Kaczynski y ‘La sociedad industrial y su futuro’

«Lo que sigue son apuntes sobre el manifiesto de Freedom Club, atribuído a Kaczynski, texto cuyo eje principal de discusión es cómo y por qué el desarrollo tecnológico se ha convertido en una amenaza para la libertad individual y para la Naturaleza salvaje.»

Los párrafos iniciales de La sociedad industrial y su futuro (Industrial Society and Its Future, 1995) indican que la Revolución Industrial y sus consecuencias han resultado un desastre (´disaster´) para la humanidad [#1]; que la expectativa de vida se extendió pero que aumentaron las agresiones físicas y psicológicas sobre el ser humano, y que creció el daño contra el mundo natural [#1]; que la salida sería una revolución que atacara los fundamentos económicos y tecnológicos de la sociedad industrial [#4]; que una reforma no impediría que el sistema prive a las personas de libertad y de autonomía como lo hace hoy [#2]; y que, como método, el análisis se detendrá en aspectos negativos del sistema que no hayan recibido suficiente atención [#5].
El punto de partida es inesperado. Según Kaczynski, un aspecto poco analizado y que mejor pone en evidencia la locura (´craziness´) de la molestísima sociedad moderna es la psicología del izquierdismo (´leftism´) [#6].
En los 46 parágrafos dedicados al tema, sobre los 232 totales, Kaczynski define al izquierdismo como un movimiento fragmentario que en el pasado se identificó con el socialismo y que hacia fines del siglo XX incluye a políticamente correctos, a colectivistas, a feministas, a activistas por los derechos de identidades disidentes, a activistas en defensa de personas con capacidades diferentes (´disabilities´), a activistas por los derechos de los animales, etcétera. Esta corriente es tan compleja de desentrañar que parece más fácil delinear un tipo psicológico [#7].
Kaczynski deja de lado el izquierdismo del siglo XIX y de comienzos del XX para concentrarse en el moderno [#8] cuyas principales tendencias son ´el sentimiento de inferioridad´ y la ´sobresocialización´ [#9]. En concreto, los sentimientos de inferioridad –baja autoestima, depresión, derrotismo, culpa, autoaborrecimiento, sentimientos de impotencia, etc.- son decisivos en su dirección [#10] ya que explican dos características centrales, el anti-individualismo y el pro-colectivismo.
El izquierdista no confía en sus propias habilidades para resolver sus problemas ni para satisfacer sus necesidades [#16]. Confía, en cambio, en que la sociedad lo protegerá y le dará lo que necesite a él y a quienes dice defender. El izquierdista solo se siente fuerte como miembro de una gran organización o de un movimiento de masas con el cual identificarse [#19].

El izquierdista es un falso rebelde [#24]. Por lo general, proviene de estratos sociales sino privilegiados al menos no absolutamente marginales. Su perfil psicológico –que abunda por caso entre los profesores universitarios- supone tener principios políticamente correctos –no violencia, no discriminación, igualdad (de etnias, de género)-, cumplirlos a rajatabla –(auto-imposición)- y denunciar que otros no los cumplen. De esa manera, muchos izquierdistas llegan a sostener un discurso a favor de la moral establecida semejante al que pregonan los medios de comunicación y el sistema educativo [#28]. En muchas de sus luchas, abogan por la inclusión de grupos oprimidos –por ejemplo, la gente negra- a la sociedad y luchando así, antes que por la autodeterminación, por la consonancia de la vida de ese grupo oprimido con los valores del sistema tecnológico-industrial, uno de los orígenes de la opresión [#29].
Esta generalización que precisaría de matices, detecta sin embargo que en la sociedad moderna el izquierdismo es uno de los canales más fuertes en el incesante proceso de socialización impuesto por el sistema [#30, #31, #32].
La mistificación del izquierdismo consiste –como dijimos- en tomar un problema que le pertenece a un grupo oprimido (estrato social o minoría) del que no forma parte, para canalizar, en esa acción presuntamente a favor de otro, su frustración por la necesidad no cumplida de experimentar el proceso de poder [#21].
Los problemas sociales y psicológicos de la sociedad moderna se originan en la imposición de una forma de vida totalmente diferente en cuanto a las condiciones bajo las cuales el humano se desarrolló [#47-#57]. La imposibilidad de experimentar el proceso de poder es la más importante de las condiciones anormales de la sociedad moderna [#46]. Todas las sociedades han intervenido en el proceso de poder, pero en el sistema tecno-industrial la interferencia es extrema [#58].
En el mundo contemporáneo, el ser humano no puede ser autónomo y alcanzar por sí solo el bienestar físico y biológico (comida, vestimenta, vivienda, seguridad). La adquisición de estos atributos depende de la maquinaria social, como nunca antes.
Ahora bien, como el proceso de poder –basado en la finalidad, el esfuerzo y el logro- es inherente al humano, los individuos se preocupan por llevarlo a cabo de alguna manera y al no tener la posibilidad de alcanzarlo en sus necesidades reales (la subsistencia) dirigen sus esfuerzos a actividades sustitutorias (´surrogate activities´) -el deporte, el arte, la investigación científica, los hobbies [#33-#45].
El sistema tecno-industrial le da autonomía al individuo si su acción responde a la satisfacción de una necesidad artificial; en el caso contrario, en el de las necesidades reales, lo somete a su control.
El izquierdismo moderno es, en parte, síntoma de la privación con respecto al proceso de poder [#58]. El activismo es una ´actividad sustitutoria´ mediante la cual el individuo se siente realizado al identificarse con una organización poderosa o con un movimiento de masas. La finalidad que alcance el movimiento será considerada como propia aunque su esfuerzo individual no haya sido relevante. [#83].
Hacia el final de su artículo, Kaczynski retorna al izquierdismo bajo la forma de una alerta destinada a quienes consideran inevitable la revolución contra el sistema tecno-industrial. El izquierdismo aparece analizado en los últimos veinte párrafos [#213 – #232] bajo el subtítulo “The Danger of Leftism”.
El movimiento revolucionario contra el sistema puede atraer a izquierdistas ávidos de formar parte de una organización rebelde. En consecuencia, debe impedirse su entrada porque: a) la ideología de la revolución es (alguna versión del) anarquismo y entonces el proceso de poder se cumple mediante bases individuales o por pequeños grupos que buscan controlar las circunstancias de sus vidas (y que, por eso, rechazan la tecnología que hace que pequeños grupos dependan de grandes organizaciones); b) el izquierdismo es colectivista ya que busca organizar la sociedad de forma completa, manejar la naturaleza (no defender su lado salvaje) y controlar la vida humana, y para eso necesita de la tecnología a la que no renunciará porque le resulta útil en la consecución del colectivismo [#213-#214]. “Algunos izquierdistas pueden que parezcan oponerse a la tecnología, pero se opondrán a ella solamente mientras estén marginados de los círculos de poder del sistema y éste permanezca controlado por gente no izquierdista. Si alguna vez el izquierdismo dominase la sociedad, por lo que el sistema tecnológico se convirtiera en una herramienta en sus manos, lo usarán de forma entusiasta y promocionarán su desarrollo.” [#216]
A esto se le suma que uno de los problemas del izquierdista es que, al ser el activismo una ´actividad sustitutoria´ para su frustrado proceso de poder, nunca se encuentra satisfecho y busca siempre una nueva problemática [#219]. El izquierdista siente que ejerce algún poder enfrentando los problemas del sistema tecno-industrial. Si viviera en una sociedad sin problemas, los crearía para poder actuar.
Como su moral –o corrección política- le impide competir en la sociedad al igual que los demás, el izquierdista cede al impulso de poder por medio de una salida moral aceptable según sus propios términos. Ingresa a un movimiento con el fin de ´realizarse´ y de imponer sus ideas y sus concepciones al resto de la sociedad. En el cruce entre moralidad y colectivismo, aparece el rasgo totalitario del izquierdismo (totalitarismo cuasi-religioso: quien no admite ese valor moral, está en Pecado) [# 219 – # 221].
El izquierdismo responde así a un tipo psicológico que, en el marco de un gran movimiento, se interesa por un problema que no le corresponde (actividad sustitutoria) a cambio de satisfacer su necesidad de tener algún objetivo que alcanzar (el ´proceso de poder´). Es injusta, dice Kaczynski, esa generalización porque existen izquierdistas que no caen en ese rango de acción: “Las personas que alcanzan posiciones de poder en los movimientos izquierdistas tienden a ser el tipo de izquierdistas con mayor sed de poder, porque estos últimos son los que más duramente se esfuerzan por alcanzar esas posiciones. Una vez que los izquierdistas ávidos de poder se hacen con el control del movimiento, hay muchos izquierdistas de un tipo más afable que, en su fuero interno, desaprueban muchas de las acciones de sus dirigentes, pero no pueden oponerse a ellas. NECESITAN seguir creyendo en el movimiento y, como no pueden dejar de creer, siguen acatando la autoridad de los líderes. Es verdad que ALGUNOS izquierdistas tienen el valor para oponerse a esas tendencias totalitarias; pero generalmente pierden porque los izquierdistas sedientos de poder suelen estar mejor organizados, ser más despiadados y maquiavélicos y tener la precaución de construir previamente una base de poder sólida.” [#224]
Aun así, el izquierdismo es el mejor ejemplo de cómo el sistema tecno-industrial privilegia que las personas persigan finalidades artificiales y no reales –impedimento que, por ir contra la historia de la especie, provoca depresión, odio, hostilidad, etc. Esto se retroalimenta con la práctica de actividades sustitutorias que calmen dichos sentimientos de inferioridad. El sistema les otorga ´autonomía´ a los individuos en las acciones que no ponen en peligro su sustentabilidad. (Por ejemplo: si a través de los órganos publicitarios -medios de comunicación, sistemas educativos- se reprueba ´la violencia´, no es para defender un valor moral sino para neutralizar un aspecto negativo que afecta a la productividad del sistema.) La ´autonomía´ y la ´libertad´ existen en las actividades sustitutorias -arte, deporte, investigación, activismo, etc.- cuando son inofensivas. En lo que respecta al asunto primordial para los humanos –subsistencia-, el sistema les confisca la libertad y la autonomía. Si uno considera a estos dos rasgos valores inalienables, el sistema tecno-industrial es pernicioso y debería ser destruido.
El tipo psicológico del izquierdista ejemplifica el colapso del sistema –él como nadie persigue actividades sustitutorias al haber perdido el control sobre las actividades reales- y es, además, el impedimento principal para que el sistema industrial acabe. La ´solución´ del izquierdismo apelando a una tecnología omnipresente, también disolvería la autonomía del humano y dejaría todo en una fase distinta de dominación.
De todas formas el asunto es de alta complejidad. En temas como la ´autonomía´, Kaczynski reconoce que muchos humanos prefieren cederla, y obedecer por ejemplo a sus jefes, porque con poco esfuerzo obtienen los medios para subsistir –aun cuando esa sesión, que parece inocua, los conduzca al sufrimiento, a la depresión, etc.
Desde una perspectiva contemporánea, los planteos del manifiesto resultan distantes para un amplio sector de los lectores ya que dejan entrever un fondo heteronormativo. Lo que se desprende de la argumentación de Kaczynski es que la disolución del sistema tecno-industrial supondría el fin de toda opresión incluyendo aquellas por razones de género.

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Armonía en Segui

“El espacio virtual te pide que mires al interior de una nada en la que nadie podría vivir.”

Ivan Illich, ‘Los ríos al norte del futuro’

I.-

Los lugareños pronuncian ´Ségui´ remarcando la ´e´, invariablemente. Es la primera trampa para el foráneo, el primer atisbo de que hay algo que nunca entenderá del todo bien.
Arturo Seguí es una pequeña localidad bonaerense ubicada en el extremo noroeste del partido de La Plata, antes de la ruta 36 y del sucio ronroneo del polo industrial de Berazategui. Con la autopista que une, paralela al río, la capital provincial con la nacional como referencia, a Segui se llega tomando la bajada de Villa Elisa, cruzando las vías del Roca, zigzagueando hasta empalmar, luego del camino Centenario, la calle Arana, y en línea recta recorrer, una vez superado el camino Belgrano, las quintas emplazadas en las tierras que pertenecieron a Jorge Bell, para acabar frente al cartel de bienvenida que les recordará, por supuesto, un acento en la ´i´ final del apellido que da nombre al pueblo.
En el más allá de Segui abundan las moras, las cotorras, los alambrados, los caminos enmarañados, las vacas pastando, los lustrosos caballos –una geografía que pudo ser bucólica y que es la maqueta de un desquiciado.
Las últimas noticias pintan un asunto cada vez más fuera de tono que tensa la letanía de quienes encontraron un espacio para construir su casa cerca de árboles y pájaros, con patrulleros ciegos que son fletes para los robos cometidos por toda la zona, según denuncian los vecinos a la nada y a nadie.
El sueño mutó en pesadilla. Algunos hablan de inminente pueblada, mientras un puñado de policías cae detenido por la propia fuerza que los apaña.
Entre tantas, una de las historias de esa tierra que arde.
La de ´la chica que duró una semana´ comenzó por lo habitual. La tranquilidad; la casa orientada hacia una arboleda; los breves caminos de tierra; los escasos negocios; las caminatas de cuadras; los vecinos raleados, nada cercanos, aunque atentos… y tan atentos que días después de que la chica decidiera alquilar, instalarse y vivir sola, a media mañana, en fila como hormiguitas, mientras ella estaba en el trabajo y algunos empleados de algo ajustaban ciertas tuercas en los alrededores de la casa, entraron y la vaciaron, con tal pericia que le evitaron a la inquilina cualquier gasto de mudanza, una vez roto el contrato.
Eso cuenta la infinita mitología del lugar. En particular esa desventura no sucedió en Segui, sino en El Rincón, un barrio cercano que tomó su nombre de una añosa estancia que fue en su tiempo fábrica de chocolates y que hoy es centro de convenciones. La estancia ´El Rincón´ se entrevera con el haras Firmamento cuyas exclusivas pistas equinas enfrentan a un campo de fin de semana de un colegio de abogados, a graneros en ruinas y a enormes lotes con carteles que anuncian un futuro que nunca llega de aldeas destinadas a la clase medio alta que deciden no interponer en sus guetos muros con los de afuera.
La barriada llamada El Rincón se extiende como un rectángulo desde el conglomerado regido por la estancia –digamos, los estertores de Segui- hasta el camino General Belgrano, teniendo como límites laterales alguna calle interna paralela a Arana y el arroyo Carnaval.
Oficialmente el barrio no existe –aun cuando desde hace un tiempo funcione una subdelegación municipal. Por catastro la aberración territorial depende para algunas cosas de Villa Elisa (el servicio de electricidad, por ejemplo), para otras de City Bell (eso que llaman comisaría), para otras del propio Segui (los consumibles no declarados).
Oigan la historia del ´buen vecino´.
Una de las brillantes estrategias de la policía para resolver los conflictos con rateros y narcos de baja monta, es moverlos de un sector a otro de las barriadas populares en un radio de veinte a treinta cuadras que, de una u otra forma, conocen y comparten. Es común por ejemplo que los transas que abundan en Segui caigan al Rincón (y que los del Rincón vayan a la Fortaleza, sector cercano a la zona del Parque Ecológico y fuera de este relato).
Hace un tiempo –me cuenta el joven N., nacido y criado en el barrio- aterrizó como inquilino un transa de menudeo con revolver, grandes parlantes, amigotes y muchas ganas de pelear. Las primeras tardes -en cuadras que rugieron al ritmo de otros ladridos- salía al patio simplemente a exhibir su infierno. ´Uno les tiene miedo por la prepotencia –comenta-pero incluso en días de bajón sueltan lamentos que recuerdan a quien quiera oír que ellos son los que más han sufrido en el mundo y que por eso andan alzados, tan malos´.
La mirada torva, un constante desafío, la bronca fácil son las monedas de cambio heredadas de una gauchesca residual, de hombres de a caballo, de botas de cuero y espuelas, de costumbres de facón a la cintura que perduran (como los bajos salarios, la explotación, la violencia laboral), pero de las que no quedan mucho más rastros (exceptos estos últimos) en el inexorable proceso de conurbanización de la zona.
Capa de tras capa de tiempo, el cóctel de ingredientes incongruentes comienza a ser letal.

II.

La regla dice -´donde hay estancia, hubo tren´- y allí se yerguen todavía los terraplenes que contuvieron las vías que empalmaban o que eran del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. Esos montículos separan actualmente la estancia (y uno de los futuros guetos neo-amish) del barrio propiamente dicho sobre el que me gustaría añadir esta historia.
Una referente barrial –llamémosla R.- después de algún tumulto que entorpeció el cotidiano y que nos puso en contacto, me dijo: “A mí nada me sorprende de por acá. Vivo hace veinte años, cuando era descampado, mucho antes de los Procrear. Los conozco o creía conocerlos a todos. Me conseguí un terrenito ahí al fondo –cerca de las vías- y estoy construyendo y llevando adelante mi proyecto con crianzas. Podría hablarte de los cogolleros que entran con las plantas en las motos, podría hablarte del choreo entre vecinos, día y noche, pero una vez, hace un tiempo, en unos días de lluvia y frío, estaba yo haciendo una tarea en el patio y escuché llorar fuerte a una criatura en la calle, salgo y la veo –dos o tres años- en pañales en medio del barro, a eso de las diez de la mañana berreando, empiezo a caminar y a lo lejos aparece una camioneta de las grandes, como las de la estancia, se acerca y una señora de guita me dice sin bajarse, ´dámela que me la llevo, si ustedes no pueden criarla, me hago cargo´, señalando a la criatura. No sé qué hubiera pasado si esa mañana no salía a la calle o qué hubiera escuchado si hubiera seguido la charla.” La camioneta dio marcha atrás, los charcos, los eucaliptos, las vacas rumiando.
En El Rincón todo sucede como si nada.
Es probable que cada manzana tenga aún seis, ocho, diez casas emplazadas en un terreno que hace de generoso patio. Pero eso va cambiando año a año. Movilidad y arrejunte. Los nuevos que escapan de la ciudad o que no consiguen alquilar allá y que se tientan porque en el barrio los alquileres son un poco más baratos. Los hippies, los alternativos, los artesanos, los idealistas, los impostores, los obreros, los que siempre vivieron allí.
En ese hervidero, cuya fisonomía muta, una de las obsesiones –como quedó claro- es la ausencia de tranquilidad. Algunos vecinos desde hace tiempo intentaron resolver el asunto apelando a la tecno-utopía del ´grupo-de-whatsapp´. Todo fue conventillo, peleas e infinitas escisiones en otros utópicos grupos que tenían como fin alertar de cualquier problema o anomalía y que se convirtieron en el ambiguo centro de información, quién está, quién se fue, quién salió, quién no vuelve. En El Rincón nada es lo que parece, ni siquiera del lado de los rateros, un grupo con luminarias reconocibles, pero ciertamente impreciso.
Los intentos de organización territorial, en la realidad y con las nuevas tecnologías como mero canal de comunicación, entendieron por otro lado que, entre tantas problemáticas -calles intransitables, falta de transporte público, escasa asistencia médica, hambre y desnutrición- incluir en los principales reclamos a la ´inseguridad´ era conservador (o dicho con letras más ajustadas, ´gorila´). Hubo asambleas, ollas populares, cortes de calles, y pocos enarbolaron esa consigna como problema fundamental.
¿Por qué una situación que toca a tres de cada cuatro vecinos es negada? La explicación tal vez no sea ideológica. Poner en una comunidad grande pero finita el dedo sobre ese nudo, desenrollaría la madeja erosionando los vínculos.
´Si les das trabajo, no te roban´. Además de la delación básica entre vecinos, y de los lugares comunes de remiseros o de polis como dateros, una de las dinámicas habituales para organizarse es la vigilancia indirecta a través de albañiles y de peones adjuntos –que viven tres, cinco, siete manzanas más allá de donde están trabajando- quienes mientras construyen, asimilan con paciencia los movimientos.
Los infinitos robos en la zona de Segui y de El Rincón no siguen la lógica que podría desprenderse de la convivencia entre personas que están por debajo de la línea de pobreza y los ricachones, de mayor o menor monta, cada uno con su quinta de fin de semana.
El robo metódico es una bestial disciplina barrial generalizada. Que saluda poco; que le sobra, que tiene dos; que pasa mucho con la bici; que nunca da nada o que da y da; que no quiere que le corten el pasto o que lo corta siempre con su máquina; que hace mucho asado o que no hace nunca nada, y entonces ¿qué come?, ¿yuyo?; que no tiene alambrado y es fácil o que tiene mucho y qué esconde; que compra siempre en el barrio (cuánta plata tiene) o qué nunca compra (para qué vive acá).
Los condimentos: neoliberalismo (atomización), patriarcado (disciplina), capitalismo (deseo de consumo de lo que sea), y para el caso particular rioplatense, la herencia de la dictadura. El resultado entonces es que si alguien quiere arrebatar por envidia, por rencor, por necesidad material o por el deseo de imponerse sobre otro, en el entorno nadie nunca ve nada, aunque escuchen y vean todo. Los portazos en serie marcan la noche. La comunicación se vuelve imposible –incluso con los hippies, los alternativos y los artesanos. Renace al día siguiente el paraíso de pájaros y de árboles… Y así es la norma barrial que rige también para abusos, violencia intrafamiliar, violaciones, intentos de secuestros.
Sé que ustedes creen que estoy exagerando.

III.-

Me queda todavía una historia –o un fragmento- para contarles.
Apareció entre mis apuntes, como nota breve y rápida, hecha al pasar. Voy a transcribirla casi como la dejé, olvidada durante un tiempo, acomodándole algunas palabras.
En el momento de tomarla, luego lo recordé, intuí haber presenciado una historia de amigos de juerga. El paso de los meses modificaría esa perspectiva sin asidero, ni sustancia.
La nota rápida decía así: “El Rincón. 24 de junio de 2017. Salí a la nochecita para comprar algunas cosas. A un par de cuadras, un auto para y alguien se baja. Más allá, una persona corre a los tropezones. El que se baja del auto le grita ´volvé, volvé´, el que corre lanza al aire ´sálvame, sálvame´. Paso cerca y acelero…”.
Eso es todo lo que recuerdo. Aquel día volví de hacer las compras, anoté la historia y la descarté por completo.
Nada mejor evidencia la paradoja de registrar sin saber qué estamos viendo.//

{El registro del primero y la edición del segundo vídeo corresponden a Citro.}

Más allá de la escuela… ¿y más acá de la industria?

Apuntes surgidos de la lectura del volumen ´Más allá de la escuela. Historias de aprendizaje libre´, compilado por Constanza Monié y Cesilia Roja; Buenos Aires, Orejas de Burro Ediciones, 2018, 198 págs. Quien desee acceder a una reseña, puede encontrarla en la página de Pansophia Project: “Más allá de la escuela. Aprender en libertad, (¿en la escuela?)” [07/09/2018] de Delfina Campetella.

1.-

El 13 de agosto de 2012 podría ser considerado el día de la visibilización de la educación alternativa en Argentina y en América Latina, al haber sido lanzada al ruedo, y en Youtube.com, la película ´La Educación Prohibida´, dirigida por Germán Doin Campos.
´La Educación Prohibida´ fue un éxito. Producida en base a una financiación colectiva con más de setecientos co-productores, logró en poco tiempo millones de reproducciones en distintas plataformas virtuales y en escenarios de la realidad de átomos, remarcando el constante pésimo momento de la educación tradicional y apuntando a la sobrevida de las impostergables ensoñaciones acerca de la posibilidad de educar sin instituciones formales.
La novedad de la película no fue tanto temática –solo en Argentina las experiencias alternativas se remontan por lo menos a mediados del siglo XX- como estratégica, con su decir con ciertos toques pero sin excesivas estridencias que, de otra forma, la hubieran conducido al más furibundo discurso anti-capitalista.
Tal vez sea un dato conocido que uno de los nombres principales referido a la crítica a la educación en las escuelas como modo de adiestramiento y de disciplinamiento para adaptarse al ´sistema´, es el del intelectual austríaco Ivan Illich [1926-2002], pensador acérrimo contra la sociedad industrial y sus instituciones.
En su versión actual, las pedagogías alternativas enfrentan un dilema. Promulgan en general la necesidad de una vuelta de les niñes a la naturaleza para que aprendan en libertad, y sostienen su poder de convencimiento y de difusión en los dudosos pilares de las nuevas tecnologías y, en muchos casos, de los medios tradicionales de comunicación.
Vivimos en este mundo como si nunca Marshall McLuhan hubiera dicho ´el medio es el mensaje´. Recordemos un fragmento de esa incidencia. Las investigaciones para refutar ´el medio es el mensaje´, contra sus propias expectativas acabaron señalando “…una erosión subliminal masiva de nuestra cultura a través del adoctrinamiento del hemisferio derecho por la televisión. En un sentido más amplio, todos los medios electrónicos -como una nueva configuración o fondo- dan importancia sólo al hemisferio derecho… El actual exceso de dislexia y otras dificultades de aprendizaje… puede ser resultado directo de la televisión y otros medios electrónicos…” [M. McLuhan – B. R. Powers. La aldea global].
Tachen televisión. Pongan internet.
¿Es posible –o probable- que la desescolarización derive en desinstitucionalización, es decir, en una transformación profunda, si la comunica una plataforma virtual corporativa?

2.-

´La Educación Prohibida´ produjo rápidamente su propia leyenda negra. Por el lado menos corrosivo, es necesario señalar y recordar el basamento teosófico –desde mi punto de vista, una engañifa- que surge de la alianza productiva, incluso antes de la existencia del proyecto, entre el director Doin Campos y el auto-denominado niño índigo, Matías De Stéfano, un gurú que sugiere haber adquirido conocimientos en espacios distintos al de este planeta y que, entre tantas otras cosas, fue co-productor del documental.
Por el otro lado, algo más complejo, la figura problemática es la del joven hacker Franco Iacomella, ideólogo tanto de la redituable financiación colectiva, como del posterior éxito virtual de ´La Educación Prohibida´ y co-fundador durante la primera parte del año 2013 de ´Reevo´, la amplísima red dedicada al mapeo y a la difusión de experiencias alternativas en el campo de la educación.
Iacomella es un verdadero enigma y sin dudas un alerta sobre el poder manipulador de ciertos sujetos es espacios ideológicos disidentes, disruptivos, anti-capitalistas. En pocos años pasó de ser un supuesto investigador de FLACSO, colaborador de GNU / Linux, asesor de ´Conectar Igualdad´, artífice del exitoso documental… a traidor de sus compañeros en la construcción de un movimiento pretendidamente revolucionario por el impulso de las redes de pares (redes P2P).
A partir agosto / septiembre de 2013, una vez conocida su impostura, Iacomella comienza a ser desactivado de los lugares que frecuentaba e incluso –para citar un ejemplo que dé cuenta de su amplitud- deja de ser informante en temas de nuevas tecnologías del periodista Esteban Magnani, por aquel entonces en Página/12.
Si apeláramos a una ucronía, el propio Franco podría haber firmado junto a Germán Doin Campos el artículo “Desescolarización: una alternativa ancestral que irrumpe en la multidiversidad moderna”, recogido en el reciente volumen ´Más allá de la escuela´, en lugar –tal y como sucede- del firmante Simón Martínez, coordinador activo de Reevo.
Esa ausencia –si se me permite la inferencia- es la evidencia de que algo no salió bien.
Existe escasa información concreta y ningún mea culpa por parte del amplio entorno de acción del joven hacker, que supo de lo sucedido y que siempre prefirió el silencio. El affaire en el que estuvo envuelto Yaco, y que subraya las dificultades del camino anti-sistema, podría funcionar como el puntal para la autocrítica, pero recae en el ocultamiento.
Que el libro compilado por Constanza Monié y Cesilia Roja es de (eventual) tinte anti-capitalista lo rubrica el artículo final, “La lucha por la libertad de aprender”, escrito por Gustavo Esteva, un “intelectual público desprofesionalizado”, uno de los fundadores de la Universidad de la Tierra en Oaxaca, México, y continuador del pensamiento de Ivan Illich quien –como asegura el propio Esteva- escribió “…el epílogo del modo industrial de producción [sentando] las bases de la reconstrucción convivial, para dejar atrás aquel tipo de sociedad”.
En apariencia ese sería el mensaje del libro orquestado por Monié y Roja, y lo que es más importante el mensaje de la educación alternativa en sus infinitas variantes: no queremos ser más esta sociedad / humanidad.
Pero el medio es el mensaje.
Así como ´La Educación Prohibida´ fue financiada colectivamente hasta alcanzar el 108% del total requerido, ´Más allá de la escuela´ usó la plataforma Idea.me -con un método pavloviano de recompensa- y obtuvo el 107% del total a inicios de junio de 2018 (información disponible en el sitio web). Según indica a su vez el libro físico, se imprimieron inmediatamente 400 ejemplares en ´La imprenta ya´, una de las imprentas más populares de los libros de bajo costo, con formato, papel y visual estándares, y se inscribió el volumen en la Cámara del libro mediante de la obtención de un ISBN –para su comercialización en los circuitos oficiales-, con el bálsamo de ser regida la compilación por la licencia de tendencia colaborativa Reconocimiento-Compartir Igual de Creative Commons. En definitiva, educación y aprendizajes libres, retorno a lo natural, creación pretendidamente comunitaria, pero –para indicar un único aspecto- la tecnología de impresión del volumen se recuesta en la industria más tradicional de papel (blanqueado con cloro), tapa plastificada y con tintas variadas, código de barras corporativo, etc.
Acaso ese ´medio´ material físico -el libro- hubiera sido ´el mensaje´ si se hubiera tratado de un objeto (que tendiera a lo) artesanal, con papel reciclado, con niñes interviniéndolo, con un sistema de distribución autogestivo, con todo aquello que les adultes nos dicen que desean para sus crianzas pero que no pueden todavía ponerlo en práctica ni aquí, ni ahora.//

Referencia de quién escribe aquí

Historia del joven hacker aquí

Ou será que o Brasil deveria libertar-se da dominação da Globo

«Lo que sigue es un repaso por la historia de la Rede Globo, escrito en el interior del estado de São Paulo hacia fines de junio de 2013 cuando se sucedieron las enigmáticas manifestaciones que pasados los años caerían en el olvido por la destitución de Dilma, por la impostura de Temer y por la llegada al poder de Bolsonaro. O Globo en Brasil es el imperio dentro del imperio. Es manipulación. Es poder total.»

***

I.-

TV Globo fue fundada por Roberto Marinho [1904-2003] en 1965, doce meses después del golpe militar que derrotó al entonces presidente João Goulart.
En 1969, con el noticiero ´Jornal Nacional´ nace Rede Globo.
Desde hace unos cuarenta años el noticiero y las novelas, sin contar las transmisiones de fútbol y de carnaval, funcionan como una dupla de acero que, en continuidad horaria, eleva los números de audiencia a alucinantes porcentajes.
El día 4 de octubre de 1972, por ejemplo, el capítulo número ciento cincuenta y dos de la novela ´Selva de Pedra´ alcanzó –según IBOPE- la friolera absoluta del 100 % de audiencia. Novelas posteriores –es decir, con un mayor número de televisores en juego- llegaron a marcar más del 90 %.
Recién en 1990 la Rede Manchete con su emisión de ´Pantanal´ pudo derrotar por primera vez a una de las novelas de su augusta competidora.
Seis empresas privadas controlan el 80 % de la información dentro de Brasil. Las principales son SBT, Bandeirantes, Record y Rede Globo que impera en todos los rubros y con más del 50 % en su poder rige el mercado televisivo. En un país con el 90 % de los hogares con al menos un televisor, O Globo cubre el 99,50 % del territorio.
O Globo es un multimedios compuesto por la emisora televisiva (con cientos de repetidoras incluyendo la ´TV Tem´ de Rio Preto), el servicio de televisión por cable, radios (unas cien), diarios (O Globo es el más vendido del país), revistas, cine, música, teatro, telefonía, servicio de internet –posesión clave en este junio del 2013- y un inextinguible etcétera que deriva en puestos bases internacionales.
O Globo es una de las mayores cadenas del planeta. En 2012, sus ganancias de seis mil millones de dólares la convirtieron en la segunda mayor. Como grupo multimedia está entre los primeros del mundo y sobrepasa a su competidora latinoamericana ´Televisa´, otro monstruo con quien de todas formas ha decidido asociarse.
Las cadenas y los multimedios brasileños, en manos de las famosas siete familias que dominan el espectro, están atravesadas por intereses políticos concretos, además de los confesionales, sean católicos o evangélicos. Contra todo parámetro legal, en un tercio de las radios y de las cadenas de televisión hay políticos profesionales (o familiares directos) ejerciendo puestos directivos.
En un informe de 2008 –Observador de medios de comunicación en América Latina- se determina que en la agenda de las radios, diarios y televisión brasileñas, simplifico los datos, los problemas de corrupción y la vulnerabilidad de las instituciones democráticas ocupan el 60 % del tiempo de emisión o del espacio de publicación, mientras que la voz y la participación de los ciudadanos oscila entre el 1,5 % y el 0 %.
Son datos con cinco años de antigüedad. Nada indica que las cosas hayan cambiado. La decisión -durante los momentos más complejos de las manifestaciones- de levantar la emisión de las novelas por parte de algunas televisoras, de reemplazar en horario central la lata por el ´ao vivo´, el estudio por las calles, el guion por la crónica, el final controlado por la incertidumbre, el ardor de la pasión por el fuego de la lucha, no debe hacernos creer que primó el deseo de la información y de ´lo real´.
El imperio virtual Rede Globo solo desea cobijar, integrar, acunar, acompañar y dominar a la mayor cantidad posible de ciudadanos (consumidores) brasileños. Son sus clientes y ninguna empresa quiere indisponerse con ellos.
Una guerra de imágenes. Tal vez ningún nombre defina mejor la situación. Todas las encuestas de diez años a la actualidad confirman del lado del usuario y del consumidor un dato imposible de refutar y que se advierte en la vida cotidiana: la relación del ciudadano brasileño con la televisión e internet, y la tecnología, es profunda.
Hasta no hace muchos años, reinaban en el país la red social Orkut (de Google). En la actualidad la mitad de los usuarios de esa red en extinción son brasileños. La migración masiva que se produjo a partir de 2010-2011 hacia Facebook llevó a Brasil a ser el país con más usuarios del mundo, 70 millones, después de los Estados Unidos. En 2012, se vendió en Brasil un celular inteligente cada 30 minutos. Esos 16 millones de aparatos incrementaron en un 80 % los números del 2011.
Uno de los carteles íconos de los primeros días de protesta fue ´Saímos do Facebook´. El cartel no decía ´dejamos Facebook´ sino que establecía una dialéctica -´del ciberespacio a la rúa y vuelta al ciberespacio´- como bandera contra la información tendenciosa de los medios de comunicación tradicionales (que, por supuesto, nunca indicaron en la agenda de reclamos los cuestionamientos que caían sobre ellos).
En la ciberesfera circula por estas horas una imagen de la bandera de Brasil con un hombre de traje que empuja el logo de O Globo para que deje de obstruir al planeta azul. Podría aburrirlos deduciendo aspectos sospechosos de esa imagen –que enfatiza la relación país ̸ bandera (nacionalismo), o que está hecha y destinada a la clase media (hombre de traje), o que es machista (hombre), etc. Pero toda esta eventual discusión nos alejaría de un aspecto simbólico fundamental.
El logo de la Red Globo fue diseñado a mediados de la década del setenta por el alemán Hans Donner [1948- ] –responsable, además, de una parte importante del arsenal visual de la cadena incluyendo los noticieros, las novelas, el show de Xuxa, etc. (y relacionado, por ejemplo, con Microsoft).
En primera instancia, el logotipo es la figura del globo terrestre. Sobre él, un rectángulo (aparato de televisión) recorta un nuevo círculo. Ese nuevo círculo representaría el contenido de la transmisión televisiva que llega hasta el espectador. Ahora bien, aunque el diseño original no lo incluye, puede suponerse sin problemas otro rectángulo detrás del planeta original –el mayor- e intuir otro rectángulo dentro de la esfera menor y así al infinito intercalando mundo (´real´) ̸ aparato (´virtual´) hasta disolver la diferencia.

Eso hace O Globo. Si ingresan al sitio [redeglobo.globo.com] verán cómo se mezclan en un mismo plano y sin solución de continuidad la información social y política con aquellas referentes al mundo del espectáculo (novelas). Ni siquiera en un momento como el actual esa mezcla es relativizada.
La principal estrategia de la empresa para instalarse en el cotidiano fue inventar un ´yo´, una subjetividad que provoca un ´nosotros´ inclusivo (y esquizofrénico). Algunos eslóganes históricos de la Red son: ´un caso de amor con vos (o contigo)´ [1998], ´un caso de amor con Brasil´ [1999], ´nos vemos por aquí´ [2011], ´nos preocupamos ̸ nos conectamos con vos´ [2012]. Por estas horas, la GloboNews –que se transmite en portugués- utiliza como latiguillo ´nunca desliga´, algo así como ´nunca se apaga, nunca se desconecta´, e invita a entrar en ´la realidad en alta definición (HD)´.
El juego es claro. Asfixiante omnipresencia discursiva, quiebre de la distancia entre animado e inanimado (O Globo nos habla) y de la diferencia entre ´real´ y ´virtual´ que se resume en la idea definitivamente instalada por la empresa: Brasil y Rede Globo son una y la misma cosa. Si toman imaginariamente el paño amarillo romboidal que en la bandera brasileña hace las veces de fondo del planeta azul y lo disponen sobre lo verde como si se tratara de un rectángulo dentro de otro, verán que esa alternancia entre rectángulo y esfera tiene un aroma reconocible.

II.-

En el segmento inferior de ´Memória Globo´ [memoriaglobo.globo.com], uno entre las decenas de sitios que posee la mega-empresa, aparece un mapa con las categorías principales: ´Jornalismo´, ´Esporte´, ´Educativo´, ´Entretenimento´, ´Perfis´ (de donde tomé los datos del diseñador Donner), ´Acusações falsas´ y ´Erros´.
En la sección dedicada a las ´acusaciones´, la Rede se defiende de ciertos problemillas sobre los que puedo hacer la vista gorda porque es en los dos ´errores´ reconocidos por la propia multinacional donde vale la pena detenerse.
El primer error –titulado Direitas, já!´ (1983-1984)- se refiere a las manifestaciones y actos que se sucedieron durante los años finales de la dictadura brasileña para pedir la convocatoria a elecciones democráticas directas. ¿Cuál fue el desliz de la Rede? El presentador del ´Jornal Nacional´ con las imágenes de los espacios públicos repletos de personas manifestándose conectó esa masiva actividad social y política… con los festejos por los 430 años de la ciudad de São Paulo. La disculpa de la multinacional fue la presión sufrida por parte del gobierno militar para no mostrar las manifestaciones.
El segundo error reconocido -´Debate Collor x Lula (1989)´- nos retrotrae a las primeras elecciones presidenciales por voto directo desde el fin de la dictadura. Se presentaron 23 candidatos. En el interregno de la primera y la segunda vuelta se organizaron dos debates entre los triunfantes –Fernando Collor de Melo (apadrinado por Marinho) y Luiz Lula Da Silva (PT). La edición que ofrecieron sus noticieros, con más del 60 % de audiencia, al día siguiente del segundo debate fue tan escandalosamente manipulada que a la Rede Globo le resulta hoy más beneficioso confesar. Los editores reconocieron haber tomado como parámetro el fútbol (confusión entre política y deporte que en estos momentos hierve como nunca en su pantalla). Consideraron ganador a Collor, y así resumieron el debate. Collor, en efecto, pocos días después, ganó.
Nadie puede asegurar que esa manipulación causó la derrota de Lula en 1989. Tampoco hay elementos para suponer que en las manifestaciones de los últimos días los saqueos y la violencia provengan de infiltrados (¿azuzados por la Rede?). Sin embargo, el modo de representación y las estrategias de comunicación deberían ser analizados. Cualquier especulación sobre ´lo sucedido´, necesita como advertencia que la Rede está acostumbrada a mentir sin frenos ni control desde la época de la dictadura.
Durante estos revirados días juninos de 2013, los comentaristas se remontaron hasta 1992 para encontrar un antecedente de movilizaciones con magnitud semejante, cuando los ciudadanos brasileños habían ocupado las calles para reclamar por la salida de la presidencia del otrora triunfante candidato de la Rede Globo.
´Fora Collor´. Y Collor renunció. Al año siguiente, en 1993, la BBC da a conocer un documental Beyond Citizen Kane (Muito Além do Cidadão Kane) en el que la empresa y Marinho son presentados como un imperio con su déspota de turno. Marinho -con el altruista fin de no decepcionar a los documentalistas- logra la censura del material dentro del territorio nacional.
La multinacional trató, y trata, de ser coherente. La impulsa un afán ´gobernista´ (oficialista) al que traiciona sin más si ve afectado su propio beneficio. Cuando ocurrieron aquellas marchas contra Collor, Rede Globo abandonó a la criatura de su invención en medio del río y se unió a la ola de protestas.
Sus estrategias claves para no salir nunca perjudicada han sido demagogia, tergiversación, manipulación. Un error que la Rede no reconoce en su mea culpa es la alteración de los datos en la elección de 1982 para intendente de Rio de Janeiro. O Globo publicó resultados falsos –en aparente conexión con una empresa de proceso de datos, Proconsult- que beneficiaban al candidato militar y que perjudicaban a Leonel Brizola, a quien finalmente se le reconoció el triunfo.
En la campaña de 1989 para la presidencia, Lula –consciente del poder al que se enfrentaba que, por supuesto, no era Collor- se propuso ´contra-informar´ a la población mediante Rede Povo. Su argumento era sencillo: es inaceptable que un grupo de personas decida la agenda de decenas de millones.
Durante sus dos mandatos presidenciales -2003-2010-, Lula recordó la necesidad de luchar contra los oligopolios mediáticos. Si bien nadie mejor que él conocía de qué manera Rede Globo se aliaba –y se alía- a otras empresas mediáticas para regir la opinión pública en Brasil, sus acciones fueron erráticas.
En 2009, el Supremo Tribunal Federal abolió la Ley de Medios de 1967 y dejó un vacío legal que conduce los litigios con los medios de comunicación a la justicia ordinaria. Al día de hoy y más allá de algunas modificaciones no existe una Ley de Medios –o al menos una discusión en ese sentido- que cuestione el poder de esos imperios de la información.
(Por ejemplo, el canal de noticias de Bandeirantes, BandNews, durante la semana del 17 al 21 de junio, una de las más fuertes en cuanto a las movilizaciones, entre informe e informe repitió hasta el hartazgo un programa info-comercial, presentado como periodístico, sobre el nuevo sistema de seguridad privada que funcionará durante el Mundial 2014 en los estadios de fútbol y que se convertirá en una de las principales herencias, según festejaba el empresario involucrado, para Brasil. Innecesario remarcar las implicancias de una nueva fuerza policial paralela en un país cuasi militarizado.)
En el actual contexto socio-político brasileño, uno de los enigmas principales es por qué, en determinado momento, los medios comenzaron a apoyar las manifestaciones.
Es bastante probable que se trate de una remake de Collor´92: no indisponerse con los ciudadanos. Ese gesto les permite manipular la amplia agenda de los manifestantes. Se ubican como mediadores de los discursos y como interlocutores con el arco político. Decidir qué y cómo se dice, qué y cómo se muestra es un juego simple para quienes –con la ironía habitual de denominarse ´autónomos, imparciales, independientes´, etc.- alteraron datos eleccionarios.

III.-

A continuación enumeraré algunos de los repetidos mecanismos de manipulación de la información que utilizó GloboNews durante las transmisiones de las protestas:

a) buscó acotar los reclamos al transporte y al desencanto con la clase política (dependiendo de qué políticos, qué partidos, etc.). A la presidenta Dilma Rousseff no la atacó aunque sugirió problemas para las elecciones presidenciales de 2014. Al día de hoy, con el pacto de reforma y el plebiscito en danza, la atención se dirige hacia las negociaciones entre políticos para intentar cerrar el capítulo ´manifestaciones´.

b) infantilizó: sin reconocer la compleja composición social de los manifestantes, el canal de noticias usó de forma abusiva supuestas encuestas de su amiga IBOPE con el fin de remarcar un perfil juvenil, adolescente que en un futuro lejano cambiará el mundo. Repitió hasta el hartazgo ´simulacros de manifestaciones´ en las que niños de cuatro, cinco, seis años pintaban carteles con sus padres en las plazas.

c) editorializó en base al ´porém´: las manifestaciones comenzaron de forma pacífica, ´sin embargo´ apareció la violencia. Se instaló en el lugar mayoritario del apoyo, para luego disolver a los ojos y oídos del espectador la legitimidad del reclamo, asustarlo y justificar el accionar de la policía que, casi siempre, inicia las agresiones.

d) criminalizó la protesta: reiteró al infinito que la violencia es generada por ´vândalos´, por ´bandidos´, por ´criminosos´, etc., sin indagar y sin reconocer que pueden ser infiltrados. El recurso de estigmatizar y de confundir tanto al denominado ´vândalo´ como al militante proviene de la época de la dictadura.
El fabuloso cine clase B brasileño de la década del setenta da cuenta de eso. Lúcio Flavio, o passageiro da agonía [1977] del argentino Héctor Babenco es un buen ejemplo de cómo a los ojos de la policía y de los medios el ´bandido´ tiene toda la apariencia del militante. Babenco cuestiona el accionar policial.
Los medios de noticias brasileños actuales apenas si mencionan los excesos y no dudan en ofrecer el micrófono a los policías para que expliquen. El paroxismo delirante de esa postura no-informativa fue alcanzado en las últimas horas. GloboNews puso en pantalla una encuesta de IBOPE sobre el apoyo o no a la violencia en las manifestaciones. Mientras la periodista presentaba los porcentajes, comentaba que esos números podían no reflejar ´la realidad´ porque las encuestas fueron realizadas en la calle durante las protestas y, en consecuencia, pudo haber respondido algún ´vândalo´. Rede Globo es capaz de alcanzar el absurdo y sobrepasarlo. La forma de titular las matanzas en las favelas –que son reactivadas en estos días- no resiste el menor análisis.

e) despolitizó: el canal machacó en la necesidad de no llevar banderas de partidos políticos y hasta mostró cómo se quemaban las banderas rojas de los partidos de izquierda. Alentó, y alienta, al nacionalismo (fascistoide) a través de la bandera de Brasil y del Himno que fue cantado innúmeras veces en las marchas. No debería sorprender que en la campaña de Collor de 1989, el ataque a la ´bandeira vermelha´ [roja], el gesto nacionalista del ´verde e amarelho´ y el uso del Himno estuvieran presentes en su discurso prefabricado.

f) inventó noticias: la Rede evitó que hablaran los líderes y los manifestantes. Se los entrevistó, pero sin continuidad y por segundos. La explicación de lo que sucede pasó por periodistas, analistas, profesores, tecnócratas, etc., todos encerrados en sus gabinetes, todos creyendo lícito ser la voz de ´los jóvenes´. (Uno de los actos mercenarios más repugnantes fue ver a algunos profesores de las universidades públicas brasileñas ir a los programas de televisión para decir lo que la empresa quería escuchar y conservar así sus prebendas laborales.)
Entre el viernes 21 y el sábado 22, la revista Veja con su titular ´Os sete días que mudaram o pais´ (en tapa, la foto de una joven envuelta en una bandera brasileña) y GloboNews con una crónica en la que aseguraba que MPL –el movimiento Passe Livre- ya no tenía nada que ver, dieron por cerradas las manifestaciones que, casi una semana después, aún continuaban. En varias oportunidades periodistas informaron sobre el accionar policial para después desmentir asegurando que se trataba de un ´pequeño error´ (las redes sociales marcaban esas mentiras flagrantes). En la crónica del sábado 22, una periodista afirmó que en cuanto a lo que sucedía con las manifestaciones, incluyendo a políticos y a policías, ya nadie sabía bien quién era quién.
Por todo esto resulta tan importante el trabajo de ´contra-información´ como el desarrollado por ´mídia N.I.N.J.A.´ –acróstico de Narrativas Independentes Jornalismo e Ação- por supuesto bloqueada en las redes sociales.
En el documental antes mencionado de la BBC una única vez se escucha la voz de Marinho. El empresario responde a las acusaciones de manipulación con una propuesta. Si los ciudadanos no están conformes que hagan como él: que tomen una videocasetera, un amplificador de señal y una antena, que los conecten y ¡a transmitir! Más allá del cinismo de quien detenta un todo-poder, la idea está lejos de ser una locura y es, de hecho, lo que ´mídia N.I.N.J.A.´ y otros hacen en este momento.
Según Serge Gruzinski -La guerra de las imágenes; El pensamiento mestizo- existe una relación directa entre las batallas del siglo XVI con imágenes, en su mayoría religiosas, para dominar a los pueblos originarios por parte de los europeos y los actuales imperios mediáticos, sostenidos por la televisión, como Televisa, en México, y O Globo en Brasil. En La guerra de las imágenes, a la hora de pensar Televisa y su relación con el Estado mexicano, Gruzinski lanza una pregunta pertinente para un contexto de conflictividad social: ´¿el dominio de la comunicación no vale hoy tanto como el de la energía, y la guerra de las imágenes tanto como la del petróleo?´
Dilma acaba de reimpulsar un proyecto existente antes de las revueltas para traspasar los royalties del petróleo al presupuesto de educación. (La educación pública como tal apenas si alcanza las tres décadas de existencia.)
El documental de la BBC cierra con dos estocadas. La primera es recordar que el poder de la Rede Globo nació durante la dictadura y que eso le ha impedido una revisión de aquellos tiempos. En 2012 Dilma creó una ´Comissão da Verdade´ para investigar los crímenes durante la dictadura brasileña. El mito de la ´dictadura blanda´ (no murieron tantos, su fatal argumento) ha hecho estragos en estas tierras.
La segunda ´facada´, la última frase pronunciada en el film, es letal. El documental finaliza con el logo de la multinacional invadido por cucarachas que ´se lo comen´ hasta dejar aparecer el rostro del cínico fundador. La voz del narrador pregunta: ¿podrá Marinho liberarse de ese pasado apegado a los crímenes de la dictadura… o acaso será necesario que Brasil se libre de O Globo?

-São José do Rio Preto, SP – 20 al 24 de junio de 2013-

Palabras enfermas. De Moravia a Eva Giberti

Por intermedio de una lectora de ´ymeescribesparanoica´ -pueden seguir el hilo de esa charla en los comentarios- este texto llegó a los ojos de Eva Giberti quien, luego de protestar jocosamente por haber sido colocada junto al Ministro de Propaganda de Moravia, en segunda instancia, intercambio de e-mails mediante, reconoció la veta luddita: “Existe una estrechísima relación entre medios de comunicación, todos ellos, y diferentes formas de violencia patriarcal. En los visuales y orales, como la tele y las redes; las radios, verbales / auditivos; las distintas modalidades de internet y las violencias patriarcales que aprovechan cualquier resquicio, hendidura o avanzan sin necesidad de grieta alguna para mostrarse en plenitud. A veces precisan la lectura entrenada para descubrirlas, y otras veces se muestran ostensiblemente.”
La cuestión entonces es si los medios de comunicación (e internet) son –o no- nodos claves para entender justamente la persistencia de la violencia patriarcal, y bastante menos para desarmarla aun cuando hayan visibilizado exponencialmente los femicidios.

# Eva y el contagio

A mediados de diciembre de 2016, Página/12 publicó en su contratapa el artículo de opinión “Femicidio, ¿contagioso?” en el que Eva Giberti se proponía analizar el uso insistente, en distintas esferas, de la palabra ´contagio´, uso cuya intención sesgada era explicar el aumento del número de femicidios, apelando al inexistente virus de matar mujeres y ´neutralizando la responsabilidad del femicida´. Según Giberti indicaba, esas palabras tramposas dejaban “…de lado la decisión autónoma y concreta del varón violento de matar”. Contagio, imitación, copia de lo que hicieron otros varones… todas esas explicaciones escondidas en rachas lingüísticas no tan aleatorias olvidaban que muchos de esos asesinatos, en la etapa denominada ´prefemicidio´, fueron ´meticulosamente anunciados´. En definitiva, no hay virus, ni agente externo pasando de asesino en asesino.
Los argumentos de la especialista sobre esos estallidos lingüísticos que buscan tranquilizar, negar u ocultar la decisión de matar resultan incontestables, aunque desde mi perspectiva dejan abierta la puerta para recordar aquel viejo adagio -´vivimos en una sociedad / civilización enferma´- uno de cuyos síntomas principales es la de que estamos inmersos en una marea viscosa y corrosiva que no es otra cosa que un ´lenguaje enfermo´.
A esta tesis le dedicaré atención no desde la teoría sino desde la literatura.

# Moravia y la entrevista de ciencia ficción

En 1966, Valentino Bompiani, un editor radicado en Milán da a conocer en un único volumen dos obras de teatro de Alberto Moravia [1907-1990], ´La entrevista´ [´L´intervista´] y ´El mundo es lo que es´ [´Il mondo é quello che é´], drama en dos actos.
´La entrevista´ cuenta la visita de un enviado especial de la Luna a un estado totalitario, con ambiente colonial y gobernado por un general todopoderoso, con el fin de charlar con el Ministro de Propaganda e interiorizarse de la situación en la Tierra.
El mano a mano entre el enviado y el ministro ocupa la parte central de la obra. En el comienzo y en el final, interviene un soldado que parece estar a punto de matar a todo funcionario de gobierno que se le acerque, manotear el dinero que se esconde en la caja fuerte custodiada por el retrato del general en jefe y escapar a ´gozar mejor de la vida´, aunque finalmente acaba por colocarse del lado del ministro, colaborando con el asesinato del enviado lunar.
El Ministro de Propaganda es un profesor –barba, calvo, anteojos- que se regodea en contarle al enviado del periódico El Lunático, con apuntes según él sociológicos, cómo se desarrolla la vida en este planeta. El enviado especial sostiene un tono ingenuo como si fuera alguien al que hubiera que explicarle todo en detalle. Su mutación, pregunta tras pregunta, lo llevará a reconocer –tal y como le advirtió el soldado- que ´este mundo no es lo que debería ser´.
Sintetizo las ideas del funcionario terrícola que se desprenden de la entrevista.
La situación en la Tierra no es buena porque no existe la homogeneidad étnica deseable. Habitan el planeta dos razas muy distintas. Los ricos –la gente normal y que expande la civilización- y los pobres que son la raíz del problema y que continúan siendo iguales a hace treinta mil años cuando invadieron la Tierra: incultos, bárbaros, anormales. En particular, los pobres odian la belleza, el decoro y la limpieza; rechazan las ropas nuevas, las casas bonitas, los muebles refinados; prefieren los espectáculos deportivos al arte; rechazan la naturaleza, viajar, conocer diferentes lugares porque –es necesario entender- están obsesionados con reunirse en fábricas, en campos o en minas. Tienen una especie de vicio o manía: el trabajo. Los pobres adquirieron ese vicio en el pasado y es ahora una segunda naturaleza, una adicción que explica por qué protestan y se enojan tanto cuando los ricos –que saben lo bueno que es vivir en el ocio- quieren liberarlos del trabajo. Los pobres odian a los ricos. Están constantemente deseando exterminarlos, siempre pensando en una revolución. Si bien los ricos podrían terminar matando a todos los pobres, prefieren vivir bajo los principios de que la educación, la persuasión y una vida armónica son mejores que una matanza.
En la ácida lógica de la entrevista, lo que el ministro omite decirle al enviado, y que es lo que le aclara el soldado, es que la diferencia entre ricos y pobres no es moral o estética sino que radica en el dinero, elemento esencial que los ricos se niegan a darles y que, en los términos de la fábula, permitiría que los pobres accedieran a todos esos lujos que parecen rechazar solo por ser bestias.
El enviado especial alienta a que un sujeto sensato como el Ministro de Propaganda realice una donación natural, tomando dinero de las arcas. A raíz de ese gesto de bondad inducido –que el ministro considera un intento de robo- el enviado lunar muere, al tiempo que el soldado deja de azuzarlo y retorna a enaltecer al gobierno con un grito patriótico.

# Palabras enfermas de violencia

La división heterogénea de la que hablaba el ministro de propaganda resulta fundamental en la obra ´El mundo es lo que es´, cuya presentación en la contratapa de la edición de 1968 instalaba: “El ambiente… es la gran residencia campestre de un joven industrial. Uno de sus huéspedes, profesor de filosofía desocupado, inventa para pasar el tiempo un juego al que llama ´terapia del lenguaje´: considera que todos los idiomas están enfermos en distinto grado y que la cura consiste en eliminar las palabras infectadas. Es un juego [que] esconde una cuestión muy seria, que podría formularse de otro modo: ¿Hay que cambiar el mundo, o no? Y si debe cambiárselo, ¿hay que hacerlo cambiando las palabras o las cosas?”
El profesor de filosofía Milone propone una terapia a partir de la oposición de dos tipos de palabras, las palabras sanas que “…no producen ningún sentimiento: las oímos o las pronunciamos, y quedamos como estábamos…” y las palabras enfermas que nos tocan, nos perturban y que no dejan dentro nuestro las cosas como estaban antes de escucharlas.

La terapia que lleva adelante con un grupo de personas en una casa de campo tiene como fin volverlas inocuas, desterrando del vocabulario mediante castigos y multas palabras como por ejemplo ´honor´ y ´nada´ que derivan en largas disquisiciones, instaurando en cambio el uso de términos tomados de manuales para aprender idiomas que dejan a quienes los escuchan igual que antes: “El tren de mi cuñado llega a las ocho de la mañana…”.
Ese lenguaje enfermo, esas palabras que nos afectan sólo son usadas por los pobres, por el común de las personas, y no por los ricos que naturalmente hablan un ´lenguaje sano y aséptico´. “La cura tiende a lograr que todos, ricos y pobres, lleguen a ser ricos de espíritu”, asegura Milone.
De la terapia –una verdadera bufonada- participan el dueño de la casa de campo, Cosimo; Semanta, su hermana; su madre, Olinda; el novio de Semanta, Piero; un periodista, Buratti; Pupa, su joven amante; un novelista, Emilio; Lena, una criada, y varios criados más. Las escenas –en clave de comedia- se suceden acentuando el sinsentido del planteo, y dejando entrever claros ribetes políticos en las discusiones sobre el lenguaje enfermo.
Semanta está a punto de casarse con Piero. Emilio, el novelista, intenta convencerla para escaparse con él y desacralizar así el rito de la tribu / sociedad de la unión entre dos personas. El diálogo es como sigue: “Emilio: ¿Qué es lo que quiere Milone? Que las palabras pierdan sentido… Y bien, nosotros haremos que poco a poco las palabras, todas las palabras, cobren sentido.// Semanta: Pero si se trata nada más que de palabras, ¿por qué rebelarnos contra el mundo? [¿por qué escaparnos?]… bastará que nos rebelemos contra las palabras, ¿no te parece?// Emilio: No, no me parece.// Semanta: Pero ¿por qué? En vez de decirte: te quiero, que es un lugar común, diré…: hay enanos de gasa cantando letanías en el fondo del cráter. Ya está. Me habré rebelado…//Emilio: Bromeas. Sabes mejor que yo que, para cambiar las palabras, hay que rebelarse contra el mundo. Los sabes, ¿no es así?”
La tensión palabras / hechos, en la casa de campo, indica la distancia entre la graciosa terapia para sanar el lenguaje y la opresión o directamente la violencia ejercida sobre un personaje como el de la criada Lena que acabará asesinada. Esto significa que, entre chistes y gags, la discusión acentuará escena a escena su relación con la praxis política.
Esto es evidente en una escaramuza retórica sobre la enfermedad o no de las palabras: “Piero: A su parecer, Milone, ¿paga multa o no la conocida frase: la religión es el opio de los pueblos?// Milone: Por supuesto, paga. Las palabras ´religión´, ´pueblo´, no tienen un significado seguro, son ambiguas, enfermas y, como tales, producen angustia, molestia, perplejidad. A menos que consideremos la proposición como un lugar común, una frase hecha… y por lo tanto no paga multa.// Buratti: Un momento, ¿paga multa el conocido lema inglés: por la patria, con o sin razón?// Milone: Le contesto lo mismo que a Piero…// Buratti: Ya lo ve, sus alardes patrióticos son enfermizos y pagan multa. O no pagan nada porque no significan nada.// Milone: Lo mismo digo de su retórica izquierdista…”.
¿Revolución de los hechos o revolución de las palabras? ¿Es una revolución de palabras un modo cómodo de mantener las relaciones sociales y vinculares que generan opresión?
El personaje de la joven Pupa, amante del periodista Buratti, en dos momentos claves subraya esa distancia. Hacia el final, antes de despedirse, Pupa le reconoce a Milone que tiene miedo de volver a la ciudad a trabajar de prostituta y recaer en la depresión y pasarla mal. Le agradece, sin dudas, que le haya dado la herramienta del ´eufemismo´ para poder contarse su propia historia sin sufrir –así, ella no fue seducida por su padrastro, sino que lo tuvo de amigo; ella no trabajó de prostituta, sino que ayudaba a una señora a recibir gente en la casa; ella no abortó, sino que renunció a la maternidad, etcétera- pero ahora el problema es el futuro y no sabe cómo enfrentarlo.
El cínico Milone le dice a Pupa que la nueva estrategia debe ser la tautología –decir que lo que es, es lo que es. ´El mundo es lo que es´ es el nuevo lema: recibir a clientes en casa de la señora Constanza por mil liras es recibir a clientes en casa de la señora Constanza por mil liras. Lenguaje sano es lenguaje sinsentido y es lo que acaba por sanar, por calmar el dolor de la enfermedad que causan ciertas palabras… Pupa asiente admirando ese nuevo juguete lingüístico. Apelar a la tautología volverá maravillosa su vida material espantosa.
El final de la obra, que coincide con el final de la estancia en la casa de campo, eleva a Milone al rol del profeta que en conjunción con Cosimo –industrial e inversor- habrán de instalar un Centro de Estudios para la Terapia de los Lenguajes. En su perorata, asegura Milone: “Vivimos en una época de masas y… la terapia del lenguaje presupone a las masas, así como las masas presuponen la terapia del lenguaje. Por algún tiempo, aún será lícito al individuo aislado emplear palabras y proposiciones que significan algo; pero muy pronto será necesario ayudar a las masas a aprender a hablar sin decir nada. Esto, si es que queremos que las masas realicen su tarea digamos histórica, que consiste en producir para consumir y en consumir para producir.” La tierra prometida de esa terapia será el silencio de las masas (así como el lenguaje aséptico de los ricos).
¿Estará ese silencio –necesario para producir y consumir- basado en la repetición de frases sin sentido motivadas por los medios de comunicación de largo alcance? “Con medios mecánicos de reproducción, de maravillosa eficacia, como la prensa, la radio y la grabación de discos, multiplicamos las palabras y esparcimos a los cuatro vientos millones y millones de gérmenes de nuestras futuras enfermedades”, sentencia Milone.
´El mundo es lo que es´ se cierra justamente con Milone cortando su discurso celebratorio y de despedida para reordenar mediante eufemismos periodísticos un femicidio, el asesinato de Lena (cuyo cuerpo arrastran a escena) convirtiéndolo en un suicidio. Anuncia la didascalia final: “Mientras Milone recita su imaginaria noticia de crónica, todos lo miran, atónitos e inmóviles, como si efectivamente, según va profiriendo las palabras, la muerte de Lena, y Lena misma, se borraran de la realidad.”
¿Existe –si recordamos aquel asunto del ´contagio´ que revisó Eva Giberti a modo de alerta por la engañifa- aunque más no sea una mínima conexión entre femicidios y medios de comunicación? ¿No son acaso los medios de comunicación los generadores más espectaculares de estereotipos (de gérmenes) que se convierten en la base simbólica de la violencia contra las mujeres? En ese sentido, ¿podrán los medios de comunicación convertirse en los antídotos de esa escalada de violencia? O, acaso, en esa búsqueda de neutralización de la violencia patriarcal, la razón devenga luddita.

Discusiones tecno-apocalípticas [Virtuales Gurúes Impostores]

///Introducción a la cibercrónica “Virtuales Gurúes Impostores. El hacktivismo y la revolución pendiente de la cultura libre y abierta” [2017]///

I.- Discusiones tecno-apocalípticas

Esta es la historia de un hacktivista que traicionó a sus ideales, a sus pares y al proceso revolucionario del que formaba parte. Ese activista no es un cisne negro, no es un caso único ni -como verán- aislado. Esto es lo primero que necesito decirles porque acerca de grandes héroes que son traidores, y viceversa, existen bibliotecas.
El campo de acción para esas escaramuzas, batallas y traiciones se circunscribe a la Red de redes. Sobre Internet hay escritas no bibliotecas, sino marejadas. A esa espuma entonces arrimo este episodio amparándome en su singularidad.
La historia no se inclina por las corporaciones que desarrollan las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, de las que forzosamente hablaré. En todo caso, el cúmulo de textos que cotidianamente analizan la ´silicolonización del mundo´ -la colonización impulsada desde Silicon Valley- son recomendables para comprender qué pasa acá.
´Acá´ es el mundo de átomos. Desde hace décadas, una voluntad mutante puesta en marcha por las nuevas tecnologías e Internet rediseña ese mundo con bits, es decir, con información codificada por medio de cifras, letras y comandos. Periodistas y ensayistas hablan de ´guerra´; algunos jugaron su lotería y apostaron por una ´bomba´; otros pierden lectores y credibilidad sugiriendo un ´apocalipsis informático´ que desmaterializa la realidad atómica a la que estábamos ya bastante habituados.
El universo llamado Internet –el dato es conocido- crece segmentado en al menos tres niveles. La red superficial a la que acceden los simples usuarios representa el uno por ciento de ese cúmulo. El restante noventa y nueve por ciento es denominado red profunda [´deep web´] cuyo vértice final es la red oscura [´dark web´]. Este remanente, cercano a la totalidad del invento, le está vedado al usuario, y ofrece su mítico menú a quien disponga de las tecno-habilidades pertinentes: protocolos de funcionamiento, ficheros de revistas académicas, información de dependencias gubernamentales, información clasificada, tráficos ilegales diversos, servicios de hackers (héroes libertarios), de crackers (hackers mercenarios), delincuentes, lo prohibido, lo nefasto y más. Las parcelas de los estratos finales no son punto-com, ni punto-org, ni punto-net, y sí punto-onion, tan extraño como el navegador Tor que encripta la información y borra los rastros de la visita.[1]
Ese viscoso magma virtual, nacido de un ´apocalipsis informático´ que se arremolina y lo expande, es macerado por sectas que conspiran en nombre de alguna revolución.
Un conjunto de arquitectos corporativos encargados de que resplandezca la superficie pugna por una ´revolución tecnológica´, democráticamente ilusoria, con destellos de despotismo y presentada como sendero hacia una ciudadela armónica. Sobre esos arquitectos se ha escrito profusamente. Las sectas disidentes identifican en esos aprontes la construcción de un ciberimperio y dicen llevar adelante una revolución de signo inverso con destino a una ciber-utopía libre, abierta y plural, que beneficiará a la humanidad. También éstas tienen sus publicistas. Una tercera facción, la de los disidentes extremos, claman en el desierto que la única revolución es ninguna ciber-aldea global.
Si superponemos esa tríada sectaria con la estructura virtual, las corporaciones lustran la superficie, los hackers –especialistas y creativos de la Red- disputan poder en la zona profunda, los tecnófobos miran el oscuro abismo para convencerse de que nada de todo esto tiene ningún sentido.
La neblinosa ciberrealidad alienta la paranoia. Sin importar el número de casilleros, cualquier asepsia clasificatoria es inútil. El pandemónium digital, plano, abismal, bulle de fugaces iluminados y cada amanecer, nuevos asaltos, raptos, entusiasmos prometen transformarnos en súbditos de un régimen pleno de ´bondad´.
La acumulación disuelve por lo pronto el conflicto, el botín es incierto y la matriz apocalíptica un salvoconducto para escudriñarlo.
Lo apocalíptico como tema y como paradigma de pensamiento que reúne la tensión entre comienzo y fin, divino y diabólico, celestial y terrenal, renovación y conflagración, creación y destrucción, revelación y profecía, atrajo por siglos a desamparados, desahuciados, alucinados, profetas, monjes, mesías rurales, hermeneutas, teólogos, filósofos, intelectuales, escritores, artistas, científicos; se entreveró con las más abstrusas especulaciones estéticas y teóricas; y fue invocado para abordar los cambios provocados por la innovación técnica.
Fueron apocalípticas las revueltas campesinas europeas que durante los siglos XIII y XIV dieron cuenta de los temblores medievales de una organización social que mutaba hacia el imperio técnico. Fue apocalíptica la llegada de los navegantes, emprendedores, comerciantes y condenados al paradisíaco Nuevo Mundo. Fueron apocalípticos los comentarios que entretuvieron al viejo Isaac Newton, una vez incrustadas sus leyes en la revolución científica. Fue apocalíptica la previsión de Marx de una revolución del proletariado que, como un Juicio Final, liberara al obrero del ´aliento mefítico de la civilización´.[2] Fue incesantemente apocalíptico el siglo XX que acumuló dos guerras mundiales, miles de guerras locales, campos de concentración, purgas, viajes interestelares, conflictos atómicos hasta arañar a este chirriante gozne entre milenios caracterizado por la invasión de nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.
La tradición interesada por ´técnica, tecnología, tecnociencia; neutralidad, dominación, liberación´ es en principio absolutamente inabarcable. Hay historiadores que no van más atrás del siglo XII para hablar de ´instrumento´ y, por ende, de la técnica como una actividad con un fin en sí misma, pero como es habitual en las humanidades, las hipótesis cunden, las certezas huyen.
En Occidente el imaginario técnico se remonta a los tiempos primitivos en los que la magia y el hacer eran uno solo; focaliza en un Oriente idealizado, fuente de prodigios (pólvora, artes, escritura, brújula); conoce al bíblico Caín, inventor de las medidas abstractas y constructor de la primera ciudad, una vez abandonado el Edén; y al asalto mitológico del titán Prometeo quien le burla a Zeus el fuego, como don para la civilización humana; recala en la tradición filosófica griega (el saber versus el saber hacer), luego en la romana (la puntillosa técnica social civil y militar), y en sus posteriores meandros teológicos (que fermenta esa invisible tecnología que es ´la institución´); atraviesa la ´causa instrumentalis´ entre los monjes y el ´instrumental del oficio´ de los gremios medievales; alcanza los fervores marítimos del humanismo renacentista y los sorprendentes mecanismos barrocos; desemboca en la impetuosa ´revolución industrial´ que provocó la resistencia de los ludditas o destructores de máquinas, saboteadores que, a inicios del siglo XIX, acabaron con sus pescuezos en la horca. Durante el siglo XX, con una tecnificación asociada a las guerras y a los totalitarismos, el interrogante básico ¿naturaleza o tecnología? se multiplica: ¿ciencias humanas o naturales?, ¿tecnología a escala humana o tecnolatría fascista?, ¿espiritualidad maquínica o alienación delirante?, ¿organización técnica o manipulación?, ¿tecnociencia o tecno-esoterismo?, ¿disidencia o mambo neurótico?, ¿hippies o tecnócratas?, ¿primitivismo o transhumanismo?[3]
En los términos más sencillos posibles, toda técnica es un procedimiento para hacer o para actuar y define a cada cultura que es, en definitiva, un conjunto de técnicas. “La técnica se refiere a todo sistema de acciones mediante el cual, y de acuerdo con un plan y una serie ordenada de procedimientos, el humano actúa sobre su ambiente para satisfacer distintos tipos de necesidades, en las que también figuran las simbólicas.”[4]
La ´técnica´ -una metodología, un camino hacia- permite al humano transformar el mundo que habita, producir, organizar, relacionarse (moverse, hablar, comer, expresarse, pensar, etc.), y ´des-ocultar´ las energías contenidas en el mundo natural. La violencia necesariamente utilizada para producir devela el peligro inherente al misterio creativo que emana de la propia técnica. Esa violencia acechante señala un límite, y el deseo de controlarla.[5]
Este ir y venir de la técnica entre la provocación, el peligro y su conjura, fue extremo durante el último medio siglo.
En la era de la revolución científico-técnica el humano habita un espacio modificado que tiende artificialmente a la homogeneidad. Han sido trastocadas la cercanía y la lejanía, y difuminados los planos de su perspectiva vital. Las alteraciones que pueden hasta cierto punto resultar normales o aceptables, literalmente se desquician en los espacios generados por la cibernética. El hábitat desarrollado por la tecnociencia supone una dis-locación y una virtualidad de las que se ignoran sus últimas consecuencias.[6]
Ese hábitat esquizofrénico caracterizado por la hiper-conexión es este escenario apocalíptico al que me refería y –lo digo con simpleza- tiene sus responsables.
Es común que la literatura específica mencione intentos centenarios de un proyecto universal para manejar la información, y a partir de allí condicionar la decisión y la voluntad humanas. Aunque son buceos atendibles, prefiero restringir la escala.
Los pioneros Norbert Wiener [1894-1964], John Von Neumann [1903-1957], Alan Turing [1912-1954] ponen manos a la obra en el epílogo de la Segunda Guerra, según la conocida sincronía: computadora y bomba atómica nacen juntas.
“La escena fundadora de la cibernética tiene lugar entre los científicos en un contexto de guerra total…” –sostiene en el libelo “La hipótesis cibernética” [2001] el grupo Tiqqun. Del griego kybernesis, cibernética es la “acción de pilotar una nave” y en sentido figurado la “acción de dirigir, de gobernar”. Y la hipótesis indicada por Tiqqun es la de “un conjunto de dispositivos que ambiciona tomar a su cargo la totalidad de la existencia y de lo existente”. La hipótesis cibernética justifica entonces “…dos tipos de experimentaciones científicas y sociales. La primera apunta a hacer una mecánica de los seres vivientes, para dominar, programar y determinar al hombre y la vida, a la sociedad y su ´devenir´…; nos hallamos… en el terreno del control. La segunda apunta a imitar con máquinas lo viviente, primero en cuanto individuos [robots, inteligencia artificial]; después en cuanto colectivos, lo que conduce a la puesta en circulación de informaciones y a la constitución de ´redes´. Aquí nos situamos en el terreno de la comunicación.”[7] Las corrientes de la comunicación y la del control de las que participan biólogos, neurólogos, ingenieros, policías, publicistas, responden al influjo de un espectral Autómata Universal que todo desea regirlo.
A pesar de las evidencias, la especulación de Tiqqun sobre los escasos espíritus críticos inclinados a considerar la cibernética como nueva tecnología de gobierno es una constante. Sucede hoy con el mecanismo a la vista y sucedía hace años cuando el problema era todavía futuro.
A mediados del siglo XX, en La edad de la técnica o el riesgo del siglo [1954] Jacques Ellul señalaba la progresiva incidencia de la tecnología en las decisiones humanas -“El poder político ya no es exactamente un Estado. Cada vez lo será menos… En un juego de técnicas la decisión tiene menos cabida cada día”- y consideraba indeseable un instrumento ´para evaluar situaciones´ dentro de la maquinaria estatal. “[Norbert] Wiener incluso admite que la cibernética puede utilizarse para valorar las situaciones políticas –dice Ellul. La máquina de gobernar convertiría al Estado en un jugador que dirigiría la política como una partida de ajedrez. Si esta eventualidad apocalíptica se realiza, no sabemos las consecuencias que podría traer para el Estado, y por ello dejamos de lado esta hipótesis.”
Esa eventualidad apocalíptica ocurrió, como bien sabemos.
La computadora y la cibernética –germen de las nuevas tecnologías- son desarrolladas a partir de los años cuarenta. Wiener, un pionero, muere en 1964. Ese mismo año la idea de Internet, propuesta por el aparato militar estadounidense en connivencia con las universidades, gimotea para un público restringido. A fines de los sesenta existe Arpanet. Entre 1989 y 1991 el invento está consumado y con su nombre actual. “La red ARPA, diseñada para asegurar el control de una sociedad desolada después de un holocausto nuclear, ha sido sobrepasada por su hija mutante, Internet, que está fuera de control a conciencia y que se expande exponencialmente por la aldea global de la post guerra fría”, decía en febrero de 1993 el escritor cyberpunk Bruce Sterling.[8]
Años después de esa constatación en tiempo real, el periodista y teórico de la comunicación argentino Aníbal Ford [1934-2009] recopilaba artículos propios, otros escritos en colaboración, que compartían el propósito de revisar el entramado global surgido de las nuevas tecnologías y de Internet, caracterizado por las promesas de un futuro tecno-maravilloso, por la cultura del infoentretenimiento (fusión de noticia y espectáculo), por rebrotes neonazis, por una extrema vigilancia apegada a la desigualdad, y los unificaba en un libro cuyo título apelaba, en el cabalístico año de 1999, a bíblicas barriadas heterodoxas. La marca de la Bestia era -y es- la rúbrica libresca a una época inquietante.[9]
La idea que organiza el volumen remite a un pasaje del Libro de la Revelación o Apocalipsis, polémico al límite de la herejía y que merece un comentario. El Apocalipsis es un escrito profético compuesto por Juan de Patmos entre los años 70 y 90 después del nacimiento de Cristo. En un contexto de persecución, presenta visiones por medio de las cuales la divinidad le revela al profeta sus designios sobre la resistencia y la lucha que habrían de llevar al triunfo de Cristo, de la Iglesia, de la Jerusalén celeste sobre la Bestia, el imperio de Roma, la maldita Babilonia. Según las visiones recibidas, Satanás persigue a los cristianos encarnando en un Dragón que propicia la aparición de una primera Bestia ´a la que la tierra entera siguió maravillada´, y luego de una segunda Bestia o falso profeta que ordena construir una imagen artificial de la primera: “Se le concedió [al falso profeta] infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen… y hacer que fueran exterminados cuantos no la adoraran…” [Apocalipsis, 13:15].
Entreverado en esa lucha, el pasaje del Apocalipsis que atrajo a Ford cuenta que el falso profeta, seguidor de la primera Bestia y constructor de la imagen “…hizo que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera la marca, el nombre de la Bestia o el número de su nombre.” [13:16-17] La obligatoria marca bestial, el triple seis que es cifra del Anticristo o de un emperador romano, representa –dice Ford- los códigos electrónicos de identificación. La sociedad de fin de siglo y sus sistemas de monitoreo social han convertido en antiguallas al panóptico de Bentham y al Big Brother. La hiper-identificación surge de “instrumentos de invasión y de control” (historia clínica, tarjeta de crédito, correo electrónico, etc.) mediante procesos autónomos y asimétricos. Las concentraciones de poder administran con eficiencia un cúmulo de información sobre individuos que acceden, por el contrario, a una masa de datos ´caótica, sucia y turbulenta´. ´La marca de la Bestia del Apocalipsis se está automatizando o robotizando´.[10]
La empresa de un falso profeta que construye una Bestia autómata para manipular y someter al pueblo sin distinción de clase, alude a este apocalíptico estadio ciberimperial regido por lo que Tiqqun denominaba el Autómata Universal.
Esa simetría es más que una espeluznante metáfora intelectual. Al inicio del nuevo milenio, Andoni Alonso e Iñaki Arzoz invierten en La Nueva Ciudad de Dios [2002] la carga de la prueba de inversores, asalariados y publicistas, y con el apocalipsis informático en curso, aseguran que la nueva Jerusalén digital es Babilonia, capital y territorio de un Ciberimperio alimentado con heterogéneos nutrientes: ciencias humanas; cibernética; ciencias aplicadas; doctrinas herméticas, esotéricas y salvíficas; psicología; educación; estadísticas; propaganda; granos de ciencia ficción y un hervidero de sectas, facciones y grupos complotando.[11]
Los autores españoles relacionan sin más los primeros siglos de la era cristiana, cuando innumerables sectas de creyentes erosionan al imperio romano, con este período histórico también imperial que pare a la cibernética y a sus bestiales cachorros, defensores orgánicos e involuntarios, y a los disidentes.[12]
Apenas orillando esa silueta apocalíptica, en Mal de ojo. El drama de la mirada [1997] Christian Ferrer [1960] conjuga el gualicho que hoy es recia fe: “…la creencia en los bienes tecnológicos y la adoración de la fuerza de voluntad técnica serán… una religión de nuevo tipo.” Ferrer escribe al mismo tiempo que Internet llega a la Argentina y de modo general, un lustro antes que Tiqqun, considera “…a las redes mediáticas e informáticas… como voluntades de poder que pretenden instaurar una matriz total al interior de la cual un modo de pensar y de vivir queda enmarcado y desde la cual el mundo se expone ante nosotros.” Esa religión, o voluntad de poder para dominar la percepción (para dominar y manipular), destila una utopía reblandecida -´la ciudad informática estará habitada por una ciudadanía bonachona´-; la sostiene un credo que abstrae y descarna los comercios humanos para alcanzar “un nirvana teórico, la fantasmagoría del Ser Digital”; y ata su permanencia a excéntricos y a desconcertados: “…el eufórico de las nuevas tecnologías no se parece tanto a un profeta como a un histriónico: su audiencia –cómo el mismo- gusta de las mascaradas.”[13] Esquivo al señalamiento particular y al denuncialismo, alude sin embargo Ferrer como al pasar en esos borroneos ensayísticos la fantasmagoría circense de otro arquitecto ciberimperial, el histriónico gurú digitalista Nicholas Negroponte [1943].
Negroponte publica en 1995 Ser digital (Being digital), una compilación desbordante de futurología e imperativa: ser digital o desaparecer. Su afilada pluma –o interfaz- augura problemas -´seremos testigos de la pérdida de muchos puestos de trabajo a causa de la automatización´-, y anticipa las guerras por el control de la información. “Soy optimista por naturaleza –dice con límpido cinismo. Sin embargo, toda tecnología y todo legado de la ciencia tiene su lado oscuro. Estar digitalizado no es la excepción. En la próxima década, habrá casos en los que la propiedad intelectual será violada y nuestra privacidad invadida. Sufriremos el vandalismo digital, la piratería de software y el robo de datos… Los bits que controlan ese futuro digitalizado están… en manos de jóvenes. Y nada podría hacerme más feliz.”[14]
Desde que asomó la novedad, los discursos oficiales ilusionaron con una revolución basada en inespecíficas ´nuevas tecnologías´. El credo tecno-científico optimista, en términos de Alonso y Arzoz, apuntala la profecía de un apocalipsis feliz, siempre futuro, que desintegrará la realidad-mundo instaurando un ´nuevo mundo digital´, lo más parecido a una recreación tecnológica del cielo.
Esa promesa celestial es una falacia que ni siquiera desactiva o relativiza el reconocimiento de intrínsecos puntos oscuros. En todo caso, el listado de efectos colaterales remarca la profunda ambigüedad ética de la empresa tecno-imperial. Y Negroponte es por cierto consciente de la complejidad del asunto.
La arquitectura propiciada por la revolución informática –con sus males- no puede llevarse a cabo sin el favor ni el fervor de los jóvenes. Es fundamental, por lo tanto, una nueva educación para la mutación social y cultural. “A principios del nuevo milenio las escuelas cambiarán transformándose en museos y lugares de juego para los niños, que armarán rompecabezas de ideas y tendrán intercambio social con otros niños de todo el mundo. El planeta digital –dice Nicholas- parecerá del tamaño de una cabeza de alfiler.”[15] En un mundo hiper-conectado, una escuela museo es un espacio de exploración y de acumulación de trastos. Antes que estudiantes incapaces de aprender, existen entornos educativos disfuncionales, diagnostica, y estipula una sociabilidad en la que ´la computadora´ será clave y quien posea la clave del sistema educativo, tendrá una importante porción de poder.
Tal como Negroponte lo previó con sus parámetros implícitos más criminales que libertarios, a pesar de una nueva educación orientada a moldear ciberhéroes, no todos los jóvenes fueron buenos empleados al servicio del planeta digital. Muchos sí y ahí enhiestas están las corporaciones. Otros tantos decidieron ir contra el mandato de los tecno-emprendedores, bebieron de las míticas fuentes libertarias de la Red, se vistieron de hackers con guantes blancos y creyeron la felicidad justamente ´invadir, vandalizar, piratear´ la propiedad intelectual y las restricciones de circulación de información para liberar el mundo digital. Un tercer segmento, hackers con guantes menos diáfanos, jugaron en las sombras acercándose a los crackers mercenarios, aullaron consignas de liberación y de revolución para traicionarlas ante paciencia e indiferencia universales.
El apocalipsis informático gesta en sus entrañas una revolución de la que muchos lucran por su imposibilidad o por su demora.
La diluida versión sistémica les corresponde a los adoradores de La Secta de San Byte que extasiados hablan de Gobiernos Abiertos, de datos abiertos, de transparencia universal, de participación ciudadana colaborativa, en definitiva, de una divina tecnologización que purificará los miasmas atómicos del diabólico papel.[16] Hacia el año 2005, el investigador brasileño Rezende, escandalizado por la campaña a favor del voto electrónico destinado a las endebles democracias occidentales, ironizaba sobre esa secta que, en conjura con empresas y por entre vericuetos estatales, expandía desde los medios de comunicación el credo en sistemas electrónicos que configurarían un mundo translúcido en el que una sociedad civil ávida de datos mostraría pericia para procesarlos.[17]
En más de una década el discurso sobre la tecno-transparencia no abdicó. La contradicción es flagrante. Si deambulamos por una ciudad digital cuya materialidad es la del celofán, si esa superficie disponible está totalmente controlada y repleta de ´datos basura´, si el resto es penumbras e invisibilidad por donde corren lo espeluznante o los especialistas, ¿alguien cree realmente en una sociedad abierta y transparente? Por supuesto. Algunos creen, otros nos dicen que creamos, otros dicen creer. Las visiones místicas de los adeptos de La Secta de San Byte fantasean con ´seres angelicales manipulando, operando maquinitas´; la de los disidentes tecnológicos también.
Un nutrido número de disidentes comprendió la importancia de las batallas por el uso y la apropiación de las nuevas tecnologías, invirtió el optimismo simplón de gurúes como Negroponte, y cruzó su lucha hacia el arduo campo de la educación. Desde una posición ´alternativa´, lejana del inmaculado planeta digital, discutieron esos disidentes al amparo de la cultura hacker qué contenía la computadora, con qué complementos funcionaba, cuál era el origen del lenguaje para comunicarse con la máquina (digamos, el software) y cómo afectaba al usuario la injerencia de empresas privadas o de organizaciones horizontales.
Defendieron que en nada se asemejaban los productos tecnológicos si salían de las corporaciones (que restringen derechos, espían al usuario y venden su información) o de grupos independientes que colaboraban para que accedieran a las computadoras usuarios libres y autónomos.
Esa presunta versión recalcitrante de la revolución digital sucede en una barriada periférica conformada por organizaciones, fundaciones, neo-academias, ciber-corporaciones aggiornadas, universidades tradicionales, proyectos experimentales, etc. Rige en ella una neolengua que incluye modismos propios de antiguas formas de gobierno y que fermenta indispensables nuevos mitos políticos como wiki-gobernabilidad, wikipolítica, nodos, redes de pares (P2P), democracia electrónica, heterarquía (en lugar de jerarquía), digitales dictadores benevolentes, gobernanza de conocimiento, ciberelite, hacktivismo.
Al interior de ese microcosmos paralelo, un grupo conspira, y otro dice conspirar, no por las migajas de la transparencia y de la accesibilidad, sino en concreto por ´nuevas tecnologías libres y abiertas´, por una ´cultura libre y abierta´, por el uso del ´software libre´, por la ´revolución de la cultura del compartir´, por el ´intercambio libre y abierto de información en redes de pares´, por una nueva educación integral, por el acceso irrestricto a los bienes digitales (un bien común), por la copia libre (copyleft), por la panacea del dominio público, por la autogestión, por la economía social solidaria, por la economía social del conocimiento, con el objetivo de trascender Estado, Mercado y Capital. Estas incesantes refriegas dieron cuenta de que no todos luchaban por lo que decían luchar.
Esta cibercrónica reconstruye, por entre las callejuelas babilónicas, el apocalipsis individual de un ´hereje por partida doble´, de un joven hacker argentino sagaz y manipulador, punta de un hilo que, al tirar, deshilacha la virtual madeja revolucionaria. Un ciberguerrillero de su talante blande retórica anti-sistema, imita el ceño de bandido popular, es aguerrido, dice enfrentar las corporaciones, dice incendiar el statu quo, pero, a diferencia del simple hereje digital, descree de su grupo y boicotea la revolución por venir –impulsado, por qué no, por el deseo de ser ungido él mismo como ciber-mesías.
Apelé para esta reconstrucción episódica a datos obtenidos (casi) exclusivamente de la Red, aceptando comentarios laterales, desperdicios interpretativos, silencios cómplices, como un paria digital que en la precariedad investiga. Registré las refriegas con la ingenuidad de un absoluto outsider como delatan, en órdenes diversos, las citas y la jerga ciber. Las notas colocadas al final de cada capítulo sustentan el rompecabezas, realizan especificaciones bibliográficas y son desván para las derivas.[18]
La historia no agota ramificaciones. No acusa ni selecciona tendenciosamente a sus actores.
Una perspectiva sesgada sobre sectas revolucionarias de ningún modo desestima el espíritu hacker que las inspira. Sería deseable que el grito ´hackear al capitalismo´ adoptara contornos concretos. “La promesa del hacking –decía en 2008 Johan Söderberg- es hacer la tecnología informática accesible a los neófitos para socavar la división social del trabajo como el principio de regulación del desarrollo tecnológico. En lenguaje sencillo, las empresas y las instituciones de gobierno han perdido su monopolio sobre la investigación y el desarrollo.”[19] Pero arengas a un lado y reconociendo lo pésimo de las corporaciones digitales, en la ciudad tecno-hermética ´bien vs mal´ / ´liberación vs dominación´ por ahora son sólo rudimentos para domesticar el relato.
Me amparé aun así en parámetros –creo que- aceptables de honestidad intelectual al apoyarme en un principio ético tradicional para el universo digital: ´los hackers deben ser juzgados por sus acciones, no por falsos criterios como posición, títulos, etc.´ A los hechos rescatados con paciencia de entre los bits me aferré, con la convicción de que si incluso se acude a lo que algunos llaman nueva ética hacker -´No hagas daño. Protege la privacidad. No derroches. No dejes huellas. Excede las limitaciones. Comunicate con otros. ¡Comparte! Combate la ciber-tiranía. Confía, pero mantente alerta´- la historia desentona escena a escena.[20]
Parece extraño –pero es realmente lógico- que este episodio nunca haya sido contado. Si obviamos las catarsis de afectados que ´manifestaron su malestar´ en las redes sociales, no mereció siquiera una mención periodística, aun cuando calificados cronistas fueron fehacientes testigos y aun cuando existan miles de potenciales interesados. En ese limbo tal vez haya incidido, entre tantas variables, una situación que por el momento predomina. La discusión sobre la problemática de las nuevas tecnologías no llama la atención de los ciudadanos -excepto que una serie televisiva, mucho mejor si es animada, la coloque en el candelero, según el irónico comentario de una cibergurú.[21] Es otra cara de esta historia la fruición con la que los sujetos del siglo XXI reemplazan los aprontes para una revolución por la producción de una película.
Los actuales revolucionarios milenaristas –los auténticos y los impostores, si cabe la distinción- se diferencian de sus antecesores enredados con la trama atómica, pero unos y otros comparten un paradigma centenario. Entre las fantasías propias del Milenio, antiguos iluminados vieron flotar en el espacio a la nueva Jerusalén, dispuesta a descender sobre la realidad de átomos y dar comienzo así al fin de los tiempos injustos, destruyendo el poder de Babilonia y de su mandamás el Anticristo. El lento descenso, la fusión o la transformación de Internet en esta realidad, entronca con aquellas ensoñaciones que reactualizan, además, la posibilidad o imposibilidad de la revolución.
Söderberg veía a los ludditas como antepasados de los hackers, y reconocía la enorme distancia. Los hackers desean volver angélicas las nuevas tecnologías, no descartarlas. Los destructores de máquinas, iracundos por un incipiente sistema industrial que los asfixiaba, retorcieron los hierros a vapor con himnos herejes en sus gargantas, como aquel que recupera Ferrer: “Hay magia en ese brazo único / Que crucifica a millones /Destruyamos al Rey Vapor, el Salvaje Moloch.”[22] El maquinal y odiado Moloch remite a los ensueños milenaristas y revolucionarios medievales e incluso anteriores de quienes luchaban contra el Anticristo, y anticipaba a su vez el apocalipsis informático en el que, con un pie en cada milenio, la imagen autómata de la Bestia -un Leviatán robotizado- pide pleitesía o da muerte civil.
Todo movimiento revolucionario, de cualquier signo, atrae sin cesar a impredecibles falsos mesías que paradójica y finalmente ilusionan con la revolución con tanta intensidad que luego de arrebatar las voluntades, muestra ella su carácter de espejismo. Todo escenario apocalíptico atrae igualmente a falsos profetas, a burladores de los últimos tiempos, a buscadores de su propio provecho, con apoyo de los grandes.[23] Inmerso en este magma, las peripecias de un histriónico revolucionario quiero contarles.
A vuelta de página habremos pasado la muralla.
La piedra que murmura a cada paso bajo nuestra suela es Babilonia –para los antiguos oídos, ´La puerta de los dioses´.
Pero pronto ya que anochece sobre una ciudad repleta de salteadores, de seres marcados como ganado, de adoradores irredentos de la Bestia autómata y en la que todos sin excepción somos extranjeros.
Pronto, pronto, ahí ya la muralla…
Buena suerte.
Y hasta más vernos.

Notas capítulo 1

[1] Más información en esta ´guía fácil´ para acceder a la dark web http://www.techworm.net/2016/01/the-easy-guide-on-how-to-access-the-dark-web.html y en este otro post http://blogthinkbig.com/surface-web-deep-web-darknet-se-diferencian/ Acerca del buscador Tor http://www.torproject.org/projects/torbrowser.html.en Sobre páginas punto-onion http://www.genbeta.com/web-20/47-paginas-onion-para-visitar-el-lado-amable-de-la-deep-web
[2] Karl Marx. Manuscritos de economía y filosofía de 1844, Buenos Aires, Editorial Cartago, 1984, págs. 145-146. Por su parte, Walter Benjamin consigna en el Libro de los pasajes visiones de Marx sobre la revolución proletaria análogas al Juicio Final.
[3] Acerca de la técnica y de la civilización industrial pueden tomarse como referencia las obras de Martin Heidegger [1889-1976], Herbert Marcuse [1898-1979], Lewis Mumford [1895-1990]. El libro de Carl Mitcham ¿Qué es la filosofía de la tecnología? [1989] resume varias perspectivas, en particular, la ingenieril y la humanística. En el ámbito sudamericano Pablo Capanna [1939- ] tiene una extensa obra referida al tema que se inicia con La Tecnarquía [Barral Editores, 1973]; Edgardo Lander publicó en 1992, La ciencia y la tecnología como asuntos políticos. Límites de la democracia en la sociedad tecnológica. Venezuela. Editorial Nueva Sociedad; Diego Parente en 2010 publica Del órgano al artefacto. Acerca de la dimensión biocultural de la técnica. La Plata. Edulp. Estos son algunos títulos y autores. La lista es inconmensurable.
[4] Daniel Vidart, “El tecnosistema”. Incluido en Filosofía ambiental: el ambiente como sistema [Bogotá, Nueva América, 1997] http://www.chasque.net/frontpage/relacion/anteriores/n146/tecnosis.htm
[5] Martin Heidegger, “La pregunta por la técnica” [1953].
[6] Martin Heidegger. Filosofía, ciencia y técnica. Prólogos de Francisco Soler y Jorge Acevedo. Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 1997. En lo que respecta a la dislocación generada por la cibernética según Heidegger, tomé la referencia del “Prólogo del editor”, pág. 44.
[7] “La hipótesis cibernética”, Tiqqun #2, 2001. http://tiqqunim.blogspot.com.ar/2013/01/la-hipotesis-cibernetica.html
[8] Bruce Sterling, “Breve historia de Internet”, en Internet, hackers y software libre [2004], compilado por Carlos Gradin, publicado por Editora Fantasma. Este libro ofrece un amplio panorama sobre la cultura hacker, sus diferentes vertientes, sus batallas y complejidades.
[9] Aníbal Ford. La marca de la Bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea. Colombia, Grupo Editorial Norma, 1999. “Prólogo”, págs. 9-11
[10] A. Ford, La marca de la Bestia, pág. 10.
[11] Andoni Alonso e Iñaki Arzoz. La Nueva Ciudad de Dios. Un juego cibercultural sobre el tecno-hermetismo. Madrid. Ediciones Siruela. 2002.
[12] “La existencia de una afinidad o de una analogía como la que aquí se plantea a través de los años, no debería sorprender si recordamos que en más de un respecto la situación cultural del mundo grecorromano de los primeros siglos cristianos muestra profundos paralelismos con la situación moderna. Spengler llegó a declarar las dos épocas ´contemporáneas´… En este sentido analógico, nosotros estaríamos ahora viviendo en el período de los primeros césares. Sea como fuere, hay algo más que coincidencia en el hecho de que nos reconozcamos en tantas facetas de la Antigüedad postclásica, muchas más, sin duda, que de la Antigüedad clásica. El gnosticismo es una de esas facetas, y el reconocimiento aquí, difícil por la rareza de los símbolos, se produce con la sorpresa de lo inesperado…” Hans Jonas, “Gnosticismo, existencialismo y nihilismo” [1952], incluido como “Epílogo” a La religión gnóstica [The Gnostic Religion. The Message of the Alien God & the Beginnings of Cristianity, 1963]
[13] Christian Ferrer. Mal de ojo. El drama de la mirada [Colihue, 1997]. Refiere también a la técnica, El entramado. El apuntalamiento técnico del mundo [Ediciones Godot, 2012]. Ferrer formó parte de la revista Artefacto. Pensamiento sobre la técnica. Ese aspecto de su derrotero intelectual está cifrado en el ensayo “Técnica” de Ezequiel Martínez Estrada.
[14] N. Negroponte, “Epílogo: una era de optimismo”. Ser digital (Being digital). El futuro ya está aquí y sólo existen dos posibilidades: ser digital o no ser. Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1995, págs. 229 y 233.
[15] N. Negroponte, “Introducción: la paradoja de que esto sea un libro”. Ser digital, pág. 14.
[16] Ver “Qué es el Gobierno Abierto y los datos abiertos”. Universo abierto. Blog de la biblioteca de Universidad de Salamanca. 20/06/2016. https://universoabierto.com/2016/06/20/que-es-el-gobierno-abierto-y-los-datos-abiertos/
[17] Pedro Antonio Dourado de Rezende, 05/2005, http://www.observatoriodaimprensa.org.br
[18] Los enlaces citados como reaseguro de mis afirmaciones fueron consultados en su mayoría durante 2016. Evito indicar la fecha correspondiente de cada uno. Como aclaro en una nota del capítulo 14, con frecuencia, sitios varias veces visitados, fueron dados de baja.
[19] Hackeando el capitalismo: el movimiento de software libre y de código abierto. http://www.utopia.partidopirata.com.ar/hackeando_al_capitalismo.html
[20] Ver Jonas Löwgren y su reseña sobre las “Cultura(s) hacker” [“Hacker’s culture(s)”]. La traducción es de Carlos Gradin y el texto aparece en Internet, hackers y software libre. Editora Fantasma, 2004, págs. 135-150. Otros principios de la ética hacker tradicional: el acceso a las computadoras debe ser ilimitado, y la consigna es siempre ´manos a la obra´; toda información debe ser libre; desconfía de la autoridad –promueve la descentralización; se pueden crear arte y belleza con una computadora; las computadoras pueden mejorar la vida.
[21] Beatriz Busaniche se refería en 2009, con cierta desazón, al efecto positivo en la ciudadanía de un capítulo de los Simpson en el que Homero es engañado, tragado y asesinado por una máquina de voto electrónico. Ese capítulo –“The Treehouse of Horror XIX” [2/11/2008], el número 424 de la vigésima temporada- instaló el debate.
[22] ´Himno luddita´ recordado por Ferrer en “In memoriam”, Mal de ojo. El drama de la mirada. Buenos Aires. Colihue. 1997. Ver también Thomas Pynchon, “¿Está bien ser un luddita?” en Internet, hackers y software libre [2004].
[23] Carta de Pedro, 3,3 y Carta de Judas Tadeo 1,18.

Virtuales Gurúes Impostores

Virtuales Gurúes Impostores / El hacktivismo y la revolución pendiente de la cultura libre y abierta. < Cibercrónica >

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{Resumen} Esta crónica cibercultural reconstruye la historia de un joven hacker argentino que erosionó, a través de la mentira sistemática, la sustitución de identidad y el terrorismo psicológico, un segmento de la trama destinada a la ´revolución de la cultura libre y abierta´ integrada por fundaciones, cibercorporaciones, productoras audiovisuales, medios de comunicación, dependencias gubernamentales, organizaciones, universidades, propuestas pedagógicas alternativas, antropólogos esotéricos, niños índigo, profetas del transhumanismo, entre otras instancias y entelequias.
Después de haber merodeado decenas de proyectos tecno-redentores, de haber alcanzado la asesoría de Conectar Igualdad, programa estatal dedicado a acortar la denominada brecha digital, de haber complotado para convertir en viral a La Educación Prohibida, primera película argentina financiada colectivamente, crítica de la educación tradicional y defensora de pedagogías para seres humanos del nuevo milenio, el joven hacker traicionó a sus pares y al anhelo intrínseco de un nuevo orden social que habrá de trascender el Mercado, el Estado y el Capital con las nuevas tecnologías como estandartes.

La historia de ese infatigable experto de personalidad múltiple es conocida por quienes voluntaria e involuntariamente formaron parte del entramado al momento del atentado y de su triunfo repentino. Para el resto, el hereje digitalista -¿mutante en un sistema al borde del delirio?, ¿parásito de ciénagas académicas?, ¿engendro de la wikipolítica? ¿gurú anti-sistema?, ¿revolucionario?, ¿terrorista?, ¿impostor?, ¿héroe del siglo XXI?- es un anónimo.

“Esa persona ha cometido probablemente el primer robo sistemático de capital social en el mundo P2P.” [Franz Nahrada, agosto de 2013]
“¡No se lo puede llamar activista! ¡Es un delincuente!” [Beatriz Busaniche, agosto de 2013]
“La historia necesita ser contada ¡y será contada!” [Michel Bauwens, agosto de 2013]

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