Raúl Aguiar. Cartografía de la ciencia-ficción escrita por mujeres en Cuba [2011]

// Este artículo formó parte de la edición #23 de Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos. [ISSN: 1535-2315], julio-agosto de 2011, dedicada a la ciencia ficción caribeña (Cuba, Venezuela, Costa Rica, Nueva España) Pueden descargar todos los textos en pdf incluyendo el de Raúl Aguiar desde este link //La historia de la ciencia-ficción escrita por mujeres en Cuba comienza en 1979, cuando Daína Chaviano ganó la primera convocatoria del Premio David para autores inéditos, en la categoría de ciencia-ficción, con su libro Los mundos que amo. Abría con esta colección de cuentos una nueva manera de enfocar el género, desde una perspectiva mucho más intimista y cercana a lo mitológico, a través de un lenguaje sensual y de alto vuelo poético, con claras influencias de los libros de von Däniken, H. R. Tolkien, Mary Stewart, Ray Bradbury y algunos escritores del boom latinoamericano, en especial Julio Cortázar. (La influencia de Cortázar se nota sobre todo en su libro El abrevadero de los dinosaurios en que a la manera de las Historias de cronopios y famas, Daína Chaviano, de una manera lúdica, ofrece un serie de minicuentos fantásticos experimentales muy al estilo cortazariano, como el que lleva por título “Instrucciones para seducir a un dinosaurio”).
    Si el relato Los mundos que amo presenta claras referencias a las especulaciones de von Däniken con respecto a los OVNIS y sus “hipótesis” del paleocontacto, en los siguientes libros de la autora como Amoroso planeta, Historias de hadas para adultos o Fábulas de una abuela extraterrestre, Daína se va perfilando como una escritora atípica de un tipo de ciencia-ficción híbrida, mezcla de ciencia-ficción con magia, erotismo, parapsicología, la fantasía heroica y los mitos celtas, bíblicos o precolombinos. En su cuento “La anunciación” escribe: 
    
    Un apagado ruido la despertó. 
    Se inclinó con rapidez para recoger el tejido y cuando alzó la vista, la sorpresa y el miedo la paralizaron. Había un hombre en su habitación; sin duda, un extranjero. 
    De alta talla, su cabello blanquísimo caía suelto sobre los hombros. Y sus ojos despedían destellos rojizos. 
    Su vestimenta resultaba aún más inverosímil que su persona. Llevaba la túnica ajustada al pecho con un cinturón de oro. Zapatos refulgentes como bronce bruñido, cubrían sus pies. Algo así como una esfera transparente, semejante a un halo, rodeaba su rostro. 
    El desconocido tomó la aureola entre sus manos y la colocó cuidadosamente sobre una silla antes de hablar. 
    –Salve, llena de gracia. El Señor sea contigo. (En Amoroso p. 116). 
    
    Sacado fuera de contexto, las descripciones que emergen en este ejemplo parecen provenir de alguno de los cuentos que componen las Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, sobre todo en aquellos relatos donde se describen a los marcianos. Sin embargo es un relato erótico que recrea el mito de la visita del arcángel Gabriel a la virgen María, y la explicación en clave de ciencia-ficción al milagro de la “fecundación” de la madre de Jesús. 
    Gracias a Daína Chaviano el público cubano pudo leer por vez primera El Hobbit y El señor de los anillos, de H.R. Tolkien, ambos libros editados y con sendos prólogos escritos por la autora. La mayor influencia de Tolkien o de Mary Stewart en los textos de Daína se descubre en algunos de sus relatos más interesantes como “La dama del ciervo” (en Historias p. 65-99), donde aparecen muchos personajes clásicos de la literatura gótica y la mitología celta, o en su novela Fábulas de una abuela extraterrestre, con uno de los universos fantásticos más complejos creados dentro de la ciencia-ficción cubana. 
    A tal punto la propuesta de Daína Chaviano era tan diferente a la del resto de los autores que muchos (entre los cuales me incluyo, debo reconocerlo) clasificaron despectivamente esta manera de hacer como ciencia-ficción rosada, en contrapartida con la llamada por esta misma época ciencia-ficción metálica que practicaban otros narradores de los 80, centrados en la faceta tecno-especulativa de sus temáticas, y en algunos casos, los menos felices, también influidos por el realismo socialista de los escritores soviéticos. 
    En esta primera etapa, correspondiente a la década de los 80, se perciben algunas influencias de la ciencia-ficción tradicional en los argumentos, sobre todo en los de exploración espacial y el contacto con extraterrestres. Prevalece una visión utópica del futuro y exaltación de los sentimientos positivos como el amor o la solidaridad humana. Sin embargo aparecen por primera vez en la ciencia-ficción escrita en la isla elementos de magia y fantasía heroica, así como el desarrollo de los temas del paleocontacto y la recontextualización de los mitos y cosmogonías. 
    Más o menos dentro de la misma línea de Daína Chaviano se desarrollan los cuentos de Chely Lima quien, en coautoría con Alberto Serret, publicaron en 1983 el libro Espacio abierto, donde se nota también un cuidado y madurez en el lenguaje para relatar historias muy cercanas a la escritura realista, pero con la dosis mínima de extrañamiento requerido, casi en el límite del género. 
    En su cuento “La más bella envoltura” (a esto me refiero en lo formal), Chely Lima describe la aparición de un extraterrestre en el contexto del campo cubano y de cómo es alojado por una familia de campesinos:
     
    Me llamo Ra, igual que el dios del Sol. Es muy lindo, muy lindo mi nombre. Alicia lo sacó de un libro de Historia Antigua. Porque yo me parezco al sol, dice, tengo luz por debajo de la piel, y me sale por los ojos, que son lo más vulnerable del cuerpo humano. Y tengo fuego adentro, aunque es un fuego manso como la vaca del corral, un fuego que calienta y no quema. Y a ella le gusta sentirlo. Y a mí también me gusta ella, y su calor, que es más bien frío, y su olor, que huele como las orugas. No, como las orugas no, como las flores esas del potrero, amarillas igual que mi nombre: Ra. Ayer salimos temprano y fuimos caminando hasta el río. Es ancho el río. Y ella me dijo: podemos bañarnos desnudos, a mí no me da pudor. La gente debería andar desnuda por el mundo, y el mundo andaría desnudo por la gente y todo sería más lindo aún, y las gentes no se ocultarían las cosas y qué bien. Dijo. Eso dijo. Y yo me quité la ropa y ella se me quedó mirando con esos ojos tan lindos. (En Espacio p. 22-23). 
 
    Este tema, un tanto recurrente para la época, perseguía la elaboración de una “ciencia-ficción netamente cubana” y casi todos los escritores de los 80, incluyendo a Daína Chaviano (“Una denuncia absurda”, en Reloba) publicaron al menos un cuento con esta temática. El resto de las narradoras de esa generación, solo aparecen esporádicamente con algún que otro cuento en antologías o publicaciones periódicas. Es el caso de Ileana Vicente, también fundadora del taller Oscar Hurtado, Ileana Hernández y Olga Fernández, una periodista más conocida por su narrativa infantil e investigaciones históricas. 
    Un caso especial es el de María Felicia Vera, integrante del taller Julio Verne, de Playa, que ganó en 1988 el Premio David compartido con Yoss, con su libro El mago del futuro, un libro inclasificable, más cercano al surrealismo poético que a la fantasía científica, lo que demuestra hasta qué punto las fronteras del género estaban diluidas para los críticos, jurados y editores en aquel momento. Valga como muestra este párrafo de su cuento “Detrás de la puerta”:
     
    Siente algo ajeno en sus hombros. Un vaho caliente la recorre desde la cintura hasta la nuca; da un giro y de nuevo el espejo. La piel de la figura refleja, supura, se desmorona; los ojos carcomidos ruedan por el suelo. Las risas, el grito de ella, la cancioncilla, el goteo del agua, todo mezclado y ella tiembla; espera que todo sea un sueño. (En Recurso p. 86). 
    
    En el año 1990 se premia por última vez el concurso David de ciencia-ficción y el premio es otorgado a Gina Picart Baluja, por su libro La poza del ángel. Ese mismo año se sienten en nuestro país los embates de la caída del bloque socialista, y como consecuencia sobreviene una gran crisis editorial que no permite la publicación de su libro tal como estipulaban las bases el concurso. La poza del ángel viene a ver la luz cuatro años después, por la colección Pinos Nuevos. Un libro interesante, de lenguaje preciso y en ocasiones poético, nos ofrece ocho cuentos que se desarrollan en diferentes épocas históricas, y lo mismo roza el tema de la ciencia-ficción como el de los poderes sobrenaturales o la parapsicología. Dos de los cuentos más interesantes del cuaderno son “Mimesis S.A.” que se recrea en el tema del autómata indiferenciable del ser humano, y “Los delirantes”, una historia muy bien escrita que supuestamente transcurre en España, en el siglo XVI, y es contada por un médico responsable de un asilo de dementes y que al parecer cuenta bajo su cuidado a dos extraterrestres. Como se observa en el siguiente fragmento, las alusiones a estos seres son mínimas y están descriptas por un narrador deficiente, que los intuye extraños, pero no comprende la naturaleza real de los personajes: 
    
    Mis otros dos pacientes eran de la especie más rara e inconcebible que imaginarse pueda. Llegaron poco después que la mujer, traídos por un venerable sacerdote en cuya parroquia habían aparecido un buen día asustando a la gente con sus cuerpos recubiertos de una piel fina que brillaba pálidamente en la oscuridad. El sacerdote los retuvo un tiempo y a duras penas logró que hablaran algunas palabras en castellano. Trató de convertirlos a la religión de Cristo, pero los aldeanos comenzaron a quejarse de que los forasteros eran brujos que hacían morir sus vacas y rociaban granizo sobre sus cosechas. Lo que ocurrió en realidad fue una corta temporada de tormentas y una plaga del ganado producto de algún envenenamiento natural de los pastos, pero ya se sabe cuan fácilmente se exaspera la ignorancia ante los golpes de natura, así que el buen cura, temiendo un motín de la plebe enfurecida, trajo a sus protegidos hasta esta ciudad, donde alguien le habló de mi casa como el lugar más seguro para ellos. (En La poza p. 54).
     
    La segunda etapa de la ciencia-ficción escrita por mujeres en Cuba es un período crítico, agravado por la caída del bloque socialista y los problemas económicos que incidieron, entre otros muchos aspectos, en una grave crisis editorial. En estos años muchos escritores y artistas emigraron hacia otros países. Con la salida de Cuba de Daína Chaviano, Chely Lima y María Felicia Vera, las únicas tres escritoras con libros publicados, el campo de la ciencia-ficción queda con Gina Picart como única representante del género femenino durante toda la década, al menos en Cuba. Esta escritora, Gina Picart, va a preferir los elementos históricos o míticos para desarrollar sus historias, con pleno desinterés por los gadgets tecnológicos de la ciencia-ficción tradicional. Se trata de una ciencia-ficción del pasado, más que del futuro. A diferencia de las escritoras de la generación anterior, no teme escoger protagonistas masculinos para algunas de sus historias, y logra hacer a estos caracteres verosímiles y no estereotipados. También se caracteriza por un tono más sobrio en el tratamiento de las emociones y conflictos humanos. En su segundo libro, El druida, publicado en el año 2000, Gina Picart abandona la ciencia-ficción para dedicarse por entero a la recreación histórica, en este caso, de las leyendas y mitos celtas, un tema en el que demuestra poseer un amplio bagaje de conocimientos. 
    Hay que aclarar que en 1999 aparece en Argentina una antología de cuentos cubanos de ciencia-ficción titulada Polvo en el viento, cuya selección y prólogo estuvieron a cargo de Bruno Henríquez. En esta antología aparece solamente una escritora, Maité Luis Ruiz, con su cuento “Aférrate a los sueños” (p. 35-43), pero este relato más bien es de corte fantástico tradicional, cruzado por un discurso erótico lírico sin ningún elemento explícito que permita incluirlo dentro del género de la ciencia-ficción, y recuerda la forma de hacer de Maria Felicia Vera, con una temática muy cercana a lo onírico. 
    En los años que siguen al inicio del nuevo siglo, surge una nueva ola de escritoras cubanas de ciencia-ficción. Esta tercera etapa, que va desde el año 2000 hasta la actualidad, se caracteriza sobre todo en que disminuye un tanto la preocupación de las escritoras por utilizar los elementos poéticos dentro del discurso. Ellas tienen mayor interés en utilizar un lenguaje fluido, en función de la trama, que adquiere así un tempo más rápido. También presentan una visión distópica del futuro. En algunas autoras se recrean ambientaciones cercanas a las corrientes ciberpunk o biopunk, con gadgets propios de estas tendencias pero sin convertirlos en centro, solo como un recurso necesario pero menor, para desarrollar los conflictos humanos, mucho más importantes. El personaje protagónico lleva la acción principal del relato. Aparecen los sentimientos negativos de intolerancia, falta de solidaridad, cinismo, propios de un mundo deshumanizado. En muchas de sus historias, aunque no en todas, prima el pesimismo como visión generalizada de los personajes. 
    Entre las escritoras más importantes de esta tercera etapa podemos mencionar a Anabel Enríquez Piñeiro, Haydeé Sardiñas, Ida Mitrani, Elaine Vilar Madruga, Yadira Álvarez y Laura Azor, entre las más conocidas y con mayor cantidad de obras escritas del género. Otras han incursionado en la ciencia-ficción de manera ocasional con algún que otro cuento como Evelyn Pérez, Mariela Varona, Jamila Medina, Yasmín Portales, Yeny Mila, Zullin Ellejalde, Janin Ruiz y Olga Montes Barrios, por solo citar algunas. 
    Parte de estas autoras comienzan a ser conocidas vía Internet, a través de la revista virtual argentina Axxón. Este es el caso de Nora Calas, quien desde los 90 reside en Chile. Duchy Man es una pintora que comparte intereses con la fantasía, la ciencia-ficción, la cultura asiática y el gótico desde los años 90. Ha publicado también en Axxón y alguna que otra antología de fantasía y ciencia-ficción. Cuentos sobre todo de un imaginario pictórico, a leerlos nos parece estar asistiendo a una cascada de acuarelas donde la misma trama queda diluida entre colores y formas. Su cuento “Electric Geisha” es un magnífico ejemplo de ello:
     
    Abrió las treinta y dos cajas de laca, metidas una dentro de la otra hasta el infinito. La última, cubierta por un paño dorado sobre el piso negro, apenas fue tocada. Tenía los dedos pintados de rojo. Siguiendo las rígidas órdenes enunciadas desde la puerta trasera, sólo debía yacer sobre su espalda y dejar que las manos extrañas le corrieran encima. (p. 13). 
    
    Una de las voces femeninas más importantes del género en la actualidad en Cuba es Anabel Enríquez Piñeiro. Fundadora del Grupo de Creación “Espiral” del Género Fantástico, obtiene el premio Calendario de CF 2005 con su cuaderno de relatos Nada que declarar, y ese mismo año el primer premio de cuento de ciencia-ficción de la revista Juventud Técnica. Lo interesante en la obra de Anabel Enriquez es que la escritora no teme adentrarse en el aspecto especulativo-científico o tecnológico para desarrollar sus historias. De todas formas, para ella este aspecto no es el más importante, tan solo la excusa para explorar problemáticas sociales y familiares, como en su cuento “Nada que declarar” donde describe una especie de familia de “balseros” espaciales, en un futuro sombrío y muy cercano a la antiutopía o el estilo ciberpunk: 
    
    Padre entregó toda una vida de ahorros a cambio de este hueco en la cámara de reciclaje de desechos. Cierto que es mínimo el espacio. Anela, Soulness y yo sentimos calambres en los brazos, tensión en el cuello y la respiración caliente de uno sobre los otros. Pero, qué más pedirle al viejo. Sus manos, despellejadas por el azufre, depositaron temblando los dos megacréditos en las palmas enguantadas del capataz del espaciopuerto. Temblaban porque temía que se frustrara el viaje por algún imprevisto y perdiéramos toda posibilidad de un segundo intento; temblaban por la emoción de cumplir su sueño de vernos partir de aquel infierno y retornar al origen; temblaban porque la fiebre de las canteras consumía sus nervios periféricos. No pudo siquiera despedirnos. El día antes de la partida del trasbordador fue llevado junto a su cuadrilla hacia las recién abiertas minas, unos diez kilómetros al norte de la granja, donde los sismos habían reventado nuevas vetas de estaño. Por suerte ya ninguno de nosotros volverá a “lamerlas”. No tendremos que temer a las erupciones que chamuscan la piel, ni a las fumarolas de azufre que queman los ojos y pudren los pulmones en las granjas mineras de Io. (En Nada p. 57). 
    
    También de Anabel Enríquez Piñeiro es su magnífico relato “Deuda temporal”, donde encontramos el clásico tema de la paradoja de los gemelos de Einstein pero ahora visto desde la óptica femenina, en la relación de una hija y su madre astronauta, y el desfasaje temporal que se establece entre ambas. En este fragmento la hija describe como se ven físicamente, la primera va envejeciendo cada vez más, mientras la madre se mantiene joven a lo largo de los años: 
    
    Tu pelo, uno o dos centímetros más largo, quizás; tu piel ¿más bronceada que la última vez? Tersa sí, como una cáscara brillante, sin un pliegue, sin una cicatriz, sin las obligadas zanjas que flanquean los labios a los cuarenta. Mi cara, en cambio, puede servir de soporte a una carta de astronavegación. Enumerar las arrugas en meridiano y paralelos. Ubicar dónde los cúmulos globulares, dónde los agujeros de gusano, dónde los agujeros negros. En mi cara hay espacio para todo el universo. (En Nada p. 5).
     
    Haydeé Sardiñas y Evelin Pérez son escritoras que fundamentalmente se desenvuelven en otros géneros como el realismo o literatura infantil, con los cuales han ganado premios y publicado libros, pero en ocasiones se atreven a escribir cuentos de ciencia-ficción y sus historias son bastante cercanas a la corriente ciberpunk, sobre todo en su vertiente biológica, también conocida como biopunk. 
    Uno de los cuentos de ciencia-ficción más interesantes de Haydeé Sardiñas se titula “O”. En este los seres humanos han perdido la capacidad de procrear, y los escasos sujetos que pueden reproducirse son aislados como especímenes en laboratorios para extraerles los óvulos y espermatozoides y así evitar la extinción de la humanidad. El personaje principal es una de las encargadas de velar por sus vidas: 
    
    La belleza debe ser agotadora, pienso. Ellos yacen, existen como las flores (ya no hay flores) y nosotros revoloteamos como las abejas (tampoco hay abejas), alimentándolos como a bebés, extrayendo sus óvulos y espermatozoides, para intentar obtener hermosas porcelanas in vitro, y recuperar lo que fue la raza humana. Las hembras ovulan regularmente, varias veces al mes, con ayuda de hormonas que empiezan a afectar su salud. Wendy se ha convertido en una especie de masa sin forma donde solo relucen sus ojos increíbles y la princesa de las nieves, Segurochka, parece a punto de derretirse. (En Crónicas p. 30-31). 
    
    También con un interés especial por los temas “biológicos” y otros de la ciencia-ficción más tradicional, se encuentran las escritoras Niurka Alonso e Ida Mitrani, quien ya tenía un extenso currículum científico y literario, con premios y publicaciones de poesía y cuento infantil, cuando decidió incursionar en la ciencia-ficción. Fundadora de varios talleres, Mitrani decidió incorporarse al Taller Espacio Abierto como una aprendiz más del género, tratando de aunar sus dos grandes vocaciones. 
    Viana Barceló no escribe ciencia-ficción. Sin embargo su cuento “Efecto Mariposa” podría incluirse en cualquier antología del género por su aproximación a la actual teoría del Caos: 
    
    Carlos era ladrón, ratero, carterista y seis meses después de morir debió haber asaltado a Víctor Valencia en una parada desierta mientras esperaba la 473 y matarlo de una puñalada. Desde entonces Víctor Valencia espera la muerte con impaciencia. Ya tiene 153 años y ha sobrevivido a su esposa, a todos sus hijos y nietos, a cuatro bisnietos y dos tataranietos. Pero la muerte, en medio de tanto ajetreo, pasó por alto que al asesino de Víctor Valencia lo mató una mariposa amarilla que revoloteaba en un drugstore de Manhattan aturdida por el dulzor de los jarabes. (p. 37). 
    
    Con una atrayente estructura “Efecto Mariposa” es un ejemplo de los acercamientos que desde la narrativa realista rozan algunas de las temáticas afines al género. 
    Yasmín Portales, en su cuento “La noche del león y los pájaros de fuego”, de una manera un tanto críptica, ofrece una historia en paralelo donde la afición por el deporte ocupa un lugar destacado en la cultura y el amor, no importa si es terrestre o alienígena. 
    Otro ejemplo de esta vertiente sería el cuento erótico “Anna Lidia Vega Serova lee un cuento erótico en el patio de un museo colonial” de la escritora holguinera Mariela Varona en el cual, como su propio título anuncia, en el contexto de una lectura pública de un relato erótico, aparecen pantallas de videobeam por cada participante donde se emiten las fantasías sexuales que el cuento suscita en sus cerebros hasta terminar en una especie de orgía multitudinaria donde se dan cita todas las tendencias sexuales, aún las más extremas: 
    
    Ya no sé a cuál pantalla mirar. La mía es asquerosamente descarnada, cínica, sociológica y aséptica. La de las viejas es asquerosamente grosera y prejuiciosa. La de los personajes importantes es asquerosamente intelectual. La mejor, para mí, sigue siendo la de la Serova, porque es la única que invoca un placer torrencial, mientras su voz felina mantiene el hechizo que hace funcionar el resto de las pantallas. (p. 4). 
    
    Un caso bastante interesante es el de la también holguinera Jamila Medina, que nos ofrece un cuento titulado “Magic Room” construido al estilo rizoma, donde cada frase remite a múltiples conceptos, rupturas de lenguaje, líneas de fuga, enumeraciones y simbología iconográfica como posibilidades abiertas dentro del universo infinito de la narrativa post-Internet: 
    
    Sin declinar ser otra adicta, entré en la red. Los infinitos pejes y las infinitas bibliotecas virtuales y los hipervínculos hacia esa literatura y hacia los blogs que sofreían esa y cualquier literatura se dilataron en anaqueles por mis venas. Cliqueé al azar y empecé fervorosamente a saltar como un salmón de una página a otra, poniendo huevos de comentarios en todas las que lo permitían [«ha muerto kcy klbrt?, el guitarrista de Hawthorne Heights?, se le trababa la lengua (haw), quería llegar a las alturas (heights), en paz denscanse?, se murió durmiendo»]. (p. 16). 
    
    El género del minicuento se ha desarrollado con fuerza en Cuba en los últimos años, sobre todo gracias a concursos como El Dinosaurio, que premia los mejores minicuentos en múltiples categorías, y una de ellas es la de ciencia-ficción. Esto es un aliciente para que varias narradoras prueben sus fuerzas en el género, como Zullín Elejalde y Yeny Mila, quien ganó el último premio colateral del concurso El Dinosaurio con su microrelato de ciencia-ficción “Menephilus Calxys en Sajari”: 
    
    En horas de la mañana de este domingo, un ejemplar de Menephilus Calxys fue visto en las cercanías del poblado de Sajari. Expertos del Consejo de Investigaciones Científicas aseguran que esta nueva especie de insecto se alimenta de material calcáreo y le bastarían tres años para destruir toda una ciudad. Debido a la gravedad del caso, la Organización para el Bien del Hombre (OBH) solicitó el apoyo del Ejército, cuya fuerza aérea respondió con gran inmediatez y precisión. Una lluvia de misiles cayó sobre el territorio de Sajari y en solo tres horas, no quedaba lugar donde el insecto pudiera refugiarse. Según declaraciones de Falcon Martinelli, vocero de la OBH, entre los cientos de cadáveres se encontró el Menephilus Calxys, el cual ha sido depositado en una urna de vidrio como prueba al mundo de que, al menos este ejemplar, ya no representa una amenaza para la Humanidad. (HAP). (p. 26). 
    
    Es de lamentar que el concurso El Dinosaurio correspondiente al año 2011 se haya visto obligado a cerrar la categoría de minicuento de ciencia-ficción, un premio que sin dudas era un aliciente para muchas escritoras de probar sus armas en este difícil subgénero. 
    Sin embargo existe otro género narrativo por el que se han sentido atraídas en los últimos años algunas de las narradoras y es la ciencia-ficción asociada a la literatura infantil. Un ejemplo es Janin Ruiz Hernández quien escribe sobre todo novelas y cuentos de fantasía heroica, aunque en los últimos tiempos realiza algunos intentos narrativos de ciencia-ficción, y ha escrito algunos de ellos destinados al público infantil. Otro ejemplo de ciencia-ficción escrita para niños es el de Olga Montes Barrios, quien en el año 2007 publicó un pequeño cuaderno titulado ¿Por qué no nos visitan los extraterrestres? Habría que citar también a una reconocida escritora cubana de literatura infantil como Susana Haug Morales, quien no teme llevar a alguno de sus personajes en un viaje por otros planetas como sucede en su libro Secretos de un caserón con espejuelos. Estas escritoras solo escriben cuentos de ciencia-ficción o incluyen algunos elementos del género de forma muy esporádica, como un recurso más dentro de su producción narrativa y no se consideran a sí mismas escritoras de fantasía científica.     El caso de Yadira Álvarez, Laura Azor y Elaine Vilar es totalmente diferente: ellas sí se consideran a sí mismas escritoras a tiempo completo de fantasía y/o ciencia-ficción. Son integrantes del taller literario Espacio abierto, especializado en el género fantástico, fundado en el año 2009, aunque ya provenían de otros grupos del fandom nacional. 
    Laura Azor, bióloga de profesión, se decanta por lo que se ha dado en llamar en Cuba “ciencia-ficción verde” con temáticas relacionadas a la biología y los ecosistemas alienígenas. Un ejemplo de ello es el magnífico relato “Se aleja el invierno... ”, donde una exploradora espacial queda varada en un planeta y para subsistir se ve obligada a interactuar con una de las especies depredadoras dominantes: 
    
    Pronto llegará la primavera. Los machos ya están entrando en celo y luchando entre ellos. Estoy segura de que puede leerse orgullo y admiración en mis palabras. Son mi familia, y están cambiando rápido. Eran pequeños y frágiles cuando los vi por primera vez. Maya está cavando hoyos por todo el pantano. Son sus genes, le invitan a buscar un nido. Pero no admitirá una competencia como la que yo represento. Casi puedo sentir sus mandíbulas en mi carne. Ese es mi destino, soy su líder. Al menos he podido enseñarle a alejarse de los humanos. Ella lo sabe, los cuidará bien. (p. 42). 
    
    En el año 2009 Elaine Vilar publicó una cuentinovela de tema post-apocalíptico titulada Al límite de los olivos, que recibió mención en el Premio Calendario 2006 de ciencia-ficción:
     
    Al cumplir los diez años, tras la muerte silenciosa de mis padres, fui trasladada del Continente Viejo a una de las pocas Casas de Amparo en Caribdis. Vagamente rememoro las impresiones terribles del viaje. El contacto con la realidad marcó para siempre el espíritu de la criatura que una vez fui. Todo cuanto ocurría a mi alrededor se me antojaba descomunal y amenazante. Mi madre y sus cuentos de hadas, sus leyendas sobre la Tierra idílica no eran más que un pantano donde se acumulaban el hambre y la sed de los exiliados, y el peso aplastante de la certeza. Quizás, ella nunca supo nada, pero yo cargué con su legado. (p. 14) 
    
    Con una clara influencia de sus antecesoras Daína Chaviano y Chely Lima, y con hartas lecturas de novelas de fantasía épica, las historias de Elaine Vilar, como sucedía con las de Chaviano, son una mixtura feliz de ciencia-ficción con elementos mágicos, fantasía heroica y mitos celtas. Las historias de estas tres autoras, muy heterogéneas en cuanto a temáticas, tienen una gran calidad y resultan bastante interesantes, sobre todo en el tratamiento de los personajes, principalmente femeninos, casi siempre protagonistas. 
    También integrantes del taller Espacio abierto, aunque todavía con obras incipientes se encuentran Victoria Isabel Pérez Plana, Claudia Alejandra Damiani y Grisel Antelo Martínez. A través del concurso de ciencia-ficción de la revista Juventud Técnica se han dado a conocer otras autoras como Maylín Lozano García, Gretel Valdivia y Lidia Soca Medina, quien cuenta con varias menciones recibidas en años consecutivos. 
    A manera de resumen, podrían establecerse ciertas características específicas que, a lo largo de la historia del género en la isla, han definido y diferencian la ciencia-ficción cubana escrita por mujeres de la elaborada por sus homólogos masculinos. En el aspecto formal, un mayor cuidado del lenguaje, voluntad de estilo con recursos a lo poético, y gran precisión a la hora de describir los ambientes y caracteres. Mayor profundización en la psicología de los personajes, sobre todo los femeninos y los infantiles. El aspecto especulativo, científico o tecnológico del argumento no es lo más importante en comparación con los conflictos e interrelaciones sociales, familiares o de pareja. 
    Estas han sido algunas de las características que hemos notado en la obra de las escritoras cubanas de ciencia-ficción. Es muy probable que en el futuro cercano aparezcan nuevas autoras con libros publicados, ya sea de novelas o cuentos. Lo que sí parece innegable es que la ciencia-ficción, como género literario, ha ido evolucionando con los años y ya no tiene, al menos en nuestro país, ese “estigma” de una literatura escrita solo por hombres y centrada por ello en ciertas formas escriturales e intereses específicos. Nuestras escritoras de ciencia-ficción nos permiten ampliar ese espectro que va desde los temas escogidos, el tratamiento de las relaciones entre los personajes, sus conflictos y la manera de resolverlos, hasta la psicología y la manera de enfocar los sentimientos humanos que, una vez que aprendemos a escuchar todo lo que tienen que decirnos, resultan menos simplistas y mucho más enriquecedores 

Bibliografía 
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Varona, Mariela. “Anna Lidia Vega Serova lee un cuento erótico en el patio de un museo colonial”. La gaceta de Cuba 1 (enero-febrero de 2002): 3-6. 
Varona, Mariela. Cable a tierra. La Habana: Unión, 2003. 
Vera, María Felicia. Recurso extremo. La Habana: Editora Abril, 1988. 
Vilar Madruga, Elaine. Al límite de los olivos. La Habana: Ediciones Extramuros, 2009. 

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Raúl Aguiar - Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, La Habana, Cuba 

Pablo Szir, el Cordobazo y el fugaz registro de un viajero del tiempo


El hombre está de pie, inmóvil, en una esquina. Con su mano izquierda sostiene un maletín y con la derecha una cosa que le atrae poderosísimamente la atención. La inclinación de la espalda y del cuello, y el modo de tomar la cosa con sus dedos nos hace pensar en un teléfono celular. La mano derecha de un hombre peinado con raya al costado y cubierto por un piloto que mira fijo la pantalla de un celular en una película no es un problema, pero él está en 1969 y eso sí parece ser un problema.
El documental “Argentina, mayo de 1969. Los caminos de la liberación” revisa en caliente el Cordobazo. La película fue ensamblada de forma clandestina por el grupo denominado ´los realizadores de mayo´: Jorge Cedrón, Osvaldo Getino, Enrique y Nemesio Juárez, Rodolfo Kuhn, Jorge Martín, Humberto Ríos, Pino Solanas, Eliseo Subiela y -quien aquí nos interesa- Pablo Szir.
Szir fue uno de los cuatro cineastas detenidos / desaparecidos por la dictadura cívico-militar argentina durante los años setenta. Lo secuestraron en octubre de 1976. Los periódicos lo dieron por muerto publicando su nombre de guerra. En los meses siguientes llegó a cruzarse un par de veces con amigos y con conocidos, escoltado por fuerzas paramilitares, en un final de vida atroz e inquietante.
Había nacido –se cree- en 1936.
Componen su filmografía cortometrajes como ´El bombero está triste y llora´ [1965], ´Un día´ [1966], ´Es un árbol y una nube´ [1968] y el largometraje vaporizado, ´Los Velázquez´ [1969-1971], basado en un libro de Roberto Carri (y cuya historia recupera ´Cuatreros´).
Szir trabajó en muchos de esos proyectos junto a quien fuera su compañera, Lita Stantic, luego una reconocida e importante productora.
El episodio que dirige Szir en “Argentina, mayo de 1969…” es un docu-ficción de diez minutos. La fría mañana del 3 de junio un obrero cordobés retorna a la fábrica tras varios días de ausencia. El paisaje urbano que atraviesa en colectivo le trae recuerdos de las jornadas de fines de mayo: disparos, enfrentamientos, corridas, pequeños triunfos, avances enemigos… Justo antes de que el vehículo que transporta al obrero y a sus devaneos doble hacia las afueras en dirección a la fábrica conmovida por el Cordobazo, sucede.
Al son de una guitarra vemos en la esquina al hombre inmóvil con piloto, maletín y en la mano derecha la cosa aquella que oscila fugaz frente a nuestros ojos entre ser papel, cartón y teléfono celular, como dijimos, aunque no dijimos todo.
Si reprodujéramos el pasaje a un octavo de su velocidad (0,125x), reconoceríamos que la cámara, probablemente por un desnivel en el terreno, ha perdido al pasar por ahí estabilidad de tal manera que al hombre lo vemos de pronto de cuerpo entero y centésimas después sin cabeza.
Es precisamente en los instantes previos a que la cámara vacilante cruce el eje de la cosa sostenida por la mano derecha, que explota –según la versión ralentizada- una interferencia, una descarga oscura y en el fondo, en la parte superior del hombro izquierdo de quien está de pie, la sobreimpresión fantasmal de una fachada de casa antigua o de algo por el estilo.
Esos detalles en su conjunto acentúan aún más la sensación de dislocación temporal.
Son esporádicos pero fehacientes casos como esos. A lo largo de la historia tales casos fueron de alguna manera apuntados. Recordemos en ese sentido la mitología de los llamados ´observadores´, en inglés ´watchers´ o ´scanners´. Ninguno de los tres términos acierta de todos modos con la idea de un hombre con maletín y piloto parado en una esquina, una mañana de invierno, obsesionado con la pantalla de un adminículo inexistente y en el marco de un proceso revolucionario.

 

 

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{Citro detectó ese                                    salto temporal                                   hacia los meses                                        de septiembre                                 / octubre de 2018.}

La Tecnarquía de Capanna. Tecno- catolicismo y ciencia ficción

{Durante el mes de agosto de 2016 ´Revista Colofón´ publicó dividida en tres partes la extensa reseña que en aquel momento apareció presentada con el título ´La Tecnarquía (1973) de Capanna, un libro ignorado´. La versión que pueden leer a continuación condensa al extremo esa propuesta inicial.}

1.- Los inicios

Estamos próximos a que se cumpla medio siglo desde que Pablo Capanna, entreverado con el rumor de fondo de Vietnam, la Guerra Fría, los hippies y la incipiente informática, concibiera La Tecnarquía, un extraño volumen que funciona como nudo invisible de una historia sureña de la reflexión sobre la técnica y razón principal de esta retro-reseña.
Capanna nace en Italia en 1939. Diez años después recala en la Argentina. En 1966 debuta como crítico con su hoy famoso El sentido de la ciencia-ficción, previamente “concertado con el editor”, escrito en poco menos de un mes, en medio de una huelga y “con una aceptable difusión”. Al año siguiente traduce y anota Los viajes de Marco Polo.
A inicios de la década del setenta, mientras trabaja como profesor universitario de filosofía, le da forma a un libro que le “…demandó varios años de trabajo y reflexión…”. Luego de deambular por las editoriales locales, La Tecnarquía aparece en Barcelona en 1973 “…gracias al interés que puso en él un colega que tenía un hijo trabajando en Barral… A la Argentina llegaron unos pocos ejemplares, y poco después la legendaria Barral quebró.” (P. Capanna, “Las editoriales pueden llegar a ponerse groseras”, Revista Colofón, 13/12/2015). De modo paradójico, los coletazos de la marea hippie arrastraron al dueño de la editorial a la India y así en menos de cinco años Capanna pasó de ser el responsable del aplaudido ensayo sobre un género literario en ebullición, a la frialdad del público lector, y sin ver un centavo.
Esa indiferencia alcanza nuestros días. Las escasas referencias le corresponden por lo general al propio autor y cuando aparecen pueden ser tomadas como valiosas pistas, tal es el caso de “Las máquinas…”, artículo dedicado a la vida y a la obra del filósofo de la tecnología, sociólogo y urbanista Lewis Mumford (1895-1990) a quien Capanna presenta recordando la amistad con el escritor escocés Patrick Geddes (1854–1932), inventor de dos palabras: “Una es ´conurbano´… La otra es ´tecnarquía´: un término filosófico… acuñado para definir a la civilización tecnológica, que no tuvo suerte”. Esas dos palabras fueron estrellas de su ´horóscopo sociocultural´: “…hace muchos años que vivo en el conurbano, y fue allí donde escribí… La Tecnarquía… un libro ignorado” y citado cada tanto por algún desprevenido (“Las máquinas…”, ´Futuro´, Página/12, 02/02/2008).

2.- La reflexión marginal y un proyecto político

La Tecnarquía abre la saga filosófica de su producción editorial con lo “que podría haber sido una tesis de doctorado”. Por aquel entonces el crítico se concebía como un outsider escribiendo desde la doble “situación fronteriza” de ´los suburbios (el conurbano), en la periferia del sistema industrial´. Este corrimiento le daba “un punto de vista privilegiado… en una parte del mundo que aún no ha encontrado su camino de realización”. Desde ese espacio limítrofe pretendía además intervenir políticamente. “En un sector del mundo que se abre al cambio estructural, siempre será necesario meditar sobre el sentido que habrá de dar el cambio (tecnológico) deseado.” (p. 8)
Capanna se consideraba en otro sentido marginal por apelar a la ´extra-vagante´ filosofía, desplazada a “la periferia de la cultura”. La filosofía es vista por lo general como útil si entretiene y si genera ingresos. En la unidimensional sociedad tecnárquica, aseguraba, el poder crítico de la filosofía es inadmisible. Las instituciones la han domesticado y al filósofo lo han convertido en profesor (p. 94-97).
Su objetivo por lo tanto es poder investigar sin sostén institucional para poder revisar, criticar y proponer… Pero ¿proponer qué? En concreto, poder pensar una futura sociedad tecnológica con valores. Frente a un estado de cosas desalentador, dice Capanna, un futuro post-tecnárquico requerirá una ´revolución ética´ que lleve: “…a la conciencia social los imperativos morales… [Porque] estar junto a las causas justas, abrir las conciencias a las perspectivas de la liberación, establecer para qué se hace el cambio, qué tipo de hombre nuevo es deseable, es una misión pedagógica que cabe a la filosofía… El intelectual debe comprometerse en la crítica activa de los valores tecnárquicos, negándolos para superarlos.” (p. 251) ¿´Liberación´, ´revolución ética´, ´negación´, ´intelectual comprometido´? Veremos la solidez de esas propuestas.
En sus doscientas cincuenta y cuatro páginas La Tecnarquía intenta “…aprehender el sentido del [proceso tecnológico] que envuelve el planeta entero…”, revisando técnica, trabajo y ocio “en la perspectiva de la sociedad industrial” (p. 7). La misma ambigüedad de indagar en ´el proceso planetario de la técnica´, circunscripto en rigor a los países centrales, roza al método de análisis, el ´ideal fenomenológico´ de buscar la ´esencia´ o el ´modo del ser´ de la civilización tecnárquica (p. 137). Ese método ya era mencionado en su volumen espejo, El sentido de la ciencia-ficción donde aseguraba: “Husserl había puesto como uno de los pasos fundamentales del método fenomenológico la variación ideatoria, procedimiento para aislar esencias mediante la formalización y un ´procedimiento serial de variación´ que permite intuir todas sus posibilidades y aprehender la esencia invariable.”

3.- El sentido de la técnica.

La Tecnarquía consta de tres grandes partes.
La primera -“La dominación de la técnica”- se abre con un interrogante: ¿por qué criticar la técnica de forma radical y hablar de ´humanizarla´, si –por un lado- en el encuentro con el instrumento, está la distinción entre el humano y el animal, y si –por otro lado- durante el Renacimiento, al mismo tiempo que se forja el humanismo con sus anhelos de dominio del mundo, nacen los caminos de la ciencia y de la tecnología?
La tecnología planetaria, para muchos hoy una ´invasión´, e incluso un ´cáncer´, fue un sueño titánico renacentista. Hace cuatro siglos, la distancia entre ciencia y literatura –referencia implícita a la polémica de las ´dos culturas´- no existía. Además, si para algunos intelectuales de los países desarrollados la tecnología es pésima, para los pueblos del Tercer Mundo puede ser instrumento de liberación. “Habrá pues que desentrañar en esta confusión de nociones la distancia que media entre la técnica y la tecnocracia, en una indagación que nos lleve a los fundamentos de la sociedad industrial.” (p. 15) Alcanzar esos ´fundamentos´ requerirá de una indagación ontológica de la tecnocracia (o tecno-burocracia): “…el fin aquí propuesto (es) esclarecer el modo de ser que supone la existencia de la sociedad industrial en todos sus aspectos.” (p. 19)
A partir de la semejanza entre ciencia y técnica modernas, y aceptando que toda intermediación –la de cualquier herramienta- produce alienación, ´apropiarse del mundo a través del trabajo generado por la técnica´ es una forma existencial, un modo de ser propio de este tiempo, que tiene sus raíces en el pasado y que se encamina a su superación.
´Tecnarquía´ –dos términos griegos que reunidos significan el principio de la técnica- remite al ´hacer como principio del ser´, a la actividad transformadora como fundamento, al predominio de la acción sobre lo contemplativo (p. 20). “Es el proceso que resume Toynbee diciendo que el hombre occidental ha reemplazado la religión por la técnica.” (p. 21)
El sagrado trabajo define, entonces, el ser de la civilización tecnárquica.
La ´voluntad de apropiación teórica de la realidad´, según Capanna, se retrotrae a René Descartes (1596-1650) con dos etapas sucesivas: la voluntad de conocer y, en particular, la voluntad de dominio ejercida por técnicas que disuelven cualquier posibilidad de lugares naturales y que hacen que la sociedad se organice en funciones.
La reificación convierte al humano en factor, en ´servir-para´ (p. 25). “La ciencia ya no persigue el conocimiento puro, sino que investiga en función de la técnica… La disolución de la ciencia en una multitud de técnicas se corresponde con la disolución de la teoría en praxis política.” (p. 26) La técnica se vuelve autónoma hasta convertirse en fundamento de sí, en un juego. Si las reglas de ese juego permanecen ocultas e incomprensibles, si la participación es impuesta, será el juego de la alienación; si la técnica es un instrumento de liberación, será un juego para que el humano realice sus más altas posibilidades (p. 26).
Esos modos de convertirse en juego de la técnica, en el marco de una ontología de la era técnica, son consecuencia de su autonomía y escapan a una evaluación ´bueno / malo´.

4.- Los tres rasgos

Tres parecen ser las categorías básicas que definen la civilización tecnárquica.
La primera es ´la alteración planetaria´, o la ´aspiración del humano de dominar el contorno cósmico´. Esta aspiración supone avance, gradualidad y recala en los ritmos de producción y consumo. La sociedad industrial es una tecnarquía del consumo.
La segunda es ´la ideología´, un pensamiento simplista sustentado por la planificación, la puja por el status, el confort y el consumo. En la tecnarquía, “…la verdad del pensamiento se subordina al éxito fáctico”. La actividad técnica es “el origen ontológico” de una ideología intrínseca a un sistema que se dice desinteresado de la ideología formal y que proclama su fin (p. 58-59). El sistema disuelve la controversia y apela al efectismo del ´hacer´. La ´estructura vital de la tecnarquía es totalitaria por su carácter sistemático´ y según Herbert Marcuse (1898-1979): “Totalitaria no es solo una coordinación política terrorista sino también una coordinación económico-técnica no terrorista que opera través de la manipulación de las necesidades…” (p. 52-53).
La sociedad tecnárquica unifica burocratización y militarismo (subordinación al organigrama), una ideología aceptada por casi todos para sobrevivir (p. 62-65). En ese sentido, ´las múltiples técnicas se corresponden con la praxis política´. La política es una ingeniería orquestada por una tecno-burocracia para obtener eficiencia. Si bien ´tecnocracia´ suena despectivo, cuando la impulsó Thorstein Veblen a inicios del siglo XX encarnaba un ideal político (p. 191).
El tercer rasgo es ´la felicidad como adaptación´. “El concepto de adaptación, impuesto por las ciencias humanas, junto con el de confort, representa el paradigma de conducta de la sociedad industrial capitalista. El colectivismo -el comunismo soviético- insiste también en la subordinación…” (p. 73) La civilización industrial cobijaba, durante la Guerra Fría, al capitalismo –Estados Unidos- y a la URSS con un desarrollo diferente pero idénticos sacrificios y costos en vidas para implantarlo (p. 30).
La adaptación del ser humano a sus congéneres ya adaptados ocurre por diversos mecanismos. La educación, que es un ´ajuste´, desplaza el saber humanístico e instala una nebulosa cultura motivadora de consumo (p. 76). La psicología colabora para que el individuo viva sin tensiones. “El psicólogo procederá a adaptar al paciente, disolviendo… aun aquellas tendencias positivas que pueden poner en peligro las bases del sistema.” (p. 74) Las ciencias humanas, engranajes tecnárquicos, colaboran con la organización. La sociología industrial procura eficiencia y no titubea en aplicar técnicas de adiestramiento, como un domador con sus caballos (p. 82-85). Los medios de comunicación emiten opiniones basadas en sondeos. “No interesa educar al público, cultivando las tendencias de superación: el mismo planteamiento de la cuestión, propone la respuesta. Un artefacto tan pintoresco como el Group Thinkometer… nivela las opiniones electrónicamente…” (p. 76)
La mente tecnárquica considera que el individuo adaptado es feliz. Si las ciencias humanas –pedagogía, psicología- liberan las tensiones por causas internas; las tensiones provocadas por el medio urbano se consideran satisfechas con el confort que, sostenido en el progreso técnico y apuntalado por la publicidad, recrea el ideal de placenta (p. 78).
En el universo tecnárquico, las necesidades son sexo, comida, reconocimiento social, distracciones (´novedades´ o ´diversión´ –un término de origen militar), pero ni una palabra acerca de libertad, sentido de la vida, eternidad (p. 79). Este marco hace de la naturaleza humana “una existencia alienada” que no reconoce su particularidad ontológica. Alienación es la pérdida de una humanidad entregada al sistema (p. 81).

5.- Ocio espurio del adaptado

La segunda parte del libro -“Ontología del trabajo y de la técnica”- está dedicada a la relación ´técnica / trabajo / ocio´. La argumentación apunta a desmontar la asociación ´técnica / máquina´, válida para un momento histórico anterior. La civilización tecnárquica es un medio natural de segundo grado que excede lo maquínico (p. 144).
La dominación de la técnica transforma al mundo que, a su vez, transforma al humano. Es la “…historia ontológica de la técnica que se vuelve autónoma y trasciende al mundo del trabajo para abarcar la totalidad de la existencia.” (p. 145) Esta autonomía de la técnica causa alienación y plantea una contradicción que Capanna no resuelve –o no advierte.
Afirma, por un lado, que desde el Renacimiento “…el hombre está puesto en el mundo para transformarlo y dominarlo, en cuanto sujeto racional.” Por otro lado reconoce: “No vemos aún qué movió al hombre occidental a desarrollar una civilización fundada en la técnica ni por qué esa civilización pudo volverse planetaria.” (p. 145) Y remata: “La era que llamamos Moderna -considerada en función de la tecnarquía- es una prehistoria. La matematización de la ciencia, la cuantificación de las cualidades, la conversión del arte en técnica racional, son pasos de una transformación que conduce al hombre a alienarse en la acción, a la tecnarquía.” (p. 151)
Si la preponderancia de la tecnocracia y de la dominación de la técnica es parte de la racionalidad de la historia, en contraposición Capanna sostiene en esos pasajes que el animal racional que es el humano decidió, sin motivo aparente, embarcarse en una empresa basada en el hacer, en la acción cuyo resultado final es su alienación, su reducción a ´factor de producción´. El ser humano tecnárquico está “…dispuesto a ser usado con el máximo de rendimiento. Por ello, más que de reificación (conversión en objeto o en cosa), en la tecnarquía es posible hablar de ´utilización´, conversión en instrumento.” (p. 158)
Este ataque a la humanidad derivaría en un sin sentido que excede el mundo del trabajo: “El hecho de que el hombre actual no sepa qué hacer con el ocio, mientras no sea entretenerse o cultivar un hobby, revela su indigencia ontológica, la vaciedad a que lo reduce el sistema tecnárquico.” (p. 174)
En la supuesta ´civilización del ocio´, éste ni siquiera ha sido abordado como problema y se lo transfiere al plano del consumo. Contra eso arrecian los disidentes que niegan las diversiones ofrecidas por el sistema y escandalizan con su ocio orgiástico (p. 172).
Como recordará Capanna, en la tecnocracia anidan ocultos el nihilismo y la guerra total.

6.- Tecnólogos: tecnolatría fascista / mecanoclastas / tecnarquía totalitaria

La tercera parte -“Fundamentación y prospectiva”- revisa las corrientes intelectuales que pensaron la dominación de la técnica para intentar prever sus derivas: “Luego de haber bosquejado las estructuras ontológicas de la tecnarquía (primera parte) e investigado su origen en relación a la esencia del acto laboral (segunda parte), se plantea el problema de su sentido; esta consideración implica reflexionar sobre el futuro de la tecnarquía y las perspectivas de un mundo post-tecnárquico.” (p. 179)
Capanna divide a los tecnólogos en facciones. Hay un ala derecha -tecnolatría fascista- “que ve en la técnica el instrumento más eficaz para consolidar las relaciones de dominio y represión”. (Habría que preguntarse si la diferencia entre la tecnolatría fascista y la tecnarquía sin más es la densidad de la represión porque –recordemos- ésta tiene al igual que aquella el ´trabajo´ como esencia y es también totalitaria). Hay un centro, asociado a la ´tecnocracia´ de Veblen: la técnica posibilita ´racionalizar las contradicciones sociales´. Hay un ala izquierda que considera a la técnica un medio de realización y liberación humanas: socialistas utópicos, marxistas. Y existe una tendencia romántica que “si bien atribuye a la técnica todos los males sociales… realiza una verdadera crítica humanista”. Esta tendencia incluye el individualismo de Henry Thoreau, la no violencia gandhiana y los ´mecanoclastas´ que proponen destruir esa encarnación del mal.
A inicios del siglo XIX, los destructores de máquinas fueron artesanos que advirtieron en la técnica la disolución de su modo de vida y la instalación de un orden y de una disciplina masivas para la explotación, la producción de ´cosas´ y de enormes deshechos. “Al no poder enfrentar a los burgueses, el odio se vuelve hacia las máquinas, en una reacción semejante a la que engendró el antisemitismo –asegura Capanna tendenciosamente. El obrero que luchaba contra las máquinas trataba de volver a… su posición de artesano integrado en un sistema corporativo. Los comienzos de la mecanoclasia teórica, que no está tan extinguida como podría creerse, son paralelos a los del romanticismo y constituyen en realidad meras variantes de éste… Sus más recientes manifestaciones se dan en la nostalgia rural, identificada por Kingsley Amis en la literatura fantástica (New Maps of Hell, 1960) y en muchas fases del movimiento gandhiano” (p. 210).
Estas cuatro tendencias no incluyen a tecnólogos más complejos como Martin Heidegger (1889-1976), entre la tecnolatría fascista y la mecanoclasia, y Marcuse que no niega la tecnología, pero que es anti-tecnárquico, anti-urbano y quien mediante el marxismo y el humanismo cuestiona su tendencia totalitaria (p. 179-180).
Sopesadas la mayor parte de las tendencias, el capítulo final del libro -“Más allá de la tecnarquía”- sondea conclusiones sobre el futuro de la civilización tecnárquica.
Capanna –como indiqué- no considera que exista un buen y un mal uso de la técnica. La sociedad industrial asocia técnica con trabajo, producción, consumo, economía, poder y, por lo tanto, no se la puede modificar con un uso diferente. “La gran cuestión está precisamente en hallar una técnica que nos permita administrar en sentido humanista el poder puesto en nuestras manos por la tecnología.” El objetivo es “…cambiar la intencionalidad, lo cual significa sacar a la luz una nueva faceta del ser del hombre.” Es una transformación ética que aspira a la plenitud humana y a una existencia con nuevos valores, origen de otras tecnologías. Una técnica liberadora dependerá de un ´humanismo maduro´ (p. 241), de la ´madurez del ser humano´ (p. 246).
La insistencia en la idea de ´madurez´ sugiere que el ´nuevo hombre para una nueva tecnología´ surgirá de una impronta confesional. Ni destruir las máquinas, ni volver a la vida pastoril, ni el desenfreno por el poder. La serenidad, la valentía y la autenticidad son virtudes necesarias para el cambio de dirección de la técnica -como lo advierte el teólogo católico Romano Guardini, citado en las últimas páginas del libro por un Capanna que resulta al fin de cuentas un intelectual comprometido en la defensa de una fe institucional.

7.- Tecno-humanismo católico y conservador versus tecnócratas y hippies

La extrañeza de La Tecnarquía nace del cruce entre una pretendida descripción distanciada de la civilización tecnárquica (también cuestionada), una impugnación de los disidentes (con concesiones) y una matriz católica para un futuro tecnológico más humano.
Desde su extravagante marginalidad filosófica, Capanna analiza el andamiaje y los embates, oscilando entre la validación paralizante -todo se reduce a la acción, todos somos seres tecnárquicos- y la crítica voluntaria o involuntaria hacia un sistema delirante. Esta crítica se detecta, por ejemplo, en la alienación del obrero que, cada vez que abandona su trabajo, “aquello con que se encuentra no es su identidad, sino un fantasma” (p. 173). El trabajador acepta el ocio sin conocerse, ni percibirse a sí mismo: “…si pensamos las horas de trabajo… como mal necesario, no lograremos la pacificación de la existencia, sino por el contrario seguirá acentuándose su tendencia esquizoide.” (p. 247)
Capanna cree probable que “…el tiempo de la tecnarquía toque su fin, o (que) por lo menos haya pasado el momento de su culminación” (p. 41). El nuevo momento histórico ha alcanzado el clímax de guerra nuclear, armas biológicas, desarrollo genético, desequilibrio ecológico. Este aparente punto fatal está marcado por un ´hastío cultural que va dominando a la sociedad´ al tiempo que cada vez más grupos abandonan “…ideales antes indiscutidos: trabajo, bienestar, propiedad”.
Los sectores desafectados son fuerzas anti-urbanas relacionadas con el neoanarquismo y el movimiento estudiantil (p. 39). El modo de ser tecnárquico, basado en tener a cambio de subordinación, es negado por los jóvenes quienes, a pesar de sus capas geológicas de saber universal, ven en la universidad una “fábrica de expertos”, reaccionan contra ´lo poco que les ofrece´ y contra los intentos de manipulación. “Insatisfechos con el plan de adaptarse a una sociedad que detestan y que a menudo es detestable, las generaciones jóvenes pretenden con análogo criterio técnico, adaptar la sociedad a ellas.” (p. 77-78)
Los románticos neoanarquistas que quieren ´volver a la naturaleza´ tienen nombre: “El estilo de vida hippie significa un rechazo de las formas de la sociedad de consumo… atacando las raíces del sistema industrial…” (p. 37) Los hippies recrean una vida pastoril, en comunidades pequeñas como ´los primeros cristianos´, apelando a las drogas, en un giro religioso místico que evoca la violencia dionisíaca. Aun cuando ese movimiento viva de sobras y de sustancias tecnárquicas, potencialmente ´encierra un orden distinto´ (p. 38).
En aras de su reformismo, Capanna llega incluso a evaluar estrategias contraculturales: ´hacer / no hacer / qué hacer´; ´violencia / no violencia / ´violencia dependiendo de…´; ´consumir / no consumir / consumir responsablemente´. “El confort, forma de posesión, es una posibilidad abierta a toda sociedad industrial, puesto que antepone el hacer al ser. Oponerle una actitud ascética, centrada en el rechazo de la acción y el desapego por los bienes materiales, también trae su contrapartida negativa en cuanto… consagra la injusticia social: la pobreza libremente elegida no resuelve la miseria ajena…” (p. 49).
Entre una sociedad tecnárquica detestable y esquizoide (¿no respondía a la racionalidad de la historia?) y los disidentes que aciertan con sus críticas, pero que repiten de otra forma la estructura negada, Capanna adopta una excéntrica tercera posición sostenida por su ideario católico que destila un conservadurismo que recubre el planteo de La Tecnarquía.
Veamos algunos pasajes significativos.
La ´civilización tecnárquica´ es planetaria e incluye en su totalización comunidades arcaicas, culturas subdesarrolladas, sociedades preindustriales “asumiendo sintéticamente el pasado de la humanidad” (p. 29). Este régimen de vida supone en consecuencia la ´explotación colonial´. Una de las incógnitas es por supuesto entender cómo se realizará bajo esas condiciones el Tercer Mundo donde aún no se logró la ´dominación de la técnica´ y “donde…se halla la mayor parte del género humano”. A su vez, la naturalización de la explotación coincide con la fusión ´industrialización / militarismo´. “Al igual que el burócrata, el militar es un funcionario. En los países del Tercer Mundo, se siente identificado con el Estado mismo, exigiendo periódicamente el poder civil.” (p. 65)
Otra voltereta acrítica –al ilustrar la ´alteración planetaria´- subraya su conservadurismo: “La idea de conquista y dominación de la naturaleza aparece en relación con la sujeción de la mujer; no debemos olvidar que la técnica ha crecido en la sociedad occidental… masculina… y la natura es una potencia femenina…” (p. 46) Cita más adelante a Mumford sobre la relación entre instrumentos (masculinos) y material (femenino) propios de la acción técnica, como el arado y la tierra (p. 137).
Estas metáforas saturadas ideológicamente de alguna manera precisan el alcance de su proyecto filosófico, por momentos, ciertamente ambiguo.
El ´humanismo maduro´ -es decir, católico- habría de originar nuevos objetivos para una nueva tecnología que reajuste la ecuación ´sexo / amor´: “Quizá las bases del amor maduro, que habrán de constituir las pautas de una etapa post-tecnárquica, se están echando… en la relación dialogal de tantas parejas que han superado la revolución freudiana, la estimulación simbólica y la experimentación desesperada, integrando el sexo al amor y aprendiendo… a compenetrarse en el plano existencial.” (p. 114)
Desde su atalaya católico, Capanna teje y desteje alianzas. Discute con la civilización industrial que redujo lo erótico a lo sexual abstracto, haciendo que el placer pueda ser estimulado por ejemplo con electricidad -la exageración resume una explicación que toca a la pornografía. Ataca además el placer de los disidentes. “En los movimientos ´subterráneos´ (underground) se aboga por una cierta ´revolución sexual´, distinta de la freudiana… Se predica la liberación de todos los tabúes, y una sexualidad orgiástica, de caracteres ´místicos´, que incluye… formas grupales o alternativas de sexualidad, aceptación de todas las posibilidades, aun las aberrantes, como homosexualidad, sadismo y autoerotismo. Se embarcan en una búsqueda anárquica…” (p. 113).
Aberrantes y anarquizantes le parecían sin dudas los movimientos políticos alternativos, pero no por apelar al sexo como último componente natural en el mundo tecnológico (los underground y el catolicismo maduro están ´más allá de la revolución freudiana´), ni por las drogas de diseño (propias de la trama tecnárquica), sino por las raíces religiosas orientales de los rebeldes: “Si llegan… a superar la droga, lograrán dar testimonio de un orden distinto y más humano… aunque es dudoso que su revolución se oriente y canalice, centrada como está en la simple negación.” (p. 114)
Esa ´simple negación es por supuesto teológico-política.

8.- La sagrada Red post-tecnárquica

La disputa en el plano erótico –´civilización / placer´- se traslada al plano religioso.
Resumamos. La técnica –que nace al calor del elán místico (Bergson)- ocupa el lugar de la religión en la tecnarquía (Toynbee), uno de cuyos fundamentos es la espiritualidad de la ´disciplina maquínica´ (Veblen); el antídoto, ante una técnica convertida en ´ídolo´, no es ir contra el sistema sino replegarse en el ascetismo (G. Marcel).
Pero para Capanna, la civilización tecnárquica, de extrema pobreza espiritual, es irreligiosa. “La superstición, el sincretismo, la indiferencia o el reformismo social son las formas espurias con las cuales se pretende colmar este vacío a la espera de una nueva experiencia de lo sagrado que inevitablemente habrá de superar a la tecnarquía” (p. 94).
La superstición parece apuntar hacia la relación ´magia / técnica´ en la civilización industrial y que es extrema en la arcaizante tecnolatría del nazismo. El sincretismo es un dardo a las versiones místicas de los disidentes. El reformismo social roza su tecno-humanismo confesional. Son formas espurias porque la ´nueva experiencia de lo sagrado´ sería una humanización de la tecnología apuntalada por valores católicos. “Teniendo los peligros a la vista… podemos cimentar una fe madura en el destino del hombre.” (p. 252)
Este plano religioso habilita una segunda lectura de la especulación futurista.
Tres características definen al hombre tecnárquico: ´disponibilidad, eficiencia, imagen´. Acerca de las dos primeras algo fue apuntado. Resta la tercera.
La ´tecnología de dominio´, que configura al ser tecnárquico, implica la persuasión: “Aquí entra en juego el concepto de imagen… uno de los más interesantes conceptos que han desarrollado las ciencias humanas empresarias, uno de los puntos críticos del sistema, un resquicio por donde muestra sus coyunturas ideológicas.” La personalidad adaptada debe “crear una buena imagen sin preocuparse de la realidad”. El ser humano tecnárquico evalúa a los demás a través de imágenes y ´se conoce a sí mismo por la imagen forjada para vender su personalidad´. “El crecimiento de la imagen es correlativo con la difusión de la comunicación ´icónica´ (Marshall McLuhan). La imagen desplaza a la realidad personal y adquiere mayor realidad…” (p. 88-89).
En sus lecturas, Capanna era por aquel entonces testigo de la transformación de la civilización tecnárquica en manos de lo icónico (imagen sobre realidad) y alcanzó a advertir una ´nueva experiencia de lo sagrado´ encarnada en la cibernética, la actual Red.
Dice sobre el futuro post-tecnárquico: “Si la tecnología maquinista significó ante todo concentración, hipertrofia urbana, una nueva tecnología, basada quizás en las comunicaciones y la cibernética, pueda llevarnos a la dispersión y favorecer la recreación de la comunidad básica. El rechazo de los valores subyacentes al sistema industrial no es un rechazo de la tecnología, sino una tentativa de asumir su control. Nos encontramos alienados por haber creído neutro al sistema industrial y dejarnos dominar pasivamente por sus formas. La planificación debe abarcar las metas humanistas y el poder democrático de decisión para lograrlas.” (p. 250)
El interrogante principal para la etapa post-tecnárquica es cómo será la reforma moral, si todos los seres, incluidos los disidentes, son tecnárquicos. Capanna guarda silencio, y con su tecno-humanismo católico reclama pequeños grupos interconectados que mantienen en una aldea global no belicosa la tecnología bajo control. Es una versión sin drogas ni orgías de las comunidades hippies.
Ese entramado hippie / yonqui / místico –núcleo de la polémica reforma / revolución- es clave para revisar su mirada sobre la ciencia ficción.

9.- La mirada conservadora sobre la ciencia ficción y un futuro esquizoide

El sentido de la ciencia-ficción y La Tecnarquía coinciden en la preocupación por aprehender el ´sentido´ de un género literario y el ´sentido del proceso tecnológico´. Esta interrelación indica que ambos volúmenes surgieron de la misma investigación y que, por ende, la perspectiva sobre la ciencia ficción se desprende de su tarea filosófica.
El término ´tecnarquía´ fue inventado por el escritor escocés Geddes… pero a inicios de los setenta Capanna ignoraba el dato. Había tomado la palabra de un cuento de ciencia ficción -“En busca de San Aquino”- de Anthony Boucher (1911-1968), según recuerda en “Las editoriales pueden llegar a ponerse groseras” (Revista Colofón, 13/12/2015).
Dice en El sentido de la ciencia-ficción: “…valiosas y significativas espiritualmente resultan otras tentativas de captación de la realidad contemporánea en una dinámica religiosa… [Son] aproximaciones a la civilización mecánica, fundadas en el amor… [como] ´En busca de San Aquino´ (1964) … donde el Papa es perseguido por una tecnocracia atea que envía un sacerdote a buscar los restos de San Aquino [y] descubre que el santo… no era más que una máquina… perfecta, casi una divinidad…” Y allí anticipa su mirada: “Se valora aquí [en el cuento] la razón y la máquina pero no oponiéndolos a Dios sino poniéndolos a su servicio, para extender su reino y liberar al hombre para servirlo. Genuina expresión de una problemática religiosa arraigada en las circunstancias actuales.”
´Una máquina que pone a los hombres al servicio de Dios para que sean libres´, sintetiza de qué modo imaginaba Capanna la post-tecnarquía hacia 1966.
Frente y revés de la misma trama, leídos en intersección, La Tecnarquía y El sentido de la ciencia-ficción adquieren nuevos matices. La reflexión filosófica se inspira en ejemplos de la ciencia ficción y, a su vez, aquella reflexión es el andamiaje epistemológico para indagar el sentido del género. Por si fuera poco, ambos germinan de ideas de Boucher quien facilita el término para el título y le sugiere pensar la ciencia ficción como ´genealogía´.
Los ejemplos de literatura de ciencia ficción que aluden en La Tecnarquía a rasgos de la civilización industrial apuntan a la ecología, el consumismo, los movimientos anti-técnicos y los saberes alternativos como la parapsicología, en particular, usada para aumentar la productividad porque, recuerden, nada fuera del entramado tecnárquico.
Capanna desprecia las novelas de ciencia ficción con tema parapsicológico, circunscribiéndolas a los años cincuenta, acusándolas de transmitir ´fantasías de omnipotencia´ al asociarlas con delirios nazis y al afirmar que ese “…confuso trasfondo ideológico del movimiento Planète… revela… una inclinación hacia la ideología del superhombre.” (p. 90-91) El problema para un católico es entonces el hereje esoterismo.
La revista francesa Planète es una de las causas de la confusión respecto de qué epistemología funciona en el género. Y en El sentido de la ciencia-ficción ese influjo negativo es evidente: “La difusión tardía del género en nuestro medio, combinada con la aparición del ´nuevo humanismo´ marca Planète… han agravado aún más la oscuridad original del nombre. Basándose en el confuso concepto que se tiene de aquel movimiento…, para muchas personas cultas y aun intelectuales, la palabra ´ciencia-ficción´ sugiere una nueva ciencia o… una ciencia oculta.” Y niega la incidencia del nuevo humanismo: “…no existe ninguna vinculación de la s-f (ciencia ficción) con el ocultismo, como algunos inspirados en la extraña alianza entre s-f y ´humanismo del tercer milenio´… parecen insinuar… La ´s´ de la sigla ´s-f´ es suficiente garantía contra la superstición…”.
La ´s´ remite por supuesto al anglosajón science, ´ciencia´. Esa tesis de lectura asocia la ciencia ficción no a la presencia ineludible de un elemento científico en la narración –cada época tiene su definición de cientificidad- sino a la coherencia con que son tratadas las hipótesis científicas, método que tiene su origen en la época de la Revolución Industrial. Pero aun así las heterodoxias son impugnadas de plano en la ciencia ficción.
La discusión de El sentido de la ciencia-ficción y la de La Tecnarquía se solapan: ¿cuál es la epistemología válida para comprender / analizar un género literario, y para organizar la sociedad? Esa proximidad es todavía más importante si consideramos la matriz política de la ciencia ficción que recursivamente es fuente imaginativa para un texto filosófico.
Capanna baraja al menos tres paradigmas de conocimiento con matriz política: i) la ortodoxia tecnárquica eficiente, vacía e inhumana (incluye saberes científicos ortodoxos o asimilados como tales), ii) los paradigmas alternativos de conocimiento, cercanos al sincretismo orientalizante de la huida romántica a la naturaleza de los hippies, iii) el tecno-humanismo con valores morales (católicos) que representa su propuesta reformista.
Este reformismo conservador podría resumirse en expresiones como las siguientes: “La gran cuestión está precisamente en hallar una técnica que nos permita administrar en sentido humanista el poder puesto en nuestras manos por la tecnología.” (p. 243) Y a esto debería sumarse: “Según Bergson, la tecnología moderna se ha desarrollado junto a la mística cristiana, y es una consecuencia de ésta… La función de la civilización técnica sería la de proveer un cuerpo al alma de la humanidad que se autorrealiza…” (p. 202-203)
Pero ese cuerpo que nos da la civilización -en verdad, un segundo cuerpo- es un constructo artificial superpuesto al cuerpo de la naturaleza que sostiene –o que sostenía- a una humanidad cada vez más alejada de cualquier experiencia directa con lo natural.//

Kaczynski y ‘La sociedad industrial y su futuro’

«Lo que sigue son apuntes sobre el manifiesto de Freedom Club, atribuído a Kaczynski, texto cuyo eje principal de discusión es cómo y por qué el desarrollo tecnológico se ha convertido en una amenaza para la libertad individual y para la Naturaleza salvaje.»

Los párrafos iniciales de La sociedad industrial y su futuro (Industrial Society and Its Future, 1995) indican que la Revolución Industrial y sus consecuencias han resultado un desastre (´disaster´) para la humanidad [#1]; que la expectativa de vida se extendió pero que aumentaron las agresiones físicas y psicológicas sobre el ser humano, y que creció el daño contra el mundo natural [#1]; que la salida sería una revolución que atacara los fundamentos económicos y tecnológicos de la sociedad industrial [#4]; que una reforma no impediría que el sistema prive a las personas de libertad y de autonomía como lo hace hoy [#2]; y que, como método, el análisis se detendrá en aspectos negativos del sistema que no hayan recibido suficiente atención [#5].
El punto de partida es inesperado. Según Kaczynski, un aspecto poco analizado y que mejor pone en evidencia la locura (´craziness´) de la molestísima sociedad moderna es la psicología del izquierdismo (´leftism´) [#6].
En los 46 parágrafos dedicados al tema, sobre los 232 totales, Kaczynski define al izquierdismo como un movimiento fragmentario que en el pasado se identificó con el socialismo y que hacia fines del siglo XX incluye a políticamente correctos, a colectivistas, a feministas, a activistas por los derechos de identidades disidentes, a activistas en defensa de personas con capacidades diferentes (´disabilities´), a activistas por los derechos de los animales, etcétera. Esta corriente es tan compleja de desentrañar que parece más fácil delinear un tipo psicológico [#7].
Kaczynski deja de lado el izquierdismo del siglo XIX y de comienzos del XX para concentrarse en el moderno [#8] cuyas principales tendencias son ´el sentimiento de inferioridad´ y la ´sobresocialización´ [#9]. En concreto, los sentimientos de inferioridad –baja autoestima, depresión, derrotismo, culpa, autoaborrecimiento, sentimientos de impotencia, etc.- son decisivos en su dirección [#10] ya que explican dos características centrales, el anti-individualismo y el pro-colectivismo.
El izquierdista no confía en sus propias habilidades para resolver sus problemas ni para satisfacer sus necesidades [#16]. Confía, en cambio, en que la sociedad lo protegerá y le dará lo que necesite a él y a quienes dice defender. El izquierdista solo se siente fuerte como miembro de una gran organización o de un movimiento de masas con el cual identificarse [#19].

El izquierdista es un falso rebelde [#24]. Por lo general, proviene de estratos sociales sino privilegiados al menos no absolutamente marginales. Su perfil psicológico –que abunda por caso entre los profesores universitarios- supone tener principios políticamente correctos –no violencia, no discriminación, igualdad (de etnias, de género)-, cumplirlos a rajatabla –(auto-imposición)- y denunciar que otros no los cumplen. De esa manera, muchos izquierdistas llegan a sostener un discurso a favor de la moral establecida semejante al que pregonan los medios de comunicación y el sistema educativo [#28]. En muchas de sus luchas, abogan por la inclusión de grupos oprimidos –por ejemplo, la gente negra- a la sociedad y luchando así, antes que por la autodeterminación, por la consonancia de la vida de ese grupo oprimido con los valores del sistema tecnológico-industrial, uno de los orígenes de la opresión [#29].
Esta generalización que precisaría de matices, detecta sin embargo que en la sociedad moderna el izquierdismo es uno de los canales más fuertes en el incesante proceso de socialización impuesto por el sistema [#30, #31, #32].
La mistificación del izquierdismo consiste –como dijimos- en tomar un problema que le pertenece a un grupo oprimido (estrato social o minoría) del que no forma parte, para canalizar, en esa acción presuntamente a favor de otro, su frustración por la necesidad no cumplida de experimentar el proceso de poder [#21].
Los problemas sociales y psicológicos de la sociedad moderna se originan en la imposición de una forma de vida totalmente diferente en cuanto a las condiciones bajo las cuales el humano se desarrolló [#47-#57]. La imposibilidad de experimentar el proceso de poder es la más importante de las condiciones anormales de la sociedad moderna [#46]. Todas las sociedades han intervenido en el proceso de poder, pero en el sistema tecno-industrial la interferencia es extrema [#58].
En el mundo contemporáneo, el ser humano no puede ser autónomo y alcanzar por sí solo el bienestar físico y biológico (comida, vestimenta, vivienda, seguridad). La adquisición de estos atributos depende de la maquinaria social, como nunca antes.
Ahora bien, como el proceso de poder –basado en la finalidad, el esfuerzo y el logro- es inherente al humano, los individuos se preocupan por llevarlo a cabo de alguna manera y al no tener la posibilidad de alcanzarlo en sus necesidades reales (la subsistencia) dirigen sus esfuerzos a actividades sustitutorias (´surrogate activities´) -el deporte, el arte, la investigación científica, los hobbies [#33-#45].
El sistema tecno-industrial le da autonomía al individuo si su acción responde a la satisfacción de una necesidad artificial; en el caso contrario, en el de las necesidades reales, lo somete a su control.
El izquierdismo moderno es, en parte, síntoma de la privación con respecto al proceso de poder [#58]. El activismo es una ´actividad sustitutoria´ mediante la cual el individuo se siente realizado al identificarse con una organización poderosa o con un movimiento de masas. La finalidad que alcance el movimiento será considerada como propia aunque su esfuerzo individual no haya sido relevante. [#83].
Hacia el final de su artículo, Kaczynski retorna al izquierdismo bajo la forma de una alerta destinada a quienes consideran inevitable la revolución contra el sistema tecno-industrial. El izquierdismo aparece analizado en los últimos veinte párrafos [#213 – #232] bajo el subtítulo “The Danger of Leftism”.
El movimiento revolucionario contra el sistema puede atraer a izquierdistas ávidos de formar parte de una organización rebelde. En consecuencia, debe impedirse su entrada porque: a) la ideología de la revolución es (alguna versión del) anarquismo y entonces el proceso de poder se cumple mediante bases individuales o por pequeños grupos que buscan controlar las circunstancias de sus vidas (y que, por eso, rechazan la tecnología que hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones); b) el izquierdismo es colectivista ya que busca organizar la sociedad de forma completa, manejar la naturaleza (no defender su lado salvaje) y controlar la vida humana, y para eso necesita de la tecnología a la que no renunciará porque le resulta útil en la consecución del colectivismo [#213-#214]. “Algunos izquierdistas pueden que parezcan oponerse a la tecnología, pero se opondrán a ella solamente mientras estén marginados de los círculos de poder del sistema y éste permanezca controlado por gente no izquierdista. Si alguna vez el izquierdismo dominase la sociedad, por lo que el sistema tecnológico se convirtiera en una herramienta en sus manos, lo usarán de forma entusiasta y promocionarán su desarrollo.” [#216]
A esto se le suma que uno de los problemas del izquierdista es que, al ser el activismo una ´actividad sustitutoria´ para su frustrado proceso de poder, nunca se encuentra satisfecho y busca siempre una nueva problemática [#219]. El izquierdista siente que ejerce algún poder enfrentando los problemas del sistema tecno-industrial. Si viviera en una sociedad sin problemas, los crearía para poder actuar.
Como su moral –o corrección política- le impide competir en la sociedad al igual que los demás, el izquierdista cede al impulso de poder por medio de una salida moral aceptable según sus propios términos. Ingresa a un movimiento con el fin de ´realizarse´ y de imponer sus ideas y sus concepciones al resto de la sociedad. En el cruce entre moralidad y colectivismo, aparece el rasgo totalitario del izquierdismo (totalitarismo cuasi-religioso: quien no admite ese valor moral, está en Pecado) [# 219 – # 221].
El izquierdismo responde así a un tipo psicológico que, en el marco de un gran movimiento, se interesa por un problema que no le corresponde (actividad sustitutoria) a cambio de satisfacer su necesidad de tener algún objetivo que alcanzar (el ´proceso de poder´). Es injusta, dice Kaczynski, esa generalización porque existen izquierdistas que no caen en ese rango de acción: “Las personas que alcanzan posiciones de poder en los movimientos izquierdistas tienden a ser el tipo de izquierdistas con mayor sed de poder, porque estos últimos son los que más duramente se esfuerzan por alcanzar esas posiciones. Una vez que los izquierdistas ávidos de poder se hacen con el control del movimiento, hay muchos izquierdistas de un tipo más afable que, en su fuero interno, desaprueban muchas de las acciones de sus dirigentes, pero no pueden oponerse a ellas. NECESITAN seguir creyendo en el movimiento y, como no pueden dejar de creer, siguen acatando la autoridad de los líderes. Es verdad que ALGUNOS izquierdistas tienen el valor para oponerse a esas tendencias totalitarias; pero generalmente pierden porque los izquierdistas sedientos de poder suelen estar mejor organizados, ser más despiadados y maquiavélicos y tener la precaución de construir previamente una base de poder sólida.” [#224]
Aun así, el izquierdismo es el mejor ejemplo de cómo el sistema tecno-industrial privilegia que las personas persigan finalidades artificiales y no reales –impedimento que, por ir contra la historia de la especie, provoca depresión, odio, hostilidad, etc. Esto se retroalimenta con la práctica de actividades sustitutorias que calmen dichos sentimientos de inferioridad. El sistema les otorga ´autonomía´ a los individuos en las acciones que no ponen en peligro su sustentabilidad. (Por ejemplo: si a través de los órganos publicitarios -medios de comunicación, sistemas educativos- se reprueba ´la violencia´, no es para defender un valor moral sino para neutralizar un aspecto negativo que afecta a la productividad del sistema.) La ´autonomía´ y la ´libertad´ existen en las actividades sustitutorias -arte, deporte, investigación, activismo, etc.- cuando son inofensivas. En lo que respecta al asunto primordial para los humanos –subsistencia-, el sistema les confisca la libertad y la autonomía. Si uno considera a estos dos rasgos valores inalienables, el sistema tecno-industrial es pernicioso y debería ser destruido.
El tipo psicológico del izquierdista ejemplifica el colapso del sistema –él como nadie persigue actividades sustitutorias al haber perdido el control sobre las actividades reales- y es, además, el impedimento principal para que el sistema industrial acabe. La ´solución´ del izquierdismo apelando a una tecnología omnipresente, también disolvería la autonomía del humano y dejaría todo en una fase distinta de dominación.
De todas formas el asunto es de alta complejidad. En temas como la ´autonomía´, Kaczynski reconoce que muchos humanos prefieren cederla, y obedecer por ejemplo a sus jefes, porque con poco esfuerzo obtienen los medios para subsistir –aun cuando esa sesión, que parece inocua, los conduzca al sufrimiento, a la depresión, etc.
Desde una perspectiva contemporánea, los planteos del manifiesto resultan distantes para un amplio sector de los lectores ya que dejan entrever un fondo heteronormativo. Lo que se desprende de la argumentación de Kaczynski es que la disolución del sistema tecno-industrial supondría el fin de toda opresión incluyendo aquellas por razones de género.

Armonía en Segui

“El espacio virtual te pide que mires al interior de una nada en la que nadie podría vivir.”

Ivan Illich, ‘Los ríos al norte del futuro’

I.-

Los lugareños pronuncian ´Ségui´ remarcando la ´e´, invariablemente. Es la primera trampa para el foráneo, el primer atisbo de que hay algo que nunca entenderá del todo bien.
Arturo Seguí es una pequeña localidad bonaerense ubicada en el extremo noroeste del partido de La Plata, antes de la ruta 36 y del sucio ronroneo del polo industrial de Berazategui. Con la autopista que une, paralela al río, la capital provincial con la nacional como referencia, a Segui se llega tomando la bajada de Villa Elisa, cruzando las vías del Roca, zigzagueando hasta empalmar, luego del camino Centenario, la calle Arana, y en línea recta recorrer, una vez superado el camino Belgrano, las quintas emplazadas en las tierras que pertenecieron a Jorge Bell, para acabar frente al cartel de bienvenida que les recordará, por supuesto, un acento en la ´i´ final del apellido que da nombre al pueblo.
En el más allá de Segui abundan las moras, las cotorras, los alambrados, los caminos enmarañados, las vacas pastando, los lustrosos caballos –una geografía que pudo ser bucólica y que es la maqueta de un desquiciado.
Las últimas noticias pintan un asunto cada vez más fuera de tono que tensa la letanía de quienes encontraron un espacio para construir su casa cerca de árboles y pájaros, con patrulleros ciegos que son fletes para los robos cometidos por toda la zona, según denuncian los vecinos a la nada y a nadie.
El sueño mutó en pesadilla. Algunos hablan de inminente pueblada, mientras un puñado de policías cae detenido por la propia fuerza que los apaña.
Entre tantas, una de las historias de esa tierra que arde.
La de ´la chica que duró una semana´ comenzó por lo habitual. La tranquilidad; la casa orientada hacia una arboleda; los breves caminos de tierra; los escasos negocios; las caminatas de cuadras; los vecinos raleados, nada cercanos, aunque atentos… y tan atentos que días después de que la chica decidiera alquilar, instalarse y vivir sola, a media mañana, en fila como hormiguitas, mientras ella estaba en el trabajo y algunos empleados de algo ajustaban ciertas tuercas en los alrededores de la casa, entraron y la vaciaron, con tal pericia que le evitaron a la inquilina cualquier gasto de mudanza, una vez roto el contrato.
Eso cuenta la infinita mitología del lugar. En particular esa desventura no sucedió en Segui, sino en El Rincón, un barrio cercano que tomó su nombre de una añosa estancia que fue en su tiempo fábrica de chocolates y que hoy es centro de convenciones. La estancia ´El Rincón´ se entrevera con el haras Firmamento cuyas exclusivas pistas equinas enfrentan a un campo de fin de semana de un colegio de abogados, a graneros en ruinas y a enormes lotes con carteles que anuncian un futuro que nunca llega de aldeas destinadas a la clase medio alta que deciden no interponer en sus guetos muros con los de afuera.
La barriada llamada El Rincón se extiende como un rectángulo desde el conglomerado regido por la estancia –digamos, los estertores de Segui- hasta el camino General Belgrano, teniendo como límites laterales alguna calle interna paralela a Arana y el arroyo Carnaval.
Oficialmente el barrio no existe –aun cuando desde hace un tiempo funcione una subdelegación municipal. Por catastro la aberración territorial depende para algunas cosas de Villa Elisa (el servicio de electricidad, por ejemplo), para otras de City Bell (eso que llaman comisaría), para otras del propio Segui (los consumibles no declarados).
Oigan la historia del ´buen vecino´.
Una de las brillantes estrategias de la policía para resolver los conflictos con rateros y narcos de baja monta, es moverlos de un sector a otro de las barriadas populares en un radio de veinte a treinta cuadras que, de una u otra forma, conocen y comparten. Es común por ejemplo que los transas que abundan en Segui caigan al Rincón (y que los del Rincón vayan a la Fortaleza, sector cercano a la zona del Parque Ecológico y fuera de este relato).
Hace un tiempo –me cuenta el joven N., nacido y criado en el barrio- aterrizó como inquilino un transa de menudeo con revolver, grandes parlantes, amigotes y muchas ganas de pelear. Las primeras tardes -en cuadras que rugieron al ritmo de otros ladridos- salía al patio simplemente a exhibir su infierno. ´Uno les tiene miedo por la prepotencia –comenta-pero incluso en días de bajón sueltan lamentos que recuerdan a quien quiera oír que ellos son los que más han sufrido en el mundo y que por eso andan alzados, tan malos´.
La mirada torva, un constante desafío, la bronca fácil son las monedas de cambio heredadas de una gauchesca residual, de hombres de a caballo, de botas de cuero y espuelas, de costumbres de facón a la cintura que perduran (como los bajos salarios, la explotación, la violencia laboral), pero de las que no quedan mucho más rastros (exceptos estos últimos) en el inexorable proceso de conurbanización de la zona.
Capa de tras capa de tiempo, el cóctel de ingredientes incongruentes comienza a ser letal.

II.

La regla dice -´donde hay estancia, hubo tren´- y allí se yerguen todavía los terraplenes que contuvieron las vías que empalmaban o que eran del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. Esos montículos separan actualmente la estancia (y uno de los futuros guetos neo-amish) del barrio propiamente dicho sobre el que me gustaría añadir esta historia.
Una referente barrial –llamémosla R.- después de algún tumulto que entorpeció el cotidiano y que nos puso en contacto, me dijo: “A mí nada me sorprende de por acá. Vivo hace veinte años, cuando era descampado, mucho antes de los Procrear. Los conozco o creía conocerlos a todos. Me conseguí un terrenito ahí al fondo –cerca de las vías- y estoy construyendo y llevando adelante mi proyecto con crianzas. Podría hablarte de los cogolleros que entran con las plantas en las motos, podría hablarte del choreo entre vecinos, día y noche, pero una vez, hace un tiempo, en unos días de lluvia y frío, estaba yo haciendo una tarea en el patio y escuché llorar fuerte a una criatura en la calle, salgo y la veo –dos o tres años- en pañales en medio del barro, a eso de las diez de la mañana berreando, empiezo a caminar y a lo lejos aparece una camioneta de las grandes, como las de la estancia, se acerca y una señora de guita me dice sin bajarse, ´dámela que me la llevo, si ustedes no pueden criarla, me hago cargo´, señalando a la criatura. No sé qué hubiera pasado si esa mañana no salía a la calle o qué hubiera escuchado si hubiera seguido la charla.” La camioneta dio marcha atrás, los charcos, los eucaliptos, las vacas rumiando.
En El Rincón todo sucede como si nada.
Es probable que cada manzana tenga aún seis, ocho, diez casas emplazadas en un terreno que hace de generoso patio. Pero eso va cambiando año a año. Movilidad y arrejunte. Los nuevos que escapan de la ciudad o que no consiguen alquilar allá y que se tientan porque en el barrio los alquileres son un poco más baratos. Los hippies, los alternativos, los artesanos, los idealistas, los impostores, los obreros, los que siempre vivieron allí.
En ese hervidero, cuya fisonomía muta, una de las obsesiones –como quedó claro- es la ausencia de tranquilidad. Algunos vecinos desde hace tiempo intentaron resolver el asunto apelando a la tecno-utopía del ´grupo-de-whatsapp´. Todo fue conventillo, peleas e infinitas escisiones en otros utópicos grupos que tenían como fin alertar de cualquier problema o anomalía y que se convirtieron en el ambiguo centro de información, quién está, quién se fue, quién salió, quién no vuelve. En El Rincón nada es lo que parece, ni siquiera del lado de los rateros, un grupo con luminarias reconocibles, pero ciertamente impreciso.
Los intentos de organización territorial, en la realidad y con las nuevas tecnologías como mero canal de comunicación, entendieron por otro lado que, entre tantas problemáticas -calles intransitables, falta de transporte público, escasa asistencia médica, hambre y desnutrición- incluir en los principales reclamos a la ´inseguridad´ era conservador (o dicho con letras más ajustadas, ´gorila´). Hubo asambleas, ollas populares, cortes de calles, y pocos enarbolaron esa consigna como problema fundamental.
¿Por qué una situación que toca a tres de cada cuatro vecinos es negada? La explicación tal vez no sea ideológica. Poner en una comunidad grande pero finita el dedo sobre ese nudo, desenrollaría la madeja erosionando los vínculos.
´Si les das trabajo, no te roban´. Además de la delación básica entre vecinos, y de los lugares comunes de remiseros o de polis como dateros, una de las dinámicas habituales para organizarse es la vigilancia indirecta a través de albañiles y de peones adjuntos –que viven tres, cinco, siete manzanas más allá de donde están trabajando- quienes mientras construyen, asimilan con paciencia los movimientos.
Los infinitos robos en la zona de Segui y de El Rincón no siguen la lógica que podría desprenderse de la convivencia entre personas que están por debajo de la línea de pobreza y los ricachones, de mayor o menor monta, cada uno con su quinta de fin de semana.
El robo metódico es una bestial disciplina barrial generalizada. Que saluda poco; que le sobra, que tiene dos; que pasa mucho con la bici; que nunca da nada o que da y da; que no quiere que le corten el pasto o que lo corta siempre con su máquina; que hace mucho asado o que no hace nunca nada, y entonces ¿qué come?, ¿yuyo?; que no tiene alambrado y es fácil o que tiene mucho y qué esconde; que compra siempre en el barrio (cuánta plata tiene) o qué nunca compra (para qué vive acá).
Los condimentos: neoliberalismo (atomización), patriarcado (disciplina), capitalismo (deseo de consumo de lo que sea), y para el caso particular rioplatense, la herencia de la dictadura. El resultado entonces es que si alguien quiere arrebatar por envidia, por rencor, por necesidad material o por el deseo de imponerse sobre otro, en el entorno nadie nunca ve nada, aunque escuchen y vean todo. Los portazos en serie marcan la noche. La comunicación se vuelve imposible –incluso con los hippies, los alternativos y los artesanos. Renace al día siguiente el paraíso de pájaros y de árboles… Y así es la norma barrial que rige también para abusos, violencia intrafamiliar, violaciones, intentos de secuestros.
Sé que ustedes creen que estoy exagerando.

III.-

Me queda todavía una historia –o un fragmento- para contarles.
Apareció entre mis apuntes, como nota breve y rápida, hecha al pasar. Voy a transcribirla casi como la dejé, olvidada durante un tiempo, acomodándole algunas palabras.
En el momento de tomarla, luego lo recordé, intuí haber presenciado una historia de amigos de juerga. El paso de los meses modificaría esa perspectiva sin asidero, ni sustancia.
La nota rápida decía así: “El Rincón. 24 de junio de 2017. Salí a la nochecita para comprar algunas cosas. A un par de cuadras, un auto para y alguien se baja. Más allá, una persona corre a los tropezones. El que se baja del auto le grita ´volvé, volvé´, el que corre lanza al aire ´sálvame, sálvame´. Paso cerca y acelero…”.
Eso es todo lo que recuerdo. Aquel día volví de hacer las compras, anoté la historia y la descarté por completo.
Nada mejor evidencia la paradoja de registrar sin saber qué estamos viendo.//

{El registro del primero y la edición del segundo vídeo corresponden a Citro.}

Más allá de la escuela… ¿y más acá de la industria?

Apuntes surgidos de la lectura del volumen ´Más allá de la escuela. Historias de aprendizaje libre´, compilado por Constanza Monié y Cesilia Roja; Buenos Aires, Orejas de Burro Ediciones, 2018, 198 págs. Quien desee acceder a una reseña, puede encontrarla en la página de Pansophia Project: “Más allá de la escuela. Aprender en libertad, (¿en la escuela?)” [07/09/2018] de Delfina Campetella.

1.-

El 13 de agosto de 2012 podría ser considerado el día de la visibilización de la educación alternativa en Argentina y en América Latina, al haber sido lanzada al ruedo, y en Youtube.com, la película ´La Educación Prohibida´, dirigida por Germán Doin Campos.
´La Educación Prohibida´ fue un éxito. Producida en base a una financiación colectiva con más de setecientos co-productores, logró en poco tiempo millones de reproducciones en distintas plataformas virtuales y en escenarios de la realidad de átomos, remarcando el constante pésimo momento de la educación tradicional y apuntando a la sobrevida de las impostergables ensoñaciones acerca de la posibilidad de educar sin instituciones formales.
La novedad de la película no fue tanto temática –solo en Argentina las experiencias alternativas se remontan por lo menos a mediados del siglo XX- como estratégica, con su decir con ciertos toques pero sin excesivas estridencias que, de otra forma, la hubieran conducido al más furibundo discurso anti-capitalista.
Tal vez sea un dato conocido que uno de los nombres principales referido a la crítica a la educación en las escuelas como modo de adiestramiento y de disciplinamiento para adaptarse al ´sistema´, es el del intelectual austríaco Ivan Illich [1926-2002], pensador acérrimo contra la sociedad industrial y sus instituciones.
En su versión actual, las pedagogías alternativas enfrentan un dilema. Promulgan en general la necesidad de una vuelta de les niñes a la naturaleza para que aprendan en libertad, y sostienen su poder de convencimiento y de difusión en los dudosos pilares de las nuevas tecnologías y, en muchos casos, de los medios tradicionales de comunicación.
Vivimos en este mundo como si nunca Marshall McLuhan hubiera dicho ´el medio es el mensaje´. Recordemos un fragmento de esa incidencia. Las investigaciones para refutar ´el medio es el mensaje´, contra sus propias expectativas acabaron señalando “…una erosión subliminal masiva de nuestra cultura a través del adoctrinamiento del hemisferio derecho por la televisión. En un sentido más amplio, todos los medios electrónicos -como una nueva configuración o fondo- dan importancia sólo al hemisferio derecho… El actual exceso de dislexia y otras dificultades de aprendizaje… puede ser resultado directo de la televisión y otros medios electrónicos…” [M. McLuhan – B. R. Powers. La aldea global].
Tachen televisión. Pongan internet.
¿Es posible –o probable- que la desescolarización derive en desinstitucionalización, es decir, en una transformación profunda, si la comunica una plataforma virtual corporativa?

2.-

´La Educación Prohibida´ produjo rápidamente su propia leyenda negra. Por el lado menos corrosivo, es necesario señalar y recordar el basamento teosófico –desde mi punto de vista, una engañifa- que surge de la alianza productiva, incluso antes de la existencia del proyecto, entre el director Doin Campos y el auto-denominado niño índigo, Matías De Stéfano, un gurú que sugiere haber adquirido conocimientos en espacios distintos al de este planeta y que, entre tantas otras cosas, fue co-productor del documental.
Por el otro lado, algo más complejo, la figura problemática es la del joven hacker Franco Iacomella, ideólogo tanto de la redituable financiación colectiva, como del posterior éxito virtual de ´La Educación Prohibida´ y co-fundador durante la primera parte del año 2013 de ´Reevo´, la amplísima red dedicada al mapeo y a la difusión de experiencias alternativas en el campo de la educación.
Iacomella es un verdadero enigma y sin dudas un alerta sobre el poder manipulador de ciertos sujetos es espacios ideológicos disidentes, disruptivos, anti-capitalistas. En pocos años pasó de ser un supuesto investigador de FLACSO, colaborador de GNU / Linux, asesor de ´Conectar Igualdad´, artífice del exitoso documental… a traidor de sus compañeros en la construcción de un movimiento pretendidamente revolucionario por el impulso de las redes de pares (redes P2P).
A partir agosto / septiembre de 2013, una vez conocida su impostura, Iacomella comienza a ser desactivado de los lugares que frecuentaba e incluso –para citar un ejemplo que dé cuenta de su amplitud- deja de ser informante en temas de nuevas tecnologías del periodista Esteban Magnani, por aquel entonces en Página/12.
Si apeláramos a una ucronía, el propio Franco podría haber firmado junto a Germán Doin Campos el artículo “Desescolarización: una alternativa ancestral que irrumpe en la multidiversidad moderna”, recogido en el reciente volumen ´Más allá de la escuela´, en lugar –tal y como sucede- del firmante Simón Martínez, coordinador activo de Reevo.
Esa ausencia –si se me permite la inferencia- es la evidencia de que algo no salió bien.
Existe escasa información concreta y ningún mea culpa por parte del amplio entorno de acción del joven hacker, que supo de lo sucedido y que siempre prefirió el silencio. El affaire en el que estuvo envuelto Yaco, y que subraya las dificultades del camino anti-sistema, podría funcionar como el puntal para la autocrítica, pero recae en el ocultamiento.
Que el libro compilado por Constanza Monié y Cesilia Roja es de (eventual) tinte anti-capitalista lo rubrica el artículo final, “La lucha por la libertad de aprender”, escrito por Gustavo Esteva, un “intelectual público desprofesionalizado”, uno de los fundadores de la Universidad de la Tierra en Oaxaca, México, y continuador del pensamiento de Ivan Illich quien –como asegura el propio Esteva- escribió “…el epílogo del modo industrial de producción [sentando] las bases de la reconstrucción convivial, para dejar atrás aquel tipo de sociedad”.
En apariencia ese sería el mensaje del libro orquestado por Monié y Roja, y lo que es más importante el mensaje de la educación alternativa en sus infinitas variantes: no queremos ser más esta sociedad / humanidad.
Pero el medio es el mensaje.
Así como ´La Educación Prohibida´ fue financiada colectivamente hasta alcanzar el 108% del total requerido, ´Más allá de la escuela´ usó la plataforma Idea.me -con un método pavloviano de recompensa- y obtuvo el 107% del total a inicios de junio de 2018 (información disponible en el sitio web). Según indica a su vez el libro físico, se imprimieron inmediatamente 400 ejemplares en ´La imprenta ya´, una de las imprentas más populares de los libros de bajo costo, con formato, papel y visual estándares, y se inscribió el volumen en la Cámara del libro mediante de la obtención de un ISBN –para su comercialización en los circuitos oficiales-, con el bálsamo de ser regida la compilación por la licencia de tendencia colaborativa Reconocimiento-Compartir Igual de Creative Commons. En definitiva, educación y aprendizajes libres, retorno a lo natural, creación pretendidamente comunitaria, pero –para indicar un único aspecto- la tecnología de impresión del volumen se recuesta en la industria más tradicional de papel (blanqueado con cloro), tapa plastificada y con tintas variadas, código de barras corporativo, etc.
Acaso ese ´medio´ material físico -el libro- hubiera sido ´el mensaje´ si se hubiera tratado de un objeto (que tendiera a lo) artesanal, con papel reciclado, con niñes interviniéndolo, con un sistema de distribución autogestivo, con todo aquello que les adultes nos dicen que desean para sus crianzas pero que no pueden todavía ponerlo en práctica ni aquí, ni ahora.//

Referencia de quién escribe aquí

Historia del joven hacker aquí

Ou será que o Brasil deveria libertar-se da dominação da Globo

«Lo que sigue es un repaso por la historia de la Rede Globo, escrito en el interior del estado de São Paulo hacia fines de junio de 2013 cuando se sucedieron las enigmáticas manifestaciones que pasados los años caerían en el olvido por la destitución de Dilma, por la impostura de Temer y por la llegada al poder de Bolsonaro. O Globo en Brasil es el imperio dentro del imperio. Es manipulación. Es poder total.»

***

I.-

TV Globo fue fundada por Roberto Marinho [1904-2003] en 1965, doce meses después del golpe militar que derrotó al entonces presidente João Goulart.
En 1969, con el noticiero ´Jornal Nacional´ nace Rede Globo.
Desde hace unos cuarenta años el noticiero y las novelas, sin contar las transmisiones de fútbol y de carnaval, funcionan como una dupla de acero que, en continuidad horaria, eleva los números de audiencia a alucinantes porcentajes.
El día 4 de octubre de 1972, por ejemplo, el capítulo número ciento cincuenta y dos de la novela ´Selva de Pedra´ alcanzó –según IBOPE- la friolera absoluta del 100 % de audiencia. Novelas posteriores –es decir, con un mayor número de televisores en juego- llegaron a marcar más del 90 %.
Recién en 1990 la Rede Manchete con su emisión de ´Pantanal´ pudo derrotar por primera vez a una de las novelas de su augusta competidora.
Seis empresas privadas controlan el 80 % de la información dentro de Brasil. Las principales son SBT, Bandeirantes, Record y Rede Globo que impera en todos los rubros y con más del 50 % en su poder rige el mercado televisivo. En un país con el 90 % de los hogares con al menos un televisor, O Globo cubre el 99,50 % del territorio.
O Globo es un multimedios compuesto por la emisora televisiva (con cientos de repetidoras incluyendo la ´TV Tem´ de Rio Preto), el servicio de televisión por cable, radios (unas cien), diarios (O Globo es el más vendido del país), revistas, cine, música, teatro, telefonía, servicio de internet –posesión clave en este junio del 2013- y un inextinguible etcétera que deriva en puestos bases internacionales.
O Globo es una de las mayores cadenas del planeta. En 2012, sus ganancias de seis mil millones de dólares la convirtieron en la segunda mayor. Como grupo multimedia está entre los primeros del mundo y sobrepasa a su competidora latinoamericana ´Televisa´, otro monstruo con quien de todas formas ha decidido asociarse.
Las cadenas y los multimedios brasileños, en manos de las famosas siete familias que dominan el espectro, están atravesadas por intereses políticos concretos, además de los confesionales, sean católicos o evangélicos. Contra todo parámetro legal, en un tercio de las radios y de las cadenas de televisión hay políticos profesionales (o familiares directos) ejerciendo puestos directivos.
En un informe de 2008 –Observador de medios de comunicación en América Latina- se determina que en la agenda de las radios, diarios y televisión brasileñas, simplifico los datos, los problemas de corrupción y la vulnerabilidad de las instituciones democráticas ocupan el 60 % del tiempo de emisión o del espacio de publicación, mientras que la voz y la participación de los ciudadanos oscila entre el 1,5 % y el 0 %.
Son datos con cinco años de antigüedad. Nada indica que las cosas hayan cambiado. La decisión -durante los momentos más complejos de las manifestaciones- de levantar la emisión de las novelas por parte de algunas televisoras, de reemplazar en horario central la lata por el ´ao vivo´, el estudio por las calles, el guion por la crónica, el final controlado por la incertidumbre, el ardor de la pasión por el fuego de la lucha, no debe hacernos creer que primó el deseo de la información y de ´lo real´.
El imperio virtual Rede Globo solo desea cobijar, integrar, acunar, acompañar y dominar a la mayor cantidad posible de ciudadanos (consumidores) brasileños. Son sus clientes y ninguna empresa quiere indisponerse con ellos.
Una guerra de imágenes. Tal vez ningún nombre defina mejor la situación. Todas las encuestas de diez años a la actualidad confirman del lado del usuario y del consumidor un dato imposible de refutar y que se advierte en la vida cotidiana: la relación del ciudadano brasileño con la televisión e internet, y la tecnología, es profunda.
Hasta no hace muchos años, reinaban en el país la red social Orkut (de Google). En la actualidad la mitad de los usuarios de esa red en extinción son brasileños. La migración masiva que se produjo a partir de 2010-2011 hacia Facebook llevó a Brasil a ser el país con más usuarios del mundo, 70 millones, después de los Estados Unidos. En 2012, se vendió en Brasil un celular inteligente cada 30 minutos. Esos 16 millones de aparatos incrementaron en un 80 % los números del 2011.
Uno de los carteles íconos de los primeros días de protesta fue ´Saímos do Facebook´. El cartel no decía ´dejamos Facebook´ sino que establecía una dialéctica -´del ciberespacio a la rúa y vuelta al ciberespacio´- como bandera contra la información tendenciosa de los medios de comunicación tradicionales (que, por supuesto, nunca indicaron en la agenda de reclamos los cuestionamientos que caían sobre ellos).
En la ciberesfera circula por estas horas una imagen de la bandera de Brasil con un hombre de traje que empuja el logo de O Globo para que deje de obstruir al planeta azul. Podría aburrirlos deduciendo aspectos sospechosos de esa imagen –que enfatiza la relación país ̸ bandera (nacionalismo), o que está hecha y destinada a la clase media (hombre de traje), o que es machista (hombre), etc. Pero toda esta eventual discusión nos alejaría de un aspecto simbólico fundamental.
El logo de la Red Globo fue diseñado a mediados de la década del setenta por el alemán Hans Donner [1948- ] –responsable, además, de una parte importante del arsenal visual de la cadena incluyendo los noticieros, las novelas, el show de Xuxa, etc. (y relacionado, por ejemplo, con Microsoft).
En primera instancia, el logotipo es la figura del globo terrestre. Sobre él, un rectángulo (aparato de televisión) recorta un nuevo círculo. Ese nuevo círculo representaría el contenido de la transmisión televisiva que llega hasta el espectador. Ahora bien, aunque el diseño original no lo incluye, puede suponerse sin problemas otro rectángulo detrás del planeta original –el mayor- e intuir otro rectángulo dentro de la esfera menor y así al infinito intercalando mundo (´real´) ̸ aparato (´virtual´) hasta disolver la diferencia.

Eso hace O Globo. Si ingresan al sitio [redeglobo.globo.com] verán cómo se mezclan en un mismo plano y sin solución de continuidad la información social y política con aquellas referentes al mundo del espectáculo (novelas). Ni siquiera en un momento como el actual esa mezcla es relativizada.
La principal estrategia de la empresa para instalarse en el cotidiano fue inventar un ´yo´, una subjetividad que provoca un ´nosotros´ inclusivo (y esquizofrénico). Algunos eslóganes históricos de la Red son: ´un caso de amor con vos (o contigo)´ [1998], ´un caso de amor con Brasil´ [1999], ´nos vemos por aquí´ [2011], ´nos preocupamos ̸ nos conectamos con vos´ [2012]. Por estas horas, la GloboNews –que se transmite en portugués- utiliza como latiguillo ´nunca desliga´, algo así como ´nunca se apaga, nunca se desconecta´, e invita a entrar en ´la realidad en alta definición (HD)´.
El juego es claro. Asfixiante omnipresencia discursiva, quiebre de la distancia entre animado e inanimado (O Globo nos habla) y de la diferencia entre ´real´ y ´virtual´ que se resume en la idea definitivamente instalada por la empresa: Brasil y Rede Globo son una y la misma cosa. Si toman imaginariamente el paño amarillo romboidal que en la bandera brasileña hace las veces de fondo del planeta azul y lo disponen sobre lo verde como si se tratara de un rectángulo dentro de otro, verán que esa alternancia entre rectángulo y esfera tiene un aroma reconocible.

II.-

En el segmento inferior de ´Memória Globo´ [memoriaglobo.globo.com], uno entre las decenas de sitios que posee la mega-empresa, aparece un mapa con las categorías principales: ´Jornalismo´, ´Esporte´, ´Educativo´, ´Entretenimento´, ´Perfis´ (de donde tomé los datos del diseñador Donner), ´Acusações falsas´ y ´Erros´.
En la sección dedicada a las ´acusaciones´, la Rede se defiende de ciertos problemillas sobre los que puedo hacer la vista gorda porque es en los dos ´errores´ reconocidos por la propia multinacional donde vale la pena detenerse.
El primer error –titulado Direitas, já!´ (1983-1984)- se refiere a las manifestaciones y actos que se sucedieron durante los años finales de la dictadura brasileña para pedir la convocatoria a elecciones democráticas directas. ¿Cuál fue el desliz de la Rede? El presentador del ´Jornal Nacional´ con las imágenes de los espacios públicos repletos de personas manifestándose conectó esa masiva actividad social y política… con los festejos por los 430 años de la ciudad de São Paulo. La disculpa de la multinacional fue la presión sufrida por parte del gobierno militar para no mostrar las manifestaciones.
El segundo error reconocido -´Debate Collor x Lula (1989)´- nos retrotrae a las primeras elecciones presidenciales por voto directo desde el fin de la dictadura. Se presentaron 23 candidatos. En el interregno de la primera y la segunda vuelta se organizaron dos debates entre los triunfantes –Fernando Collor de Melo (apadrinado por Marinho) y Luiz Lula Da Silva (PT). La edición que ofrecieron sus noticieros, con más del 60 % de audiencia, al día siguiente del segundo debate fue tan escandalosamente manipulada que a la Rede Globo le resulta hoy más beneficioso confesar. Los editores reconocieron haber tomado como parámetro el fútbol (confusión entre política y deporte que en estos momentos hierve como nunca en su pantalla). Consideraron ganador a Collor, y así resumieron el debate. Collor, en efecto, pocos días después, ganó.
Nadie puede asegurar que esa manipulación causó la derrota de Lula en 1989. Tampoco hay elementos para suponer que en las manifestaciones de los últimos días los saqueos y la violencia provengan de infiltrados (¿azuzados por la Rede?). Sin embargo, el modo de representación y las estrategias de comunicación deberían ser analizados. Cualquier especulación sobre ´lo sucedido´, necesita como advertencia que la Rede está acostumbrada a mentir sin frenos ni control desde la época de la dictadura.
Durante estos revirados días juninos de 2013, los comentaristas se remontaron hasta 1992 para encontrar un antecedente de movilizaciones con magnitud semejante, cuando los ciudadanos brasileños habían ocupado las calles para reclamar por la salida de la presidencia del otrora triunfante candidato de la Rede Globo.
´Fora Collor´. Y Collor renunció. Al año siguiente, en 1993, la BBC da a conocer un documental Beyond Citizen Kane (Muito Além do Cidadão Kane) en el que la empresa y Marinho son presentados como un imperio con su déspota de turno. Marinho -con el altruista fin de no decepcionar a los documentalistas- logra la censura del material dentro del territorio nacional.
La multinacional trató, y trata, de ser coherente. La impulsa un afán ´gobernista´ (oficialista) al que traiciona sin más si ve afectado su propio beneficio. Cuando ocurrieron aquellas marchas contra Collor, Rede Globo abandonó a la criatura de su invención en medio del río y se unió a la ola de protestas.
Sus estrategias claves para no salir nunca perjudicada han sido demagogia, tergiversación, manipulación. Un error que la Rede no reconoce en su mea culpa es la alteración de los datos en la elección de 1982 para intendente de Rio de Janeiro. O Globo publicó resultados falsos –en aparente conexión con una empresa de proceso de datos, Proconsult- que beneficiaban al candidato militar y que perjudicaban a Leonel Brizola, a quien finalmente se le reconoció el triunfo.
En la campaña de 1989 para la presidencia, Lula –consciente del poder al que se enfrentaba que, por supuesto, no era Collor- se propuso ´contra-informar´ a la población mediante Rede Povo. Su argumento era sencillo: es inaceptable que un grupo de personas decida la agenda de decenas de millones.
Durante sus dos mandatos presidenciales -2003-2010-, Lula recordó la necesidad de luchar contra los oligopolios mediáticos. Si bien nadie mejor que él conocía de qué manera Rede Globo se aliaba –y se alía- a otras empresas mediáticas para regir la opinión pública en Brasil, sus acciones fueron erráticas.
En 2009, el Supremo Tribunal Federal abolió la Ley de Medios de 1967 y dejó un vacío legal que conduce los litigios con los medios de comunicación a la justicia ordinaria. Al día de hoy y más allá de algunas modificaciones no existe una Ley de Medios –o al menos una discusión en ese sentido- que cuestione el poder de esos imperios de la información.
(Por ejemplo, el canal de noticias de Bandeirantes, BandNews, durante la semana del 17 al 21 de junio, una de las más fuertes en cuanto a las movilizaciones, entre informe e informe repitió hasta el hartazgo un programa info-comercial, presentado como periodístico, sobre el nuevo sistema de seguridad privada que funcionará durante el Mundial 2014 en los estadios de fútbol y que se convertirá en una de las principales herencias, según festejaba el empresario involucrado, para Brasil. Innecesario remarcar las implicancias de una nueva fuerza policial paralela en un país cuasi militarizado.)
En el actual contexto socio-político brasileño, uno de los enigmas principales es por qué, en determinado momento, los medios comenzaron a apoyar las manifestaciones.
Es bastante probable que se trate de una remake de Collor´92: no indisponerse con los ciudadanos. Ese gesto les permite manipular la amplia agenda de los manifestantes. Se ubican como mediadores de los discursos y como interlocutores con el arco político. Decidir qué y cómo se dice, qué y cómo se muestra es un juego simple para quienes –con la ironía habitual de denominarse ´autónomos, imparciales, independientes´, etc.- alteraron datos eleccionarios.

III.-

A continuación enumeraré algunos de los repetidos mecanismos de manipulación de la información que utilizó GloboNews durante las transmisiones de las protestas:

a) buscó acotar los reclamos al transporte y al desencanto con la clase política (dependiendo de qué políticos, qué partidos, etc.). A la presidenta Dilma Rousseff no la atacó aunque sugirió problemas para las elecciones presidenciales de 2014. Al día de hoy, con el pacto de reforma y el plebiscito en danza, la atención se dirige hacia las negociaciones entre políticos para intentar cerrar el capítulo ´manifestaciones´.

b) infantilizó: sin reconocer la compleja composición social de los manifestantes, el canal de noticias usó de forma abusiva supuestas encuestas de su amiga IBOPE con el fin de remarcar un perfil juvenil, adolescente que en un futuro lejano cambiará el mundo. Repitió hasta el hartazgo ´simulacros de manifestaciones´ en las que niños de cuatro, cinco, seis años pintaban carteles con sus padres en las plazas.

c) editorializó en base al ´porém´: las manifestaciones comenzaron de forma pacífica, ´sin embargo´ apareció la violencia. Se instaló en el lugar mayoritario del apoyo, para luego disolver a los ojos y oídos del espectador la legitimidad del reclamo, asustarlo y justificar el accionar de la policía que, casi siempre, inicia las agresiones.

d) criminalizó la protesta: reiteró al infinito que la violencia es generada por ´vândalos´, por ´bandidos´, por ´criminosos´, etc., sin indagar y sin reconocer que pueden ser infiltrados. El recurso de estigmatizar y de confundir tanto al denominado ´vândalo´ como al militante proviene de la época de la dictadura.
El fabuloso cine clase B brasileño de la década del setenta da cuenta de eso. Lúcio Flavio, o passageiro da agonía [1977] del argentino Héctor Babenco es un buen ejemplo de cómo a los ojos de la policía y de los medios el ´bandido´ tiene toda la apariencia del militante. Babenco cuestiona el accionar policial.
Los medios de noticias brasileños actuales apenas si mencionan los excesos y no dudan en ofrecer el micrófono a los policías para que expliquen. El paroxismo delirante de esa postura no-informativa fue alcanzado en las últimas horas. GloboNews puso en pantalla una encuesta de IBOPE sobre el apoyo o no a la violencia en las manifestaciones. Mientras la periodista presentaba los porcentajes, comentaba que esos números podían no reflejar ´la realidad´ porque las encuestas fueron realizadas en la calle durante las protestas y, en consecuencia, pudo haber respondido algún ´vândalo´. Rede Globo es capaz de alcanzar el absurdo y sobrepasarlo. La forma de titular las matanzas en las favelas –que son reactivadas en estos días- no resiste el menor análisis.

e) despolitizó: el canal machacó en la necesidad de no llevar banderas de partidos políticos y hasta mostró cómo se quemaban las banderas rojas de los partidos de izquierda. Alentó, y alienta, al nacionalismo (fascistoide) a través de la bandera de Brasil y del Himno que fue cantado innúmeras veces en las marchas. No debería sorprender que en la campaña de Collor de 1989, el ataque a la ´bandeira vermelha´ [roja], el gesto nacionalista del ´verde e amarelho´ y el uso del Himno estuvieran presentes en su discurso prefabricado.

f) inventó noticias: la Rede evitó que hablaran los líderes y los manifestantes. Se los entrevistó, pero sin continuidad y por segundos. La explicación de lo que sucede pasó por periodistas, analistas, profesores, tecnócratas, etc., todos encerrados en sus gabinetes, todos creyendo lícito ser la voz de ´los jóvenes´. (Uno de los actos mercenarios más repugnantes fue ver a algunos profesores de las universidades públicas brasileñas ir a los programas de televisión para decir lo que la empresa quería escuchar y conservar así sus prebendas laborales.)
Entre el viernes 21 y el sábado 22, la revista Veja con su titular ´Os sete días que mudaram o pais´ (en tapa, la foto de una joven envuelta en una bandera brasileña) y GloboNews con una crónica en la que aseguraba que MPL –el movimiento Passe Livre- ya no tenía nada que ver, dieron por cerradas las manifestaciones que, casi una semana después, aún continuaban. En varias oportunidades periodistas informaron sobre el accionar policial para después desmentir asegurando que se trataba de un ´pequeño error´ (las redes sociales marcaban esas mentiras flagrantes). En la crónica del sábado 22, una periodista afirmó que en cuanto a lo que sucedía con las manifestaciones, incluyendo a políticos y a policías, ya nadie sabía bien quién era quién.
Por todo esto resulta tan importante el trabajo de ´contra-información´ como el desarrollado por ´mídia N.I.N.J.A.´ –acróstico de Narrativas Independentes Jornalismo e Ação- por supuesto bloqueada en las redes sociales.
En el documental antes mencionado de la BBC una única vez se escucha la voz de Marinho. El empresario responde a las acusaciones de manipulación con una propuesta. Si los ciudadanos no están conformes que hagan como él: que tomen una videocasetera, un amplificador de señal y una antena, que los conecten y ¡a transmitir! Más allá del cinismo de quien detenta un todo-poder, la idea está lejos de ser una locura y es, de hecho, lo que ´mídia N.I.N.J.A.´ y otros hacen en este momento.
Según Serge Gruzinski -La guerra de las imágenes; El pensamiento mestizo- existe una relación directa entre las batallas del siglo XVI con imágenes, en su mayoría religiosas, para dominar a los pueblos originarios por parte de los europeos y los actuales imperios mediáticos, sostenidos por la televisión, como Televisa, en México, y O Globo en Brasil. En La guerra de las imágenes, a la hora de pensar Televisa y su relación con el Estado mexicano, Gruzinski lanza una pregunta pertinente para un contexto de conflictividad social: ´¿el dominio de la comunicación no vale hoy tanto como el de la energía, y la guerra de las imágenes tanto como la del petróleo?´
Dilma acaba de reimpulsar un proyecto existente antes de las revueltas para traspasar los royalties del petróleo al presupuesto de educación. (La educación pública como tal apenas si alcanza las tres décadas de existencia.)
El documental de la BBC cierra con dos estocadas. La primera es recordar que el poder de la Rede Globo nació durante la dictadura y que eso le ha impedido una revisión de aquellos tiempos. En 2012 Dilma creó una ´Comissão da Verdade´ para investigar los crímenes durante la dictadura brasileña. El mito de la ´dictadura blanda´ (no murieron tantos, su fatal argumento) ha hecho estragos en estas tierras.
La segunda ´facada´, la última frase pronunciada en el film, es letal. El documental finaliza con el logo de la multinacional invadido por cucarachas que ´se lo comen´ hasta dejar aparecer el rostro del cínico fundador. La voz del narrador pregunta: ¿podrá Marinho liberarse de ese pasado apegado a los crímenes de la dictadura… o acaso será necesario que Brasil se libre de O Globo?

-São José do Rio Preto, SP – 20 al 24 de junio de 2013-