgen más de los seguidores y de los adeptos que de los propios Ninjas en acción- aparecen contradicciones. Representan ´la voz del pueblo´ (ese viejo recurso de las elites brasileras, según DaMatta, de ´hablar en lugar de´) y aparecen fascinados por la posibilidad de ser reconocidos por el periodismo tradicional. TV Cultura podría ser considerado, como dije, un espacio alternativo dentro del concierto mediático, pero sus panelistas provienen de medios de comunicación hegemónicos y nada plurales.

Una situación híbrida semejante ocurrió cuando durante las protestas de junio el hackeo de la cuenta de twitter de Ninja –que le impidió transmitir on-line- llegó a los oídos y a las páginas del diario New York Times con la resultante de una agitada celebración virtual vernácula.

En el colmo del descuido para un medio de comunicación alternativo –cuya novedad, de todas formas, lo disculpa- un Ninja –uno de los varios- en una transmisión de protestas que estaban siendo observadas por miles de personas de Brasil y otras tantas de América latina de habla hispana realizó ao vivo chistes sobre ´los gringos´ (´los extranjeros´) que no entendían nada de lo que estaba pasando. Los reclamos de mayor pluralidad en las redes sociales se hicieron oír.

La jerarquía y el gueto, incluso entre personas que buscan quebrar parámetros opresivos, son comunes en estas tierras.

El Anónimo, un amigo de los márgenes, me bautizó ´el Espectro´. Soy invisible. No existo. Ser extranjero, sin ser de Estados Unidos o de algún respetable país europeo que no se llame Portugal, es poco menos que una desgracia. Y si ese extranjero es argentino, es la peste. En cualquier charla uno debe dar por perdido los primeros diez o quince minutos en los que –el guion corresponde a O Globo y a las empresas de publicidad- los chistes recorren todas las miserias y las desgracias de ser aryenchino. En el medio de la Ocupación de la Câmara dos vereadores en Rio Preto [ver post 21-07-2013], relato una entre cientos de anécdotas posibles, alguien que participaba del movimiento, después de mi presentación, se me quedó mirando mientras repetía: ´sí, sí, argentino, argentino, como Messi y Tévez que juegan bien al fútbol, pero tienen esos ojitos tan de mogólicos, ¿no?´ En otro momento me hubiera peleado. En otro contexto lo hubiera increpado. En este contexto, en el que creo poder entender qué es lo que sucede, no.

En la historia personal del Anónimo está la eterna sospecha –para él convertida en ´com certeza´- de que la desgracia en su vida comenzó el día que fue echado del trabajo sin mayores explicaciones –punto de inflexión para perder familia y todo lo demás- por ser negro. Oí su narración por lo menos tres veces. Y siempre remarca que de entre todas las opciones, por no ser blanco, él fue la primera, la ineludible. Para el Anónimo, el brasilero blanco y con dinero es directamente un ´nazi´.

El Anónimo sabe, y concuerda conmigo, que, en el interior del rico São Paulo, la diferencia entre un negro y un extranjero es nada.

Todo el asunto, por supuesto, debe ser tomado con cuidado. Existen varios niveles. El primero responde a los blancos y ricos (clases A y B) quienes tienen toda la renta y manejan espacios simbólicos como los medios de comunicación y las universidades cuyos discursos –en lo básico, no se diferencian. (Fue patético, y lo dije en un post anterior, cómo muchos profesores universitarios se garantizaban el trabajo futuro de tecnócratas en la televisión enarbolando las opiniones que querían ser oídas, es decir, que eran pagadas para ser dichas durante las protestas de junio).

En ellos, en la elite económica, pervive con mayor fuerza el deseo de la jerarquía y en ellos anida con mucha claridad el discurso genocida de la dictadura contra todo lo que sea diferente: negro, gay, extranjero, comunista, nordestino, favelado, y siguen las categorías.

Sin embargo, el mundo donde viven no es de fantasía. La Constitución de 1988 –de transición a la democracia- es un gran negociado de los grupos políticos entrantes con los militares salientes para evitar el juicio contra estos últimos y mantener la amnistía y, lo que es peor, para dejar abierta por artículo constitucional (número 142) la posibilidad legal de que esas fuerzas intervengan si la seguridad nacional lo considera necesario. Esta historia de cómo la Constitución brasilera garantiza la legalidad de un golpe de estado la contaré en un texto subsiguiente. Para los ansiosos su versión extendida –de donde robo la información y sus interpretaciones- está ya publicada en forma de libro: O que resta da ditadura: a exceção brasileira [2010]- junto con el de DaMatta, otro texto ineludible para intentar entender Brasil.

En el límite entre la clase medio-alta y la clase media y media-baja aparece todo un grupo de ciudadanos progresistas que accedieron a algún estudio superior y que niegan y que enfrentan el proyecto nazi e higienista de la elite. En ese exacto lugar se evidencia la mayor contradicción y a eso me refiero en mi crítica a ciertas posturas de algunos militantes de los movimientos sociales brasileros. Ellos establecen su lucha de tal forma frente a los poderosos que, en última instancia, las batallas que se inician ahí acaban por ser la guerra, y esa guerra –observada desde afuera- parece ser solo el deseo de ocupar el lugar simbólico de dinero y de poder que no ocupan en el presente. Tienen buenas intenciones, pero su relación con los verdaderos necesitados en esta historia –los que están en el fondo de la estructura social- está cortada.

Incluso en los partidos de izquierda puede verse claramente ese divorcio. Nadie mejor que ellos para tener la perspectiva de qué se necesita en Brasil: la inclusión de los desfavorecidos en la lucha de los obreros. Sin embargo, el divorcio es patente y casi insalvable. Nuevamente aparece la formación universitaria como una barrera –la mayoría de los militantes no son trabajadores sino estudiantes- y, desde la base social, quien estudia es objeto de toda la desconfianza posible. Ese grupo de líderes está accediendo a un bien al que ellos nunca accederán y el corte es, por ahora, insalvable. Aunque parezca una locura, pero es comprensible, en muchos, demasiados contextos, ser universitario es un estigma, es vida de playboy -desde los márgenes, un ´otário´.

Los movimientos sociales en Brasil y Midia Ninja son, entonces, ejemplos palpables de la paradoja: existe una voluntad de acabar con la desigualdad social y de quebrar ese invisible apartheid que espolvorea todas las relaciones humanas, pero la mirada todavía está dirigida, con un poco de obnubilación, hacia arriba y no hacia abajo. (Para tener otra perspectiva, pueden leer la siguiente nota desde una perspectiva anarquista: [LINK http://aphbh.wikidot.com/wiki:algumas-reflexoes-do-nosso-momento-em-bh-e-no-brasil%5D)

Si la lucha no es solo para defender la prebenda de los blancos que están quedando fuera del reparto de la torta simbólica de dinero y de poder, en consecuencia, debería apuntar a buscar tres salidas mínimas de democratización: apertura de las universidades (fin del vestibular, el filtro inicial que escoge a los pocos estudiantes agraciados), fin de la amnistía legal y apertura de los juicios a los militares (modificar la Constitución para cortar el poder militar implícito), ley de medios de comunicación (ir contra los monopolios).

Con un país con la universidad para el 1 %, la televisión para el 99 % y con la base legal de una Constitución que defiende un estado cuasi-militarizado –en el libro O que resta da ditadura los autores indican que las torturas durante la democracia aumentaron en relación con las décadas anteriores y que, por ende, es necesario hablar de ´semi-democracia´-, la referencia al apartheid es algo más que una mera figura retórica tomada de la historia reciente para establecer una analogía impactante.

Edson Teles –en el artículo que cito como epígrafe- realiza, y espero no sobre interpretar, una jugada maestra. Compara el estado de excepción en la democracia de Brasil y en la de África del Sur –donde Mandela luchó a brazo partido para salir con los menores traumas posibles del apartheid– sin decir nunca de forma explícita que los rasgos de una podrían ser válidos para describir a la otra. El argumento que Teles presenta, pero no hilvana, es que el estado de excepción –que permite el control del soberano sobre la vida, rasgo clave del mencionado apartheid- surge de un lugar indeterminado entre la política y lo jurídico de tal forma que su presencia puede darse incluso durante un proceso democrático permitiendo que el autoritarismo –aun cuando lo jurídico no lo demuestre- permanezca por acción u omisión de la propia política.

Es cierto –lo reconocí- que en los últimos diez años, en muchos aspectos, la vida de los ciudadanos brasileros mejoró. Es cierto que, en los últimos meses, todo aquello que queda por mejorar impulsó un cambio de actitud y politizó a la sociedad. Es cierto que parece nacer ahí, a largo plazo, un proyecto distinto de país. Es cierto que Mídia Ninja es una parte del oxígeno para ese largo plazo. El problema es que, tal como están las cosas, una enorme porción de ciudadanos –y tiene toda la pinta de ser la de siempre- está quedando fuera de la discusión.

Con muchas ganas entrego estas vanas palabras para que el futuro las niegue y las convierta en polvo. Habré sido ciego. Habré cometido un exabrupto. Habré sido un irracional aryenchino que no entiende nada de nada.

Y estaré contento.

Por ahora, como Espectro, veo otra cosa.

Al Hippie (que vivió en Argentina y que está y es de acá, y que estuvo casado en Montevideo), al Anónimo, al Frankie

[Roberto Lépori – De Las crónicas del Espectro – SJRP – SP – BR – 03-08-2013]

Comentario final: En una entrevista a la bloguera disidente Yoanis Sánchez -durante el programa ´Roda Viva´ [25-02-2013, TV Cultura, Brasil]-, una periodista le pregunta cómo debería entenderse que ella denuncie un régimen autoritario en Cuba y que, al mismo tiempo, no haya sido ni perseguida, ni detenida, ni asesinada. No me interesa aquí la situación de Cuba –la desconozco en su complejidad-, ni las ideas de Yoanis, ni los propósitos y razones de la periodista. Me interesa sí, el lacónico inicio de la respuesta. No pensemos, dice Sánchez, en una violencia concreta y física, “…pensemos en mecanismos más sutiles de represión que no por eso son menos represivos.ˮ [LINK http://www.youtube.com/watch?v=-u92s4hUQBg%5D Es el mismo tipo de respuesta que podría ofrecer a quien cuestionara, por excesivo, el título de este texto. La violencia –como en el pasado la divinidad- está en los detalles –o, en el caso de Brasil, si uno considera actuales y estelares desempeños como los del grupo de exterminio BOPE, en no tan detalles.

Esos pobres blancos. Las ambigüedades de los movimientos sociales en el Brasil de las protestas. [SJRP – SP – BR – 17-18.07.2013]

A un mes de la eclosión en su mayor intensidad, el descontento social avanza en Brasil lentamente hacia un futuro incierto inmerso en la ausencia de una estrategia coherente de cómo encaminar fuerzas bajo presión. Por varias razones, São José do Rio Preto [SP] es un interesante caso testigo. La primera. La ciudad funciona a su ritmo alejada de las ´capitales´. La segunda. El movimiento social se cruza con intereses locales de antigua data. La tercera –pura futorología. Quienes comandan las protestas parecen no haber dimensionado lo que hierve en la base. Hace exactamente un mes sucedía ´esto´ en Rio Preto

¿Quién puede decir que nada tiene que ver ´eso´, en su causa primaria, con la heterogénea ocupación de la Câmara de vereadores?

Para el Hippie, que duerme al arrullo de la higuera centenaria

…la molotov es un florero en mi ventana… {La Chicana – Ayer hoy era mañana}

1.-

La nueva antigua droga es –ya lo sabemos- aquella luz plateada que ciega las retinas de millones al mismo tiempo, y ´en vivo´, y que, mediante esas muertes ciegas, permite a un grupo o a un único iluminado obtener el orgasmo concentrado, exquisito, pletórico de la leche simbólica sobre su rostro. Para quien es centro de irradiación, la blanca luz deja esa extraña sensación de saber que el frío, una vez sucedido el orgasmo, llega bastante rápido.

Y una cierta ola gélida (recuerdo que Borges recuerda que en aquel libro Vathek el infierno era de hielo) se posó sobre el embrionario movimiento social en Rio Preto.

Anoche, de madrugada, GloboNews transmitía en vivo las calles de Rio de Janeiro donde las protestas siguen y el objetivo primario es la salida del ´prefeito´ (intendente) Sérgio Cabral. Las protestas son focos de resistencia nocturnos que continúan la agitación del día. En horas, llega el Papa Francisco y será otro momento de tensión con la Polícia Militar. Los manifestantes no toman como parámetro de acción el miedo a la violenta y sangrienta policía brasilera. Hay una mirada –algo lenta- internacional y una especie de consenso nacional. En Brasilia, por ejemplo, los manifestantes acampan frente al Congreso y apoyan al objetivo del pueblo carioca.

Entre pautas locales, estaduales y nacionales hay una que por su amplitud y vaguedad debería incomodar a quienes detentan el Poder: se pide la efectiva cancelación de la Copa del Mundo 2014.

El jueves 18, en Porto Alegre, después de ocho días, los ocupantes de la Câmara de vereadores abandonaron el recinto con la promesa firmada de la gratuidad del transporte público (acuerdo con sus bemoles) y de la transparencia de gestión. Eran entre cuatrocientas y quinientas personas contando adolescentes y niños.

Esa salida –que puede ser evaluada de forma positiva- fue usada por uno de los oradores en la sesión asamblearia de la ocupación de la Câmara de Rio Preto para justificar lo que ya había sido decidido antes de la votación popular. Porto Alegre fue ejemplo de un fracaso.

¿Fracaso?

En las protestas de Brasil 2013, con sus grises, se enfrentan los medios tradicionales y hegemónicos de comunicación asociados al poder político, a la elite económica, y los medios no-tradicionales (ejemplo, Mídia Ninja que permite a todos los que quieran serlo, ser ´ninja´) que hacen de la transmisión por internet y ´en vivo´ y sin cortes el instrumento de comunicación más efectivo al que se le suman los comentarios de los usuarios al instante.

En la noche del 17 de julio, en Rio Preto, ese enfrentamiento que atraviesa las protestas en Brasil sucedió de otra forma –si es que sucedió.

Hubo una primera reunión por parte de la asamblea de la ocupación –que incluía a todos los ciudadanos que decidieran entrar en el recinto- con los representantes del legislativo quienes atendieron un pedido sobre tierras y especulación inmobiliaria. Esa sesión fue transmitida ´ao vivo´ por Tv Tem (O Globo). Fue notoria la ausencia de una transmisión alternativa (acaso por el boicot de la Câmara al restringir el acceso a internet). En la asamblea posterior que decidió la continuidad o no de la ocupación se votó, como la noche anterior, que Tv Tem saliera del recinto. Aunque –y eso fue novedad- la deliberación tampoco fue transmitida por www.postv.org.

Un extraño pacto de confianza para este contexto político. Al mismo tiempo que en Rio de Janeiro las oficinas de O Globo eran agredidas, marcadas por la furia popular como una de los responsables de la manipulación y de la apoliticidad del ciudadano brasilero, en Rio Preto los periodistas de los medios hegemónicos pastaban sueltos en los pasillos, en salas cercanas, tomando notas, charlando amenamente con los ocupantes. Se les respetaba su ´transparencia´ como si se tratara de robots que están ahí solo para transmitir la información de un lado hacia el otro.

A esos periodistas -es decir, a esos trabajadores dependientes de una multinacional- no se los consideró en tanto ciudadanos que podrían haber dado su opinión, colocado sus ideas, disentido en un espacio cerrado sobre el manejo de la empresa donde trabajan, así como tampoco fue aceptada –pedido mediante de una mujer dentro de la asamblea- la participación, como trabajadores, de la policía que custodiaba el espacio.

Cuanto más cerca del gueto, mejor se sentía el grupo.

Después de varias alocuciones sobre el carácter histórico y de las hurras del caso que parecían conducir la noche al grito de ´la ocupación continúa´, empezó a sembrarse la idea de que todo el mundo estaba de acuerdo con que el cansancio era ya demasiado después de casi una semana de ocupación, que la resistencia era en vano porque en algún momento había que salir. Así, poco a poco, la reunión fue amasada hacia una votación -discutible en términos democráticos- que derivó en marcar la salida para el día siguiente con la condición de que se firmara entre las partes –ocupantes y concejales- un acuerdo.

Ese documento a firmar presentado ante los vereadores fue compartido on-line cerca de la medianoche con el resto de la asamblea. Sin embargo, nunca fue leído ni discutido en conjunto: lo que la comisión X había decidido, eso iba a ser encaminado.

Decidir salir y después obligar a firmar tiene la consistencia del sueño. Parecía una remake grupal del final solipsista de El azogue [China Meviélle, 2002]: ´Aquí se cuenta una rendición´.

De ninguna manera la mayoría, en el sentido de la mayor parte de los ocupantes, pensaba horas antes en la posibilidad de salir. Hasta el mediodía por lo menos la mitad hablaba de mantener la organización, de la limpieza, de la comida, etc.

Las razones de ese giro se esconden, según entiendo desde mi posición absolutamente externa, en eventuales negociados fuera de la decisión popular. Una posible lectura sería considerar a la asamblea cooptada por una parte de la clase media conservadora brasilera (en su 90% blanca). Uno de los oradores efusivo hasta las lágrimas propuso, fuera de protocolo, una salida al son del Himno nacional.

Nunca voy a saber si mi estupor provino del de los demás. Alguien de la asamblea hizo un chiste para calmar el delirio nacionalista.

¿Fracaso? Nadie sabe. El compromiso –estoy en el lado bueno de las cosas- es permanecer una vez fuera, ´de olho´, atentos, a lo que hacen los vereadores y participar todos los martes –cuando son las sesiones-y los jueves en prácticas de comisión para acompañar, controlar, obligar a un funcionamiento popular del legislativo. Esa previsión queda como alimento del futuro. Si no cumplen los del legislativo, los ocupantes prometen volver. Se verá. El único dato cierto es que a las 19 hs del día 18 de julio, se abandonó el edificio sin el compromiso firmado por los concejales.

El objetivo del núcleo duro del movimiento –que no impulsó la ocupación sino que la capitalizó- parece ser conformar una cámara legislativa paralela que controle a los concejales, que dé una pátina de presión social pero que permanezca absolutamente supeditada a las decisiones de otros 17. Una elite de segunda. Los estertores de una clase media que se considera fuera del reparto de la torta de la clase alta y que precisa protagonismo y beneficios.

En ese contexto hay que entender que, durante la noche del 17 de julio, en los momentos que antecedieron a la cadena nacional sobre el levantamiento de la ocupación, uno de los asambleístas gritara al resto de sus compañeros que él se ofrecía para ser el portavoz, pero que de ninguna manera quería ser ´candidato en el futuro´. La vieja política y su ponzoña.

El gesto de manipulación más oscuro fue cuando alguien reconoció sin pelos en la lengua, segundos después de la votación, que estaba pronta la nota explicativa que diera cuenta de la decisión de desocupar al representante de O Globo en la ciudad encargado de difundirlo a nivel nacional. Ya durante la tarde hubo exaltaciones sobre haber aparecido ´ao vivo´, en ´link nacional´. Podría haber sido más verosímil si enfrentaban la desinformación y les negaban los datos a los periodistas. Malas noticias. Estaban bajo el poder de esa droga colectiva, adictiva, y babeantes observaban el anhelado ojo divino que pendía del zaguán (y del que goteaba la anhelada leche).

Horas después de la desocupación, el grupo que comandó, prometió una reflexión post-salida en transmisión on-line ´ao vivo´ -mediante la tecnología que en la charla más importante estuvo desaparecida- con el objetivo de mostrar transparencia en el mecanismo. Esa reunión sucedería a unas cuadras del poder legislativo de la ciudad y el nombre es más que sintomático: Casa Rio Preto.

La transparencia parece haber llegado un poco tarde.

2.-

La noche del 16 al 17 de julio fue clave y caótica. En la puerta de la Câmara –ahí la mesa de opiniones volátiles estaba servida y solo se precisaba escoger- se escucharon voces inesperadas y de las que siempre habría que desconfiar. O no. Alguien sugería que esa ocupación era, finalmente, una reunión del Jockey Club de la ciudad. ´Los conozco a todos ellos´, oí decir. (El dinero ofrendado en manos de atildadas vecinas que en el camino a hacer sus mandados mañaneros se distraían y al azar ingresaban al zaguán de la Câmara -emocionadas por una lucha que dejaron mucho tiempo atrás– me permitió confirmar esa sospecha de clase y suponer un espíritu Rotario o de aledaños.)

Otros, en aquella misma noche, un poco más operativos en sus deliberaciones callejeras –pero lejos de ser convidados a una participación efectiva- decían que ´la solución estaba en la favela´. Y solución significaba ´resistencia´ a partir de la inclusión del descontento de la periferia.

Ciertos rumores de la izquierda concordaban con esa mirada inclusiva. Uno de los partidos, de cuño marxista, que estuvo contra la ocupación –acusando al movimiento de falta de estrategia- impulsó desde el primer momento pautas contra el riñón del poder como, por ejemplo, la reducción del salario de los vereadores al valor de un trabajador medio y, por el otro, reconoció la necesidad de ir hacia los barrios, hacia la periferia –aunque lo consideraban a largo plazo y sin posibilidad de suceder ´ahora´. En la asamblea democráticamente espuria, ese partido que casi no había participado de la ocupación, votó contra la continuidad. Su vocero recordó la pauta del salario, pero ya era cosa del pasado ilusorio.

Hasta el mediodía del 17, entre los ocupantes, la única duda para muchos de los que estaban ahí era cómo resistir, cómo continuar –aun cuando supieran que la ocupación no iba a ser infinita. Reconocían la necesidad de no salir con las manos vacías o llenas de promesas que es lo mismo. Reconocían el poder terrible de la policía al que hay que temer. Y confiaban, como en un dato positivo, que una jueza hubiera demorado por diez días el desalojo.

Nunca se citó a esa jueza. Nunca se la obligó a garantizar que la protesta no sería criminalizada. Entre el mediodía y el inicio de la tarde del día 17, las negociaciones ya habían sido cerradas. El pacto silencioso y hasta tácito -basado en la ´no-agresión- entre concejales, que luego traicionaron esa postura, y los líderes de la ocupación había ocurrido. También se podría suponer –con buena fe- que no había otro camino y que la corrupción enquistada en las altas esferas políticas con visos de mafia dejaron poco espacio para la resistencia razonable y no suicida.

3.-

Mientras tanto en el mundo real, a eso de las cuatro de la tarde, con el sol calentando el cemento, apareció por la zona de la ocupación el Hippie, artesano y morador de rúa, con una caja. Conocí al Hippie en una plaza por ahí a la que caímos de noche, con un grupo, para ´fumar um´. En Rio Preto –una de las ciudades más ricas del estado de São Paulo- el número de moradores de rúa es alto. El sistema estatal –sea federal, estadual, municipal- para acompañarlos y darles un espacio donde dormir, bañarse, charlar y compartir está reducido al mínimo. Morador de rúa y crack –aunque no siempre- van de la mano. (El documental Nossos mortos {2012} presenta testimonios de algunas de las 15 mil personas en situación de calle en São Paulo.

Algunos de ellos me han dicho lo siguiente. El dinero para invertir en albergues, dormitorios, comedores, etc., está. La clase alta que coincide con la clase política prefiere desactivar el sistema, desviar los fondos –para su propio enriquecimiento- e implantar un sistema informal y perverso.

En uno de los albergues y comedores –no muy lejos de donde vivo- la comida es poca y mala. La costumbre –la estrategia- hace que los moradores salgan de ese espacio y caminen apenas unos metros hasta la esquina de Independencia y Bady Bassitt, otra avenida céntrica importante de la ciudad -como Andaló, de ascendencia árabe-, donde los autos de decenas de miles de reales pasan a baja velocidad y dejan platos, viandas, bebidas, ensalada de frutas, etc.

El alienado cerebro de un ex morador de rúa me ofrece su perspectiva: es una forma de mantenerlos débiles, flacos y comiendo literalmente de la mano; si el morador de rúa saliera del crack –o lo controlara- si estuviera fuerte y bien alimentado, ¿qué sucedería? Nada, es solo una especulación de un alienado.

Durante la ocupación y ante los vereadores se trató el tema de los indigentes y desamparados. Las enjundiosas argumentaciones no surtieron el menor efecto. Ningún compromiso fue obtenido de ese reclamo puntual, fuera de las palabras.

Durante la asamblea final de la elite, en cada gesto, en cada discurso, en cada inflexión de la voz que indicaba la manipulación del voto y el funcionamiento de ´un aparato´ dentro del movimiento, recordé la luminosa imagen del Hippie y de su amigo que acarreaban esa caja con frutas que les habían dado como dádiva y que ellos llevaban como apoyo a la Ocupación. El Hippie –que no posee demasiada cosa material- donó su propia comida. En el zaguán donde sucedía casi todo, había en el momento de la ofrenda unas veinte personas. El gesto pasó desapercibido. Apenas una mujer, le agradeció.

La noche anterior, el Profeta de los colores me contaba que la adhesión entre el grupo de los que viven en la calle era intensa. Él había hablado con algunos de ellos y –en razón de algún plato de comida, pero por sobre todo, en atención al techo que el propio Estado les negaba como derecho- varios habían decidido acercarse poco a poco. El Profeta estaba en esa lógica pro-ocupación a pesar –me dijo- de que lo perjudicara. Un concejal –o uno de sus astutos e ineficaces asesores- le daban cada semana ´cem contas´ (R$ 100) y si él –el Profeta de los colores- seguía en esa tesitura, se le podría cortar el dispendio.

En una esperanza que le brillaba en los ojos y en la soltura de la labia, el diminuto y adorable anciano, comprendía que si las cosas continuaban así la dádiva de los cien reales de poco le serviría al concejal como calmante provisorio. Sin dudas, me dijo, los vereadores no, pero la Ocupación sí me representa.

El funcionamiento de la Câmara de vereadores y de la Prefeitura no es muy complejo de explicar en su relación con los ciudadanos: clientelismo. Se reparte dinero discrecionalmente y eso se advierte tan solo con media hora en la recepción. Esa fue una de las razones por la que se acercaron tantas personas en situación de calle (y de riesgo). Uno de los mayores errores de la conducción fue –además de aparatear- no oír esas voces, no percibir esa adhesión. Es cierto que había un interés puntual de muchos de ellos –techo y comida-, pero había mucho más detrás: búsqueda de compañía, de charlas, de remedio a la soledad y, sin dudas, miradas políticas que no se conocen porque son sujetos que no tienen voz.

El Poeta, otro cálido personaje, era convidado por la noche a hacer sus numeritos en la vereda recitando, actuando, leyendo breves escritos que llevaba en su vieja carpeta. ¿Por qué no darle ese espacio de atención al permitirle expresarse y hablar frente a todo el mundo? ¿Nada habrá en la palabra de quien anda la calle, de quien vive la violencia cotidiana –como tantos otros- para hacer reflexionar a los demás? Parece improbable.

Los sin voz aquí, en Brasil, son muchos. O para decirlo, de manera más concreta: solo tienen voz los blancos de clase media o media-alta. Las señoras y señores ´Jockey Club´ de la asamblea, con cierta frecuencia, invitaban con impacientes y delicadas inclinaciones de cabeza a retirarse a los que tenían demasiado olor a calle.

A pesar de que mi resumen pueda ser injusto, es sintomático que –y más allá de excepciones- la organización de la limpieza, del trabajo manual, del orden interno, terminaran recayendo en quienes no participaron de las deliberaciones. ¿Tan difícil les resultaba advertir que estaban reproduciendo en un espacio minúsculo la forma en que funciona la sociedad brasilera? Grupo de blancos que toman decisiones, el resto acompaña.

En su inicio, la premura del movimiento y la ausencia de una coordinación inmediata plantearon contradicciones. Hubo momentos de tensión cuando se denunció –también podría decir, avisó- entre viernes y sábado pasado que había dentro de la Câmara un morador de rúa adicto al crack que se había descompensado. El menor fue conducido -¿detenido?- a una institución donde permaneció controlado. O abandonado. Nadie supo explicar bien lo sucedido acaso porque también los que mandan sobre esa vida son yonkis al igual que ese joven oprimido.

Brasil es el tercer país, en un ranking mundial, con mayor número de asesinatos de periodistas. Casi con exclusividad en su mayoría, son profesionales que investigan la conexión de la policía en el tráfico de drogas, la composición de milicias para masacrar pobres, negros, moradores de rúa y crackeiros. Aquí se conoce como ´la mirada higienista´. Que el auge de esa perspectiva de control social haya sido durante el siglo XIX no es dato menor –Brasil en términos de derechos individuales parece lejos del siglo XXI. El higienismo es la obsesión del poder brasilero para mostrar ciudades limpias y ordenadas durante el transcurso de la Copa.

Desde el centro del poder político y económico, los medios hegemónicos de comunicación transmiten incansablemente diversos estereotipos de ´lo indeseable´ que van desde el argentino insoportable, al paraguayo berreta, al boliviano, al indígena, al nordestino, al portugués y un largo etcétera que se resume en el ´negro´ y que solo se detiene ante los dos amores imposibles de Brasil: Estados Unidos y Europa (menos Portugal, claro).

Entre 2002 y 2010, la diferencia de asesinatos de personas blancas y negras en Brasil pasó de un 49% (19 mil blancos y 29 mil negros asesinados) a un 149 % (14 mil blancos y 35 mil negros) respectivamente. En un tipo semejante de violencia contra ´el otro´ se puede ubicar el sufrimiento del extranjero (´gringo´). Existe una conexión intrínseca entre el contexto de revuelta social de la segunda quincena de junio con el asesinato de alrededor de diez personas en la Favela do Maré (Rio de Janeiro) bajo las balas de la policía local y del grupo de exterminio BOPE (24-06-2013) y con la muerte del niño de procedencia boliviana de 5 años en las manos de su madre durante un asalto en São Paulo (28-06-2013). Promediando el documental Nossos mortos pueden ver la historia y la mirada de un extranjero sobre ser ´gringo´ en Brasil.

Según entiendo, y sobre eso volveré en la saga de este blog ´Quem matou Pixote?´, para comprender de qué manera la violencia se sostiene sobre una antigua red instalada en Brasil es necesario suponer que la estructura legal, cultural y simbólica surgida durante la dictadura [1964-1985 ̸ 1989] continúa presente. Acaso, esa historia terrible se remonte en el pasado hasta la época de la esclavitud. Es posible que se trate de una conjunción que –en este íntimo espacio de pocos o un único o ningún lector- me permite preguntar con sigilo: ¿no sería necesario suponer que Brasil vive un apartheid?

El desprecio por esas otras voces durante la Ocupación así habilita a pensarlo.

 [Roberto Lépori – SJRP – SP – BR – 19-20 de julio de 2013]

El sueño de la democracia directa – Ocupação da Câmara – SJRP, SP, BR – 16.07.2013

Y Dios que miraba al mundo por los ojos de los perros, hambrientos, reos y ariscos que husmean por estos puertos

{Milonga de los perros – La Chicana}

Las 146 horas de Ocupación en la Câmara de Vereadores [concejales] en la ciudad de Sâo José do Rio Preto, São Paulo, Brasil son consecuencia de los movimientos del mes de junio que no se detuvieron.

El jueves 11 de julio durante una manifestación relacionada con la convocatoria de las centrales sindicales, un grupo se reunió frente a la Câmara. No fue del mismo número que las anteriores. Por la mañana el sindicato de Correos había cortado por un par de horas la Avenida Andaló. Por la noche, en el otro flujo de personas, también se cortó esa avenida que corre a unos cincuenta metros de aquí. Escribo desde la puerta del espacio legislativo y todavía no amanece.

Aquella noche no pasaba gran cosa. O para el Brasil que conocí hace un año, pasaba mucho. Y para el Rio Preto hiperconservador, muchísimo. Había algunos medios de comunicación y unas doscientas cincuenta personas.

La tradición le jugó al Poder una mala pasada. Era julio pero todavía se hacían sentir los efectos de las fiestas juninas. Las fiestas juninas son otro tema. Ahora solo interesa saber que se conectan con las cosechas, la cultura ´caipira´ (campesina) y las fogatas del ciclo solar. Nadie sabe muy bien cómo. Hubo una fiesta o un clima de fiesta. Alguien se olvidó la puerta abierta. Otro percibió el olvido. Se dijo. Se pensó apenas. En determinado momento, un pie empujó la puerta, un antebrazo apoyó, la pierna pasó. Con el paso de los días, se remitió a una decisión pensada.

La ocupación fue impulsada por los vientos que soplaron con el ´vem pra rua´.

Hoy, se dice, son trece las Câmaras tomadas en Brasil. Una de las más resistentes es la de Porto Alegre.

Fue información extraoficial que los empleados que tuvieron el desliz ´de la puerta´ fueron sancionados. Como termómetro positivo, la relación con los trabajadores que limpian y cuidan mientras la ocupación es, es muy buena. Quienes pasan con sus autos o motos por la calle tocan bocina o saludan. Muchos ciudadanos -con la participación civil en el pasado- se aproximan y dialogan. Los asambleistas los denominan ´apoyo pasivo´. Y es tan importante como el activo.

Adentro, las posiciones del grupo que ocupa en lo básico son dos.

En un marco general, anoche en el quinto para el sexto día de ocupación,, en una asamblea abierta con más de cien (100) ciudadanos se les presentaron varias pautas de reclamos a los diecisiete (17) vereadores. Transparencia. Salario adecuado –es decir, rebajado- hasta equiparar el salario del trabajador. Transporte público y pasaje de bajo valor o gratuito. Suspensión y anulación de sus vacaciones. Horarios de deliberación ajustados a las posibilidades del pueblo.

Dentro del recinto y en el edificio la Guardia Municipal y la Policia Militar. Había una fuerza de choque de uno de los concejales. A eso de las 19 hs se vio un helicóptero sobrevolar el cielo de la ciudad.

En el interior del recinto, se presentó el plan general de las pautas para discutir, se las enumeró y explicó. Los vereadores manifestaron su posición. Intentaron volver al cauce de ´muchachos, vayan para sus casas que nosotros con cierto control vamos a hacer todo bien´.

Nadie cree mucho.

Una posición sería presionar para que la promesa de los políticos quede firme. Esperar un tiempo más y luego salir y desocupar como triunfo.

La otra parte no le cree nada al poder. Pero tampoco sabe si obtendrá el apoyo de la población para llevar esto a un plan de verdadera democratización del espacio.

Para todos, el único deseo es la victoria por una vida más democrática. Habrá que ver los medios y las estrategias.  

La corrupción en la ciudad es intensa, adrenalínica.

Hacia el final de las exposiciones, un diputado estadual que fue vereador de SJRP y que conoce muy bien lo que sucede, pidió de forma excepcional la palabra y se extendió por unos cuatro minutos. El panorama que ofreció –más allá de sus deseos puntuales- fue desolador. [LINK http://www.youtube.com/watch?v=GYAItPrqtHc – el sonido es malo aunque si alguien subtitulara en cualquier idioma sería ideal]  

En uno de los diarios de la ciudad –Bom dia– que acaba de llegar aparecen en tapa nueve noticias destacadas. Tres me parecen importantes. Una –si es que es noticia- pide información para ´la caza de policías que ayudan traficantes´. Otra nos cuenta la amable historia de un exconcejal de Rio Preto acusado junto con un policía de espiar y obtener datos para algo que se conoce como ´Mafia del Asfalto´.

La tercera que me interesa es sobre la Ocupación. Miente sobre que el Presidente de la Câmara –Pauléra- intentó expulsar al grupo y que luego retrocedió. El punto es que no existe retroceso alguno. La Prefeitura interpuso un recurso ante la justicia y una jueza por falta de información sobre lo que sucede dio diez días más para que ´se regularice´ la situación.

Nadie sabe lo que va a suceder. Habrá que votar y ver cómo continúa el movimiento.

Se dice -sobre todo, dicen los que piensan en permanecer- que hay que buscar el apoyo de la población, el consenso.

El problema es que la noticia apenas comienza a conocerse em su profundidad dentro de la ciudad. Ni que hablar del resto del estado y del país. Son las siete de la mañana. Un noticiero en conexión nacional acaba de comunicar lo sucedido. Pero eso no significa que los ciudadanos que miran ese programa hayan accedido a la información adecuada.

Anoche, una vez acabada la plenaria, el movimiento de ocupación discutió sobre si aceptar o no la permanencia de los medios dentro del local. En una decisión salomónica los periodistas alegaron haber llegado al horario final de trabajo. Y salieron. Aun así, no se abstuvieron de mal informar y de poner la discusión en un lado que no es el correcto. O, desde el punto de vista de ellos, sí.

Hablemos de ´ellos´.

El diputado que había pedido la palabra al final del plenario dijo, en síntesis, lo siguiente.

Esto es histórico.

La nueva forma de hacer política implica enfrentar a la vieja corrupción.

Pero eso tocará glándulas débiles de la elite. Sus prebendas económicas.

Entonces, es posible, que exista una reprimenda.

Se dicen muchas cosas. (En estos días llega el Papa Francisco a Brasil. ¿Dirá algo de las luchas populares?)

A lo que aquel diputado se refería con sus argumentos es a un tipo de silencio que tiene aires de complot para defender la posición.  

Dinero y poder más ausencia de interés por los derechos de los ciudadanos y de los trabajadores a una vida mejor.

Es solo eso. Tan solo eso. Parece simple. Pero hay piedras en el camino. Las de siempre. Una justicia abocada a defender el poder político e interesada en cubrir las espaldas de los que no han hecho las cosas bien -por lo que se ve. ¿O será que los jueces reconocerán que se intenta criminalizar la protesta?

El poder de decisión está del lado del movimiento.

Pronto sabremos. Es la única certeza –saber que pronto sabremos.

[Roberto Lépori – SJRP – SP – BR – 17 de julio de 2013]    

Vem pra rua, vem. Una guerra de imágenes. [Brasil – 18 y 19 de junio de 2013]

La primera imagen que recuerdo es la de un enorme camión con un líder de las circunstancias incitando a repetir desde su megáfono: ´…que vergonha, que vergonha o busão tá mais caro que a maconha…´. Estamos en una esquina apenas separada del núcleo de la protesta. Algunas de las voces que se despegan del pavimento lo acompañan hasta el final del estribillo y, entonces, son apenas un murmullo. Es martes 18 de junio del 2013 y es de noche.

En Rio Preto el qué dirán y las opiniones ajenas y el estatus son esencias artificiales que aún dejan su perfume. Nadie, veinticuatro horas antes, se permitía siquiera fantasear con que más de cien personas –salieron a las calles unas diez mil- dejaran sillones, plasmas, tablets o que tomaran desde los barrios el pésimo y carísimo sistema de transporte público (¿lo hicieron?) o que extendieran su día de trabajo para sumarse a la ola de contagio que metamorfoseó el descontento social reinante, ahora, en todo el país.

A unas seis horas de ómnibus, tierra adentro, desde São Paulo, capital del estado más rico de Brasil, se desparrama São José do Rio Preto. Centro financiero de una región en el pasado plenamente agrícola-ganadera, hoy a los pies del monocultivo cañero, este laberinto de cemento con casi doscientos años de vida está acostumbrado a moverse al ritmo del comercio, y de las infinitas y variadas iglesias (que incluyen otros tantos centros espiritistas) y de la gloria popular de esa religión llamada Corinthians y de la cerveza, de la novela, de la cachaça, del tabaco exquisito y de los más de cuarenta grados en verano cuando la tierra roja reseca le recuerda a los mortales que el infierno puede ser esto.

En las ciudades capitales, la protesta comenzó con el aumento del valor del boleto del transporte público. El ´Movimento Passe Livre´ [MPL] -que lucha por tarifa cero desde el 2006 http://saopaulo.mpl.org.br/)- impulsó actos de reclamo hacia fines del mes de mayo. El lunes 03 de junio, cuando el aumento se hizo efectivo, se inició esta carrera expansiva surgida del hastío y de la decepción. Es muy esquivo en este momento calcular su destino. Para el día 10 de junio el movimiento había tomado más fuerza y entre el jueves 13 y lunes 17, la imprudencia y la violencia policial encendieron la mecha. Brasil explotó.

La paradoja es innegable. Al mismo tiempo en que inaugura un extenso camino con eventos deportivos que habrán de culminar con los Juegos Olímpicos (2016) después de atravesar la actual Copa de las Confederaciones y el Mundial de Fútbol (2014), el Gigante se despertó. La apuesta de la alianza entre el poder político, el poder económico multinacional y los grandes medios de comunicación –resumidos en la cadena O Globo-, fracasó. Los siderales y billonarios presupuestos destinados a la organización de esos eventos contrastan con los problemas en los servicios básicos –salud, educación, transporte, etc.-, y con los bajos salarios que no pudieron mantener el silencio y balbucearon –inflación– la palabra que ningún medio y casi ningún ciudadano, convencido del programa del Brasil potencia mundial, quería emitir. Un fantasma por mucho tiempo ignorado en estos lares asoma. Lo llaman dólar.

Cualquier análisis debe ofrecerse y tomarse con cuidado. Al día de hoy existe una lucha sorda para encaminar el movimiento de masas y definir la serie de pautas a reclamar. En un primer momento se apeló a la ropa blanca, a la bandera de Brasil y al himno nacional como identificación general. Desde la izquierda, eso es visto como una forma de vaciar el movimiento de consignas políticas concretas. Muchos son los carteles inespecíficos: ´tem tanta coisa errada que não dá para escrever aquí´. Se habla de fascismo. Desde el otro lado, responden que la desconfianza contra la clase política es profunda y total. De hecho, el MPL se presenta como ´apartidario´ y fue quien movilizó.

El eje parece ser enfrentar la corrupción política.

Una ´guerra de imágenes´ (recomiendo, al paso, el libro del mismo título del francés Serge Gruzinski de donde robé la idea). Internet versus los medios tradicionales y, en particular, versus la televisión. ´Você está sendo manipulado´ y debajo el logo de O Globo es recurrente. La lógica del gigante que despertó –o Brasil- apunta al uso específico y crítico de Internet para organizarse sin permanecer apegado a los anestésicos de turno (fútbol, novela, el mismo Facebook). Los espacios de contra-información (http://twitcasting.tv/pos_tv) viven horas de gloria. Se actúa por imitación. Los eventos creados en Facebook son virus que llevan las personas a las calles. Se copian consignas y carteles –y métodos- de otros centros de lucha y se los adapta a las problemáticas locales. La información, y el enojo de los ciudadanos, no dejan de multiplicarse. Las reacciones del lado contrario tampoco.

Rápida de reflejos, O Globo adoptó un falso discurso conciliatorio –por ejemplo, ´vandalismo´ continúa apareciendo en las crónicas- invitando a los manifestantes a enviar sus videos. El miércoles, después del triunfo de Brasil frente a México, un periódico de la red tituló junto a la foto del festejo de Neymar –O Gigante acordou [El Gigante despertó]. El objetivo de esa apropiación es diluir las consignas para banalizar al movimiento. Fuera del estadio, en la nordestina Fortaleza, los manifestantes jugaban su partido contra la represión policial. Pelé –colaborador ideológico de la dictadura brasilera [1964-1985]- pidió aliento para la selección y olvido para los reclamos. A Ronaldo –quien aclaró su actual apoyo- se le recordaron declaraciones del 2011: ´no se hace el Mundial construyendo hospitales´. Neymar, empleado en esa ONG de buenos chicos que parece ser el Barcelona, defendió a sus conciudadanos en rebeldía. El pedido de una parte importante de la población es que los ´gringos´ (extranjeros) no vengan al Mundial.

El día 19, en algunos estados, fueron rebajadas las tarifas. Nadie festejó. El objetivo está más allá. ´Enfia os vinte centavos no SUS´ (difícil de traducir, significaría: ´inviertan más en salud y, también, métanse el aumento en el culo´); ´Ia iscreve augo legal mais fauto edukssao´, ironiza con sus problemas de escritura sobre el bajo nivel de la educación pública. Se reclaman viviendas, escuelas y hospitales iguales al modelo (´padrão´) FIFA.

Complejo, adrenalínico, inesperado –aunque previsible- se desarrolla un movimiento en el que se mezclan, además de los niveles sociales, los trapos rojos y la edulcorada máscara de ´V de Venganza´; el hastío frente a la opresión económica y el uso de una consigna-bandera –´vem pra rua´- reciclada del slogan de una publicidad pagada por una multinacional. Guerra mestiza de imágenes y, a espasmos, iconoclasta. Para muchos es el momento de completar la batalla contra el homofóbico pastor Marcos Feliciano quien, entre estos remolinos, impulsa el aberrante y ridículo proyecto de la ´cura [de la enfermedad] gay´. A la vanguardia de esta batalla puntual, van movimientos estudiantiles en defensa de la libertad de género que tienen amplia conexión con los espacios académicos. UNESP, una de las tres universidades estaduales de São Paulo, presenta varios campus en huelga de alumnos y de trabajadores no docentes desde hace dos semanas. La democratización de la educación superior también es una gran deuda.

Un carnaval furioso invadió desde las metrópolis el sosegado interior y de esa manera llegó a la ´pujante´ y conservadora Rio Preto así como también a pequeños pueblos linderos en su perpetua y barnizada paz de domingo. Algo ha cambiado. Se huele, literalmente, en el aire. Es incipiente pero se percibe una nueva forma de relación con la calle. Por primera vez en un año y medio desde que estoy acá, vi a una trabajadora -todavía con ropa obligatoria- sentada en la vereda fumando su marihuana. Veinticuatro horas antes, pocos osaban pronunciar la maltratada palabra.

´Vem, vem para rua, vem´, es el mantra que parece hipnotizar y arrastrar a las personas hacia el mundo exterior. Algunos pestañean desacostumbrados de permanecer tanto tiempo lejos de las pantallas. En la gran mayoría anida la esperanza de manifestarse ´sem violência, sem violência´. Contra esa esperanza los infiltrados, los desacuerdos, la paranoia, la PM (policía militar), la veracidad de los reclamos, la inercia política -todos conspiran. Hasta en alguna columna de algún diario alcanzo a leer: ´O que se deseja? Temer no poder ou a volta dos militares?´ Traducción denegada.

[Roberto Lépori – SJRP, SP, BR – 20-06-13]

[correcciones sobre cualquier dato, información o argumento erróneos, abiertas: rob.lepori@gmail.com, etc.]