Kaczynski, contra la militancia [tres]

{En los episodios anteriores [1], reseñé por qué, según Kaczynski, la sociedad industrial es una forma de organización indeseable en lo que respecta al goce de la libertad y de la autonomía, y de qué manera, en ese mundo del revés en el que lo fundamental para el ser humano es quitado de sus manos, una de las actividades principales –la militancia- parece luchar contra ese atropello cuando, en verdad, lo confirma y lo legitima. En esta tercera entrega, una apostilla a ese mundo repleto de farsantes: militantes y universidad.}

Matar / no matar / morir. Walsh en su discusión con Montoneros, insiste que la lucha debe pensarse en términos políticos y no militaristas. “Y nos parece tiempo perdido tratar de convertir este enfrentamiento social en una guerra nacional”, dice Walsh. La cuestión no reside tanto en ´matar o no matar´ al enemigo, como en abrir un juego bélico en el que caigan compañeros y militantes escasamente preparados para esas lides. [2]

Kaczynski mata para hacerse escuchar. “Los medios de masas están en su mayor parte bajo el control de grandes organizaciones… integradas al sistema. Es casi imposible para muchas personas y grupos pequeños tener efecto en la sociedad con palabras. Si no hubiéramos hecho nada violento y hubiéramos presentado los presentes escritos a un editor, probablemente no habrían sido aceptados. Si hubieran sido aceptados y publicados, probablemente no habrían atraído muchos lectores, porque es más divertido ver el entretenimiento lanzado por los medios… Incluso si estos escritos hubieran tenido muchos lectores, la mayoría habría olvidado pronto lo que leyeron porque sus mentes habrían sido anegadas por la masa de material [de] los medios… A fin de presentar nuestro mensaje al público y de crear una impresión duradera, tuvimos que matar gente.” [#96]

La impresión duradera tuvo éxito en cuanto a las muertes provocadas por ese ´loco´ [esquizofrénico paranoide] –tal como fue caracterizado Kaczynski.[3] Su discusión resultó disuelta y las ´carta-bombas´ espantaron, incluso, a otros anarquistas que podrían haberse interesado. “Esta declaración (´statement´) se refiere a un determinado tipo de anarquismo. […] y muchos que se consideran anarquistas tal vez no la acepten. […] Hay un movimiento anarquista no-violento (´nonviolent´) cuyos miembros probablemente no acepten a FC [Freedom Club] como anarquista ni aprueben nuestros métodos violentos.” [#215]

Las muertes y la lucha por una sociedad mejor. En lo que respecta a Kaczynski, las mismas muertes que llamaron la atención sobre sus ideas, lo sepultaron en prisión y desactivaron su planteo. Es bastante complejo afirmar que uno concuerda con el contenido de un escrito cuando existen muertos que lo volvieron público. En mi caso, desapruebo los asesinatos y rescato el implacable manifiesto que es La sociedad industrial y su futuro.

Uno de los puntos en los que el artículo acierta –o, con mayor sinceridad, con el que estoy de acuerdo- es el de los profesionales universitarios. Es conocida la historia de la meteórica carrera académica de Kaczynski primero en Harvard, como estudiante, y luego en Berkeley, como profesor -cargo que abandona a los 26 años. La síntesis de su asco por esos antros apunta a la connivencia entre universidades / grandes empresas / militares. Nada de lo que se hace allí pone al servicio de los ciudadanos el conocimiento adquirido, excepto si ese conocimiento ayuda al control, a la dominación, a la confusión del no entrenado. [4]

Kaczynski asocia los profesores universitarios con el izquierdismo. En ellos se encuentran los típicos rasgos -sobresocialización, corrección política, sentimiento de inferioridad (aplacado por el rango artificial de sus puestos). Por ejemplo: “La ´corrección política´ tiene su mayor arraigo entre los profesores de universidad -quienes tienen empleo seguro con salarios confortables y, la mayoría de ellos, son varones blancos heterosexuales de familias de clase media.” [#12] “Los izquierdistas del tipo sobresocializado tienden a ser intelectuales o miembros de la clase media alta. Nótese que los intelectuales universitarios, sin incluir a los especialistas en ingeniería o ciencia hard, constituyen el segmento más socializado de nuestra sociedad y el ala más izquierdista.” [#27]

El sentimiento de inferioridad de los profesores emerge al impedir que recaiga sobre ellos aquello por lo que batallaban cuando veían a la universidad como un espacio conservador:

“En los Estados Unidos, hace un par de décadas, cuando eran minoría en nuestras universidades, los profesores izquierdistas proponían la libertad académica, pero hoy, en las universidades donde son mayoría, no dudan en quitarle al resto esa libertad.” [#216] “En aquellas universidades donde la ´corrección política´ se ha convertido en dominante, hay izquierdistas que desaprueban en privado la supresión de la libertad académica, pero prosiguen con ello de todas maneras.” [#225]

Al igual que en la distancia entre los activistas moderados y los ávidos de poder [#224], entre los profesores universitarios –en su mayoría izquierdistas- aparece el doble rasero de desaprobar una conducta injusta y de fomentar que esa práctica continúe.

El apodo Unabomber nace de la fusión de –university, airline, bomber. Las ´carta-bombas´ fueron destinadas a ejecutivos de empresas de aviación, de computación y de publicidad (una víctima corresponde a este último ítem); al directivo de una compañía forestal, que también muere; y a profesores universitarios, entre quienes hay heridos, pero no muertos.[5] Cada ´carta´ significa un ataque al individuo y a la fracción del sistema tecnológico-industrial que representa. Aproximadamente diez de los atentados recaen sobre profesores universitarios.

En El camino de Ida, Piglia –quien trabajó como profesor visitante en instituciones de Estados Unidos- recupera ese aspecto de la historia y construye el mundo ficcional en torno de una universidad. La femme fatale Ida Brown es una brillante profesora e investigadora en literatura. En algún momento, con los envíos postales de Munk de fondo, descubre que la nouvelle de Joseph Conrad –El agente secreto– es el patrón de conducta del lobo solitario, y toma al libro como supuesta hoja de ruta para acompañarlo de lejos. Pocos días antes de morir, Ida le alcanza el libro de Conrad a Renzi, con subrayados y anotaciones. Renzi, a su vez, descubre lo que había descubierto la joven intelectual y contacta a Munk en la cárcel.

Tres apuntes de Renzi sobre la universidad: i) “Las universidades han desplazado los guetos como lugares de violencia psíquica.”; ii) “Los campus son pacíficos y elegantes, están pensados para dejar afuera la experiencia y la pasiones pero corren por debajo altas olas de cóleras subterráneas: la terrible violencia de los hombres educados.”; iii) “Pronto los hombres con experiencia en la cárcel y en la guerra serán los profesores indicados de llevar adelante la administración de las universidades.” (Piglia, 2013, p. 35)

(Casi) en cualquier sitio del mundo la universidad supone ganarse la vida cómodamente, como algún personaje en la novela estipula. Pero con respecto a esto, existen, al menos, dos dificultades. La primera está directamente relacionada con la perspectiva de Kaczynski: los profesores en esos ámbitos deberían ser los primeros, por acceder al conocimiento, en discutir la configuración actual del mundo y en disuadir a los estudiantes de aceptar los remilgos de un sistema que, al día de hoy, ha hecho de la universidad otra corporación en el engranaje industrial. Decir esto en tanto postura crítica es, por supuesto, alentar una quimera. El segundo problema, por lo pronto en Argentina (en los Estados Unidos es diferente), es que esa forma fácil de ganarse la vida en disciplinas que entonan a favor de ideales sociales, ideológicos, políticos entra en contradicción con el origen de los fondos que los sustentan –el erario público- y con los amos ante los que se prosternan -grandes empresas, corporaciones varias (estatales incluidas), medios de comunicación, militares, partidos políticos y un interesante menú de opciones que evita por todos los caminos cumplir con el rol que eventualmente les correspondería: permitir que cada vez más seres humanos se emancipen, se liberen, se vuelvan autónomos a través del conocimiento y alcancen a entender el significado de igualdad, libertad, autonomía, etcétera, etcétera.

No necesito aclarar que estos dos señalamientos, entre tantos otros, no les interesan a los de afuera de la universidad ni mucho menos a los de adentro a quienes les parecen, simple y llanamente, pavadas. El punto –en Argentina, repito- es que esa fiesta de los sentidos para algunos que es la universidad está sustentada –repito y repito- por fondos públicos. Habría que repetir esto hasta el hartazgo ya que los profesores universitarios –tecnócratas autoconscientes- privilegian su bienestar y someten su vida a una institución a la que tratan como si fuera una pequeña empresa privada.

La moneda de cambio para mantener los cargos obtenidos -en la mayoría de los casos, por concursos digitados- es la corrección política –asociada al discurso dominante en las esferas de control del sistema académico. Una realidad de doble fondo. Lo que se pregona en el foro, nada tiene que ver con lo que sucede entre bambalinas. Tal vez no exista espacio público más fraudulento ni corrupto que la universidad, pero ese no es exactamente el tema ahora –excepto recordar que esos fraudes están sustentados por fondos públicos que bien podrían destinarse a otros ámbitos educativos.

La corrección política, entonces, como la alfombra roja por la que desfilan la hipocresía y la malversación de fondos. Ingentes guarismos de militantes y de activistas dicen interesarse desde las atalayas de las instituciones por el sufrimiento de los demás –en el espectro de los pibes de barrio a las víctimas de violencia de género- y en esos aspavientos, apenas si labran sus monedas. Cinismo es un término que bien podría describir el aire que se respira en esa tríada -enmarañada, oscura, corrupta- entre militante, político, tecnócrata (siervo de políticos y de empresarios), y la universidad.

No se trata solo de afirmar que los izquierdistas en abstracto son la rémora en la lucha contra el sistema tecnológico-industrial. Si esos izquierdistas son, de alguna manera, ´enemigos´ de la emancipación, no viven en el aire ni florecen al azar en los jardines de la patria. Muchos militantes conocen el mecanismo. Afirman militar en pro de los oprimidos y, en ese mismo acto, acomodan sus papelillos, sus ropas nuevas, sus adminículos, sus gadgets y hacen lo que las ratas cuando encuentran un hueco: con sus porquerías, tejen en los claustros, un nido.

Conozco otras, pero de una rata en particular que roe académicos provechos quisiera hablarles ahora.

 {Fin de la tercera parte}

[1] Ver Parte 1 https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/04/kaczynski-contra-la-militancia/ Parte 2 https://ymeescribesparanoica.wordpress.com/2015/05/09/kaczynski-contra-la-militancia-dos/

[2] Sobre un tema tan complejo, envío a la discusión recogida por el volumen AA.VV., No matar. Sobre la responsabilidad [2007], Córdoba.

[3] Existe un patrón de ataque al disidente en el que, de una u otra forma, siempre se terminan por esgrimir los mismos argumentos. En el artículo “EE.UU.: cuatro cadenas perpetuas para Unabomber (El terrorista postal)” [1998] {LINK http://edant.clarin.com/diario/1998/05/05/i-03601d.htm }, Marina Aizen construye el monstruo en base a: i) problemas de identidad sexual (se menciona el intento de abuso contra una empleada de un comercio), ii) resentimiento y odio por no haberse insertado en la sociedad, iii) irracionalidad -locura- basada en la soledad. Ahora bien, cómo puede afirmarse que Kaczynski nunca ´se integró a la sociedad industrial´, cuando surgió de sus entrañas. Acaso nada tan competitivo ni elitista como el sistema universitario estadounidense, y Kaczynski recorrió esos pasillos sin que nadie diera cuenta de su desequilibrio. Solo cuando convirtió su hastío en acción, la brillantez académica no fue suficiente para considerarlo interesante.

[4] Se supone que Kaczynski conoció de cerca –de hecho, habría sido un cobayo- experimentos con las personas en las universidades para detectar y mejorar técnicas de manipulación mental. Recomiendo el documental alemán The Net [2003].

[5] La tercera víctima es un empleado de un negocio de computación que –se supone- casualmente mueve el paquete destinado a otra persona con cargo jerárquico.

Fabián Polosecki, mística y anarquismo

“Su nombre hoy es una clave.”

Montero y Portela, Polo, el buscador [2006]

polo

Primera parte

1.-

“Esto lo hizo Marlon Brando en Apocalypse Now…”[i], son (si se pone entre paréntesis el ineludible recurso de la edición) las últimas palabras públicas de Polo, de Gustavo Fabián Polosecki, en diciembre de 1995. La frase –pronunciada al cazar una avispa desorientada entre muebles, humo y hormigón- cifra la búsqueda vital de Polo e intenta enmarcar su devenir en una lógica que tiña con pinceladas de luz el oscuro misterio que rodeó –y que rodea- su final signado por la ruptura de relaciones con los medios de comunicación, con familia y amigos, y con el Tigre como escenario del exilio. [ii]

Después de tres años en el centro de la escena televisiva; después de dos productos audiovisuales exitosos –El otro lado [1993-1994] y El Visitante [1995] y hoy de culto; después de tres premios Martín Fierro (uno como ´Revelación´), Polo traslada vida, interés y energía al más natural mundo de islas, ríos y vegetación tupida. En ese liminal diciembre de 1995, Polosecki es consciente del final de ciclo: “Paradójicamente, los lugares que elegí para terminar mis programas, el barrio y el Tigre, son los lugares de los que salí. Creo que eso de llegar al lugar de origen marca una suerte de cierre.”[iii]

Desde el barrio –Saavedra- se desliza a las islas del Delta. Polo conoce en el capítulo final de El Visitante a Eduardo Hernández. “Polo eligió vivir un tipo de vida acercado a la naturaleza, y cuando vos lográs eso, cuando te relacionás en ese ambiente… es muy difícil que te reintegres a la sociedad de la misma manera. De repente yo era el nexo de Polo con la naturaleza´ –explica Eduardo.” (Polo, el buscador, p. 174) Eduardo –profesor de educación física, actor y maestro de danzas- niega ser un ´gurú´ (Polo, el buscador, p. 178), pero acepta el mote de ´maestro´. Retorna a aquellos momentos: “Nadie vino a preguntarme por qué Polo me llamaba maestro. […] Puedo parecer un hippie retrógrado o un punkie de Barcelona, pero los que no me conocen no pueden entender por qué alguien puede decirme ´maestro´. Hoy ya no lo soy porque el aprendiz que tenía se suicidó y no lo pude contener. Hoy no puedo asumir el compromiso de enseñar, porque pienso que uno de los alumnos más trascendentes que tuve se terminó suicidando.” (Polo, el buscador, p. 187)

La figura de Eduardo es central y conflictiva para el contexto humano próximo a Polo. Era aquel, en la perspectiva de los antiguos compañeros, ´un elemento extraño, un border, un loco, aunque no un mal tipo´ (Polo, el buscador, p. 179). Sin recaer en acusaciones, se le adjudica haber sido la causa de la intensificación de la crisis (Polo, el buscador, p. 173). Miradas con un poco más de distancia, sostienen que el catalizador de la profunda crisis personal fue el escenario elegido para el retiro, el Tigre “…un paisaje verde plagado de silencios, de ritmos nuevos y sabidurías ocultas…” (Polo, el buscador, p. 174). Y afirma Gustavo Alonso, director del documental La vereda de la sombra [2005][iv]: “Por eso pienso que el Tigre fue el desencadenante, con mucho más que ver que el tema de la falta de trabajo. Tal vez el Tigre no fue el determinante de su suicidio, pero seguro que fue la base de la pérdida de los lazos afectivos que lo pudieran contener… Descreo directamente que Eduardo haya contribuido a eso…” (Polo, el buscador, p. 179).

La ´falta de trabajo´ de Polo es un tópico recurrente entre las opiniones. “El ocio y la ausencia de un horizonte concreto hacia dónde dirigir el esfuerzo creativo fueron otros elementos que agudizarían en Polo una crisis cada vez mayor. Para la familia, la carencia de trabajo fue una de las claves de todo lo que llegó después”, aducen Montero y Portela, autores de Polo, el buscador [2006].

Polo, sin embargo, según cuenta Eduardo, era un entusiasta colaborador en las tierras de Abra Vieja; se levantaba muy temprano y se ponía a la par en las tareas; se dedicaban luego a pensar y a revisar sus proyectos (Polo, el buscador, p. 174-175). Hasta último momento estuvo interesado en llevar adelante sus ideas. José D´Amato, una semana antes del suicidio, conoció de boca de su para ese entonces ex compañero, que tenía ofertas para volver a trabajar (Polo, el buscador, p. 179). Incluso, la noche anterior al aciago 3 de diciembre, Polo y Eduardo se reunieron con FM La Rocka por un eventual contrato para realizar un programa de radio (Polo, el buscador, p. 182). Proyectos, y de largo aliento, no le faltaban. Polo ´compró terrenos en la segunda sección del Delta para generar un criadero de anguilas y un lugar de eco-turismo con cabañas para que la gente de periodismo pudiera estar en un lugar tranquilo´ (Polo, el buscador, p. 180). Con este proyecto –recuerda Eduardo- ´quería ofrecerles a sus amigos todo lo que él rescataba de la experiencia con la naturaleza, alejado de la perspectiva racional del confort´ (Polo, el buscador, p. 180).

2.-

Polo en el Tigre -especulo- significa la oposición de dos lógicas, de dos visiones del mundo, hasta de dos corpus ideológicos diferenciados. Si para Alonso, “…es raro que un tipo como Fabián Polosecki, que encarna tanto la imagen urbana…, termine en el Tigre, redescubriendo la naturaleza…” (Polo, el buscador, p. 174), otros observaron otras cuestiones en ese giro extraño “…porque tenía una visión de la realidad muy clara, y la realidad le pegaba mucho y mal. Estaba en una búsqueda, porque planteaba que había que buscar formas alternativas de vida a lo que te proponía la ciudad, o la televisión en nuestro caso. Cosas que yo creo para nada descabelladas”, reflexiona Daniel Laszlo (Polo, el buscador, p. 176). Dos mundos en colisión, entonces, el urbano y su consecuente universo despiadado, y hasta irracional, de trabajo; y el más cercano a lo natural (despiadado en otro sentido), centrado en el autoconocimiento y en el intento de un conocimiento más profundo de los demás. Y esa colisión suele no ser inocua.

A través de la perspectiva personal de Eduardo, se puede tener una idea de cómo vivía Fabián el tránsito entre esos universos.

“Él estaba saturado de toda la parafernalia televisiva, de todo lo que le generó vivir en ese mundo porque siempre, desde que lo conocí, fue un tipo muy auténtico, muy idealista, que se ha movido mucho entre el romanticismo y la temeridad… un tipo muy de ley…” (Polo, el buscador, p. 174)

“Él era temerario, no sólo valiente. Temerario, como capaz de hacer cualquier cosa. […] Y era un tipo auténtico, lo ficticio era todo lo de alrededor. Por eso me gusta que haya gente que lo siga, porque tenía mucha ética, y esa ética la rescató cerca de la naturaleza… [la ética] de ser consecuente con lo que uno asume como responsabilidad.” (Polo, el buscador, p. 180)

“Cuando íbamos al centro, aparecíamos con las botas embarradas… Llevábamos la realidad del delta para allá. […] Imaginate lo que era para los personajes de la televisión verlo aparecer tan excéntricamente. Y ahí empiezan a decir que él estaba loco. Pero, ¿lo ven loco así? ¿No lo ven loco dos o tres años antes, cuando él sigue el camino que ellos mismos le imponen? […] A toda esa gente que pensaba que ir a la isla era como ir hasta la India, Polo la despreciaba. Despreciaba esa mentalidad…” (Polo, el buscador, p. 177)

Como señaló Laszlo, y ese era el puente que le tendía Eduardo, Polo estaba buscando ´una forma alternativa de vida´. En su contexto de familiares y de amigos, ese giro abrupto fue visto o como la inmersión en el ocio o como sencillamente locura y delirio [ver nota 2]. Ariel Baralaro piensa en lo paradójico del giro

“Nunca podés llegar a entender un suicidio, quizás porque tiene más que ver con las contradicciones de la sociedad. Parecía un pibe que lo tenía todo, yo creía eso: había conseguido una hermosa mujer, una hermosa familia, estaba bien económicamente, estaba haciendo algo que él había ideado, algo que era valioso culturalmente. Este pibe las tenía todas, decís, pero ahí están las contradicciones de todo eso. [..] Que él se haya desbarrancado de esa forma a mí me asustó un poco.” (Polo, el buscador, p. 183-184)

El pavor de Baralaro surge, sin dudas, del reconocimiento de que –para decirlo de alguna forma- la vida basada en el éxito (o condenada al fracaso) y centrada en el trabajo, la familia y el bienestar económico, es una trampa. En aquella última entrevista, Polo reconoce sus depresiones cuando no hay proyecto a la vista y concluye sobre cuál es la vida que le gustaría llevar:

“Después de períodos de mucha actividad suelo tener depresiones fuertes. Yo sin laburo me pongo muy nervioso. […] Y ojo que no estoy hablando… de laburo remunerado: el concepto de idea burgués. Porque me parece que hay un modo de vida burgués, que no es lo que yo quiero. Lo que digo no tiene que ver con el dinero, sino con la no aventura. […] Es necesario saber cuánto es lo que uno necesita. Yo podría vivir en la tercera parte de esta casa. Hoy lo necesito mucho, si no, no la tendría.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más adelante en la misma nota diría que ´tenía ganas de vivir mil vidas´. Su plan estaba orientado hacia una vida no burguesa (si bien, en ese entonces, disponía de un bienestar económico que podríamos denominar de estilo ´burgués), asociada a la aventura y ´alejada de la perspectiva racional del confort´. Hasta donde puede reconstruirse la historia, su traslado al Tigre era núcleo del plan. En ese tipo de vida –en términos más o menos ideales- mediante la ética, la responsabilidad y el propio romanticismo, asociados a la naturaleza, Polo buscaba plasmar viejos anhelos políticos de la época de militancia. Aunque desde mi lado pueda sonar a un eco demagógico de sus ideas, Polo hizo la transición ´ciudad – barrio – Delta´ para acercarse al pueblo, a lo popular, y con mayor precisión, para conocer y absorber la ´sabiduría popular´. “Sabiduría popular: ésa es la historia…”, les especifica Polo a Abdala y a Bembibre en el calor de 1995.

3.-

Ese acercamiento y ese interés están plasmados en el inconcluso proyecto pergeñado en 1996 junto a Eduardo y denominado El aprendiz. Dice su maestro de entonces: “Cuando decide venir a la isla, Polo redescubre un montón de cosas, desde subirse a los árboles hasta el ruido de una piedra que cae en el río. Pero mucho pasa por el trabajo físico. Lo veías a Polo que se iba al fondo a romper una rama y era algo personal. No hay nada místico en eso, salvo lo que uno mismo le pone. En el delta hay tipos que talan un árbol de doce metros [y lo suben a un bote] y todo con una facilidad increíble. Todas esas hazañas a Polo lo fascinaron… Y a partir de ahí nació la idea de El aprendiz… Polo arrancó haciendo las cosas desde el otro lado, vinculado a la fantasía y la realidad. Después fue el visitante, porque internalizó lo que la gente le contaba. Y cuando llegó a casa se transformó en el aprendiz.” (Polo, el buscador, p. 175-176)

Eduardo configura ´el camino´ (a través de la narrativa audiovisual) del buscador. Primera etapa: la indagación en el corte entre la fantasía (el deseo) y lo real; segunda etapa: el que llega a un posible espacio real y escucha a los demás; tercera etapa: el que, una vez instalado en su lugar de elección, quiere aprender por sí mismo.[v] Es un camino de crecimiento personal, es una búsqueda de conocimiento, de saber hacer. Y aunque Eduardo lo niegue, o justamente porque lo niega, en la búsqueda asociada al contacto con la naturaleza lo primordial es la acentuación de su misticismo. Polo, a expensas de su pasado en la ortodoxia del Partido Comunista, lo reconoce:

“Yo no creo en Dios, tengo una cultura atea, pero una parte de mi personalidad es medio mística: lo misterioso, la leyenda, la sugestión y el asombro por las coincidencias. Pero no hay que quedarse sólo en el asombro, porque si es así sólo sos una persona que se a-som-bra… que algo con las sombras debe tener que ver… Sí creo que hay un orden, pero que se puede modificar. Uno está metido dentro de algo, cuando las cosas cambian, uno cambia, hay una relación dialéctica entre las cosas.” (Abdala – Bembibre, 1995) [vi]

El misticismo de Polo –tal vez en germen en la tradición familiar judía a la que pertenece- impregna el proyecto con Eduardo y ese tono extraño da una idea (más allá de si era factible o no) de cómo fue recibido en aquel otro mundo que había abandonado. Cuenta Laszlo: “Presentó el proyecto a un par de jerarcas de la televisión y la respuesta de uno de ellos fue que lo veía ´fuera de la realidad´, literalmente.” (Polo, el buscador, p. 176) La contra-oferta: convertirse en el conductor de Investigación X, un programa periodístico símil a Edición Plus. Polo debería aparecer de saco y corbata. ¿Quién estaba más fuera de la realidad, el jerarca o Fabián? En verdad, era otro episodio de la colisión entre mundos antagónicos.[vii]

Si mantenemos la oposición –que puede ser ficticia en su simetría-, tenemos en un hemisferio el mundo de la tecnología, de la televisión, de la parafernalia audiovisual, y en el otro hemisferio, la naturaleza, la vida integrada a un sistema ancestral. Incluso en miradas atentas y ajustadas sobre Fabián Polosecki, en el devenir de la historia la expansión mística queda ligada a su suicidio. Dice Carlos Polimeni en 2001: “Nadie entendió nunca el final de Polo…ˮ. Su vida y sus programas fueron “…emblemas en la vida de una generación que fue saltando de la política al arte, del arte a la mística y de la mística al vacío.ˮ[viii] Tal vez el ´vacío´, en esa secuencia por lo demás precisa, debería conectarse con el estadio anterior, el de la pertenencia al otro mundo, al de los grandes medios de comunicación. Acaso la perspectiva mística fue causa de la insoportable conciencia de haber vivido –a pesar de los volátiles logros- un sin sentido.[ix]

En referencia a su exaltación de lo barrial, Marcelo Panozzo opina que por esa época Polo “parecía un evangelista” (Polo, el buscador, p. 186). Pero esa religiosidad era hija no del dogma sino de una mirada amplia. Pablo de Santis recuerda: “Cuando entramos [año 1984], la revista todavía se llamaba Radiolandia 2000 y pretendía ser una especie de revista de interés general, pero… se encaminó a una zona que hoy llamaríamos bizarra [con] la presencia constante de esa otra farándula, la esotérica; astrólogos y perseguidores de ovnis y miembros de órdenes secretas… Todo eso reapareció en El otro lado… Polo nunca miró esas cursilerías y extrañezas varias desde una altura superior… […] él no acostumbraba juzgar a los otros.ˮ (Polo, el buscador, p. 7) Y, a partir de esa mirada, De Santis especula sobre quién era Polo

“El secreto del programa [El otro lado] era la compleja preparación de ese instante donde aparecía lo inesperado. ¿Pero tenía él a su vez un secreto? Si hubiera sido [Polo] un entrevistado de sus programas, ¿en qué momento hubiera aparecido esa verdad, esa revelación que él buscaba en los otros? […] A veces pienso que los programas pueden ser leídos al revés; no es Polo el que pregunta, sino el que es interpelado por esa interminable lista de personajes que pasaron frente a las cámaras; son los otros los que buscan algo en él, una conclusión, una respuesta que se demora.ˮ (Polo, el buscador, p. 8) [x]

Esa elucubración –al límite de lo verosímil- presenta una figura cuasi-mesiánica: aquel que llega, indaga, aprende de los otros, deja algunas respuestas inciertas a partir de su sabiduría, y se va. Si el misticismo de Polo, como es de suponer, está ligado a su conexión con la naturaleza, su necesidad de trascendencia reside en su afán de saber, de conocer, de aprender.[xi] Pero Polo nunca explicitó, por supuesto, esa concepción político-religiosa conectada a un plan de vida. Mantuvo su secreto. Decía en diciembre de 1995:

“Me parece que las cosas más importantes, las más íntimas, no hay por qué hablarlas. Hacerlo sería como filmar una película de sexo explícito… […] Todos ocultamos cosas personales. Y cuando digo ocultar, no estoy hablando de ocultar cuarenta millones de dólares… como hacen algunos políticos. Estoy hablando de cosas personales que si no se me canta no tengo por qué contar. Creo que estoy aprendiendo a conformarme. No espero todo de todos ni espero todo de mí.” (Abdala, 2001)

A partir del conocimiento de los demás y del mundo (la naturaleza), el autoconocimiento.[xii] En el mismo momento en que Polo reconoce su (a medias) misticismo, afirma creer en un ´orden´ que se modifica por una dialéctica ´interior – exterior´. Si se lucha por cambiar el mundo exterior, eso repercute sobre el sujeto y, añado, por la inversa, si se modifica el mundo interior del sujeto puede alterarse ese orden exterior.

4.-

En su concepción básica, el misticismo busca alcanzar lo que parece imposible para el humano: la unión, desde este mundo terrenal, con lo divino. Es un tipo de iluminación –indirecto, aproximativo- que surge del conocimiento del mundo como un todo y del autoconocimiento sustentado en la disciplina. Dicha imposibilidad hunde al místico en el silencio, en el recogimiento. En su etimología, la raíz ´mis-´ de místico significa ´el que calla´. Es una experiencia inenarrable. Polo, en ese punto, apenas si dijo algo, el resto lo calló.

Esa búsqueda tiene como fin lo trascendente (el más allá de los límites humanos) y, por lo tanto y como dije, la imaginería habitual asocia lo místico con el acceso a la divinidad. Pero depende de la tradición religiosa y esotérica que se tome como referente. Existe, por ejemplo, un corpus a medias filosófico, a medias teológico, totalmente contestatario –e ignorado casi sistemáticamente por la devaluada academia [xiii]– que parece funcionar como matriz intelectual para acercarse a la esquiva figura político-religiosa de Polo, y al que me voy a referir sin ninguna evidencia textual concreta que me permita defender que él la conocía. Es apenas un ejercicio de interpretación.

Retrocedamos, por un momento, una veintena de siglos.

Si bien su origen es un misterio, al día de hoy por consenso se acepta que en la confluencia de religiones orientales (por caso, el deísmo persa), de la filosofía griega y del judaísmo, en el proceso histórico que luego deriva en el cristianismo, se estableció una pugna entre diversas versiones de la presencia del Hijo de Dios en la Tierra.

Simplifico. Mientras los a posteriori cristianos defendían que Cristo era el Mesías que llegó, luchó, murió y con su resurrección redimió a la humanidad, otro grupo de cristianos –denominados gnósticos, luego herejes y siempre acusados de defender postulados de tono judío- argüían que si bien era factible que Cristo fuera un enviado, un ungido, era imposible establecer que se tratara del hijo de ningún dios único y todopoderoso porque el conocimiento de ese dios era inalcanzable.

El gnosticismo es una filosofía, y una teología, que resuelve de manera brillante el problema de la existencia de Dios proponiendo el principio del ´dios desconocido´ (en inglés, ´alien god´, el dios extraño). Dicen: tal vez exista un dios creador y omnipotente pero el ser humano no puede conocerlo. Ese dios se encuentra retirado, alejado, distante y no está interesado para nada en este mundo gobernado por funcionarios enloquecidos, seres menores y terribles -los arcontes- responsables de la pervivencia del mal. Ahora bien, qué camino debe o puede tomar el ser humano para tender siquiera a aquel ser superior. El camino es indirecto. Por inalcanzable, al hombre le resta indagar en lo creado los rastros de la tarea de esa extraña divinidad desconocida. En la naturaleza y en el interior de cada uno, el ser humano debe (o puede) buscar el conocimiento de lo divino. En el autoconocimiento, es decir, en la búsqueda de esa inaprehensible ´chispa divina´ que cada uno tiene, debe colocarse el objetivo del lento e imposible perfeccionamiento humano. Tal vez exista un dios único, tal vez exista una verdad, busquémoslos aunque nunca los alcancemos. En ese camino está el acceso al conocimiento, a la gnosis.

La forma de pensar gnóstica –sustentada en el principio del dios desconocido– es una maquinaria efectiva, luminosa y atroz porque tiene, al menos, dos consecuencias intelectuales. La primera es la paranoia: una vez alcanzado cualquier principio, es posible suponer que detrás de ese existe otro principio de orden superior, así como cuando se cree haber postulado que esa o aquella entidad es ahora sí y finalmente el ´dios desconocido´, detrás puede suponerse que existe otro dios que es efectivamente y ahora sí el dios desconocido y así al infinito. La segunda consecuencia intelectual es la anarquía especulativa: apoyados en la idea de que siempre habrá un principio ulterior y desconocido al que se puede apelar, los gnósticos fueron contra la conservadora concepción de la existencia de ´una verdad´ (la ortodoxia) y abrieron el juego a especulaciones febriles y corrosivas.

Este instrumento basado en la sospecha intelectual tiene su leyenda negra en el pensamiento occidental, pero –me interesa remarcar ahora- de esa fuente, con el transcurso de los siglos, surge el anarquismo.[xiv] “El anarquismo, como filosofía social, tiene una larga prehistoria, que puede remontarse a Lao-tsé y el taoísmo en China, a los sofistas y cínicos en Grecia, y que no deja de comprender durante el Medioevo y el Renacimiento, diversas manifestaciones del Cristianismo sectario y heterodoxo.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista).[xv] Además de la tarea intelectual crítica y de raigambre netamente política, gnosticismo y anarquismo coinciden en la defensa del pensamiento libre, en el rechazo de toda jerarquía y en la concepción de que las instituciones (la Iglesia para unos, el Estado para otros) es la concreción del mal en la Tierra ya que responde solo a la ambición de poder. El ser humano necesita conocerse para agruparse. No necesita –excepto para dominar a otros- crear instituciones externas que consoliden su vacío interior.

Retorno a nuestro pasado inmediato.

5.-

Eduardo ponía en serie los dos ciclos de Polo junto al proyecto inconcluso. En un sentido análogo, el paradigma imaginativo gnóstico (gnosis, conocimiento) permite explicar esa secuencia narrativa: se pertenece a dos mundos; hay un más allá, un otro lado, desde donde viene el mensajero y hay un acá al que arriba; al llegar a este lado, el extraño visitante no encuentra su lugar, es rechazado (el ´síndrome del visitante inoportuno´) y, en consecuencia, necesita conocer –aprender– para entender su situación en este mundo despiadado. Uno de los tópicos recurrentes del gnosticismo es considerar al autoconocimiento como una lucha en la que el sujeto busca salir del estado de estupor, de narcolepsia, de obnubilación, de estar dormido que supone vivir en este mundo terrible al que ha sido arrojado –un mundo en el que reina el ruido. Conocer y conocerse es despertarse, es mantenerse despierto en un mundo fatal.

A la luz del esbozo de un posible paradigma anarco-gnóstico, las declaraciones de Polo en aquella última entrevista de 1995 adquieren un sentido diferente –sea la paranoia, sea la perspectiva conspirativa, sea la necesidad de diversión [xvi]

“Me aterroriza cómo va todo. Estoy en Parque Saavedra y pienso que lo van a hacer mierda, estoy en la calle Corrientes y lo mismo. Son como ataques de paranoia que tengo. Siempre tuve depresiones fuertes, después de períodos de mucha actividad. Me pongo muy mal. Me desespero, tengo crisis de odio, de dolor. Estoy en un momento de replantearme cosas, de intentar encontrarle un sentido a todo este juego que a veces se me aparece absurdo.” (Abdala, 2001)

“Esa es la sensación que tengo del poder. Me da miedo. […] Hay que estar despierto, preparado, y vivir a tope con la gente que uno quiere. Divertirse y comprometerse realmente con lo que uno hace. Esto en algún momento tiene que cambiar y no hay un solo camino, porque los problemas son tantos… Y es necesario que haya aportes distintos, de todos. […] Estoy tratando de ver cómo se hacen las cosas bien. No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995)

´Terror´, ´angustia´, ´odio´, ´dolor´, ´depresión´, ´paranoia´, ´miedo al poder´, ´despertarse´, ´divertirse´, son elementos que se corresponden con una mirada gnóstica. Es, además, propio de un hereje afirmar, luego de haber militado y de haber sido líder de la Federación Juvenil Comunista (ligada al Partido), ´no tengo una ideología´.

Queda de mi lado, traducir ´no tengo una ideología´ por ´no tengo ortodoxia política´. Según Montero y Portela (Polo, el buscador, p. 27), ´Polo nunca se arrepintió de su militancia en la Federación´. En una entrevista de 1994, reconoce que en su adolescencia quería hacer la revolución y no asocia eso a su inexperta juventud, sino a un deseo profundo:

“No creo que la acción política sea una cuestión de la adolescencia. En todo caso, en ese momento diferencié cierto espíritu de la militancia trasladado a otros campos. Parecía que lo único importante era convencer, convencer, convencer. Hay algunos que emplean el 90 por ciento de su tiempo en eso y les queda muy poco tiempo para aprender y conocer.” (Polo, el buscador, p. 27-28)

“Pìenso mucho en esa época, los problemas eran la confianza ciega en un discurso y el querer convencer a los demás. Esa idea de decirle a la gente lo que tiene que pensar del mundo es una locura. Por suerte me curé de determinado tipo de fe y de andar juzgando y calificando a los demás. Ahora trato de entender…” (Polo, el buscador, p. 28)

En esas declaraciones de 1994 –que ubican al marxismo en el ámbito de la fe (y nuevamente puede verse ahí la crítica a la ortodoxia) y que insisten en la necesidad de ´conocer´ y de ´aprender´- no hay arrepentimiento, pero este sí aparece, matizado por la duda, en la última entrevista, en 1995. El movimiento argumentativo de Polo añade una crítica a la política tradicional: “La política de los profesionales, ésa sí que no me interesa. Y a la gente le pasa lo mismo. La gente se expresa, sobrevive como puede. Pero ya está cansada de que le hablen de boludeces. Yo en una época milité, pero hoy no estoy seguro de que esté bueno poner todas las esperanzas en eso.” (Abdala, 2001) Abdala y Bembibre no incluyen este pasaje en la edición de 1995. Recién en 2001, cuando la primera publique en Página ̸12 fragmentos inéditos, el cuestionamiento de Polo se hace presente.

En el aspecto positivo de la cuestión, en la versión de 1995, Polo defiende su trabajo en televisión como si se tratara de militancia individual

“…siento que hago política con mi programa. Yo, trabajando, ejerzo un poder, pongo mis capacidades al servicio de todos. No me interesa la política de los profesionales, me interesa ésta. Porque yo estoy a favor del desarrollo y del progreso pero me parece imperdonable que se plantee un modelo de vida que excluye a la mayoría. La gente está angustiada, putea, porque los que tienen las palancas no parecen tener buenas intenciones: hay muchas cosas que se hacen por interés, por ambición desmedida, y eso es muy jodido.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Se queja Polo: “…no soporto que los tipos que tienen un oficio noble, un ceramista, un carpintero, mueran en manos del plástico coreano. Hay una cultura popular en la Argentina… laboriosa injustamente hecha mierda.” (Abdala – Bembibre, 1995) Y sueña Polo:

“Mi ideal del mundo deja que las personas puedan rotar en sus actividades, en donde el trabajo manual e intelectual se entiendan como una misma cuestión, donde no hay personas que piensan y organizan, y personas que obedecen y fabrican: que un tipo pueda hacer el trabajo pesado a la mañana, después al mediodía cocinarse, y a la tarde leer, escribir, y después barrer la vereda, y a la noche ser carpintero, y de trasnoche borracho, o jodón, o colectivero. Tengo ganas de vivir mil vidas.” (Abdala – Bembibre, 1995)

Más allá de la ausencia de una explicitación de Fabián acerca de su anarquismo, ese mundo ideal se ofrece como el humus para que germinen mis especulaciones. En consecuencia, una manera de darle mayor entidad a mi sospecha es aceptar que el compendio de las siguientes ideas políticas de Polo aproximan las redes al río del anarquismo y las aleja del comunismo (en su variante marxista). Enumero:

a) defensa de la ética, de la responsabilidad y de la libertad individual;

b) insistencia en conocerse, conocer y aprender (la educación es eje de la sociedad según la filosofía anarquista);

c) defensa e interés en la interacción con la naturaleza (el autoconocimiento, con raíces, entre otros, en el pensamiento gnóstico, supone una relación diferente con el mundo exterior y propone así un alerta frente al uso negligente de la tecnología)[xvii];

d) búsqueda de la autosubsistencia;

e) defensa del ´trabajo noble´ sin esclavizar, ni oprimir a las personas y en beneficio de la comunidad;

f) alternancia entre trabajo manual, intelectual, artístico; derecho al placer; [xviii]

g) rechazo de la vida burguesa (a la posesión excesiva –Polo dice estar luchando contra el apego a los objetos [xix]-, a la adoración del confort y al tiempo regulado desde fuera sobre el individuo [xx]);

h) ataque a la jerarquía –basada en las instituciones- que estructura la mayor parte de las ingenierías sociales conocidas; rechazo de la política tradicional.

Hasta donde conozco, la única evidencia concreta acerca del anarquismo intrínseco a la mirada de Polo son las palabras de Alfredo Casero:

“Polo fue una de esas personas que tuvieron que vivir con la utopía extraña de querer ser solamente si se puede hacer lo que uno quiere. Él se metía en el culo de la gente porque no se bancaba a esta horda capitalista que obliga a los poetas a trabajar para Coca-Cola o a ser empleados municipales, no se bancaba este sistema que te destruye los sueños… no aguantaba eso. […] Polo, de alguna manera, es una especie de bandera para la generación a la que el poder quiere hacer mierda. […] Pero hay gente que por debajo está haciendo la guerra, gente que un día puede no dar más y renunciar… Polito me dijo una vez: ´ésta es una guerra entre japoneses´; y se quiso ir a la mierda. Dejó un vacío enorme, pero yo creo que va a reaparecer en alguna vieja idea… Él quería hacer su trabajo, solo quería ser él. Y yo le decía en joda: ´¡Polaco anarquista de mierda, Polaco anarquista!´, pero tenía algo de cierto…Y a los rebeldes casi nunca les va bien” (Polo, el buscador, p. 191-192)

Si retornamos con esos parámetros al Polo periodista de la época previa a su exilio en el Tigre, su mirada crítica, hereje y, se podría aventurar, anarquista en ciernes, resuena en la denominación de la propia práctica –y de la de sus compañeros de programa- de ´anti-periodismo´

“Lo que caracteriza a nuestro trabajo, además de cierta improvisación, es el aspecto que tiene de producción independiente. […] Independiente de los canales, es decir, lo único que nos ata a nosotros que hacemos El otro lado con el medio es… el producto de artística que sale al aire. No tenemos pantalla asegurada, no somos dueños ni estamos dentro de la estructura del emisor, que es el canal, ni tampoco estamos dentro de la negociación televisiva, de comercialización, ni publicidad, ni chivos, ni nada por el estilo. Es decir, nos hacemos cargo de los 45 minutos de artística que tiene nuestro programa y con eso tratamos de tener nuestro espacio de expresión. […]… en nuestro programa estamos haciendo una suerte de antiperiodismo, si se quiere. [..] Con lo de antiperiodismo me refiero a que le huimos, en algún sentido, a la noticia. Pero no sólo a la noticia de actualidad, sino a convertir en noticia lo mundano.”[xxi]

Ese ´nosotros´ utilizado por Polo nos recuerda que, más allá de que con el paso del tiempo él atrajera las luminarias, su tarea en televisión habría sido imposible sin esa comunidad, sin esa cofradía que le permitió destacarse. El grupo compuesto por personalidades afines, en confraternidad, con un objetivo común y cerrado a los intereses de las corporaciones (de un poder central), aunque no solo, pertenece al imaginario anarquista.

{Fin de la primera parte}

{Este escrito que usted lee -qy ue conoce una versión primitiva– no es un caso de crítica textual. No me propongo analizar de qué manera las ´fuentes´ de las que me valgo (o, al menos, algunas de ellas) mistifican un objeto de estudio, o de interés, en favor de una idea previa (o de ninguna, apenas de la técnica que lo constituye). En el segmento inicial, reordeno material bibliográfico conocido con el objetivo de añadir una eventual nueva línea narrativa a la historia de vida de Fabián Polosecki. En el tramo restante, utilizo esa ´otra historia´ para poner en discusión la recurrencia de una matriz intelectual e ideológica que disuelve posturas y ̸ o propuestas políticas delirantes, recalcitrantes, herejes, en el diagnóstico clínico.}

Segunda parte

6.-

En el episodio ´la avispa atrapada´ -si es válida mi sobre-interpretación- Polo demuestra, con ese pequeño gesto, su pacifismo místico: “Esta se cree que vive acá… Hay que dejarla, no asustarla…” (Abdala – Bembibre, 1995). Como dije, según cuenta Polo, al cazarla al vuelo imitaba a Marlon Brando en Apocalypse Now! [F. F. Coppola, 1979]. Esta cita fílmica durante la postrera entrevista tiene, al menos, una explicación. La película de Coppola había sido el modelo audiovisual del último programa en el Tigre del ciclo El Visitante.

Gustavo Alonso piensa el devenir vital de Polo desde el film: “Para mí, Polo en el Tigre es Apocalipse Now! [sic], pero esta vez es Polo el que va a buscar al Coronel Kurtz y termina colgado de Eduardo. Así está expuesto en ese último programa de El Visitante, aparte de citas y de algunos guiños desde lo estético con la película de Coppola…” (Polo, el buscador, p. 178-179) Y no es el único que establece una conexión de ese estilo. Ricardo Ragendorfer da un paso más allá (o más acá) porque pasa del cine a la literatura: “Y en el Tigre [Polo] no tenía luz ni televisión, llevaba la vida de un personaje de Joseph Conrad.” (Polo, el buscador, p. 173) Como se sabe, la trama también mística de Apocalypse Now! está tejida sobre el argumento de El corazón de las tinieblas [Heart of darkness, 1899].

Una vez desenredada la madeja por el lado de Apocalypse Now!, e hilvanada por el lado de Conrad, las puertas de lo inverosímil o de la ficción se abren de par en par.[xxii] En principio, algunas azarosas coincidencias. Joseph Conrad –nacido el 3 de diciembre de 1857- era polaco y, si bien no partidario, estuvo interesado en el anarquismo. En su novela El agente secreto [The Secret Agent, 1907] un grupo de anarquistas, entre los que se destaca el personaje del Profesor, conspira para colocar bombas en Londres.

Fabián reconocía que el exceso de trabajo le había impedido, entre otras cosas, leer más. Uno de los autores señalados como de lectura futura era Ricardo Piglia (Abdala, 2001; [ver nota 18]).[xxiii] Ignoro si alcanzó a leer algún texto de ese escritor, en su juventud también militante comunista, y, como Fabián, también colaborador de la revista Fierro, pero, sin depender del dato concreto, en esa afinidad futura, la intuición de Polo parece haber jugado el partido correcto.

Un ejemplo histórico –y, para este caso, funcional- de un anarquista que conjuga su convicción política con expansiones religiosas es el “…[de León] Tólstoi que intentó basar su concepción anarquista en el cristianismo y en la fe, adogmática y antieclesiástica, en el Dios evangélico.” (Ángel Capelletti, La ideología anarquista). El escritor ruso funciona como un perceptible, aunque lejano, modelo del recorrido de Polo: renegó de su obra literaria, defendió principios naturistas, enalteció el vegetarianismo y la no-violencia, abogó por el trabajo manual, se retiró a vivir a una parcela de tierra entre campesinos (nunca dejó de visitar su familia), preparó textos educativos, enseñó a los hijos de esos campesinos, utilizó jardines como aulas. Atravesó fuertes crisis espirituales. Murió en 1910 a los 82 años. Su tumba rebosa de flores.

Tólstoi importa –además de por ser un eventual modelo- por indicar, entre desvíos y huellas perdidas, un inesperado sendero hacia el anarquismo místico de Polosecki.

Piglia retoma la impronta del Tólstoi ´vagabundo místico´, profeta, defensor de la pobreza, del ascetismo, de la no-violencia, maestro de Ludwig Wittgenstein y de Mahatma Gandhi, en su novela El camino de Ida [2013]. Una de las principales líneas argumentales de esta novela –en la que Tólstoi es el prisma anarco-místico- es la historia de Thomas Munk. Munk es un personaje de ficción que enmascara a Theodore John Kaczynski. Kaczynski, más conocido por el mote que le colocaron las fuerzas de seguridad estadounidenses (a las que desorientó por décadas), es el Unabomber. Y el Unabomber –sea el Munk de la novela, sea el Theodore que pasa sus días en una prisión de Colorado- urdió su biografía con los trazos que Conrad utilizó para delinear El agente secreto.[xxiv]

Kaczynski nace en 1942 en Chicago en el seno de una familia de polacos inmigrantes. A los 16 años ingresa a Harvard a estudiar matemáticas. A los 20 años se gradúa. Es considerado poco menos que un genio. A los 25 obtiene un cargo como profesor asistente en la Universidad de California [Berkeley]. A los 26 se retira de la carrera académica. Entre los 29 y 30 años, se va a vivir a Lincoln [Montana] al medio del bosque y a kilómetros del poblado más cercano. Allí construye su propia cabaña y de lo que le ofrece el contexto, se alimenta y subsiste. Vive también de sus clases en una escuela de pueblo y de sus estudios a los que nunca abandona. A partir de 1978 –si aceptamos que es efectivamente el autor- comienza a enviar ´cartas-bombas´ a distintos destinatarios entre los que se cuentan lobistas madereros, directores de empresas de aviación y destacados y encumbrados académicos. A causa de los envíos, mueren tres personas y resultan heridas más de veinte. Kaczynski consideraba a esa violencia absoluta el instrumento para hacerse escuchar entre el ruido de una sociedad enferma de irracionalidad y gobernada por los mass media.

El 19 de septiembre de 1995, los periódicos The New York Times y The Washington Post, publican al unísono La sociedad industrial y su futuro [Industrial Sociey & Its Future], extenso artículo más conocido como Manifiesto de Unabomber. El texto sintetiza su postura anarco-primitivista: la Revolución Industrial, en los últimos dos siglos, ha llevado la civilización occidental al desastre y los responsables primarios del funcionamiento del sistema industrial-militar –injusto, violento, agresivo con la naturaleza- son los tecnócratas que anidan en las universidades en connivencia con las grandes empresas y con los militares. No existe una receta, no hay una única solución, pero el ´sistema socio-económico´ debe ser destruido o, cuanto menos, detenido en su avance. Es necesaria una revolución no política, sino estructural contra las bases económicas y tecnológicas. La alternativa es el retorno a una vida menos nociva para el entorno, en contacto con la naturaleza y en la que la tecnología, en tanto instrumento de control y opresión, sea dejada de lado. A modo de ejemplo, el primer párrafo del Manifiesto reza:

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativa de vida de aquellos de nosotros que vivimos en países ´avanzados´, pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el Tercer Mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación.”[xxv]

Kaczynski, cuando estudiante, formó parte de un grupo selecto de universitarios con los que se experimentó. La universidad de Harvard y las fuerzas militares de los Estados Unidos, con la excusa de fomentar grupos de discusión sobre filosofía, administraron a jóvenes drogas sintéticas y los expusieron a momentos de tensión y de estrés para observar cómo reaccionaban ante situaciones límite. El proyecto destinado a perfeccionar el control sobre el pensamiento es uno de los disparadores del odio de Theodore contra los tecnócratas universitarios. Esta historia negra del uso de drogas para indagar en el funcionamiento de la mente, es el reverso de lo que sucedería durante la década de los sesenta en los Estados Unidos con el auge de la contracultura hippie y en el contexto de la Guerra de Vietnam, con la lucha por los derechos de la comunidad negra y de las mujeres, etc. La marihuana y el LSD fueron inescindibles de los movimientos políticos estudiantiles que lucharon por la libertad, en general, y por la libertad a expresarse, en particular. El uso de esas sustancias permitió una apertura hacia paradigmas espirituales no-occidentales, y así el misticismo se entreveró con la política. Hubo voces –conservadoras- que discordaron sobre la factibilidad de ese cruce. Pero otras defendieron la parada. Hacia 1966, y en el marco de este debate, Susan Sontag [Estilos radicales, 1969], afirmaba: “…no existe incompatibilidad entre la exploración del espacio interior y la lucha por la mejora del espacio social.”[xxvi]

Kaczynski –después de haber formado parte de los grupos de experimentación- fue profesor en Berkeley al mismo tiempo que hervían los campus universitarios y vio de cerca el devenir del movimiento contracultural. Concluyó que frente a la maquinaria y al entramado perverso que sostiene el ´sistema´, la salida para evitar la disolución de la lucha era dejar de lado los proyectos colectivos y actuar en soledad bajo el supuesto de que otros individuos también aislados comprenderían el mensaje que estaba enviando. Reunirse era abrir la puerta a infiltrados, a traidores, a arrepentidos.

Kaczynski no logró, obviamente, detener el ´sistema´. Sus acciones apenas si alcanzaron para que, una vez publicado el Manifiesto, su hermano reconociera la autoría y lo delatara a las fuerzas de seguridad. La condena infinita que recibió el denominado Unabomber en 1998 se basó en el argumento despolitizador habitual de los tecnócratas: ningún individuo puede hacer la revolución aislado; si Kaczynski trabajó solo no es porque fuera un revolucionario solipsista, sino porque estaba loco, era un paranoico, un esquizofrénico, un psicótico.

Theodore Kaczynski –y eso es, por supuesto, retomado por Piglia para construir a Munk en El camino de Ida– hizo de El agente secreto su libro de cabecera, del personaje del Profesor su modelo, de Conrad su profeta.

Otro sujeto descendiente de polacos, también místico, en ciernes anarquista, casi aislado, por la época en el que el Manifiesto aparecía –mediados de 1995- comenzaba a cruzar su vida con Conrad, y esta era una línea más en la trama del complejo personaje que urdía.

Eso sucedía bien al sur. [xxvii]

7.-

El Thomas Munk de Piglia –en ´munk´ se cifra el monje, el asceta, el místico- defiende la acción solitaria, la conspiración personal, individuos aislados que conforman un ejército invisible para una guerra secreta.[xxviii] Del breve cuadro de Alfredo Casero sobre Polo se desprende la imagen de un anarquista solitario que resiste ante una ´guerra entre japoneses´. Guerra entre japoneses, dicho desde Argentina, remite -si no comprendo mal- a una lucha entre bandos cuyos intereses nada tienen que ver con el de gran parte de la sociedad. En ese enfrentamiento sin sentido, Polo sería una bandera de resistencia para quienes llevan adelante otra guerra, esta vez subterránea. Dice Tomás Abraham: “…se nos adelantó, porque parecía un solitario… Espero que Polo sirva para… descubrir a nuevos tipos que están solos y miran…” (Polo, el buscador, p. 191).

Reproducen los tecnócratas a cargo del juicio que en su diario personal –en el que escribía en códigos diversos, mezclados con el castellano- Kaczynski pensaba en la posibilidad del suicidio. Sabía de la lucha terrible que iba a enfrentar y conocía el viaje sin retorno que significaba asesinar. También, imposible no sufrirlas, era presa de fuertes cataclismos espirituales y de confianza. Aun cuando tengamos una imagen más benigna, conforme avanzó 1996, Polo llegó a un estado de crisis tan profundo que, en palabras de Viviana, su compañera, “… [Fabián] o se mataba o mataba a alguien.” (Polo, el buscador, p. 181).[xxix] Marcelo Birmajer define esa violencia contra sí mismo en términos que, en este contexto, resuenan por su densidad: “…su decisión es un misterio, casi una bomba de efecto retardado que se activó en su pasado.” (Polo, el buscador, p. 184)

En lo terrible o en lo afable, una matriz –con las variantes esperadas- se repite. Theodore como Fabián, cada uno desde su lugar, alcanzaron la cúspide profesional. Y se horrorizaron. Huyeron de esos espacios absurdos pensando en cuál sería un camino posible para la revolución. Kaczynski vio la connivencia delictiva entre Universidad, Ejército y Mercado en búsqueda de un patrón de conducta que les permitiera –como de hecho permitió y permite el ciber-desarrollo- manipular consumidores bajo un manto de inocencia.[xxx] Polosecki estuvo en el centro del huracán audiovisual y salió asqueado.[xxxi] Intentó –como un camino a medias- unir el retiro con hacer televisión de otra manera. Redunda decir que se rieron de él y que no lo dejaron. En el Manifiesto, Kaczynski -quien actuó solo- reconoce la configuración ya individual ya grupal del anarquismo (oscilación también presente en Polo): “El anarquista también busca el poder, pero lo busca en bases individuales o de pequeños grupos: quiere que estos sean capaces de controlar las circunstancias de sus propias vidas. Se opone a la tecnología porque hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones.” En ese texto ataca la forma de vida burguesa, la televisión, los programas de entretenimiento, etc. En particular, el Manifiesto va contra la izquierda política (un lastre para la revolución): “El izquierdismo es inverosímil que nunca renuncie a la tecnología, porque la tecnología es una fuente demasiado valiosa del poder colectivo.” A la mutación de la fe en el marxismo por la fe en la naturaleza de Fabián, ya me referí. Dice Kaczynski en su Manifiesto: “…puede ser útil incluir un elemento religioso en la rebelión contra la tecnología… La cosa más cercana a una religión fuerte, extendida y dinámica que occidente ha visto en tiempos recientes ha sido la casi religión del izquierdismo, pero hoy está fragmentado y no tiene finalidades claras, unificadas e inspiradas. Así, hay un vacío religioso en nuestra sociedad que puede llenarse por una religión enfocada en la naturaleza en oposición a la tecnología. […] Algo semejante a una religión inventada… sería un fracaso.”[xxxii] La convicción y la integridad fueron los lemas del polaco-norteamericano (el recurso de la violencia es un punto a discutir como en todas las revoluciones); la ética y la responsabilidad, los del polaco austral. En la versión de Piglia, Munk defiende una vida múltiple: “La subjetividad del anarquista es variable. Su discontinuidad es un hecho que Kropotkin explica como la ´resultante´ de una serie de unidades autónomas y de secuencias que la componen simultáneamente. Nuestras más íntimas memorias, nuestros más íntimos sentimientos, nuestras formas de vivir son múltiples.” (El camino de Ida, p. 275). Polo había dicho en diciembre de 1995: “Tengo ganas de vivir mil vidas.” Para su hermano Claudio –que reconocía en él a ´un joven brillante y talentoso´-, Polo vivía en medio de “realidades inventadas” (Polo, el buscador, p. 178). Diego Lublinsky, a cargo de la realización de El Visitante, pasado el tiempo, entiende a su compañero de trabajo. Recordaba Irene Bais, productora (y ya ida, lamentablemente, de este mundo): “Y me acuerdo de una frase de Diego, que dijo: ´Él me pedía un mundo a la medida de su fantasía. Recién ahora me doy cuenta de lo que quería´.” (Polo, el buscador, p. 183)[xxxiii] Por esas vidas múltiples que deseaban, ambos buscaron espacios agrestes. Ambos, en la tradición anarco-esotérica de la gastrosofía, fueron buenos cocineros. Nada de todo eso importó o, mejor, acaso por todo eso, Ted y Polo fueron diagnosticados –en uno para acusar, en el otro para justificar- de esquizofrénicos, de locos. Como dije o di a entender, Kaczynski se opuso de forma tajante a ser declarado ´insano´ por los tecnócratas psiquiatras; sabía que de esa manera se relativizaba, se neutralizaba su discurso, su llamado, su propuesta política. [xxxiv]

Hay un punto, por supuesto, en el que se diferencian y que no es menor: hacia dónde y hacia quién o quiénes dirigieron su violencia.

8.-

Tomás Abraham reconoce la fascinación que despierta la muerte trágica de Polo pero insiste en atender ´la obra´, ´la obra´. Polo es una obra que pervive. Por eso pareciera que a través de sus programas camina sin cesar por los mismos e infinitos lugares que recorrió. Nos habla hacia acá desde el más allá que es la imagen audiovisual. Para Polimeni, Polo continúa enseñando a hacer televisión desde la tumba. Como si se tratara de un antiguo alquimista, en su ´opera philosophica´ está la fuente de la eterna juventud. Polo merodea este mundo con su sonrisa y con su belleza angelical siempre en sus treinta y pico de años. Polo, eternizado en las cintas que lo reproducen, pregunta y escucha. Polo eterno, fuera del tiempo. Abraham lo denominó “un adelantado”, y lo instaló así en el futuro, acaso nuestro presente –un presente distópico en el que la guerra contra el poder es orquestada por individuos aislados.

En su obra audiovisual existente, el pasaje del fantástico a la ciencia ficción –de El otro lado a El Visitante– muestra la mutación de Polo desde el viejo paradigma del escritor al nuevo del ícono cibercultural. Los rasgos de ciencia ficción presentes en el marco ficcional de El Visitante son consecuentes con el tópico gnóstico que anida en el corazón de la idea: la llegada del ser extraño (“Cuándo empecé a caer, cuándo empecé a oír, cuándo empecé a llegar, cuándo fue que empecé a viajar, cuándo fue que elegí un rumbo, cuándo fue que decidí quedarme, cuándo fue que dejé ser un visitante.”) [xxxv] En esa ficción introductoria, que con el paso de los programas se diluye, el protagonista –algo así como un documentalista amateur, pero no un periodista [ver nota 21]- sufre el síndrome del ´visitante inoportuno´ (producto de alteraciones psicológicas propias de inadaptados sociales). Es un mundo amenazante. La radio se refiere al síndrome en términos de cura, de control. El personaje deambula en una playa vacía con la arena, el agua y el cielo de un rojo sangre apocalíptico. Es un sobreviviente, un solitario encerrado en su departamento. Ha viajado mucho, ha filmado mucho y durante mucho tiempo. Observa esas viejas cintas vhs –su memoria- con el deseo de ordenarlas. Los espectadores vemos lo que él ve mientras revisa su trabajo previo. El ojo del visitante, y de donde emerge el nombre del ciclo en caracteres rojos en la presentación, es un ojo irritado, robotizado, sanguinolento. “¿Visitante, qué creés que ves con tu pequeña cámara? ¿Creés que alguien quiere ver lo que tú ves? Las caras de la gente son como adivinanzas. ¿Resolviste alguna vez el acertijo? Visitante sin tu cámara estás ciego o ¿acaso creés que sos vidente?

Polo habitante de la iconosfera. Polo ícono cibercultural, pero un ícono díscolo, rebelde, hereje frente al poder de los mass media.

Casero también lo sitúa en el futuro. Cree que Polito reaparecerá (reencarnará) en alguna vieja idea. Y es posible que esa ´vieja idea´ sea la semilla anarco-gnóstica de un reconocimiento dual: en el mundo las cosas van mal; la situación debe ser modificada aunque, más allá de un retorno a lo natural, nadie sabe bien cuáles son los caminos concretos (o se saben y no se podrían ni empezar a pronunciar).

Si bien disímiles en su intensión y en su intensidad, Polo y Theodore evitan ofrecer soluciones fáciles a los problemas actuales. Fabián en ese diciembre de 1995 reconocía la ausencia de un plan previo al que respetar. Repito sus palabras: “No tengo un modelo, un mensaje o una ideología, una figura o un discurso que diga ´esto es lo que puedo seguir yo´. Además… se aprende en la praxis.” (Abdala – Bembibre, 1995) Por su parte, en la versión de Piglia (El camino de Ida, p. 229), Munk lee en El agente secreto de Conrad la necesidad de ir contra el centro del poder sin proponerse pontificar con lo que es necesario hacer después: “Nadie puede decir qué forma podría asumir en el futuro la organización social. Por qué complacerse entonces en fantasías proféticas.”

Dos desesperados y sinceros buscadores; dos descendientes de polacos, místicos y anarquistas; dos biografías, en algún punto, aciagas; dos seres lúcidos que terminan aborreciendo el poder corporativo (y la tecnología); dos vidas que solo parecen cruzarse en este inclasificable texto; dos solitarios, con diferentes roles en el mismo e invisible ejército

“Somos individuos dispersos, metidos en los bosques, perdidos en las grandes ciudades, sujetos en fuga extraviados en las praderas. Estamos aislados pero somos muchos. Hemos pasado de la masa a la manada. Ésa es la nueva situación política: dispersión, retroceso… Kropotkin…, el brillante teórico anarquista, llamaba consistency (consistencia) a la energía que mantiene ligados a los hombres en situación de acoso y de peligro. Unidos en la dispersión… estos grupos en fusión cambian constantemente: de dirección, de dimensión, de territorio, de velocidad.” (Piglia, El camino de Ida, p. 274)

Tal vez esa bandera que es Polo flamee enhiesta entre las manadas dispuestas a futuras batallas contra el caos –en verdad, contra el extremo e injusto vacío- de la sociedad actual. Por medio de su muerte (inevitablemente dolorosa para los de aquí) -al igual que aquel otro polaco, pero con diferente método- este polaco del sur también logró ser escuchado.

Polo es hoy una clave, y sería deseable que no solo para activar repetitivos homenajes.

[Tandil – 06 al 13 de noviembre de 2014]

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“Apéndice: ‘El Zorro’, en Radiolandia y (acaso) por Polo”

Aunque en Radiolandia 2000 las notas no se firmaban, excepto si eras grosso, es lindo pensar que en la edición No. 3069 (año LVI) del diez de julio de 1987 coinciden el nombre que aparece como colaborador en la columna rectangular a la derecha de la hoja y el que tecleó una nota sobre un héroe que, a solas con su espada, fue el terror de siniestros villanos. Voraz lector de cómics en su infancia y más tarde pluma a pura tecla en la mítica Fierro, es verosímil que lo haya imantado el personaje en cuestión. El único dato textual fuerte para sospechar que es de su autoría son los nombres de los hermanos al inicio. Polo, según creo, se enmascara utilizando su primer nombre y no Fabián (y comete, además, un leve trastoque de identidades). De acertar con mi intuición, este texto sobre un justiciero solitario y que, en un mundo pre-capitalista lucha por ´una causa justa en favor de un pueblo oprimido´, sería un bastante diluido indicio del anarquismo intrínseco a su mirada. De estar equivocado (el texto bien puede pertenecer a Pablo De Santis, redactor de la revista, o a cualquier otro, en fin), será solo rectificarme y pedir disculpas. En nada lesionará, creo, lo escrito anteriormente. Para ustedes, entonces, ese primitivo texto de Polo.

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TEXTO SECUELA: Polosecki, el suicidio de un disidente

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Notas

*Si desean acceder al material audiovisual de Polo disponible en la web: Archivo Polosecki

[i] Abdala, Verónica – Bembibre, Cecilia. “No me da miedo que el programa termine”, Página ̸12, Segunda sección de Espectáculos, 17-12-1995, pp. 4-5.

[ii] No pretendo discutir o revisar la existencia de una enfermedad o de un desorden mental en Fabián. Es necesario, sin dudas, respetar el conocimiento que de él tuvieron sus seres más próximos y cuya muerte conmueve hasta el presente. En este texto, pienso a Polo en tanto ´ícono´, ´clave´, ´bandera´ de quienes se enfrentan al status quo.

[iii] Abdala, Verónica. “La lluvia es hermosa porque trastueca los planes”. ´Los tramos inéditos de la última entrevista de Página ̸12 a Fabián Polosecki´. Página ̸12, 24-06-2001

[iv] Link del documental en Youtube

[v] Agustín Salem sobre El aprendiz: “A mí me pareció muy copado todo el proyecto, me parecía bárbaro porque… parecía un paso lógico…” (Polo, el buscador, p. 176)

[vi] Acerca de las “coincidencias” que menciona Polo, en la versión larvaria de este texto hago una lista de las que se le atribuyen o se le aproximan y que no voy a repetir aquí. Ver “Polo místico

[vii]  El aprendiz no era el único proyecto en danza. Dice Eduardo: “Y después había otra idea que era generar un ciclo desde la perspectiva enciclopédica, para darle nuestra propia lectura a las palabras. La palabra ´agua´ iba a ser fundamental, ´corrupción´ también.” (Polo, el buscador, p. 176). Polo intentó imponer su impronta en la televisión, y chocó contra un muro inconmovible. Por su parte, Alejandro Chernov refiere una nueva idea: “…quería armar un programa de televisión donde cada uno hiciera un corto: yo en ese momento estaba obsesionado con el clima… Y Polo me propuso que escribiera un corto sobre ese tema…” (Polo, el buscador, p. 177)

[viii] Carlos Polimeni, “El otro lado de Poloˮ, Página12, 17-06-2001.

[ix] “Yo no quiero ser un artista en el sentido de tener la necesidad de un público para vivir, no puedo orientar mi vida al hecho de que siempre haya alguien ahí para aplaudirme. Me parece una vida muy dura, muy sacrificada. […] Nunca busqué hacer carrera en televisión. Cuando no tenía laburo, simplemente no tenía laburo. Cuando conseguí, lo agarré y lo hice lo mejor que pude.” (Abdala – Bembibre, 1995)

[x] Ver  “Polo místico

[xi] Martina, quien fue novia de Polo, cuenta que, cuando lo vio por primera vez, le pareció un ´ángel´ por la belleza. Tomás Abraham coincide en darle carácter angélico. Ver “Polo místico”.

[xii] “Siento que necesito un tiempo para procesar las cosas que vi en estos años de ‘éxito’ y para terminar de entender a las personas que conocí. Necesito también terminar de entenderme a mí mismo. Por eso siempre digo que todo lo que soy no está en mis programas, y a la vez sí.” (Abdala, 2001)

[xiii] Un referente intelectual es el filósofo alemán Hans Jonas y su tesis doctoral sobre religión gnóstica. Discípulo de Martin Heidegger, Jonas emigró de Alemania durante el nazismo. En la academia estadounidense, Harold Bloom –discípulo de Jonas- reúne crítica literaria y cábala (influida por el gnosticismo). Bloom, aunque de corte más aristocrático, es un revulsivo frente a las ortodoxias teóricas en los claustros universitarios (que han conducido la disciplina –añado- a un enorme estómago que produce casi siempre vómitos semejantes).

[xiv] Así como incide también en el arte contemporáneo, en la psicología de Carl Gustav Jung, en el feminismo, etc. Por la importancia de la Sabiduría (Sophia) y por la defensa de una divinidad finalmente andrógina, el gnosticismo sumó a su recalcitrante postura contestataria –anti-institucional- frente a la naciente Iglesia cristiana, la defensa del rol de la mujer. Esto, sin dudas, acentuó el carácter herético de su pensamiento a los ojos oficiales cristianos siempre misóginos. Ver Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos [1979].

[xv] “El anarquismo se propagó al modo de las antiguas herejías, como una urgencia espiritual que impulsó el ideal de emancipación madurado durante la Revolución Francesa… Quizá porque los anarquistas fueron los albaceas más fieles de los afanes jacobinos, tanto como correas de transmisión de la antigua llamada milenarista, pudieron transformar el lema de la libertad, la igualdad y la fraternidad en el trípode de una mística poderosa. El anarquismo transmitía un linaje de resistencia…ˮ. (Christian Ferrer, ´Sobre los libertarios´, El lenguaje libertario, 2005, p. 8). No preciso destacar las palabras de corte religioso que atraviesan el párrafo.

[xvi] Famosas fueron las sectas gnósticas por su descontrol orgiástico.

[xvii] Hans Jonas, a fines de la década del setenta, publica Das Prinzip Verantwortung [1979] (versión francesa, Le principe responsabilité. Une éthique pour la civilization technologique [2006]). El recorrido desde el gnosticismo a una crítica de la tecnología es consecuente y. por ende, es ineludible para el pensamiento anarquista. Apenas un ejemplo. Víctor García en Utopías y anarquismo [1977] afirma: “El futuro nos ofrece visiones cada vez más aterradoras. La computadora, el robot, la máquina con inteligencia ponen en evidencia cómo una ciencia y una técnica en la que tantas esperanzas depositaba el utopista del siglo pasado se yerguen omnipotentes terminando con prescindir del hombre o convirtiéndolo en su esclavo. […] El antiguo secretario de la ONU, U. Thant presentó un informe titulado: La aplicación de la tecnología de computadoras para el desarrollo donde decía, entre otras cosas, que existe ´el temor de que las computadoras contribuyan a la probabilidad de una sociedad futura dirigida por tecnócratas.”

[xviii] Acerca del interés de Polo por el arte y sus manifestaciones: “Me gusta mucho la música… Y bailar. No tengo un género en particular, creo que la música tiene que ver con los estados de ánimo. Si en esta casa no hay una dosis de soul por día, no funciona. Acá se baila siempre, se salta.” (Abdala – Bembibre, 1995) (Vale recordar que Eduardo, su ´maestro´, era actor y profesor de danzas). Y sigue Polo: “Me encanta [el pintor] Hopper. Hay una especie de simultaneidad de luces: la luz de la fuente y la luz de las cosas. Entre lo que se ilumina afuera y lo que tenés adentro. Es mágico.” (Abdala – Bembibre, 1995) “El laburo me dio muchas cosas buenas, pero me distanció de muchas otras. La lectura, algunos buenos amigos, ratos más largos con mi familia son algunas de las cuestiones que lamento haber dejado un poco de lado. Ricardo Piglia, Juan José Saer y Andrés Rivera son tres de los autores argentinos que tengo pendientes, y que pienso leer.” (Abdala, 2001)

[xix] La explicitación de su lucha contra la posesión de objetos innecesarios era parte, puedo suponer, de su proceso de transformación. En esa lucha estaba Polo en diciembre de 1995. “…tengo un problema con eso. Por ejemplo, encuentro cosas en la calle y no puedo evitar traérmelas.” (Abdala – Bembibre, 1995) Entre los objetos que se acumulaban en ese living había una vieja radio a válvula, una mesa ratona, latas de galletitas apiladas y una guadaña oxidada (objeto que anuda, en la siega, el mundo natural con el sobrenatural).

[xx] En el medio de sus crisis personal, Pablo De Santis ´veía a Polo sin mucha conciencia del tiempo´ (Polo, el buscador, p. 173). En diciembre de 1995, Polo decía: “Podés estar muy pendiente del tiempo, que no es lo mismo que estar pendiente del reloj. Yo, por ejemplo, no sé qué hora es, ni me importa. Puedo imaginármelo porque conozco este lugar a la hora de la siesta, o porque tengo hambre, o porque sé que a esta ahora se juntan muchas personas en la verdulería… Todo lleva un tiempo: un tiempo de atención, de espera, un tiempo de maduración. La muerte implica un tiempo de dolor.” (Abdala, 1995)

[xxi] En Polo, el buscador (pp. 211-216). El texto corresponde a la exposición de Fabián en el II Festival Latioamericano de Video, Rosario, septiembre de 1994. Al año siguiente, en Tea Imagen, Polo se refiere al personaje ficticio que estructura El Visitante y deja bien en claro su distancia con la idea light del periodista curioso: “A mí me parece que es una discusión vana, en el sentido de que todo programa periodístico tiene una puesta en escena como nosotros, tiene una edición que recorta una parte del texto, tiene un señor haciendo un personaje de… ´periodista´… [pero]… yo tengo un personaje que no es periodista, punto, que no juega a ser periodista… [Público: ¿y por qué esa insistencia?]… y porque a mí me hincha las pelotas [la idea del periodista].” En continuidad, contrapone el periodismo tal como se observa en la práctica –según su experiencia en Radiolandia 2000, escribir un texto que concuerde y que complete un título previo que el editor o redactor le da- a aquel que responde al ideal del ´periodista´ –el que tiene y que hace la ´pregunta correcta´.

[xxii] Mi lectura, y no solo en este caso, parte de tomarme más en serio –sin recaer en la credulidad- las manifestaciones religiosas alternativas (herméticas, esotéricas, etc.). En la fase previa a la redacción de este texto, le manifesté ese detalle a un interlocutor también interesado en la figura de Polo. Su respuesta irónica fue ´horror, horror´ en alusión al temor que inflige tal supuesto religioso a quienes creen escribir sobre temas serios. ´Horror, Horror´ son las últimas palabras que el Coronel Kurtz pronuncia en Apocalypse Now! El detalle –apenas una coincidencia- es que quien usó ese filme como fuente para su ironía, no sabía de la existencia de la serie –Conrad, Kaczynski, Munk, Piglia, Polo. Agradezco, en consecuencia, a Abalén N. por su apoyo no solo anímico para la redacción de este texto.

[xxiii] En la mirada de Piglia, la decisión de escritores e intelectuales de ´salirse del sistema´ como la de León Tólstoi (y la de Ludwig Wittgenstein) es análoga a la de los vernáculos Macedonio Fernández y su discípulo Jorge Luis Borges -anarquistas en sus concepciones artístico-políticas (también místicos, añado, por ser maestros gnósticos), defensores de una vida frugal, poco afectos (tal vez los idealice) a la seducción del dinero y aborrecedores de las jerarquías institucionales; en fin, herejes. Piglia se refiere a estos temas en sus ´clases´ con el formato de programas de televisión [TV Pública, Argentina] ofrecidas en Escenas de la novela argentina [2012] y en Borges por Piglia [2013]. De Macedonio se sabe que, entre fábula y realidad, a fines del siglo XIX participó del intento de vida en una colonia anarquista naturista en la frontera con Paraguay (algunos hablan de simple visita a una chacra). Con base más comprobable, vivió retirado un tiempo en una humilde casa en Morón (ver Álvaro Abós, Macedonio. La biografía imposible [2002]). Entiendo que, en lo que respecta a Borges, mis afirmaciones parecen fuera de lógica porque en el imaginario social el escritor es un ´viejo conservador cuasi fascista´. Esas miradas -que pueden tener su verosimilitud- desconsideran al Borges juvenil, con su, aunque breve, fascinación por el comunismo soviético -Borges está en Europa en 1917 cuando la Revolución de octubre y escribe Salmos rojos que luego quema-, y con su ascendencia anarquista tomada tanto de su padre y como de su maestro (y a esto se le puede agregar su proximidad con el yrigoyenismo). En síntesis, anarquismo, misticismo (gnosticismo), ascetismo, paranoia, conspiración, ciencia ficción, proto-cibercultura, son elementos que comparten Macedonio y Borges y, de alguna manera, son una posible matriz para el recorrido vital de Polosecki. En concreto, el relato de Borges “Utopía de un hombre que está cansado” [1975] puede leerse desde el anarco-gnosticismo. En ese cuento tardío, Borges –que ya lo había intentado en 1935 y que lo ficcionaliza en “25 de agosto, 1983” [La memoria de Shakespeare]- hace del suicidio una opción del hombre libre de poner fin a su vida cuando lo considere necesario [Ver “Los amores de Tabú y Jerarquía…”. Por otro lado, en un escrito de mayor aliento, pienso la ciencia ficción latinoamericana desde el hermetismo-gnosticismo y toco algunos de esos puntos [Ver Mil años de ciencia ficción hermética latinoamericana [1492-2500]]. La lista de escritores puede engrosarse. Anarquismo, esoterismo, ciencia ficción están en la literatura de Roberto Arlt (cuyas cenizas forman parte de la naturaleza del Tigre).

[xxiv] Existen varios ´Kaczynski´. Las versiones difieren según el cristal ideológico del presentador. Al enaltecido –y preferible- Thomas Munk, alias The Recycler, de Piglia, se le opone el poco menos que ridiculizado por Pablo Capanna en “Armas de destrucción masiva” (Conspiraciones. Guía de delirios posmodernos, 2009).

[xxv] Se puede acceder al Manifiesto en castellano y descargarlo.

[xxvi] Reflexiona Claudio, hermano de Polo: “Fue un proceso en el que creo que tuvo mucho que ver su adicción a la marihuana, todo el día, porque eso le fue agudizando la angustia de la realidad…” (Polo, el buscador, p. 178). Más arriba cité a Laszlo quien afirmaba que a Polo “…la realidad le pegaba mucho y mal…”. Entiendo que entre ambas –marihuana y realidad- por absurda, violenta e injusta esta es una droga más nociva que la primera.

[xxvii] En el final de la novela, Emilio Renzi –famoso personaje de Piglia- llega hasta la cárcel donde está detenido Munk quien, para sorpresa del profesor y escritor, lo recibe. Le interesaba al detenido poder charlar con alguien que conociera sobre los revolucionarios argentinos (El camino de Ida, p. 275). Como Piglia sabe, en la biblioteca del ´Kaczynski real´ había un ejemplar de Argentina, sociedad de masas de Torcuato Di Tella. Aunque sea en una ficción, el hecho es que Kaczynski (bajo la máscara de Munk) contacta a un eventual militante argentino. La novela de Piglia, vale aclarar, está también pensada como ´el camino hacia Kurtz´ (a través de la historia de Ida) y su mundo ficcional está situado a mediados de los años noventa cuando efectivamente detienen a Theodore. Es más –y es spoiler– en la trama que elabora Piglia, Munk [Kaczynski] es detenido porque envía el Manifiesto a los diarios para despistar ya que la muerte de Ida delata la posibilidad de que el activista tuviera un grupo de apoyo. Renzi recibe de parte de Ida el libro de Conrad que le permite descifrar la cuestión y así queda adentro de la historia al punto de que Munk acepta verlo. Llevado al extremo, Renzi sería el ´contacto en Argentina´.

[xxviii] Ejemplo de anarquismo individualista útil para pensar a Polo es el del proto-anarquista Max Stirner [1806-1856] quien defiende el solipsismo moral: la única base de la realidad es el individuo; todo individuo es soberano de sí mismo. Para teóricos como Kropotkin o Bakunin, un individuo aislado es un pseudo-individuo. (Ver Ángel Capelletti, La ideología anarquista). Siempre es necesario aclarar que en el caso de Polo, al menos en El otro lado, su tarea estuvo enmarcada en un grupo con una alta afinidad entre los integrantes. Esta construcción colectiva también es propia del anarquismo (aunque, claro, no exclusiva). Sobre este asunto ver el “Apéndice ‘El Zorro’” al final del escrito.

[xxix] No habría que desconsiderar que en el giro que da Polo contra la vida burguesa haya influido su paternidad: “El ser humano es una especie animal, como las otras. Los hijos te hacen más humano y te conectan con lo que es el ciclo vital. Para mí, tener una hija fue volver a nacer.” (Abdala, 2001). Por su parte, Ted en el Manifiesto argumentaba: “Los revolucionarios deben tener tantos niños como puedan. Hay una fuerte evidencia de que las actitudes sociales son en una extensión significativa heredadas.”

[xxx] El documental The Net: The Unabomber, LSD and the Internet [2003] del director alemán Lutz Dammbecks cuenta la historia de Kaczynski desde ´sus enemigos´. La narración se construye a partir del intercambio epistolar que el director mantiene con Ted mientras entrevista a los tecnócratas –sean universitarios, empresarios, militares, todos se consideran ´dioses´ (por mi parte, los podría denominar ´arcontes´)- contra los que luchó el así denominado Unabomber. The Net muestra la connivencia entre el desarrollo de la ciber-tecnología, la experimentación con drogas y el perfeccionamiento de la manipulación de sujetos durante las décadas del sesenta y del setenta. El film, además, pone bajo sospecha dos cuestiones: la autenticidad del Manifiesto (conocemos la versión pública del mismo); la veracidad de que Kaczynski haya sido el autor de los envíos de las ´carta-bomba´.

[xxxi] Dice Polo luego de su experiencia en televisión: “Yo no siento haber llegado a ningún lugar en particular, ni creo saber algo importante, ni estar detenido. Se trata de hacer tus cosas como salen.” (Abdala – Bembibre, 1995). No habría que desconsiderar que la experiencia de trabajar en los medios haya contribuido al caótico final de su vida. Rubén Viñoles, por ejemplo, ubica entre los lugares comunes la idea de que “…la tele es peor de lo que dicen…” (Polo, el buscador, p. 186). Que sea un lugar común, no disuelve su fuerza explicativa.

[xxxii] Del documental The Net, se puede inferir que en su lucha, Kaczynski era consciente que iba justamente contra un poder –el de los ciber-profetas- que también había detectado la ausencia de una religión en la sociedad industrial (o post-industrial, o posmoderna, en fin, neoliberal). El andamiaje sobre el que está construido el ´sistema´ actual es el ciberespacio como entramado inextricable para controlar e inducir al consumo. Por supuesto, el sistema se encargó de diluir cualquier posibilidad de discutir esto. Volvió tan habitual en su maquinaria audiovisual la idea de la conspiración, del complot, que cualquiera que intente exponer que la tecnología está hecha para dominar a la mayor cantidad posible de personas es tratado de paranoico, de loco, etc.

[xxxiii] “El mundo es lo que cada uno de nosotros ve del mundo. Si en este momento te invito a caminar, vos vas a ver algunas cosas, por la calle, y yo, seguramente, veré otras. La tele es así también: lo que muestres y la manera en que lo muestres refleja tu perspectiva del mundo, y ésa es siempre una cuestión ideológica.” (Abdala, 2001)

[xxxiv] “…ya sabe cómo son las cosas aquí, más de un individuo metido en algo así y hay que hablar de política. Aislado, lo convierten en un caso clínico.” (Piglia, El camino de Ida, p. 248).

[xxxv] Por eso, tuvo una sensibilidad alta a los temas esotéricos. Entendía que existía algún tipo de explicación más certera debajo de esa materia habitualmente vista como hojarasca que es el esoterismo. Su sincera actitud crítica le permitió ser receptivo a los diferentes discursos; en su lógica, él los recorría. En el primer capítulo ´La República de los niños´ del segundo año de El otro lado [1994], Polo entrevista, entre otros, a los hermanos Cabobianco –Marcos y Flavio. Flavio a los nueve años había escrito el libro Vengo del sol, famoso en su momento. La ´tesis´ Cabobianco expresada en visiones místicas, y en intersección con la novedad de la computadora personal y la Red en versión ´d.o.s´ en los años 90, es: venimos de otro lugar –por ejemplo, del Sol- para aprender algo. Por su parte, Diego Lublinsky retoma esa historia en ´Compañeros de la infancia´, primer programa del ciclo 15 años luz.