Ódio lúcido. Diário dum nóia [Del adiestramiento del Espectro]

-18 al 19 de julio de 2013 [9pm – 4am]-

Conocí a João un domingo que se hacía lunes. Estaba esa noche, además, Henrique, joven y morrudo, que merodeaba para vender maconha; su peculiar modo de hacer amigos.

Dos días después, miércoles, de tarde, a la entrada de la cámara de los vereadores, João habló, y coincidimos: policía, corrupción, dinero, poder.

Hoy, jueves 18, fui a su casa.

La milagrosa hospitalidad de un crackeiro.

João me cuenta la historia de la mujer con la que tuvo un hijo. Se siente abandonado. Me cuenta también que fue despedido hace tiempo de un trabajo, por negro.

El prejuicio hacia él.

Nos enlazamos en discusiones. Una brava acerca de los jornalistas asesinados en Brasil.

El prejuicio hacia mí.

Cobranza por mi incapacidad. Me pierdo en lo que dice, sin dudas, pero no por la maconha, como insiste, sino porque me quedo pensando qué dice y si tiene coherencia.

Logro, igualmente, comprender gran parte.

Me llama ´Espectro´. Alguien que ya ha muerto y que solo vive como reflejo.

Él, el Anónimo. Su apodo podría también ser nombre de pila legal que creo conocer por error y sobre el que nunca indagué.

Los moradores de rúa. La vida en la calle. Los centros de día –de acolhida- para comer y bañarse, o la inmensidad del espacio a la noche cuando se deambula, el albergue municipal, o las rondas de busca por la avenida Andaló.

João odia al sistema de salud que existe sólo para darle dinero y estatus al médico, cualquiera sea su función, mientras los moradores ficam na sua.

Vivir y permanecer de pie, y entre la violencia.

Odio lúcido. Perspectiva de crackeiro. Estratificación absurda que premia: dinero, carro, bunda gostosa. Hay un arriba social organizado que trabaja con el de abajo al que no quiere mejorar, realmente.

Nazismo y apartheid. Eso es esta sociedad brasileña, coincidimos. (Su cúspide, dice João, es nada. Por eso, dice, hay tantos depresivos arriba que deprimen a los de abajo).

Número de crackeiros en Rio Preto. Muchos.

Número de moradores de rúa. Millares, me dijo.

Serán unos mil, concluyo.

La venganza. El mal contra el otro. La denuncia, la delación, la agresión son chicanas que hacen sentir lo que es estar abajo.

Molequinho crackeiro. De su boca sabe João de tres robos a mujeres: uma namorada novinha y otras dos mayores (que lo convidan) a las que después les cae a robar. El moleque es de familia de la policía. Sus tíos, ricos. En la casa de la novia era la atracción: le hacían sacar la camisa para mostrar el tanquinho. A la chica le afanaba guita cuando estaba durmiendo, post-coito.

El pendejo crackeiro al que paseaban en cuero por la casa para que los invitados e invitadas lo vieran y se babearan, se culeaba a la pendeja, su novia, y se montaba a la madre, y a las dos les robaba. Le pregunto si no se clavaba al padre también. No le gusta mi pregunta.

Hay una tercera. Me la reservo.

Algunos crackeiros ven en esa acción una venganza.

Otros buscan para dársela por aprovechador y por provocador de mala fama.

La primera salida.

Regla. No somos responsables de lo que hace el otro, aunque sea una mierda.

Avenida Bady Bassit. Noche. En uno de los buracos para dormir está un amigo de João con una facada (que no vi) en la cabeza. Sí vi una sigla –SF- dibujada con el corte de pelo que, según él, significa ´security force´. Repite varias veces esa sigla y la de los EE.UU. (los nóias son grandes consumidores de tevé y de películas). Entre su conversa ronca, al que más adelante conoceré como el Frankie, habla de matar.

Me dice Cara Pálida. El Anónimo asiente. Está convencido de que necesito ser adiestrado, para saber mirar en los recovecos que forman la calle y la noche, apenas interrumpida por el naranja enfermo de los faroles.

Otros moradores, en un futuro, me hablarán del ascetismo y del conocimiento de sí, que es vivir en la rúa.

Por la salida, João queda cansado y agresivo. Al día siguiente me dirá que la familia le enseñó a ser educado. No podía decirme que me fuera.

En la vuelta me cuenta, al pasar, su viejo deseo de estudiar policía. Aplicó para la PM [Polícia Militar] pero falló en un test psicológico. Antes, me había dicho que a los 18 había estudiado inglés y otros idiomas. Pensaba formarse para salir de la nóia. Es un fracaso, así lo dice, que le duele.

Paranoia y enigma. Me dice João que si lo pienso bien, así como los EE.UU. infiltran guerrillas, al ser puesto acá en Brasil meses antes de que comiencen las revueltas…

Ou você acredita no acaso?

Caminos diversos en el vacío para alcanzar un lugar común. La soledad. El descrédito. La falta de conexiones o las conexiones equivocadas.

Me pregunta cómo llegué a Brasil. Le digo: la OEA.

Sonríe, por lo bajo, largos segundos.

Estamos en una sala vacía, con ventana a la calle, por la que entra la única luz de la casa en ese momento. Afuera está fresco. Son las ocho de la noche, y todavía no salimos.

Varias veces me aclaró João: él no me da ninguna historia. Me cuenta. Interpreto. Pongo lo mío.

-19 al 20 de julio de 2013 [2pm – 1am]-

Me ligó a las 11am. Hablamos a las 2.30pm. Me va a ayudar a escribir y me va a sugerir ideas. A la noche no porque está la señora de al lado a la que le molesta el ruido. El asunto era –lo entendí  a eso de las 9.30pm- que quería consumir.

Es la primera vez que lo veo con crack. Fumó a escondidas en la habitación (al llegar me dijo que esperara que estaba en el baño). Más tarde, preparó un poco adelante mío mientras yo comía lasagna que había llevado. Estaba loco pero tranquilo.

Pusimos una lamparita en la sala que estaba sin. A la casa se entra por esa sala. Hay tres sofás desvencijados todos ocupados -para disfrazar la soledad.

Dentro de la casa hablamos poco. Es desordenada, no muy limpia, agradable.

João fuma por la mágua, por estar maguado. Cuando se siente solo y rechazado, piensa ´vai se fuder, vou fumar todo´.

Dolorido por la soledad y por la mujer, ayer me contó más del hijo al que no ve.

João nació en Sampa y vivió hasta 2008 o 2009 antes de mudarse a Rio Preto. En 1996 o 1997 comenzó con el crack, previo paso por la cocaína. En la época, la boca donde él compraba era conocida, por la pureza, como ´Cem por cento´ (la bolsita a R$ 10).

Hay una mujer en Sampa y hay otra local –a menina gostosa, de soberbio culo, da a entender- a la que conoció a unas cuadras por la rúa Marino. Era ella crackeira y lo usó, según él, para consumir sin pagar.

Después ella se fue con los nóias de la plaza de al lado de la biblioteca –a praça de graça-, antigua cracolandia.

Vi en la heladera un papelito con fecha del 19 de septiembre de 2012 con dos frases escritas, una por él, otra por la menina gostosa.

Frase do João: ´Não é saudável ajustar-se a uma sociedade que está doente.´

Frase da menina: ´As pessoas gostam de você proporcionalmente ao que parecem…´ (Em esta frase -João me diz- falha a concordância).

Salimos.

Le presté um diezão. Bajamos por una perpendicular al centro y llegamos a la avenida Andaló. En la esquina no había. Subimos hasta el puente que cruza y une Independencia con Potirendaba. Le conté que conocía el posto de gasolina. Pasé por ahí, semanas atrás, arriba del Sao Francisco yendo a la fiesta da Marilia.

La plaza donde vamos a comprar queda cerca da…, a unas tres o cuatro para adentro de la Potirendaba. La referencia es la escuela. El recorrido total es de 50 cuadras.

Dentro del barrio nos mantuvimos yirando. Los dealers corren de un lado al otro. Mi presencia los hace desconfiar. No ser del barrio es un problema. Ser gringo es un problema inaudito.

Idas y vueltas. Aparece un señor de unos cincuenta años que se queja. Cómo puede ser    –creí entender Cecilio de nombre- trabajar toda la semana para llegar al viernes y tener que andar corriendo moleques que se escapan y que lo hacen caminar para conseguir el bagulho, a pedra. Pedreiro, trabaja con lajas y, según dice, lo hace para un empresario rico y dentro de un condominio importante.

Entre los punteros, existe un intrincado sistema de control. Algunos rajan mientras los vigías pasan la información, cuadra a cuadra, vía celular de los movimientos de los visitantes. (Las chicas que venden dosis son magníficas a la vista.)

João se enoja y me reta porque hablo muy alto. Siempre cree que hablo alto y que doy información. Puede tener razón.

Si me mando la cagada, él no me defiende, ni se arriesga.

Si la cosa se pone pesada porque sí, ahí se ve.

Fue la segunda salida.

Dos horas de caminata. Abandonamos una zona portuguesa -Lisboa, Estoril, etc.-, con canchas y con casitas ordenadas que conviven con la droga fuerte. (Por la zona vi también una creche –no es raro el término anglosajón. A la ocupación fue varias veces una trabajadora social; tal vez trabaje ahí.)

Volvimos más rápido.

João me dice cosas que quería decirme ayer y me cuenta de la encuesta que hizo sobre la toma y la ocupación de la cámara de vereadores. Muchos estaban en contra. La idea de representación que tiene el sujeto brasilero es no de igual sino de idealización, dice.

Se es ser humano hasta ser político, había dicho João en los días de la ocupación.

João como DaMatta ve que, en la sociedad brasilera, el punto es poner el pie primero en el otro: ¿sabe usted con quién está hablando?

La idea de subordinación lo vuelve loco. Es la misma que me impone al agredirme, al tratarme de estúpido y de sin memoria. (Y por intentar usarme. En algún momento sabré que pensaba ponerme de testigo –inventado- en un juicio que le seguía a un mercado por echarle encima los guardias de seguridad bajo sospecha de ser él un carterista.)

El crack es peripatético. Da mucha energía y se anda. Produce infinitos pensamientos, y paranoia, según me cuenta y advierto.

Al final, en la vuelta, João se asustó de una barca de poli y se adelantó. En la puerta de su casa nos separamos. Estaba apurado por entrar a fumar. La piedra le dura poco. Lento es el ritual que, hoy vi, tiene muchos pasos. Después sale a caminar solo por horas.

A nóia.

Um nóia.

Nego maluco.

-20 de julio de 2013 [4pm – 6pm]-

Como anoche le había prestado dez contas pra o rolé, a eso de las 4pm me convidó a comer.

Le había prometido ir a la feria a ver cómo trabajaba. Engripado, me levanté tarde. Por la fumata, él también. Cuando llegó a su puesto, estaba ocupado. Pasó por algunos restaurantes, consiguió marmitex y me invitó.

En alguna caminata, algo vio. Remarcó que tal vez la policía estuviera persiguiéndolo. Con el paso de los días se ha mostrado más paranoico.

Fui claro desde el comienzo. Le dije que no quería decepcionarlo.

Quiere contarme menos.

Intenté por dos veces que me dijera cómo sucedió, en la ocupación, lo del menininho crackeiro, entre el viernes y el sábado pasados. Ya me había dicho alguna cosa sobre la actuación de Marilia que no lo había cuidado bien al pibito, etc. Pero no conozco la historia base y él -me dice enojado- se cansa de repetir. El problema no es repetir sino completar historias que empieza y que, en los desvíos, deja sin nudo.

Hablamos de Marilia. Le conté que me gustaba, que la consideraba una buena militante y que con un programa e ideas más certeras podría mejorar. João se desvía y me cuenta de su idea de ir a ver a un vereador a pasar info. Dije que no topaba. Luego me dirá que reflexionó sobre eso.

Mientras en su habitación, en una tevé pequeña colgada de un rincón, miramos un partido de un descendido Palmeiras, equipo al que iba a ver cuando vivía en São Paulo, me explica (ese es su tono) que no hay que idealizar a los moradores de rúa. Todos en la escala social son bandidos: cada cual busca aprovecharse del otro y cagarlo. Por eso, aunque en el fondo la acción contra el menino de la ocupación haya sido ruim, se refería a esa historia que apenas conozco, el error era querer protegerlo.

Entre los moradores de rúa hay asesinos, violentos, locos, crackeiros, personas que eligen esa vida, etc., y todos tienen un mismo objetivo: sobrevivir.

En medio de esa explicación, que tiene que ver con las jerarquías, volvió a la historia de cuando lo echaron de la fábrica -o empresa- en la que trabajaba.

Ahí, parece, perdió todo. Argumenta que lo rajaron por negro. Esa es su mayor mágua. Está revoltado frente a la injusticia.

Quiere volver a ocupar ese lugar social: trabajador con dinero y la consecuente familia.

Le dije que me parecía que la sociedad brasilera funcionaba expulsando y que, en todo caso, podría desear salir de esa situación yendo hacia otro lugar (es decir, pensar en un proyecto paralelo conmigo). Pero él no me escucha, ni atiende cuando le hablo de contradicciones.

Es Testigo de Jehová (a primera vista no parece un dedicado practicante). Iba a una iglesia del barrio. Supongo que fue discriminado por fumón.

Opinó sobre la diferencia entre maconha y crack. A la primera la odia y, además, la relaciona conmigo. Dice que me olvido por causa de ella. Defiende al crack. Da más lucidez.

Le pedí que me acompañara al barrio Santo Antonio, buraco de los buracos en Rio Preto, pero ahí no tiene entrada. Está peleado con algún foda y lo creen de la policía. Uno prometió matarlo. Me dijo que fuera con el gordito de la moto de la toma (Henrique). Le propuse ir con él nomás, sin terceros.

Esa misma tarde en su habitación, viajamos al rap de los ochenta en Sampa. El inicio en las catacumbas paulistas de lo que hoy virou chic. Me contó también de su adicción a navegar y a hacer amigos virtuales. Por una hora rondamos la computadora.

Antes de despedirnos, me dijo que un rato más tarde, cerca del albergue -Bady e Independencia- podía ver los cachorros quentes, las saladas de fruta y los refrescos, todo eso que les dan a los pobres.

Fui.

Me quedé en la esquina del Banco do Brasil alrededor de una hora.

Entre el dormidero a una cuadra de ahí y el dormidero cerca de Vila Dioniso, más los del albergue, conté unos 20 moradores de rúa. Como mucho, Rio Preto debe tener unos 100 aunque está el mito de los miles.

Los negocios cierran a las 6pm. Antes de las 8pm, sus techos o sus aleritos de ingreso, se pueblan. Muchos dejan sus trapos disimulados entre los arbustos durante el día.

Llegaron tres autos nuevos, sobrios, de alta gama. Estacionaron y de sus baúles sacaron las viandas (comida, bebida, postre). A veces reparten ropas. Blancos de clase acomodada. Pertenecen a iglesias evangélicas. Esa dádiva es su militancia.

Me tiró el dato de la repartija para ver si estoy atento y para ver qué hago.

Volví a encontrarme al Frankie y me apodó Renato Ruso.

Al acercarme al grupo que recibía los lanches, me ofrecieron uno. Decliné.

Estaba, a esa altura, satisfecho de que me vieran como a un par.

-03 de agosto de 2013 [6am – 9pm]-

Este sábado nos vimos. Pasé por la casa a visitarlo y salimos a dar una vuelta.

Entre este sábado y el último escrito del diario, hubo otros encuentros más breves como aquel de un día viernes -después del fin de la ocupación y de una semana complicado por la garganta.

Ese viernes fui a la casa. Hacía frío. Lo acompañé hasta una iglesia pasando la Andaló, cerca de la plaza de la Figuera donde suele parar el Hippie y donde escuché de boca de Zé la historia de la expulsión de los negros del barrio Boa Vista décadas atrás, hoy un barrio residencial, próximo a donde vivo.

Quería mostrarme otras maneras de cómo la clase alta, vía iglesia, alienta a la caridad. Por estos días, Bergoglio, nuevo Papa, visita Brasil. Hay que dar a los pobres.

En la ida y la vuelta de la iglesia –gran salón de recepción, mesas con manteles, platos finos, y hasta recuerdo banderines de cumpleaños, para los veinte o treinta famélicos que se acercan- Anónimo hizo un repaso de mis acciones en las salidas previas, en las que repite mi falta de experiencia, mi poca viveza, etc.

Me fui rápido. Dejamos por la mitad la charla que rondó SJRP y las mujeres. En relación con SJRP, el Anónimo cree que algo del pasado caipira y de las fazendas que hay por acá llevaron a una relación rústica entre las personas que, sumado al dinero, es explosivo. Anónimo compara con la apertura de las personas de Sampa.

Eso fue un viernes.

Retorno al deambular del sábado 03. Llegamos a la zona de la plaza de la catedral, centro. Estaba por atardecer.

En un buteco de la esquina está el Hippie escuchando Marley en una rockola, borracho de cerveza y pinga, y fumado.

Cruzamos a la plaza. Aparece la galera de la rúa, conocidos entre sí. Éramos el Hippie, el Anónimo, el Frankie, el chico de bermudas azules y otros dos más. Flotaba un clima de mala onda. Hablaron de unos colombianos que andaban por ahí –no entendí si en la calle o que paraban en la plaza- e, influidos por el asunto gringo, pasaron a hablar de Argentina, de cómo es, de cómo se habla, según había desparramado el Hippie que había vivido en Uruguay, casado con una local, y que había viajado por Argentina.

El Frankie -el que tenía ´SF´ dibujado en la cabeza- contaba que le habían pegado y que quería comprar un arma para matar. Habló del accidente en una moto –mostró la cicatriz en la pierna- y de cómo pasó sus días en el hospital donde cumplió años. Como todos, mezclaba. Insistía con que le habían dicho nazi porque estaba rapado a los costados.

La vestimenta es importante. Según el Frankie, se viste mejor ahora, que está en la calle, que antes.

Al de bermudas azules lo llamaron ´mendigo-boy´, es decir, el ´mendigo playboy´ que se viste con mejores ropas y que le gusta hacer eso.

Hablaron, después, del Comando Vermelho y de otra organización criminosa. Las consideran el verdadero Estado. A ellas deberían responder. Son las únicas que hacen sentido. El código de Comando Vermelho son la ´c´ y la ´v´ formadas con los dedos.

Salimos de la plaza de noche. El Hippie –escabio y pesado- me pidió una mochila porque no tenía dónde poner las artesanías para vender.

Bajamos desde la plaza hasta Bady e Independencia. Como era sábado había mucha gente –llegué a contar más de 25. Nos quedamos dos horas hablando.

Ahora, desde adentro.

Estoy sentado, y observo la violencia que sale del interior de los autos hacia los muchachos de la rúa, tétrico.

Caravana de motos de alta cilindrada custodiada por la policía. Bocinazos. Aceleradas. Faquius. Fue tema de ronda: por qué existe ese desprecio. Les duele más que la falta de hogar.

Pararon, luego, algunos autos con pocas cosas. Bajó un señor gordo que parecía tanto de una iglesia, aunque puede ser apenas impresión.

El Anónimo habló del dinero que se pone tres veces, en los impuestos, en el pago a los trabajadores (médicos, asistentes), en la dádiva de las personas.

No pareció ser un día de mucha ganancia para ellos.

El albergue es, ante todo, para castigar a los meninos de la rúa que son expulsados de donde están, que soportan el castigo y que la cagan por ponerse violentos. Los adultos fluctúan.

Los moradores de rúa –ningunos santos- nuclean, sin que se les solucionen problemas, asistentes sociales, ciudadanos, feligreses varios, profesionales de todas las layas.

Universal justificación del presupuesto. Se los violenta por aburrimiento del personal.

Anónimo remarca siempre el punto de vista: dónde comienza la violencia, quién la genera, cómo se la ve desde el otro lado. Repite: una cosa es hablar desde la cámara de vereadores, otra es estar a la intemperie.

Durante el jantar de ese sábado, en una camioneta negra, pasa uno de los operadores que estuvo semanas atrás en la ocupación de la cámara -donde conocí al Anónimo. Espías, vigilantes, informantes. En Rio Preto poco permanece fuera de control.

Días más tarde, escribo rápido, hoy es 07, le llevé al Hippie, por la tarde, a la plaza de la Figuera, una mochila. Una forma de pago por lo que implica hablar con él. Le saco para escribir y no soy sincero si no aporto. No le importa esto del escribir –que se lo digo. Me promete que me va a pagar con artesanías. Hablamos del albergue. Reconoció la mala vibra del lugar y la policía municipal que hincha las pelotas. Por una cosa o por otra, el Hippie anda high, cada día. Fui cerca de las 6pm y se iba para la Bady a comer.

A las cobras hay que matarlas desde pequeñas, no dejarlas crecer –eso siempre decía João. Era su lema. El Frankie firmaría. El Hippie sonriente diría que sí.

´Estou apenas, e não sou guiado por nada.´ Edson di Carvalho {Nossos mortos, 2013, filme}

Rio Preto, 18 julio al 07 de agosto de 2013 – Tandil, 18 al 22 de septiembre de 2015

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Gólgota. Entre el guayma de Dios y los mártires de Moloch [De las reales crónicas del Espectro]

'Menem punk.' [Inscripción sobre cemento fresco - 9 de Julio al 700 {vereda par} – Tandil (centro)]

‘Menem punk.’ [Inscripción sobre cemento fresco – 9 de Julio al 700 {vereda par} – Tandil (centro)

Acá en Sálmacis todavía no conectamos con la Gran Madre y, entonces, traje apuntes (algunos) y otras notas (esquivas) que den cuenta a como dé lugar de la onírica ciudad -sencilla e ideológicamente pestilente- que se derrama hacia y contra los cerros -evitable amanuense- donde –en dichos cerros- me gustaría refregar las vísceras de nuestros bastardos enemigos… pero me contengo.

Despejaba de sus legañas a los árboles más allá el viento. Ladraba y corría alambrado de por medio a los caballos Cartucho a lo lejos. Carraspeé. No era simple abordar a un Espectro violento. Menos de dos semanas atrás -viernes gélido- habíamos compartido la ida nocturna a chusmear al equipo de puertas adentro. Un paseo agitado por entre la maraña humana. Un desacierto. El Espectro, de pecho al alambrado, graznaba contra los asistentes queriéndolos convencer del engaña pichanga de lo deportivo -en un sentido genérico (así les decía y se tomaba el tiempo)- y les vomitaba que una mierda de lo soñado y que no había que creer en el imposible mito de la ciudad-estado…! -hasta que reparaba que hacía ya minutos se había vaciado esa mínima platea sin techo a su costado.

Lo decís y apenas lo recuerdo. Tengo imágenes. Rombos. Aceros. Oigo bombos…

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Interrumpió su derrotero. Caminó y luego de patear el polvo de la galería, agregó enhiesto: – Igual que el sábado, ¡carajo tremulento!

El mate languidecía sobre el brazo del sillón huero. El cigarro bufón ni humeaba ni tenía porqué hacerlo. Eran las notas del desconsuelo. Era una pelea por el título mundial, le hilvané, Espectro, y no había traza en ella de conexión alguna con la podredumbre que azota este suelo. Aunque te reconozco que piré hacia Lausse y Loayza, y que cincuenta y ocho años después, y la próxima letra del alfabeto, M vs M, el Chino versus el Morocho -en contexto fulero- quien para mayores señas se hacía llamar –tenía estampada o bordada la gorra- ´el mejor del mundo entero´.

Campeó el silencio.

Muchas y tantas otras me pregunté cómo te animás a escribir si no entendés, te lo juro. Me dijo el ´te lo juro´ midiéndome el entrecejo. No se refería al mejor de ningún mundo. Era sobre el tiempo, las décadas, los siglos y los milenios y habría incluso -me parece- que preguntarle a Píndaro qué opina de este muchacho que, con espíritu intacto griego, se choreó un rubio efebo y lo encaminó al ring. Un buhonero.

'Son muchos los que hablan de esa pelea. Por el título sudamerican de los medianos van a combatir a las once el campeón Lausse –que acaba de cumplir una campaña triunfal en los Estados Unidos– y el chileno Loayza.' - Rodolfo Walsh. ´Primera parte´. Operación masacre [1957].

‘Son muchos los que hablan de esa pelea. Por el título sudamericano de los medianos van a combatir a las once el campeón Lausse –que acaba de cumplir una campaña triunfal en los Estados Unidos– y el chileno Loayza.’ – Rodolfo Walsh. ´Primera parte´. Operación masacre [1957].

Se me mezclaban –dije- aquella noche las cosas… –(y si no dejás de fumar, le vas a robar, amanuense, la confusión al caos genésico)- …pero recuerdo que revoloteó por la cero horas y antes de ser M vs M, el entrevero, la recia historia de esa metalmecánica -´Cinpal´- del vecino imperio que, sabelo, desde las sombras nos gobierna.

Eran esas y otras también las notas del sin acuerdo.

Esta es la ciudad de los anhelos, me replicó el Espectro, y lo que mi informante cinpalero me dijo fácil es creerlo. El vacío de la situación. El desamparo de los obreros. La lesa humanidad que rodea a los de comunicación denominados medios. El hacer de cuenta que. El raje a unos sesenta y tantos compañeros. La desconfianza. El gremio. Los arreglos. La patronal. Una ensalada que incluye la mímica de trabajar cuando vienen los foráneos a llevarse la guita y a dejar poco sueldo. Y mientras tanto… se canta y se aúlla en las celebraciones por el aurinegro (tan de acá que de membrete lleva el apellido de los edénicos latifunderos) decía que se canta y que se aúlla sin que del destino colectivo importe un bledo -a no ser, ser o parecer más rubios, más blancos, más ricos, más opulentos. Esos también son -para decirlo con un término añejo- los alienados deseos de los sin techo -¡y ni se te ocurra poner homeless copista porque vengo y te achureo!

Bajé la mano un par de amagues con la palma hacia el suelo. Descuidá, te conozco, ropavejero. Allá, en el Más Allá, me di cuenta que más el lago y menos los morros, el infierno tenía su sucedáneo al sur y entre el viento de hielo.

Por eso te viniste, burócrata de mi desconsuelo.

Son fortalezas aleteadas del mismo vuelo. Cortadas por la ruta, la estrada, la vía que no es de fierro. Con trenes más de carga y de mulas latosas que de orondos pasajeros. Las rutas cortan a esta de acá y a aquella de allá, inigualable Rio Preto. En esta de acá la ruta es la herida entre los que detentan y esgrimen el vacío en objetos, y los que pacientes aceptan el desprecio y anhelan copiar a los opulentos… Sin saber que en la opulencia, está el olor de lo muerto. Lo siento.

El filo del sol y de las sombras tajean a los cerros. Las nubes autárquicas dejan de ser la aduana del astro cada vez más de invierno. El frío, no podré no repetirlo, repasa bocanadas del averno. Triste copista, triste velero hecho a la mar y a los vaivenes del oleaje funesto –quiero seguir si me permitís, con mis lembranças del revoleo comunero.

Y retomó. La galería oscura y las diminutas voces a lo lejos.

¿Por qué aquellos fabriles cinpaleros esperan con la paciencia del perro viejo? –regurgitaba consecuente el Espectro. Vos decís –le dije- por qué los que quedan ni piensan en la cooperativa ni agitan banderas con el lema del perdido por perdido o del muerto por muerto. Será –te digo, copista- que en estos tiempos nadie ya lee ni se interesa por las palabras de los borregos. En lo poco que oí de aquellos diez días previos a la llegada de enero, ante la falta de respuesta del patronaje, el liderante sindical de apellido menos griego había lanzado amenazas orquestadas con el juego de decir que si las cosas seguían así iban a alterar la paz social, pedir en los mercados al menudeo, en una juntura por la cual la revolución es apenas un saqueo.*[1] Acaso por esa gastropolítica, el Chino –nuevo Che- por gesto manducó alfajor con las manos sin los guantes y perdida bandera naciocielo. Será que no sé, Espectro, será que nada es tan fácil ni tan derecho (dejando, de ellos, a un lado el pensamiento).

Y digo y agrego un nuevo desconsuelo.

'Paguen / UOM Ladrones / Fábrica Tomada.' - Inscripciones.  Esquina de Aeronáutica Argentina y San Francisco - Villa Aguirre - Tandil

‘Paguen / UOM Ladrones / Fábrica Tomada.’ – Inscripciones.  Esquina de Aeronáutica Argentina y San Francisco – Villa Aguirre – Tandil

Días después de aquel piquete con humo cubiertas pernoctes merca, días después atravesado el año nuevo, en la misma rama e instancia metalmecánica y con la misma ignorancia sindical, el horno se morfó tres obreros. Los calcinó. Dócil prueba de una ciudad con fascitoides como para hacer dulce sin ciruelos y poblada tal cual Gólgota, ¿y no lo será de hecho -campo de muerte- con el crístico monolito al final del sendero? Y al morfárselos me acordé de la boca diabólica de Metrópolis, y de Moloch, que se indigestaba de trabajadores molestos –sonríen los infames- excepto si es para comprar –piensan ellos- las mierdas que les vendemos.

Fue entre fines de diciembre y comienzos de enero, Espectro, cuando ni estábamos acá ni estábamos cerca de creerlo. Fue en el horno 6 como dicen los pasquineros y los cito (…en la madrugada de este jueves –9, acoto, de enero- aproximadamente a las 2:30 horas se produjo una explosión en el horno 6 de la Metalúrgica que dejó como saldo tres heridos de consideración…)*[2].

Luego los tres –Luciano, Lucas, Juan Cruz- y en ese aciago orden, murieron.*[3] Y esos tres, irredentos hasta hoy, es todo lo que sabemos. *[4]

Horno seis. Con otros dos números hermanos serían el suficiente señuelo. Detrás de las máquinas está el arrojado desde el empíreo santo techo.

Visto en una vidriera de panadería

Vidriera de panadería. Av. Santamarina.

Alguien dijo que el siete es el round de la suerte o de la sorpresa o del milagro. Y no sé en lo que creo. En esas cosas pensé cuando entró el circense Moreno. ¿Habrán sido los guantes mudados ? ¿ Habrá Floyd comprado a los jueces? Importa tan poco saberlo. El sábado a la noche ofrece ese señuelo. Para los trabajadores la estampita en rayos catódicos de Marcos que, desde un pueblito, se enfrentó al imperio.

Creo en los publicistas. Creo en los silencios. Rimaba peor que nunca aquel a quien la iracundia se le había ido con su crítico y falso comprometido desvelo.

A vos van a expulsarte de la fortalecida ciudad, álmico esqueleto -le dije sin recelos. Lo harán el día que lean estos delirios inconexos.

Falta milenios o tal vez nunca, es cierto.

Lo miraba alejarse.

Aún me quedó tiempo para decirle que cerrara la tranquera. Y al salir seguro vas a pensar si no es exacto que el barro sea nuestro origen modélico, le grité desde adentro.

Nos despedimos, una vez más. Para nosotros, él era el Espectro.

 Lourdes – Tandil – 05 al 13-05-2014

[LINK 1: www.nuevaeranet.com.ar/locales/nota-cinpal-confirmo-el-despidio-de-54-trabajadores-de-su-planta-de-tandil-31263.html ]

[LINK 2: www.eldiariodetandil.com/2014/01/09/asi-quedo-metalurgica-luego-de-la-explosion/]

[LINK 3: www.lu32.com.ar/nota/23073/envivo/agenda.php?dia=1&nuevo_mes=5& nuevo_ano=2014]

[LINK 4: http://www.noticiashausler.blogspot.com.ar/2014/06/argentina-tandil-estarian-vaciando-la.html ]

Brasil, un sutil y delicado apartheid

“Os pequenos querem ser grandes, os grandes querem ser maiores, os maiores não sei, nem eles sabem o que querem ser.ˮ / Antônio Vieira [Lisboa 1608 – Salvador de Bahia 1697]

“Resta algo da ditadura em nossa democracia que surge na forma do Estado de exceção e expõe uma indistinção entre o democrático e o autoritário no Estado de direito.ˮ / Edson Teles, “Entre justiça e violência: Estado de exceção nas democracias do Brasil e da África do Sulˮ, O que resta da ditadura: a exceção brasileira [2010]

Este lunes cuatro de agosto [04-08-2013] a las 22 hs., Bruno Torturra, periodista, y Pablo Capilé, productor cultural, visitarán el programa de análisis y debate ´Roda Viva´ transmitido por la TV Cultura (Brasil). Torturra y Capilé son el dúo al comando de esa nueva forma de hacer periodismo que se despertó durante las protestas en Brasil y que es conocida como Mídia Ninja [Narrativas Independentes, Jornalismo e Ação]. [LINK http://tvcultura.cmais.com.br/rodaviva/roda-viva-recebe-idealizadores-do-grupo-midia-ninja ]

Mídia Ninja llega a la televisión en el momento de más profunda (falsa) calma del descontento social brasilero. TV Cultura –el espacio elegido- está, podría afirmar, en las antípodas de Rede Globo. ´Roda Viva´ fue el programa que primero acogió a los representantes de Passe Livre allá por fines de junio, cuando todo se incendiaba. Ese programa sentó, también, en el centro del escenario a Slavoj Zizek que andaba por Brasil vendiendo su nuevo libro sobre Hegel y que dio una hora y media de memorables respuestas. [09-07-2013 – LINK http://www.youtube.com/watch?v=gECgJbWOppo%5D

Una de las frases estrellas de Zizek, aquella noche, se resume en la siguiente hipótesis: la revolución (o las revueltas) sucede no cuando el descontento es generalizado con todo el mundo en la miseria, la ruina, etc., sino cuando se ha generado una expectativa sobre una eventual mejora social y esa promesa no se cumple.

Nada parece describir mejor la situación local.

En los primeros días del 2012, mientras preparaba mis libros para mudarme a Brasil, leía religiosa e ingenuamente diarios on-line como para ponerme a tono con ´las noticias´. La Folha fue, en ese entonces, una de mis adicciones. Con preferencia durante los fines de semana aparecían en primer plano dos indicaciones psicodélicas: el mapa con el aumento de la violencia ´delictiva´ en las grandes ciudades (aka São Paulo); el absurdo contador –o clasificador- de clase social.

El juego era así: usted completaba con una serie de variables económicas y de empleo unos casilleros y el sistema le devolvía a qué clase social pertenecía o creía pertenecer. Adivine. Adivinó. El resultado, como en un horóscopo, era siempre positivo, siempre más arriba, siempre en ascenso. Un paulista anfitrión durante algunos días en mi paso por Sampa, hace un par de meses, me contó que había realizado el test con el salario mínimo, sin casa propia, sin auto, sin electrodomésticos y el resultado había sido -¡claro que adivinó!- clase media.

Si revisan la web ahora verán que las noticias sobre números y ascensos y menos pobreza y más clase media y un extenso etcétera, pululan por los buscadores según entiendo con una dosis considerable de verosimilitud. El discurso del ascenso de clase social –en un país en el que, desde una mirada intuitiva, es difícil encontrar la clase media– pertenece al carro de la victoria del PT (en la sucesión Lula, Dilma) y ha sido tomado como bandera tanto por los trabajadores (los obreros) como por ese grupo de la pequeña burguesía cuyo horror máximo es ser confundido con ´los pobres´, con ´los negros´, con ´o povão´.

Los tecnócratas –que incluye a gran parte de los investigadores sociales y a los periodistas- han dividido al país en cinco castas: A, B, C, D, E. Se habla de cada una de ellas como si fueran entidades animadas. ´Hoy en día la clase C quiere, busca, desea…´; ´lo que las clases A y B reclaman´ y así por delante. Ese sistema de castas que plantea la vida social casi como si fuera un juego virtual en el que hay que avanzar de nivel, responde a una variable fundamental en la comprensión de la sociedad brasilera: su intrínseca e histórica organización jerárquica basada en el simple principio de domesticación que usted, si visita este país por más tiempo del que insumen unas alienadas vacaciones, puede tener todavía el placer de experimentar al oír o al intuir la pregunta marca-territorio –¿sabe usted con quién está hablando? (Indico para entrar en tema, la lectura de Roberto DaMatta, Carnavais, malandros, heróis, 1979 del que hay traducción al castellano).

Con orígenes en la época de la colonia y con eje en la esclavitud (siglos XVII al XIX), al día de hoy esa jerarquía –que no es más que la opresión y la dominación simbólica y económica sobre ´el otro´- aparece cristalizada por la pervivencia de la sombra de la dictadura que se instaló en 1964 que comenzó a irse en 1979 y que, según los libros oficiales, parece haber terminado en 1989 –momento en el que toma el poder Collor de Mello, un esperpéntico producto neoliberal del marketing televisivo.

El humus de esa formación social históricamente jerárquica, sumado al conservadurismo irracional y destructivo de la dictadura, sumado al discurso ´progresista´, sobre todo desde los medios, que fogonea sin parar la salida de la ya a esta altura poco deseada clase C para pasar, ascender (¿?) a las clases A y B genera un estado tal de susceptibilidad que cualquier ente que no sea blanco caucásico, con acento de los estados centrales (Minas Gerais, Rio de Janeiro, São Paulo, Paraná) y con bastante dinero, es poco menos que nada en esta sociedad.

Desconozco y no me interesa, en este momento, ahondar en los criterios que se utilizan para determinar la pertenencia o no a cada clase. (Al respecto pueden leer, si les apetece, esta nota –LINK http://www.logisticadescomplicada.com/as-classes-sociais-e-a-desigualdade-no-brasil/ , y no olviden dar una mirada a los comentarios de los lectores anteriores y de paso ¡prueben suerte en ´la rueda de la fortuna´ de las clases sociales!) Como habrían podido conocer, si me hubieran hecho caso, el factor desequilibrante es el económico centrado en el consumo de bienes materiales. Un segundo grupo de rasgos responde al nivel educativo con el aliciente que para la sociedad –en puntos- significa lo mismo tener dos televisores que haber cursado por algún período de tiempo en la universidad.

¿Qué se esconde en esa inconsecuencia de cruzar datos del consumo de objetos con el acceso a la educación? Se esconde, en principio, una gran ironía y una gran injusticia.

Más allá del crecimiento de las cifras de las matrículas, más allá de los esfuerzos legales para garantizar porcentajes de ´cuotas de negros´, más allá de los programas de becas, en la actualidad la Universidad pública –para poner el caso más drástico- es un espacio destinado solo a blancos pertenecientes a familias con dinero (entiendo que entienden que hay excepciones).

Si uno quisiera comenzar a tomar dimensión del abismo entre ricos y pobres, blancos y negros (repito, con los matices que ustedes sabrán agregar) debe observar la Universidad brasilera. Según los datos otorgados por el Censo 2010 [LINK http://www.portal.mec.gov.br], existen 2377 instituciones de Educación Superior de las cuales 2099 son privadas. Esto implica que, en el nivel de los que buscan graduarse, en un país de 190 millones, existen 6,5 millones de estudiantes con la siguiente división: 4,7 millones asisten a las privadas, el millón y medio restante a las públicas. En conclusión, el mítico número del 1 % de la población brasilera que ve cumplido su derecho a la formación superior, no es un mito. Como podrán suponer, quienes concurren a una universidad privada disponen del dinero suficiente para pagarlo y eso implica que pertenecen -casi siempre- a las clases del tope de la pirámide.

En las ciudades capitales de los estados la situación puede variar y, de hecho, varía aunque apenas. En el interior de São Paulo –donde vivo- la universidad estadual, que se sostiene con el dinero aportado por todos los ciudadanos, se las ha ingeniado para conformar un plantel docente y de estudiantes sin (casi) ningún brasilero negro y con una notoria escasez de estudiantes de las clases sociales menos favorecidas. (En el colmo de la perversión, muchas de las personas a las que el sistema les tiene prohibido de forma implícita o explícita el ingreso a la universidad para estudiar, son –sin embargo- contratadas para trabajar en la seguridad, en la limpieza, en el mantenimiento, etc.- dándole a todo el ambiente un tufillo de distopía inconfundible). La diversidad étnica estaría representada, en todo caso, por alumnos negros extranjeros quienes, por otro lado, son discriminados en sordina justamente por ser un tipo de extranjero no demasiado bien visto ni valorado.

Es casi imposible demostrar lo que afirmo. Conozco a una persona negra con sus raíces africanas intactas, con su cultura siempre presente, con su conversación diferente, con todo su ser negro que año tras año ve como la oportunidad efectiva de entrar a estudiar a la Universidad se le frustra. ¿Cómo demostrar que la evalúan para dejarla fuera? ¿Qué otras herramientas que no sea la justicia podría uno usar aún a sabiendas de que eso –aquí- es cavarse la tumba en vida y con las puntas de los dedos?

Desde hace tiempo intento convencerla de contar su historia. Al día de hoy, sus promesas me hacen pensar que nunca voy a obtener ese testimonio. El año pasado en un episodio confuso –para ser benevolente- un profesor de una universidad pública frente al pedido por parte de esta persona a la que me refiero de una charla de consulta estrictamente académica, le respondió con un chiste en el que le sugería que se sentara para esperarlo como en el pasado esperaba su tormento el esclavo. (Si les parece increíble la historia, no se preocupen, tengo otras, en otros ámbitos también.)

A los pocos días la Universidad –en una neurosis que alcanza el cinismo- festejaba el ´Día de la conciencia negra´ [20 de noviembre]. La persona que había sido vejada por el comentario de ese profesor se acercó a las autoridades y les comunicó el caso. La invitaron con un café. La escucharon hablar un rato. El profesor sigue hoy cobrando su salario.

¿Cuál es la relación de Mídia Ninja con toda esa locura racista que atraviesa la sociedad brasilera? Ninguna. Por el contrario, Ninja nació como una forma de enfrentarse a los medios hegemónicos de comunicación eje de los discursos xenófobos y que, por su énfasis en el ascenso económico, disparan el sentimiento fascista de gran parte de la población.

Aun así, en pequeños detalles -que supongo surgen más de los seguidores y de los adeptos que de los propios Ninjas en acción- aparecen contradicciones. Representan ´la voz del pueblo´ (ese viejo recurso de las elites brasileras, según DaMatta, de ´hablar en lugar de´) y aparecen fascinados por la posibilidad de ser reconocidos por el periodismo tradicional. TV Cultura podría ser considerado, como dije, un espacio alternativo dentro del concierto mediático, pero sus panelistas provienen de medios de comunicación hegemónicos y nada plurales.

Una situación híbrida semejante ocurrió cuando durante las protestas de junio el hackeo de la cuenta de twitter de Ninja –que le impidió transmitir on-line- llegó a los oídos y a las páginas del diario New York Times con la resultante de una agitada celebración virtual vernácula.

En el colmo del descuido para un medio de comunicación alternativo –cuya novedad, de todas formas, lo disculpa- un Ninja –uno de los varios- en una transmisión de protestas que estaban siendo observadas por miles de personas de Brasil y otras tantas de América latina de habla hispana realizó ao vivo chistes sobre ´los gringos´ (´los extranjeros´) que no entendían nada de lo que estaba pasando. Los reclamos de mayor pluralidad en las redes sociales se hicieron oír.

La jerarquía y el gueto, incluso entre personas que buscan quebrar parámetros opresivos, son comunes en estas tierras.

El Anónimo, un amigo de los márgenes, me bautizó ´el Espectro´. Soy invisible. No existo. Ser extranjero, sin ser de Estados Unidos o de algún respetable país europeo que no se llame Portugal, es poco menos que una desgracia. Y si ese extranjero es argentino, es la peste. En cualquier charla uno debe dar por perdido los primeros diez o quince minutos en los que –el guion corresponde a O Globo y a las empresas de publicidad- los chistes recorren todas las miserias y las desgracias de ser aryenchino. En el medio de la Ocupación de la Câmara dos vereadores en Rio Preto [ver post 21-07-2013], relato una entre cientos de anécdotas posibles, alguien que participaba del movimiento, después de mi presentación, se me quedó mirando mientras repetía: ´sí, sí, argentino, argentino, como Messi y Tévez que juegan bien al fútbol, pero tienen esos ojitos tan de mogólicos, ¿no?´ En otro momento me hubiera peleado. En otro contexto lo hubiera increpado. En este contexto, en el que creo poder entender qué es lo que sucede, no.

En la historia personal del Anónimo está la eterna sospecha –para él convertida en ´com certeza´- de que la desgracia en su vida comenzó el día que fue echado del trabajo sin mayores explicaciones –punto de inflexión para perder familia y todo lo demás- por ser negro. Oí su narración por lo menos tres veces. Y siempre remarca que de entre todas las opciones, por no ser blanco, él fue la primera, la ineludible. Para el Anónimo, el brasilero blanco y con dinero es directamente un ´nazi´.

El Anónimo sabe, y concuerda conmigo, que, en el interior del rico São Paulo, la diferencia entre un negro y un extranjero es nada.

Todo el asunto, por supuesto, debe ser tomado con cuidado. Existen varios niveles. El primero responde a los blancos y ricos (clases A y B) quienes tienen toda la renta y manejan espacios simbólicos como los medios de comunicación y las universidades cuyos discursos –en lo básico, no se diferencian. (Fue patético, y lo dije en un post anterior, cómo muchos profesores universitarios se garantizaban el trabajo futuro de tecnócratas en la televisión enarbolando las opiniones que querían ser oídas, es decir, que eran pagadas para ser dichas durante las protestas de junio).

En ellos, en la elite económica, pervive con mayor fuerza el deseo de la jerarquía y en ellos anida con mucha claridad el discurso genocida de la dictadura contra todo lo que sea diferente: negro, gay, extranjero, comunista, nordestino, favelado, y siguen las categorías.

Sin embargo, el mundo donde viven no es de fantasía. La Constitución de 1988 –de transición a la democracia- es un gran negociado de los grupos políticos entrantes con los militares salientes para evitar el juicio contra estos últimos y mantener la amnistía y, lo que es peor, para dejar abierta por artículo constitucional (número 142) la posibilidad legal de que esas fuerzas intervengan si la seguridad nacional lo considera necesario. Esta historia de cómo la Constitución brasilera garantiza la legalidad de un golpe de estado la contaré en un texto subsiguiente. Para los ansiosos su versión extendida –de donde robo la información y sus interpretaciones- está ya publicada en forma de libro: O que resta da ditadura: a exceção brasileira [2010]- junto con el de DaMatta, otro texto ineludible para intentar entender Brasil.

En el límite entre la clase medio-alta y la clase media y media-baja aparece todo un grupo de ciudadanos progresistas que accedieron a algún estudio superior y que niegan y que enfrentan el proyecto nazi e higienista de la elite. En ese exacto lugar se evidencia la mayor contradicción y a eso me refiero en mi crítica a ciertas posturas de algunos militantes de los movimientos sociales brasileros. Ellos establecen su lucha de tal forma frente a los poderosos que, en última instancia, las batallas que se inician ahí acaban por ser la guerra, y esa guerra –observada desde afuera- parece ser solo el deseo de ocupar el lugar simbólico de dinero y de poder que no ocupan en el presente. Tienen buenas intenciones, pero su relación con los verdaderos necesitados en esta historia –los que están en el fondo de la estructura social- está cortada.

Incluso en los partidos de izquierda puede verse claramente ese divorcio. Nadie mejor que ellos para tener la perspectiva de qué se necesita en Brasil: la inclusión de los desfavorecidos en la lucha de los obreros. Sin embargo, el divorcio es patente y casi insalvable. Nuevamente aparece la formación universitaria como una barrera –la mayoría de los militantes no son trabajadores sino estudiantes- y, desde la base social, quien estudia es objeto de toda la desconfianza posible. Ese grupo de líderes está accediendo a un bien al que ellos nunca accederán y el corte es, por ahora, insalvable. Aunque parezca una locura, pero es comprensible, en muchos, demasiados contextos, ser universitario es un estigma, es vida de playboy -desde los márgenes, un ´otário´.

Los movimientos sociales en Brasil y Midia Ninja son, entonces, ejemplos palpables de la paradoja: existe una voluntad de acabar con la desigualdad social y de quebrar ese invisible apartheid que espolvorea todas las relaciones humanas, pero la mirada todavía está dirigida, con un poco de obnubilación, hacia arriba y no hacia abajo. (Para tener otra perspectiva, pueden leer la siguiente nota desde una perspectiva anarquista: [LINK http://aphbh.wikidot.com/wiki:algumas-reflexoes-do-nosso-momento-em-bh-e-no-brasil%5D)

Si la lucha no es solo para defender la prebenda de los blancos que están quedando fuera del reparto de la torta simbólica de dinero y de poder, en consecuencia, debería apuntar a buscar tres salidas mínimas de democratización: apertura de las universidades (fin del vestibular, el filtro inicial que escoge a los pocos estudiantes agraciados), fin de la amnistía legal y apertura de los juicios a los militares (modificar la Constitución para cortar el poder militar implícito), ley de medios de comunicación (ir contra los monopolios).

Con un país con la universidad para el 1 %, la televisión para el 99 % y con la base legal de una Constitución que defiende un estado cuasi-militarizado –en el libro O que resta da ditadura los autores indican que las torturas durante la democracia aumentaron en relación con las décadas anteriores y que, por ende, es necesario hablar de ´semi-democracia´-, la referencia al apartheid es algo más que una mera figura retórica tomada de la historia reciente para establecer una analogía impactante.

Edson Teles –en el artículo que cito como epígrafe- realiza, y espero no sobre interpretar, una jugada maestra. Compara el estado de excepción en la democracia de Brasil y en la de África del Sur –donde Mandela luchó a brazo partido para salir con los menores traumas posibles del apartheid– sin decir nunca de forma explícita que los rasgos de una podrían ser válidos para describir a la otra. El argumento que Teles presenta, pero no hilvana, es que el estado de excepción –que permite el control del soberano sobre la vida, rasgo clave del mencionado apartheid- surge de un lugar indeterminado entre la política y lo jurídico de tal forma que su presencia puede darse incluso durante un proceso democrático permitiendo que el autoritarismo –aun cuando lo jurídico no lo demuestre- permanezca por acción u omisión de la propia política.

Es cierto –lo reconocí- que en los últimos diez años, en muchos aspectos, la vida de los ciudadanos brasileros mejoró. Es cierto que, en los últimos meses, todo aquello que queda por mejorar impulsó un cambio de actitud y politizó a la sociedad. Es cierto que parece nacer ahí, a largo plazo, un proyecto distinto de país. Es cierto que Mídia Ninja es una parte del oxígeno para ese largo plazo. El problema es que, tal como están las cosas, una enorme porción de ciudadanos –y tiene toda la pinta de ser la de siempre- está quedando fuera de la discusión.

Con muchas ganas entrego estas vanas palabras para que el futuro las niegue y las convierta en polvo. Habré sido ciego. Habré cometido un exabrupto. Habré sido un irracional aryenchino que no entiende nada de nada.

Y estaré contento.

Por ahora, como Espectro, veo otra cosa.

Al Hippie (que vivió en Argentina y que está y es de acá, y que estuvo casado en Montevideo), al Anónimo, al Frankie

[Roberto Lépori – De Las crónicas del Espectro – SJRP – SP – BR – 03-08-2013]

Comentario final: En una entrevista a la bloguera disidente Yoanis Sánchez -durante el programa ´Roda Viva´ [25-02-2013, TV Cultura, Brasil]-, una periodista le pregunta cómo debería entenderse que ella denuncie un régimen autoritario en Cuba y que, al mismo tiempo, no haya sido ni perseguida, ni detenida, ni asesinada. No me interesa aquí la situación de Cuba –la desconozco en su complejidad-, ni las ideas de Yoanis, ni los propósitos y razones de la periodista. Me interesa sí, el lacónico inicio de la respuesta. No pensemos, dice Sánchez, en una violencia concreta y física, “…pensemos en mecanismos más sutiles de represión que no por eso son menos represivos.ˮ [LINK http://www.youtube.com/watch?v=-u92s4hUQBg%5D Es el mismo tipo de respuesta que podría ofrecer a quien cuestionara, por excesivo, el título de este texto. La violencia –como en el pasado la divinidad- está en los detalles –o, en el caso de Brasil, si uno considera actuales y estelares desempeños como los del grupo de exterminio BOPE, en no tan detalles.

Esos pobres blancos. Las ambigüedades de los movimientos sociales en el Brasil de las protestas. [SJRP – SP – BR – 17-18.07.2013]

A un mes de la eclosión en su mayor intensidad, el descontento social avanza en Brasil lentamente hacia un futuro incierto inmerso en la ausencia de una estrategia coherente de cómo encaminar fuerzas bajo presión. Por varias razones, São José do Rio Preto [SP] es un interesante caso testigo. La primera. La ciudad funciona a su ritmo alejada de las ´capitales´. La segunda. El movimiento social se cruza con intereses locales de antigua data. La tercera –pura futorología. Quienes comandan las protestas parecen no haber dimensionado lo que hierve en la base. Hace exactamente un mes sucedía ´esto´ en Rio Preto

¿Quién puede decir que nada tiene que ver ´eso´, en su causa primaria, con la heterogénea ocupación de la Câmara de vereadores?

Para el Hippie, que duerme al arrullo de la higuera centenaria

…la molotov es un florero en mi ventana… {La Chicana – Ayer hoy era mañana}

1.-

La nueva antigua droga es –ya lo sabemos- aquella luz plateada que ciega las retinas de millones al mismo tiempo, y ´en vivo´, y que, mediante esas muertes ciegas, permite a un grupo o a un único iluminado obtener el orgasmo concentrado, exquisito, pletórico de la leche simbólica sobre su rostro. Para quien es centro de irradiación, la blanca luz deja esa extraña sensación de saber que el frío, una vez sucedido el orgasmo, llega bastante rápido.

Y una cierta ola gélida (recuerdo que Borges recuerda que en aquel libro Vathek el infierno era de hielo) se posó sobre el embrionario movimiento social en Rio Preto.

Anoche, de madrugada, GloboNews transmitía en vivo las calles de Rio de Janeiro donde las protestas siguen y el objetivo primario es la salida del ´prefeito´ (intendente) Sérgio Cabral. Las protestas son focos de resistencia nocturnos que continúan la agitación del día. En horas, llega el Papa Francisco y será otro momento de tensión con la Polícia Militar. Los manifestantes no toman como parámetro de acción el miedo a la violenta y sangrienta policía brasilera. Hay una mirada –algo lenta- internacional y una especie de consenso nacional. En Brasilia, por ejemplo, los manifestantes acampan frente al Congreso y apoyan al objetivo del pueblo carioca.

Entre pautas locales, estaduales y nacionales hay una que por su amplitud y vaguedad debería incomodar a quienes detentan el Poder: se pide la efectiva cancelación de la Copa del Mundo 2014.

El jueves 18, en Porto Alegre, después de ocho días, los ocupantes de la Câmara de vereadores abandonaron el recinto con la promesa firmada de la gratuidad del transporte público (acuerdo con sus bemoles) y de la transparencia de gestión. Eran entre cuatrocientas y quinientas personas contando adolescentes y niños.

Esa salida –que puede ser evaluada de forma positiva- fue usada por uno de los oradores en la sesión asamblearia de la ocupación de la Câmara de Rio Preto para justificar lo que ya había sido decidido antes de la votación popular. Porto Alegre fue ejemplo de un fracaso.

¿Fracaso?

En las protestas de Brasil 2013, con sus grises, se enfrentan los medios tradicionales y hegemónicos de comunicación asociados al poder político, a la elite económica, y los medios no-tradicionales (ejemplo, Mídia Ninja que permite a todos los que quieran serlo, ser ´ninja´) que hacen de la transmisión por internet y ´en vivo´ y sin cortes el instrumento de comunicación más efectivo al que se le suman los comentarios de los usuarios al instante.

En la noche del 17 de julio, en Rio Preto, ese enfrentamiento que atraviesa las protestas en Brasil sucedió de otra forma –si es que sucedió.

Hubo una primera reunión por parte de la asamblea de la ocupación –que incluía a todos los ciudadanos que decidieran entrar en el recinto- con los representantes del legislativo quienes atendieron un pedido sobre tierras y especulación inmobiliaria. Esa sesión fue transmitida ´ao vivo´ por Tv Tem (O Globo). Fue notoria la ausencia de una transmisión alternativa (acaso por el boicot de la Câmara al restringir el acceso a internet). En la asamblea posterior que decidió la continuidad o no de la ocupación se votó, como la noche anterior, que Tv Tem saliera del recinto. Aunque –y eso fue novedad- la deliberación tampoco fue transmitida por www.postv.org.

Un extraño pacto de confianza para este contexto político. Al mismo tiempo que en Rio de Janeiro las oficinas de O Globo eran agredidas, marcadas por la furia popular como una de los responsables de la manipulación y de la apoliticidad del ciudadano brasilero, en Rio Preto los periodistas de los medios hegemónicos pastaban sueltos en los pasillos, en salas cercanas, tomando notas, charlando amenamente con los ocupantes. Se les respetaba su ´transparencia´ como si se tratara de robots que están ahí solo para transmitir la información de un lado hacia el otro.

A esos periodistas -es decir, a esos trabajadores dependientes de una multinacional- no se los consideró en tanto ciudadanos que podrían haber dado su opinión, colocado sus ideas, disentido en un espacio cerrado sobre el manejo de la empresa donde trabajan, así como tampoco fue aceptada –pedido mediante de una mujer dentro de la asamblea- la participación, como trabajadores, de la policía que custodiaba el espacio.

Cuanto más cerca del gueto, mejor se sentía el grupo.

Después de varias alocuciones sobre el carácter histórico y de las hurras del caso que parecían conducir la noche al grito de ´la ocupación continúa´, empezó a sembrarse la idea de que todo el mundo estaba de acuerdo con que el cansancio era ya demasiado después de casi una semana de ocupación, que la resistencia era en vano porque en algún momento había que salir. Así, poco a poco, la reunión fue amasada hacia una votación -discutible en términos democráticos- que derivó en marcar la salida para el día siguiente con la condición de que se firmara entre las partes –ocupantes y concejales- un acuerdo.

Ese documento a firmar presentado ante los vereadores fue compartido on-line cerca de la medianoche con el resto de la asamblea. Sin embargo, nunca fue leído ni discutido en conjunto: lo que la comisión X había decidido, eso iba a ser encaminado.

Decidir salir y después obligar a firmar tiene la consistencia del sueño. Parecía una remake grupal del final solipsista de El azogue [China Meviélle, 2002]: ´Aquí se cuenta una rendición´.

De ninguna manera la mayoría, en el sentido de la mayor parte de los ocupantes, pensaba horas antes en la posibilidad de salir. Hasta el mediodía por lo menos la mitad hablaba de mantener la organización, de la limpieza, de la comida, etc.

Las razones de ese giro se esconden, según entiendo desde mi posición absolutamente externa, en eventuales negociados fuera de la decisión popular. Una posible lectura sería considerar a la asamblea cooptada por una parte de la clase media conservadora brasilera (en su 90% blanca). Uno de los oradores efusivo hasta las lágrimas propuso, fuera de protocolo, una salida al son del Himno nacional.

Nunca voy a saber si mi estupor provino del de los demás. Alguien de la asamblea hizo un chiste para calmar el delirio nacionalista.

¿Fracaso? Nadie sabe. El compromiso –estoy en el lado bueno de las cosas- es permanecer una vez fuera, ´de olho´, atentos, a lo que hacen los vereadores y participar todos los martes –cuando son las sesiones-y los jueves en prácticas de comisión para acompañar, controlar, obligar a un funcionamiento popular del legislativo. Esa previsión queda como alimento del futuro. Si no cumplen los del legislativo, los ocupantes prometen volver. Se verá. El único dato cierto es que a las 19 hs del día 18 de julio, se abandonó el edificio sin el compromiso firmado por los concejales.

El objetivo del núcleo duro del movimiento –que no impulsó la ocupación sino que la capitalizó- parece ser conformar una cámara legislativa paralela que controle a los concejales, que dé una pátina de presión social pero que permanezca absolutamente supeditada a las decisiones de otros 17. Una elite de segunda. Los estertores de una clase media que se considera fuera del reparto de la torta de la clase alta y que precisa protagonismo y beneficios.

En ese contexto hay que entender que, durante la noche del 17 de julio, en los momentos que antecedieron a la cadena nacional sobre el levantamiento de la ocupación, uno de los asambleístas gritara al resto de sus compañeros que él se ofrecía para ser el portavoz, pero que de ninguna manera quería ser ´candidato en el futuro´. La vieja política y su ponzoña.

El gesto de manipulación más oscuro fue cuando alguien reconoció sin pelos en la lengua, segundos después de la votación, que estaba pronta la nota explicativa que diera cuenta de la decisión de desocupar al representante de O Globo en la ciudad encargado de difundirlo a nivel nacional. Ya durante la tarde hubo exaltaciones sobre haber aparecido ´ao vivo´, en ´link nacional´. Podría haber sido más verosímil si enfrentaban la desinformación y les negaban los datos a los periodistas. Malas noticias. Estaban bajo el poder de esa droga colectiva, adictiva, y babeantes observaban el anhelado ojo divino que pendía del zaguán (y del que goteaba la anhelada leche).

Horas después de la desocupación, el grupo que comandó, prometió una reflexión post-salida en transmisión on-line ´ao vivo´ -mediante la tecnología que en la charla más importante estuvo desaparecida- con el objetivo de mostrar transparencia en el mecanismo. Esa reunión sucedería a unas cuadras del poder legislativo de la ciudad y el nombre es más que sintomático: Casa Rio Preto.

La transparencia parece haber llegado un poco tarde.

2.-

La noche del 16 al 17 de julio fue clave y caótica. En la puerta de la Câmara –ahí la mesa de opiniones volátiles estaba servida y solo se precisaba escoger- se escucharon voces inesperadas y de las que siempre habría que desconfiar. O no. Alguien sugería que esa ocupación era, finalmente, una reunión del Jockey Club de la ciudad. ´Los conozco a todos ellos´, oí decir. (El dinero ofrendado en manos de atildadas vecinas que en el camino a hacer sus mandados mañaneros se distraían y al azar ingresaban al zaguán de la Câmara -emocionadas por una lucha que dejaron mucho tiempo atrás– me permitió confirmar esa sospecha de clase y suponer un espíritu Rotario o de aledaños.)

Otros, en aquella misma noche, un poco más operativos en sus deliberaciones callejeras –pero lejos de ser convidados a una participación efectiva- decían que ´la solución estaba en la favela´. Y solución significaba ´resistencia´ a partir de la inclusión del descontento de la periferia.

Ciertos rumores de la izquierda concordaban con esa mirada inclusiva. Uno de los partidos, de cuño marxista, que estuvo contra la ocupación –acusando al movimiento de falta de estrategia- impulsó desde el primer momento pautas contra el riñón del poder como, por ejemplo, la reducción del salario de los vereadores al valor de un trabajador medio y, por el otro, reconoció la necesidad de ir hacia los barrios, hacia la periferia –aunque lo consideraban a largo plazo y sin posibilidad de suceder ´ahora´. En la asamblea democráticamente espuria, ese partido que casi no había participado de la ocupación, votó contra la continuidad. Su vocero recordó la pauta del salario, pero ya era cosa del pasado ilusorio.

Hasta el mediodía del 17, entre los ocupantes, la única duda para muchos de los que estaban ahí era cómo resistir, cómo continuar –aun cuando supieran que la ocupación no iba a ser infinita. Reconocían la necesidad de no salir con las manos vacías o llenas de promesas que es lo mismo. Reconocían el poder terrible de la policía al que hay que temer. Y confiaban, como en un dato positivo, que una jueza hubiera demorado por diez días el desalojo.

Nunca se citó a esa jueza. Nunca se la obligó a garantizar que la protesta no sería criminalizada. Entre el mediodía y el inicio de la tarde del día 17, las negociaciones ya habían sido cerradas. El pacto silencioso y hasta tácito -basado en la ´no-agresión- entre concejales, que luego traicionaron esa postura, y los líderes de la ocupación había ocurrido. También se podría suponer –con buena fe- que no había otro camino y que la corrupción enquistada en las altas esferas políticas con visos de mafia dejaron poco espacio para la resistencia razonable y no suicida.

3.-

Mientras tanto en el mundo real, a eso de las cuatro de la tarde, con el sol calentando el cemento, apareció por la zona de la ocupación el Hippie, artesano y morador de rúa, con una caja. Conocí al Hippie en una plaza por ahí a la que caímos de noche, con un grupo, para ´fumar um´. En Rio Preto –una de las ciudades más ricas del estado de São Paulo- el número de moradores de rúa es alto. El sistema estatal –sea federal, estadual, municipal- para acompañarlos y darles un espacio donde dormir, bañarse, charlar y compartir está reducido al mínimo. Morador de rúa y crack –aunque no siempre- van de la mano. (El documental Nossos mortos {2012} presenta testimonios de algunas de las 15 mil personas en situación de calle en São Paulo.

Algunos de ellos me han dicho lo siguiente. El dinero para invertir en albergues, dormitorios, comedores, etc., está. La clase alta que coincide con la clase política prefiere desactivar el sistema, desviar los fondos –para su propio enriquecimiento- e implantar un sistema informal y perverso.

En uno de los albergues y comedores –no muy lejos de donde vivo- la comida es poca y mala. La costumbre –la estrategia- hace que los moradores salgan de ese espacio y caminen apenas unos metros hasta la esquina de Independencia y Bady Bassitt, otra avenida céntrica importante de la ciudad -como Andaló, de ascendencia árabe-, donde los autos de decenas de miles de reales pasan a baja velocidad y dejan platos, viandas, bebidas, ensalada de frutas, etc.

El alienado cerebro de un ex morador de rúa me ofrece su perspectiva: es una forma de mantenerlos débiles, flacos y comiendo literalmente de la mano; si el morador de rúa saliera del crack –o lo controlara- si estuviera fuerte y bien alimentado, ¿qué sucedería? Nada, es solo una especulación de un alienado.

Durante la ocupación y ante los vereadores se trató el tema de los indigentes y desamparados. Las enjundiosas argumentaciones no surtieron el menor efecto. Ningún compromiso fue obtenido de ese reclamo puntual, fuera de las palabras.

Durante la asamblea final de la elite, en cada gesto, en cada discurso, en cada inflexión de la voz que indicaba la manipulación del voto y el funcionamiento de ´un aparato´ dentro del movimiento, recordé la luminosa imagen del Hippie y de su amigo que acarreaban esa caja con frutas que les habían dado como dádiva y que ellos llevaban como apoyo a la Ocupación. El Hippie –que no posee demasiada cosa material- donó su propia comida. En el zaguán donde sucedía casi todo, había en el momento de la ofrenda unas veinte personas. El gesto pasó desapercibido. Apenas una mujer, le agradeció.

La noche anterior, el Profeta de los colores me contaba que la adhesión entre el grupo de los que viven en la calle era intensa. Él había hablado con algunos de ellos y –en razón de algún plato de comida, pero por sobre todo, en atención al techo que el propio Estado les negaba como derecho- varios habían decidido acercarse poco a poco. El Profeta estaba en esa lógica pro-ocupación a pesar –me dijo- de que lo perjudicara. Un concejal –o uno de sus astutos e ineficaces asesores- le daban cada semana ´cem contas´ (R$ 100) y si él –el Profeta de los colores- seguía en esa tesitura, se le podría cortar el dispendio.

En una esperanza que le brillaba en los ojos y en la soltura de la labia, el diminuto y adorable anciano, comprendía que si las cosas continuaban así la dádiva de los cien reales de poco le serviría al concejal como calmante provisorio. Sin dudas, me dijo, los vereadores no, pero la Ocupación sí me representa.

El funcionamiento de la Câmara de vereadores y de la Prefeitura no es muy complejo de explicar en su relación con los ciudadanos: clientelismo. Se reparte dinero discrecionalmente y eso se advierte tan solo con media hora en la recepción. Esa fue una de las razones por la que se acercaron tantas personas en situación de calle (y de riesgo). Uno de los mayores errores de la conducción fue –además de aparatear- no oír esas voces, no percibir esa adhesión. Es cierto que había un interés puntual de muchos de ellos –techo y comida-, pero había mucho más detrás: búsqueda de compañía, de charlas, de remedio a la soledad y, sin dudas, miradas políticas que no se conocen porque son sujetos que no tienen voz.

El Poeta, otro cálido personaje, era convidado por la noche a hacer sus numeritos en la vereda recitando, actuando, leyendo breves escritos que llevaba en su vieja carpeta. ¿Por qué no darle ese espacio de atención al permitirle expresarse y hablar frente a todo el mundo? ¿Nada habrá en la palabra de quien anda la calle, de quien vive la violencia cotidiana –como tantos otros- para hacer reflexionar a los demás? Parece improbable.

Los sin voz aquí, en Brasil, son muchos. O para decirlo, de manera más concreta: solo tienen voz los blancos de clase media o media-alta. Las señoras y señores ´Jockey Club´ de la asamblea, con cierta frecuencia, invitaban con impacientes y delicadas inclinaciones de cabeza a retirarse a los que tenían demasiado olor a calle.

A pesar de que mi resumen pueda ser injusto, es sintomático que –y más allá de excepciones- la organización de la limpieza, del trabajo manual, del orden interno, terminaran recayendo en quienes no participaron de las deliberaciones. ¿Tan difícil les resultaba advertir que estaban reproduciendo en un espacio minúsculo la forma en que funciona la sociedad brasilera? Grupo de blancos que toman decisiones, el resto acompaña.

En su inicio, la premura del movimiento y la ausencia de una coordinación inmediata plantearon contradicciones. Hubo momentos de tensión cuando se denunció –también podría decir, avisó- entre viernes y sábado pasado que había dentro de la Câmara un morador de rúa adicto al crack que se había descompensado. El menor fue conducido -¿detenido?- a una institución donde permaneció controlado. O abandonado. Nadie supo explicar bien lo sucedido acaso porque también los que mandan sobre esa vida son yonkis al igual que ese joven oprimido.

Brasil es el tercer país, en un ranking mundial, con mayor número de asesinatos de periodistas. Casi con exclusividad en su mayoría, son profesionales que investigan la conexión de la policía en el tráfico de drogas, la composición de milicias para masacrar pobres, negros, moradores de rúa y crackeiros. Aquí se conoce como ´la mirada higienista´. Que el auge de esa perspectiva de control social haya sido durante el siglo XIX no es dato menor –Brasil en términos de derechos individuales parece lejos del siglo XXI. El higienismo es la obsesión del poder brasilero para mostrar ciudades limpias y ordenadas durante el transcurso de la Copa.

Desde el centro del poder político y económico, los medios hegemónicos de comunicación transmiten incansablemente diversos estereotipos de ´lo indeseable´ que van desde el argentino insoportable, al paraguayo berreta, al boliviano, al indígena, al nordestino, al portugués y un largo etcétera que se resume en el ´negro´ y que solo se detiene ante los dos amores imposibles de Brasil: Estados Unidos y Europa (menos Portugal, claro).

Entre 2002 y 2010, la diferencia de asesinatos de personas blancas y negras en Brasil pasó de un 49% (19 mil blancos y 29 mil negros asesinados) a un 149 % (14 mil blancos y 35 mil negros) respectivamente. En un tipo semejante de violencia contra ´el otro´ se puede ubicar el sufrimiento del extranjero (´gringo´). Existe una conexión intrínseca entre el contexto de revuelta social de la segunda quincena de junio con el asesinato de alrededor de diez personas en la Favela do Maré (Rio de Janeiro) bajo las balas de la policía local y del grupo de exterminio BOPE (24-06-2013) y con la muerte del niño de procedencia boliviana de 5 años en las manos de su madre durante un asalto en São Paulo (28-06-2013). Promediando el documental Nossos mortos pueden ver la historia y la mirada de un extranjero sobre ser ´gringo´ en Brasil.

Según entiendo, y sobre eso volveré en la saga de este blog ´Quem matou Pixote?´, para comprender de qué manera la violencia se sostiene sobre una antigua red instalada en Brasil es necesario suponer que la estructura legal, cultural y simbólica surgida durante la dictadura [1964-1985 ̸ 1989] continúa presente. Acaso, esa historia terrible se remonte en el pasado hasta la época de la esclavitud. Es posible que se trate de una conjunción que –en este íntimo espacio de pocos o un único o ningún lector- me permite preguntar con sigilo: ¿no sería necesario suponer que Brasil vive un apartheid?

El desprecio por esas otras voces durante la Ocupación así habilita a pensarlo.

 [Roberto Lépori – SJRP – SP – BR – 19-20 de julio de 2013]